Actividad física, la mejor aliada en la cuarentena

Actividad física, la mejor aliada en la cuarentena

Uno de los efectos de la actual cuarentena generada por la COVID-19 es la limitación de espacios y la restricción para hacer actividades al aire libre. Esto afecta directamente la actividad física que hacen las personas, pues si bien muchas no tienen una rutina de ejercicios definida, sí existía al menos la necesidad de caminar para ir a colegios, trabajo u otros lugares. Por esa razón la Organización Mundial de la Salud y el Colegio Americano de Medicina del Deporte recomiendan una rutina de ejercicio mínimo tres veces por semana o más de 75 minutos en el mismo período de actividad física vigorosa.

Lo primero es conocer qué es actividad física. Es cualquier movimiento de los huesos y los músculos que genere un gasto energético. En este sentido, actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o incluso barrer, se pueden entender como actividad física. Y aunque su nombre lo define como una acción del cuerpo, también tiene beneficios para la salud mental de las personas.

Marlucio de Souza, docente investigador de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, explica que hacer ejercicio disminuye la ansiedad que puede generar el encierro, pues produce hormonas de sensación de bienestar como endorfina, dopamina, serotonina, las cuales reducen el estrés, el sedentarismo, la irritabilidad y los síntomas de la depresión. Como efectos físicos aumenta la producción cerebral, previene problemas cardiorrespiratorios, aumenta la masa muscular, fortalece el sistema óseo y acorta la probabilidad de diabetes.

Con esta cantidad de beneficios para mente y cuerpo, De Souza recomienda aprovechar la cuarentena para fortalecer la actividad física en casa. Sin embargo, es necesario tomar precauciones, pues hacer ejercicio de forma inadecuada puede generar lesiones. Lo primero que recomienda el investigador es hacer una autoevaluación del estado físico. Este primer paso es fundamental para que cada persona sea consciente de sus capacidades. En él se debe tener en cuenta si realiza ejercicio de forma regular, con qué intensidad, si siente dolores o molestias en músculos o articulaciones o si tiene problemas cardiorrespiratorios. A partir de esta autoevaluación se toman decisiones sobre los objetivos y el tipo de actividades que debería hacer.

Para las personas que no tienen una rutina, este especialista recomienda hacer ejercicios calisténicos durante las primeras semanas. Estos son lo que usan el propio peso corporal y que no generan sobrecarga muscular. Entre ellos están las sentadillas, las flexiones, las barras, saltar lazo y los abdominales. Luego se incorpora, progresivamente, peso adicional para ganar masa muscular; también se puede aumentar la duración y la intensidad. Además, se pueden usar elementos cotidianos, pero siempre manteniendo una postura correcta. Por ejemplo, un palo de escoba serviría para hacer estiramientos, para ajustar posición y hacer yoga; los libros pueden usarse para hacer ejercicios de fuerza, y balones y pelotas para hacer rutinas de coordinación.

Para las personas que ya tienen una rutina de ejercicio es muy importante mantenerla, buscando actividades que sustituyan aquellas que se realizan al aire libre o en gimnasios. Sea cual sea el nivel de exigencia, se recomienda involucrar acciones cardiorrespiratorias, de fortalecimiento muscular, estiramiento y flexibilidad. Cabe tener en cuenta que el tiempo de duración, intensidad y volumen estén dentro de las capacidades de cada persona.

Pero si no tiene mucha experiencia en actividad física, hay herramientas tecnológicas que podrían ayudar como aplicaciones, rutinas o videos tutoriales. Estas ayudas son útiles como una guía, pero es clave hacer seguimiento a la respuesta del propio cuerpo. Durante todo ejercicio es importante monitorear la frecuencia cardiaca. La fórmula más tradicional para medirla es: 220 menos la edad. Ese es el número máximo de latidos por minuto a la que puede llegar cada persona. Para la actividad física en casa el investigador recomienda trabajar entre 60% y 70% de su frecuencia cardiaca. Esta sería una actividad moderada que no supone riesgos.

Existen también otras alternativas para quienes quieren actividades más “informales” y es la posibilidad de hacer ejercicios en pareja o grupos, en los que se pueden incluir a miembros de la familia o compañeros de vivienda. Un ejemplo de estos es el reto que el profesor De Souza envió recientemente a sus alumnos. Estas son rutinas lúdicas que fortalecen lo cardiorespiratorio y la coordinación.

Una sugerencia adicional: el baile. En él pueden participar niños y personas mayores, cada uno haciéndolo según sus capacidades. Además, es de gran ayuda para fortalecer los lazos con las personas con las que se comparte la cuarentena.

Finalmente, De Souza recomienda:

  • Tener un espacio para hacer las actividades.
  • Una vestimenta adecuada y cómoda.
  • Mantenerse hidratado.
  • Mantener una rutina. Cada día puede hacer un ejercicio diferente.
  • Incluir a otras personas, preferiblemente.

Mantener una alimentación balanceada según el gasto de energía.

¿Cómo se repiensa la Iglesia Católica con la llegada de la Covid-19?

¿Cómo se repiensa la Iglesia Católica con la llegada de la Covid-19?

Pesquisa Javeriana: ¿Cómo vive la iglesia todo lo que ha causado la pandemia del Covid-19?

José Luis Meza: En términos generales, la iglesia ha tenido que repensarse en casi todas sus vertientes. En los ritos, por ejemplo. Recordemos esa imagen impactante de la bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco con la Plaza de San Pedro vacía. Eso fue algo nunca visto. Sin embargo, muchas personas -los medios hablaron de 1.500 millones de personas- estuvieron conectadas a través de la televisión y las redes sociales. Entonces, la pandemia ha afectado la vida de la Iglesia pero ésta ha sabido aprovechar los medios de comunicación para hacer su labor.

Pensemos en la misa dominical. Al inicio de la pandemia, en nuestro país se promovieron unas medidas. Éstas llevaron a que en el templo no se pudiera dar la paz de mano, ni beso, sino una venia; había que recibir la comunión en la palma de la mano y guardar un metro de distancia entre las personas. Todo esto era un poco extraño pero había que hacerlo.

En esta Semana Santa nos conectaremos de forma virtual o participaremos de las celebraciones en televisión y, por tanto, tendremos que resignificar los gestos que ocurren en sus ritos. No habrá contacto físico, pero estaremos conectados de otra forma. También tendremos la oportunidad de compartir momentos espirituales con las personas con las que vivimos. Recordemos que la familia es la iglesia doméstica. Yo creo que la pandemia ha afectado la Iglesia, pero también nos ha llevado a repensarnos, a imaginar nuevas formas, nuevas ritualidades, nuevos gestos.

PJ: ¿Qué reflexiones teológicas surgen a partir de esta situación?

JLM: La teología ha jugado parte en las actuales circunstancias. La teología ha dicho una palabra pero valdría la pena preguntarse ¿Qué tipo de palabra? He leído algunas reflexiones teológicas que se han quedado en una visión apocalíptica. Algunas sacan a relucir textos del Antiguo o del Nuevo Testamento para afirmar que esto es una señal de Dios, que es un castigo divino, que los días de la humanidad están contados, etc. Lamento este tipo de reflexiones. En cambio, aplaudo aquellas que nos invitan a pensar en una creación que está interrelacionada. Somos seres que estamos conectados con todos y con todo, con nuestra familia, con los que hacen parte de mi círculo vital, con la gente de mi país y con el planeta mismo. Lo que yo haga o deje de hacer va a afectar a todos, a la naturaleza. Esto explicaría por qué el Covid-19 se ha expandido por todo el mundo.

Otras reflexiones que me han gustado son aquellas que despiertan en el ser humano la pregunta: ¿Qué puedo hacer yo frente a lo que está pasando? Hemos visto gestos de una generosidad enorme, de los trabajadores de la salud, de los ciudadanos de a pie y de algunos empresarios. Eso demuestra cómo esta situación puede revelar nuestra grandeza. Eso no significa que no haya otros tratando de salvar su propio pellejo y estén pensando en su propio bienestar.

PJ: ¿Sería correcto comparar esta pandemia con las plagas u otros hechos que menciona la Biblia?

JLM: Algo que ocurre en el ser humano frente a situaciones es pensar en el fin del mundo y ver si alguien lo predijo. Por ejemplo, está agotado el libro de la psíquica Silvia Browne sobre el fin de los días. También algunos han recordado las profecías de Nostradamus. Otros han sacado versículos descontextualizados de la biblia como Lucas 21:11 o Mateo 24: 36 o cualquier otro,  para justificar lo que está pasando. Nos encanta predecir el fin del mundo y decir “yo tenía la razón y no me pusieron cuidado”. Este tipo de pensamientos generan zozobra, miedo, pánico. Estos pensamientos apocalípticos nos llevan a una cierta pasividad porque sentimos que ya no hay nada que hacer. También exacerba la xenofobia, el rechazo, la exclusión y la sospecha hacia los otros.

PJ: ¿Cuál sería la visión más acertada?

JLM: No debemos entender el virus como un castigo divino, como algunos andan diciendo. Se trata de una oportunidad para pensar cómo estamos viviendo nuestra vida, cómo estamos tratando a los otros y al planeta.

Muchas reflexiones acertadas son posibles: en torno al daño del planeta, la manera como lo hemos convertido en un depósito de basura, como dice el Papa. Otra reflexión que está por hacer es si la economía de mercado en la cual estamos enfrascados ha sido un fracaso. Otra idea que me parece importante: lo que realmente necesitamos para vivir. Estos días hemos vivido sin usar el carro. También hemos tenido tiempo para hablar con nuestra familia, para saludar a familiares y amigos con los cuales hacía tiempo no nos hablábamos, para cuidar a nuestros padres y mayores. Espero que no nos suceda que cuando termine la pandemia volvamos a ser los mismos de antes. Que volvamos a no preocuparnos por nada ni por nadie. Si esto ocurriera, no aprendimos la lección.

PJ: ¿Cómo puede afectar el no poder asistir a los rituales de Semana Santa?

JLM: La pandemia va a afectar los rituales a los cuales estamos acostumbrados. Como lo religioso está conectado con otros ámbitos, otros sectores también se van a ver afectados. Para nadie es desconocido que la Semana Santa mueve muchos renglones de la economía, por ejemplo, Popayán. Allá habrá una afectación muy grande.  Sin embargo, esta semana será una oportunidad para no quedarse en las formas. No tendremos la posibilidad de juntarnos masivamente, pero sí tendremos la posibilidad de recordar el verdadero significado de cada celebración. Frente a los mismos textos de la palabra, las liturgias, las reflexiones, tendremos momentos íntimos para saborear de otra manera lo que significa creer en la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

PJ: ¿Qué mensaje enviar a las personas que extrañarán los rituales?

JLM: José María Castillo, teólogo jesuita español, tiene una reflexión a partir de la pregunta: ¿qué es más importante, la religión o el evangelio? Podría reformularla de otra manera: ¿qué es más importante, celebrar las exterioridades religiosas o vivir internamente el mensaje del evangelio? La respuesta es lo segundo. Las expresiones religiosas son formas para celebrar la fe que vivo. Por eso, lo más importante es la fe que profeso con mi vida. Yo puedo ir a misa todos los domingos, escuchar la palabra y comulgar sin que nada en mí se transforme. Sigo siendo el mismo trásfuga que maltrata a su pareja, que violenta a sus hijos, que roba la empresa en la que trabaja y que le echa el carro encima a los peatones. Entonces, no pasa nada en mí pero me siento bien porque voy a misa. Esa religiosidad realmente está lejos del evangelio. Lo importante es vivirlo, sentir la buena nueva que nos invita a amar, a servir, a perdonar, a solidarizarme con los otros.

Esta semana santa va a ser diferente pero no debería serlo solo por lo nuevo en el culto o en las celebraciones. Podrían ser celebraciones presididas por el arzobispo. pero si no acontece nada en nosotros no sirve de mucho.

PJ: Con las imágenes de una recuperación de la naturaleza, ¿qué reflexión se puede hacer del cuidado de la casa común de la que habla la encíclica Laudato Sí?

JLM: La propuesta que hace el Papa Francisco es la de apostarle a una ecología integral. Si es integral, no se queda con el problema medioambiental sino que nos lleva a revisar cómo estamos gestionando nuestra economía, nuestra política, nuestra sociedad, nuestra educación. Por eso, entre otras cosas,  tenemos que revisar qué tipo de profesional estamos formando en la universidad. Además, hay que prestarle  atención a las prácticas que tenemos, en pequeño y en grande, en todos los ámbitos, esas prácticas que están haciendo que el planeta vaya de mal en peor.

La ecología integral interpela nuestra espiritualidad. De hecho, la relación ser humano-mundo nos permite crecer espiritualmente. Es decir, yo no puedo decir que soy un ser espiritual si tengo prácticas contaminantes y de deterioro del planeta. Sin duda, estamos viviendo un momento inédito que nos exige pensar en lo que somos y lo que estamos haciendo. De esto dependerá nuestro futuro.

El COVID-19, un asunto de salud y responsabilidad social

El COVID-19, un asunto de salud y responsabilidad social

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una familia de virus que causan, principalmente, enfermedades relacionadas con el sistema respiratorio, que pueden ir desde un resfriado común hasta padecimientos más graves. Llamamos COVID-19 a la enfermedad infecciosa causada por un nuevo coronavirus que se conoció cuando comenzó su brote en diciembre en Wuhan, China.

De igual manera, la OMS señala que su transmisión se da a través del contacto con gotículas respiratorias procedentes de la nariz o la boca, las cuales salen cuando el infectado tose o exhala. Si estas son inhaladas por otro individuo, este puede contagiarse. Así mismo, estas gotas pueden entrar en contacto con superficies que toca la persona infectada, por tal razón, aquellos que palpen estos objetos y luego pongan en contacto sus manos con sus ojos, nariz o boca pueden adquirir el virus.

Por lo mencionado anteriormente, las sugerencias para prevenir esta enfermedad van desde el lavado de manos a fondo; mantener distancia; evitar tocarse los ojos, nariz o boca; cubrirse con el codo doblado al toser o estornudar; permanecer en casa; hasta mantenerse informado de la situación a nivel nacional y local, entre otras.

Los síntomas más comunes son fiebre, tos seca y cansancio. Las personas mayores y las que padecen otras afecciones relacionadas con dificultades respiratorias, problemas cardiacos y diabetes presentan mayores probabilidades de sufrir una enfermedad grave cuando son infectadas por este virus. Cuando pienso en esta última parte es cuando considero necesario hacerse una pregunta: ¿Esto solo es un asunto de salud o también nos hace un llamado a la responsabilidad social, a la empatía y a pensar en el cuidado no solo de nosotros mismos sino del otro?

Sabemos que en el país al momento de escribir esta columna contamos con 75 personas infectadas, según el Ministerio de Salud. Aunque evidentemente esto es un asunto de salud, las últimas medidas tomadas por el gobierno colombiano tales como restringir la entrada de extranjeros al país y cancelar las clases en todos los colegios y universidades a nivel nacional no solo nos hacen un llamado a pensar en la salud a nivel personal, sino a recapacitar en que cada uno de nosotros puede contagiar a ciudadanos que son más vulnerables a sufrir una enfermedad grave y, también, al hecho de que si una gran cantidad de colombianos se enferman al tiempo se puede colapsar el sistema de salud. Con respecto a esta última situación, Oscar Franco, epidemiólogo e investigador en entrevista con El Tiempo, nos expresa que la idea es postergar el contagio para contar con la disponibilidad de recursos médicos y así los contagiados puedan ser atendidos.

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Es decir, estas últimas medidas nos hacen un llamado a pensarnos en sociedad, en comunidad, a tener empatía y a pensar también en el cuidado del otro. Considero que este último aspecto es muy importante a nivel educativo, pues nos permite recordarles a todos que como seres humanos que nos desarrollamos en un contexto social, estos deberían ser aspectos que se deben enseñar y que todos deberíamos tener en cuenta no solo en esta situación sino durante toda nuestra vida.

De igual manera, esto nos permite reflexionar sobre la situación del otro y así evidenciar realidades que no hacen más fácil lo que está pasando en el país. Por ejemplo, las personas que no tienen hogar o acceso a agua para seguir las medidas preventivas que dicta el gobierno; los niños que no cuentan con acceso a internet; aquellos que deben seguir trabajando porque no cuentan con empleo formal y usan transporte público, o la situación de los centros de salud de muchas partes de nuestro territorio nacional, entre muchas otras situaciones.

Como bióloga, docente y como estudiante de Maestría en Educación de la Universidad Javeriana, reconozco que debemos abordar una situación que afecta directamente nuestra salud y la de la sociedad, pero es muy importante tener presentes las reflexiones sociales que nos plantea esta problemática para repensarlas y reflexionar en cómo se pueden generar cambios y no olvidar que el cuidado del otro no solo se trata de salud, se trata de un todo, de tener una vida digna y de contar con los recursos mínimo para vivirla.