Ciber-retórica: convencer y persuadir en las ágoras contemporáneas

Ciber-retórica: convencer y persuadir en las ágoras contemporáneas

Diariamente se observa cómo los influencers, haciendo uso de herramientas virtuales, aumentan sus seguidores en redes sociales y persuaden a millones de usuarios en internet para que consuman su contenido. ¿Cómo logran movilizar a tantas personas? ¿Qué hacen o qué dicen?

El fenómeno de congregarse alrededor de un orador es conocido desde la antigua Grecia. Por medio de su discurso y gestualidad, los oradores buscaban persuadir a una audiencia que se reunía en plazas públicas conocidas como ágoras.

En esta analogía podríamos caracterizar al influencer como un orador actual que, además de hacer uso del discurso y la gestualidad, utiliza a su favor todos los elementos y herramientas digitales disponibles en estos entornos virtuales.

En una investigación conjunta entre la Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad Nacional de Colombia, titulada La retórica en internet: análisis de la persuasión en los entornos virtuales, se evidencia que en la configuración y desarrollo de estos espacios podemos encontrar una serie de herramientas retóricas más allá del discurso y la gestualidad.

“La retórica clásica también ha sido utilizada por la publicidad, ya que esta lo que busca es la persuasión.”
Jorge Rojas, del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia

Mónica Brijaldo, candidata a doctora en Formación de la Sociedad del Conocimiento adscrita a la Facultad de Educación de la Javeriana, junto al maestro en Literatura Iberoamericana, Jorge Rojas, del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional, desarrollaron este proyecto de investigación que actualiza la retórica clásica para aplicar análisis pedagógicos en diferentes entornos virtuales.

Uno de los hallazgos más importantes de la investigación fue entender las capacidades de persuasión de estas ágoras contemporáneas. “Además de lo que se dice y cómo se dice, las interfaces son elementos de persuasión y varían según el contenido y el objetivo, es decir, cómo estructuro, presento, comunico e interactúo con los contenidos”, explica la profesora Brijaldo.

El uso de la retórica clásica en entornos digitales

La retórica es una disciplina que se apoya en diferentes campos del conocimiento con el fin de elaborar y preparar un discurso para persuadir. Durante muchos años fue criticada porque su propósito no era buscar la verdad sino convencer sobre un aspecto en específico y de ese convencimiento tampoco escapan los entornos digitales.

“La retórica solo era aplicable al orador y su discurso, pero en esta investigación se traspasa al ambiente web. Hay elementos retóricos en el desarrollo y disposición de los elementos en páginas web, redes sociales o plataformas institucionales. Y también los hay en el diseño, presentación e interacción de la información. En todos estos elementos encontramos diferentes niveles de persuasión”, argumenta el investigador Rojas.

Esta investigación realizó un análisis entre las diez partes en que dividen el discurso retórico y las etapas del desarrollo correspondiente en un entorno web, como se demuestra en el cuadro comparativo que se presenta a continuación.

Se puede apreciar que no se trata solamente de escribir un discurso retórico, sino que son muchos los elementos adicionales que debe tener en cuenta su autor.

tabla-24-mar * Tabla extraída de la investigación

Un segundo hallazgo del estudio fue identificar que en los entornos virtuales se permite la concurrencia de múltiples plataformas para interactuar, a diferencia del orador griego, quien “disponía únicamente de su discurso y de la gestualidad que lo acompañaba; en cambio, el influencer contemporáneo cuenta con una multiplicidad de formatos y medios que se enfocan en la persuasión de su audiencia”, comenta la profesora Brijaldo.

Y es que, si la retórica en la época griega solo contaba con el discurso, los gestos y vestuarios, la ciber-retórica suma herramientas con capacidades de persuasión como la imagen, el sonido, el video, los juegos, las redes sociales, las plataformas e-learning y la interacción, entre otras.

Implicaciones pedagógicas

Aunque la retórica también tiene utilidad para convencer y persuadir en contextos educativos, actualmente “los espacios educativos virtuales convencen, pero no persuaden”, afirma Brijaldo. Además, estas plataformas e-learning son poco intuitivas y amigables entre los usuarios, es decir, “la retórica está en función de la organización de la información y no de la persuasión”, puntualiza la investigadora javeriana.

Esta actualización de la retórica o ciber-retórica se realizó con un “componente etnológico y sociológico en la medida en que hay determinantes culturales que también definen el comportamiento de los individuos en los espacios virtuales”, asegura Rojas.

En otras palabras, los oradores actuales cuentan con herramientas analíticas de los entornos virtuales que permiten realizar segmentaciones de audiencias por idioma, edades, regiones, intereses y demás categorías que puedan ser útiles al momento de convencer y persuadir en las ágoras virtuales.

La investigación La retórica en internet: análisis de la persuasión en los entornos virtuales apoyó cuatro proyectos de la Maestría en Educación de la Javeriana que “hicieron uso de la ciber-retórica en diversos análisis de entornos pedagógicos virtuales que incluían ambientes infantiles multiformato, plataformas e-learning de educación virtual y youtubers”, resalta Brijaldo.

Conscientes o no de la ciber-retórica, los influencers están usándola. Además, esta investigación pone sobre la mesa la oportunidad de aprovechar las estrategias de persuasión con la que triunfan los creadores de contenido para poder enfocarlas en el convencimiento, la persuasión de los estudiantes y lograr una educación remota más crítica.

Educación virtual: realidad o ficción en tiempos de pandemia

Educación virtual: realidad o ficción en tiempos de pandemia

La actual situación de pandemia ha puesto sobre la mesa a la educación virtual como una oportunidad para que el sector educativo continúe operando. Las cifras del Sistema Nacional de Información de Educación Superior (SNIES) refuerzan esta idea al reflejar un crecimiento de estudiantes en la educación virtual, que pasó de 16.042 en el año 2012 a 200.742 en el año 2018. Si bien esta cifra resulta alentadora para pensar en la pertinencia de la decisión del Ministerio de Educación Nacional frente al sector educativo, es importante indicar algunos aspectos que pueden ayudar a comprender la implicación de implementar un modelo educativo virtual de calidad en nuestro país y preguntarnos cómo resolver elementos técnicos, educativos y de regulación postergados en los últimos años pese al crecimiento de programas y matrículas.

 

Conectividad

El acceso es una de las primeras características que se debe tomar en cuenta para implementar un modelo educativo virtual. Al revisar las cifras de conectividad en la educación básica y superior se encuentran brechas que requieren fuertes inversiones para su reducción. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) indica que solo alrededor de un 26% de los estudiantes en zonas rurales tienen conectividad frente a un 89% en zonas urbanas.

Para resolver esta situación, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTic) implementó el proyecto “Puntos y Kioscos Vive Digital” para llevar internet a la población más vulnerable. Sin embargo, la sostenibilidad administrativa de este programa resulta un reto de índole financiero y educativo para generar comunidades educativas en torno a la apropiación de tecnología como mediación de la enseñanza. En este punto también resulta importante mencionar a las redes comunitarias como una estrategia para proveer internet por fuera de los operadores tradicionales.

Según Internet Society (ISOC) la red comunitaria es “la infraestructura de telecomunicaciones implementada y operada por un grupo local con el fin de satisfacer sus propias necesidades de comunicación. Son el producto de personas que trabajan mancomunadamente, combinan sus recursos, organizan sus esfuerzos y se juntan para achicar la brecha de conectividad y cultural”. En Colombia existen iniciativas desde 2005, pero se requiere regulación para generar licencias e incorporar políticas públicas que incentiven estos desarrollos donde los operadores de internet no llegan por densidad poblacional y costos de inversión en territorio.

 

El modelo de educación virtual

La mayoría de las instituciones no está implementando una modalidad educativa virtual en un sentido amplio. Se están desarrollando clases remotas con mediación de tecnologías, pero ello no implica modificar de fondo prácticas de educación propias de un escenario análogo.

La tecnología no debe cumplir una función instrumental para el ejercicio de la práctica docente; la didáctica en la virtualidad implica concebir ritmos de aprendizaje, modificar el rol docente, trabajar tendencias educativas para la mediación tecnológica, flexibilizar la evaluación, entre otros aspectos. La producción de Ambientes Virtuales para el Aprendizaje (AVA) requiere un abordaje interdisciplinario. Allí el diseño instruccional cumple un papel fundamental como estrategia para identificar las bases pedagógicas, actividades, contenidos, nivel de interacción y tiempos propios de una dinámica virtual. El trabajo en los espacios asincrónicos (offline) debe ser mayor que los espacios sincrónicos (video llamadas) y esto implica cambios para docente y estudiante, quienes van acompañados de intenciones pedagógicas orientadas a una generación digital.

Finalmente, el Ministerio de Educación Nacional habilitó el programa “Aprender Digital” como una posibilidad de apalancar la educación a distancia en alianza con RTVC y Señal Colombia. Esta acción abre una posibilidad para resolver la falta de conectividad. En Colombia existen casos de éxito premiados como Radio Sutatenza, que sirve como ejemplo para esta coyuntura, sin embargo, debemos esperar que el programa “Aprender digital” no tenga el mismo final que Radio Sutatenza, pues como indicó una nota del periódico “El Espectador” en su momento, “en 1989, ante la venta de Radio Sutatenza, el país enmudeció. Nadie hizo nada y Caracol finalmente adquirió instalaciones, equipos y frecuencias, con el favor del gobierno de turno y algunos poderosos del país”.

¿Podrá entonces el sistema educativo adaptarse a la velocidad de la evolución tecnológica?, ¿la situación de pandemia será una oportunidad para reducir las barreras del sistema educativo?


*Profesor de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Psicólogo de la Universidad Externado de Colombia y Mestre em Ciências da Educação de la Universidad Nova de Lisboa, Portugal. Asesor en Proyectos para el Ministerio TIC, Universidad del Rosario, Función Pública, Ministerio de Educación Nacional, Computadores para Educar, ESAP, entre otras.

Educación virtual, ¿el desafío es solo tecnológico?

Educación virtual, ¿el desafío es solo tecnológico?

La COVID-19 detuvo al mundo y lo obligó a reinventarse en materia de educación. Según cifras de la Organización de Naciones Unidas (ONU), alrededor de 1.370 millones de estudiantes vieron interrumpidas sus clases presenciales, por lo que se generaron nuevos escenarios de aprendizaje.

En Colombia, por ejemplo, se cancelaron los exámenes de Estado ICFES y se aplazaron las Pruebas Saber 11. La cuarentena fue extendida y las instituciones de educación públicas y privadas debieron migrar a las clases virtuales hasta finales de mayo.

Según un análisis hecho por el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, el 96% de los municipios del país no tiene los recursos ni la cobertura para desarrollar cursos virtuales. Y es que a pesar de las acciones implementadas a través del Decreto 464 de 2020, que garantiza un paquete mínimo vital de comunicaciones otorgado por los operadores de la industria móvil de Colombia, hay lugares sin acceso a la red donde no aplicarían. Más de un millón de personas en zonas rurales no cuenta con servicio de internet, según el último estimado realizado por el Mineducación en el marco de su Plan Especial de Educación Rural en 2018.

María Clemencia Torres Castillo es la clara muestra de esa situación. Ella vive en la vereda Salitre, en Sutatausa (Cundinamarca). Tiene dos hijas que estudian en la Escuela Rural Salitre, las cuales desde el 16 de marzo no reciben clases presenciales. Además, el 30 del mismo mes salieron a vacaciones obligatorias. Durante la primera semana recibieron, vía chat, algunos talleres.

El panorama en las ciudades revela otras falencias. Muchas instituciones educativas, en especial las de carácter privado, han logrado implementar virtualmente los contenidos diseñados para aplicar en los salones de clase. Sin embargo, “la contingencia que nos tocó vivir con esta circunstancia del virus no es educación virtual, son los procesos educativos presenciales siendo intermediados por herramientas tecnológicas. Es decir, no hay procesos de educación virtual”, afirma Mónica Brijaldo Rodríguez, docente de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana.

Una de las características principales de la educación virtual, agrega Brijaldo, es que “en la educación presencial uno puede ir construyendo el proceso a medida que pasa cada semana y de acuerdo con el proceso del grupo de estudiantes. En el tema de lo virtual hay que tener el curso diseñado de principio a fin, es decir, el curso debe estar completo al momento de publicarlo”.

Colombia tiene varios antecedentes en modelos de educación a distancia que podrían ser un punto de partida para crear opciones que se ajusten a nuestros contextos: con la fundación de la Radio Difusora Nacional en 1940 se ofrecieron espacios de formación rural como Radio Sutatenza, además de procesos como el bachillerato por radio y la televisión educativa (con la creación de Inravisión en 1963), los cuales se complementaban con cartillas entregadas a través correo certificado.

“Con la educación virtual se dio una tecnificación de las herramientas de la educación a distancia, incrementando el potencial de lo que pueden representar esas herramientas en términos de comunicación y producción de contenido, y a la vez incrementando las relaciones que se podían causar entre ellas”, analiza Mónica Bermúdez, doctora en educación y directora de pregrados en la Facultad de Educación de la misma universidad.

En Colombia, la migración obligatoria de la educación a los espacios por internet evidenció que el país no está preparado para asumir toda la carga académica de forma remota. De hecho, Brijaldo asegura que a “la educación virtual le hace falta investigación en todos los sentidos. No tenemos criterios frente al proceso de aprendizaje, tampoco criterios para la generación de nuevas experiencias en entornos diferentes a las aulas presenciales”.

Según esta investigadora, el desconocimiento o la subutilización de las herramientas, la escasez o exceso de labores escolares (multitarea) y la demasía en la autogestión son, entre otras, desventajas asociadas a la falta de procesos pedagógicos virtuales. Los imaginarios de informalidad y baja calidad académica rodean desde hace varios años los programas de educación vía web.

Por lo anterior, las instituciones educativas deben entender las circunstancias ocasionadas por la coyuntura de la pandemia como una oportunidad pedagógica para diagnosticar, desarrollar y fortalecer sus procesos. “Yo creo que la educación virtual garantiza la calidad de la formación. Hay metodologías virtuales que están bien integradas a modelos pedagógicos que tienen que ver con la manera en cómo se contextualiza la pedagogía, reconfigurando así las relaciones, los propósitos y los contenidos de los procesos educativos”, afirma la profesora Bermúdez.

Según cifras de la ONU, en Latinoamérica son más de 156 millones de estudiantes que vieron canceladas sus clases por la crisis sanitaria ocasionada por el coronavirus. En lo que respecta a la educación virtual en Colombia, está todo por hacer. Los retos en cobertura de servicios y tecnologías son enormes, pero ante todo “es un momento interesante para mirar cómo es asumido el rol de docente, para mirar la importancia de la autocrítica frente a las estrategias de aprendizaje y para la autorreflexión de cómo reconfigurar la práctica docente dentro de estos nuevos espacios de encuentro, diálogo, intercambio y construcción de conocimiento”, concluye Brijaldo.