Cultivando para la vida

Cultivando para la vida

Pesquisa Javeriana viajó al nororiente de Caldas con integrantes de la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Pontificia Universidad Javeriana y el profesor José Ignacio Barrera, doctor en biología animal, vegetal y ecología, para acompañarlos en el cierre de la segunda etapa de los proyectos de investigación Plan de restauración ecológica del Trasvase río Manso y al Plan de conservación de la especie amenazada Gustavia romeroi.

Estas iniciativas surgieron luego de que la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, ANLA, le enviara una medida preventiva de suspensión a Isagen para el inicio de operaciones del Trasvase del Río Manso al Embalse de la Central Hidroeléctrica La Miel I; la obra dejó graves efectos en los nacimientos de agua y el acceso de las comunidades a este recurso hídrico, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible evidenciado en Auto 2336 del 24 de junio de 2010.

Conozca a continuación el trabajo realizado en los municipios de Norcasia y Samaná por la ERE, con el apoyo de los estudiantes de las facultades de Ciencias y Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana, quienes pertenecen a la clase de Restauración de ecosistemas.

Berlín es un pequeño corregimiento en el municipio de Samaná, al nororiente Caldas; limita hacia el oriente con el municipio de Norcasia, región privilegiada por sus afluentes Guarinó, La Miel, Moro, Manso, Samaná Sur, Pensilvania y Tenerife.

Gracias a la ubicación geográfica de Berlín, la empresa productora de energía Isagen construyó la Central Hidroeléctrica La Miel I sobre la vertiente Oriental de la Cordillera Central. Esta obra alberga alrededor de 600 metros cúbicos de agua en más de 1.220 hectáreas y creó el actual embalse Amaní.

Sin embargo, con la construcción del Tranvase Manso y del túnel que redirecciona el agua del río Manso hasta el embalse Amaní de la central hidroeléctrica para aumentar su producción de energía, fueron afectadas 22 quebradas en la región, 18 de ellas totalmente secas.

Isagen contactó en 2014 a la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Pontificia Universidad Javeriana para crear un plan de rehabilitación de los ecosistemas terrestres y acuáticos afectados con la construcción del  transvase.

Desde 2015, los estudiantes de la clase de Restauración de ecosistemas, de las facultades de Ciencias y Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana, asisten con José Ignacio Barrera, director de la ERE y docente javeriano, al corregimiento de Berlín, a veredas aledañas como Moscovita, Montebello, La Reforma y Piedras Verdes, para apoyarlo en las estrategias de restauración ecológica.

La última salida de campo ocurrió en abril de 2018; durante su estadía en el municipio de Norcasia, los estudiantes, con el apoyo de habitantes de la región, plantaron especies leñosas para que interactúen y diversifiquen la producción de cultivos (sistema agroforestal) y construyeron cercos con estacas alrededor de las plantas para evitar que el ganado las consuma u obstruya su crecimiento (sistemas silvopastoril).

Otra estrategia, orientada al control de las actividades agropecuarias, consistió en la reubicación de los bebederos del ganados¿ para que no contaminen las fuentes hídricas. Estudiantes de la ERE plantaron cercos vivos a partir de árboles nativos para proteger las rondas de los cursos de agua.

Los estudiantes plantaron palos de aguacate y cacao en la finca ‘Media divisa’, en el corregimiento de Berlín, luego de que campesinos les explicaran cómo hacerlo, con el fin de enriquecer el suelo y dotar de árboles aptos para el cultivo. Este sistema permite también potenciar la actividad productiva de los campesinos de la vereda La Reforma.

Con baldes llenos de cal y palas al hombro, más de 30 estudiantes abrieron huecos en la superficie mientras que otros regaron abono para sembrar plantas de cacao. La recomendación del docente Barrera fue: “Caben hoyos, pongan la cal, rompan la bolsa de la planta, introdúzcanla dentro y rieguen tierra a su alrededor, písenla para compactarla. No dañen las hojas”.

Estas estrategias de restauración ecológica facilitan el restablecimiento de las
condiciones naturales de la región, manteniendo la integridad ecológica del área en cuanto a su estructura, composición y función. A la fecha, más de 8.658 árboles y arbustos de más de 40 especies han sido plantados.

Las actividades de restauración se hicieron mediante mingas o convites con el apoyo de representantes de juntas de acción comunal y municipal, operarios de las fincas y el equipo de la ERE. El objetivo de estos encuentros consistió en mostrar que, así como el ecosistema está conectado entre sí y tiene sus funciones, la comunidad hace parte de una gran red colaborativa que debe apoyar los procesos de recuperación medioambiental.

La limpieza de los conductos de guadua fue una de las actividades desarrolladas por los estudiantes javerianos. En ella, el grupo se encargó de limpiar las hojas, barro y piedras que se acumulan en las mallas que filtran el agua que viaja desde las montañas hacia el corregimiento de Berlín.

Los estudiantes levantaron los sedimentos que obstruyen el recorrido del agua a través de la Bocatoma de Berlín y ajustaron las mallas que filtran los residuos provienentes de actividades agrícolas, industriales, domésticas y ganaderas; muchas de ellas usan pesticidas y fertilizantes químicos que terminan en las corrientes de agua.

De acuerdo con el profesor Barrera, el propósito de estas actividades consiste en pensar el tema de la restauración para mejorar las tierras degradadas por causa del hombre o por causas naturales y salir del aula o ‘jaula’, como él le llama, para que los estudiantes vean el mundo y conozcan la diversidad de escenarios que hay en el país y todo lo que hay por hacer.

Científicos restauran paisaje del Neusa

Científicos restauran paisaje del Neusa

Como si fuera una obra de arte, investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana restauran el Parque Forestal Embalse del Neusa, en Cundinamarca, donde hace unos años solo pinos de más de 20 metros de altura conformaban el paisaje. No puede negarse que era un bonito bosque; era agradable caminar sorteándolos, con ese olor tan particular y ese colchón formado por sus hojas secas color café, en forma de aguijones largos y delgados –acículas­–, que a veces alcanzan un grosor de 30 centímetros. La verdad es que se trata de una especie foránea que desplazó a los árboles nativos en un intento por evitar la sedimentación del embalse.

La vegetación altoandina nativa fue talada: encenillos y siete cueros, gaques y chuques, tunos y arbolocos, chilcos, ají de páramo y arrayanes desaparecieron, y con ellos se fueron los conejos silvestres, los faras y los zorros de monte, así como algunos reptiles y anfibios que solían acercarse a la orilla del embalse.

Desde hace más de seis años, los investigadores suben hasta los 3.050 msnm del Neusa y, a medida que estudian las posibilidades de restaurar el ecosistema degradado por la acción de las especies exóticas para recuperar el bosque nativo original, proponen nuevos proyectos en los que integran a las comunidades campesinas de los municipios de Tausa y Cogua. Incluso los alumnos de la Institución Educativa Departamental San Antonio, Sede Páramo Bajo de Tausa, forman parte de las investigaciones: Sonia, Angie, Edwin, Sergio y Ronald, entre otros chicos de cuarto a décimo grados, acompañan a los científicos a trepar por la montaña para entender las dinámicas del bosque nativo y sembrar nuevos –pero realmente originarios– árboles del altiplano altoandino.

Ellos ya saben la diferencia entre reforestar y restaurar. “Con la reforestación logramos restablecer una cobertura vegetal y no necesariamente de especies nativas”, explica la bióloga Sofía Isabel Basto. En cambio, “la restauración ecológica asiste la recuperación de los ecosistemas degradados para recuperar los componentes y funciones en el ecosistema original”; es como ir tejiendo la historia misma del paisaje: “qué había antes, en qué cantidad, cuáles eran las relaciones entre una especie y otra”.


Tres proyectos en un solo ecosistema

El primer proyecto de investigación ha diseñado estrategias para implementar la restauración ecológica con especies nativas en terrenos donde se han talado los pinos y evitar que otras especies invasoras, como el helecho marranero, el retamo espinoso o la mora silvestre, comiencen a ‘marcar terreno’ por la facilidad que tienen de llegar, echar raíces y propagarse.

El proyecto de la Pontificia Universidad Javeriana busca acelerar el proceso de sucesión natural del bosque, pues de no hacerlo demoraría décadas en volver a su estado original.
El proyecto de la Pontificia Universidad
Javeriana busca acelerar el proceso de sucesión
natural del bosque, pues de no hacerlo demoraría
décadas en volver a su estado original.

En convenio con la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), el grupo de investigación Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis) estableció parcelas en tres sectores del parque –Guanquica, Chapinero y Laureles– para monitorear lo que ocurre después de la tala y caracterizar cuatro componentes: la vegetación, los suelos, la macrofauna edáfica –otros organismos que lo habitan, como hormigas, escarabajos, lombrices, arañas y ciempiés– y la avifauna, que es clave, pues sus especies son dispersoras de semillas, polinizadoras de plantas y controladoras de plagas. Con sus binóculos, cámaras y mucha paciencia, los ornitólogos encontraron 73 especies de aves, entre ellas copetones, picaflores, atrapamoscas, colibríes, carpinteros, cucaracheros y tángaras.

La Escuela de Restauración Ecológica (ERE) lleva 14 años de trabajo en restauración ecológica.

Por ser un grupo interdisciplinario, las reuniones luego de las salidas de campo han sido jugosas en información. Cada especialista cuenta sobre sus avances con un eje común: deben comparar cómo se comporta cada uno de estos componentes en tres sectores: uno tenía cuatro meses después de la tala, otro dos años y medio y, en el último, los pinos se habían talado hace cuatro años y medio. “Al conocer cuáles eran las especies que dominaban en cada grupo, pudimos hacer predicciones sobre las trayectorias que puede tomar el ecosistema después de la tala de especies exóticas”, explica la profesora Basto.

El segundo proyecto profundizó en los bancos de semillas, el conjunto de semillas viables que se acumulan en el suelo después de que han sido dispersadas y todavía no han germinado en el ecosistema. Si se encuentran suficientes de ellas en el suelo, el banco puede ser utilizado como fuente de material vegetal para reintroducir las especies perdidas en los ecosistemas degradados. En el bosque de pinos, las semillas se encuentran debajo del colchón formado por las acículas; en el bosque de encenillos, están debajo del colchón de musgo húmedo y requeteverde, características típicas de cada ecosistema.

Las aves, como dispersoras de semillas, las dejan caer al suelo y, cuando estas se acumulan, forman el banco de semillas.
Las aves, como dispersoras de semillas, las dejan caer al suelo y, cuando estas se acumulan, forman el banco de semillas.

En la plantación de pinos, en el bosque nativo y en los tres sectores postala estuvieron los investigadores y estudiantes de la región buscando semillas y caracterizando el lugar: revisando olores, colores, fauna… En el borde de la plantación, los investigadores encontraron las semillas en las deposiciones de las aves, y los niños aprendieron cómo ellas las dispersan.

“Lo que estamos viendo”, explica la profesora Basto, “es que muy pocas semillas se encuentran en el bosque nativo, no tantas como esperábamos, y definitivamente encontramos muchas menos en la plantación de pinos”. La zona postala de dos años y medio es la que presenta mayor abundancia y riqueza de semillas, en tanto que en la de cuatro años y medio se estabiliza la cantidad. Los investigadores esperaban que en esta última siguiera aumentando. ¿Qué pasa allí? El problema son las especies invasoras. Muchas de las semillas de las plantas exóticas pueden durar más de 30 años dormidas, despertarse, germinar y regenerar la especie.

Aquí entra el tercer proyecto, el más reciente, cuyo objetivo es evaluar estrategias para eliminar el retamo espinoso y restaurar las áreas que han sido invadidas por esta especie, que aquí crece más que en su nativa Europa, rodea los caminos y ahora florece en potreros donde antes se cultivaba papa criolla y zanahoria o donde pastaban vacas y ovejas.

Apoyados por el Acueducto de Bogotá, el proceso inicia con el corte manual o mecánico de la planta con machete, guadaña o motosierra; sigue con la trituración del material con una chipeadora y luego se aprovecha al convertirlo en compost.

Las semillas son el problema de esta planta, no solo porque produce muchísimas sino porque, como están en una vaina, las altas temperaturas del mediodía hacen que esta explote y las disperse hasta una distancia de casi diez metros a la redonda. La semilla es tan pequeña, entre uno y dos milímetros, que ni siquiera la chipeadora la puede triturar. Además, como pueden durar tanto, su banco de semillas es una amenaza para el ecosistema invadido y los vecinos.

Una de las especies invasoras más dañinas para el ecosistema altoandino es el retamo espinoso. Los investigadores trabajan por conocer la especie y la resistencia de sus semillas y buscan métodos para eliminarla.
Una de las especies invasoras más dañinas para el ecosistema altoandino
es el retamo espinoso. Los investigadores trabajan por conocer la especie y
la resistencia de sus semillas y buscan métodos para eliminarla.

Por eso, es necesario hacerle un tratamiento que la deje inviable y no germine, explica la bióloga Sandra Contreras. Luis Hernán Rodríguez, ‘Lucho’, administrador agropecuario, tausano y, por tanto, conocedor de su región, es el contacto en el Parque. Él es quien explica los tres tratamientos que prueban con materiales de la región para que en el futuro el campesino los pueda utilizar. Erradicar el retamo no será fácil, pero la ciencia puede dar pistas antes de que invada páramos, propague incendios y siga acabando con las plantas nativas, generalmente menos resistentes.


La ciencia del aprendizaje

“Neusa ha sido como un laboratorio donde se pueden hacer diferentes ensayos, se aprende y se aporta conocimiento que puede ser replicado en otras regiones”, concluye la bióloga Carolina Moreno, de la Escuela de Restauración Ecológica (ERE), liderada por el profesor José Ignacio Barrera, quien ha promovido varias tesis de pregrado en esta región andina. Él mismo concluye que “el Parque Forestal Embalse del Neusa ha sido un escenario de aprendizaje y de enseñanza sobre cómo restaurar los bosques altoandinos que han sido degradadados por diferentes tipos de disturbios y usos de suelo. Las diferentes estrategias aplicadas muestran que la restauración ecológica es una opción que puede acelerar los procesos de recuperación de la salud e integridad de los ecosistemas”.

El día de campo terminó con la siembra de árboles nativos. Cada niño adoptó uno, lo sembró y lo bautizó. Así, hoy deben estar creciendo Muñeco, Bebé, Hojitas y Loky. Los niños probablemente ya les estarán contando a sus padres y familiares estas y otras enseñanzas que no caben en este artículo diario de campo, mientras la investigación continúa.


Para leer más

  • Restaurando el Neusa. Una experiencia de restauración ecológica de áreas post-tala de especies exóticas en el Parque Forestal Embalse del Neusa. Pontificia Universidad Javeriana, Escuela de Restauración Ecológica (ERE), Corporación Autónoma Regional (CAR). Junio, 2015.

 


INVESTIGADORES PRINCIPALES: José Ignacio Barrera y Sofía Isabel Basto
Facultad de Ciencias
Departamento de Biología
Grupo de investigación Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS)
Escuela de Restauración Ecológica (ERE)
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014 – en ejecución.