Infancias y tecnologías digitales en tiempos de confinamiento: nuevos retos para la familia y la escuela

Infancias y tecnologías digitales en tiempos de confinamiento: nuevos retos para la familia y la escuela

La relación de los niños y niñas con la tecnología no ha conocido términos medios. Teóricos como Sonia Livingstone y David Buckingham** hablan de una relación de extremos donde prevalecen dos discursos opuestos: los niños y niñas son considerados sabios de la tecnología teniendo en cuenta que su cercanía a las pantallas les otorga los saberes necesarios para moverse en el mundo digital; o son los menores vistos como seres vulnerables frente a los peligros y riesgos presentes allí. Cabe anotar que este último discurso es el que encontramos con mayor frecuencia desplegado en la prensa, por lo cual podemos notar una tendencia en las familias y en las escuelas a mirar esta relación más desde los riesgos y no desde las oportunidades que la tecnología nos ofrece.

¿Qué ha pasado en los últimos meses? Los niños dejaron de pasar un tiempo importante de sus días en la escuela y los parques. Debido a la situación de confinamiento masivo generado por la COVID-19, su cotidianidad se ha trasladado al interior de los hogares, siendo las pantallas un mediador de esas nuevas realidades. La vida se ha convertido en digital por defecto:  jugar, estudiar, estar con la familia, celebrar los cumpleaños, pasar tiempo con los amigos, ver conciertos; y con ello, la infraestructura en torno a la infancia: docentes, apoyo escolar, pediatras, personal de acompañamiento.

Para las familias y la escuela esto sin duda representa retos de gran magnitud. El tiempo de exposición a las pantallas dejó de tener los mismos tintes de preocupación de semanas atrás. Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Academia Americana de Pediatría han establecido recomendaciones sobre el tiempo de pantalla en los niños y niñas: evitar el uso de pantallas antes de los 18 meses, limitarlo a una hora entre los dos y cinco años, y establecer horarios a partir de los seis. Además de la poca evidencia que respalda esas recomendaciones, una investigación reciente nos muestra que el enfoque de screen time puede llegar a ser irreal en la práctica, generando agotamiento, culpa y frustración por parte de los padres y cuidadores primarios. Cuando todo pasa a lo digital, ¿cuándo está bien conectarse y cuándo no? ¿por cuánto tiempo? Ninguno de los debates precedentes en torno a la relación de las infancias con las tecnologías podría dar respuesta a estas preguntas en el contexto de confinamiento en el que nos encontramos.

Es aquí cuando un enfoque no tecnocentrista nos puede dar luces al respecto. Más allá del número de horas frente a las pantallas, que sin duda han aumentado durante la pandemia, sugiero centrarnos en tres aspectos: la calidad y pertinencia de los contenidos a los cuales los niños estén expuestos, los procesos de mediación y acompañamiento establecidos durante el tiempo de pantalla y las actividades cotidianas donde prevalezca la interacción y la actividad física. Y es aquí donde la escuela está llamada a reinventarse, apoyando estos procesos al interior de los hogares, especialmente en la primera infancia. No todo puede virtualizarse, no se trata de que los niños sigan el horario escolar frente al computador, no se trata de poner mayor presión en ellos y sus familias. Los niños también aprenden en la cotidianidad de sus hogares. ¿De qué manera la escuela puede potenciar esos procesos?

 

*Docente e investigadora de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Comunicadora Social de la Universidad del Norte.

** Livingstone, S. (2009). Enabling media literacy for digital natives – a contradiction in terms? In: ‘Digital Natives’: A Myth? A report of the panel held at the London School of Economics and Political Science (pp.4-6). London, UK.

Buckingham, D. (2002). The Electronic Generation? Children and New Media. In: The Handbook of New Media: Social Shaping and Consequences of ICT (pp. 77-89). London: SAGE Publications.

 

COVID 19 y “quedarse en casa”: un posible riesgo ante la violencia intrafamiliar

COVID 19 y “quedarse en casa”: un posible riesgo ante la violencia intrafamiliar

Dora-gaitanLa casa es el lugar de convivencia entre personas. No obstante, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) ha denominado hogar al lugar de muestreo para los censos nacionales que permiten tipificar a las familias colombianas. De ahí que estos datos infieran una relación directa entre: casa, hogar y familia.

Según el Observatorio de la Familia, para el Consejo de Estado la familia ha sido considerada como la organización social mas importante de las personas y se constituye por “vínculos de consanguinidad o afinidad entre los miembros” (Tipologías de Familias en Colombia: Evolución 1993 – 2014). En 2019 se amplió esta comprensión, integrando el hecho de que las familias son “en las que se establecen vínculos de apoyo emocional, económico, de cuidado o de afecto, que comparten domicilio, residencia o lugar de habitación de manera habitual”. En este sentido, es concebida como ese referente de apoyo, cuidado y cercanía afectiva o emocional; y para una sociedad será el sostén y promotor de desarrollo del individuo.

Ahora bien, resulta que no todas las familias cumplen con el referente mencionado. Esa casa-hogar que se espera sea segura, termina siendo un espacio de riesgo, particularmente para las mujeres que viven situaciones de violencia intrafamiliar. Por lo anterior, quedarse en casa se convierte en una medida que las ha expuesto a condiciones de riesgo, ya que deben cohabitar cada día con quien las agrede, lo que termina siendo paradójico ante una medida de cuarentena que propende por el cuidado individual y colectivo.

A la fecha, contamos con datos inquietantes durante la cuarentena. Para el 7 de abril, según cifras de la Fiscalía General, dentro de la casa sus parejas habían asesinado a 12 mujeres; y según el artículo de El Tiempo titulado El crimen en tiempos de coronavirus y cuarentena del 13 de abril, las “denuncias formales recibidas por la Fiscalía por violencia intrafamiliar han caído en más del 70%, mientras que las llamadas a la Línea Púrpura por presuntos casos de violencia intrafamiliar han aumentado en cerca de un 211%”.

Estos datos desmitifican la idea absoluta de la casa-hogar y la familia como un lugar seguro, haciendo un llamado a la ciudadanía para estar atentos de las familias en cuya interacción se presentan situaciones de violencia, entendiendo que ésta tiene muchas manifestaciones. La más lamentable es el feminicidio, la más evidente es la violencia física (23%), pero la más inadvertida, normalizada y por la que se inicia el ciclo de violencia, es la violencia psicológica con un 50%, siendo la más consultada en la Línea Púrpura; seguidas por la económica (19%), la sexual y patrimonial con un 4% cada una y la verbal (1%) (Tomado del artículo Violencia de género en tiempos de encierro, otro desafío para Bogotá, 29 marzo).

A continuación, unos indicadores para que reconozcas si vives violencia en tu casa o conoces a alguien que pueda estar presentándola (Violentómetro, ONU y USAID):

Ten cuidado si: te hace bromas hirientes, te chantajea, miente, engaña, te culpa, descalifica, ridiculiza, ofende, te humilla en público, te intimida, controla o prohíbe cosas o verte y hablar con personas.

Intenta alejarte si: destruye tus artículos personales, te manosea, genera caricias agresivas, te golpea “jugando”, te pellizca o araña, te empuja o jalonea, te cachetea, te patea o encierra, te aísla de personas cercanas.

Pide ayuda si: te amenaza con objetos y armas o te amenaza de muerte, te fuerza a tener relaciones sexuales, te viola o abusa sexualmente, te mutila. Alerta, puede llegar al asesinato.

Si necesitas ayuda:
En la Pontificia Universidad Javeriana tenemos el Protocolo de Violencias y Discriminación y también podemos orientarte desde:

El Centro de Asesoría Psicológica y Salud de la Vicerrectoría del Medio Universitario con el servicio de Escucha Activa y ofertas virtuales grupales de acompañamiento.

A nivel Distrital:
Línea Púrpura: 018000112137
Whastapp: 3007551846
Línea 123
Fiscalía: Línea 122
ICBF: Línea 141
A nivel Nacional: Línea 155

*Dora Cecilia Gaitan Hidalgo, Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, Magíster en Psicología Clínica y de la Familia de la Universidad Santo Tomás. Actualmente psicóloga del Centro de Asesoría Psicológica y Salud de la Vicerrectoría del Medio de la Pontificia Universidad Javeriana.

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Un panel de expertos convocado por la revista Lancet evidenció la importancia del trabajo interdisciplinario para dar respuesta en forma eficiente a los diversos y crecientes problemas que surgen en medio de esta pandemia. Creemos que la necesidad de este llamado surge de una conceptualización fracturada del ser humano, una separación arbitraria y artificial de la salud física y la salud mental, que genera problemas a la hora de producir acciones para afrontar las múltiples consecuencias derivadas de los temas de salud en general y en particular de la crisis ocasionada por el Covid-19, las medidas de aislamiento y la recesión económica que empieza a vislumbrarse. Resulta evidente que necesitamos una perspectiva interdisciplinar, multidimensional y ecosistémica para dar soluciones que atiendan a la complejidad creciente del problema.

Aunque para muchos profesionales y para las entidades internacionales de salud resulta clara la artificialidad de la separación entre la salud física y psicológica, un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo, aún encontramos dificultades para articular en la práctica un concepto integral de salud, que se refleje en acciones efectivas en la formación, la investigación, el desarrollo de políticas públicas y, en especial, en la articulación del trabajo de profesionales en diversos campos de actuación.

La actual situación que atraviesa el mundo es un buen ejemplo de cómo las dinámicas comportamentales (los hábitos de alimentación de un grupo poblacional), pueden tener efecto en la salud (la trasmisión de un virus y el número creciente de muertos e incapacidad de respuesta del sistema de salud), la economía (la pérdida de empleos y quiebra de empresas, el deterioro de los ingresos de los trabajadores), la política (el deterioro de las democracias y las amenazas contra los derechos humanos, entre otros), la seguridad (el incremento de hurtos y otros delitos, parcialmente relacionados con la búsqueda de alimento y del aseguramiento de condiciones mínimas de supervivencia) y en las condiciones de riesgos denominados psicosociales, que favorecen el despliegue de comportamientos como el consumo de sustancias, los conflictos de pareja, las diversas formas de violencia intrafamiliar e incluso violencias que surgen de la convivencia en comunidades que, de nuevo, inciden en la salud, la economía, la política y otras áreas de la vida humana.

Consideremos un ejemplo, Perú, que a pesar de ser uno de los países de Latinoamérica que más oportuna y estrictamente estableció límites en el confinamiento, se ha convertido en el segundo país con mayor número de casos de COVID-19 del continente. Para entender esto, debemos tener en cuenta algunas dinámicas comportamentales.

Por ejemplo, el hecho de que sólo cerca de una quinta parte de las familias del país cuenten con un refrigerador se relaciona con la necesidad de buscar constantemente comida fresca, aunque quizás ¿es el aprecio por la comida fresca la que facilita que las familias no cuenten con refrigeradores? Las compras de los alimentos se realizan en mercados que se convirtieron rápidamente en focos de contagio, esta situación se empeoró con las restricciones que estableció el gobierno, buscando enlentecer la pandemia, en la apertura de estos mercados, que lejos de cumplir su cometido llevó a concentrar la aglomeración. Adicionalmente, se debe tener en cuenta que también influyen el hacinamiento, la informalidad y otras tantas variables que serían imposibles de enumerar. Es claro cómo las dinámicas para adquirir bienes básicos, la forma como preparamos nuestros alimentos y hasta los mismos elementos de nuestra dieta, pueden tener un efecto directo en la transmisión de un virus, incluso cuando este no se transmite en la comida.

Estamos presenciando cómo la expansión de un virus y las medidas que se han establecido para contenerlo están incidiendo en un aumento sistemático de trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático, así como también de la violencia, el consumo de alcohol y las conductas de autolesión. Se ha reportado un aumento en los factores de riesgo en salud tales como desconexión social, pérdida del sentido de vida, sensaciones de agobio y agotamiento por el cambio en las condiciones laborales, angustia ante la pérdida del empleo, baja de ingresos, deterioro de la calidad de vida y problemas derivados de la dificultad de elaborar duelos luego de las pérdidas al no seguir rituales culturales. Estos aspectos psicológicos tendrán una repercusión directa en la salud y la economía, dando inicio de nuevo a un ciclo de interacciones múltiples que se alimentará de forma permanente.

En el contexto de una visión ecosistémica, interdisciplinar, diferencial y multidimensional aparecen un sin número de preguntas y desafíos de investigación. Por ejemplo, estudiar la eficacia diferencial de las intervenciones en telesalud, en particular la teleorientación, como estrategia mediadora en la promoción y prevención de la salud, y la telemedicina, como herramienta para desarrollar el trabajo terapéutico, evaluando su utilización en atención psicológica, contención emocional e incluso acompañamiento. Se identifica también la necesidad de evaluar el efecto que tiene la mediación virtual en el desarrollo de vínculos afectivos y su efectividad como alternativa para el fortalecimiento de redes de apoyo social, al igual que los efectos del teletrabajo en la salud.

De igual modo, estas perspectivas también exigen nuevas condiciones. Es ineludible diseñar nuevas infraestructuras de conocimiento, organizacionales, tecnológicas e incluso sociales que permitan la evaluación, intervención e investigación interdisciplinaria. Es necesario establecer controles éticos sobre el quehacer de los profesionales y demarcar los límites de lo que podemos hacer, en cuanto al efecto que tiene en las comunidades, en razón de su eficacia y efectividad. El uso que se le ha dado a las tecnologías como estrategia de evaluación de la expansión del virus abre un debate sobre la privacidad, lo cual tiene también importantes connotaciones psicológicas y sociales.

Igualmente, es preciso pensar estrategias de comunicación y de rendición de cuentas a la sociedad. En este sentido, hoy, como nunca, estamos viendo que los procesos de transferencia responsable de conocimiento son una parte determinante de la supervivencia de la sociedad. Se ha hecho certera la necesidad de fortalecer las estrategias de comunicación, de manera que permitan, en forma más inmediata, conocer las necesidades de las personas y las comunidades, identificar sus carencias y recursos, y hacer un seguimiento a la compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales que tienen.

Estamos, por tanto, ante un momento en el que se requiere asumir una perspectiva ecosistémica, multidimensional, interdisciplinar y transdisciplinar, que permita generar, desde ese mismo enfoque, investigación e intervención, de forma que sea inevitable un dialogo entre académicos y profesionales de diversos campos y se construyan soluciones que realmente den cuenta de la compleja y critica coyuntura que estamos transitando.

*Wilson López López: Profesor titular de la Universidad Javeriana. lopezw@javeriana.edu.co
**Pedro Pablo Ochoa: Director del equipo de respuesta psicológica frente al Covid-19 en Colombia. Colegio Colombiano de Psicólogos.

Un llamado para apoyar a nuestros viejos

Un llamado para apoyar a nuestros viejos

En tiempos de coronavirus los ojos están puestos en gran parte sobre la población longeva, pues tal como lo afirma el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, los mayores y las personas con enfermedades crónicas graves, como las de tipo cardiaco, pulmonar o renal, parecen ser más propensas a contraer el Covid-19. Por esta razón la mayoría de los países toman medidas que exigen a las personas mayores permanecer resguardadas en sus casas.

Esta población no ha sido atendida social e institucionalmente de la manera esperada. Así lo demuestra la investigación de la profesora javeriana Ángela María Jaramillo, ganadora al Premio a la Investigación sobre Familia 2019 por su trabajo: “Transformaciones de los arreglos residenciales en la vejez y sus determinantes. Exploración basada en los censos colombianos, 1973 y 2005”, que a través de un estudio social respondió este tipo de cuestionamientos: ¿Cómo está envejeciendo la población en Colombia? ¿Cuáles son los cambios que ha tenido la población de personas mayores? ¿Qué implicaciones tienen esos cambios? ¿Cuáles son los retos para el país?

Uno de los primeros argumentos de esta PhD en estudios sociales, es que “el Estado desconoce muchas de las demandas actuales de las personas mayores, quienes tienen necesidades diferentes a las que tenían en el pasado. Al no reconocer esto, las políticas públicas colombianas que los salvaguardan están quedando relegadas a una generación de ancianos con modos de vida muy diferentes, limitando así las posibilidades de crear condiciones adecuadas para vivir hoy una vejez autónoma y digna”.

Pero ¿cuál es la realidad en Colombia?

“Estamos en un momento en el que el histórico y progresivo descenso de la fecundidad en combinación con el aumento de la esperanza de vida ha generado el envejecimiento de la población”, explica la profesora, razón por la que cada vez hay más personas mayores de 60 años comparado con los menores de 15. Según censos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la población mayor de 60 años del país aumentó, pasando de 3.721.943 personas que correspondían al 9% del total de la población en 2005 al 13,3% con casi 6 millones de personas en 2018.

Estos cambios en los modos de vida y en la concepción de idea de familia empiezan a dejar marcas en cómo viven las personas mayores, pues como explica Jaramillo, anteriormente las personas envejecían al lado de sus numerosas familias. “Lo que debemos comprender es que a diferencia de nuestros antepasados, los mayores actualmente viven de distintas maneras, unas solas, otras en pareja y otras con sus familiares. Esto representa un reto para la sociedad, el gobierno y las instituciones, por las distintas demandas que tienen cada uno de estos arreglos residenciales.

La investigación señala que en 1973 cerca del 70% de los ancianos del país vivía en hogares de cuatro o más personas, datos que han cambiado con el paso del tiempo. El último censo del DANE muestra que la cantidad de adultos mayores que vive en este tipo de hogares ha disminuido, pasando de 70,80% en 2005 a 56,6% en 2018, y, las residencias con 1 y 2 personas mayores de 60 años, desde los años setenta ha aumentado de forma acelerada, asegura la experta. Por ejemplo, cuando para 2005 solo el 29,4% de estas personas vivía solo o con una persona más, para el 2018 el porcentaje llegó al 43,4%. Es decir, “hay más ancianos que tienen menos posibilidades de ser apoyados por sus familias”, dice la profesora Jaramillo.

Por ejemplo, don Eliécer es un gachancipeño de 75 años que trabajó como carnicero buena parte de su vida. Sin embargo, desde que se divorció de su esposa, le llegaron los “achaques” y no se pudo emplear. Vive de la caridad en una “rancha” (como él describe su vivienda), con la única comodidad de una estufa eléctrica de dos fogones y un radio del tamaño de un teléfono celular. De cada 10 personas mayores, él representa a uno de los cuatro que vive en un hogar pequeño, sin hijos, sin nietos, hermanos u otros parientes.

Además, datos de esta investigación demuestran que ocho de cada diez ancianos carecen de una pensión que les permita asegurar un ingreso mensual para atender sus necesidades básicas. “El sostenimiento económico de estos hogares depende en su mayoría del trabajo de los ancianos (33,6%) y de las pensiones o jubilación (23,8%). La gran mayoría de los ancianos que trabajan se ven obligados a hacerlo bajo condiciones de informalidad y sin acceso a protección social, ni a pensión”, relata Jaramillo.

Ante esto la investigadora se pregunta, ¿estamos preparados para enfrentar un escenario en el que el envejecimiento continúa creciendo de forma acelerada y aún se asume que los ancianos están envejeciendo al lado de familias numerosas? Con más de cinco años de investigación su respuesta es: “no estamos preparados porque las acciones de política siguen orientadas por la idea de una familia, que en su extensión, composición y funcionamiento ha cambiado. El principal problema de esto se halla en que la solidaridad y apoyo que antes era brindado por la familia tradicional no ha sido compensado actualmente por las instituciones que deben velar por la protección de los derechos de las personas mayores y sus familias”.

Jaramillo agrega que comparando con los países europeos, una de las desventajas colombianas tiene que ver con que ellos han tenido un proceso de envejecimiento más lento pues tardaron más de un siglo para llegar a la población de ancianos que tienen hoy; esto les permitió pasar progresivamente de familias grandes o extensas a familias pequeñas y a hogares unipersonales. “Así, pudieron adaptarse y prepararse mejor social y políticamente para atender las demandas sociales de estas nuevas formas de organización en la vejez”, explica la investigadora. En el caso colombiano, “el lapso de tiempo para envejecer fue de unos 50 años, tiempo que no ha permitido que la sociedad se adapte al cambio demográfico”, añade.

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Hallazgos en las regiones 

La investigación incluyó el estudio de los censos DANE de 1973 y 2005, entrevistas a profesionales que participaron en el diseño e implementación de la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez, así como a académicos expertos en esta área. Con el apoyo estadístico, Jaramillo logró la reconstrucción histórica de las condiciones geográficas, socio-demográficas y económicas en las que nacieron las personas del estudio y encontró una gran concentración viviendo solas o en pareja en Bogotá y en el departamento de Boyacá.

En la capital, especialmente, esto se debe al descenso de la fecundidad y la cantidad de divorcios. “En casos de separación, los hombres son los que pasan a vivir solos, ya que hay mayor probabilidad de que las mujeres permanezcan con sus hijos y sus nietos”, complementa Jaramillo.

En Boyacá, la explicación está dada por el despoblamiento de la región. Por un lado, ante los problemas históricos que ha padecido el campo colombiano los habitantes han migrado y, por otro, cada vez hay menos jóvenes en la ruralidad porque no encuentran las oportunidades esperadas. Por eso, los mayores son quienes quedan en esos territorios, ya que están arraigados a sus tierras, cultivos, casas y animales; y a esto se suma la gran dificultad de que allí no cuentan con la infraestructura de salud, transporte y redes de apoyo adecuadas para suplir sus necesidades. “Es por esto que en los países más envejecidos del mundo como España, Italia o Japón, las poblaciones con más años se encuentran en su gran mayoría en las ciudades debido a la oferta e infraestructura de servicios sociales y de salud, entre otros”, afirma.

En otras regiones del país como la Costa Caribe la configuración es diferente porque allí las personas mayores tienden a ser acogidos por su familia y la fecundidad no ha descendido como en la región andina.

Solidaridad, la propuesta para apoyar a los viejos

Según datos que maneja el Ministerio de Salud, se estima que el número de personas mayores de 60 años en el mundo aumentará de 900 a 2.000 millones entre 2015 y 2050.  Por esa razón, atender las necesidades de la población longeva debe ser una prioridad para los gobiernos. Con este escenario, Jaramillo propone la solidaridad como base principal para cuidar, proteger y garantizar los derechos de esos ciudadanos.

“Hay que valorar a los ancianos por lo que fueron y lo que son hoy como personas que contribuyen a la construcción de la sociedad. Ellos pueden tener actividades relacionadas con el cuidado de nietos o personas con problemas de salud; la preparación de alimentos y oficios del hogar; los aportes académicos y científicos para el avance social, apoyos económicos y emocionales que ofrecen a sus familiares”, recomienda la socióloga.

En la actualidad, muchos coinciden en que lo que sucede, ante la creciente propagación de la COVID-19, es un llamado a la acción para atender con más responsabilidad la salud física y mental de las personas. “En el caso de los mayores, se necesitan sistemas de salud con mejores servicios de atención domiciliaria y así responder a las adversidades de manera rápida y oportuna, especialmente con las personas mayores de 80 años que son el 15,8% de los que viven solos. Además, hay que fortalecer las redes de apoyo”, manifiesta.

Reflexión para el contexto actual

Es de vital importancia entender la diferencia entre vivir solo y sentirse solo, dice la experta. “El primero puede ser una buena experiencia si se tienen las condiciones sociales, económicas y de apoyo necesarias, lo que depende del desarrollo de la sociedad en la que se encuentre la persona. El segundo revela un sentimiento asociado al aislamiento social que puede aumentar los riesgos de morbi-mortalidad de los ancianos”, explica Jaramillo. Por esto su recomendación es el fortalecimiento de las redes de apoyo y en el caso de hogares donde hay varias generaciones promover respuestas de equidad, convivencia y solidaridad intergeneracional.

En este momento de dificultad por la enfermedad del Covid-19 hay que estar más pendientes del apoyo que se puede ofrecer a todas las personas, y en particular a las personas mayores. Este apoyo, dice Jaramillo, puede ser de muchas formas, por ejemplo, práctico y emocional. Aquí algunos ejemplos:

  • En lo práctico, como vecinos, podríamos apoyar las necesidades relacionadas con el abastecimiento, las comunicaciones, el paseo de las mascotas o cualquier evento que requiera una respuesta inmediata. También crear redes de apoyo para responder a las necesidades que surgen en una situación en la que los amigos o familiares que viven lejos no pueden apoyar.
  • En lo emocional, por ejemplo, es importante que nos expresemos a partir del reconocimiento del otro como iguales, independientemente de la generación. Esto lo podemos hacer utilizando un lenguaje que no reproduzca los estereotipos que históricamente, por la edad, sea discriminatorio. Ejemplo: diminutivos como “viejito” o “viejita”.
  • Reflexionar acerca de lo común entre las generaciones en la cotidianidad, ya que es en esas actividades compartidas que se fortalecen los lazos de apoyo, aún más cuando los diálogos se dan entre generaciones con aprendizajes analógicos y digitales.
  • Estas relaciones de apoyo pueden convertirse en nuevas amistades, fundamentales para resolver las adversidades y para establecer vínculos sociales orientados a que ellos no dejen de sentirse parte del colectivo.

Para conocer los detalles de la investigación espere próximamente el libro: Transformaciones de los arreglos residenciales en la vejez, y sus determinantes. Exploración basada en los Censos Colombianos, 1973 y 2005”.

Visite los siguientes enlaces. https://www.funrestrepobarco.org.co/images/publicaciones/PDF/Resumen_TEP/Trabajo%20Ganador-%20Angela%20Maria%20Jaramillo%20Mendoza.pdf

https://bdigital.uexternado.edu.co/bitstream/001/611/1/DLA-spa-2017-Evolucion_de_los_arreglos_residenciales_en_la_vejez_y_sus_determinantes.pdf

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

En los últimos diez años, la entrada de ciudadanos extranjeros al país se ha incrementado, siendo la capital el principal destino. Según datos de Migración Colombia, a diciembre de 2019 habían ingresado 1.032.016 venezolanos, de los cuales el 45% son mujeres. Como lo explica la profesora Camila Esguerra Muelle, del Instituto Pensar, de ese porcentaje la gran mayoría de ellas terminarían realizando labores de cuidado precarizado y no reconocido.

Este tipo de trabajos se conocen como empleos inseguros o de poca calidad que exponen a sus trabajadores a situaciones de riesgo constante. Esto sucede en el ejercicio del cuidado, pues como argumenta la investigadora, el empleo doméstico es uno de los que más riesgos laborales implica pues se enfrentan a circunstancias ergonómicas, físicas, psicosociales, de acoso y explotación laboral.

Bajo este contexto social, Esguerra realizó la investigación ‘Migración y cadenas globales de cuidado’, resumida a través del ‘working paper’ Se nos va el cuidado, se nos va la vida: Migración, destierro, desplazamiento y cuidado en Colombia. “Cuando hablamos de cuidado nos referimos a la reproducción material y simbólica de la vida; es la dependencia en las relaciones con los territorios y la naturaleza que lo rodea”, aclara la entrevistada. Ejemplos visibles de estas acciones son las labores domésticas, familiares, agrarias, de la tercera edad y cuidado personal.

En su estudio, la antropóloga analiza la formación de las cadenas globales de cuidado y explica que cuando son escasas, las mujeres en condiciones de pobreza del mismo país o migrantes rurales se encargan de cubrirlas; ellas a su vez, al emigrar, dejan un vacío en el cuidado de sus propios hogares, el cual es cubierto por otras personas.

Aunque el cuidado no es valorado, este hace parte de la economía del mundo, pues según la ENUT (Encuesta Nacional del Uso del Tiempo), el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) en Colombia se produce a partir de los trabajos de cuidado no remunerado. De este, el 16% es realizado por mujeres en situación de pobreza.

Un ejemplo cotidiano de los retos a los que se enfrentan las niñas en condición de vulnerabilidad es que en algunos casos son entregadas desde pequeñas a familias con alta capacidad adquisitiva, con el fin de que cumplan con labores domésticas y a cambio de una promesa de educación. Según explica Esguerra, las personas que hacen estos intercambios no son conscientes de que realizan trata de personas, muchas veces con menores de edad.

Además, si se tiene en cuenta que existen aproximadamente ocho millones de personas desplazadas en el país, la migración no es exclusivamente venezolana. “Más de la mitad de los desplazados por la violencia y el narcotráfico son mujeres que vienen a las grandes ciudades a cuidar y muchas de las que llamamos venezolanas son en realidad colombianas retornadas, que el conflicto armado de este país sacó hace 20 años”, complementa.

El problema principal de estas mujeres es que carecen de cuidado, el cual se evidencia en enfermedades físicas y psicológicas como depresión, ansiedad, insomnio y dolores físicos. A esto se le suma otro escenario: ellas trabajan en promedio un mes más por cada año que los hombres y son peor remuneradas, según la ENUT. “Eso es lo que configura las profundas desigualdades de género en el mundo. Nadie cuida a las cuidadoras porque esto se ha asumido como un asunto privado, que se naturaliza como una labor propia de las mujeres”, argumenta la investigadora.

Esguerra concluye que se debe aceptar el reconocimiento de las labores de cuidado como un asunto de Estado. “No basta con hacer pactos de redistribución del trabajo en la casa. El Estado debe asumir el cuidado como un derecho y un bien social, entendiendo que todos los seres vivos necesitamos de este, de lo contrario seguirá habiendo un mercado informal y precarizado, que pone en riesgo a las migrantes y seguirá soportado en la explotación de mujeres y personas feminizadas”, puntualiza.

El desafío de comunicar la homosexualidad en la familia

El desafío de comunicar la homosexualidad en la familia

¿Qué pasa cuando algunos jóvenes empiezan su lucha por decir a viva voz que sus gustos e intereses son diferentes a los tradicionales, que son homosexuales o, incluso, aún no saben cómo definirse? ¿Cómo reciben la noticia sus amigos y conocidos?, pero, sobre todo, ¿cómo la reciben sus padres y el resto de la familia?

Con la idea de reflexionar acerca del papel que juega el apoyo familiar en este proceso y conocer las diferentes reacciones de los padres cuando sus hijos deciden confesar su homosexualidad, la psicóloga y magíster en Familia de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Linda Teresa Orcasita, realizó un estudio con 15 familias de personas gays y lesbianas que ya experimentaron dicha situación.

A partir de las conclusiones de cada escenario ella construyó con su equipo de investigación una línea de tiempo interactiva, denominada ‘Mi Viaje’, como medio para que cada familia, a través del dibujo, contara su historia.

“A veces usamos muchas técnicas tradicionales que no tienen efecto en la población que estudiamos. Lo interesante de nuestra propuesta es que el proceso investigativo hace las veces de una intervención terapéutica; en la medida en que yo estoy diciendo lo que me pasó con mi hijo de una forma no invasiva como con el dibujo, también tengo la posibilidad de reflexionar en qué falle, qué no sirvió como familia y cómo puedo actuar mejor a partir de las narrativas construidas”, explica la científica.

El proyecto ‘Dinámicas familiares en los procesos de revelación y aceptación de la orientación sexual en madres y padres con hijos gays e hijas lesbianas’ da cuenta de que el proceso de revelación de las familias es muy diverso. “No es algo que pase de manera unilineal, no podríamos decir que las 15 familias pasaron por los mismos momentos en la revelación, pues depende de la historia, experiencia y dinámicas que haya construido cada una a lo largo de su vida. Pero, sí hay encuentros comunes”, comenta la investigadora

Ella explica que hay etapas, que si bien no son generalizables, tienden a repetirse en muchos de los casos (el shock, la negación, el enojo, la negociación), donde se experimenta un proceso de aceptación parcial: el silencio, la tristeza profunda, la nostalgia, que están ligados a sentimientos de culpa y, finalmente la aceptación que, según Orcasita, es un proceso al que no todas las familias llegan plenamente.

La científica logró identificar en las narrativas de los y las participantes tres tipos de casos en las familias:

–           Familias nutritivas: en las que la aceptación se da porque han establecido redes de apoyo fuertes, el nivel de información acerca de la diversidad sexual es amplio, la comunicación entre padres e hijos es muy cercana y los espacios de diálogo son más abiertos y afectivos.

En este grupo, por lo general, se ubican las personas que tienen mayor acceso a la educación porque, afirma Orcasita, “tienen la posibilidad de tener mejores fuentes veraces de información frente a la diversidad sexual y de géneros; no se quedan con el mito o el prejuicio de los estereotipos sociales sino que tienen más recursos en cuanto a información científica y acceso a profesionales que amplíen el significado de la diversidad sexual y de género”. En este sentido, la investigación evidencia que, a mayor información científica y experiencias cercanas de personas que han vivido el proceso, mayores posibilidades de tener actitudes favorables frente a la homosexualidad.

–           Familias ambivalentes: las que realmente quieren aceptar a sus hijos, pero sus creencias religiosas los limitan, especialmente los temores y la culpa sobrepasan el deseo de reconocerlos o alguno de los padres no acepta la homosexualidad de su hijo o hija, creando así barreras difíciles de romper.

–           Familias centrípetas: aquellas que dicen ‘ya lo sabemos, pero no queremos que nadie más lo sepa’, pues en su interior no lo aceptan porque guardan la esperanza de que la decisión de su hijo o hija sea transitoria.

Ante esta última, la investigadora advierte que “en la orientación sexual, para que uno realmente diga soy gay o soy lesbiana debe existir una atracción emocional, romántica, sexual o afectiva duradera hacia otras personas; diferente a una práctica sexual homoerótica transitoria”.

El proceso: una mezcla de sentimientos

Investigaciones previas han encontrado que las edades de la revelación homosexual en los contextos familiares y sociales, generalmente, está entre los 15 a 25 años. “La edad que abarcó este estudio fue de 18 a 25, pero tenemos personas que hicieron su revelación antes”, explica, agregando que son pocos los casos en los que el anuncio fue recibido de una manera natural y sin controversia.

“De ahí que ver a su hijo o hija cambiar de opinión, se vuelve un deseo latente al interior de las familias”. A esta esperanza de los padres y desesperanzadora para los hijos, dice Orcasita, se suman estigmas y etiquetas alrededor de las personas gays y lesbianas como “todos los gays son promiscuos” o, la asociación de las personas homosexuales con infecciones de transmisión sexual.

Todo esto hace que el proceso de revelación esté lleno de cargas emocionales y psicológicas tanto para el o la joven como para su círculo más cercano. Por un lado, siendo la familia el primer agente de socialización y de reconocimiento, el rechazo puede traer efectos devastadores para los jóvenes. Cuenta Orcasita: “muchos chicos me decían: ‘solo el hecho de que mi familia me apoye es fundamental para mi bienestar emocional’”. Por esto, tal como lo evidencian diversos estudios, el pensamiento suicida, la ansiedad y la depresión aumentan cuando la población percibe que tienen menor apoyo social.

Por su parte, la familia pasa por momentos de ira, tristeza y, como afirma la investigadora, experimenta una culpa enorme. “Algunos decían ‘de pronto mi hijo es gay o mi hija es lesbiana porque yo me separé del papá’. ‘Eso debe ser porque yo le di mucho afecto y lo sobreprotegí, entonces por eso se volvió así’, afirmaban otros, o, ‘debe ser que él tuvo malas experiencias afectivas, por eso no le gustan más los hombres’”, comenta la investigadora sobre algunas de las respuestas que recibió en dicho estudio. De hecho, llama la atención la baja participación de la figura paterna en el estudio. La mayoría que aceptó participar fueron las madres. “Para el caso de los padres hombres se generan temores asociados a su proceso de masculinidad frente a otros”, complementa.

Finalmente, la profesora Linda Teresa recomienda a los terapeutas dirigir su foco de atención al sistema de creencias y a los imaginarios. Además, pide acompañar esos relatos, en un principio nutridos de insatisfacción, de penas y de vergüenza, para que sean narraciones liberadoras. Otra herramienta que sugiere es la “Guía de apoyo a familias con hijos e gays e hijas lesbianas”, dispuesta para facilitar este proceso y que le sirva a todos los que requieran algunas estrategias de cómo actuar en esta etapa de revelación, cómo crear un camino confortable y asegurar una salud mental positiva tanto para quienes se identifican como gays o lesbianas como para sus familias.

Para mayor información del proyecto y conocer la “Guía de apoyo a familias con hijos e gays e hijas lesbianas”, puede escribir a ltorcasita@javerianacali.edu.co

¿Cómo son los papás colombianos?

¿Cómo son los papás colombianos?

El papel del padre de familia está cambiando en Colombia y en el mundo. Ya no se trata de “el donante biológico para la concepción, el que abandona o violenta a los hijos, el que no sabe cuidarlos, el accesorio de la familia, y el que, en el mejor de los casos, provee dinero y genera estabilidad económica al hogar”, apreciaciones poco positivas y que se han vuelto comunes a lo largo del tiempo. No quiere decir que este tipo de padres haya desaparecido del todo. Sin embargo, el cambio de las estructuras familiares en el siglo XXI ha roto muchas de esas nociones estereotipadas y posiblemente anticuadas a las que los padres han sido sometidos.

Ante la propagación de tales afirmaciones, el psicólogo e investigador javeriano Milton Bermúdez-Jaimes se propuso, en compañía de colegas de otras universidades como la del Magdalena en Santa Marta, la ICESI de Cali, la Universidad Bolivariana de Palmira, estudiar la realidad actual del hombre en la pareja, en la familia y como padre. Esta vez habla no como profesor sino como papá, dice: “con mi propia experiencia de la paternidad yo decía ‘no, no creo que seamos tan de segundo nivel’; ¿qué pasa con los que no somos así? Aquí nos estamos viendo como los malos de la historia. Teníamos que ver si era así o no”. Entonces, en dónde quedan los padres colombianos que han sido más que los ‘donantes’ de aquella miguita biológica necesaria para traer a un bebé al mundo.

Con 32 departamentos y un Distrito Capital, Colombia se considera un país multiétnico y multicultural por la gran diversidad social y cultural que hay en cada una de sus regiones, diversidad que ha trascendido a las familias que las pueblan. Por esto, la investigación Contribuciones del involucramiento a la calidad de la relación y la competencia parental al nivel de seguridad y bienestar de los hijos, transcurrió en tres contextos distintos del país: Santa Marta, Cali y Bogotá, e incluyó a 422 familias de estas ciudades para explorar el rol actual del padre de familia en Colombia, distinguiéndolo por regiones.

La apuesta de esta investigación fue la de estudiar al padre, pero no de forma individual. Por un lado, leer a la familia como todo un sistema y ver cómo resolvían sus problemas, cómo enseñaban a las nuevas generaciones a enfrentar las dificultades, cómo vivían el bienestar familiar, etc., y, por otro lado, ver aspectos tanto de mamá como de papá: qué hace cada uno en términos de cuidado, la crianza de los hijos, la economía, las labores del hogar; aspectos de la vida tan sencillos pero tan dicientes como ¿el papá realmente se sienta a ayudarle a aprender las tablas de multiplicar a los niños?, y con ello determinar cómo son estos nuevos padres de la sociedad contemporánea.

Los resultados que evidencia el estudio parecen ser alentadores, pues esta aseveración de la figura paterna como simple proveedor de recursos de la casa, lo que no deja de ser una responsabilidad básica importante, hoy pasa por una transición, la que Bermúdez identifica como la transición del nuevo padre. Papás que actúan de formas que en épocas pasadas habrían sido inimaginables: están pendientes de la salud de sus hijos, ya preguntan más por quiénes son sus compañeritos, se preocupan más por sus sentimientos, asumen la responsabilidad de llevarlos a las actividades, y los hijos, incluso, se convierten en sus mejores amigos. “Yo recuerdo a un papá que me decía ‘mire, mi mejor amiga es mi hija, es con la que yo me puedo abrir (era una niñita de 8 años), yo a ella le cuento todo y le digo cómo me fue en el trabajo’” relata el psicólogo.

Rol-del-padre-interna

El nuevo padre está en medio de nosotros

Pedro* es uno de estos nuevos padres, tiene un empleo de medio tiempo en una empresa de importaciones y exportaciones. Aun así, no sufre de apuros económicos pues su esposa tiene un empleo a tiempo completo con una muy buena remuneración. Pedro, a pesar de no tener el empleo que quisiera, se siente muy feliz de poder compartir tiempo con sus hijos.

Los de hoy son padres que, como Pedro, “están más involucrados, son más responsables; e independientemente de que muchas veces se rompa el vínculo conyugal reconocen el compromiso que tienen con sus hijos” dice Bermúdez-Jaimes. No obstante, para muchos aún resulta difícil de creer, como la mamá de Pedro, quien critica el hecho que sea él quien lleva a sus hijos al colegio y a otras actividades extracurriculares, los bañe y en muchas ocasiones prepare sus alimentos. “Después de todo, fueron tantos años en los que el machismo se impuso, que pensar en un padre que lleve a su hija al ballet, le haga trenzas para ir al colegio, le dé tete al bebé o lleve a los niños al pediatra, es algo que cuesta creer”, reconoce el psicólogo.

Según la investigación, esta transición tiene mucho que ver con el estrato socioeconómico y la región de la que provenga el padre. Los de estratos altos y bajos son los que menos comparten con su familia y “tienen el mismo argumento: tengo que buscar la comida”, expresa el investigador. “Supongamos que el de estrato bajo es celador, y de lunes a viernes tiene que salir a las 4 a.m. e irse en bicicleta para llegar al norte de Bogotá. Regresa en la noche y los fines de semana necesitan algo de esparcimiento, por lo que se va a jugar tejo con los amigos, así es su día a día y nunca tiene tiempo para sus hijos. Por su parte, con el padre de estrato alto sucede lo mismo: es el gerente de la compañía, toda la semana está ocupado y el fin de semana se va a jugar golf, pero también tiene poco tiempo para sus hijos” complementa Bermúdez.

En cambio, los que están en estratos medios, como Pedro, son los que hacen todas las maniobras para lograr mantener cierta calidad de vida. “Hemos encontrado que curiosamente eso también ha transformado nuestra propia identidad de género, porque estos son varones que ya no tienen dificultades para expresar libremente su lado femenino. Por ejemplo, en mi caso, yo comparto mis sentimientos, yo también me siento y veo El Rey León con mi hija y lloro”.

En relación con las regiones, Bermúdez-Jaimes encontró que, en la región del Valle, desde el punto de vista afectivo, los padres son los que más se involucran con sus hijos “tal vez porque ancestralmente ha sido así”, asegura el investigador. Los que son más lejanos son los de la Costa Caribe, pero son los que creen ser mejores papás. Al respecto el investigador dice que “eso tiene que ver con un fuerte peso del machismo que hay en la región”. Bogotá está en el medio, pero son los que más participan en el cuidado y la crianza de los hijos.

Evidentemente hay diferencias significativas y esto también influye en el bienestar no solo de sus hijos sino en el de toda la familia.

La realidad es que “los padres no son esenciales, porque cómo se explicaría la cantidad de hogares monoparentales de hoy en día en la población latinoamericana, que alcanzan el 48% ¿Acaso todos esos niños son desgraciados o tienen una vida terrible? No. Pero los padres, evidentemente, son importantes” señala el investigador javeriano.

En este sentido, decir que todos los padres no son más que un adorno o quienes proveen la economía de la casa es un error. Hoy, tal como lo demuestra esta investigación, hay padres diferentes, más interesados en el hogar y sin temor a reconocerlo.

*Nombre ficticio

Programa Madre Canguro: abrazo de amor

Programa Madre Canguro: abrazo de amor

El embarazo es un periodo de alegría, pero también de preocupaciones que, aunque molestas, hacen parte del proceso. Una de las más latentes y que retumba una y otra vez en la cabeza de las mamás es que el bebé, que llevan en el vientre, nazca bien y sin complicaciones. En ese ‘hogar’ donde deberá estar nueve meses, el pequeño se prepara para su vida en el mundo exterior, idealmente en condiciones saludables.

Ese deseo de los padres por un nacimiento sin complicaciones puede quebrantarse antes de tener a su bebé en brazos el día esperado, pues múltiples factores pueden influir para que nazca antes de tiempo o con bajo peso al nacer. A estos niños se les conoce como prematuros o pretermino y una de las grandes dificultades que tienen que sopesar es que algunos de sus órganos aún no se hayan desarrollado completamente. De hecho, unos de los más afectados son el cerebro y los pulmones.

En estos casos es difícil estar preparados. La frustración por no saber qué hacer es alta y una de sus características principales es la inseguridad. Todo lo negativo que alguna vez pensaron, para ese momento es una completa realidad.

Es allí cuando el Programa Madre Canguro hace su aporte y prepara a la familia para recibir al bebé. Este programa que nació hace más de 40 años en Colombia mejora la salud de los bebés en estado de prematurez y bajo peso al nacer, de una forma más efectiva que cualquier otro tratamiento. Normalmente estos pequeños se recuperan en incubadoras, pero tal como lo han demostrado diversas investigaciones, el canguro alcanza metas que otros métodos no: la calidad del sueño del bebé, reconocimiento del olor de sus cuidadores, la mejoría en el ritmo cardiaco, protección cerebral, y en términos sociales, mamás y papás más empoderados de su rol.

En este video podrá encontrar la historia del Método y Programa Canguro visto desde los ojos de la familia, quienes después de pasar momentos difíciles y de mucha incertidumbre, con el programa han logrado dejar atrás los temores para convertirse en cuidadores de calidad y satisfechos con lo que han alcanzado con un método basado en el abrazo de amor.

Una coproducción de Unijaveriana + Pesquisa Javeriana

Jugar para aprender sobre sexualidad

Jugar para aprender sobre sexualidad

“Yo tenía dificultades de comunicación con mi familia respecto a lo relacionado con la educación sexual. Nunca se abordó el tema de manera profunda, salvo en algunas ocasiones en las que la mayor preocupación de mis padres se concentraba en no dejar a una mujer embarazada y, en caso de hacerlo, repetirme que tendría que dejar mis estudios para ponerme a trabajar y responder por el bebé”, recuerda Juan Pablo Guzmán, comunicador de la Pontificia Universidad Javeriana Cali y creador de Consexuados.

Estaba por entonces en la última etapa de su carrera y justo acababa de separarse de su compañera de trabajo de grado. Buscando una solución a esta sinsalida, acudió a sus profesores, se reunió con Linda Teresa Orcasita, del departamento de Ciencias Sociales y quien lideraba la investigación “Procesos de comunicación entre padres e hijos adolescentes frente a la toma de decisiones en sexualidad en dos municipios priorizados por el CONPES 147”, a quien manifestó su interés de sumarse al proyecto. La respuesta fue positiva.

“Durante mi participación me di cuenta de que había muchas diferencias entre lo que chicos y padres quieren abordar respecto a sexualidad; los jóvenes se encuentran en un momento de exploración, de dudas, de inquietudes, de comparaciones, mientras los papás tienen un discurso más desde la protección, el autocuidado, una posición muy moral. Descubrimos, además, la existencia de mitos entre los chicos que para ellos era información real, como saltar después de una relación sexual para no quedar embarazados o eyacular por fuera para que no exista peligro, entre muchos más”, explica Guzmán, quien, con este aprendizaje, diseñó una estrategia de Información, Educación y Comunicación (IEC) que sentara a padres e hijos en un espacio común, donde se generara un diálogo real y profundo respecto a temas de sexualidad.

Así nació Consexuados. De acuerdo con las investigaciones realizadas dentro del proyecto, se concluyó que su aporte era valioso dentro de la estrategia de prevención de embarazo adolescente que perseguía el Documento CONPES 147 de 2012, y que derivaría en la Política Nacional de Sexualidad, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos de 2014.

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de 2015, en Colombia se presentaron 6.108 casos de embarazos adolescentes entre los 15 y los 19 años, los cuales tienen un impacto directo en la deserción escolar en todo el país, que oscila entre el 30% y el 50%. Adicional a esto, se estima que el 52,7% de los casos de VIH se presentan entre los 20 y 39 años de edad.


La puesta en marcha de la estrategia

Aquel objetivo, reunir en un mismo espacio a padres e hijos a hablar sobre la sexualidad, fue, en realidad, el primer desafío al que se enfrentaron los creadores de la estrategia. Cada una de las fases de investigación revelaron dificultades evidentes en los procesos de comunicación sobre sexualidad en familia, dentro de las cuales se destacaban el miedo que sentían los jóvenes para abordar estas temáticas con sus padres por el riesgo a ser juzgados y, por otro lado, la visible evasión para dialogar con sus hijos al respecto.

Por esta razón, Juan Pablo Guzmán pensó que la manera más adecuada para incentivar estos encuentros sería a través de un juego, teniendo en cuenta postulados de la UNESCO y diversas teorías psicológicas que afirman que esta estrategia permite espacios de apropiación reflexiva común, donde se tiene en cuenta qué piensa el otro y en el que los participantes se encuentran en igualdad de condiciones.

La segunda dificultad fue la selección del tipo de juego. Para resolverla, el equipo, compuesto inicialmente por la directora del trabajo de grado y el estudiante, se basó en el parqués.

“Me interesa rescatar los espacios físicos donde nos sentemos padres e hijos a divertirnos, donde nos reunimos a pasar un buen rato. Además, quise distanciarme de las apropiaciones tecnológicas que, en ocasiones, nos alejan más de lo que nos unen; este era un tema en el cual era necesario buscar esta cercanía, promoverla y, en los casos más extremos, crearla, ya que en algunas familias es un rasgo casi inexistente” explica Guzmán.

Adelantó entonces un trabajo colaborativo interdisciplinar  con la perspectiva de las carreras de Comunicación, Psicología y Diseño de la Comunicación Visual de la Javeriana Cali, para crear una estrategia integral que acercara a las familias en torno a un tema considerado tabú y romper las barreras que dificultan la comunicación sobre estos temas.

Fue necesario, adicionalmente, definir las bases teóricas del juego, las cuales están soportadas por los conceptos de Eusebio Rubio, Ph.D en sexualidad humana. “Nosotros entendimos la sexualidad como el rasgo característico de la vida humana, que, de acuerdo con Rubio, tiene cuatro componentes: reproductividad, género, vínculo afectivo y erotismo. Estos son para el juego los cuatro grandes componentes de la sexualidad”, comenta Guzmán.

Generar este tipo de diálogos al interior de los hogares no era tarea fácil, sin embargo, la dinámica propuesta en Consexuados facilita la comunicación entre padres e hijos respecto a sus conocimientos y concepciones sobre la sexualidad, permitiendo el crecimiento y aprendizaje mutuo. Por esta razón, el juego no solo se enfoca en la prevención de embarazos y evitar la transmisión de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) sino que trasciende a temas tan importantes como la diversidad sexual y el autocuidado.

Juan Pablo Guzmán, comunicador de la JAveriana Cali y creador de Consexuados.
Juan Pablo Guzmán, comunicador de la Javeriana Cali y creador de Consexuados. / Cortesía


¿Cómo se juega Consexuados?

El juego va dirigido principalmente a las familias en cualquiera de sus diversas conformaciones:

  • Monoparental: hija o hijo y un progenitor.
  • Ensamblada: hija o hijo, progenitor y su pareja estable.
  • Nuclear: padre y madre de familia, hijo y/o hija adolescente.

Sin embargo, también es posible jugarlo entre un grupo de participantes sin vínculo familiar en tanto cada uno  asuma un rol, ya sea el de padre, madre, hijo e hija.

Todos los participantes deben girar la ruleta uno por uno y, aquel que obtenga la opción “¡Juega!”, iniciará la partida; éldebe girar nuevamente la ruleta hasta caer en una de las casillas que corresponden a las tres categorías de análisis, nombradas así:

  • Qué sabemos: conocimientos sobre sexualidad
  • Qué hacemos: actitudes frente a la sexualidad
  • Qué hablamos: prácticas comunicativas

El juego tiene un total de 150 cartas que se dividen en dos tipos: unas diseñadas para adultos y otras, para los jóvenes; ellas, a su vez, se subdividen en tres colores que corresponden a las categorías mencionadas anteriormente, dando un total de 25 cartas por cada situación.Si la persona que tiene el turno desempeña el rol de joven, un adulto tomará la carta y leerá la pregunta en voz alta y viceversa. Dependiendo de la categoría, quien tenga el turno deberá responderla, hacer una representación (dibujo), cumplir un reto o hablar desde su experiencia personal.

Las tarjetas con preguntas abiertas tendrán una respuesta para explicar el tema si alguien no puede, no sabe responder o falta algún aspecto por mencionar. Si la persona responde correctamente, gana un punto a consenso de todos los participantes en una escala de uno (puntuación más baja)  a tres (la más alta). Si guarda silencio o responde incorrectamente, a consenso del grupo, se le impone una penitencia al participante.

Una vez respondida la pregunta o cumplida la penitencia, otros participantes tienen la posibilidad de responder o compartir su opinión frente al tema tratado, siempre respetando el orden del juego y la opinión de los demás.

Para la continuidad del juego, cuando alguien responda, la persona a su derecha debe hacer girar la ruleta, y así sucesivamente. Existe la posibilidad de que otro adulto del juego pueda preguntarle a un adolescente diferente a sus hijos, y viceversa, de acuerdo al consenso del grupo. Aquel que complete la mayoría de puntos en 10 rondas será el ganador.

Se dispone de un cuadernillo con hojas blancas para escribir los puntos de cada participante  y para utilizarlo las respuestas que requieran dibujar y escribir, al igual que un sobre de color violeta para depositar en él las cartas con las preguntas hechas en cada ronda y garantizar que no se formulen nuevamente.

El pasado 5 de abril, Consexuados fue reconocido por la Javeriana Cali como trabajo de grado meritorio con mención de honor, yen este momento se encuentra en proceso de comercialización a través de la búsqueda de alternativas de financiación para su difusión, como participación en convocatorias de apoyo interno y externo. Adicionalmente, la intención es promoverlo en organizaciones que trabajen sobre los temas de salud y sexualidad en Colombia.