Parir dignamente

Parir dignamente

El día tres del mes de junio del año pasado, Carolina Parra ingresó a una clínica de clase media en la ciudad de Bogotá; a sus 32 años daría a luz a su segundo hijo. Ingresó cuando el reloj marcaba las 4 de la tarde. Para las 5:30 pm las contracciones eran intensas, cada seis minutos sentía cómo el corrientazo de magnitud indescriptible pasaba por todo su cuerpo. A las 6:00 pm le dieron ingreso a la sala de gestantes, le ordenaron quitarse la ropa y ponerse la bata. Las contracciones aumentaban a un ritmo acelerado. La ubicaron en una camilla y tras unas horas de espera y un tacto, la ginecobstetra indicó que no podía recibir la epidural, inyección con un medicamento que ayuda a adormecer la parte inferior del cuerpo y disminuye el dolor, pues ya tenía la dilatación indicada para parir.

La doctora se retiró comunicando a la madre que en pocos minutos la pasarían a la sala de parto. En ese momento, dice Carolina, no aguantó más y rompió fuente. Cuando trataron de llevarla a la sala de parto era demasiado tarde. Sin epidural, sin acompañante a causa de las restricciones por el actual coronavirus, y esperando a que la trasladaran al lugar adaptado para el procedimiento, a las 8:10 pm nació su hijo, “a mi hijito lo tuve prácticamente sola en esa camilla, no me ayudaron. Luego lo pusieron sobre mi vientre, le cortaron el cordón umbilical, nos revisaron a los dos y nos llevaron a una habitación. Desde ahí la atención fue muy diferente”.

Todas las mujeres tienen derecho a recibir el más alto nivel de cuidados en salud, que incluye el derecho a una atención digna y respetuosa en el embarazo y en el parto. Más aún cuando prácticas violentas o discriminatorias podrían tener consecuencias adversas directas tanto para la madre como para el bebé, así lo declara la Organización Mundial de Salud. De aquí que el parto humanizado aparezca como salvavidas para poner fin a este problema de salud pública y erradicar la falta de respeto y violación de derechos en los procesos de gestación. Al respecto, dice la investigadora javeriana en Salud Pública Elba María Bermúdez, “las actividades médicas deben propender por una comunicación asertiva para evaluar las mejores opciones para la madre y el bebé; que la mujer esté lo más confortable posible, su sufrimiento se mitigue y sus tiempos y expectativas se respeten y en general, esto es lo que busca el parto humanizado”.

Sin embargo, testimonios como el de Carolina y otros incluso atravesados por el maltrato verbal y físico, en ocasiones, se mantienen y son reflejo de un sistema de salud provisto de prácticas que culturalmente han sido aceptadas a lo largo de los años: se desconoce el dolor, “no grite señora, no sea escandalosa”; la negativa en la administración de analgésicos; la medicalización o uso de técnicas para ralentizar o acelerar el parto, entre otras.

Este es el caso de Andrea*, madre primeriza, “una enfermera se me echó encima mientras la doctora esperaba a que saliera la bebé. Me dijo que tenía que hacer eso porque se estaba demorando mucho en salir, ¿me pregunto si eso era necesario?”, señala la mujer de 29 años. Este recurso recibe el nombre de técnica de Kisteller y ha sido prohibido en países como el Reino Unido, ya que es considerado como altamente peligroso.

Pareciera que los procedimientos médicos han sido diseñados y acomodados para quienes ejercen la actividad y no para quien está recibiendo el servicio, dice Bermúdez. La silla obstétrica, por ejemplo, explica la experta, representa por sí misma un acto de violencia, “fue diseñada de forma horizontal para que él o la ginecobstetra que recibiera a los bebés, tuviera la comodidad de la visión; no pensaron en la molestia y en la falta de ergonomía para la mujer al parir. La mujer al dar a luz, como lo hacen las indígenas o las campesinas, se tendría que hacer de manera verticalizada para que el bebé salga por gravedad”.

 

Pareciera que los procedimientos médicos han sido diseñados para quienes ejercen la actividad y no para quien está recibiendo el servicio.

 

Como estas, otras intervenciones se han normalizado y no siempre son necesarias, como la episiotomía (incisión que se hace en el tejido entre la abertura vaginal y el ano); el rasurado, o las cesáreas no indicadas. Según estudio del Atlas de Variaciones Geográficas en Salud de Colombia 2015, las cesáreas en Colombia excedieron el porcentaje de partos por cesárea previsto por la OMS, pues los profesionales de la salud de todo el mundo han considerado que la tasa ideal de cesárea debe oscilar entre el 10% y el 15% y Colombia sobrepasa este número con una cifra del 61,10% de los partos en un año.

“La cesárea es un procedimiento médico que hace parte de la tecnificación de la atención del parto”, dice Diana Rubio, profesora de la facultad de psicología de la Universidad Javeriana y doctora en salud pública. “Por supuesto que ha salvado vidas y ha mejorado los resultados en salud de las mujeres y de sus hijos. El problema es que cuando no están indicadas rompen los tiempos del trabajo de parto de la mujer”.

 

El parto ideal debe existir para cada mujer

Si bien el país cuenta con documentos técnicos que promueven el parto humanizado, aún no hay una ley que lo regule. Incluso, gran parte del personal médico no sabe lo que implica atender un parto de forma humanizada, pues como dice la doctora Bermúdez, el desarrollo de los procedimientos tal como los hacen son catalogados como correctos, pues así lo han aprendido en su formación académica y en la práctica. “Es cultural, son acciones legitimadas y repetidas generación tras generación; por esto es necesario desaprender y romper estas estructuras que han sido interiorizadas”.

La implementación de la humanización significa que la protagonista es la futura madre y no el médico o la médica. Por otro lado, la materna debe ser entendida en su dolor y en sus necesidades, “ellas no se lo están inventando, hay mujeres a las que parir les representa mayor molestia y dolor que a otras”, explica la doctora Rubio.

 

La materna debe ser entendida en su dolor y en sus necesidades.

 

A esto se suma, respetar que inmediatamente nazca el niño éste sea puesto en contacto piel a piel con la madre, “muchos neonatólogos retiran al bebé a los pocos minutos del nacimiento para hacerle todos los exámenes que requiere. Eso lo entendemos profundamente, pero todos esos exámenes se pueden hacer después de dos horas o una hora de contacto piel a piel, pues ya sabemos los múltiples beneficios que trae esta práctica”, agrega la javeriana Elba Bermúdez.

Por su parte, bien es sabido que uno de los derechos de la mujer gestante es ser acompañada durante el nacimiento de su hijo o hija, y el parto humanizado le apuesta a que esto se cumpla, pero además promueve que la madre tome la decisión de quién quiere que la acompañe, “no todos los bebés son producto de una relación de pareja saludable, por lo que, por ejemplo, no todo papá puede estar allí. La madre debe elegir”, comenta Bermúdez.

Las expertas Rubio y Bermúdez coinciden en que es de vital importancia la comunicación médico-paciente, la escucha y el respeto por los derechos y expectativas de las maternas.

 

En pandemia el parto se complejiza

Carolina Parra fue una de las millones de madres que dio a luz en medio de la pandemia. “Desde que inició la cuarentena en todo momento sentí miedo al saber que los controles se iban a complicar y el ingreso a los centros de salud iba a ser difícil”, dice.

Durante la pandemia, debido a las medidas tomadas por los gobiernos, los servicios de salud sexual y reproductiva limitaron seriamente su regularidad, continuidad y acceso, y, por si fuera poco, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, los sistemas de salud tuvieron que redirigir los recursos de salud sexual y reproductiva a otros tipo de servicios, impactando negativamente el acceso de las mujeres a métodos anticonceptivos, atención prenatal y a otros servicios esenciales, poniendo en riesgo la vida y salud de las mujeres.

Por ejemplo, Carolina cuenta que tuvo dificultades para que le hicieran su última ecografía. “Llamé y llamé y no me asignaron la cita, no estaban asignando por todo lo de la Covid-19. Yo estaba preocupada, pues yo sabía que el bebé no estaba bien posicionado. Tuve que ir a un hospital en pleno brote del virus para que me hicieran una ecografía (casi que por urgencia), y finalmente lo logré, pero corriendo muchos riesgos”.

El caso de la señora Parra finalmente salió favorecido en medio de las dificultades. No obstante, muchas de las mujeres de zonas rurales que estaban pasando por la misma situación, no pudieron movilizarse a los centros urbanos para obtener la atención esperada en cuanto a ecografías y exámenes, situación que a su vez dejó al descubierto una realidad de acceso a los servicios. “Las mujeres que están en este país tenemos un sistema de salud increíblemente dividido en el privado, el subsidiado y quienes no acceden. Los primeros seguramente son los que están informados y el recurso humano también sabe cómo tiene que atender a estos pacientes, por lo que es más probable que tengan a sus hijos en mejores condiciones, pero, este es un privilegio del que no gozan la mayoría de mujeres en el país”, reflexiona la doctora Bermúdez.

 

Las mujeres que están en este país tenemos un sistema de salud increíblemente dividido.

 

La experta expone que es el sistema el que tiene que llegar a las personas, pero hay grandes áreas rurales de Colombia que no tienen acceso a los servicios de salud por falta de gobernabilidad, y, si acceden de forma subsidiada tienen que someterse al mal trato y poca o nula información. Por esto, cada vez se hace más importante valorar esta lucha por el parto humanizado y no perder de vista trabajos tradicionales como la partería, la cual favorece a las mujeres en lugares donde el gobierno no se hace presente, destaca la javeriana.

Hay que decir que las distintas barreras forzadas por la pandemia han venido disminuyendo. “Al entender el comportamiento del virus los protocolos se han podido ir adaptando de manera que los servicios se están retomando bajo condiciones que evitan poner en riesgo la vida de las gestantes y los neonatos y aquí hay que aplaudir el manejo que ha hecho el personal de la salud”, señala la psicóloga Diana Rubio.

 

Un personal de la salud educado para el parto humanizado

Hacer posible el parto humanizado no es sólo una responsabilidad del personal de la salud, esto pasa por los currículos universitarios, por los entes estatales y administrativos, por la cultura que se transmite en las rotaciones médicas al personal de la salud, etc. Toda esta lucha tiene muchos actores y aristas que cubrir, dice Elba María Bermúdez. “Lo que queremos es que el o la bebé que va a llegar sea acogido en los mejores términos, que se le empiecen a asegurar sus derechos desde que está en el vientre y que la mamá disfrute el proceso a sus anchas”, dice.

Entretanto, el trabajo investigativo continua: “nuestra labor ahora no es otra que la de demostrar la necesidad de esta buena práctica, los beneficios y tener bases teóricas y científicas para respaldar proyectos de ley que regulen el parto humanizado, con la ilusión de que esto se siga implementando y se haga de manera obligatoria”, finaliza la doctora Bermúdez.

* Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

Preeclampsia: el hallazgo que puede resolver un misterio genético

Preeclampsia: el hallazgo que puede resolver un misterio genético

Luego de dormir poco más de tres horas, debido a un intenso y permanente dolor de cabeza que la acompaña desde el inicio de su tercer embarazo, María de los Ángeles Cristancho se prepara para ir a la cita de control prenatal con su ginecobstetra. El vientre redondo de sus 32 semanas de embarazo le dificulta colocarse medias y zapatos, tarea con la que le ayuda su hermana mayor. Enfermera de profesión, Deyanira se percata de que las piernas de su hermana están bastante hinchadas ¿Será la presión arterial?, piensa.

La preeclampsia hace parte del abanico de enfermedades hipertensivas (que elevan la presión arterial) que padecen algunas mujeres después de la semana 20 de embarazo. Ésta reduce significativamente el crecimiento del feto, desencadena partos prematuros, muertes fetales y, en casos no controlados, mortalidad materna. “Lo que uno va a encontrar es una mamá con hipertensión, que va a tener pérdida de proteínas a través de la orina. Otras, que presentan manifestaciones clínicas, indican un compromiso vascular materno que termina dañando las células que recubren los vasos sanguíneos”, afirma Reggie García-Robles, doctor en ciencias biológicas, profesor e investigador del Departamento de Ciencias Fisiológicas y del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana.

Las cifras de la Organización Mundial de la Salud estiman que a nivel mundial la preeclampsia es el principal factor de morbilidad y mortalidad feto – materna; en países subdesarrollados y en vía de desarrollo, alrededor del 30% de las muertes maternas se asocian con esta enfermedad y con una de sus complicaciones más graves, la eclampsia, que se caracteriza por la aparición de convulsiones. Además, ocho de cada 100 embarazos desarrollarán preeclampsia e, inclusive, la cifra en Colombia podría aumentar hasta los 14.

En la actualidad es imposible detectar la preeclampsia antes de que se produzcan los síntomas; no existe ninguna prueba confiable que diagnostique esta patología antes de la semana 20 de embarazo. La única certeza es que el tratamiento definitivo consiste en inducir el parto y sacar la placenta o, en otras palabras, “desembarazar”; sin embargo, y gracias a esta investigación, se identificaron marcadores genéticos que darían una luz de alerta antes de las 20 semanas de embarazo y facilitarían una intervención para reducir la mortalidad y mejorar el pronóstico tanto de la madre como del bebé.

En el estudio Hallazgos moleculares y patológicos en placentas con preeclampsia y/o restricción de crecimiento intrauterino, liderado por la bacterióloga Paola Andrea Ayala Ramírez, investigadora y profesora del Instituto de Genética Humana de la Javeriana, y adelantado por la Universidad El Bosque, la Clínica del Country, el Hospital San Ignacio, y la Javeriana, los investigadores observaron qué pasa en una placenta con preeclampsia debido a que es un órgano transitorio propio del embarazo y cumple funciones vitales: pulmonares, endocrinas, metabólicas e inmunológicas.  “Encontramos dos moléculas de coagulación que nos llamaron mucho la atención. Sabemos que cuando uno tiene alguna herida empieza un proceso sanatorio donde la sangre se coagula gracias a esas dos moléculas: el factor tisular (FT) y la trombomodulina (TM)”, explica García-Robles.

El hallazgo se dio tras seleccionar un grupo de madres gestantes voluntarias con menos de 20 semanas de embarazo y los posteriores análisis y seguimiento al comportamiento de estas dos moléculas. En unos primeros resultados se observó que ambas se alteran en presencia de la preeclampsia debido a un proceso metabólico que altera su producción: o no se producen o lo hacen más de lo esperado.

“Encontramos que la trombomodulina tiene mejores resultados y en este momento estamos nuevamente realizando pruebas para confirmarlo. Entonces lo que tenemos es una molécula candidata para ser un buen marcador de predicción de preeclampsia antes de las 20 semanas”, asegura Ayala.

En la semana 33 de su embarazo, a María de los Ángeles le confirmaron el diagnóstico de preeclampsia; estuvo bajo observación durante tres semanas más y el ginecobstetra, al no ver aumento de talla ni de peso en el bebé a través de una ecografía de detalle, generó la orden para inducir el parto en la semana 37. Una de las dificultades que retrasó su diagnóstico es que la preeclampsia no se presenta de la misma forma en las pacientes.

“No todas las mujeres con preeclampsia van a tener el mismo daño en los vasos sanguíneos. ¿Por qué? No se sabe exactamente qué origina la enfermedad, como ocurre ni que factores están implicados en la presentación de estas diferencias; hay varias hipótesis. Esta es una enfermedad a la que se le desconoce su causa “, asegura la doctora Ayala. De allí la importancia de desarrollar marcadores genéticos que permitan identificarla a tiempo.

Los investigadores describen la preeclampsia como una enfermedad ocasionada por varios factores: genéticos, nutricionales, anomalías en la placenta, circunstancias socio-ambientales, trastornos en la inmunología materna, alteraciones cardiovasculares y desequilibrios hormonales; adicionalmente, “es una enfermedad multisistémica. Inicia en la placenta pero el problema es que se sale de ésta, la madre comienza a desarrollar fallas en los riñones, en el hígado y, cuando afecta al sistema nervioso central, es un mal pronóstico porque es un indicio de eclampsia”, añade Ayala.

Después del parto, María de los Ángeles y su hija estuvieron en observación por dos días. Los síntomas de la preeclampsia en la madre desaparecieron en el transcurso de la primera semana, y Rosalí, al no presentar ningún inconveniente, pudo conocer a sus dos hermanas mayores. “Hay que estar pendiente de los síntomas, asistir a los controles, y consultar inmediatamente”, aconseja María de las Ángeles hoy, mientras consiente a su bebé con tres meses de edad cumplidos.