Áreas para restauración ecológica en Colombia, ¿se está haciendo lo correcto?

Áreas para restauración ecológica en Colombia, ¿se está haciendo lo correcto?

Hace varias semanas, en el departamento de Casanare, el Ejército colombiano arrojó 8.000 semillas desde un helicóptero con el propósito de que se conviertan en árboles, en áreas que posiblemente, según expertos, son sabanas. A pesar de que este tipo de acciones sin base científica para la recuperación de los bosques parecen ser recurrentes en el país, varios investigadores proponen una estrategia para la restauración de ecosistemas en estado crítico y de baja productividad.

El profesor Andrés Etter Rothlisberger, del departamento de Ecología y Territorio de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, es el director del equipo de cinco investigadores que analizaron diversos territorios de las jurisdicciones de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR). En el estudio proponen áreas prioritarias para la restauración basadas en los ecosistemas críticos que identificaron en la aplicación de la Lista Roja de Ecosistemas de Colombia, un protocolo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Este científico explica que desde la década del setenta debido al crecimiento de la población del país y sus demandas, se produjo una aceleración de la expansión de la frontera agrícola, la urbanización y la intensificación de los cultivos, que ha puesto en riesgo a muchos ecosistemas a punto de desaparecer.  “El estudio identifica que los ecosistemas secos ubicados en el Caribe y en ciertas zonas de los valles interandinos son los más afectados por los procesos de intervención. En esas zonas se ha mantenido una mayor presión histórica y con una mayor población”, agrega.

Aunque en Colombia se habla permanentemente de la deforestación, no hay que olvidar que otros ecosistemas como las sabanas, los humedales y los páramos también están sufriendo procesos de degradación que van en aumento y también deben ser parte de las iniciativas de recuperación de los espacios naturales.

La clave de la propuesta

El área intervenida que abarca la frontera agrícola es hoy de cerca de 40 millones de hectáreas, una cifra muy alta si se mide por habitante. De acuerdo con los análisis hechos, en estas áreas se podrían ejecutar procesos de restauración, entendida como un proceso de recuperación del territorio a su estado original, antes de ser transformado. “Hay que centrarse en ecosistemas en estado crítico y que tengan baja productividad. Generalmente son áreas de ganadería, improductivas y con baja generación de ingresos. Las áreas que cumplen con esas condiciones son más de seis millones de hectáreas, que deben ser una prioridad. Es importante que el costo de oportunidad de éstas sea el menor posible, para evitar competir con otros usos. Para esto es importante buscar áreas que estén lejos de las carreteras, pues uno de los factores que más incide en el costo de la tierra es la accesibilidad”, manifiesta Etter.

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Este mapa muestra en color rosado cuáles serían los terrenos de baja productividad en Colombia que podrían ser objeto de restauración

 

Otro de los aspectos importantes que se tuvieron en cuenta para identificar las áreas prioritarias para la recuperación de los ecosistemas es encontrar terrenos con suelos que no estén demasiado degradados porque si lo están, la probabilidad de que se restauren es mucho más difícil y costosa. También se tuvo en cuenta la cercanía a las áreas naturales y las fuentes de agua, porque así es más fácil que lleguen semillas por dispersión natural y así acelerar el proceso de la restauración.

Sin embargo, para que estas superficies puedan restaurarse efectivamente, necesitan tener recursos disponibles, entre ellos los presupuestos que tienen destinados las CAR para estos fines. Según cifras que maneja Etter y su equipo de trabajo, estas instituciones pueden tener entre 20 y 30 millones de dólares anuales para invertir en restauración y conservación, lo que en su concepto no es suficiente para dar solución a esta problemática. El estudio muestra que entidades ambientales de seis regiones del país (Cortolima, Corpamag, Cam, Corpocesar, Corporinoquia y Corantioquia) tienen cada una más de 400 mil hectáreas identificadas como prioritarias para ser restauradas.

 

Restauración pasiva, más barata y efectiva

Un apartado del estudio científico examina el Plan Nacional de Restauración que aplica el gobierno colombiano. Al comparar los objetivos de las estrategias, la ruta estatal habla de recuperar 24 millones de hectáreas mientras que en este análisis propuesto se habla de algo más de 5 millones 950 hectáreas. Sorpresivamente, en ambas apuestas solo coinciden el 12% de los territorios, siendo la del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible muy extensa, que no tiene suficientemente en cuenta los ecosistemas en riesgo, los usos actuales de la tierra y sus costos de oportunidad, dice Etter.

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Este mapa muestra en amarillo y naranja las áreas que según el estudio tienen alta prioridad para ser restauradas. En morado, las que considera el Gobierno como objeto de recuperación.

 

“Hay dos modalidades generales para restaurar áreas degradadas. La activa es la de ir y sembrar especies para acelerar la restauración. La pasiva consiste en aislar el área del ganado y de actividades humanas, para que la misma naturaleza se encargue de hacer ese proceso. Como lo mostramos en la introducción y en la discusión, hay estudios que han demostrado que por costos es lo más efectivo que hay. La regeneración natural que ocurra en las áreas protegidas es la mejor restauración”, manifiesta.

También menciona que muchos estudios a nivel mundial han confirmado que en general los procesos de restauración activa basados en la siembra de árboles (El gobierno Duque tiene la meta de sembrar 180 millones de plántulas) tienden a ser mucho más costosos. Por eso, es radical en afirmar que la restauración tiene tanto de biología, como de ecología y economía. “En este país hay grandes extensiones de usos ganaderos improductivos que no tienen sentido. Se podría ir a esas áreas y reconvertirlas para que garanticen la recuperación de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos”, complementa Etter.

Según este artículo (publicado en la revista especializada Land and Policy), la contribución de este estudio es que define las áreas claves para hacer la restauración en Colombia, lo que les da herramientas de planeación y ejecución a los tomadores de decisiones. Un siguiente paso es el de analizar en mayor detalle estos territorios, en especial en términos de propiedad y tenencia, y de valorar los costos de oportunidad para dimensionar las inversiones.

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Aplanar la curva de contagios por coronavirus ha sido un asunto de particular preocupación para los gobiernos. Transversal a este escenario han surgido una serie de reflexiones en torno a la necesidad de aplanar también la curva de la pobreza, desigualdad, discriminación, polarización, indiferencia y daño ambiental. En ese sentido, y con la intención de identificar las lecciones globales durante la actual pandemia, la Pontificia Universidad Javeriana llevó a cabo el pasado 28 de mayo el seminario web ‘Aprendizajes de la crisis del Covid-19 para afrontar el cambio climático’.

En esta jornada, a la luz de la Carta Encíclica Laudato Sí, expertos nacionales e internacionales presentaron las lecciones que como peregrinos de la ‘Casa común’ debe asumir la humanidad no solo para afrontar la actual situación sanitaria y social, sino también la crisis que vive el planeta con el calentamiento global.

“Somos parte de un todo, somos parte de la ‘Casa común’ y las transformaciones que se necesitan implican retos para el Gobierno y la sociedad. Esto significa, una nueva ética con la naturaleza”, afirmó Hernando García, director del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, quien también agregó el concepto de ‘salud planetaria’ al referirse a la preservación del equilibrio ecológico, solidario, natural y espiritual del hombre con el medio ambiente.

“La especie humana es un pequeño suspiro en la vida del planeta”, reflexionó García.

 

Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.
Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.

Manuel Pulgar-Vidal, exministro de ambiente de Perú y actual lider del Programa Internacional del Clima y Energía de WWF, añadió que la pandemia de la Covid-19 se debe interpretar desde la degradación del medio ambiente, la pérdida de especies y hábitats, el calentamiento global y la precaria calidad del agua y el aire en regiones de alta densidad poblacional, lo cual incide directamente en la proliferación de enfermedades como el Zika o el Chikunguña y, en este caso, la Covid-19.

Pulgar hizo un llamado al “renacimiento de la región”, basado en los aprendizajes de la pandemia. Resaltó que no existe un futuro sostenible sin consideraciones ambientales y climáticas, ni se puede pensar en una recuperación futura si no se incorporan las necesidades sociales. Abogó por una visión de sostenibilidad a largo plazo (año 2050) y finalmente dijo que es indispensable articular la economía mundial con la conservación de la naturaleza.

“La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común”: Jairo H. Cifuentes, Secretario General de la Universidad Javeriana, durante la apertura de la jornada.

Por otro lado, Jimena Puyana, coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU en Colombia, sostuvo que las enseñanzas que ha dejado el SARS-CoV-2 en materia de formulación de políticas públicas en países en vía de desarrollo, son: priorizar las inversiones que generan múltiples beneficios y propósitos a través de una ‘economía verde’; invertir en educación, salud e infraestructura desde una perspectiva de conservación, protección y sostenibilidad de la biodiversidad; apuntarle a impuestos que desincentiven la producción excesiva del carbono; apoyar las políticas de reforestación protectora y productora; invertir en las áreas protegidas; generar respuestas integrales -factores sociales, ambientales y económicos- para superar la crisis, y tener una conciencia clara de la vulnerabilidad humanidad evidenciada en la desigualdad y pobreza.

Citando a la revista científica Nature, Puyana destacó que “la pandemia ha ocasionado que el mundo reduzca entre el 17% y el 26% la producción de gases de efecto invernadero en comparación con el año pasado”.

El egresado javeriano Mauricio Rodríguez Castro, presidente de las firmas CO2Cero y EcoLogic, nutrió la conversación a partir de una perspectiva empresarial, desde la que es necesario implementar una economía circular mediante la reutilización de recursos; es decir, que los empresarios articulen sus proyectos con ideas de negocios sostenibles, amigables con el medio ambiente. En términos coloquiales, Rodríguez señaló que “la naturaleza nos está dando una cachetada”, razón por la cual, dijo, motivado por la situación de pandemia, que la sociedad debe pensar en una transformación profunda de su comportamiento, sus hábitos y cultura.

“Previamente se creía que las personas no eran productivas con el teletrabajo, pero la actual situación ha llevado a los empresarios a considerar esta nueva alternativa”, puntualizó Rodríguez Castro.

Finalmente, Andrés Rosas, decano la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, y moderador del simposio, convocó a una rueda de respuestas alrededor de la pregunta ¿qué se puede hacer para cambiar el comportamiento de las personas frente a la crisis del cambio climático? Los panelistas afirmaron, en unanimidad, que la mejor forma para movilizar cambios sociales es entender que la humanidad es vulnerable y que la COVID-19 es un factor de sensibilización que debería llevar a las personas a conectar sus decisiones con su entorno, en este caso el medio ambiente, tal y como lo menciona la Encíclica Laudato Sí: “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión”.

Este simposio se llevó a cabo en el marco de la celebración del quinto aniversario de la Encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común y el acuerdo de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Lo invitamos a revivir la jornada aquí.

Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia. 
Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia.
‘Sembrar nos une’, ¿es suficiente para salvar los bosques colombianos?

‘Sembrar nos une’, ¿es suficiente para salvar los bosques colombianos?

Debido a la contingencia sanitaria ocasionada por el COVID-19, fue postergada la jornada Sembrar Nos Une, de Minambiente, que pretendía la siembra de cinco millones de árboles durante este fin de semana.

No obstante, teniendo presente el Día Internacional de los Bosques, es una buena ocasión para reflexionar sobre la acelerada pérdida de bosque en el país y en el mundo. Evidencia de ello es que en 2019 se afectaron dos millones de hectáreas por incendios forestales en la Amazonia, según el Instituto Nacional de Investigaciones Especiales de Brasil (INPE).

La sucesión natural es la manera como los diferentes ecosistemas renuevan las especies que lo conforman a lo largo del tiempo. La restauración ecológica asiste los procesos de renovación de biosferas que han sido perturbadas por causas naturales o antrópicas (acciones humanas). Es válido el esfuerzo del gobierno nacional de comprometerse con la siembra de 180 millones de árboles en dos años. Sin embargo, eso no es restauración, según afirman los expertos de la Universidad Javeriana que fueron entrevistados (Ver video).

Esa masiva reforestación no lleva necesariamente a la recuperación de los ecosistemas, dado que esa asistencia a los procesos de sucesión natural debe tener en cuenta la integralidad y la simultaneidad de las acciones restauradoras. Cabe tener en cuenta que Colombia posee 70 tipos de ecosistemas naturales que se relacionan entre sí y por consiguiente cualquier impacto en uno de estos genera repercusiones en los que los rodean. Por eso, el Plan Nacional de Restauración Ecológica, Rehabilitación y Recuperación de Áreas Degradadas busca orientar las acciones para recobrar la diversidad de los ecosistemas impactados en el país. Una inadecuada implementación durante la restauración ecológica no solo es una pérdida de recursos, sino que además puede generar otro tipo de impactos y afectaciones a dicho territorio.

Ignacio Barrera, coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica; y los profesores Sofía Basto y Fabio Gómez, del Departamento de Biología, aclaran cómo los procesos mencionados deben realizarse de forma integral y simultánea entre los diferentes ecosistemas y resaltan la importancia de implementar el Plan Nacional de Restauración a nivel territorial, con apoyo de los gobiernos locales, las corporaciones autónomas regionales y las comunidades.

Imágenes de apoyo Pesquisa Javeriana | Videezy | Pixabay | Pexels

Una experiencia de restauración ecológica integral

La Escuela de Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana diseñó un plan de rehabilitación de los ecosistemas que fueron impactados por la construcción del embalse Amaní y de la Central hidroeléctrica La Miel 1, al nororiente de Caldas, municipio de Samaná. Esta iniciativa incluyó un elemento innovador durante su implementación: la recuperación del tejido social afectado también por el conflicto armado.

 

Fragmentos de oportunidad: restaurando arrecifes de coral

Los ecosistemas de coral son los encargados de regular la acidez del océano. La pérdida de estos altera la capacidad que tiene el mar de regular la temperatura del planeta. El profesor Fabio Gómez comparte parte de su experiencia como restaurador de corales a través de una técnica llamada Fragmentos de oportunidad.

Imágenes cortesía Procoreef