Editorial: la vacunación: un asunto de todos

Editorial: la vacunación: un asunto de todos

El País se encuentra de lleno en el desarrollo del Plan Nacional de Vacunación contra la COVID-19, y es necesario destacar algunas buenas noticias en ese marco. Por un lado, se ha elevado de manera importante el número y ritmo de la vacunación (más de 13 millones de dosis aplicadas en el momento de la escritura de este editorial). Así mismo, ha sido autorizado el sector empresarial para apoyar la implementación de esta estrategia, con el fin de alcanzar la tan urgida inmunidad colectiva, la cual mejorará no solo la salud pública, sino también las condiciones para una estabilidad social y la recuperación económica en Colombia, aspectos que requieren atención urgente, empática, solidaria y muy bien informada en medio de unas protestas de casi ya dos meses en las calles.

Igualmente, es de destacar la articulación de diferentes sectores de la sociedad para respaldar al Estado en este Plan. La academia no está exenta de ese propósito. Por eso, en la Pontificia Universidad Javeriana realizamos recientemente el foro La Vacunación, un Asunto de Todos, en el cual 29 expertos nacionales e internacionales socializaron su conocimiento actualizado y del mayor nivel de calidad sobre los procesos de vacunación en diferentes países y sobre cómo se transita en Colombia hacia la inmunidad y los graves riesgos de no obtenerla prontamente.

Contamos con reflexiones valiosas y pertinentes de académicos en diálogo con representantes de agremiaciones, con sus propuestas y necesidades, y actores del sistema de salud, que aportaron su sentido de realidad sobre cómo se viene ejecutando el Plan. Todo ese conocimiento se reunió́ en un mismo espacio con el fin de sustentar la toma de decisiones basadas en la ciencia, en la experiencia comprobable y en las voces de quienes, día a día, están al frente de esta pandemia. Confiamos en que el debate haya contribuido a remover barreras de diferente índole, para habilitar la participación empresarial en la vacunación de los colombianos, una participación que a la fecha de publicación de esta columna aún no se ha hecho efectiva.

Con lo logrado hasta el momento, es importante reconocer el esfuerzo y el compromiso de todos los actores del sistema ―el Gobierno nacional, las EPS, las IPS y el talento humano en salud― para avanzar en la consolidación del Plan Nacional de Vacunación contra la COVID-19. Sin embargo, el Gobierno debe reforzar su apuesta por simplificar los procedimientos para que la vacunación sea más eficiente, sin perder la seguridad de los protocolos ya establecidos. También es importante que el Gobierno facilite y habilite la participación de los gremios en el proceso de la vacunación para beneficio de todo el país. Por ejemplo, estos quisieran vacunar no solo a los empleados, sino a sus familiares (con evidentes beneficios para todo el país), pero la reglamentación expedida solo permite la vacunación de aquellos con los que se tiene un vínculo contractual.

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De igual manera, se destacó que el país cuenta con más de cuarenta mil profesionales capacitados como vacunadores para esta labor, lo que permitiría atender la necesidad de que las entidades territoriales sigan incrementando el número de puntos de vacunación, para no solo alcanzar, sino superar la meta de los 35 millones de colombianos inmunizados lo antes posible.

Claramente la vacunación contra la COVID-19 se convirtió́ en la estrategia central de prevención y respuesta a la pandemia. Y si bien hoy Colombia progresa en la implementación del Plan, que- dan elementos que no se deben olvidar, como la indemnidad de los diferentes actores participantes en el proceso, la equidad en la vacunación o la generación de condiciones para producir la vacuna en Colombia, entre otros. Por ello, tener a la ciencia como aliado en la definición del rumbo ―que por cierto aún es muy incierto― seria una disposición certera para alcanzar el propósito de inmunidad que proteja a la población.

La pandemia causada por el SARS-CoV-2 apareció́ en el mundo hace año y medio y ahora comprendemos que podría haber llegado para quedarse, para transformarnos, y también para que la sociedad reconozca el valor del conocimiento como criterio en la toma de decisiones que apunten al desarrollo sostenible, el cuidado propio, del otro y del entorno. Ese conocimiento se produce tanto en laboratorios como en el territorio y en el diálogo de saberes. Por eso el foro La Vacunación, un Asunto de Todos se sumó a este momento coyuntural.

Reviva las discusiones, reflexiones y conclusiones aquí: https://bit.ly/3eG3ZOr

             

SinMitos: ¿Los niños deben vacunarse contra la COVID-19?

SinMitos: ¿Los niños deben vacunarse contra la COVID-19?

Después del 17 de febrero, cuando se inició la vacunación contra la COVID-19 en Colombia, las respuestas a preguntas como ¿Cuándo es mi turno para vacunarme?, ¿Por qué empezaron con los adultos mayores? y ¿Los niños se deben vacunar?, se tornaron más urgentes.

Lo que por casi un año fue solo un anhelo, por fin estaba sucediendo. Esto provocó una avalancha de inquietudes e interés por conocer todos los protocolos, indicaciones e implicaciones que supone vacunarse, pues para algunos (primera línea de atención médica y adultos mayores), la vacunación era una realidad cercana.

Por lo menos en esta etapa, quienes conocen a un médico, enfermera o personal de salud que ya fue vacunado, o que tienen en sus familias adultos mayores que ya pasaron por este proceso, están pendientes de cómo les fue, de qué sienten, de si es seguro para así conocer de primera mano la realidad del proceso de vacunación.

Es por eso que en esta segunda entrega del especial #SinMitos (puede leer la primera entrega haciendo clic aquí), realizado en alianza con la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y Pesquisa Javeriana, expertos de diferentes áreas respondieron en video las preguntas más comunes sobre la aplicación de la vacuna en adultos mayores, niños y otras inquietudes sobre esta primera etapa del proceso de vacunación.

¿Por qué es importante vacunarse?

El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, Carlos Gómez-Restrepo, inicia esta segunda entrega brindando algunas razones por las que vacunarse resulta indispensable y sobre todo, confiable.

¿Cuándo será mi turno para vacunarme?

La epidemióloga Zulma Cucunubá explica en qué consisten las diferentes fases del plan de vacunación nacional. En alguna de ellas seguro se encuentra usted.

¿Qué es la inmunidad de rebaño?

Después de que comenzó la vacunación se sueña con poder retomar la cotidianidad que se vivía antes de la pandemia. La OMS, por ejemplo, le apuesta a lograrlo a través de la inmunidad colectiva (o inmunidad de rebaño), tras el proceso masivo de vacunación. Pero en palabras sencillas, ¿qué significa? Contesta la epidemióloga Zulma Cucunubá.

¿Las vacunas no son efectivas o dañan los genes?

En el siguiente video, además, podrá conocer la respuesta a otros mitos que circularon acerca de las vacunas desarrolladas, desde su efectividad hasta la falsa posibilidad de que alteren los genes de las personas, así lo aclaran Zulma Cucunubá y el genetista Ignacio Zarante.

¿Los niños deben vacunarse contra la COVID-19?

Ahora podrá encontrar la respuesta a la pregunta por la cual hizo clic en este artículo. Ana María Bertolotto, directora del departamento de Pediatría de la Universidad Javeriana, responde cómo es el proceso de vacunación para los niños. Además, el genetista Fernando Suárez aclara si existe o no relación entre las vacunas y el autismo en niños.

¿La vacunación debió empezar con los jóvenes y no con los adultos mayores?

Desde que se inició el proceso de vacunación se preguntó el porqué de ese orden en el que se priorizó a los adultos mayores y no a otra parte de la población. Carlos Cano, director del Instituto de Envejecimiento de la Universidad Javeriana, tiene la explicación, además contesta si la vacuna es segura en adultos mayores.

¿Después de cuánto tiempo de aplicarme la vacuna empieza a hacer efecto?

María Fernanda Navas, presidenta de la Asociación Colombiana de Virología, responde en qué momento el cuerpo genera la respuesta inmune después de aplicarse la vacuna.

¿Por qué fue posible crear una vacuna para la COVID-19 en menos de un año?

¿Por qué fue posible crear una vacuna para la COVID-19 en menos de un año?

Luego de casi un año de espera, el mundo avanza en el proceso de vacunación contra la COVID-19. Sin embargo, muchas personas siguen escépticas, incluso, se han generado movimientos antivacunas en varios países.

En Colombia los resultados de una encuesta del Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE–, reflejan que a finales de enero el 40.1 % de los encuestados no se aplicaría la vacuna. Aunque puede parecer una cifra alta, Juan Daniel Oviedo, el director de esa entidad, señaló que ha venido bajando durante varios meses.

Manuel Franco, profesor y líder del Semillero de Investigación en Inmunología del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana, se muestra optimista sobre la producción de las diferentes vacunas. “Estoy maravillado y sorprendido de la capacidad de respuesta de la comunidad científica internacional para desarrolla esta solución”, afirma.

¿Cómo funcionan las vacunas?

Aunque las hay de varios tipos, básicamente son preparaciones que toman un microorganismo que causa una enfermedad (patógeno) como bacterias o virus, lo debilitan y se lo administran a una persona; esto hace que el cuerpo reconozca al virus y genere una respuesta en contra para eliminarlo, pero sin contraer la enfermedad.

De esta forma el sistema inmune guarda la información que le permite crear defensas ante un eventual contagio. “Es una manera de enseñarle al sistema inmune cómo es que el patógeno va a venir a atacarlo, entonces está preparado para poder responder”, describe el doctor Franco.

¿Cómo se aprueban las vacunas?

Este tipo de tratamiento tiene siglos de ser usado para prevenir enfermedades infecciosas. A través de los años se han creado protocolos y procedimientos para su elaboración.

 

Una vez superados todos estos pasos, la vacuna se presenta a un organismo nacional regulador que revisa todo el proceso y hace pruebas adicionales. Cuando la evidencia demuestra que no hay efectos colaterales severos y tiene buena eficacia contra la enfermedad, la aprueba para su distribución y comercialización.

“En cada país hay entidades que se encargan de aprobarlas o no. En Estados Unidos, la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés), tiene a su cargo este tipo de procesos; en Inglaterra, el Public Health England, y en Colombia, el Ministerio de Salud y el Invima”, explica Franco.

Hay organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) que también evalúan y aprueban las vacunas. Posteriormente, estos organismos continúan con el seguimiento a las personas vacunadas.

¿Cuestión de tiempo?

Cuando se revisa el histórico de producción de vacunas en el mundo se evidencia que estos son procesos de largo plazo. La producción de la vacuna para la fiebre tifoidea duró 45 años; la del dengue, 112 años; la de la hepatitis B, 16 años; y la del sarampión, 10. Por poner solo algunos ejemplos.

¿Qué llevó entonces a que, en menos de un año de ser descubierta y declarada como pandemia, la COVID-19 ya haya surtido todo el proceso y esté en marcha la vacunación masiva?

Para el investigador Manuel Franco, experto en vacunas, es necesario leerlo en contexto. Si bien esta variante de la enfermedad específica es nueva, ya había un acumulado importante de investigación previa. “Aprendimos mucho con el SARS-CoV-1. Desde hacía un buen tiempo se estaba desarrollando una vacuna contra este y lo que se hizo fue adaptarla”, afirma. Es decir, no se arrancó de ceros.

 

“Nadie que se vacune se va para la UCI porque (las vacunas) protegen muy bien contra la enfermedad severa”, Manuel Franco, líder del Semillero de Investigación en Inmunología del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana

 

Las tecnologías que se usaron para elaborar esta vacuna son bien conocidas. “Las vacunas de RNA mensajero y de adenovirus, que son las que están llegando a Colombia, no son desconocidas. Hay vacunas de adenovirus de 20 y 30 años porque con esas se han vacunado contra el resfriado común a grupos de población muy susceptibles”, describe el profesor.

Laboratorios como Pfizer o Moderna ya venían trabajando en otras vacunas similares y ante la urgencia de la pandemia, hicieron la adaptación. “Esas tecnologías se estaban desarrollando para otros patógenos y lo único que había que hacer era cambiar la proteína que se obtuvo para la proteína del SARS-Cov-2”, agrega Franco.

Una millonaria inversión

Ante lo complejo que resultó esta pandemia y sus respectivas cuarentenas que paralizaron gran parte de la economía mundial, los esfuerzos investigativos recibieron una enorme cantidad de fondos.

Airfinity, la empresa de análisis de datos científicos, calcula que se han invertido más de 8600 millones de dólares en las diferentes propuestas de laboratorios. Pocas vacunas han recibido esta cantidad de dinero en tan poco tiempo. Esto se traduce en más equipos, más especialistas y más pruebas. Así, por la urgencia, se reducen los tiempos de producción. Además, el proceso se priorizó en todas sus etapas.

 

 

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Inversión para cada vacuna calculada en millones de dólares. Fuente: Airfinity.

 

A pesar del corto tiempo en que se desarrolló la vacuna, el doctor Franco llama a la calma y a confiar en las opciones que se han autorizado internacionalmente. Estas han surtido todas las partes del proceso y siguen bajo revisión y seguimiento para controlar sus efectos.

 

“No se han saltado ningún paso, las vacunas son seguras y no hay ninguna preocupación por la premura”, Manuel Franco.

 

¿Cuáles son los efectos de la nueva vacuna?

Otra preocupación tiene que ver con lo que pueda suceder luego de su aplicación. Los expertos los llaman efectos adversos, que se clasifican en leves y severos. Dentro de los leves se encuentran el enrojecimiento, dolor, fiebre, malestar general y náuseas. Se ha comprobado que estos síntomas son producidos y están asociados a la vacuna, pero se consideran normales.

“Eso lo que demuestra es que la vacuna está funcionando porque está produciendo una inflamación como respuesta contra el patógeno”, dice Franco. Aclara también que los efectos no son muy distintos a los que causa cualquier otra vacuna y que pueden variar en intensidad dependiendo de cada organismo.

Por otro lado, los efectos adversos severos implican daños más graves en el cuerpo, pero lo importante es determinar si estuvieron relacionados con la vacuna, por eso, dentro de las diferentes fases de la producción hay un grupo de expertos que evalúa las consecuencias en cada participante de las pruebas, y determina, de acuerdo con sus condiciones específicas, si estos fueron causados o no por la vacuna.

El profesor respalda las declaraciones de la FDA según las cuales, hasta la fecha, no hay un efecto adverso severo atribuible a la vacunación, y por lo tanto, las vacunas son seguras.

¿Qué pasa si la vacuna causa alergia?

Las alergias también se conocen como anafilaxia, pero son casos poco probables en medio de un proceso de vacunación. Se estima que puede ser uno en un millón y corresponde a la propia naturaleza de la persona.

“Las vacunas de Moderna y de Pfizer tienen un componente particular que se llama Polietilenglicol. Si las personas son alérgicas a este componente, no se deben vacunar. Esa es una contraindicación”, afirma Franco.

Para saber si se tiene esta condición no es necesaria ninguna prueba adicional. “Si alguien presenta esta alergia, ya debe saberlo por haber tenido respuesta anafiláctica en vacunas anteriores”, agrega.

Si bien no se puede garantizar total efectividad a futuro, el investigador recomienda aplicarse la vacuna. “En este momento tenemos más de 58.000 muertes por COVID-19 en Colombia. El riesgo de que usted se muera por este nuevo coronavirus es mucho más elevado que el de tener algún efecto adverso o alguna reacción anafiláctica”, finaliza.

“Así me fue al vacunarme”, 4 profesionales de la salud que ya fueron vacunados

“Así me fue al vacunarme”, 4 profesionales de la salud que ya fueron vacunados

A las cuatro y media de la mañana del 18 de febrero llegó el primer lote de vacunas al Instituto Nacional de Cancerología, en Bogotá. Para ese entonces, Rocío Milena Pérez, enfermera líder del Grupo de atención inmediata al paciente con cáncer, ya estaba lista para recibir la primera dosis.

Sin embargo, aún faltarían dos horas y media para entrar al consultorio y ser una de las primeras colombianas en recibir la vacuna contra la COVID-19. Antes de eso atendería a periodistas de los medios de comunicación que le preguntarían cómo se siente, si está nerviosa, si tiene frío, y ella, serena e intimidada por las luces, los micrófonos, diría que sí, que siente de todo un poco.

Rocío Pérez nació en María La Baja, Bolívar, y hace parte del Instituto Nacional de Cancerología desde hace ocho años. “Cuando me dijeron que iba a ser la primera en vacunarse acá, sentí un poco de susto, no esperaba que vinieran tantos medios, incluso mi familia se enteró por televisión”, dice riendo.

En el momento en que Pesquisa Javeriana conversó con Rocío Pérez, ya había recibido la primera de las dos dosis de la vacuna y sostenía con sus manos el carné de vacunación que le indica que la segunda la recibirá el 11 de marzo. Dice que por ahora no sintió nada anormal, ni mareo ni algo extraordinario, así que da un parte de tranquilidad.

 

Rocío Pérez, primera enfermera vacunada en Colombia
Rocío Milena Pérez, enfermera líder del Grupo de atención inmediata al paciente con cáncer

 

Aunque para Rocío Pérez el día haya iniciado diferente por los reflectores y las entrevistas, ella es consciente de que a pesar de la ilusión que genera recibir la vacuna y ver cómo miles de personas en el país comienzan su proceso, hay que tomarlo con calma.

“El cambio será lento. Todos esperamos salir a pasear, hacer las cosas que hacíamos antes, pero aún necesitamos una segunda dosis y que mucha más gente sea vacunada. La palabra que mejor describe este día sería esperanza, pero de todas formas tenemos que seguir cuidándonos y, en lo posible, educar a la población que podamos, cuidando a la familia y a los pacientes”.

Un llamado contra el escepticismo

“Quizás la única manera más segura que la vacuna para evitar la COVID-19 es irse a vivir solo en alguna isla desierta, pero incluso así, el virus ha llegado hasta el último rincón del planeta”, explica Diego Rosselli, doctor y profesor del Departamento de Epidemiología de la Pontificia Universidad Javeriana; “vivir encerrado y usar todos los mecanismos de bioseguridad ayuda a aplazar las cosas pero no se estará a salvo del virus. La vacuna es la única solución desde la salud pública”.

Por su parte, Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología, y otro de los primeros colombianos en recibir la vacuna, cree que “el escepticismo tiene que ver con la parte cultural y socioeconómica, pero hay que pensar que las vacunas no son nuevas, que no empezaron ayer y que han salvado millones de vidas en el planeta, ¡Claro!, en últimas es uno mismo quien decide si se vacuna o no, pero hay que analizar el riesgo-beneficio, el primero es muy bajo y el segundo, muy alto”, explica.

García afirma que tampoco sintió alguna anomalía después de recibir la vacuna e hizo énfasis en que la vacunación es una herramienta poderosa para poder superar esta coyuntura histórica.

 

Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología
Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología

 

“Si hay algo que ha cambiado la historia humana desde la salud, han sido las vacunas”, Diana Santana, ginecóloga-oncóloga.

 

¿Cómo fue el proceso de vacunación?

El proceso para vacunarse fue el mismo para todos. “Inicialmente traemos un consentimiento informado en el que se nos explica qué es lo que se nos va a aplicar, cómo y cuáles son los posibles efectos adversos”, cuenta Diana Santana, ginecóloga-oncóloga del Instituto Nacional de Cancerología.

“Antes de la aplicación de la vacuna hubo dos personas que nos explicaron el paso a paso exacto de lo que podía pasar y qué podríamos hacer para disminuir los síntomas. Luego pasamos durante media hora a la sala de espera. El equipo de enfermería estuvo monitoreando los signos vitales y hubo un médico pendiente de cualquier tipo de eventualidad”, añade Santana.

Después de recibir la vacuna, Cielo Almenares, enfermera oncóloga del Instituto Nacional de Cancerología, dijo que sintió un sabor metálico en la boca, “enseguida se lo informé a uno de los químicos farmacéuticos y les expliqué que en otra ocasión, con la aplicación de otro medicamento, sentí algo similar, pero estuve muy tranquila, el sabor pasó a los pocos segundos y estoy feliz, además, quiero hacer un llamado para decir que la vacunación es para beneficio de todos”.

 

De vuelta a la rutina

Los reflectores y los micrófonos de los diferentes medios nacionales que acudieron al Instituto Nacional de Cancerología en esta primera jornada de vacunación, fueron abandonando poco a poco la historia de Rocío Pérez, Víctor Hugo García, Diana Santana y Cielo Almenares.

Después de recibir la vacuna y contar de primera mano cómo ocurrió este evento tan esperado, los profesionales de la salud dieron vuelta y regresaron a su rutina diaria. La vacuna no genera incapacidad o algún tiempo de reposo más allá de los 30 minutos posteriores a la inyección que se pasan en una sala de espera.

Todos coinciden en dar un mensaje de optimismo y de confianza en este proceso que se inició el 17 de febrero en Sincelejo, Sucre, y que poco a poco llega a las ciudades capitales y avanza hacia las demás regiones del país.

“A medida que divulgamos cómo se están vacunando cientos de millones de personas en el mundo, viendo que las reacciones adversas han sido mínimas y la evidencia de la eficacia de la vacuna se ha ido demostrando con reducciones de mortalidad en Israel, particularmente (y ya llegará información de varios lados), la gente le dará confianza a la vacuna”, explica el javeriano Rosselli.

“Los medios de comunicación tienen un papel fundamental porque no son solo los médicos, los virólogos y epidemiólogos los que tenemos que andar afirmando que la vacuna es la salida; necesitamos la colaboración de los influencers, desde el Papa (que ya se vacunó), hasta los youtubers que abundan en las redes sociales”, añade.

“Si hay algo que ha cambiado la historia humana desde la salud, han sido las vacunas. Gracias a ellas hemos dejado de padecer ciertas enfermedades, es el momento de confiar y aplicarse la vacuna apenas esté al alcance de cada uno”, finaliza la ginecóloga-oncóloga, Diana Santana.

Virus del Papiloma Humano, un drama más allá de lo estadístico

Virus del Papiloma Humano, un drama más allá de lo estadístico

Son las 10:45 de la mañana y Magnolia está sentada en la sala de espera del hospital departamental mientras mueve su pie al ritmo de las manecillas del reloj.  A sus 40 años y con dos pequeños a su cargo, su mayor preocupación es llegar a casa. Está nerviosa. Quizá porque los dejó solos, porque no tiene dinero para pagar el arriendo que vence ese mismo día o, tal vez, porque está a punto de recibir una noticia que cambiará su vida. Anuncian su nombre en alto, se pone de pie e ingresa al consultorio mientras el doctor toma entre sus manos un sobre blanco y, en él, la frase: resultado de cáncer de cuello uterino por biopsia para detección del Virus de Papiloma Humano (VPH), positivo.

Magnolia hace parte de los 36 casos en cada 100.000 mujeres que presentan cáncer de cuello uterino anualmente en Colombia, según un estudio de la Universidad del Rosario, ya que al tratarse de un virus de transmisión sexual su patrón de propagación depende de la ubicación geográfica de la población; en el caso de Colombia, ocurre en las áreas cercanas a los ríos navegables, zonas de frontera –como el golfo de Urabá y la serranía del Baudó– o regiones con bajo acceso a educación y servicios de salud. Estas condiciones incrementan la probabilidad de que una mujer sea portadora del VPH y, posteriormente, desarrolle cáncer de cuello uterino, tal como lo indica el Atlas de mortalidad por cáncer en Colombia de 2017.

“El cáncer de cuello uterino es un problema de países en desarrollo, de países pobres como lo son la mayoría de lugares donde se desarrollan enfermedades infecciosas, y esta es la situación que se presenta para Colombia”, asegura Raúl Murillo, director del Centro Javeriano de Oncología y exdirector del Instituto Nacional de Cancerología  (INC), quien llama la atención sobre las implicaciones del cáncer: “Es una enfermedad asociada a la pobreza y a las deficiencias socioeconómicas de la  nación”.

Por eso, para comprender por qué Magnolia y aproximadamente 528.000 mujeres presentan esta enfermedad anualmente, es importante tener presente que, además del factor ‘promiscuidad sexual’ en comunidades es necesario que se presenten otros co-factores para que esta progrese hasta el desarrollo de la enfermedad incluyendo la paridad, el tabaquismo, las infecciones concomitantes y el uso de anticonceptivos orales entre otros.

Una persona con deficiencia inmunológica  es más propensa a ser portadora de virus. Por eso, Juan Manuel Anaya, del Centro de Estudio de Enfermedades Autoinmunes (CREA) de la Universidad del Rosario, indica que “un paciente con enfermedad autoinmune tiene el riesgo de disminuir diez años de sobrevida respecto a una persona sin complicación autoinmune de su mismo sexo y edad”. Esta es una cifra alarmante considerando que el estimado de vida para las mujeres en Colombia es de 81 años, según el estudio anual sobre la Carga Mundial de la Enfermedad (GBD), y que el cáncer de cuello uterino afecta, principalmente, a las poblaciones más alejadas y pobres del país, al igual que a las mujeres del régimen subsidiado de salud.

Si bien factores como el consumo de anticonceptivos orales, el tabaquismo y el número de hijos están relacionados con el desarrollo de cáncer de cuello uterino, el VPH es una causa necesaria pero no suficiente para su aparición. Al menos 12 genotipos del virus, de los 40 que existen en su especie, están asociados directamente con el desarrollo de estas lesiones malignas. En ese sentido, el Ministerio de Salud y Protección Social indica que el serotipo (microorganismo infeccioso) número 18 del VPH causa aproximadamente el 70% de todos los casos de cáncer de cuello uterino en el mundo.

Por eso, no debe ser extraño considerar que este virus de transmisión sexual fue la segunda causa de muerte de mujeres en Colombia entre 2007 y 2013, según el Instituto Nacional de Cancerología, y el responsable de al menos el 12% de todos los cánceres producidos en mujeres en el mundo de acuerdo con la Organización Mundial para la Salud.

De los 40 tipos diferentes de VPH, 12 están relacionados con lesiones severas que derivarían en cáncer de cuello uterino. /Felipe Abondano
De los 40 tipos diferentes de VPH, 12 están relacionados con lesiones severas que derivarían en cáncer de cuello uterino. /Felipe Abondano


El eterno debate

A pesar de que el cáncer de cuello uterino es un asunto que preocupa a los expertos por la tasa de mortalidad en mujeres, 7 de cada 100.000 personas en el país, según cifras oficiales, también se ha convertido en un tema de debate ético y académico sobre la implementación de la vacuna contra el VPH.

De acuerdo con Francisco Yepes, profesor titular del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana, “como en toda vacuna y medicamento, la eficacia y la seguridad son criterios fundamentales para la aprobación de su uso”. Sin embargo, “…la evidencia para la decisión del país no es robusta ya que se fundamentó en un estudio de costo-efectividad realizado por la Universidad Nacional de Colombia, basado en una serie de supuestos epidemiológicos y poblacionales que están por ser verificados”.

Hay quienes sugieren que esta vacuna no garantiza una efectividad comprobable, como tampoco tiene efectos positivos en el organismo de una mujer luego de su aplicación. Respecto a este tema, Yepes afirma que entre los argumentos de quienes cuestionan la seguridad de la vacuna se encuentran al creciente número de casos clínicos de enfermedades autoinmunes iniciadas después de su aplicación, reportados en la literatura; los estudios experimentales que comprueban el efecto disparador de fenómenos autoinmunes por parte del aluminio; y “la magnitud inusitada de los efectos adversos de las vacunas contra el VPH documentados en los sistemas de reporte de varios países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido y Japón”, dice.

Un caso relacionado con los efectos de la vacuna es el que ocurrió en Carmen de Bolívar en 2014, cuando más de 200 niñas presentaron reacciones adversas como desmayos y adormecimiento de extremidades. Ante esto, el Instituto Nacional de Cancerología presentó un documento en el que asegura que “los hallazgos y la diversidad de factores sociales, ambientales y culturales que hacen parte del entorno en el cual se desenvuelve la población de niños y adolescentes en el municipio, no aportan la suficiente evidencia para afirmar que la fuente común de exposición que explique la presencia del cuadro clínico se deba a la administración de la vacuna contra el VPH”.

Por eso hay quienes afirman que es necesario intervenir rápidamente en la sociedad, especialmente en las comunidades de zonas vulnerables que no tienen acceso a la educación o a centros de salud para reducir la tasa de muerte por cáncer de cuello uterino.

“El país lleva haciendo citologías por más de 50 años tratando detectar las lesiones precancerosas tipo NIC3 (el estado más desarrollado del VPH), a fin de tratarlas y evitar que progresen a cáncer”, explica Murillo, quien también asegura que “la aparición de síntomas tras la aplicación de la vacuna no es evidencia suficiente de sufrir efectos adversos, ya que podría estar asociado a cualquier evento o antecedente previo cercano a la inoculación”.

Comprender las implicaciones individuales, sociales y culturales que se originan por portar el VPH –como le ocurrió a Magnolia–, o por ser diagnosticado con cáncer de cuello uterino, es una de las tantas razones por las cuales el Instituto de Salud Pública de la Pontificia Universidad Javeriana, junto al Hospital Universitario San Ignacio y el Instituto Nacional de Cancerología – ESE, organizaron el simposio internacional Debates en torno a la salud pública: El control del cáncer, una mirada desde la academia, que tuvo lugar en la Javeriana los días 6 y 7 de febrero.

Investigadores nacionales y extranjeros se reunieron en la Pontificia Univerisdad JAveriana para analizar la realidad del VPH. /Philip Charry
Investigadores nacionales y extranjeros se reunieron en la Pontificia Univerisdad Javeriana para analizar la realidad del VPH. /Philip Charry

En ese espacio, investigadores nacionales e internacionales debatieron los logros y retos en términos del control del cáncer, las controversias sobre la vacunación contra el VPH, el porqué de las enfermedades autoinmunes y sus implicaciones sociales, y la efectividad y seguridad de las vacunas contra el cáncer de cuello uterino.

El simposio también sirvió de escenario para hacer un llamado al Gobierno e instituciones promotoras del cuidado de la salud con el fin de prestar atención a la creciente tendencia de víctimas que deja el cáncer de cuello uterino en el país, al igual que el importante rol que debe desempeñar un profesional de la salud al momento de recomendar o no el uso de la vacuna. Cabe destacar que al menos un millón de personas contraen una infección de transmisión sexual al día y aproximadamente 290 millones de mujeres están contagiadas con el virus del Papiloma Humano, de acuerdo con la OMS.

Pero más allá de la frialdad de estas cifras, la realidad muestra que mujeres como Magnolia, que trabaja y cuida de su familia todos los días sin recibir una compensación a cambio, y que, entre muchos proyectos, espera estar presente en el paso de sus hijos a la adultez, deben enfrentarse no solo a la incertidumbre de no cumplir este sueño sino también al estigma social por contraer una enfermedad de transmisión sexual.