Vainilla silvestre en Colombia, más que aromas y sabores

Vainilla silvestre en Colombia, más que aromas y sabores

Por su sabor y aroma, la vainilla se encuentra en productos como la leche malteada o algunos chocolates. Se trata de un cultivo económicamente importante en la industria mundial de alimentos y cosméticos cuya producción está concentrada principalmente en Madagascar, China y México.

Sin embargo, aunque hoy en día más del 95 % de ese aroma y del saborizante de vainilla surge de un proceso de síntesis químico, “desde hace más de una década, grandes empresas de alimentos han manifestado el deseo de que ingredientes como la vainilla provengan de fuentes naturales”, afirma la bióloga inglesa Nicola Flanagan.

Quizá pocos conocen que ese sabor y ese aroma proceden del fruto de una orquídea. Este último dato conecta a la vainilla con Colombia, reconocida como el país con el mayor número de especies de orquídeas en el mundo, unas 4300 reportadas, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Universidad Nacional de Colombia.

En el país se conocen 25 especies de orquídeas del género de la vainilla, de las cuales 21 son aromáticas, con potencial de comercialización. A pesar de esto, la vainilla es un cultivo poco investigado en Colombia. Razones como estas y su interés en los procesos evolutivos trajeron a Flanagan a Colombia en 2006, para realizar un primer trabajo sobre la vainilla. “Al hacer un posdoctorado en Ciencias Biológicas en Australia, pude trabajar en genética de la conservación de orquídeas con una especie endémica y en peligro de extinción allá. Eso me generó mucho interés en estas plantas”, dice.

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En Colombia, Flanagan contagió de su pasión a Ana Teresa Mosquera, ingeniera agrónoma y experta en microbiología.

Vainilla silvestre en Colombia

Desde la ciencia básica, y en un ejercicio complementario en el que Flanagan aporta su visión de la ecología y de lo social, y Mosquera su interés en microorganismos, simbiosis y biocontrol, estas dos académicas han fortalecido una línea de trabajo que ya lleva 13 años. Su gran pregunta, de acuerdo con Flanagan, es: “Siendo un recurso tan importante para el mundo y considerando que Colombia es un significativo centro de diversidad de este género, ¿cuál es la diversidad de especies de Vanilla presente en el país y cuál el potencial para su aprovechamiento sostenible y equitativo con las comunidades sociales que cuidan de estos recursos?”. Con distintos proyectos, financiados principalmente con recursos de convocatorias internas de la Javeriana Cali, y algunos trabajos de grado realizados bajo su dirección, las investigadoras han dado madurez a cuatro frentes de producción de conocimiento biodiversidad, agroecología, conservación y uso sostenible.

Biodiversidad. “Nuestro principal objetivo es conservar, pero primero se debe conocer la diversidad, tanto de plantas como de microorganismos, existente”, explica Mosquera. Gracias a sus trabajos participativos con comunidades en regiones como el Pacífico y el norte de Amazonas, “se ha podido hacer un diagnóstico de la riqueza de variedades en el país, descubriendo dos nuevas especies en Colombia. Una, resultado de un trabajo de maestría de Francisco Molineros, en la Universidad Nacional, del cual fui codirectora, en 2014, y que fue bautizada Vanilla rivasii, y otra, en el departamento de Guainía, en 2018, a partir de un trabajo con miembros de la etnia indígena puinave, que fue nombrada Vanilla denshikoira”, añade Flanagan.

Agroecología. “La vainilla es costosa, principalmente porque requiere polinización manual, flor por flor. Es el primer cultivo afectado por la crisis del polinizador, ya que, en México, no hay polinizadores naturales. En Colombia todavía existen”, continúa Flanagan. Las plantas de vainilla no solo dependen de sus polinizadores, sino que, “como en todas las orquídeas, hay una simbiosis con hongos que cumplen la función de pasar nutrientes a las semillas, para hacer que estas germinen. Les llamamos hongos micorrízicos orquideoides, porque son específicos cumpliendo dicha función en la orquídea”, complementa Mosquera. Estos hongos benéficos además apoyan la nutrición y la salud de las plantas adultas. Entender la relación planta-microorganismo resulta trascendental: “Podríamos replicar en laboratorio lo que ocurre de manera silvestre, para lograr tener plantas con todo su potencial genético soportando condiciones adversas, y diseñar un manejo para lo que ocurre mundialmente con el hongo patógeno del género Fusarium, que está acabando con los cultivos comerciales”, enfatiza Mosquera y recuerda que justamente eso sucedió en Puerto Rico.

Conservación. “Es prioridad investigar, pero reconociendo la soberanía de las comunidades sobre los recursos. Por eso es un trabajo colaborativo, que busca crear capacidad comunitaria, a través de un diálogo de saberes entre el conocimiento académico que recogemos y el empírico que ellos tienen. El potencial de Colombia es una oportunidad para que las comunidades mantengan el cuidado de los bosques, creando conciencia sobre el valor ecológico y potencialmente económico de la biodiversidad que allí se alberga”, indica Flanagan.

Uso sostenible. “Promovemos el uso sustentable y sostenible de la vainilla, con el fin de que las comunidades sigan motivadas para conservar sin salir de sus lugares. Sin ellas, no vamos a poder seguir hablando de biodiversidad en Colombia”, afirma Mosquera. Además, se evitaría lo ocurrido en otros lugares, donde solo se cultiva una variedad de vainilla reconocida comercialmente, lo que afecta la diversidad y genera una gran debilidad genética, pues esa especie es víctima del hongo Fusarium.

Además de las dos nuevas especies, estos esfuerzos han permitido recoger experiencias de producción de conocimiento con las comunidades y de aprovechamiento de estos recursos para ecoturismo en Guainía.

Y desde los estudios de microbiología, las investigadoras han encontrado que muchos microorganismos proporcionan nutrientes a las plantas, al tiempo que las protegen de enfermedades, otro de los valores estratégicos de este trabajo que continúan liderando en el país.

Para leer más

  • N. S. Flanagan, A. T. Mosquera-Espinosa, An Integrated Strategy for the Conservation and Sustainable Use of Native Vanilla Species in Colombia. Lankesteriana, 16(2), 2016, 201-208. Disponible en https://revistas. ucr.ac.cr/index.php/lankesteriana/article/view/26007
  • N. S. Flanagan, P. Chavarriaga, A. T. Mosquera-Espinosa, Conservation and Sustainable Use of Vanilla Crop Wild Relatives in Colombia, en D. Havkin-Frenkel y F. C. Belanger, Handbook of Vanilla Science and Technology, second edition, Wiley Blackwell, 2019.

Título de la investigación: Línea para conservación y el uso sostenible de las especies silvestres de la vainilla nativa colombiana

Investigadoras principales: Nicola Flanagan y Ana Teresa Mosquera Facultad de Ingeniería y Ciencias Departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas Grupo de investigación Conservación y Biotecnología

Periodo de la investigación: 2006-actualmente

El desafío de comunicar la homosexualidad en la familia

El desafío de comunicar la homosexualidad en la familia

¿Qué pasa cuando algunos jóvenes empiezan su lucha por decir a viva voz que sus gustos e intereses son diferentes a los tradicionales, que son homosexuales o, incluso, aún no saben cómo definirse? ¿Cómo reciben la noticia sus amigos y conocidos?, pero, sobre todo, ¿cómo la reciben sus padres y el resto de la familia?

Con la idea de reflexionar acerca del papel que juega el apoyo familiar en este proceso y conocer las diferentes reacciones de los padres cuando sus hijos deciden confesar su homosexualidad, la psicóloga y magíster en Familia de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Linda Teresa Orcasita, realizó un estudio con 15 familias de personas gays y lesbianas que ya experimentaron dicha situación.

A partir de las conclusiones de cada escenario ella construyó con su equipo de investigación una línea de tiempo interactiva, denominada ‘Mi Viaje’, como medio para que cada familia, a través del dibujo, contara su historia.

“A veces usamos muchas técnicas tradicionales que no tienen efecto en la población que estudiamos. Lo interesante de nuestra propuesta es que el proceso investigativo hace las veces de una intervención terapéutica; en la medida en que yo estoy diciendo lo que me pasó con mi hijo de una forma no invasiva como con el dibujo, también tengo la posibilidad de reflexionar en qué falle, qué no sirvió como familia y cómo puedo actuar mejor a partir de las narrativas construidas”, explica la científica.

El proyecto ‘Dinámicas familiares en los procesos de revelación y aceptación de la orientación sexual en madres y padres con hijos gays e hijas lesbianas’ da cuenta de que el proceso de revelación de las familias es muy diverso. “No es algo que pase de manera unilineal, no podríamos decir que las 15 familias pasaron por los mismos momentos en la revelación, pues depende de la historia, experiencia y dinámicas que haya construido cada una a lo largo de su vida. Pero, sí hay encuentros comunes”, comenta la investigadora

Ella explica que hay etapas, que si bien no son generalizables, tienden a repetirse en muchos de los casos (el shock, la negación, el enojo, la negociación), donde se experimenta un proceso de aceptación parcial: el silencio, la tristeza profunda, la nostalgia, que están ligados a sentimientos de culpa y, finalmente la aceptación que, según Orcasita, es un proceso al que no todas las familias llegan plenamente.

La científica logró identificar en las narrativas de los y las participantes tres tipos de casos en las familias:

–           Familias nutritivas: en las que la aceptación se da porque han establecido redes de apoyo fuertes, el nivel de información acerca de la diversidad sexual es amplio, la comunicación entre padres e hijos es muy cercana y los espacios de diálogo son más abiertos y afectivos.

En este grupo, por lo general, se ubican las personas que tienen mayor acceso a la educación porque, afirma Orcasita, “tienen la posibilidad de tener mejores fuentes veraces de información frente a la diversidad sexual y de géneros; no se quedan con el mito o el prejuicio de los estereotipos sociales sino que tienen más recursos en cuanto a información científica y acceso a profesionales que amplíen el significado de la diversidad sexual y de género”. En este sentido, la investigación evidencia que, a mayor información científica y experiencias cercanas de personas que han vivido el proceso, mayores posibilidades de tener actitudes favorables frente a la homosexualidad.

–           Familias ambivalentes: las que realmente quieren aceptar a sus hijos, pero sus creencias religiosas los limitan, especialmente los temores y la culpa sobrepasan el deseo de reconocerlos o alguno de los padres no acepta la homosexualidad de su hijo o hija, creando así barreras difíciles de romper.

–           Familias centrípetas: aquellas que dicen ‘ya lo sabemos, pero no queremos que nadie más lo sepa’, pues en su interior no lo aceptan porque guardan la esperanza de que la decisión de su hijo o hija sea transitoria.

Ante esta última, la investigadora advierte que “en la orientación sexual, para que uno realmente diga soy gay o soy lesbiana debe existir una atracción emocional, romántica, sexual o afectiva duradera hacia otras personas; diferente a una práctica sexual homoerótica transitoria”.

El proceso: una mezcla de sentimientos

Investigaciones previas han encontrado que las edades de la revelación homosexual en los contextos familiares y sociales, generalmente, está entre los 15 a 25 años. “La edad que abarcó este estudio fue de 18 a 25, pero tenemos personas que hicieron su revelación antes”, explica, agregando que son pocos los casos en los que el anuncio fue recibido de una manera natural y sin controversia.

“De ahí que ver a su hijo o hija cambiar de opinión, se vuelve un deseo latente al interior de las familias”. A esta esperanza de los padres y desesperanzadora para los hijos, dice Orcasita, se suman estigmas y etiquetas alrededor de las personas gays y lesbianas como “todos los gays son promiscuos” o, la asociación de las personas homosexuales con infecciones de transmisión sexual.

Todo esto hace que el proceso de revelación esté lleno de cargas emocionales y psicológicas tanto para el o la joven como para su círculo más cercano. Por un lado, siendo la familia el primer agente de socialización y de reconocimiento, el rechazo puede traer efectos devastadores para los jóvenes. Cuenta Orcasita: “muchos chicos me decían: ‘solo el hecho de que mi familia me apoye es fundamental para mi bienestar emocional’”. Por esto, tal como lo evidencian diversos estudios, el pensamiento suicida, la ansiedad y la depresión aumentan cuando la población percibe que tienen menor apoyo social.

Por su parte, la familia pasa por momentos de ira, tristeza y, como afirma la investigadora, experimenta una culpa enorme. “Algunos decían ‘de pronto mi hijo es gay o mi hija es lesbiana porque yo me separé del papá’. ‘Eso debe ser porque yo le di mucho afecto y lo sobreprotegí, entonces por eso se volvió así’, afirmaban otros, o, ‘debe ser que él tuvo malas experiencias afectivas, por eso no le gustan más los hombres’”, comenta la investigadora sobre algunas de las respuestas que recibió en dicho estudio. De hecho, llama la atención la baja participación de la figura paterna en el estudio. La mayoría que aceptó participar fueron las madres. “Para el caso de los padres hombres se generan temores asociados a su proceso de masculinidad frente a otros”, complementa.

Finalmente, la profesora Linda Teresa recomienda a los terapeutas dirigir su foco de atención al sistema de creencias y a los imaginarios. Además, pide acompañar esos relatos, en un principio nutridos de insatisfacción, de penas y de vergüenza, para que sean narraciones liberadoras. Otra herramienta que sugiere es la “Guía de apoyo a familias con hijos e gays e hijas lesbianas”, dispuesta para facilitar este proceso y que le sirva a todos los que requieran algunas estrategias de cómo actuar en esta etapa de revelación, cómo crear un camino confortable y asegurar una salud mental positiva tanto para quienes se identifican como gays o lesbianas como para sus familias.

Para mayor información del proyecto y conocer la “Guía de apoyo a familias con hijos e gays e hijas lesbianas”, puede escribir a ltorcasita@javerianacali.edu.co

Carlos Andrés Vergara y las vueltas que da la vida

Carlos Andrés Vergara y las vueltas que da la vida

Hijo de médicos, Carlos Andrés Vergara Sánchez siempre tuvo claro que no estudiaría medicina, porque sus padres trabajaban mucho y poco compartían con él. La demanda de tiempo de la formación de sus papás y la de su ejercicio profesional lo llevaron a crecer sin relaciones fuertes. “Mi mamá hizo especialidad en pediatría, gastroenterología, maestría en epidemiología, y mi papá, como médico general, tuvo que trabajar muy duro todo el tiempo”, dice.

El divorcio de sus padres cuando tenía dos años y los estudios de su madre en el exterior lo obligaron a traslados permanentes entre Cali, México y la Costa Atlántica, para estar con ellos. Dada su soledad, se concentró en sus deberes. “No invertía tanto tiempo en salir y compartir con personas, sino que la pasaba en casa haciendo tareas”.

Además, siempre mostró facilidad para el estudio. “Podía entender un poco más rápido las cosas y sacaba buenas notas sin tanta dedicación”. Gracias a ello, terminó su primaria a los nueve años y la secundaria antes de cumplir 15.

A sus 25 años, Carlos no solo es médico javeriano, sino que, por su esmero, ha obtenido importantes logros: Mejor Estudiante 2012 de Técnicos Auxiliares de Enfermería de la Fundación Salamandra, Beca Mejor Saber Pro 2017 en Medicina y la Orden al Mérito Académico Javeriano. Está certificado por la Educational Commission for Foreign Medical Graduates como médico en Estados Unidos, y su más reciente logro es la beca para Jóvenes Investigadores e Innovadores en Medicina de Colciencias.

Carlos se enteró de la convocatoria en 2018, mientras hacía rotación en cardiología en Miami. “La directora de carrera me mandó la convocatoria porque sabía de mi interés en la investigación”. Para presentarse, debía pertenecer a un proyecto reconocido por Colciencias, por lo cual, con apoyo de la docente Mérida Rodríguez, presentó una solicitud a la Universidad, que fue avalada vinculándolo al proyecto “Innovación por diseño para fortalecer el acceso a servicios preventivos en cáncer de cuello uterino en una red pública de atención primaria de Cali”, del Departamento de Salud Pública y Epidemiología de la Javeriana. Entre más de 30 postulaciones, Carlos obtuvo el primer puesto.

Hasta febrero de 2020, apoyará la investigación escribiendo artículos, acompañando acciones de campo para conocer barreras de acceso al servicio de citología y formulando un protocolo de validación del Citobot, un dispositivo de inteligencia artificial diseñado para diagnosticar riesgos de cáncer de cuello uterino.

Con la beca encontró un complemento a su interés por la clínica. “He descubierto que extraño a los pacientes con todo el corazón. Tengo que sentir que toco vidas, además de tocar libros y teclados, pero con la investigación descubrí que no puedo estar solo en clínica. Con la investigación puedo tener un impacto poblacional y aportar a mis colegas”.

Mientras repasa sus tareas, recuerda cuándo cambió su posición frente a la medicina. A los 16 años, “extrañamente cerraba los ojos y me veía en un hospital con la bata que decía ‘Doctor Vergara’”. Su certeza llegó antes de entrar a la facultad, mientras estudiaba para ser paramédico en la Fundación Salamandra: “Recuerdo perfectamente una paciente de más de 70 años, muy delicada, que llegaba al hospital por un infarto. Me dediqué a mantenerla estable, tomar sus signos vitales y tratarla bien. Cuando bajé de la ambulancia, la familia y la señora me agradecieron como si le hubiera salvado la vida. Eso me impactó tanto que descubrí que acompañar a una persona en su momento más vulnerable, que es el sufrimiento, es lo más valioso que puedo hacer. Allí encontré la razón para ser médico”, concluye.

VIH y Sida, mitos y verdades

VIH y Sida, mitos y verdades

El primero de diciembre el mundo conmemoró el Día del Sida y en este año se resaltó el trabajo que hacen los ciudadanos para promover la igualdad, el respeto y la dignidad de las personas que conviven con el VIH y las enfermedades asociadas a este síndrome, bajo el lema “Las comunidades marcan la diferencia”.

Por eso, Pesquisa Javeriana dialogó con Ana Lucía Valenzuela, investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Cali, quien hizo parte de una investigación sobre las representaciones sociales asociadas al VIH/Sida en universitarios colombianos.

Ella y sus compañeros de investigación concluyeron en el estudio que se requiere un trabajo articulado, integral y transversal para la deconstrucción de las creencias y actitudes negativas sobre estas enfermedades, mientras se educa sobre una sexualidad responsable y saludable centrada en el autocuidado.

Cabe tener en cuenta que según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de 37 millones de personas en el mundo viven con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Por las tendencias y las proyecciones, todo parece indicar que la cifra aumentará por diversas causas: discriminación, falta de educación sexual, debilidades en las políticas públicas y mitos o verdades parciales, varias de las cuales se van a validar o desmentir a continuación:

GráficaVIH
Colombia pasó de tener 13,7 casos de VIH por cada 100.000 habitantes en 2008, a 28,1 en el 2018.

 

El VIH y el Sida son lo mismo, de hecho, el último es la etapa terminal del primero. ¿Mito o verdad?

Solo los trabajadores sexuales, consumidores de sustancias psicoactivas inyectables y homosexuales se contagian de VIH. ¿Mito o verdad?

Las personas con VIH y Sida tienen en su cuerpo llagas, manchas y se ven deterioradas. Se pueden identificar fácilmente mientras caminan por la calle. ¿Mito o verdad?

Si usa preservativo no necesita hacerse la prueba del VIH, finalmente se está protegiendo y no hay riesgo. ¿Mito o verdad?

El VIH se transmite por cualquier contacto como un beso, un abrazo o compartir los cubiertos al comer con una persona infectada. ¿Mito o verdad?

Si una persona tiene VIH y por consiguiente Sida, morirá en el corto plazo, es una sentencia de muerte. ¿Mito o verdad?

Si tiene una pareja estable o ‘conoce’ a la persona con quién está teniendo relaciones sexuales, no existe riesgo de contraer el VIH. ¿Mito o verdad?

Alerta roja para los mamíferos del mundo

Alerta roja para los mamíferos del mundo

La pérdida de diversidad genética en mamíferos como el mono aullador y el jaguar debido a la reducción y alteraciones en sus hábitats, puede generar graves consecuencias para estas especies y los ecosistemas de los que hacen parte. Esa fue la conclusión a la que llegó un grupo de investigadores a través del metanálisis, la técnica de revisión estadística que les permitió examinar el estado genético de 38 especies de mamíferos a nivel global al cruzar y analizar los datos de más de 30 investigaciones sobre el tema, detectando patrones generales, al considerar la variación que se presenta en cada una de ellas.

A partir de su especial interés por la biodiversidad y junto a cuatro colegas, Danny Rojas Martín, posdoctor en Biología, descubrió cómo el deterioro del medio ambiente en el que viven estos animales ha desencadenado una notable disminución en su abundancia y variabilidad genética.

En el artículo A meta-analysis of the effects of habitat loss and fragmentation on genetic diversity in mammals, publicado en enero de este año en la revista Mammalian Biology, examinan poblaciones de roedores, primates, murciélagos, marsupiales, zarigüeyas, búfalos y carnívoros ubicados en seis regiones biogeográficas que incluyen zonas de toda América, el sur de África, el oeste y centro de Europa, el este y sur de Asia, y el norte y sur de Australia.

En los mamíferos seleccionados Rojas y sus pares contrastaron marcadores genéticos como variación y riqueza alélica, heterocigosidad existente y esperada, y niveles de endogamia, entre otros. También compararon rasgos continuos, como su masa corporal, tasa de reproducción y tamaño de la familia; rasgos categóricos, para conocer cómo se mueven, qué comen y saber qué tan dependientes son del bosque. Además, encontraron que tanto la pérdida como la fragmentación de los hábitats que frecuentan han provocado varios efectos negativos en sus configuraciones biológicas.

El aislamiento, la reducción en el número parejas para aparearse y la falta de recursos alimenticios pueden tener como consecuencias la endogamia (reproducción solo con miembros de su propia familia) y la disminución reproductiva, factores que generan pérdida de diversidad genética y, por ende, disminución de las poblaciones; a veces, esta tendencia puede conducir a su extinción.

Sin embargo, no todas las especies estudiadas responden de igual forma a estas problemáticas. “Uno pensaría que todos los mamíferos de un bosque que se fragmenta, porque comienzan a realizar talas, se van a afectar de la misma manera, pero encontramos que no es así. Dependiendo del tamaño, de si viven en espacios más boscosos o más abiertos, de si son terrestres o voladores e incluso de su alimentación, la magnitud de disminución en su diversidad genética varía”, afirmó Rojas.

El estudio reveló que los animales grandes se ven más afectados que los pequeños debido a que necesitan áreas más amplias y mayores recursos para subsistir, mientras que las especies aéreas tienen más posibilidades de sortear las secuelas de estas modificaciones ambientales porque tienen la capacidad de movilizarse a otros hábitats de forma más fácil; asimismo, descubrieron que las especies de bosque se afectan más que las que viven en pastizales y que los herbívoros tienen mayor riesgo que los carnívoros.

El investigador javeriano aclaró que, aunque el equipo de científicos esperaba observar un decrecimiento en la variedad genética de todos los animales analizados, les sorprendió ver la influencia que tienen las características particulares de cada uno de ellos y de sus entornos en este proceso.

La disminución de los bosques tropicales se ha convertido en una amenaza para la conservación de los bullosos monos aulladores.
La disminución de los bosques tropicales se ha convertido en una amenaza para la conservación de los monos aulladores.

En su opinión, estos estudios de base proporcionan valiosas pistas a nivel macroecológico porque no solo brindan datos sobre la condición de las especies estudiadas,  también introducen indicadores sobre los hábitats en los que están inmersas. Al relacionar un amplio número de indagaciones, el metanálisis permite precisamente conocer tendencias generales sobre los ciclos de vida de estos animales y de las condiciones de sus entornos, lo cual es sumamente útil al momento de definir patrones de protección y conservación medioambiental.

En efecto, según cifras del Informe de Evaluación Global de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés), publicado este año, alrededor de un millón de especies animales y vegetales están en peligro de extinción.

Esta situación es inquietante, según Rojas, porque a fin de cuentas todos los seres vivos se configuran como conexiones de una red inmensa, cuyo equilibrio se pone en riesgo con la pérdida de uno de ellos. “Es como si le quitaras el hilo a una camisa: a veces puedes crear un hueco, a veces no sabes qué pueda pasar”, anotó el investigador.

Otro de los puntos que destacan los investigadores colombianos, portugueses, estadounidenses y brasileños fue la importancia de la investigación colaborativa para la ciencia hoy en día. La capacidad de tener múltiples perspectivas y contar con el respaldo de varias universidades le permitió al grupo filtrar y revisar cuidadosamente la información recogida en mucho menos tiempo.

“La colaboración es fundamental y más cuando se quiere conocer cómo funciona el mundo que nos rodea”, concluyó Rojas, resaltando que, al final del día, la academia y la naturaleza funcionan de forma similar: como una red de influencia, interrelación e interdependencia.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Un meta-análisis de los efectos de la pérdida y la fragmentación de hábitat sobre la diversidad genética en mamíferos.
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Ana Lino.
CO-INVESTIGADORES: Danny Rojas Martín, Carlos Fonseca, Erich Fischer y Maria João Ramos – Pereira.
Departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas, Pontificia Universidad Javeriana Cali.
Departamento de Biología y Centro de Estudios Ambientales y Marinos, Universidad de Aveiro (Portugal).
Departamento de Ecología y Evolución, Stoony Brook University (EE.UU.).
Instituto de Biociencias, Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (Brasil).
Departamento de Zoología, Universidad Rio Grande do Sul(Brasil).

Más allá del silencio

Más allá del silencio

Asociar indistintamente el concepto de ‘sordomudo’ a cualquier persona con discapacidad auditiva parcial o total es un error común. Sin embargo, esta condición no necesariamente imposibilita el desarrollo de lenguaje hablado. Desde 1940, el Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle del Cauca trabaja con pequeños en esta situación en dos rutas de rehabilitación: la primera, con quienes tienen pérdida auditiva profunda y no pueden desarrollar el lenguaje oral, para que aprendan a leer los labios y a usar lenguaje de señas para comunicarse, y la segunda, enfocada en aquellos a los que se les pueden brindar ayudas, como audífonos o implantes cocleares, para que desarrollen habilidades auditivas y a partir de ellas construyan lenguaje hablado.

Gracias a estas ayudas, los niños escuchan sus primeros sonidos. Por eso la detección temprana de su condición es clave para definir el momento en que deben comenzar a usarlas e iniciar el tratamiento pertinente que les permita aprender a hablar, favoreciendo un desarrollo cognitivo y comunicativo adecuado.

El proyecto que adelanta el Grupo Destino, del Departamento de Electrónica y Ciencias de la Computación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, en alianza con la unidad de rehabilitación del Instituto para Niños Ciegos y Sordos, busca mejorar el proceso de terapia para estos niños que empiezan a desarrollar el lenguaje hablado.


Tres años mejorando la terapia

Desde finales de 2015, un equipo interdisciplinario ha desarrollado dos investigaciones aplicadas. La primera, con recursos de la convocatoria interna de investigación de la universidad, tuvo el objetivo de conocer el proceso de atención a los niños, esto es, “cómo hacían terapia las fonoaudiólogas del Instituto, qué actividades desarrollaban y qué necesidades de mejora tenían, para construir herramientas que aportaran a la evolución del proceso”, comenta Juan Carlos Martínez, investigador del proyecto. Como el trabajo agrupa a ingenieros de la Javeriana con terapeutas de fonoaudiología y neuropsicología del Instituto, “nuestro reto más grande fue comprender el lenguaje terapéutico”, continúa.

Así, encontraron conceptos clave para la ingeniería con los que orientaron el trabajo, como la lúdica, fundamental en las terapias con estos niños, y la variabilidad, que brinda líneas de productos de software, yendo más allá de la creación de un videojuego para generar múltiples elementos dentro de una aplicación, lo que permite mezclar ingredientes básicos con otros que cambian de un juego a otro, como ocurre con los Lego, que a partir de una pieza básica (ladrillo) permiten un sinnúmero de construcciones. “Es muy interesante la aplicación del paradigma de las líneas de productos de software porque, aunque no es reciente, apenas está en desarrollo”, afirma María Constanza Pabón, miembro del Grupo Destino.

En las terapias, las fonoaudiólogas utilizan objetos, cuentos y juegos adaptados a las necesidades de estimulación del niño, sin embargo, los recursos del medio son limitados. “No hay aplicaciones en español que se adecúen al proceso evolutivo del lenguaje o que consideren la personalización de las terapias”, aclara Luisa Fernanda Rincón, ingeniera del equipo. “Hay juegos y actividades que sirven para un momento determinado, pero es limitada su variabilidad”, complementa Martínez. Además, la familia es fundamental, pues luego de las terapias semanales con las fonoaudiólogas, la familia debe continuar las actividades el resto de la semana, siguiendo indicaciones que recibe en cada sesión. “Mientras más se ejercite el niño, más puede desarrollar su capacidad”, sostiene Rincón.

La segunda investigación, de 2017, cofinanciada por Colciencias y nutrida por los trabajos iniciales, diseñó juegos digitales de diferentes características: con elementos fijos y variables para generar múltiples opciones de trabajo para la fonoaudióloga en la terapia; con actividades que aprovecharan el atractivo del videojuego para los niños y que pudieran usarse en casa, programadas por las profesionales del Instituto, para que las familias continuaran en línea la terapia el resto de la semana; y con capacidad para guardar la memoria de lo trabajado por el niño, para que la terapeuta tuviera información de los refuerzos realizados en casa y de su desempeño.

“Los juegos hacen preguntas a los niños y esperan respuestas”, explica Martínez. Así, se va formando lenguaje desde lo más sencillo, como las descripciones estáticas en las que, a partir de imágenes fijas en un dominó o un encajable, los niños identifican objetos y los asocian con ciertas palabras, con miras a aprender los sustantivos hasta describirlos dando cuenta de sus características, asimilar el uso de los adjetivos o, en un mayor grado de elaboración, realizar acciones cognitivas más complejas, como las descripciones dinámicas, que exigen abstracción.

“Si en el juego aparece alguien mojado, el niño debe imaginar que es porque está lloviendo, lo que implica una evolución que le permite formar frases para tener un lenguaje verbal bien armado. También hay juegos de secuencias dentro de un cuento que narran una historia, y ello permite trabajar en el uso de verbos y en la construcción de sintaxis. Así, se espera que construyan lenguaje escrito”, complementa el ingeniero Martínez.

En este 2019 se espera contar con un conjunto de tres grandes actividades base, con una gama amplia de variaciones: un dominó, un juego de piezas encajables y una secuencia lógica de acciones, con la que los niños podrán favorecer su desarrollo narrativo, explica Martínez. Este año “se probarán estas herramientas en terapia con un grupo de niños, para comparar los resultados con los de otro grupo con el que no se utilicen”, concluye.


Para leer más:

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Apoyo a la terapia de rehabilitación del lenguaje oral y escrito en niños con discapacidad auditiva
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Diego Linares, director del Grupo Destino
COINVESTIGADORES: María Constanza Pabón, Luisa Fernanda Rincón, Juan Carlos Martínez Arias, Gloria Inés Álvarez Vargas y Andrés Navarro (Javeriana). Andrés Castillo, Anita Portilla, Yinna del Pilar Rojas y Claudia Giraldo (Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle de Cauca)
ASISTENTES DE INVESTIGACIÓN: Valeria Almanza (INCS), Érika Gutiérrez y Martín Sierra (Javeriana)
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Departamento de Electrónica y Ciencias de la Computación
Grupo Destino
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-actualmente

Claudia Marcela López Burbano: “La investigación me permite transformar realidades”

Claudia Marcela López Burbano: “La investigación me permite transformar realidades”

Los pacientes que sufren de enfermedades genéticas necesitan mucha atención”, dice Claudia Marcela López Burbano con un gesto de preocupación, pero con la seguridad que la caracteriza. “Acompañarlos en su proceso y ofrecerles una mejor calidad de vida es lo que me mueve”.

Y es que el servicio y la compasión por los demás han sido su motivación desde niña, actitudes que aprendió de su padre, un comprometido amante y defensor de los animales. “Mi padre siempre ha sentido un amor profundo por todas las clases de animales, es algo que admiro profundamente. Desde los sapos que a veces invaden nuestra casa, pasando por las zarigüeyas que nos visitan de noche, hasta los cinco perros con los que actualmente vivimos”, cuenta, sonriente, esta joven médica.

Justamente de este respeto por la vida en todas sus formas surgió la necesidad de hacer de aquel sentimiento una profesión, un estilo de vida. Y fue en la medicina donde Claudia Marcela encontró una posibilidad para hacerlo.

Aunque sus padres no tenían nada que ver con la medicina ―abogado él, ella ingeniera de sistemas―, y pese a que sus amigos estaban convencidos de que estudiaría alguna ingeniería, ya que era muy buena en matemáticas, la pasión de esta joven payanesa por servir a los demás desde la salud no les dio lugar a sus predicciones.

“Siempre me gustó la medicina por el contacto directo que tienes con las personas; cuando empiezas a ir a los hospitales, te das cuenta de que muchas veces los pacientes van porque necesitan que alguien los escuche, necesitan sentirse valorados, y eso me llena”.

Durante su paso por la Universidad Javeriana Cali, decidió un día vincularse al Semillero de Innovadores en Salud (Issem), hecho que le dio un nuevo rumbo a su vida: el de la investigación. Ahí conoció a la profesora y genetista Paula Margarita Hurtado, quien ha sido su mentora desde entonces y con la que inició su trabajo en la línea de genética y enfermedades huérfanas.

“Ella es una estudiante muy inquieta”, la describe Hurtado, “no se queda con lo que enseñamos en clase. Fue muy interesante ver cómo desde que se vinculó al semillero asumió su liderato de manera espontanea; estos son espacios muy autónomos y la voluntad de estudiantes como ella marca la diferencia”.

Claudia Marcela quiere explorar hasta lo más profundo de su profesión. “Hacer visible lo invisible”, dice, tomando la frase de la organización World Birth Defects Day. “Existen enfermedades que afectan a un grupo muy reducido de personas, pacientes que no se visibilizan ni en la comunidad ni en el sistema de salud, y es necesario cambiar esta realidad”, señala en tono categórico, con una expresión de inconformidad que es difícil dejar pasar.

En febrero de 2018, esta joven médica, de aspecto amable pero de carácter firme, inició su año rural en investigación: “Creo que investigar te hace mejor médico, te da la capacidad de identificar problemas y estructurar soluciones, transformando el enfoque clínico de tus pacientes. Es una oportunidad de lograr gran impacto mediante acciones pequeñas”.

Gracias al trabajo con su profesora de genética y ahora jefa, descubrió el aspecto humano de este campo, las grandes necesidades de las personas que sufren estas enfermedades y de su entorno: se trata de familias que carecen de información sobre qué hacer para mejorar la calidad de vida de estos pacientes; sufren de ansiedad y en muchos casos no cuentan con los recursos necesarios para adelantar un tratamiento. “Nosotros como médicos podemos hacer algo para acompañarlos personalmente en este camino tan difícil”, afirma Claudia Marcela.

Actualmente, se encuentra vinculada al Programa de Vigilancia Epidemiológica y Seguimiento de Defectos Congénitos, dentro del cual visita clínicas para examinar a todos los niños recién nacidos. En este proceso, identifica si existe alguna anomalía o defecto hereditario de carácter estructural funcional. “Los niños pueden nacer con un dedo extra, lo que se denomina como un defecto estructural, o pueden sufrir de ceguera o problemas auditivos, lo que sería un defecto funcional”, explica.

Esta joven investigadora, que sonríe al mencionar que su sueño es tener una gran fundación para animales callejeros, y que disfruta de fotografiar atardeceres, sabe que desde todas las áreas del conocimiento es posible hacer algo para servir a los demás, y no duda que en la genética médica está el camino que seguirá recorriendo para brindar esperanza a aquellos que la necesitan.

Estadísticas con sello javeriano

Estadísticas con sello javeriano

Tan pronto se toma la carretera, aparece el vasto océano verde. Son cientos y cientos de hectáreas de caña de azúcar que dan una silenciosa bienvenida al visitante que llega por aire a la región, contraste que va reduciéndose a medida que se acerca a la zona metropolitana de la ciudad. Santiago de Cali, capital del departamento del Valle del Cauca y la tercera ciudad más grande de Colombia en términos económicos, se ha consolidado como el polo de la economía en la región Pacífico, reuniendo una población de 2,44 millones de personas para 2018, con una tasa de ocupación (empleados) del 58,1% y una de informalidad del 45,6% para febrero de 2019, según el DANE. La ‘sucursal del cielo’ representa una nueva oportunidad (laboral, económica, social, etc.) no solo para los vallecaucanos, también para los pobladores del Pacífico o para los visitantes que creen hallar en ella el rumbo de su destino.

Y sin embargo, Cali tiene vacíos para entender cómo crece día a día. No se trata de una preocupación menor: la falta de datos más certeros, actualizados, puede poner en problemas a quienes dirigen las riendas de una ciudad de estas dimensiones. Por ejemplo, ¿cómo se pueden concertar políticas que fomenten el empleo si no se sabe a ciencia cierta qué sectores de la economía enfrentan problemas? ¿O cómo se pueden anticipar los desafíos para el presupuesto local sin entender los ritmos propios del crecimiento económico? ¿De quién es el problema?

Una primera respuesta se encuentra en la forma en la cual se consolida la información estadística del país: en Colombia, el Departamento Nacional de Estadística (DANE) es el encargado de levantar los datos –principalmente a través de encuestas– de las principales actividades económicas del país, como la generación de empleo, la productividad, el aumento en los precios de los alimentos o, especialmente, el número de habitantes. Pero todo este trabajo se hace de forma centralizada, en Bogotá, y se retroalimenta a las regiones de forma dispar.

Es el caso de la información sobre crecimiento económico. “Nosotros queríamos conocer de forma más oportuna cómo iba la economía del Valle del Cauca, debido a que el DANE nos daba información solamente anual del PIB departamental, no trimestral o mensual. Y la información que obteníamos era muy rezagada, casi de15 meses después de pasado el año”, explica Lya Paola Sierra, doctora en economía, profesora asociada del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Cali, y una de las creadoras del indicador que permite, precisamente, acortar distancias entre los datos oficiales y la realidad de una ciudad con una dinámica económica propia, muy diferente a la del departamento.

Se llama Indicador Mensual de Actividad Económica para Santiago de Cali, o IMAE Cali, y se lanzó el pasado mes de febrero en conjunto con la Alcaldía de Santiago de Cali. Es un informe estadístico y de análisis económico de dos páginas en el que se explica que la ciudad creció 3% en 2018 frente al año anterior, con lo cual certifica la recuperación que viene registrándose desde el segundo semestre de 2016, cuando la economía se situó ligeramente por encima de 1%; de hecho, la ciudad se situó por encima de la proyección nacional de DANE para el país (2,8%).

Crecimiento económico de Cali en los últimos años. / Javeriana Cali, IMAE Cali
Crecimiento económico de Cali en los últimos años. / Javeriana Cali

Este resultado se debió, principalmente, al aumento en la actividad industrial de la ciudad, a la creación de nuevas microempresas y la buena salud de su sistema financiero, representado en una óptima calidad de la cartera de préstamos; sin embargo, una nota de alerta se encuentra en el sector exportador, pues las ventas al exterior cayeron 8% en todo 2018, un posible signo de la apreciación del peso frente al dólar.


Consolidando cifras

Todos estos porcentajes y cifras, de momento positivas, hacen parte del trabajo de un grupo de investigadores económicos de la Javeriana Cali que desde 2014 viene tomándole el pulso a la actividad económica de los departamentos. “Lo que hemos hecho es un proceso de adaptación, de llevar estas metodologías, que normalmente se aplican en un contexto macroeconómico, de país, a la disponibilidad de datos y estructura de las economías regionales”, explica Pavel Vidal, profesor asociado, doctor en economía y por muchos años consultor de organismos internacionales como el Banco Central de Cuba o el Banco Interamericano de Desarrollo.

El IMAE se basa en los modelos factoriales dinámicos, una técnica que la profesora Sierra había puesto a prueba en su tesis doctoral para estimar el precio de las materias primas, y que convenció a los miembros del Banco de la República en Cali para crear ese año un modelo que permitiera medir el crecimiento de la economía del Valle del Cauca. Así, ella y su equipo de trabajo en la Javeriana pasaron un año entero reuniendo toda la información de las variables que definían la actividad económica del departamento para, después, elegir las más determinantes y ponderar su peso de acuerdo con su aporte al PIB departamental.

Su primera publicación salió a la luz en 2015 y, desde entonces, han venido publicando trimestralmente el avance o deterioro de la economía en el Valle del Cauca; de hecho, en su más reciente informe determinaron que el departamento creció 3,5% en 2018, una cifra que sobrepasa el 2,7% registrado por el DANE para todo el país.

Desde entonces, su metodología fue acogida por la sede del Banco de la República en Medellín para crear el IMAE Antioquia; por la Cámara de Comercio de Cúcuta para conformar el IMAE Norte de Santander; y más recientemente por la Secretaría de Desarrollo Económico de Cali para darle forma al IMAE Cali, el primero de sus indicadores municipales. La medición y el posterior análisis económico recaen sobre los hombros de Sierra y Vidal, que desde la Javeriana Cali han constituido un pequeño grupo de trabajo con estudiantes allegados para producir cada uno de sus informes.

“Como no todas las economías que analizamos tienen la misma estructura económica, las variables que componen los indicadores no son exactamente las mismas. En el caso de Cali, los sectores financiero y de servicios tienen un mayor peso dentro de la estructura de la economía local, y por eso tienen una mayor representación que en el IMAE Valle, donde la caña de azúcar tiene un mayor peso, o en el IMAE Antioquia con el oro”, explica Vidal.

Relación de crecimiento económico de Cali y el Valle del Cauca en los últimos años. / Javeriana Cali
Relación de crecimiento económico de Cali y el Valle del Cauca en los últimos años. / Javeriana Cali

Para el caso de Cali, el equipo de trabajo analizó durante seis meses un total de 103 variables económicas que obtuvieron de varios estamentos de la ciudad, como la Alcaldía, gremios económicos, el Banco de la República, entre otros.  Se analizaron variables ligadas directamente a la actividad económica de la ciudad como, por ejemplo, datos sobre la recogida de basuras, peajes, créditos bancarios, etc. Tras una depuración, se quedaron con las 11 que más representan la economía caleña: producción industrial, consumo de energía, licencias de construcción, vehículos matriculados, cartera bancaria, sobretasa a la gasolina, exportaciones, gasto público, nuevas microempresas, ocupación hotelera y asistentes a cine.

Al igual que el IMAE Valle, el equipo de la Javeriana Cali publicará de manera trimestral sus informes para aportarle a la ciudad y al país información certera sobre la economía en la sucursal del cielo. El objetivo a largo plazo es que su trabajo pueda incidir en las decisiones que afectan tanto a la ciudad como sus habitantes. “Solamente conociendo la información se puede hacer un seguimiento y monitoreo de cómo va la economía, y se puede realizar política a nivel municipal. Sin datos o información esto es imposible”, asegura Sierra.


¿El valor de las cifras?

Cali no es la primera ciudad del país en consolidar sus propias mediciones estadísticas para entender la evolución de sus ciclos económicos con el fin de tomar decisiones de cara a su futuro. Metrópolis como Bogotá y Medellín también han desarrollado sus propios estudios para entender aspectos significativos de su cotidianidad, como la calidad de vida en la urbe, sus mercados de finca raíz o la pujanza de ciertos sectores de cara a nuevos desafíos (vale la pena destacar el caso de Manizales, que estableció en 2007 el Centro de Información Estadística, CIE, el cual aporta periódicamente todo tipo de datos sobre sectores estratégicos del municipio).

Todos estos esfuerzos, incluso los de organizaciones privadas, contribuyen a generar datos que son de esencial importancia para el ejercicio de gobierno, tanto a nivel nacional como local, y que fortalecen la imagen del país de cara al escenario internacional.

“Las estadísticas no pertenecen a los gobiernos, no pertenecen a los funcionarios y, por lo tanto, no pertenecen al Estado: son parte de los bienes públicos a los cuales los ciudadanos, las empresas, las asociaciones y las universidades debemos acceder de la manera más amplia posible porque ese sistema de información está financiado con nuestros impuestos”, explica César Caballero, politólogo, estudiante del doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Javeriana (sede Bogotá), director de la firma de datos Cifras y Conceptos, y director del DANE entre 2002 y 2004.

La responsabilidad de consolidar unas cifras confiables reside hoy sobre el Sistema Estadístico Nacional (SEN), el conjunto de entidades y organismos privados e independientes que aportan información sobre múltiples temas y se encargan de su difusión. Aunque su espíritu se incluyó en la Ley 79 de 1993, con la que se creó el DANE, todo su funcionamiento y articulación se consignaron en la Ley 1753 de 2015, resultado de la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo 2015. El SEN cuenta hoy con alrededor de 1.500 integrantes entre los que se encuentran entidades como ministerios y gobernaciones, empresas mixtas como las cámaras de comercio, órganos de control y, entre otros, organismos privados como gremios.

El gran objetivo es que entre todos ellos se dé un diálogo armónico, donde prime el libre acceso a la información (sin importar quién ni cómo la recopile) que beneficie la difusión de datos esenciales para diferentes sectores. Una cualidad que rompería el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, cuya aprobación avanza hoy en el Congreso, ya que en su artículo 94, parágrafo 1°, la convierte en mandatoria: “Los integrantes del SEN deberán poner a disposición del DANE, de manera inmediata y de forma gratuita, las bases de datos completas de los registros administrativos que sean solicitados por el departamento, para lo cual no será oponible la reserva legal, especialmente la contenida en el Estatuto Tributario”.

Para expertos como Caballero, más allá de la forma en la que está redactado, el artículo no ejercería mayor influencia en la forma de actuar del SEN sencillamente porque aquellas disposiciones, así como su conformación y funcionamiento (que recoge, nuevamente, el PND 2018-2022) ya están consignadas en la legislación vigente. De hecho, en su opinión, todo se debe a una cuestión de estilo en el proceder del actual Gobierno.

“El Plan de Desarrollo se convirtió en una colcha de retazos en donde muchas entidades le pusieron artículos sin que haya habido un filtro de parte de Planeación Nacional”, asegura, y argumenta que la planeación actual se sustenta en tres documentos: uno donde se encuentra la narrativa política, los sectores que el Palacio de Nariño quiere intervenir o fomentar; el segundo es el presupuesto, que determina adónde va a parar el dinero; y el tercero es el mismo articulado, que plantea la forma en la cual se ejecutará el discurso político y la asignación de recursos. Y en estos tres hay serias inconsistencias.

“Las personas que han visto estos tres documentos se dan cuenta de que es una colcha de retazos y de que no hay articulación entre ellos. En la narrativa, el tema de la equidad es enormemente importante y, en articulado y la asignación presupuestal, no existe; en la narrativa existe el tema de consolidar los acuerdos con las FARC pero no hay un solo peso en el presupuesto para eso”, añade.

Al final, el articulado del Plan Nacional de Desarrollo, , al menos en el tema estadístico, reafirma lo que leyes previas, estudios técnicos ya realizados y discusiones legislativas anteriores habían aprobado.

Contar con estadísticas certeras y actualizadas permite que alcaldes y gobernadores tomen mejores decisiones en tema de política pública. /Wikimedia
Contar con estadísticas certeras y actualizadas permite que alcaldes y gobernadores tomen mejores decisiones en tema de política pública. /Wikimedia

Falencias similares se encuentran en la propia gestión del DANE, en temas sensibles como el dato de crecimiento o el censo poblacional. En el primer caso, basta recordar la reunión bilateral que el presidente Iván Duque mantuvo en febrero pasado con su similar estadounidense, Donald Trump, en la que aseguró que el crecimiento de la economía colombiana en 2018 sería de 3,4% cuando la información no se había terminado de consolidar; lo más preocupante es que el actual director del DANE, Juan Daniel Oviedo, asegurara que la del mandatario era una “opinión informada” cuando, en realidad, el país terminó el año con una expansión del 2,8% (cifra proyectada por la entidad).

Y en el segundo, Oviedo tuvo que salir públicamente a reconocer que la entidad se había desviado en su proyección de 50 millones de habitantes para 2018, y que, de momento, se contaban 45,5 millones de personas; sin embargo, no hay un dato oficial final sobre este asunto. Este tipo de situaciones bien podría generar un manto de dudas sobre el manejo de las estadísticas oficiales.

“Ese es un ejemplo de no prudencia, de no rigurosidad, de no ser cuidadoso. Aquí se presentan ruidos que se corrigen con que uno, como funcionario, sea más prudente y más riguroso”, concluye Caballero.

En esa vía del rigor se ubican, precisamente, ejercicios como los consolidados desde la Javeriana Cali con sus diferentes mediciones departamentales y, ahora, municipales. Un aporte académico para construir una información pública robusta, que conduzca a alcaldes y gobernadores a tomar decisiones informadas sobre lo que realmente está ocurriendo en sus territorios. Ese es el verdadero valor de las cifras estadísticas en un país.

El comercio informal: un organismo con vida propia

El comercio informal: un organismo con vida propia

Caminar por el centro de Santiago de Cali es una aventura que estimula todos los sentidos; es enfrentarse a una mezcla de múltiples ruidos, colores, sabores y personajes que retratan una parte importante de la cultura caleña. Es casi imposible pasar por sus sobreocupados andenes y no toparse con el olor a chontaduro, el tradicional ´champús´ o aquellos particulares vendedores que, al ritmo de la salsa y con parlantes a todo volumen, invitan a los transeúntes a “agacharse y escoger” mercancía.

Esta travesía de experiencias, abrumadora para muchos, tiene una razón de ser: en las últimas décadas el centro de Cali ha sido el foco del comercio informal, fenómeno que ha suscitado fuertes debates a lo largo del país.

A pesar de no ser una problemática nueva en Colombia, actualmente su reconocimiento se ha potenciado por la implementación del nuevo Código de Policía y el conflicto que ponerlo en práctica ha encontrado con la informalidad. Sin embargo, hay quienes ven en esta situación un importante potencial para el desarrollo, como es el caso de los arquitectos Gustavo Arteaga y Edier Segura, investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, quienes proponen cambiar la visión tradicional que se tiene sobre este fenómeno.

“Muchos sectores de la ciudad quieren tener la actividad comercial que tiene el centro de Cali, por esto es vital que veamos la informalidad como una oportunidad y nos alejemos de los conceptos negativos”, afirma Arteaga, profesor investigador del departamento de Arte, Arquitectura y Diseño de la Facultad de Humanidades.


La informalidad y el crecimiento poblacional

Como si se tratara de una selva de cemento, los andenes del centro de Cali están compuestos por una variada gama de elementos que los caracterizan: los famosos paraguas de colores que cubren un sinnúmero de puestos ambulantes, las carretillas con ropa, los zapatos, juguetes y películas tiradas en el andén son algunos de los elementos de informalidad comercial más comunes.

Este pintoresco paisaje tiene sus raíces, algunas de ellas asociadas al acelerado crecimiento poblacional, derivado de la implementación de las vías ferroviarias en 1915 con la llegada del Ferrocarril del Pacífico; esto, sumado a una constante ola migratoria que atraía pobladores de áreas aledañas en busca de mejores condiciones de vida, y a la implementación de planes de desarrollo urbano que no responden a las necesidades de la ciudad, han hecho de Cali la tormenta perfecta para la proliferación de este tipo de actividades económicas.

Tormenta que fue aprovechada por Segura, quien en 2016 era estudiante del taller de renovación urbana que dictaba Arteaga.


Caracterización del centro de Cali: su flora y fauna comercial

Todo comenzó en una de las salidas de campo al centro de Cali, en la que Segura observó algunos aspectos interesantes entre la actividad comercial y la disposición del espacio. Uno fue la homogeneidad y patrones comerciales que mostraban determinadas zonas, situación que le generó curiosidad y lo motivó a profundizar más.

“Edier identificó dos aspectos importantes: la visión de un centro fundado hace 300 años para vivienda, que nunca logró adaptarse al comercio emergente, y una nueva postura contemporánea con la idea de ‘¡Qué bueno darle forma a este comercio!’, en la que se aproveche la informalidad”, explica Arteaga.

El trabajo inició con la categorización de las zonas informales, focalizando la investigación entre las calles 10 y 15 con sus respectivas carreras, en el corazón de la Sucursal del Cielo. Se tuvieron en cuenta importantes nodos con alta concentración de vendedores ambulantes, como el Centro Administrativo Municipal (CAM), el Palacio de Justicia y variables como el tipo de mercancía, el número de vendedores informales, su proximidad a las vías principales, las dimensiones de los andenes, la tolerancia de las autoridades y dueños de los sectores, entre otros aspectos.

Lo que encontraron los investigadores fue una organización espontánea de la actividad comercial informal en el centro, que se agrupa por zonas y que se ha arraigado en la cultura de compra de los visitantes. Algunos de los ejemplos más destacados son: la venta de accesorios y moda que se concentra en la calle 14, entre carreras 5a y 6a, y, la venta de comidas, agrupada en el eje de la carrera 6a, entre las calles 10 y 11. Además del comercio de frutas, vegetales, hierbas, videojuegos y juguetería infantil, que también está distribuido en zonas específicas.

Con toda esta información, el paso a seguir se concentró en la implementación de herramientas de geolocalización, complementadas con la recolección de datos. “Uno de los elementos clave para el estudio fue el uso de los mapas de calor y la minería de datos, técnicas de investigación que nos permitieron visualizar gráficamente la conformación comercial actual del centro”, continúa Arteaga.

Cali ventas 1

Los mapas de calor facilitan la identificación de acomodaciones comerciales (representadas en color rojo) que arrojan pistas sobre la concentración de negocios y las necesidades de los consumidores, con nuevas dinámicas que demandan repensar la ciudad, que exigen el diseño de proyectos urbanos para recuperar el espacio público al mismo tiempo que permitan potenciar y aprovechar la actividad económica.

También evidencian varias características comunes de los espacios que pueden ayudar a predecir la aparición de comercio informal, como la cercanía de iglesias, plazas, edificios y parques públicos.

En el caso de Cali se puede visualizar un centro sectorizado y extrañamente funcional, en el que sus visitantes han logrado la manera de coexistir con la informalidad e invasión de un espacio que inicialmente les pertenece a ellos para transitar sin obstáculos.

El resultado de este minucioso trabajo cartográfico brinda la oportunidad de apreciar las superficies urbanas usadas para las ventas informales y la identificación de patrones de distribución, facilitando la caracterización de las zonas de estudio para proponer alternativas sobre el mejor uso del espacio público.


¿Es posible ver el comercio informal como una oportunidad?

De acuerdo con toda la información recolectada por los investigadores, se podría decir que sí. “Debemos convertir a los vendedores informales en actores participativos de los procesos y planes de desarrollo urbano de la ciudad, hacerlos aliados del Estado, con sentido de pertenencia por estas superficies de oportunidad que les dan el sustento diario. Es necesario ofrecerles mejores opciones de organización que contemplen la normativa”, explica Arteaga.

En diversos diálogos que Segura mantuvo con los vendedores informales, en los que les planteaba una posibilidad hipotética de trabajar en conjunto con la Alcaldía para la compra de lotes y formalización de su actividad comercial, la mayoría la consideró como una buena opción; sin embargo, las políticas actuales de Colombia frente a la informalidad no apuntan a esta visión.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la proporción de ocupados informales en las 23 ciudades principales y áreas metropolitanas de Colombia fue de 47,7 en el periodo móvil entre noviembre de 2018 y enero de 2019. Adicionalmente, el actual Código de Policía impone sanciones desde 197.000 hasta 787.000 pesos por comportamientos contrarios a la convivencia, como vender alimentos en lugares no autorizados y negocios que ocupen indebidamente el espacio público.

Maurice Armitage, alcalde de Cali, ha realizado públicamente un llamado para la revisión del Código de Policía con el fin de no afectar a los vendedores; sin embargo, los casos de implementación de sanciones aún se presentan.

Cali ventas 2

Como lo evidenciaron los mapas de calor, ya existe una dinámica informal que ha acentuado sus raíces en el centro, como si fuera una especie de organismo vivo que se acomoda con autonomía propia. Esto puede explicar por qué cuando un vendedor ambulante es reubicado en otra área, eventualmente vuelve a su zona de comercio original.

“El Estado debería procurar un trabajo más articulado con la realidad de la ciudad. Para un vendedor informal no es positivo ser trasladado a una zona en la que no va a tener la misma actividad comercial; presionarlos y no ofrecerles mejores opciones es empujarlos a delinquir”, afirma Arteaga.

La discusión es larga, y es importante contar con todas las variables y actores vinculados en el fenómeno de la informalidad. Esta aproximación investigativa abre las puertas para un análisis más aterrizado sobre las nuevas posibilidades o caminos alternos que se puedan recorrer para transformar el comercio informal, no solo de Santiago de Cali sino de todo el país.

“No podemos seguir abordando la informalidad con los mismos recursos, las nuevas dinámicas exigen otras formas de enfrentar la situación; formas en las que tanto el Estado, como las personas detrás del comercio informal puedan construir ciudad”, concluye el investigador.

 


Artículo de referencia: Parameters for Public Space Architecture. Informal Commerce Dynamics, as an Opportunity to Stimulate Urban Scenarios. Case Study Cali-Colombia (DOI).

¡Mosca con el autismo!

¡Mosca con el autismo!

Dos premisas ayudan a entender la pertinencia y el alcance de la investigación que Lina Becerra, de la Universidad Javeriana Cali, y Juliana Rengifo y Marcela Santaella, de la Universidad Icesi, adelantan desde hace cuatro años. En primer lugar, cuando se habla de autismo, realmente no se puede hablar de una patología homogénea sino de un conjunto de perturbaciones diferentes, entre las que se encuentra el síndrome de Asperger, y otras que aún se intenta conocer en detalle, lo que implica que lo correcto es hablar de trastornos del espectro autista.

En segundo lugar, el estudio de estas complejidades, en los últimos años, ha sido estimulado por datos como el que registró para Estados Unidos el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en 2010, según el cual uno de cada 68 niños sufre de estos trastornos, en un fenómeno que se ha incrementado recientemente y que registra cifras parecidas en el Reino Unido, lo que ha llevado a hablar de un problema de salud pública.

En ese contexto, y teniendo en cuenta que Colombia no conoce la magnitud de su situación en este tema, en 2014 las investigadoras de la Javeriana Cali y de Icesi se embarcaron en la tarea de trabajar con moscas de la fruta, silvestres y mutadas, en un proceso de modelación animal que permitiera investigar el comportamiento y la interacción entre las proteínas neuroligina y FMRP (relacionadas con algunos trastornos del espectro autista en humanos) durante ciertos momentos del desarrollo del sistema nervioso de estos insectos (desde los estadios pupales hasta los adultos), que son considerados periodos críticos porque los sistemas son muy sensibles a cambios en el ambiente.

“Miramos la expresión de estas proteínas, que trabajan particularmente en el desarrollo de la sinapsis (formación de las conexiones nerviosas), en el marco de las podas sinápticas, procesos en los que el sistema nervioso define cuáles van a ser las conexiones que se mantienen y cuáles se podan o eliminan”, explica la médica Becerra.

En los mencionados periodos críticos, hay un mayor número de conexiones nerviosas, que en las podas sinápticas se favorecen o se eliminan dependiendo de cuán fortalecidas estén. “Ese fortalecimiento depende mucho de la experiencia a la que se someta al individuo”, complementa.

Por esta razón, además del trabajo con las moscas y de la observación de las proteínas, la labor consistió en aplicar restricciones sensoriales a estos animales en distintos momentos de ese proceso de desarrollo que va desde los estadios pupales hasta los adultos. “En laboratorio, se les aisló socialmente poniéndolas en un tubo de Eppendorf, también se les aisló del sonido y de la luz, y lo único que tenían era el material para alimentarse. Después de privarlas durante varias etapas, para poder comparar, se les sacrificó y se cuantificaron las concentraciones de las proteínas estudiadas. Gracias a esto, descubrimos alteraciones en las proteínas si se hacen privaciones en todas las etapas o solo en unas específicas, lo que afecta el desarrollo del sistema nervioso de la mosca”, asegura la investigadora.

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En relación con los trastornos del espectro autista, estos hallazgos suman pruebas a una corriente de investigación que busca abordar la complejidad de estas perturbaciones. Hasta el momento, el diagnóstico del autismo responde a solo tres aspectos que se observan en los pacientes: la socialización, el lenguaje y las estereotipias (comportamientos repetitivos), los cuales definen el tipo de atención. “En la actualidad, el énfasis del tratamiento está en la conducta”, aclara la profesora de la Javeriana.

Pero al determinar la importancia de lo sensorial, se podría reforzar la teoría de que se debe prestar atención a un cuarto criterio para identificar el trastorno. “Cuando un neurólogo pediatra va a diagnosticar autismo, estaría en la obligación de revisar al paciente sensorialmente, para ver cómo está su percepción visual, la auditiva, la táctil, etcétera”, lo cual sería un camino alternativo para el tratamiento de estos trastornos. “Entonces los protocolos de atención deberían incluir terapias de integración sensorial, que permitan a los pacientes mejorar el procesamiento de sensaciones, pues no se pueden exigir cambios conductuales a un paciente con autismo cuando, por ejemplo, tiene hipersensibilidad visual y todo le molesta”, enfatiza Becerra.

Lo anterior permitiría además aprovechar la principal etapa de desarrollo del sistema nervioso humano, comprendida entre los dos y los doce años. “Al diagnosticar con estos criterios más temprano, tendríamos más tiempo para decir: ¿qué recupero de este sistema o cómo favorezco sus podas sinápticas, sabiendo que dependen de la estimulación sensorial?”.

Hasta el momento, los resultados recogen la experiencia aplicada a moscas silvestres y el siguiente año se estudiarán las mutadas (que solo presentan una de las dos proteínas), de tal forma que se pueda completar la observación del funcionamiento de cada proteína por separado y compararlo con lo registrado en un contexto de interacción, que se logró con el estudio de las moscas silvestres.

 


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Exploración de la interacción neuroligina-FMRP durante el proceso de poda axonal posnatal dependiente de actividad en cepas silvestres y mutadas de Drosophila melanogaster
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Lina Vanessa Becerra Hernández
COINVESTIGADORAS: Juliana Rengifo y Marcela Santaella
Facultad de Salud
Departamento de Ciencias Básicas de la Salud
Grupo de Investigación en Ciencias Básicas y Clínicas de la Salud
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-actualmente