El gigante mundo microbiológico

El gigante mundo microbiológico

Col Marcela Franco

Cuando se escucha la palabra “microbiología”, la primera expresión es: ¿Micro qué? ¿Qué es eso? ¿Para qué sirve? Es, en realidad, un área de las ciencias biológicas que ha permitido entender muchos comportamientos de la vida en general. Un mundo gigante, invisible a nuestros ojos. Un mundo que nos protege de enfermedades, aunque creamos que todos los microorganismos son los que las causan, debido a que la microbiología tradicional se dedicó a estudiar solamente aquellos que nos enferman.

Con el fin de profundizar en los aspectos positivos de estos seres tan minúsculos, de la Pontificia Universidad Javeriana realizó una exposición en la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J., del campus universitario, presentando los múltiples beneficios que traen los microorganismos a nuestras vidas, aspectos que se estudian en los énfasis de la carrera. . Son muchas las investigaciones que se realizan con los microorganismos, poniendo al servicio de la industria (farmacéutica, agrícola, de alimentos, entre otras) o del medio ambiente, los compuestos que ellos producen o sus mismas células para un desarrollo a nivel biotecnológico.

Aunque los científicos llevan más de tres siglos estudiando los microorganismos, aún falta mucho por conocer, teniendo en nuestras manos la capacidad de investigar e innovar en diferentes aspectos de desarrollo y beneficios que se pueden obtener a partir de estos seres microscópicos. Se estima que solamente conocemos el 1% de los microorganismos, y tenemos la posibilidad de explorar el otro 99%.

En el marco de la celebración del día del microbiólogo, la exposición honró las primeras publicaciones de Anthon van Leeuwenhoek sobre los animáculos , como él mismo los denominó, o microorganismos que observó en unas lentes improvisadas que fueron el arranque del desarrollo del microscopio. Sin la existencia de estos microrganismos efectivamente no tendríamos muchas enfermedades, pero tampoco tendríamos antibióticos, antitumorales, inmunoestimuladores, etanol, cerveza, vino, pan, vacunas, quesos madurados, yogurt, probióticos, vitaminas, ácidos orgánicos, entre otros; no contaríamos con un potencial para descontaminar las aguas residuales o los derrames de petróleo en nuestros suelos y aguas, para disminuir agroquímicos en los cultivos; no entenderíamos las diversas posibilidades que existen de adaptarse a condiciones medio ambientales extremas que presentan algunos microorganismos y que nos permiten determinar formas alternas de vida o soluciones a situaciones adversas.

La Javeriana cuenta con la Colección de Microrganismos, donde se conservan los hongos y las bacterias de interés clínico, biotecnológico, industrial y ambiental. Es un espacio que permite garantizar la viabilidad de las cepas obtenidas en investigación y docencia por largos periodos de tiempo.

Tener la posibilidad de que nuestros estudiantes, basados en los conocimientos adquiridos, se diviertan generando dibujos a partir del crecimiento de las bacterias en diferentes medios de cultivo, o produzcan tejidos que visualicen los hongos o las rutas metabólicas, demuestra la pasión que genera la microbiología en cada una de las áreas en que se puede estudiar, llegando a convertirse en grandes científicos/investigadores, ejemplificado en muchos de nuestros egresados que continuamente nos remiten sus logros profesionales.

 


* Microbióloga, PhD. Directora Carrera de Microbiología Industrial.

Un niño, un científico, una bata y un tubo de ensayo pueden cambiar al mundo

Un niño, un científico, una bata y un tubo de ensayo pueden cambiar al mundo

Col Bryann Avendaño

Sí, un niño, un científico, una bata y un tubo de ensayo pueden cambiar al mundo. Parafraseo la famosa frase de Malala Yousafzai, quien recibió el premio Nobel de Paz en 2014: “Un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”, porque me atrevería a decir que estamos viviendo una revolución científica en Colombia.

¡Los niños y jóvenes colombianos se pusieron la bata!, esta fue nuestra frase bandera durante la semana del 18 al 24 de junio de este año (2018), cuando se realizaron los Clubes de Ciencia Colombia, programa creado por estudiantes de posgrado en Boston que lleva la educación científica a zonas apartadas del país. Esta iniciativa de alto impacto para la región arrancó en México a mediados de 2014 y se ha replicado en cinco países de América Latina (Bolivia, Brasil, Paraguay, Perú), llegando a Colombia en 2015. En su cuarta versión se realizaron 84 clubes en los que participaron 138 científicos colombianos provenientes de las 20 mejores universidades del mundo, y cerca de 300 colaboradores y aliados, gracias al patrocinio del SENA y COLCIENCIAS; así se benefició a más de 1.600 estudiantes entre los 11 y 17 años.

Los Clubes de Ciencia son cursos intensivos en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas —áreas conocidas como STEM— acompañados por instructores extranjeros y científicos colombianos comprometidos con la transformación social del país. Además de hacer educación científica con niños y jóvenes, los Clubes de Ciencia conectan también a investigadores colombianos en el exterior con sus colegas residentes en Colombia y teje redes de colaboración científica entre los diversos actores involucrados, desde universidades, centros de investigación, tecnoacademias y tecnoparques del SENA, hasta colegios e instituciones y fundaciones para el fomento de la educación STEM en Colombia.

Yo dedico mi tiempo, motivación y esfuerzos para aportar a este programa que para mí significa “despertar vocaciones científicas”, para hacer de Colombia una nación de ciencia. El programa Clubes de Ciencia trata de cambiar mentalidades y generar habilidades científicas y técnicas no sólo en los estudiantes que participan aprendiendo sobre cualquier disciplina, sino para los científicos instructores que, a cambio de una experiencia transformadora, desarrollan habilidades sociales y emocionales al trabajar con población vulnerable del país;  se conectan con la realidad rural de Colombia y se comprometen a volver a su patria para construir el futuro de una nación que valore y apoye la ciencia como motor de transformación social.

Temas como diseño de aeronaves, robótica para el emprendimiento, computación, energías renovables, internet de las cosas, química de productos naturales y genética forense, entre muchos otros que traen los instructores a partir de sus tesis de maestría y doctorado, prometen motivar en niños y jóvenes colombianos la pasión por la ciencia y la tecnología para descubrir nuevos talentos. Al final del curso que combina teoría y práctica, los participantes realizan un proyecto de investigación y lo presentan en la feria científica y de emprendimiento que se lleva cabo entre el 18 y 24 de junio, y del 8 al 13 de octubre al finalizar la semana.

“Es importante volver a Colombia e incentivar vocaciones científicas porque es fundamental que desde pequeños cambiemos la mentalidad de que sí es posible hacer ciencia de primer nivel en este país. Eso nos abre las ventanas del mundo para conocerlo y aprender de lo que se ha hecho bien, pero también en lo que nos hemos equivocado. La ciencia es eso: aprender de los errores, mejorar y construir sobre ellos. Me parece que lo que aportamos esta semana será beneficioso para todos”, decía con gran ánimo el instructor colombiano Miguel Tovar, PhD, científico del Instituto Leibniz en Jena, Alemania, participante de uno de los clubes en 2018 en el departamento de Nariño.

Por otro lado, las sonrisas y comentarios positivos de los participantes se veían y escuchaban en los laboratorios, espacios de taller y pasillos de las tecnoacademias y universidades donde se realizaron los clubes. “Uno de los momentos más felices de mi vida fue tener la oportunidad de participar, porque a mí me gusta investigar y es el tema que me apasiona; los clubes me cambiaron la vida”, dijo Francy Basante, participante del club ‘¡Energizando! – Búsqueda de soluciones energéticas alternativas’, realizado en las Tecnoacademias del municipio de Túquerres, Nariño.

Tener investigadores de renombre internacional en diferentes municipios de Colombia compartiendo no solamente sus conocimientos sino sus experiencias de vida con los estudiantes, es una oportunidad única. Con este programa estamos convencidos de estar cerrando las brechas educativas que tiene la ciencia en el país. Estamos seguros, como científicos, de que el aporte de una semana puede ser potente para que niños y jóvenes vean que sí es posible una vida dedicada a la ciencia, que se puede mejorar nuestra calidad de vida sin importar el lugar geográfico donde nacemos y que es posible, siendo embajador de este importante encuentro científico, inspirar a la nueva generación de científicos colombianos en lo que es el evento en ciencia y tecnología para jóvenes más importantes para el futuro del país.

 


*Científico, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM -ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas; becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

Periodismo y comunicación de la ciencia, siempre tema de debate

Periodismo y comunicación de la ciencia, siempre tema de debate

Lisbeth

Estoy en Ciudad de Panamá. Participo en el II Foro Abierto de Ciencias de Latinoamérica y el Caribe, CILAC 2018. Estoy hablando y escuchando sobre ciencia, política científica, comunicación de la ciencia y periodismo científico. Nos quejamos, ningún país de la región puede alzar su voz y contar sobre lo bien que lo hace, solo unas experiencias aisladas, interesantes, innovadoras, impecables si se quiere, diseñadas, promovidas y ejecutadas con todo el convencimiento de quien está detrás, pero… una golondrina no hace verano.

¿Cómo convencer a los tomadores de decisión para que crean que el apoyo a la actividad científica genera resultados y bienestar para el país? ¿Cómo lograr un diálogo fluido entre los científicos y los diferentes públicos, léase periodistas, políticos, industriales, comunidades minoritarias, jóvenes y niños, por mencionar solo algunos? ¿Y cómo superar estas preguntas y hacernos otras cuando ya tengamos las respuestas y hayamos superado esa etapa?

Compartiendo un panel sobre ciencias sociales en esta reunión, el exdirector del Instituto Nacional de Salud y exrector de la Universidad Nacional de Colombia, Moisés Wasserman, sentenció: “Cuando las respuestas no tienen efecto hay que empezar a sospechar de las preguntas”. Entonces seamos más proactivos y en lugar de reformular preguntas, hablemos de hechos.

En Colombia este tema se está moviendo y lo está haciendo de tal manera que, me atrevería a decir, las acciones y las intenciones nos posicionan como uno de los países de la región en los que más se están ensayando y ejecutando propuestas para acercar a las comunidades, en respuesta quizá a la política de apropiación social de Colciencias, pero también a que los científicos cada vez están más sensibles a contar sus historias.

Cada vez más universidades ofrecen información a periodistas sobre los resultados de las investigaciones que llevan a cabo sus científicos, y cada vez mas los investigadores quieren llegar a las diferentes comunidades que, de una u otra manera, se ven beneficiadas con el nuevo conocimiento generado porque, además, están siendo invitadas y sus conocimientos son incluidos en la producción de esos estudios.

Y en ese sentido, hablando en un panel de acceso abierto, el ecólogo canadiense Jeremy McNeil hizo énfasis en que este concepto no se refiere solo a las publicaciones científicas, también busca que la ciencia se comunique con la humanidad, es decir, “compartir con otros, y otros significa el público. Si hacemos que la gente se involucre con la ciencia a través de muchas formas, ganaremos credibilidad y lograremos realmente una sociedad abierta”.

Col-Per-Científico-1El ecólogo canadiense Jeremy McNeil (izq.) conversa con Lisbeth Fog, editora general de Pesquisa Javeriana.


Sobre el periodismo científico

El tema recurrente fue la credibilidad y la confianza en nuestras historias. El mundo del periodismo ha cambiado. El periodismo científico tiene que ir al paso de los avances y adaptarse a las nuevas maneras de informar, de contar las historias de la ciencia, la tecnología, la innovación, el desarrollo de nuestros países, para llegar a más audiencias y generar credibilidad.

Con este abanico de posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones, uno de los retos del periodismo científico, en salud y ambiente por ejemplo, es ganar la carrera por convertirnos en el sitio escogido por las audiencias para informarse sobre ciencia. Que nos crean.

En esta labor inciden varios factores, entre ellos: hacer nuestro trabajo con profesionalismo, ojalá con una buena base de formación —que pronto será posible en la Pontificia Universidad Javeriana—; escoger con lupa nuestras fuentes, con testimonios que realmente aporten a las historias, de manera ética y generosa; conformar equipos de profesionales con experticias en las diferentes formas de comunicar, gracias a los cuales los productos sean pensados y adecuados para las audiencias a las que van dirigidos.

No somos muchos los periodistas científicos en América Latina; Colombia no es la excepción. Pero ya somos más y mejor formados, y mi percepción es que somos uno de los países donde estamos mejor. Eso me alegra, y me lleva a proponerles a mis lectores que no bajemos la guardia. Lo estamos haciendo bien, sigamos buscando espacios para que, tarde o temprano, lleguemos con el mensaje científico a la mayor cantidad de ciudadanos posible. Una cultura científica colombiana… suena bien, ¿no?

La influencia de Elinor Ostrom

La influencia de Elinor Ostrom

Col Daniel Castillo
Conocí a Elinor Ostrom en 2005, en su taller de análisis de políticas públicas en la Universidad de Indiana. Yo había sido invitado a participar en un seminario en el que se hablaba de los retos de la gobernanza de los recursos de uso común; acostumbrado a los típicos espacios académicos con figuras muy importantes haciendo presentaciones y desapareciendo del escenario, esperaba algo similar, pero fue sorprendente. Me encontré en un lugar realmente interdisciplinar con todo el espacio para poner sobre la mesa mi perspectiva y discutir con los demás participantes, en especial con la profesora Ostrom, presente y disponible permanentemente.

Así, tuve con ella una de las conversaciones más significativas de mi vida académica sobre mis estudios de doctorado. Fue una charla en la que no hablamos casi de asuntos técnicos sino más de temas personales en cuanto a mis expectativas con el doctorado y sus opiniones al respecto. De este encuentro salí con un plan claro, incluido director de tesis al que conocí en la misma reunión, además de un proyecto dentro del cual desarrollaría mi investigación y del cual la profesora Ostrom era codirectora. Lo interesante es que, en un grupo de aproximadamente quince asistentes al evento, ella tuvo conversaciones del mismo tipo con todos; al final cada uno de los participantes regresó a su casa con una luz nueva para sus tránsitos vitales, que incluían desde estudios futuros, proyectos y preguntas de investigación hasta opciones de cambio de lugar de trabajo.

En 2012 conocí al antropólogo Fikret Berkes en Estambul, a quien después de saludar me dijo: “Ah, usted es uno de los afortunados de haber estado cerca de ella y beneficiarse de su influjo”. Eso significaba Elinor Ostrom, una especie de faro al cual, en cada oportunidad que uno se acercaba, tenía una respuesta, una idea o una orientación, simple, clara y amorosa; lo mismo ocurrió durante los diferentes encuentros con ella, en 2006 en la Javeriana, en 2009 y 2010 en el Centro para el Estudio del Comportamiento, Instituciones y Ambiente de la Universidad de Arizona, del cual era codirectora y cofundadora.

Después de conocer a la profesora Ostrom, uno entendía el profundo significado de la cooperación y de la interdisciplinariedad, elementos que hicieron parte inherente de su vida y que practicaba diariamente. Incluso,  uno pasaba a hacer parte del grupo de personas elegibles para contribuir mediante inversión de tiempo con su esposo, el politólogo Vincent Ostrom, de más de 90 años, mientras ella estaba en reuniones y charlas académicas; como Vincent no podía estar solo, nos turnábamos acompañándolo y oyendo sus historias mientras la profesora Ostrom volvía. Me correspondió el turno una mañana durante la cual se encargó de explicarme las razones por las cuales lo más importante es que la gente pueda ser autónoma y que se les permita resolver sus propios problemas.

Los esposos Ostrom iniciaron su relación de pareja durante la investigación de doctorado de ella, siendo Vincent su director. Él fue un influyente politólogo, quien, entre otras cosas, ayudó a impulsar la Constitución de Alaska, la cual tiene una dimensión muy importante en recursos naturales. Entre los dos desarrollaron el concepto de gobernanza policéntrica, entre otros temas, además de ser pioneros en la puesta en práctica del trabajo interdisciplinario por medio de su taller de análisis de políticas públicas. Esta relación fue muy productiva en el campo académico, donde se fue madurando la pregunta que orientaría la investigación de la profesora Ostrom y a la que dedicó su vida profesional: ¿Cómo hacen los usuarios directos de los recursos de uso común para manejar y resolver los problemas asociados a su utilización y mantenimiento? Las respuestas comenzaron a tomar forma a principios de los años 90.

Estos hallazgos tienen que ver con el autogobierno y la necesidad de permitir y crear espacios propicios para que las personas diseñen sus propias reglas de juego sin que el Estado las imponga, lo cual ha tenido consecuencias importantes en la teoría del diseño de políticas públicas, pues la idea de fondo consiste en la inconveniencia de diseñarlas como si fueran panaceas y, más bien, entender los contextos locales y particulares de cada comunidad, compartir el poder y permitir esquemas de co-manejo Estado-comunidad para, realmente, generar sostenibilidad.

Sin ser economista, y por demostrar esta idea, Elinor Ostrom ganó el Premio Nobel de Economía en 2009, la única mujer en obtenerlo hasta el momento.

 


*Profesor asociado del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales.

El cuento de hadas del Premio Nobel de Paz

El cuento de hadas del Premio Nobel de Paz

Daniel Cruz Col
Casi al mejor estilo de una crónica o de un cuento corto, algunos medios de comunicación destacaron la llamada que recibió el expresidente Juan Manuel Santos en octubre de 2016 por parte de un representante del Comité Noruego del Nobel anunciándole que se acababa de ganar el premio Nobel de Paz. Para buena parte de la sociedad colombiana que estaba en medio de un proceso político de negociación del fin del conflicto armado, fue un boom aquella noticia que despertó el interés y las criticas de todo el país. No es de extrañar esta reacción, más si recordamos que el Nobel de Paz siempre ha estado rodeado de intrigas y reveses, no solo por los personajes que se han llevado el galardón, cuestionados por sus pasados y posiciones políticas, sino por los que nunca lo recibieron, como Mohandas Karamchand Gandhi (nominado en cinco oportunidades).

Los ganadores del Nobel más reconocidos y respetados por su coherencia con la paz desde una visión social, religiosa o política son la Madre Teresa de Calcuta, Malala Yousafzai, Nelson Mandela, Aung San Suu Kyi y Desmond Mpilo Tutu. Las controversias y críticas a los que se han ganado el premio Nobel de Paz se encuentran en paradojas como las del presidente estadunidense Theodore Roosevelt, quien ganó el Nobel por la mediación exitosa en la Guerra Ruso-Japonesa, obviando su participación y tomas de decisiones en, por ejemplo, la “insurrección independentista filipina, en la que las tropas norteamericanas cometieron el primer genocidio del siglo XX”. De cerca lo sigue Henry Kissinger, de los más controversiales y, de pronto, apresurados ganadores: en 1973 recibe el galardón con fuertes indicios, que luego fueron comprobados, de su injerencia en el bombardeo a Camboya en la guerra de Vietnam, la toma militar y genocidio en Timor Oriental y las operaciones en Chile para derrocar a Salvador Allende. Le Duc Tho, el otro ganador de ese año junto con Kissinger por los acuerdos de paz de París, declinó recibir el Nobel porque las tropas norteamericanas seguían en Vietnam y el conflicto bélico no se había detenido.

Al seguir avanzado en la historia de los Nobel de Paz, aparecen personalidades internacionales altamente cuestionadas como Yasir Arafat, Shimon Peres e Isaac Rabin (1994). Su participación en la creación de los acuerdos de Oslo para mejorar los conflictos en  Medio Oriente habría sido la causa de su escogencia en ese año, pero lo acordado no tuvo impacto real en el desescalamiento de  las agresiones entre palestinos e israelíes. Barack Obama (2009) y Juan Manuel Santos (2016) han sido los dos últimos casos envueltos en dudosas conductas. El primero por promover acciones armadas en Afganistán (2009), Libia (2011) e Irak (2014), incluso “Obama consideró no ir a recoger el premio a Oslo, la capital de Noruega”; el segundo, por su pasado como Ministro de Defensa en Colombia y la fuerte polarización política que se vivió con el plebiscito por la paz.

Como en todo cuento de hadas pueden existir héroes y villanos, lo que sí es cierto es que la agenda política internacional en lo referente al Nobel de Paz viene tomando partido por la participación en algún tema o negociación de orden mundial o regional por encima de pequeñas iniciativas. Unas invisibilizan a las otras, como si lo internacional borrase lo local en un intento de fijar una paz al estilo internacionalista más que culturalista. No es de extrañar, por ejemplo, que nominaciones como las que afirma el presidente de Corea del Sur sobre su homólogo estadunidense se hagan realidad en algún momento: “Donald Trump, sería un digno ganador del Premio Nobel de la Paz por su labor para descongelar las relaciones con Corea del Norte”.


* Coordinador académico del Programa de Educación para la Paz, de la Pontificia Universidad Javeriana.

El año sin Premio Nobel de Literatura

El año sin Premio Nobel de Literatura

Henao de Brigard
Este año, la Academia Sueca tomó la decisión de no conceder el premio Nobel de Literatura. Las graves denuncias de acoso sexual y corrupción afectaron la credibilidad de la institución y condujeron a la renuncia de varios de sus miembros, entre ellos la de su presidente, Sara Danius, y la de la escritora Katarina Frostenson, cuyo marido, el francés Jean-Claude Arnault, fue acusado de acosar y abusar de 18 miembros femeninos. Arnault utilizaba un centro cultural —del cual era director, y que se había constituido en el filtro de la escena cultura sueca— para presionar y acosar a las mujeres.

Gran parte de la fama de la Academia se debe al aura de inaccesibilidad que la rodea, la cual ha conducido a que sus miembros hayan tomado con frecuencia decisiones discutibles: unas de ellas arriesgadas, otras mediocres, y algunas otras hasta absurdas. Lo ocurrido ha desvelado que, en realidad, era un grupo que aprovechaba su poder mundial a cambio de favores locales.

Entre tanto, y con la ayuda de un grupo de juristas, la Academia Sueca ha efectuado una interpretación de los estatutos, que datan de 1786, para ajustarla a los tiempos actuales; los resultados, sin embargo, no se han dado aún a conocer.

Hacía 75 años que la Academia Sueca no dejaba de conceder el Premio Nobel de Literatura. En este tipo de casos, se concede un premio doble al año siguiente. Así, pues, en 2019 tendremos a dos ganadores.


*Profesor asociado del Departamento de Literatura, Pontificia Universidad Javeriana.

La Política de Ética y las universidades

La Política de Ética y las universidades

Col Díaz C
Vivimos tiempos en los que la producción, aplicación, transformación e innovación del conocimiento científico se ha vuelto fundamental para el desarrollo y crecimiento de las sociedades. En torno a esta realidad, Estado, personas e instituciones, y entre ellas las universidades, necesitan trabajar mancomunadamente para encontrar soluciones a problemas de distinto orden y en campos tan diversos como salud, agricultura, medio ambiente, industria e infraestructura, entre otros, pero también dando cabida a la curiosidad propia de los seres humanos que buscan explicar y entender los fenómenos de todo lo existente. Así crece la ciencia.

La investigación científica no se hace de cualquier manera sino que debe orientarse por determinados criterios. Para empezar, están los de orden metodológico y procedimental. También han de considerarse aspectos éticos, legales, culturales y políticos, buscando que la investigación alcance el objetivo de producir conocimiento relevante, válido y aplicable, a la vez que se respetan los derechos no solo de las personas sino de los demás seres vivos y la naturaleza, en una perspectiva que asume el universo y la vida como instancias a explorar y entender, pero sin destruir ni exterminar, evitando, además, que en la investigación científica no se perviertan ni los fines ni los medios, como tampoco que ésta se vuelva fuente de explotación o abuso.

En este sentido es de celebrar que en Colombia, mediante la Resolución 0314 de 2018, Colciencias haya adoptado la Política de Ética de la Investigación, Bioética e Integridad Científica. Es el resultado de varios años de discusiones, trabajo y consensos entre diversos actores del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación bajo el liderazgo de esa entidad.

En este escenario las universidades deben reflexionar sobre sus responsabilidades a la hora de hacer realidad dicha política, no solo porque son centros generadores de conocimiento sino porque son lugares privilegiados para la transmisión de determinados valores y principios, todos necesarios para garantizar una investigación de calidad y legítima éticamente. Es en la universidad donde se siembra la semilla de los buenos investigadores, tanto en lo tecno-científico y metodológico como en lo ético y legal. El buen uso de los recursos, la honestidad, la integridad científica y el compromiso social, así como el respeto a todos los principios y valores que deben guiar la investigación científica, serán una realidad si a diversos niveles y en diferentes momentos nos preocupamos por una enseñanza adecuada, que incluya, por ejemplo, a la bioética y áreas afines.

Pero no solo hablamos de clases o talleres, los procesos y el quehacer mismo de la universidad en el día a día, en particular cuando se trata de investigación, deben teñirse de ética e integridad. Se trata de contar con buenos modelos, para que los estudiantes reconozcan qué es ser un buen investigador, íntegro y comprometido con su trabajo, y sientan así el deseo y la necesidad de ellos ser también así.

Sin duda. esta política es un buen primer paso, una gran oportunidad para que en Colombia sigamos avanzando hacia la consolidación de un Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación guiado por la excelencia en todos los sentidos, y para lo cual las universidades deben asumir la tarea de promover con entusiasmo y permanentemente, desde lo teórico y lo práctico, la ética de la investigación, la bioética y la integridad científica.

 


* Profesor del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. Participó activamente e, incluso, escribió uno de los capítulos del libro resultante de las conversaciones, talleres y reflexiones que resultaron en la Política Nacional de Ética de la Investigación, Bioética e Integridad Científica. Dicho trabajo se tituló Ética de la investigación con seres humanos y conflictos de interés: una preocupación actual.

El lenguaje de Humboldt

El lenguaje de Humboldt

Col Gomez C

“En tiempos de nuestro viaje, un viejo papagayo nos fue indicado en Maypures,
del que los habitantes locales decían, y el hecho es importante de anotar, que
ellos no entendían lo que decía, porque hablaba la lengua de los atures”.
Alexander von Humboldt
Relation historique du voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent


“En las selvas del Orinoco,
vive solitario un viejo papagayo,
frío e inmóvil, como si su imagen
hubiera sido esculpida en la piedra.
Olas espumosas cubren el cavernoso río,
que truena en los vuelos del torrente,
más arriba, las gráciles palmeras
se bañan en la luz de un sol alegre.
[…] Abajo, donde ruedan las olas,
yace una nación hundida y muerta;
rechazada de su hogar y tierras,
halló refugio en estas rocas.
Allí murieron los aturianos,
libres y valientes como habían vivido;
y sus últimos vestigios permanecen
en la tumba bajo el limo espeso del río.
Es aquí donde el último de los aturianos,
el viejo papagayo, se queja en su duelo;
afila su pico en las ramas
y hace resonar su grito por los aires.
Ay! de los niños que le enseñaron
a repetir su lengua materna,
y de las mujeres que lo criaron
construyéndole su nido:
Yacen exterminados y olvidados,
tendidos sobre las riberas,
y sus gemidos plañideros
no despiertan ya a nadie.
Así, abandonado e incomprendido,
los llama en un lenguaje extraño;
sólo el ruido de las olas le responde.
No hay un alma que comprenda.
Y el salvaje hoy que lo percibe,
pasa raudo en su canoa;
nadie, sin un secreto terror
ve al papagayo de los aturianos”.
Ernst Curtius
The Parrot of the Aturians

Alexander von Humboldt, como el papagayo de los aturianos descrito en el epígrafe anterior, le habla a nuestros contemporáneos en un lenguaje que parece no comprenderse hoy. Un lenguaje que el académico alemán Ottmar Ette analizó bajo el título de Ciencia, paciencia y conciencia. Este lenguaje, aparentemente arcaico en una sociedad vertiginosa de inmediateces, logró concretar y sintetizar en el siglo XIX —muy pacientemente a través de tres cuartos de siglo verdaderamente vitales— las ilusiones holísticas que habían surgido en la antigua Grecia con las elaboraciones de los filósofos presocráticos.

El lenguaje del menor de los Humboldt en el siglo XIX buscaba conectar el todo, investigando cómo se entretejen todas las fuerzas naturales en una concatenación general que no tiene una dirección simple y lineal, unívoca, sino que conforma un tejido entrelazado en forma de red.

En este sentido, puede parecer paradójico haber presentado en esta obra una sucesión lineal y escalonada de capítulos disciplinares que, tras dar cuenta del paso a paso de la comisión humboldtiana y sus contactos neogranadinos y luego colombianos, tratan de manera independiente la cartografía, la astronomía, el paisajismo, la arqueología, la zoología, la paleontología, la geografía e hidrología, la antropología, la geología y la botánica. De la misma manera, parecería un contrasentido haber desagregado los hallazgos específicamente neogranadinos de su obra global que cubrió al menos dos continentes y postuló conceptos fundamentales, como las líneas isotermas y la geografía de las plantas, en diferentes latitudes y longitudes.

Sin embargo, tanto como el prusiano llenó paciente y conscientemente, página por página, sus diarios de viaje y cuadernos de notas, hemos optado por esta misma estrategia en torno a lo descrito en un territorio que no ha terminado de definir sus límites dentro de fronteras que son más políticas que geográficas. La reunión de los eslabones neogranadinos (o colombianos) a partir de la obra de Humboldt, una vez dispuesta sobre la mesa la mayoría de los elementos disponibles para configurar esta sección del entramado humboldtiano, permitirá tejer la red de nociones biogeográficas y sociales para este territorio —y para los circundantes— tal y como lo requiere el modelo propuesto por el viajero alemán.

A través de hallazgos disciplinares, en lo que hemos llamado una Humboldtiana neogranadina, se relacionan los componentes percibidos por Humboldt en su paso por territorio del Virreinato de la Nueva Granada entre 1800 y 1803, así como en sus correspondencias entre 1804 y 1859 con diferentes protagonistas decimonónicos del naciente país que se llamó Colombia. Esta misma estrategia, que permitirá a los estudiosos de cada disciplina —y a los totalizadores de la ecología— ajustar la trama de la naturaleza meridional, servirá a los historiadores de la ciencia para dar cuenta de un tejido social relativamente desconocido hasta el presente, cuyos componentes se han descrito previamente de manera fragmentada y, diríamos, sesgada, bajo el signo de las luchas políticas más que bajo el de contiendas intelectuales y científicas.

Después de todo, la mayoría de los neogranadinos citados por Humboldt se conocen solo desde el ángulo de su función sociopolítica en las luchas de la independencia, y muy poco en sus eventuales dimensiones complementarias, incluyendo la dimensión científica.

Una red de hallazgos disciplinares humboldtianos en los dominios de la naturaleza neogranadina, sumados a la red de contactos neogranadinos y colombianos que se presenta en los primeros tomos de esta obra, permitirán consolidar a Alexander von Humboldt como uno de los mayores conectores universales que ha producido la humanidad. Pero, en realidad, más allá de una nueva exaltación hagiográfica de este personaje histórico, esperamos que la presente elaboración aporte elementos clave al estudio del desarrollo de nuestra sociedad a través de una de las más abundantes series de contactos y personajes del siglo XIX, sintetizada en un índice onomástico que incluye cerca de 2.000 individuos, entre los que se deben destacar un número que sobrepasa los 250 personajes, explícitos o genéricos, que interactuaron con el prusiano en (o en torno al) territorio que hoy comprende Colombia en la esquina norte de Suramérica.

Un país unido para estudiar sus peces

Un país unido para estudiar sus peces

Chiri JM

Durante los últimos cuatro años Colombia vivió dos episodios esenciales para el estudio de nuevas especies de peces: el proceso de paz con las FARC y la decisión del gobierno saliente de Juan Manuel Santos de ayudar a consolidar el sistema de áreas protegidas en Colombia, lo que fortaleció la conservación de ecosistemas estratégicos del país en las zonas Andina, Orinoquía y Amazonía. No obstante, estas regiones de conservación están fuertemente amenazadas por la especulación y acaparamiento de tierras, lo que ha incrementado las tasas de deforestación, las más altas en el país según documentos oficiales recientes.

Decisiones tomadas recientemente, así como iniciativas en desarrollo desde el nivel local, nacional y global para contrarrestar esta situación, pueden ayudar a salvaguardar esta región: la ampliación del Parque Nacional Natural (PNN) Serranía de Chiribiquete, situado en los departamentos de Caquetá y Guaviare a un área total de 4’268.095 hectáreas; su declaración como patrimonio de la humanidad por la UNSECO; la legalización y expansión de varios territorios indígenas en el corredor Andino Amazónico (Caquetá y Putumayo); la declaratoria de la serranía la Lindosa (Guaviare) como Reserva Forestal Protectora Nacional y Área Arqueológica Protegida (AAP); la ruta declaratoria (en proceso) de un área protegida regional en Guaviare como un corredor que garantice la conectividad Andes-Amazonia y la amortiguación de áreas núcleo de conservación, como son las reservas forestales protectoras de la Lindosa, Capricho, Cerritos y Mirolindo (Guaviare) y los PNN Serranía de Chiribiquete y Sierra de la Macarena; y  la ruta declaratoria de un área protegida regional en Caquetá, cuencas baja del río Caguán y alta del Caquetá, que ayude a conservar la conectividad de los PNN La Paya y Serranía de Chiribiquete.

Algunas organizaciones de diversa índole, públicas, privadas e internacionales, han invitado al Laboratorio de Ictiología de la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ), a participar de estas iniciativas, considerando que el de peces es uno de los grupos biológicos estratégicos por dos razones:  la información que aporta sobre los ecosistemas acuáticos de la región y su estado de conservación, que generalmente no han sido tenidos en cuenta a la hora de establecer las diferentes figuras de conservación en la región, y por los estrechos vínculos culturales y económicos que tienen con las comunidades de colonos, campesinos e indígenas que habitan allí.

Desde 2014 y con un total de cinco expediciones realizadas hasta la fecha (ver mapa), investigadores del laboratorio iniciaron un levantamiento sistemático en campo en esta área de transición Andino-Orinoquia-Amazonas, que a la fecha ha conllevado a llenar vacíos geográficos de información, el descubrimiento de nuevas especies de peces para la ciencia (algunas de las cuales ya han sido descritas formalmente y otras están en proceso de descripción), incrementar el número de especies consideradas como endémicas tanto de la cuenca del Orinoco como la del Amazonas, y ampliar los rangos de distribución de especies previamente no registradas para las cuencas de los ríos Guaviare, Inírida, Vaupés y Caquetá.

Los registros y datos obtenidos en estas expediciones también han sido importantes en la consolidación de las colecciones de peces de agua dulce a nivel nacional y en la actualización del listado de peces de agua dulce de Colombia, en el cual se registran un total de 710 y 675 especies de peces en las zonas hidrográficas de Amazonas y Orinoco, respectivamente.

Todos estos resultados están siendo o han sido incorporados tanto en publicaciones formales (artículos científicos y capítulos de libro), guías de peces o en informes técnicos, como el de la Propuesta de la Ampliación del PNN Serranía de Chiribiquete que se hizo realidad en julio de este año. Adicionalmente, los resultados de estas cinco expediciones han permitido la formación de un estudiante de pregrado de la carrera de Biología, uno de maestría del programa de Conservación y Uso de Biodiversidad, y uno de doctorado del programa de Ciencias Biológicas (en curso) en la PUJ.

Este primer ciclo de expediciones colaborativas a zonas previamente no exploradas de la región se cerrará con el desarrollo de otras tres adicionales, para un total de ocho entre 2014 y 2018 (ver mapa):

  1. Parque Nacional Natural Cordillera de los Picachos y su área de influencia. Desde finales de 2017 se iniciaron conversaciones con la dirección del parque que dieron como resultado la propuesta de realizar una investigación sobre los peces del río Pato (alto río Caguán/Caquetá), necesidad que obedece a los vacíos de este grupo biológico en el área, como a la priorización del río Pato como uno de los valores objeto de conservación del área protegida. Esta expedición ayudará a responder una pregunta esencial: ¿cuál es el estado y composición de los peces presentes en el río Pato y Guaduas?
    Estos resultados serán complementarios a los obtenidos en el mes de abril, en el Inventario Biológico y Social Rápido 30 coordinado por The Field Museum y la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) en la cuenca baja del río Caguán, Caquetá, zona de transición entre el PNN La Paya y el PNN Serranía de Chiribiquete. Esta colaboración entre Parques Nacionales Naturales y el Laboratorio de Ictiología de la PUJ constituye una de las primeras actividades de investigación en colaboración que se desarrollarán a través del recién firmado permiso marco de recolección de especímenes de la diversidad biológica, con fines de investigación científica no comercial.
  1. Resguardo Inga de Yunguillo (Putumayo, Cauca y Caquetá). Desde 2017 se iniciaron conversaciones con Amazon Conservation Team (ACT) Colombia y su programa Putumayo para acompañar a los jóvenes del resguardo en el monitoreo de peces   en los ríos Tilinguara y Villalobos, cuenca alta del río Caquetá, fortaleciendo así los procesos de consolidación de información de grupos biológicos de interés para sus comunidades.
  2. Alto río Apaporis (La Tunia), alto río Yarí (Caquetá). Última expedición a desarrollar en el marco de la primera fase del proyecto Amazon Fish, que cierra a inicios de 2019 con el apoyo de FCDS, The Field Museum, Instituto SINCHI y Parques Nacionales Naturales regional Amazonas. El objetivo de esta expedición es complementar la información recientemente aportada por el Instituto SINCHI en el marco de una de las expediciones de ColombiaBio al río Apaporis y consolidar la información del grupo de peces en el área de ampliación del PNN Serranía de Chiribiquete.
Chiri Mapa
Mapa de la zona de expediciones. /Alexander Urbano

Es claro que la consolidación de estas tres expediciones biológicas, y las que a partir de 2019 se puedan definir para desarrollar en esta región, dependerán del panorama frente a la consolidación del proceso de paz por parte del nuevo gobierno. No es desconocido que el ingreso de los científicos a estas áreas ha sido y será posible gracias al acuerdo y al interés genuino de las comunidades locales en pro de fortalecer sus procesos locales de consolidación del territorio. También al trabajo y las gestiones que, desde otros ámbitos, han realizado instituciones como la Presidencia de la República, el  Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico, y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).

De esta forma, el Laboratorio de Ictiología de la PUJ busca afianzar las relaciones interinstitucionales para el desarrollo de procesos de investigación en la zona de transición Andino-Orinoquia-Amazonas en el grupo de peces, cuyos resultados puedan ser presentados a diversas audiencias y que, sobre todo, puedan seguir contribuyendo a la toma de decisiones para la conservación de esta región de interés global por su riqueza biológica y cultural.


Algunas de las especies de peces estudiadas son:

Chiri Chaetostoma-joropo-Holotipo
Chaetostoma joropo. /Jorge Enrique García Melo)

 

 

Gladioglanis anacanthus (Jorge Enrique García Melo)
Gladioglanis anacanthus. /Jorge Enrique García Melo.

 

 

Hemigrammus sp. nov. (Alexander Urbano).
Hemigrammus sp. nov. /Alexander Urbano

 

 

Paracanthapoma sp. nov. (Jorge Enrique García Melo)
Paracanthapoma sp. nov. /Jorge Enrique García Melo

 

 

La belleza de la debacle

La belleza de la debacle

N Samper Col

Suena chistoso pero las mejores historias pueden aparecer en los lugares áridos llenos de hombres observando, desde un escalón inferior, a los que con dientes perfectos de teclas de piano se besan y se abrazan mientras agitan los brazos haciendo un ruido extraño, gutural, que se intensifica cuando levantan la copa para demostrar que sí, que no hay mejores que ellos.

Los que están abajo, guardando la medalla de plata en el bolsillo, son un poco como nosotros: cargan un doloroso día de fracaso en su vida por cuenta de una final perdida. Y si hablamos de usted o de mí, las instancias definitivas que se fueron con saldo en contra son más que las vencidas. Porque la vida se encarga de hacernos perder la mayor cantidad de finales que estamos disputando mano a mano, a un solo juego y con gol de oro, sin penales para definir. Nos equivocamos decidiendo sobre el futuro de nuestra vida y cuando entramos en una crisis sin final como el club que a punta de malas decisiones está a punto de perder su lugar en primera división nos espabilamos para arañar la salvación. Y, como en la vida real, a veces esos esfuerzos gestan una inesperada hazaña que puede ser la de seguir viviendo, por ejemplo–, pero no siempre ocurre que se da ese final feliz que nos brindará un respiro y un descanso pensando en la temporada venidera, y de esa manera reordenarnos. ¿En cuántas ocasiones nos hemos ido a la B?

Vivimos más como un club de media tabla para abajo: a veces podemos jactarnos de alguna pequeña alegría. Por ejemplo, una conquista amorosa impensada para nosotros que, en términos futbolísticos, puede ser como ese día en que el Osasuna de Pamplona fue a visitar al encopetado Real Madrid, por allá en 1991, y con tres goles de un largo polaco llamado Jan Urban se llevó el triunfo 4-0. Claro, cuando nos termina la mujer inalcanzable era de esperarse, como si en un párrafo pequeño leemos que un día el Osasuna descendió y a nadie sorprende.

Hay valores y escalas de satisfacción, porque a veces la satisfacción no es el placer en sí mismo: en muchas oportunidades resume el final de un padecimiento. Haga de cuenta que es como ir a sacar el RUT, dejar un par de cuentas de cobro sin que algún funcionario las devuelva, sacar por fin el carro de los patios del Tránsito o vencer en un tribunal al policía que se ensañó contra uno el día en que decidió ponernos una multa que no correspondía.

Cuando el universo se pone a favor y llega la buena noticia su RUT está listo, no devolvieron la consignación hecha sobre la hora, pagó la deuda adquirida con el banco, sentimos que saltamos tan alto como Pelé en aquel cabezazo que deja desairado a Albertosi en la final del 70. Nos vemos tan grandes como Jorge Luis Burruchaga cuando alcanza a tocar con la punta del pie el balón ante la salida temeraria de Harald Schumacher el día que les da a los argentinos su segunda Copa del Mundo. Es la sensación de que por fin tuvimos ese sabor de ahorcar del pescuezo al sistema.

Y justo cuando todo parece por fin dominado, salimos a celebrarlo con la tarjeta de crédito que acabábamos de dejar en cero, porque somos así: después miramos de dónde sacamos para volver a pagar.

Con esa consigna, la de ir a pérdidas de inicio para sentir que a veces se puede estar en superávit, han aparecido libros como Bestiario del Balón, Bestiario de la TV colombiana, Por eso estamos como estamos y, ahora, Lo que el fútbol se llevó. Y todas las historias allí escrutadas cuentan con eso: la esperanzadora opción de encontrar la belleza en las piedras. En la debacle.


 

*Periodista deportivo, columnista y escritor. En su más reciente libro, Lo que el fútbol se llevó, editado por Planeta, recopila historias raras, extrañas y non sanctas de los mundiales de fútbol.