¿La vacuna alterará mi ADN? Un genetista resuelve dudas sobre la vacunación

¿La vacuna alterará mi ADN? Un genetista resuelve dudas sobre la vacunación

Por: María Ximena Montaño Rozo // Fotografía: iStock

Hasta ahora, las vacunas contra la COVID-19 han demostrado ser efectivas y tener baja frecuencia de efectos adversos, así lo asegura el genetista Ignacio Zarante

Después de un año en el que el mundo casi se detuvo a causa de la pandemia por la COVID-19, la ciencia intensificó su trabajo para investigar el funcionamiento del virus y crear un antídoto. Ahora, mientras la vacunación avanza, ha surgido escepticismo en algunos sectores de la población por los posibles efectos adversos que pueda generar esta inyección.

Después de que circularan ´noticias falsas´ afirmando que con la vacuna se implementará un chip de rastreo en los seres humanos o que generará cambios orgánicos, Pesquisa Javeriana conversó con el genetista javeriano Ignacio Zarante, presidente de la Asociación Colombiana de Médicos Genetistas (ACMGEN), para esclarecer estos y otros mitos acerca de las vacunas contra SARS-CoV2.

¿La aplicación de la vacuna puede cambiar el ADN del paciente?

Se ha sugerido que dos tipos de vacunas podrían cambiar el ADN. Una es la de RNA mensajero (RNAm), creada por laboratorios como Pfizer y Moderna.

¿Qué quiere decir que son de RNAm?, que está compuesta de un pequeño fragmento de la información genética que tiene el virus. Esa partecita produce una proteína que es la llave de entrada del virus a nuestras células. Lo que hicieron los científicos fue encapsular ese fragmento de información genética en una burbuja de grasa que viaja hasta las células; allí, el sistema inmune la reconoce como extraña o peligrosa y genera una respuesta de anticuerpos contra el SARS-CoV-2. Esos anticuerpos son los que nos van a proteger en el futuro de una infección del virus real.

Es importante saber que, aunque es la primera vez que esta técnica se utiliza de forma masiva, desde hace mucho tiempo se viene utilizando y había sido probada en vacunas para zika y malaria. Además, para quienes se preocupan por los posibles cambios genéticos que pueda generar este tipo de vacuna, el RNAm definitivamente no entra al núcleo de la célula, por lo que no tiene contacto con nuestro ADN.

La otra vacuna es la de AstraZeneca, hecha de ADN que es transportado a través de adenovirus y va hasta el núcleo, pero no se mezcla con el ADN de nuestras células. Allí, ese fragmento de ADN produce RNA que sale del núcleo y se convierte en la proteína que hará presencia en el sistema inmune para que reaccione y proteja al cuerpo en caso de que este se infecte del virus.

También llegaron a Colombia las vacunas de Sinovac, ¿Cuál es la diferencia frente a las otras?

Sinovac es otro tipo de vacuna que está hecha a la antigua. Tomaron el virus, lo inactivaron con procesos químicos o físicos y lo que ingresa al cuerpo es una cápsula del virus vacía, el cuerpo responde contra ella y luego, cuando el virus vaya a entrar, ya he creado anticuerpos contra esa cápsula y no deja que el virus me infecte.

¿Por qué se pudo crear una vacuna tan rápido?

Por un lado, hay que tener en cuenta que hacer vacunas de virus inactivo o de fragmentos de proteínas es más demorado que producir las de RNAm, lo único que uno necesita para hacer una de estas últimas es la secuencia del virus, con esto, al otro día Pfizer y Moderna ya tenían la vacuna para iniciar todas las fases de validación.

Los estudios de seguridad por los que pasa una vacuna no se pueden suprimir o acortar, y las producidas para la COVID-19 cumplieron con cada uno de los pasos. Entonces, para los que relacionan la rapidez con la que se hizo la vacuna y la idea de que es poco segura, están equivocados.

La celeridad de este proceso se dio por factores económicos y las grandes cantidades de dinero invertidas por parte de todos los países para su ejecución; el reclutamiento de las personas para hacer las pruebas en tiempo récord y la agilización en términos de papeleo.

¿Por qué se deben aplicar dos dosis?

Lo que se ha encontrado es que, al poner la primera dosis, el porcentaje de protección puede ser del 50 al 70 %, pero cuando aplican la segunda, se acerca por lo menos al 90 o 95 %. Si yo estímulo al sistema inmune una vez, él produce una respuesta, pero si dejo pasar un tiempo y vuelvo y lo estimulo, reacciona con mayor potencia.

La vacuna fabricada por Johnson y Johnson está propuesta para una sola dosis y, aunque no llega al 95 %, hace que mejore la eficiencia para lugares de difícil acceso. Las últimas investigaciones de Pfizer sugieren que con una sola dosis se están logrando protecciones muy importantes.

¿Las mujeres embarazadas deben o no vacunarse?

Cuando se estudia un nuevo medicamento o una nueva vacuna, se hace en una población específica, por lo que yo puedo hacer uso de este elemento solo en ese grupo.

La vacuna para el SARS-CoV-2 se validó para usarse en personas entre los 16 y 65 años, en un primer momento, y ahora hasta los 80 años. Aunque ya se empezaron los estudios en niños, los menores de 16 aún no se pueden vacunar. Lo mismo sucede con las mujeres embarazadas.

Está claro que hay que empezar estudios para favorecer a las madres que contraen la infección, pues lo que sabemos es que las embarazadas tienen un riesgo mayor de tener cuadros graves de COVID-19, pero los estudios tardan porque es una población más vulnerable y delicada.

Al respecto, en genética tenemos el consenso de no exponer a una mujer embarazada a un riesgo, por pequeño que sea, cuando existen dudas de que algo le pueda pasar al bebé. Sin embargo, también sabemos que cualquier afectación que pueda padecer el feto se da en el primer trimestre del embarazo, por lo que es posible empezar a validar los efectos inmunizando a las gestantes que se encuentren en los dos últimos trimestres, para que haya menor riesgo.

La sugerencia de OMS, hoy en día, es que se evalúe el riesgo-beneficio en cada caso y en muchos va a ser mejor vacunar que correr el riesgo de exponer a la gestante a la infección natural.
Al día de hoy no hay evidencia de dichos estudios, pero ya se vienen adelantando.

¿Hay una predisposición genética para el desarrollo grave de la enfermedad por coronavirus?

Eso es definitivo, sí hay diferencias genéticas que influyen en el resultado de un cuadro grave por coronavirus. Por ejemplo, una población que se infecta con el mismo virus y solo el 15 % se agrava, tiene que ser porque hay unas particularidades genéticas.

Lo que se ha encontrado hasta ahora es que existen marcadores que refieren un mayor riesgo de llegar a estados de gravedad y son, por ejemplo, los que pertenecen al grupo sanguíneo A. Esto no quiere decir que el grupo sanguíneo sea el causante de la susceptibilidad, lo que indica es que hay unos genes que aproximan tal riesgo.

Aún se siguen estudiando otros marcadores, pero evidentemente no es fortuito que una persona termine en cuidados intensivos, hay que recordar que el que me mata no es el virus, yo soy el que me mato a través de mi sistema inmune. Esa reacción exagerada que termina destruyendo mis tejidos debe tener una base genética y es la que se está estudiando.

Dentro de otras hipótesis no comprobadas, hay que decir que en otras enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, el lupus eritematoso y el asma, se ha encontrado que es muy particular que estas personas se bañen frecuentemente, son extremadamente limpias y tienen poco contacto con microorganismos (tierra, barro, suciedad), entonces, como el sistema inmune no tiene que luchar contra nadie, lo único que le queda es atacarse a sí mismo, esto sucede especialmente en las sociedades occidentales ricas.

Entretanto, en sociedades como las africanas, que tienen sectores de menos recursos, los niños se mantienen en contacto con microorganismos y el sistema inmune está ocupado en hacer su tarea y los protege. Esto podría explicar el acentuado desarrollo del virus en sociedades como la europea, en las que parece haber mayor predisposición a cuadros graves, sin exceptuar otros factores, como el hecho de que son poblaciones más longevas.

¿Cómo contrarrestar futuras pandemias?

La salud pública y la atención primaria, en el caso de las pandemias, es mucho más importante que toda la tecnología que tienen los laboratorios para crear vacunas. La respuesta para defenderse de las pandemias es tener sistemas de vigilancia en todos los países, de manera que al notar casos que concuerden con una gripe extraña, se realice un cerco epidemiológico de manera rápida.

Si no podemos detener el brote en la zona en la que se empezó a propagar, con la COVID-19 aprendimos que podemos actuar rápido y hacer vacunas de forma acelerada con la misma calidad, siempre y cuando se cuente con los recursos necesarios.

¿El virus fue creado?

Con la tecnología que hoy conocemos, para cualquier genetista molecular es muy fácil identificar un virus que ha sido manipulado, pues utilizamos unas “tijeras moleculares” que permiten ver si el virus fue cortado, pegado y armado. El consenso hasta ahora es que no fue modificado. Ahora, estos virus también se guardan en diferentes laboratorios, por lo que es más posible que sí haya escapado de uno de ellos. No obstante, la OMS adelanta investigaciones al respecto

¿Qué decir de las teorías conspirativas?

Le daría una explicación desde la teoría de la evolución y neuroconductual. ¿Cuáles fueron los seres humanos que lograron sobrevivir?, los que le tenían miedo a todo, los que salían corriendo con cualquier cambio en el ambiente.

El cerebro humano está hecho para buscar lo malo, para crear teorías conspirativas y eso nos salva de los peligros. La única forma de rebatir o confirmar todo esto es seguir trabajando desde la academia y estar alerta a todo lo que se dice y a las pruebas que hay detrás de esto.

Como genetistas del Instituto de Genética de la Pontificia Universidad Javeriana y de ACMGEN, lo que hacemos es evaluar la literatura y las investigaciones que se están desarrollando y dar un lineamiento a la población de forma crítica, para que con esto se puedan tomar mejores decisiones. Además, hay que recordar que la vacunación no pone fin a la pandemia; es una ayuda y un paso gigante, pero tenemos que seguir cuidándonos y no olvidar las medidas de bioseguridad.

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