¿La vacuna alterará mi ADN? Un genetista resuelve dudas sobre la vacunación

¿La vacuna alterará mi ADN? Un genetista resuelve dudas sobre la vacunación

Después de un año en el que el mundo casi se detuvo a causa de la pandemia por la COVID-19, la ciencia intensificó su trabajo para investigar el funcionamiento del virus y crear un antídoto. Ahora, mientras la vacunación avanza, ha surgido escepticismo en algunos sectores de la población por los posibles efectos adversos que pueda generar esta inyección.

Después de que circularan ´noticias falsas´ afirmando que con la vacuna se implementará un chip de rastreo en los seres humanos o que generará cambios orgánicos, Pesquisa Javeriana conversó con el genetista javeriano Ignacio Zarante, presidente de la Asociación Colombiana de Médicos Genetistas (ACMGEN), para esclarecer estos y otros mitos acerca de las vacunas contra SARS-CoV2.

¿La aplicación de la vacuna puede cambiar el ADN del paciente?

Se ha sugerido que dos tipos de vacunas podrían cambiar el ADN. Una es la de RNA mensajero (RNAm), creada por laboratorios como Pfizer y Moderna.

¿Qué quiere decir que son de RNAm?, que está compuesta de un pequeño fragmento de la información genética que tiene el virus. Esa partecita produce una proteína que es la llave de entrada del virus a nuestras células. Lo que hicieron los científicos fue encapsular ese fragmento de información genética en una burbuja de grasa que viaja hasta las células; allí, el sistema inmune la reconoce como extraña o peligrosa y genera una respuesta de anticuerpos contra el SARS-CoV-2. Esos anticuerpos son los que nos van a proteger en el futuro de una infección del virus real.

Es importante saber que, aunque es la primera vez que esta técnica se utiliza de forma masiva, desde hace mucho tiempo se viene utilizando y había sido probada en vacunas para zika y malaria. Además, para quienes se preocupan por los posibles cambios genéticos que pueda generar este tipo de vacuna, el RNAm definitivamente no entra al núcleo de la célula, por lo que no tiene contacto con nuestro ADN.

La otra vacuna es la de AstraZeneca, hecha de ADN que es transportado a través de adenovirus y va hasta el núcleo, pero no se mezcla con el ADN de nuestras células. Allí, ese fragmento de ADN produce RNA que sale del núcleo y se convierte en la proteína que hará presencia en el sistema inmune para que reaccione y proteja al cuerpo en caso de que este se infecte del virus.

También llegaron a Colombia las vacunas de Sinovac, ¿Cuál es la diferencia frente a las otras?

Sinovac es otro tipo de vacuna que está hecha a la antigua. Tomaron el virus, lo inactivaron con procesos químicos o físicos y lo que ingresa al cuerpo es una cápsula del virus vacía, el cuerpo responde contra ella y luego, cuando el virus vaya a entrar, ya he creado anticuerpos contra esa cápsula y no deja que el virus me infecte.

¿Por qué se pudo crear una vacuna tan rápido?

Por un lado, hay que tener en cuenta que hacer vacunas de virus inactivo o de fragmentos de proteínas es más demorado que producir las de RNAm, lo único que uno necesita para hacer una de estas últimas es la secuencia del virus, con esto, al otro día Pfizer y Moderna ya tenían la vacuna para iniciar todas las fases de validación.

Los estudios de seguridad por los que pasa una vacuna no se pueden suprimir o acortar, y las producidas para la COVID-19 cumplieron con cada uno de los pasos. Entonces, para los que relacionan la rapidez con la que se hizo la vacuna y la idea de que es poco segura, están equivocados.

La celeridad de este proceso se dio por factores económicos y las grandes cantidades de dinero invertidas por parte de todos los países para su ejecución; el reclutamiento de las personas para hacer las pruebas en tiempo récord y la agilización en términos de papeleo.

¿Por qué se deben aplicar dos dosis?

Lo que se ha encontrado es que, al poner la primera dosis, el porcentaje de protección puede ser del 50 al 70 %, pero cuando aplican la segunda, se acerca por lo menos al 90 o 95 %. Si yo estímulo al sistema inmune una vez, él produce una respuesta, pero si dejo pasar un tiempo y vuelvo y lo estimulo, reacciona con mayor potencia.

La vacuna fabricada por Johnson y Johnson está propuesta para una sola dosis y, aunque no llega al 95 %, hace que mejore la eficiencia para lugares de difícil acceso. Las últimas investigaciones de Pfizer sugieren que con una sola dosis se están logrando protecciones muy importantes.

¿Las mujeres embarazadas deben o no vacunarse?

Cuando se estudia un nuevo medicamento o una nueva vacuna, se hace en una población específica, por lo que yo puedo hacer uso de este elemento solo en ese grupo.

La vacuna para el SARS-CoV-2 se validó para usarse en personas entre los 16 y 65 años, en un primer momento, y ahora hasta los 80 años. Aunque ya se empezaron los estudios en niños, los menores de 16 aún no se pueden vacunar. Lo mismo sucede con las mujeres embarazadas.

Está claro que hay que empezar estudios para favorecer a las madres que contraen la infección, pues lo que sabemos es que las embarazadas tienen un riesgo mayor de tener cuadros graves de COVID-19, pero los estudios tardan porque es una población más vulnerable y delicada.

Al respecto, en genética tenemos el consenso de no exponer a una mujer embarazada a un riesgo, por pequeño que sea, cuando existen dudas de que algo le pueda pasar al bebé. Sin embargo, también sabemos que cualquier afectación que pueda padecer el feto se da en el primer trimestre del embarazo, por lo que es posible empezar a validar los efectos inmunizando a las gestantes que se encuentren en los dos últimos trimestres, para que haya menor riesgo.

La sugerencia de OMS, hoy en día, es que se evalúe el riesgo-beneficio en cada caso y en muchos va a ser mejor vacunar que correr el riesgo de exponer a la gestante a la infección natural.
Al día de hoy no hay evidencia de dichos estudios, pero ya se vienen adelantando.

¿Hay una predisposición genética para el desarrollo grave de la enfermedad por coronavirus?

Eso es definitivo, sí hay diferencias genéticas que influyen en el resultado de un cuadro grave por coronavirus. Por ejemplo, una población que se infecta con el mismo virus y solo el 15 % se agrava, tiene que ser porque hay unas particularidades genéticas.

Lo que se ha encontrado hasta ahora es que existen marcadores que refieren un mayor riesgo de llegar a estados de gravedad y son, por ejemplo, los que pertenecen al grupo sanguíneo A. Esto no quiere decir que el grupo sanguíneo sea el causante de la susceptibilidad, lo que indica es que hay unos genes que aproximan tal riesgo.

Aún se siguen estudiando otros marcadores, pero evidentemente no es fortuito que una persona termine en cuidados intensivos, hay que recordar que el que me mata no es el virus, yo soy el que me mato a través de mi sistema inmune. Esa reacción exagerada que termina destruyendo mis tejidos debe tener una base genética y es la que se está estudiando.

Dentro de otras hipótesis no comprobadas, hay que decir que en otras enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, el lupus eritematoso y el asma, se ha encontrado que es muy particular que estas personas se bañen frecuentemente, son extremadamente limpias y tienen poco contacto con microorganismos (tierra, barro, suciedad), entonces, como el sistema inmune no tiene que luchar contra nadie, lo único que le queda es atacarse a sí mismo, esto sucede especialmente en las sociedades occidentales ricas.

Entretanto, en sociedades como las africanas, que tienen sectores de menos recursos, los niños se mantienen en contacto con microorganismos y el sistema inmune está ocupado en hacer su tarea y los protege. Esto podría explicar el acentuado desarrollo del virus en sociedades como la europea, en las que parece haber mayor predisposición a cuadros graves, sin exceptuar otros factores, como el hecho de que son poblaciones más longevas.

¿Cómo contrarrestar futuras pandemias?

La salud pública y la atención primaria, en el caso de las pandemias, es mucho más importante que toda la tecnología que tienen los laboratorios para crear vacunas. La respuesta para defenderse de las pandemias es tener sistemas de vigilancia en todos los países, de manera que al notar casos que concuerden con una gripe extraña, se realice un cerco epidemiológico de manera rápida.

Si no podemos detener el brote en la zona en la que se empezó a propagar, con la COVID-19 aprendimos que podemos actuar rápido y hacer vacunas de forma acelerada con la misma calidad, siempre y cuando se cuente con los recursos necesarios.

¿El virus fue creado?

Con la tecnología que hoy conocemos, para cualquier genetista molecular es muy fácil identificar un virus que ha sido manipulado, pues utilizamos unas “tijeras moleculares” que permiten ver si el virus fue cortado, pegado y armado. El consenso hasta ahora es que no fue modificado. Ahora, estos virus también se guardan en diferentes laboratorios, por lo que es más posible que sí haya escapado de uno de ellos. No obstante, la OMS adelanta investigaciones al respecto

¿Qué decir de las teorías conspirativas?

Le daría una explicación desde la teoría de la evolución y neuroconductual. ¿Cuáles fueron los seres humanos que lograron sobrevivir?, los que le tenían miedo a todo, los que salían corriendo con cualquier cambio en el ambiente.

El cerebro humano está hecho para buscar lo malo, para crear teorías conspirativas y eso nos salva de los peligros. La única forma de rebatir o confirmar todo esto es seguir trabajando desde la academia y estar alerta a todo lo que se dice y a las pruebas que hay detrás de esto.

Como genetistas del Instituto de Genética de la Pontificia Universidad Javeriana y de ACMGEN, lo que hacemos es evaluar la literatura y las investigaciones que se están desarrollando y dar un lineamiento a la población de forma crítica, para que con esto se puedan tomar mejores decisiones. Además, hay que recordar que la vacunación no pone fin a la pandemia; es una ayuda y un paso gigante, pero tenemos que seguir cuidándonos y no olvidar las medidas de bioseguridad.

¿Por qué fue posible crear una vacuna para la COVID-19 en menos de un año?

¿Por qué fue posible crear una vacuna para la COVID-19 en menos de un año?

Luego de casi un año de espera, el mundo avanza en el proceso de vacunación contra la COVID-19. Sin embargo, muchas personas siguen escépticas, incluso, se han generado movimientos antivacunas en varios países.

En Colombia los resultados de una encuesta del Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE–, reflejan que a finales de enero el 40.1 % de los encuestados no se aplicaría la vacuna. Aunque puede parecer una cifra alta, Juan Daniel Oviedo, el director de esa entidad, señaló que ha venido bajando durante varios meses.

Manuel Franco, profesor y líder del Semillero de Investigación en Inmunología del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana, se muestra optimista sobre la producción de las diferentes vacunas. “Estoy maravillado y sorprendido de la capacidad de respuesta de la comunidad científica internacional para desarrolla esta solución”, afirma.

¿Cómo funcionan las vacunas?

Aunque las hay de varios tipos, básicamente son preparaciones que toman un microorganismo que causa una enfermedad (patógeno) como bacterias o virus, lo debilitan y se lo administran a una persona; esto hace que el cuerpo reconozca al virus y genere una respuesta en contra para eliminarlo, pero sin contraer la enfermedad.

De esta forma el sistema inmune guarda la información que le permite crear defensas ante un eventual contagio. “Es una manera de enseñarle al sistema inmune cómo es que el patógeno va a venir a atacarlo, entonces está preparado para poder responder”, describe el doctor Franco.

¿Cómo se aprueban las vacunas?

Este tipo de tratamiento tiene siglos de ser usado para prevenir enfermedades infecciosas. A través de los años se han creado protocolos y procedimientos para su elaboración.

 

Una vez superados todos estos pasos, la vacuna se presenta a un organismo nacional regulador que revisa todo el proceso y hace pruebas adicionales. Cuando la evidencia demuestra que no hay efectos colaterales severos y tiene buena eficacia contra la enfermedad, la aprueba para su distribución y comercialización.

“En cada país hay entidades que se encargan de aprobarlas o no. En Estados Unidos, la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés), tiene a su cargo este tipo de procesos; en Inglaterra, el Public Health England, y en Colombia, el Ministerio de Salud y el Invima”, explica Franco.

Hay organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) que también evalúan y aprueban las vacunas. Posteriormente, estos organismos continúan con el seguimiento a las personas vacunadas.

¿Cuestión de tiempo?

Cuando se revisa el histórico de producción de vacunas en el mundo se evidencia que estos son procesos de largo plazo. La producción de la vacuna para la fiebre tifoidea duró 45 años; la del dengue, 112 años; la de la hepatitis B, 16 años; y la del sarampión, 10. Por poner solo algunos ejemplos.

¿Qué llevó entonces a que, en menos de un año de ser descubierta y declarada como pandemia, la COVID-19 ya haya surtido todo el proceso y esté en marcha la vacunación masiva?

Para el investigador Manuel Franco, experto en vacunas, es necesario leerlo en contexto. Si bien esta variante de la enfermedad específica es nueva, ya había un acumulado importante de investigación previa. “Aprendimos mucho con el SARS-CoV-1. Desde hacía un buen tiempo se estaba desarrollando una vacuna contra este y lo que se hizo fue adaptarla”, afirma. Es decir, no se arrancó de ceros.

 

“Nadie que se vacune se va para la UCI porque (las vacunas) protegen muy bien contra la enfermedad severa”, Manuel Franco, líder del Semillero de Investigación en Inmunología del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana

 

Las tecnologías que se usaron para elaborar esta vacuna son bien conocidas. “Las vacunas de RNA mensajero y de adenovirus, que son las que están llegando a Colombia, no son desconocidas. Hay vacunas de adenovirus de 20 y 30 años porque con esas se han vacunado contra el resfriado común a grupos de población muy susceptibles”, describe el profesor.

Laboratorios como Pfizer o Moderna ya venían trabajando en otras vacunas similares y ante la urgencia de la pandemia, hicieron la adaptación. “Esas tecnologías se estaban desarrollando para otros patógenos y lo único que había que hacer era cambiar la proteína que se obtuvo para la proteína del SARS-Cov-2”, agrega Franco.

Una millonaria inversión

Ante lo complejo que resultó esta pandemia y sus respectivas cuarentenas que paralizaron gran parte de la economía mundial, los esfuerzos investigativos recibieron una enorme cantidad de fondos.

Airfinity, la empresa de análisis de datos científicos, calcula que se han invertido más de 8600 millones de dólares en las diferentes propuestas de laboratorios. Pocas vacunas han recibido esta cantidad de dinero en tan poco tiempo. Esto se traduce en más equipos, más especialistas y más pruebas. Así, por la urgencia, se reducen los tiempos de producción. Además, el proceso se priorizó en todas sus etapas.

 

 

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Inversión para cada vacuna calculada en millones de dólares. Fuente: Airfinity.

 

A pesar del corto tiempo en que se desarrolló la vacuna, el doctor Franco llama a la calma y a confiar en las opciones que se han autorizado internacionalmente. Estas han surtido todas las partes del proceso y siguen bajo revisión y seguimiento para controlar sus efectos.

 

“No se han saltado ningún paso, las vacunas son seguras y no hay ninguna preocupación por la premura”, Manuel Franco.

 

¿Cuáles son los efectos de la nueva vacuna?

Otra preocupación tiene que ver con lo que pueda suceder luego de su aplicación. Los expertos los llaman efectos adversos, que se clasifican en leves y severos. Dentro de los leves se encuentran el enrojecimiento, dolor, fiebre, malestar general y náuseas. Se ha comprobado que estos síntomas son producidos y están asociados a la vacuna, pero se consideran normales.

“Eso lo que demuestra es que la vacuna está funcionando porque está produciendo una inflamación como respuesta contra el patógeno”, dice Franco. Aclara también que los efectos no son muy distintos a los que causa cualquier otra vacuna y que pueden variar en intensidad dependiendo de cada organismo.

Por otro lado, los efectos adversos severos implican daños más graves en el cuerpo, pero lo importante es determinar si estuvieron relacionados con la vacuna, por eso, dentro de las diferentes fases de la producción hay un grupo de expertos que evalúa las consecuencias en cada participante de las pruebas, y determina, de acuerdo con sus condiciones específicas, si estos fueron causados o no por la vacuna.

El profesor respalda las declaraciones de la FDA según las cuales, hasta la fecha, no hay un efecto adverso severo atribuible a la vacunación, y por lo tanto, las vacunas son seguras.

¿Qué pasa si la vacuna causa alergia?

Las alergias también se conocen como anafilaxia, pero son casos poco probables en medio de un proceso de vacunación. Se estima que puede ser uno en un millón y corresponde a la propia naturaleza de la persona.

“Las vacunas de Moderna y de Pfizer tienen un componente particular que se llama Polietilenglicol. Si las personas son alérgicas a este componente, no se deben vacunar. Esa es una contraindicación”, afirma Franco.

Para saber si se tiene esta condición no es necesaria ninguna prueba adicional. “Si alguien presenta esta alergia, ya debe saberlo por haber tenido respuesta anafiláctica en vacunas anteriores”, agrega.

Si bien no se puede garantizar total efectividad a futuro, el investigador recomienda aplicarse la vacuna. “En este momento tenemos más de 58.000 muertes por COVID-19 en Colombia. El riesgo de que usted se muera por este nuevo coronavirus es mucho más elevado que el de tener algún efecto adverso o alguna reacción anafiláctica”, finaliza.