“Así me fue al vacunarme”, 4 profesionales de la salud que ya fueron vacunados

“Así me fue al vacunarme”, 4 profesionales de la salud que ya fueron vacunados

A las cuatro y media de la mañana del 18 de febrero llegó el primer lote de vacunas al Instituto Nacional de Cancerología, en Bogotá. Para ese entonces, Rocío Milena Pérez, enfermera líder del Grupo de atención inmediata al paciente con cáncer, ya estaba lista para recibir la primera dosis.

Sin embargo, aún faltarían dos horas y media para entrar al consultorio y ser una de las primeras colombianas en recibir la vacuna contra la COVID-19. Antes de eso atendería a periodistas de los medios de comunicación que le preguntarían cómo se siente, si está nerviosa, si tiene frío, y ella, serena e intimidada por las luces, los micrófonos, diría que sí, que siente de todo un poco.

Rocío Pérez nació en María La Baja, Bolívar, y hace parte del Instituto Nacional de Cancerología desde hace ocho años. “Cuando me dijeron que iba a ser la primera en vacunarse acá, sentí un poco de susto, no esperaba que vinieran tantos medios, incluso mi familia se enteró por televisión”, dice riendo.

En el momento en que Pesquisa Javeriana conversó con Rocío Pérez, ya había recibido la primera de las dos dosis de la vacuna y sostenía con sus manos el carné de vacunación que le indica que la segunda la recibirá el 11 de marzo. Dice que por ahora no sintió nada anormal, ni mareo ni algo extraordinario, así que da un parte de tranquilidad.

 

Rocío Pérez, primera enfermera vacunada en Colombia
Rocío Milena Pérez, enfermera líder del Grupo de atención inmediata al paciente con cáncer

 

Aunque para Rocío Pérez el día haya iniciado diferente por los reflectores y las entrevistas, ella es consciente de que a pesar de la ilusión que genera recibir la vacuna y ver cómo miles de personas en el país comienzan su proceso, hay que tomarlo con calma.

“El cambio será lento. Todos esperamos salir a pasear, hacer las cosas que hacíamos antes, pero aún necesitamos una segunda dosis y que mucha más gente sea vacunada. La palabra que mejor describe este día sería esperanza, pero de todas formas tenemos que seguir cuidándonos y, en lo posible, educar a la población que podamos, cuidando a la familia y a los pacientes”.

Un llamado contra el escepticismo

“Quizás la única manera más segura que la vacuna para evitar la COVID-19 es irse a vivir solo en alguna isla desierta, pero incluso así, el virus ha llegado hasta el último rincón del planeta”, explica Diego Rosselli, doctor y profesor del Departamento de Epidemiología de la Pontificia Universidad Javeriana; “vivir encerrado y usar todos los mecanismos de bioseguridad ayuda a aplazar las cosas pero no se estará a salvo del virus. La vacuna es la única solución desde la salud pública”.

Por su parte, Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología, y otro de los primeros colombianos en recibir la vacuna, cree que “el escepticismo tiene que ver con la parte cultural y socioeconómica, pero hay que pensar que las vacunas no son nuevas, que no empezaron ayer y que han salvado millones de vidas en el planeta, ¡Claro!, en últimas es uno mismo quien decide si se vacuna o no, pero hay que analizar el riesgo-beneficio, el primero es muy bajo y el segundo, muy alto”, explica.

García afirma que tampoco sintió alguna anomalía después de recibir la vacuna e hizo énfasis en que la vacunación es una herramienta poderosa para poder superar esta coyuntura histórica.

 

Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología
Víctor Hugo García, médico cirujano especialista y coordinador del grupo de soporte metabólico del Instituto Nacional de Cancerología

 

“Si hay algo que ha cambiado la historia humana desde la salud, han sido las vacunas”, Diana Santana, ginecóloga-oncóloga.

 

¿Cómo fue el proceso de vacunación?

El proceso para vacunarse fue el mismo para todos. “Inicialmente traemos un consentimiento informado en el que se nos explica qué es lo que se nos va a aplicar, cómo y cuáles son los posibles efectos adversos”, cuenta Diana Santana, ginecóloga-oncóloga del Instituto Nacional de Cancerología.

“Antes de la aplicación de la vacuna hubo dos personas que nos explicaron el paso a paso exacto de lo que podía pasar y qué podríamos hacer para disminuir los síntomas. Luego pasamos durante media hora a la sala de espera. El equipo de enfermería estuvo monitoreando los signos vitales y hubo un médico pendiente de cualquier tipo de eventualidad”, añade Santana.

Después de recibir la vacuna, Cielo Almenares, enfermera oncóloga del Instituto Nacional de Cancerología, dijo que sintió un sabor metálico en la boca, “enseguida se lo informé a uno de los químicos farmacéuticos y les expliqué que en otra ocasión, con la aplicación de otro medicamento, sentí algo similar, pero estuve muy tranquila, el sabor pasó a los pocos segundos y estoy feliz, además, quiero hacer un llamado para decir que la vacunación es para beneficio de todos”.

 

De vuelta a la rutina

Los reflectores y los micrófonos de los diferentes medios nacionales que acudieron al Instituto Nacional de Cancerología en esta primera jornada de vacunación, fueron abandonando poco a poco la historia de Rocío Pérez, Víctor Hugo García, Diana Santana y Cielo Almenares.

Después de recibir la vacuna y contar de primera mano cómo ocurrió este evento tan esperado, los profesionales de la salud dieron vuelta y regresaron a su rutina diaria. La vacuna no genera incapacidad o algún tiempo de reposo más allá de los 30 minutos posteriores a la inyección que se pasan en una sala de espera.

Todos coinciden en dar un mensaje de optimismo y de confianza en este proceso que se inició el 17 de febrero en Sincelejo, Sucre, y que poco a poco llega a las ciudades capitales y avanza hacia las demás regiones del país.

“A medida que divulgamos cómo se están vacunando cientos de millones de personas en el mundo, viendo que las reacciones adversas han sido mínimas y la evidencia de la eficacia de la vacuna se ha ido demostrando con reducciones de mortalidad en Israel, particularmente (y ya llegará información de varios lados), la gente le dará confianza a la vacuna”, explica el javeriano Rosselli.

“Los medios de comunicación tienen un papel fundamental porque no son solo los médicos, los virólogos y epidemiólogos los que tenemos que andar afirmando que la vacuna es la salida; necesitamos la colaboración de los influencers, desde el Papa (que ya se vacunó), hasta los youtubers que abundan en las redes sociales”, añade.

“Si hay algo que ha cambiado la historia humana desde la salud, han sido las vacunas. Gracias a ellas hemos dejado de padecer ciertas enfermedades, es el momento de confiar y aplicarse la vacuna apenas esté al alcance de cada uno”, finaliza la ginecóloga-oncóloga, Diana Santana.

¿Qué pasó con la adquisición de las vacunas contra el Covid-19?

¿Qué pasó con la adquisición de las vacunas contra el Covid-19?

Desde la aparición de la Covid-19 el mundo entero empezó a especular sobre la vacuna: ¿Quién la produciría? ¿Cuánto tiempo tardaría? ¿Sería segura? Hoy, un año después del brote del virus en Colombia, con la producción de vacunas en marcha y el inicio de la inmunización en algunos países, continúan las preguntas.

El pasado 29 de enero el ministro de Salud y Protección Social, Fernando Ruiz Gómez, explicó cómo sería el proceso de vacunación en el país. El Gobierno Nacional aseguró la llegada del primer lote el próximo 20 de febrero y la adquisición de 61.5 millones de dosis. En este camino, Colombia ha cerrado acuerdos para adquirir vacunas de Pfizer, AstraZeneca, Janssen, Moderna y Sinovac.

El Plan Nacional de Vacunación contra la enfermedad propuesto por el Gobierno busca “reducir la mortalidad y la incidencia de casos graves por este virus” y cuenta con dos fases y cinco etapas. Uno de sus objetivos es priorizar a los grupos de riesgo y proteger a los trabajadores de la salud.

En el panorama internacional algunos países empezaron sus procesos de vacunación desde diciembre. Esta situación ha despertado muchos interrogantes frente al tiempo que se ha tomado Colombia para comprar las vacunas y la competencia internacional que existe por la adquisición de las dosis. El director del Centro de Estudios de Regulación Económica y Competitividad Internacional de la Pontificia Universidad Javeriana, David Fernando Varela, responde a Pesquisa Javeriana algunas de estas dudas.

Varela es profesor, abogado y especialista en Ciencias Socioeconómicas. Actualmente, es consultor internacional de la Agencia Norteamericana para la Cooperación Internacional en Colombia, Guatemala y Perú, y del Banco Mundial en Colombia y Perú.

¿Por qué Colombia, en comparación con otros países de la región como México, Chile y Argentina, ha tardado en la adquisición de vacunas?

Desde el año pasado, Colombia ha efectuado sus mejores esfuerzos para la adquisición de las vacunas. Desde el inicio de la crisis, el Gobierno comenzó a explorar su compra cuando aún no existían. De ahí surge la dificultad principal: comprar algo que todavía no existe es siempre problemático, tanto para entidades públicas como privadas en cualquier parte del mundo, pero especialmente para las públicas. En Colombia se tuvo que tramitar una ley para permitir que el Gobierno invirtiera recursos en bienes cuyo uso ni siquiera estaba aprobado. Las circunstancias de la pandemia claramente desbordaron un marco legal desarrollado para la normalidad.

La emergencia trasladó a todos los países en un terreno completamente inesperado, donde la compra de un bien que no existía, pero que se esperaba que existiera, se convirtió en una prioridad. Por eso, la competencia entre los países ha sido muy dura, así como entre los laboratorios. A mí no me sorprende la posición de Colombia en la fila de los competidores para obtener vacunas. Creo que el hecho de que algunos países como México, Chile y Argentina hayan podido comenzar sus procesos de vacunación no es muy significativo, pues no han logrado vacunar ni el 1% de la población. Es claro que un país de ingresos medios como Colombia no iba a estar entre los primeros en obtener suministros, mientras que los países donde están localizados los laboratorios fabricantes y que invirtieron en la investigación y desarrollo del producto iban a tener prioridad.

En ese sentido, ¿sería acertado afirmar que Colombia ya adquirió vacunas o seguimos en un proceso de negociación?

Los canales oficiales del Ministerio de Salud y de la Presidencia exponen que los contratos ya han sido suscritos. De lo contrario no se estaría esperando el arribo de las vacunas, de acuerdo con un calendario de suministros que inicialmente entregará unas cantidades pequeñas e irá aumentando a medida que aumente la producción. Tenemos que recordar que se trata de un producto nuevo, recién aprobado por autoridades internacionales como la FDA (Food and Drug Administration) de Estados Unidos y por consiguiente apenas está empezando la parte más empinada de la curva de producción. Luego, es natural que no todas las vacunas estén listas para embarcarse.

Parte de la crisis actual en Europa deriva de esa situación. No han recibido el total de las vacunas porque están en producción y quieren evitar que sean despachadas a otros países. Eso es un fenómeno de nacionalismo que ejerce presión sobre los fabricantes. La política incide sobre las decisiones industriales o comerciales. Lo único cierto es que todos nos movemos en un escenario de incertidumbres, nadie sabía hace tres meses si las vacunas iban a ser exitosas o no. Por eso, los compromisos contractuales también debían ser condicionados o con cláusulas de “escape” porque ninguna compañía puede asumir un compromiso firme si todavía no tienen inventario o asegurada la producción de un bien completamente nuevo.

¿Qué garantías tiene el país de que las farmacéuticas cumplan? ¿Existen cláusulas que exijan el cumplimiento de lo acordado inicialmente?

Es claro que el mecanismo multilateral tipo Covax contiene cláusulas mucho más equilibradas entre proveedor y comprador, y es posible que los contratos bilaterales entre farmacéutica y país incluyan unas cláusulas que protegen más a las farmacéuticas. En cualquier contrato de compraventa internacional tienen que existir cláusulas flexibles, pues siempre hay márgenes de incertidumbre y aún más en este momento. Incluso en los contratos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) siempre hay cláusulas que permiten ajustes en los tiempos y en los montos, aunque también se imponen multas a quienes incumplan.

Las farmacéuticas fueron muy cautelosas, sabían que no podían asegurar producción en la medida que es un nuevo producto, con una nueva línea de producción que involucra nuevos riesgos. Además de ser bienes sensibles que requieren una cadena de frío muy exigente y de cuidados y precauciones especiales. Empresas experimentadas en mercados internacionales no se van a arriesgar a incurrir en multas o sanciones frente a situaciones completamente inesperadas, cuando aún existen muchas incertidumbres. Es por eso que lo más probable es que las cláusulas las favorezcan y limiten los derechos de los gobiernos para exigirles lo que razonablemente no pueden cumplir. Esa expresión “razonable” es frecuente en este tipo de contratos. Y lo imposible o muy difícil nunca es “razonable”.

¿Por qué existe tanta confidencialidad en los procesos de adquisición de vacunas? ¿Siempre se maneja ese nivel de confidencialidad?

Cuando existen mecanismos multilaterales como Covax, promovido por la OMS y el Sistema de las Naciones Unidas, la regla es la transparencia. Pero, en las transacciones comerciales entre partes privadas no hay ninguna obligación de difundir la información. Existen además secretos de carácter comercial o industrial que las firmas líderes quieren preservar sobre todo para que no los conozcan sus competidores. Un ejemplo para explicar esta situación son los descuentos por volumen o por pago anticipado que las compañías otorgan. Por lo tanto, la confidencialidad es lo natural en el mundo de las transacciones privadas.

La problemática aquí se plantea en la medida que son 180 o más gobiernos del mundo tratando de conseguir vacunas para inmunizar a su población, y las normas de adquisición de los países no están adaptadas a la dinámica de la contratación internacional en las que sí son expertas empresas multinacionales como los laboratorios farmacéuticos.

La posición de las farmacéuticas es privilegiada porque poseen algo que todos los países del mundo quieren y por consiguiente en una relación comercial es natural que impongan sus condiciones contractuales. Además, los gobiernos carecen de la ciencia y la tecnología para desarrollar estas vacunas. En el caso de algunos de los países más desarrollados como Estados Unidos, invirtieron capital de riesgo en los laboratorios, luego su relación con los laboratorios es privilegiada y pueden obtener mejores condiciones. No es el caso de Colombia y de países de ingresos medios, y por consiguiente su condición de negociación es especialmente débil.

¿Hizo falta cooperación internacional en el panorama de la compra de vacunas?

Covax se creó como el mecanismo de cooperación internacional, pues se supone que subsidia o no cobra las vacunas para los países más pobres. Colombia no tiene acceso a estos beneficios pues es un país de ingresos medios pero si puede participar del mecanismo y obtener acceso a las vacunas conforme a unas reglas uniformes. La idea de un mecanismo multilateral es la de una cooperativa, en la que los países más ricos apoyen a los más pobres. Por eso es una buena noticia que el Presidente Biden haya anunciado el ingreso de Estados Unidos en COVAX.

Este tipo de mecanismos deben operar en beneficio común de toda la humanidad, pues la vacuna es una prioridad para todos los habitantes del planeta, nadie está 100% inmunizado incluso después de recibir la vacuna. Luego lo mejor que puede hacer cualquier país es evitar que queden personas sin vacunarse que puedan contagiar a aquellas en las que la vacuna no fue efectiva.

En esta lógica cooperativa el mecanismo ideal es uno como COVAX, pero en el manejo de esta crisis faltó liderazgo. Y ese liderazgo en este hemisferio solo lo podía dar Estados Unidos. En el caso de Europa, por ejemplo, se llegó a un acuerdo con los 27 países miembros para que la adquisición de las vacunas se hiciera a través de la Comisión Europea. Por eso es que esta región tiene una posición negociadora más fuerte frente a los laboratorios. No es un país aislado (España o Portugal, por ejemplo) frente a una farmacéutica, es toda la Unión Europea.

Desafortunadamente, los mecanismos de cooperación en América Latina son débiles. Ni la Comunidad Andina, ni la Alianza del Pacífico, ni Mercosur, nadie promovió públicamente un mecanismo multilateral adicional a COVAX en beneficio de un conjunto de países para darle más peso en sus condiciones de negociación y obtener, posiblemente, mejores condiciones con los laboratorios. Si existieron consultas reservadas entre Gobiernos con el apoyo de organismos internacionales es evidente que no fueron exitosas. Evidentemente, el entorno político local inclina a salir a la búsqueda de soluciones rápidas para los nacionales de ese país, pero las soluciones rápidas no existen cuando la competencia es general y todos los países están persiguiendo los mismos bienes.

A nivel geopolítico es claro que existe una “carrera por las vacunas” entre las grandes potencias y el ganador podrá confirmar su liderazgo si logra vencer a un enemigo inesperado: un virus microscópico que amenaza la vida de millones de personas. Inventadas y aprobadas las vacunas, permanecen los desafíos logísticos de su distribución y aplicación. El vencedor será el que primero inmunice a la mayoría de su población.

Cáncer de cuello uterino: Colombia, al filo de la oportunidad

Cáncer de cuello uterino: Colombia, al filo de la oportunidad

Col Murillo C

El mejoramiento de las condiciones sociales y económicas de nuestra población, sumado al mayor acceso a servicios de salud, ha traído como consecuencia una reducción significativa de la incidencia y la mortalidad por cáncer de cuello uterino, pasando esta última de cerca de 30 por 100.000 habitantes en la década de los noventa, a 12 por 100.000 hacia 2015 (Globocan 2018).

A pesar de este importante avance, la realidad de nuestro país es aún distante de lo alcanzado por los países de altos ingresos, en donde la mortalidad por esta enfermedad es inferior a 5 por 100.000. De otra parte, la información disponible muestra una importante inequidad en el acceso a las actividades de detección temprana, lo cual se refleja en una mayor mortalidad para las mujeres colombianas con menor nivel educativo, las afiliadas al régimen subsidiado de seguridad social en salud  y las habitantes en zonas distantes del país, de acuerdo con estudios recientes.

Este panorama se presenta en medio de un escenario internacional cambiante en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) avanza en una propuesta para eliminar el cáncer de cuello uterino a nivel global. Gracias en gran medida al aporte de científicos colombianos, hoy es claro que la infección por Virus de Papiloma Humano (VPH) es una condición necesaria para el desarrollo de la enfermedad, conocimiento que generó la producción de vacunas que son 100% eficaces contra los tipos de VPH responsables del 70% de los casos de cáncer de cuello uterino en el mundo (cerca de 60% en Colombia) y la producción de pruebas diagnósticas con capacidad de detectar el 90% de las lesiones precancerosas del cuello uterino, permitiendo así su intervención para evitar que se conviertan en cáncer.

La existencia de estas medidas preventivas ubica al cáncer de cuello uterino como una enfermedad esencialmente prevenible y motiva la iniciativa de la OMS. Lo interesante de ello es que nuestro sistema de salud ha integrado las dos medidas: la vacunación de forma gratuita en niñas escolares, desde grado cuarto hasta grado once, y las pruebas de VPH, introducidas en el plan de salud en 2011 y reglamentadas como base de la detección temprana de lesiones precancerosas del cuello uterino para los regímenes subsidiado y contributivo a partir de la Resolución 3280 de este año 2018.

Con una mortalidad decreciente y con las herramientas básicas en nuestro sistema de salud, ¿qué nos impide, entonces, soñar con reducir la frecuencia de esta enfermedad hasta niveles tan bajos que resulten insignificantes para la salud pública nacional? Hoy seguimos teniendo cerca de 4.000 casos anuales y 2.000 muertes por esta causa; la vacunación, a pesar de su oferta gratuita, no cubre más del 10% de las niñas objeto de ella, y la detección temprana, a pesar de su amplia cobertura (alrededor de 80%), sigue teniendo limitaciones en el acceso oportuno al tratamiento de las lesiones detectadas, principalmente, como se dijo, en grupos poblacionales socialmente desfavorecidos.

Hay dos elementos fundamentales dentro de las causas de esta triste situación: uno de ellos, la complejidad de nuestro sistema de salud y las dificultades de acceso, pero el segundo, francamente lamentable, es la desinformación y papel negativo de los medios de comunicación, de grupos con intereses no claros frente a una vacuna que previene una infección de transmisión sexual, y de grupos académicos que con fundamentación equivocada generan temor frente a la vacunación. Con más de 350 millones dosis de vacuna aplicadas en el mundo, la OMS ha venido repetidamente dando partes de seguridad de la vacuna de VPH a partir de los reportes de los programas de salud pública de los países que la han introducido; no obstante, el episodio conocido de Carmen de Bolívar ha dejado una huella indeleble en nuestro programa de vacunación y en las mentes de madres y padres que se niegan a vacunar a sus hijas sin que exista una razón de peso para ello, más allá de la alimentación continua de temores por parte de especuladores sin fundamento.

La ciencia ha jugado su papel con una importante participación de nuestro país. Tenemos datos ciertos y datos propios. El sistema de salud se ha comprometido con ofrecernos las herramientas básicas para la eliminación de un tipo de cáncer, algo impensable hace unos años. Resultaría aciago que nuestro realismo mágico nos haga esquiva esta oportunidad y someta las mujeres colombianas a cien años más de mortalidad por cáncer de cuello uterino.

 


* Director del Centro Javeriano de Oncología, afiliado al Hospital Universitario San Ignacio. Profesor asistente de la Facultad de Medicina en la Pontifica Universidad Javeriana.