El año de la vacuna para la desinformación en salud

El año de la vacuna para la desinformación en salud

La alarma por el SARS-CoV-2 continúa. El nuevo coronavirus que apareció a finales del 2019 y se identificó en Colombia en marzo del 2020 ahora tiene variantes que han significado nuevos desafíos para el sistema de salud y, hasta ahora, la fórmula más efectiva para mitigar daños y muerte por la covid-19 ha sido la vacunación.

No obstante, algunas personas disienten de la inmunización por múltiples razones, ya sea por teorías conspirativas -como que con la vacuna se implantará un chip- o por simple desinformación.

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De hecho, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), comunicó que en su momento bastaron solo treinta días para que en YouTube aparecieran 361 millones de videos en la categoría covid-19, además de miles de artículos más en Google Scholar, lo que según la entidad era peligroso por el volumen desmedido de contenido con altas cargas desinformativas, pues ¿cuánta de esa información es correcta?

En este entramado de situaciones gran parte de la población mundial tampoco se ha vacunado porque no tiene acceso a los biológicos, lo cual evidencia desigualdad e ineficiencia en la adquisición y distribución.

Bajo la premisa de combatir la desinformación y propiciar aportes de calidad para que la sociedad pudiera tomar mejores decisiones, Pesquisa Javeriana volcó gran parte de su trabajo informativo de este año a romper mitos acerca de las vacunas y el coronavirus de la mano la colaboración de expertos (vea el especial #SinMitos aquí), quienes respondieron a las preguntas más frecuentes sobre vacunación y covid-19.

Algunos de los interrogantes resueltos fueron: ¿por qué es importante vacunarse?, ¿los pacientes con cáncer y otras condiciones especiales deben vacunarse?, ¿por qué fue posible crear una vacuna para la covid-19 en menos de un año?, ¿la vacuna altera el ADN?, ¿los pacientes con enfermedades respiratorias y cardiovasculares deben vacunarse contra la covid-19?, ¿los niños deben vacunarse contra la covid-19?

Hacía finales del 2021, una de las dudas que causó revuelo fue si la vacuna contra la covid-19 era efectiva y no tenía contraindicaciones para niños y niñas menores de 12 años, pues a inicios de octubre eran pocos los países que habían incluido a este grupo poblacional dentro de sus planes de inmunización ya que, como lo aseguraron expertos, en su momento no existían estudios suficientes sobre su eficacia. (Lea la historia completa aquí y conozca los casos de Latinoamérica y, en especial, de Colombia).

¿Las variantes de la covid-19?

Ahora bien, la mutación fue inevitable, investigadores de distintas áreas explicaron para Pesquisa que las variantes podrían ser más infecciosas y de mayor velocidad de propagación. Los expertos fueron claros al comunicar que los virus no son estáticos y el SARS-CoV-2 no fue la excepción, por eso la aparición de variantes como la mu, delta y ómicron.

A propósito de la variante delta, según la viróloga María Fernanda Gutiérrez, profesora del Departamento de Microbiología de la Javeriana, “esta no producía más mortalidad, respondía igual a las pruebas de diagnóstico y parecía responder igual a las vacunas”. Ahora, el riesgo está sobre la nueva cepa denominada omicron, de la que aún se sigue indagando.

En ocasiones la sintomatología por covid-19 no solo se supera luego de que la prueba sale negativa. Una de las secuelas de la enfermedad que llamó curiosamente la atención en lo corrido del 2021 fue la caída del pelo.

Juan Pablo Correa, periodista de Pesquisa Javeriana, padeció esta afección y encontró que varios dermatólogos y tricólogos (quienes estudian el pelo) tuvieron un incremento en sus interconsultas por caídas de pelo que pueden estar relacionadas con la covid-19 (lea la nota completa).

Para la dermatóloga Isabel Cristina Cuellar, coordinadora de la especialización en Dermatología de la Universidad Javeriana, la principal causa de la caída del pelo después del coronavirus es el estrés. Sin embargo, no se debe descartar la inflamación generalizada que produce la infección, incluyendo la que ocurre en la piel como órgano involucrado en la respuesta sistémica por el virus.

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Y es que el estrés y la salud mental, en general y en tiempos de virus y vacunación, no dejó cabos sueltos, por lo que no es raro tener este tipo de efectos, pues, las noticias falsas, sumadas a la incertidumbre en los procesos de vacunación, habrían sido las responsables del aumento de los índices de ansiedad y síntomas depresivos en el 2021. Así lo reveló  Lina María González, especialista en psiquiatría y magíster en Epidemiología Clínica y profesora de la Pontificia Universidad Javeriana. (véalo aquí).

“La pandemia y lo que han implicado las cuarentenas han sido importantes detonantes de ansiedad y de síntomas depresivos, sobre todo porque han sido un ejercicio de incertidumbre”, expone González.

Otros recomendados en salud

En términos de salud, el 2021 no solo generó debate alrededor de la pandemia que nos aqueja como sociedad desde hace casi dos años, sino sobre otros temas de interés público, como los efectos del cigarrillo electrónico en la salud; o el de la eutanasia, un tema controversial que revivió después del caso de Martha Sepúlveda, quien, tras la novedad de la Corte Suprema que indica que ya no es necesario padecer una enfermedad terminal para pedir una eutanasia, solicitó el procedimiento, su IPS la aprobó y luego la cancelaron.

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Este caso generó un interés mediático que continuó varias semanas y a comienzos de diciembre el Juzgado 20 civil de circuito de Medellín le ordenó a la IPS correspondiente comunicarse con Sepúlveda para practicarle la eutanasia.

En este 2022 Pesquisa Javeriana continuará el cubrimiento de todo lo relacionado con la evolución de la pandemia en el mundo y seguirá creando, de la mano de la academia y desde el punto de vista científico, un espacio de calma informativa que permita contrastar distintas voces que aporten al objetivo de brindar una mirada periodística basada en los datos y la ciencia en Colombia.

Covid-19: su estómago también podría estar en riesgo

Covid-19: su estómago también podría estar en riesgo

Esta nota titulada: Covid-19: su estómago también podría estar en riesgo fue publicada originalmente en noviembre de 2020.

UnaCoronavirus anteriores al SARS-CoV-2, como el SARS-CoV-1 y el MERS, en su momento reportaron la presencia de síntomas gastrointestinales en las personas que los padecieron, como diarrea, náuseas, vómito y dolor abdominal. Aunque en el actual coronavirus estos síntomas han sido reportados en menor proporción, esta sintomatología también puede preceder a las manifestaciones respiratorias de la COVID-19, dice la doctora Ana María Manzano, médica internista y gastroenteróloga del Hospital Universitario San Ignacio.

Después de hacer una revisión científica de los hallazgos alrededor de este virus y su relación con el tracto gastrointestinal, la experta brinda información detallada para tener en cuenta en el manejo y cuidado de sus manifestaciones en el cuerpo.

Radiografía

“Fueron dos días sin apetito, con náuseas y vómito. Alcancé a pensar que estaba embarazada”, dice Juliana*, de 29 años. «Una prueba de sangre y otra de orina descartaron esa posibilidad. Sin embargo, los síntomas persistían ¿Una gastroenteritis, tal vez?”, narra la publicista.

Ella no sospechaba el hecho de tener COVID-19, había tenido todos los cuidados y, según comenta, no habría explicación alguna para adquirirlo. Sin embargo, tras una prueba de PCR para diagnosticar coronavirus, el resultado fue positivo. “Para mí fue una sorpresa, no tenía ninguno de los síntomas comunes (fiebre, tos seca, cansancio; u otros más fuertes como dificultad para respirar, dolor de garganta, de cabeza, etc.)”. Entonces, ¿era asintomática? No, las náuseas, el vómito y la falta de apetito hacían parte de una gama de signos que desconocía. “Así es este virus, llega sin avisar y se manifiesta de formas que creo que ni la ciencia ha logrado entender”, agrega Juliana.

El primer caso documentado de este tipo fue el de un joven de 35 años en Estados Unidos, señala la doctora Manzano. Él tuvo síntomas gastrointestinales como vómito, diarrea y dolor abdominal antes de presentar los comunes efectos respiratorios.

¿Por qué la afectación estomacal? Según explican los expertos, la enzima (agiotensina-2) por medio de la cual ingresa el virus, está presente en gran medida en diferentes tramos del tracto digestivo, como por ejemplo el intestino delgado, lo que puede explicar la presencia del virus en esta parte del cuerpo, argumenta Manzano.

En cuanto a la afectación que tiene el virus en el hígado, se ha visto que del 14% al 53% de los pacientes con COVID-19 reportan lesión en este órgano y, dice la experta, la mayoría de las alteraciones a este nivel son transitorias y leves. Además, en la revisión de la literatura científica notó que muchas de ellas apuntan a que el compromiso hepático puede ser secundario y no directamente generado por este coronavirus, sino por el mismo tratamiento farmacológico para tratarlo; por los estados de hipoperfusión (que no le llega buen aporte sanguíneo al hígado), o por la severa reacción del sistema inmune para contrarrestar la infección. Estos y otros factores que siguen en estudio podrían explicar la disfunción hepática, explica la especialista.

 

Los medicamentos antivirales pueden generar síntomas gastrointestinales como diarrea durante el tratamiento contra COVID-19

 

Efectos del tratamiento

Hay otros síntomas gastrointestinales que pueden presentarse durante la enfermedad y son efectos asociados a la terapia o tratamiento indicado para manejo de la COVID-19. Con respecto a los medicamentos antivirales, pueden generar síntomas gastrointestinales como diarrea durante el tratamiento, gastroparesia (dificultad durante la digestión), dolor abdominal, inflamación del páncreas (pancreatitis), entre otras patologías. Por eso, no hay que desestimar la aparición de estos signos asociados a la terapia en esta enfermedad, comenta la experta.

¿Qué dice la ciencia?

El primer estudio que reportó 140 pacientes con Covid-19 y síntomas gastrointestinales clasificó 82 de los casos como no severos y 58 casos como severos, del cual el 36,9% mostró síntomas gastrointestinales, siendo los más frecuentes: náuseas, diarrea y pérdida del apetito. Otra investigación, con datos de 1.099 pacientes de 552 centros médicos en China, encontró que la frecuencia de síntomas gastrointestinales era baja, pues estaba presente entre el 3.8% y 5% de las personas evaluadas. Sin embargo, una de las limitantes del estudio, según explica la gastroenteróloga, es que era solamente descriptivo.

En razón de lo anterior, en un nuevo estudio tomaron muestras de materia fecal a todos los pacientes que ingresaban a hospitalización y que eran confirmados como positivos para coronavirus, con el fin de saber si había presencia de éste en las heces. De los 73 pacientes objeto de la pesquisa, se encontró que en el 53% había evidencia de material genético del virus. Incluso, esta pesquisa evidencia que aun cuando ya habían dado negativos para COVID-19 en las pruebas de tracto respiratorio, la muestra en materia fecal podía seguir siendo positiva. Sin embargo, señala Manzano, eso no concluía nada de que hubiera todavía replicación viral activa y que estos pacientes no pudieran ser dados de alta.

Según datos de pacientes con PCR positivo en vía aérea y en tracto digestivo, las pruebas de materia fecal indican que las partículas del virus pueden sobrevivir por más tiempo en el tracto gastrointestinal, lo que quiere decir que a pesar de ser negativos para coronavirus, en heces puede aparecer positivo. “Incluso, hay algunos estudios que dicen que la carga viral en heces puede durar hasta 23 días”, informa la médica.

 

Si un paciente está bajo aislamiento porque tiene la presencia de la enfermedad, lo ideal es que pueda tener un baño personal.

 

¿Se puede transmitir el virus de forma fecal-oral?

Este tipo de transmisión puede darse de cinco formas de acuerdo con varios estudios, explica Manzano: a través de los dedos, moscas, fluidos, superficies y comida, y este virus cumple varias. Sin embargo, no hay evidencia concluyente hasta ahora que confirme la transmisión del SARS-CoV-2 de esta forma.

Sin embargo, es recomendable implementar todas las medidas higiénicas. Debe haber una desinfección frecuente de áreas compartidas, si un paciente está bajo aislamiento porque tiene la presencia de la enfermedad, lo ideal es que pueda tener un baño personal. Se sugiere, además, que este lugar sea usado por otras personas solo 14 días después de haber salido de hospitalización o de pasar el aislamiento en casa.

Otras consideraciones

En cuanto a la solicitud de exámenes endoscópicos, argumenta Manzano, hay ciertas restricciones. “Hay procedimientos de alto riesgo como la broncoscopia y la endoscopia digestiva superior, que sería mejor evitarlas”, señala. Por eso, sugiere que las personas solo se realicen procedimientos de urgencia: cuando se presenta sangrado gastrointestinal, colangitis (cálculos que impiden el paso de la bilis que produce el hígado) y extracción de cuerpo extraño. Estos procedimientos, de igual manera, implican riesgos para el paciente y para el equipo que los realiza.

En casos de pacientes programados y no de urgencia, se hace un triage pre-endoscópico y el día de la cita se toman las medidas de bioseguridad correspondientes, toma de temperatura, etc. Así se reduce el riesgo para el personal médico encargado.

Finalmente, no hay que desconocer que la aparición de síntomas gastrointestinales puede asociarse al estrés que ha condicionado esta pandemia. Por eso, afirma la doctora Manzano: “no es ser exagerado, hay que ver todas las posibilidades, pues aún estamos tratando de entender el comportamiento del virus y hay muchas dudas por resolver y síntomas que pueden o no estar asociados a la enfermedad”.

 

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente

La inmunidad de rebaño ¿una utopía frenada?

La inmunidad de rebaño ¿una utopía frenada?

Al mismo tiempo que crecía el ritmo de vacunación en el mundo, lo hacían también las expectativas de frenar la enfermedad de la covid-19. Las esperanzas en todo el planeta estaban puestas en la inmunidad de rebaño, la etapa en la que, teóricamente, el virus entraría en su fase final y la pandemia sería cosa del pasado. Sin embargo, las nuevas evidencias científicas parecen no ser tan alentadoras.

La inmunidad de rebaño

Frente a una enfermedad infecciosa, cuando la persona se enfrenta a microorganismos, el sistema inmune genera anticuerpos específicos, unas proteínas que intentan eliminar al invasor, sin embargo, a veces esta respuesta no es oportuna o suficiente y en el caso de COVID 19 la persona puede desarrollar complicaciones o incluso morir.

Lo interesante de las vacunas es que logran que aparezcan anticuerpos sin necesidad de infectarnos y evitan que nos expongamos a una infección y sus consecuencias.

El sistema inmunitario tiene la capacidad de guardar la información de cómo eliminó el virus, la bacteria o el hongo y en caso de que vuelva, ya sabe cómo combatirlo. Entonces lo más probable es que la persona que ya tuvo la enfermedad o que está vacunada, no se contagie, o en su defecto, no padezca tan fuertes sus efectos.

Cuando la mayoría de una población llega a este estado, se logra la inmunidad de rebaño, pues cada vez serán menos las personas contagiadas y a ese mismo ritmo la enfermedad irá disminuyendo.

“Lo que se espera con la inmunidad de rebaño es romper la cadena de transmisión porque el virus se queda sin huésped.  Al no tener huésped existe menor circulación y cada vez hay menos personas infectadas. Es la forma de controlar una infección”, explica Sandra Valderrama, jefe de la Unidad de Infectología del Hospital Universitario San Ignacio.

“En su momento, y gracias a la vacunación, las Américas se declararon libres del sarampión. Se le pudo poner fin porque el biológico frenó el contagio”, añade la experta. Algo similar ha pasado a nivel local con infecciones como la polio, la tosferina y la viruela.

Inicialmente, para llegar a la inmunidad de rebaño de la infección por SARS-CoV-2, se hablaba de la necesidad de llegar al 70 % de la población vacunada. Meses más tarde el comportamiento del virus llevó a los expertos a hablar del 84 %, pero desde hace unas semanas, el tema ha cambiado radicalmente.

¿No se podrá eliminar la covid-19?

A pesar de que las vacunas contra el coronavirus se desarrollaron en tiempo récord, uno de los riesgos de mantener tanto tiempo una infección como esta sin un tratamiento efectivo es que el virus puede mutar en su composición o características y generar variantes que causan una enfermedad que el sistema inmune ya no reconozca.

Es el caso de la variante delta que ha producido por lo menos tres cambios claves en su estructura, lo que en conjunto hace que el virus tenga la posibilidad de adherirse mejor al receptor, explica Valderrama. Por esto se replica de manera más eficiente y se transmite más fácil.

Este tipo de variantes son las que mantienen en alerta al mundo científico, pues es posible que en el futuro surjan versiones del virus que no respondan al efecto de las vacunas actuales.

En el marco del XVI Congreso la Investigación de la Javeriana, Óscar Franco, director del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna, Suiza, manifestó: “Estamos viendo que quizás esta infección está para quedarse un tiempo. Los virus son muy difíciles de predecir. Teniendo en cuenta cómo hemos avanzado con la vacunación y la distribución de las vacunas es posible que no vayamos a poder erradicar al coronavirus como pensamos en un principio, y desafortunadamente creo que va a estar entre nosotros más años”.

Andrew Pollard, director del grupo de vacunas de la Universidad de Oxford, creadores del biológico de AstraZeneca, advirtió en rueda de prensa que no es posible alcanzar la inmunidad de rebaño en las condiciones actuales. «Sabemos claramente que la actual variante del coronavirus, la delta, continuará infectando aún a las personas que se han vacunado”, dijo.

La infectóloga Valderrama también es escéptica sobre llegar a dicha inmunidad. “Probablemente lo que suceda es que se vuelva una infección respiratoria endémica y que no tengamos la capacidad de erradicarla completamente”, explica. Así, la infección por SARS-CoV-2 se quedaría por más tiempo, como otras enfermedades que actualmente existen.

“La mejor comparación sería con la influenza (gripa). A esta enfermedad todo el tiempo se le están vigilando sus mutaciones y se actualiza la vacuna temporal y geográficamente. En el caso del SARS-CoV-2 el seguimiento más importante es a la proteína spike, que es la que permite el contacto entre el virus y las células humanas”, dice. Asegura, además, que en muchas partes del mundo se está haciendo este seguimiento, incluso en Colombia.

Las vacunas han demostrado ser efectivas. En efecto, y como lo demuestran las cifras del Instituto Nacional de Salud, el contagio, los casos graves y muertes por causa de la enfermedad, han venido disminuyendo desde que inició la vacunación masiva.

Para Valderrama, quien también es profesora de la Pontificia Universidad Javeriana, la mejor herramienta sigue siendo la vacunación y hace un llamado para seguir confiando en los biológicos que actualmente se aplican. “Están clasificados como muy seguros y tienen muy bajos efectos adversos. No previenen 100 % las infecciones, pero sí el  90% de hospitalizaciones y muertes por el virus. Adicionalmente, las vacunas no aumentan la posibilidad de que aparezcan nuevas variantes, por el contrario disminuyen esta probabilidad al existir menos huéspedes susceptibles”, afirma.

La vacunación: un problema de equidad

Sin embargo, uno de los factores que impiden llegar a la inmunidad de rebaño es la distribución de las vacunas. La OMS ha manifestado que la inequidad en el acceso a los biológicos son el principal obstáculo para poner fin a la pandemia.

Y es que para que esta fuera posible, las cifras de vacunación de todos los países deberían ir parejas, pero la realidad es otra. Tras la aprobación de varias de las vacunas inició una lucha económica y los países de más altos ingresos acapararon la oferta del mercado.

A diciembre de 2020 Estados Unidos, la Unión Europea, Israel, Australia y Japón compraron el 93 % de las vacunas disponibles, según Launch & Scale Speedometer. Por su parte, la ONU denunció a finales de febrero de 2021 que diez países habían acaparado el 75 % de las vacunas del mercado.

Aunque los números han cambiado, la desigualdad sigue siendo evidente. Cifras de Our World In Data revelan que mientras Francia, Reino Unido, Bélgica o Israel se acercan al 80 % de su población vacunada, países como Malí, Sudán o Camerún apenas superan el 1 %. Las cifras son aún más dramáticas para países como Haití o Sudán del sur que tienen a menos del 1 % de sus habitantes con alguna dosis de la vacuna.

Expertos como Valderrama señalan que en las poblaciones no vacunadas es donde surgen nuevas variantes y a medida que pase el tiempo más comprometida se verá la efectividad de las vacunas actuales. “No podemos pensar en salud pública con límites geográficos. No vamos a poder superar la pandemia si no logramos unos niveles mínimos de vacunación en todos los países”.

Se deben fortalecer alianzas entre los países con mejores índices de vacunación para lograr costos menores y subsidiados en países con bajos ingresos. “Ha habido respuesta, pero se ha quedado corta. Hay que potenciar estrategias como Covax y fortalecer los procesos de producción de vacunas locales para que exista una distribución mucho más solidaria en el mediano plazo”, dice Valderrama.

Las terceras dosis: ¿una solución u otro problema de inequidad?

Otra discusión es el de las terceras dosis. Algunos países las han autorizado para toda la población y otros como Colombia lo han hecho para poblaciones con inmunosupresión o defensas bajas. “Creo que es necesaria en la población inmunosuprimida, pero la prioridad sigue siendo completar al menos el esquema completo para la mayoría de la población mundial”, asegura.

A inicios de septiembre la OMS en cabeza de su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió a todos los países suspender la aplicación de la tercera dosis por lo menos hasta fin de año, con el fin de llevar la vacuna a países de bajos recursos y priorizar a personas en mayor riesgo que no han recibido la primera dosis.

Los directivos ejecutivos de Pfizer y Moderna esperan que para finales de 2022 se pueda volver a la normalidad en el mundo, aun cuando sigan existiendo las variantes. Ambos han sido enfáticos en que dependerá del ritmo de la vacunación y que mientras más personas se vacunen, más rápido se podrán eliminar progresivamente las restricciones, como ha ocurrido en países con altas tasas como Israel o Reino unido.

Valderrama finaliza invitando a la vacunación, pues ha demostrado reducir ampliamente los casos graves de la enfermedad. “Las cifras muestran que incluso en países que tienen una circulación muy amplia de la variante Delta, las personas que suelen terminar hospitalizadas o desafortunadamente fallecen, son personas que no se vacunaron”.

Editorial: de la curiosidad a la solución de problemas concretos

Editorial: de la curiosidad a la solución de problemas concretos

La investigación no tiene como requisito exclusivo atender problemáticas inmediatas de la sociedad. La generación de nuevo conocimiento orientada por la curiosidad es tan necesaria como la investigación aplicada. Sobre todo, porque del primer tipo de indagación pueden surgir preguntas aparentemente lejanas de la cotidianidad, pero que podrían ser visionarias y dar respuestas a coyunturas, salvar vidas, transformar procesos sociales y optimizar modelos de negocios o simplemente enriquecer la vida humana a través del conocimiento. Y si no, ¿cómo se explica que, tras desatarse la pandemia, en menos de un año contáramos con vacunas para enfrentar la covid-19? Es muy claro: gracias a la histórica pesquisa sobre la evolución genética de virus que tienen como huéspedes diferentes especies de murciélagos y otros tipos de investigaciones, orientadas por la curiosidad, hoy se pueden desarrollar vacunas así de rápido.

Esas experiencias que buscan resolver un problema concreto a partir del conocimiento se conocen como ‘innovación’ y cuentan con caminos y métodos para transferirse desde la academia a la sociedad, al Estado o al sector empresarial. No son procesos sencillos ni de corto plazo. Se requiere, además de investigadores comprometidos y resilientes, de un entorno que los soporte, los acompañe y les facilite el extenso recorrido para llevar sus resultados de investigación a una solución puntual.

La comunidad javeriana sí que sabe de eso. Con más de quince años de trabajo promoviendo una cultura de innovación y emprendimiento, la Pontificia Universidad Javeriana se ha consolidado institucionalmente para que esas oportunidades lleguen al mercado y a las comunidades. No es gratuito que sea la primera universidad de Bogotá́ cuya Dirección de Innovación recibiera por parte del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación el reconocimiento como una Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI).

Esta certificación destaca la excelencia del fomento y la gestión en innovación de la universidad. Así mismo, le permite 1) acceder a beneficios tributarios por inversiones en estos campos, 2) participar en convocatorias y programas del Gobierno nacional en la búsqueda de recursos y 3) contribuir en el diseño de instrumentos y políticas publicas. Con este reconocimiento se destacan su trayectoria y los resultados tangibles que dan cuenta de sus aprendizajes.

Entre sus logros resaltamos las dos Spin-off creadas por profesores javerianos; el primer acuerdo interinstitucional de licencia de una patente suscrito con la Universidad de St. Louis de Estados Unidos, los licenciamientos con el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI) de métodos diagnósticos y los dos centros de excelencia que lideran profesores de la Facultad de Ingeniería en Internet de las Cosas (IoT) y en big data con CAOBA, entre otros.

También, la transferencia a la Gobernación de Cundinamarca el dispositivo portátil basado en espectroscopía de absorción UV/VIS para identificar licor addulterado, con base en una tecnología que es el resultado de más de veinte años de trabajo de profesores de la Facultad de Ciencias. Una solución que tuvo sus orígenes en estudios de física básica, es decir, de preguntas orientadas por la curiosidad.

Sin embargo, no solo se busca impactar a la sociedad desde los desarrollos tecnológicos. La innovación social es otro camino trazado y muy arraigado en el espíritu javeriano. Este año, iniciamos la implementación de dos proyectos financiados por el Sistema General de Regalías que buscan mejorar las condiciones de vida de las comunidades.

El primero pretende optimizar la oferta de atención virtual y multimedial en salud mental de los niños, niñas y jóvenes de Bogotá, con profesores de la Facultad de Medicina en alianza con el HUSI. El segundo plantea desarrollar un software que permita la promoción de una cultura del cuidado en zonas vulnerables de Barranquilla, con la participación de investigadores de la Facultad de Filosofía en colaboración con la Secretaría de Educación del Atlántico y Purdue University.

Así, nos sintonizamos con las palabras del Dr. José Luis Larrea, presidente del Consejo Asesor de Deusto Social Lab, de la Universidad de Deusto (España), quien, durante la entrega del Premio Bienal Javeriano a la Innovación, en el XVI Congreso La investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, destacó que “la innovación [en la Javeriana]nos sorprende con perfiles muy variados”. Por ello, su valor reside en reconocer que son diferentes sus metodologías y apuestas.

En esa versión de nuestro congreso de investigación se otorgó por primera vez el Premio Bienal Javeriano a la Innovación, para destacar la trayectoria en este campo de su comunidad académica: este reconocimiento fue entregado a Susana Fiorentino (Sede Bogotá), por el desarrollo de su tecnología DreemBio, fitomedicamentos contra el cáncer y enfermedades con componente inflamatorio, y a Luis Fernando Aguado Quintero (Seccional Cali), por su programa de investigación sobre Medición del Bienestar en la Niñez.

Nuestra estrategia para aportar a la construcción de país es continuar con la innovación, teniendo a la generación de nuevo conocimiento javeriano como instrumento. Así, nos sumamos a la apuesta de impulsar un ecosistema regional y nacional de innovación y emprendimiento, no solo desde los desarrollos tecnológicos, sino como un mecanismo para transformar las cotidianidades de las comunidades. Así, desde la ciencia, respondemos con un enfoque aplicado u orientado por la curiosidad científica.

¿Por qué la pandemia golpeó tan fuerte al Amazonas colombiano?

¿Por qué la pandemia golpeó tan fuerte al Amazonas colombiano?

El 16 de marzo de 2020 restaurantes, comercios, aeropuertos y casi toda la actividad productiva no esencial se detuvo en Colombia ante la llegada de la covid-19. La mayoría de las personas se confinaron en sus hogares con la idea de prevenir el contagio y hacer tiempo para que el sistema de salud pudiera prepararse y atender la inminente emergencia sanitaria que llegaría luego de ver cómo avanzaba el virus en Asia y Europa.

Mientras los casos avanzaban (uno para el 6 de marzo y 196 quince días después), el virus SARS-CoV-2 se iba acercando al Amazonas, departamento que cuenta con solo un hospital público para cerca de 80 mil personas, de las cuales (y según el DANE), el 34.9 % se encuentra en pobreza multidimensional y el 35 % con necesidades básicas insatisfechas, (indicadores superiores al promedio nacional, 19.6 % y 34. 9%, respectivamente.

A este escenario de vulnerabilidad se le sumó que el 20 de abril, tres días después de que se registrara el primer caso de covid-19 en el departamento, renunciaron cerca de 30 médicos del hospital San Rafael de Leticia. La razón: no tenían las garantías en equipos ni infraestructura para protegerse ni atender a la población contagiada. Además, había retraso en sus pagos.

Por si fuera poco, algunos de los médicos disponibles estaban en cuarentena, entonces se abrió una convocatoria para que profesionales en medicina de otras partes de Colombia trabajaran en el Amazonas. Pero ya era 27 de abril, los casos confirmados en el departamento eran 40 y el viceministro de Salud, Alexander Moscoso, dijo en la Comisión Tercera del Senado que ningún médico había atendido la convocatoria.

A pesar de los esfuerzos por mejorar las condiciones de los galenos (Moscoso comentó en la comisión que se llegó a un acuerdo de pago y de entrega de implementos para los médicos), ya no había tiempo para prevenir lo que pasaría en las semanas siguientes, pues al 3 de junio, Amazonas registraba la tasa más alta de mortalidad por millón de habitantes con 65 fallecidos y 1.898 casos confirmados, como lo documentó la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

A las renuncias y los altos índices de vulnerabilidad se le añade que el hospital contaba con 57 camas para la atención de pacientes, pero con ninguna Unidad de Cuidados Intensivos.

COVID-19 y Amazonas en el 2020

Lo anterior solo responde a la llegada del virus a este departamento y el virus, como era de esperarse, continuó expandiéndose, así que investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana orientaron el trabajo de maestría en Salud Pública de Diana Carolina Urrego Ricaurte, médica general de la Universidad Juan N. Corpas, trabajo que presentó en el XVI Congreso La Investigación, que se llevó a cabo del 14 al 17 de septiembre.

Urrego tituló su pesquisa como Aspectos demográficos, sociales y económicos potencialmente asociados a los resultados de la pandemia por el COVID-19 en Colombia, con enfoque especial en el departamento del Amazonas, para la cual utilizó un método mixto concurrente en el que combinó metodología cuantitativa y cualitativa.

Los resultados del análisis que abarcó desde el inicio de la pandemia hasta el 31 de diciembre de 2020 arrojaron que la mortalidad en indígenas del departamento del Amazonas fue 2.6 veces más alta que en el nivel nacional; además, los casos importados (traídos del exterior), fueron 20 veces mayores que en cualquier otro lugar del país.

Este último dato, dijo Urrego, se debe a que Leticia se encuentra muy cerca de Tabatinga, una ciudad ubicada en Brasil, y que “culturalmente se comportan como un solo territorio”. En consecuencia, y debido a las tenues (y casi nulas) restricciones de Brasil para contender la pandemia “y en un contexto como el de Leticia, en un extenso territorio fronterizo poco controlado, llevó a que las personas se desplazaran en busca de trabajo, precios más económicos en el comercio y para continuar con sus actividades de esparcimiento”.

La suma de un abandono histórico

En un momento, reportó Urrego, el personal de salud no contaba con los equipos para tratar pacientes, así que tuvieron dificultades para aplicar las pruebas diagnósticas de covid-19; además, la planta de oxígeno del hospital colapsó y con ella, la capacidad de atención.

La investigadora, que además es asistente de investigación en el Instituto de Salud Pública de la PUJ, resume cada una de las situaciones presentadas en el Amazonas como resultado de una “pobre oferta de servicios de salud, pues dado que no se tenía la infraestructura, equipos ni personal médico necesario para hacer frente a la demanda y complejidad de los pacientes, debieron ser remitidos, aumentando el tiempo de recuperación. Asimismo, la demora en el procesamiento de las muestras para diagnóstico y la dificultad para la aplicación de definición de caso en la zona de frontera, posiblemente aumentó el tiempo del diagnóstico con el nivel nacional”.

“Este desabastecimiento de personal, insumos y equipos médicos, sumado a la deficiencia en la prestación de los servicios, se tradujo en muertes que, según algunos médicos entrevistados, de haber tenido elementos necesarios, pudieron haberse evitado”, añadió Urrego al presentar su investigación.

El reto es reducir brechas

La población indígena en el departamento del Amazonas es cercana al 48 % y, como lo mencionó Urrego en su presentación, se debe mejorar la relación entre la medicina occidental y la tradicional, pues debido a la falta de atención o el retraso en la misma, como resultado de todos los problemas ya descritos, muchas veces los indígenas no recibieron la atención necesaria.

“Es importante fortalecer el sistema de salud y garantizar el acceso a los territorios distantes. Se exalta la importancia de hacer presupuestos en salud flexibles que permitan hacer adecuaciones según necesidades específicas de una población. Se deben buscar mecanismos para cerrar las brechas entre medicina tradicional y occidental”, señaló la investigadora.

La situación en términos de contagio en Amazonas se ha estabilizado en los últimos meses, incluso, Julián Fernández, director de Epidemiologia y Demografía del Ministerio de Salud y Protección Social, publicó que la última muerte asociada a la covid-19 en Leticia se registró el 9 de agosto de 2021.


Aunque aparentemente lo más grave ya haya ocurrido y recientemente no se han vuelto a tener los registros que reportó el departamento en el 2020, aún quedan deudas pendientes para garantizar un acceso de calidad a los servicios de salud en el Amazonas.

“Las comunidades vulnerables están pagando el precio más alto frente a la pandemia. Son territorios con poca presencia del Estado, comunidades con bajos ingresos económicos y altos índices de informalidad laboral”, así que la recomendación es “planear y rediseñar políticas dirigidas a mejorar sus condiciones de vida y bienestar, y por ende su capacidad de respuesta y recuperación ante esta pandemia y cualquier otro posible fenómeno agresor en el futuro”, finalizó Urrego.

Desafíos en investigación e innovación: una conversación con Judith Sutz

Desafíos en investigación e innovación: una conversación con Judith Sutz

Judith Sutz ha venido a Colombia en varias ocasiones y siempre a conversar sobre lo que más le apasiona: el desarrollo de la investigación científica, la innovación, el devenir de la política científica en países como su natal Uruguay y también con gran conocimiento sobre lo que sucede en la región.

Esta ingeniera electricista, con maestría en Planificación del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela y doctorado en Socioeconomía del Desarrollo por la Universidad de la Soborna, en Francia, coordina desde 1992 la Comisión Sectorial de Investigación Científica, CSIC, que fomenta la investigación en todas las áreas de conocimiento en la Universidad de la República. Para lograrlo implementa diversos programas que apuntan al fortalecimiento y estímulo de la investigación en las áreas de salud, tecnologías y ciencias de la naturaleza y hábitat, y área social y artística.

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“Su aporte es la concepción de innovación porque supera la discusión sobre productividad”, dijo sobre ella Hernán Jaramillo, exdecano de Economía de la Universidad del Rosario y exsubdirector de Colciencias (hoy Minciencias). “Hay que cambiar de paradigma para medir la productividad”.

Con este abrebocas, Pesquisa Javeriana presenta a Judith Sutz, quien abrirá el primer día del XVI Congreso La Investigación, que se desarrolla del 14 al 17 de septiembre de forma virtual, con una charla titulada Investigación, innovación y formación: algunos desafíos y respuestas necesarias y posibles en América Latina.

En países como los nuestros, Uruguay y Colombia, ¿la ciencia que se produce debe responder a los problemas que vive el país?

Bueno, formulada así la pregunta, me parece evidente que sí. Pero hay que tener cuidado porque una afirmación sin matices podría dar lugar a la hipótesis de que hay alguien, algún grupo político en el Gobierno o un grupo social que sabe lo que el país necesita y le indica a la ciencia que eso es lo que tiene que hacer y que solo habrá financiamiento para eso. Sumamente peligroso. Por lo tanto, la pregunta hay que matizarla.

Por otra parte, si hay algo que mostró la respuesta al covid-19, por lo menos en Uruguay, es que largos esfuerzos, hechos en condiciones muy desfavorables dada la muy baja inversión en ciencia, y orientados por lo que podríamos llamar entre comillas la curiosidad, fueron fundamentales.

Si no se hubiera trabajado en la comprensión de ciertos mecanismos básicos de la función biológica de los virus -que en principio, con los problemas del país no tenían absolutamente nada que ver-, cuando llegó la pandemia, no habría habido capacidad de respuesta.

Cuando digo que hay que tomar la cuestión de “orientado por la curiosidad”, es que esa curiosidad, que es la que forma la agenda de investigación al menos en buena parte, es una curiosidad también sesgada, porque dado el carácter internacional de la ciencia, dada la necesidad de interactuar con otros y la muy grande asimetría en materia de desarrollo científico entre los países del sur y los países altamente industrializados, esa curiosidad puede transformarse en seguidismo de la agenda académica del norte, es decir, en usar acá una agenda que no nos es propia porque teóricamente no es propia de nadie, es la agenda del mundo.

Entonces, ¿cómo hacemos para conciliar la necesidad imprescindible de que la ciencia responda a las preguntas internas de la disciplina y también se ocupe de los problemas del país? Es un tema evidentemente complicado y para responder a eso yo lo que digo es: ¿Dónde están los problemas del país? ¿Qué sabemos de cuáles son los problemas del país? Bueno, es una pregunta que no se puede contestar.

Ya que menciona el tema de la pandemia y las lecciones que dejó en nuestros países, ¿cree que ahora los tomadores de decisiones ahora sí le van a parar bolas a las ciencias básicas?

Bueno, esa me parece que es una pregunta fundamental. Compartimos la idea de que la ciencia básica para países como los nuestros es un lujo, es profundamente reaccionaria. Partamos de ese punto. Para nosotros el que Gonzalo Moratorio, un joven de menos de 40 años, fuera declarado una de las 10 personas más importantes en ciencias el 15 de diciembre por la revista Nature, es algo que a Uruguay jamás le había pasado: los científicos estando en la radio y la televisión, a los horarios de máxima audiencia; el Gobierno preguntando y el ministro de Salud Pública, llamando a la Pro Rectora de investigación de la universidad a decirle: “No tenemos hisopos” y los hisopos no son una tontería.

Entonces, sin duda alguna, la pregunta es como tú bien dices, en colombiano, ¿le pararán bolas a la ciencia básica? Y yo te voy a decir que no estoy para nada segura. ¿Por qué le pararon bolas a la ciencia durante la pandemia? Cuando la pandemia no esté, ¿van a estar? Yo no creo que se hayan convencido de nada, creo que lo hicieron porque no tenían más remedio. Creo que es posible tratar de recordarles que no deberían olvidarse demasiado rápido.

En Colombia se está empezando a ver que no solamente el conocimiento científico es el que vale, por lo que tenemos tanta diversidad. ¿Cómo incluir otros saberes en los proyectos de investigación científica que se desarrollan en nuestros países?

El tema de los saberes es complejo, lo que hace falta son mayores niveles de escucha, no de escucha amable y cultural, políticamente correcta. Eso por supuesto, siempre es útil. Yo no tengo ninguna experiencia con el tema de lo que saben los otros, pero me consta que interrogar a los otros sobre cómo definen sus problemas, cómo los perciben, es fundamental para encontrar soluciones y muchas veces los que tienen una mucho más afinada, profunda e integral comprensión de los problemas son aquellos que no necesariamente son capaces de expresarlos en el lenguaje del científico- académico.

Por eso mismo, el tema de los diálogos a veces es tan difícil y por no tener una buena comprensión del problema simplemente no se consiguen soluciones, se pierde el tiempo y el dinero. Alguna gente llama al diálogo coproducción. Yo lo de la coproducción de conocimientos es algo que no tengo del todo claro, pero la coproducción del problema, ¡ah!, eso lo tengo clarísimo: un problema correctamente definido es el paso imprescindible para cualquier investigación exitosa académicamente hablando. Eso para mí es lo más importante.

La financiación para la investigación y desarrollo debe provenir de varias fuentes, entre ellas del sector productivo, pero eso no sucede en nuestros países. ¿Cómo convencer a los empresarios para que tengan en sus instalaciones una oficina que diga I+D?

Yo creo que los empresarios son gente muy inteligente, que saben muy bien lo que necesitan, que se adaptan a las condiciones del medio y, por lo tanto, yo no estoy segura de que el problema sea de convencimiento. Lo que yo creo que puede ocurrir en una franja muy importante de empresas, -estoy hablando de las pequeñas y medianas empresas-, es que no tienes manera de saber que el conocimiento les puede ser útil. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla: porque no tienen personal calificado. La única manera de usar conocimiento y antes que nada de invertir en conocimiento, es estar convencido de que el conocimiento sirve.

¿Como pueden los pequeños y medianos empresarios, siquiera acercarse a la multiplicidad de ofertas que la política permanentemente genera? Tienen que saber que allá hay un aliado y eso no ocurre porque en el 80 por ciento de los casos, que son el 95 por ciento de las unidades productivas en todos nuestros países y también en Escandinavia, no tienen personal calificado.

A mí me resultó impactante, pero Dinamarca tenía un ochenta por ciento igual que Uruguay de pymes sin ni un solo profesional. ¿Y qué hicieron? Hicieron dos cosas: primera, una política de primer profesional en la pyme y le dio mucho resultado; y la segunda, una política de extensionismo industrial que está un poco próxima a la idea de transferencia de tecnología, que no es la que a nosotros nos gusta, porque la palabra transferencia implica una asimetría cognitiva que no es correcta. Pero pensémoslo no en términos de transferencias sino de aprendizaje. Hay gente que tiene capacidades para resolver problemas, hay gente que necesitaría esas capacidades, pero no se conocen, no tienen un diálogo. El extensionismo es una forma de propiciar diálogos.

En Uruguay hicimos un proyecto de extensionismo industrial y la idea es la siguiente: invíteme a tomar un café, no le voy a cobrar nada, déjeme mirar cómo hacen las cosas. Si después de la conversación usted me permite, gratis, yo le voy a mandar un ingeniero que tenga canas a ver cómo podemos mejorar y si encontramos una manera, lo ayudamos a pedir plata… Hay que tener paciencia y hay que ir cambiando la cultura. Por eso yo digo, no sé si es que hay que convencerlos o hay que ayudarlos a identificar al conocimiento como un aliado y eso lleva tiempo.

La evaluación de la ciencia, la tecnología y la innovación se mide universalmente por la publicación, ¿cierto? ¿Qué hay de aquella investigación cuyos resultados generan, por ejemplo, políticas públicas? ¿Qué hacer para que la misma comunidad científica se salga un poquito de ese sistema que a mí personalmente me parece un poco perverso?

Ese sistema es un sistema perverso y no lo digo yo. A nivel internacional hay una preocupación muy grande por el Q1, Q2, Q3, una preocupación con la que es muy difícil de pelear porque es la base de los rankings, y los rankings de universidades son el marketing de las universidades que viven de las fees de los estudiantes extranjeros.

Por decirte una, Spru (el Departamento de Investigación en Políticas para la Ciencia de la Universidad de Sussex, Reino Unido) tiene un cargo pagado por el presupuesto universitario que es el de su director, todos los demás vienen de grants (subsidios) que pueden ser nacionales o internacionales. Puedes conseguir grants en función del prestigio de la universidad y el prestigio depende de en qué lugar está en el ranking, y el lugar depende de los papers… Entonces es muy difícil desarmar un edificio que si yo tuviera que hacer marxismo vulgar, te diría que en la base está cómo se financian algunas universidades del mundo altamente industrializado.

La literatura sobre el drama de los rankings, en particular escrita por los australianos, es maravillosa. La crítica es demoledora. El problema es cómo construimos una alternativa que separe el trigo de la paja.

Esa manera de medir, si la seguimos usando, tendrá tres consecuencias. Una, no vamos a hacer ciencia relevante para nuestros países; la otra, que la ciencia no va a ser relevante para la ciencia; y la tercera: va a seguir expulsando mujeres. Yo lo lamento por el poder de los economistas, pero hacer ciencia no es hacer economía; el concepto de productividad es un concepto válido cuando yo produzco zapatos, pero no cuando yo produzco conocimiento. Eso es ridículo.

Para finalizar quiero mencionar el famoso Triángulo de Sábato. A ese triángulo en cuyos vértices está el Estado, la academia y el sector productivo, ¿no le hace falta la base de la sociedad?

El triángulo de Sábato fue presentado por primera vez en 1968 y me sigue pareciendo un concepto particularmente útil. El triángulo de Sábato tiene las intrarrelaciones al interior del Gobierno, de la producción y de la academia; tiene las interrelaciones entre los vértices, pero tiene la extrarrelaciones que son la dependencia.

Esa es una primera cuestión porque me parece importante señalar la riqueza y la validez actual de esos tres conceptos: las intra, las inter y las extra relaciones. Es una cuestión muy estilizada. Yo creo que la idea no es tanto la de cuántos vértices tiene el polígono, sino cuáles son las relaciones de las que estamos hablando entre los vértices del polígono.

¿Cuáles diría que son las fortalezas de los países del sur global?

Cualquier ingeniero sabe que nunca hay una única solución para un problema. Que un problema es un problema y sus condiciones de borde, es decir, si yo tengo cien millones de dólares, tengo un problema, si tengo 10 dólares tengo otro problema. Lo que nosotros conocimos como oferta tecnológica es la oferta tecnológica de gente que resolvió problemas en condiciones de abundancia.

Eso muchas veces exige infraestructuras muy caras que nosotros no tenemos, se refleja en costos que no podemos pagar, en sofisticaciones que nos son absolutamente ajenas. Entonces, cuando miramos un problema y le marcamos las condiciones de borde que son escasez del lado del que lo resuelve y escasez del lado del que va a buscar la solución, porque las escaseces vienen de los dos lados, entonces puede ser que uno encuentre una solución totalmente distinta.

Yo tengo ejemplos de ingeniería, espectaculares aparatos muy sofisticados que cuestan 10 veces menos y que fueron pensados desde lo que yo llamo la capacidad de innovar en condiciones de escasez.

Creo esa es una enorme fortaleza cognitiva de los países del sur y de un mundo que tiene que avanzar hacia la frugalidad. Este es el momento en que los que solamente saben actuar porque son ricos tienen que mirar cómo actuamos y cómo resolvemos problemas los que no lo somos para aprender.

Este es un momento en que vale reivindicar que nunca hay una única manera de resolver problemas. Eso tiene mucho que ver con los imaginarios tecnológicos. Yo creo que llegó la hora, covid mediante también, de estar orgullosos de nosotros mismos.

Variante delta: su llegada a Colombia y la efectividad de las vacunas

Variante delta: su llegada a Colombia y la efectividad de las vacunas

Los virus no son estáticos, cambian de acuerdo con las condiciones a las que están sometidos y el virus del SARS-CoV-2 no es la excepción. Desde su aparición ha sufrido mutaciones que, en algunos casos, transforman la velocidad de su propagación o la forma de manifestarse en los humanos, entre otros. A estos cambios considerables se les llama variantes y vienen siendo monitoreadas por científicos de todo el mundo, pues podrían representar un riesgo adicional para la salud pública.

Las variantes

Desde finales del 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) empezó a clasificar las variantes detectadas en todo el mundo en dos categorías: las variantes de interés (VOI) y las variantes preocupantes (VOC). Esta clasificación se realiza con el objetivo de priorizar el seguimiento y la investigación a escala mundial de las potencialmente más riesgosas.

A mediados del 2021 el organismo internacional decidió clasificar estas variantes con el alfabeto griego en lugar del nombre del país en que fueron descubiertas para simplificar su denominación y eliminar estigmas hacia los países donde se reportaron originalmente.

Actualmente hay cuatro variantes preocupantes identificadas desde 2020: beta, hallada en Sudáfrica en mayo; alpha, en Reino Unido y precisada en septiembre; delta (India, octubre ); y gamma, en Brasil (noviembre). Además, hay otras siete variantes de interés a las que también se les hace seguimiento.

La variante delta

En el caso específico de la variante delta de la covid-19, de la cual “se ha visto que es más infecciosa, se ha diseminado más rápido”, de acuerdo con la viróloga María Fernanda Gutiérrez, profesora del Departamento de Microbiología de la Javeriana. “Sin embargo”, continúa, “no produce más mortalidad, responde igual a las pruebas de diagnóstico y parece responder igual a las vacunas”.

Los pronunciamientos del Ministerio de Salud de Colombia van en la misma dirección. Luis Alexander Moscoso, viceministro de Salud pública y prestación de servicios ha declarado en boletines de prensa que la variante original de la covid-19 tenía la capacidad para infectar a 2.2 personas en promedio; alfa y gama entre 4 y 5 personas, pero que los datos de Ministerio revelan que delta puede contagiar a 8 personas. 

Según el viceministro, la variante delta será predominante en octubre.

María Fernanda Gutiérrez sostiene también que este es un virus con ácido nucleico RNA, y eso le permite mutar con mayor facilidad. Puesto que entre sus componentes no hay enzimas reparadoras que permitan corregir errores en el proceso de reproducción viral, “entonces los ‘virus hijos’ tienen varios errores que podían manifestarse en la aparición de nuevas variantes”, señala.

Varias investigaciones demuestran que esta variante tiene una velocidad de propagación superior a las demás del SARS-CoV-2, siendo entre 40 % y 60 % más transmisible. El Centro Provincial de Control y Prevención de Enfermedades de Guangdong en China, reporta que delta tiene un

periodo de incubación más corto, cuatro días en promedio (comparado con los seis de las otras variantes). Además, las cargas virales (la cantidad de virus en la persona infectada) llega a ser mil veces mayor que en otras variantes.

Esto preocupa a los científicos y médicos, pues hay mayor cantidad de virus y se transmite mucho más rápido. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, advirtió que se ha confirmado la presencia de la variante delta en más de 104 países, y también señaló que pronto será la variante dominante en el mundo. Aunque no es más mortal que las otras, el incremento de contagios podría saturar servicios médicos y aumentar el número de las hospitalizaciones y muertes.

El Instituto Nacional de Salud informó que el pasado 24 de julio se detectó el primer caso de un paciente con la variante delta en Colombia. Sin embargo, especialistas como Manuel Franco, inmunólogo y profesor del Instituto de genética humana de la PUJ, creen que es posible que haya llegado antes. “Lo que pasa es que nosotros tenemos sistemas de seguimiento diferentes. El Instituto ha hecho un esfuerzo aplaudible, pero de todas formas no es lo suficientemente amplio para hacer un seguimiento más preciso” dice Franco.

 

¿Por qué surgen las nuevas variantes?

Un virus es una partícula de código genético (ADN o ARN) encapsulado en proteínas y no tienen la capacidad de replicarse por sí mismos, así que necesitan infectar células para usar sus componentes y reproducirse.

Es justamente en esa interacción que tanto célula como virus sufren cambios. El virus puede dañar o matar las células que infecta (que es lo que causa las enfermedades en muchos casos) y a su vez, podría desarrollar cambios que generan nuevas variantes. Para los expertos esto es un proceso normal.

“Evolutivamente los organismos vivos estamos hechos para adaptarnos a sobrevivir. Si el sistema inmune del huésped susceptible pelea contra el virus, este va a cambiar para subsistir. Las mutaciones y las variantes son lo esperado”, explica Franco, profesor y líder del Semillero de Investigación en Inmunología de la Pontificia Universidad Javeriana. “Estamos en una pelea con el virus y él ha estado luchando por vivir. ¿Cómo lo hace? Pues cambiando”, agrega.

La OMS ha declarado que, con el tiempo, se producen este tipo de cambios y que en la mayoría de casos tienen poco o nulo efecto sobre las propiedades del virus. Sin embargo, algunos de ellos pueden modificar características como su facilidad de propagación, la gravedad de la enfermedad que produce o la eficacia de su tratamiento médico, y es allí donde se prenden las alarmas.

¿Las variantes afectan la efectividad de las vacunas?

Probar la efectividad de las vacunas toma tiempo. Aun así, diferentes investigaciones parecen demostrar buenos resultados de las vacunas frente a delta. “Hay estudios en Inglaterra que muestran que las vacunas de Pfizer y de AstraZeneca continúan protegiendo contra infección severa, es decir, hospitalización o muerte inducida por la variante delta a muy buenos niveles”, afirma el inmunólogo.

Precisamente, el más reciente estudio publicado por el Public Health England (PHE) de Reino Unido, muestra que las segundas dosis mantienen buenos resultados de protección frente a delta, incluso en un país donde esta variante ya es dominante. Para el caso de Inglaterra la efectividad de la vacuna de Pfizer contra hospitalización fue de 96% y del 93% en Israel. La segunda dosis de AstraZeneca tuvo una efectividad de 92% en Inglaterra.

Por su parte, una reciente investigación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos muestra que la vacuna de Moderna mantiene la protección contra Delta por al menos 6 meses.

Los científicos apuntan a la vacunación como la mejor opción para contener el virus, incluidas las nuevas variantes.

“Sin duda alguna los países en donde no hay vacunación es de donde salen las variantes. Si el virus encuentra un medio en el que se puede multiplicar fácilmente, habrá mayor probabilidad de generar variaciones. Por eso es importante vacunarnos”, dice la profesora Gutiérrez. “Si el virus infecta un individuo protegido, lo normal es que la protección adquirida destruya al virus”, agrega.

Sin embargo, el profesor Franco pone sobre la mesa la posibilidad teórica de que las vacunas mal administradas puedan aumentar la generación de nuevas variantes.“Teóricamente, las vacunas pueden ayudar a generar variantes, especialmente si no se aplican a unas dosis adecuadas”, manifiesta. Aunque hasta el momento no hay estudios contundentes al respecto, el mundo científico está enfrentando un fenómeno nuevo y se debe seguir haciendo seguimiento cuidadoso al virus. Por ahora los expertos recomiendan que las personas reciban cuanto antes las dosis completas.

“Ahora veremos que los más afectados serán los menores de 40 años. Algunos pensarán que es que el virus mutó y que ahora infecta a los jóvenes, pero se debe a que los mayores ya están vacunados, a ellos los afectará mucho menos”, explica Gutiérrez.

La viróloga también enfatiza en la necesidad de esperar nuevos hallazgos científicos. “Las vacunas hasta ahora están terminando de demostrar su eficacia. Tanto así que algunas casas farmacéuticas ya están hablando de una posible tercera dosis porque se han dado cuenta que la eficacia de las vacunas no es tan alta como estaba esperando”.

Shabir A. Madhi, decano de la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, escribió recientemente para la revista The Conversation que el 97 % de personas que terminan hospitalizadas o muertas a causa de la covid-19 en Reino Unido no estaban vacunadas.

Resalta el decano que la mutación del virus ha sido tan rápida que delta es dos veces más transmisible que el virus original. Este hecho hace que la inmunidad de rebaño, de la que tanto se ha hablado, sea un escenario cercano poco probable según las nuevas evidencias científicas.

Por su alta transmisibilidad habría que vacunar al 84 % de la población mundial (más o menos al mismo tiempo) para que sea posible la inmunidad de rebaño, explica el médico sudafricano. Sin embargo, la desigual distribución de los biológicos en el mundo muestra, según Our world Data, que solo el 23,6 % de la población mundial ha sido vacunada. En los países de bajos ingresos solo el 1,3% de la población ha recibido al menos una dosis.

Si bien las vacunas siguen siendo la mejor herramienta para enfrentar los casos graves de la enfermedad, las disparejas cifras en la vacunación mundial hacen que el decano afirme que no sería posible erradicar el virus, y que habría que estar hablando de cómo convivir con él.

Tanto Franco como Gutiérrez hacen el llamado a continuar con los protocolos de bioseguridad, de vacunar a la mayor cantidad de gente posible y que las decisiones estatales se tomen basados en la mejor evidencia científica posible. “Tenemos que acostumbrarnos a que no tenemos verdades absolutas. Hoy sabemos una cosa, pero mañana la información científica puede dar resultados distintos y debemos adaptarnos a eso”, finaliza Franco.

¿La covid-19 causa caída de pelo? Esto dicen los expertos

¿La covid-19 causa caída de pelo? Esto dicen los expertos

El 30 de mayo del 2021 hice parte de los 20.217 colombianos que dieron positivo para covid-19. En resumen, lo sentí como una gripe particularmente extraña. Mi caso no requirió hospitalización, pero presenté algunos síntomas agudos, como fiebre de 39.5 grados y dificultad para respirar.

Afortunadamente mejoré y me sumé a los más de cuatro millones de recuperados que hay en el país, todo estaba aparentemente normal pero empecé a notar que cada vez se me caía más el pelo.

Le pedí una cita a mi dermatóloga, la doctora María Andrea Ocampo (egresada de la Pontificia Universidad Javeriana), y me dijo que “el estrés que generan las enfermedades o una hospitalización, la ansiedad, depresión o el insomnio pueden afectar el ciclo capilar e inducir caídas”. Ocampo también es tricóloga (campo especializado de la medicina que se ocupa del estudio de las enfermedades, anatomía y funciones del pelo) de la Universidad de Lyon y de la Universidad de Alcalá.

Además, hablé con otros expertos y consulté estudios para saber si este coronavirus tenía algo que ver con la caída del pelo. Según la médica dermatóloga Isabel Cristina Cuellar, coordinadora de la especialización en Dermatología de la Universidad Javeriana, es normal que se caigan alrededor de 100 y 200 pelos del cuero cabelludo al día, aunque no lo percibamos.

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La covid-19 prolongada

Los efectos de la covid-19 pueden durar hasta seis meses después de haberse contagiado. Un artículo científico publicado en la revista Nature Medicine reveló que en Estados Unidos el 32.6 % de los pacientes reportaron síntomas persistentes, en Europa el 87,4 % y en China el 76 %. Entre las afecciones más comunes está fatiga, dolor muscular, ansiedad, depresión, dificultades para respirar y… caída del pelo.

Otro artículo científico divulgado en The Lancet describió los efectos a largo plazo de 1.733 pacientes dados de alta en el hospital Jin Yin-Tan en Wuhan, China. El 63 % afirmó presentar fatiga o dolor muscular, el 26 % problemas de sueño, el 22 % caída de pelo y el 11 % desordenes en el olfato, entre otras afecciones.

La literatura publicada hasta el momento obtiene la información por medio de llamadas telefónicas a los pacientes que estuvieron hospitalizados. Eso quiere decir que la mayoría de los estudios no tienen en cuenta a pacientes como yo, que no ingresaron a un hospital, pero que aún así presentaron caídas de pelo atípicas.

Luego de revisar estos estudios, descubrí que lo que me sucedió es más común de lo que yo creía y que, como yo, puede haber millones de personas preguntándose si su caída de pelo tiene o no que ver con el coronavirus.

¿Qué tiene que ver el pelo con la covid-19?

Varios dermatólogos y tricólogos manifiestan que sus interconsultas incrementaron a raíz de caídas severas de pelo en pacientes recuperados de covid-19.

El doctor Sergio Vañó, dermatólogo y director de la Unidad de Alopecia (pérdida anormal del pelo) del Hospital Ramón y Cajal en Madrid, España, comentó en su twitter que la caída de pelo relacionada con covid-19 es común.

La dermatóloga Ana Claudia Rivas, internista y jefa de residentes del Servicio de Dermatología del Hospital de Clínicas en Asunción, Paraguay, también advirtió el aumento de casos y la importancia de consultar un especialista.

“Ahora es muy frecuente ver pacientes que consultan después de haber tenido covid-19 o estar encerrados por las cuarentenas. Esto se debe a una caída masiva por una alteración en el ciclo folicular (efluvio telógeno). Lo que significa que los folículos pilosos (abertura en la superficie de la piel en la que el pelo crece) entran de forma prematura en una fase de reposo y caída”, explica mi dermatóloga María Andrea Ocampo.

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Para la doctora Cuellar, la principal causa de la caída del pelo después del coronavirus es el estrés. Sin embargo, no se debe descartar la inflamación generalizada que produce la infección, incluyendo la que ocurre en la piel como órgano involucrado en la respuesta sistémica por el virus.

“La covid-19 produce una respuesta inflamatoria generalizada aguda, además de una desregulación del sistema inmune. Esto puede ocasionar alteraciones a nivel del sitio del folículo donde se da el crecimiento del pelo. Por otro lado, la literatura muestra que quienes presentan esas caídas son los pacientes que tuvieron un grado de covid moderado o severo, es decir, quienes estuvieron en hospitalización o en una unidad de cuidado intensivo”, expone Cuellar.

Después de escuchar a las dermatólogas pensé en mi caso. Si bien es cierto que no me hospitalizaron, sí presenté síntomas agudos. Además, el encierro, la angustia y el miedo de tener un peligroso virus pudo desencadenar mi caída de pelo.

Hay que sumarle el estrés de ver las noticias y lo que pasa relacionado con el coronavirus, eso también influye en la caída del pelo”, Isabel Cristina Cuellar

¿Qué recomiendan los expertos?

La primera recomendación es asistir a una consulta dermatológica para poder estudiar cada caso particular.

“El virus puede tener múltiples afectaciones. Se puede alterar la parte endocrinológica, por eso hay que revisar la tiroides. También estudiar si el paciente está anémico y mirar cómo están los niveles de ferritina (proteína encargada de transportar, liberar y almacenar de forma controlada el hierro)”, sugiere Cuellar.

Otro punto en el que es enfática la dermatóloga es en no automedicarse y tener cuidado con los consejos que rondan en internet, sobre todo porque muchos responden a fines comerciales y no médicos.

Lo importante, dice Ocampo, es mantener la calma, consultar a un especialista, no dejarse de lavar el pelo y no detener los tratamientos que se estén llevando a cabo. Además, es tratable.

La causa de la caída de mi pelo fue estrés y, con un tratamiento dermatológico formulado por la doctora Ocampo, estoy superando la situación. Aunque la recuperación es lenta, al parecer, voy por buen camino.

Es viable modificar nuestra información genética para tratar enfermedades raras

Es viable modificar nuestra información genética para tratar enfermedades raras

Carlos Javier Alméciga Díaz

Durante el último año hemos escuchado diferentes mitos alrededor de las vacunas para la covid-19, siendo el de la posibilidad de que estas modificaran nuestra información genética uno de los más recurrentes. Aunque ninguna de las vacunas aprobadas para el manejo de la COVID-19 en la actualidad alteran nuestra información genética, este mito puso sobre la mesa nuevamente la pregunta sobre la posibilidad y efectos de la modificación del material genético en humanos.

¿Qué es la terapia génica?

La modificación de nuestra información genética con fines terapéuticos, también conocida como terapia génica, es una alternativa que se viene explorando desde finales del siglo pasado. Esta terapia busca la modificación, transitoria o permanente, del material genético de un individuo con el objetivo de tratar o curar una enfermedad.

Modificar nuestro genoma puede permitir, por ejemplo, la cura de enfermedades genéticas o de otras enfermedades adquiridas como el cáncer o algunas enfermedades infecciosas como el VIH.

Desde la primera prueba en humanos, a principios de la década de los 90, la terapia génica se ha evaluado en cerca de 150 enfermedades mostrando resultados prometedores en la gran mayoría de ellas. Sin embargo, como cualquier otra intervención terapéutica, la terapia génica no está exenta de riesgos, y estos están principalmente asociados con la posibilidad de modificar otras regiones dentro del ADN o de que el sistema inmunológico reconozca como extraño el material genético administrado.

En este aspecto, durante las últimas tres décadas se han realizado importantes avances para mejorar su seguridad y eficacia, lo que ha permitido la aprobación de productos basados en esta tecnología. Es importante aclarar que la modificación de nuestra información genética con fines cosméticos o de mejoramiento de la especie, no son considerados como terapia génica y se encuentran regulados por diferentes organizaciones a nivel internacional.

Para el caso de las enfermedades raras o poco frecuentes, la posibilidad de modificar o corregir el material genético puede representar la única opción de tratamiento para un paciente. Este es el caso de Alissa, una paciente con una enfermedad rara que afecta principalmente su sistema nervioso central y para quien la modificación de su material genético representa la única oportunidad de cambiar el curso de su enfermedad.

Hallazgos similares se han observado para un tipo de ceguera hereditaria, en la que los pacientes han recuperado su visión tras la administración de la terapia, o en la enfermedad de células falciformes, una enfermedad de los glóbulos rojos, que ha permitido que los pacientes no requieren las transfusiones de sangre a las que frecuentemente son sometidos.

La terapia génica en la actualidad

Propuesta inicialmente hacia la mitad del siglo pasado, no fue sino hasta el año 2003 que el primer producto aprobado de terapia génica, Gendicina, llegó al mercado. Desde entonces 16 productos se han aprobado para el tratamiento de diferentes enfermedades raras y algunos tipos de cáncer. Sin embargo, ninguno de ellos se encuentra aprobado para su comercialización en Colombia.

En los últimos cinco años hemos visto un rápido crecimiento de productos aprobados, y se espera que cerca de 40 nuevos productos lleguen al mercado. Esto representa una gran esperanza para muchos pacientes y sus familias afectados por enfermedades raras y para las que los actuales tratamientos no presentan la eficacia necesaria.

Los retos

A pesar de los avances, aún existen muchos retos que deben ser superados para extender los beneficios de estas terapias a más países y más enfermedades raras. El primero de ellos es la necesidad de desarrollar estrategias que permitan ampliar el número de enfermedades con tratamiento. De acuerdo con el Centro de Información para Enfermedades Raras y Genéticas, de los Institutos de Salud de los Estados Unidos, tan solo 5 % de las cerca de 7000 enfermedades raras descritas cuentan con algún tipo de tratamiento y de estos, solo cinco están basados en terapia génica.

El segundo es continuar entendiendo la biología de los vectores, esas herramientas empleadas para entregar el material genético a las células de los pacientes, así como optimizar sus procesos de producción, purificación y caracterización. El tercero es poder emplear los resultados de estudios previos sobre la seguridad y eficacia de estos vectores, con el objetivo de poder acelerar el desarrollo de terapias para otras enfermedades.

Otro aspecto muy importante es el acceso a las terapias génicas, y el temor de que las actuales barreras puedan aumentar la brecha entre países de altos y bajos ingresos. En la actualidad, las terapias génicas que se comercializan están disponibles en Estados Unidos, China, la Unión Europea, Canadá, Rusia, Ucrania, Filipinas, Suiza, Japón, y Turquía.

Para el caso de Latinoamérica, Brasil es el único país que cuenta con terapias génicas aprobadas. Una de las limitantes para el acceso es su costo que puede alcanzar los dos millones de dólares por paciente tras una única administración. Estos costos suelen estar asociados principalmente a los procesos de producción y el bajo número de pacientes de cada enfermedad, hecho que podría dificultar la recuperación de la inversión realizada.

Para producir estas terapias génicas es necesario contar con una infraestructura para la administración y seguimiento de la terapia, y en algunos casos para la producción de las células modificadas que serán implantadas en los pacientes, lo cual también puede ser un limitante. En este sentido, la creación de iniciativas público-privadas o de empresas biotecnológicas sin ánimo de lucro representan dos de las alternativas para reducir los costos y facilitar el desarrollo y acceso. Adicionalmente, la búsqueda de nuevos mecanismos de pago o cambios en las rutas de desarrollo y aprobación de estos medicamentos puede reducir costos a mediano y largo plazo. Estas, y otras estrategias, requieren de una estrecha cooperación entre organizaciones de pacientes, investigadores, médicos, gobiernos y la industria farmacéutica.

Lo que queda por hacer…

Es importante que cada país defina una agenda para el desarrollo de terapias avanzadas, como es el caso de la terapia génica, que lleven a la construcción de las capacidades humanas, así como de investigación y de producción. Esto no solo permitirá adaptar las terapias desarrolladas en otros países, sino el desarrollo de terapias para enfermedades que afectan a la población de cada país.

Por ejemplo, de acuerdo con el portal Clinicaltrials.gov, a la fecha no hay ensayos clínicos de terapia génica en Colombia, y tan solo 15 se han llevado a cabo en países de Suramérica. En este aspecto, es importante destacar que, para Colombia, la Misión de Sabios del año 2019 realizó diferentes propuestas que de ser implementadas deberían fortalecer la innovación y soberanía en salud. Esto, sumado a la Ley de Enfermedades Huérfanas (Ley 1392 de 2010), muestran la existencia de unas bases conceptuales y legales para favorecer el desarrollo de tecnologías como la terapia génica en nuestro país, en especial para las enfermedades raras. Por lo tanto, es necesario que todos los actores involucrados unamos nuestros esfuerzos para garantizar que los pacientes y sus familias puedan verse beneficiados con los crecientes desarrollos en este campo de la biotecnología en salud.

Las asociaciones de pacientes juegan un papel muy importante para promover el desarrollo de nuevas terapias, pues son ellas las que pueden no solo recoger las necesidades de los pacientes y sus familias y las experiencias en el manejo de determinada enfermedad, sino conectar diferentes actores interesados, movilizar recursos económicos y gestionar cambios en las políticas públicas.

Asociaciones como la National MPS Society o la National Tay-Sachs & Allied Diseases Association, son solo un ejemplo de cómo los pacientes y sus familias pueden cambiar la historia de una enfermedad a través de la concientización, la investigación y el trabajo colaborativo. Estas asociaciones han logrado impulsar el desarrollo de terapias génicas para diferentes enfermedades patrocinando investigaciones básicas y aplicadas y logrando una efectiva comunicación con empresas biofarmacéuticas y con el sector gubernamental.

Para Colombia, iniciativas como la Federación Colombiana de Enfermedades Raras (FECOER), el Cluster de Enfermedades Raras o la asociación de pacientes con errores innatos del metabolismo (ACPEIM), son algunos de los ejemplos de las asociaciones que trabajan por mejorar la calidad de vida de los pacientes y aumentar la divulgación de estas enfermedades en el país. Sin embargo, es necesario continuar empoderando estas asociaciones y promover el trabajo colaborativo con otros actores como investigadores y la industria farmacéutica.

* Carlos Javier Alméciga Díaz, QF, PhD. es profesor asociado de la Pontificia Universidad Javeriana y director del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo.