Más profesionales en STEM ¡sí, pero no así!

Más profesionales en STEM ¡sí, pero no así!

Por: Bryann Avendaño-Uribe* // Fotografía: IStock

La importancia de los expertos en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM por sus siglas en inglés) debe pasar del discurso a la práctica. Mujeres en STEM, graduadas de doctorados exigentes y que sueñan con aportar al país, están bajo una brecha que no se cierra.

Abunda la propaganda por atraer talento a las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, carreras del futuro que buscan más mujeres en esos campos. Sin embargo, parece que en Colombia esto solo se quedará en un discurso bien elaborado: las políticas educativas para incentivar la ciencia y la tecnología no despegan y hay un gran porcentaje de personas con título de doctor en Filosofía (PhD) que están desempleados.

¿Por qué el gobierno no da ejemplo? ¿Qué cambiaría en el país si un requisito para entrar en el empleo público fuese una preparación con alto nivel académico? ¿Qué necesita Colombia para que las áreas STEM sean un motor de desarrollo y no solamente un discurso?

El panorama: Un sistema educativo que promueve las carreras científicas como una oportunidad para la transformación del país, alentando una nueva generación de innovadores, emprendedores y destacados profesionales de las ciencias. La imperante necesidad de tener personal preparado en las especialidades mencionadas redunda aún más cuando se habla de la participación de mujeres.

La propaganda sobre mujeres en la ciencia, el homenaje a aquellas que aportaron al viaje del hombre a la luna y la estimulación para que más de ellas ingresen a la educación superior invitan a la idea de suscitar vocaciones científicas en los últimos 10 años.

Sin embargo, el panorama laboral y el emprendimiento de base científica están en ‘pañales’. El sistema laboral carece de incentivos para contratar personas altamente calificadas. La cultura de contratación de científicos e innovadores en Colombia aún está iniciando; una organización no contrata doctores porque los considera sobrecalificados o porque no se conoce sobre la transferencia de habilidades de la academia a la industria y el emprendimiento. Además, porque tampoco se tienen en cuenta las capacidades de innovación y de traer ideas nuevas a la compañía. Es nefasto que en Colombia se esté hablando del posdoctorado como un escalón educativo, el cual, a pesar de su componente de aprendizaje, constituye en sí mismo una experiencia laboral en investigación.

 

El sistema laboral colombiano carece de incentivos para contratar personas altamente calificadas.

 

El ejemplo: una de las razones por las que los colombianos hacen sus estudios en el exterior es la de adquirir herramientas, habilidades e ideas que pueden agregar valor a su participación en una empresa u organización. En el discurso está funcionando, en la práctica, no tanto.

Conozco una científica del Putumayo que se graduó con honores, con doble programa en Física e Ingeniería, hizo una maestría en una universidad de renombre en el exterior y le apostó a hacer un doctorado en Colombia en el sector de nanotecnología. Prometedor perfil y una inspiración para las niñas que sueñan con ser científicas.

La realidad es que ella lleva tres años sin empleo. “Tomé la decisión de dedicarme a la investigación en el año que busqué trabajo como ingeniera en Colombia. No lo encontré porque me decían que estaba sobrecalificada, dado que hice mi maestría en Francia inmediatamente terminé el pregrado. Cuando regresé, me postulaba a las convocatorias y me decían: ‘usted no tiene experiencia laboral, me sale más barato contratar a un recién graduado del pregrado; además tiene maestría, habla inglés y francés y es demasiado para nosotros”, narra la científica, entusiasta de la promoción de carreras STEM para niñas en zonas rurales y con muchas ganas de transformar el país a sus 34 años.

La reflexión: necesitamos más mujeres y profesionales en los campos mencionados ¡sí, pero no así! El discurso de la promoción de las carreras en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas no se ve reflejado en el actual panorama para los científicos en Colombia. Se está demostrando que esa hoja de ruta que marcó la Misión de Sabios en 2019, que apuntaba a incentivar la participación de profesionales altamente calificados (con maestrías y doctorados) en el sistema laboral colombiano, no despega.

El gobierno debería dar ejemplo con esta tarea clave para la innovación del país y emplear un alto porcentaje de los PhD que regresan al país en sus institutos de investigación, abrir oficinas de innovación y vacantes suficientes en cada uno de los despachos de gobierno. Ojalá hubiera una ‘avalancha’ de estos investigadores empleados como docentes rurales y en centros de educación terciaria, no solamente universitaria para estimular la educación de alta calidad e investigación desde los colegios, y por qué no, nuevos centros nacionales que apunten a los objetivos de desarrollo del país.

*Científico en ScienteLab, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM. Becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

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