Más ciencia para el Chocó: Espacios Maker en zonas rurales

Más ciencia para el Chocó: Espacios Maker en zonas rurales

Bryann AvendañoLa noticia sobre la inauguración del Centro de Desarrollo de Software en Quibdó-Chocó, alianza Servicio Nacional de Aprendizaje -SENA y la multinacional EVERIS, el pasado mes de mayo, deja un mensaje de esperanza para el país: una inversión directa y disruptiva para generar talento STEM (en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Con educación, se puede.

No obstante, noticias como esta provocan una pregunta para la prospectiva: ¿estas estrategias disruptivas son la mejor solución para llevar educación científica de alto nivel a las zonas rurales y olvidadas del país?

No pretendo responderla en los siguientes párrafos, pero sí quiero esbozar una estrategia que pide a gritos la juventud y que puede transformar la forma como educamos a la generación de jóvenes rurales en talento STEM para los próximos años.

Las comunidades de aprendizaje para la creación o Espacios Maker, también conocidos como makerspaces en inglés, son espacios para la creación y el desarrollo de las ideas. El Banco Interamericano de Desarrollo ha demostrado que estos espacios promueven el capital social, promoviendo una red de colaboración en la que se comparten conocimientos, se incentiva el pensamiento crítico y se dota de recursos y herramientas a los participantes para que pasen de las ideas al prototipo y el emprendimiento.

En varios países desarrollados los Espacios Maker ya están en las bibliotecas públicas y cuentan talleres abiertos de mecatrónica, computadores para el desarrollo de videojuegos y software, impresoras 3D, estudios de grabación musical y hasta estudios de tejido. Estos espacios no son algo nuevo en Colombia. El SENA, por ejemplo, ha desarrollado las tecnoacademias. Estas comunidades de aprendizaje ya suman 14 centros en todo el territorio nacional, incluso, llegando a zonas rurales apartadas y veredas a través de las tecnoacademias itinerantes (Aún intermitente en el Chocó).

Basta con describir lo que pasa en una tecnoacademia del SENA para descubrir la ventaja de tener un espacio maker en una zona rural.

La Tecnoacademia en Túquerres, seccional Nariño, por ejemplo, fue una apuesta por llevar una política vanguardista donde el acceso a una infraestructura para la educación terciaria de calidad, muchas veces estaba limitada. Bastó con algo de voluntad política para convencer a un gobierno local de jalar este espacio de aprendizaje a una zona papera del sur colombiano.

Allá, en ese rincón de Colombia donde empieza el país, la tecnoacademia de Túquerres es orgullo nacional y nariñense por su infraestructura de alta generación, con ocho ambientes de aprendizaje y laboratorios completamente dotados en sus áreas: tecnología, física, biología y química. Además, un auditorio de construido como domo geodésico multifuncional es evidencia de un pueblo que florece por su tecnología, en las montañas a más de 3.000 metros de altura.

Lo importante de esta tecnoacademia no es solamente su infraestructura, sino que el proyecto de aprendizaje ha llevado a niños de las veredas a ferias científicas en Francia y Brasil, tras su éxito al explorar la nanotecnología y biotecnología aplicadas a la agroindustria. Una muestra de que los niños de zonas rurales atendiendo centros de Maker Space como las tecnoacademias, al estar en contacto con estas estrategias educativas de disrupción, pueden ver en la investigación un proyecto de vida. Pero esto no ha sido un trabajo fácil, necesitaron orientación, guía técnica y todo un equipo humano detrás de los espacios de creación-aprendizaje.

Y sí, así como se inauguró el centro de software, ya es hora de tener una tecnoacademia física en el Chocó como una forma de reclamar políticas de acceso a la educación científica de calidad, llevando un Maker Space a estas zonas apartadas, donde la deuda no solamente es en infraestructura, sino en potenciar lo que será el equivalente al Silicon Valley de la biodiversidad: un Chocó que explora de manera sostenible sus recursos naturales para el desarrollo regional y la formación de talento STEM.

Que sea apuesta por exponer a los niños y jóvenes a la educación científica, no solamente con infraestructura de calidad, sino con el acompañamiento adecuado de profesionales de la educación que le apuesten a un cambio sistémico: comunidades de aprendizaje para el desarrollo del talento STEM, una apuesta de país que no puede quedar solamente en un titular de periódico, debe replicarse y sostenerse.

Pero por favor, arranquemos primero con una apuesta al desarrollo del talento STEM para la región que inspire la futura generación de científicos del país.

Bryann Avendaño-Uribe es científico en ScienteLab, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM. Becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

El mito de que Colombia es un país rico en agua

El mito de que Colombia es un país rico en agua

No por tener abundancia en ríos y costas sobre dos mares, Colombia es un país rico en agua. Es cierto que su posición privilegiada en una de las zonas más lluviosas del planeta, produce grandes y torrentosos ríos que corren a lo largo de la geografía. Además, de acuerdo con un estudio del Instituto Alexander von Humboldt publicado en 2015, más del 25% del territorio nacional está constituido por humedales. Esto parece ser consistente con que en los años en que el Fenómeno de la Niña es más fuerte, una parte importante del país sufre de inundaciones. Pero ¿toda esta agua está disponible para su uso por parte de las poblaciones?

La emergencia invernal que sucede cada cierto tiempo nos muestra el poder de los ríos que reclaman sus humedales. Tal es el caso reciente del río Atrato en el departamento del Chocó, que se llevó puentes y enseres de los pobladores en sus riberas. Estos fenómenos son recurrentes en una de las zonas más lluviosas del mundo: sobre cada metro de la superficie de este departamento, una columna de agua de más de siete metros de altura cae al año en forma de lluvia. Lo que parecería inverosímil es que los pobladores de estas zonas sufran por falta de agua, tanto, que hace unos años, fruto de unas semanas de sequía, fue necesario que la Fuerza Aérea Colombiana llevase agua desde Bogotá a Quibdó para suplir las necesidades básicas de la población. Debido a que en esta zona, generalmente llueve prácticamente todos los días, cada cual puede recoger el agua lluvia usando sistemas instalados en sus tejados. Pero claro, más de siete días sin un aguacero puede causar un serio desabastecimiento.

El concepto de riqueza tiene varias interpretaciones, pero se suele dar valor al agua en función de su uso. Es muy frecuente que en los primeros meses del año abunden las noticias de municipios que no tienen suficiente agua para la población. La discrepancia que existe entre la cantidad y la disponibilidad de agua para su uso, se explica principalmente por la estacionalidad de las lluvias. La estación seca define realmente cuánta agua queda disponible para el consumo y la agricultura. Cuando el agua que cae es menos que la que se evapora y la que usan las plantas, se habla de que existe un déficit y algún grado de aridez. De acuerdo con datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), la cuarta parte del país sufre de sequía, siendo las zonas más pobladas donde este déficit es mayor. Colombia, tal vez es un país muy rico en la variedad y cantidad de ecosistemas acuáticos, pero el agua disponible para el uso de la población es otro asunto.

Algunos de los escenarios del cambio climático sugieren que los períodos de lluvias serán mucho más húmedos, y la estación seca será más intensa. Las primeras proyecciones sobre los escenarios de dicho fenómeno fueron realizadas hace más de 20 años y el futuro se ha vuelto un presente en donde cada año el clima parece más extremo. Así, en términos de las necesidades de los colombianos, el país está más cerca de ser deficitario que rico en agua.

Bajo este panorama, es necesario afrontar con urgencia varios temas pendientes, como el desarrollo de la infraestructura que permita el aprovisionamiento básico de agua para toda la población, la gestión integral del recurso y la protección de los ecosistemas acuáticos. Algunos tenemos la percepción de que las décadas pasan en Colombia y no se avanza de manera efectiva en estos temas. Es cierto que la complejidad física, la variabilidad climática y la naturaleza anfibia del territorio requieren de una creatividad en el desarrollo de las obras que garantice agua de buena calidad en todas las regiones. No obstante, hoy en día existen en el mundo las tecnologías para afrontar las singularidades de nuestro territorio.

Es irónico que algunos países con menor cantidad de lluvia como Israel o España puedan garantizar una mejor cobertura del recurso. Por otro lado, cada día hay más evidencias de que el desarrollo económico solo puede ocurrir garantizando la sostenibilidad de los ecosistemas. No es un secreto que la mayor parte de las cuencas más importantes del país están sometidas a grandes afectaciones y que urge la restauración de muchas áreas y un manejo integral y sostenible de las mismas. Abordar y resolver todos estos problemas nos ayudará a pasar del mito de la riqueza a la realidad del déficit.

*Director del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana. Investigador del Instituto Javeriano del Agua.


Esta columna de opinión es la primera entrega del especial que se suma a la conmemoración de los 50 años de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Información clasificada para convivir con los temblores

Información clasificada para convivir con los temblores

A las 4:06 de la mañana del 15 de noviembre de 2004, los caleños se despertaron por un temblor de tierra que se originó en el océano Pacífico, a 400 kilómetros de la capital del Valle del Cauca. La onda sísmica se desplazó a 5.000 metros por segundo, atravesó la cordillera Occidental y, al llegar al valle geográfico del río Cauca, removió durante 22 segundos el suelo donde se asienta una ciudad habitada por 2.500.000 habitantes.

Lo curioso del fenómeno es que “no se originó en Cali, pero sí le causó daño”, como anota el investigador Alberto Benavides Herrán, quien, en su oficina de la Universidad Javeriana, tiene un póster con el mapa y los datos del mencionado sismo, realizado por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés). Más extraño aún es que los mayores daños se concentraran en 25 edificios y 6 clínicas de tercer nivel localizadas sobre la carrera 9.ª y la avenida Guadalupe, donde el sismo alcanzó una magnitud mayor a la registrada por los sismógrafos (6,7 en la escala de Richter).

Tanto el profesor Benavides como su colega de la Universidad del Valle y actual director de la Red Sismológica del Suroccidente Colombiano de la Universidad del Valle (Red SW), Elkin de Jesús Salcedo, explican que la porosidad del suelo en esa parte de la ciudad, originada en los procesos de sedimentación de la cuenca del río Cañaveralejo, hicieron que el suelo se “licuara” con la onda que viajó en línea recta desde Pizarro, en el departamento del Chocó.

Este sismo hace parte de una base de datos trabajada por investigadores de las dos universidades que recoge 6.945 eventos telúricos registrados entre 1993 y 2010 en un área geográfica que incluye los departamentos de Cauca, Nariño, Valle del Cauca y Chocó, y se interna en el océano Pacífico, donde las placas tectónicas de Nazca y Suramérica interactúan de forma permanente.

Con estos datos, Benavides y sus colegas pusieron a dialogar las principales variables que intervienen en la ocurrencia de un sismo. El proyecto puede observarse claramente en un mapa realizado por capas en el que aparecen las fallas geológicas que atraviesan el área objeto del estudio, y los diversos tipos de sismos clasificados por clusters o grupos de acuerdo con sus magnitudes, profundidades y energía liberada.

Las cicatrices de la tierra

Es importante aclarar que los sismos en esta parte del planeta se originan principalmente por dos factores: la actividad tectónica que tiene también una relación directa con el vulcanismo y las fallas geológicas. “Las fallas son como costuras de la tierra que se mueven durante un terremoto. La famosa falla de Romeral que atraviesa el país de sur a norte es la responsable de los terremotos más grandes de los últimos tiempos, como los de Popayán, Armenia, Pereira, Páez (Cauca) y Murindó (Chocó)”, precisa el profesor Benavides.

A simple vista, se pueden observar estas “cicatrices” de la tierra en zonas como el lago Calima, donde el profesor Benavides programa periódicamente laboratorios con sus estudiantes de ingeniería. También son visibles los daños que el movimiento de las fallas ocasiona en las carreteras, particularmente en temporadas invernales.

“Lo que no se ha movido en el último millón de años ya se queda así, pero aquellas partes de la tierra que muestran actividad en ese lapso seguirán moviéndose, y las fallas geológicas permiten apreciar cómo son esos acomodamientos del planeta”, puntualizó el investigador de la Universidad Javeriana.

Ocuparse de la catalogación de los sismos, sus características y su relación con el sistema de fallas geológicas constituye el corazón de la investigación denominada “Reconocimiento de patrones espaciales sísmicos en el suroccidente colombiano”, desarrollada por un grupo interdisciplinario conformado por un físico, ingenieros electrónicos, geofísicos y un topógrafo de las universidades Javeriana y del Valle.

Este equipo de investigadores construyó un algoritmo que permite reconocer en el territorio estudiado enjambres de sismos mediante la utilización de herramientas estadísticas y métodos probabilísticos. Esta metodología identifica patrones con los cuales se agrupan sismos de similares características en algunas áreas de la zona estudiada.

Anteriormente, explica el profesor Benavides, la interpretación de la actividad sísmica dependía de quien operaba un sismógrafo. La organización y sistematización de la información fue el gran desafío del proyecto, tal como quedó consignado en un artículo publicado por los investigadores en la revista Computers & Geosciences en julio de 2013.

Como parte de los resultados de la investigación, se confirmó la presencia de sismos de similares características (enjambres) en zonas de los departamentos del Cauca, Valle del Cauca, Quindío, Tolima y Chocó.

Gracias a investigaciones como esta, se puede aprovechar mejor la información que todos los días se origina en el monitoreo que desde 24 estaciones realiza la Red SW en el suroccidente del país.

Amenaza y vulnerabilidad

La investigación ofrece una información relevante para tomar buenas decisiones en materia de construcción de obras de ingeniería. El profesor Benavides explica que las fallas geológicas y la ubicación geográfica en la zona de influencia del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico implican una amenaza. “Es sencillamente lo que hay y eso no lo podemos cambiar”, afirma. Sin embargo, también existe la variable de vulnerabilidad en la que el hombre sí tiene injerencia. “Aquí cuentan las buenas y malas decisiones que toman los ingenieros. Eso incrementa o disminuye el grado de vulnerabilidad de las obras”, agrega.

De esta manera, la información generada por el proyecto de investigación sirve no solo para evaluar los factores de amenaza y vulnerabilidad en obras de ingeniería sino que también es una herramienta importante para los planes de ordenamiento territorial (POT). “Muchas veces no se entiende la importancia de esta información y no se ajustan las normas de sismorresistencia en los distintos municipios”, explica el profesor Elkin de Jesús Salcedo, de la Universidad del Valle.

A su vez, el profesor Benavides indica que “un edificio es como un péndulo invertido, y en su construcción es necesario aplicar el conocimiento técnico sobre sismorresistencia con todas las implicaciones éticas que esto tiene… Los ingenieros no construyen sobre el vacío, y todo lo que hacen afecta a las personas”.

Considera que en toda construcción se deben tener en cuenta los estudios de suelos, las aceleraciones máximas y la historia sísmica del terreno, así como los factores de diseño, calidad de los materiales y, sobre todo, recordar la responsabilidad de los ingenieros en las obras que construyen.

El reforzamiento de los nueve edificios que se vieron gravemente afectados por el sismo del 15 de noviembre de 2004 en Cali tardó varios años. La dolorosa lección quedó allí para los constructores y las autoridades que autorizaron construcciones de más de cuatro pisos en suelos de arcillas contracto-expansivas. La información sobre patrones sísmicos es precisamente una herramienta para tomar buenas decisiones en lugares del planeta, como este, donde los temblores son algo corriente.


Para saber más:
» Benítez, H., Flórez J. F., Puque, D. P., Benavides, A., Baquero, O. L. & Quintero, J. (2013). “Spatial Pattern Recognition of Seismic Events in South West Colombia”. Computers & Geosciences 59: 60-77.

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