Las diferentes formas de la innovación científica

Las diferentes formas de la innovación científica

Innovar no es fácil. Algunos dirían que ‘innovar tiene su ciencia’ y no todas las buenas ideas se convierten en emprendimientos, patentes, empresas, nuevos productos o servicios, procesos o metodologías que resuelvan problemas de la sociedad.

Pero la Javeriana le está apostando a convertir el nuevo conocimiento resultado de sus investigaciones científicas en propuestas innovadoras. No importa el resultado, porque el riesgo de fracasar siempre está presente; en cambio, si se es exitoso, es posible gritar: “¡Eureka!”

En el Simposio Transferencia, apropiación e impacto, que tuvo lugar ayer miércoles en el marco del XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, se presentaron seis experiencias que dan lecciones: unas porque inciden en la política pública, otras, porque mejoran la calidad de vida de los colombianos o vuelven útil un material que antes se desechaba, o porque proponen novedosas formas de enseñanza universitaria en un mundo virtual.


Innovar en las artes

Desde Cali, Manuel Sevilla, doctor en Antropología y profesor del Departamento de Arte, Arquitectura y Diseño, aprovecha las artes performáticas, como el teatro, la música y la danza, para entregar resultados de investigación en ciencias sociales, específicamente sobre identidades musicales, modelos políticos en América Latina y migración del Pacífico al interior de Colombia.

Los tres montajes desarrollados entre 2015 y 2019, promueven la búsqueda de nuevos lenguajes para que la sociedad acceda a conocimiento especializado sobre estos y otros temas que investigan las ciencias sociales.  “Es igualmente importante el lenguaje temático, de cada ciencia, y el lenguaje artístico, como el teatral, el musical, el de la danza”, explicó Sevilla sobre el proceso para llevar el conocimiento de la antropología y de las expresiones culturales, por ejemplo, a la sociedad en general.

Entre los resultados del grupo POIESIS se cuentan diferentes montajes, entre ellos La música del tren, que recuerda el viaje del ferrocarril de la estación de Popayán hasta la de Buenaventura, entregando al mismo tiempo información que va desde la obra ingenieril del trazado del tren hasta la creación arquitectónica de las estaciones. Otro montaje, Decibelios, presenta una historia de la música popular en Colombia.

Las obras artísticas montadas han sido ganadoras de diferentes becas de creación en programas de estímulos de cultura municipales y nacionales.


¿Qué hacer con los desechos universitarios?

El BioTrueque es un producto que funciona como abono orgánico, resultado de un trabajo que convierte los residuos sólidos en material utilizable para la agricultura y los jardines en general. Es un intercambio —haciendo alusión a la palabra trueque— entre la comunidad javeriana y el planeta tierra. “Como buenos colombianos tomamos café, pero el ‘cuncho’ se va a la caneca de la basura”, dice Aura Marina Pedroza Rodríguez, doctora en Ciencias con énfasis en biotecnología, miembro de la Unidad de Investigaciones Agropecuarias y profesora de la Facultad de Ciencias. “Este material derivado del café es orgánico y perfectamente aprovechable como abono orgánico”, añade, haciendo énfasis en que le devolvemos a nuestro planeta un insumo a partir de algo que también el mismo planeta nos ha dado. Trueque con la naturaleza.

La profesora Pedroza y los integrantes del grupo de investigación en biotecnología ambiental e industrial desarrollan esta transformación a partir de una biorefinería, que los convierte en bioproductos de mayor valor agregado.

Utilizan la corteza de pino, el aserrín y las servilletas de papel que se desechan en la Universidad y las convierten en biochar, un sustrato para la germinación, siembra y biofertilizante de hortalizas, flores y pastos. “Ya algunas unidades han recibido nuestros primeros lotes de sustrato de siembra y lo han evaluado en sus parcelas experimentales”, dijeron los investigadores.

Así mismo, como los laboratorios utilizan compuestos químicos para hacer tinciones biológicas que tienen una toxicidad aguda fuerte, “por responsabilidad ambiental la universidad no debe verterlos a las alcantarillas”, dice Pedroza. “El agua que tratamos sirve como agua de riego” para los jardines del campus.

Congreso Inn 2


Soluciones en las aulas

El grupo de investigación Diseño, ergonomía e innovación diseñó una silla escolar adaptada a la anatomía de los niños colombianos, luego de una investigación que determinó los parámetros formales del asiento y del espaldar a partir de la medición y evaluación de los puntos de presión del cuerpo cuando se está sentado y se ejerce peso. Dichas características son determinantes en la adopción de una adecuada postura que le dé un soporte estable a la espalda, los glúteos y los muslos, todo en una silla que sea cómoda para los estudiantes.

Los integrantes del grupo, liderado por el profesor Ovidio Rincón, magister en Salud y Seguridad en el Trabajo, participaron en la revisión de los manuales de parámetros técnicos para la adquisición de dotaciones del Ministerio de Educación Nacional.

Por su parte, el Semillero de Investigación en Actividad Física, Salud y Deporte, dirigido por Fanny Esperanza Acevedo Gamboa, magister en Educación y lider de la línea de educación y pedagogía del grupo de investigación Cuidado y Práctica, construyó una guía virtual de simulación clínica para los estudiantes de Enfermería que les enseña diferentes procesos clínicos, como, por ejemplo, a poner inyecciones en diferentes partes del cuerpo.

A través de esta guía virtual que contiene unos videos ilustrativos, los estudiantes “juegan para ver cómo se deben colocar los tapabocas, las gafas y cómo es el procedimiento para hacer una punción”, dicen los integrantes del semillero. Lo hacen en el Transmilenio durante el trayecto de la casa a la universidad,  o tomando un refrigerio en la cafetería, y así evitan tener que vivir procesos administrativos muchas veces lentos cuando necesitan usar los espacios para hacer sus prácticas.

La profesora Nancy Agray-Vargas, doctora en Lingüística Aplicada e integrante del grupo de investigación Lenguajes, pedagogías y culturas, desarrolló una aplicación didáctica para la enseñanza virtual de español como lengua extranjera. Este trabajo es resultado de su tesis doctoral.

Desde el comienzo, la mirada interdisciplinar incluyó campos de la filosofía, psicología, sociología, comunicación y estudios culturales, además de la lingüística aplicada. Con base en un análisis de necesidades y con una mirada futurista de la virtualidad de la educación, la aplicación ofrece espacios de conversación, de evaluación del propio desempeño del estudiante, actividades puntuales de escritura de experiencias personales y, por supuesto, espacios para que aprenda… descansando, al estilo recreo. Porque en sus palabras, “el estudiante, antes que ser estudiante, es un ser social y realiza actividades en ese sentido”.

El modelo diseñado fue tomado por el Departamento de Lenguas como modelo a seguir para diseñar el nuevo currículo que se espera implementar en el marco del nuevo Centro de Idiomas de la Javeriana.

Congreso Inn 1


Propuestas útiles para las entidades públicas

Para 2020 se estima que el numero de dispositivos del internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) conectados a la red en el mundo será de 50.000 millones, unas cinco veces la cantidad de seres humanos que habitarán el planeta.

Teniendo en cuenta que cada día habrá más dispositivos IoT que accederán al espectro radioeléctrico —un pequeño fragmento del espectro electromagnético donde no solo están los colores visibles, sino donde también navegan las comunicaciones—, investigadores javerianos liderados por Manuel Pérez, doctor  en Ingeniería Electrónica y profesor de la Facultad de Ingeniería, se aliaron con la Agencia Nacional del Espectro para proponer un modelo que sea capaz de estimar el requerimiento espectral para permitir el despliegue de estas tecnologías de comunicación en el futuro. Así, esa autopista por donde viajan las comunicaciones no se congestionará como sucede hoy en día con algunas calles en las diferentes ciudades colombianas y del mundo.

Se trata del modelo de predicción de demanda de espectro para servicios basados en tecnologías IoT en Colombia. “Está en una primera etapa de implementación y se busca transferir a otros países como parte de la estrategia del gobierno a través de la Agencia para seguir siendo líderes en gestión del espectro radioeléctrico en América Latina”, explicó.

Congreso Inn 3

De las estrellas a las aulas

De las estrellas a las aulas

Col Bryann Avendaño

Desde septiembre de 2017, Ana Salvador y Ángel Rivas emprendieron un viaje como mochileros en Argentina y hoy llegan a Colombia, en una Volkswagen Kombi modelo 88 que convirtieron en casa rodante y bautizaron como “Vera Z Rubin”, cargada de historias, recuerdos y mucha ciencia. Sí, ciencia. Ellos son jóvenes científicos: Ana es física y Ph.D en Cosmología por la Universidad Autónoma de Madrid, y Ángel, físico y desarrollador de software. Juntos viajan por el mundo divulgando temas de ciencia, como los orígenes del universo o bases de astronomía, a cambio de alojamiento o algo que les ayude con el propósito de recorrer el mundo. Su sueño es cambiar la percepción que las personas tienen acerca de los científicos y mostrar que cualquier persona que se lo proponga puede estudiar una carrera en ciencias.

Su proyecto se llama ‘Acoge a un científico’ y, a enero de 2019, habían recorrido nueve países de Suramérica, 94 escuelas e instituciones educativas donde han realizado más de 150 talleres y charlas para una audiencia de más de 6.700 niños y jóvenes. Su sustento para los gastos de viaje es la venta de libros que ellos mismos han escrito sobre la historia del universo y algunas postales o calcomanías sobre temas de ciencia.

Esta forma de economía colaborativa no solamente tiene impacto en la visión que su audiencia va adoptando sobre la forma como se hace público el conocimiento científico, también da cuenta de la valiosa oportunidad que tienen los científicos de motivar e inspirar nuevas generaciones en las llamadas carreras del siglo XXI o carreras STEM —en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—. Motivarlas no solo con historias de éxito, también con las cotidianas, las humanas, las emocionales y las de cumplir anhelos. Las de recorrer Suramérica enseñando por vocación.

Ana y Ángel resaltan el potencial que tiene el asombro en los niños. En su viaje han llegado a colegios en varias provincias argentinas, pueblos alejados de las fronteras uruguayas, comunidades paraguayas de aprendizaje, escuelas rurales muy recónditas en las montañas bolivianas,  institutos y observatorios de investigación en medio del desierto peruano, universidades chilenas y también aulas en medio de la selva ecuatoriana.

No en vano, cada parada que hacen en su ‘combi’ tiene el objetivo de enseñar, de manera gratuita, temas de cosmología y física como el origen del universo y de la materia oscura, el uso de escalas físicas, cómo realizar observaciones nocturnas para analizar constelaciones de estrellas y hasta hacen un trabajo práctico con datos reales de supernovas, para así comprobar la expansión acelerada del universo; todo en medio de juegos, preguntas y dinámicas sobre curiosidades científicas.

Experiencias como ésta llenan de esperanza un sistema académico que busca acercarse cada vez más a la sociedad. Un sistema cuyas dinámicas competitivas no logran vincularse con la realidad que viven los niños y jóvenes en zonas rurales en Latinoamérica. Audiencias que no olvidan a ese científico naturalista, cuya esencia está en la pregunta de investigación y la genuina curiosidad de comprobar hipótesis. Así, el proyecto ’Acoge a un cientifico’, de Ana y Ángel , hace hincapié en la gran responsabilidad que, como hombres y mujeres de ciencia, tienen frente a la futura generación de científicos: una generación que propenda por la colaboración, que mezcle el desarrollo de habilidades técnicas con habilidades socio-emocionales y, sobre todo, que vea el potencial de cooperar como la oportunidad de construir una ciudadanía que valore y construya una cultura científica en medio de tanta desinformación.

 


* Científico en ScienteLab, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM. Becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

Las maestras, pioneras del cambio en la educación inicial

Las maestras, pioneras del cambio en la educación inicial

Durante varios años, la educación pública en general estuvo en una especie de letargo. Las escuelas estaban estructuradas de forma vertical y jerárquica: arriba estaban las directivas y los profesores, y abajo los estudiantes. La evaluación era la herramienta esencial para medir el conocimiento y, claro, el conocimiento se estimulaba por medio de la memorización, las planas, la repetición y las tareas. Esa era la ‘cultura’: el profesor decía, los estudiantes hacían; el profesor mandaba, los estudiantes cumplían; el profesor evaluaba, los estudiantes pasaban el año o perdían. Simple. Pero la sociedad evoluciona, las políticas cambian y los actores educativos buscan hoy escenarios para hablar de una educación dirigida a niños de cero a seis años que promueva el desarrollo integral, cuya responsabilidad es del Estado, de la familia y de la sociedad.

Hitos como la Política de Estado para el Desarrollo Integral de la Primera Infancia de Cero a Siempre (2016), la Ley General de Educación (1994) y la propia Constitución Política de Colombia (1991), así como compromisos internacionales del país como, por ejemplo, la Convención sobre los Derechos del Niño (1991), han promovido formas de pensar y actuar que construyen programas y proyectos novedosos y pertinentes. En las escuelas oficiales se empiezan a ver niños de dos y tres años jugando, dibujando y cantando en los salones, y a sus profesoras leyendo en voz alta y jugando con ellos.

“Y así comienza esta historia” –sonríe Marina Camargo, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana–, la historia de la investigación titulada “Saberes y prácticas pedagógicas en primera infancia”. Ella y Alba Lucy Guerrero, profesora de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, lideraron un grupo de investigadores para realizar un trabajo etnográfico durante seis meses en 2015. Visitando escuelas de Bogotá todas las semanas, organizaron grupos focales con las maestras y entrevistas con padres de familia, pero, ante todo, observaron. A partir de la información recolectada sobre saberes y prácticas que tenían lugar en la cotidianidad, analizaron cómo era posible incluir a niños y niñas tan pequeños en actividades en las que el juego era una herramienta esencial. Desde la perspectiva de las maestras, y con el conocimiento, la experiencia y la voz de los investigadores, encontraron formas diversas de construir un ‘nuevo orden’ en la escuela.

“Estas maestras, no formadas específicamente en educación inicial, se comprometen voluntariamente con el proyecto y transitan por las nuevas concepciones y acciones que se delinean en el momento actual para la primera infancia, generando rupturas, cuestionamientos y tensiones entre los profesores, con las instituciones y con las familias”, explica la profesora Guerrero, quien actualmente dirige el grupo de investigación Infancias, Cultura y Educación, en la Javeriana. “Los profesores acogen la idea de esa nueva pedagogía en la que el juego, las expresiones artísticas, la literatura y la exploración de los entornos sean ejes de la actividad que realizan. Después de escuchar las palabras de los maestros de siete colegios, queríamos evidenciar cómo habían generado nuevas dinámicas, muchas veces de resistencia, frente a dimensiones de la cultura escolar aún ancladas en el pasado”, continúa.

El análisis de la información muestra cómo la educación inicial encuentra caminos para desarrollarse en la institución educativa, venciendo obstáculos y potenciando relaciones y procesos. Una cultura escolar distinta empieza a asomarse en estos espacios formales. No se trata solamente de enseñar, sino también de socializar y fomentar una cultura pedagógica diferente, basada en la creatividad y en las necesidades y los intereses de los niños.

En ese sentido, Guerrero y Camargo hablan de la agencia de las profesoras de primera infancia para negociar, responder y adaptarse a los contextos de reformas políticas y cambios de las prácticas en educación. Para ellas, la agencia es ese paso que cruza la línea entre la pasividad y el deseo de actuar, para crear transformaciones culturales.

“Las profesoras en primera infancia han tenido que lucharla”, agrega Camargo, “les ha tocado generar nuevas dinámicas; decirles a los rectores lo que necesitan para usar adecuadamente la ludoteca; crear actividades comprometidas con la vida de los niños; movilizar la participación; superar las limitaciones que imponen los espacios precarios; romper las disposiciones creadas por visiones jerárquicas y dominantes del mundo; pensar que los niños son constructores activos de su propio desarrollo, de su subjetividad, de sus discursos; caminar siempre al ritmo variable, heterogéneo, flexible y particular de los niños; lograr que otros maestros sepan de las prácticas de quienes trabajan en educación inicial y las reconozcan en su sentido educativo y pedagógico”.

Al respecto, Guerrero complementa: “Esta investigación nos permitió mirar la cotidianidad de estas maestras y entender sus prácticas desde sus perspectivas: desde sus agencias. Esto retaba nuestras concepciones y movía nuestro lugar de conocimiento, porque, al final, el conocimiento lo construíamos también con ellas. Entendimos que la educación en primera infancia se renueva a través de la agencia de los profesores y del reconocimiento de los niños como actores sociales capaces de participar en el desarrollo de sus vidas. Ahora, no podemos decir que esto sea igual en todas las maestras o instituciones educativas, sin embargo, sí podemos decir que encontrar a estas maestras es hacer visibles unas situaciones de lucha y tensiones que existen y que, a lo mejor, pueden existir en otros contextos, en mayor o menor medida”.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Saberes y prácticas pedagógicas en primera infancia. Sistematización de experiencias significativas
INVESTIGADORAS: Alba Lucy Guerrero y Marina Camargo
Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana
Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana
Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde)
Secretaría de Educación del Distrito (SED)
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2016

Traducir los lenguajes: de no indígena a indígena

Traducir los lenguajes: de no indígena a indígena

Tres etapas, de noviembre de 2016 a mayo de 2018, fueron necesarias para que la Escuela para la Gestión Comunitaria de Recursos Locales y Construcción de Paz, mejor conocida como La Escuela, proyecto de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana, deconstruyera sus guías académicas para enseñarles a líderes sociales indígenas y que ellos, a su vez, replicaran lo aprendido en sus comunidades.

El primer paso en esta investigación colaborativa abierta se dio de la mano de la etnia indígena jiw, y el resultado se sintetizó en la tercera etapa, en la que los investigadores, junto con miembros del resguardo indígena Barrancón y La María, generaron nuevos contenidos para adaptar las lecciones de La Escuela a una cartilla llamada Nejkiewaelaliejwa wejew Jiw (Para no olvidar lo nuestro). Un proceso posible gracias a un equipo interdisciplinar de profesores e investigadores, y al apoyo y financiamiento de la Agencia de Cooperación Alemana, Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ).

***


Jiw
significa “gente”, es una palabra, un lenguaje, y el nombre de un pueblo indígena asentado en San José del Guaviare, Colombia. Quisiera escribir esta historia en jiw, pero sólo tendría 1.180 lectores. Quisiera hacerlo porque con seguridad sería lo más parecido a narrar la experiencia de investigadores javerianos que, en La Escuela, acompañaron un proceso totalmente ajeno, llevando y trayendo refrigerios, dando la hora o siendo gestores de preguntas, sin entender ni una palabra en conversaciones de horas interminables. Quienes tuvieron que decodificar en las expresiones de líderes y lideresas Jiw que aquella cartilla, que con tanto esmero había sido construida por expertos, profesores e investigadores en Bogotá, no les decía nada.

Jiw 1


Jiama
significa “no indígena”

La Escuelita fue de doble punta, porque los investigadores tuvieron por fuerza de las circunstancias que aprender que quizá un buen número de clases, sentados en un pupitre, copiando en el cuaderno, carecía de humanidad. “Los módulos, que eran cinco y estaban consignados en cartillas, fueron creados desde unos escritorios desde aquí, Bogotá. Cuando teníamos las cartillas impresas fuimos, en noviembre del 2016, y montamos La Escuela por primera vez en dos geografías: Cauca y Guaviare”, narra Juan Eduardo Ortega, ecólogo javeriano, investigador del Centro de Alternativas al Desarrollo (Cealdes) y coordinador de campo para este proyecto.

Aquellas dos geografías fueron experiencias diametralmente distintas, usando las mismas cartillas y participando el mismo equipo. “En San José del Guaviare trabajamos con indígenas y campesinos, y en el Cauca, casi al mismo tiempo, con comunidades afro de Villa-Rica y Padilla”, añade Ortega, quien resalta que ahí estuvo el segundo gran aprendizaje: “No es fácil tener una cartilla genérica que lo abarque todo”.

Pronto se superó la cartilla, que era distante, impersonal, fría, genérica. Y los investigadores, comenta, descubrieron que su rol no era el de imprimir y repartir conocimiento: “Si hubiera sido la cartilla lo que imaginábamos en Bogotá mandamos a imprimir cartillas en cantidad y las repartimos en todas las regiones y se mejora la cosa, y salen líderes así de la nada”.

Jiw 2R


Visión jiw

Esa primera experiencia había dejado más preguntas que respuestas. ¿Aquellos líderes, que habían asistido a La Escuela, podían replicar y enseñar lo aprendido en sus comunidades? ¿Se les había dado los elementos para hacerlo? ¿El conocimiento que se les enseñó les era útil? ¿Aprendieron más los investigadores o las comunidades?

Los interrogantes dieron cabida a la segunda etapa de La Escuela, la cual fue dictada en San José del Guaviare a profesores y profesoras de la comunidad jiw y también a campesinos de la región.

Fue un periodo de conversaciones intensas sobre interculturalidad y conflicto, en las que participaban los jiw, hablaban tan rápido y fluido que los investigadores tuvieron que resignarse a no participar en ellas, atender a los asistentes y hacer preguntas cuando la conversación jiw lo permitía. Aquí se chocaron con un factor que había pasado desapercibido: el lenguaje. “Los alumnos de la réplica no sabían español. Fue difícil porque ellos hablaban entre ellos en jiw, y nosotros no entendíamos nada, era difícil, se burlaban de nosotros”, narra María Elvira García, antropóloga e investigadora del Proyecto.

La lengua empezó a ser muy poderosa, “pero también logramos interactuar desde otros lenguajes, por ejemplo, los dibujos”, añade García, lo cual empezó a arrojar rasgos de la comunidad que no habían sido tenidos en cuenta en las cartillas.

La réplica planteó un nuevo reto. Al final del proceso, los investigadores se reunieron con quienes habían sido los profesores y profesoras jiw y les preguntaron sobre la experiencia ¿Qué les habían aportado las cartillas? Ellos respondieron: “Es bueno tener cartilla, pero es que esto es cartilla de jiama, ¿y por qué nos dan una cartilla de jiama si somos jiw?”.

Jiw 3R


Traducir de jiama a jiw

La generación de nuevos contenidos que adaptaran las cartillas a jiw convocó a los investigadores a escribir en poco tiempo desde una óptica y ortografía indígena, . Lo cual solo era posible si se construía desde la comunidad, y fueron ellos mismos quienes se enfrentaron al reto de escribir su propia lengua.

El equipo de sociólogos, ecólogos, antropólogos, biólogos, entre otros profesionales, necesitaba nutrirse de otras disciplinas. Ahí surgió la búsqueda por quiénes podían acompañar el proceso de adaptación jiw. “Yo no soy traductora de lenguas indígenas, tocaba trabajar con traductores de la comunidad. Era un gran reto escribir en una lengua que no tiene una tradición escrita sino oral”, explica Angélica Ávila, lingüista de la Universidad Nacional de Colombia y magister en Sociolingüística del Proeib Andes, quien se sumó al proyecto a dos meses de concluir. “Fue una grata experiencia por el tiempo, pero también por la gran apuesta de no solo generar contenidos en jiw sino la apropiación, por parte de la comunidad, de su lengua escrita y la generación de un espacio para usarla.”.

La lengua jiw tiene una transmisión intergeneracional fuerte. Los niños la aprenden antes del español, es su lengua materna; sin embargo, al ser de tradición oral, es difícil encontrar información sobre cómo debe escribirse.

En Colombia hay unas 68 lenguas en total, aunque no todas en el mismo nivel de descripción lingüística. El jiw es poco estudiado, fue descrito por Nubia Tovar, investigadora de la Universidad de los Andes, quien trazó los esbozos iniciales de una gramática y su descripción a varios niveles, pero su investigación es la única consignada en libros. Por otro lado, el Instituto Lingüístico de Verano, cristiano-misionero, hizo estudios desde los años 50 y elaboró un alfabeto con el fin de traducir la Biblia para los jiw, el cual, según Ávila, fue usado en el proyecto de La Escuela.

La comunidad se sentaba en grupos y hablaba. Como disfrutan hablar, resaltan los investigadores, nunca un tinto tomó tanto sentido como en esos espacios de conversación. Y entre charla y charla empezaban a definir los temas que, para ellos, eran cultural y tradicionalmente sagrados y debían estar consignados en su cartilla: “Ellos nos decían: ‘Tiene que estar el dios Naechakba, porque él está en el río y es el que trae los peces’”, cuenta la lingüista del proyecto.

Luego empezaban a escribir divididos en grupos, como ellos, desde sus conocimientos ancestrales, creían que debía estar escrito, teniendo en cuenta el alfabeto propuesto por el instituto misionero. Ponían en la pared una hoja y cada grupo decidía una forma de escritura para un tema específico, luego rotaban. “Ocurría que, al pasar otro grupo para la validación, veían que no tenía sentido. Los jiw por primera vez escribían algo que siempre había sido oral, y fue una gran sorpresa ver que inevitablemente el sentido se transformaba”, recuerda Ávila.

Jiw 4R


De lo escrito a la ilustración 

“El trabajo con la ilustración va más allá de generar imágenes bellas. Todo debe ser puesto en discusión, desde la paleta de color”. Esa es la concepción a la que llegó Jason Fonseca, ilustrador y sociólogo javeriano, tras sumarse a la traducción de la cartilla jiw de la palabra escrita a la ilustración.

La mirada de la comunidad es muy iconográfica, cercana al uso de pictogramas, de la pintura corporal con significados y a lo simbólico. A eso se suma un televisor en medio de la maloca y el celular en la mano, lo que les permite tener una relación permanente con la imagen.

El sentido de esta parte del proyecto no era aprovechar la oportunidad para ilustrar una comunidad indígena sino para preguntarles a los jiw: ¿qué querían hacer? ¿Qué necesitaban decir? ¿Cómo querían verse representados? ¿Qué querían transmitir a futuras generaciones y a ellos mismos? “Y nosotros, de alguna manera, debíamos facilitar y mediar esos objetivos”, cuenta Fonseca sobre el inicio de su experiencia como ilustrador de la cartilla.

Hubo dos etapas vitales: la primera fueron los talleres, que apuntaban a cómo debían estar ilustrados los jiw en la cartilla. “Yo me sentaba con la comunidad, ellos con papel y lápiz en mano, y les preguntaba: ¿Cómo es un jiw?”, rememora. Se dibujaron entonces con taja-taja (conocido coloquialmente como taparrabo), con un arco y una flecha, aunque el ilustrador señala que ellos no se reducen a esos elementos que los no indígenas han adoptado para caracterizarlos. Cuando los investigadores tuvieron acceso a una cartilla que había realizado el Ministerio de Educación, se dieron cuenta de que se ilustraba al funcionario público como un hombre de piel blanca, semi-calvo, con un chaleco, y el indígena era un hombre trigueño, de nariz gruesa y con taparrabo, muy similar a lo que habían pintado los jiw en ese primer taller.

Cuando se les dijo que se dibujaran a sí mismos, el nivel de realismo fue sorprendente. “Amparo, una de las líderes jiw, hizo un autoretrato hermoso en el que se dibujó con una falda de flores, se pintó los vellos de las piernas y cargando yuca. Al lado del dibujo se describía como: ‘Amparo, y la mujer jiw es una mujer fuerte’”, narra el ilustrador, todavía emocionado y sorprendido.

Jiw 5R

Y, como segundo espacio, se revisaron, borraron o rehicieron las ilustraciones. “Aunque aquí había mucho afán, nos tomamos el tiempo de hacer todas las preguntas y correcciones pertinentes con la comunidad”, señala Fonseca, quien reconoce haber cometido errores en el proceso de tratar de entender lo que los jiw querían representar: “Para la ilustración de cómo cazaban peces, puse a dos hombres en una canoa: uno de ellos cazaba de pie en la parte de atrás, el otro navegaba sentado adelante; los jiw apenas la vieron se rieron, decían: ’Eso está terrible, es como si usted se hubiera puesto los calzoncillos encima del pantalón. Están al revés’”. La imagen y la escritura solo tenían sentido entonces, ambas expresiones se articulaban y los jiw las comprendían, porque ellos mismos habían ayudado a ilustrar cada elemento.

La cartilla Nejkiewaelaliejwa wejew Jiw (Para no olvidar lo nuestro) es una apuesta de trabajo colaborativo entre investigadores y miembros de la comunidad para crear sus representaciones a través de las imágenes y palabras escritas; pensada, a su vez, para una lectura comunitaria.

Los investigadores entrevistados coincidieron en el cambio abrupto de perspectiva que les generaron esos pocos meses para adaptar una cartilla realizada en Bogotá, desde unos escritorios, entre expertos, a jiw y con la comunidad. Los jiw tenían por primera vez una cartilla sin el hombre de piel blanca con chaleco, y sin que estuvieran homogéneamente representados con taja-taja, arco y flecha. Era una cartilla con preguntas jiama pero en jiw y para los jiw, como lo manifiesta la comunidad en la introducción de la cartilla: “Esta es una herramienta para estudiar y trabajar, es un aprendizaje para el pueblo jiw y sobre él. Para los ancianos que no hablan español, queremos que escuchen la lectura de esta cartilla y la entiendan”.

Jiw 6n

 

 


 TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Construcción colaborativa de contenidos pedagógicos del pueblo jiw
INVESTIGADORES: Tomás Vergara, Carlos del Cairo, Juan Eduardo Ortega, María Elvira García, Natalia Londoño, Nathali Cedeño, Angélica Ávila, Jason Fonseca.
Escuela para la Gestión Comunitaria de Recursos Locales y Construcción de Paz
Facultad de Ciencias Sociales Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2018.

 

* Coordinadora de Comunicaciones, Facultad de Ciencias Sociales PUJ

La niña que soñó con ser educadora

La niña que soñó con ser educadora

Cuando les preguntan a los niños qué quieren ser cuando grandes, generalmente contestan “doctora”, “piloto”, “futbolista”. Otros, más extravagantes, responden “¡astronauta!”. Sin embargo, cuando crecen, sus metas cambian y es poco frecuente que se conviertan en los profesionales que soñaban ser de niños. Paula Lucio, sin embargo, es uno de aquellos pocos casos. En su infancia, su respuesta fue “quiero ser profesora de niños”. Y hoy, con 21 años de edad, está a meses de graduarse de la Licenciatura en Pedagogía Infantil.

No esperó hasta entrar a la universidad para empezar a trabajar por el sueño que tenía. En su colegio, cuando cursaba segundo de primaria, le permitieron ser la consejera de los niños del grado de transición: “Me gustaba enseñarles a los que eran más chiquitos que yo”. Así, estaba descubriendo una vocación que reafirmó a lo largo de su vida, primero, siendo profesora voluntaria en una escuela infantil y, más adelante, dando clases en una fundación de niños. Para eso había nacido. Lo que no sabía era que, además de cumplir con la ilusión de su infancia, también se convertiría en investigadora.

En los primeros semestres de su carrera, la invitaron a entrar al mundo de la investigación desde el Semillero de Investigación en Actividad Física, Salud y Deporte de la Pontificia Universidad Javeriana, un camino que la condujo a investigar sobre la neurociencia y la dimensión corporal.

¿Qué tiene que ver la neurociencia con la dimensión corporal y los niños? Que estos, desde la primera infancia, aprenden por medio de su cuerpo y la “neurociencia sugiere que el aprendizaje proviene de la exploración y los sentidos”. Paula Andrea Lucio trajo consigo este tema de investigación hasta el final de su formación profesional. Al principio, participando, junto con los docentes Marlucio de Souza y Sandra Posada, en la realización del artículo científico Physical Education in the Early Childhood: a perspective of investigation in education from the neuroscience, reconocido como el mejor en la decimosexta edición de la International Conference on Education and Information Systems, Technologies and Applications (Eista), en Orlando, Estados Unidos.

Joven P45 1

Más adelante, siguiendo esa misma línea de investigación, creó, como proyecto de grado, un material de apoyo pedagógico para educar a los niños por medio de actividades lúdicas y así revolucionar la enseñanza. Por ejemplo, “dentro del juego de la golosa (también conocido como rayuela) se pueden potenciar las matemáticas”, explica, pues allí los niños aprenden a contar, a sumar o a restar.

De todas sus experiencias, recuerda la vez que un niño la insultó. Con el amor y la entereza que exige su profesión, hizo que desde entonces los insultos se convirtieran en abrazos que reflejaban el respeto y cariño de los menores hacia su ‘profe’.

Para ella, todo ha sido una aventura, una expedición en la que a través de su percepción, instinto y labor investigativa ha ido escogiendo caminos y descartando otros para contribuir a la evolución de la enseñanza en los niños y dar sus propios pasos para mejorarla cada vez más. Después de todo, como afirmaba Pitágoras en la antigua Grecia, “enseña a los niños y no será necesario castigar al hombre”. Así cambiará la sociedad. De eso está convencida esta joven investigadora.

Por una educación religiosa más incluyente

Por una educación religiosa más incluyente

El estudio de la Educación Religiosa Escolar (ERE) sigue vivo y en plena actividad, como lo demuestra José Luis Meza Rueda, doctor en teología y experto en estudios religiosos de la Pontificia Universidad Javeriana.

A finales de agosto pasado la Arquiodiócesis de Barranquilla convocó al Primer Congreso Regional de Educación Religiosa Escolar, donde Meza Rueda dictó la conferencia La ERE, una mediación crítica para comprender y transformar la realidad, en la que hizo énfasis en el potencial de esta área en la formación integral de las personas y en la importancia de un pensamiento incluyente y respetuoso frente a las diferentes doctrinas presentes en el país.

“Hoy por hoy la ERE tiene una responsabilidad enorme con el proyecto de nación en virtud de la pluralidad cultural y religiosa de la cual somos testigos”, dijo el profesor Meza; “la escuela ha de formar a los sujetos para que tengan una actitud más abierta y dialogal con aquellos que creen de manera diferente y, sin embargo, con los cuales debemos construir un país en donde todos quepamos”.

Durante el evento se lanzó el documento Estándares para la Educación Religiosa Escolar (ERE) de la Conferencia Episcopal de Colombia, que promueve “la resolución pacífica de conflictos, el uso ético y responsable de las tecnologías y de los recursos naturales, el respeto por la diferencia y la identidad en un contexto multicultural, y el fortalecimiento y cuidado de las relaciones humanas”.

La propuesta de la Conferencia sobre la ERE tiene en cuenta la realidad del país, el avance en las tecnologías, entre ellas la de comunicación y la información, así como la segunda encíclica del papa Francisco, Laudato si, que hace énfasis en tomar conciencia del planeta en el que vivimos, al que llama ‘el cuidado de la casa común’.

A propósito, este tema del cuidado de la casa común será presentado en profundidad en el XIV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, que tendrá lugar del 11 al 15 de septiembre de 2017 en el campus universitario.


Lea aquí nuestro artículo original sobre Educación Religiosa Escolar (revista Pesquisa Javeriana 34, noviembre de 2015).

De la clase de religión a una educación religiosa liberadora

De la clase de religión a una educación religiosa liberadora

El país está preocupado porque a los estudiantes de 15 años no les fue bien en las pruebas PISA, que miden la comprensión lectora y las habilidades matemáticas. En 2014 ocupamos el puesto 61 entre 65 países. Y en la evaluación de soluciones creativas a problemas planteados quedamos en el puesto 44… ¡en una lista de 44 países! Peor no pudo ser.

En educación religiosa, parece que también nuestro país ha fracasado, según se desprende de las investigaciones realizadas en Enseñanza Religiosa Escolar (ERE). “Si la educación religiosa no se hubiera quedado en algo memorístico, sino que realmente hubiese sido una experiencia de formación, este país sería diferente”, dice el experto en estudios religiosos y doctor en teología José Luis Meza Rueda, uno de los investigadores principales del estudio titulado Hacia una educación religiosa escolar liberadora: elementos liberadores presentes en la ERE en algunas instituciones educativas oficiales de Colombia.

El profesor Meza se refiere a que, muy probablemente, un buen porcentaje de colombianos podría recitar de memoria los diez mandamientos de la religión católica, pero si realmente hubiéramos aprendido el ‘no matarás’, el ‘no robarás, o el ‘no mentirás’, nuestro país no tendría los índices dramáticos de homicidios, desplazamiento forzado, corrupción y desconfianza en el otro. El día a día nos demuestra que no aprendimos.

Sin embargo, la historia que revive la investigación mencionada va mucho más allá de conocer los mandamientos y aplicarlos. Se trata de un trabajo que incluyó 14 instituciones educativas públicas colombianas con el fin de identificar esos elementos liberadores de la enseñanza religiosa, para así poder promover una propuesta de transformación del área.

¡No a la clase de religión! ¡Sí a una educación religiosa!

La investigación partió de la base de que la ERE no puede ser aséptica ni indiferente a las realidades y dinámicas sociales, según se lee en uno de los artículos que han publicado. Anteriormente las instituciones educativas dictaban la clase de religión y, por ser un país mayoritariamente católico, se restringía exclusivamente a enseñar esa doctrina. Pero desde la Constitución Política de Colombia de 1991, se garantiza la libertad de cultos. Su artículo 19 dice así: “Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”. Menos de tres años más tarde, el artículo 23 de la Ley 115, ley general de educación, estableció que la educación religiosa es un área fundamental y “se ofrecerá en todos los establecimientos educativos, observando la garantía constitucional según la cual, en los establecimientos del Estado, ninguna persona podrá ser obligada a recibirla”.

“Este cambio generó incertidumbre en las instituciones educativas”, explica Meza; algunas siguieron ofreciendo lo que conocemos como la clase de religión, una religión confesional muy similar a la catequesis escolar, pero cuando se matriculaba un estudiante que practicaba otra religión, la institución no estaba preparada para recibirlo; otras la convirtieron en clase de ética, de valores o de formación ciudadana; un tercer grupo resolvió realizar actividades libres o lúdicas, y finalmente hubo instituciones que se detuvieron a pensar en rediseñar la materia con el fin de permitirle al estudiante “una comprensión de lo religioso en la cultura bajo una perspectiva incluyente y plural pero, también, una formación que le permitiera asumir responsablemente sus decisiones en asuntos de creencia”, continúa Meza.

El trabajo teórico y práctico de la investigación

El método que guió la investigación fue el de la participación-acción crítica y reflexiva, que tiene en cuenta el ‘ser’ y el ‘deber ser’. En el primer caso, el ‘ser’, identificaron lo que estaba ocurriendo con la ERE en cada institución consultada, por medio de una encuesta a directivos, grupos focales realizados con estudiantes de 6º y 10º grados y entrevistas semiestructuradas a los profesores de educación religiosa. Seleccionaron instituciones oficiales ubicadas en lo que Meza llama “la Colombia profunda” o de la periferia: en dos poblaciones de Bolívar, tres de Norte de Santander, seis de Nariño y tres de Putumayo. “Son instituciones donde encuentras todas las deficiencias: los profesores que enseñan educación religiosa no son licenciados en educación religiosa ni en teología; muchas veces son profesores de otras áreas, incluso de dibujo o de educación física; los textos que usan están desactualizados; no hay trabajo en equipo entre los mismos profesores ni con los líderes de otras confesiones religiosas”.

En el caso del ‘deber ser’, los investigadores partieron de la premisa de la vigencia de la teología y la pedagogía liberadoras y, por consiguiente, consideraron que era posible pensar en una ‘educación religiosa liberadora’. Por eso, “la educación religiosa en perspectiva liberadora es dialógica, crítica, reflexiva y genera conciencia en el sujeto”.

Este ‘deber ser’ se constituyó en el marco teórico de la investigación, producto del cual escribieron el libro Educar para la libertad, una propuesta de educación religiosa escolar en perspectiva liberadora, “en el que presentamos los principios, mediaciones, contenidos, didáctica, evaluación, la relación con la comunidad educativa, el propósito, legitimación, objeto de estudio y forma de integración curricular de una educación religiosa liberadora”, explica Meza.

Estos elementos se convirtieron en categorías de análisis de la información recabada en las 14 instituciones, a través de la revisión de los Programas Educativos Institucionales (PEI), los planes de área, los programas de asignatura y los cuadernos de los estudiantes; también de la información recolectada en las entrevistas y cuestionarios. Todo esto les permitió concluir que, aunque hay buena voluntad de los profesores, “estamos lejos de lograr lo que quiere una educación religiosa y más todavía en clave liberadora”.

Los investigadores proponen unos lineamientos, “pero le corresponde a cada comunidad, área o departamento de educación religiosa de las instituciones pensar en cómo sería esa educación religiosa para la institución dependiendo de su ubicación geográfica”, continúa Meza, porque uno de los principios de la educación liberadora es “el reconocimiento del saber popular. Tú sabes y tu saber vale tanto como el saber académico o experto; ese saber tuyo, el de la práctica, es válido. Así que cada propuesta sería singular”.

¿Cómo lograrlo?

Seguir formando profesores que tienen a su cargo la educación religiosa en sus instituciones, de manera rigurosa y sistemática. En este sentido, hay un aporte importante de la Licenciatura en Ciencias Religiosas con modalidad virtual: continuar investigando sobre el tema para ampliar el espectro geográfico y realmente saber qué es lo que se enseña en esta materia en Colombia; proponer una educación que “fortalezca la dimensión religiosa, la conciencia de lo religioso y la valoración de las expresiones religiosas de una determinada cultura”.

Ante la alarma que generaron las pruebas PISA, el Ministerio de Educación Nacional preparó a sus estudiantes para la aplicación de la prueba en 2015. Si se tuviera en cuenta el estudio realizado por los investigadores javerianos, también sería posible incidir en las políticas públicas porque la educación religiosa puede jugar un papel clave. “Si estamos tratando de construir un país diferente en clave de paz, de reconciliación, de reconocimiento de la diferencia, de diálogo entre las culturas que forman parte de la nación, de respeto por el otro, necesitamos apostarle a una ERE diferente”, enfatiza el investigador Meza. Su colega Gabriel Suárez, teólogo y filósofo, lo reitera diciendo: “Una ERE que ocurra de esta manera puede facilitar una formación para la paz, la reconciliación, la justicia, la esperanza activa…”


Para saber más:
  • » Meza, José Luis y Suárez, Gabriel (eds.). Educar para la libertad. Una propuesta de educación religiosa escolar en perspectiva liberadora. Bogotá: San Pablo, 2013.
  • » Educación Religiosa Escolar en perspectiva liberadora. Revista Civilizar. Ciencias Sociales y Humanas 15.28 (2015): 247-262.
  • » Educación religiosa escolar, una mediación crítica para comprender la realidad. Magis Revista Internacional de Investigación en Educación 7.15 (2015): 15-32.

Descargar artículo
Descargar Pesquisa No. 34