Las enfermedades raras tienen un aliado en Colombia

Las enfermedades raras tienen un aliado en Colombia

Una investigación para comprender las llamadas ‘enfermedades raras’ o ‘huérfanas’, como la elefantiasis o la esclerosis lateral amiotrófica que afectó durante tantos años a Stephen Hawking, evolucionó hacia el diseño de técnicas diagnósticas que se han convertido en herramientas indispensables a la hora de detectarlas. Un ejemplo es el caso del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo (IEIM), de la Pontificia Universidad Javeriana, que en sus más de 20 años de investigación ha abordado dos factores fundamentales en este tipo de padecimientos: reconocimiento por parte de los médicos y tratamiento de los pacientes desde un enfoque multidisciplinario.

“Los síntomas de estas enfermedades son muy inespecíficos”, dice Carlos Javier Alméciga, director del Instituto. “Esto hace que, cuando hay un paciente que tiene ciertas características como letargia, vómito, rechazo a la alimentación, convulsiones o retraso en el desarrollo, normalmente lo primero que hacen los médicos con estos pacientes, que suelen ser bebés, es pensar que se trata de enfermedades comunes; después de un par de días, meses en los casos desafortunados o años en el peor de los escenarios, sospechan que puede ser una enfermedad rara”.

Estas enfermedades, que según la Ley 1392 de 2010 afectan en Colombia a menos de una de cada 2.000 personas, dañan el metabolismo de los constituyentes del ADN, es decir, de las letras que componen nuestra información genética. Alméciga señala que “al afectarse ese material genético se produce un daño en una proteína y eso lleva a que haya un daño en el metabolismo de los compuestos, lo que hace que los pacientes tengan algunas manifestaciones y características clínicas que son específicas de cada enfermedad”.

Luego de que por años las pruebas diagnósticas de este tipo de padecimientos estuvieran a cargo del IEIM, desde el 2009 se vienen aplicando en el Laboratorio de Diagnóstico del Hospital Universitario San Ignacio (HUSI). Esto permitió que se aumentara la cobertura de la población, pues se pasó de 1.203 pruebas en 2007 a más de 5.000 en 2017.

El académico y científico Luis Alejandro Barrera, pionero en el estudio de las enfermedades raras en Colombia y fundador del IEIM en 1997, apunta que “se ha logrado preparar un número considerable de médicos, bioquímicos, bacteriólogos, genetistas, neurólogos y nutricionistas, entre otros, que ya están sospechando de estas enfermedades”, lo que no sucedía antes.

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Diálogo entre la academia y la clínica

El 60% de las pruebas diseñadas y adaptadas en el IEIM identifica ácidos orgánicos y cuantifica aminoácidos, lo cual va indicando el tipo de enfermedad que adolece el paciente. El porcentaje restante diagnostica enfermedades genéticas progresivas o desórdenes en el nivel de carbohidratos del paciente, entre otros síntomas indicativos de enfermedades raras. Alméciga asegura que en el IEIM trabajan con un grupo cercano a mil de estas enfermedades producidas por daños en proteínas que afectan el metabolismo celular.

“El hecho de estar cobijados por el hospital y de trabajar de su mano nos ha permitido ampliar la cobertura, además de hacer más frecuente que los médicos sospechen de estas enfermedades. Con eso hemos ido rompiendo el paradigma de que si son raras no las conocen, y de que sigan siendo raras por su desconocimiento”, afirma Alméciga.

Sin embargo, la relación simbiótica en la transferencia de conocimientos entre la academia y la clínica ha hecho más que eso. El constante diálogo entre el instituto y el laboratorio ha enriquecido el diagnóstico y generado ideas para la innovación.

El HUSI ya es un referente a nivel nacional en cuanto a la detección de enfermedades raras, por lo que cada día llegan cerca de 25 personas a realizarse pruebas de este tipo. Pero el reto continúa porque, como enuncia Alméciga, “en muchos casos, con las herramientas que tenemos no llegamos al diagnóstico”. Eso significa que los investigadores del IEIM continúan buscando respuestas, pues son más de 7.000 las enfermedades clasificadas como raras.

“Todo esto nos llevó a explorar una nueva técnica, la resonancia magnética nuclear, con el objetivo de ofrecer eventualmente una nueva herramienta de diagnóstico. Estamos en el proceso de estandarización y evaluación de la metodología, pero ya tenemos resultados interesantes respecto a la posibilidad de identificar pacientes que con las técnicas tradicionales no podemos ver”, explica el director del Instituto, y esboza un lapso de dos años para ofrecer esta herramienta al servicio de la salud del país.

La directora del laboratorio, Claudia Cecilia Orozco, asegura que “además de la calidad de los procesos que permite la alianza, está el tema de la oportunidad de nuestros exámenes, que hace que los resultados estén para cuando el médico los requiere”. Se trata de 25 pruebas diagnósticas que cubren un número importante de enfermedades, todas ellas resultado de las investigaciones y de adecuaciones de pruebas norteamericanas y europeas diseñadas por el IEIM.

Alméciga hace énfasis en la importancia de las investigaciones en el sentido de adaptar las pruebas internacionales al contexto –genética, mestizaje, alimentación, etc.– y a las tecnologías colombianas para hacerlas más precisas.

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Un examen oportuno y preciso, continúa, “permite el desarrollo de tratamientos de manera temprana, y, en muchas ocasiones, eso no solo significa la diferencia entre la vida y la muerte, sino también entre tener o no calidad de vida”.

El diagnóstico además posibilita realizar una consejería genética con el fin de que los padres del paciente puedan tomar la decisión sobre tener un segundo hijo.

“En algunos casos, tratándose con controles, manejo nutricional y medicamentos, la persona puede tener una vida cercana a lo normal o normal. Si no se detecta la enfermedad y no se hace nada, se pueden generar cosas tan críticas como retardos mentales severos, retardos del crecimiento o se compromete la vida del paciente”, concluye Orozco.

Este es uno de los proyectos que la Dirección de Innovación de la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana ha apoyado para lograr la aplicación del conocimiento adquirido en tantos años de investigación. El aporte, dice la directora Fanny Almario, “se da en la estructuración de los acuerdos de transferencia para que sea un proceso gana-gana”. La disposición de los investigadores y médicos para identificar oportunidades y trabajar de manera conjunta para el desarrollo de estas pruebas beneficia a la sociedad, uno de los objetivos de la investigación científica.


Para leer más:

  • Alexander Rodríguez-López, Luisa N. Pimentel-Vera, Ángela J. Espejo-Mojica, Oscar A. Hidalgo, Shunji Tomatsu y Carlos J. Alméciga-Díaz. “Recombinant N-acetylgalactosamine-6-sulfate sulfatase (GALNS) enzyme produced in pichia pastoris as an alternative for Morquio syndrome type A ERT”. Molecular Genetics and Metabolism 123, n.° 2 (2018): S123. DOI.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Transferencia de conocimientos por parte del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo al Laboratorio de Diagnóstico del Hospital Universitario San Ignacio
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Carlos Javier Alméciga y Luis Alejandro Barrera
COINVESTIGADORAS: Olga Yaneth Echeverry y Johana Guevara
Instituto de Errores Innatos del Metabolismo, Facultad de Ciencias
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 1997-actualmente

Una facultad ejemplo de medicina

Una facultad ejemplo de medicina

De sombrero, chaleco, abrigo y corbata (para algunos, corbatín). Así recibieron la sesión los estudiantes que el 25 de febrero de 1942 asistieron, en los salones del Colegio Mayor de San Bartolomé en Bogotá, la primera clase de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana. Liderada desde la decanatura por José del Carmen Acosta, médico graduado de la Universidad Nacional de Colombia y experto en hematología, la nueva carrera daba la bienvenida a quienes buscaban ejercer esta profesión en un país que apenas llegaba a los 10 millones de habitantes, que iniciaba el proceso de urbanización y donde, en la capital, se contaba con una cama de hospital por cada 349 habitantes.

Claro que, desde una perspectiva histórica, ellos fueron los herederos de los primeros estudiantes que, en 1636, asistieron a la sesión inaugural que dictó el licenciado español Rodrigo Enríquez de Andrade, protomédico (la más alta autoridad médica del virreinato para la época) con jurisdicción sobre la Nueva Granada, en la que sería la primera cátedra sobre Medicina dictada en el territorio que más tarde se consolidaría como república y se llamaría Colombia.

La creación de la Facultad de Medicina de la Javeriana impuso de inmediato sobre la orden jesuita la obligación de consolidar un hospital universitario, donde, además de prácticas médicas, los estudiantes pudieran atender las dolencias de una población en ascenso. Pero este sueño solo se haría realidad 10 años después, con una cuidadosa planeación económica y urbanística que daría como resultado el Hospital Universitario San Ignacio.

Según el libro Entre la mutua dependencia y la mutua independencia: El Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, 1942-1990, sus primeros años de funcionamiento se limitaron al primer piso de la edificación donde se instalaron los servicios de consulta externa con algunas especialidades médicas y quirúrgicas. No sería sino hasta el 8 de octubre de 1959 cuando todos los servicios de salud, que hasta entonces se prestaban en el Hospital de La Providencia, se trasladaron a los terrenos de la Carrera Séptima con Calle 40, donde posteriormente iría surgiendo la ciudad universitaria javeriana.

Así lucía el Hospital Universitario San Ignacio hacia los años 60.
Así lucía el Hospital Universitario San Ignacio hacia los años 70.

Hoy, 75 años después de esa primera clase, la facultad, con su programa de pregado, sus 33 especialidades médicas, sus tres maestrías y su doctorado en Epidemiología Clínica, además de los institutos de investigación asociados a ella, se ha consolidado como una de las más relevantes e influyentes en la medicina del
país y de América Latina.

Para celebrar esta fecha, tanto la facultad como el hospital han organizado el congreso académico 75 años: Ayer, hoy y mañana, en el cual no solo se hablará sobre la historia de la práctica médica en el país o las innovaciones en investigación, también se abordarán las posibilidades de reinvención de la práctica médica. El evento contará con la participación de ilustres profesionales como los doctores Alejandro Jadad Bechara, catedrático de la Universidad de Toronto; Diego Cadavid, vicepresidente de Desarrollo Clínico de la firma estadounidense Fulcrum Therapeutics; y Juan Carlos Páramo, cirujano del Mount Sinai Medical Center de Florida (EE.UU.).

El evento se realizará entre el 2 y el 4 de noviembre en el Auditorio José Félix Restrepo de la Universidad Javeriana.