Así son las sinergias investigativas entre las ciencias sociales y naturales

Así son las sinergias investigativas entre las ciencias sociales y naturales

Uno de los retos centrales del encuentro de Exposemilleros, organizado por la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, es formular un proyecto de investigación en el que se aborde una problemática a través de la unión de diferentes disciplinas.

Con la propuesta Minería e incidencia de enfermedades de transmisión sexual (ETS): Un estudio interdisciplinar en dos departamentos de Colombia (Antioquia y Boyacá), los semilleros Estudios estructuralistas, de la Facultad de Antropología, e ISPOR Javeriana Student Chapter, del Departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística, lograron unir las ciencias sociales y las de la salud para profundizar sobre las infecciones de transmisión sexual de los trabajadores de las minas.

Este es un logro más de los investigadores del grupo de Estudios estructuralistas, quienes ya han presentado sus resultados académicos en ciudades como Paris, Filadelfia, Atenas, Zaragoza, Bogotá, México, Buenos Aires, entre otros. Sus nombres ya figuran en algunos capítulos de libros, sus artículos académicos han sido publicados en revistas indexadas y otros en grandes medios del país. Así lo informó a Pesquisa Javeriana el profesor Jairo Clavijo Poveda, líder del semillero de Antropología.

¿Cómo lo hacen?

Las ciencias no solo son biología, química, física o exactas; y no todos los científicos pasan sus días en laboratorios, con bata, gafas de protección y el ojo puesto en la lente de un microscopio. Según Clavijo, el semillero de Estudios estructuralistas es muestra de ello pues los antropólogos se dedican a investigar el mundo desde otro punto de vista: el del “macroscopio”. Día a día se encargan de demostrar que la ciencia va más allá de un laboratorio o de los lugares donde se hacen las salidas de campo, pues “el campo de estudio se construye a partir de lo que nos interesa saber del mundo”, complementa Juan Camilo Ospina Deaza, coordinador del grupo.

Para seleccionar los temas, sus integrantes tienen un único filtro: “Por extrañas que puedan llegar a ser las cosas que deseamos indagar, deben despertar un interés personal para que cada uno de los miembros del equipo disfrute la experiencia investigativa y que ésta sea una completa aventura para escudriñar los insumos que dan respuesta a las preguntas que nos planteamos”, complementa el profesor Clavijo.

En el proceso, los investigadores centran su labor en la puesta en práctica de las teorías estructuralistas de diferentes pensadores, para comprender problemáticas sociales que están presentes a diario. Ejemplo de ello es que empiecen a proponer pesquisas que pueden ir desde la política hasta series de la plataforma Netflix, que posteriormente son analizados desde estas posturas teóricas.
Clavijo Poveda propone “entender las teorías estructuralistas y posestructuralistas como un medio para observar el mundo social desde sus relaciones complejas”. En sus proyectos se encuentran análisis de la serie americana Doctor House, Star Wars, el videojuego Pokémon Go, la tauromaquia, la mitología y otros temas pocas veces estudiados en el país.

Además, lo que este profesor destaca del proceso del semillero es el modelo pedagógico que utilizan como guía, el cual toma varios aspectos de la misma teoría que ha inspirado su camino como la pedagogía participativa y la producción colectiva del conocimiento. “El trabajo en equipo es fundamental. Investigando en las biografías de Pierre Bourdieu, Michel Foucault y Lévi Strauss, nos dimos cuenta que ellos nunca trabajaron solos. A pesar de que los antropólogos tienden a ser muy individualistas, en nuestra pedagogía tratamos de no dejarnos llevar por eso”, asegura.

Los integrantes de este semillero han logrado profundizar en diferentes temáticas, han viajado por diferentes partes del mundo para mostrar sus hallazgos y han demostrado la capacidad de unir esfuerzos para hacer de la ciencia un trabajo colectivo. Hoy en día son un espacio que reafirma las diversas posibilidades para investigar más allá de las ciencias naturales, para cuestionarse, para tener en cuenta el contenido teórico y aplicarlo en la marcha. Muestra de ello es el planteamiento metodológico para indagar sobre las enfermedades de transmisión sexual en el sector minero, lo que los hizo ganadores de Exposemilleros 2019.

“La ciencia no fracasa”

“La ciencia no fracasa”

El talento y el saber son el verdadero poder. Esta es una de las premisas universales de la academia. ¿Y poder para qué? Para cambiar entornos, impactar positivamente la vida de las personas, trascender. Hoy, la universidad ya no solo es un espacio de enseñanza y aprendizaje como lo fue en sus estertores—, sino también de evolución. Se iza la bandera de la innovación como estandarte del progreso, pero ésta no ocurre de la noche a la mañana, no necesariamente debe ser radical (hay innovaciones graduales y con impacto incremental) y siempre supone evaluar sus consecuencias.  

Desde el 2005, se empezó a gestar el ecosistema innovador de la Universidad Javeriana, y en el 2012 se constituyó formalmente la Dirección de Innovación, que creó y puso en marcha el programa De la Academia al Mercado, un modelo de transferencia del conocimiento que hoy tiene múltiples frutos y es referencia nacional. En él se identifica un resultado de investigación promisorio, se evalúa, se valida, se protege con alguna modalidad de propiedad intelectual y se estructura en un producto o servicio para llevarlo al mercado. Aquí, algunas visiones de su directora sobre este proceso.

Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá).
Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá)

PESQUISA: ¿Por qué para las universidades ha sido difícil vincular la investigación con la sociedad?  

Fanny Almario: Puede haber un grado de dificultad pero también de invisibilidad. En las universidades primero se dio la enseñanza hasta madurarse y después vino la investigación, que ha tenido impacto social. El proceso de apropiación y transferencia de conocimiento no es tan sistemático ni inmediato porque las universidades están hechas para generarlo, no necesariamente comercializarloy para innovar se requieren unas competencias que ahora estamos incentivando y fortaleciendo, como la creatividad, el liderazgo, la resiliencia y el trabajo en equipo. Entre empresa y universidad hay que trabajar colaborativamente 

PESQUISA: ¿Qué hace falta para que se consolide ese engranaje? 

FA: Debe haber interés, confianza y unidades de interfaz que promuevan estas relaciones. En la década de 1990 surgieron los comités universidad-empresa. Hoy, además de entidades tipo cámaras de comercio o agremiaciones como la ANDIConnect Bogotá Región, que ayudan en ese propósito, también hay compañías que se dedican a identificar oportunidades en los distintos ecosistemas. Pero difícilmente esta construcción colectiva se puede dar si no hay una muy buena investigación de base.  El conocimiento no necesariamente es mediáticopero sí debe ser robusto e ir madurando para que no se agote.   

PESQUISA: ¿Qué mecanismos han empleado para atraer a los académicos a la cultura de la innovación? 

FA: Lo primero que hicimos fue encontrarnos con esos profesores que tenían la inquietud de saber cómo su conocimiento le podría servir a alguien y de qué manera se podría utilizar con un valor diferencial. Algunos tocaron nuestra puerta y otros los buscamos cuando advertimos investigaciones, patentes y tecnologías que podían ser atractivas para el mercado. Ellos fueron nuestros primeros promotores de la innovación y, con su espíritu, aunado a casos de éxitos que hallamos dentro de la universidad, empezamos a animar a otros docentes en esa vía. Después, visitamos cada facultad explicando qué estábamos haciendo desde la Dirección de Innovación, por qué era un gana-gana para todos (comunidad no académica, investigador y universidad) y comenzamos a divulgar, a través de congresos de investigación, asistencia a ruedas de innovación con empresas, actividades de promoción y foros, todo el andamiaje de directrices y reglamentaciones construidas para transferir el conocimiento e impulsar el emprendimiento. Trabajamos muy de la mano con la Dirección de Investigación para evaluar proyectos con potencial innovador y con los Comités de Investigación y Ética, a donde llegan los proyectos en ciernes que a mediano y largo plazo pueden tener procesos de transferencia interesantes.  

PESQUISA: ¿Cómo se incuba la innovación para que sea transversal a toda la academia? 

FA: Creando cultura de innovación y emprendimiento. Ese fue nuestro primer reto y aún continúa siéndolo. Para ello dictamos cursos, talleres y hacemos visitas focalizadas a los grupos de investigación. Desde nuestra dirección, identificamos el conocimiento con potencial de ser transferido y determinamos qué modalidad de propiedad intelectual emplear para protegerlo. Así mismo, estructuramos proyectos universidad-empresa y ayudamos a darle valor a una propuesta para que sea atractiva para el mercado, bien sea para licenciarla, venderla, patentarla o crear una nueva empresa basada en el conocimiento académico conocidas spinoff Adicionalmente, incentivamos dos ideas fundamentales: la primera, que la innovación no solo parte de la investigación, también se da en la docencia y el servicio; la segunda, la importancia de desarrollar la innovación social, es decir, crear metodologías y formas de hacer o trabajar con las comunidades, derivadas de una actividad investigativa, y que resultan en procesos de acción social y transferencia y apropiación de conocimiento con gran impacto comunitario.

PESQUISA: ¿De qué manera la Universidad ha desarrollado la innovación social? 

FA: Por su carácter misional, desde hace muchos años la Javeriana ha ejecutado proyectos centrados en aprovechar el conocimiento generado para impactar positivamente a las comunidades, vinculándolas en ese proceso. Organizaciones internas como Prosofi y Vidas Móviles, junto con las Convocatorias San Francisco Javier son, entre otros, espacios para apropiar socialmente el conocimiento en soluciones específicas. Nuestro siguiente paso será articular muchas unidades javerianas que trabajan en ello construir una directriz especialmente sobre innovación social en la que se definan parámetros y metodologías de intervención y medición del impacto de los proyectos.

PESQUISA: ¿La ciencia fracasa? 

FA: Si fracasar es tener un resultado negativo, eso no es fracaso, porque les permite a  otros investigadores advertir que no deben seguir por esa ruta. La ciencia y la investigación te ofrecen muchocaminos para descubrir algo y encontrar soluciones, pero aún basado en criterios científicos se puede llegar, inesperadamente, a una vía cerrada.

PESQUISA: ¿Qué ha sido lo más difícil en la creación de este ecosistema innovador? 

FA: Lo más complejo  como en cualquier proceso de estos es la articulación y definición de roles, es decir, saber quién está haciendo qué y cómo se pueden unir esfuerzos. Otro desafío ha sido aprender a ser muy dinámicos y versátiles para estar a la altura de lo que sucede afuera. Para que la Universidad se inserte al ecosistema de innovación nacional y regional debe tener una capacidad de respuesta acorde con los tiempos y los espacios, y eso lo hemos ido ajustando en estos años.

PESQUISA: ¿Por qué la Universidad ha sido líder en la transferencia de conocimiento? 

FA: Primero, porque ha tenido directivas no solo rectores y vicerrectores, sino otras unidades como la jurídica y financiera conscientes del rol de la academia para hacer viables soluciones, en lo posible articuladas entre varios actores de la comunidad académicaSegundo, porque la Universidad tiene muy claro que la innovación para ella no solo se mide desde el componente productivo, sino también social y la transformación de realidades de los más vulnerables. Tercero, porque se ha mantenido el apoyo continuamente y hemos sido conscientes de que este no es un proceso mediático. Cuarto, porque hemos estimulado las relaciones y el trabajo interdisciplinario consensuado para lograr que las soluciones sean más compactas y completas. Y quinto, porque hemos entendido las potencialidades del talento humano en casa y gozado de una gran materia prima (conocimiento) para trabajar. Pero en el fondo de todo esto subyace un elemento esencial: el espíritu misional de la Universidad, en el que se tiene muy claro la conciencia sobre el otro y la necesidad de buscar mecanismos para mejorar su vida. Ese compromiso social, que está en el ADN de esta alma máter, ha sido una ventaja para consolidar este ecosistema innovador.

PESQUISA: ¿En qué referentes internacionales se han inspirado? 

FA: Tenemos varios referentes porque hemos identificado y conocido sus modelos de gestión del conocimiento, en buena medida gracias al apoyo de InnpulsaEntre las universidades visitadas están Oxford, Utah, Stanford, Católica de Chile, Tec de Monterrey, Hebraica de Jerusalén y Santiago de Compostella.

Valorar las artes para transformar la academia

Valorar las artes para transformar la academia

Hay un inefable proceso de atracción, conexión, repulsión y diálogo entre el arte y la ciencia. ¿Cómo sería viajar en el tiempo a través del —hasta ahora teórico— agujero de gusano? Esta y muchas otras preguntas que se formulan desde el campo de la ciencia son, en principio, imaginadas desde el arte. Pero también desde el arte se hace uso de la ciencia cuando es necesario encontrar respuestas para producir una creación artística, como lo hizo Leonardo dVinci. 

Este fructífero diálogo ha resultado en hallazgos y creaciones memorables. ¿Cómo viaja un impulso neuronal a través del cerebro? Sin este intercambio entre lenguajes y lógicas, tanto las neurociencias como la pintura se habrían perdido de la producción intelectual de Santiago Ramón y Cajal. 

Y aunque algunas veces parece obvia esta conexión, en otras ocasiones ciencia y arte se observan mutuamente con sospecha, como si se tratara de universos irreconciliables. Sobre todo en lo tocante al arte en la academia. 

En Colombia, hasta hace pocos años los artistas ubicados dentro de las universidades no encontraban su lugar, pues el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) medía la producción académica bajo lógicas que excluían la producción artística. Esta situación tuvo un giro paradigmático gracias a largas, profundas y difíciles discusiones, producto de las cuales hoy en día el SNCTI contempla criterios para evaluar la producción artística dentro de las métricas académicas. 

Para comprender mejor cómo se produjo este cambio, en qué consiste y cuáles han sido sus implicaciones, PESQUISA JAVERIANA dialogó con Óscar Andrés Hernández Salgar, asistente para la creación artística de la Pontificia Universidad Javeriana, quien fue una de las voces más activas para lograr esta transformación. 

Óscar Andrés Hernández Salgar
Óscar Andrés Hernández Salgar

PESQUISA JAVERIANA: ¿Qué era lo que ocurría en el contexto educativo y de investigación académica en el país antes de que se produjera el cambio en el Sistema? 

Óscar Andrés Hernández Salgar: Hay dos grandes sistemas que cobijan a las universidades: el sistema educativo, con el Ministerio de Educación a la cabeza, y el SNCTI. Lo raro es que cada uno de esos dos sistemas corresponde a paradigmas distintos de universidad. Como está planteado, mucho de lo que define al sistema educativo corresponde a un paradigma de universidad que está centrado en la formación de profesionales para reproducir una fuerza de trabajo, en el que el conocimiento es más algo que se reproduce, no algo que se produce. 

Por otro lado, para el SNCTI lo importante es que las universidades produzcan conocimiento nuevo que llegue al sector productivo. Entonces ¿qué pasa? Que las funciones universitarias —que son docencia, investigación y extensión— empiezan a cambiar sus pesos: antes docencia era el gran foco y las universidades que formaban profesionales hacían además investigación. Ahora cada vez más se les pide que enseñen y transfieran lo que investigan. 

¿Qué pasaba con los artistas dentro del SNCTI? El arte no tenía ninguna cabida, porque se asumía que las artes y las humanidades no producían conocimiento capaz de impactar el sector productivo, lo cual no es cierto. Esta exclusión parte de una idea de conocimiento en la que las ciencias naturales, las ingenierías y las ciencias de la salud son las únicas que realmente pueden impactar las dinámicas económicas a través de una idea más bien lineal de innovación. Es una visión muy economicista. 

PJ: ¿De qué maneras la producción artística impacta el sector productivo? 

ÓAHS: Esto se explica comprendiendo cómo las industrias creativas y culturales se vuelven competitivas: esto ocurre, no por su infraestructura, sino por la originalidad de los contenidos. Y quienes crean contenidos originales son diseñadores, músicos, artistas plásticos, etcétera. La sociedad necesita que haya un aparato de producción de contenidos que conecte la diversidad cultural con procesos de generación de valor económico para darles mayor competitividad a las empresas. Si no, lo que pasa es que se copian fórmulas. 

Ahora, obviamente no todo el arte es para vender. Para que existan contenidos que renueven la industria se necesita que haya experimentación y creación libre, no orientada a públicos (al igual que para que exista investigación aplicada se necesita investigación básica). Por fuera de la universidad los productores de contenidos no tienen espacio para experimentar. Una empresa que produce contenido audiovisual, por ejemplo, no se puede dar el lujo de estar ensayando narrativas, formatos, sensibilidades; esto hace que se reduzca la diversidad. 

De manera que lo que nosotros sustentamos es que las universidades son espacios privilegiados de experimentación. Es ahí donde se vuelve importante la investigacióncreación. Entonces lo que logramos en Colciencias fue empezar a posicionar la investigacióncreación como una forma de generación de valor cultural, estético y eventualmente económico, desde las disciplinas artísticas. 

PJ: ¿Qué ocurría con los docentes-artistas antes de que los criterios cambiaran? 

ÓAHS: Se quedaban rezagados en la carrera académica porque toda la estructura de incentivos se enfocaba en la producción intelectual escrita, en la producción de investigación. Por esa razón la ‘pelea’ en Colombia fue la de reconozcamos la producción artística como producción intelectual. No había unos criterios claros de evaluación y, como consecuencia, se detuvo la evaluación de producción intelectual artística de profesores durante varios años. Entonces, en la Javeriana se creó un comité de valoración de producción artística que empezó a definir unos criterios, que fueron los que llevé a la mesa de Artes, Arquitectura y Diseño, en Colciencias, para ver en qué casos se puede reconocer la creación artística como conocimiento nuevo y cómo se puede valorar: no desde cero, sino acudiendo a las mismas instancias de legitimación que reconocen los actores del campo del arte. 

PJ: ¿En qué consiste esta ‘homologación’ de criterios que ya existían con respecto a los que se produjeron para evaluar la investigación-creación? 

ÓAHS: Nosotros presentamos el modelo de valoración que se había creado dentro de la Universidad. Propusimos que se aprovecharan las instancias en las que ya circula el arte. Ocurre de forma similar a como es valorado un artículo académico: si el artículo fue evaluado para publicarse en una revista que está en cuartil uno en Scopus, entonces se deduce que es un indicador de calidad y no hay que volver a evaluarlo. Con el mismo nivel de estructuración existen unos circuitos que legitiman la carrera académica de los artistas. Por ejemplo, si yo soy un artista y puse una instalación en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se deduce que allí hay un reconocimiento de la calidad. Hay unas instancias por las que el arte va circulando y que tienen procesos de curaduría, arbitraje o selección, y, existiendo esto, no tenía sentido que nosotros nos enfrentáramos a una evaluación adicional. 

PJ: ¿Qué retos o contradicciones afronta la puesta en marcha de estos criterios de valoración para las creaciones artísticas? 

ÓAHS: Este modelo de medición es automático y no tiene gente de carne y hueso detrás pensando. Es un algoritmo: uno presiona un botón y ya. No hay paneles, no hay pares. Entonces debimos parametrizar todo y eso nos obligó a tomar decisiones difíciles, por ejemplo, que la trayectoria del espacio que tuviera 10 años de existencia era mejor que la que tuviera ocho. Y esto es muy problemático, porque esa lógica termina privilegiando los circuitos tradicionales del arte, y el arte más disruptivo, que realmente ha producido cambios en la sensibilidad y que ha hecho cosas diferentes, ocurre por canales emergentes. 

PJ: ¿Qué transformaciones se han producido dentro de la Javeriana a raíz de este cambio? 

ÓAHS: Ha permitido que los grupos de investigación e investigadores que estaban muy mal escalonados en Colciencias suban su clasificación, haciendo lo que hacen: creación en su ámbito académico. El incremento en el volumen de los productos registrados es brutal. En las últimas tres convocatorias es muy, muy pronunciado. Pero, por otro lado, también ha hecho que la gente empiece a hablar más en términos de investigacióncreación. Hay un auge de la investigacióncreación en las áreas artísticas y en el diseño. 

Esto ha hecho que se empiece a ver que estamos generando una nueva dinámica académica alrededor de las artes, que la gente hasta ahora está empezando a vislumbrar. También han ocurrido otras cosas, por ejemplo, empieza a haber más cruces entre departamentos y entre disciplinas para generar proyectos de creación cada vez más ambiciosos. Todo esto apenas está empezando, pero definitivamente promete transformar el entorno académico. 

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Pesquisa Javeriana contó con una corresponsal en la Antártica durante enero y febrero de este año, quien nos narró su experiencia como investigadora de la XXXV Expedición Italiana a la Antártica, en el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi. En este recorrido, la bióloga javeriana Nohelia Farías Curtidor estuvo recogiendo datos sobre los mamíferos acuáticos que viven en esta zona del mundo para colectar datos e información sobre la ocurrencia, abundancia y comportamiento de mamíferos marinos en el mar de Ross, además de identificar y corroborar las áreas principales de uso de estos animales y tratar de hacer una relación de su presencia con las condiciones oceanográficas del área. También pudo percibir y reconocer junto a sus colegas italianos algunas transformaciones en el cambio del clima del llamado Continente Blanco.

Es la primera vez que una colombiana recorre el mar de Ross por la ruta que lo hizo Nohelia Farías Curtidor, desde Nueva Zelanda, gracias a la alianza lograda por el Programa Antártico Colombiano con el Programma Nazionale di Ricerche in Antartide (de Italia). La información por esta nueva ruta plantea una oportunidad valiosa para el país ya que permite tener datos de los mamíferos acuáticos por una zona que se desconocía y que sirve para comparar con los datos que se tienen del recorrido por la península antártica a la que la expedición colombiana visita desde hace cinco años.

Desde el mar de Ross, Farías Curtidor escuchó las noticias sobre las altas temperaturas en la Antártica, especialmente en las cercanías con el sur del continente americano. Según los reportes de la NASA, se alcanzaron 20° de temperatura en el continente de hielo, el mayor récord en la historia. Esto generó un derretimiento de más de 10 centímetros de capa de hielo en Eagle Island. Sin embargo, por el sur de este continente los climas nunca fueron superiores a 3°, lo que tampoco indica que esté exento del impacto climático sobre los ecosistemas.

Igualmente, del costado oriental del continente los investigadores de la expedición científica italiana evidenciaron un derretimiento del glacial y por el lado occidental del mar de Ross están entrando las tormentas y corrientes del mar Pacífico Sur, lo que antes no ocurría. Aún no se puede afirmar a “ciencia cierta qué pasará, pero sí podemos imaginarnos o tratar de evaluar ciertos escenarios porque están cambiando la dinámica del lugar y sus características”, explicó la bióloga javeriana.

La cadena alimenticia puede ser un claro ejemplo de cómo se evidencia el impacto climático en las formas de vida de las especies y cómo se transforman sus hábitats y sus hábitos:

Estos impactos que se generan en la Antártica pueden afectar especies de animales que llegan hasta Colombia, Ecuador o Panamá como la ballena jorobada. ¿Qué pasaría si estos mamíferos no se alimentan lo suficientemente bien en la Antártica para recorrer 8.000 kilómetros hasta llegar a las costas de estos países para reproducirse?

El efecto del cambio climático se está viendo no solo en la Antártica sino en todo el mundo. “Por ejemplo, en el Ártico en 2006 o 2007 se midió la capa de hielo más pequeña que se había encontrado porque se desprendió un pedazo de hielo tan grande como Italia”, relató Nohelia en su expedición. El reto ahora es evaluar las consecuencias y considerar qué se puede hacer para tratar de que esto pare o por lo menos baje la intensidad y la rapidez con la que está ocurriendo. Por ello, la bióloga javeriana hace recomendaciones para que los ciudadanos aporten en contrarrestar el impacto de la huella ambiental.

Nohelia Farías Curtidor regresó esta semana de su expedición, luego de siete días de viaje de vuelta. Logró identificar, por ejemplo, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri), que puede medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. También, el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus), un ave que con sus alas extendidas puede medir hasta dos metros. Además, la foca leopardo (Hydrurga leptonyx), solitaria y agresiva, que vio solo una vez y que puede llegar a medir entre tres y cuatro metros, además, de pesar entre 300 y 500 kilogramos. Su amor por la naturaleza, en particular los mamíferos acuáticos, es una preocupación latente en medio de noticias que cuestionan las prácticas de los humanos frente al cuidado del planeta. Por ello, continuar investigando sobre estos lo considera como una forma de disfrutar la vida y de aportar en su conservación.

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Para conocer la bitácora completa de Nohelia Farías Corredor, consulte este enlace: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/opinion/javeriana-en-antartida/


* La participación en esta expedición de la egresada javeriana en biología, Nohelia Farías Curtidor, cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Para estudiar a los animales es necesario conocerlos, verlos en vivo, seguirlos día tras día, descubrir sus costumbres, incluso tocarlos. ¿Y qué pasa cuando se trata de los peces de agua dulce que, por lo general, no los vemos en su ambiente natural y son tan rápidos y escurridizos que literalmente se ‘escapan entre los dedos’, como por ejemplo estas miniaturas?

/ Jorge Enrique García-Melo
/ Jorge Enrique García-Melo

Estos peces, muy pequeñitos y transparentes (Belonion dibranchodon y Gymnorhamphichthys rondoni), se encuentran en las remotas aguas del río Bita (Vichada), uno de los primeros afluentes protegidos en el mundo. Son especies que por sus características muy pocas veces han sido documentadas en vivo.

Para describirlas científicamente, los ictiólogos (biólogos dedicados al estudio de los peces) regularmente lo hacen a través de especímenes de museo, pero características como los colores o la forma de nadar pueden no ser tan evidentes debido a la falta de métodos estandarizados en campo que permitan su documentación en vida, especialmente en áreas apartadas.

Esta situación impide ver la multitud de formas, colores y adaptaciones de las casi 1.500 especies con las que cuenta el país, posicionándolo como el segundo grupo vertebrado más diverso después de las aves. Pero, ¿qué se puede hacer para VER todas sus características?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Investigadores javerianos, docentes de las universidades del Tolima y de Ibagué y de la Institución Educativa Técnica Ismael Santofimio Trujillo, de la capital tolimense, desarrollaron un sistema de fotografía de peces y otros organismos acuáticos usando un innovador acuario para capturarlos en acción, obteniendo fotos de alta calidad y con un alto grado de detalle. ¿Alguna vez había pensado, por ejemplo, en las diferentes bocas de los peces?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

La posición y la forma de la boca es una característica muy especial; se relaciona con sus costumbres alimenticias —no todos los peces tienen los mismos gustos gastronómicos— y son datos importantísimos para clasificar las especies, es decir, para realizar su taxonomía.

Por ejemplo, el siguiente detalle  fue revelador para los científicos, pues muestra la disposición de los poros del sistema latero-sensorial de su cabeza, que, en el caso de este pez eléctrico (Sternopygus aequilabiatus), les permite detectar a su presas y potenciales depredadores.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Con esta innovación técnica es mucho más fácil  fotografiar diferentes especies que regularmente viven en los mismos ambientes de los ríos. El movimiento —o baile— captado por la cámara expresa la naturalidad y el dinamismo que tienen los peces; así se convierte en una herramienta clave para la difusión, educación y conservación.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Llegó el momento de conocer este equipo que han bautizado con el nombre de Photafish. De acuerdo con el biólogo y fotógrafo Jorge E. García-Melo, es un sistema práctico, portátil, versátil y económico que puede implementar en campo cualquier persona con conocimientos mínimos de fotografía. Puede llevarse a lugares lejanos durante expediciones biológicas y se instala en tan solo 15 minutos.

“El sistema tiene tres componentes esenciales: el equipo fotográfico (cámara, lente, trípode); el Acuario Ensamblable para Fotografía (APP), construido en acrílico y vidrio templado; y la iluminación (flashes y fondos). Además, cuenta con algunos accesorios que facilitan la obtención de imágenes en sitios remotos donde es difícil acceder a agua transparente, como, por ejemplo, un sistema de filtrado para reutilizar el agua y una lámpara conectada a una batería recargable para hacer fotos en la noche, con la posibilidad de alternar entre fondos negros y blancos de manera rápida”, explica García-Melo.

Los investigadores pensaron en todo: explican que los fondos homogéneos de las fotos permiten enfocar la mirada del espectador solo en el pez y contemplarlo en toda su dimensión, eliminando aquellos elementos distractores  que lo rodean. Pero también concluyeron que es importantísimo el uso de fondos negros y blancos, porque cada uno puede acentuar un color diferente en alguna estructura del cuerpo, como las aletas. Además, sugieren intercambiar los fondos para conseguir información más precisa.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

De esta forma, los autores introducen el término Fotos Taxonómicamente Informativas, o TIPs por sus siglas en inglés (Taxonomically Informative Photos), para referirse a “una imagen auténtica y de alta calidad tomada en campo, de la cual es posible extraer información útil para la identificación o descripción precisa de un organismo con un alto nivel de confianza. El sistema permite obtener TIPs gracias a que el uso del acuario facilita la toma de una gran cantidad de fotos de los organismos en diferentes planos. Así, el pez permanece vivo mientras se fotografía con diferentes niveles de detalle”, explica García-Melo.

/Cristian Granados
/Cristian Granados

Este producto es parte del estudio de doctorado del ictiólogo javeriano Jorge E. García-Melo, en cuya investigación también participaron sus hermanos, el biólogo Luis J. García-Melo y Jesús D. García-Melo; la bióloga Diana K. Rojas-Briñez y el ecólogo Giovany Guevara, así como el profesor investigador Javier A. Maldonado-Ocampo (QEPD).

Todos ellos son autores del artículo Photafish system: An affordable device for fish photograhpy in the wild, publicado en febrero de 2019 en la revista Zootaxa.

Fotografías como esta son posibles gracias a Photafish.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

“Sin el Photafish System, conseguir la imagen de la boca desde una vista dorsal hubiese sido casi imposible”, explica Jorge García-Melo. La especie —Gnathodolus bidens— “se caracteriza por tener una boca muy extraña, de forma invertida, poco común entre los peces, con una modificación que les permite alimentarse en sitios asociados a raudales con muchas rocas y donde son notoriamente difíciles de muestrear, como lo son los hábitats en el río Vaupés”.

Y tiene razón: lo lograron con la ayuda de la comunidad local indígena donde se encontraban el pasado mes de marzo, “entre ellos, niños que tenían claramente más habilidad que nosotros para pescar. Fue una de las últimas fotos hechas junto a Javier Maldonado utilizando el Photafish System, precisamente el día de nuestro accidente”.

Phota 11

Para ellos lo importante no es solamente aportar nuevo conocimiento a la ciencia, sino compartirlo con otras audiencias, mejor aún si es con las mismas comunidades que les ayudan a realizar su trabajo en campo. García-Melo recuerda a Maldonado diciendo que el Photafish “era un gran aporte a la ictiología neotropical porque permite democratizar la fotografía de peces”. En esa salida al Vaupés también cumplieron con ese objetivo: “Hacer las fotografías en campo y, con la ayuda de un panel solar, una impresora portátil y una laminadora, entregar las fotografías impresas a las comunidades locales (en este caso, indígenas), para apropiarles de ese intercambio de conocimientos que se estaba generando de manera inmediata. No pueden imaginar la forma en que se sorprendían estos pescadores viendo sus peces más diminutos o coloridos, ‘vistos con otros ojos’”.

El equipo ya se encuentra trabajando en la versión 1.1 del sistema y el desarrollo de una posible patente, la cual incluye varias mejoras en cuanto a portabilidad, comodidad para el transporte y uso. Lo presentarán durante el XV Congreso de Ictiólogos Colombianos y el V Encuentro de Ictiólogos Suramericanos, que se realizará los días 15 y 16 de julio de 2019 (Enlace a) en Medellín, en donde rendirán un homenaje póstumo al profesor Maldonado; allí, los investigadores dictarán un curso sobre el Photafish System.

¿Para qué medir a los investigadores y a sus grupos?

¿Para qué medir a los investigadores y a sus grupos?

El último ejercicio de medición de investigadores y grupos de investigación que realizó Colciencias en 2015 nos permitió ajustar procesos para brindarles un mejor seguimiento y acompañamiento a los grupos de investigación y a los investigadores javerianos. También suscitó una reflexión sobre la forma de medir las capacidades investigativas en el país, así como el impacto de la medición sobre el sistema actual de Ciencia, Tecnología e Innovación.

A la Pontificia Universidad Javeriana esta experiencia le permitió tener una idea de la producción científica y académica real de su comunidad, fortalecer el Repositorio Institucional donde se ubica dicha producción y confirmar la posición de los investigadores y sus grupos frente al entorno nacional. También sirvió para poner en marcha una plataforma de verificación de los productos que reúne en un solo espacio los sistemas de información internos y externos para el seguimiento de su producción investigativa. Por último, hizo que los líderes de los grupos se empoderaran frente a la producción de conocimiento de sus miembros y, en algunos casos, redinamizaran sus lazos de trabajo.

Así como evidenciamos aprendizajes, la convocatoria también nos dejó algunas inquietudes. Primero, puso a las universidades y a los centros de investigación a realizar una labor notarial orientada a avalar la existencia de productos y la adecuada ubicación de estos en las distintas categorías de la plataforma, lo cual riñe con su naturaleza de productores de conocimiento. Segundo, al apostar por una forma particular de difundir los resultados de investigación por medio de artículos publicados en revistas científicas especializadas, el modelo desestima otros medios de divulgación que pueden tener mayor impacto en las regiones y las comunidades del país. Tercero, implicó un alto costo de tiempo y recursos, tanto de los investigadores como de las universidades, para la preparación del material ingresado a la plataforma ScienTI, lo que pudo afectar la productividad de la investigación, las actividades propias de los grupos y la gestión y el acompañamiento de la investigación por parte de las oficinas que fomentamos este ejercicio. Además, consideramos que persiste un alto grado de error del aplicativo en términos, por ejemplo, de información que no queda registrada cuando se piensa que ha sido grabada, saturación de la plataforma en los últimos días de la convocatoria y mala ubicación de productos que son de naturaleza muy diversa, como formación de estudiantes, artículos, libros, consultorías, variedades vegetales, patentes, etc., no por mala fe de los investigadores sino por lo complicadas que resultan las definiciones de un modelo que suma varias decenas de páginas. Queda entonces la incertidumbre del impacto de los resultados de esta medición, ya que sin duda incidirán en la orientación de la financiación de Colciencias a proyectos de investigación y actividades relacionadas, como el programa de Jóvenes Investigadores, y también en la acreditación de los programas de posgrado.

Estos ejercicios de medición podrían contribuir a desestimular el trabajo colaborativo interinstitucional, ya que alimentan la competencia entre los grupos de las universidades que buscan una mejor ubicación en los rankings, de modo que alejan el espíritu de aunar esfuerzos por responder a problemas específicos de Colombia.

Se afirma que el modelo es neutro, pero lo cierto es que la probabilidad de que los grupos de ciencias básicas y naturales queden en las categorías superiores es mucho más alta que para los grupos de ciencias sociales y humanas. Esto se da en parte porque entre las prácticas de las ciencias básicas y naturales se encuentra la publicación de artículos en revistas indexadas en lengua inglesa. En cambio, los científicos sociales prefieren impactar en lo local y entre comunidades no necesariamente científicas y, además, en sus espacios de producción priman los libros o capítulos de libros o artículos que el modelo considera como divulgativos o como apropiación social del conocimiento, los cuales reciben bajo puntaje. Por esta razón, proponemos que la valoración de la capacidad investigativa del país se realice por parte de grupos humanos y que no esté a cargo de una plataforma informática. Estos grupos realizarían su labor por medio de una evaluación organizada por comités de miembros de las diferentes áreas, lo cual favorecería una valoración equitativa y consecuente con los avances del conocimiento en cada uno de ellos, al reconocer la pluralidad y la diversidad metodológica. Ese es el modelo que ha elegido el Reino Unido, con base en el criterio de comités en 36 áreas del conocimiento.

Los anteriores elementos incentivan a repensar nuestro sistema de valoración de las capacidades investigativas en Colombia. Por esto, invitamos a la comunidad académica y científica del país a contribuir a su redefinición.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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Sobre la indagación javeriana en un contexto de transición

Sobre la indagación javeriana en un contexto de transición

El encuentro de diferentes saberes; el intercambio de experiencias; el reconocimiento del otro, de sus necesidades, cosmovisiones, lenguajes y tiempos, y, en últimas, la seguridad de hacer parte de un país de regiones ampliamente diverso, son conceptos que la Universidad Javeriana viene incorporando desde hace años en sus preguntas de investigación, así como el propósito de brindar soluciones a problemáticas de nuestra sociedad. Desde sus comienzos, los profesores de la institución se han preocupado por producir nuevo conocimiento que permita alimentar el debate científico, sin dejar de lado la esencia misional de involucrar a la comunidad académica en temas socialmente relevantes y de hondo impacto.

Cumpliendo con esas directrices y contemplando el contexto actual colombiano, nuestra comunidad científica no podría ser ajena al momento de transición en que nos encontramos, un periodo en el que se unen esfuerzos desde diferentes esferas (política, social o de disidencia) para hallar alternativas que lleven a poner punto final al conflicto armado. Por ello, la universidad apuesta por favorecer el diálogo social, el fortalecimiento de capacidades humanas relevantes y pertinentes y la construcción de conocimiento como escenarios que interpelan y exigen respuesta de la academia, tanto en el ámbito nacional como en el regional. Las ciencias sociales, las formales y naturales, las ingenierías, las artes y la filosofía aportan sus esfuerzos de análisis académicos, metodologías y hallazgos en la construcción y reflexión de un país que intenta superar sus crisis. La Universidad Javeriana parte de la reflexión de que la construcción de la paz, a la cual nos convoca la transición que estamos viviendo, requiere tanto de estos diálogos como de la visibilidad de los sujetos que hoy se encuentran invisibilizados y silenciados.

Una pequeña muestra de estos esfuerzos por aportarle a la sociedad colombiana a través de la indagación se refleja en los artículos de esta edición de Pesquisa. Es el caso de la investigación participativa desarrollada en el golfo de Tribugá (Chocó), que inició con un método y propósito de “hablar sobre hablar”, y permitió aportar un modelo de gobernanza en torno a los recursos naturales y humanos que tienen los habitantes alrededor de sus manglares. Así como del estudio que desarrolló un profesor de psicología de la Seccional Cali con policías, basado en la pregunta “¿Qué vendrá después del posconflicto en cuanto a salud mental?”. De la misma forma en que psicólogos y psiquiatras se interesaron por los traumas que dejó la Primera Guerra Mundial, es tarea ahora de los investigadores colombianos indagar sobre las afectaciones mentales en nuestro territorio.

Presentamos, además, un estado del arte sobre la legislación y las posibilidades que tienen las comunidades de mujeres indígenas afectadas por el conflicto de su país para acceder a la justicia y denunciar los delitos de los que fueron víctimas. Este trabajo fue realizado por profesoras de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, y construido con colegas colombianos y guatemaltecos. Los aprendizajes, al tiempo que reconstruyeron el tejido tradicional y social de las comunidades impactadas, permitieron “articular dos propósitos: la indagación contextualizada y el empoderamiento de las mujeres víctimas para un diálogo cualificado con sus comunidades e instituciones”, como lo explica el artículo.

Son diversos los alcances de este ejercicio de investigar sobre problemáticas de nuestro entorno. Además de proponer soluciones concretas que impacten a la comunidad, posiciona estos temas en la agenda científica internacional, permite un crecimiento para los investigadores por cuanto convoca al diálogo de saberes, invita a una visión interdisciplinar para resolver la pregunta inicial del proyecto de investigación, y plantea diferentes espacios para la divulgación de sus resultados, no solo en circuitos científicos, sino en un ámbito más amplio. Supone, además, un desafío frente al manejo del lenguaje que busque llegar a personas interesadas en saber cómo la investigación y sus conclusiones impactan en su cotidianidad. Finalmente, propone un acercamiento con las entidades del Estado, ya que ofrece sus hallazgos como insumos para la construcción de políticas públicas.

Estamos convencidos de que nuestro aporte como científicos e investigadores se define en un contexto que sobrepasa los límites de nuestras preguntas de investigación y al cual buscamos contribuir como ciudadanos. Estas son algunas de nuestras investigaciones que cimientan conocimiento y fortalecen a la sociedad.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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¿Maestros investigadores e innovadores?

¿Maestros investigadores e innovadores?

Los profesores que en clase dictan los contenidos de sus materias sin promover la discusión deben reflexionar sobre su misión como educadores. Esa rutina, que en lugar de entusiasmar da sueño, es uno de los motivos que en la actualidad impulsan a buscar sistemas alternativos e innovadores de aprendizaje y enseñanza, que contribuyan a mejorar las prácticas pedagógicas para formar maestros con capacidad de fomentar la reflexión y la creatividad de niños y jóvenes en las escuelas.

En esta línea se ubica el aporte del proyecto de investigación “Formación en investigación e innovación pedagógica en programas de licenciatura en ciencias naturales, ciencias sociales, artes y humanidades, y educación y pedagogía”, coordinado por los investigadores Fabiola Cabra-Torres y José Darío Herrera González, el cual presenta un panorama de la formación de los futuros maestros en dieciséis programas de licenciatura del país.

Acerca de la formación docente

La investigación y la innovación, dicen, se han posicionado como nociones centrales en el discurso sobre la formación profesional de los maestros. A su vez, se han convertido en referentes de calidad y acreditación de los programas.

La investigación pedagógica se logra cuando el profesor indaga, entiende los problemas que surgen de su práctica cotidiana, genera hipótesis de trabajo y desarrolla sus temas con base en preguntas. La innovación pedagógica responde a la manera como los maestros inciden en la transformación de la cultura escolar, introduciendo cambios en las prácticas tradicionales, y mejorando la calidad y las formas de aprender en las escuelas.

El marco reflexivo —soporte del proyecto— define que es propio de la actividad docente el pensar sus propias prácticas, tener capacidad autocrítica para evaluarse y ser capaz de realizar cambios que mejoren su calidad de trabajo, lo cual lleva a unas condiciones propicias para realizar investigación e innovación pedagógica. Para ello, se aprovecha el salón de clase, todo un laboratorio de experiencias y el currículo, una hipótesis de trabajo que se comprueba en la práctica.

El proyecto de investigación, cuyo objetivo fue analizar las estrategias de formación en investigación e innovación educativa en programas de licenciatura de ocho ciudades del país pertenecientes a distintos campos disciplinares, realizó encuestas y grupos focales con profesores y estudiantes de los programas, y analizó el contenido de los documentos curriculares.

¿Qué encontraron?

Existen al menos dos formas de entender la investigación en las licenciaturas analizadas. La primera está asociada a la producción de conocimiento en la que se habla de investigación sobre la educación; la segunda está más relacionada con el mejoramiento de la pedagogía, que es la que hacen los docentes sobre su práctica.

El concepto de investigación se encontró bien definido y contextualizado, y está incluido dentro de los objetivos formativos y los planes curriculares de las licenciaturas analizadas. Esto puede responder no solo al interés propio de los programas, sino al requisito impuesto por el Consejo Nacional de Acreditación (CNA), en razón a que la investigación en los programas de pregrado es un criterio de evaluación de su calidad.

La profesora Cabra-Torres dice que “cada campo de conocimiento lo enfoca de una manera diferente, y se pueden identificar algunas tendencias. En las licenciaturas pertenecientes al campo de la educación y la pedagogía, la investigación pedagógica significa reflexionar sobre la práctica, pues de ella surge la innovación; por ello resulta difícil separar estos dos conceptos. En las licenciaturas de ciencias y matemáticas, se concibe la investigación de una manera más disciplinar, e implica construir conocimiento, primero sobre la disciplina misma y, más adelante, sobre la enseñanza de las disciplinas específicas. En las licenciaturas de artes y humanidades, la investigación es la manera como se construye y se describe la innovación, lo cual es parte de la razón de ser de esta área del saber, en la que se considera que siempre que hay arte, hay innovación”. En las ciencias sociales, la investigación es la que permite el cuestionamiento de las prácticas pedagógicas del docente, favorece la capacidad de innovar y ubica a los docentes como productores de conocimiento.

El impulso que ha recibido la investigación dentro de la formación docente en la última década en el país ha promovido también la emergencia de otros perfiles profesionales, cuyo desempeño esperado se encuentra en instituciones educativas, trabajo con comunidades, organizaciones no gubernamentales y entidades que toman decisiones de políticas, entre otros. Pero, a pesar de los nuevos perfiles profesionales, la función de la docencia sigue teniendo el papel preponderante (93,8 %), por cuanto que la investigación apareció enunciada en los perfiles profesionales en un 81,3 %, en contraste con un 18,8 % de la función de innovación.

La innovación pedagógica no se encontró documentada o suficientemente justificada. Para algunos programas, está más asociada con el uso de las tecnologías. Con ello se demuestra que es un concepto difuso.

La innovación, dice el estudio, está muy relacionada con la autonomía profesional del maestro, puesto que innovar implica tener la iniciativa, el conocimiento y la decisión de transformar un contexto en el que el docente tiene una intervención social. En la medida en que un profesor tenga limitada su capacidad para manejar los contextos, las herramientas que utiliza y los contenidos que enseña, se verá afectada directamente su autonomía y, por ende, la calidad de la enseñanza. Esta es quizás la razón por la cual hay una línea de pensamiento que reconoce la innovación como una acción política y una expresión de autonomía del maestro.

El estudio identificó las distintas estrategias de formación en investigación e innovación que se reportan en las licenciaturas consultadas. Las más frecuentes corresponden a actividades tradicionales, que tienen lugar en espacios como cursos y seminarios, las prácticas pedagógicas en instituciones y las asignaturas de investigación. Respecto a la inclusión de nuevas actividades, que podrían ser interpretadas como oportunidades para aprender sobre la innovación y la investigación, la profesora Cabra-Torres señala que, aunque se registra una menor participación en ellas, es posible verlas como una nueva manera de entender la formación de docentes, que a su vez responde a los parámetros de calidad exigidos desde las universidades colombianas y del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Estas nuevas estrategias incluyen el consumo y la escritura de artículos para revistas científicas; la pertenencia y permanencia en una línea, semillero o grupo de investigación; la presentación de ponencias; la generación de productos derivados de la investigación y de la innovación, y la difusión de resultados.

El estudio evidenció el estrecho vínculo entre las discusiones teóricas que aportan a la agenda contemporánea de los investigadores en educación, de los formuladores de políticas y de los mismos docentes, con el sentido que la formación otorga a la investigación y la innovación, las estrategias con que se llevan a cabo, las dificultades reportadas en los procesos de formación y los retos que esto plantea a la política educativa colombiana.

Aprovechando la coyuntura de las pruebas internacionales que demostraron bajos niveles de educación en el país, los resultados del estudio fueron puestos a consideración del Ministerio de Educación Nacional. Se hizo énfasis en la necesidad de construir agendas de investigación que fundamenten las políticas y el sistema colombiano de formación y desarrollo profesional docente, y que lleven a una discusión permanente sobre un tema del que poco se sabe en el país.

Los resultados hablan por sí solos

Las conclusiones subrayan que la investigación es clave, tanto en la formación inicial de los futuros docentes como para los maestros en ejercicio. “Como se sabe”, dice la profesora Cabra, “la educación en Colombia se ha caracterizado por ser predominantemente memorista y muy poco centrada en enseñar a pensar, de modo que, sin el componente de investigación, la formación del docente podría ser considerada meramente como reproductora de contenidos”.

La profesora identifica varias dificultades y desafíos para fomentar las competencias en investigación e innovación, objeto de políticas educativas: el gran descrédito que tienen las asignaturas de metodología de la investigación, el desconocimiento del impacto de los semilleros de investigación en el fortalecimiento de la investigación y la innovación pedagógica, y la preocupación generada por la política de Colciencias de organizar a los investigadores del país en grupos y líneas de investigación, bajo la exigencia de resultados indexados con poco impacto social. A ello se suma la competencia por dineros para realizar proyectos que muchas veces buscan responder a las preguntas de los investigadores, pero están lejos de dar soluciones a los problemas reales de la cotidianidad de las escuelas del país.

Los investigadores continúan trabajando en la formación de los maestros en investigación e innovación pedagógica, pero ahora en el ámbito de los posgrados.


Para saber más:
  • »  » Cabra-Torres, F. et al. (2013). La investigación e innovación en la formación inicial de docentes. Aportes para la reflexión y el debate. Bogotá: pontificia universidad Javeriana.
  • » herrera, J. d. (2010). “La formación de docentes investigadores: el estatuto científico de la investigación pedagógica”. Revista Internacional de Investigación en Educación 3 (5): 53-62.


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