Es el momento de actuar en política científica

Es el momento de actuar en política científica

Lisbeth

Tres son los temas sobre política científica que se están moviendo activamente en Colombia durante 2019, lo que ha permitido una mayor visibilidad de la ciencia para el ciudadano común y corriente.

El primero —y quizá el que más se conoce— es la conformación de la Misión Internacional de Sabios, lanzada en febrero pasado con 42 miembros, cuyo número aumentó a los pocos días a 47. Está dividida en ocho temas que el gobierno consideró claves y cada grupo o foco está integrado por colombianos residentes en el país y en el exterior, así como por extranjeros.

Durante el primer semestre entiendo que han abierto el diálogo para consultar a sus sectores a través de diferentes mecanismos y se reunieron en pleno a comienzos de junio para integrar los resultados y alinearse entre todos los grupos. Pesquisa Javeriana informó sobre este encuentro realizado en Medellín.

Tanto en esta nota como en las demás que se han publicado al respecto en los diferentes medios y portales resalta el tema de la educación, algo que no es nuevo porque es una verdad de a puño que un país educado tiene más posibilidades de ser consciente de su desarrollo, de generar nuevo conocimiento y de lograr la equidad para sus ciudadanos. Por un lado emociona, para ver si al fin logramos un cambio de 180 grados en la manera como estamos educando a nuestros niños y jóvenes, pero también sorprende porque desde hace décadas —o por lo menos desde la anterior misión de 1994— esa fue una de las conclusiones y recomendaciones más sobresalientes.

Los sabios tienen el reto de identificar barreras y oportunidades en cada uno de sus campos y de entregar el 5 de diciembre recomendaciones oportunas y factibles. Muy probablemente las harán para el mediano y largo plazos porque así se debe pensar un país, y el reto para el gobierno será empezar a ponerlas en marcha cuanto antes, sin necesidad de hacer un nuevo análisis porque, para eso, estuvo deliberando la Misión.

El segundo tema es el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, creado mediante la ley 1951 de 2019 y que debe empezar a funcionar el 24 de enero de 2020. Colciencias está liderando la implementación del nuevo órgano del ejecutivo, ha participado en reuniones por todo el país hablando al respecto, y también hace lo propio Iván Darío Agudelo, el senador que impulsó la iniciativa. El pasado 13 de junio en el Salón Boyacá organizó un evento titulado ‘Avances en el Ministerio de Ciencia’, en el que nuevamente, como en ocasiones anteriores, se escucharon diversas voces de apoyo con propuestas —cada uno desde su orilla— para la nueva institucionalidad. En conversación con Pesquisa Javeriana fue enfático, cuando le preguntamos sobre la relación entre Colciencias y el Ministerio: “Colciencias ya fue fondo, instituto y departamento; no vamos a permitir que sea el cuarto nombre”.  Pero cómo, esa la pregunta, si el parágrafo 2 de la ley dice: “El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para iniciar su labor no debe generar gastos adicionales de personal ni generales a los que al momento de su creación tenga presupuestado el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias)”.

Si es a costo cero, ¿cómo se lo imaginan entonces? Aún no hay una respuesta y todos los involucrados elucubran —elucubramos— al respecto. ¿Se podría pensar en un esquema, por ejemplo, en el cual el personal del Ministerio estuviera conformado por gente de la academia y de la industria que trabajaran ‘prestados’ por sus actuales lugares de trabajo y cumplieran el objetivo de dictar los lineamientos de la política pública en ciencia, tecnología e innovación? ¿Unos cerebros que durante el primer año, con las recomendaciones de la Misión y con su conocimiento experto piensen el país, fortalezcan y consoliden el Sistema Nacional de CTI, y establezcan una hoja de ruta que active Colciencias con unos recursos cada vez más sólidos?

Y así llegamos al tema del dinero, el tercero. Ya por lo menos pasó el susto de que le iban a quitar el 10% de regalías a la ciencia. La tarea ahora es continuar enderezando el proceso de adjudicación de los dineros que provienen de este rubro a proyectos que cubran y beneficien a las diferentes regiones para que sea posible consolidar en sus territorios la ciencia, la tecnología y la innovación.

Pero también resulta muy conveniente aclarar que cuando el gobierno promete subir la inversión en ciencia a mínimo el 1% del PIB, se refiera a Investigación y Desarrollo (I&D) más que a actividades de CTI (ACTI), concepto que incluye a I&D pero también la promoción, difusión y aplicación de los conocimientos científicos y técnicos, entre los cuales se destacan la formación y capacitación, las actividades de innovación y los servicios de apoyo a la actividad investigativa.

El presupuesto siempre será un dolor de cabeza hasta que nuestros gobernantes no se convenzan del todo de la importancia de invertir en educación y ciencia.

Es el momento de actuar y de apoyar todos estos espacios para que 2020 sea el año de iniciar con pie derecho esta nueva etapa de la investigación científica y la innovación en nuestro país. Y también es el momento de velar para que sea una investigación de calidad que allane con inteligencia el camino del desarrollo y se convierta en modelo a nivel internacional.

Conocimiento y educación, la fórmula de los sabios para Colombia

Conocimiento y educación, la fórmula de los sabios para Colombia

Luego de cuatro meses de deliberaciones, los ocho grupos que conforman la Misión internacional de sabios, convocada por el presidente Iván Duque en febrero pasado, se reunieron en el Parque Explora de Medellín a comienzos de esta semana para entregar sus primeras recomendaciones.

Se destaca el énfasis en la necesidad de una educación diferente, en la que haya diálogo de saberes, en un contexto que requiere maestros mejor preparados frente a la primera infancia y la formación de alto nivel. Una economía basada en las riquezas naturales y culturales para lograr un desarrollo sostenible, una evolución tecnológica para responder a los retos de la Industria 4.0, la reconversión del actual sector productivo para reorientar y aumentar su productividad o el estímulo a los emprendimientos.

En esta Primera Cumbre de la Misión Internacional de Sabios, sus 47 integrantes no solo discutieron sobre los temas de los grupos, también manifestaron su posición frente a la coyuntura actual del país en dos cuestiones puntuales: la implementación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que debe entrar en funcionamiento en enero de 2020, y la financiación de la investigación científica.

En la actualidad “estamos invirtiendo 0,27% del PIB en ciencia y tecnología, algo inaceptable tanto para países de la región como para los de la OCDE”, aseguró Silvia Restrepo, coordinadora de ‘Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente’, uno de los ocho focos temáticos de la Misión que convoca el Gobierno Nacional para construir herramientas en el ámbito territorial, productivo e institucional que faciliten soluciones prácticas a los desafíos del desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación aplicada en el país.

Para que Colombia avance en esta materia, la inversión es vital. Por eso, la propuesta de eliminar la obligatoriedad de los gobernadores de destinar un 10% de regalías a este rubro preocupa a la vicerrectora de Investigación de la Universidad de los Andes, Silvia Restrepo, quien espera que dicha iniciativa no surta efecto en el Congreso.

“Si queremos aumentar no podemos dar pasos atrás porque, si no, quedamos en nada. Este país tiene que apostarle a la ciencia, la tecnología, la innovación y a la economía basada en conocimiento”, enfatizó la investigadora, quien aseguró además que en la actualidad una universidad pública o privada invierte más de sus propios fondos que lo que invierte Colciencias para todo el sistema de universidades. Por ejemplo, para programas de investigación solo destina 200.000 millones de pesos.

“Creo que tenemos que mejorar esto y hacer un programa muy robusto. Ahora, se va a crear el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y ese tiene que ser el que dé las pautas de política pública, pero tenemos que tener una agencia (como la que hoy es Colciencias) que reparta esos recursos de mejor manera”, le manifestó Restrepo a Pesquisa Javeriana.


Universalización de la educación de calidad y en contexto

La educación es el eje transversal de la Misión Internacional de Sabios para conceptualizar hacia el futuro la ciencia, la tecnología y la innovación en Colombia. En este sentido, desde el foco ‘Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad’, coordinado por el economista Clemente Forero, se proponen dos estrategias: la universalización de la educación de 0 a 5 años, y también de la educación secundaria de calidad.

En relación con la primera, el economista enfatizó en que antes de los tres años se forma el 90% de todas las conexiones neuronales en los niños. En otras palabras, el llamado es a que haya equidad en las oportunidades de acceso a la educación por parte de todos los colombianos desde esa instancia de la vida.

A propósito de las equidades e inequidades, para Sara Alvarado, psicóloga javeriana e integrante de dicho foco, estas tienen distintas raíces, pero una específica en el país es la no atención a la primera infancia. Al subrayar la importancia de un trabajo articulado en esta etapa, incluso desde la gestación, centrado en la familia y en la comunidad, destacó la idea de crear centros de investigación y desarrollo familiares y comunitarios en las cabeceras municipales donde se produzca investigación de alto nivel en territorio con las madres, familias y comunidades.

De otro lado, también se propone articular la formación en maestría y doctorado que existe en las regiones, pero con anclaje en el entorno. Acerca de la formación de alto nivel, Forero cree pertinente relanzar el programa nacional de investigación y estudios científicos de la educación en Colciencias, un programa que para él imprimió una dinámica interesante en los años 90 y comienzos de la década del 2000, pero que “se volvió a fundir con ciencias sociales y perdió mucho de su dinámica”.

En cuanto a la segunda estrategia, la educación secundaria de calidad, la idea es que los estudiantes de todas las regiones del país estén muy conectados con la producción, la economía y el desarrollo de sus comunidades locales.

Al respecto, el neurofisiólogo Rodolfo Llinás, médico javeriano e integrante del foco ‘Ciencias de la Vida y la Salud’, manifestó que después de dos décadas de la anterior Misión de Sabios la situación del país en materia de educación no ha cambiado mucho y “seguirá siendo mala hasta que no se haga en contexto”. Llinás explicó que bajo el esquema actual se utiliza la parte del cerebro que tiene que ver con memorizar, pero no con entender y utilizar las ideas en otros aspectos.

Esto tiene una implicación en la educación de los maestros, que han sido educados para formar en contenido; la nueva apuesta sería formar en procesos de desarrollo, señaló Alvarado, quien enfatizó además en la importancia del bienestar personal como estrategia, ya que tiene que ver con el desarrollo de la emocionalidad, la capacidad humana de sentir y conmoverse con el otro, pero además de sentirse bien consigo mismo.

Roberto Llinás (izq.), neurocientífico colombiano, y Jhon Jairo Arboleda, rector de la Universidad de Antioquia.
Rodolfo Llinás (izq.), neurocientífico, y Jhon Jairo Arboleda, rector de la Universidad de Antioquia.


Ciencia de siguiente generación

Desde el foco ‘Océano y Recursos Hidrobiológicos’ se reconoce a Colombia como un país de tres mares: Pacífico, Caribe y  continental (ríos, lagos, lagunas, estuarios, humedales, aguas freáticas y subterráneas), una perspectiva clave porque la educación dentro de este enfoque abarca más allá de la frontera continental, expresó su coordinador el biólogo marino Andrés Franco, director del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales y de la Sede Santa Marta de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, para quien el conocimiento debe favorecer la conectividad regional y la calidad de la educación y de los ecosistemas del país.

Teniendo en cuenta que los departamentos con mayor riqueza marítima, como La Guajira, Chocó y San Andrés, poseen los más altos índices de analfabetismo y desnutrición, los expertos recomiendan a la educación media como el punto donde centrar esfuerzos, mostrando el conocimiento como un proceso en construcción y no como algo que debe contemplarse, indicó Juan Armando Sánchez, biólogo marino y líder del Grupo Biommar de Uniandes. En el centro de esta idea los profesores juegan un papel estratégico.

Así mismo, en dicho esfuerzo es necesario incorporar el criterio de regionalización, ya que no se les puede enseñar ciencias biológicas de igual manera a un chico del Amazonas que a otro de La Guajira, señaló Franco, ya que el desarrollo territorial sustentable en el país y en sus regiones debe abarcar no solo la riqueza ambiental sino también la intelectual.

A esto se suma, acotó Franco, que el 50% del territorio colombiano son mares y muchos de los procesos que se están dando asociados con el cambio climático tienen respuesta en los océanos, como también sucede en las nuevas estrategias para brindar seguridad alimentaria.


Un ministerio de conocimiento más allá de lo científico

Para el músico Óscar Hernández, asistente de Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana e integrante del foco ‘Industrias Creativas y Culturales’, es importante la transversalidad en la educación desde la primera infancia hasta la formación de alto nivel, pero sobre todo con retroalimentación mutua de distintas formas de conocimiento, es decir, no se trata solo de que los científicos complementen su formación con arte y cultura, sino que los artistas también aprendan de ciencias. Por eso, recomendó que en todos los niveles de la educación debe haber un trabajo colaborativo permanente entre distintas formas de conocimiento.

Por otra parte, dicho foco ve a las industrias creativas inmersas nutriéndose de la producción cultural de las tradiciones, es decir, de lo que construye las identidades. De ahí que su invitación sea a entender la diversidad de las formas de producción de conocimiento, la creación y el arte no solo como unas actividades subsidiarias o complementarias, sino que producen unas formas de conocimiento centrales en la industria creativa, lo que para este investigador debe estar presente en la concepción del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación.

Precisamente, con base en esa concepción, “nuestra propuesta es pensar la nueva institucionalidad más como un ministerio de Conocimiento, que vaya más allá de lo científico y, si es posible, cambiarle incluso el nombre, aunque sabemos que la Ley habla explícitamente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación”, expresó Hernández, para quien esta fórmula puede propiciar un diálogo de saberes que conecten esas otras formas de conocimiento tradicionales del patrimonio cultural con la producción científica, para así potenciar el desarrollo del país.

Por su parte, Édgar Puentes, coordinador del foco ‘Industrias Creativas y Culturales’, destacó la relevancia de la formación básica en arte y cultura desde edades tempranas que contribuya con la construcción de audiencias y públicos para estas industrias. También aseguró que hay una escasez de formación de alto nivel (maestrías y doctorados) en disciplinas creativas. Las cifras de Colciencias muestran que, entre 2009 y 2017, solo se dieron 20 apoyos (en becas de doctorado) para formación en arte frente a 965 en ingenierías y 754 en ciencias básicas.

Además, Puentes señaló que en Colombia existe una política artística nacional, pero “lo más curioso es que los ministerios no la conocen, ni el de Cultura ni el de Educación, y no se ha implementado. Muchas veces desarrollamos las políticas, pero no las ponemos en práctica”.

De izquierda a derecha: Édgar Puentes, compositor; Óscar Hernández, músico; y Jorge Humberto Pelaez, S.J., rector de la Pontificia Universidad Javeriana.
De izquierda a derecha: Dolly Montoya, rectora de la Universidad Nacional de Colombia; Édgar Puentes, compositor; Óscar Hernández, músico; y Jorge Humberto Pelaez, S.J., rector de la Pontificia Universidad Javeriana.


Reconvertir el sector productivo

María del Pilar Noriega, ingeniera química y coordinadora del foco ‘Tecnologías Convergentes –Nano, Info y Cogno- Industrias’, afirmó que combinar este tipo de tecnologías, como biotecnología, nanotecnología, tecnologías de la información y las ciencias cognitivas, llevaría a la cuarta revolución industrial, la industria 4.0, donde el país tiene una gran oportunidad.

“Podemos involucrar a la gente joven a través de emprendimientos, spin off y start up, pero también se puede contribuir con la modernización de las industrias del sector productivo colombiano, de la academia, de las universidades y de institutos de investigación. Creemos que es algo prometedor. También es una estructura básica y crítica que, en conjunto con los otros siete focos, puede hacer una sinergia importante para el progreso del país, que es lo que realmente queremos como gran contribución de la Misión”, dijo.

Este foco le apunta a reconvertir el sector productivo de la actualidad para reorientar y aumentar su productividad con la ayuda de estas tecnologías, por ejemplo, en manufactura avanzada y manufactura aditiva (impresión 3D, desde kínder hasta la universidad), en nuevos materiales con apoyo de la biotecnología, en química e industria verde, en las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, o lo que el ingeniero mecánico Tim Oswald, integrante de este foco, denominó como una arquitectura crítica para la oportunidad global, es decir, una conectividad de alta velocidad en internet para todo el país con el fin de contribuir con la educación digital y el aprendizaje activo.

Así mismo, este foco le apuesta a que se creen nuevas empresas, es decir, apoyar a la gente joven con todas las herramientas empresariales y, además, a la retención del talento humano, para lo que se necesita avanzar en la tecnología.


Experimentación permanente

Crear centros de investigación para resolver grandes problemas colombianos que, más que edificios, consistirían en una conexión de relaciones virtuales con capacidad de reducir los costos de financiación de los investigadores individuales en su relación con la sociedad, es una de las estrategias propuestas por Juan Benavides, ingeniero eléctrico y coordinador del foco ‘Energía Sostenible’.

Este investigador también destacó cuatro retos a los que Colombia le debe apuntar en este campo: primero, configurar un portafolio balanceado de todas las energías, cada una aportado en la proporción adecuada en costo, firmeza, confiabilidad y calidad de servicio; segundo, crear unos centros de investigación en energías transversales como instrumentación, control, en microrredes, entre otros, para que sean utilizados por todas las formas energéticas.

Tercero, aumentar el presupuesto de investigación en energía, posiblemente con un porcentaje corporativo gravable de las grandes compañías; y cuarto, tener un esquema regulatorio que sea favorable a las nuevas tecnologías y nuevas modalidades de negocio, y que permita la experimentación como se hace en Estados Unidos e Inglaterra, donde se da de una forma permanente porque no se sabe para dónde va la evolución tecnológica y hay que aprender mediante la experimentación.


Bioeconomía como programa emblemático de Colombia

Para lograr una bioeconomía transversal no solo es necesaria la formación ambiental y de la biodiversidad desde la primera infancia, sino entender que es un tema regional. De ahí la importancia de la regionalización en la bioeconomía y en la educación, así como de llevar esos contenidos a las escuelas de todo el país, planteó Silvia Restrepo, coordinadora del foco ‘Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente’, quien destacó que las universidades acreditadas deben generar conocimientos y llevar esos contenidos a las regiones más apartadas.

De esta manera, Restrepo propuso que Colombia debe adoptar la bioeconomía como un programa emblemático que se basa en el conocimiento y la conservación de los medios naturales, así como en darles un uso sostenible. “Esa es la riqueza que tiene Colombia. El petróleo, el carbón y todos los métodos extractivistas se acaban en algún momento y el país puede pensar en sus recursos naturales usados con conciencia, con base en los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, afirmó.

Por otra parte, Restrepo aseguró que ya es hora de que Colombia tenga un Museo Nacional de Historia Natural y Cultural, lo que contribuiría a establecer una cultura de la ciencia a todo nivel porque, explica, el país tiene que tener una sociedad con poder de discernimiento, que entienda para qué es la ciencia, la tecnología y la innovación.

Elizabeth Hodson, investigadora javeriana y miembro del foco 'Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente'.
Elizabeth Hodson, investigadora javeriana y miembro del foco ‘Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente’.


Salud: nuevas tecnologías y gestión de la ciencia

Crear una red de centros de educación para la formación en ciencias e investigación dirigida a la formación de docentes, con presencia en las ciudades más desarrolladas y en varias regiones del país, y que vincule a los niños, a los jóvenes y a los profesionales, es una propuesta emblemática del foco ‘Ciencias de la Vida y la Salud’.

De otro lado, el uso de nuevas tecnologías en la educación en salud, de acuerdo con el médico Pablo Patiño, integrante de este foco, requiere que los profesionales, los investigadores y la población en general las conozcan, por ejemplo, las de diagnóstico molecular para poder determinar su costo-beneficio en los sistemas de salud.

Además de que se requiere personal formado que entienda la gestión de la ciencia, la tecnología y la innovación, un factor fundamental en este punto es el papel como formador por parte del médico y del profesional de la salud. Este es uno de los retos para dar respuesta desde los sistemas de salud no solo desde el acceso a las nuevas tecnologías, sino para disminuir las presiones que ejercen las poblaciones a la demanda de servicios que muchas veces son de alto costo y que no son necesariamente los más adecuados, resaltó Patiño.

Este investigador indicó que existe una brecha en la orientación de la política científica y tecnológica, en la perspectiva de la educación en ciencia, tecnología, innovación y cultura, y en la carencia de políticas éticas y condiciones éticas que regulen el quehacer de la ciencia y la tecnología.


Compromiso para que se acojan las recomendaciones

En relación con ‘Ciencias Básicas y del Espacio’, el reto de este foco para su coordinador, Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional de Colombia, es convencer a la gente de que son importantes no solo para la formación de los individuos y de la sociedad sino para los desarrollos tecnológicos y, en definitiva, para el progreso cultural, económico y social de Colombia.

Desde este foco aspiran a que el país construya políticas de largo plazo y no de un gobierno. “Hay gobiernos que solo tienen tres políticas dentro de su mandato y lo ideal es que sean políticas de Estado, que permanezcan a lo largo del tiempo”, aseguró Wasserman. “Tanto en educación, en ciencia y en desarrollo social las cosas no se hacen en corto tiempo sino a largo plazo. Y uno de nuestros problemas son las discontinuidades, las reversas, los cambios de foco y los cambios de prioridades”.

“La Misión anterior hizo recomendaciones y muchas de ellas no se realizaron, es una preocupación que compartimos con todo el mundo. Por eso, muchos de nosotros pensamos que al final de esta Misión vamos a exigir un poco de compromiso, más explícito y claro por parte del Gobierno, de que algunas de esas recomendaciones por lo menos se acojan y que podamos delinear algunas vías, algunos procedimientos que, si se implantan nada se garantice, pero que por lo menos generen un marco en el cual sea posible realizar las recomendaciones que hacemos”, concluyó Wasserman.

 


*Colaborador de Pesquisa Javeriana desde Medellín. Periodista científico y profesor de la Pontificia Universidad Bolivariana.

Elizabeth Hodson, una científica sabia

Elizabeth Hodson, una científica sabia

A Elizabeth Hodson de Jaramillo le encanta jugar solitario en el segundo piso de su casa, en un estudio que tiene un televisor pequeño y unas fotografías familiares colgando en la pared. Le encanta porque es de un solo jugador, porque puede ver televisión mientras lo hace ―el televisor y ella― y porque puede pasar horas y horas moviendo las cartas ―el tiempo y ella―, sin afanes, reflexionando.

Sin embargo, lo que más-más le encanta de jugar solitario es que el juego se parece a su vida o, bueno, a lo que ella ha hecho en su vida como científica e investigadora, como fisióloga vegetal: a partir de un problema (un manojo de cartas desorganizadas, por ejemplo) encuentra, paso a paso, pacientemente, un orden lógico y una solución: disponer en cuatro grupos las cartas organizadas por color, signo y valor, por ejemplo, o transformar genéticamente las plantas para mejorarlas, o solucionar la falta de investigación científica en una universidad como la Pontificia Universidad Javeriana en los años 80, por ejemplo.

Es la menor de tres hermanos. Su papá era un ingeniero metalúrgico inglés que vino a Colombia para incentivar la industria del acero en el país, y su mamá era una traductora oficial colombiana. En las comidas todos se reunían y hablaban de las noticias del día: que el presidente de Estados Unidos hizo, que el gobierno colombiano dijo, que aquel científico inventó tal cosa. Los papás les hacían preguntas a sus hijos, los incitaban a resolver problemas y a argumentar sus respuestas. Hablaban de Leonardo da Vinci y de Marie Curie: los personajes favoritos de Elizabeth.

A los 15 años terminó el colegio, entró a la Pontificia Universidad Javeriana, y aunque quería estudiar ingeniería química ―que la Javeriana no ofrecía―, se inscribió a Bacteriología porque era la única carrera con cupos. Allí hizo la práctica hospitalaria y no le gustó nada: la sangre le olía a diablos. Pero le encantaba la bioquímica ―“¡Les daba sopa y seco a todos!”, cuenta Jorge Jaramillo, su esposo―, y le encantaba el laboratorio de investigación y los análisis, o sea, los microorganismos, entre ellos las bacterias, que bajo el lente del microscopio hablan de la vida, así como las estrellas, arriba, hablan del universo.

Un semestre empezó a ver clase con una ‘gringa’ sobre investigación en bioquímica y ella la recomendó para un trabajo en el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). Allí descubrió la fisiología vegetal y la complejidad de las plantas:

“¡Miércoles! Y entendí cómo funcionaban. Entendí sus sistemas de supervivencia, los mecanismos que tienen para protegerse, sus pelitos, cómo atraen a los animales… ¡Y todo estando amarradas!”, dice, y mientras lo hace, los dedos de sus manos se entrelazan y mueve los pulgares en círculo, rápidamente: el movimiento representa las idas y venidas de sus pensamientos. Elizabeth es muy enigmática, reservada y racional, y su vida la narra de la misma forma: objetivamente, desde lejos y con mucha mesura.

Hodson C

En el ICA era investigadora asistente en fisiología vegetal. Luego se casó, se fue a vivir a Belencito, en Boyacá, y trabajó como profesora en la Facultad de Agronomía de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en Tunja. Después de un par de años volvió a Bogotá, donde finalizó su maestría en Fisiología y Genética Vegetal en el ICA-Universidad Nacional, investigando los metabolismos de las plantas y estudiando los factores de resistencia de las papas a las heladas.

“Ay no… Yo he hecho muchas locuras”, confiesa. Todos los días cogía un bus que la llevaba de Sogamoso a Tunja, se sentaba en el puesto del copiloto y chismoseaba con el conductor. Todos los días hablaba con los campesinos de la región sobre sus cosechas y productos. Todos los días les hablaba a las plantas para saber cómo estaban, cómo se sentían, cómo crecían y cómo se llevaban con sus plantas vecinas.

En 1973 nació su hijo, se graduó de la maestría y empezó a trabajar en la Universidad Nacional de Colombia, en la carrera de Agronomía. Allí, un día, Julio Latorre, director del Departamento de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Javeriana, se la encontró y le preguntó que qué hacía ahí: la invitó a trabajar en la universidad.

“Y llegué a la Javeriana a abrir el panorama para la microbiología”, dice Elizabeth, orgullosa, con una sonrisa.

Jairo Bernal Parra la conoció a principios de los años ochenta cuando ella entró bravísima a su oficina en la Vicerrectoría Académica, en la Pontificia Universidad Javeriana, y le reclamó por qué no le habían aprobado una plata para unas investigaciones. Él hizo un par de llamadas, habló con algunos funcionarios y solucionó el problema. Luego le preguntó si quería un café, le ofreció un cigarrillo y hablaron sobre el laboratorio de biología vegetal, que en ese entonces dirigía Elizabeth, y sobre las investigaciones que desarrollaba.

“El trabajo lo hacía con las uñas”, recuerda Bernal. En esa época él era el asistente del vicerrector académico Agustín Lombana Mariño, y era el encargado de la conformación de un comité ―lo llamaban, entre chistes, el “comité de locos”― que pretendía impulsar la investigación en la Javeriana. Le propuso a Elizabeth que hiciera parte y ellos, junto a otros investigadores, evaluaron, presentaron, publicaron, fomentaron y financiaron proyectos de investigación en toda la universidad.

“Elizabeth era un modelo en eso… Ella era muy buena formando equipos y grupos de investigación. Conseguía becas y financiación… ¡Ella hacía investigación en serio!”, cuenta Bernal, entusiasmado. Y concluye: “¡Ay! ¡Trabajamos muy rico!”.

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Desde su llegada a la Pontificia Universidad Javeriana se dedicó a mover cartas. Fundó el grupo de investigación en biotecnología vegetal y fue la pionera en la creación de la Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis), de la Unidad de Saneamiento y Biotecnología Ambiental (USBA) y del laboratorio de cultivo de tejidos, el de manejo de semillas y el de agrobiotecnología. Abrió el panorama de financiación del departamento a través de apoyos de Colciencias, del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (Canadá) y de la Unión Europea. Buscó y consiguió los recursos para la creación del edificio Jesús Emilio Ramírez, donde se construyeron los laboratorios de biología de la universidad, el primer paso para la modernización de la investigación en el Departamento de Biología.

“Ella marcó un corte importante en la Facultad de Ciencias… Los cambios desde finales de los 80 y hasta principios del nuevo siglo tienen un nombre: Elizabeth”, dice Sandra Baena, una de sus pupilas más queridas y hoy en día profesora asociada de la universidad, en la Facultad de Biología.

“Ella era muy buena… ¡Era durísima! Todos los estudiantes le teníamos pánico: era muy exigente y desbarataba todos los informes de laboratorio: no aceptaba errores en la presentación, pedía claridad en las ideas y organización, rigor científico, rigor en las palabras, tener pensamiento claro y saber defender los proyectos. Y todo en un contexto de respeto, sin salirse de las casillas”, cuenta Baena.

Durante mucho tiempo la vida de Elizabeth ha estado en “ modalidad sándwich”, como ella misma llama eso de trabajar y trabajar. En una época su “dieta laboral” estaba dividida en la dirección del programa de biotecnología vegetal en la universidad, en sus clases, en la coordinación de su grupo de investigación ―además de liderar la investigación científica en la universidad, en general―, en su doctorado en Fisiología Vegetal ―en la Universidad de Nottingham (Reino Unido)― y en su trabajo de investigación, en el que manipuló genéticamente plantas de Passiflora edulis (que da las maracuyás) para hacerlas resistentes a un virus que estaba afectando la producción de algunos agricultores del país.

En otra época su dieta se dividía en la coordinación del Programa Nacional de Biotecnología de Colciencias, sus clases en la universidad, su nombramiento como miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y su participación en el ad hoc technical expert group en evaluación y manejo de riesgo del Protocolo de Cartagena en Bioseguridad, del Convenio de Diversidad Biológica (CDB).

Hace unos años ―he aquí el postre― fue declarada profesora emérita de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana y, en 2018, ascendió a miembro de número de la Academia de Ciencias, lo que le significa dejar de ser un 10 de tréboles y pasar a ser un as de tréboles en la historia de la ciencia del país.

Fred, la mascota de Elizabeth Hodson de Jaramillo, tiene sofá propio y se comporta como el rey de la casa.
Fred, la mascota de Elizabeth Hodson de Jaramillo, tiene sofá propio y se comporta como el rey de la casa.

Sin embargo, después de todas las partidas, para Elizabeth no hay siesta. Hoy en día es uno de los 17 miembros de la Comisión Mundial en Ética del Conocimiento Científico y Tecnología de la Unesco (Comest, por su sigla en inglés) ―la única latinoamericana―, fue nombrada como uno de los 47 miembros de la Misión de Sabios, y es una de las personas que más impulsa la bioeconomía en Latinoamérica a través de investigaciones, publicaciones y proyectos piloto en regiones de Colombia.

“Yo no puedo quedarme quieta. ¡Uy no, qué pereza! A mí me toca moverme porque no me gusta la monotonía. Al final mi objetivo de verdad es sentirme útil… Y llámeme egoísta, pero quiero que me recuerden con gratitud y con una gran sonrisa, que digan ‘¡uy, qué vieja tan loca!’… Yo quiero dejar huella, pero no unas huellas tiesas, no, no, no, quiero ser una de esas huellas en movimiento, las que se les ven los pasos”, mira la mesa y coge una uchuva. Se come una mitad y la otra la sostiene entre sus dedos:

“Una solanácea. Mírela cómo es de linda”, la señala y se ve el centro circular con esa suerte de riñones a sus lados, con colores amarillos y naranjas brillantes. Unos puntos rodean por capas el fruto desde el centro hacia afuera.

Elizabeth se come la otra mitad de la uchuva: “¿Algo más? Tengo que terminar de preparar un arroz de leche para una reunión”.

La Misión de Sabios se construye en la academia

La Misión de Sabios se construye en la academia

¿Cómo está Colombia en materia de educación sobre las industrias culturales y creativas? ¿Existe o no articulación entre los creadores y el sector privado? ¿Qué retos hay en la circulación y visibilización de los contenidos culturales en el país? Estas preguntas fueron discutidas por representantes de la academia, la industria y el Gobierno durante conversatorios y mesas de debate en universidades como Los Andes y Nacional durante los últimos cuatro meses. Su intención, dentro de una estrategia planteada por la Pontificia Universidad Javeriana para fomentar el diálogo entre actores del sector, recoger experiencias, reflexiones y propuestas en el marco de la Misión Internacional de Sabios, es incidir en la creación e implementación de la política pública en educación, ciencia, tecnología e innovación del país.

La primera reunión tuvo lugar el 28 de febrero en la Universidad de los Andes. El tema central fue el Valor simbólico y cultural de las industrias creativas, dejando como resultado una reflexión consciente en materia de educación: uno de los grandes problemas es la relación entre universidades e industria, ya que en ambos escenarios se utilizan tiempos y velocidades muy distintos a los de la academia. En palabras de María Catalina Rodríguez, artista visual y master en Gestión de eventos artísticos y culturales, “es clave generar espacios en las universidades para que ambas velocidades conversen”.

El 20 de marzo, la Javeriana fue la casa del taller sobre Formación en industrias culturales, cuyos temas centrales fueron la articulación entre propósitos de formación y contextos de desempeño laboral, entre niveles de formación, el empleo actual y futuro de las industrias culturales y creativas, así como la formación de públicos, audiencias, usuarios y consumidores; como resultado de esta interacción, se reconoció la necesidad de invitar a los medios masivos de comunicación, la academia y los usuarios a unirse en una cadena creativa de contenidos.

Por último, el 26 de marzo en la Universidad Nacional de Colombia, el diálogo giró en torno a la Circulación, visibilidad y apropiación de contenidos en la industria cultural, del cual surgieron conclusiones importantes sobre la construcción de estrategias para analizar las lógicas de las nuevas plataformas de visualización y, así, adoptar políticas de divulgación; también se abordó la promoción del turismo como medio propicio y con potencial para el desarrollo de las economías creativas y, finalmente, la conversación entre medios públicos y miembros de la industria para ampliar, cooperativamente, sus públicos a través de la creación de productos de carácter cultural y educativo.

 


El foco de Industrias culturales y creativas en contexto

Esta estrategia surgió el 8 de febrero pasado, cuando el presidente Iván Duque presentó la Misión Internacional de Sabios con la intención de elaborar un documento que reúna las directrices de 46 expertos, nacionales e internacionales, en ocho focos de trabajo: Ciencias de la Vida y la Salud; Energía Sostenible; Océanos y Recursos Hidrobiológicos; Tecnologías Convergentes e Industrias 4.0; Industrias Creativas y Culturales; Ciencias Básicas y del Espacio; Biotecnología, Medio Ambiente y Bioeconomía; y Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad.

Investigadores y académicos, como los javerianos Elizabeth Hodson, microbióloga (pertenece al foco de Biotecnología, Medio Ambiente y Bioeconomía), Rodolfo Llinás, médico cirujano (foco de Ciencias de la Vida y la Salud), Sara Alvarado Salgado, psicóloga (Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad), y el médico Alejandro Jadad (Ciencias de la Vida y la Salud), trabajan desde marzo ad honorem en la construcción de diagnósticos, recomendaciones factibles y propuestas relevantes para responder a los desafíos productivos y sociales de la nación para los próximos 30 años (2019 – 2049).

Las universidades públicas y privadas también aportan su grano de arena en la dirección de cada foco; la Javeriana, por su parte, asumió la responsabilidad a inicios de este año de ejercer la Secretaría Técnica del foco Industrias Creativas y Culturales por solicitud de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, así como por su trabajo en la producción y visibilización de contenidos culturales y creativos, evidente, por ejemplo, en facultades como Comunicación y Lenguaje, Arquitectura y Diseño, y Artes; el Centro Ático, la Asistencia para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación y su Catálogo de obras artísticas.

Actualmente, los integrantes de la secretaría técnica javeriana trabajan de la mano del músico Edgar Puentes, académico, antiguo miembro de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y coordinador del foco de Industrias Culturales y Creativas, para formular conjuntamente el documento de diagnóstico, recomendaciones y preguntas. Para conseguirlo, formularon nueve ejes temáticos como esquema de trabajo que serán rastreados, documentados rigurosamente y tratados por los miembros de la misión cada 15 días.

En las próximas semanas se adelantarán nuevos talleres sobre los demás ejes temáticos del foco: en la Universidad Central, el 8 de mayo se discutirá sobre articulación entre creadores e industria. La Universidad de Caldas y la Universidad de Bellas Artes y Ciencias de Cartagena realizarán conversatorios sobre la integración de cadenas de valor, mientras que la Universidad EAN participará con un evento sobre infraestructura y tecnología para las ICC.

Adicionalmente, en Medellín y Cali se realizarán talleres similares sobre la totalidad de los ejes temáticos el 4 de julio y el 15 de agosto próximos, respectivamente.