Acuerdo de Paz: reflexiones sobre su implementación en el Pacífico

Acuerdo de Paz: reflexiones sobre su implementación en el Pacífico

Líderes territoriales y académicos de la Pontificia Universidad Javeriana concuerdan en que el Acuerdo de Paz, firmado entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC-EP, necesita repensarse y proponen figuras legales para respaldarlo.

Una de ellas es la iniciativa legislativa, un derecho político de los ciudadanos que les permite proteger proyectos normativos como el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición (SIVRJNR), incorporado a la Constitución Política en abril del 2017 y que tiene como fin garantizar procesos legales frente a graves violaciones de los derechos humanos y asegurar el esclarecimiento de la verdad y la rendición de cuentas por lo ocurrido, entre otros propósitos.

El pasado 24 de noviembre el país conmemoró cuatro años desde la firma del Acuerdo de Paz para la Terminación Definitiva del Conflicto entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP); sin embargo, durante este periodo han surgido fuertes posiciones políticas alrededor de su implementación y del papel del SIVRJNR, administrado por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

Ante esto, el Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana llevó a cabo el conversatorio El sistema de reparación integral: avances y contradicciones entre la implementación y las reformas a través de referendos. Se trató de un encuentro en el que líderes de instituciones territoriales, académicos de otras universidades y estudiantes del programa doctoral javeriano conversaron sobre los avances y dificultades del Acuerdo de Paz desde un enfoque social y territorial y las implicaciones que tendría un referendo sobre su consolidación.

Orlando Pantoja, director de Cococauca, organización de Guapi que trabaja por los derechos de las comunidades afro en el litoral, considera que para comprender la implementación del proceso de paz con un enfoque territorial es necesario recordar que el Gobierno instauró en 1959 la Ley 02 con el fin de apostarle a la economía forestal y la protección de los suelos, las aguas y la vida silvestre en Colombia; sin embargo, esta legislación también dio paso a la segmentación de tierras baldías. “De un plumazo desconocen y rompen lo que significa la presencia de los grupos étnicos asentados en el Pacífico, principalmente de negros e indígenas. Bajo el rótulo del ‘desarrollo del país’ se han violentado otras formas de vida y por eso la discusión debe estar centrada en tomar acciones políticas que reafirmen lo planteado en la Constitución de 1991 y el estado social de derechos en el que la democracia no es representativa, sino participativa”, puntualizó este líder, que también es Secretario de la Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico.

Asimismo, Albeiro Parra, sacerdote y director de la Coordinación Regional del Pacífico Colombiano, señaló que en el Pacífico, particularmente en el Chocó, ha habido una violación constante y sistemática del estado social del derecho, y que, además de nada sirve habitar el territorio si sus pobladores no tienen derecho a él. “Acá nunca se ha hecho una reforma agraria real. A las víctimas se les deben devolver sus derechos y repararlas, y a las comunidades negras entregarles el derecho a la territorialidad”, explicó Parra.

 

El Estado Social de Derecho es el marco jurídico y político propuesto en la Constitución de 1991 que promueve el respeto de la dignidad humana y la prevalencia del interés general sobre el particular.

 

Una apuesta por el diálogo y el compromiso como país

Ante estas preocupaciones, varios asistentes evidenciaron distintas iniciativas a las que pueden recurrir las comunidades para enfrentar los problemas territoriales que dificultan la implementación del Acuerdo de Paz. Por ejemplo, el fortalecimiento intercultural regional a través de alianzas entre instituciones culturales; el apoyo y reconocimiento para la construcción de la pos verdad de las colectividades frente a la violación de sus derechos y la importancia de “mantener estos temas en la agenda mediática y de entender el territorio como la forma de vida de los pueblos colombianos”, según dijo Clara Ávila, comunera del Resguardo Indígena de Canoas, de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca.

En esta misma vía, Luis Fernando Sánchez, miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, aseguró que a pesar de que pareciera que la Constitución Política de 1991 está escrita para abogados, existen mecanismos de participación ciudadana que respaldan no solo la protección de los derechos fundamentales, sino también los derechos económicos, sociales y culturales, y que además protegen la incorporación de cualquier acto legislativo en la Constitución como es el caso del SIVJRNR. Lo afirma en respuesta al posible referendo derogatorio de la JEP, propuesto recientemente por el expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez.

“Existen seis herramientas de participación política: el referendo, plebiscito, voto, cabildo abierto, revocatoria del mandato y la iniciativa legislativa, esta última es la vía mediante la cual las comunidades pueden proponer proyectos de ley y activar al sector legislativo para ponerlo a trabajar en defensa de la constitucionalidad”, especificó Sánchez.

Este conversatorio cerró con una mirada optimista y a la vez desafiante frente al papel que debe desempeñar la ciudadanía en las grandes urbes y las comunidades en las regiones, y una mirada crítica en relación con la responsabilidad del Gobierno de cumplir sus compromisos de Estado con las víctimas del conflicto armado.

“Si algo les hemos aprendido a los pueblos indígenas es que con el diálogo y la palabra se llega a acuerdos. Por eso, para construir paz en el territorio necesitamos que el Gobierno trabaje en el cese bilateral y cumpla los pactos a los que se ha comprometido con las regiones”, finaliza Albeiro Parra, quien es pieza clave en la construcción de diálogos de paz territoriales y de acuerdos humanitarios en el Pacífico.

¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

Los corales son a los arrecifes lo que los árboles son a los bosques. Con esa descripción, Mateo López-Victoria representa el valor que tienen esos ecosistemas marinos para la conservación de la biodiversidad del país.

Él, biólogo marino de profesión y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana seccional Cali, lidera una iniciativa pocas veces vista en Colombia: la restauración de arrecifes coralinos en Parques Nacionales Naturales ubicados en aguas del océano Pacífico.

Este proyecto surgió hace cinco años del análisis de la degradación que sufren los corales ubicados en el Caribe y en otros lugares del mundo, situación que creen tarde o temprano llegará a las aguas del Pacífico debido, por ejemplo, al calentamiento global y la contaminación.

“Esos procesos de restauración son preventivos, para que cuando llegue el coletazo del deterioro de los arrecifes al Pacífico colombiano, nosotros ya estemos preparados y no empecemos a reaccionar, quizá muy tarde, sobre la marcha del deterioro”, explica López-Victoria.

Él agrega que es necesario anticiparse y prepararse científicamente con el fin de tener suficientes elementos para tomar decisiones con base en procesos que ya hayan probado ser exitosos. Por eso enfocan sus esfuerzos en el conocimiento de especies, técnicas para propagarlas y seguimiento a su desarrollo y desempeño en procesos de restauración aplicados, siempre en las condiciones naturales dentro del Parque, no en un laboratorio.

Gracias a esta exploración, científicos, profesores y estudiantes han logrado conocer profundamente cinco especies de coral, de 15 que tienen en el radar porque ellos son fundamentales para la salud de los mares, de acuerdo con el investigador javeriano. “Los arrecifes coralinos son el ecosistema más biodiverso que hay en el planeta. Por metro cúbico tienen más diversidad que las selvas húmedas tropicales. No hay nada más diverso en número de especies que un arrecife coralino”, complementa.

Incluso, López describe un fenómeno positivo que se da en aquellos presentes en los Parques Nacionales como Gorgona y Utría. Según sus análisis, en ellos se da un ‘efecto de desborde’, es decir, hay unos excedentes en peces, moluscos y otros seres producto de la reproducción que realizan en esas áreas protegidas, por lo que miles de ellos llegan a los lugares cercanos donde está permitida la pesca y extracción de recursos, beneficiando así a miles de personas.

 

Escalas de investigación

Todos los actores que participan en esta cruzada por la conservación de los arrecifes trabajan a diferentes escalas investigativas.

La primera de ellas tiene un énfasis en los trabajos de grado de los estudiantes, los cuales se ejecutan entre seis y 12 meses. “Ellos plantean una pregunta específica sobre la restauración del coral. A partir de eso identificamos la especie, la fragmentamos, probamos los sustratos en los cuales se siembra el coral, técnicas de pegado y cómo se construyen esos sustratos. De ahí se desprende cuáles son los tamaños ideales de corte para que el coral se desarrolle y tenga una alta tasa de supervivencia”, describe el biólogo.

La segunda escala consiste en integrar los resultados de los análisis e investigaciones en función de una pequeña área o arrecife que se quiera restaurar. Por ejemplo, en el Parque Gorgona se ejecutan acciones en el sector de El Remanso, un lugar donde hubo coberturas de coral, pero que se deterioraron en la década de los ochenta por el daño ambiental que sufrió la isla en tiempos en que funcionó el penal, y como consecuencia de fenómenos climáticos que están terminando de entender.

La tercera fase, que es la más robusta, es el programa de restauración de los arrecifes del PNN Gorgona. Este programa es ejecutado por representantes de la Javeriana Cali, como Juan Felipe Lazarus; Fernando Zapata, de la Universidad del Valle; Valeria Pizarro, de la Fundación Ecomares, y los funcionarios Luis Payán y Héctor Chirimías, del Parque Nacional. El objetivo es aplicarlo durante cinco años estableciendo proyectos piloto, e involucrar a otros actores como turistas, pescadores, escuelas de instrucción de buceo y otros científicos.

Además de replicar esta misma experiencia científica en Parques como Utría y Malpelo, López afirma que este modelo también puede servir como ejemplo de recuperación de ecosistemas de otro tipo, pues empodera a comunidades, estudiantes, científicos y pescadores de distintas regiones.

La huella migrante en la música del Pacífico colombiano

La huella migrante en la música del Pacífico colombiano

Ya se cuentan las horas para el comienzo del Festival Petronio Álvarez 2019, el encuentro cultural y artístico afro más importante de Latinoamérica, que reúne a cerca de 600.000 personas para celebrar la tradición, la música y la culinaria del Pacífico colombiano. También, para generar reflexiones y conversación en torno a estas prácticas. En ese otro componente, Manuel Sevilla, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana Cali y coordinador académico del Festival, explica, en entrevista con Pesquisa Javeriana, la propuesta conceptual, los invitados que vendrán y algunos desafíos del sector artístico de la región.

Sevilla viene trabajando en el Petronio desde 2008, cuando se consolidó el espacio académico en el Festival, a través del programa La ruta de la marimba, convocado por el Ministerio de Cultura. También ha participado como músico (llegando a las finales) y jurado.

Las jornadas académicas se desarrollan en dos grandes espacios: del 12 al 14 de agosto se realiza el Petronio en las universidades, y del 15 al 17 del mismo mes, al tiempo del Festival, el programa académico se efectúa en la Ciudadela Petronio con la participación de artistas y actores culturales para escuchar no solo su música sino sus experiencias y reflexiones en torno a su cotidianidad.


Pesquisa Javeriana: ¿Cómo nos presentaría el Petronio Álvarez?

Manuel Sevilla: El Festival Petronio Álvarez, que inició en 1997 impulsado por la Gobernación del Valle del Cauca, y que actualmente lidera la Secretaría de Cultura de Santiago de Cali, es una plataforma que permite hacer visible la música y la cultura del Pacífico colombiano. Cuenta con 23 ediciones y con el paso del tiempo se ha convertido quizás en el espacio más importante para la visibilización no solamente de la música sino de otros elementos culturales que integran lo que podemos llamar el panorama cultural del Pacífico colombiano. Allí caben, además, la culinaria, las bebidas tradicionales, la danza —en menor medida—, y en general toda una propuesta estética en torno a las culturas del de la región. 


PJ: ¿Cuál es la importancia de conservar un festival con estas características?

MS: Son varios niveles los que hay que tener en cuenta. El Pacífico colombiano se caracteriza porque ha tenido un proceso de migración circular, es decir, hay gente que sale de los territorios del Pacífico, va a otras ciudades del país y regresa permanentemente, viven con una presencia migratoria constante. Allí radica la primera apuesta del Festival que le ha permitido a los jóvenes afropacíficos, que habitan territorios lejanos a los de sus ancestros, conocer de primera mano las prácticas musicales que han definido el perfil cultural de sus comunidades de origen, contar con un punto de referencia y de reafirmación. En segundo lugar, el Festival es una oportunidad para los colombianos que no viven en la zona litoral y ribereña del Pacífico, para conocer de manera privilegiada y cercana las prácticas musicales y culturales que son patrimonio nacional. Y en tercer nivel, el Petronio se ha convertido en un espacio para que las personas que sí habitan los territorios puedan dar a conocer y circular sus prácticas musicales, dialogar con otros músicos con los cuales, paradójicamente, no dialogan con frecuencia dada la dificultad de comunicación dentro del territorio.


PJ: Si se busca generar diálogos entre las comunidades del Pacífico, ¿no tendría más sentido realizar el Festival en esas zonas litorales o ribereñas?

MS: Es importante considerar dos elementos. En primer lugar, el Festival ha sido un esfuerzo público, que está por encima de los $3.000 millones y que se ha subsidiado con los impuestos de los caleños. En segunda instancia, Cali es el punto de llegada de muchas comunidades de la región y radican allí 18 colonias del Pacífico constituidas formalmente. No es el caso de otras ciudades que no cuentan con el nivel de concentración diversa que sí tiene la capital del Valle. 


PJ: ¿Cómo le aporta el componente académico del Festival a este encuentro de comunidades?

MS: Desde sus inicios el Festival tuvo algunos espacios satélites en los cuales se conversaba a cerca de la cultura pacífica; sin embargo, solo hasta el año 2008 se consolidó la agenda académica como un evento central. La dinámica del Festival es manejar un formato de grandes tarimas, un poco distante en algunas ocasiones, con lo cual se hace difícil que las audiencias y los músicos puedan establecer diálogos más reposados. Entonces se diseñaron espacios para que los artistas conversen con su público. Con el paso del tiempo se han ido cualificando cada vez más estos escenarios; por ejemplo, desde hace cinco años se creó el Petronio en las universidades, que genera espacios de discusión en la academia.

Óscar Sevilla, coordinador académico del Festival Petronio Álvarez. /Cortesía
Manuel Sevilla, coordinador académico del Festival Petronio Álvarez. /Cortesía


Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es el enfoque temático del programa académico para esta edición?

Manuel Sevilla: La agenda académica tiene como prioridad brindar un espacio para que la voz de los habitantes de los territorios pueda escucharse. No es un congreso sobre el Pacífico, no es un espacio de ponencias, es, por el contrario, un espacio para conversar. El papel de las universidades es más bien servir en la moderación y en la conceptualización de los espacios, pero la voz es de la gente que nos visita. Para este año se diseñaron dos ejes temáticos: en el Petronio en las universidades se abordará ‘Universo cultural del Chocó’, y en La Ciudadela, el eje transversal es el mismo que tiene el Festival este año: ‘Arrullos de selva, cantos de ciudad’ (acceda aquí a la programación). 


PJ: ¿Cuáles son los temas más destacados en
Petronio en las universidades?

MS: Se hablará, por ejemplo, de los procesos de migración del Chocó, los cuales tuvieron un flujo significativo entre 1930 y 1940 y que no han sido muy visibles, pero que han impactado en la región. También hablaremos de oralidad y espiritualidad en el departamento y tendremos espacio en la Javeriana sobre danzas tradicionales. 


PJ: ¿Y quiénes participarán en esos escenarios?

MS: Por una parte, vamos a tener a José Osías Moreno, narrador oral, y a Pedro González Sevillano, historiador, para hablar de los procesos migratorios; vamos a tener a Jackson Ramírez, muy activo en las fiestas patronales de Quibdó, para dictar un taller sobre patrimonio cultural; estará el colectivo Voces de Resistencia, de Riosucio y Bojayá, hablando de espiritualidad en el Chocó, y participará la profesora Nina Graeff, quien presentará los paralelos entre la música afroamericana, sobre todo la de Brasil, y la música chocoana. 


PJ: En La Ciudadela, ¿qué tienen programado?

MS: El encuentro académico busca ser un espacio para visibilizar el trabajo colaborativo con las comunidades. Por ejemplo, habrá un conversatorio sobre bebidas tradicionales y allí estará el colectivo Destila Patrimonio, activistas para salvaguardar políticas públicas que protejan las bebidas tradicionales derivadas del biche. Otro tema relevante es sobre el aporte del Pacífico a la nueva nación con motivo del Bicentenario, y para ello, Sergio Mosquera, profesor de la Universidad Tecnológica del Chocó, dará una mirada detallada de los personajes de la región que hicieron parte de la historia hace 200 años. Tendremos un conversatorio con la homenajeada de este año, la maestra Aura María González Lucumí, cantadora de Buenos Aires, Cauca. Y, por último, ‘Cocina y migración en el Pacífico’ será el espacio para el lanzamiento del libro Fogón de negros, escrito por Germán Patiño Ossa.


PJ: ¿Por qué la migración ocupó la mayor atención en esta edición?

MS: Hemos identificado, y es un reto para cualquier festival que trabaje músicas tradicionales, que existe el riesgo de ‘museificar’ ciertas prácticas, es decir, que se proyecte una idea de que las comunidades del Pacífico están capturadas en el pasado y muy aisladas. Por el contrario, el Petronio busca generar espacios donde se cuestione esa mirada esencialista, esa idea de considerar a las comunidades quietas, y más bien le interesa mostrar la transformación permanente donde conviven elementos, tradiciones y otros presentes. Allí la migración ha jugado un papel fundamental.


PJ: ¿Y cómo impacta esa migración en las prácticas artísticas y culturales?

MS: Primero, hablando de migración circular, quiénes están viniendo, quiénes están retornando y los efectos en las prácticas culturales en la cocina y la música. Eso se evidencia, por ejemplo, en la chirimías que vienen del Chocó; en algunos grupos se han encontrado letras de denuncia, por ejemplo, sobre la minería indiscriminada y descontrolada o el abandono estatal local. Los artistas siguen con su música tradicional impactada por problemáticas vigentes y el Festival en ese caso busca brindar espacio para que sean oídas esas voces. Existe otro debate fuerte en torno a las bebidas tradicionales, como el biche y sus derivados (la toma seca o las botellas preparadas), que se han vuelto un filón de desarrollo económico para algunas comunidades; allí podemos ver que no se han quedado en el pasado, no son las bebidas que llegan de la memoria, sino que sus creadores están al corte con las discusiones económicas contemporáneas y están buscando diálogo con la Superintendencia de Industria y Comercio para atender asuntos de marca. Nos interesa mostrar que no son comunidades capturadas en un pasado triste, sino que tienen una dinámica cultural y social activa y que están en la base de la música que vamos a escuchar.

Las transformaciones en la gastronomía del Pacífico a causa de la migración serán tema de estudio en la edición 2019 del Festival.
Las transformaciones en la gastronomía del Pacífico a causa de la migración serán tema de estudio en la edición 2019 del Festival.


PJ: Es decir, ¿es la tradición alimentando las prácticas actuales?

MS: Diría más bien que es la actualidad siendo mediada por la tradición y generando nuevas músicas y prácticas. Hay sonidos que se mantienen y que nos interesa preservar, por ejemplo, la construcción de marimba con sonidos tradicionales, pero al mismo tiempo nos interesa que la gente pueda contar cómo las tradiciones han ido cambiando porque la realidad las increpa, entonces se busca que los participantes en el Festival sepan que hay unas tradiciones que se celebran y revindican y, al mismo tiempo, hay otras preocupaciones manifestadas en la música que el Festival reconoce.


PJ: En ese ejercicio de reconocer la realidad y la tradición, ¿cómo se vinculan las dinámicas del mercado y las diferentes formas de circulación a nivel nacional?

MS: Hay un choque que debe dimensionarse muy bien: hace quizás diez años, cuando se trabajaba en el proyecto de industrias culturales de Cali, corrió por el país la idea de que toda forma cultural era susceptible de volverse un emprendimiento. Eso, por su puesto, llegó al Pacífico y se vendió la idea de que habría mercado para toda manifestación cultural, lo cual no fue tan cierto. Hubo frustración en agrupaciones que centraron sus esperanzas en que, de repente, alguien las iba contratar y la realidad del mercado no funcionaba así y menos en un momento en el cual la industria discográfica había desaparecido, se movía en mercados de nicho y planteaba dinámicas diferentes a las que estábamos acostumbrados. Sin embargo, no desconozco que existan ejemplos significativos de músicas fusionadas (por ejemplo, Herencia de Timbiquí) y de corte tradicional (Agrupación Canalón) que lograron encontrar un lugar en el competido mercado musical; a pesar de ello, no se debe olvidar que hay prácticas musicales que tienen propósitos que no cumplen con lógicas del mercado, sino que guardan funciones muy importantes y específicas el contexto social. 


PJ: El Petronio Álvarez se vincula con la Misión Internacional de Sabios a través de un taller. ¿Qué tiene el Pacífico para proponer en política pública en el tema de industrias culturales y creativas? 

MS: En la Javeriana se desarrollará un taller con artistas y gestores culturales del Pacífico con el fin de que la Misión de Sabios conozca lo que está ocurriendo en nuestra región. Hay que ser muy cuidadoso de enviar mensajes en términos de que toda forma cultural es susceptible de convertirse en un negocio que genere réditos económicos. Eso es riesgoso porque puede generar expectativas que no se van a cumplir y, además, puede obligar a las prácticas culturales a entrar a una lógica de transformación forzada que no cumpla con su sentir ni propósito de conservación simbólica. Por otra parte, nos interesa promover la idea de gran desarrollo, es decir, no solo asociado al incremento del dinero disponible sino a cómo esas prácticas contribuyen al desarrollo simbólico, es decir, el reconocimiento de las personas en nuevos contextos. 


PJ: ¿Qué le falta al Petronio Álvarez?

MS: A mi juicio, el Festival ha hecho lo que le corresponde año tras año. Quizás otras instituciones de la ciudad podríamos estar en deuda. Las universidades ya comenzamos a sumarnos en el componente académico, pero vale la pena preguntarse qué están haciendo, por ejemplo, los centros comerciales o qué hace la misma red de colonias del Pacífico por acoger a estos músicos que nos visitan durante una semana en el Petronio Álvarez. Tenemos la oportunidad de llevarlo al resto de la ciudad y para eso se necesita el concurso de todos los que estamos en Cali.