¿Por qué los colombianos incumplen las normas en la cuarentena?

¿Por qué los colombianos incumplen las normas en la cuarentena?

Después de una contención de tres meses, tiempo en el que el aislamiento preventivo ha sido la medida esencial para hacer frente a la situación de salud pública generada por la COVID-19, el viernes 19 de junio las críticas por la pérdida de control de la ciudadanía y el inesperado desorden social se hicieron más visibles, pues en ese día se registraron más de 80 casos de aglomeraciones en diferentes almacenes como resultado del primer día sin IVA (Impuesto al Valor Agregado).

Esta alternativa, dirigida a la reactivación de la economía, según la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), cumplió con el objetivo y superó los $5 billones en ventas con un crecimiento del 158% del comercio. Sin embargo, el cumplimiento de las normas de bioseguridad recomendadas se vio afectado. Las fotos y los videos que circularon en redes sociales y páginas web lo evidenciaron: centros comerciales, supermercados y almacenes de cadena estaban saturados de personas.

¿Error del Gobierno, de las personas que salieron a comprar o de los establecimientos que no estaban listos para acatar las normas de bioseguridad? Esta no es la primera vez que se quebrantan las normas a lo largo del tiempo de aislamiento. Quitarse el cubrebocas, no lavarse las manos, no respetar el distanciamiento social, celebrar fiestas clandestinas, iglesias resistentes a cerrar las puertas, caravanas para despedir a seres queridos, medios de transporte publico atestados de gente son acciones que distan mucho de ser las recomendadas por las autoridades y que han quedado al descubierto durante la cuarentena.

Como expone el profesor javeriano y psicólogo del comportamiento, Wilson López, el ser humano parece haberse convencido de que su especie goza de una superioridad racional que lo lleva a tomar las mejores decisiones según sus expectativas y se vanagloria de su capacidad para medir riegos, costos, beneficios y tomar óptimas decisiones de forma ‘objetiva’. Sin embargo, “esta es una verdad a medias”, dice el experto.

Si las personas quisieran tomar decisiones con una rigurosidad que esté basada en el estudio de costos y beneficios reales, “tendríamos que andar con calculadora en mano, sacando probabilidades y combinando todas las variables posibles para saber lo que es mejor o no, y, aun así, muchas variables quedarían por fuera”, dice López y complementa que contrario a lo que algunos creen, las decisiones que toma el ser humano incluyen un componente importante de sesgos que explican la irracionalidad de algunos de sus comportamientos. En este caso actos que ponen en riesgo la salud de los demás y la propia.

Es por esto que estudiosos en economía del comportamiento, apoyados en fundamentos psicológicos, han querido entender cuáles son dichos sesgos que llevan a las personas a elegir alternativas que no siempre son las más atinadas.

¿Por qué se incumplen las normas?

El histórico economista Adam Smith, hace más de 250 años, reconoció algunos de estos sesgos que influyen en la toma de decisiones irracionales y que se adaptan justo a la situación actual. Dentro de estos aparece el exceso de confianza, el autocontrol o ahora llamado por los economistas ‘sesgo del presente’, entre otros.

Este exceso de confianza, en palabras del profesor López, se ve representado actualmente en casos como la persona que salió una vez, se expuso al virus, no le pasó nada y por tanto vuelve a salir. Algunos dicen, por ejemplo: ¡A mí no me va a pasar nada porque eso es mentira o no es tan grave!, ¡salí y todo está bien, así que puedo volver a salir sin problema!, ¡el virus no me da a mí porque yo tengo buenas defensas y tomo bastante jengibre!

El otro sesgo del presente al que se refiere Smith es hacer las cosas inmediatamente sin pensar en el largo plazo. A propósito, decía el economista, “el placer que disfrutaremos dentro de diez años nos interesa muy poco en comparación con el que podemos disfrutar hoy”, razón por la cual, como explica López, una persona, por ejemplo, hace una fiesta con un grupo considerable de amigos en la cuarentena, por complacencia momentánea a pesar de los riesgos futuros que esta decisión pueda ocasionar.

A estos sesgos se unen otros que la investigación en psicología ha identificado y que se hacen evidentes por estos tiempos. Al respecto, el psicólogo López dice que es necesario incluir variables como la pobreza, “estas variables contextuales son muy relevantes a la a la hora de hablar de si la gente sigue o no las reglas, ya que van a preferir salir a buscar comida para mantener a su familia que no salir, esto sin hablar de las condiciones de vivienda que tienen muchos de ellos”, dice el investigador.

También está el sesgo en la toma de decisiones generado por la frecuente saturación de información. “Las redes sociales, por ejemplo, son un desastre y con todo lo que allí se mueve, es difícil elegir correctamente”, explica el psicólogo. Aquí entra en juego la labor de los líderes de opinión y figuras públicas para que reconozcan el poder que tienen sobre la comunidad que los sigue. “Estas personas para muchos son ejemplo del comportamiento a seguir y a replicar. De esta manera ellos deben evitar la distorsión de información, ser responsables con lo que comunican y, mejor, ser promotores de buenas prácticas”, añade.

Por otro lado, están las constantes contradicciones de los líderes políticos y gobernantes, quienes generan confusión alrededor de las reglas que los ciudadanos deben seguir, pues no saben a quién obedecer, y otro de los factores influyentes al momento de decidir si seguir o no la norma es la complejidad de las reglas, “porque si estas son muy complicadas y difíciles de seguir, bien sea por las competencias motrices, cognitivas, habilidades, etc., de las personas, no las van a cumplir”, argumenta.

Por último, dentro de los muchos que hay, está el sesgo de las emociones. “Sabemos que las situaciones de crisis como la actual, provocan el incremento de la ansiedad, la depresión, entre otros trastornos que explican las toma decisiones desafortunadas”, advierte el investigador, y dice que todos estos sesgos hacen que motivar el cumplimiento de reglas sea mucho más difícil.

¿Cómo incentivar el seguimiento de las normas?

Hay dos tipos de normas, explica el economista y miembro del Laboratorio Javeriano de Investigación Conductual, Alexander Gotthard. Una de ellas es la norma como decreto o mandato, es decir, esas que están escritas en la ley. La otra: el entendimiento común de lo que es deseable en un grupo social, más allá de leyes, decretos y demás. La interiorización especial de esta última tiene un gran peso para que el virus no se propague de forma exponencial y tenga resultados críticos.

Para López y Gotthard no basta solo con la comunicación de decretos, que pueden ser hasta difíciles de entender. “Es necesario que cada persona de la comunidad asuma la responsabilidad de cuidado como un compromiso consigo que tiene beneficios para los demás”, dice el economista y en común acuerdo López comenta, “se trata de generar una construcción social de autocuidado”.

¿Cómo se logran estos objetivos?

Wilson López insiste en que el cumplimiento de las normas puede ser más eficaz si el Gobierno Nacional multiplica esfuerzos para suplir las necesidades de los habitantes en condiciones menos favorables y así evitar movilizaciones incontrolables en busca de la subsistencia diaria. Además, y en esto coinciden ambos investigadores, la comunicación es un elemento fundamental para hacer un buen manejo del virus cuando todos salgan a las calles.

Además, opina Gotthard, se debe promover una comunicación que todo el tiempo recuerde los pasos a seguir y que las personas sientan que están siendo parte esencial en el proceso de recuperación del país.

¿Qué debe tener el componente comunicativo? Los expertos recomiendan

  • Este componente esta basado en la educación.
  • Las reglas deben estar expuestas de forma clara y ser accesibles a toda la ciudadanía.
  • Evitar la amenaza, “si no cumples, las autoridades te hacen cumplir de formas que pueden llevar incluso a la muerte”.
  • Cuando la persona no cumple las reglas debe saber que esto trae consecuencias. Castigar con multas altas es una buena opción, siempre y cuando se identifiquen adecuadamente los comportamientos negativos.
  • Como sociedad hay que facilitar el cumplimiento de conductas: el Gobierno, ofreciendo todas las medidas sanitarias en diversos espacios, señalizando y comunicando con frecuencia, y los ciudadanos corrigiendo a quienes actúen de forma inapropiada amablemente.
  • En la comunicación tiene que estar claro el daño que ejerce un ciudadano a la comunidad cuando no se cuida. La culpa puede ser un factor estratégico e incluso necesario, pues nadie quiere ser responsable de los males de otros.
  • Mucho se habla de las personas que incumplen las normas y son noticia a diario, pero, mostrar y reconocer los actos positivos es de gran importancia para que los que estén alrededor sean replicadores y luego ellos se conviertan también en ejemplo.

El profesor Gotthard a partir de experimentos previos puede decir que a las personas les interesa más que no los vean haciendo lo incorrecto a que los vean haciendo lo correcto, pues no quieren despertar repudio social. En ese sentido, es valioso aplaudir a los que hacen bien las cosas para que se motiven y lo continúen haciendo, y llamar la atención sobre los que no lo hacen para que cambien ese comportamiento negativo.

Aislamiento de mayores de 70 años: ¿debería ser una decisión consensuada?

Aislamiento de mayores de 70 años: ¿debería ser una decisión consensuada?

Desde el lunes 1 de junio se inició la flexibilización de la cuarentena indicada por el presidente Iván Duque en el marco del aislamiento por la COVID-19. El mandatario indicó que se permitiría la salida de los mayores de 70 años, quienes podrán realizar actividades al aire libre tres veces a la semana durante 30 minutos y con todos los protocolos de seguridad. También extendió el aislamiento obligatorio para los mismos hasta el 31 de agosto.

Estas medidas suscitan diversas preguntas frente a la autonomía decisoria de los adultos mayores en estas circunstancias. Esto es analizado por el profesor de la facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, Sergio Trujillo García, quien reflexiona sobre los retos a los que se enfrenta la sociedad con la llegada de la COVID-19 desde una mirada del comportamiento humano. Este especialista lleva más de 20 años trabajando con ancianos en diferentes hogares de Bogotá y municipios aledaños, y al ser el director de la práctica en el énfasis de Inclusión Narrativa con sus estudiantes de últimos semestres, ha tenido la oportunidad de entrevistar a muchas personas mayores, para así comprender sus posturas.

Para este psicólogo es importante aclarar que a la hora de tomar decisiones que afecten a las personas mayores se deben tener en cuenta sus perspectivas y sentimientos, abrir espacios de conversación donde ellos hagan parte de la toma de medidas que los involucren. “Nada sobre nosotros sin nosotros” es un dicho común que fundamenta esta idea, es primordial que no se decida nada sobre ellos, nada que los afecte a ellos, sin que sean tenidos en cuenta, explica.

También considera las diferencias que separan a cada adulto mayor y en ese proceso atenuar los estereotipos que se generan alrededor de ellos. “En nuestra sociedad hay unos prejuicios acerca del envejecimiento que nos hacen pensar que toda persona mayor está enferma, se está deteriorando y se va a morir; toman vejez y enfermedad como si fueran sinónimos”, comenta. Aunque efectivamente hay ancianos que dependen de otros para vivir en la cotidianidad, hay muchos que son autónomos y por lo tanto no se puede juzgar a los unos por los otros. “En un extremo estarían los adultos mayores dependientes, en el otro los adultos mayores autónomos, y en la mitad distintos grados de independencia. Cuando hablamos de trabajar con ellos no podemos tomar decisiones que los cubran a todos porque son muy diferentes, cada uno tiene unas particularidades muy especiales y tomar decisiones pensando en que todos son iguales es erróneo y arbitrario”, complementa Trujillo García.

Según cifras del Ministerio de Trabajo, un tercio de los adultos mayores en Colombia necesitan de sus actividades laborales para conseguir dinero y solo uno de cada tres logra pensionarse, lo que significa que muchos de ellos dependen económicamente de su autonomía laboral para tener acceso a una vivienda, servicios de salud, alimento, etc. Por esta razón, al decir que esta decisión se toma por el bienestar de los ancianos, no se reconoce que muchos de ellos no solo tienen la autonomía para salir, sino que además lo necesitan. “El derecho a la decisión, a la organización o a buscar de alguna manera mejorar la calidad de la vida a través del ejercicio de la libertad, es fundamental para los viejos y las viejas”, afirma el especialista.

En ocasiones se genera un paralelo con los niños, no solo porque se da una infantilización de los ancianos con apodos como “el abuelito” o “la ancianita”, lo cual limita su autonomía e invalida la capacidad que tienen de tomar decisiones sobre su propia vida, como sucede con los menores de edad. “Cuántas veces los padres de familia maltratan a los pequeños, pero les dicen que es por su propio bien y se tienen que aguantar. Lo mismo pasa con algunas de las decisiones para los adultos mayores, en los que ellos deben pensar que como lo están haciendo ‘por su propio bien’ entonces deben obedecer, pero al hablar con ellos están inconformes, les argumentan que como son más vulnerables están buscando la calidad de sus vidas, entonces es por su bienestar que lo hacemos, pero la realidad es que muchos de ellos quisieran vivir menos tiempo con tal de vivir bien”, complementa el investigador.

Además de esto, el Ministerio de Salud ha encontrado que a la fecha el grupo de los mayores de 70 años infectados por la COVID-19 en el país equivale alrededor del 10%, lo cual demostraría un efecto positivo de la cuarentena, sin embargo, las cifras de estrés, depresión y ansiedad en esta población se han disparado principalmente por el aislamiento, ya que muchos de ellos estaban acostumbrados a llevar vidas activas y a tener visitas frecuentes de sus familiares mientras que ahora se limitan a estar encerrados.

En esa medida el investigador aclara que la posición del gobierno de aislar a los mayores de 70 años no sucede desde una mirada egocéntrica, simplemente están operando desde una perspectiva diferente mediante la cual consideran esta opción como la más efectiva. Sin embargo, esto no significa que sea la mejor para el mantenimiento de la calidad de vida de todos los ancianos. Por esto, las últimas decisiones del gobierno colombiano resultan alentadoras para los adultos mayores, pues procuran respetar su autonomía y darles la posibilidad de salir de cada cierto tiempo con todos los cuidados recomendados. “Medidas que atenúan, pero no satisfacen el respeto por su dignidad, pues incluso comentan, como nuestro Rector de la Javeriana, que no ellos no son mascotas ni rebaño y que pueden autorregularse”, complementa Trujillo García.

Incluso dos de los afectados por la medida fueron el ex candidato presidencial Humberto De La Calle, y el ex alcalde de Cali, Maurice Armitage, quienes con otras personalidades interpusieron una tutela que busca tumbar esta medida de forma definitiva pues como se lee en la misma, estos decretos “están basados en un paternalismo inaceptable que no emplea con el conjunto de la población, por lo cual lo que se busca lograr con la medida no es válido y por lo tanto es inconstitucional, el aislamiento obligatorio para la población mayor de 70 años es una medida discriminatoria y desproporcionada.”

Como explica el investigador, “esta nueva decisión rebaja un poco una tan autoritaria como la anterior, y aunque crearon el decreto con la mejor intención de aplanar la curva y mitigar la pandemia, ciertamente en su momento se creó, no solo de manera inconsulta, sino que particularmente estricta para las personas mayores, para quienes es doloroso que los jóvenes tomen decisiones sin consultarlos y esto logra afectarlos en el largo plazo,” reconoce.

Por esta razón el psicólogo extiende una invitación a ser empáticos como sociedad con los adultos mayores, tener la posibilidad de ponernos en los zapatos del otro y de esa manera ir construyendo un diálogo para llegar a acuerdos que beneficien a todos por igual. “No es que haya una imposibilidad de comunicación, sino que se puede construir a través de la escucha activa y una mirada empática que favorezca la comprensión de la vida de los ancianos”, finaliza Trujillo.

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Un panel de expertos convocado por la revista Lancet evidenció la importancia del trabajo interdisciplinario para dar respuesta en forma eficiente a los diversos y crecientes problemas que surgen en medio de esta pandemia. Creemos que la necesidad de este llamado surge de una conceptualización fracturada del ser humano, una separación arbitraria y artificial de la salud física y la salud mental, que genera problemas a la hora de producir acciones para afrontar las múltiples consecuencias derivadas de los temas de salud en general y en particular de la crisis ocasionada por el Covid-19, las medidas de aislamiento y la recesión económica que empieza a vislumbrarse. Resulta evidente que necesitamos una perspectiva interdisciplinar, multidimensional y ecosistémica para dar soluciones que atiendan a la complejidad creciente del problema.

Aunque para muchos profesionales y para las entidades internacionales de salud resulta clara la artificialidad de la separación entre la salud física y psicológica, un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo, aún encontramos dificultades para articular en la práctica un concepto integral de salud, que se refleje en acciones efectivas en la formación, la investigación, el desarrollo de políticas públicas y, en especial, en la articulación del trabajo de profesionales en diversos campos de actuación.

La actual situación que atraviesa el mundo es un buen ejemplo de cómo las dinámicas comportamentales (los hábitos de alimentación de un grupo poblacional), pueden tener efecto en la salud (la trasmisión de un virus y el número creciente de muertos e incapacidad de respuesta del sistema de salud), la economía (la pérdida de empleos y quiebra de empresas, el deterioro de los ingresos de los trabajadores), la política (el deterioro de las democracias y las amenazas contra los derechos humanos, entre otros), la seguridad (el incremento de hurtos y otros delitos, parcialmente relacionados con la búsqueda de alimento y del aseguramiento de condiciones mínimas de supervivencia) y en las condiciones de riesgos denominados psicosociales, que favorecen el despliegue de comportamientos como el consumo de sustancias, los conflictos de pareja, las diversas formas de violencia intrafamiliar e incluso violencias que surgen de la convivencia en comunidades que, de nuevo, inciden en la salud, la economía, la política y otras áreas de la vida humana.

Consideremos un ejemplo, Perú, que a pesar de ser uno de los países de Latinoamérica que más oportuna y estrictamente estableció límites en el confinamiento, se ha convertido en el segundo país con mayor número de casos de COVID-19 del continente. Para entender esto, debemos tener en cuenta algunas dinámicas comportamentales.

Por ejemplo, el hecho de que sólo cerca de una quinta parte de las familias del país cuenten con un refrigerador se relaciona con la necesidad de buscar constantemente comida fresca, aunque quizás ¿es el aprecio por la comida fresca la que facilita que las familias no cuenten con refrigeradores? Las compras de los alimentos se realizan en mercados que se convirtieron rápidamente en focos de contagio, esta situación se empeoró con las restricciones que estableció el gobierno, buscando enlentecer la pandemia, en la apertura de estos mercados, que lejos de cumplir su cometido llevó a concentrar la aglomeración. Adicionalmente, se debe tener en cuenta que también influyen el hacinamiento, la informalidad y otras tantas variables que serían imposibles de enumerar. Es claro cómo las dinámicas para adquirir bienes básicos, la forma como preparamos nuestros alimentos y hasta los mismos elementos de nuestra dieta, pueden tener un efecto directo en la transmisión de un virus, incluso cuando este no se transmite en la comida.

Estamos presenciando cómo la expansión de un virus y las medidas que se han establecido para contenerlo están incidiendo en un aumento sistemático de trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático, así como también de la violencia, el consumo de alcohol y las conductas de autolesión. Se ha reportado un aumento en los factores de riesgo en salud tales como desconexión social, pérdida del sentido de vida, sensaciones de agobio y agotamiento por el cambio en las condiciones laborales, angustia ante la pérdida del empleo, baja de ingresos, deterioro de la calidad de vida y problemas derivados de la dificultad de elaborar duelos luego de las pérdidas al no seguir rituales culturales. Estos aspectos psicológicos tendrán una repercusión directa en la salud y la economía, dando inicio de nuevo a un ciclo de interacciones múltiples que se alimentará de forma permanente.

En el contexto de una visión ecosistémica, interdisciplinar, diferencial y multidimensional aparecen un sin número de preguntas y desafíos de investigación. Por ejemplo, estudiar la eficacia diferencial de las intervenciones en telesalud, en particular la teleorientación, como estrategia mediadora en la promoción y prevención de la salud, y la telemedicina, como herramienta para desarrollar el trabajo terapéutico, evaluando su utilización en atención psicológica, contención emocional e incluso acompañamiento. Se identifica también la necesidad de evaluar el efecto que tiene la mediación virtual en el desarrollo de vínculos afectivos y su efectividad como alternativa para el fortalecimiento de redes de apoyo social, al igual que los efectos del teletrabajo en la salud.

De igual modo, estas perspectivas también exigen nuevas condiciones. Es ineludible diseñar nuevas infraestructuras de conocimiento, organizacionales, tecnológicas e incluso sociales que permitan la evaluación, intervención e investigación interdisciplinaria. Es necesario establecer controles éticos sobre el quehacer de los profesionales y demarcar los límites de lo que podemos hacer, en cuanto al efecto que tiene en las comunidades, en razón de su eficacia y efectividad. El uso que se le ha dado a las tecnologías como estrategia de evaluación de la expansión del virus abre un debate sobre la privacidad, lo cual tiene también importantes connotaciones psicológicas y sociales.

Igualmente, es preciso pensar estrategias de comunicación y de rendición de cuentas a la sociedad. En este sentido, hoy, como nunca, estamos viendo que los procesos de transferencia responsable de conocimiento son una parte determinante de la supervivencia de la sociedad. Se ha hecho certera la necesidad de fortalecer las estrategias de comunicación, de manera que permitan, en forma más inmediata, conocer las necesidades de las personas y las comunidades, identificar sus carencias y recursos, y hacer un seguimiento a la compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales que tienen.

Estamos, por tanto, ante un momento en el que se requiere asumir una perspectiva ecosistémica, multidimensional, interdisciplinar y transdisciplinar, que permita generar, desde ese mismo enfoque, investigación e intervención, de forma que sea inevitable un dialogo entre académicos y profesionales de diversos campos y se construyan soluciones que realmente den cuenta de la compleja y critica coyuntura que estamos transitando.

*Wilson López López: Profesor titular de la Universidad Javeriana. lopezw@javeriana.edu.co
**Pedro Pablo Ochoa: Director del equipo de respuesta psicológica frente al Covid-19 en Colombia. Colegio Colombiano de Psicólogos.

El tabaco en tiempos de COVID-19

El tabaco en tiempos de COVID-19

El SARS-CoV-2 es un virus que por alguna razón escogió al pulmón como su órgano objetivo y los fumadores, como ya está comprobado, tienen lesionados los tejidos de su aparato respiratorio. “No hay que ser un genio para darse cuenta de que el tabaco y el virus pueden ser una combinación letal para cualquier persona”, asegura el oncólogo Carlos Castro, director médico de la Liga Colombiana Contra el Cáncer y exviceministro de Salud.

Después de una investigación basada en pruebas in vitro con células del sistema nervioso central y otro estudio realizado con un grupo de 46 personas diagnosticadas con la COVID-19, las noticias, al parecer alentadora para los fumadores activos y hasta para quienes adquieren el vicio, empezaron a revolotear con gran velocidad en diferentes medios, pues estos estudios defendían la hipótesis de que la asociación entre la enfermedad por coronavirus y el tabaco como agravante del diagnóstico era inexistente e incluso, alcanzaron a difundirse afirmaciones como que el virus tendría menor incidencia en fumadores gracias a los efectos ‘positivos’ que podría tener la nicotina sobre el mismo.

Para entidades como la Organización Mundial para la Salud (OMS), esta información no es más que otra de las ‘noticias falsas’ que circulan por estos días, generando daños tan graves como los que trae la pandemia. Así, con motivo del Día Mundial sin Tabaco, en el marco del conversatorio virtual organizado por la Universidad Javeriana: Tabaco y COVID-19, el riesgo continúa, realizado el 28 de mayo, investigadores colombianos se unieron a la iniciativa de la OMS de educar cuidadosamente, reflexionar alrededor de esta problemática de salud pública, combatir la información falsa acerca de la relación entre el tabaquismo y el coronavirus y allí confirmaron que si bien el riesgo de enfermedades es alto para los fumadores, con la presencia de la COVID-19 el peligro se intensifica.

Contrario a las afirmaciones de los estudios mencionados, investigadores javerianos como Alejandra Cañas, neumóloga y especialista en enfermedades avanzadas del pulmón, afirmó durante el encuentro que “la exposición al tabaco se puede convertir en un factor de riesgo para que la severidad por la COVID-19 sea mayor”. ¿Por qué? Esta científica afirma que eso se debe a la manipulación mano-boca y mano-saliva, y por el retiro del tapabocas que hacen las personas que fuman, quedando aún más expuestas. “Esto sucede con el cigarro, el cigarrillo electrónico y de vapeo, poniendo especialmente a los jóvenes en un estado de vulnerabilidad por ser quienes más hacen uso de estos nuevos elementos”, explicó.

Por otro lado, Cañas confirmó la evidencia científica de estudios recientes mucho más robustos que los mencionados, los cuales prueban que las personas que fuman cuando padecen de la infección por el SARS-CoV-2, requieren más hospitalización, hacen neumonías más graves y tienen una mayor mortalidad en comparación con el resto de la población. Y dio sus razones: implica la manipulación de estos artefactos durante la pandemia, los daños que genera el cigarrillo en el sistema respiratorio en general como la dificultad que tiene el pulmón para crear mecanismos de defensa ante infecciones por virus y bacterias, entre muchos otros; y porque además el consumo del tabaco es un factor de riesgo para la adquisición de enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, el cáncer, algunas enfermedades respiratorias y la diabetes. “Así como otras transmisibles (el aumento de la incidencia de tuberculosis, neumonía por neumococo, gripes y resfriado común)”.

 

¿Incremento o disminución del tabaquismo durante la cuarentena?

Según Lorena Calderón, representante del equipo de promoción y prevención social del Ministerio de Salud, en Colombia la tendencia del consumo de tabaco está bajando, pasando del 13% de la población consumidora en 2009, a un 7% u 8% en población mayor a 18 años para el 2018 y 9% aproximadamente en población joven. No obstante, hay que saber que según la OMS el tabaquismo es responsable de la muerte de más de ocho millones de personas cada año. Más de siete millones de esos decesos se deben al consumo directo del tabaco y aproximadamente 1,2 millones al humo ajeno al que están expuestos los no fumadores. Los científicos coinciden en que esta cifra tiende a incrementar por los nuevos sistemas electrónicos para fumar, pero además por las sensaciones que genera la pandemia en las personas.

Al respecto, el médico magíster en Epidemiología Clínica y director del Departamento de Medicina Preventiva y Social de la Pontificia Universidad Javeriana, Andrés Duarte, explicó que si bien el confinamiento genera aislamiento social para tratar de contener la epidemia, esta circunstancia a su vez genera distrés mental, en otras palabras, un estrés desagradable que produce cargas con efectos en el cuerpo y que aparece como respuesta a una amenaza.

Esto, según Duarte, “contribuye a que las personas dentro del encierro se aíslen y para alguien que ha sido consumidor o tiene expectativas de consumir tabaco se abre un escenario en el que aparece un incremento de la necesidad de consumo y muchos van a volver a consumir o a empezar a hacerlo”. A esto se le suma otro agravante: “la mayor prevalencia de consumo de tabaco está en los grupos socioeconómicos menos favorecidos, lo que supone quiénes pueden ser los más afectados”, advirtió.

Así, este científico pronostica que habrá más fumadores cuando termine la cuarentena, pues “uno debería pensar que las personas al estar reunidas en la casa tienden a consumir menos sustancias y pasa todo lo contrario”, dijo.

 

¿Soluciones para dejar de fumar?

Ya se han adelantado tratamientos para sustituir la nicotina como los chicles, los parches o fármacos para la cesación, pensando en ayudas para que los consumidores dejen de fumar, pero aún hay mucha expectativa frente a la efectividad del sistema de salud para suministrarlo.

“El acceso no es fácil y para el sistema también resulta un reto poderlo proveer”, comentó Duarte. A modo de reflexión, Castro concluyó que “los gobiernos tienen que ver estas posibilidades con proyección, habrá un gasto millonario que tendrán que costear por cerca de diez años, pero van a evitar el incremento en apariciones de enfermedades cerebrovascular, cardiovascular y demás que van a implicar gastos mucho mayores”.

Por su parte, la OMS recomienda a los fumadores intentar dejar de fumar lo antes posible mediante métodos de eficacia comprobada, como líneas de atención telefónica gratuitas para ese fin, programas que se basan en mensajes de texto por móvil y tratamientos de sustitución. Como beneficios inmediatos, los expertos indicaron que abandonar esa conducta revive el olfato y el gusto, hay más calidad en la piel. Además, disminuye las complicaciones respiratorias después de los 30 días de haberlo dejado; baja la frecuencia de neumonías y de intubaciones orotraqueales. A mediano y largo plazo, previene las afecciones cardiovasculares y el riesgo de cáncer.

El tabaquismo es una enfermedad y un problema de salud pública que para el Ministerio de Salud, como afirmó Lorena Calderón, merece un abordaje sanitario, pero que exige la participación de actores gubernamentales, científicos, académicos y de la sociedad civil como una responsabilidad social.

 

Sobre los cigarrillos electrónicos

Frente a las estrategias del mercado para promover el consumo de cigarrillos electrónicos o sistemas de administración de nicotina y de no nicotina, el doctor Castro mencionó que “el 20% de los universitarios están hoy vapeando porque se tragaron el cuento de que eso era menos dañino que el cigarrillo”.

Por su parte, el epidemiólogo Duarte sostuvo que la industria tabacalera es supremamente agresiva y que tiene una década promocionando estos elementos que están utilizando actualmente las personas y hay una gran similitud con las propagandas que han utilizado en el pasado (libertad, alternativas saludables, gustos), todo esto como método para despertar sensaciones y emociones atrayentes. Pero, hay que saber que, “son malos 10 miligramos pero un miligramo también lo es. No dejan de existir riesgos, unos daños llegarán más rápido que otros según la persona, pero a largo plazo puede terminar en una adicción, inclusive igual o más fuerte que la que puede provocar la cocaína”.

La toma de conciencia alrededor de los múltiples problemas que provoca el consumo de tabaco, independientemente del medio que se use para hacerlo, ha sido por largo tiempo una batalla que ha tratado de lidiar y acompañar el sistema de salud y prevención social. Y durante la pandemia las alertas se incrementan, pues los expertos insisten que abandonar el tabaquismo durante esta época podría ayudar a disminuir la transmisión comunitaria y a mejorar el pronóstico de una persona que sea diagnosticada con la afección y sea fumadora activa.

Alimentación saludable en tiempos de aislamiento preventivo

Alimentación saludable en tiempos de aislamiento preventivo

La aparición de la enfermedad por Coronavirus (COVID-19) y su rápida diseminación por el planeta durante los primeros meses del 2020, ha llevado al planteamiento e implementación de medidas de salud pública ágiles e inéditas dada su escala y magnitud. Una de ellas es el aislamiento preventivo de carácter obligatorio, que busca disminuir la progresión de la amenaza generada por el virus, a través de la reducción de interacciones sociales. Esta medida se hizo efectivo para Colombia desde el pasado 25 de marzo. Este contexto ha ocasionado cambios y transformaciones en la vida diaria de los habitantes del país, entre las cuales unas de las más importantes son las transformaciones en las dinámicas de abastecimiento y consumo de alimentos.

De este modo, es necesario reconocer que la producción, distribución y consumo de alimentos se da en un marco social, que constituye el tejido que da vida a los elementos que componen el sistema alimentario, por ende, cualquier transformación en las dinámicas de interacción social genera cambios en los distintos eslabones del sistema, implicando ajustes, dificultades y riesgos que pueden afectar los distintos componentes de la seguridad alimentaria (Disponibilidad, acceso consumo, utilización biológica e inocuidad).

Teniendo presente dicha contingencia, desde el Centro de Asesoría Psicológica y Salud, de la Vicerrectoría del Medio Universitario, pretendemos contribuir al bienestar de la comunidad educativa javeriana, acompañando también las inquietudes que han surgido frente a los cuidados necesarios para mantener una alimentación saludable en tiempos de aislamiento. Una alimentación saludable contribuye al mantenimiento de un óptimo estado de salud, permite desarrollar las actividades de la vida diaria como trabajar, estudiar, hacer ejercicio o jugar; prevenir la aparición de enfermedades asociadas con una ingesta deficiente o excesiva de energía y nutrientes, así como favorecer la respuesta inmune del organismo, disminuir la gravedad y las complicaciones por enfermedades infecciosas y también favorecer un mejoramiento en el estado anímico derivado del hecho de beneficiarse a través del autocuidado y el cuidado de los otros que implica el cuidado nutricional.

Esta alimentación debe incluir alimentos de todos los grupos en cantidades que favorezcan el aporte adecuado de macro (proteínas, grasas, carbohidratos) y micronutrientes (vitaminas, minerales), agua y fibra, para el mantenimiento de la salud en todas las etapas del ciclo vital. Adicionalmente, debe ajustarse a las características individuales de las personas y evitar que contenga o sea vehículo de agentes contaminantes y tóxicos que deterioren el estado de salud de quien la consume.

Así las cosas, durante este periodo de confinamiento recomendamos conservar estos patrones alimentarios. No obstante, el acceso limitado a algunos alimentos, así como las nuevas dinámicas de comportamiento en el hogar pueden propiciar cambios en los hábitos de alimentación. A continuación encontrará algunas recomendaciones para tener presentes en este tiempo:

  • Incluir en la alimentación diaria alimentos frescos y de todos grupos como: cereales, raíces, tubérculos y plátanos, frutas y verduras, leche y productos lácteos, carnes, huevos, leguminosas secas, frutos secos y semillas, grasas y azúcares.
  • Elegir el consumo de cereales integrales, incluir frutas y verduras en todas las comidas, consumir los lácteos y sus derivados preferiblemente bajos en grasa y las carnes en lo posible magras y en preparaciones con poca grasa. Evitar el consumo de alimentos ultraprocesados y comidas rápidas.
  • Planificar el abastecimiento alimentario, definir los menús semanales, elaborar previamente la lista de alimentos y comprar lo necesario. Esto ayudará a disminuir el tiempo al momento de comprar y preparar los alimentos, así como ahorrar dinero y evitar el desperdicio de alimentos.
  • Mantener una adecuada organización de los alimentos. Para esto, una vez se compren se deben lavar, desinfectar y ubicar en la alacena y nevera, teniendo en cuenta las fechas de vencimiento y el tiempo de duración de cada alimento.
  • Revisar periódicamente la nevera, con el fin de utilizar en primer lugar aquellos alimentos que tienen menor duración como los perecederos: frutas, verduras, lácteos y carnes. Así mismo, reforzar la higiene en la cocina y al momento de las comidas.
  • Al momento de asistir al supermercado, mantener la distancia social con otros clientes (por lo menos dos metros), usar guantes y gel desinfectante para tomar los alimentos y demás productos. Al regresar a casa, desinfectar las bolsas y empaques antes de almacenarlos.
  • Consumir los alimentos necesarios para conservar un adecuado estado nutricional, elaborar preparaciones mixtas con alimentos que no se utilicen con frecuencia para evitar el desperdicio. Es necesario hacer un uso responsable de los alimentos.
  • Mantener el horario regular para las comidas (desayuno, almuerzo, refrigerios y cena), esto es esencial para favorecer el equilibrio nutricional. Recuerde mantener una adecuada hidratación preferiblemente tomando agua fresca durante el día, no es recomendable la ingesta de bebidas azucaradas.
  • Evitar picar constantemente y consumir alimentos de paquete. En caso de querer consumir algún alimento, elegir en lo posible frutas, verduras, lácteos y/o alimentos ricos en fibra. Explorar la creatividad en estos momentos.
  • Practicar actividad física es un buen complemento para una alimentación saludable. Se recomienda seguir las rutinas de actividad física que ofrece la Universidad a través del Centro Javeriano de Formación Deportiva.

Finalmente, experimentar y explorar la creatividad preparando nuevas recetas Come, Disfruta y Vive, que encontrarán en los canales virtuales de la Vicerrectoría del Medio Universitario, disfrutar de los alimentos en familia y mantener una actitud de gratitud.


*Maritsabel Ruiz. Nutricionista Dietista. Coordinadora Programa Universidad Saludable Centro de Asesoría Psicológica y Salud. Vicerrectoría del Medio Universitario. Correo electrónico: maritsabel.ruiz@javeriana.edu.co

**Raúl Angulo. Antropólogo.  Centro de Asesoría Psicológica y Salud. Vicerrectoría del Medio Universitario. Correo electrónico: raul.angulo@javeriana.edu.co

 

Migración y salud: el reto nacional en época de coronavirus

Migración y salud: el reto nacional en época de coronavirus

Desde que se conoció la existencia del coronavirus procedente de Wuhan, China, la Organización Mundial de la Salud dio a conocer una serie de recomendaciones para la población viajera alrededor del mundo, como por ejemplo la obligación de solicitar atención médica en caso de presentar síntomas respiratorios agudos antes, durante o después de su tránsito. Sin embargo, con el paulatino crecimiento del número de personas contagiadas de COVID-19, el gobierno colombiano tomó la decisión de cerrar sus pasos fronterizos desde el 17 de marzo de 2020 hasta el próximo 30 de mayo.

Cancillería y Migración Colombia adoptaron medidas como la repatriación de migrantes a sus países de origen y el contacto con ciudadanos colombianos en el exterior. Recientemente, cerca de 600 ciudadanos venezolanos retornaron a su país por el Puente Internacional Simón Bolívar mediante la implementación de un corredor humanitario, previo al paso para el país vecino la Secretaría de Salud de Cúcuta les hizo a los migrantes venezolanos un chequeo médico con el fin de que no arriesgaran su integridad al intentar cruzar por pasos no autorizados.

Pesquisa Javeriana conversó con Andrés Cubillos-Novella, doctor en Estudios Internacionales e Interculturales y máster europeo en Migraciones, Conflictos y Cohesión Social de la Universidad de Deusto (España), sobre la población migrante en Colombia, su condición ante la pandemia y el estado actual del sistema de salud para afrontar la actual crisis sanitaria, a propósito del foro ‘Acceso a los servicios de salud para la población migrante en Colombia: retos y perspectivas’, que se realizó este lunes 20 de abril.

Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es la situación actual de los migrantes en Colombia con relación al sistema de salud? 

Andrés Cubillos: Hoy en día tenemos más de un millón 700 mil migrantes en Colombia, de los cuales cerca de un millón está en condición de irregularidad, lo que afecta su acceso a los servicios de salud. Por eso, es importante saber qué está pasando con esta población, específicamente en temas asociados con enfermedades no transmisibles, enfermedades transmisibles y su salud mental.

PJ: A propósito de la salud mental, ¿existen efectos psicológicos, producto del aislamiento preventivo en la población migrante venezolana?

AC: El confinamiento ha afectado la vulnerabilidad de las poblaciones ubicadas en zonas de frontera, ya que muchas se ven en situaciones de hacinamiento, desprotección e inclusive a futuro generando condiciones de precariedad, pánico, violencia y xenofobia -rechazo al extranjero-; además de la generación de aporofobia, que en palabras de Adela Cortina es el rechazo al pobre o al extranjero pobre. Sin ninguna duda el aislamiento preventivo está afectando la salud mental de los migrantes con ansiedad, angustia y depresión, debido a la precariedad en la que muchos de ellos viven.

 

Antes del cierre de la frontera existió una migración pendular que varía entre 34.000 y 40.000 personas pasando entre Colombia y Venezuela en un solo día.

 

PJ: ¿Qué medidas debería tomar el Gobierno para mitigar estos efectos?

AC: Fortalecer las redes familiares de los migrantes para apoyar su reunificación y mantener ese contacto a través de redes virtuales; es decir, apuntarle al ‘transnacionalismo’ que consiste en conservar la relación entre el extranjero y su población de origen.

En este momento, el Ministerio de Salud y Protección Social ha diseñado planes, lineamientos y estrategias. Ejemplo de ello es la creación del Plan de Respuesta Sectorial al Fenómeno Migratorio, el Conpes 3950, que establece estrategias de atención en salud, educación, primera infancia y adolescencia en relación con trabajo, vivienda y seguridad social para población migrante y la apertura de las líneas 123 y 192 para su atención.

PJ: ¿Cómo se podría acompañar a la población migrante en la actual crisis?

AC: Lo primero es entender que ser migrante no significa ser portador de la COVID-19. Segundo, tener en cuenta que nosotros también fuimos un país con población en el exterior, por lo cual la sensibilidad por los migrantes debería estar presente. Lo tercero es saber que muchos de los migrantes venezolanos han apoyado el desarrollo del país en la medida de sus posibilidades. Es necesario tener sensibilidad con quien sea en condición de vulnerabilidad, con los colombianos, con los no colombianos, con todo el mundo.

PJ: ¿Qué significa que un migrante esté en situación de regularidad e irregularidad? 

AC: La regularidad o irregularidad de una persona la define la posibilidad de estancia en un país, la cual puede ser acordada entre países. En el marco de la Unión Europea, las personas se pueden mover entre sus fronteras en condición de regularidad debido a acuerdos binacionales. Pero para el caso de los venezolanos en Colombia la situación es diferente, ya que la mayoría de los ciudadanos que pasan el punto de frontera no tienen pasaporte, el Permiso Especial de Permanencia (PEP) -creado para regularizar a esta población en el territorio nacional- o la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), les permite a circular entre ambos países de manera regular. Hoy en día hay en Colombia más de un millón de migrantes venezolanos irregulares, lo que limita el acceso a servicios sociales.

PJ: En ese sentido, el acceso a los servicios de salud es muy limitado para quienes son migrantes en condición de irregularidad, ¿inclusive en medio de la actual crisis sanitaria?

AC: Si. Aunque la capacidad de respuesta del país es limitada cada vez más por la situación de contingencia social en la que nos encontramos, la priorización de la prestación del servicio de salud en urgencias para cualquier habitante del territorio es un compromiso, un acuerdo internacional que está consignado en Constitución y la Ley 100, indistintamente de dónde venga la persona.

 

La frontera internacional de mayor extensión que tiene Colombia es con Venezuela: son 2.219 kms con un territorio absolutamente permeable.

 

PJ: El creciente número de contagiados por COVID-19 en Latinoamérica ha generado un tipo de éxodo de los migrantes, usando a Colombia como un corredor para regresar a sus zonas de origen. ¿Cómo se debería entender esa situación?

AC: La razón por la cual los migrantes venezolanos que intentaron ingresar al territorio ecuatoriano hace algunos días no pudieron hacerlo es porque Venezuela no forma parte de la Comunidad Andina, lo que genera una barrera para acceder a este país. De esta forma, los acuerdos internacionales evitan la circulación de venezolanos hacia el resto de América Latina, lo que se convierte en una migración embudo acá en Colombia. Solo por dar otro ejemplo, en Chocó y Antioquia existe población migrante asentada en el territorio intentando llegar a países centroamericanos. Además, la actual situación de pandemia ha exacerbado el retorno de los migrantes venezolanos hacia su país, lo cual ha sido evidente en las noticias de los últimos días.

PJ: ¿Cómo está avanzando el Gobierno en materia de retorno de los migrantes a sus lugares de origen?

AC: En el caso de los migrantes venezolanos, se han hecho corredores humanitarios a través de acuerdos binacionales entre Colombia y Venezuela para que regresen a su país, pero también se está trabajando para que la población procedente de Haití, de Belice y de otros países retorne.

PJ: ¿Qué hace que una persona tome de la decisión de migrar?

AC: Esto obedece a que en muchos casos la gente migra hacia contextos mucho más ricos y prósperos y emigra de contextos donde la condición y la calidad de vida no es adecuada para poder continuar con su proyecto de vida.

En el caso de Colombia, las políticas, el conflicto armado y su situación económica hicieron que desde 1960 parte de sus habitantes migraran a países europeos como España y Alemania, y en la región EE. UU. y Venezuela (solo por dar unos ejemplos), buscando una mejor calidad de vida. Con los años, mucha de esta población retornó del exterior. Pero  desde el año 2014 el país empezó a recibir un volumen de migrantes procedentes de Venezuela que como sugiere el Conpes 3950 podrían no solo ser venezolanos, sino también población colombiana retornada.

PJ: Finalmente, ¿qué nos puede decir del foro ‘Acceso a los servicios de salud para la población migrante en Colombia: retos y perspectivas’, ¿que se realizó este 20 de abril?

AC: Lo que hicimos, junto con la Red de migración y Salud, con el apoyo de Lancet Migration e investigadores de universidades nacionales e internacionales, fue mirar el tema de acceso a los servicios de salud por parte de la población migrante en Colombia y otras latitudes, con el fin de establecer, en cierta medida, un análisis a partir de las estrategias que ha tomado el país para la inclusión de esta población en el contexto nacional. Fue una jornada muy provechosa y concurrida e invito a quienes no pudieron estar presentes para que la vean. Ingrese aquí para ver la transmisión.

¿Cómo se repiensa la Iglesia Católica con la llegada de la Covid-19?

¿Cómo se repiensa la Iglesia Católica con la llegada de la Covid-19?

Pesquisa Javeriana: ¿Cómo vive la iglesia todo lo que ha causado la pandemia del Covid-19?

José Luis Meza: En términos generales, la iglesia ha tenido que repensarse en casi todas sus vertientes. En los ritos, por ejemplo. Recordemos esa imagen impactante de la bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco con la Plaza de San Pedro vacía. Eso fue algo nunca visto. Sin embargo, muchas personas -los medios hablaron de 1.500 millones de personas- estuvieron conectadas a través de la televisión y las redes sociales. Entonces, la pandemia ha afectado la vida de la Iglesia pero ésta ha sabido aprovechar los medios de comunicación para hacer su labor.

Pensemos en la misa dominical. Al inicio de la pandemia, en nuestro país se promovieron unas medidas. Éstas llevaron a que en el templo no se pudiera dar la paz de mano, ni beso, sino una venia; había que recibir la comunión en la palma de la mano y guardar un metro de distancia entre las personas. Todo esto era un poco extraño pero había que hacerlo.

En esta Semana Santa nos conectaremos de forma virtual o participaremos de las celebraciones en televisión y, por tanto, tendremos que resignificar los gestos que ocurren en sus ritos. No habrá contacto físico, pero estaremos conectados de otra forma. También tendremos la oportunidad de compartir momentos espirituales con las personas con las que vivimos. Recordemos que la familia es la iglesia doméstica. Yo creo que la pandemia ha afectado la Iglesia, pero también nos ha llevado a repensarnos, a imaginar nuevas formas, nuevas ritualidades, nuevos gestos.

PJ: ¿Qué reflexiones teológicas surgen a partir de esta situación?

JLM: La teología ha jugado parte en las actuales circunstancias. La teología ha dicho una palabra pero valdría la pena preguntarse ¿Qué tipo de palabra? He leído algunas reflexiones teológicas que se han quedado en una visión apocalíptica. Algunas sacan a relucir textos del Antiguo o del Nuevo Testamento para afirmar que esto es una señal de Dios, que es un castigo divino, que los días de la humanidad están contados, etc. Lamento este tipo de reflexiones. En cambio, aplaudo aquellas que nos invitan a pensar en una creación que está interrelacionada. Somos seres que estamos conectados con todos y con todo, con nuestra familia, con los que hacen parte de mi círculo vital, con la gente de mi país y con el planeta mismo. Lo que yo haga o deje de hacer va a afectar a todos, a la naturaleza. Esto explicaría por qué el Covid-19 se ha expandido por todo el mundo.

Otras reflexiones que me han gustado son aquellas que despiertan en el ser humano la pregunta: ¿Qué puedo hacer yo frente a lo que está pasando? Hemos visto gestos de una generosidad enorme, de los trabajadores de la salud, de los ciudadanos de a pie y de algunos empresarios. Eso demuestra cómo esta situación puede revelar nuestra grandeza. Eso no significa que no haya otros tratando de salvar su propio pellejo y estén pensando en su propio bienestar.

PJ: ¿Sería correcto comparar esta pandemia con las plagas u otros hechos que menciona la Biblia?

JLM: Algo que ocurre en el ser humano frente a situaciones es pensar en el fin del mundo y ver si alguien lo predijo. Por ejemplo, está agotado el libro de la psíquica Silvia Browne sobre el fin de los días. También algunos han recordado las profecías de Nostradamus. Otros han sacado versículos descontextualizados de la biblia como Lucas 21:11 o Mateo 24: 36 o cualquier otro,  para justificar lo que está pasando. Nos encanta predecir el fin del mundo y decir “yo tenía la razón y no me pusieron cuidado”. Este tipo de pensamientos generan zozobra, miedo, pánico. Estos pensamientos apocalípticos nos llevan a una cierta pasividad porque sentimos que ya no hay nada que hacer. También exacerba la xenofobia, el rechazo, la exclusión y la sospecha hacia los otros.

PJ: ¿Cuál sería la visión más acertada?

JLM: No debemos entender el virus como un castigo divino, como algunos andan diciendo. Se trata de una oportunidad para pensar cómo estamos viviendo nuestra vida, cómo estamos tratando a los otros y al planeta.

Muchas reflexiones acertadas son posibles: en torno al daño del planeta, la manera como lo hemos convertido en un depósito de basura, como dice el Papa. Otra reflexión que está por hacer es si la economía de mercado en la cual estamos enfrascados ha sido un fracaso. Otra idea que me parece importante: lo que realmente necesitamos para vivir. Estos días hemos vivido sin usar el carro. También hemos tenido tiempo para hablar con nuestra familia, para saludar a familiares y amigos con los cuales hacía tiempo no nos hablábamos, para cuidar a nuestros padres y mayores. Espero que no nos suceda que cuando termine la pandemia volvamos a ser los mismos de antes. Que volvamos a no preocuparnos por nada ni por nadie. Si esto ocurriera, no aprendimos la lección.

PJ: ¿Cómo puede afectar el no poder asistir a los rituales de Semana Santa?

JLM: La pandemia va a afectar los rituales a los cuales estamos acostumbrados. Como lo religioso está conectado con otros ámbitos, otros sectores también se van a ver afectados. Para nadie es desconocido que la Semana Santa mueve muchos renglones de la economía, por ejemplo, Popayán. Allá habrá una afectación muy grande.  Sin embargo, esta semana será una oportunidad para no quedarse en las formas. No tendremos la posibilidad de juntarnos masivamente, pero sí tendremos la posibilidad de recordar el verdadero significado de cada celebración. Frente a los mismos textos de la palabra, las liturgias, las reflexiones, tendremos momentos íntimos para saborear de otra manera lo que significa creer en la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

PJ: ¿Qué mensaje enviar a las personas que extrañarán los rituales?

JLM: José María Castillo, teólogo jesuita español, tiene una reflexión a partir de la pregunta: ¿qué es más importante, la religión o el evangelio? Podría reformularla de otra manera: ¿qué es más importante, celebrar las exterioridades religiosas o vivir internamente el mensaje del evangelio? La respuesta es lo segundo. Las expresiones religiosas son formas para celebrar la fe que vivo. Por eso, lo más importante es la fe que profeso con mi vida. Yo puedo ir a misa todos los domingos, escuchar la palabra y comulgar sin que nada en mí se transforme. Sigo siendo el mismo trásfuga que maltrata a su pareja, que violenta a sus hijos, que roba la empresa en la que trabaja y que le echa el carro encima a los peatones. Entonces, no pasa nada en mí pero me siento bien porque voy a misa. Esa religiosidad realmente está lejos del evangelio. Lo importante es vivirlo, sentir la buena nueva que nos invita a amar, a servir, a perdonar, a solidarizarme con los otros.

Esta semana santa va a ser diferente pero no debería serlo solo por lo nuevo en el culto o en las celebraciones. Podrían ser celebraciones presididas por el arzobispo. pero si no acontece nada en nosotros no sirve de mucho.

PJ: Con las imágenes de una recuperación de la naturaleza, ¿qué reflexión se puede hacer del cuidado de la casa común de la que habla la encíclica Laudato Sí?

JLM: La propuesta que hace el Papa Francisco es la de apostarle a una ecología integral. Si es integral, no se queda con el problema medioambiental sino que nos lleva a revisar cómo estamos gestionando nuestra economía, nuestra política, nuestra sociedad, nuestra educación. Por eso, entre otras cosas,  tenemos que revisar qué tipo de profesional estamos formando en la universidad. Además, hay que prestarle  atención a las prácticas que tenemos, en pequeño y en grande, en todos los ámbitos, esas prácticas que están haciendo que el planeta vaya de mal en peor.

La ecología integral interpela nuestra espiritualidad. De hecho, la relación ser humano-mundo nos permite crecer espiritualmente. Es decir, yo no puedo decir que soy un ser espiritual si tengo prácticas contaminantes y de deterioro del planeta. Sin duda, estamos viviendo un momento inédito que nos exige pensar en lo que somos y lo que estamos haciendo. De esto dependerá nuestro futuro.

Un llamado para apoyar a nuestros viejos

Un llamado para apoyar a nuestros viejos

En tiempos de coronavirus los ojos están puestos en gran parte sobre la población longeva, pues tal como lo afirma el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, los mayores y las personas con enfermedades crónicas graves, como las de tipo cardiaco, pulmonar o renal, parecen ser más propensas a contraer el Covid-19. Por esta razón la mayoría de los países toman medidas que exigen a las personas mayores permanecer resguardadas en sus casas.

Esta población no ha sido atendida social e institucionalmente de la manera esperada. Así lo demuestra la investigación de la profesora javeriana Ángela María Jaramillo, ganadora al Premio a la Investigación sobre Familia 2019 por su trabajo: “Transformaciones de los arreglos residenciales en la vejez y sus determinantes. Exploración basada en los censos colombianos, 1973 y 2005”, que a través de un estudio social respondió este tipo de cuestionamientos: ¿Cómo está envejeciendo la población en Colombia? ¿Cuáles son los cambios que ha tenido la población de personas mayores? ¿Qué implicaciones tienen esos cambios? ¿Cuáles son los retos para el país?

Uno de los primeros argumentos de esta PhD en estudios sociales, es que “el Estado desconoce muchas de las demandas actuales de las personas mayores, quienes tienen necesidades diferentes a las que tenían en el pasado. Al no reconocer esto, las políticas públicas colombianas que los salvaguardan están quedando relegadas a una generación de ancianos con modos de vida muy diferentes, limitando así las posibilidades de crear condiciones adecuadas para vivir hoy una vejez autónoma y digna”.

Pero ¿cuál es la realidad en Colombia?

“Estamos en un momento en el que el histórico y progresivo descenso de la fecundidad en combinación con el aumento de la esperanza de vida ha generado el envejecimiento de la población”, explica la profesora, razón por la que cada vez hay más personas mayores de 60 años comparado con los menores de 15. Según censos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la población mayor de 60 años del país aumentó, pasando de 3.721.943 personas que correspondían al 9% del total de la población en 2005 al 13,3% con casi 6 millones de personas en 2018.

Estos cambios en los modos de vida y en la concepción de idea de familia empiezan a dejar marcas en cómo viven las personas mayores, pues como explica Jaramillo, anteriormente las personas envejecían al lado de sus numerosas familias. “Lo que debemos comprender es que a diferencia de nuestros antepasados, los mayores actualmente viven de distintas maneras, unas solas, otras en pareja y otras con sus familiares. Esto representa un reto para la sociedad, el gobierno y las instituciones, por las distintas demandas que tienen cada uno de estos arreglos residenciales.

La investigación señala que en 1973 cerca del 70% de los ancianos del país vivía en hogares de cuatro o más personas, datos que han cambiado con el paso del tiempo. El último censo del DANE muestra que la cantidad de adultos mayores que vive en este tipo de hogares ha disminuido, pasando de 70,80% en 2005 a 56,6% en 2018, y, las residencias con 1 y 2 personas mayores de 60 años, desde los años setenta ha aumentado de forma acelerada, asegura la experta. Por ejemplo, cuando para 2005 solo el 29,4% de estas personas vivía solo o con una persona más, para el 2018 el porcentaje llegó al 43,4%. Es decir, “hay más ancianos que tienen menos posibilidades de ser apoyados por sus familias”, dice la profesora Jaramillo.

Por ejemplo, don Eliécer es un gachancipeño de 75 años que trabajó como carnicero buena parte de su vida. Sin embargo, desde que se divorció de su esposa, le llegaron los “achaques” y no se pudo emplear. Vive de la caridad en una “rancha” (como él describe su vivienda), con la única comodidad de una estufa eléctrica de dos fogones y un radio del tamaño de un teléfono celular. De cada 10 personas mayores, él representa a uno de los cuatro que vive en un hogar pequeño, sin hijos, sin nietos, hermanos u otros parientes.

Además, datos de esta investigación demuestran que ocho de cada diez ancianos carecen de una pensión que les permita asegurar un ingreso mensual para atender sus necesidades básicas. “El sostenimiento económico de estos hogares depende en su mayoría del trabajo de los ancianos (33,6%) y de las pensiones o jubilación (23,8%). La gran mayoría de los ancianos que trabajan se ven obligados a hacerlo bajo condiciones de informalidad y sin acceso a protección social, ni a pensión”, relata Jaramillo.

Ante esto la investigadora se pregunta, ¿estamos preparados para enfrentar un escenario en el que el envejecimiento continúa creciendo de forma acelerada y aún se asume que los ancianos están envejeciendo al lado de familias numerosas? Con más de cinco años de investigación su respuesta es: “no estamos preparados porque las acciones de política siguen orientadas por la idea de una familia, que en su extensión, composición y funcionamiento ha cambiado. El principal problema de esto se halla en que la solidaridad y apoyo que antes era brindado por la familia tradicional no ha sido compensado actualmente por las instituciones que deben velar por la protección de los derechos de las personas mayores y sus familias”.

Jaramillo agrega que comparando con los países europeos, una de las desventajas colombianas tiene que ver con que ellos han tenido un proceso de envejecimiento más lento pues tardaron más de un siglo para llegar a la población de ancianos que tienen hoy; esto les permitió pasar progresivamente de familias grandes o extensas a familias pequeñas y a hogares unipersonales. “Así, pudieron adaptarse y prepararse mejor social y políticamente para atender las demandas sociales de estas nuevas formas de organización en la vejez”, explica la investigadora. En el caso colombiano, “el lapso de tiempo para envejecer fue de unos 50 años, tiempo que no ha permitido que la sociedad se adapte al cambio demográfico”, añade.

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Hallazgos en las regiones 

La investigación incluyó el estudio de los censos DANE de 1973 y 2005, entrevistas a profesionales que participaron en el diseño e implementación de la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez, así como a académicos expertos en esta área. Con el apoyo estadístico, Jaramillo logró la reconstrucción histórica de las condiciones geográficas, socio-demográficas y económicas en las que nacieron las personas del estudio y encontró una gran concentración viviendo solas o en pareja en Bogotá y en el departamento de Boyacá.

En la capital, especialmente, esto se debe al descenso de la fecundidad y la cantidad de divorcios. “En casos de separación, los hombres son los que pasan a vivir solos, ya que hay mayor probabilidad de que las mujeres permanezcan con sus hijos y sus nietos”, complementa Jaramillo.

En Boyacá, la explicación está dada por el despoblamiento de la región. Por un lado, ante los problemas históricos que ha padecido el campo colombiano los habitantes han migrado y, por otro, cada vez hay menos jóvenes en la ruralidad porque no encuentran las oportunidades esperadas. Por eso, los mayores son quienes quedan en esos territorios, ya que están arraigados a sus tierras, cultivos, casas y animales; y a esto se suma la gran dificultad de que allí no cuentan con la infraestructura de salud, transporte y redes de apoyo adecuadas para suplir sus necesidades. “Es por esto que en los países más envejecidos del mundo como España, Italia o Japón, las poblaciones con más años se encuentran en su gran mayoría en las ciudades debido a la oferta e infraestructura de servicios sociales y de salud, entre otros”, afirma.

En otras regiones del país como la Costa Caribe la configuración es diferente porque allí las personas mayores tienden a ser acogidos por su familia y la fecundidad no ha descendido como en la región andina.

Solidaridad, la propuesta para apoyar a los viejos

Según datos que maneja el Ministerio de Salud, se estima que el número de personas mayores de 60 años en el mundo aumentará de 900 a 2.000 millones entre 2015 y 2050.  Por esa razón, atender las necesidades de la población longeva debe ser una prioridad para los gobiernos. Con este escenario, Jaramillo propone la solidaridad como base principal para cuidar, proteger y garantizar los derechos de esos ciudadanos.

“Hay que valorar a los ancianos por lo que fueron y lo que son hoy como personas que contribuyen a la construcción de la sociedad. Ellos pueden tener actividades relacionadas con el cuidado de nietos o personas con problemas de salud; la preparación de alimentos y oficios del hogar; los aportes académicos y científicos para el avance social, apoyos económicos y emocionales que ofrecen a sus familiares”, recomienda la socióloga.

En la actualidad, muchos coinciden en que lo que sucede, ante la creciente propagación de la COVID-19, es un llamado a la acción para atender con más responsabilidad la salud física y mental de las personas. “En el caso de los mayores, se necesitan sistemas de salud con mejores servicios de atención domiciliaria y así responder a las adversidades de manera rápida y oportuna, especialmente con las personas mayores de 80 años que son el 15,8% de los que viven solos. Además, hay que fortalecer las redes de apoyo”, manifiesta.

Reflexión para el contexto actual

Es de vital importancia entender la diferencia entre vivir solo y sentirse solo, dice la experta. “El primero puede ser una buena experiencia si se tienen las condiciones sociales, económicas y de apoyo necesarias, lo que depende del desarrollo de la sociedad en la que se encuentre la persona. El segundo revela un sentimiento asociado al aislamiento social que puede aumentar los riesgos de morbi-mortalidad de los ancianos”, explica Jaramillo. Por esto su recomendación es el fortalecimiento de las redes de apoyo y en el caso de hogares donde hay varias generaciones promover respuestas de equidad, convivencia y solidaridad intergeneracional.

En este momento de dificultad por la enfermedad del Covid-19 hay que estar más pendientes del apoyo que se puede ofrecer a todas las personas, y en particular a las personas mayores. Este apoyo, dice Jaramillo, puede ser de muchas formas, por ejemplo, práctico y emocional. Aquí algunos ejemplos:

  • En lo práctico, como vecinos, podríamos apoyar las necesidades relacionadas con el abastecimiento, las comunicaciones, el paseo de las mascotas o cualquier evento que requiera una respuesta inmediata. También crear redes de apoyo para responder a las necesidades que surgen en una situación en la que los amigos o familiares que viven lejos no pueden apoyar.
  • En lo emocional, por ejemplo, es importante que nos expresemos a partir del reconocimiento del otro como iguales, independientemente de la generación. Esto lo podemos hacer utilizando un lenguaje que no reproduzca los estereotipos que históricamente, por la edad, sea discriminatorio. Ejemplo: diminutivos como “viejito” o “viejita”.
  • Reflexionar acerca de lo común entre las generaciones en la cotidianidad, ya que es en esas actividades compartidas que se fortalecen los lazos de apoyo, aún más cuando los diálogos se dan entre generaciones con aprendizajes analógicos y digitales.
  • Estas relaciones de apoyo pueden convertirse en nuevas amistades, fundamentales para resolver las adversidades y para establecer vínculos sociales orientados a que ellos no dejen de sentirse parte del colectivo.

Para conocer los detalles de la investigación espere próximamente el libro: Transformaciones de los arreglos residenciales en la vejez, y sus determinantes. Exploración basada en los Censos Colombianos, 1973 y 2005”.

Visite los siguientes enlaces. https://www.funrestrepobarco.org.co/images/publicaciones/PDF/Resumen_TEP/Trabajo%20Ganador-%20Angela%20Maria%20Jaramillo%20Mendoza.pdf

https://bdigital.uexternado.edu.co/bitstream/001/611/1/DLA-spa-2017-Evolucion_de_los_arreglos_residenciales_en_la_vejez_y_sus_determinantes.pdf

El COVID-19, un asunto de salud y responsabilidad social

El COVID-19, un asunto de salud y responsabilidad social

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una familia de virus que causan, principalmente, enfermedades relacionadas con el sistema respiratorio, que pueden ir desde un resfriado común hasta padecimientos más graves. Llamamos COVID-19 a la enfermedad infecciosa causada por un nuevo coronavirus que se conoció cuando comenzó su brote en diciembre en Wuhan, China.

De igual manera, la OMS señala que su transmisión se da a través del contacto con gotículas respiratorias procedentes de la nariz o la boca, las cuales salen cuando el infectado tose o exhala. Si estas son inhaladas por otro individuo, este puede contagiarse. Así mismo, estas gotas pueden entrar en contacto con superficies que toca la persona infectada, por tal razón, aquellos que palpen estos objetos y luego pongan en contacto sus manos con sus ojos, nariz o boca pueden adquirir el virus.

Por lo mencionado anteriormente, las sugerencias para prevenir esta enfermedad van desde el lavado de manos a fondo; mantener distancia; evitar tocarse los ojos, nariz o boca; cubrirse con el codo doblado al toser o estornudar; permanecer en casa; hasta mantenerse informado de la situación a nivel nacional y local, entre otras.

Los síntomas más comunes son fiebre, tos seca y cansancio. Las personas mayores y las que padecen otras afecciones relacionadas con dificultades respiratorias, problemas cardiacos y diabetes presentan mayores probabilidades de sufrir una enfermedad grave cuando son infectadas por este virus. Cuando pienso en esta última parte es cuando considero necesario hacerse una pregunta: ¿Esto solo es un asunto de salud o también nos hace un llamado a la responsabilidad social, a la empatía y a pensar en el cuidado no solo de nosotros mismos sino del otro?

Sabemos que en el país al momento de escribir esta columna contamos con 75 personas infectadas, según el Ministerio de Salud. Aunque evidentemente esto es un asunto de salud, las últimas medidas tomadas por el gobierno colombiano tales como restringir la entrada de extranjeros al país y cancelar las clases en todos los colegios y universidades a nivel nacional no solo nos hacen un llamado a pensar en la salud a nivel personal, sino a recapacitar en que cada uno de nosotros puede contagiar a ciudadanos que son más vulnerables a sufrir una enfermedad grave y, también, al hecho de que si una gran cantidad de colombianos se enferman al tiempo se puede colapsar el sistema de salud. Con respecto a esta última situación, Oscar Franco, epidemiólogo e investigador en entrevista con El Tiempo, nos expresa que la idea es postergar el contagio para contar con la disponibilidad de recursos médicos y así los contagiados puedan ser atendidos.

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Es decir, estas últimas medidas nos hacen un llamado a pensarnos en sociedad, en comunidad, a tener empatía y a pensar también en el cuidado del otro. Considero que este último aspecto es muy importante a nivel educativo, pues nos permite recordarles a todos que como seres humanos que nos desarrollamos en un contexto social, estos deberían ser aspectos que se deben enseñar y que todos deberíamos tener en cuenta no solo en esta situación sino durante toda nuestra vida.

De igual manera, esto nos permite reflexionar sobre la situación del otro y así evidenciar realidades que no hacen más fácil lo que está pasando en el país. Por ejemplo, las personas que no tienen hogar o acceso a agua para seguir las medidas preventivas que dicta el gobierno; los niños que no cuentan con acceso a internet; aquellos que deben seguir trabajando porque no cuentan con empleo formal y usan transporte público, o la situación de los centros de salud de muchas partes de nuestro territorio nacional, entre muchas otras situaciones.

Como bióloga, docente y como estudiante de Maestría en Educación de la Universidad Javeriana, reconozco que debemos abordar una situación que afecta directamente nuestra salud y la de la sociedad, pero es muy importante tener presentes las reflexiones sociales que nos plantea esta problemática para repensarlas y reflexionar en cómo se pueden generar cambios y no olvidar que el cuidado del otro no solo se trata de salud, se trata de un todo, de tener una vida digna y de contar con los recursos mínimo para vivirla.