¿Por qué los colombianos incumplen las normas en la cuarentena?

¿Por qué los colombianos incumplen las normas en la cuarentena?

Después de una contención de tres meses, tiempo en el que el aislamiento preventivo ha sido la medida esencial para hacer frente a la situación de salud pública generada por la COVID-19, el viernes 19 de junio las críticas por la pérdida de control de la ciudadanía y el inesperado desorden social se hicieron más visibles, pues en ese día se registraron más de 80 casos de aglomeraciones en diferentes almacenes como resultado del primer día sin IVA (Impuesto al Valor Agregado).

Esta alternativa, dirigida a la reactivación de la economía, según la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), cumplió con el objetivo y superó los $5 billones en ventas con un crecimiento del 158% del comercio. Sin embargo, el cumplimiento de las normas de bioseguridad recomendadas se vio afectado. Las fotos y los videos que circularon en redes sociales y páginas web lo evidenciaron: centros comerciales, supermercados y almacenes de cadena estaban saturados de personas.

¿Error del Gobierno, de las personas que salieron a comprar o de los establecimientos que no estaban listos para acatar las normas de bioseguridad? Esta no es la primera vez que se quebrantan las normas a lo largo del tiempo de aislamiento. Quitarse el cubrebocas, no lavarse las manos, no respetar el distanciamiento social, celebrar fiestas clandestinas, iglesias resistentes a cerrar las puertas, caravanas para despedir a seres queridos, medios de transporte publico atestados de gente son acciones que distan mucho de ser las recomendadas por las autoridades y que han quedado al descubierto durante la cuarentena.

Como expone el profesor javeriano y psicólogo del comportamiento, Wilson López, el ser humano parece haberse convencido de que su especie goza de una superioridad racional que lo lleva a tomar las mejores decisiones según sus expectativas y se vanagloria de su capacidad para medir riegos, costos, beneficios y tomar óptimas decisiones de forma ‘objetiva’. Sin embargo, “esta es una verdad a medias”, dice el experto.

Si las personas quisieran tomar decisiones con una rigurosidad que esté basada en el estudio de costos y beneficios reales, “tendríamos que andar con calculadora en mano, sacando probabilidades y combinando todas las variables posibles para saber lo que es mejor o no, y, aun así, muchas variables quedarían por fuera”, dice López y complementa que contrario a lo que algunos creen, las decisiones que toma el ser humano incluyen un componente importante de sesgos que explican la irracionalidad de algunos de sus comportamientos. En este caso actos que ponen en riesgo la salud de los demás y la propia.

Es por esto que estudiosos en economía del comportamiento, apoyados en fundamentos psicológicos, han querido entender cuáles son dichos sesgos que llevan a las personas a elegir alternativas que no siempre son las más atinadas.

¿Por qué se incumplen las normas?

El histórico economista Adam Smith, hace más de 250 años, reconoció algunos de estos sesgos que influyen en la toma de decisiones irracionales y que se adaptan justo a la situación actual. Dentro de estos aparece el exceso de confianza, el autocontrol o ahora llamado por los economistas ‘sesgo del presente’, entre otros.

Este exceso de confianza, en palabras del profesor López, se ve representado actualmente en casos como la persona que salió una vez, se expuso al virus, no le pasó nada y por tanto vuelve a salir. Algunos dicen, por ejemplo: ¡A mí no me va a pasar nada porque eso es mentira o no es tan grave!, ¡salí y todo está bien, así que puedo volver a salir sin problema!, ¡el virus no me da a mí porque yo tengo buenas defensas y tomo bastante jengibre!

El otro sesgo del presente al que se refiere Smith es hacer las cosas inmediatamente sin pensar en el largo plazo. A propósito, decía el economista, “el placer que disfrutaremos dentro de diez años nos interesa muy poco en comparación con el que podemos disfrutar hoy”, razón por la cual, como explica López, una persona, por ejemplo, hace una fiesta con un grupo considerable de amigos en la cuarentena, por complacencia momentánea a pesar de los riesgos futuros que esta decisión pueda ocasionar.

A estos sesgos se unen otros que la investigación en psicología ha identificado y que se hacen evidentes por estos tiempos. Al respecto, el psicólogo López dice que es necesario incluir variables como la pobreza, “estas variables contextuales son muy relevantes a la a la hora de hablar de si la gente sigue o no las reglas, ya que van a preferir salir a buscar comida para mantener a su familia que no salir, esto sin hablar de las condiciones de vivienda que tienen muchos de ellos”, dice el investigador.

También está el sesgo en la toma de decisiones generado por la frecuente saturación de información. “Las redes sociales, por ejemplo, son un desastre y con todo lo que allí se mueve, es difícil elegir correctamente”, explica el psicólogo. Aquí entra en juego la labor de los líderes de opinión y figuras públicas para que reconozcan el poder que tienen sobre la comunidad que los sigue. “Estas personas para muchos son ejemplo del comportamiento a seguir y a replicar. De esta manera ellos deben evitar la distorsión de información, ser responsables con lo que comunican y, mejor, ser promotores de buenas prácticas”, añade.

Por otro lado, están las constantes contradicciones de los líderes políticos y gobernantes, quienes generan confusión alrededor de las reglas que los ciudadanos deben seguir, pues no saben a quién obedecer, y otro de los factores influyentes al momento de decidir si seguir o no la norma es la complejidad de las reglas, “porque si estas son muy complicadas y difíciles de seguir, bien sea por las competencias motrices, cognitivas, habilidades, etc., de las personas, no las van a cumplir”, argumenta.

Por último, dentro de los muchos que hay, está el sesgo de las emociones. “Sabemos que las situaciones de crisis como la actual, provocan el incremento de la ansiedad, la depresión, entre otros trastornos que explican las toma decisiones desafortunadas”, advierte el investigador, y dice que todos estos sesgos hacen que motivar el cumplimiento de reglas sea mucho más difícil.

¿Cómo incentivar el seguimiento de las normas?

Hay dos tipos de normas, explica el economista y miembro del Laboratorio Javeriano de Investigación Conductual, Alexander Gotthard. Una de ellas es la norma como decreto o mandato, es decir, esas que están escritas en la ley. La otra: el entendimiento común de lo que es deseable en un grupo social, más allá de leyes, decretos y demás. La interiorización especial de esta última tiene un gran peso para que el virus no se propague de forma exponencial y tenga resultados críticos.

Para López y Gotthard no basta solo con la comunicación de decretos, que pueden ser hasta difíciles de entender. “Es necesario que cada persona de la comunidad asuma la responsabilidad de cuidado como un compromiso consigo que tiene beneficios para los demás”, dice el economista y en común acuerdo López comenta, “se trata de generar una construcción social de autocuidado”.

¿Cómo se logran estos objetivos?

Wilson López insiste en que el cumplimiento de las normas puede ser más eficaz si el Gobierno Nacional multiplica esfuerzos para suplir las necesidades de los habitantes en condiciones menos favorables y así evitar movilizaciones incontrolables en busca de la subsistencia diaria. Además, y en esto coinciden ambos investigadores, la comunicación es un elemento fundamental para hacer un buen manejo del virus cuando todos salgan a las calles.

Además, opina Gotthard, se debe promover una comunicación que todo el tiempo recuerde los pasos a seguir y que las personas sientan que están siendo parte esencial en el proceso de recuperación del país.

¿Qué debe tener el componente comunicativo? Los expertos recomiendan

  • Este componente esta basado en la educación.
  • Las reglas deben estar expuestas de forma clara y ser accesibles a toda la ciudadanía.
  • Evitar la amenaza, “si no cumples, las autoridades te hacen cumplir de formas que pueden llevar incluso a la muerte”.
  • Cuando la persona no cumple las reglas debe saber que esto trae consecuencias. Castigar con multas altas es una buena opción, siempre y cuando se identifiquen adecuadamente los comportamientos negativos.
  • Como sociedad hay que facilitar el cumplimiento de conductas: el Gobierno, ofreciendo todas las medidas sanitarias en diversos espacios, señalizando y comunicando con frecuencia, y los ciudadanos corrigiendo a quienes actúen de forma inapropiada amablemente.
  • En la comunicación tiene que estar claro el daño que ejerce un ciudadano a la comunidad cuando no se cuida. La culpa puede ser un factor estratégico e incluso necesario, pues nadie quiere ser responsable de los males de otros.
  • Mucho se habla de las personas que incumplen las normas y son noticia a diario, pero, mostrar y reconocer los actos positivos es de gran importancia para que los que estén alrededor sean replicadores y luego ellos se conviertan también en ejemplo.

El profesor Gotthard a partir de experimentos previos puede decir que a las personas les interesa más que no los vean haciendo lo incorrecto a que los vean haciendo lo correcto, pues no quieren despertar repudio social. En ese sentido, es valioso aplaudir a los que hacen bien las cosas para que se motiven y lo continúen haciendo, y llamar la atención sobre los que no lo hacen para que cambien ese comportamiento negativo.

Aislamiento de mayores de 70 años: ¿debería ser una decisión consensuada?

Aislamiento de mayores de 70 años: ¿debería ser una decisión consensuada?

Desde el lunes 1 de junio se inició la flexibilización de la cuarentena indicada por el presidente Iván Duque en el marco del aislamiento por la COVID-19. El mandatario indicó que se permitiría la salida de los mayores de 70 años, quienes podrán realizar actividades al aire libre tres veces a la semana durante 30 minutos y con todos los protocolos de seguridad. También extendió el aislamiento obligatorio para los mismos hasta el 31 de agosto.

Estas medidas suscitan diversas preguntas frente a la autonomía decisoria de los adultos mayores en estas circunstancias. Esto es analizado por el profesor de la facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, Sergio Trujillo García, quien reflexiona sobre los retos a los que se enfrenta la sociedad con la llegada de la COVID-19 desde una mirada del comportamiento humano. Este especialista lleva más de 20 años trabajando con ancianos en diferentes hogares de Bogotá y municipios aledaños, y al ser el director de la práctica en el énfasis de Inclusión Narrativa con sus estudiantes de últimos semestres, ha tenido la oportunidad de entrevistar a muchas personas mayores, para así comprender sus posturas.

Para este psicólogo es importante aclarar que a la hora de tomar decisiones que afecten a las personas mayores se deben tener en cuenta sus perspectivas y sentimientos, abrir espacios de conversación donde ellos hagan parte de la toma de medidas que los involucren. “Nada sobre nosotros sin nosotros” es un dicho común que fundamenta esta idea, es primordial que no se decida nada sobre ellos, nada que los afecte a ellos, sin que sean tenidos en cuenta, explica.

También considera las diferencias que separan a cada adulto mayor y en ese proceso atenuar los estereotipos que se generan alrededor de ellos. “En nuestra sociedad hay unos prejuicios acerca del envejecimiento que nos hacen pensar que toda persona mayor está enferma, se está deteriorando y se va a morir; toman vejez y enfermedad como si fueran sinónimos”, comenta. Aunque efectivamente hay ancianos que dependen de otros para vivir en la cotidianidad, hay muchos que son autónomos y por lo tanto no se puede juzgar a los unos por los otros. “En un extremo estarían los adultos mayores dependientes, en el otro los adultos mayores autónomos, y en la mitad distintos grados de independencia. Cuando hablamos de trabajar con ellos no podemos tomar decisiones que los cubran a todos porque son muy diferentes, cada uno tiene unas particularidades muy especiales y tomar decisiones pensando en que todos son iguales es erróneo y arbitrario”, complementa Trujillo García.

Según cifras del Ministerio de Trabajo, un tercio de los adultos mayores en Colombia necesitan de sus actividades laborales para conseguir dinero y solo uno de cada tres logra pensionarse, lo que significa que muchos de ellos dependen económicamente de su autonomía laboral para tener acceso a una vivienda, servicios de salud, alimento, etc. Por esta razón, al decir que esta decisión se toma por el bienestar de los ancianos, no se reconoce que muchos de ellos no solo tienen la autonomía para salir, sino que además lo necesitan. “El derecho a la decisión, a la organización o a buscar de alguna manera mejorar la calidad de la vida a través del ejercicio de la libertad, es fundamental para los viejos y las viejas”, afirma el especialista.

En ocasiones se genera un paralelo con los niños, no solo porque se da una infantilización de los ancianos con apodos como “el abuelito” o “la ancianita”, lo cual limita su autonomía e invalida la capacidad que tienen de tomar decisiones sobre su propia vida, como sucede con los menores de edad. “Cuántas veces los padres de familia maltratan a los pequeños, pero les dicen que es por su propio bien y se tienen que aguantar. Lo mismo pasa con algunas de las decisiones para los adultos mayores, en los que ellos deben pensar que como lo están haciendo ‘por su propio bien’ entonces deben obedecer, pero al hablar con ellos están inconformes, les argumentan que como son más vulnerables están buscando la calidad de sus vidas, entonces es por su bienestar que lo hacemos, pero la realidad es que muchos de ellos quisieran vivir menos tiempo con tal de vivir bien”, complementa el investigador.

Además de esto, el Ministerio de Salud ha encontrado que a la fecha el grupo de los mayores de 70 años infectados por la COVID-19 en el país equivale alrededor del 10%, lo cual demostraría un efecto positivo de la cuarentena, sin embargo, las cifras de estrés, depresión y ansiedad en esta población se han disparado principalmente por el aislamiento, ya que muchos de ellos estaban acostumbrados a llevar vidas activas y a tener visitas frecuentes de sus familiares mientras que ahora se limitan a estar encerrados.

En esa medida el investigador aclara que la posición del gobierno de aislar a los mayores de 70 años no sucede desde una mirada egocéntrica, simplemente están operando desde una perspectiva diferente mediante la cual consideran esta opción como la más efectiva. Sin embargo, esto no significa que sea la mejor para el mantenimiento de la calidad de vida de todos los ancianos. Por esto, las últimas decisiones del gobierno colombiano resultan alentadoras para los adultos mayores, pues procuran respetar su autonomía y darles la posibilidad de salir de cada cierto tiempo con todos los cuidados recomendados. “Medidas que atenúan, pero no satisfacen el respeto por su dignidad, pues incluso comentan, como nuestro Rector de la Javeriana, que no ellos no son mascotas ni rebaño y que pueden autorregularse”, complementa Trujillo García.

Incluso dos de los afectados por la medida fueron el ex candidato presidencial Humberto De La Calle, y el ex alcalde de Cali, Maurice Armitage, quienes con otras personalidades interpusieron una tutela que busca tumbar esta medida de forma definitiva pues como se lee en la misma, estos decretos “están basados en un paternalismo inaceptable que no emplea con el conjunto de la población, por lo cual lo que se busca lograr con la medida no es válido y por lo tanto es inconstitucional, el aislamiento obligatorio para la población mayor de 70 años es una medida discriminatoria y desproporcionada.”

Como explica el investigador, “esta nueva decisión rebaja un poco una tan autoritaria como la anterior, y aunque crearon el decreto con la mejor intención de aplanar la curva y mitigar la pandemia, ciertamente en su momento se creó, no solo de manera inconsulta, sino que particularmente estricta para las personas mayores, para quienes es doloroso que los jóvenes tomen decisiones sin consultarlos y esto logra afectarlos en el largo plazo,” reconoce.

Por esta razón el psicólogo extiende una invitación a ser empáticos como sociedad con los adultos mayores, tener la posibilidad de ponernos en los zapatos del otro y de esa manera ir construyendo un diálogo para llegar a acuerdos que beneficien a todos por igual. “No es que haya una imposibilidad de comunicación, sino que se puede construir a través de la escucha activa y una mirada empática que favorezca la comprensión de la vida de los ancianos”, finaliza Trujillo.

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Un panel de expertos convocado por la revista Lancet evidenció la importancia del trabajo interdisciplinario para dar respuesta en forma eficiente a los diversos y crecientes problemas que surgen en medio de esta pandemia. Creemos que la necesidad de este llamado surge de una conceptualización fracturada del ser humano, una separación arbitraria y artificial de la salud física y la salud mental, que genera problemas a la hora de producir acciones para afrontar las múltiples consecuencias derivadas de los temas de salud en general y en particular de la crisis ocasionada por el Covid-19, las medidas de aislamiento y la recesión económica que empieza a vislumbrarse. Resulta evidente que necesitamos una perspectiva interdisciplinar, multidimensional y ecosistémica para dar soluciones que atiendan a la complejidad creciente del problema.

Aunque para muchos profesionales y para las entidades internacionales de salud resulta clara la artificialidad de la separación entre la salud física y psicológica, un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo, aún encontramos dificultades para articular en la práctica un concepto integral de salud, que se refleje en acciones efectivas en la formación, la investigación, el desarrollo de políticas públicas y, en especial, en la articulación del trabajo de profesionales en diversos campos de actuación.

La actual situación que atraviesa el mundo es un buen ejemplo de cómo las dinámicas comportamentales (los hábitos de alimentación de un grupo poblacional), pueden tener efecto en la salud (la trasmisión de un virus y el número creciente de muertos e incapacidad de respuesta del sistema de salud), la economía (la pérdida de empleos y quiebra de empresas, el deterioro de los ingresos de los trabajadores), la política (el deterioro de las democracias y las amenazas contra los derechos humanos, entre otros), la seguridad (el incremento de hurtos y otros delitos, parcialmente relacionados con la búsqueda de alimento y del aseguramiento de condiciones mínimas de supervivencia) y en las condiciones de riesgos denominados psicosociales, que favorecen el despliegue de comportamientos como el consumo de sustancias, los conflictos de pareja, las diversas formas de violencia intrafamiliar e incluso violencias que surgen de la convivencia en comunidades que, de nuevo, inciden en la salud, la economía, la política y otras áreas de la vida humana.

Consideremos un ejemplo, Perú, que a pesar de ser uno de los países de Latinoamérica que más oportuna y estrictamente estableció límites en el confinamiento, se ha convertido en el segundo país con mayor número de casos de COVID-19 del continente. Para entender esto, debemos tener en cuenta algunas dinámicas comportamentales.

Por ejemplo, el hecho de que sólo cerca de una quinta parte de las familias del país cuenten con un refrigerador se relaciona con la necesidad de buscar constantemente comida fresca, aunque quizás ¿es el aprecio por la comida fresca la que facilita que las familias no cuenten con refrigeradores? Las compras de los alimentos se realizan en mercados que se convirtieron rápidamente en focos de contagio, esta situación se empeoró con las restricciones que estableció el gobierno, buscando enlentecer la pandemia, en la apertura de estos mercados, que lejos de cumplir su cometido llevó a concentrar la aglomeración. Adicionalmente, se debe tener en cuenta que también influyen el hacinamiento, la informalidad y otras tantas variables que serían imposibles de enumerar. Es claro cómo las dinámicas para adquirir bienes básicos, la forma como preparamos nuestros alimentos y hasta los mismos elementos de nuestra dieta, pueden tener un efecto directo en la transmisión de un virus, incluso cuando este no se transmite en la comida.

Estamos presenciando cómo la expansión de un virus y las medidas que se han establecido para contenerlo están incidiendo en un aumento sistemático de trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático, así como también de la violencia, el consumo de alcohol y las conductas de autolesión. Se ha reportado un aumento en los factores de riesgo en salud tales como desconexión social, pérdida del sentido de vida, sensaciones de agobio y agotamiento por el cambio en las condiciones laborales, angustia ante la pérdida del empleo, baja de ingresos, deterioro de la calidad de vida y problemas derivados de la dificultad de elaborar duelos luego de las pérdidas al no seguir rituales culturales. Estos aspectos psicológicos tendrán una repercusión directa en la salud y la economía, dando inicio de nuevo a un ciclo de interacciones múltiples que se alimentará de forma permanente.

En el contexto de una visión ecosistémica, interdisciplinar, diferencial y multidimensional aparecen un sin número de preguntas y desafíos de investigación. Por ejemplo, estudiar la eficacia diferencial de las intervenciones en telesalud, en particular la teleorientación, como estrategia mediadora en la promoción y prevención de la salud, y la telemedicina, como herramienta para desarrollar el trabajo terapéutico, evaluando su utilización en atención psicológica, contención emocional e incluso acompañamiento. Se identifica también la necesidad de evaluar el efecto que tiene la mediación virtual en el desarrollo de vínculos afectivos y su efectividad como alternativa para el fortalecimiento de redes de apoyo social, al igual que los efectos del teletrabajo en la salud.

De igual modo, estas perspectivas también exigen nuevas condiciones. Es ineludible diseñar nuevas infraestructuras de conocimiento, organizacionales, tecnológicas e incluso sociales que permitan la evaluación, intervención e investigación interdisciplinaria. Es necesario establecer controles éticos sobre el quehacer de los profesionales y demarcar los límites de lo que podemos hacer, en cuanto al efecto que tiene en las comunidades, en razón de su eficacia y efectividad. El uso que se le ha dado a las tecnologías como estrategia de evaluación de la expansión del virus abre un debate sobre la privacidad, lo cual tiene también importantes connotaciones psicológicas y sociales.

Igualmente, es preciso pensar estrategias de comunicación y de rendición de cuentas a la sociedad. En este sentido, hoy, como nunca, estamos viendo que los procesos de transferencia responsable de conocimiento son una parte determinante de la supervivencia de la sociedad. Se ha hecho certera la necesidad de fortalecer las estrategias de comunicación, de manera que permitan, en forma más inmediata, conocer las necesidades de las personas y las comunidades, identificar sus carencias y recursos, y hacer un seguimiento a la compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales que tienen.

Estamos, por tanto, ante un momento en el que se requiere asumir una perspectiva ecosistémica, multidimensional, interdisciplinar y transdisciplinar, que permita generar, desde ese mismo enfoque, investigación e intervención, de forma que sea inevitable un dialogo entre académicos y profesionales de diversos campos y se construyan soluciones que realmente den cuenta de la compleja y critica coyuntura que estamos transitando.

*Wilson López López: Profesor titular de la Universidad Javeriana. lopezw@javeriana.edu.co
**Pedro Pablo Ochoa: Director del equipo de respuesta psicológica frente al Covid-19 en Colombia. Colegio Colombiano de Psicólogos.

Migración y salud: el reto nacional en época de coronavirus

Migración y salud: el reto nacional en época de coronavirus

Desde que se conoció la existencia del coronavirus procedente de Wuhan, China, la Organización Mundial de la Salud dio a conocer una serie de recomendaciones para la población viajera alrededor del mundo, como por ejemplo la obligación de solicitar atención médica en caso de presentar síntomas respiratorios agudos antes, durante o después de su tránsito. Sin embargo, con el paulatino crecimiento del número de personas contagiadas de COVID-19, el gobierno colombiano tomó la decisión de cerrar sus pasos fronterizos desde el 17 de marzo de 2020 hasta el próximo 30 de mayo.

Cancillería y Migración Colombia adoptaron medidas como la repatriación de migrantes a sus países de origen y el contacto con ciudadanos colombianos en el exterior. Recientemente, cerca de 600 ciudadanos venezolanos retornaron a su país por el Puente Internacional Simón Bolívar mediante la implementación de un corredor humanitario, previo al paso para el país vecino la Secretaría de Salud de Cúcuta les hizo a los migrantes venezolanos un chequeo médico con el fin de que no arriesgaran su integridad al intentar cruzar por pasos no autorizados.

Pesquisa Javeriana conversó con Andrés Cubillos-Novella, doctor en Estudios Internacionales e Interculturales y máster europeo en Migraciones, Conflictos y Cohesión Social de la Universidad de Deusto (España), sobre la población migrante en Colombia, su condición ante la pandemia y el estado actual del sistema de salud para afrontar la actual crisis sanitaria, a propósito del foro ‘Acceso a los servicios de salud para la población migrante en Colombia: retos y perspectivas’, que se realizó este lunes 20 de abril.

Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es la situación actual de los migrantes en Colombia con relación al sistema de salud? 

Andrés Cubillos: Hoy en día tenemos más de un millón 700 mil migrantes en Colombia, de los cuales cerca de un millón está en condición de irregularidad, lo que afecta su acceso a los servicios de salud. Por eso, es importante saber qué está pasando con esta población, específicamente en temas asociados con enfermedades no transmisibles, enfermedades transmisibles y su salud mental.

PJ: A propósito de la salud mental, ¿existen efectos psicológicos, producto del aislamiento preventivo en la población migrante venezolana?

AC: El confinamiento ha afectado la vulnerabilidad de las poblaciones ubicadas en zonas de frontera, ya que muchas se ven en situaciones de hacinamiento, desprotección e inclusive a futuro generando condiciones de precariedad, pánico, violencia y xenofobia -rechazo al extranjero-; además de la generación de aporofobia, que en palabras de Adela Cortina es el rechazo al pobre o al extranjero pobre. Sin ninguna duda el aislamiento preventivo está afectando la salud mental de los migrantes con ansiedad, angustia y depresión, debido a la precariedad en la que muchos de ellos viven.

 

Antes del cierre de la frontera existió una migración pendular que varía entre 34.000 y 40.000 personas pasando entre Colombia y Venezuela en un solo día.

 

PJ: ¿Qué medidas debería tomar el Gobierno para mitigar estos efectos?

AC: Fortalecer las redes familiares de los migrantes para apoyar su reunificación y mantener ese contacto a través de redes virtuales; es decir, apuntarle al ‘transnacionalismo’ que consiste en conservar la relación entre el extranjero y su población de origen.

En este momento, el Ministerio de Salud y Protección Social ha diseñado planes, lineamientos y estrategias. Ejemplo de ello es la creación del Plan de Respuesta Sectorial al Fenómeno Migratorio, el Conpes 3950, que establece estrategias de atención en salud, educación, primera infancia y adolescencia en relación con trabajo, vivienda y seguridad social para población migrante y la apertura de las líneas 123 y 192 para su atención.

PJ: ¿Cómo se podría acompañar a la población migrante en la actual crisis?

AC: Lo primero es entender que ser migrante no significa ser portador de la COVID-19. Segundo, tener en cuenta que nosotros también fuimos un país con población en el exterior, por lo cual la sensibilidad por los migrantes debería estar presente. Lo tercero es saber que muchos de los migrantes venezolanos han apoyado el desarrollo del país en la medida de sus posibilidades. Es necesario tener sensibilidad con quien sea en condición de vulnerabilidad, con los colombianos, con los no colombianos, con todo el mundo.

PJ: ¿Qué significa que un migrante esté en situación de regularidad e irregularidad? 

AC: La regularidad o irregularidad de una persona la define la posibilidad de estancia en un país, la cual puede ser acordada entre países. En el marco de la Unión Europea, las personas se pueden mover entre sus fronteras en condición de regularidad debido a acuerdos binacionales. Pero para el caso de los venezolanos en Colombia la situación es diferente, ya que la mayoría de los ciudadanos que pasan el punto de frontera no tienen pasaporte, el Permiso Especial de Permanencia (PEP) -creado para regularizar a esta población en el territorio nacional- o la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), les permite a circular entre ambos países de manera regular. Hoy en día hay en Colombia más de un millón de migrantes venezolanos irregulares, lo que limita el acceso a servicios sociales.

PJ: En ese sentido, el acceso a los servicios de salud es muy limitado para quienes son migrantes en condición de irregularidad, ¿inclusive en medio de la actual crisis sanitaria?

AC: Si. Aunque la capacidad de respuesta del país es limitada cada vez más por la situación de contingencia social en la que nos encontramos, la priorización de la prestación del servicio de salud en urgencias para cualquier habitante del territorio es un compromiso, un acuerdo internacional que está consignado en Constitución y la Ley 100, indistintamente de dónde venga la persona.

 

La frontera internacional de mayor extensión que tiene Colombia es con Venezuela: son 2.219 kms con un territorio absolutamente permeable.

 

PJ: El creciente número de contagiados por COVID-19 en Latinoamérica ha generado un tipo de éxodo de los migrantes, usando a Colombia como un corredor para regresar a sus zonas de origen. ¿Cómo se debería entender esa situación?

AC: La razón por la cual los migrantes venezolanos que intentaron ingresar al territorio ecuatoriano hace algunos días no pudieron hacerlo es porque Venezuela no forma parte de la Comunidad Andina, lo que genera una barrera para acceder a este país. De esta forma, los acuerdos internacionales evitan la circulación de venezolanos hacia el resto de América Latina, lo que se convierte en una migración embudo acá en Colombia. Solo por dar otro ejemplo, en Chocó y Antioquia existe población migrante asentada en el territorio intentando llegar a países centroamericanos. Además, la actual situación de pandemia ha exacerbado el retorno de los migrantes venezolanos hacia su país, lo cual ha sido evidente en las noticias de los últimos días.

PJ: ¿Cómo está avanzando el Gobierno en materia de retorno de los migrantes a sus lugares de origen?

AC: En el caso de los migrantes venezolanos, se han hecho corredores humanitarios a través de acuerdos binacionales entre Colombia y Venezuela para que regresen a su país, pero también se está trabajando para que la población procedente de Haití, de Belice y de otros países retorne.

PJ: ¿Qué hace que una persona tome de la decisión de migrar?

AC: Esto obedece a que en muchos casos la gente migra hacia contextos mucho más ricos y prósperos y emigra de contextos donde la condición y la calidad de vida no es adecuada para poder continuar con su proyecto de vida.

En el caso de Colombia, las políticas, el conflicto armado y su situación económica hicieron que desde 1960 parte de sus habitantes migraran a países europeos como España y Alemania, y en la región EE. UU. y Venezuela (solo por dar unos ejemplos), buscando una mejor calidad de vida. Con los años, mucha de esta población retornó del exterior. Pero  desde el año 2014 el país empezó a recibir un volumen de migrantes procedentes de Venezuela que como sugiere el Conpes 3950 podrían no solo ser venezolanos, sino también población colombiana retornada.

PJ: Finalmente, ¿qué nos puede decir del foro ‘Acceso a los servicios de salud para la población migrante en Colombia: retos y perspectivas’, ¿que se realizó este 20 de abril?

AC: Lo que hicimos, junto con la Red de migración y Salud, con el apoyo de Lancet Migration e investigadores de universidades nacionales e internacionales, fue mirar el tema de acceso a los servicios de salud por parte de la población migrante en Colombia y otras latitudes, con el fin de establecer, en cierta medida, un análisis a partir de las estrategias que ha tomado el país para la inclusión de esta población en el contexto nacional. Fue una jornada muy provechosa y concurrida e invito a quienes no pudieron estar presentes para que la vean. Ingrese aquí para ver la transmisión.

¿Cómo se maneja un paciente con la enfermedad de Parkinson en el aislamiento preventivo?

¿Cómo se maneja un paciente con la enfermedad de Parkinson en el aislamiento preventivo?

Según la Asociación Colombiana de Neurología (ACN), en el país hay más de 220.000 personas que padecen párkinson. Teniendo presente que el sábado 11 de abril se celebró el Día Mundial de esta enfermedad, la investigadora Catalina Cerquera Cleves, en diálogo con Pesquisa Javeriana, afirma que no hay evidencia científica para comprobar que tener esta enfermedad de base aumente el riesgo de contagio de COVID-19.

¿Qué es el párkinson? Es una enfermedad neurodegenerativa que afecta al sistema nervioso central, provocando dificultades como rigidez, temblor, lentitud de movimientos, entre otras. Las personas que la padecen no producen suficiente dopamina en el cerebro (neurotransmisor encargado de posibilitar la función motora en el cuerpo y la expresión de las emociones).

Cerquera Cleves, neuróloga especialista en párkinson y trastornos de movimiento del Hospital San Ignacio y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, recomienda recurrir a los comunicados oficiales de la Asociación Colombiana de Neurología (ACN). “Tampoco se ha comprobado que si una persona con párkinson se infecta por coronavirus, esta tiene un riesgo mayor de verse afectada a largo plazo solamente por el hecho de tener la condición neurodegenerativa. Lo que sí sabemos es que la mayoría de pacientes son mayores de 60 años, quienes son población vulnerable por su edad. Eso es diferente a decir que sea como tal por el padecimiento”, manifiesta.

Además, la investigadora aclara que el consumo de medicamentos necesarios para los pacientes como la Levodopa (comúnmente utilizada como sustituto de la dopamina) no aumenta el riesgo ni genera complicaciones frente al virus. Destaca que no hay diferencias inmunológicas en sujetos con párkinson, comparándolos con aquellos que no tienen la condición.

Sin embargo, los cuidados que se deben tener sí son los mismos que aquellos sugeridos a la población general. “En caso de que los pacientes sean mayores a 60 años, deben cuidarse como cualquier adulto mayor. Es decir, lavarse las manos frecuentemente, estar en aislamiento social, evitar las visitas”, explica. A la hora de salir a la calle, recomienda contar con la ayuda de un familiar que pueda hacer el mercado y conseguir los medicamentos. Si es extremadamente

necesario movilizarse, el paciente debe acatar las normas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como usar tapabocas y mantener una distancia de mínimo un metro con otras personas.

Algunos de los síntomas secundarios de esta enfermedad son ansiedad y depresión, los cuales se pueden agudizar durante la cuarentena. Como especifica la doctora Cerquera, para cualquier persona es difícil estar en su casa las 24 horas del día sin poder salir, pero en los pacientes con párkinson esto se vive todavía peor.

“En estos casos, es importante no dejar de tomar los medicamentos usuales, porque eso puede empeorar los síntomas motores y psiquiátricos. Lo otro es apoyarse en sus familiares; desde la red de apoyo del paciente se debe estar muy pendiente de ellos, tratar de comunicarse por videollamadas de manera frecuente y comer bien. Tampoco hay que dejar de estar activo dentro de la casa, es decir, hacer ejercicios como estiramientos y entrenamientos adecuados para cada persona según su edad y las recomendaciones del médico”, aclara.

Cerquera también invita a realizar actividades que sean novedosas para el paciente como practicar tenis de mesa, pintar, bordar, hacer rompecabezas o retarse con juegos de computador, ya que es fundamental mantener la mente ocupada y así evitar que la ansiedad o depresión puedan empeorar durante el aislamiento.

Hay pacientes de párkinson que tienen entre 40 y 50 años, por lo que estas personas pueden realizar labores de oficina y que en este momento están teletrabajando. La investigadora afirma que ellos deben mantener una rutina determinada y llevar a cabo sus labores con normalidad.

Para esto recomienda establecer un cronograma con horarios fijos para toda la semana. “Es decir, no es ver a qué horas me levanto y a qué hora desayuno, o cómo pasa el día; es establecer horarios y una agenda para toda la semana; levantarse siempre a la misma hora, comer a las mismas horas”, complementa.

Los pacientes que viven con familiares y cuidadores tienen un apoyo fundamental. Cerquera reitera que es clave realizar actividades como cocinar y distraerse con juegos de mesa, además de hacerles sentir útiles en el hogar.

Por último, ella recuerda que es importante tener calma y acompañar a quienes padecen esta enfermedad. Aunque hay muchos pacientes que viven solos, la idea es no exponerlos a un mayor riesgo de contagio al virus visitándolos constantemente. No obstante, es importante como familiar o amigo apoyarlos y estar pendiente de cualquier eventualidad durante el aislamiento. “Tratar de comunicarse con la persona lo más que sea posible, si se puede hablar por videollamada, estar chequeando siempre cómo está, y si es necesario, ir a hacer intervenciones a través del personal médico autorizado”, puntualiza.

Si tiene más dudas o preguntas al respecto, acceda al blog de la Asociación Colombiana de Neurología.

Actividad física, la mejor aliada en la cuarentena

Actividad física, la mejor aliada en la cuarentena

Uno de los efectos de la actual cuarentena generada por la COVID-19 es la limitación de espacios y la restricción para hacer actividades al aire libre. Esto afecta directamente la actividad física que hacen las personas, pues si bien muchas no tienen una rutina de ejercicios definida, sí existía al menos la necesidad de caminar para ir a colegios, trabajo u otros lugares. Por esa razón la Organización Mundial de la Salud y el Colegio Americano de Medicina del Deporte recomiendan una rutina de ejercicio mínimo tres veces por semana o más de 75 minutos en el mismo período de actividad física vigorosa.

Lo primero es conocer qué es actividad física. Es cualquier movimiento de los huesos y los músculos que genere un gasto energético. En este sentido, actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o incluso barrer, se pueden entender como actividad física. Y aunque su nombre lo define como una acción del cuerpo, también tiene beneficios para la salud mental de las personas.

Marlucio de Souza, docente investigador de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, explica que hacer ejercicio disminuye la ansiedad que puede generar el encierro, pues produce hormonas de sensación de bienestar como endorfina, dopamina, serotonina, las cuales reducen el estrés, el sedentarismo, la irritabilidad y los síntomas de la depresión. Como efectos físicos aumenta la producción cerebral, previene problemas cardiorrespiratorios, aumenta la masa muscular, fortalece el sistema óseo y acorta la probabilidad de diabetes.

Con esta cantidad de beneficios para mente y cuerpo, De Souza recomienda aprovechar la cuarentena para fortalecer la actividad física en casa. Sin embargo, es necesario tomar precauciones, pues hacer ejercicio de forma inadecuada puede generar lesiones. Lo primero que recomienda el investigador es hacer una autoevaluación del estado físico. Este primer paso es fundamental para que cada persona sea consciente de sus capacidades. En él se debe tener en cuenta si realiza ejercicio de forma regular, con qué intensidad, si siente dolores o molestias en músculos o articulaciones o si tiene problemas cardiorrespiratorios. A partir de esta autoevaluación se toman decisiones sobre los objetivos y el tipo de actividades que debería hacer.

Para las personas que no tienen una rutina, este especialista recomienda hacer ejercicios calisténicos durante las primeras semanas. Estos son lo que usan el propio peso corporal y que no generan sobrecarga muscular. Entre ellos están las sentadillas, las flexiones, las barras, saltar lazo y los abdominales. Luego se incorpora, progresivamente, peso adicional para ganar masa muscular; también se puede aumentar la duración y la intensidad. Además, se pueden usar elementos cotidianos, pero siempre manteniendo una postura correcta. Por ejemplo, un palo de escoba serviría para hacer estiramientos, para ajustar posición y hacer yoga; los libros pueden usarse para hacer ejercicios de fuerza, y balones y pelotas para hacer rutinas de coordinación.

Para las personas que ya tienen una rutina de ejercicio es muy importante mantenerla, buscando actividades que sustituyan aquellas que se realizan al aire libre o en gimnasios. Sea cual sea el nivel de exigencia, se recomienda involucrar acciones cardiorrespiratorias, de fortalecimiento muscular, estiramiento y flexibilidad. Cabe tener en cuenta que el tiempo de duración, intensidad y volumen estén dentro de las capacidades de cada persona.

Pero si no tiene mucha experiencia en actividad física, hay herramientas tecnológicas que podrían ayudar como aplicaciones, rutinas o videos tutoriales. Estas ayudas son útiles como una guía, pero es clave hacer seguimiento a la respuesta del propio cuerpo. Durante todo ejercicio es importante monitorear la frecuencia cardiaca. La fórmula más tradicional para medirla es: 220 menos la edad. Ese es el número máximo de latidos por minuto a la que puede llegar cada persona. Para la actividad física en casa el investigador recomienda trabajar entre 60% y 70% de su frecuencia cardiaca. Esta sería una actividad moderada que no supone riesgos.

Existen también otras alternativas para quienes quieren actividades más “informales” y es la posibilidad de hacer ejercicios en pareja o grupos, en los que se pueden incluir a miembros de la familia o compañeros de vivienda. Un ejemplo de estos es el reto que el profesor De Souza envió recientemente a sus alumnos. Estas son rutinas lúdicas que fortalecen lo cardiorespiratorio y la coordinación.

Una sugerencia adicional: el baile. En él pueden participar niños y personas mayores, cada uno haciéndolo según sus capacidades. Además, es de gran ayuda para fortalecer los lazos con las personas con las que se comparte la cuarentena.

Finalmente, De Souza recomienda:

  • Tener un espacio para hacer las actividades.
  • Una vestimenta adecuada y cómoda.
  • Mantenerse hidratado.
  • Mantener una rutina. Cada día puede hacer un ejercicio diferente.
  • Incluir a otras personas, preferiblemente.

Mantener una alimentación balanceada según el gasto de energía.

Para tener una mente sana, ¿mejor el campo o la ciudad?

Para tener una mente sana, ¿mejor el campo o la ciudad?

Mayores niveles de pobreza llevan a que las personas sean propensas a tener más enfermedades mentales. Esta era una premisa que se daba por cierta en Colombia hasta hace poco, cuando un análisis hecho por investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana demostró que la realidad es otra.

El estudio, liderado por la epidemióloga Esther de Vries y el médico psiquiatra Carlos Gómez-Restrepo, analizó la relación entre la calidad de la vivienda y la prevalencia de enfermedades mentales, a partir de los datos recolectados por la Encuesta Nacional de Salud de 2015, según la cual en el campo y, particularmente, en zonas apartadas, las peores condiciones de vivienda están asociadas con menores niveles de depresión y ansiedad, es decir, que allí gozan de mejor salud mental.

El análisis tuvo en cuenta a 9.656 encuestados y se observó que en áreas urbanas la prevalencia de ansiedad y depresión fue de 9,6%, mientras que en áreas rurales fue de 6,9%.“Curiosamente, dentro de las áreas rurales, las personas que viven en ‘centros poblados’ ―pueblos pequeños― tienen una mayor prevalencia de cualquier trastorno mental en comparación con los que viven más aislados, en áreas dispersas”, indican los investigadores.

Entre los trastornos mentales que se tuvieron en cuenta están los depresivos, el afectivo bipolar, de ansiedad, pánico y fobia social. Por otro lado, para medir las condiciones de la vivienda, se tuvieron en cuenta aspectos contemplados en la medición del índice multidimensional de pobreza, como el acceso al sistema de alcantarillado, si el baño estaba ubicado dentro de la casa, el tipo de acceso al agua, el material principal de los pisos y las paredes, el suministro de electricidad y la recolección de basura.


Posibles explicaciones

Pese a que el estudio no se centra en el porqué del hallazgo sino que da cuenta de la asociación estadística entre condiciones de vivienda y enfermedad mental, los investigadores proponen algunas hipótesis. Entre ellas, que en el ámbito rural los lazos interpersonales son más fuertes. Las personas de una misma familia tienden a vivir muy cerca y, por lo tanto, este soporte emocional puede ser un factor de protección para la persona frente a la depresión y la ansiedad.

De Vries y Gómez-Restrepo se refieren a estudios que asocian el estrés a la competencia social ―es decir, cuando las personas se comparan con otras en términos socioeconómicos―, un factor muy común en las ciudades. “En el campo, el medio no es tan propicio para la comparación, porque casi todos los vecinos tienen las mismas características en términos socioeconómicos: se dedican a actividades económicas similares, los lazos entre personas son más estrechos y hay mayor colaboración entre las personas”, señala Gómez-Restrepo, quien actualmente es el decano de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana.

En las ciudades, la competencia social y laboral se asocia al estrés de sus habitantes. / iStock
En las ciudades, la competencia social y laboral se asocia al estrés de sus habitantes. /iStock


El impacto del conflicto armado

Frente al hallazgo, los investigadores contemplan la posible incidencia del cese de la violencia en el campo a raíz de los diálogos de paz: “Cuando se realizó la encuesta, ya había disminuido bastante el conflicto armado y eran más tranquilos los sitios donde se tomaron las muestras, esto quizás pudo haber influido”.

El conflicto y, en especial, el desplazamiento forzado son posibles factores que tienden a aumentar los niveles de las enfermedades mentales en el ámbito urbano, pues las poblaciones que llegan a la ciudad pierden los lazos de apoyo, como amigos y vecinos, y, en general, se encuentran desconectadas de la sociedad.

Por otro lado, más allá de los migrantes, se encontró que en las áreas urbanas los factores asociados con las enfermedades mentales contemplan aspectos como el haberse separado de un compañero sentimental, tener un título universitario y no estar afiliado al sistema de seguridad social.

“Tanto en el ámbito rural como en áreas urbanas, se encontró que las enfermedades mentales están asociadas con la disfunción familiar, no tener con quién hablar de los problemas personales y haber experimentado conflictos armados”, explican los investigadores.


Más hipótesis

De acuerdo con la investigación, es posible que las altas exigencias de la vida laboral en la ciudad, así como conducen a un mejor nivel de vida, también produzcan otro tipo de consecuencias. “Tenemos la hipótesis de que entre los profesionales altamente capacitados la salud mental es cada vez más importante para su desempeño, lo que puede ser el motivo por el que observamos más ansiedad y depresión en las clases socioeconómicas más altas ―las que tienen la mejor calidad de vivienda―”, indica De Vries.

Los valiosos resultados de este estudio dejan, así, una variedad de temas para un análisis profundo de cómo y por qué las características de las viviendas que habitamos y de su entorno tienen consecuencias en nuestra salud mental.

 


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Housing Index, Urbanisation Level and Lifetime Prevalence of Depressive and Anxiety Disorders: a cross-sectional analysis of the Colombian national mental health survey
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Carlos Gómez-Restrepo y Esther de Vries
COINVESTIGADORES: Carlos Javier Rincón, Nathalie Tamayo Martínez, Nelcy Rodríguez, Henning Tiemeier, Johan P. Mackenbach, Carol C. Guarnizo-Herreño
Facultad de Medicina
Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2017