Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Col David Suárez

La negociación del salario mínimo entre el gobierno, los gremios y los sindicatos es una ceremonia que nos recuerda cada diciembre a Nietzsche cuando hablaba del eterno retorno de lo igual: las partes llegan a la mesa con propuestas para el aumento que difieren considerablemente; luego, el gobierno presenta un balance de la economía y revela los cálculos de productividad e inflación en aras de acercar las expectativas, para, al final, dar paso a las discusiones que desembocan la mayoría de las veces en un desenlace conocido, con mayores o menores variaciones en su desarrollo: el fracaso de la negociación y la determinación del salario mínimo por decreto (algunas veces, sin embargo, las partes llegan a un acuerdo, como el que anunció el presidente Duque en días pasados: en los últimos 18 años, ese consenso se alcanzó solamente en seis ocasiones).

Para dificultar aún más el ya complicado asunto, el gobierno actual logró la aprobación en el Congreso de una nueva reforma tributaria que tiene como núcleo la reducción de impuestos a las empresas: se reduce la tarifa del impuesto corporativo y se marchita la renta presuntiva en los próximos años; se permite el descuento por pagos de IVA en bienes de capital sobre el impuesto de renta; se establece un régimen especial de tributación para grandes proyectos (mega inversiones) a expensas de revivir el instrumento de dos caras que son los contratos de estabilidad tributaria; y se establecen beneficios tributarios considerables para sectores específicos sin mayor justificación, a partir de la idea curiosa pero difusa (ahí está su peligro) de la economía naranja.

Esta reforma nunca se presentó de forma clara, y en medio del frenesí del gobierno para buscar el financiamiento de su primera lista de compras, cambió radicalmente en los últimos cuatro meses y dio para todo: en su primera versión, la ley buscaba compensar los recursos que dejan de pagar las empresas aumentando lo que pagaba la clase media en IVA, lo que de inmediato generó preocupaciones sobre su impacto en los salarios y dejó como estela iniciativas que se tramitan en el Congreso para facultar aumentos extraordinarios del salario mínimo desde el ejecutivo y primas focalizadas en los trabajadores de más bajos ingresos, que desconocen las dinámicas del mercado laboral de nuestro país y que se administrarán (de ser aprobadas) a través de un sector financiero que hace esfuerzos por acercarse a la población pero es visto con recelo por gran parte de ella.

Aunque es un hecho que las empresas en Colombia pagan en impuestos una proporción mayor con relación a los estándares internacionales, y que los niveles de informalidad rampante pasan constante factura a las dinámicas del mercado laboral, en Colombia la competencia tributaria desatinada se mezcla con el sistemático error de utilizar la productividad total de los factores en vez de la productividad media del trabajo cuando se calcula el alza del mínimo (lo que explica en gran medida las diferencias entre las propuestas de gremios y sindicalistas), deprimiendo la demanda agregada y concentrando cada vez más la carga tributaria en los trabajadores y sus salarios en favor de los rendimientos del capital y de ganancias poco estructurales y relativamente exiguas en competitividad, crecimiento económico o mejoras en los indicadores de desigualdad.

La búsqueda de la competitividad no pasa solo por ser un destino con tarifas tributarias atractivas o mano de obra barata, y el gobierno aparentemente lo sabe: el lema de la administración del nuevo presidente durante su campaña era “menos gasto público, menos impuestos, más salarios”. Más allá de este lema, el resultado de la negociación es favorable como ejemplo de consenso, pero puede ser una oportunidad perdida para que se consigan aumentos importantes que repercutan en el bienestar del trabajador y se redistribuya un poco el beneficio dado a la población de más ingresos entre los miembros de la sociedad que, de una u otra forma, hacen posible su riqueza.

La protección al trabajador, y más ante las incertidumbres de los tiempos en que vivimos, debe ser una de las prioridades de toda sociedad que se precie de ser justa, y en ese sentido el salario mínimo se vuelve una de las premisas de lo que se conoce como “trabajo decente”. Más allá de los efectos que este popurrí fiscal tuvo en la negociación, el tema merece un análisis más reposado y de más contenido: ¿qué pasa con los contratos temporales, que no se rigen por el Código de Trabajo y se pueden firmar por valores inferiores al mínimo? ¿La determinación del salario responde solamente a la productividad del trabajador? ¿Qué pasará cuando la subsistencia dependa cada vez menos del trabajo, como resultado del desempleo tecnológico? ¿Es el salario mínimo la única herramienta para garantizar un piso digno de ingresos?


Coletilla.
Más allá de los métodos para calcular los ajustes, que parten del supuesto discutible pero operativo de la función tipo Cobb-Douglas, preocupan los resultados obtenidos: el ajuste del salario mínimo real teórico no alcanza a ser ni del 2%.

 


*Economista, docente y asesor tributario del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana.

Sebastián Velandia: los mensajes que dicta el silencio

Sebastián Velandia: los mensajes que dicta el silencio

Desde hace muchos años, a Sebastián Velandia Campos lo acompaña una frase que celosamente guarda en su billetera: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. El enunciado de El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, es para Sebastián un mensaje tan cercano a su vida que lo convirtió en una impronta que guía sus pasos.

“Creo mucho en el aporte de todos los jóvenes a la sociedad, no importa la forma. Yo puedo aportar y transformar realidades”, comenta. Pero el del cronista uruguayo no es el único mensaje que lo ronda. Este bugueño, que en octubre de 2016 se graduó de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, es un hombre de mensajes, tanto los que aplica en su cotidianidad como aquellos que considera su deber multiplicar entre los demás para despertar la sensibilidad.

En esa última categoría cabe justamente el mensaje que, desde su mundo de silencio, su hermano Santiago le ha transmitido toda la vida y que de alguna manera le dio sentido a su encuentro con la investigación. “Mi hermano presenta una situación de discapacidad auditiva profunda y, aunque solo hay tres años de diferencia entre los dos, no hemos podido acceder a una oferta educativa igualitaria. Él todavía está terminando el bachillerato y yo ya egresé de una carrera”, enfatiza.


La investigación como forma de divulgar mensajes argumentados

En medio de una formación meritoria ­­–estudió en la Javeriana con la Beca Magis 2012-2016 por sus logros académicos e hizo un semestre internacional en la Pontificia Universidad Católica de Perú, gracias a otra beca ofrecida por la Plataforma Alianza del Pacífico 2015, del Ministerio de Educación de ese país–, Sebastián ha fortalecido su construcción profesional con esos mensajes que tanto valora: “Los economistas debemos ser agentes sociales que analizan las problemáticas y aportan a la transformación de las realidades de las poblaciones más vulnerables, como las personas en condición de discapacidad que, según estudios, tienen mayor propensión a la pobreza y menor participación política, social y económica”.

En esa ruta, la actividad científica, fue para Sebastián una herramienta para comunicar mejor su relato. Desde el Semillero de Investigación en Economía y su énfasis en Políticas Sociales, elaboró el trabajo “Análisis multinivel y experimental del acceso a la educación superior para personas en condición de discapacidad en Cali”, junto a su compañera Melissa Ramírez y bajo la dirección de la profesora Maribel Castillo.

El ejercicio trascendió hasta llevarlo al Concurso Nacional de Ponencias Jesús Antonio Bejarano, en 2016, donde expuso en el marco del Congreso Nacional de Estudiantes de Economía. “Mi objetivo era ofrecer a economistas evidencia científica y social que demostrara la importancia de trabajar por esta población”. Además del tercer lugar obtenido, Sebastián descubrió a través de la experiencia que “la investigación puede promover, alentar y persuadir a la sociedad para la adecuada toma de decisiones en los ámbitos económico, social y político, y puede expresarse en políticas públicas”. Con esa certeza, este joven de 23 años guía actualmente su vocación de investigador.

Hoy en día Sebastián es joven investigador del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Javeriana Cali, y acaba de lograr una beca en España para continuar sus estudios en desarrollo local e innovación territorial en la Universidad de Alicante.

¿Qué hay de nuevo?

¿Qué hay de nuevo?

Biodiversidad en la memoria nacional

Por: María Daniela Vargas Nieto | Fotografia: Guillermo Santos | La Colección Biológica Javeriana contiene muestras de migroorganismos, plantas, insectos, peces, reptiles y mamíferos, entre otros.

¿Qué tienen en común el oso de anteojos, el tiburón martillo gigante, la guacamaya verde y el cangrejo sabanero? Todas son especies que enriquecen la biodiversidad del país, conservan información única y están en peligro de extinción. Para preservar todo el conocimiento que ofrece este patrimonio, la Colección Biológica Javeriana ha abierto sus puertas con una de las más grandes selecciones biológicas conocida hasta el momento.

Está compuesta por tres grandes grupos: Microorganismos, Herbario y Museo Javeriano de Historia Natural, con más de 1.808 especímenes de mamíferos, 956 de reptiles, 6.866 lotes de peces, 19.207 de artrópodos, 525 de microorganismos y 26.837 ejemplares de plantas. La muestra está a cargo de un grupo docente académicamente calificado y cuenta, además, con una infraestructura eficiente y condiciones de temperatura y humedad adecuadas que garantizan su preservación.

La colección sustenta tres ejes de trabajo en relación con los objetivos que plantea: la investigación, con el fin de incentivar el estudio científico a partir de las especies colectadas; la docencia en cuanto trabajo conjunto entre profesores y estudiantes, y, por último, el servicio, pues se comporta como una biblioteca biológica: responde inquietudes externas sobre el contenido del mismo repositorio.

A partir de un proceso de formalización ante el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, la Colección Biológica de la Universidad Javeriana se posiciona como una de las bibliotecas naturales más importantes de Colombia en permanente construcción, e incentiva la investigación, análisis y participación sobre el ecosistema nacional.

Economía del Valle por encima del promedio nacional

La economía del Valle del Cauca crece 3,8% por encima del promedio nacional, según el índice de actividad económica IMAE, desarrollado por la Universidad Javeriana Cali y el Banco de la República.

Por: Diana Milena López Duque

De acuerdo con el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), el segundo trimestre de 2015 reveló que el crecimiento del PIB en el Valle del Cauca fue ligeramente mayor que el del trimestre inmediatamente anterior. De continuar esta tendencia, el acumulado del PIB del departamento podría cerrar con un crecimiento de 4,1% en el 2015, lo cual constituye un crecimiento por encima del promedio nacional.

El IMAE es una herramienta diseñada por los investigadores Pavel Vidal y Lya Sierra de la Universidad Javeriana Cali, y Jaime Collazos y Johana Sanabria del Banco de la República. Permite elaborar un pronóstico para la tasa de crecimiento del PIB a través del monitoreo de las condiciones de la economía del Valle del Cauca y dar cuenta de la situación en tiempo real, información útil para la toma de decisiones de los diferentes sectores de la economía y del gobierno regional.

De las variables que componen el IMAE, se concluyó que los sectores de la construcción, industria y venta de vehículos jalonaron la economía del departamento, mientras que la tendencia de la caña molida, el consumo de energía del sector no residencial y el comercio exterior presentaron resultados discretos o negativos.

Según los investigadores, “aunque el PIB es usualmente utilizado para conocer las condiciones económicas de un país o región, a nivel departamental su publicación es anual y tiene un rezago de 10 meses, lo cual dificulta tener un conocimiento en tiempo real sobre la situación económica en una de las regiones que más importancia estratégica tiene para el país, pues constituye la puerta a las relaciones comerciales con Asia y toda la costa pacífica de Canadá, Estados Unidos y América Latina”.

El IMAE, que desde este año se usa en el Valle del Cauca, también puede utilizarse en otros departamentos de Colombia.


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