Un recorrido histórico por los Premios Nobel

Un recorrido histórico por los Premios Nobel

Con el anuncio de que los médicos estadounidenses William G. Kaelin Jr. y Gregg Semenza, al igual que el biólogo británico Sir Peter Ratcliffe, obtuvieron el Premio Nobel de Medicina, se dio inicio hoy a una de las semanas más esperadas por la comunidad científica, académica, literaria y política del mundo: la revelación de los ganadores de este reconocido galardón internacional.

Hacia las 5:00 de la mañana, hora colombiana, y después de que el vocero del Instituto Karolinska explicara que el premio se debía a “sus descubrimientos sobre cómo las células sienten y se adaptan a la disponibilidad de oxigeno”, Kaelin Jr., Semenza y Ratcliffe se convirtieron en los galardonados número 110, 111 y 112 en la categoría de Medicina, la cual se entregó por primera vez en 1901.

A lo largo de estos 118 años se ha reconocido el trabajo, investigación y dedicación de 691 científicos y académicos en las áreas de Medicina, Física, Química y Economía (este último comenzó a entregarse en 1968 por iniciativa del banco central sueco), al igual que a la obra literaria de 114 creadores y la mediación propuesta por 133 líderes y expertos en la resolución de conflictos globales.

Con este reconocimiento, se han galardonado a 938 personas y organizaciones con la distinción creada a partir del testamento del químico y empresario sueco Alfred Nobel, más conocido por la invención de la dinamita; consciente del poder destructivo de su obra, en 1895 consignó como su última voluntad que su fortuna fuera dividida en cinco partes para financiar “a aquellos que, durante el año anterior, le hayan prestado el más grande beneficio a la humanidad”.

Por ser una semana destacada en el campo científico, Pesquisa Javeriana conmemora la historia de los Premios Nobel por medio de esta infografía.

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¿Cómo va la economía en el contexto global?

¿Cómo va la economía en el contexto global?

China, como la mayoría de los países orientales, ha estado bajo la lupa de las grandes potencias mundiales, como Estados Unidos y Rusia, durante las últimas décadas. El crecimiento económico del gigante asiático desde los años 80, la oferta de su mano de obra a bajo costo y su competitividad en el mercado internacional con la tecnología de punta han hecho que países latinoamericanos, como Chile y Panamá, le sigan la pista en su justa medida. Pero, aunque el de China es un caso exitoso, Colombia, cuyas condiciones de desarrollo han sido similares, aún está muy por debajo de alcanzar a sus vecinos y consolidar un modelo económico, político y social que apunte a reducir las brechas de equidad que aún permanecen.

Con el fin de encontrar respuestas sólidas y argumentadas a esta situación, el economista colombiano Luis García Echeverría recopiló documentos institucionales, cifras nacionales e internacionales provenientes del Banco de la República de Colombia, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otras fuentes, y analizó minuciosamente el escenario en relación con las teorías económicas, producto del conocimiento empírico adquirido en sus cerca de 40 años de vida docente. Resultado de este proceso, y de más de tres años de reescritura y edición con la Editorial Javeriana, es el libro La economía colombiana y la economía mundial, 1950-2017.

Se trata de una ruta de navegación que comprende las dinámicas políticas y sociales de la historia económica mundial a partir de un análisis de las teorías económicas globales, y de sus efectos en eventos socioeconómicos que han tenido lugar durante los últimos 67 años. García Echeverría seleccionó este periodo (1950-2017) por la solidez y consistencia del material obtenido de sus fuentes y en cuya fiabilidad basa el análisis.

Colombia, en relación con la economía mundial, es uno de los casos de estudio de este libro, pues García, quien también fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Pontificia Universidad Javeriana, se propuso presentar una serie de reflexiones y críticas sobre el modelo económico del país a la luz de algunos periodos clave, como la era del café en los años 50, el sistema de valor constante (UPAC), el narcotráfico, la gran crisis global de finales del siglo XX y la era del petróleo en el siglo XXI. De ahí su premisa: Colombia no ha superado la barrera del subdesarrollo económico y social, ni tampoco ha mejorado efectivamente las condiciones de vida de la mayoría de las personas para otorgarles bienestar.

En sus palabras, “los costos sociales, no fácilmente cuantificables, de la violencia y el conflicto armado no solamente retrasaron el desarrollo de la economía y la población, sino que también resquebrajaron sensiblemente el tejido social […]. El reto pendiente es mejorar la distribución de las oportunidades”.

El fin último de esta obra es proporcionarle al lector herramientas para repensar la economía, evidenciarla en su cotidianidad y, como en el aula de clase, poner a prueba el instinto, perspicacia y rigor investigativo. García, quien ha trabajado como analista de modelos económicos y desarrollo regional en el Fondo Monetario Internacional, insiste: “Si las teorías económicas no se enseñan de manera práctica, se quedan en eso, en meras teorías puestas en libros”.

De esta manera, quien abra las páginas de esta cartografía económica no solo se encontrará con un análisis profundo de la historia de la economía colombiana y mundial, sino que también verá un material actualizado, comprensible y bien fundamentado, pues esta obra no solo está dirigida a estudiosos de la economía sino a lectores de otras disciplinas que buscan enlaces con esta ciencia social.

La ciudad de múltiples miradas

La ciudad de múltiples miradas

Montado a caballo y con su espada desenvainada, seguido de cerca por las miradas aterradas de indígenas y rodeado de frases entrecortadas en muysccubun, el idioma nativo. Así, el 6 de agosto de 1538, en nombre del emperador Carlos V, el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada tomó un pequeño asentamiento en medio de las montañas, y en una ceremonia religiosa frente a 12 bohíos, dirigida por el fraile Domingo de las Casas, le entregaba a la Corona y al catolicismo la que sería la punta de lanza de un nuevo Virreinato. La llamó Santa Fe, y para reclamarla como suya y diferenciarla de los poblados que iban surgiendo en el nuevo continente, la bautizó también “de Bogotá”.

Aquel villorrio, que el 27 de abril de 1539 recibiría su fundación jurídica, no ha parado de crecer. Hoy, 481 años después, se ha convertido en una urbe que va devorando poblados vecinos, que para 2018 sumaba 7,18 millones de personas, de acuerdo a cifras del DANE, y, para el mismo año, produjo una riqueza conjunta de más de $250.500 millones, aportando el 25,6% del Producto Interno Bruto de toda Colombia.

Bogotá es también una ciudad de continuos choques, de diferencias culturales, políticas, ideológicas, religiosas, etc. Una ciudad que le muestra una cara al ciudadano que reside en ella, otra al empleado o empresario que se gana la vida entre sus límites, otra al turista que quiere conocerla, otra a quien llega a ella buscando refugio.

Pesquisa Javeriana le ha seguido la pista a estas múltiples facetas de Bogotá, la capital colombiana, desde las investigaciones que la academia ha producido para descifrar sus secretos. Hoy, cuando conmemoramos un año más de su fundación, compartimos con ustedes nuestra visión de esta ciudad que evoluciona año a año y se muestra muy diferente a lo que creemos que es.

Esta es una pequeña lista de las diferentes caras de Bogotá:

  • Movilidad social: Cómo los estratos dividieron para siempre a la capital y a sus habitantes.
  • Salud y desplazamiento: Diferentes ideas sobre cómo atender a una población vulnerable.
  • Industria y diseño: La unión de pymes de marroquinería y calzado para potenciar sus diseños y venderlos en el exterior.
  • Historia industrial: La reconstrucción de una de las primeras fábricas de loza en la ciudad.
  • Trancones: El proyecto que, a través del conteo, propone solucionar los problemas del tráfico vehicular.
  • Le Corbusier: Así fue la capital que imaginó el afamado arquitecto belga a mediados del siglo XX.
  • Teatros: Los lugares donde los bogotanos construyeron su visión de lo público en los siglos XIX y XX.
  • Clima: Una investigación conjunta de las universidades Javeriana y Nacional para predecir mejor el clima bogotano.
  • Guapucha: La investigación liderada por el desaparecido ictiólogo Javier Maldonado para salvar a un pez endémico del rio Bogotá.
  • Paisaje sonoro: Así suena la capital colombiana desde sus cerros orientales.
  • Monumentos: Recorrido por las esculturas que le dan forma e identidad a la ciudad.
  • Vallenato: La historia de cómo uno de los ritmos más representativos de Colombia encontró su audiencia, y su impulso musical, en Bogotá.
Un año con Iván Duque

Un año con Iván Duque

Simplificación del sistema tributario para empresas y personas naturales, la no implementación de fracking en la extracción de hidrocarburos y respeto por los acuerdos de paz firmados en La Habana, fueron algunas propuestas hechas por el presidente colombiano Iván Duque Márquez durante su campaña para el periodo presidencial 2018-2022.

Dichas propuestas, así como su fidelidad al Partido Centro Democrático, en el cual ejerció como senador a partir de julio de 2014 y donde participó en la formulación de varias leyes, como la que busca impulsar en Colombia la llamada ‘economía naranja’ y la que amplía la licencia de maternidad de 14 a 18 semanas, llevaron a este abogado a convertirse en presidente de la República con 10’398.689 votos y un programa de gobierno basado en la legalidad, el emprendimiento y la equidad.

Aunque la victoria en las urnas se conoció el 17 de junio de 2018, su posesión como mandatario se llevó a cabo el pasado 7 de agosto de 2018 en la Plaza de Bolívar, de Bogotá. Hoy, a pocos días de cumplirse su primer año de gobierno, una serie de cuestionamientos acerca del cumplimiento de sus propuestas de campaña y decisiones bastante criticadas, como la radicación de la Ley de Financiamiento (reforma tributaria) que busca recaudar más de 14 billones de pesos para completar el presupuesto general de la Nación de 2020, ha generado duros juicios y viscerales defensas.
Pesquisa Javeriana conversó con Luis Carlos Reyes, director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana y especialista en temas de desarrollo económico, economía pública y microeconomía aplicada, acerca del desempeño y administración del presidente sobre el gasto público de los colombianos y el actual hueco fiscal con el recorte de impuestos a las empresas.

No te pierdas nuestra nueva edición impresa

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La segunda edición de 2019 de la revista Pesquisa Javeriana circula a partir de este domingo, 21 de julio, con las más recientes investigaciones sobre ciencia, salud, ganadería, sociología e historia, entre otras disciplinas.

Encuentre en nuestras páginas:

  • La investigación liderada por académicos de la Pontificia Universidad Javeriana que busca reevaluar los mitos sobre el cultivo de palma de aceite en Colombia, como la propiedad de las tierras en que se siembra y las grandes cantidades de agua que se emplean por hectárea cultivada.
  • Informe especial sobre los avances científicos para combatir el virus de leucosis bovina (VLB), el puede perjudicar la salud humana.
  • La historia del filósofo javeriano que esculcó las obras de Immanuel Kant para descifrar su afirmación de que el Salto del Tequendama era la caída de agua más alta del mundo, encontrando, de paso, alusiones a la expedición del naturalista Alexander von Humboldt por la Nueva Granada.
  • El proyecto entre la academia y la comunidad de Bosa que generó nuevos diálogos e interacciones a través de un mural, y cómo esta estrategia busca rescatar tradiciones culturales milenarias.
  • Los proyectos de innovación en salud para mejorar las vidas de pacientes con falla cardiaca y con la enfermedad hereditaria de Morquio A.
  • La llamada de nuestro Editorial para que se aproveche el actual momento de la ciencia colombiana y se diseñe una verdadera política pública que la consolide.
  • El análisis académico que le mide el pulso a la evolución de la economía colombiana durante los últimos 67 años.
  • Perfil de Nini Vanesa Rueda, la joven ingeniera electrónica que trabaja para encontrar soluciones a la contaminación del agua por medio del plasma frío.

No se pierda el homenaje que en nuestras páginas hacemos a la investigadora académica Maryluz Vallejo, quien ha dedicado sus investigaciones a escudriñar diversos aspectos del periodismo en Colombia. Encuentre todos estos temas en la edición que el diario El Espectador destina a sus suscriptores.

Si usted desea consultar el contenido de nuestra edición impresa y no es suscriptor de El Espectador, puede acceder a la versión digital de la revista, en formato PDF, por medio de este enlace.

Estadísticas con sello javeriano

Estadísticas con sello javeriano

Tan pronto se toma la carretera, aparece el vasto océano verde. Son cientos y cientos de hectáreas de caña de azúcar que dan una silenciosa bienvenida al visitante que llega por aire a la región, contraste que va reduciéndose a medida que se acerca a la zona metropolitana de la ciudad. Santiago de Cali, capital del departamento del Valle del Cauca y la tercera ciudad más grande de Colombia en términos económicos, se ha consolidado como el polo de la economía en la región Pacífico, reuniendo una población de 2,44 millones de personas para 2018, con una tasa de ocupación (empleados) del 58,1% y una de informalidad del 45,6% para febrero de 2019, según el DANE. La ‘sucursal del cielo’ representa una nueva oportunidad (laboral, económica, social, etc.) no solo para los vallecaucanos, también para los pobladores del Pacífico o para los visitantes que creen hallar en ella el rumbo de su destino.

Y sin embargo, Cali tiene vacíos para entender cómo crece día a día. No se trata de una preocupación menor: la falta de datos más certeros, actualizados, puede poner en problemas a quienes dirigen las riendas de una ciudad de estas dimensiones. Por ejemplo, ¿cómo se pueden concertar políticas que fomenten el empleo si no se sabe a ciencia cierta qué sectores de la economía enfrentan problemas? ¿O cómo se pueden anticipar los desafíos para el presupuesto local sin entender los ritmos propios del crecimiento económico? ¿De quién es el problema?

Una primera respuesta se encuentra en la forma en la cual se consolida la información estadística del país: en Colombia, el Departamento Nacional de Estadística (DANE) es el encargado de levantar los datos –principalmente a través de encuestas– de las principales actividades económicas del país, como la generación de empleo, la productividad, el aumento en los precios de los alimentos o, especialmente, el número de habitantes. Pero todo este trabajo se hace de forma centralizada, en Bogotá, y se retroalimenta a las regiones de forma dispar.

Es el caso de la información sobre crecimiento económico. “Nosotros queríamos conocer de forma más oportuna cómo iba la economía del Valle del Cauca, debido a que el DANE nos daba información solamente anual del PIB departamental, no trimestral o mensual. Y la información que obteníamos era muy rezagada, casi de15 meses después de pasado el año”, explica Lya Paola Sierra, doctora en economía, profesora asociada del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Cali, y una de las creadoras del indicador que permite, precisamente, acortar distancias entre los datos oficiales y la realidad de una ciudad con una dinámica económica propia, muy diferente a la del departamento.

Se llama Indicador Mensual de Actividad Económica para Santiago de Cali, o IMAE Cali, y se lanzó el pasado mes de febrero en conjunto con la Alcaldía de Santiago de Cali. Es un informe estadístico y de análisis económico de dos páginas en el que se explica que la ciudad creció 3% en 2018 frente al año anterior, con lo cual certifica la recuperación que viene registrándose desde el segundo semestre de 2016, cuando la economía se situó ligeramente por encima de 1%; de hecho, la ciudad se situó por encima de la proyección nacional de DANE para el país (2,8%).

Crecimiento económico de Cali en los últimos años. / Javeriana Cali, IMAE Cali
Crecimiento económico de Cali en los últimos años. / Javeriana Cali

Este resultado se debió, principalmente, al aumento en la actividad industrial de la ciudad, a la creación de nuevas microempresas y la buena salud de su sistema financiero, representado en una óptima calidad de la cartera de préstamos; sin embargo, una nota de alerta se encuentra en el sector exportador, pues las ventas al exterior cayeron 8% en todo 2018, un posible signo de la apreciación del peso frente al dólar.


Consolidando cifras

Todos estos porcentajes y cifras, de momento positivas, hacen parte del trabajo de un grupo de investigadores económicos de la Javeriana Cali que desde 2014 viene tomándole el pulso a la actividad económica de los departamentos. “Lo que hemos hecho es un proceso de adaptación, de llevar estas metodologías, que normalmente se aplican en un contexto macroeconómico, de país, a la disponibilidad de datos y estructura de las economías regionales”, explica Pavel Vidal, profesor asociado, doctor en economía y por muchos años consultor de organismos internacionales como el Banco Central de Cuba o el Banco Interamericano de Desarrollo.

El IMAE se basa en los modelos factoriales dinámicos, una técnica que la profesora Sierra había puesto a prueba en su tesis doctoral para estimar el precio de las materias primas, y que convenció a los miembros del Banco de la República en Cali para crear ese año un modelo que permitiera medir el crecimiento de la economía del Valle del Cauca. Así, ella y su equipo de trabajo en la Javeriana pasaron un año entero reuniendo toda la información de las variables que definían la actividad económica del departamento para, después, elegir las más determinantes y ponderar su peso de acuerdo con su aporte al PIB departamental.

Su primera publicación salió a la luz en 2015 y, desde entonces, han venido publicando trimestralmente el avance o deterioro de la economía en el Valle del Cauca; de hecho, en su más reciente informe determinaron que el departamento creció 3,5% en 2018, una cifra que sobrepasa el 2,7% registrado por el DANE para todo el país.

Desde entonces, su metodología fue acogida por la sede del Banco de la República en Medellín para crear el IMAE Antioquia; por la Cámara de Comercio de Cúcuta para conformar el IMAE Norte de Santander; y más recientemente por la Secretaría de Desarrollo Económico de Cali para darle forma al IMAE Cali, el primero de sus indicadores municipales. La medición y el posterior análisis económico recaen sobre los hombros de Sierra y Vidal, que desde la Javeriana Cali han constituido un pequeño grupo de trabajo con estudiantes allegados para producir cada uno de sus informes.

“Como no todas las economías que analizamos tienen la misma estructura económica, las variables que componen los indicadores no son exactamente las mismas. En el caso de Cali, los sectores financiero y de servicios tienen un mayor peso dentro de la estructura de la economía local, y por eso tienen una mayor representación que en el IMAE Valle, donde la caña de azúcar tiene un mayor peso, o en el IMAE Antioquia con el oro”, explica Vidal.

Relación de crecimiento económico de Cali y el Valle del Cauca en los últimos años. / Javeriana Cali
Relación de crecimiento económico de Cali y el Valle del Cauca en los últimos años. / Javeriana Cali

Para el caso de Cali, el equipo de trabajo analizó durante seis meses un total de 103 variables económicas que obtuvieron de varios estamentos de la ciudad, como la Alcaldía, gremios económicos, el Banco de la República, entre otros.  Se analizaron variables ligadas directamente a la actividad económica de la ciudad como, por ejemplo, datos sobre la recogida de basuras, peajes, créditos bancarios, etc. Tras una depuración, se quedaron con las 11 que más representan la economía caleña: producción industrial, consumo de energía, licencias de construcción, vehículos matriculados, cartera bancaria, sobretasa a la gasolina, exportaciones, gasto público, nuevas microempresas, ocupación hotelera y asistentes a cine.

Al igual que el IMAE Valle, el equipo de la Javeriana Cali publicará de manera trimestral sus informes para aportarle a la ciudad y al país información certera sobre la economía en la sucursal del cielo. El objetivo a largo plazo es que su trabajo pueda incidir en las decisiones que afectan tanto a la ciudad como sus habitantes. “Solamente conociendo la información se puede hacer un seguimiento y monitoreo de cómo va la economía, y se puede realizar política a nivel municipal. Sin datos o información esto es imposible”, asegura Sierra.


¿El valor de las cifras?

Cali no es la primera ciudad del país en consolidar sus propias mediciones estadísticas para entender la evolución de sus ciclos económicos con el fin de tomar decisiones de cara a su futuro. Metrópolis como Bogotá y Medellín también han desarrollado sus propios estudios para entender aspectos significativos de su cotidianidad, como la calidad de vida en la urbe, sus mercados de finca raíz o la pujanza de ciertos sectores de cara a nuevos desafíos (vale la pena destacar el caso de Manizales, que estableció en 2007 el Centro de Información Estadística, CIE, el cual aporta periódicamente todo tipo de datos sobre sectores estratégicos del municipio).

Todos estos esfuerzos, incluso los de organizaciones privadas, contribuyen a generar datos que son de esencial importancia para el ejercicio de gobierno, tanto a nivel nacional como local, y que fortalecen la imagen del país de cara al escenario internacional.

“Las estadísticas no pertenecen a los gobiernos, no pertenecen a los funcionarios y, por lo tanto, no pertenecen al Estado: son parte de los bienes públicos a los cuales los ciudadanos, las empresas, las asociaciones y las universidades debemos acceder de la manera más amplia posible porque ese sistema de información está financiado con nuestros impuestos”, explica César Caballero, politólogo, estudiante del doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Javeriana (sede Bogotá), director de la firma de datos Cifras y Conceptos, y director del DANE entre 2002 y 2004.

La responsabilidad de consolidar unas cifras confiables reside hoy sobre el Sistema Estadístico Nacional (SEN), el conjunto de entidades y organismos privados e independientes que aportan información sobre múltiples temas y se encargan de su difusión. Aunque su espíritu se incluyó en la Ley 79 de 1993, con la que se creó el DANE, todo su funcionamiento y articulación se consignaron en la Ley 1753 de 2015, resultado de la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo 2015. El SEN cuenta hoy con alrededor de 1.500 integrantes entre los que se encuentran entidades como ministerios y gobernaciones, empresas mixtas como las cámaras de comercio, órganos de control y, entre otros, organismos privados como gremios.

El gran objetivo es que entre todos ellos se dé un diálogo armónico, donde prime el libre acceso a la información (sin importar quién ni cómo la recopile) que beneficie la difusión de datos esenciales para diferentes sectores. Una cualidad que rompería el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, cuya aprobación avanza hoy en el Congreso, ya que en su artículo 94, parágrafo 1°, la convierte en mandatoria: “Los integrantes del SEN deberán poner a disposición del DANE, de manera inmediata y de forma gratuita, las bases de datos completas de los registros administrativos que sean solicitados por el departamento, para lo cual no será oponible la reserva legal, especialmente la contenida en el Estatuto Tributario”.

Para expertos como Caballero, más allá de la forma en la que está redactado, el artículo no ejercería mayor influencia en la forma de actuar del SEN sencillamente porque aquellas disposiciones, así como su conformación y funcionamiento (que recoge, nuevamente, el PND 2018-2022) ya están consignadas en la legislación vigente. De hecho, en su opinión, todo se debe a una cuestión de estilo en el proceder del actual Gobierno.

“El Plan de Desarrollo se convirtió en una colcha de retazos en donde muchas entidades le pusieron artículos sin que haya habido un filtro de parte de Planeación Nacional”, asegura, y argumenta que la planeación actual se sustenta en tres documentos: uno donde se encuentra la narrativa política, los sectores que el Palacio de Nariño quiere intervenir o fomentar; el segundo es el presupuesto, que determina adónde va a parar el dinero; y el tercero es el mismo articulado, que plantea la forma en la cual se ejecutará el discurso político y la asignación de recursos. Y en estos tres hay serias inconsistencias.

“Las personas que han visto estos tres documentos se dan cuenta de que es una colcha de retazos y de que no hay articulación entre ellos. En la narrativa, el tema de la equidad es enormemente importante y, en articulado y la asignación presupuestal, no existe; en la narrativa existe el tema de consolidar los acuerdos con las FARC pero no hay un solo peso en el presupuesto para eso”, añade.

Al final, el articulado del Plan Nacional de Desarrollo, , al menos en el tema estadístico, reafirma lo que leyes previas, estudios técnicos ya realizados y discusiones legislativas anteriores habían aprobado.

Contar con estadísticas certeras y actualizadas permite que alcaldes y gobernadores tomen mejores decisiones en tema de política pública. /Wikimedia
Contar con estadísticas certeras y actualizadas permite que alcaldes y gobernadores tomen mejores decisiones en tema de política pública. /Wikimedia

Falencias similares se encuentran en la propia gestión del DANE, en temas sensibles como el dato de crecimiento o el censo poblacional. En el primer caso, basta recordar la reunión bilateral que el presidente Iván Duque mantuvo en febrero pasado con su similar estadounidense, Donald Trump, en la que aseguró que el crecimiento de la economía colombiana en 2018 sería de 3,4% cuando la información no se había terminado de consolidar; lo más preocupante es que el actual director del DANE, Juan Daniel Oviedo, asegurara que la del mandatario era una “opinión informada” cuando, en realidad, el país terminó el año con una expansión del 2,8% (cifra proyectada por la entidad).

Y en el segundo, Oviedo tuvo que salir públicamente a reconocer que la entidad se había desviado en su proyección de 50 millones de habitantes para 2018, y que, de momento, se contaban 45,5 millones de personas; sin embargo, no hay un dato oficial final sobre este asunto. Este tipo de situaciones bien podría generar un manto de dudas sobre el manejo de las estadísticas oficiales.

“Ese es un ejemplo de no prudencia, de no rigurosidad, de no ser cuidadoso. Aquí se presentan ruidos que se corrigen con que uno, como funcionario, sea más prudente y más riguroso”, concluye Caballero.

En esa vía del rigor se ubican, precisamente, ejercicios como los consolidados desde la Javeriana Cali con sus diferentes mediciones departamentales y, ahora, municipales. Un aporte académico para construir una información pública robusta, que conduzca a alcaldes y gobernadores a tomar decisiones informadas sobre lo que realmente está ocurriendo en sus territorios. Ese es el verdadero valor de las cifras estadísticas en un país.

Experimentos económicos para evidenciar la cotidianidad

Experimentos económicos para evidenciar la cotidianidad

Juan David tiene 22 años, es un universitario de clase alta que recibe cerca de 400.000 pesos semanales para su manutención; sin embargo, él, como muchos otros estudiantes, gasta su dinero en rumbas, conciertos, salidas a cine y cenas en restaurantes de renombre. En placeres efímeros. Aunque esta práctica es común hoy día, en realidad, la apropiación de este modelo de distribución de dinero podría ser una razón por la cual con los años prevalece un común denominador en la población colombiana: el endeudamiento generalizado, que se escenifica, por ejemplo, al comprar regalos de Navidad para satisfacer necesidades inmediatas pese a las deudas adquiridas para lograrlo.

Con la intención de analizar estos casos y entender las causas que motivan a las personas a tomar decisiones en términos económicos, la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Javeriana creó en 2018 el Laboratorio de Investigación Conductual, un espacio diseñado para analizar los sesgos que afectan a los jóvenes universitarios a resolver retos financieros cotidianos —economía del comportamiento— e implementar ejercicios de toma de decisiones para evaluar veracidad de las teorías clásicas de la economía en su cotidianidad  —economía experimental—.

Dejarse llevar por primeras impresiones o referencias previas de un producto antes de comprarlo, o ser influenciado por familiares y amigos antes de invertir dinero, son algunos sesgos evaluados mediante preguntas abiertas o cerradas y a través de juegos en el Laboratorio. Por ejemplo, imagine que un estudiante tiene 20.000 pesos para comprar unas fotocopias; sin embargo, en el camino se encuentra con sus amigos, quienes lo invitan a beber algunas cervezas para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. En ese caso, ¿qué decisión tomará el joven y por qué? ¿Qué factores contribuyen a que decida gastar su dinero en consumo en vez de invertirlo en fotocopias? ¿Qué tan importante es la influencia de su grupo?

Christian Diego Alcocer, doctor en Economía de Michigan State University, y Alexander Gotthard Real, doctor en economía de Ohio State University, son docentes de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Javeriana y líderes del laboratorio. Ellos convocan periódicamente a estudiantes javerianos quienes, frente a un computador, responden casos sobre construcción de expectativas al fijar precios, decisiones de oferta sobre estos mismos costos, valoración de precios futuros y distribución del dinero.

Con estas respuestas, Alcocer y Gotthard actualmente trabajan en una serie de investigaciones relacionadas con la equidad en la distribución de incentivos económicos por parte de la comunidad académica, las respuestas políticamente correctas que darían los estudiantes ante casos en los que el bienestar personal prima sobre el común y un análisis de las decisiones que los participantes tomarían en situaciones de riesgo e incertidumbre. Estos datos también les permiten a los investigadores tener insumos suficientes para comprender las prácticas cotidianas de la población universitaria del país y proponer debates en torno a las nuevas fronteras de las teorías clásicas económicas.

“Nuestra intención con estos experimentos es ver qué supuestos de la teoría clásica están bien y cuáles están mal, no para pelear con las teorías que ya existen sino para ver cómo extenderlas para hacerlas más realistas”, menciona Alcocer.

Por ejemplo, la teoría clásica supondría que las personas son, en general, egoístas y además infinitamente inteligentes, por lo que no cometen errores sistemáticos al momento de tomar decisiones. Sin embargo, experimentos como el ‘Overconfidence and Excess Entry: An Experimental Approach han mostrado que muchas personas tienen un sesgo optimista respecto a sus habilidades; es decir, cuenta con una tendencia a creer que sus destrezas son superiores a las que verdaderamente tienen y eso los puede llevar a tomar decisiones equivocadas, como emprender proyectos con poca probabilidad de éxito. A este caso se le denomina sobreconfianza (overconfidence, en inglés).

En los ejercicios del Laboratorio de Investigación Conductual participan estudiantes javerianos que se inscriben a través de internet y reciben en promedio 30.000 pesos por sesiones de 30 minutos a dos horas. Estos experimentos les otorgan incentivos económicos porque, según Alcocer, su intención es que los jóvenes tomen decisiones económicas reales donde sean ellos quienes escojan lo que quieren, “porque si fuera con puntos o un score de Pacman, los resultados cambiarían”.

Por el momento, los investigadores javerianos continúan en el desarrollo de experimentos para analizar los sesgos que afectan a los jóvenes al momento de tomar decisiones, crear modelos económicos y políticas públicas que se adapten a la realidad, y proponer extensiones a las teorías clásicas de la economía para incidir en nuevos escenarios a nivel nacional e internacional.

“Muchos ejercicios en economía experimental ocurren dentro de laboratorios en universidades porque es una forma relativamente económica de recolectar datos. Aunque los resultados de un solo experimento en un laboratorio no son generalizables, si esta actividad tiene resultados lo suficientemente relevantes, posiblemente se repetirá en otros países y contextos”, puntualiza Gotthard Real.

¿Qué es la clase media en Colombia?

¿Qué es la clase media en Colombia?

¿Quién puede considerarse afortunado en Colombia? ¿Cómo se mide este tipo de realidad: desde factores subjetivos como la alegría, la cohesión familiar o el éxito profesional? ¿O, simplemente, es una cuestión material, del dinero que una persona tiene en el bolsillo al iniciar el día y lo que utiliza para satisfacer sus necesidades?

Parte de esa respuesta debe explicarse con números. Según las mediciones más recientes del Departamento Nacional de Estadística, DANE, el 26,9% de la población en 2017 vivía por debajo de la línea de pobreza, esto quiere decir que alrededor de 12,2 millones de personas tenían serios problemas para adquirir con sus ingresos los elementos de la canasta familiar, los artículos y servicios más básicos del mercado. Este indicador es muy parecido al más reciente estudio regional realizado por la CEPAL, en el cual la pobreza afecta a 30,2% de la población de América Latina y el Caribe (alrededor de 184 millones de personas).

Recientemente, el DANE ha venido refinando sus métodos de medición para definir con mayor exactitud este tema. De acuerdo a su director, Juan Daniel Oviedo, en Colombia una persona puede considerarse pobre si gana al día menos de $12.000, o si llega a final de mes con ingresos por $360.000; su condición mejora si, al día 30, en su bolsillo, encuentra $900.000, el límite de lo que se considera como “vulnerabilidad económica”.

Pero si encuentra más, podría considerarse como afortunado: hace parte de ese grupo de la población llamado “clase media”, aquellos que, por lo que ganan, pueden permitirse una vida cómoda. ¿Quiénes son? ¿Hay gente en Colombia que pueda ser mucho más afortunada? ¿Qué compran en una jornada como hoy, cuando se celebra el Día Mundial de los Derechos de los Consumidores?

Sobre este tema se refiere Luis Carlos Reyes, doctor en economía y director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, quien analiza, a través de una serie de columnas de opinión en video, el estado de la economía colombiana y cómo puede afectarse ante la posibilidad de una nueva reforma tributaria.

En sus siguientes columnas, Reyes se refirió a:

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Col David Suárez

La negociación del salario mínimo entre el gobierno, los gremios y los sindicatos es una ceremonia que nos recuerda cada diciembre a Nietzsche cuando hablaba del eterno retorno de lo igual: las partes llegan a la mesa con propuestas para el aumento que difieren considerablemente; luego, el gobierno presenta un balance de la economía y revela los cálculos de productividad e inflación en aras de acercar las expectativas, para, al final, dar paso a las discusiones que desembocan la mayoría de las veces en un desenlace conocido, con mayores o menores variaciones en su desarrollo: el fracaso de la negociación y la determinación del salario mínimo por decreto (algunas veces, sin embargo, las partes llegan a un acuerdo, como el que anunció el presidente Duque en días pasados: en los últimos 18 años, ese consenso se alcanzó solamente en seis ocasiones).

Para dificultar aún más el ya complicado asunto, el gobierno actual logró la aprobación en el Congreso de una nueva reforma tributaria que tiene como núcleo la reducción de impuestos a las empresas: se reduce la tarifa del impuesto corporativo y se marchita la renta presuntiva en los próximos años; se permite el descuento por pagos de IVA en bienes de capital sobre el impuesto de renta; se establece un régimen especial de tributación para grandes proyectos (mega inversiones) a expensas de revivir el instrumento de dos caras que son los contratos de estabilidad tributaria; y se establecen beneficios tributarios considerables para sectores específicos sin mayor justificación, a partir de la idea curiosa pero difusa (ahí está su peligro) de la economía naranja.

Esta reforma nunca se presentó de forma clara, y en medio del frenesí del gobierno para buscar el financiamiento de su primera lista de compras, cambió radicalmente en los últimos cuatro meses y dio para todo: en su primera versión, la ley buscaba compensar los recursos que dejan de pagar las empresas aumentando lo que pagaba la clase media en IVA, lo que de inmediato generó preocupaciones sobre su impacto en los salarios y dejó como estela iniciativas que se tramitan en el Congreso para facultar aumentos extraordinarios del salario mínimo desde el ejecutivo y primas focalizadas en los trabajadores de más bajos ingresos, que desconocen las dinámicas del mercado laboral de nuestro país y que se administrarán (de ser aprobadas) a través de un sector financiero que hace esfuerzos por acercarse a la población pero es visto con recelo por gran parte de ella.

Aunque es un hecho que las empresas en Colombia pagan en impuestos una proporción mayor con relación a los estándares internacionales, y que los niveles de informalidad rampante pasan constante factura a las dinámicas del mercado laboral, en Colombia la competencia tributaria desatinada se mezcla con el sistemático error de utilizar la productividad total de los factores en vez de la productividad media del trabajo cuando se calcula el alza del mínimo (lo que explica en gran medida las diferencias entre las propuestas de gremios y sindicalistas), deprimiendo la demanda agregada y concentrando cada vez más la carga tributaria en los trabajadores y sus salarios en favor de los rendimientos del capital y de ganancias poco estructurales y relativamente exiguas en competitividad, crecimiento económico o mejoras en los indicadores de desigualdad.

La búsqueda de la competitividad no pasa solo por ser un destino con tarifas tributarias atractivas o mano de obra barata, y el gobierno aparentemente lo sabe: el lema de la administración del nuevo presidente durante su campaña era “menos gasto público, menos impuestos, más salarios”. Más allá de este lema, el resultado de la negociación es favorable como ejemplo de consenso, pero puede ser una oportunidad perdida para que se consigan aumentos importantes que repercutan en el bienestar del trabajador y se redistribuya un poco el beneficio dado a la población de más ingresos entre los miembros de la sociedad que, de una u otra forma, hacen posible su riqueza.

La protección al trabajador, y más ante las incertidumbres de los tiempos en que vivimos, debe ser una de las prioridades de toda sociedad que se precie de ser justa, y en ese sentido el salario mínimo se vuelve una de las premisas de lo que se conoce como “trabajo decente”. Más allá de los efectos que este popurrí fiscal tuvo en la negociación, el tema merece un análisis más reposado y de más contenido: ¿qué pasa con los contratos temporales, que no se rigen por el Código de Trabajo y se pueden firmar por valores inferiores al mínimo? ¿La determinación del salario responde solamente a la productividad del trabajador? ¿Qué pasará cuando la subsistencia dependa cada vez menos del trabajo, como resultado del desempleo tecnológico? ¿Es el salario mínimo la única herramienta para garantizar un piso digno de ingresos?


Coletilla.
Más allá de los métodos para calcular los ajustes, que parten del supuesto discutible pero operativo de la función tipo Cobb-Douglas, preocupan los resultados obtenidos: el ajuste del salario mínimo real teórico no alcanza a ser ni del 2%.

 


*Economista, docente y asesor tributario del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana.

Sebastián Velandia: los mensajes que dicta el silencio

Sebastián Velandia: los mensajes que dicta el silencio

Desde hace muchos años, a Sebastián Velandia Campos lo acompaña una frase que celosamente guarda en su billetera: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. El enunciado de El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, es para Sebastián un mensaje tan cercano a su vida que lo convirtió en una impronta que guía sus pasos.

“Creo mucho en el aporte de todos los jóvenes a la sociedad, no importa la forma. Yo puedo aportar y transformar realidades”, comenta. Pero el del cronista uruguayo no es el único mensaje que lo ronda. Este bugueño, que en octubre de 2016 se graduó de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, es un hombre de mensajes, tanto los que aplica en su cotidianidad como aquellos que considera su deber multiplicar entre los demás para despertar la sensibilidad.

En esa última categoría cabe justamente el mensaje que, desde su mundo de silencio, su hermano Santiago le ha transmitido toda la vida y que de alguna manera le dio sentido a su encuentro con la investigación. “Mi hermano presenta una situación de discapacidad auditiva profunda y, aunque solo hay tres años de diferencia entre los dos, no hemos podido acceder a una oferta educativa igualitaria. Él todavía está terminando el bachillerato y yo ya egresé de una carrera”, enfatiza.


La investigación como forma de divulgar mensajes argumentados

En medio de una formación meritoria ­­–estudió en la Javeriana con la Beca Magis 2012-2016 por sus logros académicos e hizo un semestre internacional en la Pontificia Universidad Católica de Perú, gracias a otra beca ofrecida por la Plataforma Alianza del Pacífico 2015, del Ministerio de Educación de ese país–, Sebastián ha fortalecido su construcción profesional con esos mensajes que tanto valora: “Los economistas debemos ser agentes sociales que analizan las problemáticas y aportan a la transformación de las realidades de las poblaciones más vulnerables, como las personas en condición de discapacidad que, según estudios, tienen mayor propensión a la pobreza y menor participación política, social y económica”.

En esa ruta, la actividad científica, fue para Sebastián una herramienta para comunicar mejor su relato. Desde el Semillero de Investigación en Economía y su énfasis en Políticas Sociales, elaboró el trabajo “Análisis multinivel y experimental del acceso a la educación superior para personas en condición de discapacidad en Cali”, junto a su compañera Melissa Ramírez y bajo la dirección de la profesora Maribel Castillo.

El ejercicio trascendió hasta llevarlo al Concurso Nacional de Ponencias Jesús Antonio Bejarano, en 2016, donde expuso en el marco del Congreso Nacional de Estudiantes de Economía. “Mi objetivo era ofrecer a economistas evidencia científica y social que demostrara la importancia de trabajar por esta población”. Además del tercer lugar obtenido, Sebastián descubrió a través de la experiencia que “la investigación puede promover, alentar y persuadir a la sociedad para la adecuada toma de decisiones en los ámbitos económico, social y político, y puede expresarse en políticas públicas”. Con esa certeza, este joven de 23 años guía actualmente su vocación de investigador.

Hoy en día Sebastián es joven investigador del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Javeriana Cali, y acaba de lograr una beca en España para continuar sus estudios en desarrollo local e innovación territorial en la Universidad de Alicante.