La Feria de Cali virtual rescata la tradición

La Feria de Cali virtual rescata la tradición

 Ponga bien cuidado que “Mi Cali se está adornando para su fiesta más popular” Guayacán Orquesta

 

Después de los daños y pérdidas económicas que dejó una trágica explosión en 1957 en Cali, la feria, que inició siendo una oportunidad para la recuperación de la economía, con el tiempo se fue convirtiendo en la representación viva de la cultura popular caleña. Este evento, según investigación de la Universidad Javeriana Cali, entre 2016 y 2019 evidenció su gran potencial para aportar a los ingresos de la región. Sin embargo, tras la llegada de la COVID-19, el formato presencial migró a la virtualidad y el impacto ya no se midió en términos económicos sino bajo las hoy comunes métricas de alcance, visualización e interacciones en las redes donde se transmitió.

Durante las fechas decembrinas del 2020 el usual ambiente festivo por la llegada de la Feria de Cali no era el mismo. El agite de la ciudad estaba flojo, callado e indiferente; las calles ya no retumbaban al ritmo de la salsa; el folclore ya no se apoderaba de las calles y ni rastro de la multiplicidad de artesanos y comerciantes exhibiendo sus productos por doquier. Todo esto como resultado de los cambios obligados en los modos de vida durante el desarrollo de la pandemia, pues esta vez la fiesta se vivió en casa y a través de la pantalla.

 

“¡Oiga, mire, vea, vengase a Cali para que vea!”

A lo largo de los años, en el radar empezaron a aparecer preguntas de cuántos empleos se producían en la feria, cuánta gente entraba a los eventos, cuáles eran los ingresos, quiénes eran los asistentes. Con esto en mente, los profesores javerianos Luis Fernando Aguado y Alexei Arbona, con el apoyo de Corfecali y el Laboratorio de Economía Aplicada (LEA) de la misma universidad, se propusieron dar respuesta a tales cuestionamientos haciendo uso de uno de los mejores recursos de la academia: la investigación.

Para la edición número 62 de Feria de la caña, la del 2019, del 25 al 30 de diciembre se congregaron cerca de un millón de personas en la capital del Valle, según evidencia el estudio. Además, en suma con los tres años anteriores dejó una huella económica de $1,4 billones. Entretanto, la edición 63 en su versión digital, con el lema “Conectados por la vida”, tuvo un alcance de casi nueve millones de usuarios, número que corresponde a la totalidad de personas a quienes les llegó el espectáculo a sus pantallas, de los cuales más de tres millones visualizaron los eventos transmitidos de la feria. Siendo así, la Feria caleña más visitada de la historia, según afirmaciones de Corfecali.

Para medir el impacto del último año, se tomaron las métricas de las páginas oficiales de la Feria de Facebook y YouTube, al igual que los datos correspondientes de Analytics de Google correspondientes al sitio web feriadecali.com.co, los enlaces de Feria de Cali y la APP Feria de Cali 2020.

 

“Si uste’ va llegando váyase entonando, que de baile en baile se va acomodando”

Respecto a la percepción que tienen los asistentes acerca de esta experiencia festiva, el 87% de los participantes encuestados en la versión del 2019 relacionan el evento con conceptos como alegría, rumba, salsa, felicidad y cultura. La vivencia esta vez fue por medio de sus dispositivos móviles o computadoras, como lo evidencian algunos de los comentarios allí expuestos.

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“Después que pasa la feria, la rumba sigue como es. Así queda demostrado y aquí queda comprobado”

Parte de esto lo hacen posible las comparsas, bailarines, agrupaciones musicales, actores y todo el talento artístico que durante meses se prepara para ofrecer un show a la altura. El estudio javeriano logró determinar que el 95% de los talentos de la versión 62 eran caleños, en su mayoría hombres, y, “una de las cosas que más llama la atención es que gran parte de ellos residían en las zonas en donde hay más conflicto, criminalidad y delincuencia común, lo que demuestra el importante impacto de la cultura en estas zonas”, resalta el profesor Alexei Arbona. En año de pandemia, el 99,5% de la nómina de artistas de toda la Feria fue local.

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Por otro lado, el investigador Arbona comenta que “algo que ha generado polémica en la feria es la idea de que ésta es un evento privado y para unos pocos. Sin embargo, el estudio demuestra que si bien algunas exposiciones (para el 2019) tenían una tarifa de entrada, gran parte de la población pudo asistir a múltiples eventos oficiales de forma gratuita”. Para la versión 2020 esto no fue problema, pues en esta oportunidad los seis eventos principales de la feria y que por lo general tienen tarifa de entrada, estuvieron abiertos al público de forma gratuita a través de Facebook y YouTube: salsódromo, encuentro de melómanos y coleccionistas, somos Pacífico, carnaval de Cali vieja, concierto alternativo y, el mundo le canta a Cali, Cali le canta al mundo.

 

Caleños, colombianos y habitantes de mundo entero, se conectaron con nuestra ciudad, su arte y su cultura, sin necesidad de pines o códigos de ingreso”, dijo Corfecali en comunicado a Pesquisa Javeriana

 

El estudio javeriano menciona que la festividad popular es para gente joven adulta entre 25 y 45 años y, por lo general, en años anteriores ha tenido una gran acogida por los capitalinos, seguido de los habitantes del departamento del Valle del Cauca y Antioquia y, a nivel internacional, son los habitantes de Estados Unidos, España, Francia y Alemania los que se pegan la rodadita para vivir esta experiencia festiva. Pero la colosal audiencia en el 2020 parece haber superado cualquier feria anterior, en comunicado Corfecali afirma que, “nos vieron desde 96 países, 3.928 ciudades en todo el mundo y en 26 de los 32 departamentos del país”.

Los empleos nuevos generados para el 2019, gracias al desarrollo de la celebración fue de 18.830 y para el 2020 las cifras indican que el evento benefició a más de diez mil personas vinculadas en la cadena de valor del ecosistema cultural. Ahora bien, la virtualidad también favoreció el bolsillo de los visitantes, por ejemplo, según la investigación, un turista internacional podría invertir cerca de los 290 mil pesos diarios y el turista nacional unos 164 mil pesos, asistiendo en promedio 4,47 días a la feria. No por esto hay evidencia de una preferencia por la virtualidad, pues en el estudio javeriano, la mayoría de los participantes asegura que tiene el deseo de regresar a vivir la fiesta presencial.

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“Si se me acalora no mire la hora, tómese un raspado, ¡y cuento acabado!”

El impacto del reconocido espectáculo no solo ha sido económico sino social y cultural, pues, tal como lo expone el economista Alexei Arbona,“la feria ha logrado potenciar el talento creativo y perseverar las tradiciones de la región”, y según destaca Corfecali, la edición 63 no fue la excepción: “hoy podemos afirmar que en el atípico 2020, año de retos y desafíos, realizamos la Feria más internacional e incluyente de su historia; una celebración que amplió de manera significativa el número de espectadores con relación a sus versiones anteriores. Actores múltiples y diversos hicieron posible que esta Feria fuera una apuesta por la vida, la alegría, y la esperanza, además de contribuir a la reactivación anímica y económica del sector cultural y artístico de nuestra ciudad”.

¿Reactivar la economía? O más bien ¿repensarla?

¿Reactivar la economía? O más bien ¿repensarla?

La sesión plenaria de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó, en 2009, una declaración formal que reconocía a las cooperativas como promotoras de desarrollo social. Esta declaración, sin duda, apalancó y afianzó estas organizaciones como un componente importante ―más allá de las empresas capitalistas― en la estructura económica de los países. Sin embargo, lo anterior no ha sido suficiente para que se potencie su visibilidad en el ámbito territorial por parte de los gobiernos. Tampoco ha hecho que los investigadores, en los centros educativos, generen evidencia documentada de la potencialidad de las cooperativas ―que hacen parte del conglomerado empresarial― para construir progreso social en Colombia. 

Eso, por lo menos, es lo que piensa Juan Fernando Álvarez, profesor de planta del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, de la Pontificia Universidad Javeriana: “Tradicionalmente, el estudio de este tipo de organizaciones solidarias no se cubre de manera transversal, cuando de organizaciones se trata. Esto ni en antropología, ni en sociología, ni en administración, ni en derecho… Mucho menos en economía. Se cree que la única forma de organización es la empresarial, la capitalista. Por eso no existen muchos acercamientos empíricos y conceptuales que demuestren la incidencia de las cooperativas en aspectos como la sostenibilidad empresarial, la dinamización de los territorios y las condiciones para el desarrollo local, lo que es problemático, porque no se tienden puentes entre las economías solidarias, la academia, la sociedad y los gobiernos”. 

Por eso, desde hace varias décadas, el profesor Álvarez, junto con el equipo de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, ha desarrollado proyectos investigativos que evidencian, de manera empírica, la potencialidad e importancia de las cooperativas en la sociedad en general, desde la aplicación de metodologías cuantitativas.  

Una de esas investigaciones, que desarrolló con el profesor Miguel Ángel Alarcón Conde, de la Universidad de Castilla La Mancha, en España, relacionó las contribuciones de las cooperativas ―a través de sus siete Principios Cooperativos― en las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

¿Cuánto aportan los resultados de las cooperativas a los ODS? Esa fue la cuestión. 

Y para responderla, los profesores Álvarez y Alarcón se valieron de dos metodologías. La primera es la encuesta Delphi, con base en la cual los investigadores indagaron entre 16 líderes de cooperativas colombianas y estudiosos cuál podría ser la relación entre los Principios Cooperativos y los ODS. A partir de ese resultado estadístico, desarrollaron la segunda metodología: el análisis de redes sociales, un método matemático en el que se entrelazan nodos ―en este caso, los Principios Cooperativos con más incidencia sobre los ODS― para expresar lazos entre ellos. De esta manera, aplicando una escala de las aportaciones de los Principios a los ODS, identificaron las relaciones más intensas y, a partir de estas, demostraron el impacto, en general, que puede tener, por ejemplo, un principio cooperativo específico ―como la igualdad― en un ODS específico ―el fin de la pobreza―. 

Con base en lo anterior, los investigadores encontraron, por ejemplo, que las cooperativas destinan cerca de un cuarto de sus excedentes a acciones que contribuyen a los ODS, sobre todo en “actividades de preservación medioambiental, captura de carbono, trabajo decente y educación”, de acuerdo con el documento académico.

También descubrieron que más de un 80 % de las cooperativas realiza o financia iniciativas sostenibles. Adicionalmente, entre otros hallazgos, evidenciaron que el principio cooperativo que más contribuye a los ODS es la preocupación por la comunidad, y que este tiene un impacto significativo en dos objetivos: ciudades y comunidades sostenibles, y educación de calidad. 

En ese sentido, concluyen ―a partir de indicadores verificables y contrastables― que las prácticas de algunas cooperativas en Colombia, gracias a su “no prioridad del ánimo de lucro personalista”, están en sintonía con los ODS. 

Ahora bien, advierte el profesor Álvarez, estos resultados son tan solo una generalización: “Son una aproximación susceptible de debates y mejoras y, a su vez, abiertas a su réplica en diferentes contextos”. 

De cualquier forma, la investigación y sus resultados son un aporte a la consolidación del cooperativismo ―y, en general, al estudio de las economías solidarias― desde una perspectiva académica. Ese es su valor: “Imagínate un iceberg. En la punta están todos los estudios económicos sobre el impacto de las empresas capitalistas a la economía, pero abajo están las otras formas de hacer economía y también las otras formas de estudiar y medir los beneficios, que van más allá de los valores monetarios. Bueno, eso es lo que hacemos: medir lo de abajo del iceberg”. Y concluye: “Nosotros insistimos en medir lo que importa medir. ¿Y qué es? ¡Pues el resultado! La capacidad de transformar […]. El indicador no es el dinero”. 

Al profesor Álvarez lo acusaban de “soñador” ―aún hoy― por este tipo de comentarios y apuestas. ¿Cómo así que la plata no es el indicador estrella del éxito de una empresa? 

Pensaban que éramos un grupo dogmático. Nos preguntaban qué habíamos tomado para plantear que la medición de las organizaciones está en su capacidad de generar transformaciones”, sonríe. “Y mira, en octubre el papa Francisco publicó su encíclica social Fratelli tutti y en esta él nombra 14 veces a las economías solidarias y a las cooperativas como una forma para cambiar nuestros hábitos de consumo y producción”, vuelve a sonreír.  

El papa Francisco también es parte de este grupo de supuestos dogmáticos. Ahí está la prueba.

LOS SIETE PRINCIPIOS COOPERATIVOS SON:  

  • Asociación voluntaria y abierta 
  • Control democrático de los miembros 
  • Participación económica de los asociados 
  • Autonomía e independencia.
  • Educaciónformación e información 
  • Cooperación entre cooperativas 
  • Preocupación por la comunidad. 

LOS ODS CON MAYOR IMPACTO GRACIAS A LOS PRINCIPIOS COOPERATIVOS SON:   

  • Ciudades y comunidades sostenibles 
  • Educación de calidad. 

 

Para leer más:  Alarcón Conde, M. Á. y Álvarez Rodríguez, J. F. “El balance social y las relaciones entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Principios Cooperativos mediante un análisis de redes sociales”. Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa, 2020, (99), 57-87. 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: El balance social y las relaciones entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Principios Cooperativos mediante un análisis de redes sociales.
INVESTIGADORES: Juan Fernando Álvarez Rodríguez y Miguel Ángel Alarcón Conde.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-2020.

 

                            

Brechas de género: cada vez más amplias por la pandemia

Brechas de género: cada vez más amplias por la pandemia

Ante las cifras sobre desempleo, horas de trabajo no remunerado y otros indicadores del panorama económico del país, las brechas de género son cada vez más evidentes. Pese a la importancia de las mujeres para el mercado laboral, los avances hasta ahora, aunque destacables en muchos casos, han sido lentos, irregulares, insuficientes y diferenciados.

Esta es la principal conclusión de un estudio divulgado en noviembre por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) a través de la publicación Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia.

Para profundizar en este análisis, Pesquisa Javeriana dialogó con Paula Herrera Idárraga, profesora del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente lidera los informes sobre brechas de género en el Mercado Laboral en Colombia durante la Pandemia, junto al proyecto Género y Economía y el Dane.

 

Pesquisa Javeriana: ¿De dónde surgen las brechas de género?

Paula Herrera Idárraga: Depende de la óptica desde donde uno las analice, pero yo diría que las brechas de género surgen por una cuestión de roles que son una construcción social, es decir, la sociedad es quien decide cuál es el rol del hombre y de la mujer dentro de la misma. En esta lógica, a las mujeres desde hace mucho tiempo se les ha dado el rol de quienes cuidan y quienes hacen labores domésticas dentro del hogar, mientras que al hombre se le ha dado un rol de proveedor -quien lo sustenta.

 

PJ: Se creería que los departamentos con economías más fuertes tienen mayor participación laboral de las mujeres, como es el caso de Cundinamarca, Valle del Cauca o Santander. Pero ¿qué está haciendo La Guajira, por ejemplo, para tener una de las cinco tasas globales de participación femenina más altas en el país?

PHI: Hay que tener en cuenta que la participación laboral tiene un comportamiento de ‘U’ con respecto al desarrollo económico. Puede ser muy alta en el despegue de la economía porque las mujeres están vinculadas como trabajadoras familiares o en procesos productivos como los agrícolas, siendo parte de la mano de obra.

En la medida en que las economías empiezan a desarrollarse, la participación laboral de las mujeres cae porque hay más desarrollo, más ingresos y las actividades ya no se llevan a cabo en estructura familiar, sino en estructuras de mercado, en las cuales las mujeres empiezan a perder ese estatus que antes tenían cuando el desarrollo era incipiente.

Finalmente, cuando el desarrollo es aún mayor, la participación laboral femenina se incrementa porque aumentan los niveles educativos de las mujeres, sus oportunidades y su remuneración.

También podríamos pensar que la participación laboral femenina no solo depende del desarrollo territorial, sino también de otras variables como los aspectos culturales que pueden ser distintos entre regiones igualmente desarrolladas, por ejemplo, Antioquia, que está por debajo del promedio nacional en esta tasa. Allí puede que los factores culturales primen más que los económicos.

 

PJ: ¿Se podría decir que la maternidad se convierte en un obstáculo para el desarrollo laboral de las mujeres?

PHI: Sí. La razón de ello tiene que ver con los roles de género porque las mujeres terminan siendo las responsables y quienes más tiempo dedican a los cuidados de los menores, los hijos y de los mayores.
Incluso, como lo ha analizado la economista Claudia Goldin, una vez nacen los hijos las mujeres se ausentan del mercado laboral, eso genera un espacio en su trayectoria en donde no acumulan experiencia y tienen depreciación de su capital humano. Cuando vuelven a vincularse, la única forma como lo logran es con salarios menores que los de sus pares hombres, que no tuvieron esa ausencia durante la crianza de los hijos.

 

PJ: Además de promover la educación de las mujeres, ¿qué otros aspectos se deberían fortalecer para eliminar las brechas de género?

PHI: Es importante pensar en políticas públicas y mecanismos que les permitan a las familias disminuir esas cargas de cuidado de los menores, es decir, pensar en guarderías y colegios de jornada única más larga, en lo ideal subvencionadas o gratuitas por parte del Estado, que coincidan con los horarios laborales de los padres. Ante esto, también se podrían pensar tipos de trabajos más flexibles para poder conciliar la vida familiar con la laboral.

Por ejemplo, en el caso particular colombiano se está hablando de una licencia de paternidad similar a la de las mujeres para que las empresas perciban igualmente costoso contratar a una mujer que a un hombre.

 

La discriminación positiva consiste en poner cuotas para la contratación de mujeres.

 

PJ: ¿Por qué hoy aún persisten los sesgos en las profesiones que las mujeres eligen?

PHI: Esto es como el problema de cuál fue primero: el huevo o la gallina. Si una mujer percibe que aunque estudia mucho y trata de ir hacia profesiones que son masculinizadas y romper los ‘techos de cristal’, no consigue ocupar los mismos cargos que los hombres y ganar los mismos salarios, en muchos casos la señal que se envía a otras mujeres es que a pesar de los esfuerzos no va a lograr lo mismo que un hombre.

En la medida en que las mujeres no vean referentes femeninos en cargos de poder, esto será una señal que les seguirá demostrando que es difícil llegar allí.

 

PJ: ¿Para romper las brechas, las mujeres se estarían recargando de trabajo tanto remunerado como no remunerado?

PHI: Sí, las mujeres lo están haciendo. Yo creo que se les está pidiendo demasiado. Aquí es cuando hablamos de la súpermujer que puede hacer todo. Lo cierto es que si una de ellas quiere tener familia, trabajo, hijos y ser una gran profesional, en muchos casos tendrá unas jornadas muy largas o la ayuda de otras mujeres, lo que se conoce en la literatura como las ‘cadenas de cuidado’. Esto significa que las súpermujeres muchas veces realmente lo logran a ‘costillas’ de otras que están dejando sus hogares y aquí es donde viene otro concepto del que casi no se habla: los ‘pisos pegajosos’.

 

PJ: ¿Cómo ve las brechas de género después de la pandemia?

PHI: Aumentando. Los datos ya lo indican. Incluso nosotros venimos alertando sobre estas brechas desde que se publicaron los dos primeros informes sobre Brechas de género en el mercado laboral colombiano – impactos COVID-19, desarrollados en conjunto con el Dane. Por ejemplo, en octubre la tasa de desempleo de las mujeres aumentó 7,6 puntos porcentuales con respecto a 2019, mientras que los hombres 2,9.

Durante la pandemia todos estos indicadores los estamos tratando como una crisis, pero resulta que las mujeres en octubre de 2019 ya enfrentaban una tasa de desempleo del 12,5% y nadie estaba hablando de eso, entonces eso es lo que nos muestra que las mujeres siempre hemos estado en aprietos en temas de desempleo.

Lea la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) Octubre 2020.

 

PJ: ¿Cuál es el desafío para hombres y mujeres?

PHI: Cualquier cambio en donde para uno de los grupos suponga sacrificios y cambio de mentalidad, va a existir incomodidad. Creo que se debe tener un cambio de conciencia desde temprana edad, es decir, estamos frente a una sociedad muy machista y cuando hablamos de machismos no solo es por el lado de los hombres, sino también por el lado de las mujeres.

Cuando uno mira el porcentaje tan grueso de hombres y mujeres que están de acuerdo con afirmaciones sobre cuáles son los roles de género del tipo “el deber de un hombre es ganar dinero y el de la mujer es cuidar del hogar y la familia”, vemos una realidad en donde tenemos un gran reto por delante y es deconstruir esas formas como la sociedad ha decidido que los hombres y las mujeres deben comportarse y asumir ciertas responsabilidades al interior del hogar.

Economía feminista en pandemia, ¿una situación olvidada?

Economía feminista en pandemia, ¿una situación olvidada?

Las brechas laborales entre mujeres y hombres se acentúan con la llegada de la pandemia por la COVID-19. Según un estudio del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), las medidas de confinamiento afectaron económicamente al 56% de las mujeres ocupadas y al 45% de los hombres.

Esta consecuencia se debe a que los sectores más perjudicados por la contingencia han sido los que por lo general lidera la población femenina como servicios, manufactura, turismo, entre otros. Es más, ante el cierre de instituciones educativas, muchas mujeres tuvieron que dejar sus trabajos para ocuparse de los niños en casa.

En uno de los encuentros virtuales sobre economía feminista realizados por el Departamento de Economía de la Javeriana Cali, expertas en género y economía como Cecilia López (exministra), Paula Herrera (profesora de la Javeriana Bogotá) y Natalia Escobar (Coordinadora de la Mesa de Economía Feminista del Valle del Cauca), dialogaron sobre la dinámica que enfrentan las mujeres en la actualidad.

Mariela*, que a sus 32 años de vida y con una trayectoria laboral de más de una década en una empresa reconocida del país, tuvo que dejar su cargo como operaria. “No podía dejar a mis hijos con otros cuidadores pues las recomendaciones eran mantenerse aislados con el grupo familiar y, además, para el colegio virtual era complicado porque mi mamá era la única que estaba en la casa y no podría dirigirles las tareas ni colaborarles con los aparatos tecnológicos. De verdad que ojalá los niños puedan regresar pronto a estudiar, porque yo no puedo seguir en la casa, yo estoy enseñada a trabajar y mi esposo es el único que está aportando en este momento. Estamos estallados”, describe.

Con la reactivación económica, uno de los sectores que primero retomó labores fue el de la construcción, el cual tiene mayor representación masculina y menos del 1% de las mujeres, según confirma estudio del DANE. Uno de los sectores más afectados ha sido el de manufactura, en el que las mujeres cuentan con el 45% de los empleos sobre todo en la fabricación de prendas de vestir, labor feminizada que está atravesando una crisis por la disminución de su demanda.

Ante esto, la noción de economía feminista parte del hecho de que las mujeres están rezagadas dentro del sistema económico. Por eso, esta área de estudio propone repensar la economía como disciplina para erradicar la violencia doméstica, proteger a las mujeres y educar para involucrar a los hombres en el trabajo doméstico y de cuidado, de acuerdo con Maribel Castillo, profesora investigadora asociada al Departamento de Economía de la Javeriana Cali. “No hay que pensar la economía feminista como un subcampo, sino como un eje transversal a todo lo que hacemos en economía”, complementa.

Desigualdad laboral entre géneros

Hoy en día las mujeres conforman una buena parte del mercado productivo y desempeñan labores de gran importancia alrededor del mundo. No obstante, las inequidades entre géneros persisten en la sociedad y el ámbito laboral es un claro ejemplo de ello. En Colombia, por ejemplo, para el primer trimestre del 2020 la participación de las mujeres en el mercado laboral fue del 53,4%, mientras que la de los hombres representó el 74,4% y, a su vez, el desempleo en mujeres fue del 13,3% frente al 7,7% en los hombres. “La mujer sigue siendo subvalorada tanto en el tiempo trabajado como en el pago remunerado”, explica Castillo.

Y la situación no deja de ser preocupante cuando se fija la mirada en las cifras que demuestran que el trabajo remunerado ha disminuido con relación al trabajo no remunerado, que va en alza, dice Castillo. Ella agrega que el cuidado de niños, personas de la tercera edad y familiares enfermos ha caído en hombros de las mujeres alrededor del mundo, reflejo de las normas sociales predominantes y la estructura del mercado laboral actual. Esto afecta la capacidad de las mujeres para dedicarse al trabajo remunerado, sobre todo cuando son labores que no pueden realizarse de manera remota. Según cifras de Naciones Unidas, a nivel global las mujeres están dedicando un promedio de 4,1 horas diarias al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, lo que equivale aproximadamente al 50% de una jornada laboral paga.

Ahora bien, ¿qué pasa con la situación de las mujeres que además de ser empleadas con sueldos muy por debajo de lo que en su lugar ganaría un hombre, cumplen con tareas del hogar sin recibir una remuneración económica a cambio? Este panorama hace referencia a lo que desde la economía se denomina “trabajo doméstico o de cuidado no remunerado”, el cual no es considerado como una actividad productiva bajo el paradigma económico convencional Al respecto, López, Herrera y Escobar, como lo afirmaron en el encuentro web mencionado, que aunque la situación ahora mismo no es alentadora, poner sobre la mesa estas ideas de desigualdad y reconocerlas, ya representa un paso enorme para empezar a operar en favor de la equidad económica, social, política y cultural.

Ese es uno de los motivos de la creación de la ‘Mesa de economía feminista de Cali y el Valle del Cauca’, instaurada a partir de esfuerzos conjuntos de instituciones como la Universidad ICESI, la Universidad del Valle y la Pontifica Universidad Javeriana Cali, con el fin de poner en la agenda municipal y departamental el abordaje de la economía feminista y con ello hacer frente a las desigualdades mencionadas.

Maribel Castillo señala que la pandemia ha revelado la importancia de las labores de cuidado y enfatiza en que las políticas de reactivación económica deben incluir la perspectiva feminista, o de lo contrario se seguirán ampliando las brechas entre géneros. “Debemos darle lugar a la economía feminista en los debates políticos nacionales y trabajar hacia un nuevo modelo de desarrollo que reconozca la importancia de la mujer en los diferentes escenarios, económicos, políticos y sociales”, enfatiza.

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Con este tipo de imágenes, los encuentros virtuales ejemplifican la situación actual laboral de las mujeres en el país.

*Nombre modificado por solicitud de la fuente

¿En qué se ha gastado el dinero de la pandemia?

¿En qué se ha gastado el dinero de la pandemia?

Con el propósito de hacer frente a la actual emergencia sanitaria y proporcionar alivios económicos a las entidades territoriales que reciben fondos del Presupuesto General de la Nación, el pasado 23 de marzo del 2020 el Gobierno nacional creó el Fondo de Mitigación de Emergencias – FOME. Se trata de un fondo estatal que proporciona liquidez a la Nación, al sector financiero, y a empresas privadas, públicas o mixtas durante la pandemia  causada por la Covid-19, mediante el recaudo de recursos provenientes del Fondo de Ahorro y Estabilización (FAE), Fondo de Pensiones Territoriales (Fonpet), y el Presupuesto General de la Nación.

No obstante, a la fecha, el Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME) ha recibido cerca de 25,5 billones de pesos, de los cuales solo ha gastado el 29% en los sectores salud, transferencia a programas sociales y subsidios a la nómina, entre otros. Por eso, entender las decisiones que ha tomado el Gobierno en relación con el desembolso de los recursos públicos destinados a la atención a la emergencia del Covid-19 y poner la lupa sobre sus declaraciones del “déficit fiscal” que conduciría a una posible reforma tributaria en el 2021, ha sido un asunto de particular interés para el Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana.

De ahí que, en junio del 2020, esta entidad publicara el informe La transparencia en el uso de los recursos para atender la emergencia; documento que presenta una revisión exhaustiva a los datos entregados a la sociedad por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público con el fin de comprender en qué se ha gastado la plata recaudada por el Gobierno nacional durante la pandemia. Pesquisa Javeriana conversó con Luis Carlos Reyes, director del Observatorio Fiscal, acerca las decisiones tomadas por el Estado en materia económica, las implicaciones sociales y sectoriales de estas decisiones y la reforma tributaria que se avecina, producto del actual hueco fiscal.

 

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Aplanar la curva de contagios por coronavirus ha sido un asunto de particular preocupación para los gobiernos. Transversal a este escenario han surgido una serie de reflexiones en torno a la necesidad de aplanar también la curva de la pobreza, desigualdad, discriminación, polarización, indiferencia y daño ambiental. En ese sentido, y con la intención de identificar las lecciones globales durante la actual pandemia, la Pontificia Universidad Javeriana llevó a cabo el pasado 28 de mayo el seminario web ‘Aprendizajes de la crisis del Covid-19 para afrontar el cambio climático’.

En esta jornada, a la luz de la Carta Encíclica Laudato Sí, expertos nacionales e internacionales presentaron las lecciones que como peregrinos de la ‘Casa común’ debe asumir la humanidad no solo para afrontar la actual situación sanitaria y social, sino también la crisis que vive el planeta con el calentamiento global.

“Somos parte de un todo, somos parte de la ‘Casa común’ y las transformaciones que se necesitan implican retos para el Gobierno y la sociedad. Esto significa, una nueva ética con la naturaleza”, afirmó Hernando García, director del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, quien también agregó el concepto de ‘salud planetaria’ al referirse a la preservación del equilibrio ecológico, solidario, natural y espiritual del hombre con el medio ambiente.

“La especie humana es un pequeño suspiro en la vida del planeta”, reflexionó García.

 

Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.
Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.

Manuel Pulgar-Vidal, exministro de ambiente de Perú y actual lider del Programa Internacional del Clima y Energía de WWF, añadió que la pandemia de la Covid-19 se debe interpretar desde la degradación del medio ambiente, la pérdida de especies y hábitats, el calentamiento global y la precaria calidad del agua y el aire en regiones de alta densidad poblacional, lo cual incide directamente en la proliferación de enfermedades como el Zika o el Chikunguña y, en este caso, la Covid-19.

Pulgar hizo un llamado al “renacimiento de la región”, basado en los aprendizajes de la pandemia. Resaltó que no existe un futuro sostenible sin consideraciones ambientales y climáticas, ni se puede pensar en una recuperación futura si no se incorporan las necesidades sociales. Abogó por una visión de sostenibilidad a largo plazo (año 2050) y finalmente dijo que es indispensable articular la economía mundial con la conservación de la naturaleza.

“La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común”: Jairo H. Cifuentes, Secretario General de la Universidad Javeriana, durante la apertura de la jornada.

Por otro lado, Jimena Puyana, coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU en Colombia, sostuvo que las enseñanzas que ha dejado el SARS-CoV-2 en materia de formulación de políticas públicas en países en vía de desarrollo, son: priorizar las inversiones que generan múltiples beneficios y propósitos a través de una ‘economía verde’; invertir en educación, salud e infraestructura desde una perspectiva de conservación, protección y sostenibilidad de la biodiversidad; apuntarle a impuestos que desincentiven la producción excesiva del carbono; apoyar las políticas de reforestación protectora y productora; invertir en las áreas protegidas; generar respuestas integrales -factores sociales, ambientales y económicos- para superar la crisis, y tener una conciencia clara de la vulnerabilidad humanidad evidenciada en la desigualdad y pobreza.

Citando a la revista científica Nature, Puyana destacó que “la pandemia ha ocasionado que el mundo reduzca entre el 17% y el 26% la producción de gases de efecto invernadero en comparación con el año pasado”.

El egresado javeriano Mauricio Rodríguez Castro, presidente de las firmas CO2Cero y EcoLogic, nutrió la conversación a partir de una perspectiva empresarial, desde la que es necesario implementar una economía circular mediante la reutilización de recursos; es decir, que los empresarios articulen sus proyectos con ideas de negocios sostenibles, amigables con el medio ambiente. En términos coloquiales, Rodríguez señaló que “la naturaleza nos está dando una cachetada”, razón por la cual, dijo, motivado por la situación de pandemia, que la sociedad debe pensar en una transformación profunda de su comportamiento, sus hábitos y cultura.

“Previamente se creía que las personas no eran productivas con el teletrabajo, pero la actual situación ha llevado a los empresarios a considerar esta nueva alternativa”, puntualizó Rodríguez Castro.

Finalmente, Andrés Rosas, decano la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, y moderador del simposio, convocó a una rueda de respuestas alrededor de la pregunta ¿qué se puede hacer para cambiar el comportamiento de las personas frente a la crisis del cambio climático? Los panelistas afirmaron, en unanimidad, que la mejor forma para movilizar cambios sociales es entender que la humanidad es vulnerable y que la COVID-19 es un factor de sensibilización que debería llevar a las personas a conectar sus decisiones con su entorno, en este caso el medio ambiente, tal y como lo menciona la Encíclica Laudato Sí: “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión”.

Este simposio se llevó a cabo en el marco de la celebración del quinto aniversario de la Encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común y el acuerdo de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Lo invitamos a revivir la jornada aquí.

Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia. 
Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia.
El Coronavirus también “enferma” al peso colombiano

El Coronavirus también “enferma” al peso colombiano

Recurriendo a los clásColumna-Juan-carlosicos de la economía de los siglos XVIII y XIX, quisiera recordar algunas de las famosas frases económicas que aún nos rigen, entre ellas el reconocido “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar) -escrito por Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII- y aquella mano invisible, que no se refiere a la futbolística de Maradona, sino que representa la autorregulación de los mercados sin intervención alguna –evocada por Adam Smith para señalar la capacidad de ayudar al libre mercado-.

Puede que la mano invisible de Maradona, por allá en el año 1986, tenga mucho de actualidad, en un tiempo en el que aún se necesita del Video Assistant Referee (VAR) en el fútbol para asistir mediante una grabación al árbitro central con el objetivo de determinar si se ha producido alguna infracción o jugada irregular y con el ánimo de no generar injusticias.

Comparativamente, determinar o vaticinar el precio del dólar en estos momentos en que el Coronavirus (COVID-19) entra en nuestras vidas es como jugar a ser el árbitro. Es posible no darse cuenta de situaciones anómalas y por eso es importante retrotraer el video, explicar por qué el peso colombiano frente al dólar perdió valor -devaluó- y enumerar sus causas. Quiero señalar aquí que dejaré de lado “lo técnico”, de corte estadístico y econométrico, para darle paso a “lo fundamental” o de coyuntura; es decir, entender un mundo que funciona como decía Adam Smith, mediante el “libre mercado”, donde “la mano invisible de la economía” influyó en el repunte del precio de la divisa.

Lo difícil en este contexto VUCA (acrónimo usado para describir Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad) es vaticinar cómo se comportará el dólar en el futuro próximo, pues los fundamentales pueden cambiar en cualquier momento.

Al volver al VAR y retrotraer los movimientos del precio del dólar a la fecha en cámara lenta y de cerca, vemos que la pérdida de valor de nuestro peso frente al dólar en lo corrido del año va en 20,29 % mientras que la del año completo (12 meses) suma 26,21 %, de acuerdo con la información del Banco de la República. Gran parte de esta devaluación se debe a varias razones, entre ellas el Coronavirus; el ajuste de tasas del Sistema de la Reserva Federal (conocido como Reserva Federal o informalmente Fed) que es el banco central de los Estados Unidos; la caída de los precios del petróleo -por cuenta de la no colusión entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), liderada por Arabia Saudita y Rusia; e incluso a nivel local -aunque opacado por el virus-; las grabaciones del ‘Ñeñe’ Hernández, lo cual causa inestabilidad, afectando la prima de riesgo de país -entendida como la diferencia en la tasa de interés que a un inversor se le paga al asumir una determinada inversión con una menor fiabilidad económica que otra, o sea como los extranjeros nos ven para invertir en Colombia-.

Sin embargo, contradiciendo las palabras de los fisiócratas, que opinaban que la riqueza de una nación procedía de su capacidad de producción y no de las riquezas acumuladas por el comercio internacional, podríamos observar la posición de los otros jugadores para ver si es solo Colombia quien está en “fuera de lugar”. El VAR permite ver cómo en el resto de economías denominadas emergentes como la nuestra, siguen perdiendo valor (la chilena, argentina y brasileña también están “fuera de lugar”), aun cuando el peso colombiano y mexicano son las monedas más volátiles y golpeadas en esta coyuntura macroeconómica con relación a su cotización frente al dólar.

Por lo tanto, “la mano invisible del mercado” nos sorprendió en “fuera de lugar” a los colombianos y los denominados países emergentes, el dólar se disparó y no fuimos capaces de predecirlo, pues los “fundamentales” arriba mencionados se juntaron rápidamente y la reacción en las bolsas fue muy volátil -cabe recordar que el dólar es un “activo refugio”, en el que en contextos VUCA la gente se refugia-.

Ahora la pregunta del “millón” es: ¿hacia dónde se moverá el dólar? Para responder esta cuestión podemos recurrir al VAR para aprender la lección, sin embargo, ahora debemos pensar a futuro (vaticinar) y reconocer que también es una tarea difícil puesto que actualmente no es evidente que el Banco de la República vaya a actuar con su instrumento de política monetaria, modificando las tasas de intervención, pues una actuación en ese sentido, de subir tasas para revaluar el peso frenaría el ascenso del dólar, pero a costa de ralentizar la economía que de por sí ya está siendo golpeada –y será golpeada más fuerte- por el Coronavirus.

En términos de política fiscal por parte del gobierno, aumentar impuestos no es una opción, le queda la iniciativa de generar gasto público, algo que deberá realizar imperativamente como política para reactivar la economía. Sin embargo, es importante mencionar que no hay muchos recursos debido a la caída de los precios del petróleo. Entonces, la alternativa es la deuda pública que, como se mencionó arriba, con una prima de riesgo en ascenso será cada vez más onerosa esta salida, pero inevitable.

En definitiva, atreverse a decir que el dólar bajará no es una opción en el corto plazo –veremos el ‘VAR’ más adelante-. Mientras los “fundamentales” no cambien de tendencia, el dólar permanecerá en el rango de las últimas semanas, incluso con tendencia alcista, y como sucede en el fútbol, mientras no haya certezas para reanudar los torneos nacionales e internacionales, el dólar no tendrá tendencia a la baja.

Coletilla: En este momento VUCA, les invito a comprar sus víveres en las pequeñas y medianas empresas, pues son ellas las que generan la mayor cantidad de empleo en el país y quienes van a sentir en mayor medida este coletazo económico que vivimos y que se vendrá.

*Juan Carlos Cobo-Gómez (ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0138-7051)

Profesional en Economía de la Universidad de los Andes, con Maestría en Estadística y Econometría de la Universite Paris-Est Creteil Val de Marne (Francia), Master en Dirección Financiera del Centro Universitario Villanueva (España) y Candidato a Doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente es Asistente del Vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana y se ha desempeñado como profesor de fundamentos de macroeconomía en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, profesor de investigación cuantitativa y contextualización de problemas educativos en la maestría en Educación de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana.

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

Mujeres migrantes en Colombia: entre desafíos y dificultades

En los últimos diez años, la entrada de ciudadanos extranjeros al país se ha incrementado, siendo la capital el principal destino. Según datos de Migración Colombia, a diciembre de 2019 habían ingresado 1.032.016 venezolanos, de los cuales el 45% son mujeres. Como lo explica la profesora Camila Esguerra Muelle, del Instituto Pensar, de ese porcentaje la gran mayoría de ellas terminarían realizando labores de cuidado precarizado y no reconocido.

Este tipo de trabajos se conocen como empleos inseguros o de poca calidad que exponen a sus trabajadores a situaciones de riesgo constante. Esto sucede en el ejercicio del cuidado, pues como argumenta la investigadora, el empleo doméstico es uno de los que más riesgos laborales implica pues se enfrentan a circunstancias ergonómicas, físicas, psicosociales, de acoso y explotación laboral.

Bajo este contexto social, Esguerra realizó la investigación ‘Migración y cadenas globales de cuidado’, resumida a través del ‘working paper’ Se nos va el cuidado, se nos va la vida: Migración, destierro, desplazamiento y cuidado en Colombia. “Cuando hablamos de cuidado nos referimos a la reproducción material y simbólica de la vida; es la dependencia en las relaciones con los territorios y la naturaleza que lo rodea”, aclara la entrevistada. Ejemplos visibles de estas acciones son las labores domésticas, familiares, agrarias, de la tercera edad y cuidado personal.

En su estudio, la antropóloga analiza la formación de las cadenas globales de cuidado y explica que cuando son escasas, las mujeres en condiciones de pobreza del mismo país o migrantes rurales se encargan de cubrirlas; ellas a su vez, al emigrar, dejan un vacío en el cuidado de sus propios hogares, el cual es cubierto por otras personas.

Aunque el cuidado no es valorado, este hace parte de la economía del mundo, pues según la ENUT (Encuesta Nacional del Uso del Tiempo), el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) en Colombia se produce a partir de los trabajos de cuidado no remunerado. De este, el 16% es realizado por mujeres en situación de pobreza.

Un ejemplo cotidiano de los retos a los que se enfrentan las niñas en condición de vulnerabilidad es que en algunos casos son entregadas desde pequeñas a familias con alta capacidad adquisitiva, con el fin de que cumplan con labores domésticas y a cambio de una promesa de educación. Según explica Esguerra, las personas que hacen estos intercambios no son conscientes de que realizan trata de personas, muchas veces con menores de edad.

Además, si se tiene en cuenta que existen aproximadamente ocho millones de personas desplazadas en el país, la migración no es exclusivamente venezolana. “Más de la mitad de los desplazados por la violencia y el narcotráfico son mujeres que vienen a las grandes ciudades a cuidar y muchas de las que llamamos venezolanas son en realidad colombianas retornadas, que el conflicto armado de este país sacó hace 20 años”, complementa.

El problema principal de estas mujeres es que carecen de cuidado, el cual se evidencia en enfermedades físicas y psicológicas como depresión, ansiedad, insomnio y dolores físicos. A esto se le suma otro escenario: ellas trabajan en promedio un mes más por cada año que los hombres y son peor remuneradas, según la ENUT. “Eso es lo que configura las profundas desigualdades de género en el mundo. Nadie cuida a las cuidadoras porque esto se ha asumido como un asunto privado, que se naturaliza como una labor propia de las mujeres”, argumenta la investigadora.

Esguerra concluye que se debe aceptar el reconocimiento de las labores de cuidado como un asunto de Estado. “No basta con hacer pactos de redistribución del trabajo en la casa. El Estado debe asumir el cuidado como un derecho y un bien social, entendiendo que todos los seres vivos necesitamos de este, de lo contrario seguirá habiendo un mercado informal y precarizado, que pone en riesgo a las migrantes y seguirá soportado en la explotación de mujeres y personas feminizadas”, puntualiza.

Impuestos al capital en la era de la robotización

Impuestos al capital en la era de la robotización

 

Por años, economistas de todo el mundo han defendido la idea de que no es necesario ponerle un impuesto al capital. Es decir, si usted es dueño de una empresa, no tendría por qué contribuir monetariamente al Estado por sus activos (maquinarias, instalaciones, materias primas, trabajo, entre otros). Sin embargo, investigaciones recientes sobre el tema, han demostrado que en algunos casos podría ser apropiado, tal y como lo afirmó el profesor Iván Werning, durante su visita con motivo del evento de lanzamiento del programa de doctorado en economía de la Pontificia Universidad Javeriana.

Para comprender este argumento, Werning, quien es reconocido como uno de los economistas jóvenes más influyentes en el escenario mundial, según la revista The Economist, señaló la diferencia entre los conceptos capital y trabajo. Si los impuestos a los ingresos laborales son comunes, ¿por qué debería ser diferente con los derivados del rendimiento del capital? Por un lado, los impuestos a los ingresos juegan un rol redistributivo más directo, lo que ayudaría a mejorar la distribución de los ingresos. Por otro, la acumulación de capital proviene de ahorros e inversiones pasados. Impuestos al capital podrían generar distorsiones indeseadas que afecten negativamente al crecimiento de la economía. En estos argumentos se escudaban los economistas que recomendaban no gravar al capital, pero sí a los ingresos laborales.

Sin embargo, hay razones para reconsiderar este antiguo consenso. Si la consolidación de las firmas más exitosas se debe al esfuerzo y trabajo de los empresarios, entonces el valor de estas empresas proviene del fruto del trabajo y, como tal, debería ser gravado como los demás salarios.

Otro argumento a favor de los impuestos al capital es que, al ser utilizados para evitar que la riqueza de un país termine concentrada en pocas manos, pueden contribuir a que por la vía democrática no ascienda al poder algún gobierno con la bandera de expropiar las grandes fortunas. Esto sería aún peor para los incentivos al ahorro y al emprendimiento.

“La propuesta que estamos escuchando en los países de Latinoamérica es ponerle impuestos a la riqueza, en algunos casos hasta el 6% del patrimonio. Si no tuviéramos ningún impuesto al capital, la desigualdad en la riqueza sería muy grande e incluso crecería en el futuro”, afirmó Werning.

Iván Werning
Iván Werning. Impuestos en tiempos modernos: robots, riqueza y comercio

Impuestos a los robots

Por su parte, la utilización de robots en el proceso productivo de las empresas modernas es una forma de progreso tecnológico al que se enfrentan las economías de hoy. ¿Son bienvenidas estas tecnologías a pesar de realizar las tareas tradicionalmente a cargo de los trabajadores? ¿Deberían ser reguladas? ¿De qué forma? Los resultados de las investigaciones más recientes del profesor Werning son concluyentes en afirmar que las sociedades deberían abrazar las nuevas tecnologías, y que su efecto sobre la distribución del ingreso puede ser contrarrestado con un sistema óptimo de impuestos sobre las empresas que se beneficien de ellas. Argumentos similares pueden ser aplicados a la regulación del comercio internacional frente a la globalización.

Cabe mencionar que la participación de Werning en el lanzamiento del Doctorado en Economía busca incentivar en los candidatos a este programa el poder abordar durante el desarrollo de sus agendas de investigación, este y otros temas de relevancia social. Al respecto, el profesor Werning lamenta la escasez de doctorados en América Latina “…porque hay muchas preguntas de investigación que son particulares a los países, a sus instituciones y a su situación […] Muchas veces se ha dicho que es muy difícil competir con el resto del mundo, pero no hay que quedarse con la idea de que hay que competir en la misma dimensión, en el mismo margen; hay otras dimensiones donde los posgrados locales pueden agregar valor”, concluye.

Para conocer más remas relacionados con el impuesto al capital y la economía colombiana, lo invitamos a visitar los siguientes artículos:

La reforma tributaria que no se vio

¿Cómo va la economía en el contexto global?

Un año con Iván Duque

¿Qué es la clase media en Colombia?

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento