El lenguaje de Humboldt

El lenguaje de Humboldt

Col Gomez C

“En tiempos de nuestro viaje, un viejo papagayo nos fue indicado en Maypures,
del que los habitantes locales decían, y el hecho es importante de anotar, que
ellos no entendían lo que decía, porque hablaba la lengua de los atures”.
Alexander von Humboldt
Relation historique du voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent


“En las selvas del Orinoco,
vive solitario un viejo papagayo,
frío e inmóvil, como si su imagen
hubiera sido esculpida en la piedra.
Olas espumosas cubren el cavernoso río,
que truena en los vuelos del torrente,
más arriba, las gráciles palmeras
se bañan en la luz de un sol alegre.
[…] Abajo, donde ruedan las olas,
yace una nación hundida y muerta;
rechazada de su hogar y tierras,
halló refugio en estas rocas.
Allí murieron los aturianos,
libres y valientes como habían vivido;
y sus últimos vestigios permanecen
en la tumba bajo el limo espeso del río.
Es aquí donde el último de los aturianos,
el viejo papagayo, se queja en su duelo;
afila su pico en las ramas
y hace resonar su grito por los aires.
Ay! de los niños que le enseñaron
a repetir su lengua materna,
y de las mujeres que lo criaron
construyéndole su nido:
Yacen exterminados y olvidados,
tendidos sobre las riberas,
y sus gemidos plañideros
no despiertan ya a nadie.
Así, abandonado e incomprendido,
los llama en un lenguaje extraño;
sólo el ruido de las olas le responde.
No hay un alma que comprenda.
Y el salvaje hoy que lo percibe,
pasa raudo en su canoa;
nadie, sin un secreto terror
ve al papagayo de los aturianos”.
Ernst Curtius
The Parrot of the Aturians

Alexander von Humboldt, como el papagayo de los aturianos descrito en el epígrafe anterior, le habla a nuestros contemporáneos en un lenguaje que parece no comprenderse hoy. Un lenguaje que el académico alemán Ottmar Ette analizó bajo el título de Ciencia, paciencia y conciencia. Este lenguaje, aparentemente arcaico en una sociedad vertiginosa de inmediateces, logró concretar y sintetizar en el siglo XIX —muy pacientemente a través de tres cuartos de siglo verdaderamente vitales— las ilusiones holísticas que habían surgido en la antigua Grecia con las elaboraciones de los filósofos presocráticos.

El lenguaje del menor de los Humboldt en el siglo XIX buscaba conectar el todo, investigando cómo se entretejen todas las fuerzas naturales en una concatenación general que no tiene una dirección simple y lineal, unívoca, sino que conforma un tejido entrelazado en forma de red.

En este sentido, puede parecer paradójico haber presentado en esta obra una sucesión lineal y escalonada de capítulos disciplinares que, tras dar cuenta del paso a paso de la comisión humboldtiana y sus contactos neogranadinos y luego colombianos, tratan de manera independiente la cartografía, la astronomía, el paisajismo, la arqueología, la zoología, la paleontología, la geografía e hidrología, la antropología, la geología y la botánica. De la misma manera, parecería un contrasentido haber desagregado los hallazgos específicamente neogranadinos de su obra global que cubrió al menos dos continentes y postuló conceptos fundamentales, como las líneas isotermas y la geografía de las plantas, en diferentes latitudes y longitudes.

Sin embargo, tanto como el prusiano llenó paciente y conscientemente, página por página, sus diarios de viaje y cuadernos de notas, hemos optado por esta misma estrategia en torno a lo descrito en un territorio que no ha terminado de definir sus límites dentro de fronteras que son más políticas que geográficas. La reunión de los eslabones neogranadinos (o colombianos) a partir de la obra de Humboldt, una vez dispuesta sobre la mesa la mayoría de los elementos disponibles para configurar esta sección del entramado humboldtiano, permitirá tejer la red de nociones biogeográficas y sociales para este territorio —y para los circundantes— tal y como lo requiere el modelo propuesto por el viajero alemán.

A través de hallazgos disciplinares, en lo que hemos llamado una Humboldtiana neogranadina, se relacionan los componentes percibidos por Humboldt en su paso por territorio del Virreinato de la Nueva Granada entre 1800 y 1803, así como en sus correspondencias entre 1804 y 1859 con diferentes protagonistas decimonónicos del naciente país que se llamó Colombia. Esta misma estrategia, que permitirá a los estudiosos de cada disciplina —y a los totalizadores de la ecología— ajustar la trama de la naturaleza meridional, servirá a los historiadores de la ciencia para dar cuenta de un tejido social relativamente desconocido hasta el presente, cuyos componentes se han descrito previamente de manera fragmentada y, diríamos, sesgada, bajo el signo de las luchas políticas más que bajo el de contiendas intelectuales y científicas.

Después de todo, la mayoría de los neogranadinos citados por Humboldt se conocen solo desde el ángulo de su función sociopolítica en las luchas de la independencia, y muy poco en sus eventuales dimensiones complementarias, incluyendo la dimensión científica.

Una red de hallazgos disciplinares humboldtianos en los dominios de la naturaleza neogranadina, sumados a la red de contactos neogranadinos y colombianos que se presenta en los primeros tomos de esta obra, permitirán consolidar a Alexander von Humboldt como uno de los mayores conectores universales que ha producido la humanidad. Pero, en realidad, más allá de una nueva exaltación hagiográfica de este personaje histórico, esperamos que la presente elaboración aporte elementos clave al estudio del desarrollo de nuestra sociedad a través de una de las más abundantes series de contactos y personajes del siglo XIX, sintetizada en un índice onomástico que incluye cerca de 2.000 individuos, entre los que se deben destacar un número que sobrepasa los 250 personajes, explícitos o genéricos, que interactuaron con el prusiano en (o en torno al) territorio que hoy comprende Colombia en la esquina norte de Suramérica.

Un sello para difundir el conocimiento javeriano

Un sello para difundir el conocimiento javeriano

“Lo que estamos haciendo hoy es determinante para la Universidad Javeriana del futuro”. Con esas palabras, el padre Gerardo Arango Puerta le dio la bienvenida en 1992 al Centro Editorial Javeriano (Ceja), una iniciativa con la que se proponía capitalizar el conocimiento desarrollado desde las aulas universitarias. “Con ese tipo de responsabilidad podemos hacer realidad aquello de hombres y ciencia, y la información es una ciencia”, recalcó el, por entonces, rector.

Este naciente proyecto propuso, en un principio, publicar las investigaciones de los profesores javerianos y crear colecciones de temas específicos en áreas como las ciencias sociales, arquitectura, arte, diseño, ciencias naturales, entre otros.

Hoy, a más de 25 años de aquella decisión, la actual Editorial Javeriana se ha convertido en uno de los sobresalientes sellos universitarios de Colombia, que con sus cerca de 80 lanzamientos anuales sigue nutriendo la oferta de nuevo conocimiento desde la Academia.

Pesquisa Javeriana habló con Nicolás Morales, su director, durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2018, en la cual la Editorial ha dispuesto de un extenso espacio (compartido con Javeriana Estéreo) para exponerle al público lector su amplia variedad de títulos, que comprende desde análisis a la obra de autores como Evelio Rosero, investigaciones sobre la expresión de la música salsa en Bogotá o ensayos sobre la economía colombiana, hasta colecciones que advierten del riesgo y la desaparición de las aves colombianas.

Este fue nuestro diálogo:

La humanización de la salud, problema de todos

La humanización de la salud, problema de todos

“La medicina no es propiedad de los médicos ni la salud es de quienes ostentan puestos directivos en el sistema. La salud y la medicina son propiedad de la sociedad”. Con este argumento, Eduardo Díaz Amado, profesor del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana, presenta el libro La humanización de la salud: conceptos, críticas y perspectivas e invita a consultarlo por estar al alcance de cualquier persona que quiera ahondar sobre la situación actual de la atención médica en Colombia y comprender las diferentes visiones que existen al respecto.

El libro, que reúne 26 investigaciones de diversas profesiones relacionadas con la atención en salud, surgió del tercer Foro de Bioética Clínica “Humanizar la salud: significados, posibilidades y límites”, que realiza la Universidad cada dos años. Luego de la invitación de Díaz Amado a los ponentes de ese foro para construir artículos académicos que reflexionaran alrededor del concepto de la humanización, de las tensiones existentes en la actualidad en las profesiones de la salud y de los aportes de las humanidades médicas a este fenómeno, se recopilaron estos textos en la publicación editada por la Editorial Javeriana y presentada el pasado 16 de noviembre en el marco de los 20 años de existencia del Instituto de Bioética.

En el libro se puede encontrar artículos que hablan de cómo en un currículo de educación se introduce el tema de la humanización de la salud o de las experiencias en los hospitales, entre otros temas con abordaje crítico desde lo político y lo ético.

Si desea conseguir este libro, puede consultar el catálogo o pedir información en la Editorial Javeriana.