COVID-19: su estómago también podría estar en riesgo

COVID-19: su estómago también podría estar en riesgo

Coronavirus anteriores al SARS-CoV-2, como el SARS-CoV-1 y el MERS, en su momento reportaron la presencia de síntomas gastrointestinales en las personas que los padecieron, como diarrea, náuseas, vómito y dolor abdominal. Aunque en el actual coronavirus estos síntomas han sido reportados en menor proporción, esta sintomatología también puede preceder a las manifestaciones respiratorias de la COVID-19, dice la doctora Ana María Manzano, médica internista y gastroenteróloga del Hospital Universitario San Ignacio.

Después de hacer una revisión científica de los hallazgos alrededor de este virus y su relación con el tracto gastrointestinal, la experta brinda información detallada para tener en cuenta en el manejo y cuidado de sus manifestaciones en el cuerpo.

 

Radiografía

“Fueron dos días sin apetito, con náuseas y vómito. Alcancé a pensar que estaba embarazada”, dice Juliana*, de 29 años. “Una prueba de sangre y otra de orina descartaron esa posibilidad. Sin embargo, los síntomas persistían ¿Una gastroenteritis, tal vez?”, narra la publicista.

Ella no sospechaba el hecho de tener COVID-19, había tenido todos los cuidados y, según comenta, no habría explicación alguna para adquirirlo. Sin embargo, tras una prueba de PCR para diagnosticar coronavirus, el resultado fue positivo. “Para mí fue una sorpresa, no tenía ninguno de los síntomas comunes (fiebre, tos seca, cansancio; u otros más fuertes como dificultad para respirar, dolor de garganta, de cabeza, etc.)”. Entonces, ¿era asintomática? No, las náuseas, el vómito y la falta de apetito hacían parte de una gama de signos que desconocía. “Así es este virus, llega sin avisar y se manifiesta de formas que creo que ni la ciencia ha logrado entender”, agrega Juliana.

El primer caso documentado de este tipo fue el de un joven de 35 años en Estados Unidos, señala la doctora Manzano. Él tuvo síntomas gastrointestinales como vómito, diarrea y dolor abdominal antes de presentar los comunes efectos respiratorios.

¿Por qué la afectación estomacal? Según explican los expertos, la enzima (agiotensina-2) por medio de la cual ingresa el virus, está presente en gran medida en diferentes tramos del tracto digestivo, como por ejemplo el intestino delgado, lo que puede explicar la presencia del virus en esta parte del cuerpo, argumenta Manzano.

En cuanto a la afectación que tiene el virus en el hígado, se ha visto que del 14% al 53% de los pacientes con COVID-19 reportan lesión en este órgano y, dice la experta, la mayoría de las alteraciones a este nivel son transitorias y leves. Además, en la revisión de la literatura científica notó que muchas de ellas apuntan a que el compromiso hepático puede ser secundario y no directamente generado por este coronavirus, sino por el mismo tratamiento farmacológico para tratarlo; por los estados de hipoperfusión (que no le llega buen aporte sanguíneo al hígado), o por la severa reacción del sistema inmune para contrarrestar la infección. Estos y otros factores que siguen en estudio podrían explicar la disfunción hepática, explica la especialista.

 

Los medicamentos antivirales pueden generar síntomas gastrointestinales como diarrea durante el tratamiento contra COVID-19

 

 

Efectos del tratamiento

Hay otros síntomas gastrointestinales que pueden presentarse durante la enfermedad y son efectos asociados a la terapia o tratamiento indicado para manejo de la COVID-19. Con respecto a los medicamentos antivirales, pueden generar síntomas gastrointestinales como diarrea durante el tratamiento, gastroparesia (dificultad durante la digestión), dolor abdominal, inflamación del páncreas (pancreatitis), entre otras patologías. Por eso, no hay que desestimar la aparición de estos signos asociados a la terapia en esta enfermedad, comenta la experta.

 

¿Qué dice la ciencia?

El primer estudio que reportó 140 pacientes con Covid-19 y síntomas gastrointestinales clasificó 82 de los casos como no severos y 58 casos como severos, del cual el 36,9% mostró síntomas gastrointestinales, siendo los más frecuentes: náuseas, diarrea y pérdida del apetito. Otra investigación, con datos de 1.099 pacientes de 552 centros médicos en China, encontró que la frecuencia de síntomas gastrointestinales era baja, pues estaba presente entre el 3.8% y 5% de las personas evaluadas. Sin embargo, una de las limitantes del estudio, según explica la gastroenteróloga, es que era solamente descriptivo.

En razón de lo anterior, en un nuevo estudio tomaron muestras de materia fecal a todos los pacientes que ingresaban a hospitalización y que eran confirmados como positivos para coronavirus, con el fin de saber si había presencia de éste en las heces. De los 73 pacientes objeto de la pesquisa, se encontró que en el 53% había evidencia de material genético del virus. Incluso, esta pesquisa evidencia que aun cuando ya habían dado negativos para COVID-19 en las pruebas de tracto respiratorio, la muestra en materia fecal podía seguir siendo positiva. Sin embargo, señala Manzano, eso no concluía nada de que hubiera todavía replicación viral activa y que estos pacientes no pudieran ser dados de alta.

Según datos de pacientes con PCR positivo en vía aérea y en tracto digestivo, las pruebas de materia fecal indican que las partículas del virus pueden sobrevivir por más tiempo en el tracto gastrointestinal, lo que quiere decir que a pesar de ser negativos para coronavirus, en heces puede aparecer positivo. “Incluso, hay algunos estudios que dicen que la carga viral en heces puede durar hasta 23 días”, informa la médica.

 

Si un paciente está bajo aislamiento porque tiene la presencia de la enfermedad, lo ideal es que pueda tener un baño personal.

 

¿Se puede transmitir el virus de forma fecal-oral?

Este tipo de transmisión puede darse de cinco formas de acuerdo con varios estudios, explica Manzano: a través de los dedos, moscas, fluidos, superficies y comida, y este virus cumple varias. Sin embargo, no hay evidencia concluyente hasta ahora que confirme la transmisión del SARS-CoV-2 de esta forma.

Sin embargo, es recomendable implementar todas las medidas higiénicas. Debe haber una desinfección frecuente de áreas compartidas, si un paciente está bajo aislamiento porque tiene la presencia de la enfermedad, lo ideal es que pueda tener un baño personal. Se sugiere, además, que este lugar sea usado por otras personas solo 14 días después de haber salido de hospitalización o de pasar el aislamiento en casa.

 

Otras consideraciones

En cuanto a la solicitud de exámenes endoscópicos, argumenta Manzano, hay ciertas restricciones. “Hay procedimientos de alto riesgo como la broncoscopia y la endoscopia digestiva superior, que sería mejor evitarlas”, señala. Por eso, sugiere que las personas solo se realicen procedimientos de urgencia: cuando se presenta sangrado gastrointestinal, colangitis (cálculos que impiden el paso de la bilis que produce el hígado) y extracción de cuerpo extraño. Estos procedimientos, de igual manera, implican riesgos para el paciente y para el equipo que los realiza.

En casos de pacientes programados y no de urgencia, se hace un triage pre-endoscópico y el día de la cita se toman las medidas de bioseguridad correspondientes, toma de temperatura, etc. Así se reduce el riesgo para el personal médico encargado.

Finalmente, no hay que desconocer que la aparición de síntomas gastrointestinales puede asociarse al estrés que ha condicionado esta pandemia. Por eso, afirma la doctora Manzano: “no es ser exagerado, hay que ver todas las posibilidades, pues aún estamos tratando de entender el comportamiento del virus y hay muchas dudas por resolver y síntomas que pueden o no estar asociados a la enfermedad”.

 

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente

Protocolos y tecnologías que mejoran la calidad de vida de pacientes con diabetes

Protocolos y tecnologías que mejoran la calidad de vida de pacientes con diabetes

La diabetes es una de las enfermedades crónicas que impone uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo XXI. La Federación Internacional de la Diabetes (FID) calculó que en 2019, 9,3% adultos de entre 20 y 79 años sufrían este padecimiento, lo que significa alrededor de 463 millones de personas.

Para 2030, la FID estima que 578 millones de adultos vivirán con esta afección mientras que para 2045 se alcanzarán los 700 millones. Esto equivale a la ocupación de 6.140 estadios como el Rungrado Primero de Mayo (Corea del Norte), que es el más grande del mundo con una capacidad de 114.000 espectadores.

En Colombia, el Ministerio de Salud reportó 1’294.940 personas diagnosticadas con diabetes en 2019. La prevalencia de esta enfermedad crónica e incurable tiene múltiples causas que interactúan con factores socioeconómicos, demográficos, ambientales y genéticos. Sin embargo, los principales riesgos incluyen los niveles crecientes de obesidad, las dietas poco saludables y la inactividad física.

Para Pablo Jaramillo, residente de medicina interna de tercer año y uno de los líderes del Semillero de investigación en Diabetes y Obesidad, nuevas tecnologías, de la Pontificia Universidad Javeriana, “todo el tema de la obesidad tiene un trasfondo inflamatorio crónico. Esto produce que haya una mala respuesta o una resistencia a una hormona tan importante como la insulina”, explica.

La diabetes se origina cuando el páncreas no produce suficiente insulina o cuando el organismo no la utiliza eficazmente. Esta hormona se encarga de hacer que la glucosa (que funciona como combustible) ingrese a las células para que la puedan utilizar y producir energía. Por eso, la obesidad va de la mano con la diabetes. De hecho, es previa a muchas otras complicaciones como la enfermedad renal. “Más allá de una relación dicotómica, es un ciclo vicioso, en el cual todo empieza por algo muy cultural y de costumbres, que son los hábitos de vida poco saludables, y termina en enfermedades graves que comprometen la vida de los pacientes”, expone Jaramillo.

 

Endocrinología: especialidad médica y una rama de la biología que se encarga del estudio de las glándulas de secreción interna, como la insulina.

 

Dicho semillero, que colidera la endocrinóloga e investigadora Ana María Gómez Medina investiga y formula proyectos enfocados al mejoramiento de la calidad de vida de estos pacientes, con el uso de nuevas tecnologías. Actualmente, estas herramientas están enfocadas en pacientes con diabetes tipo 1, que tiene una causa autoinmune y genética difícil de controlar, al contrario de la diabetes tipo 2, que se relaciona con hábitos de vida poco saludables.

Por eso, el reto para los endocrinólogos es tratar la de tipo 1; es allí donde las nuevas tecnologías como la bomba MiniMed 670 entran en escena. Estas bombas de insulina se encargan de reemplazar la función del páncreas por medio de una infusión continua de la hormona. Sin embargo, no sustituyen todo el funcionamiento y producción hormonal de este órgano.

Actualmente, el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI) cuenta con pacientes que usan este tipo de tecnologías, lo que permite que se perfeccione y se adapte a las necesidades de quienes la usan, además de generar propuestas y proyectos de investigación avalados por el Comité de Ética.

 

¿Qué hace el Semillero de investigación Diabetes y obesidad, nuevas tecnologías?

Este grupo realiza múltiples investigaciones. Una de ellas es exponer a los pacientes que usan bombas 670 a diferentes tipos de ejercicios físicos para observar cómo se comporta la glicemia durante estos procesos. “Básicamente, todos los proyectos que se están realizando giran en torno a la diabetes, a la tecnología y a la obesidad. Específicamente, abordando la enfermedad desde temas como el ejercicio, complicaciones renales o la anemia. Todo está encaminado a cómo mejorar la calidad de vida de estos pacientes y aportar conocimientos”, expone el internista Jaramillo, que está próximo a convertirse en estudiante de endocrinología.

Uno de los mayores aportes que han dejado las investigaciones y las múltiples publicaciones del semillero ha sido el reforzar la seguridad y la eficacia de los protocolos para el manejo de insulina del Hospital San Ignacio. Para Jaramillo, “uno de los protocolos más importantes es el manejo de insulina. Cuando uno tiene pacientes que necesitan esa hormona, existe el riesgo de producir efectos adversos como la hipoglicemia o la hiperglicemia”. Este ‘saber hacer’ es seguro y produce bajas tasas de hipoglicemia en comparación con hospitales de otros países, afirma el médico.

Este 14 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Diabetes. El tema de la campaña de este año es “El personal de enfermería y la diabetes”, con la cual se busca crear conciencia sobre el papel crucial que juega el personal de enfermería en la vida de los pacientes.

Esta conmemoración fue creada en 1991 por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de la Diabetes debido a la creciente preocupación del aumento de casos diagnosticados. Las nuevas tecnologías e investigaciones contribuyen a restar los impactos de una enfermedad como esta, que en el 2017 causó cuatro millones de muertes.

 

Publicaciones del Semillero (en inglés):

Effects of performing morning versus afternoon exercise on glycemic control and hypoglycemia frequency in type 1 diabetes patients on sensor-augmented insulin pump therapy.

Continuous Glucose Monitoring Versus Capillary Point-of-Care Testing for Inpatient Glycemic Control in Type 2 Diabetes Patients Hospitalized in the General Ward and Treated With a Basal Bolus Insulin Regimen.

Reduction of glycemic variability with degludec insulin in patients with unstable diabetes.

Que no le duela el corazón por culpa de la COVID-19

Que no le duela el corazón por culpa de la COVID-19

Diversos estudios internacionales están dando cuenta de la relación que hay entre el órgano principal del aparato circulatorio, el corazón, y la Covid-19. El virus no solo hace estragos en los pulmones, también afecta otros ‘territorios’ del cuerpo humano.

Según explica el doctor Julio Aldana, estudiante de cardiología en la Pontifica Universidad Javeriana, una de las pesquisas que empezó a dar indicios sobre los efectos de la Covid-19 en el corazón fue la publicada por JAMA Cardiology, en la que participaron 416 pacientes contagiados con el actual coronavirus en Wuhan, China, de los cuales el 19,7% presentaron lesión cardiaca durante la hospitalización, afección común en pacientes con este virus y que está asociada a un mayor riesgo de mortalidad. La detección de este signo se caracteriza por la elevación de la troponina, una proteína que en altas proporciones representa daño para el sistema circulatorio.

Al respecto, el doctor Aldana explica que cuando aumenta esta sustancia se incrementa la mortalidad, independiente de cuál sea el escenario (infarto, pancreatitis, neumonía por COVID-19, etc.). “Vemos que la tasa de supervivencia en este estudio fue mayor comparada con los pacientes que elevaron la troponina”, explica.

Este hallazgo ya daba indicios de las dificultades cardiacas relacionadas con este tipo de coronavirus. Así, en otros estudios empezaron a aparecer otras más que confirmaban el daño en personas con COVID-19. Por un lado, el análisis de 39 autopsias realizadas a pacientes con el virus identificó infecciones en el corazón en personas que no habían sido diagnosticadas previamente con problemas cardiovasculares.

Asimismo, otro estudio sometió a resonancias magnéticas a 100 personas recuperadas del SARS-CoV-2 en los últimos dos a tres meses. Los investigadores encontraron anomalías cardíacas en un 78% de los pacientes; un 60% reportó miocarditis o inflamación del músculo cardiaco, lo que reduce la capacidad del corazón de bombear y producir ritmos cardíacos rápidos o anormales (arritmias), y el 76% de los analizados mostró elevación de troponina, indicio de cambios en el funcionamiento de este órgano.

El SARS-CoV2 puede afectar al corazón de diversas formas, dice el médico Julio Aldana.

 

Según Aldana, la respuesta a estos daños responde a múltiples factores colaterales a la infección como la hipotensión (presión arterial baja), hipoxia (deficiencia de oxígeno en la sangre), isquemias (reducción en la capacidad del músculo cardíaco de bombear sangre) o ruptura de las células cardíacas. El virus puede afectar el corazón de diversas formas, según el especialista. Puede ser de forma directa, cuando afecta al músculo (miocardio); cuando hay una falta de oxígeno en la sangre porque el virus está atacando a los pulmones o cuando desencadena una inflamación en los órganos.

 

Hipertensión y coronavirus

En el contexto de la infección por el SARS-CoV-2 y la presencia de insuficiencia cardíaca en las personas, no se sabe con exactitud si el problema está relacionado con la miocarditis convencional (cuando el corazón se inflama) o si es la respuesta del organismo a la inflamación sistémica que genera la COVID-19, según explica el doctor Leslie Cooper, director del Departamento de Cardiología de Mayo Clinic.

Dentro de las patologías que pueden ocasionar la insuficiencia cardiaca está la arteriopatía coronaria (afectación de las arterias que suministran sangre al corazón) y la hipertensión. Uno de los estudios que destaca el doctor Aldana es el publicado en The New England Journal of Medicine, el cual evidencia la presencia de esta última en el 15% de los pacientes evaluados que tenían el virus. Así, los investigadores se empiezan a preguntar por la relación de la presión arterial alta con la COVID-19.

Según las conclusiones dadas por los expertos, se piensa que en adultos mayores posiblemente esto sea resultado de mayores exigencias al corazón y de una capacidad ya disminuida en la reserva cardíaca por la edad, mientras que en pacientes menores se podría tratar de una miocarditis causada por el virus.

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Alternativas para hacer electrocardiogramas a pacientes con COVID-19

Otro de los puntos a tener en cuenta a la hora de hablar del corazón y el coronavirus es el electrocardiograma, una prueba frecuente que se utiliza para detectar problemas cardíacos. Este se hace a través del registro de las señales eléctricas que emite el miocardio. Sin embargo, la realización de exámenes como estos en pacientes con el SARS-CoV-2 resultan problemáticos, porque un paciente con coronavirus está aislado en una sala especial, con personal especializado que está dedicado únicamente a él y trasladar una máquina que se utiliza en otras áreas del hospital puede exponer al personal médico y otras personas a un mayor riesgo de infección, explica Aldana.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) ha tratado de implementar el dispositivo Kardia, una tecnología pequeña, liviana y fácil de utilizar, con dos electrodos que toman un electrocardiograma basal, comenta el médico javeriano. “Entonces, podemos utilizar esta herramienta como primer paso para calcular el riesgo cardiaco en pacientes con COVID-19”, indica, reconociendo además que el seguimiento a personas con patologías cardiacas en estos casos debe ser constantemente monitoreado, de manejo estricto y cuidadoso.

Después de este recorrido por algunos de los hallazgos alrededor de lo que la ciencia ha identificado respecto a la COVID-19 en relación con los efectos cardiacos, es claro que si bien la enfermedad cardiaca previa es una condición de salud que puede hacer a una persona más susceptible a desarrollar complicaciones si adquiere el virus, no por esto, quienes tengan dichas patologías son más propensos a adquirirlo.

En la piel también se reflejan síntomas de COVID-19

En la piel también se reflejan síntomas de COVID-19

“Esta enfermedad es tan rara que ayer me tumbó a la cama un dolor de cabeza terrible y se me inflamaron las articulaciones de una forma muy extraña, y hoy amanecí con estas ronchitas que no sé qué son”, dice Manuela* mostrando sus codos. “No me duelen pero me pican”. Está en el día diez de aislamiento, después de haber sido diagnosticada con el actual coronavirus. A sus 35 años, maneja los síntomas en casa y hace parte del grupo de personas a las que la reacción en la piel no se ha escapado de los efectos de la COVID-19.
Los primeros en reportar lesiones en la piel de personas con el virus hacen parte de un grupo de investigadores chinos que describieron las características de 1.099 pacientes de 522 hospitales. Dentro de los síntomas referenciados destacan los ya conocidos como fiebre, dolor de cabeza, tos, entre otros; sin embargo, la aparición de un ‘rash’ (erupción cutánea) en el 0,2% de la población del estudio empezó a calar en la mente de los especialistas.

Posteriormente, en Lombardía (Italia), el doctor Sebastián Recalcati estudió 148 casos, que eran positivos para la enfermedad provocada por SARS-Cov 2. En este proceso se excluyeron 60 pacientes que habían ingerido medicamentos en los últimos dos días y de los 88 que quedaron, 18 presentaban alguna afección en la piel, es decir, el 20.4% de la población estudiada: 14 con lo que se denomina ‘rash eritematoso’, tres con urticaria generalizada y una con una erupción tipo varicela, todas localizadas en el tronco.

Estos dos estudios, según la doctora y dermatóloga javeriana, Silvia Castello y la residente de dermatología de la misma universidad, Juliana Ordóñez, dieron paso a otras publicaciones, una de las más importantes, aseguran, fue la liderada por la doctora Cristina Galván Casas, primera en clasificar las diferentes manifestaciones cutáneas evidenciadas en el cuerpo de las personas con presencia del virus. “Recolectaron de forma casi maratónica, durante 15 días, 375 casos de toda España con fotografías que fueron evaluadas por cuatro dermatólogos expertos en morfología y semiología cutánea y lograron hacer una clasificación de las cinco manifestaciones (patrones) de la Covid-19 en la piel”, explica Ordóñez.

¿Cómo se puede manifestar en la piel?

Dentro de los patrones descritos por Galván, en primer lugar están las erupciones acrales que se presentaron en el 19% de la muestra y son similares a la perniosis (enfermedad inflamatoria de la piel que resulta de la exposición al frío y la humedad o puede estar asociada con enfermedades como el lupus eritematoso, y principalmente aparece en manos y pies). Algo importante es que estas lesiones suelen ser asimétricas entre una extremidad a otra y pueden ser intercaladas, expone la doctora Ordóñez. Eso quiere decir que, por ejemplo, un dedo está totalmente afectado, el otro no y así sucesivamente, y es común encontrarlas especialmente en niños y en personas jóvenes.

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“Usualmente estas lesiones inician posterior a los síntomas respiratorios en el 60% de las personas. Por eso, la mayoría de estos pacientes, según la teoría, tenían un PCR negativo, debido a que eran manifestaciones en piel tardía, eso quería decir que el virus probablemente ya no estaba presente. Tienen un buen pronóstico y duran cerca de 12 días”, explica Ordóñez.

Por otro lado, están las erupciones vesiculares, presentes en el 9% de los pacientes estudiados. Estas, a diferencia de lo que podría ser una varicela, consisten en pequeñas lesiones muy similares entre ellas (monomórficas) que se han encontrado principalmente en el tronco. Pueden tener contenido hemorrágico y contraer lesiones a manera de costra; aparecen con síntomas de fiebre, tos, dolor de cabeza, debilidad y demás, propios de la Covid-19. Al respecto, Ordóñez complementa que “los niños también pueden presentar un patrón similar y según lo que se ha descrito en la literatura, es común en edades intermedias (45 años); está asociado a un pronóstico general intermedio, aparece antes o al mismo tiempo que los problemas respiratorios, tiene una duración de aproximadamente diez días y es de gravedad intermedia”.

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Otro patrón es el de las lesiones urticariformes, evidenciadas en el 19% de los pacientes, principalmente visibles en el tronco o dispersas por todo el cuerpo. En esta agrupación llamaba algo la atención en la descripción que hacía Galván. La doctora Ordóñez explica que era el grupo que había consumido más medicamentos asociados a la posible reproducción de la lesión en la piel, por lo que no se sabe si el efecto era propiamente producto de la Covid-19 o de la medicina. Según Galván, estas predominan en edades intermedias (48 años) y están asociadas a un pronóstico más grave con una duración de seis a siete días.

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Por su parte, las lesiones máculo-pápulas hacen parte del cuarto grupo, encontradas en el 47% de los casos más graves. “Vemos que son reacciones agudas en la piel, con bordes irregulares y mal definidos que, si nos acercamos un poco más a verlos, presentan una descamación que va del centro a la periferia”, explica la dermatóloga Ordóñez.

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En este mismo grupo destacan otras como las erupciones pseudovesiculares, que tienen acumulación de líquido (edema). De estas, la doctora Ordóñez señala que en la fase crónica se pueden evidenciar lesiones con un aspecto que incluso llegan a parecerse a tumores.

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En esta variación se encuentran otras subclases como las de tipo de exantema periflexural, que se caracteriza por una erupción en grandes miembros como la axila, los laterales del tronco y la zona inguinal. También está el patrón morbiliforme, el cual se parece al sarampión y son lesiones rojas de dos a diez milímetros; o el entema, es decir, un salpullido en las membranas mucosas de nariz, boca.

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Por último, está el patrón livedo-reticularis o necrosis, presente en el 6% de los casos, caracterizado por la decoloración rojiza y azulada de la piel. Este se ha sido más visible en pacientes de mayor gravedad y más edad.

Con esta clasificación queda claro que las manifestaciones por presencia del SARS-Cov2 se muestran de formas muy variadas. El caso de Manuela representa solo una de las múltiples experiencias de reacciones en la piel por presencia de la COVID-19 o por los medicamentos suministrados. Hay marcas cutáneas que pueden ser muy similares a otras anteriormente vistas, subraya la dermatóloga Castello, por lo que su distinción es más compleja. Recomienda al personal que está atendiendo casos con Covid-19 sospechar de la presencia de estas afecciones en la piel, por un lado, para pensar en una infección por SARS-Cov2 o por otro, para evidenciar reacciones adversas a medicamentos. Para la dermatóloga Ordóñez “no todo es Covid y muchos de los medicamentos que se están usando ahora tienen manifestaciones en la piel”.

Ahora, como efecto secundario del uso de los elementos de protección personal (EPP), las alteraciones en la piel son evidentes. Por ello las expertas javerianas Castello y Ordóñez invitan a visitar las recomendaciones dispuestas por la Asociación Colombiana de Dermatología.

 

* Fotografías tomadas de Classification of the cutaneous manifestations of COVID‐19: a rapid prospective nationwide consensus study in Spain with 375 cases.

* Nombre modificado por solicitud de la fuente.

Una taza de café para el cuidado del corazón

Una taza de café para el cuidado del corazón

Existe un olor, un aroma cálido que convoca a las personas alrededor de una mesa, de una conversación, de un juego de ajedrez. Se trata del perfume que emana un pocillo de café, una de las tres bebidas más consumidas en el mundo junto al agua y el té, y cuyo origen proviene del norte de Etiopía, en África, durante el siglo XV, cuando la comunidad ancestral Oromo tomaba los frutos rojos de un arbusto llamado cafeto como energizante para sus expediciones de guerra.

Con el paso del tiempo y los viajes de los mercaderes árabes por el mundo durante los siglos XVI y XVII, este grano marrón expuesto al sol se convirtió en uno de los productos agrícolas de mayor exportación e importación en el planeta debido a su sabor, olor y textura, pero también a los altos niveles de energía que proporciona la cafeína –un psicoactivo propio de esta bebida-. No obstante, aunque este preciado líquido cuenta con un valor simbólico y cultural inserto en la dieta alimentaria de la humanidad, son diversas las opiniones médicas que han surgido durante los últimos 50 años en torno a los efectos negativos y positivos de su consumo.

Con el fin de indagar la creciente publicación de artículos científicos que controvierten las recomendaciones sobre la toma de café y comprender la tendencia del gremio médico a no sugerir esta bebida a sus pacientes, en 2016 el Grupo de investigación de Medicina Preventiva y Social de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana creó la línea de investigación Café y salud.

“Nuestro objetivo con esta línea es analizar y sintetizar toda la evidencia existente sobre el consumo crónico o habitual de café y los efectos en la salud de la población adulta”, explica Maylin Peñaloza Parra, profesora del Departamento de Medicina Preventiva y Social y líder del grupo.

 

125 mililitros entre taza y taza de café

Actualmente, las publicaciones en revistas científicas relacionadas con los efectos del café en la salud pública son variadas y abordan diversas temáticas como enfermedades metabólicas, diabetes mellitus, cáncer, demencia, párkinson, entre otras. Por eso, el punto de partida de este grupo de investigadores consistió en delimitar el campo de estudio a los efectos de esta bebida en la salud cardiovascular de las personas, con el fin de recopilar los datos científicos alrededor del tema y proponer una recomendación nutricional sobre la dosis estimada del fruto del cafeto para el consumo global a través de la evidencia publicada.

El primer paso para levantar los datos consistió en hacer una búsqueda y selección sistemática de la literatura científica mundial con las palabras “café” y “muerte cardiovascular”, a través de las bases de datos Medline, EMBASE, LILACS y la organización Cochrane, aplicando un riguroso proceso de revisión a publicaciones académicas, en el equipos de dos investigadores, de forma independiente, seleccionaron aquellas de mayor calidad.

El resultado de este ejercicio: 181 artículos iniciales, de los cuales se seleccionaron cinco meta-análisis que reúnen en su totalidad 41 estudios; todos aplicados a más de dos millones de personas sanas a nivel mundial, mayores de 18 años, con prácticas de consumo crónico, habitual y moderado de café, y quienes fueron analizadas por un período de aproximadamente 15 años.

Organizar esta información fue dispendioso para los investigadores. Por eso, se dedicaron a extraer y tabular los datos de las poblaciones analizadas en cada uno de los artículos, a encontrar el estado de salud entre quienes consumían café de forma habitual (según el número de tazas consumidas al día) y las personas que no, y a cuantificar a aquellos que estuvieron en riesgo de morir o fallecieron por causas cardiovasculares.

Para sorpresa de los académicos, la conclusión fue novedosa pues sintetizar estos datos les permitió encontrar que quienes consumen de tres a cuatro tazas de café al día tienen un 18 % menos de probabilidad de morir por causas cardiovasculares frente aquellos que lo toman de manera ocasional o no lo hacen, y un 17 % menos de probabilidad de morir por causas generales en el mismo caso.

“El ácido clorogénico es un antioxidante propio del café y tiene efectos protectores; a largo plazo, podría mejorar algunas funciones en materia de circulación y evitar desenlaces fatales a nivel cardiovascular”, afirma Peñaloza.

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El café, una bebida de talla internacional

Durante los últimos años, la producción y exportación de este grano a nivel mundial ha aumentado. Colombia, según la Federación Nacional de Cafeteros, generó 14,8 millones de sacos de 60 kilos de café verde durante el 2019; es decir, cerca de 9 % más que en comparación año anterior. Y aunque esta es una excelente noticia para el gremio y para la diversificación del consumo de la variedad arábico a nivel mundial, surge la necesidad de encontrar puntos en común acerca de la información que circula en las guías nutricionales de países productores como Brasil, México, Perú y Colombia, entre otros, y consumidores como Estados Unidos, Suecia, Países Bajos e incluso Japón, donde los indicadores de demanda de esta bebida van en ascenso.

Con esto en mente, y luego de proceso curatorial del comité de ética e investigación de la Universidad Javeriana (N° de aprobación 2018/06) y la revisión por parte de pares académicos, en junio del 2020 se publicó el artículo Relación entre el consumo habitual de café y la mortalidad general y cardiovascular: revisión de revisiones sistemáticas de la literatura en la Revista Chilena de Nutrición, con el fin de aportar un “grano de café” a la recopilación de la evidencia científica en torno al consumo de esta bebida que le permita al gremio médico tener datos actualizados y a las personas tomar decisiones informadas.

“Con este trabajo esperamos que la dosis sugerida de entre tres y cuatro tazas de café al día por persona sea una recomendación práctica para una bebida que hace parte del consumo de la población a nivel mundial y que por ende tiene un potencial impacto en la salud pública global”, finaliza Peñaloza.

Actualmente el Grupo de investigación de Medicina Preventiva y Social adelanta estudios sobre la relación del café y la salud cognitiva y enfermedades metabólicas en las personas, y está a la espera de dar a conocer dos artículos científicos que serán publicados en la Revista Colombiana de Cardiología sobre los efectos del consumo de esta bebida en las muertes por infarto agudo de miocardio y trombosis cerebral.

La salud de los sistemas de salud

La salud de los sistemas de salud

El 2020 será recordado por el coronavirus SARS-CoV-2, el microorganismo que puso en jaque a los sistemas de salud de todos los países del planeta. Ninguno estaba preparado para semejante pandemia, pero la dupla de los sistemas de salud y el manejo que los diferentes gobernantes le han dado a la situación han exigido volver la mirada y revisar el estado en el que se encuentran, tomar medidas políticas, sociales y económicas, y, entre estas últimas, asignar presupuesto para invertir en recurso humano y en dotaciones, que van desde lo más sencillo, como tapabocas, hasta las tecnologías más avanzadas, y responder así a los requerimientos de los pacientes contagiados con la COVID-19, acrónimo del inglés coronavirus disease.

La situación de Colombia, según un estudio realizado en 195 países, estaba más o menos bien, cuando se midió el acceso a la calidad en salud (HAQ, por su sigla en inglés): su índice fue de 67,8 sobre 100, superado en la región de América Latina y el Caribe por Chile (76), Cuba (73,5), Costa Rica (72,2), Uruguay (72), Perú (69,6) y Argentina (68,4). A la región que mejor le va es Europa occidental, con un índice de 86,8. Y la que llevó la peor parte fue África subsahariana, con 42,4.

El estudio se concentró en medir el acceso a salud de calidad, entendida como “la capacidad de un sistema para evitar muertes por condiciones de salud que se consideran susceptibles de ser tratadas”, explicó Lope Hugo Barrero, actual decano de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, y uno de los cientos de especialistas que se unieron a la investigación.

A diferencia de otras mediciones, lo que revisaron los científicos fue la cantidad de muertes en un país debido a situaciones que, si son tratadas a tiempo y adecuadamente, no tienen por qué terminar en muerte. Por ejemplo, hoy en día la gente no debería contagiarse ―ni morir― de tuberculosis u otras infecciones respiratorias, ni de difteria o tétano ―enfermedades contra las cuales existen vacunas―, ni por diarreas, ciertos cánceres o enfermedades cardiovasculares. “La existencia de buenos recursos médicos, buen entrenamiento, camas, equipos, etcétera, y su uso eficiente para que le lleguen los servicios a quien lo necesita” son una manera de prevenir que esto ocurra, continúa Barrero.

“Esta investigación se enmarca en el Estudio de la Carga Global de las Enfermedades, liderado por el Instituto de Métricas de la Salud de la Universidad de Washington, en el que participan múltiples grupos interdisciplinarios de investigación en el mundo”. Lope Hugo Barrera, Decano Facultad de Ingeniería

Para cada país, se comparó esta situación en 1990 y luego en 2015, con el fin de estimar su evolución. “La capacidad global para dar acceso a salud de calidad a las personas ha mejorado”, de acuerdo con los resultados de la investigación. Sin embargo, el estudio demuestra que no por tener los gobiernos más capacidad de invertir en salud sus ciudadanos tienen mejor acceso, porque las inversiones pueden no ser las que necesita el país, “por ejemplo, tener médicos en una especialidad en la que no se enferma tanto un grupo poblacional, o tener menos camas en sitios donde la gente se enferma más”, explica este ingeniero interesado en los medios de prevención en salud de grupos poblacionales.

Los investigadores hacen un llamado a continuar avanzando en mejorar los índices HAQ: “Comprender cuánta mortalidad o carga de enfermedad se puede evitar sobre la base de proporcionar acceso a atención médica personal de alta calidad y modificar los riesgos ambientales y de comportamiento a través de iniciativas de salud pública es de gran interés político”.

China y Corea del Sur, dice el estudio, “no solo progresaron en acceso, como lo hicieron la mayoría de los países, sino que lo hicieron más rápido que otros”. Frente a la pandemia actual, se destaca el uso de robots en China para medir la temperatura, lo que evita que el personal de salud lo haga, o la rapidez para construir un hospital, o la acción rápida para detectar casos en Corea del Sur, que, a pesar de vivir un segundo pico, ha controlado la enfermedad con pocos ciudadanos fallecidos en relación con el número de habitantes.

“La lección más clara es que la eficiencia de un sistema de salud y su humanidad tienen amplio margen para cumplir su objetivo: salvar vidas”, según Barrero. Y esa ha sido la meta al enfrentar la pandemia, como lo es en el caso de Colombia, que, aunque no estaba del todo preparada, ha sido capaz de ampliar su capacidad en corto plazo con medidas coordinadas. “No obstante”, continúa el investigador, “el reto no está superado, y todavía está por verse si el sistema de salud está preparado para atender los nuevos casos que se vayan dando al ritmo al que se ha venido liberando la actividad económica”.

En el futuro, los estudios que implementen el índice HAQ, en combinación con la cobertura de las intervenciones de salud y la prevalencia de factores de riesgo que pueden modificarse a través de iniciativas de salud pública, podrían proporcionar un mecanismo más sólido para rastrear el progreso de la cobertura universal de salud en múltiples dimensiones de la acción del sistema, concluye el estudio.

La ingeniería tiene muchas oportunidades para aportar, añade Barrero: “Soluciones de telemedicina, seguimiento en línea del progreso de los pacientes y el uso de herramientas diagnósticas y de tratamiento avanzadas se nutren de la ingeniería. Justamente nuestra oferta académica más moderna le apunta a ese tipo de contribuciones, con programas como el pregrado en Bioingeniería, las maestrías en Inteligencia Artificial y en Ingeniería del Internet de las Cosas, y el Doctorado en Ciencia y Tecnología de los Materiales, entre otros”.

Para leer más:
VV. AA., Healthcare Access and Quality Index based on mortality from causes amenable to personal health care in 195 countries and territories, 1990-2015: A novel analysis from the Global Burden of Disease Study 2015. Recuperado de: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28528753/


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Healthcare Access and Quality Index based on mortality from causes amenable to personal health care in 195 countries and territories, 1990-2015: A novel analysis from the Global Burden of Disease Study 2015
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Christopher J. L. Murray, Institute for Health Metrics and Evaluation, Universidad de Washington
COINVESTIGADORES: Barber et al. (incluyendo a Lope H. Barrero)
Facultad de Ingeniería
Departamento de Ingeniería Industrial
Grupo de investigación: Centro de Estudios de Ergonomía
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2017

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¿Cómo van los proyectos de Mincienciaton?

¿Cómo van los proyectos de Mincienciaton?

Los 25 proyectos seleccionados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación entre 531 propuestas recibidas de siete departamentos del país están en marcha y tienen poco tiempo para arrojar resultados.  Buscan enfrentar la pandemia de la COVID-19 y otras infecciones respiratorias agudas de gran impacto en la salud pública, por medio de posibles soluciones para la prevención, el diagnóstico, el monitoreo y el tratamiento de los pacientes afectados.

Los científicos colombianos han ido ejecutando esos 26 mil millones de pesos de financiación en proyectos que ya tenían un buen grado de avance en cuanto a metodologías o prototipos desarrollados para otros fines pero que eventualmente podían ser adaptados a los requerimientos de investigación demandada por la situación que generó el SARS-CoV2.

El SENA se unió más tarde con seis mil millones de pesos adicionales para beneficiar a siete proyectos más. Así, en total son 32 propuestas que en la convocatoria Mincienciaton avanzan rápidamente para lograr su objetivo y hace unos días presentaron virtualmente sus adelantos.

Como informó Pesquisa Javeriana en la edición 51, cinco proyectos que propuso la Pontificia Universidad Javeriana fueron aceptados, cuatro de la sede Bogotá y uno de la seccional Cali.

Los 32 proyectos presentados demuestran que la ciencia es motor de desarrollo, dijo la científica javeriana Susana Fiorentino; demuestran que en el país hay “capacidad para generar conocimiento propio con impacto directo en nuestra sociedad, que permita la independencia tecnológica del país”.

También el Ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, quien como muchos de sus colegas del gobierno escuchó las presentaciones de los científicos, resaltó “los avances importantes en construcción de ciencia” que demostraron los ponentes y su capacidad para “construir desde lo construido porque no son estrategias que aparecen de la noche a la mañana, sino que recogen las líneas y trabajos de investigación a través del tiempo”.  Confesó que se sorprendió positivamente por la capacidad de innovación y desarrollo tecnológico.

Entre otras propuestas, Pesquisa Javeriana tuvo la posibilidad de presenciar las siguientes:

 

Prevención

Ante la ausencia de vacuna para prevenir el contagio por COVID-19, los científicos consideran esencial y básico el uso de cubrebocas, el frecuente lavado de manos y el distanciamiento físico, para lo cual proponen, entre otros productos, sofisticados tapabocas y máscaras, principalmente pensando en el personal de salud.

La EAFIT bajo el lema de “Inspira, crea y transforma” desarrolla un tapabocas fabricado con nanofibras que, a través de las diferentes capas que lo componen, tiene la capacidad de filtrar más del 98% de las partículas del virus, las cuales van quedando atrapadas en esos mantos antes de llegar a la cara de quien lo porta.

La Fundación Clínica Shaio se ingenió una máscara que protege ojos, nariz y boca, e incluye unas gafas que no se empañan y un filtro respiratorio que regula tanto la inhalación como la exhalación de la persona.

En el mismo sentido trabaja la Universidad Industrial de Santander UIS) junto a la Fundación Cardiovascular, que entregarán un prototipo de protección personal respiratorio y visual reutilizable, adaptable, hermético, confortable y seguro, desarrollado con material filtrante nanométrico de alta eficiencia.

Si con alcohol o hipoclorito de sodio se limpian las superficies más expuestas al contacto, la Universidad de Antioquia trabaja en productos derivados de la biodiversidad con propiedades antifúngicas y antimicrobianas para diseñar desinfectantes que se asperjan en superficies y ambientes en general y eliminan el virus.

 

Diagnóstico

Con la experiencia de haber desarrollado sensores para detectar el virus del zika y diferenciarlo del que produce dengue, otro grupo de la Universidad de Antioquia se enfoca ahora en adaptar uno de sus biosensores para detectar el SARS-CoV-2. “Creemos que en nueve meses podremos tener un prototipo”, dijo a Pesquisa Javeriana el líder del grupo, Jahir Orozco Holguín, químico, con postdoctorado en técnicas moleculares para detección de patógenos.

Se trata de un nanobiosensor ultrasensible y específico capaz de detectar el material genético y partículas del virus, así como la proteina S que está en su parte externa. El producto que resultará será un dispositivo de bajo costo y fácil implementación que podrá transportarse hasta los sitios más remotos del país.

También trabaja en un bionanosensor el profesor javeriano Andrés Jaramillo, al que ha denominado Sensum SARS- CoV-2. Se trata de una plaqueta en donde se coloca la muestra, se inserta en un receptor portatil y en menos de cinco minutos entrega el resultado. Disminuye el tiempo de diagnóstico, es portable, de bajo costo, selectivo y directo del virus que produce COVID-19 y supersensible para ciudadanos pre y asintomáticos de riesgo, así como sintomáticos. Puede usarse eficientemente en el supermercado o a la entrada de un espectáculo, por mencionar un ejemplo.

 

Monitoreo

De nada sirve diagnosticar la enfermedad si no se practica un monitoreo constante al paciente y a la población vulnerable.

Desde la Universidad de Manizales trabajan en sistemas de apoyo para alertas tempranas de posibles contagios basados en la información que ofrecen las redes sociales y otras técnicas de análisis de datos. Desarrollan algoritmos para modelar la red social de personas contagiadas y determinar lugares con alta probabilidad de contagio.

Mientras, en la Universidad de Antioquia desarrollan una plataforma avanzada de modelación epidemiológica de libre acceso que monitorea el comportamiento de la dinámica, el potencial de dispersión y las tendencias de la enfermedad. En el futuro servirá para cualquier virus.

En la Javeriana desarrollan un sistema de monitoreo remoto de pacientes basado en Internet de las Cosas, que ofrezca seguimiento e información oportuna a los médicos tratantes a través de aplicativos en los celulares, y les permita identificar cómo  evoluciona la pandemia, sacar patrones, entender fluctuaciones de la enfermedad y tomar acciones.

 

Tratamiento

Como el aislamiento de los pacientes con COVID-19 debe ser total, y muchas veces necesitan transladarlos de un lugar a otro, la Universidad Nacional con sede en Medellín está desarrollando una camilla que consiste en una cápsula despresurizada con cubierta plástica en PVC, puertos de entrada y salida de aire y filtros que detienen la entrada de virus como el del SARS-Cov2 de un tamaño entre 100 y 300 nanómetros.

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Pero como se necesita espacio adecuado para la atención de un número de pacientes que crece exponencialmente, la Universidad de La Salle desarrolla una especie de ciudadela de iglús llamada Unidad de aislamiento epidemiológico portátil, que consiste en nueve domos articulados mediante túnel de circulación, con posibilidad de conexión a los diferentes aparatos médicos necesarios y exclusas para la entrada y salida de pacientes y personal médico, y motoventiladores de inyección de aire. Está construido en PVC y mantiene la temperatura interna igual a la exterior. Puede ubicarse en estadios y otras grandes superficies.

Para combatir la escasez de ventiladores mecánicos, varias universidades de Caldas diseñan un ventilador para terapia intensiva con el fin de sostener artificialmente la respiración del paciente y en la Universidad de Antioquia tienen el proyecto Respira, basado en nanotecnología que produce un respirador mecánico de bajo costo con un sistema de sanitización de aire, apoyado en nanotecnología, que permita que los centros de atención médica no se conviertan en focos de propagación del virus.

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También desde la Universidad del Norte diseñan dispositivos de ventilación mecánica asistida que han llamado Hopebreath, los cuales permiten obtener datos en tiempo real y cuentan con una interfase de comunicación y sistema de alarma.

Y finalmente las propuestas de medicamentos. Un estudio liderado por la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, en asocio con la Javeriana, evalúa la efectividad y seguridad de los medicamentos y reporta el caso de la hidroxicloroquina, cuyo uso ha sido muy controversial en la comunidad científica. El estudio llama la atención sobre la importancia de estar bien informado y analiza la efectividad de medicamentos como Lopinavir, que se utilizan para controlar la inflamación que desencadena el virus en el pulmón, corazón y en general en todos los tejidos. Busca con ello reducir la mortalidad, la necesidad de cuidados intensivos y acortar el tiempo de la enfermedad.

Otro estudio javeriano estudia moléculas que ya han comprobado su eficacia para disminuir inflamaciones en casos de cáncer y tienen posibilidades de actuar positivamente frente a los efectos del virus SARS-Cov2. Es un fitomedicamento a partir del dividivi, árbol de origen americano, sobre el cual los investigadores llevan 15 años trabajando y como uno de los resultados ofrecen el extracto P2Et, que modula la respuesta inflamatoria, es antioxidante y desempeña un papel importante en la modulación de respuesta inmune.

Así, diferentes propuestas colombianas han comprobado que es posible la unión Empresa-Academia-Estado a nivel de todo el país para enfrentar situaciones donde la ciencia es motor de desarrollo. El esfuerzo no termina aquí:

“El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación trabaja en las estrategias para la postpandemia”, dijo la ministra Mábel Torres, porque son muchos retos mas: “reestructuración del tejido social, reestablecimiento de la salud mental, reactivación económica y desarrollo de tecnologías e innovaciones para lograr la soberanía científica”.

El tabaco en tiempos de COVID-19

El tabaco en tiempos de COVID-19

El SARS-CoV-2 es un virus que por alguna razón escogió al pulmón como su órgano objetivo y los fumadores, como ya está comprobado, tienen lesionados los tejidos de su aparato respiratorio. “No hay que ser un genio para darse cuenta de que el tabaco y el virus pueden ser una combinación letal para cualquier persona”, asegura el oncólogo Carlos Castro, director médico de la Liga Colombiana Contra el Cáncer y exviceministro de Salud.

Después de una investigación basada en pruebas in vitro con células del sistema nervioso central y otro estudio realizado con un grupo de 46 personas diagnosticadas con la COVID-19, las noticias, al parecer alentadora para los fumadores activos y hasta para quienes adquieren el vicio, empezaron a revolotear con gran velocidad en diferentes medios, pues estos estudios defendían la hipótesis de que la asociación entre la enfermedad por coronavirus y el tabaco como agravante del diagnóstico era inexistente e incluso, alcanzaron a difundirse afirmaciones como que el virus tendría menor incidencia en fumadores gracias a los efectos ‘positivos’ que podría tener la nicotina sobre el mismo.

Para entidades como la Organización Mundial para la Salud (OMS), esta información no es más que otra de las ‘noticias falsas’ que circulan por estos días, generando daños tan graves como los que trae la pandemia. Así, con motivo del Día Mundial sin Tabaco, en el marco del conversatorio virtual organizado por la Universidad Javeriana: Tabaco y COVID-19, el riesgo continúa, realizado el 28 de mayo, investigadores colombianos se unieron a la iniciativa de la OMS de educar cuidadosamente, reflexionar alrededor de esta problemática de salud pública, combatir la información falsa acerca de la relación entre el tabaquismo y el coronavirus y allí confirmaron que si bien el riesgo de enfermedades es alto para los fumadores, con la presencia de la COVID-19 el peligro se intensifica.

Contrario a las afirmaciones de los estudios mencionados, investigadores javerianos como Alejandra Cañas, neumóloga y especialista en enfermedades avanzadas del pulmón, afirmó durante el encuentro que “la exposición al tabaco se puede convertir en un factor de riesgo para que la severidad por la COVID-19 sea mayor”. ¿Por qué? Esta científica afirma que eso se debe a la manipulación mano-boca y mano-saliva, y por el retiro del tapabocas que hacen las personas que fuman, quedando aún más expuestas. “Esto sucede con el cigarro, el cigarrillo electrónico y de vapeo, poniendo especialmente a los jóvenes en un estado de vulnerabilidad por ser quienes más hacen uso de estos nuevos elementos”, explicó.

Por otro lado, Cañas confirmó la evidencia científica de estudios recientes mucho más robustos que los mencionados, los cuales prueban que las personas que fuman cuando padecen de la infección por el SARS-CoV-2, requieren más hospitalización, hacen neumonías más graves y tienen una mayor mortalidad en comparación con el resto de la población. Y dio sus razones: implica la manipulación de estos artefactos durante la pandemia, los daños que genera el cigarrillo en el sistema respiratorio en general como la dificultad que tiene el pulmón para crear mecanismos de defensa ante infecciones por virus y bacterias, entre muchos otros; y porque además el consumo del tabaco es un factor de riesgo para la adquisición de enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, el cáncer, algunas enfermedades respiratorias y la diabetes. “Así como otras transmisibles (el aumento de la incidencia de tuberculosis, neumonía por neumococo, gripes y resfriado común)”.

 

¿Incremento o disminución del tabaquismo durante la cuarentena?

Según Lorena Calderón, representante del equipo de promoción y prevención social del Ministerio de Salud, en Colombia la tendencia del consumo de tabaco está bajando, pasando del 13% de la población consumidora en 2009, a un 7% u 8% en población mayor a 18 años para el 2018 y 9% aproximadamente en población joven. No obstante, hay que saber que según la OMS el tabaquismo es responsable de la muerte de más de ocho millones de personas cada año. Más de siete millones de esos decesos se deben al consumo directo del tabaco y aproximadamente 1,2 millones al humo ajeno al que están expuestos los no fumadores. Los científicos coinciden en que esta cifra tiende a incrementar por los nuevos sistemas electrónicos para fumar, pero además por las sensaciones que genera la pandemia en las personas.

Al respecto, el médico magíster en Epidemiología Clínica y director del Departamento de Medicina Preventiva y Social de la Pontificia Universidad Javeriana, Andrés Duarte, explicó que si bien el confinamiento genera aislamiento social para tratar de contener la epidemia, esta circunstancia a su vez genera distrés mental, en otras palabras, un estrés desagradable que produce cargas con efectos en el cuerpo y que aparece como respuesta a una amenaza.

Esto, según Duarte, “contribuye a que las personas dentro del encierro se aíslen y para alguien que ha sido consumidor o tiene expectativas de consumir tabaco se abre un escenario en el que aparece un incremento de la necesidad de consumo y muchos van a volver a consumir o a empezar a hacerlo”. A esto se le suma otro agravante: “la mayor prevalencia de consumo de tabaco está en los grupos socioeconómicos menos favorecidos, lo que supone quiénes pueden ser los más afectados”, advirtió.

Así, este científico pronostica que habrá más fumadores cuando termine la cuarentena, pues “uno debería pensar que las personas al estar reunidas en la casa tienden a consumir menos sustancias y pasa todo lo contrario”, dijo.

 

¿Soluciones para dejar de fumar?

Ya se han adelantado tratamientos para sustituir la nicotina como los chicles, los parches o fármacos para la cesación, pensando en ayudas para que los consumidores dejen de fumar, pero aún hay mucha expectativa frente a la efectividad del sistema de salud para suministrarlo.

“El acceso no es fácil y para el sistema también resulta un reto poderlo proveer”, comentó Duarte. A modo de reflexión, Castro concluyó que “los gobiernos tienen que ver estas posibilidades con proyección, habrá un gasto millonario que tendrán que costear por cerca de diez años, pero van a evitar el incremento en apariciones de enfermedades cerebrovascular, cardiovascular y demás que van a implicar gastos mucho mayores”.

Por su parte, la OMS recomienda a los fumadores intentar dejar de fumar lo antes posible mediante métodos de eficacia comprobada, como líneas de atención telefónica gratuitas para ese fin, programas que se basan en mensajes de texto por móvil y tratamientos de sustitución. Como beneficios inmediatos, los expertos indicaron que abandonar esa conducta revive el olfato y el gusto, hay más calidad en la piel. Además, disminuye las complicaciones respiratorias después de los 30 días de haberlo dejado; baja la frecuencia de neumonías y de intubaciones orotraqueales. A mediano y largo plazo, previene las afecciones cardiovasculares y el riesgo de cáncer.

El tabaquismo es una enfermedad y un problema de salud pública que para el Ministerio de Salud, como afirmó Lorena Calderón, merece un abordaje sanitario, pero que exige la participación de actores gubernamentales, científicos, académicos y de la sociedad civil como una responsabilidad social.

 

Sobre los cigarrillos electrónicos

Frente a las estrategias del mercado para promover el consumo de cigarrillos electrónicos o sistemas de administración de nicotina y de no nicotina, el doctor Castro mencionó que “el 20% de los universitarios están hoy vapeando porque se tragaron el cuento de que eso era menos dañino que el cigarrillo”.

Por su parte, el epidemiólogo Duarte sostuvo que la industria tabacalera es supremamente agresiva y que tiene una década promocionando estos elementos que están utilizando actualmente las personas y hay una gran similitud con las propagandas que han utilizado en el pasado (libertad, alternativas saludables, gustos), todo esto como método para despertar sensaciones y emociones atrayentes. Pero, hay que saber que, “son malos 10 miligramos pero un miligramo también lo es. No dejan de existir riesgos, unos daños llegarán más rápido que otros según la persona, pero a largo plazo puede terminar en una adicción, inclusive igual o más fuerte que la que puede provocar la cocaína”.

La toma de conciencia alrededor de los múltiples problemas que provoca el consumo de tabaco, independientemente del medio que se use para hacerlo, ha sido por largo tiempo una batalla que ha tratado de lidiar y acompañar el sistema de salud y prevención social. Y durante la pandemia las alertas se incrementan, pues los expertos insisten que abandonar el tabaquismo durante esta época podría ayudar a disminuir la transmisión comunitaria y a mejorar el pronóstico de una persona que sea diagnosticada con la afección y sea fumadora activa.

“Es tiempo de ir adentro”, dice la teóloga Rosana Navarro

“Es tiempo de ir adentro”, dice la teóloga Rosana Navarro

La batalla que lidia hoy la humanidad con el virus que desde Wuhan en China se ha ido expandiendo por todo el planeta, es similar, en su justa proporción, a la que experimentó Etty Hillesum durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Una mujer holandesa de padres judíos, quien después de haberse destacado por su viveza intelectual, decidió estudiar Derecho y lenguas eslavas en Amsterdam y a sus 29 años fue deportada al campo de concentración de Westerbork en 1943, donde fue ejecutada. Su historia se conoce por el diario personal que dejó antes de su muerte, el cual da cuenta del gusto por la lectura, el cultivo intelectual y su profunda y estrecha relación con Dios.

Hoy, cuando la vulnerabilidad se ha hecho más evidente que nunca, la experiencia de la fragilidad que suele evadirse, incluso considerarse una vergüenza, nos ha salido al encuentro como una amenaza de aniquilación, de muerte, de pérdida, podemos identificarnos con Etty. Así lo asegura la PhD. en teología Rosana Navarro.

La investigadora javeriana estudió la experiencia de esta judía con el propósito de identificar los rasgos de ‘lo humano’ y su relación con la espiritualidad. “Me he valido del testimonio de Etty, de su diario y sus palabras, que contienen una fuerza extraordinaria para iluminar a hombres y mujeres que se pueden ver reflejados en su experiencia”, dice Navarro.

Peste, pandemia y crisis

De las primeras pestes que históricamente recuerda la humanidad, la del año 430 antes de Cristo en Atenas, acabó con cerca de un tercio de la población, y con esta llegaron las crisis que se repitieron siglo tras siglo. De las más terribles y recordadas en la historia humana está la llamada Peste Negra, que en solo siete años causó casi 50 millones de muertes entre el continente europeo y el africano.

Caracterizadas en muchas ocasiones por fiebres intensas, insuficiencias respiratorias, dolores musculares, fuertes edemas pulmonares, reacciones unas veces positivas a los tratamientos y otras veces con recaídas que ocasionaban la muerte, no son las únicas de nuestra historia. Están otras que, aunque de otro tipo, se cuelan dentro de los virus que mucho daño le han hecho a la humanidad.

Colombia y su peste de guerra es un buen ejemplo, con más de ocho mil víctimas directas abatidas en su conflicto armado, sin contar todos los que indirectamente han padecido la suerte de esta pandemia; o el nazismo, que en la Segunda Guerra Mundial cobijó al 75 % de la población mundial del momento y solo en los campos de combate dejó diez millones de personas muertas.

Ester (Etty) Hillesum fue testigo y víctima de esta última, una experiencia que relató con los ojos puestos, por un lado, desde una realidad amenazante e inevitable, y por el otro, desde la hermosura que empezaba a surgir de lo más profundo de su ser, fuente de donde brota su experiencia espiritual.

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Para el momento que vive hoy la humanidad, su historia ofrece una reflexión en medio de la angustia que ha generado la COVID-19, el que parece ser el “nazismo” de nuestros días. Ante las crisis siempre surgen muchas preguntas acerca de las posibles soluciones, las medidas necesarias, las consecuencias económicas, el papel de lo político, pero rara vez se hacen visibles las preguntas que tocan al ser humano en la profundidad de su existencia, sus inquietudes de sentido. En últimas, la espiritualidad detrás de la crisis.

Ante la búsqueda espiritual humana y, como dice Navarro, la aparente ausencia de respuestas que caracteriza nuestra época, la investigadora presenta la experiencia de Etty como una propuesta a una forma contemporánea de vivir, en la que asumiendo la situación de su contexto y con todas las contradicciones que esto implica, es capaz de descubrir en ella el lugar del encuentro con los otros y del encuentro con Dios, sin tener como referencia ninguna religión o institución específica, teniendo en cuenta que la concepción de Dios ha estado muy ligada a la religión.

Navarro aclara: “esto está muy ligado a las vivencias de cada ser humano. La experiencia de Dios supera sobremanera la capacidad humana de hablar de Él, y quien lo ‘experiencia’ busca poner en palabras ‘algo’ de lo vivido, aunque siempre se quedará corto. La experiencia de la divinidad en medio de lo humano no pertenece a ninguna confesión religiosa; la religión es solo una forma de vivir la experiencia de Dios, desde ciertos ritos y formas litúrgicas”.

La joven holandesa, en medio de su crisis y en su búsqueda de Dios, explica lo que él es y la forma en cómo se presenta en ella: “Dentro de mí hay un pozo muy profundo. Y ahí dentro está Dios. A veces me es accesible. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo”.

Navarro considera que “estos pensamientos revelan una intuición humana fundamental que nos dice que lo más profundo de sí mismo es divino y es parte de nuestra condición humana; anhelamos la divinidad, no nos conformamos, y resulta que ese anhelo lo hemos confundido con la ambición, el egoísmo, el poder, u otras posesiones que hacen que el ser humano se sienta seguro y con la vida entera, aparentemente, bajo control, pero cuando eso se diluye, la vulnerabilidad humana se hace evidente”.

Esta coincide con lo que dijo el Papa Francisco hace algunos días al periodista español Jordi Évole, refiriéndose a la pandemia que está enfrentando el mundo: “siempre existe esa presunción de que a mí no me va a tocar, yo soy un preferido de la sociedad, de los dioses, de la cultura”.

La profesora Navarro amplía el concepto: “nos cuesta aceptar nuestra vulnerabilidad porque vivir implica una serie de puntos de quiebre, rupturas y cambios que duelen en el cuerpo y angustian en el alma. La vulnerabilidad es fragilidad, una fisura en la existencia que puede doler o avergonzar y mostrarse vulnerable también consiste en exponerse a los otros, y ahí el ser humano puede ser aprobado o desaprobado por otros y la desaprobación puede quebrantarlo”.

La crisis como una oportunidad para abrirse a la espiritualidad

En este paréntesis cuaresmal, no exactamente el que inició el miércoles de ceniza para los fieles de la Iglesia Católica Romana y otras instituciones, sino, en esta cuarentena de carácter obligatorio, ocasionada por el COVID-19, “está la oportunidad privilegiada para mostrarnos y aceptarnos como somos: vulnerables”, dice Navarro.

Al comienzo de su diario, Etty se refiere a su situación existencial como una constipación o ‘estreñimiento espiritual’, en palabras de Navarro, “ella se refiere a eso que no dejamos salir, que no nos deja mostrar lo mejor de nosotros y entonces, sacamos lo peor, porque no hemos cultivado esa belleza interior y nos volvemos inhumanos”. Esta ausencia de humanidad en medio de la pandemia por el coronavirus, Navarro la ubica en los gestos de aquellas personas que desmedidamente solo miran su interés y se enceguecen frente a la vulnerabilidad de los otros para privilegiar su bienestar y seguridad. Actitudes opuestas a las de Etty, que en medio del campo de Westerbork, como dice Navarro, “fue testimonio de una vida entregada, de una entrega desinteresada, de un amor sin límites, hasta querer partir su cuerpo como el pan y darlo en alimento a los hambrientos.

El itinerario de Etty muestra cómo ella fue descubriendo la riqueza que poseía en su interior a través de hábitos sencillos como la gimnasia, la meditación, la oración y la lectura. En este tiempo de confinamiento, “tenemos la posibilidad de dedicar un espacio a nuestra vida interior, y desde dentro de nosotros dejar brotar la fuente y fuerza necesaria para afrontar la vida”, dice Navarro. Estamos viviendo días en los cuales la memoria hace recordar el valor del abrazo, de la sonrisa, de los detalles que día a día solíamos tener y que pasaban desapercibidos. “Hoy añoramos los abrazos que no dimos, las palabras que no dijimos, la mano que no tendimos, la sonrisa que negamos y la compañía que ignoramos. Y todo esto lo estamos viviendo en la soledad y en el silencio de esta cuarentena” comenta Navarro y hace esta invitación para explorar en lo más profundo del ser.

El llamado final de la profesora Navarro es a aprovechar este tiempo para que, como Etty, veamos la necesidad de crear espacios para el cultivo de la interioridad, a través de hábitos sencillos que permitan descubrir que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. “Solo así podremos comenzar a humanizar y a resignificar la existencia, permitiendo que surja lo mejor de nosotros: solidaridad, fraternidad, alteridad, amor. Sí, estamos confinados, pero más unidos que nunca, ‘todos vamos en el mismo barco’, en un barco en el que tenemos algo que hacer y decir: médicos, científicos, psicólogos, humanistas, artesanos, mensajeros, tenderos, campesinos, estudiantes, maestros, padres y madres de familia, todos, sin excepción”, asegura Navarro y finaliza, “el absurdo, la posibilidad de la enfermedad y de la muerte, no desaparecen, pero pueden asumirse y adquirir nuevo sentido. Por eso hay que seguir navegando, pero en estado de alerta, es decir, con los ojos abiertos, las manos tendidas, el oído atento, el corazón dispuesto. Es tiempo de ir adentro”.

 

¡ADENTRO! *

Busca tu ámbito interior el de tu alma.
En vez de decir, pues, ¡adelante! o ¡arriba!, di ¡adentro!
Reconcéntrate para irradiar; déjate llenar para que reboses.
Luego, conservando el manantial,
recógete en ti mismo para mejor darte a los demás.
Avanza en las honduras de tu espíritu
y descubrirás cada día nuevos horizontes,
tierras vírgenes, ríos de inmaculada pureza,
cielos antes nunca vistos, nuevas constelaciones.
Tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti.
¡Adentro!


* Unamuno citado por Navarro. https://www.creciendoconetty.org/