Correos y memes: así estarías contaminando en internet sin darte cuenta

Correos y memes: así estarías contaminando en internet sin darte cuenta

Internet es un espacio de flujo constante de información. Cada minuto se envían más de 41 millones de mensajes por WhatsApp, se publican 147.000 fotos en Facebook, más de 345 mil historias en Instagram e interactúan 208 mil personas por Zoom.

De esta manera se han ido reemplazando las formas tradicionales en las que nos comunicamos. Si se puede evitar, ya no se imprimen cartas para enviarlas por transporte terrestre sino que se redactan correos electrónicos y se reemplazan las reuniones presenciales por videollamadas. Es más rápido, se dejan de consumir recursos y los ciudadanos contribuyen a la sostenibilidad del medioambiente.

O eso se cree, pues enviar cadenas de WhatsApp, abrir muchas pestañas en el navegador, acumular correos electrónicos o almacenar información innecesaria son algunas prácticas del mal uso de internet y tienen un efecto nocivo para el medio ambiente. Pesquisa Javeriana te cuenta cómo la red también contamina y de qué manera podría contribuir a reducir su huella ambiental digital.

Internet no está en las nubes

“Internet funciona porque hay algo físico en alguna parte”, explica Carlos Alfonso Devia, ingeniero forestal y miembro del comité para la implementación ecológica ambiental de la Pontificia Universidad Javeriana.

En las profundidades del mar hay miles de kilómetros de cables de cobre o de fibra de vidrio que permiten la conectividad cibernética. En Colombia existen 14 cables submarinos que tienen como puertos de amarre Cartagena, Barranquilla y Tolú.

En Londres, Tokio, Amsterdam y Nueva York se encuentran algunos de los gigantescos centros de datos, megaestructuras que superan los 130 mil metros cuadrados, como el caso de la de Tokio, donde se encuentran los servidores (las computadoras) que almacenan páginas de internet, fotos y videos, que permiten, por ejemplo, que estés navegando en la red. En Colombia, en la Zona Franca de Bogotá, se encuentra ubicado un centro de datos de la compañía brasileña Odata, que tiene más de 5.000 metros cuadrados.

Contaminación en internet

Los centros de datos requieren grandes cantidades de agua y energía. Esto se debe a que funcionan 24 horas del día y no pueden superar los 50 ºC.Una forma de reducir la huella energética e hidráulica de los centros de almacenamiento es ubicarlos en regiones con temperaturas bajas, como Noruega, para que no sea necesario utilizar al máximo los sistemas de refrigeración.

Internet y su consumo global de energía

Según Website Carbon Calculator, un sitio en internet que calcula la huella de carbono de otras páginas, el promedio de CO2 que se produce por visitar una página es de 1.76 g. Esto quiere decir que en un año una página que tiene 10.000 visitas, consume 211 kg.

“Puedo demandar mucha energía en el computador, en el celular o en la red a partir de la información que estoy almacenando allí. Además, el requerimiento de energía también se concentra en el funcionamiento de los equipos, el tipo de mensaje que se envía y la búsqueda que se hace”, explica Devia a Pesquisa Javeriana.

En 2020 la población mundial con acceso a internet incrementó un 32 % en comparación con las cifras de 2016: se pasó de 3.400 millones a 4.500 millones de personas conectadas, lo que aumentó de manera exponencial la demanda de energía.

Lo nocivo del internet

La huella de carbono de las herramientas tecnológicas, internet y los aparatos electrónicos es del 3.7 % a nivel mundial, parecido a lo que produce la industria aerocomercial. Además, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de New South Wales de Sydney, Australia, una videollamada de cinco horas puede producir entre 4kg y 215 kg de CO2, dependiendo si se utilizan las cámaras o si se graba la reunión.

Aunque este nivel de contaminación puede ser alto, el estudio también aclara que una videollamada sigue siendo más beneficiosa para el medio ambiente que otro tipo de reunión. En términos de emisiones de carbono, las reuniones presenciales podrían generar 3.533 kg de CO2 (si se desplaza en avión), 2.900 kg de CO2 (tren) y 3.317 kg de CO2 (automóvil). Aún considerando el costo energético y ambiental completo de ambos modos de reunión, la videoconferencia solo consume máximo el 7% de la energía que una reunión física.

Sin embargo, lo realmente perjudicial es reproducir información innecesaria de manera masiva que demande mucha energía en términos de almacenamiento, explica el ingeniero Devia. Además, investigadores del Imperial College de Londres revelaron que la descarga de un solo gigabyte generaba un gasto de hasta 200 litros de agua.

Hacia el green data

Los cibernautas deberían formularse una pregunta: ¿de dónde proviene la energía que se utiliza para el uso de internet y cómo se podría propiciar energía con lo que se tiene a la mano?

“Yo podría tener en la finca el buey para moler maíz pero también pensarlo para producir energía o la llave del agua cuando uno la abre. Si se instala un dispositivo en el chorro, el flujo de agua puede ser suficiente para crear una pequeña fuente de energía que cargue un celular”, propone Devia.

Otra opción para reducir los gastos energéticos es apagar, poner en hibernación o activar el modo avión del celular y el computador en las noches. Esto implica menor consumo de energía y agua al no existir un receptor de información. De hecho, también es una acción que puede proteger de los ciberataques. Generalmente, en los momentos de inactividad es cuando los hackers actúan.

La inteligencia artificial también está sumando esfuerzos para atajar los problemas medioambientales que genera el internet. Una forma en la que usted puede calcular la huella de carbono de las páginas web que visita es usando WebsiteCarbon.com, que tiene en cuenta cinco características: intensidad de energía, la transferencia de datos por cable, la fuente de energía utilizada en el centro de datos, la intensidad de carbono en la electricidad y el tráfico de la página web.

Es más ecoamigable enviar un mensaje de texto

Limpiar el correo electrónico y eliminar información de la nube también puede ayudar. Tal vez, la práctica más ecoamigable es enviar un mensaje de texto.

Según Mike Berners-Lee, escritor e investigador inglés que ha dedicado parte de su trabajo al estudio de la huella de carbono, cada mensaje produce 0.014g de CO2, mientras que un tuit o un mensaje por WhatsApp o Facebook equivale a 0.2g de CO2, siendo aún menores contaminantes que los correos electrónicos. Esta información la publicó en su libro How Bad Are Bananas?

El problema de desechar residuos electrónicos

“También hay que insistir en la parte dura, o sea en los dispositivos, que son contaminantes. Los materiales que se utilizan para la elaboración de estos aparatos son nocivos y vale la pena revisarlos”, expone Carlos Alfonso Devia.

En 2014, América Latina produjo el 9 % de los residuos electrónicos y eléctricos en el mundo. Según la GSM (Sistema Global para las Comunicaciones, por sus siglas en inglés) la Universidad de las Naciones Unidas y el Instituto para el Estudio Avanzado de la Sostenibilidad (UNU-IAS, por sus siglas en inglés) la región producía el equivalente a 3.900 kilotoneladas de residuos de aparatos. Y en 2019, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), expuso que solo el 17,4 % de los RAEE eran documentados, procesados y reciclados de manera formal.

El profesor también hace énfasis en que se debe ser críticos frente a los aparatos que compramos y entender los procesos de vida útil y de la gestión de los residuos. En otras palabras, a dónde van a parar los dispositivos y los materiales que se utilizan. Muchos de los residuos de aparatos electrónicos y eléctricos (RAEE) se depositan en los rellenos sanitarios. En su proceso de descomposición liberan sustancias tóxicas que contaminan los suelos y el mar.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un solo aparato electrónico puede estar hecho de más de 1.000 sustancias diferentes. Entre ellos están los Retardantes de Fuego Bromados (RFB), el mercurio o los clorofluorocarbonos, altamente tóxicos para los seres humanos y el medio ambiente.

Muchas de esas sustancias, como el mercurio y el plomo, por su mal manejo residual terminan contaminando el mar y bioacumulándose en la cadena alimenticia. Esto quiere decir que los peces pequeños lo consumen, después unos más grandes y finalmente los seres humanos.

En Colombia, la organización Red Verde se encarga de seleccionar y gestionar electrodomésticos, como neveras, aires acondicionados, hornos microondas y lavadoras, cuando han cumplido su ciclo de vida. También puede llevar su teléfono celular y accesorios a Movistar, Tigo y Claro. Y la Secretaría Distrital de Ambiente, en conjunto con su programa Ecolecta, cuenta con más de 50 puntos de recolección de residuos electrónicos y eléctricos dispuestos en todo Bogotá.

¿Qué hacen las grandes empresas de tecnología?

Actualmente Google y Apple se alimentan con un suministro mayor o equivalente de energías renovables para reducir su huella de carbono. Microsoft, por ejemplo, prometió reducir sus emisiones a cero para 2030. Otro caso es el de Facebook, que según su reporte de sostenibilidad, la contaminación que genera un usuario anualmente es de 299g de CO2, lo que equivale a hervir agua para una taza de té.

“Debemos hacer un cálculo de la huella de carbono, hídrica y de biodiversidad que genera el uso del internet y sus dispositivos. A partir de eso ser conscientes de que debemos llevar a cero la huella de carbono, neutralizar la huella hídrica y evitar las implicaciones que hay en términos de biodiversidad”, explica Devia.

La huella ambiental de un clic

En el mundo digital, cualquier contenido que se produzca tiene un costo ambiental, incluso, los recursos utilizados para escribir esta nota que usted está leyendo generaron emisiones de carbono que el profesor Devia se encargó de sistematizar y encontró que desde los primeros correos de contacto hasta la publicación y permanencia en la web de este artículo, se podrían llegar a consumir hasta 20 kg de CO2, como lo explica la siguiente gráfica:

Contaminación en internet

Fuente: Carlos Alfonso Devia Castillo

Para llegar a compensar la huella ambiental producida por esta nota a través de la reforestación, tendríamos que sembrar un árbol de cerezo:

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Fuente: Carlos Alfonso Devia Castillo

Mientras pasaron los nueve minutos que quizás demoró leyendo esta nota, se enviaron 369 millones de mensajes por WhatsApp y alrededor de dos millones de personas se reunieron por Zoom. En este momento los servidores de todo el mundo están usando energía para soportar este flujo de información y los sistemas de refrigeración siguen elevando el consumo energético para poder mantener estables los computadores que en diferentes partes del mundo hacen posible que usted haya leído esto.

A un año de clases por WhatsApp: ¿cuáles han sido los retos según profesores y rectores?

A un año de clases por WhatsApp: ¿cuáles han sido los retos según profesores y rectores?

Cuando el presidente de Colombia, Iván Duque, anunció que desde el 16 de marzo de 2020 los colegios del país debían suspender las clases presenciales como medida preventiva tras la llegada de la COVID-19 a Colombia, y que las instituciones educativas debían adoptar nuevas metodologías para la enseñanza remota, en Ubaté, a dos horas de Bogotá, Sandra Moya, profesora de cuarto y quinto grados de un colegio rural, recibía la noticia con angustia. “¡Cómo le enseño matemáticas a un niño por teléfono!”, se preguntó.

“Ninguno estaba preparado para eso”, se apresura a decir Amparo Ladino, rectora de la Institución Educativa Departamental El Volcán, un colegio que cuenta con seis sedes de primaria y una de bachillerato ubicadas en tres veredas de Ubaté: Volcán, Guatancuy y Soagá.

“Lo creímos fácil porque desde hace cuatro años manejamos un sistema de educación orientado al desarrollo de habilidades para la autonomía. Nuestros estudiantes ya manejaban guías físicas. Dijimos ‘vamos a llamarlos, a conectarnos por internet para supervisar los avances’ y nos fuimos muy tranquilos. Pero nos estrellamos de inmediato con la realidad. El 90 % de nuestros niños viven en una zona rural, el celular que manejan es del papá y no muchos cuentan con datos móviles. Arrancamos con el 4 % de estudiantes que tenían internet”, revela Ladino.

Institución Educativa El Volcán

Institución educativa El Volcán. Imagen tomada antes del confinamiento nacional producido por la COVID-19*

Un reto para la educación

El confinamiento nacional traería implicaciones que afectarían la pedagogía habitual de las instituciones educativas del país. Y eso lo tuvo claro el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), de la Pontificia Universidad Javeriana, que desde abril y hasta noviembre de 2020 llevó a cabo un seguimiento a través de encuestas realizadas a 4.527 docentes y 905 rectores de 762 instituciones educativas oficiales distribuidas en 16 entidades territoriales, entre ellas, Arauca, Barranquilla, Bogotá, Quibdó, Montería, Tunja y Tuluá.

Como resultado de este trabajo, el pasado mes de febrero se publicó el informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia, en el que se establece que la principal razón por la que los estudiantes no participaron en actividades académicas fue la ausencia de internet.

“Fue uno de los retos y rezagos más grandes para dar una educación remota y el impedimento más grande para desarrollar clases, sobre todo sincrónicas (aquellas donde hay interacción en tiempo real entre el docente y estudiante a través de videoconferencias o llamadas). No éramos tan conscientes sobre los rezagos tan grandes que hay en términos de conectividad”, explica Luz Karime Abadía, codirectora del LEE.

Falta de equipos: otro desafío

La mayor parte de las tres veredas en las que se encuentra el colegio El Volcán es zona de páramo y la señal de telefonía es deficiente. “Perdimos dos meses viendo cómo contactar a los estudiantes, nos tocó ir a la escuela y reunir a algunos padres para decirles: vamos a trabajar así, llévenles el mensaje a sus hijos”, recuerda la profesora Sandra Moya. Pero aún cuando pudieron comunicarse, dictar clases fue una odisea. “Empezamos a grabar clases cortas. Los videos no podían durar más de dos minutos porque no les descargaban”.

Ante esta situación crearon un plan padrino para buscar donantes de equipos y recargas con el fin de que los 512 estudiantes de las diferentes sedes del colegio tuvieran la posibilidad de seguir recibiendo clases. La difusión de la campaña comenzó entre junio y julio de 2020 y algunas de las sedes lograron equipar a la totalidad de sus estudiantes. Este plan contribuyó a que la deserción escolar fuera mínima. Solo 6 estudiantes de los 512 no continuaron con su educación.

“Nos donaron computadores, pero un equipo así en una vereda sin internet es un aparato muerto, así que le hicimos más fuerza a los celulares. Algunos papás pudieron comprarlos pero nos decían: ‘profe, no tengo para la recarga’, así que los padrinos hacían donaciones de 20 mil pesos pero a los cuatro días el niño no tenía datos. Los chicos descargaban música y acababan los datos. Claro nos ofreció un plan de solo WhatsApp y ahí empezó el tema de que las recargas sean solo para esa red y así los pudimos tener conectados”, añade Moya.

Según el informe del LEE, después de la ausencia de conectividad a internet, la segunda causa por la que los estudiantes no participaron de actividades académicas fue la falta de dispositivos, ya sean computadores, tabletas o teléfonos inteligentes.

Educación en pandemia Colombia

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Clases sincrónicas vs asincrónicas

Según la encuesta del LEE, seis de cada diez estudiantes realizaron actividades académicas bajo la modalidad sincrónica (con interacción en tiempo real), y cuatro de cada diez hicieron trabajo asincrónico (donde no es necesario que el docente esté presente para su realización, como guías, cartillas y tareas).

El informe también arroja que el 27 % de los docentes encuestados no continuó dictando clases bajo alguna modalidad. Algunas de las razones, según la investigadora Abadía, fueron “porque el docente no tenía contacto con sus estudiantes, no pudo seguir con sus actividades académicas, no tenía herramientas para una clase remota o su asignatura se hacía muy difícil de dictar. Las clases de educación física y artes son más complicadas de dar con métodos asincrónicos”.

Educación en Colombia durante el confinamiento

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Según el mismo informe, los métodos de enseñanza más utilizados por los profesores fueron las guías físicas, envío de material educativo por chat, correo electrónico, programas de televisión y hasta de radio, como sucedía hace más de cincuenta o sesenta años.

“El Ministerio de Educación, al darse cuenta de esta realidad, empezó a promover estos métodos antiguos, de cuando se aprendía por radio en Colombia. Puede haber el caso de un docente que no tiene ninguna forma de comunicarse con los estudiantes porque está en una zona rural donde simplemente está la herramienta de radio o televisión para ellos, otros docentes, según experiencias que nos contaron, sugieren ver ciertas franjas de televisión complementado con algunas otras actividades”, explica Abadía.

Para Gloria Bernal, codirectora del LEE, “la educación con televisión es mejor que nada, pero de todas formas emite unos programas estándar y el estudiante puede estar en tercero, quinto, noveno, once y de todas maneras estar viendo lo mismo. Es imposible controlar que a todos los estudiantes, de todos los grados, les pueda servir el mismo material. Tiene bastantes limitaciones”.

Estudiar por WhatsApp

Ante la limitación del acceso a internet y a equipos, una de las estrategias adoptada por el equipo de profesores del colegio El Volcán fue la de realizar clases por WhatsApp. “Al principio fue terrible, enviaba un video y aparecían 40 preguntas, ¿cómo les respondo todo eso en un video corto? Me sentía incapaz de solucionar tantas cosas en tan poco tiempo”, describe la docente Sandra Moya.

Y aunque se nota el esfuerzo por hacer lo mejor posible con los recursos disponibles, “este tipo de herramientas no son métodos de enseñanza sino salidas de emergencia que adoptaron los maestros ante la coyuntura porque aquí no hubo tiempo de prepararse. Esos métodos no están diseñados para enseñar y menos a niños y adolescentes”, anota Luz Karime Abadía.

Capacitación tecnológica para los profesores

Según el informe del LEE, la edad promedio de los 4.527 docentes encuestados es de 44 años y más de la tercera parte lleva entre 20 y 40 años enseñando en forma presencial, lo que además, para Abadía hizo más difícil que los docentes se adaptaran y afrontaran los retos de la enseñanza remota utilizando medios digitales.

Colegio El Volcán

Institución educativa El Volcán. Imagen tomada antes del confinamiento nacional producido por la COVID-19*

“Y hay varias razones: muchos colegios oficiales no tienen acceso a internet ni a computadores, y si los tienen, a veces es limitado. La gran mayoría usa métodos tradicionales por falta de tecnología pero también por falta de conocimiento. Es cierto que la población oficial docente se está envejeciendo. Entran a carrera y pueden jubilarse e igual siguen dictando clase. En un estudio basado en pruebas PISA en el que le preguntan a los rectores si consideran que sus docentes tienen los conocimientos técnicos y pedagógicos para involucrar la tecnología en sus prácticas de enseñanzas, cerca del 48 % de los rectores de colegios oficiales dice: no, versus un 12 % de colegios privados”.

Educación en Colombia en la pandemia

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Para notar las diferencias no hace falta comparar la educación de una ciudad capital con la de un municipio pequeño. Para Sandra Moya, solo las brechas entre un estudiante de Ubaté y los de las veredas aledañas, saltan a la vista.

“Los puedes escuchar decir: ‘profe, yo quiero conocer ese país de Bogotá’. Todo funciona como un cuento para ellos. El cine es un imaginario, no lo conocen. Puedes encontrar un niño de 14 años que no conoce Ubaté. El gobierno tiene muy abandonadas las veredas. En el pueblo la mayoría tiene internet, y si no, se puede ir a cualquier café internet, pero en las veredas no hay y no tenemos forma de conectarnos y estar con los estudiantes el tiempo adecuado”.

Para Luz Karime Abadía, “una de las grandes lecciones que nos ha dejado todo esto es darnos cuenta de que tenemos un sistema educativo muy precario que necesita con urgencia una transformación para cerrar brechas digitales de aprendizaje”.

Regreso a clases y alternancia

A comienzos de febrero comenzó el regreso paulatino de algunos estudiantes a modalidad presencial en sus colegios. Bajo el hashtag #LaEducacionPresencialEsVital, expertos en salud como la epidemióloga Zulma Cucunubá, y académicos como Moisés Wasserman y Alejandro Gaviria se han unido a la conversación por Twitter para impulsar el regreso a clases.

Algunos han compartido en sus redes sociales información que indica que luego de un año de cierre, más de 7 millones 500 mil niños y jóvenes siguen sin asistir al colegio, además, alrededor de 8.700 colegios oficiales continúan cerrados.

Estos datos fueron compartidos a partir de la información encontrada en las páginas de las secretarías de educación, los cálculos con base en establecimientos educativos (EE) y matrículas del 2019.

A la fecha, el 4.7 % de estudiantes (376.110), ya están en trabajos de alternancia, mientras que el porcentaje restante (95.3 %) sigue en casa. Mil cincuenta y un sedes están abiertas y permanecen cerradas 8.737.

En las siguientes imágenes se puede apreciar cómo está el regreso a clases presenciales por regiones en el país.

¿La educación está preparada para un nuevo confinamiento?

Luz Karime Abadía y Gloria Bernal responden con un contundente no. “Creo que seguimos igual, no conozco una política contundente que quiera cerrar brechas en Colombia entre aquellos más desfavorecidos y los que sí tienen más oportunidades”, opina Abadía. “Tenemos un sistema educativo que promueve la inequidad. Desde antes de la pandemia, aquellos que no tienen internet o que sus padres no tienen las condiciones, ya recibían educación de menor calidad que la de estudiantes de colegios privados”.

Y añade: “Irse acomodando a clases por televisión y chat son pañitos de agua tibia. No estamos confinados y la mayoría de las regiones no abre los colegios. Si seguimos así van a ser dos años perdidos, lo cual es gravísimo para una generación que no está aprendiendo las habilidades que se requieren para afrontar la vida y el mercado laboral, los grandes problemas de nuestra sociedad”.

La investigadora Bernal complementa: “En el LEE tenemos un programa llamado TuTutor donde buscamos que estudiantes voluntarios universitarios y también de grados décimo y once, que están en semestre social, presten un servicio con estudiantes de quinto grado de colegios oficiales dictando clases de matemáticas e inglés. Muchas veces se tienen que devolver a temas de segundo porque los niños no tienen esos conocimientos”.

“Esta pandemia abrió las brechas entre estudiantes de bajos y altos ingresos. Los padres con ingresos altos pueden guiar a sus hijos o contratar a alguien para que sigan el proceso académico, mientras que los padres de bajos ingresos generalmente tienen menos posibilidades de darle tutorías a sus hijos, se podría decir que algunos de estos chicos llevan un año sin recibir clases”, agrega.

En la Institución Educativa Departamental El Volcán la alternancia aún no ha comenzado. “Estamos en el proceso de estudio, tenemos cumplidos algunos requerimientos, faltan elementos de bioseguridad que los entes territoriales deben aportar pero es la fecha y no han llegado, y si no llegan, ¡cómo voy a darle seguridad al padre para que mande a su hijo!”, enfatiza Amparo Ladino, rectora del colegio.

“Octavo y noveno están en el mismo salón. Volveríamos con cuatro estudiantes porque los salones son pequeños, el colegio se empezó a construir y se paró la obra por falta de apoyo, aún no está terminado”, añade la profesora Sandra Moya, quien reitera con la voz quebrada que hace falta más ayuda para los colegios ubicados en zonas rurales. “Si a mí me dicen que me venga para el pueblo como docente, diría que no, creo que tenemos que seguirle apostando al campo. Tenemos que entender que en Colombia el campo vale”.

Si quiere consultar el informe completo del Laboratorio de Economía de la Educación, titulado Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia, puede hacer clic aquí.

¿Los correos electrónicos contaminan el medio ambiente?

¿Los correos electrónicos contaminan el medio ambiente?

Hace un tiempo, tal vez el año pasado, ví un video en YouTube que hablaba acerca de las emisiones de carbono que generan los correos electrónicos y cómo lo hacen. Si les soy sincera no quedé muy convencida con el tema y aunque lo tuve entre mis pendientes, lo deje ahí esperando. En estos días, en una cuenta de Instagram llamada @reals_lab publicaron un reto con el hashtag #limpiomicorreo, el cual trajo a mi mente este tema. Por eso, decidí investigarlo un poco más con el fin de encontrar la relación entre el envío de correos electrónicos y el impacto en los ecosistemas.

Resulta que cuando nos hablan de huella de carbono o acciones que impactan el medio ambiente, normalmente pensamos en carros, motos, fábricas o plástico, pero pocas veces nos viene a la cabeza el uso que le damos a la energía, a las redes sociales y a nuestros correos electrónicos. Los datos, especialmente aquellos que se encuentran en los e-mail, deben ser almacenados en centros de datos o servidores; y, aunque se encuentran a kilómetros de nosotros y por ello no es visible el impacto, requieren grandes cantidades de agua y energía para su funcionamiento porque pueden sobrecalentarse y necesitar procesos de enfriamiento.

Así mismo, según un estudio realizado en Reino Unido por la compañía energética Ovo, enviar correos también genera un gasto de energía porque se necesita de ella para que tanto los centros de datos como los dispositivos electrónicos envíen, filtren, lean y entreguen los correos. Para el estudio realizado por esta compañía, llama especialmente la atención aquellos correos que se envían con un único contenido; es decir, mensajes prescindibles como “gracias”, “recibido”, “saludos”. En 2017, un informe de la consultora Two Sides indica que la actual circulación de correos electrónicos llegaría a equivaler a la huella de carbono producida por cerca de 890 millones de automóviles en un año. Por supuesto, es importante señalar que la huella de carbono de los correos electrónicos depende de su contenido: es mayor si tiene archivos adjuntos y se incrementa si el correo se reenvía.

Según el medio La Vanguardia, de Barcelona (España), en entrevista con Ana Figaredo, eliminar 30 correos de nuestra cuenta puede ahorrar 222 Watts, que es aproximadamente el gasto de energía de una bombilla ahorradora encendida durante un día. Así mismo, según Ovo, si cada una de las personas de Reino Unido prescindieran de correos que pueden ser considerados innecesarios, no emitirían 16.433 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera en lo corrido de un año.

A partir de mi investigación, yo podría hacerle un par de sugerencias: si usted tiene miles de correos en su cuenta que no usa o no necesita, elimínelos. Recuerde que para que pueda consultarlos en cualquier momento, estos correos deben estar alojados en servidores que requieren energía y agua. También, si puede evitar correos innecesarios como aquellos que tienen un contenido corto y que incluso usted puede comunicar a su compañero de trabajo o amigo de forma personal, hágalo; de esta manera también estará disminuyendo su huella de carbono.

Puede ser que aún leyendo esto, cuando piense en el impacto de un correo electrónico sobre el medio ambiente le parezca poco, pero imagínese las cuentas de e-mail de todo el mundo, quizás ya no sea tan pequeño. Ahora, suponga que todos conocieran esta información y pudieran aportar con un clic al eliminar correos innecesarios o evitar otro clic para no enviar correos innecesarios. Estaríamos haciendo mucho.

Más información aquí.


* Bióloga, Magíster en Educación.
Instagram: @karoltvera

“La ciencia no fracasa”

“La ciencia no fracasa”

El talento y el saber son el verdadero poder. Esta es una de las premisas universales de la academia. ¿Y poder para qué? Para cambiar entornos, impactar positivamente la vida de las personas, trascender. Hoy, la universidad ya no solo es un espacio de enseñanza y aprendizaje como lo fue en sus estertores—, sino también de evolución. Se iza la bandera de la innovación como estandarte del progreso, pero ésta no ocurre de la noche a la mañana, no necesariamente debe ser radical (hay innovaciones graduales y con impacto incremental) y siempre supone evaluar sus consecuencias.  

Desde el 2005, se empezó a gestar el ecosistema innovador de la Universidad Javeriana, y en el 2012 se constituyó formalmente la Dirección de Innovación, que creó y puso en marcha el programa De la Academia al Mercado, un modelo de transferencia del conocimiento que hoy tiene múltiples frutos y es referencia nacional. En él se identifica un resultado de investigación promisorio, se evalúa, se valida, se protege con alguna modalidad de propiedad intelectual y se estructura en un producto o servicio para llevarlo al mercado. Aquí, algunas visiones de su directora sobre este proceso.

Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá).
Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá)

PESQUISA: ¿Por qué para las universidades ha sido difícil vincular la investigación con la sociedad?  

Fanny Almario: Puede haber un grado de dificultad pero también de invisibilidad. En las universidades primero se dio la enseñanza hasta madurarse y después vino la investigación, que ha tenido impacto social. El proceso de apropiación y transferencia de conocimiento no es tan sistemático ni inmediato porque las universidades están hechas para generarlo, no necesariamente comercializarloy para innovar se requieren unas competencias que ahora estamos incentivando y fortaleciendo, como la creatividad, el liderazgo, la resiliencia y el trabajo en equipo. Entre empresa y universidad hay que trabajar colaborativamente 

PESQUISA: ¿Qué hace falta para que se consolide ese engranaje? 

FA: Debe haber interés, confianza y unidades de interfaz que promuevan estas relaciones. En la década de 1990 surgieron los comités universidad-empresa. Hoy, además de entidades tipo cámaras de comercio o agremiaciones como la ANDIConnect Bogotá Región, que ayudan en ese propósito, también hay compañías que se dedican a identificar oportunidades en los distintos ecosistemas. Pero difícilmente esta construcción colectiva se puede dar si no hay una muy buena investigación de base.  El conocimiento no necesariamente es mediáticopero sí debe ser robusto e ir madurando para que no se agote.   

PESQUISA: ¿Qué mecanismos han empleado para atraer a los académicos a la cultura de la innovación? 

FA: Lo primero que hicimos fue encontrarnos con esos profesores que tenían la inquietud de saber cómo su conocimiento le podría servir a alguien y de qué manera se podría utilizar con un valor diferencial. Algunos tocaron nuestra puerta y otros los buscamos cuando advertimos investigaciones, patentes y tecnologías que podían ser atractivas para el mercado. Ellos fueron nuestros primeros promotores de la innovación y, con su espíritu, aunado a casos de éxitos que hallamos dentro de la universidad, empezamos a animar a otros docentes en esa vía. Después, visitamos cada facultad explicando qué estábamos haciendo desde la Dirección de Innovación, por qué era un gana-gana para todos (comunidad no académica, investigador y universidad) y comenzamos a divulgar, a través de congresos de investigación, asistencia a ruedas de innovación con empresas, actividades de promoción y foros, todo el andamiaje de directrices y reglamentaciones construidas para transferir el conocimiento e impulsar el emprendimiento. Trabajamos muy de la mano con la Dirección de Investigación para evaluar proyectos con potencial innovador y con los Comités de Investigación y Ética, a donde llegan los proyectos en ciernes que a mediano y largo plazo pueden tener procesos de transferencia interesantes.  

PESQUISA: ¿Cómo se incuba la innovación para que sea transversal a toda la academia? 

FA: Creando cultura de innovación y emprendimiento. Ese fue nuestro primer reto y aún continúa siéndolo. Para ello dictamos cursos, talleres y hacemos visitas focalizadas a los grupos de investigación. Desde nuestra dirección, identificamos el conocimiento con potencial de ser transferido y determinamos qué modalidad de propiedad intelectual emplear para protegerlo. Así mismo, estructuramos proyectos universidad-empresa y ayudamos a darle valor a una propuesta para que sea atractiva para el mercado, bien sea para licenciarla, venderla, patentarla o crear una nueva empresa basada en el conocimiento académico conocidas spinoff Adicionalmente, incentivamos dos ideas fundamentales: la primera, que la innovación no solo parte de la investigación, también se da en la docencia y el servicio; la segunda, la importancia de desarrollar la innovación social, es decir, crear metodologías y formas de hacer o trabajar con las comunidades, derivadas de una actividad investigativa, y que resultan en procesos de acción social y transferencia y apropiación de conocimiento con gran impacto comunitario.

PESQUISA: ¿De qué manera la Universidad ha desarrollado la innovación social? 

FA: Por su carácter misional, desde hace muchos años la Javeriana ha ejecutado proyectos centrados en aprovechar el conocimiento generado para impactar positivamente a las comunidades, vinculándolas en ese proceso. Organizaciones internas como Prosofi y Vidas Móviles, junto con las Convocatorias San Francisco Javier son, entre otros, espacios para apropiar socialmente el conocimiento en soluciones específicas. Nuestro siguiente paso será articular muchas unidades javerianas que trabajan en ello construir una directriz especialmente sobre innovación social en la que se definan parámetros y metodologías de intervención y medición del impacto de los proyectos.

PESQUISA: ¿La ciencia fracasa? 

FA: Si fracasar es tener un resultado negativo, eso no es fracaso, porque les permite a  otros investigadores advertir que no deben seguir por esa ruta. La ciencia y la investigación te ofrecen muchocaminos para descubrir algo y encontrar soluciones, pero aún basado en criterios científicos se puede llegar, inesperadamente, a una vía cerrada.

PESQUISA: ¿Qué ha sido lo más difícil en la creación de este ecosistema innovador? 

FA: Lo más complejo  como en cualquier proceso de estos es la articulación y definición de roles, es decir, saber quién está haciendo qué y cómo se pueden unir esfuerzos. Otro desafío ha sido aprender a ser muy dinámicos y versátiles para estar a la altura de lo que sucede afuera. Para que la Universidad se inserte al ecosistema de innovación nacional y regional debe tener una capacidad de respuesta acorde con los tiempos y los espacios, y eso lo hemos ido ajustando en estos años.

PESQUISA: ¿Por qué la Universidad ha sido líder en la transferencia de conocimiento? 

FA: Primero, porque ha tenido directivas no solo rectores y vicerrectores, sino otras unidades como la jurídica y financiera conscientes del rol de la academia para hacer viables soluciones, en lo posible articuladas entre varios actores de la comunidad académicaSegundo, porque la Universidad tiene muy claro que la innovación para ella no solo se mide desde el componente productivo, sino también social y la transformación de realidades de los más vulnerables. Tercero, porque se ha mantenido el apoyo continuamente y hemos sido conscientes de que este no es un proceso mediático. Cuarto, porque hemos estimulado las relaciones y el trabajo interdisciplinario consensuado para lograr que las soluciones sean más compactas y completas. Y quinto, porque hemos entendido las potencialidades del talento humano en casa y gozado de una gran materia prima (conocimiento) para trabajar. Pero en el fondo de todo esto subyace un elemento esencial: el espíritu misional de la Universidad, en el que se tiene muy claro la conciencia sobre el otro y la necesidad de buscar mecanismos para mejorar su vida. Ese compromiso social, que está en el ADN de esta alma máter, ha sido una ventaja para consolidar este ecosistema innovador.

PESQUISA: ¿En qué referentes internacionales se han inspirado? 

FA: Tenemos varios referentes porque hemos identificado y conocido sus modelos de gestión del conocimiento, en buena medida gracias al apoyo de InnpulsaEntre las universidades visitadas están Oxford, Utah, Stanford, Católica de Chile, Tec de Monterrey, Hebraica de Jerusalén y Santiago de Compostella.

Novedades Editoriales

Novedades Editoriales

Movimientos sociales e internet

Valencia Rincón, Juan Carlos; García Corredor, Claudia Pilar, editores. Movimientos sociales e internet. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 272 páginas.


Lo que atrae los ojos de los investigadores, como sucede en este libro sobre los movimientos sociales, son sus nuevas conexiones comunicativas y tecnológicas. No se trata de la preocupación de hace unos años por los medios y la política, sino de dos oportunidades inéditas: la primera, contrastar el significado de los movimientos sociales contemporáneos con los sentidos comunicativos que hoy se tramitan en la sociedad, es decir, la íntima vecindad que existe en nuestros días entre la política y la comunicación; y la segunda, indagar con mayor propiedad el nuevo campo de derechos, ciudadanías, debates y conflictos que compagina a la política con las nuevas tecnologías y, sobre todo, con el catálogo de sus apropiaciones.

Antología Kodály colombiana II

Zuleta Jaramillo, Alejandro. Antología Kodály colombiana II. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 346 páginas.


El Método Kodály es un sistema de educación musical creado a partir de la experiencia en las escuelas de música de Hungría, a inicios del siglo XX, por el compositor Zoltán Kodály. Él, sus alumnos y colaboradores lograron diseñar un método de pedagogía musical escolar que se convirtió en el método oficial de su país, y se extendió por Europa, Japón, Norteamérica y Suramérica. Su adaptación a la pedagogía musical en nuestro país fue planteada en El Método Kodály en Colombia (2008). A medida que se adaptaba dicho método al contexto cultural, aunque pareciera estar alejándose de aquellos elementos que lo identifican, en realidad se acercaba más a los fundamentos de su filosofía y a la eficacia de sus resultados.

En una primera etapa de la investigación (2004-2009), se dio prioridad a canciones infantiles, rimas, arrullos y juegos, que constituyen el material fundamental del ciclo básico del Método Kodály. Era necesario recopilar más canciones tradicionales que sirvieran como material de desarrollo coral, melódico, rítmico y auditivo, pues el existente daba apenas una pequeña muestra de la variedad de géneros, figuras, células rítmicas, modos, giros melódicos y combinaciones rítmico-melódicas propias de la riqueza musical colombiana. Por esto, el autor decidió continuar en Antología Kodály colombiana II esta colección de canciones infantiles, rondas y juegos, canciones tradicionales colombianas, y música de compositores reconocidos, iniciada en la Antología Kodály colombiana (2009).

En última instancia, el Método Kodály trata de enseñar música a partir de la lengua materna y dicha lengua, en el caso colombiano, es de una inmensa variedad.

Estética, convergencia, acontecimientos creativos: percepciones urbanas y transformaciones de las artes, las ciencias y las tecnologías

Niño Bernal, Raúl, editor académico. Estética, convergencia, acontecimientos creativos: percepciones urbanas y transformaciones de las artes, las ciencias y las tecnologías. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 328 páginas.


Este libro aborda, desde la perspectiva de la estética contemporánea, la convergencia entre las artes, las ciencias y las tecnologías. Cada autor configura un discurso en torno a los principales problemas que se derivan de dicha convergencia, marcada por la mirada de la estética como posibilidad de apertura y diálogo entre diferentes disciplinas. A partir de allí, exploran el modo como las prácticas artísticas, la diversidad de las ciencias y la complejidad de todos estos conocimientos proponen métodos de estudio y análisis capaces de dar cuenta de una experiencia teórica que analiza los cambios culturales que se establecen en esta época, fundamentalmente híbrida, y en constante transición por las artes, las ciencias y las tecnologías.

Travesías por la tierra del olvido: modernidad y colombianidad en la música de Carlos Vives y La Provincia

Sevilla, Manuel; Ochoa, Juan Sebastián; Santamaría-Delgado, Carolina; Cataño, Luis Eduardo. Travesías por la tierra del olvido: modernidad y colombianidad en la música de Carlos Vives y La Provincia. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 436 páginas.


El 29 de agosto de 1993 un disco de quince canciones sacudió al mundo de la música popular en Colombia. Clásicos de la provincia, el álbum con el que debutaron Carlos Vives y La Provincia, cautivó la atención de diversos sectores sociales que no cesaban de escuchar en la radio y en los tocadiscos canciones, hoy inolvidables, como “La gota fría”, “Alicia adorada” y “Matilde Lina”. La hipótesis de los autores de Travesías por la tierra del olvido: modernidad y colombianidad en la música de Carlos Vives y La Provincia es que el corazón de esta obra de Vives es un mundo imaginario de enorme fuerza simbólica llamado La tierra del olvido. Se trata de un complejo poético, un mitopaisaje con coordenadas y tiempos imposibles que se esboza en el segundo disco de la agrupación (La tierra del olvido, editado en 1995).

Este libro es la bitácora extensa de una travesía interdisciplinar (desde la sociología, la musicología y la comunicación) por la obra musical de Carlos Vives y La Provincia, a lo largo de los últimos veinte años. No limita la importancia de la obra de Vives a un rejuvenecimiento de las canciones antiguas de nuestro folclor, mediante el expediente de tocarlas con el sonido de los instrumentos nuevos. Por el contrario, es un estudio que viaja al corazón de todos los conceptos posibles de modernidad, articula esa definición con el sincretismo entre lo moderno y lo tradicional, lo urbano y lo rural, lo universal y lo parroquial, lo presente y lo pasado. Es difícil encontrar un estudio mejor logrado sobre lo que significan Carlos Vives y su obra, en cuanto puerta de entrada de la música colombiana al siglo XXI, y ubica al cantautor samario en el lugar que merece en la historia musical de Colombia.