El mensajero del agua

El mensajero del agua

Para los wayuu, los jagüeyes —esos pequeños depósitos de forma lacustre en los que se acumula agua lluvia— son un recurso crucial para abastecerse de agua. De allí les dan de beber a los animales, riegan los cultivos y preparan los alimentos. Cuando se secan, viene la de Troya: una guerra por la supervivencia que, antes de eso, ya es bastante retadora. Con buenas intenciones, llegan entonces carrotanques con el apetecido líquido para repartir entre los habitantes o llenar los reservorios.

Pero la cosa no es así de simple, porque sobre estos la comunidad tiene una visión mística: a los jagüeyes los habitan dioses que controlan la lluvia, la sequía y el arcoíris, y que garantizan el acceso y uso del agua. Es a Pulowi (su diosa) a quien le corresponde enviar a Juya’a (la lluvia).

De ese calado es la complejidad de la situación. De ahí que para Nelson Obregón, a estas alturas de la vida —tiene 52 años—, sea tan evidente que el problema del agua, aquí y en Cafarnaúm, no es científico ni tecnológico, sino ético y psicosocial, pues cualquier solución que altere una cosmogonía o una dinámica cultural no es sostenible, a menos de que sea consensuada. Esa convicción es la que ha venido tejiendo este cucuteño emotivo y carismático que encontró en el agua un amoroso pretexto para estudiar y comprender la vida. No en vano el perfecto matrimonio entre oxígeno e hidrógeno constituye el 70 % de nuestro cuerpo y de lo que contiene la tierra.

Encontrar ese camino y transitar por él no fue una decisión premeditada, sino un acto de la Divina Providencia. No podía ser de otro modo para este espíritu creyente, fervorosamente mariano. De pequeño fue un bachiller ejemplar de la Escuela de Varones número 21 de Guaimaral, el barrio popular de su infancia. Cuando llegó el momento de decidir qué carrera seguir —un privilegio al que accedió el menor de seis hijos—, lo único que atinó a escribir en el formulario de inscripción de la Universidad Francisco de Paula Santander fue “ingeniería civil”, pues tenía solo un referente: la imagen de su padre, un hombre humilde que transportaba material y equipos de construcción en su volqueta, y que solía estar rodeado de ingenieros. A esa sucesión de fotogramas en su mente se aferró con ilusión de conocimiento y progreso.

Su historia de consagración al estudio se repitió, pese a tantas limitaciones. Pero ese solo fue el abrebocas para un hombre que estudió con hambre —literal y figuradamente— no solo su pregrado, sino también su maestría en Ingeniería Civil con énfasis en Ingeniería de Recursos Hídricos y Ambientales, en la Universidad de los Andes. Bogotá lo sedujo rápidamente y esta ciudad terminó dándole todas las oportunidades, de la mano de lo que él llama, sin rodeos, ángeles: su coterráneo y compañero de andanzas, Óscar Robayo; su profesor de maestría, Mario Díaz-Granados; y su mentor de doctorado, Carlos Puente, son solo algunos.

Aunque la capital ha sido su cuenca, su primer viaje fuera del país resultó definitivo para conjurar en él esa visión holística y esencial que lo caracteriza. En 1993 aterrizó en la Universidad de California, en Davis (EE. UU.), sin pronunciar palabra alguna de inglés, pero con la intención de asistir al investigador Puente en un proyecto puntual como auxiliar de laboratorio, encargado de hacer modelamiento matemático y computacional. Combinó su trabajo con el aprendizaje del idioma a través de lecturas técnicas, cursos cortos, el brío mismo de la subsistencia y un lenguaje universal que le arranca pasiones: el fútbol. A punta de muchos partidos, este mediocampista que proclama su afecto por el “doblemente glorioso” Cúcuta Deportivo se ha granjeado decenas de amistades.

Aquella estadía prevista para un año se extendió por un lustro, dado su creciente apetito de saber. Puente, a quien considera como un segundo papá, lo animó a hacer el doctorado en Hidrología y lo sumergió en las aguas profundas de las Ciencias de la Complejidad. “Me enseñó lo que significa ser un Ph.D., un philosophical doctor. De entrada me dijo que la hidrología no era una ciencia y que si quería entender genuinamente la naturaleza debía estudiar su fundamentación. Tomé muchos cursos de física, matemática, termodinámica, fluidos, teoría del caos, turbulencias, entre otros, que no solo me sirvieron para entender mi entorno y cimentar el conocimiento desarrollado, sino para convertirme en un mejor ser humano, que, en últimas, es el objetivo de un doctorado”, relata Obregón, en medio de una oficina austera que revela su actual grado de desapego.

El problema del agua, dice el hidrólogo Nelson Obregón, no es científico ni tecnológico, sino ético y psicosocial. 

Con título en mano, lo esperaba una tentadora propuesta de trabajo en la Bahía de San Francisco, pero sintió el llamado del terruño. En 1998 regresó a Bogotá sin ninguna oferta laboral. No obstante, él, que juega con las car- tas abiertas y es un convencido del poder de fluir —como el agua—, pronto halló su lugar: la academia. En 1999 ingresó como profesor asociado a la Pontificia Universidad Javeriana y, un año después, la Universidad Nacional de Colombia también le abrió sus puertas.

En la Javeriana, donde ya completa 21 años de trabajo ininterrumpido, ha tenido sus mayores logros: liderar la creación y dirigir la Maestría en Hidrosistemas, el Doctorado en Ingeniería y el Instituto Javeriano del Agua (IJA), un centro de investigación y pensamiento concebido para generar, articular y transferir conocimiento en torno a la gestión de este recurso vital, bajo una visión multidisciplinaria que integra proyectos de consultoría e investigación en sistemas socioecológicos, seguridad hídrica, ecosistemas y biodiversidad, aprovechamiento, conservación e infraestructura sostenible del agua, y que para ello se vale de la capacidad de las 18 facultades del alma máter.

Estos son sus tres hijos institucionales —como los llama—, aunque no los únicos. Además de otros tres de su entraña, tiene muchos hijos académicos. Aparte de los cientos que han pasado por su aula durante el pregrado, ha liderado más de 60 tesis de maestría, tanto de la Javeriana como de otras universidades, y 14 de doctorado, algunas en disciplinas distintas de la ingeniería.

Más allá de los registros de su hoja de vida —seis premios, cocreador de dos softwares, coautor de cinco libros y 53 artículos, entre otros— son sus alumnos los que le hinchan el corazón cuando piensa en un legado. Su pupila Paula Villegas asegura que “su facultad de acoger muchas áreas de estudio e integrar múltiples herramientas de trabajo me cambió mucho la mirada y la forma de resolver problemas. Es sereno, asertivo y con muy buen sentido del humor; un verdadero tutor que inspira”. Francisco Guerrero, quien fue estudiante suyo en maestría, agrega: “Una de las cosas que más recuerdo de él es esa manera que tiene de mezclar filosofía con sabiduría popular para crear una suerte de píldoras para la memoria. Una de ellas era ‘para un gallo fino siempre habrá otro gallo más fino’, con la que pretendía inculcarnos estar siempre vigilantes de nuestro ego, o ‘es más importante que el doctorado pase por usted que usted pase por el doctorado’”.

Nelson Obregón lleva más de 21 años ininterrumpidos como profesor e investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, liderando proyectos como la Maestría en Hidrosistemas y el Doctorado en Ingeniería.

Aunque desde hace unos meses dejó de dictar clases en razón de su compromiso con el IJA, desde hace unos años Obregón se piensa a sí mismo como un profesor integrador, aquel que construye los puentes de unión del saber para poner de relieve las conexiones intrínsecas del universo. Lo conmueve tanto ese propósito que hace más de una década tomó dos decisiones aparentemente mundanas, pero para él trascendentales: no usar celular y despertarse todos los días a las dos de la mañana para pensar. “Me encanta la tecnología y hasta he dictado cursos de inteligencia artificial, pero pienso que los celulares han generado una gran despersonalización de las relaciones y han puesto en jaque una condición humana excepcional: el placer de pensar”. Ese es su mecanismo para cultivar la sabiduría de las personas y los hechos a su alrededor, y aportarles su cosecha a las comunidades y a los territorios: el lugar donde hoy está su corazón.

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Ficción para entender la realidad médica

Ficción para entender la realidad médica

El mundo de la medicina es particular, con lenguaje propio, protocolos estrictos, espacios que desbordan de información (paredes blancas, bolsas rojas que indican peligro, avisos de UCI). Máquinas diseñadas para mostrar el cuerpo humano en números y gráficas; herramientas que se unen al cuerpo de los médicos para mejorar sus sentidos (los lentes de ultra-aumento, el fonendoscopio para escuchar más fuerte), entre otros instrumentos, ayudan a los especialistas a leer el cuerpo como ningún otro ser humano lo puede hacer.

Así lo demuestra la investigación antropológica Lenguaje y dispositivo. Un análisis de la serie Dr. House como caso paradigmático de la práctica médica colombiana, con la que los antropólogos javerianos Juan Camilo Deaza, Jairo Clavijo y Valeria Sánchez estudiaron las dinámicas y las formas como se percibe el cuerpo humano en este entorno.

Para ello tomaron la serie televisiva estadounidense Dr. House, que gira alrededor del doctor Gregory House, quien dirige el departamento de diagnóstico médico y atiende, en compañía de otros colegas, casos complejos que resuelve como un ‘Sherlock Holmes’ de la medicina. Los investigadores javerianos seleccionaron apartados de tres capítulos de la serie: ‘Comité de trasplante’ (capítulo 14 de la primera temporada); ‘Tecnología de punta’ (capítulo 10 de la segunda temporada), y ‘Consentimiento informado’ (capítulo 3 de la tercera temporada), y analizaron estas situaciones que, aunque ficticias, se acercan a la realidad.

 

Radiografía de la práctica médica

El diagnóstico y tratamiento del SARS-CoV-2 es uno de los escenarios que aqueja a los profesionales de la salud hoy en día y sirve como ejemplo para comprender algunas de las afirmaciones que hacen los investigadores.

Los pacientes que llegan a los hospitales no están diagnosticados con la COVID-19. En el ‘triage’ se hace la primera clasificación de los que ingresan por síntomas respiratorios y los que vienen por otras patologías. Los respiratorios pasan a unos cubículos especiales, se les pregunta sobre estos síntomas y se les mide la temperatura para saber si tienen fiebre. Si cumplen con los criterios establecidos se convierten en casos sospechosos. Así describe Fernanda Flores* el protocolo que manejan para este tipo de coronavirus. Ella es una de las profesionales que trata a pacientes con el virus en un hospital de Bogotá.

Cuando la doctora menciona el triage, protocolo que determina la gravedad de los síntomas y el tipo de atención que deben recibir los pacientes, a través de pruebas de pulsioximetría (que mide la saturación de oxígeno en la sangre), frecuencia cardiaca, temperatura, lectura de enfermedades previas, además del cuestionario sobre síntomas respiratorios, o los 38°c de fiebre, queda claro, como asegura el profesor Deaza, que “los médicos son capaces de convertir el cuerpo humano en datos, los cuales sirven de insumo para llevar a cabo su labor”.

La doctora Flores trata de explicar el procedimiento de forma sencilla y sin los tecnicismos que podría utilizar con sus colegas, sin embargo, se vuelve inevitable incluir el lenguaje propio de la medicina y hablar de las tecnologías que usan como mediadoras para comprender lo que hay en este ‘libro cargado de información’ que es el cuerpo humano.

“Cuando se cumplen los criterios para un caso sospechoso se le toma la prueba PCR al paciente, una que sacamos de las secreciones nasales y luego hacemos los anticuerpos, pruebas de sangre con las que se busca determinar si la persona ya tuvo contacto con el virus”, dice la médica.

“Los médicos no tratan directamente con el cuerpo, sino con los datos que se crean a partir de él, información sacada de prácticas, discursos, máquinas y más, (en este caso, Flores trabaja con los resultados obtenidos del PCR y los anticuerpos). Así, podemos decir que la relación del médico con la persona siempre está mediada por un conjunto de tecnologías”, dice Deaza y explica que las tecnologías no son necesariamente un objeto: “también son las acciones, las formas de actuar, los saberes que tiene un médico, los procedimientos y protocolos que han sido inventados, perfeccionados y desarrollados sin cesar”.

En este sentido, muchos de los componentes del sistema de la práctica médica están mediados por tecnologías que pueden ser objetos, instrumentos tecnológicos que guían la observación del médico; sujetos, los doctores; códigos, resultado de la conversión del cuerpo en datos; normatividades legales como el consentimiento informado o la Ley 100 en el caso colombiano; entre otros elementos, que forman un ‘dispositivo’ capaz de orientar, determinar, controlar y asegurar, conductas, opiniones y discursos de los seres vivos, aseguran los científicos.

 

La medicina como dispositivo

Los fragmentos de la serie Dr. House que estudiaron los antropólogos explican algunas de las dinámicas, no muy alejadas de la realidad, que demuestran el funcionamiento al interior del ya denominado “dispositivo médico”.

En primer lugar, los investigadores analizaron los comités médicos como una de las tecnologías que da el poder a los doctores para tomar decisiones, basadas en criterios que solo ellos comprenden. Por ejemplo, pueden determinar si una persona es apta para un trasplante o si un individuo diagnosticado con la COVID-19 requiere un tratamiento especial. “Esto orienta lo que será la conducta y situación del paciente después de la decisión”, dice el profesor Deaza.

En segundo lugar, comprobaron que la labor del médico en la serie se basa en convertir el cuerpo humano en datos. Deaza afirma que esto no es algo nuevo: “es verdad que las relaciones médico-paciente han cambiado con el tiempo, antes había un contacto más directo con el cuerpo físico que ahora. Actualmente hay más mediación de máquinas que entregan números concretos y estandarizados del cuerpo sin necesidad, en muchos casos, de tocarlo. Esto no quiere decir que antes el cuerpo no se transformara en datos, también se hacía, solo que a partir de criterios más cualitativos. Tanto antes como ahora, las relaciones médico-paciente siempre han estado mediadas por el conocimiento, aparatos, lectura de signos”.

Por último, los investigadores analizaron la tecnología del consentimiento informado, documento que autoriza al médico a practicar determinada intervención sobre el paciente y ya que no se tiene certeza sobre los resultados del procedimiento, el paciente reconoce y acepta los riesgos. Esta herramienta sirve como intermediaria entre el médico y el paciente, asegurando control frente a la conducta, opinión y discurso de las personas a quienes tratan.

En conclusión, estos tres momentos abordados en la investigación evidencian el funcionamiento de la medicina como un dispositivo que les da poder a los médicos y los diferencia de cualquier otra persona. Ellos tienen la capacidad de incidir directamente en la vida de alguien mediado por múltiples tecnologías (un comité, una máquina, un examen, un documento, etc.). Además, se demuestra la importancia de la conversión del cuerpo en datos, pues hace parte, como dicen los investigadores, del ideal médico contemporáneo.


*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

Pesquisa Javeriana se adapta a las necesidades informativas de sus lectores

Pesquisa Javeriana se adapta a las necesidades informativas de sus lectores

Mantenemos nuestro compromiso de hacer visibles los avances científicos que se producen en la Pontificia Universidad Javeriana. Por eso, teniendo en cuenta las circunstancias que produjo la COVID-19, este domingo 10 de mayo publicamos la edición 51 en diversos formatos para que usted, desde su casa, conozca los aportes de investigadores, innovadores, emprendedores y creativos durante esta pandemia.

Además de la ya acostumbrada edición impresa, que circulará con un reducido número de ejemplares más adelante, pensamos en todo un ecosistema digital para que los visitantes lean cada uno de los artículos, tanto on line como off-line. Ingresando a nuestra página web www.javeriana.edu.co/pesquisa usted puede acceder a los contenidos, a solo un clic; también puede descargar la revista en formato PDF, por si desea disfrutarla posteriormente sin estar conectado a internet.

¿Qué temáticas puede encontrar en esta nueva oferta informativa?

  • A través de la editorial podrá leer una explicación muy sucinta sobre cómo la Javeriana le aporta al país durante esta época de COVID-19.
  • Sobre la pandemia por el SARS-CoV2 tendrá dos artículos con diferentes apuestas: Proyectos javerianos para mitigar la COVID-19 y Lecciones de la pandemia a la ciencia colombiana.
  • Aprenda sobre el astrocito, un tipo de célula que es fundamental para el metabolismo del sistema nervioso central y para las famosas neuronas, así como para el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
  • ¿Por qué se volvió viral la clase media? Investigadores javerianos estudiaron cómo en un país desigual una parte de la población se fortaleció económicamente.
  • Lea un informe especial sobre ciudades, donde se plantea la evolución de la agricultura urbana y su proyección como una alternativa para el desarrollo sostenible, una propuesta javeriana para humanizar el espacio público en Cali y una comparación entre Bogotá y Seúl (Corea) en materia de crecimiento metropolitano.
  • Conozca a Daniela Abisambra, una egresada javeriana que impulsó su carrera a través de un análisis de los trinos del presidente Donald Trump, cuyo trabajo le mereció el premio del Circulo de Periodistas de Bogotá, CPB.
  • En la sección Huellas lea el perfil de Nelson Obregón, actualmente director del Instituto Javeriano del Agua.
  • Con respecto a las habituales novedades editoriales, lea tres reseñas sobre libros de historia, literatura y periferia.