Los secretos de los murciélagos

Los secretos de los murciélagos

“Ya se demostró que los murciélagos son los portadores naturales de este tipo de virus, pero ellos no son los responsables de transmitirlo a los humanos”. Así defiende a estos mamíferos alados la microbióloga Claudia Cuervo, refiriéndose a la gran familia de coronavirus, al cual pertenece el SARS-CoV2, causante de la enfermedad COVID-19, que cada día suma más personas fallecidas en todo el planeta. Pero aún no se sabe cómo este virus en especial, la actual oveja negra de la familia, recorrió el largo camino que le permitió la llegada al humano.

La pandemia fue la excusa de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana para organizar encuentros con diferentes miradas sobre los temas de coyuntura. Y el murciélago ha sido uno de ellos. Por eso se unió con la Facultad de Ciencias en un webinar en el cual fue posible incluso escuchar los diferentes sonidos que emiten algunas de las diferentes especies.

El relato de infancia de la profesora Marta Cabrera, con doctorado en comunicación y estudios culturales, describe la casa de sus abuelos en Garzón, Huila, por cuyos tejados se colaban los llamados chimbes, “y con suerte podían volver a salir”, dice; “se les expulsaba a escobazos”. Desde entonces, entre “sapos y caracoles gigantes, enjambres de insectos desconocidos y culebras”, los murciélagos fueron los que captaron su atención. “Me encantaban su velocidad, sus chirridos, y cuando pude echarle mano a uno, la forma de su cuerpo y la arquitectura increíble de sus alas cuando se despliegan”, relata. Y eso fue lo que la cautivó. Luego no se perdía película donde los protagonistas fueran murciélagos y vampiros.

Ese episodio ilustra lo que dicen los biólogos: el murciélago ha ido conquistando diferentes espacios, ya sea en su originaria cueva o aleteando por los aires de casonas, ranchos o enramadas. Tienen una gran capacidad de adaptación a diferentes ambientes porque están en el planeta mucho antes de que apareciera el ser humano. Hoy se les ve en toda la Tierra, a excepción de los polos.

“Son indicadores de la salud o el estado de los ecosistemas”, afirma el biólogo Jairo Pérez-Torres. Al alimentarse de frutos, los murciélagos frugívoros ingieren y dispersan las semillas que regeneran bosques y áreas degradadas; los insectívoros consumen grandes cantidades de insectos, lo que tiene dos efectos benéficos: ayudan a controlar plagas de los cultivos y a disminuir la población de aquellos que transmiten enfermedades como el dengue o la malaria. “En las cuevas cada individuo puede llegar a consumir hasta diez gramos de insectos por noche, lo que favorece industrias como la de algodón, el maíz, el frijol y el arroz”, precisa el investigador. Y de acuerdo con datos que presentó durante el webinar, en el norte de México se calcula un ahorro entre 2.800 y 4.000 millones de pesos colombianos en plaguicidas.

Este investigador, experto en ecología de murciélagos, los conoce como la palma de su mano. Cuenta que además unas especies se alimentan del néctar de las flores, lo cual promueve la polinización de muchas plantas tropicales. Algunos comen ranas y por tanto son carnívoros, pero de las 1.421 especies que existen a nivel mundial solo tres se alimentan de sangre. Las tres están en Colombia.

Los hay sociales; a otros les gusta la soledad y solo se agrupan cuando llega la época reproductiva. Tienen diferentes formas y sus rostros tienen características muy definidas, unos son orejones, otros tienen la lengua tan larga como su propio cuerpo, unos son blancos, otros negros y también están los que lucen rayas que les sirve para camuflarse. Son longevos: pueden durar hasta 44 años.

Pérez-Torres desmitifica algunas creencias: “no son ciegos, no fuman, no son de mala suerte, no son ratones con alas, no son aves, no se enredan en el pelo, no son plagas”. Por el contrario, argumenta, ofrecen pistas que podrían beneficiar la salud humana. “La saliva de los murciélagos hematófagos tiene sustancias anticoagulantes; el control de la capacidad metabólica ayuda a la regeneración celular; tienen termo receptores para detectar sus presas y un sistema inmunológico potenciado resistente a muchos virus”.

Y hablando de mitos, el murciélago sí que ha sido protagonista en las diferentes culturas desde tiempos ancestrales: en la cultura zapoteca mexicana era el dios de la fertilidad, en la maya representaba los sacrificios, en la azteca era asociado a la muerte, mientras en otras culturas los murciélagos se vinculan a representaciones de la noche, el inframundo o la sangre. En la tradición judeo-cristiana se le considera un animal ‘impuro’.

En un plano de representación sensiblemente diferente, “los bocetos de Leonardo da Vinci reflejaron cómo la anatomía de las alas del murciélago inspiraron sus diseños de un artificio volador”, dijo el antropólogo Carlos del Cairo, demostrando que “los murciélagos son un significante muy poderoso y complejo para muchas sociedades humanas del pasado y del presente”.

Al recorrer diferentes épocas y culturas, Del Cairo explicó el “carácter liminal que muchas sociedades le atribuyen al murciélago, al clasificarlo como una especie que articula dominios tan contrastantes como el de la fertilidad y la muerte, la admiración o el temor”.

 

Murciélago y enfermedades

La investigación científica que lidera la profesora Cuervo se concentra en las enfermedades infecciosas, aquellas producidas por diferentes microorganismos y transmitidas por animales, entre ellos los murciélagos. Ha estudiado parásitos y bacterias que producen infecciones en humanos y animales como la Leptospira spp. y la Bartonella spp. Estas bacterias pueden estar presentes en los murciélagos, pero para que lleguen al ser humano necesitan de intermediarios como pulgas, piojos o garrapatas, que pican a los quirópteros y luego hacen lo mismo con el humano.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “alrededor del 60% de todas las enfermedades infecciosas en los humanos y 75% de las enfermedades infecciosas emergentes son zoonóticas, es decir que son transmitidas desde los animales a los humanos”.

Y van en aumento. Los murciélagos “tienen una característica bien interesante desde el punto de vista de las enfermedades infecciosas y es que vuelan, lo que les permite atravesar grandes barreras, (ríos, montañas) y favorece una mayor dispersión del patógeno”. Además, varios análisis señalan que los murciélagos tienen un sistema inmune que los protege muy bien de las infecciones, por eso es tan interesante su estudio, explica Cuervo.

“Con nuestra investigación queremos saber cuáles especies de estas bacterias están presentes en los murciélagos y cuáles son zoonóticas para el humano”, continúa. “Hasta el momento hemos encontrado que los murciélagos son portadores de las bacterias y que las especies de Bartonella spp. presentes en la población de murciélagos de la cueva Macaregua, que es nuestro sitio de estudio, varían de acuerdo con su dieta”,  le contó Cuervo a Pesquisa Javeriana; “si son frugívoros o insectívoros, los murciélagos tienen unas bacterias particulares”. Pero la cuarentena ha retrasado el estudio y aún no hay resultados concluyentes.

 

¿Alguna lección del coronavirus?

Por qué los murciélagos no sufren las enfermedades que producen virus, bacterias y hongos que cohabitan en su organismo es aún un interrogante. Lo que sí está comprobado es que son portadores de microorganismos que pueden producir enfermedades a los humanos.

Pero aún es incierto el origen del SARS-CoV2 y cómo llegó a infectar al primer humano. En eso está la comunidad científica mundial porque si se comprende de dónde proviene, es posible identificar y aislar la fuente, y así evitar nuevas introducciones del virus en la población humana, de acuerdo con la OMS. También ayuda a comprender la dinámica desde el comienzo del brote y el desarrollo de terapias y vacunas.

Lo que sí es cierto, advierte la profesora Cuervo, es “que las enfermedades infecciosas no son culpa del murciélago”. Sobre la pandemia que está viviendo la humanidad invita a “repensar la forma como nos relacionamos con los ecosistemas silvestres”. Y desde su mirada científica asegura que “tenemos que empezar a entender cómo evolucionan los microorganismos en estos ecosistemas. Cómo logran saltar de un animal a otro. Tenemos que ampliar la visión y empezar a estudiar a los microorganismos antes de que produzcan enfermedad en los humanos, debemos conocerlos y entender cómo conviven entre las especies silvestres”, complementa.

Por su parte, el biólogo Danny Rojas, del departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas de la Javeriana, seccional Cali, y quien lideró la conferencia virtual Coronavirus, murciélagos, vacunas y cómo desacreditar la desinformación, asegura que “no se ha encontrado este virus en ningún individuo de esta especie animal”. Con más de 15 años de experiencia en el estudio de ecología y la evolución de murciélagos confirma que los murciélagos son portadores de esta familia de virus, pero no de este que se ha denominado SARS-COV2.

Recuerde que este 26 de julio hablaremos sobre el tema en el programa Desafíos de RCN y por Javeriana estéreo 91.9 fm el lunes 27 de julio a las 7 pm.

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Pesquisa Javeriana contó con una corresponsal en la Antártica durante enero y febrero de este año, quien nos narró su experiencia como investigadora de la XXXV Expedición Italiana a la Antártica, en el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi. En este recorrido, la bióloga javeriana Nohelia Farías Curtidor estuvo recogiendo datos sobre los mamíferos acuáticos que viven en esta zona del mundo para colectar datos e información sobre la ocurrencia, abundancia y comportamiento de mamíferos marinos en el mar de Ross, además de identificar y corroborar las áreas principales de uso de estos animales y tratar de hacer una relación de su presencia con las condiciones oceanográficas del área. También pudo percibir y reconocer junto a sus colegas italianos algunas transformaciones en el cambio del clima del llamado Continente Blanco.

Es la primera vez que una colombiana recorre el mar de Ross por la ruta que lo hizo Nohelia Farías Curtidor, desde Nueva Zelanda, gracias a la alianza lograda por el Programa Antártico Colombiano con el Programma Nazionale di Ricerche in Antartide (de Italia). La información por esta nueva ruta plantea una oportunidad valiosa para el país ya que permite tener datos de los mamíferos acuáticos por una zona que se desconocía y que sirve para comparar con los datos que se tienen del recorrido por la península antártica a la que la expedición colombiana visita desde hace cinco años.

Desde el mar de Ross, Farías Curtidor escuchó las noticias sobre las altas temperaturas en la Antártica, especialmente en las cercanías con el sur del continente americano. Según los reportes de la NASA, se alcanzaron 20° de temperatura en el continente de hielo, el mayor récord en la historia. Esto generó un derretimiento de más de 10 centímetros de capa de hielo en Eagle Island. Sin embargo, por el sur de este continente los climas nunca fueron superiores a 3°, lo que tampoco indica que esté exento del impacto climático sobre los ecosistemas.

Igualmente, del costado oriental del continente los investigadores de la expedición científica italiana evidenciaron un derretimiento del glacial y por el lado occidental del mar de Ross están entrando las tormentas y corrientes del mar Pacífico Sur, lo que antes no ocurría. Aún no se puede afirmar a “ciencia cierta qué pasará, pero sí podemos imaginarnos o tratar de evaluar ciertos escenarios porque están cambiando la dinámica del lugar y sus características”, explicó la bióloga javeriana.

La cadena alimenticia puede ser un claro ejemplo de cómo se evidencia el impacto climático en las formas de vida de las especies y cómo se transforman sus hábitats y sus hábitos:

Estos impactos que se generan en la Antártica pueden afectar especies de animales que llegan hasta Colombia, Ecuador o Panamá como la ballena jorobada. ¿Qué pasaría si estos mamíferos no se alimentan lo suficientemente bien en la Antártica para recorrer 8.000 kilómetros hasta llegar a las costas de estos países para reproducirse?

El efecto del cambio climático se está viendo no solo en la Antártica sino en todo el mundo. “Por ejemplo, en el Ártico en 2006 o 2007 se midió la capa de hielo más pequeña que se había encontrado porque se desprendió un pedazo de hielo tan grande como Italia”, relató Nohelia en su expedición. El reto ahora es evaluar las consecuencias y considerar qué se puede hacer para tratar de que esto pare o por lo menos baje la intensidad y la rapidez con la que está ocurriendo. Por ello, la bióloga javeriana hace recomendaciones para que los ciudadanos aporten en contrarrestar el impacto de la huella ambiental.

Nohelia Farías Curtidor regresó esta semana de su expedición, luego de siete días de viaje de vuelta. Logró identificar, por ejemplo, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri), que puede medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. También, el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus), un ave que con sus alas extendidas puede medir hasta dos metros. Además, la foca leopardo (Hydrurga leptonyx), solitaria y agresiva, que vio solo una vez y que puede llegar a medir entre tres y cuatro metros, además, de pesar entre 300 y 500 kilogramos. Su amor por la naturaleza, en particular los mamíferos acuáticos, es una preocupación latente en medio de noticias que cuestionan las prácticas de los humanos frente al cuidado del planeta. Por ello, continuar investigando sobre estos lo considera como una forma de disfrutar la vida y de aportar en su conservación.

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Para conocer la bitácora completa de Nohelia Farías Corredor, consulte este enlace: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/opinion/javeriana-en-antartida/


* La participación en esta expedición de la egresada javeriana en biología, Nohelia Farías Curtidor, cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Viaje al otro lado del mundo

Viaje al otro lado del mundo

Observando la magnífica vista de la Península de Otago, en Dunedin (Nueva Zelanda), sintiendo el viento en mi rostro, oliendo el mar y dejando que mis pensamientos vuelen al ritmo del hermoso canto de un ave que nunca había escuchado antes, me siento realmente afortunada y agradecida. Respiro profundo y una vez más, la vida me deja ver lo feliz que soy, pues, a diferencia de muchas personas, tengo la dicha de hacer lo que amo.

Recuerdo como la vida me ha traído, llevado, subido y bajado; y como todas las decisiones que tomé se resumen en este mismo instante. Entre esas elecciones, una de ellas tiene que ver con qué estudiar, qué hacer, a qué dedicarse por el resto de la vida. No es nada fácil, pero la mayoría de las veces se debe hacer a corta edad, cuando aún se es muy joven, cuando apenas se termina el bachillerato y todavía no se tiene la madurez suficiente, en la mayoría de los casos, para encontrar esta respuesta.

Mi carrera me ha llevado a lugares maravillosos, hermosos, exuberantes, prístinos, bonitos, maltratados, olvidados, en fin, muchos y diferentes todos. Pero el lugar desde donde escribo estas palabras es diverso y majestuoso. Llegué hace unos días a Nueva Zelanda y ya estoy totalmente enamorada de este país.

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Pingüinos azules (Eudyptula minor), la especie de pingüino más pequeña del mundo. Foto: https://www.penguins.co.nz

He tenido la oportunidad de visitar una colonia de pingüinos azules (Eudyptula minor), la especie de pingüino más pequeña del mundo, llegando a medir alrededor de 30 cm y a pesar 1 kg. Verlos nadando hacia la costa, caminando sobre las rocas y entrando a tierra, justo cuando está empezando el atardecer, es realmente conmovedor. Son pequeñitos y se mueven todos en un solo grupo a la vez.

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Milford fiord. Foto: Nohelia Farías Curtidor.

También estuve en Fiordland, o la tierra de los fiordos, en un pueblo de la costa Suroccidental llamado Te Anau. Allí visité una cueva muy especial, en la cual habitan unas criaturas bastante interesantes. El solo hecho de entrar en ella, es entrar a otro mundo.

De la cueva sale agua cristalina, hay que agacharse en varios tramos para lograr entrar y a mitad de recorrido se encuentra una cascada de más o menos cinco metros de altura, su sonido retumba en las paredes y su majestuosidad le quita el aliento a cualquiera.

Luego nos subimos en un bote en la oscuridad y empezamos a ver luces azules que brillan en el techo de la cueva. Parece que estuviera viendo el cielo muy cerca de mi y con cientos de estrellas alrededor; es en realidad uno de los espectáculos de la naturaleza más hermosos que haya visto.

Larvas del mosquito (Arachnocampa luminosa). Foto: David Bracegirdle.
Larvas del mosquito (Arachnocampa luminosa). Foto: David Bracegirdle.

En el techo de esta cueva, vive la larva de un mosquito (Arachnocampa luminosa), que se distribuye en Nueva Zelanda y Australia. Esta larva produce una bioluminiscencia azul-verdosa para llamar la atención de sus presas, como insectos pequeños. La bioluminiscencia es un proceso químico, por medio del cual, con ayuda de la enzima luciferasa, algunos organismos vivos pueden producir luz. En esta cueva viven cientos de estas larvas y cada verano están en este lugar para alimentarse, crecer y hacer la metamorfosis a mosquitos.

Ya deben saber qué carrera escogí, pero si aún tienen dudas, en la siguiente columna se las resuelvo, y también les contaré qué estoy haciendo en Nueva Zelanda y cuál es mi próximo destino.

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Javeriana en Antártida

Javeriana en Antártida

JAVERIANA EN LA ANTÁRTIDA

En Pesquisa Javeriana acompañamos la aventura de Nohelia Farías en la Antártida. La egresada javeriana hace parte de la expedición italiana a esta lejana región del planeta. Nuestra corresponsal nos enviará su bitácora semanal sobre cómo es su experiencia desde el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi. ¡Navega en el mapa y lee sus entradas semanales!

Viaje al otro lado del mundo

Semana I. Enero 3 de 2020.

Observando la magnífica vista de la Península de Otago, en Dunedin (Nueva Zelanda), sintiendo el viento en mi rostro, oliendo el mar y dejando que mis pensamientos vuelen al ritmo del hermoso canto de un ave que nunca había escuchado antes; me siento realmente afortunada y agradecida. Primera entrega de la Javeriana en la Antártida.

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De la decisión de estudiar biología a una expedición a la Antártida

Semana II. Enero 9 de 2020.

Nohelia Farías realiza salidas de campo desde sus días de clase de Biología en la Javeriana. Ha pasado por Amazonas, Chocó, San Andrés y otras zonas de Colombia. Hoy atraviesa el planeta para seguir conociendo sus animales favoritos: mamíferos marinos. Segunda entrega de la Javeriana en la Antártida.

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¡A la mar!

Semana III. Enero 16 de 2020.

Solo sé que soy realmente afortunada de iniciar y hacer parte de esta expedición hacia un lugar al que no todos pueden acceder. Un lugar que es un sueño para la mayoría de los biólogos, pero que se ve lejano o muy difícil de concretar. Tercera entrega de de la Javeriana en la Antártica.

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¡Llegamos a la Antártica!

Semana IV. Enero 24 de 2020.

Llegamos a la Antártica, un lugar de muchos contrastes y diferentes paisajes. No me alcanzan las palabras para describir este espectáculo de la naturaleza: es realmente un lugar muy especial, lleno de vida, de agua, de hielo, de nieve, de blanco. Cuarta entrega de la Javeriana en la Antártica.

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Llegué al punto navegable más al sur del planeta

Bitácora

Semana V. Enero 31 de 2020.

No sé cuál sería la expresión de mi rostro en ese momento, pero el jefe de la expedición se acercó y me preguntó qué pensaba de ese lugar y yo simplemente le pude responder que no tenía palabras. Quinta entrega de la Javeriana en la Antártica.

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La Antártida no para de sorprenderme

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Semana VI. Febrero 7 de 2020.

Creí que después de la plataforma Ross, ningún paisaje me podía sorprender, pero la Antártida me demostró totalmente lo contrario. Llegamos a otro lugar indescriptible: ‘La lengua del glaciar Drigalsky’. Sexta entrega de la Javeriana en la Antártida.

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Cabo Hallet

Semana VII. Febrero 14 de 2020.

“Tan pronto como empezamos a ver estas montañas, tuve la misma felicidad que he sentido tantas veces en este viaje.” La bióloga javeriana Nohelia Farias entrega su séptimo relato sobre la expedición que realiza en la Antártida.

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¡Hasta pronto, Antártida!

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Semana VIII. Febrero 21 de 2020.

Luego llegó el día del adiós. Dejamos el ‘Continente Blanco’ y tomamos rumbo a Nueva Zelanda. En ese instante me di cuenta de que el tiempo se había acabado. No sé en qué momento se pasaron casi 30 días en ese paraíso. Octava entrega desde la Antártica.

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Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

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Semana IX. Febrero 28 de 2020.

Nohelia Farías Curtidor, científica colombiana que estuvo un mes y medio en Antártica, explica el impacto del cambio climático en el Continente Blanco. Nuevas corrientes de vientos y alteración en la cadena alimenticia podrían ser efectos que modifiquen este ecosistema.

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Nuestra expedicionaria

 Nohelia Farias_03.01.2020

La bióloga javeriana Nohelia Farías Curtidor nos narra su día a día en la expedición a la Antártida en el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi, de la Agencia Nacional de Nueva Tecnología y Energía de Italia. Es la primera vez que una colombiana recorre la Antártida por esta ruta.

Nohelia es bióloga, egresada de la Pontificia Universidad Javeriana, con experiencia en investigación y trabajo de campo con fauna en general, ecosistemas acuáticos de agua dulce y marino-costero. Su énfasis ha sido en investigaciones con fauna marina. Tiene más de 12 años de experiencia trabajando con mamíferos acuáticos, realizando estudios de ocurrencia, distribución, fotoidentificación de las especies y de ecotoxicología de las mismas.

Además, también desarrolla proyectos de educación ambiental en comunidades locales con colegios y pescadores. Está realizando su maestría en Conservación y uso de la biodiversidad en la Pontificia Universidad Javeriana.

En Directo desde la Antártida

 Evento_Nohelia
Después de detener el barco en un punto estratégico para que la señal fuera óptima, Nohelia Farías Curtidor, la bióloga javeriana que tiene el privilegio de estar en la Antártica, se conectó vía Skype para contarnos los detalles de su aventura. Aquí la nota del evento y la transmisión completa.

Alerta roja para los mamíferos del mundo

Alerta roja para los mamíferos del mundo

La pérdida de diversidad genética en mamíferos como el mono aullador y el jaguar debido a la reducción y alteraciones en sus hábitats, puede generar graves consecuencias para estas especies y los ecosistemas de los que hacen parte. Esa fue la conclusión a la que llegó un grupo de investigadores a través del metanálisis, la técnica de revisión estadística que les permitió examinar el estado genético de 38 especies de mamíferos a nivel global al cruzar y analizar los datos de más de 30 investigaciones sobre el tema, detectando patrones generales, al considerar la variación que se presenta en cada una de ellas.

A partir de su especial interés por la biodiversidad y junto a cuatro colegas, Danny Rojas Martín, posdoctor en Biología, descubrió cómo el deterioro del medio ambiente en el que viven estos animales ha desencadenado una notable disminución en su abundancia y variabilidad genética.

En el artículo A meta-analysis of the effects of habitat loss and fragmentation on genetic diversity in mammals, publicado en enero de este año en la revista Mammalian Biology, examinan poblaciones de roedores, primates, murciélagos, marsupiales, zarigüeyas, búfalos y carnívoros ubicados en seis regiones biogeográficas que incluyen zonas de toda América, el sur de África, el oeste y centro de Europa, el este y sur de Asia, y el norte y sur de Australia.

En los mamíferos seleccionados Rojas y sus pares contrastaron marcadores genéticos como variación y riqueza alélica, heterocigosidad existente y esperada, y niveles de endogamia, entre otros. También compararon rasgos continuos, como su masa corporal, tasa de reproducción y tamaño de la familia; rasgos categóricos, para conocer cómo se mueven, qué comen y saber qué tan dependientes son del bosque. Además, encontraron que tanto la pérdida como la fragmentación de los hábitats que frecuentan han provocado varios efectos negativos en sus configuraciones biológicas.

El aislamiento, la reducción en el número parejas para aparearse y la falta de recursos alimenticios pueden tener como consecuencias la endogamia (reproducción solo con miembros de su propia familia) y la disminución reproductiva, factores que generan pérdida de diversidad genética y, por ende, disminución de las poblaciones; a veces, esta tendencia puede conducir a su extinción.

Sin embargo, no todas las especies estudiadas responden de igual forma a estas problemáticas. “Uno pensaría que todos los mamíferos de un bosque que se fragmenta, porque comienzan a realizar talas, se van a afectar de la misma manera, pero encontramos que no es así. Dependiendo del tamaño, de si viven en espacios más boscosos o más abiertos, de si son terrestres o voladores e incluso de su alimentación, la magnitud de disminución en su diversidad genética varía”, afirmó Rojas.

El estudio reveló que los animales grandes se ven más afectados que los pequeños debido a que necesitan áreas más amplias y mayores recursos para subsistir, mientras que las especies aéreas tienen más posibilidades de sortear las secuelas de estas modificaciones ambientales porque tienen la capacidad de movilizarse a otros hábitats de forma más fácil; asimismo, descubrieron que las especies de bosque se afectan más que las que viven en pastizales y que los herbívoros tienen mayor riesgo que los carnívoros.

El investigador javeriano aclaró que, aunque el equipo de científicos esperaba observar un decrecimiento en la variedad genética de todos los animales analizados, les sorprendió ver la influencia que tienen las características particulares de cada uno de ellos y de sus entornos en este proceso.

La disminución de los bosques tropicales se ha convertido en una amenaza para la conservación de los bullosos monos aulladores.
La disminución de los bosques tropicales se ha convertido en una amenaza para la conservación de los monos aulladores.

En su opinión, estos estudios de base proporcionan valiosas pistas a nivel macroecológico porque no solo brindan datos sobre la condición de las especies estudiadas,  también introducen indicadores sobre los hábitats en los que están inmersas. Al relacionar un amplio número de indagaciones, el metanálisis permite precisamente conocer tendencias generales sobre los ciclos de vida de estos animales y de las condiciones de sus entornos, lo cual es sumamente útil al momento de definir patrones de protección y conservación medioambiental.

En efecto, según cifras del Informe de Evaluación Global de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés), publicado este año, alrededor de un millón de especies animales y vegetales están en peligro de extinción.

Esta situación es inquietante, según Rojas, porque a fin de cuentas todos los seres vivos se configuran como conexiones de una red inmensa, cuyo equilibrio se pone en riesgo con la pérdida de uno de ellos. “Es como si le quitaras el hilo a una camisa: a veces puedes crear un hueco, a veces no sabes qué pueda pasar”, anotó el investigador.

Otro de los puntos que destacan los investigadores colombianos, portugueses, estadounidenses y brasileños fue la importancia de la investigación colaborativa para la ciencia hoy en día. La capacidad de tener múltiples perspectivas y contar con el respaldo de varias universidades le permitió al grupo filtrar y revisar cuidadosamente la información recogida en mucho menos tiempo.

“La colaboración es fundamental y más cuando se quiere conocer cómo funciona el mundo que nos rodea”, concluyó Rojas, resaltando que, al final del día, la academia y la naturaleza funcionan de forma similar: como una red de influencia, interrelación e interdependencia.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Un meta-análisis de los efectos de la pérdida y la fragmentación de hábitat sobre la diversidad genética en mamíferos.
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Ana Lino.
CO-INVESTIGADORES: Danny Rojas Martín, Carlos Fonseca, Erich Fischer y Maria João Ramos – Pereira.
Departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas, Pontificia Universidad Javeriana Cali.
Departamento de Biología y Centro de Estudios Ambientales y Marinos, Universidad de Aveiro (Portugal).
Departamento de Ecología y Evolución, Stoony Brook University (EE.UU.).
Instituto de Biociencias, Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (Brasil).
Departamento de Zoología, Universidad Rio Grande do Sul(Brasil).

La Claraboya | Episodio 3: Murciélagos

La Claraboya | Episodio 3: Murciélagos

¡Hola a todos!

En esta edición de La Claraboya, nuestro podcast sobre ciencia para los que no somos expertos, hablaremos sobre los murciélagos.

Colombia tiene un importante sistema de cuevas en la región de Santander que no ha sido explorado completamente, por lo que su importancia para la conservación de los murciélagos sigue siendo en gran parte desconocida. Esta investigación del profesor Jairo Pérez, además de buscar diversas especies, también surge de la necesidad de generar conocimiento, políticas de conservación y educación ambiental sobre las especies de murciélagos en el departamento de Santander a turistas y comunidades aledañas.

Además, junto al profesor Pérez, derrumbamos algunos mitos que han convertido a los murciélagos en especies temidas por el humano.

Lee aquí nuestro artículo sobre esta investigación.

Cazadores de huellas

Cazadores de huellas

En uno de los bosques andinos de la cordillera central colombiana, el sonido de la hojarasca y las corrientes de agua acompañan la excursión por el lugar. Con pasos cuidadosos, miradas fijas en el suelo, y con un GPS amarillo en mano, un grupo de biólogos rastrea las huellas de los mamíferos medianos y grandes de El Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya ubicado en Risaralda.

Llevan ocho años en una misión casi titánica buscando rastros de pumas, dantas, osos de anteojos y zorros. Con esas pistas, han logrado monitorear la distribución y abundancia de las especies del lugar y proponer esquemas para la conservación de estas poblaciones silvestres.

Gracias al rastro en forma de huella que dejan por los senderos estos animales, los investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana han podido estudiar su comportamiento y el impacto del hombre sobre sus hábitats naturales. Esta aventura, en lo profundo de la naturaleza, les ha mostrado cómo el turismo no controlado que recorre la cuenca del río Otún se convierte en detonante de la sobreexplotación, una de las mayores amenazas para estos mamíferos, cuyas poblaciones están disminuyendo.

Asociado a este factor se encuentran los gatos y perros que acompañan a sus amos, pues se vuelven depredadores potenciales de las especies de fauna silvestre más pequeñas del lugar, así como transmisores de enfermedades, como ocurre entre los perros domésticos y los zorros.

La verde y espesa vegetación hace que un tercer detonante aparezca. Este corresponde a la cacería ilegal que presiona la concentración de dantas o tapires en ciertas zonas del Santuario, un comportamiento contrario a la naturaleza libre y salvaje de esta especie identificada por su alargado hocico. Pero eso no es todo, la modificación de los hábitats por la tala de árboles también ha sido un factor de amenaza para estas especies pues la vegetación que estos mamíferos usan para protegerse y como alimento es cada vez más escasa.


Un banco que almacena huellas de animales

Los investigadores del Banco de Huellas de mamíferos medianos y grandes de Colombia, ubicado en la Javeriana, han adelantado más de cinco proyectos de investigación recorriendo buena parte del territorio nacional. Actualmente es el único banco con estas características en el país y por ello su papel ha sido fundamental. Desde hace diez años Germán Jiménez, biólogo y profesor de la universidad, ha liderado este proyecto junto a su semillero de investigación en manejo y conservación de fauna silvestre, conformado principalmente por estudiantes de la carrera de biología.

La idea surgió porque no existía en el país una base de datos que respaldara la información obtenida en campo. Las “huellas tipo”, que fueron colectadas tras visitar diez zoológicos de Colombia, junto con una colección que Jiménez trajo de Costa Rica, se convirtieron en la referencia para comparar las muestras tomadas en campo. De esta manera ha sido posible verificar las especies a las que pertenecen. Hoy el banco cuenta con 1500 moldes de huellas para 23 especies de mamíferos que son identificados con un número único de colección.

Como resultado de los proyectos se ha promovido la apropiación social de este conocimiento llevando la ciencia a diversas regiones del país como Chocó, Amazonas, Boyacá y los Llanos orientales. Por ejemplo el que se desarrolló en el Chocó durante el 2008 donde una comunidad dedicada a la cacería de mamíferos, a partir de sus experiencias, empezó a construir su propio banco de huellas. El objetivo fue crear conciencia para salvaguardar las especies como venados, ñeques, lapas y chanchos, lo que benecifió a pobladores y animales. El resultado de este trabajo fue la publicación de su propio catálogo en colaboración con la autoridad ambiental.


¿Cómo se ‘caza’ una huella de mamífero?

“Obtener huellas de mamífero es una labor que requiere mucha constancia, entrenamiento y pericia” dice Jiménez. Es preferible hacerlo cuando inician las lluvias en la región. Luego se buscan los mejores sustratos o tipos de suelos, generalmente suaves y uniformes, donde las huellas quedan marcadas. Al recorrer los posibles senderos por donde suelen pasar los mamíferos se identifican los patrones que dejan las huellas, las cuales son capturadas por medio de moldes de yeso odontológico de secado rápido.

Este método indirecto, basado en la interpretación de los diferentes rastros dejados durante las actividades diarias de los animales, permite reconocer de manera económica los mamíferos que viven en un área sin necesidad de atraparlos o hacerle daño. Entre las ventajas está el conservar de manera física y a escala real la huella permitiendo su manipulación en el laboratorio para futuros estudios. Además facilita la identificación de las especies ayudando a entender cómo utilizan el hábitat y cómo varia su abundancia en el tiempo.

“Para los biólogos la huella es testigo del paso del animal”, continúa Jiménez, quien observó en una de sus investigaciones cómo el zorro cangrejero o perruno, empezaba a adaptarse a los humanos, al encontrar que consumía desperdicios de basureros y de vez en cuando cazaba pequeños animales de granja. Estos cánidos son portadores del parásito de la leishmaniasis, que puede afectar al ser humano.

Los estudios también mostraron que esa especie es generalista de hábitat, lo que implica que no es muy estricta en sus requerimientos a la hora de buscar un lugar para vivir, pues es capaz de explorar un territorio más amplio en busca de recursos alimenticios y de cobertura. Jiménez identificó hábitos crepusculares confirmando así la teoría de que la mayor parte de las especies pertenecientes a la comunidad de mamíferos de esta cuenca es de hábitos nocturnos, en gran parte a causa de la presencia humana. Este comportamiento les permitiría a los mamíferos evitar el contacto con las personas como medida de protección.

Las huellas en el camino son pieza clave para estos biólogos, quienes han podido promover acciones de conservación, con cambios positivos en la forma como se relacionan los humanos con su fauna silvestre, en un país tan biodiverso como Colombia. Después de algunos días, los biólogos vuelven a sus laboratorios con respuestas pero también con nuevas preguntas. Esperan una nueva oportunidad de salir a campo y seguir investigando en estos sitios que cautivan con sus verdes paisajes.

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