Así previenen las enfermedades generadas por los cerdos en Restrepo, Valle

Así previenen las enfermedades generadas por los cerdos en Restrepo, Valle

Acompañe un “cof, cof” con un estornudo y un carraspeo leve en la garganta, en público. ¿Cuál cree que será la reacción de las personas que se encuentran a su alrededor? Seguramente podrían pensar que se trata de un caso de Covid-19, ajustarán rápidamente su tapabocas y se retirarán de allí. Pero ahora piense, ¿qué reacción hubiera tenido usted frente a una persona con estos síntomas hace uno o dos años atrás? Esta es la “nueva realidad” con la que la humanidad está aprendiendo a convivir y que es producto del SarsCov-2, una enfermedad infecciosa que puso en evidencia un problema histórico de salud pública del que no todos conocen: las zoonosis.

Tal vez le resulte familiar escuchar acerca de enfermedades como dengue, ébola, chikunguña, AH1N1, también conocida como la gripa porcina que le dio la vuelta al mundo entre 2009 y 2010, salmonelosis y cisticercosis. Lo curioso es que todas, además de ser provocadas por virus, bacterias, parásitos u hongos, también se transmiten entre los animales y las personas en doble vía.

 

Las enfermedades zoonóticas se transmiten entre los animales y las personas por contacto directo o a través de los alimentos, el agua y el medio ambiente.

 

En ese sentido y considerando que la carne de cerdo es el producto cárnico que más se consume a nivel mundial, según el Centro para la Seguridad Alimentaria y Salud Pública de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), desde el 2018 investigadores de los departamentos de Microbiología, Nutrición, Medicina Preventiva y Social de la Pontificia Universidad Javeriana y del Programa Voluntariado Javeriano del Centro Pastoral San Francisco Javier (CPSFJ), vienen trabajando en el diseño e implementación de una estrategia educativa para la prevención de la transmisión de enfermedades zoonóticas relacionadas con prácticas porcícolas en el municipio de Restrepo, en el Valle del Cauca, Colombia.

 

En el municipio de Restrepo, las principales actividades económicas son la producción agrícola, pecuaria (cerdos, aves y vacas) y forestal.
En el municipio de Restrepo, las principales actividades económicas son la producción agrícola, pecuaria (cerdos, aves y vacas) y forestal.

 

Una estrategia basada en el diálogo con las comunidades

A propósito de los riesgos que genera para la salud pública la transmisión de enfermedades zoonóticas y el surgimiento de nuevas patologías cuyo origen animal, en muchas ocasiones, es difícil de determinar, desde el año 2000 entidades como la Organización Mundial de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) trabajan en el concepto de Una sola salud. Se trata de una iniciativa global que promueve el diseño de programas, estrategias y políticas de gobierno que abordan las preocupaciones mundiales alrededor de la salud humana, animal y ambiental.

Además de tener en cuenta este enfoque, el equipo interdisciplinar javeriano también tomó como insumo cinco momentos formativos del Paradigma Pedagógico Ignaciano (PPI)*, con el fin de desarrollar su estrategia educativa en el marco de acciones que le apunten a “Una sola salud”.

El inicio de esta estrategia educativa consistió en conocer el contexto de las comunidades, sus hábitos personales, familiares y laborales a través de la aplicación de encuestas a 152 personas en 53 granjas. Esto les permitió a los investigadores identificar que a pesar de que los pobladores dicen que lavan sus manos después de estar en contacto con los animales o que se quitan sus uniformes de trabajo al llegar a casa, no lo hacen con regularidad.

Esta fase también mostró que para el caso de las granjas traspatio, en las que los habitantes del hogar conviven estrechamente con los animales, se evidenciaron prácticas como caminar descalzo, alimentar a los cerdos con desechos de las mesas familiares y tener contacto con los afluentes hídricos a los que suelen caer desechos porcícolas, entre ellos las heces de los cerdos, comportamientos que aumentan el riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas como la salmonelosis (causada por Salmonella spp.) o la cisticercosis (parásito, comúnmente llamado solitaria), tanto en las personas como en los animales.

“Algunos pobladores no tenían claro qué son las enfermedades zoonóticas y los riesgos que tienen al trabajar con cerdos, sin adoptar buenas prácticas de manejo. Nuestro reto fue, desde una óptica interdisciplinar, educar sobre transformaciones positivas en sus prácticas con los animales y no imponer cambios de conducta”, describe Francisco Palencia, profesor del Departamento de Medicina Preventiva y Social de la Universidad Javeriana, quien junto con las profesoras Adriana del Pilar Pulido y Rubiela Castañeda, lideraron una revisión de la literatura científica del tema, desarrollada con el apoyo de estudiantes de décimo semestre de su misma facultad.

 

El inadecuado manejo de residuos de las granjas no tecnificadas e informales, puede ser fuente potencial de contaminación ambiental y de transmisión de enfermedades zoonóticas.
El inadecuado manejo de residuos de las granjas no tecnificadas e informales, puede ser fuente potencial de contaminación ambiental y de transmisión de enfermedades zoonóticas.

 

Posteriormente, los investigadores y estudiantes del Semillero de Enfermedades Infecciosas Veterinarias y Zoonosis de la Universidad Javeriana y con base en la trayectoria del CPSFJ, implementaron talleres experienciales con los pobladores, en los que les entregaron afiches sobre las diferentes enfermedades zoonóticas que se pueden transmitir mediante el contacto con los animales; les llevaron parásitos reales como Taenia solium, que mide cerca de cuatro metros, y  Ascaris suum, para que las personas los observaran con estereoscopios (dispositivo parecido al microscopio) y generaran experiencias prácticas de apropiación social del conocimiento.

También aplicaron juegos tipo “concéntrese” para que la comunidad identificara parejas de virus, parásitos y bacterias, y la “lotería”, con la que identificaron Buenas Prácticas Porcícolas (BPP); además se les capacitó sobre la importancia de la implementación de las buenas prácticas para la manipulación de alimentos a través de la cocción de un plato típico de la zona: el lomo relleno “Restrepeño”, y finalmente, realizaron una sesión sobre el manejo y aprovechamiento de residuos orgánicos para la producción de compost para las granjas.

“Al diseñar estos talleres tuvimos que cambiar el léxico con la comunidad, porque nosotros no podíamos llegar allí y hablar con los términos científicos y técnicos que usamos en la Universidad. Fue un cambio de chip, de entender que la ciencia se le debe presentar a las personas de forma amigable”, reflexiona Adriana Pulido Villamarín, profesora del Departamento de Microbiología de la Universidad Javeriana, producto del trabajo colaborativo entre lo investigativo y las comunidades.

 

El buen manejo de residuos asegura la salud ambiental, la salud animal y la salud humana, es decir, una sola salud.

 

Así, producto de esta reflexión y con la experiencia de los pobladores de Restrepo durante la implementación de los talleres, los académicos javerianos construyeron un plan de acción con los habitantes de la región a través del desarrollo de la cartilla Prevención de las enfermedades zoonóticas relacionadas con la producción porcícola. Por una buena salud humana, animal y ambiental. Se trata de una guía ilustrada que recoge, a manera de cómic, las normas de seguridad y salud en el trabajo que deben tener en cuenta las comunidades para evitar la propagación de enfermedades zoonóticas, las buenas prácticas para la administración de sus granjas y consejos para evitar la adquisición de Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETA). Algunas de las recomendaciones que aparecen allí son:

  • Usar guantes durante el contacto con animales
  • Lavar frecuente sus manos
  • Revisar periódicamente el estado de salud de los cerdos en compañía de un veterinario
  • Comprar los alimentos en lugares confiables
  • Evitar la manipulación de los alimentos en caso de tener gripa
  • Lavar con agua hervida las frutas y verduras, entre otros

 

Descargue aquí la cartilla. 

Debido al periodo de confinamiento y actual aislamiento preventivo decretado por el Gobierno Nacional, el grupo de investigación se prepara para retomar sus actividades en campo en 2021 con el fin de continuar con la quinta y última fase de la estrategia educativa: la evaluación, en la que esperan hacerle seguimiento a la apropiación de los conocimientos ofrecidos a la comunidad durante los talleres y socializar el resultado final de la cartilla impresa con las familias de la zona, la alcaldía de Restrepo, la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria y el Hospital San José, entidades aliadas que colaboraron en el desarrollo del proyecto.

 

Cuidar la salud de los animales es cuidar también la salud de los humanos.
Cuidar la salud de los animales es cuidar también la salud de los humanos.

 

*Metodología ignaciana:

La metodología se enfocó en conocer el contexto de la población del municipio de Restrepo, luego desarrollar talleres prácticos y experienciales con las comunidades asociados con sus hábitos en las granjas, en especial sobre su contacto con los cerdos y las enfermedades zoonóticas; posteriormente tener periodos de reflexión producto del contacto con los investigadores; la formulación de acciones conjuntas para mejorar sus prácticas porcícolas diarias y finalmente, un proceso de evaluación del proyecto.

 

Agricultura urbana: cultivos que provee la ciudad

Agricultura urbana: cultivos que provee la ciudad

¿Agricultura urbana? Sí: se trata de prácticas agrícolas a pequeña escala en las ciudades.

Jaime Hernández-García, arquitecto y profesor titular del Departamento de Estética de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, dice que hace unos 50 años, en Colombia y en otros países, la agricultura llegó a las ciudades como una necesidad de los migrantes de relacionarse con el territorio para producir alimentos, pero también como una forma cultural y simbólica de conectarse con el territorio, y como una manera de recrearse.

En 25 años de trayectoria académica, el profesor Hernández-García ha estudiado los barrios populares o asentamientos informa- les de Bogotá, Medellín y otras ciudades de Colombia y de América Latina. Por esa razón, dos colegas europeos, Eva Schwab, de la Universidad Tecnológica de Graz (Austria), y Silvio Caputo, de la Universidad de Kent (Inglaterra), lo invitaron a hacer un paralelo de las prácticas de agricultura urbana en contextos tan distintos como Bogotá y Viena, capital de Austria.

“Lo que se aprecia es que, aunque las motivaciones son distintas, al final […] son prácticas sociales, culturales, de socialización colectiva que pueden contribuir ―por ahora tímidamente― a la soberanía alimentaria, a la sostenibilidad, y también al mayor dinamismo y activación del espacio público”, señala Hernández-García.

Durante dos años consultaron fuentes, retomaron investigaciones anteriores, entrevistaron a líderes comunales e hicieron un ejercicio de muestreo que arrojó resultados individuales a partir de los cuales hicieron el análisis. Revisaron los casos de Viena, en general; de Bogotá, con énfasis en las prácticas del barrio Potosí, en Ciudad Bolívar; y de la Comuna 13, en Medellín.

La coinvestigadora Eva Schwab precisó que las diferencias de las prácticas en cada una de las ciudades fueron evidentes. Calificó como “genial” la agricultura urbana en Viena, donde la población que la implementa es joven y, por lo general, educada en el campo de las humanidades. Pero en Medellín, donde ella hizo la investigación, y en Bogotá, donde la llevó a cabo el profesor Hernández-García, esta práctica es despreciada porque es característica de personas de escasos recursos económicos. “Están haciendo lo mismo, pero no por las mismas razones”, dijo a PESQUISA JAVERIANA.

Aunque resalta que no se trata de una evidencia contundente, para este arquitecto la agricultura urbana nace en Colombia de la posibilidad de proveerse de alimentos, pero también de la necesidad de arraigo de quienes llegan del campo.

Cuenta que, en el caso de Viena, la agricultura urbana tiene que ver más con pensar no solo el espacio público o la ciudad, sino la vida, el relacionamiento social, desde perspectivas menos ‘occidentales’ o más diversas. Es una práctica individual y colectiva que está en algunos espacios céntricos, como parques ―que el ayuntamiento de la ciudad provee o que administran organizaciones público-privadas― y franjas de tierra cerca de los ríos. “Entre quienes las alquilan hay activistas que tienen una relación importante con el desarrollo urbano y ecológico”, señaló Hernández-García.

En Colombia la práctica empezó en los patios, balcones o antejardines de las casas, para luego colonizar espacios comunitarios, pero principalmente en barrios marginales. “La agricultura urbana, en espacios públicos y privados, le permite a la gente una manera de relacionarse, de proveer, quizá no una alimentación completa, como en el campo, pero sí un complemento”, indicó Hernández-García.

Como estrategia del distrito, la agricultura urbana inició en la administración de Luis Eduardo Garzón (2004-2007), articulada al programa Bogotá sin Hambre, recuerda Martha Liliana Perdomo, actual directora del Jardín Botánico de Bogotá, entidad encargada de enseñar las técnicas de ese cultivo en la ciudad.

Era una estrategia de seguridad alimentaria que focalizó sus primeras acciones en Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Engativá y Fontibón, localidades periféricas en donde, según Perdomo, había mayor interés de la comunidad por las huertas urbanas. Aseguró que la actual alcaldía quiere retomar la agricultura urbana para promocionar procesos de inclusión y de sostenibilidad del territorio que contribuyan a la idea de ciudad cuida- dora, incluyente y sostenible que tiene hoy la administración distrital.

“El programa de agricultura urbana, que en la anterior administración capacitó a alrededor de ocho mil personas, plantea capacitar mínimo a dieciséis mil, tener por lo menos veinte mil metros cuadrados de huertas urbanas y promover seis rutas agroecológicas para que los huerteros ofrezcan sus productos”, afirma Perdomo.

Hernández-García, por su parte, considera que la agricultura urbana se vislumbra como estrategia para sortear los problemas de las grandes ciudades de América Latina relacionados con el clima, la alimentación, el desarrollo urbano y la reducción del efecto invernadero. Por eso resalta que, para que pase de ser una buena práctica que depende de la comunidad y de los liderazgos sociales a tener un mayor impacto y ser sostenible, se necesita una política pública fuerte, con planes, programas y recursos.


 

Para leer más
Hernández García, I., Hernández-García, J., Niño Bernal, R., Visiones alternas de ciudad: complejidad, sostenibilidad y cotidianidad, en Bitácora Urbano-Territorial, 20(1), 2012. Recuperado de https://revistas.unal.edu.co/index. php/bitacora/article/view/24780

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
Urban Agriculture: Models-in-Circulation from a Critical Transnational Perspective

INVESTIGADOR PRINCIPAL:
Silvio Caputo

COINVESTIGADORES:
Eva Schwab y Jaime Hernández-García
Facultad de Arquitectura
Departamento de Estética
Grupo de investigación Estética, Habitabilidad y Nuevas Tecnologías

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:
2016-2018

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Colombia Científica, una apuesta más allá de la academia

Colombia Científica, una apuesta más allá de la academia

Las universidades tienen la responsabilidad de trascender los muros de sus aulas para dialogar con las comunidades, con la empresa y con la sociedad en general. En esta conversación, la búsqueda de soluciones a necesidades que enfrentamos a diario se sustenta en el conocimiento crítico y el desarrollo de nueva tecnología, es decir, en la movilidad del conocimiento. Esta apuesta histórica de la Pontificia Universidad Javeriana, en sus sedes de Bogotá y Cali, nos hizo ganadores de dos de los cuatro proyectos que aprobó el programa Colombia Científica, articulado por el Banco Mundial, Colciencias, Icetex y los ministerios de Educación Nacional y de Comercio, Industria y Turismo.

Sin duda, los dos ecosistemas científicos que liderará la Javeriana en este programa responderán también de manera natural a la inspiración de nuestra misión, que concibe “la creación y el desarrollo de conocimiento y de cultura en una perspectiva crítica e innovadora, para el logro de una sociedad justa, sostenible, incluyente, democrática, solidaria y respetuosa de la dignidad humana”: una sintonía armoniosa, además, entre nuestras funciones sustantivas de realizar docencia, investigación y servicio con excelencia y perspectiva global e interdisciplinar. Una parte de esto se refleja en los dos proyectos que lideraremos. Me explico a continuación.

Por los próximos cuatro años, la sede Bogotá de la Javeriana tendrá la responsabilidad de indagar y explorar terapias alternativas contra diferentes enfermedades, entre ellas el cáncer, a partir de fitomedicamentos procesados de más de 20 plantas, algunas nativas, como el anamú, el dividivi o la guanábana. Este proyecto estará en cabeza de la bacterióloga Susana Fiorentino, investigadora con posdoctorado en inmunoterapia antitumoral. Para ello, 17 entidades nacionales e internacionales vigorizarán sus redes académicas, generarán acciones con el sector industrial y fortalecerán instituciones educativas.

Además, con un proyecto que coordina el ingeniero electrónico Andrés Jaramillo, con posdoctorado en ciencia e ingeniería de nanoescala, nuestra seccional de Cali tendrá el reto de transformar los componentes epigenéticos, genéticos, metabólicos y proteicos del arroz y la caña de azúcar para producir semillas más resistentes a los cambios del clima. Esta apuesta científica espera impactar positivamente en el rendimiento de la cosecha y en la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero.

Más de 100 investigadores con doctorado estarán aportando desde sus experticias a la comprensión de los fenómenos que buscamos transformar: por un lado tenemos una enfermedad como el cáncer y, por el otro, una forma de aprovechar mejor nuestros recursos naturales para proponerle alternativas de seguridad alimentaria al país. Entre los resultados esperados se encuentran 156 artículos científicos, desarrollos que permitan la solicitud de diez patentes, la formación de más de 50 estudiantes de pregrado, maestría y doctorado, y el fortalecimiento institucional de universidades con menores estándares de calidad: muchos logros para las academias. Pero allí no termina el impacto de estos proyectos.

Una convocatoria como Colombia Científica es una oportunidad para robustecer capacidades y consolidar redes de trabajo, no solo en el interior de la academia sino en ese tridente de universidad-empresa-Estado, que debería ser constante. Gracias al manejo de recursos por más de $18.000 millones por proyecto, nunca antes vistos en convocatorias nacionales de investigación en el país, podemos pasar de proyectos puntuales de corto aliento a una concepción de ciencia vigorosa, rigurosa y de talla internacional.

No desconocemos que estas son apuestas ambiciosas, que plantean retos innumerables en cuanto a coordinación institucional y manejo de estos recursos públicos que, en últimas, vienen de su bolsillo y del mío. Pero reconocemos, sobre todo, que trazan inmensos desafíos en esta idea de hacer ciencia pertinente para nuestra sociedad, que brinde soluciones concretas a necesidades latentes y actuales, como la salud y la seguridad alimentaria. Así pues, confirmamos que tenemos la camiseta puesta para hacer ciencia y fortalecer la academia, para cumplirle a la sociedad colombiana.


Luis Miguel Renjifo Martínez

Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Al rescate de la tradición culinaria y nutritiva en el sur de Bolívar

Al rescate de la tradición culinaria y nutritiva en el sur de Bolívar

Cuando en una huerta de ‘tierra caliente’ los campesinos tienen a mano frutas como plátanos y bananos, mangos, guayabas, naranjas, papayas y limones, aguacates, diferentes variedades de yucas y ñame, maíz, café, múltiples tipos de hortalizas, plantas medicinales como llantén, yerbabuena y sábila, y condimentos, como el cilantro y el achiote, es fácil deducir que tienen asegurada su alimentación. Sin embargo, en el municipio de San Pablo, al sur del departamento de Bolívar, donde el 60% de sus habitantes vive en situación de pobreza, la mayoría afronta bajos niveles nutricionales por no tener acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros y nutritivos. Es lo que la FAO llama inseguridad alimentaria.

Una investigación realizada por investigadores javerianos quiso comprender por qué si “las huertas familiares son importantes reservorios de diversidad agrícola, esenciales para sostener la seguridad alimentaria de las comunidades rurales”, de acuerdo con las estadísticas regionales, en San Pablo “había un tema muy fuerte de inseguridad alimentaria por las condiciones de salud de sus habitantes y deficiencias de ciertos nutrientes”, según el botánico Néstor García, del Departamento de Biología, en la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Así, junto con las profesoras Neidy Clavijo, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, y Viviana Gutiérrez, del departamento de Microbiología, apoyaron acciones que ya venían realizando otras instituciones como el Servicio Jesuita de Refugiados (SJR), la Corporación Obusinga, de Bucaramanga, y el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM).

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El profesor García se concentró en el trabajo de campo, mientras sus colegas se encargaron de realizar las pruebas en los laboratorios de la Universidad. “San Pablo está aislado del resto del país por estar al otro lado del río Magdalena, no existe un puente, entonces hay que pasar en canoa o planchón”, dice refiriéndose a las difíciles condiciones de acceso para llevar a cabo el estudio. Pero el objetivo de la investigación pesó más que los obstáculos encontrados: era necesario “rescatar los alimentos tradicionales de alto valor nutricional, reactivar la memoria alimentaria, reintroducir la diversificación de los cultivos, inventariar las semillas y los productos autóctonos y proteger su material genético”. La tarea no daba espera.

Luego de casi dos años de trabajo (2014 – 2015) identificando las características de 20 huertas en una vereda –Isla Medellín– y tres corregimientos –Pozo Azul, Vallecito y Cerro Azul–, acompañado por tres estudiantes de pregrado que hicieron su tesis allí integrando tres componentes –biológico, microbiológico y social–, encontraron 75 especies de plantas comestibles, principalmente frutas (48%), representadas en 162 variedades.

A través de visitas a las fincas de las 20 familias vinculadas al proyecto, organizaron juegos como La olla diaria para conocer sus costumbres y prácticas de manejo en la producción de sus alimentos, y jornadas para identificar las plantas alimenticias de cada huerta y tomar muestras de los suelos para hacer los análisis correspondientes.

Compartieron con los propietarios de las huertas, cuyas edades estaban entre los 28 y los 90 años, principalmente con estudios de primaria. Esa convivencia les demostró que las condiciones socioeconómicas en las que vivían eran muy precarias; que había cultivos ilícitos, minería ilegal y hechos de violencia; que las vías estaban en mal estado, los monocultivos en grandes áreas acorralaban sus parcelas, y faltaban espacios apropiados para comercializar los excedentes de sus fincas. La vida allí no era fácil, aunque se podía hablar que la región era –y es– una “despensa agrícola”.

Esta variedad agrícola contribuye “a la dieta básica de los pobladores en lo referente al suministro de energía aportada por los carbohidratos provenientes de tubérculos, raíces y cereales”, se lee en las conclusiones del estudio publicado por la profesora Clavijo junto con la ecóloga Claudia Ramírez Rodríguez. Pero eso no basta. Apropiados sistemas de riego estabilizarían la disponibilidad de los alimentos, buenas vías de acceso les permitiría diversificar los productos de consumo y complementar la dieta, y un adecuado esquema de servicios públicos les ayudaría a conservar y refrigerar sus productos.

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A través de la aplicación de herramientas de investigación participativa, –entrevistas semiestructuradas, observación participante y el menú diario de alimentación–, los investigadores encontraron datos curiosos como por ejemplo que los lugareños usan técnicas de agricultura ecológica para sus alimentos, y productos químicos para los que comercializan. En ese sentido, los profesores les dieron ideas para fortalecer y consolidar una agricultura limpia, para sembrar varios cultivos en una misma parcela, para cuidar los semilleros, cursos de abonos orgánicos con base en materia prima local y de técnicas para mejorar los suelos, por ejemplo con la elaboración de compostajes o lombricultura. Se percataron además de que muchos alimentos se perdían, para lo cual –entre todos– generaron estrategias que le agregaron valor a los productos a través de talleres con el apoyo del Jardín Botánico de Bogotá, como elaborar harina de plátano o de yuca, almidón de árbol del pan y compota de mango,

“Como consecuencia, también fue una cosa interesante, el colegio quería que siguiéramos desarrollando todos estos talleres con ellos”, cuenta García; “quedaron súper entusiasmados”.

Los resultados de todo el trabajo realizado generaron varios artículos científicos, pero lo que más impactó fue la publicación que produjeron como un producto extra del proyecto. En 32 páginas, a color y debidamente ilustradas, la Cartilla para el manejo de las huertas familiares en San Pablo, sur de Bolívar, entrega información para combatir los problemas alimentarios y nutricionales, consejos para mejorar la producción en las huertas, los productos y los suelos donde se siembra, para transformar las materias primas y un recetario que incluye los platos tradicionales que ellos suelen consumir con base en los productos que cosechan de sus huertas, como natilla de maíz, pollo con piña caramelizada, fríjoles con arroz y mafufo, un platanito pequeño,  ingrediente común en la sazón del municipio. “Una de las estrategias fue incentivar la producción de esas recetas locales para que ese conocimiento se recupere” concluye García.

La investigación, titulada Caracterización de los cultivares tradicionales y las plantas silvestres empleadas en alimentación en el sur del Departamento de Bolívar y propuestas para su mejoramiento y conservación, basada en el intercambio de conocimiento entre los participantes, fue un aporte para mejorar la producción de cultivos en las huertas y enriquecer la dieta de los habitantes de esta región del Magdalena Medio.

Diseñando la huerta ideal en la ciudad

Diseñando la huerta ideal en la ciudad

El aroma del tinto fue marcando la conversación. Estaban en el receso de su curso de inglés, así que por unos breves minutos la conversación giró de los verbos transitivos hacia temas más familiares. “En esas pausas hablábamos de muchas cosas, como de las investigaciones que podíamos realizar en conjunto. De esa forma surgió el tema de los techos verdes”, recuerda Amanda Varela, profesora de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana.

La propuesta llamó la atención de Alfonso Gómez Gómez, su colega de la Facultad de Arquitectura, quien venía revisando la guía que la Secretaría Distrital de Ambiente había diseñado sobre las diferentes formas de jardines colgantes que podían construirse en la capital. El curso de idiomas fue avanzando y, entre café y café, esa idea se refinó.

“No quisimos generar techos verdes ornamentales, que es lo que generalmente se ve en la ciudad, sino para producir alimentos”, comenta Varela. Su idea fue estructurada y enviada al comité de investigaciones de la universidad en 2013. Los evaluadores no solo aprobaron la búsqueda de un nuevo diseño para aprovechar los pequeños espacios que suelen tener las casas y apartamentos bogotanos, también acogieron la propuesta de implementar una sustancia orgánica que favorece el crecimiento de las plantas: el biochar.

Se trata de un carbón de características particulares, de origen biológico, empleado principalmente para mejorar las propiedades del suelo y puede contribuir con nutrientes. Se obtiene al quemar diversos desechos agrícolas, especialmente madera, a temperaturas por encima de los 400 ºC con una baja presencia de oxígeno. Este proceso le permite capturar grandes cantidades de carbono, las cuales, por su textura porosa, se van liberando lentamente.

“En varios estudios académicos se ha constatado que su efecto dura bastante tiempo”, explica Varela, quien desde 2012 ha liderado múltiples investigaciones académicas con esa sustancia. La literatura ha trazado su existencia miles de años atrás en la China imperial, y en ciertas zonas de la selva amazónica se han encontrado pequeñas parcelas de suelo fértil que datan de tiempos prehispánicos. El hallazgo de sustancias orgánicas, como huesos y cerámica, hace pensar a los investigadores que los indígenas cavaban huecos, enterraban desechos, les prendían fuego y los cubrían para poder sembrar en medio de la espesa vegetación.


Solución en progreso

El primer paso de la investigación de los profesores Varela y Gómez se evaluó la propuesta de la Alcaldía sobre techos verdes. De ese análisis se concluyó que la mejor opción era diseñar una estructura vertical de cajones móviles, un factor clave en su funcionalidad.

“El proyecto busca la estructura más económica para que una persona de bajos recursos pueda instalarla en su patio o azotea para cultivar comida de forma fácil, y utilizar los desechos de la zona donde vive, dándoles la misma utilidad pero con la posibilidad de que haya menos aplicación de fertilizantes e insecticidas”, explica Varela.

Al mismo tiempo, con la ayuda de la Escuela Taller de Bogotá, instalaron una huerta experimental en la Estación de la Sabana. Escogieron la lechuga por ser una planta de ciclo corto, con raíces poco profundas y fácil de consumir. El uso del biochar, por otra parte, les permitió concluir que había un aumento estratégico en la retención de la humedad, acortando los ciclos de riego.

“También encontramos que ciertos grupos de microorganismos, como los que degradan la celulosa (componente principal de las paredes de las plantas) aumentaban con su presencia”, asegura Varela.

El primer informe técnico, detallando el diseño en madera de los cajones y los resultados de las primeras pruebas lo entregaron en 2015. Desde entonces, el proceso se ha centrado en la sistematización de datos de un segundo experimento en la Finca San Javier (de propiedad de la Comunidad Jesuita, entre Cogua y Nemocón, Cundinamarca), en el que evalúan el desempeño del biochar en varios tipos de cultivos: tubérculos, hortalizas, flores y frutos, al igual que en la experimentación del diseño de los cajones con un material más liviano que la madera.

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Esta segunda fase, cuyos resultados serán reunidos en un artículo científico, tiene como componente especial una nueva mezcla en el biochar de microorganismos activos producidos a partir de la descomposición de material orgánico y melaza.

Si se logra el objetivo de potenciar los nutrientes que puedan alimentar a la planta, el equipo de investigación estaría más cerca de su meta: “Imagino un producto donde la gente tenga a la mano la caja, el sustrato y que pueda sembrar los alimentos que desee”, explica Varela.

De esta forma se potenciaría la agricultura urbana, una práctica que, según la FAO, es llevada a cabo por 800 millones de personas en el mundo y se ha convertido en una opción válida para alcanzar la seguridad alimentaria. Los datos de la entidad señalan que, en Colombia, la ejercen esencialmente mujeres (más del 95%) y niños en edad escolar (2%) como ejercicio de clase. Dependiendo del tamaño de las huertas, las familias perciben ingresos que oscilan entre los dos y los cinco dólares diarios.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Efecto del uso de biochar en el suelo y plantas de cultivo: una aproximación para diseño de techos verdes.
INVESTIGADORES: Amanda Varela y Alfonso Gómez Gómez.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-actualidad.
Facultad de Biología.
Pontificia Universidad Javeriana.