12 preguntas para entender qué está pasando en Afganistán

12 preguntas para entender qué está pasando en Afganistán

Después de 20 años, Estados Unidos retiró todas sus tropas de Afganistán. El talibán retomó el poder. Miles de ciudadanos afganos huyen de su país como pueden. En la prensa y las redes sociales hay sobreinformación que puede llegar a confundir a quienes no le han seguido la pista a lo que ocurre en esa parte de Oriente Medio.

Por eso Felipe Medina Gutiérrez, magíster en Estudios de Asia y África, con especialidad en Medio Oriente por El Colegio de México y profesor de Estudios de Medio Oriente en la Facultad de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana, responde doce preguntas claves para acercarse al tema.

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(Aykut Karadağ – Agencia Anadolu)

¿Qué es el talibán?

El grupo o movimiento talibán es una organización que tiene presencia en Afganistán y Pakistán, se fundó en 1994 (aunque tiene antecedentes en años anteriores, particularmente desde el impacto de la invasión de la Unión Soviética a Afganistán en 1979 para salvar al gobierno del PDPA -Partido Democrático Popular de Afganistán que ocupaba el poder un año antes-). Ello provocó el surgimiento de los famosos muyahidín (singular muyahid), quienes conformaron una amalgama de grupos. De allí saldría el futuro liderazgo talibán, participante de la guerra civil afgana hasta el 2001.

Para entender el credo del talibán a nivel religioso, es necesario considerar diversas fuentes. Su visión ultraconservadora es producto de la influencia del pensamiento wahabí (ideología sectaria con un discurso violento y fundacional del Reino de Arabia Saudí, vigente a pesar de las recientes reformas), de una interpretación de la escuela Deobandi (fundada en India en 1867) y de elaboraciones propias interpretativas de las fuentes del islam que a menudo contradicen los textos sagrados. Para entender al talibán también es necesario considerar elementos del pashtunwali, código de conducta de la comunidad pashtún (aunque haya pashtúnes en contra del talibán).

Como observamos, el reto en entender a este grupo que tiene una elaboración precaria a nivel ideológico, no es solo a partir del islam (que es supremamente diverso) sino de considerar otras variables, incluso el entorno de guerra afgano.

¿Por qué el talibán está ahora en el poder?

Son muchas las razones. Algunas de ellas son, por ejemplo, que el grupo, contrario a lo comúnmente establecido, no fue eliminado ni erradicado en 2001 cuando Estados Unidos invadió el país. Si bien fue desplazado de los principales centros urbanos, como Kabul, permaneció en zonas rurales restructurándose y aguardando un momento propicio para iniciar ofensivas militares.

Así, por ejemplo, en el 2006 el talibán retomó actividades militares. En 2014, con el plan de retiro de tropas anunciado por Barack Obama, el grupo siguió creciendo y consolidando una guerra de desgaste que alternó con diálogos tendientes a un proceso de negociación.

Para explicar la toma del poder en el 2021 hay que tener en cuenta este periodo de 20 años, pero también que en realidad no había fuerzas armadas afganas fuertes y consolidadas. Muchos soldados decidieron simplemente evitar el combate (no veían el propósito), algunos se aliaron con el talibán y otros, simplemente con la salida de EE. UU., no creían en el gobierno afgano de Ashraf Ghani.

El gobierno de Ghani y el del anterior presidente, Hamid Karzai, son importantes aquí porque el talibán se benefició del fracaso de estas administraciones, de sus múltiples señalamientos de corrupción (incluso de vínculos con el mercado ilegal del opio), ineficacia y de no crear un ambiente económico próspero y favorable para todos los habitantes del país.

¿Ya habían tenido el poder antes?

Así es. De esa experiencia derivan los grandes miedos de los afganos y habitantes de otros países del mundo. Se trató, en el contexto de la guerra civil, de poder territorial de 1996 a 2001. Ese periodo fue el escenario de grandes sucesos de crímenes y opresión a distintas comunidades.

¿Por qué numerosos ciudadanos afganos huyen de su país?

Por miedo, precisamente, al retorno de un talibán agresivo y opresor y porque no comparten o no desean vivir bajo este grupo.

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(Aykut Karadağ – Agencia Anadolu)
 

¿Qué sistema de gobierno rige en Afganistán?, ¿quién queda a la cabeza?

Luego de la consolidación en el poder del grupo talibán, por lo que es prematuro afirmar qué tipo de sistema rige. Lo que sí se ha escuchado estos días, directamente de sus portavoces, es que sin duda la forma de gobierno será la de un Emirato Islámico, en cuya cúspide del poder muy seguramente estará el emir Haibatulá Ajundzada. Inferimos que tendrá importante presencia en la toma de decisiones.

El sistema de shuras (o consejos) también será interesante, a la par de probablemente las yirga o asambleas tribales afganas. Está por verse qué tipo de sistema establecerán. En el fondo, también considero que sí han entendido y sabido leer el Afganistán de hoy, no podrán gobernar solos, así que la inclusión de otros sectores sociales y políticos será crucial para su estabilidad y permanencia.

¿Qué tiene que ver Estados Unidos en Afganistán?

Como lo mencioné anteriormente, Estados Unidos intervino en los asuntos afganos en múltiples ocasiones. Las más representativas sin duda fueron su apoyo logístico, financiero y militar a los muyahidín por intermedio de Arabia Saudí y Pakistán (servicio de Inteligencia) para combatir a la

Unión Soviética. Entre estos grupos había sectores integristas islámicos que Washington cobijó sin importarles su ideología sectaria y violenta, pero que fueron llamados “luchadores de la libertad” en diferentes posters publicitarios, lo que se puede reflejar en la participación del personaje Rambo en su tercera entrega fílmica.

Posteriormente, hacia el 2001, el país intervino para eliminar la presencia de al-Qaeda en Afganistán, que había sido permitida por el entonces mulá Omar, pero todo bajo la bandera de la venganza (paradójicamente ningún afgano participó del ataque aéreo a las Torres Gemelas del 11 de septiembre), de salvar a la mujer afgana y de la democracia. Todo esto fue una gran farsa, lastimosamente.

¿En qué consistió el Acuerdo para traer la Paz a Afganistán o Acuerdo de Doha?

En los diálogos de Doha, llevados a cabo en años recientes, desde la era de Barack Obama, Estados Unidos aceptó que no podía derrotar al talibán, que sumado a su deseo de retirarse de Afganistán, propuso un diálogo con este grupo que sería materializado por la administración de Donald Trump y apoyado luego por Joe Biden.

En general, supuso que EE. UU. se retiraría del país pero que el talibán se comprometería a no atacar a Washington ni permitir que en territorio afgano se estableciera un grupo que atente contra Estados Unidos o sus intereses. Como vemos, es una aceptación expresa y de “luz verde” para que el talibán tomara el poder mientras también argumentaban la necesidad de un diálogo con el gobierno afgano de turno (al que no invitaron).

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KABUL, Afganistán, agosto 11. Miles de familias desplazadas llegan a Kabul, Afganistán. A pocos días de que Estados Unidos complete el retiro total de sus tropas, anunciado para el 31 de agosto, el terror de los talibanes se vuelve a tomar el país asiático. De acuerdo con reportes oficiales, hoy controlan seis ciudades y se disputan otras cinco. Aproximadamente 30.000 familias han sido desplazadas debido a los enfrentamientos entre el Gobierno afgano y los talibanes en las provincias del norte. ( Haroon Sabawoon – Agencia Anadolu )

El talibán ha hablado de una transición pacífica al poder, ¿esto ha sido así?

Si realizamos una comparación con la experiencia del año de 1996, cuando el talibán capturó Kabul, ejecutó al exgobernador Muhammad Nayibulá (exhibiendo su cuerpo en las calles), además de apedrear mujeres, practicar ejecuciones en estadios, reprimir a minorías y cortar extremidades de ciudadanos acusados de hurto, lo que vemos (por el momento) es una transición de tensa calma sin derramamiento de sangre. Esto al margen de las imágenes de caos en el aeropuerto de Kabul, que son estremecedoras, algunas protestas esporádicas y el reporte de una mujer asesinada. Muchas mujeres afganas están viviendo un infierno.

¿Qué opina la comunidad internacional de esta transición del poder?

Soy un crítico del concepto “comunidad internacional”, pues no sé si incluye a todas las naciones y pueblos del mundo o más bien a Estados Unidos y Europa occidental. Lo que hemos observado es una aceptación tácita de poderes como Rusia, China y el mismo Estados Unidos desde los diálogos de Doha. A nivel regional, vecinos como Irán, Pakistán e India no han manifestado su oposición a la llegada del poder del talibán.

¿Un gobierno talibán limita las libertades de las mujeres?

Si nos basamos en el talibán de 1996 sin duda no solo limita sino elimina libertades de las mujeres, que de hecho están consagradas por la religión del islam (de allí una de sus más grandes contradicciones).

Considero que el o la lectora de esta entrevista se proponga pensar: ¿Será el mismo talibán de hace más de 20 años? ¿Algo pudo haber cambiado? Si nos basamos en sus pronunciamientos de estos días, que nadie cree, incluyéndome, al parecer hay una nueva lectura de la realidad. Prometieron libertad de actuar de las mujeres pero bajo la difusa consigna de “los límites de Sharía” (que no traduce ley como se asegura en algunos medios de comunicación, sino como camino o sendero trazado por Dios para sus fieles).

Contrario a lo que podríamos encontrar en redes sociales, Afganistán antes del talibán (en este mes de agosto), tampoco era el país liberal del que todos elocuentemente hablan. Había restricciones a la mujer, especialmente en los ámbitos rurales, pues estamos ante una sociedad conservadora, que claro, tuvo algún avance en estos 20 años, (algunas mujeres pudieron ejercer el periodismo, ir a las escuelas, hubo una embajadora de Afganistán en Estados Unidos) pero está lejos de ser significativo. Desde el seno de las familias ya comienzan las restricciones.

La gente solo analiza Kabul, pero las zonas rurales, (entre 75 % y 80 % del país) está habitado por gente muy conservadora.

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( Haroon Sabawoon – Agencia Anadolu)

¿Qué cambios se esperan en el corto plazo en la sociedad afgana?

Una mayor implementación de medidas ultraconservadoras en espacios urbanos, donde se sentirá más el cambio y lastimosamente el declive de la libertad de expresión, que incluso durante la época de la ocupación estadounidense, Afganistán era uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.

En contexto de desinformación y opinadores que no han estudiado el tema, ¿a quiénes se puede acudir por información verídica de lo que está sucediendo?

Afganistán es un país complejo pero no por ello imposible de entender. Hasta la persona más conocedora de los aspectos de Afganistán debe regresar de nuevo a los apuntes y la historia, pues además de ser tremendamente extensa (y por eso nos sirve para leer el presente), el país es multiétnico con tradiciones religiosas diversas a considerar.

No creo en el monopolio del saber de los denominados “expertos”, pues desconfío de ellos, pero si el o la lectora tiene una comprensión básica del país, puede acudir por ejemplo, al menos, a publicaciones científicas que logran un filtro en las ideas plasmadas. Estamos en una época donde cualquiera puede difundir una idea en las redes y el público termina replicando. Hay que profundizar, complejizar y debatir siempre. Invito al o la lectora de esta entrevista, siempre a contrastar todas las opiniones expresadas.

Sin embargo, quisiera recomendar el trabajo de Clarissa Ward, corresponsal de CNN en Afganistán que está reporteando todos los días, con información sobre el terreno y en un idioma accesible (inglés). Seguramente ella seguirá reporteando hasta cuando se lo permitan. También sugiero visitar la página de Al Jazeera en inglés o ver sus transmisiones en Facebook y en Youtube.

Perfil del barrista de un equipo de fútbol: pasión, odio y amor

Perfil del barrista de un equipo de fútbol: pasión, odio y amor

A partir del siglo XXI, cuando surge la era industrial y la sociedad capitalista, aparece la categoría social histórica de juventud como evolución de la sociedad humana. Los jóvenes comienzan a ser protagonistas de las consecuencias del capitalismo y como resultado de esta situación deciden establecer una nueva forma de organización social desde lo tribal, conformando colectivos donde prima lo afectivo, lo emocional.

Algunos comparten varias ideologías, los mismos gustos o la pasión por algo que en muchas ocasiones es el fútbol o la música que se vuelve un pretexto para el desahogo de lo irracional; así aparecen las “tribus urbanas”, más conocidas como “subculturas juveniles”.

Para la mayoría de antropólogos y etnólogos este concepto de tribu dista mucho, pues consideran que le faltan muchas características de las tribus primitivas; sin embargo, los medios de comunicación han quedado seducidos por el nombre y a la equivalencia de andar en grupo para denominarlo tribu, así como un fenómeno de las grandes ciudades que no surge, de ninguna manera, en el contexto rural, solo urbano.

Los medios se han encargado de la divulgación del nombre, creando un imaginario en torno a toda manifestación juvenil, la cual ya está calificada bajo categorías: rastas, punketos, barras bravas, etc. El término barra brava se emplea en América Latina para designar a aquellos grupos organizados dentro de una hinchada que se caracteriza por producir diversos incidentes violentos dentro y fuera del estadio de futbol.

El fútbol y las barras bravas

El fútbol definido como uno de los fenómenos más importantes del siglo XX, es sinónimo de pasión, sentimientos, fiesta, danza, baile, música, odio, guerra simbólica, religión y política. Es precisamente una ocasión para expresar en forma colectiva un sentimiento, un mínimo cultural compartido que sella una pertenencia común.

Para el barrista, el balompié es, sin duda alguna, el deporte rey por su carácter deportivo, por su engalanado protocolo, por el gol o por la destreza de sus jugadores. Para la sociedad consumista, el fútbol es más que eso, es una pasión, parte de su vida, de una cultura que cada vez se expande y fortalece.

Sin embargo, no es imposible hablar de fútbol únicamente como el deporte que se presenta en la cancha, sino en la tribuna, y todo lo que gira y acontece alrededor de esta. Aquellos lugares donde los hinchas se reúnen antes, durante y después del compromiso; espacios en los cuales la tribuna y la ciudad nos muestran toda una dinámica social y simbólica específica a través de las barras bravas.

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¿Cómo son los barristas?

Estas barras nacen de una subcultura juvenil en donde lo que se busca es la pertenencia a un grupo determinado que comparten los mismos gustos, pensamientos radicales: nacionalismo, xenofobia, exaltación de la fuerza, virilidad agresiva, sentido del honor asociado con la capacidad de pelear y la demostración del más fuerte. Sus integrantes en su gran mayoría son jóvenes entre los 14 y 25 años, pertenecientes a distintos estratos y a diversas zonas de la ciudad, los cuales son considerados como un grupo vulnerable.

Las barras bravas son grupos de aficionados que apoyan en todo momento al equipo, siguen su trayectoria con especial fanatismo, no dudando sacrificarse por los colores de su club; hacen apropiación simbólica de algunos sectores y del estadio y defienden la ciudad donde su onceno es local.

Se reúnen en torno al fútbol creando nuevas formas de expresión: producción discursiva, símbolos y tradiciones. Nacen por necesidades de barrio y por promover algún gusto afín al fútbol. Son soñadores, idealistas, ilusos, agresivos, de amores, de odios, leales y guerreros, porque así son todas las necesidades de barrio.

Conciben el partido como un ritual en el que desempeñan un papel activo, hablan constantemente de su conjunto y de lo que ocurre con él, se dotan de emblemas y símbolos que llevan consigo o adhieren a su cuerpo con pintura y tatuajes. El sufrimiento y el compromiso no desaparecen luego de terminado el juego, hacen seguimiento permanente de las noticias en los medios de comunicación, se identifican con su divisa en cuerpo y alma, acuden siempre al estadio e incluso siguen a su conjunto en sus desplazamientos.

Generalmente, utilizan banderas, lienzos y diferentes instrumentos musicales; se caracterizan por ubicarse en las tribunas populares, aquellas que frecuentemente carecen de asientos y donde los espectadores deben ver el partido de pie. Tienden a presentar ciertos rasgos comunes: exaltación de la fuerza, el nacionalismo, el sentido del honor asociado con la capacidad de pelea, la necesidad de reafirmación, marginalidad urbana, y consumo de alcohol y drogas. Están conformadas por “parches” jóvenes, sus “capos” suelen ser de mayor edad.

Estas barras bravas han adquirido notoriedad progresivamente en Colombia desde comienzos de la década de 1990, época que representa a los aficionados reunidos en esos extraños colectivos que han hecho del estadio deportivo un elemento vital en cualquier sociedad, aunque también un campo de batalla en el cual quedan tirados los sueños y, a veces, las vidas de jóvenes que apenas empezaban a entender por qué eran tan agresivos y por qué no defendían ideologías, credos, doctrinas o metas. Solo defendían un equipo de fútbol.

Están conformadas por líderes y fanáticos que generalmente viven en el mismo sector de la ciudad, comparten el tiempo libre, el estudio, el sentido de dominio, de hermandad y el gusto por el fútbol. Reestructuran las marcas locales establecidas a partir de experiencias territoriales de arraigo en el espacio que habitan mediante la participación en redes de comunicación deslocalizadas construyendo nuevas identidades.

Se acompañan de un carnaval que es la fiesta que hacen antes, durante y después del partido de futbol, alentando al equipo y exponiendo varios símbolos muy significantes para la barra como los cantos y bailes (inspirados en la cumbia villera argentina característica de un barrista), las banderas (robarle la bandera a otra barra es el mayor motín y la peor humillación, es cuestión de honor para muchas y por ella se pelea hasta la muerte).4

Las mujeres en las barras bravas

Las barras integran parches o grupos conformados por hombres y mujeres. Estas últimas sienten pasión y sentido de pertenencia hacia su equipo, lo hacen a través de bailes, forma de hablar, signos, comportamientos y representaciones. Proponen encuentros, manejan procesos editoriales y coordinan reuniones. La barra es su espacio de expresión, actuación y gusto por el fútbol.

Cada fanática vive de una manera especial el futbol, practica un ritual que incluye dos procesos uno dentro del campo y uno fuera de él. Vive con fervor esta pasión por el fútbol e incluso se ha arraigado como parte importante en la barra, y busca el reconocimiento ante el grupo de hombres como la más grande y la mejor.

La mujer expresa fuertes lazos de solidaridad referidos a la defensa de su barra y sus integrantes como premisa fundamental de acción. Tanto mujeres como hombres en la barra configuran un campo productor de significados, ya que este grupo se ha convertido en un medio para construir identidades colectivas y generar una integración que no distingue las desigualdades y las diferenciaciones sociales.

La violencia

Las acciones violentas de las barras bravas son producto de un amor ciego y compulsivo hacia un equipo de fútbol que en algunos casos reemplaza el amor que falta en la casa del seguidor o en su vida íntima y social. Este amor; fanatismo y sentimiento, es el que los lleva a adquirir un sentimiento de odio contra el contendor. Asisten personas de todas las clases y formas de pensar. En la tribuna manifiestan los nacionalismos, las realidades étnicas y culturales asociadas a sentimientos nacionalistas

Expresan mensajes discriminatorios y humillantes de figuras públicas, estigmatizan movimientos políticos, defienden zonas de reserva campesina, promulgan por la familia como eje central de la sociedad, hacedoras de principios y valores, emprendedoras, amantes de las buenas costumbres, con afán por la preservación de sus raíces y tradiciones. Expresan su contracultura, adoptan el ideal de la lucha de clases para combatir al capitalismo, son racistas, fascistas, xenofóbicos, homofóbicos y creyentes de la teoría de la raza superior.

Ciudad, lucha de clases y territorialidad

Los barristas hacen alusión al vestuario como el conjunto de accesorios que no se trata solamente de un look sino de otorgar a cada prenda significación vinculada al universo simbólico que actúa como soporte para la identidad. Reinventan las modas que ofrece el mercado para imprimirles, a través de pequeños o grandes cambios, un sentido que fortalezca la asociación objeto-símbolo-identidad.

Estos comportamientos reflejan una inconformidad hacia lo impuesto, y junto a la moda, conforman una mezcla donde la diversidad de clases sociales agrupadas en las barras bravas desaparecen representándose como un grupo unido y fiel a su equipo que escenifica el juego, dramatiza la derrota o la victoria.

Los barristas se apropian de la metrópoli, la recorren, la exploran y dejan sus huellas, la conciben como suya, la luchan, la respetan y la aman, es su imaginario, es su sueño, son sus dueños. Las imágenes de la ciudad son múltiples y cada hincha va armando simbólicamente su propio territorio de acuerdo con los recorridos y con los deseos que pueda realizar en estos espacios.

El territorio surge y se transforma según el fanático ejerza las acciones de denominar su espacio y recorrerlo. Es el lugar donde el barrista ordena su mundo. Es el contexto cultural en el que se desarrollan las caracterizaciones de cada actor. Para el caso de los barristas, sus territorios son los escenarios donde confluyen todos los anhelos, mitos, símbolos, conflictos, ideas y pasiones desatadas en un ámbito propio y privado.

Las barras son un híbrido de manifestaciones sociales, en el que se mezclan elementos de lucha de clases, tendencias musicales, políticas, modas y copias de expresiones de otros países.

Con códigos políticos y hasta militares

Los barristas viven entre dos sentimientos encontrados: de inmensa fe en sus propias capacidades y de desconfianza en las instituciones. Se sienten divorciados de los actuales líderes de la política, de las fuerzas armadas, de los medios de comunicación, de los dirigentes deportivos y del sector empresarial.

Estos grupos se caracterizan porque abogan por la autonomía; por la existencia del derecho a la diferencia aunque sean ellos mismos que no la respeten en ocasiones. Son una amalgama de etnias, razas y tradiciones, invadidos por una cultura extranjerizante.

Transforman todo en accesorios coreográficos, de la religión adoptan los emblemas; de las organizaciones políticas los símbolos más provocadores; de los movimientos revolucionarios la imagen de sus ídolos: de la milicia el saludo con el brazo derecho en alto; y de los grupos militares algunos códigos. Integran todo elemento comunicativo que pueda aportar al espectáculo y a la barra con el fin de alentar al propio equipo o intimidar al adversario.

Los barristas buscan espacios para existir y unirse con los jóvenes; fomentan su barra o parche para tener más integrantes que apoyen sus expresiones; crean nuevas palabras, sitios de reunión, estilos de vestir, nuevos usos y desusos del cuerpo; hacen respetar su espacio, proponen razones para ejercer dominios y libertad para despistar la inconformidad, de la pasión mediante el amor hacia su equipo.

Lejos de ser una válvula de escape a las frustraciones y problemas de la vida diaria, el fútbol, el estadio y la ciudad, adquieren un sentido mítico el cual es proyectado en la escenografía elaborada durante los partidos. Ello permite entender por qué los fanáticos convierten la ciudad en una prolongación del terreno de juego, en un espacio de simbologías, territorialidad, de diseño de mapas, de identidad, en escenario de enfrentamientos sociales y políticos.

Entonces nos preguntamos ¿Qué podría suceder con estas barras? ¿Un vandalismo desatado, furioso? ¿Una nueva propuesta de prácticas comunicativas? ¿Nuevos territorios simbólicos por conquistar? ¿Una nueva forma de defender la ciudad? Son interrogantes para otra publicación con el fin de tratar de dar una interpretación dentro de un espacio y campo altamente subjetivo cómo es la participación de las barras bravas en el fútbol.

* William Ricardo Zambrano es posdoctorado en Dispositivos Digitales. Doctor en la Sociedad de la Información y del Conocimiento y magíster en Comunicación Social. Contacto: william_zambrano@cun.edu.co zambrano_william@hotmail.com.

“Durante la pandemia las mujeres quedaron encerradas con sus agresores”, Linda Cabrera

“Durante la pandemia las mujeres quedaron encerradas con sus agresores”, Linda Cabrera

La emergencia sanitaria generada por la Covid-19 ha impactado a diferentes sectores de la sociedad de manera indiscriminada, pero no al mismo nivel. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) revela que ciertos grupos sociales que ya se encontraban en condiciones de vulnerabilidad, como el de las mujeres, se han afectado más, agudizando las desigualdades sociales y de género.

Con la intención de comprender esta problemática, en el marco del conversatorio Violencia contra las mujeres en Colombia, emergencia nacional, el Instituto de Salud Pública de la Pontificia Universidad Javeriana habló con Linda Cabrera, directora de la Corporación Sisma Mujer, Adriana Benjumea Rúa, directora de la Corporación Humanas Colombia; y Alejandra Coll, integrante del grupo de trabajo en género de la Comisión de esclarecimiento de la verdad. Las tres son abogadas, feministas, promotoras y defensoras de los derechos humanos de las mujeres.

La Covid-19 pone la lupa a la difícil situación de las mujeres en Colombia

En términos de género, las desigualdades han quedado en evidencia durante la pandemia, por ejemplo, con el incremento de la tasa de desempleo del país, especialmente en mujeres.

Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el desempleo de los hombres para el periodo de septiembre a noviembre del 2020 fue de 10,9 % frente a 19,6 % para las mujeres. Durante este mismo trimestre del 2019 las tasas habían sido de 7,6 % y 12,6 %, respectivamente. No solo creció el desempleo en general, sino que el mayor impacto ocurrió en la población femenina.

Sin embargo, esto no significa que las mujeres estén desocupadas; la realidad es que ellas siguen trabajando, es decir, “están sin trabajo en términos de que no son remuneradas, pero se encuentran día a día ejerciendo labores de cuidado (acompañamiento a los niños en el aprendizaje desde casa; cuidado de los niños, adultos mayores; tareas domésticas; entre otras). Entonces, la llamada economía del cuidado es una explosión, estamos produciendo y trabajando más, pero sin recibir un reconocimiento económico por esto”, aseguró Linda Cabrera, de la Corporación Sisma Mujer, durante el diálogo.

Ahora bien, los sectores generalmente feminizados han sido los más golpeados, explica Cabrera, trabajos como los hoteleros, domésticos y restaurantes, son algunos de los más fáciles de suspender debido a las restricciones, lo que además implica que más mujeres no puedan pagar y acceder a los servicios de salud. A esto se adhiere otro efecto secundario de quedarse sin trabajo: la falta de independencia económica.

“Perder el empleo, para nosotras y a diferencia de los hombres, no solo significa pasarla mal, sino que para una mujer es un riesgo inminente de violencia contra ella y sus hijos e hijas, porque pasa a depender económicamente de alguien y es aquí cuando se activan relaciones de poder que terminan escalando a escenarios de agresión, maltrato y las diferentes formas de violencia”, describió Cabrera.

Un problema de cifras

En el informe de la Situación de los derechos humanos en Colombia, la ACNUDH explica que aunque los registros de los hechos violentos hacia la mujer demuestran un considerable descenso, esto no se debe precisamente a la disminución de dichas prácticas, sino a las limitaciones para acceder a servicios de denuncia durante la crisis sanitaria.

El sistema para denunciar presenta falta de recursos tecnológicos para la atención virtual en Comisarías de Familia, colapsan las líneas telefónicas de atención y no hay facilidades de acceso a las valoraciones médico legales. También hay ausencia de cupos en las casas de refugio e insuficiente número de estas casas especializadas para acoger a las mujeres víctimas.

Lo anterior podría explicar la discordancia que hay entre unas cifras y otras, pues durante la pandemia no hay un consolidado certero de la totalidad de casos reportados. Linda Cabrera explicó que la institucionalidad ordinaria, encargada de notificar la denuncia de estos casos de forma oficial, como la Fiscalía o Medicina Legal, reporta una disminución de los casos.

Pero para otras instituciones dedicadas a cubrir género como Sisma Mujer, estos números no coinciden con la realidad. En sus reportes indican que líneas de atención y orientación para mujeres víctimas de violencia como la Púrpura y la 155, entre otras, registran un  incremento del 96,74 % de las llamadas por violencia intrafamiliar en comparación al 2019,  pasando de 12.543 casos (marzo del 2019 al 18 de febrero del 2020), a 24.677 en los mismos once meses del 2020 al 2021.

Por su parte, Alejandra Coll, de la Comisión de esclarecimiento de la verdad, comentó en el evento que, por ejemplo, según disposiciones estatales, todos los municipios deberían tener una casa refugio para atender y acompañar estos casos; sin embargo, de los 1.103 municipios que hacen parte del territorio nacional, son cerca de ocho los que cuentan con estas casas y otros diez tienen convenios con hoteles. Con eso se infringe uno de los preceptos de la Ley 1257 del 2008, por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres.

Las abogadas coincidieron en que en el marco de la pandemia uno de los grandes errores fue no prever medidas diferenciales: “las mujeres se quedaron encerradas con sus agresores sin poder denunciar, llamar, sin saber cuáles eran los números a los que podían recurrir, o sin tener acceso a una de estas casas a pedir ayuda. Sin embargo, las instituciones dedicadas a apoyar a las mujeres y las entidades feministas hicieron lo posible por acompañar”, dice la directora de Sisma Mujer.

Ante las distintas problemáticas aquí mencionadas, para las expertas lo que hizo la pandemia fue visibilizar y poner la lupa a aquello que por años permaneció oculto.

Qué acciones implementar para combatir la pandemia que ataca a las mujeres

La invitación de Adriana Benjumea Rúa, directora de la Corporación Humanas Colombia, fue a cuestionar la estructura de la sociedad, sus relaciones de poder y la participación política de la mujer.

En esto coincidió la abogada Cabrera, quien dice que “las respuestas no funcionan porque las normas las siguen dictando los hombres, porque los puestos del poder público los siguen ocupando ellos, la distribución del poder está mal y mientras esto siga así será difícil alcanzar un gran cambio”, y añadió que no se trata de excluir a los hombres sino de tener una igualdad de condiciones y de participación política para construir una mejor sociedad.

Durante el conversatorio las expertas llegaron a la conclusión de que parte de la solución implica un gran cambio social. Este no es un problema solo de las feministas, dijo Benjumea: “para avanzar en la erradicación de las violencias contra las mujeres, el país y el mundo deben participar en la transformación”.

Al respecto, la directora de Sisma Mujer enfatizó: “es necesario que el Estado empiece a trabajar de manera decidida en el tema de la cultura ciudadana, por ejemplo, desde la primera infancia en los sistemas educativos, en los cuales se pueda abordar el tema de la no violencia hacia las mujeres. Hay que generar cambios sociales que implican rediseños en el sistema educativo, en las políticas ciudadanas, de vigilancia, castigos efectivos y no impunidad, entre otros; mientras esto siga siendo así no habrá motivación para que los agresores dejen de cometer prácticas de violencia contra la mujer”.

A denunciar las violencias de género en las universidades

A denunciar las violencias de género en las universidades

Camila* estudia antropología en una universidad de Bogotá y ha pedido a los miembros de la institución que la llamen por su nombre de registro, pues en los listados aparece como Andrés, apelativo que usaba antes de identificarse como mujer trans. “Yo no quiero que los profesores me digan ‘Andrés pase a exponer’ o lo que sea. Esto de verdad afecta mi salud mental y desarrollo personal”, dice. Los llamados han sido reiterativos, pero esta universidad no cuenta con un protocolo adecuado para ofrecer atención a su caso, a pesar de que estos son obligatorios en todos los centros de formación del país. Tanto la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Ministerio de Educación exigen que las Instituciones de Educación Superior (IES) sean instituciones libres de violencia y de discriminación.

Linda Teresa Orcasita, psicóloga, magíster en familia y experta en temas de derechos sexuales y derechos reproductivos, asegura que situaciones como esta, en las que la falta de acción para acompañar a las víctimas de violencias basadas en género en las IES se vuelve común, han sido analizadas a nivel nacional y local. La investigadora agrega que algunos de estos estudios evidencian que cuando una universidad no tiene un protocolo o una ruta de atención clara frente a estas violencias, se incrementa la gravedad de la situación y de alguna forma se silencia y se invisibiliza. Durante los últimos años, Orcasita, estudiantes de comunicación y psicología, así como docentes del equipo de trabajo han puesto énfasis a esta situación para comprender a profundidad el manejo que le dan los centros universitarios a estos, especialmente donde ella trabaja: la Universidad Javeriana Cali.

Sofía**, por ejemplo, estudia en una universidad de Barranquilla y como muchos estudiantes tampoco se escapa de haber experimentado violencia de género en su academia. Tuvo una experiencia muy fuerte hace tres años que, en sus palabras, marcó su vida. Para ese momento tomaba una clase de historia en la que con frecuencia su profesor le hacía comentarios irrespetuosos. “Me molestaba durante la clase, me rayaba los brazos con marcador en modo jocoso, me tomaba fotos y en general tenía muchas actitudes que me hacían sentir incómoda. Yo no lo denuncié inmediatamente porque quería evitar problemas. Lo único que a mí me generaba tranquilidad era saber que el otro semestre no lo iba a volver a ver. Mucho más tarde me vine a enterar de la existencia de un protocolo para casos como el mío”.

Con el objetivo de implementar una estrategia de visibilización, apropiación y evaluación del Protocolo de violencias y discriminación en docentes y estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, y sobre todo para que casos como los de Camila y Sofía sean debidamente orientados, la profesora Orcasita, junto a un equipo de docentes y estudiantes, desarrollaron el proyecto Genera Cambio, con el que lograron evidenciar la necesidad de que el protocolo de la universidad tuviera un enfoque de género. Entonces, “nuestra propuesta fue visibilizar el enfoque de género para la detección de diversas expresiones de violencias basadas en género”, señala la investigadora.

Asimismo, a través entrevistas a 13 docentes y 250 encuestas a estudiantes de diversas facultades, encontraron que se requiere mayor sensibilización en el reconocimiento de tipos de violencias y rutas de atención que promuevan la no discriminación. “Tanto docentes como estudiantes pueden tener una idea básica del concepto de género, pero se quedan muchas cosas por fuera. Por ejemplo, si bien comprenden la definición, hay carencia de recursos para la identificación de situaciones en donde hay actos de violencia, pues no todos saben que hay diferentes tipos (violencia directa, estructural, cultural, simbólica, entre otras). Por eso, muchas de las personas que no denuncian, simplemente lo hacen porque no tienen claridad del momento en el que fueron violentados”, comenta  la experta.

 

Estos son algunos de los conceptos que las investigadoras con su estrategia de divulgación tratan de aclarar.
Estos son algunos de los conceptos que las investigadoras con su estrategia de divulgación tratan de aclarar.

 

Respecto al conocimiento que tienen los estudiantes acerca del protocolo, la investigación evidencia que, como Sofía, el 49% de los encuestados no lo conoce. Por su parte, el 6% afirmó haber escuchado de este, pero desconocer la ruta de atención. Un 13% aseguró conocer el funcionamiento del protocolo y un 6% dijo que lo había usado o conocía a personas cercanas que lo habían hecho.
Sofía cuenta que cuando finalmente usó el protocolo, básicamente lo que hizo fue contar lo que le había pasado y darlo a conocer por escrito, “pero nunca recibí ningún tipo de acompañamiento psicológico ni nada. Cuando todo pasó, yo no quería decir nada porque no me sentía segura. Luego muchos me echaron en cara que por qué no lo había hecho en el momento. En estos casos todos creen saber qué es lo que hay que hacer, pero vivirlo no es fácil”. Sofia agrega que incluso le preguntaban si estaba segura de querer denunciar al profesor, que si tal vez le había dado motivos con sus actitudes. “Me decían ‘piénsalo bien, por los efectos que pueda tener. Todos me metían mucho miedo”, recuerda.

Y es que esta mala costumbre tiende a repetirse especialmente con las mujeres. Según la investigación, de 43 estudiantes que reportaron haber vivido una situación de violencia de género, 37 se identificaron con el género femenino, 4 con el masculino y 2 personas de género diverso. Ahora bien, antes de alertar a la institución, Sofía le contó a uno de sus amigos de clase, “yo le decía a él que me esperara, que no me dejara sola en ningún momento con el profesor. Él y otro amigo fueron los que me impulsaron a denunciar”, expresa.

Con estas acciones parece que los compañeros y amigos son la primera opción para compartir lo sucedido. De hecho, 60% de los encuestados respondieron que en caso de ser víctimas de violencia de género acudirían a un amigo o amiga y menos del 15% a la decanatura o a la oficina de gestión estudiantil.

Las víctimas viven el temor de la catástrofe que les implicaría el hecho de delatar, no hay seguridad que les vaticine la tranquilidad que necesitan. “Los estudiantes tienden a ser incrédulos al reportar estos casos, piensan que no van a ser apoyados y que los protocolos no van a ser activados. Eso hace que exista miedo a denunciar”, expone la psicóloga Orcasita. Respecto a esto, a los encuestados se les preguntó sobre los aspectos que pueden impedir el reporte de casos de violencia de género. El 69,5% reportó que un aspecto sería ser ignorado por la universidad, 59,3% no sabría a dónde acudir, 57,7% tendría miedo a las represalias y el 41,9% por el desconocimiento de lo que es la violencia de género.

 

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Jugando aprendemos y nos cuidamos

Con este panorama, el equipo interdisciplinar de investigadoras Linda Teresa Orcasita, Andrea Lucia Medina, Elba María Bermúdez, Mónica Lozada, Liliana Tamayo, Tatiana Bejarano y las estudiantes María Camila García, Angelíca Orozco, Mayra Escobar y Paola Orozco crearon una campaña en redes sociales para promover el conocimiento de las violencias basadas en género y además diseñaron un prototipo de aplicación para jugar, interactuar, profundizar en el protocolo y evaluar tanto los conocimientos en violencias de género que tienen los usuarios como las actitudes que toman frente a la misma.

La aplicación se llama Violetometro. Según explica la profesora Orcastia, “lo que queríamos en gran parte con esta iniciativa era hacer saber a la comunidad que sí pueden denunciar y que los protocolos son reales, que sí existe una ruta de atención y que la universidad no avala ningún tipo de violencia que ocurra”. En esta App las personas podrán encontrar historias de vida y conocer las rutas que deben seguir en caso de estar experimentando cualquier situación similar. Además, el juego permite profundizar en los temas de interés y realizar un debate con amigos.

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Reconocimiento

El proyecto liderado por la investigadora Linda Teresa Orcasita es el resultado de la participación, junto a otras 56 propuestas, en una convocatoria del Ministerio de Educación y ONU mujeres. La iniciativa fue elegida dentro de las mejores siete estrategias de intervención alrededor de esta problemática, por lo que fue premiada por el Ministerio de Educación y La Presidencia de la República en una ceremonia que recibió el nombre de La noche de los mejores.

Orcasita asegura que lo más innovador fue pensar en una estrategia tecnológica, comunicativa y no sólo de orden investigativo, e incluir a gran parte de la comunidad educativa (docentes y estudiantes) para recoger sus percepciones. Aun así, es consciente de que quedan muchos retos. Para ella es necesario seguir trabajando e incluir a otros actores de la universidad que no tienen el cargo de docente o estudiante, y hacer del prototipo que diseñaron una realidad. “Aquí seguimos. Finalmente, con la divulgación del proyecto empezaron a llegar reportes de casos relacionados con el tema y eso nos hace seguir creyendo en que vamos por buen camino y que los esfuerzos están dando frutos”.

La invitación es a que las universidades se unan en la investigación para combatir estas situaciones y construir iniciativas colectivas que favorezcan a la academia.

* Nombre ficticio por solicitud de la fuente

Entusados: un retrato audiovisual del desamor

Entusados: un retrato audiovisual del desamor

Marco* se mira frente al espejo después de afeitarse. El plan está claro, preparar una merienda, guardarla en su mochila junto a la frazada para el picnic y comprar un ramo de flores naranjas como las que le gustan a ella. Él está determinado; luego de semanas de discusiones intensas, espera resolver sus diferencias y celebrar su primer aniversario en el parque donde se conocieron. Son las dos de la tarde, ha esperado por cerca de una hora y ella aún no llega; está preocupado, ya van cuatro llamadas sin respuesta. De repente, aparece Valentina, indiferente ante sus miradas y tan decidida como él, pero en su caso, a terminar la relación:

– “Sé que te va a doler, pero debo ser honesta contigo; lo que sentí por ti nunca fue sincero. No seguiré mintiéndome y forzando una relación que nunca ha sido real. Además, lo debo decir, tú no tienes aspiraciones. Hasta aquí llegamos”.

Como Marco, hay jóvenes en Colombia y el mundo experimentando a diario el dolor de una separación, el desamor o como coloquialmente se conoce: ‘la tusa’. Por eso, con el fin de retratar cómo los hombres jóvenes entre los 18 y 24 años viven la separación afectiva con sus parejas y el duelo posterior, el Semillero de investigación aplicada al periodismo audiovisual, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, desarrolló el proyecto La tusa del 102.

Pesquisa Javeriana conversó con Germán Ortegón, productor de televisión, profesor javeriano y líder del Semillero, el cual muestra cómo viven los hombres el desamor y su percepción sobre la nueva ola de proyectos de investigación creación.

 

Entusados, una serie transmedia con realidad virtual a través de webcam sobre la psicología del desamor

¿Cómo nació La tusa del 102?

Germán Ortegón: El 90% de los proyectos del Semillero parte de las preguntas y dudas que tienen los estudiantes. Frente a eso, en una de las reuniones del semillero, el joven Sebastián Díaz Granados me dijo que quería indagar sobre cómo viven el amor y desamor los hombres, particularmente esa experiencia llamada tusa. Por eso en el 2018 empezamos a recoger toda la documentación posible.

¿Con qué se encontraron?

GO: Hicimos 18 entrevistas a compañeros de los estudiantes del semillero para saber cómo pasaban la tusa y encontramos a Claudia Carolina Botero, doctora en psicología y profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, quien hizo una investigación sobre las consecuencias de la agresión psicológica en las parejas jóvenes durante el noviazgo. En ese momento nos dimos cuenta de que no se trataba solo de entender el tema del desamor en los hombres, sino de cómo ese proceso genera una gran cantidad de violencias. Violencias que podrían retratarse audiovisualmente.

 

¿Qué tipos de violencias descubrieron con la investigación? ¿Y cómo pasaban la tusa estos jóvenes?

GO: Nos reunimos con Carolina Botero y ella nos mostró en una conferencia que existen varios tipos de agresiones. Por ejemplo, el control excesivo y denigración entre la pareja, el malestar psicológico que ocasionan las diferencias; las agresiones físicas y psicológicas producidas por cachetadas, mordiscos, patadas, golpes y hasta lanzar objetos, y la intimidación que muchas veces lleva a las personas a enojarse tanto como para asustar a la otra y amenazarla con golpes. Entender eso y encontrar que los hábitos comunes de los jóvenes durante una tusa son negar el abandono, tomar malas decisiones, obviar los procesos de duelo y tener una precaria inteligencia emocional nos hizo tomar la decisión como semillero de hacer el formato tipo serie para televisión e internet.

 

¿Por qué eligieron la serie como formato? ¿cuál es su valor agregado?

GO: Ahora todo el mundo está haciendo series web o tocando el tema del desamor, por eso supe que de esta idea podría salir algo innovador al agregarle un poco de picante: hacer una serie transmedia, con realidad virtual a través de webcam y elementos 3D para trabajar los imaginarios de los personajes en la historia. Así surgió Entusados. Una serie con 12 capítulos para televisión, de cinco minutos cada uno, en la que le contamos a la gente la versión pública de una relación, y 24 capítulos para la web en los que con realidad virtual y elementos 3D narramos lo que pasa en la cabeza del novio, la novia, los entusados y sus mejores amigos.

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¿A qué se refiere con los “imaginarios de los personajes”?

GO: Una cosa es la versión que conocemos todos en la calle, en lo público de una relación; cosas como “ella me echó o yo la eché”, y de allí se comentan cosas o descalifican otras, pero eso no es una relación. Normalmente cuando un exnovio cuenta su versión, lo hace con su mejor amigo que es quien lo salva o lo hunde; lo salva cuando le pone cuidado o lo hunde cuando lo invita a drogarse, emborracharse o a buscar otro clavo para sacar su dolor. Ahora, la versión de las exnovias es distinta, normalmente creen tener la razón o tienden a victimizarse, pero resulta que las víctimas y victimarios son ambos. Entonces es allí cuando la relación se torna en un juego de roles de víctimas y victimarios, tal y como lo comprendimos con la investigación de Botero.

Entonces el reto estuvo en construir el perfil de los personajes. ¿Cómo fue este proceso?

GO: Contacté a Idania Veláquez una colega y guionista de la Universitaria Agustiniana, para desarrollar talleres de escritura y ficción para web con los estudiantes del Semillero. Allí, trabajamos los 12 capítulos de la serie web y luego con el apoyo de investigadores, entre ellos Carolina Botero, ampliamos la caracterización psicológica de los personajes. También, tuvimos en cuenta que somos una nación multicultural y que en la Javeriana hay un pequeño país porque hay representantes de todas las regiones; por eso incluimos en la caracterización de los perfiles, diversidad de culturas. Pasó de ser una idea de un semillero a ser un proyecto nacional.

Al ser un proyecto tan amplio, ambicioso y de carácter interuniversitario, ¿cómo consiguió financiación?

GO: Este tema se trata de creatividad y recursividad. Necesitábamos financiación, así que contacté a la empresa española BrainStorm que, por su interés en fortalecer el campo de la educación, nos aportó el software para la realización de la realidad virtual de la serie; luego, participamos en la convocatoria nacional Incubadora de Señal Colombia para proyectos universitarios financiables en el sector de las industrias creativas, la cual ganamos y nos garantizó la transmisión televisiva y web de la serie.

Después postulamos a dos convocatorias Javerianas, una del Centro Ático para apoyo a semilleros y otra de la Vicerrectoría de Investigación para financiar proyectos de investigación creación e innovación; también se sumó en coproducción para la realización de los espacios virtuales la empresa Ideoide,  y finalmente, mediante el voz a voz invité a colegas y estudiantes de carreras como Artes escénicas, Arquitectura, Música con énfasis en ingeniería de sonido, Comunicación y Psicología de la Javeriana y a semilleros de graficación y radio de la Universidad Minuto de Dios y la Universitaria Agustiniana.

 

“Este proyecto que inició como una idea ya cuenta con seis tesistas desarrollando sus proyectos de grado en publicidad, lenguas extranjeras y diseño gráfico; así como la realización de un podcast de ficción a cargo del semillero de sonido de la Universitaria Agustiniana”, afirma Ortegón.

 

¿Qué opina acerca de los proyectos donde se articula la investigación y la creación?

GO: Por fin para mí tiene más sentido la parte académica porque estamos haciendo investigación, pero articulada con todas las artes y allí es donde viene la creación. Desde el momento en el que decidimos dónde poner una cámara, estamos hablando de fotografía; nosotros hablamos de pintura porque pintamos con luz; pensamos en la música con el sonido de nuestras series, y vivimos la literatura cuando escribimos los guiones.

Ahora veo que la academia entiende que la investigación no solamente puede ser dura y pura en términos de la escritura e investigación, sino que cuando se conjuga con todas las artes se vuelve más profunda. Son investigaciones que no terminarán en anaqueles, sino en este caso en la red para que todo el mundo tenga acceso a ella, llegando a ser universal.

Según la investigación, la serie multiplataforma y su experiencia, ¿cómo vive un hombre la tusa?

GO: Frente a los temas afectivos el hombre siempre es más reservado. Nuestra pretensión con Entusados es brindar herramientas para el manejo inteligente de las emociones y que todos comprendamos que existen muchas más alternativas para manejar el desamor. En la plataforma todos podrán encontrar direcciones que ayudan a sobre llevar estos estados emocionales, que no solamente existen en la Universidad, sino en diferentes entidades de la ciudad como 106 ‘El poder de ser escuchado’, la línea 123 o la línea púrpura (018000112137).

 

Entusados iniciará grabaciones en septiembre del 2020 y su lanzamiento se hará en enero del 2021.

 

Le invitamos a conocer más avances sobre este proyecto en el marco del IV Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad que se llevará a cabo del 7 al 18 de septiembre.

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente

 

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La ciencia le dice no a la cadena perpetua para violadores

La ciencia le dice no a la cadena perpetua para violadores

Los titulares son aterradores: A la cárcel profesor de escuela de fútbol que abusaba sexualmente de sus alumnos, Capturan abogado comprometido en abuso sexual y pornografía infantil, A prisión hombre que secuestró, abusó y asesinó a una niña de nueve años… Las cifras que muestran el panorama de la situación no son para nada optimistas: según Medicina Legal, entre enero y abril del año pasado (2019) se reportaron más de ocho mil casos de este delito. Aunque en la mayoría de estas denuncias el victimario es familiar del menor o lo conoce, lo que de entrada ya limita la denuncia, más del 80% de estos casos no pasa de la indagación preliminar y las víctimas terminan sin ser reparadas y nuevamente puestas en peligro ante su agresor.

El monstruo existe. Está ahí. Ha estado desde hace muchísimos años, cada vez toma más fuerza y nada parece controlarlo. Por eso, para el gobierno y algunos congresistas lo único que se podría hacer es aprobar el proyecto de Acto Legislativo 21 de 2019 del Senado, acumulado con el proyecto de acto legislativo 047 de 2019 de la Cámara, que busca modificar la Constitución para darle hasta cadena perpetua a quienes abusen sexualmente de niños, niñas y adolescentes. Según sus defensores, este proyecto garantizará y protegerá definitivamente los derechos de los menores, y así se solucionaría un problema que parece infinito.

Pero esa misma propuesta ha generado debate en el país desde hace más de una década, pues para varios expertos las penas dispuestas para este delito ya son lo suficientemente altas y coinciden en decir que se trata de un acto facilista que no le atina al blanco. Yesid Reyes Alvarado, exministro de Justicia y profesor del área de derecho penal de la Universidad de los Andes, asegura que una ley como esta da una falsa sensación de tranquilidad. Según él, “se hace uso del derecho penal para satisfacer las demandas populares de justicia haciendo creer que ya hubo una intervención del problema, pero detrás de eso están absolutamente descuidadas y no intervenidas las causas del delito”.

El profesor Norberto Hernández, tutor del semillero en derecho penitenciario de la Pontificia Universidad Javeriana, califica esta medida como una cortina de humo y afirma que la propuesta obedece al uso del nefasto populismo punitivo. La razón, según él, es que “este tipo de iniciativas son utilizadas por los gobiernos para generar votos y aceptabilidad política, más en tiempos de crisis como el actual, generando en el pueblo una percepción de seguridad que no es cierta”.

A la fecha el proyecto ha pasado por siete de los ocho debates necesarios en el Congreso para ser aprobado. Aun así y suponiendo que sea votado a favor en último debate, algunos expertos en derecho penal como Hernández aseguran que existe una alta probabilidad de que la Corte Constitucional declare inexequible esta pena, “por lo que esto puede significar un mal uso del tiempo y recursos legislativos invertidos en una propuesta que no tiene viabilidad”, afirma el profesor.

Y es que incluso quienes redactaron el proyecto saben que la cadena perpetua es un trato cruel, inhumano, degradante, inconstitucional desde muchos puntos de vista y además viola tratados internacionales de derechos humanos. Por esa razón, decidieron aclarar en el proyecto que la pena, después de cumplidos 25 años de prisión, puede ser revisada para determinar si la persona condenada continúa recluida o pasa a otra medida sustitutiva de la pena como la libertad condicional.

Pero la inconstitucionalidad no es el único problema que tiene el proyecto, porque la investigación científica ha demostrado que el incremento de penas no logra disminuir la incidencia del delito, y asegura que esta medida no es más que un despropósito político por su ya comprobada ineficacia.

Ni viable ni funcional

Uno de los argumentos del acto legislativo para instaurar la cadena perpetua es la reincidencia o la reiteración del delito por parte del victimario, o sea la probabilidad de que una vez salga en libertad, después de pagar su pena, vuelva a abusar sexualmente de algún menor. Esa preocupación queda justificada en el papel al explicar que, en los últimos años, ha habido un alto incremento de delitos sexuales y violentos en contra de niños, niñas y adolescentes. Pero lo que hay que tener en cuenta también, como explica el profesor Manuel Iturralde, ¿de dónde? es que “las denuncias por este tipo de delitos han aumentado de manera notable, pero no hay estudios rigurosos que expliquen por qué ha sido así”. Con esto, el experto se refiere a que el hecho de que haya más denuncias no responde al interrogante de si los victimarios son reincidentes o no.

Pero vamos más allá. En 2005 en Colombia se expidió una ley que castiga el abuso sexual seguido de la muerte del menor con 60 años de prisión – una de las penas más altas en el país – y rebajas de hasta 20 años por estudio, trabajo o enseñanza. El abogado Reyes reflexiona con un ejemplo de una persona condenada justo en el momento en el que salió dicha ley: “si tiene 30 años y logra reducir la pena, saldrá de la cárcel en el 2045. De tal manera que el primer momento en el que vamos a saber si la ley expedida en el 2005 funcionó y se evitó la reincidencia será a partir del 2045, cuando esta persona tenga 70 años y salga libre”. Por esa razón, según Reyes, antes de aprobar tal proyecto el Congreso debe darse la oportunidad de verificar si su última gran reforma legislativa funciona, y agrega que “asumir anticipadamente, 25 años antes, que la ley no va a servir para que con base en esto se incrementen las penas es, a mi modo de ver, populismo punitivo”.

Por otro lado, es claro que en un estado social de derecho, específicamente el colombiano, la finalidad de la detención carcelaria es la de resocializar a las personas privadas de la libertad, pero eso no se logra hoy en día por las precarias condiciones del sistema penitenciario colombiano. “Si actualmente no logramos la resocialización en un sistema que no tiene cadena perpetua, mucho menos lo vamos a poder hacer con la cadena perpetua, e implementar esta medida agudizaría la crisis”, indica el profesor javeriano Hernández.

Hacinamiento carcelario

Las condiciones en las que viven la mayoría de las personas privadas de la libertad en Colombia vulneran constantemente sus derechos fundamentales. Bruno*, un recluso de la cárcel La Modelo de Bogotá, ha visto con sus propios ojos la desigualdad y la corrupción que cobijan al sistema penitenciario del país. Cuenta que allí hay gente que gracias a sus recursos puede hacer compras en el expendio oficial de la cárcel, adquirir tarjetas para hacer llamadas y acceder a ciertas comodidades. Pero al mismo tiempo, él asegura que “de forma ilegal, especialmente en los patios donde hay hacinamiento y debido a la corrupción, hay personas que pueden comprar una celda adjudicada de forma exclusiva, así tengan que sacar a dos o tres personas que estaban ahí y hacerlas dormir en los pasillos”.

Llegó a la cárcel en 2017 por cuestiones muy diferentes a la violencia sexual contra menores, y desde que puso un pie ahí se dio cuenta de la crisis: “debido al hacinamiento nos tocaba esperar en fila para ir avanzando hacia la zona del patio donde había menos humedad. Si yo hubiera tenido dinero, seguramente habría llegado directo a una celda, pero no. Luego de un tiempo se hizo el esfuerzo y logré comprar un espacio para vivir con dos personas más”. Bruno asegura que no todos los internos cuentan con esa suerte. Incluso hay personas que no pueden pagar por una celda y tienen que dormir en los baños, al lado de los inodoros, que muchas veces no tienen agua y sus colchonetas terminan llenas de deshechos humanos. Es tanta la gente que ni siquiera hay cupos para trabajar, hacer otro tipo de actividades o incluso caminar por el patio.  En cuanto a la alimentación, dice que ha venido mejorando progresivamente, pero que los alimentos no cumplen con las porciones adecuadas y a veces pueden estar crudos.

Está demostrado con la experiencia estadounidense que, contrario a lo esperado, “las personas que están condenadas a cadena perpetua son muy problemáticas por algo racionalmente normal y es que no tienen nada que perder”, asegura Hernández, quien coincide con la postura de Iturralde: “pueden ser personas que se vuelvan aún más antisociales, mucho más reacias a seguir órdenes e incluso negadas a recibir un proceso de resocialización”.

A esto hay que añadirle el costo económico que representa para el sistema el encarcelamiento de una persona. Según el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), una persona privada de la libertad puede costar aproximadamente dos millones de pesos mensuales, es decir, 24 millones al año, y no hay suficiente dinero para hacerlo sostenible. En los países nórdicos, donde hay menor comisión y reincidencia del delito, las cárceles tienen un modelo ejemplar. En Noruega, la prisión de alta seguridad de Halden lo representa: tiene tan solo 258 internos con penas no mayores a 30 años y con todas las condiciones dignas para estar ahí: espacios físicos adecuados, talleres altamente especializados, acompañamiento profesional personalizado, ayuda de las empresas para conseguir empleo y funcionarios cualificados con especialidad en el manejo del sistema penitenciario. Como en Colombia no existe nada parecido a esto, los expertos coinciden en que es iluso creer que con las condiciones y recursos con los que se cuenta actualmente pueda generarse la resocialización dentro de una cárcel.

Por último, y como punto esencial de lo que se espera con esta medida hay que mencionar que para varios expertos, contrario a quienes defienden el proyecto, la prisión perpetua para violencia sexual contra menores no garantiza ni protege los derechos de los niños, niñas y adolescentes, incluso puede resultar peligroso para la víctima. Por un lado, y aunque como dice la senadora Angelica Lozano, “imaginarlo suene aberrante”, delitos como el homicidio podrían llegar a ocultar el abuso sexual, pues al cometer un crimen que tiene menos años de condena como el homicidio, el atacante podría abusar sexualmente y luego recurrir al asesinato para que sea condenado por este último y así evitar la cadena perpetua. Por otro lado, el abuso sexual, al ser un delito cometido dentro del entorno familiar o cercano del menor, puede incrementar la impunidad por la omisión de denuncias para evitar las consecuencias de la cadena perpetua.

En palabras de Yesid Reyes, “es imposible hablar de que se protege la vida de un niño al encerrar en la cárcel de por vida a quien cometió el delito cuando la vida del niño no estuvo protegida previamente”. Para no ir muy lejos, a modo de llamado de atención, Ómar Bravo, doctor en psicología y profesor de la Universidad ICESI, recuerda el imborrable caso Garavito: “la pregunta es ¿qué pasa en una sociedad en la que decenas de niños y niñas pueden ser victimizados sin que esto genere un escándalo? ¿Por qué el alboroto solo se genera cuando se identifica esta monstruosa brutalización?”.

¿Qué medidas tomar?

No hay discusión en que el bienestar de los niños, niñas y adolescentes debe primar en la sociedad y los actos de violencia contra ellos no son justificables. Sin embargo, la dignidad humana no puede ser sacrificada en un estado social de derecho. “Lo que tenemos que entender es que hay unas necesidades especiales de una población que ha sido victimizada y hay una serie de garantías de derechos que debemos respetar. Son dos problemáticas que debemos atender”, asegura Luis Vélez Rodríguez, profesor de derecho penal y criminología de la Universidad de Manizales.

Considerando las medidas que se deben tomar cuando el delito ya se ha cometido, los expertos aseguran que la apuesta del sistema penal debe estar encaminada a la resocialización y acompañamiento de las personas privadas de la libertad para que puedan reinsertarse a la sociedad y evitar que vuelvan a cometer el delito. Para esto, insisten en que es necesario pensar en una política criminal basada en la resocialización y no en el populismo punitivo e incremento de penas que de por sí ya son altas.

Adicionalmente, los programas de protección a víctimas tienen que fortalecerse, pues una de las preocupaciones centrales dentro de la administración de justicia es la operatividad del sistema vigente. Tal como dice Gloria Carvalho, representante de la alianza para la niñez, “el proceso de investigación contra un agresor sexual puede durar hasta siete años y la administración de justicia en ese sentido es negligente”, y eso sin profundizar en que el 94% de los casos que dice Carvalho quedan impunes y hacen parte de la cifra negra de criminalidad al nunca ser conocidos por el sistema judicial.

Antes que pensar en la condena hay que preocuparse por la impunidad, y para acabarla totalmente es necesario primero fortalecer los mecanismos de investigación judicial especializada para la niñez, así como garantizar la formación de los jueces para la adecuada aplicación de las medidas de justicia. Por eso, los científicos afirman que es mucho más sensato ocuparse de intervenir las causas del delito, que finalmente es lo único que puede evitarlo, y así realmente proteger los derechos de los niños. Además, en este proceso hay que prestarle mayor atención al hecho de que el 83% de los victimarios son personas que pertenecen al entorno familiar o íntimo de las víctimas, de las cuales en su mayoría son mujeres. Entonces, ¿qué está pasando en los núcleos familiares?, ¿se está haciendo el debido seguimiento? Es necesario buscar una solución real a ese problema antes de que los derechos de los menores sean vulnerados, insiste Carvalho.

La violencia sexual a niños, niñas y adolescentes es un monstruo que, sin discusión, hay que atacar. Sin embargo, los expertos se mantienen en que no vale la pena perder el tiempo en proponer falsas soluciones que al final terminan dándole largas a una problemática que requiere de otras acciones puntuales. Algunas recomendaciones de los investigadores para prevenir este delito se basan en el seguimiento a los núcleos familiares vulnerables, así como una mayor inversión social destinada a educación sexual y reconocimiento de comportamientos que puedan ser señal de abuso. También se podrían tener en cuenta medidas como el fortalecimiento del ICBF, de canales de atención a víctimas y campañas de reivindicación de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Sea como sea, es muy importante que los congresistas que están votando el proyecto tengan en cuenta estas propuestas y la investigación científica para tomar decisiones que logren cambios significativos.

*Nombre ficticio por solicitud de la fuente.

COVID 19 y “quedarse en casa”: un posible riesgo ante la violencia intrafamiliar

COVID 19 y “quedarse en casa”: un posible riesgo ante la violencia intrafamiliar

dora-gaitanLa casa es el lugar de convivencia entre personas. No obstante, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) ha denominado hogar al lugar de muestreo para los censos nacionales que permiten tipificar a las familias colombianas. De ahí que estos datos infieran una relación directa entre: casa, hogar y familia.

Según el Observatorio de la Familia, para el Consejo de Estado la familia ha sido considerada como la organización social mas importante de las personas y se constituye por “vínculos de consanguinidad o afinidad entre los miembros” (Tipologías de Familias en Colombia: Evolución 1993 – 2014). En 2019 se amplió esta comprensión, integrando el hecho de que las familias son “en las que se establecen vínculos de apoyo emocional, económico, de cuidado o de afecto, que comparten domicilio, residencia o lugar de habitación de manera habitual”. En este sentido, es concebida como ese referente de apoyo, cuidado y cercanía afectiva o emocional; y para una sociedad será el sostén y promotor de desarrollo del individuo.

Ahora bien, resulta que no todas las familias cumplen con el referente mencionado. Esa casa-hogar que se espera sea segura, termina siendo un espacio de riesgo, particularmente para las mujeres que viven situaciones de violencia intrafamiliar. Por lo anterior, quedarse en casa se convierte en una medida que las ha expuesto a condiciones de riesgo, ya que deben cohabitar cada día con quien las agrede, lo que termina siendo paradójico ante una medida de cuarentena que propende por el cuidado individual y colectivo.

A la fecha, contamos con datos inquietantes durante la cuarentena. Para el 7 de abril, según cifras de la Fiscalía General, dentro de la casa sus parejas habían asesinado a 12 mujeres; y según el artículo de El Tiempo titulado El crimen en tiempos de coronavirus y cuarentena del 13 de abril, las “denuncias formales recibidas por la Fiscalía por violencia intrafamiliar han caído en más del 70%, mientras que las llamadas a la Línea Púrpura por presuntos casos de violencia intrafamiliar han aumentado en cerca de un 211%”.

Estos datos desmitifican la idea absoluta de la casa-hogar y la familia como un lugar seguro, haciendo un llamado a la ciudadanía para estar atentos de las familias en cuya interacción se presentan situaciones de violencia, entendiendo que ésta tiene muchas manifestaciones. La más lamentable es el feminicidio, la más evidente es la violencia física (23%), pero la más inadvertida, normalizada y por la que se inicia el ciclo de violencia, es la violencia psicológica con un 50%, siendo la más consultada en la Línea Púrpura; seguidas por la económica (19%), la sexual y patrimonial con un 4% cada una y la verbal (1%) (Tomado del artículo Violencia de género en tiempos de encierro, otro desafío para Bogotá, 29 marzo).

A continuación, unos indicadores para que reconozcas si vives violencia en tu casa o conoces a alguien que pueda estar presentándola (Violentómetro, ONU y USAID):

Ten cuidado si: te hace bromas hirientes, te chantajea, miente, engaña, te culpa, descalifica, ridiculiza, ofende, te humilla en público, te intimida, controla o prohíbe cosas o verte y hablar con personas.

Intenta alejarte si: destruye tus artículos personales, te manosea, genera caricias agresivas, te golpea “jugando”, te pellizca o araña, te empuja o jalonea, te cachetea, te patea o encierra, te aísla de personas cercanas.

Pide ayuda si: te amenaza con objetos y armas o te amenaza de muerte, te fuerza a tener relaciones sexuales, te viola o abusa sexualmente, te mutila. Alerta, puede llegar al asesinato.

Si necesitas ayuda:
En la Pontificia Universidad Javeriana tenemos el Protocolo de Violencias y Discriminación y también podemos orientarte desde:

El Centro de Asesoría Psicológica y Salud de la Vicerrectoría del Medio Universitario con el servicio de Escucha Activa y ofertas virtuales grupales de acompañamiento.

A nivel Distrital:
Línea Púrpura: 018000112137
Whastapp: 3007551846
Línea 123
Fiscalía: Línea 122
ICBF: Línea 141
A nivel Nacional: Línea 155

*Dora Cecilia Gaitan Hidalgo, Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, Magíster en Psicología Clínica y de la Familia de la Universidad Santo Tomás. Actualmente psicóloga del Centro de Asesoría Psicológica y Salud de la Vicerrectoría del Medio de la Pontificia Universidad Javeriana.

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Un panel de expertos convocado por la revista Lancet evidenció la importancia del trabajo interdisciplinario para dar respuesta en forma eficiente a los diversos y crecientes problemas que surgen en medio de esta pandemia. Creemos que la necesidad de este llamado surge de una conceptualización fracturada del ser humano, una separación arbitraria y artificial de la salud física y la salud mental, que genera problemas a la hora de producir acciones para afrontar las múltiples consecuencias derivadas de los temas de salud en general y en particular de la crisis ocasionada por el Covid-19, las medidas de aislamiento y la recesión económica que empieza a vislumbrarse. Resulta evidente que necesitamos una perspectiva interdisciplinar, multidimensional y ecosistémica para dar soluciones que atiendan a la complejidad creciente del problema.

Aunque para muchos profesionales y para las entidades internacionales de salud resulta clara la artificialidad de la separación entre la salud física y psicológica, un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo, aún encontramos dificultades para articular en la práctica un concepto integral de salud, que se refleje en acciones efectivas en la formación, la investigación, el desarrollo de políticas públicas y, en especial, en la articulación del trabajo de profesionales en diversos campos de actuación.

La actual situación que atraviesa el mundo es un buen ejemplo de cómo las dinámicas comportamentales (los hábitos de alimentación de un grupo poblacional), pueden tener efecto en la salud (la trasmisión de un virus y el número creciente de muertos e incapacidad de respuesta del sistema de salud), la economía (la pérdida de empleos y quiebra de empresas, el deterioro de los ingresos de los trabajadores), la política (el deterioro de las democracias y las amenazas contra los derechos humanos, entre otros), la seguridad (el incremento de hurtos y otros delitos, parcialmente relacionados con la búsqueda de alimento y del aseguramiento de condiciones mínimas de supervivencia) y en las condiciones de riesgos denominados psicosociales, que favorecen el despliegue de comportamientos como el consumo de sustancias, los conflictos de pareja, las diversas formas de violencia intrafamiliar e incluso violencias que surgen de la convivencia en comunidades que, de nuevo, inciden en la salud, la economía, la política y otras áreas de la vida humana.

Consideremos un ejemplo, Perú, que a pesar de ser uno de los países de Latinoamérica que más oportuna y estrictamente estableció límites en el confinamiento, se ha convertido en el segundo país con mayor número de casos de COVID-19 del continente. Para entender esto, debemos tener en cuenta algunas dinámicas comportamentales.

Por ejemplo, el hecho de que sólo cerca de una quinta parte de las familias del país cuenten con un refrigerador se relaciona con la necesidad de buscar constantemente comida fresca, aunque quizás ¿es el aprecio por la comida fresca la que facilita que las familias no cuenten con refrigeradores? Las compras de los alimentos se realizan en mercados que se convirtieron rápidamente en focos de contagio, esta situación se empeoró con las restricciones que estableció el gobierno, buscando enlentecer la pandemia, en la apertura de estos mercados, que lejos de cumplir su cometido llevó a concentrar la aglomeración. Adicionalmente, se debe tener en cuenta que también influyen el hacinamiento, la informalidad y otras tantas variables que serían imposibles de enumerar. Es claro cómo las dinámicas para adquirir bienes básicos, la forma como preparamos nuestros alimentos y hasta los mismos elementos de nuestra dieta, pueden tener un efecto directo en la transmisión de un virus, incluso cuando este no se transmite en la comida.

Estamos presenciando cómo la expansión de un virus y las medidas que se han establecido para contenerlo están incidiendo en un aumento sistemático de trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático, así como también de la violencia, el consumo de alcohol y las conductas de autolesión. Se ha reportado un aumento en los factores de riesgo en salud tales como desconexión social, pérdida del sentido de vida, sensaciones de agobio y agotamiento por el cambio en las condiciones laborales, angustia ante la pérdida del empleo, baja de ingresos, deterioro de la calidad de vida y problemas derivados de la dificultad de elaborar duelos luego de las pérdidas al no seguir rituales culturales. Estos aspectos psicológicos tendrán una repercusión directa en la salud y la economía, dando inicio de nuevo a un ciclo de interacciones múltiples que se alimentará de forma permanente.

En el contexto de una visión ecosistémica, interdisciplinar, diferencial y multidimensional aparecen un sin número de preguntas y desafíos de investigación. Por ejemplo, estudiar la eficacia diferencial de las intervenciones en telesalud, en particular la teleorientación, como estrategia mediadora en la promoción y prevención de la salud, y la telemedicina, como herramienta para desarrollar el trabajo terapéutico, evaluando su utilización en atención psicológica, contención emocional e incluso acompañamiento. Se identifica también la necesidad de evaluar el efecto que tiene la mediación virtual en el desarrollo de vínculos afectivos y su efectividad como alternativa para el fortalecimiento de redes de apoyo social, al igual que los efectos del teletrabajo en la salud.

De igual modo, estas perspectivas también exigen nuevas condiciones. Es ineludible diseñar nuevas infraestructuras de conocimiento, organizacionales, tecnológicas e incluso sociales que permitan la evaluación, intervención e investigación interdisciplinaria. Es necesario establecer controles éticos sobre el quehacer de los profesionales y demarcar los límites de lo que podemos hacer, en cuanto al efecto que tiene en las comunidades, en razón de su eficacia y efectividad. El uso que se le ha dado a las tecnologías como estrategia de evaluación de la expansión del virus abre un debate sobre la privacidad, lo cual tiene también importantes connotaciones psicológicas y sociales.

Igualmente, es preciso pensar estrategias de comunicación y de rendición de cuentas a la sociedad. En este sentido, hoy, como nunca, estamos viendo que los procesos de transferencia responsable de conocimiento son una parte determinante de la supervivencia de la sociedad. Se ha hecho certera la necesidad de fortalecer las estrategias de comunicación, de manera que permitan, en forma más inmediata, conocer las necesidades de las personas y las comunidades, identificar sus carencias y recursos, y hacer un seguimiento a la compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales que tienen.

Estamos, por tanto, ante un momento en el que se requiere asumir una perspectiva ecosistémica, multidimensional, interdisciplinar y transdisciplinar, que permita generar, desde ese mismo enfoque, investigación e intervención, de forma que sea inevitable un dialogo entre académicos y profesionales de diversos campos y se construyan soluciones que realmente den cuenta de la compleja y critica coyuntura que estamos transitando.

*Wilson López López: Profesor titular de la Universidad Javeriana. lopezw@javeriana.edu.co
**Pedro Pablo Ochoa: Director del equipo de respuesta psicológica frente al Covid-19 en Colombia. Colegio Colombiano de Psicólogos.

Nuevo año, nuevos temas, nueva edición impresa

Nuevo año, nuevos temas, nueva edición impresa

Hoy, para cerrar un primer semestre intenso, circula la edición número 47 de la revista Pesquisa Javeriana, que esta vez ha centrado su atención en investigaciones científicas de impacto social.

Encuentre en nuestras páginas:

  • Informe especial sobre la investigación javeriana, apoyada por el Comité Internacional de Cruz Roja y el CIDE, de México, que recorrió siete cárceles colombianas para elaborar un perfil de las mujeres que pagan sus condenas en medio de una delicada situación de hacinamiento y perspectivas laborales difusas.
  • Complemente este contenido en nuestra página web con una galería fotográfica sobre el día a día de las reclusas colombianas.
  • Perfil de la científica colombiana Elizabeth Hodson de Jaramillo, quien, gracias a su trayectoria científica y académica, integra la nueva Misión de Sabios designada por el Gobierno Nacional.
  • La investigación javeriana que revela cómo la espiral de violencia y las políticas neoliberales han venido aniquilando el estilo de vida de los campesinos en la Colombia rural.
  • Cómo un grupo de ingenieros de la Javeriana, sede Cali, diseñaron un videojuego que apoya la enseñanza del lenguaje para niños con discapacidad auditiva.
  • Un grupo de investigadores de diferentes universidades se unieron para estudiar la relación entre líneas simples, figuras y emociones; esto los llevaría a configurar un nuevo lenguaje.
  • Un científico javeriano se desplazó hasta Tanzania, en África, donde investigó las diatomeas, unas algas microscópicas que pueden revelar cómo era el ambiente y el ecosistema en el que vivieron los homínidos hace 2 millones de años.
  • Perfil de Claudia Marcela López, la joven investigadora y genetista que busca mejorar la calidad de vida de los pacientes con enfermedades genéticas.
  • Las novedades de la Editorial Javeriana de cara a la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2019.

También destacamos el homenaje en nuestra editorial a la memoria de Javier Maldonado, el ictiólogo e investigador javeriano que nos dejó a principios de marzo para enseñar su ciencia y las venas acuáticas de Colombia en lo profundo del río.

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