Entusados: un retrato audiovisual del desamor

Entusados: un retrato audiovisual del desamor

Marco* se mira frente al espejo después de afeitarse. El plan está claro, preparar una merienda, guardarla en su mochila junto a la frazada para el picnic y comprar un ramo de flores naranjas como las que le gustan a ella. Él está determinado; luego de semanas de discusiones intensas, espera resolver sus diferencias y celebrar su primer aniversario en el parque donde se conocieron. Son las dos de la tarde, ha esperado por cerca de una hora y ella aún no llega; está preocupado, ya van cuatro llamadas sin respuesta. De repente, aparece Valentina, indiferente ante sus miradas y tan decidida como él, pero en su caso, a terminar la relación:

– “Sé que te va a doler, pero debo ser honesta contigo; lo que sentí por ti nunca fue sincero. No seguiré mintiéndome y forzando una relación que nunca ha sido real. Además, lo debo decir, tú no tienes aspiraciones. Hasta aquí llegamos”.

Como Marco, hay jóvenes en Colombia y el mundo experimentando a diario el dolor de una separación, el desamor o como coloquialmente se conoce: ‘la tusa’. Por eso, con el fin de retratar cómo los hombres jóvenes entre los 18 y 24 años viven la separación afectiva con sus parejas y el duelo posterior, el Semillero de investigación aplicada al periodismo audiovisual, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, desarrolló el proyecto La tusa del 102.

Pesquisa Javeriana conversó con Germán Ortegón, productor de televisión, profesor javeriano y líder del Semillero, el cual muestra cómo viven los hombres el desamor y su percepción sobre la nueva ola de proyectos de investigación creación.

 

Entusados, una serie transmedia con realidad virtual a través de webcam sobre la psicología del desamor

Pesquisa Javeriana: ¿Cómo nació La tusa del 102?

Germán Ortegón: El 90% de los proyectos del Semillero parte de las preguntas y dudas que tienen los estudiantes. Frente a eso, en una de las reuniones del semillero, el joven Sebastián Díaz Granados me dijo que quería indagar sobre cómo viven el amor y desamor los hombres, particularmente esa experiencia llamada tusa. Por eso en el 2018 empezamos a recoger toda la documentación posible.

 

PJ: ¿Con qué se encontraron?

GO: Hicimos 18 entrevistas a compañeros de los estudiantes del semillero para saber cómo pasaban la tusa y encontramos a Claudia Carolina Botero, doctora en psicología y profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, quien hizo una investigación sobre las consecuencias de la agresión psicológica en las parejas jóvenes durante el noviazgo. En ese momento nos dimos cuenta de que no se trataba solo de entender el tema del desamor en los hombres, sino de cómo ese proceso genera una gran cantidad de violencias. Violencias que podrían retratarse audiovisualmente.

 

PJ: ¿Qué tipos de violencias descubrieron con la investigación? ¿Y cómo pasaban la tusa estos jóvenes?

GO: Nos reunimos con Carolina Botero y ella nos mostró en una conferencia que existen varios tipos de agresiones. Por ejemplo, el control excesivo y denigración entre la pareja, el malestar psicológico que ocasionan las diferencias; las agresiones físicas y psicológicas producidas por cachetadas, mordiscos, patadas, golpes y hasta lanzar objetos, y la intimidación que muchas veces lleva a las personas a enojarse tanto como para asustar a la otra y amenazarla con golpes. Entender eso y encontrar que los hábitos comunes de los jóvenes durante una tusa son negar el abandono, tomar malas decisiones, obviar los procesos de duelo y tener una precaria inteligencia emocional nos hizo tomar la decisión como semillero de hacer el formato tipo serie para televisión e internet.

 

PJ: ¿Por qué eligieron la serie como formato? ¿cuál es su valor agregado?

GO: Ahora todo el mundo está haciendo series web o tocando el tema del desamor, por eso supe que de esta idea podría salir algo innovador al agregarle un poco de picante: hacer una serie transmedia, con realidad virtual a través de webcam y elementos 3D para trabajar los imaginarios de los personajes en la historia. Así surgió Entusados. Una serie con 12 capítulos para televisión, de cinco minutos cada uno, en la que le contamos a la gente la versión pública de una relación, y 24 capítulos para la web en los que con realidad virtual y elementos 3D narramos lo que pasa en la cabeza del novio, la novia, los entusados y sus mejores amigos.

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PJ: ¿A qué se refiere con los “imaginarios de los personajes”?

GO: Una cosa es la versión que conocemos todos en la calle, en lo público de una relación; cosas como “ella me echó o yo la eché”, y de allí se comentan cosas o descalifican otras, pero eso no es una relación. Normalmente cuando un exnovio cuenta su versión, lo hace con su mejor amigo que es quien lo salva o lo hunde; lo salva cuando le pone cuidado o lo hunde cuando lo invita a drogarse, emborracharse o a buscar otro clavo para sacar su dolor. Ahora, la versión de las exnovias es distinta, normalmente creen tener la razón o tienden a victimizarse, pero resulta que las víctimas y victimarios son ambos. Entonces es allí cuando la relación se torna en un juego de roles de víctimas y victimarios, tal y como lo comprendimos con la investigación de Botero.

 

PJ: Entonces el reto estuvo en construir el perfil de los personajes. ¿Cómo fue este proceso?

GO: Contacté a Idania Veláquez una colega y guionista de la Universitaria Agustiniana, para desarrollar talleres de escritura y ficción para web con los estudiantes del Semillero. Allí, trabajamos los 12 capítulos de la serie web y luego con el apoyo de investigadores, entre ellos Carolina Botero, ampliamos la caracterización psicológica de los personajes. También, tuvimos en cuenta que somos una nación multicultural y que en la Javeriana hay un pequeño país porque hay representantes de todas las regiones; por eso incluimos en la caracterización de los perfiles, diversidad de culturas. Pasó de ser una idea de un semillero a ser un proyecto nacional.

 

PJ: Al ser un proyecto tan amplio, ambicioso y de carácter interuniversitario, ¿cómo consiguió financiación?

GO: Este tema se trata de creatividad y recursividad. Necesitábamos financiación, así que contacté a la empresa española BrainStorm que, por su interés en fortalecer el campo de la educación, nos aportó el software para la realización de la realidad virtual de la serie; luego, participamos en la convocatoria nacional Incubadora de Señal Colombia para proyectos universitarios financiables en el sector de las industrias creativas, la cual ganamos y nos garantizó la transmisión televisiva y web de la serie.

Después postulamos a dos convocatorias Javerianas, una del Centro Ático para apoyo a semilleros y otra de la Vicerrectoría de Investigación para financiar proyectos de investigación creación e innovación; también se sumó en coproducción para la realización de los espacios virtuales la empresa Ideoide,  y finalmente, mediante el voz a voz invité a colegas y estudiantes de carreras como Artes escénicas, Arquitectura, Música con énfasis en ingeniería de sonido, Comunicación y Psicología de la Javeriana y a semilleros de graficación y radio de la Universidad Minuto de Dios y la Universitaria Agustiniana.

 

“Este proyecto que inició como una idea ya cuenta con seis tesistas desarrollando sus proyectos de grado en publicidad, lenguas extranjeras y diseño gráfico; así como la realización de un podcast de ficción a cargo del semillero de sonido de la Universitaria Agustiniana”, afirma Ortegón.

 

PJ: ¿Qué opina acerca de los proyectos donde se articula la investigación y la creación?

GO: Por fin para mí tiene más sentido la parte académica porque estamos haciendo investigación, pero articulada con todas las artes y allí es donde viene la creación. Desde el momento en el que decidimos dónde poner una cámara, estamos hablando de fotografía; nosotros hablamos de pintura porque pintamos con luz; pensamos en la música con el sonido de nuestras series, y vivimos la literatura cuando escribimos los guiones.

Ahora veo que la academia entiende que la investigación no solamente puede ser dura y pura en términos de la escritura e investigación, sino que cuando se conjuga con todas las artes se vuelve más profunda. Son investigaciones que no terminarán en anaqueles, sino en este caso en la red para que todo el mundo tenga acceso a ella, llegando a ser universal.

 

PJ: Según la investigación, la serie multiplataforma y su experiencia, ¿cómo vive un hombre la tusa?

GO: Frente a los temas afectivos el hombre siempre es más reservado. Nuestra pretensión con Entusados es brindar herramientas para el manejo inteligente de las emociones y que todos comprendamos que existen muchas más alternativas para manejar el desamor. En la plataforma todos podrán encontrar direcciones que ayudan a sobre llevar estos estados emocionales, que no solamente existen en la Universidad, sino en diferentes entidades de la ciudad como 106 ‘El poder de ser escuchado’, la línea 123 o la línea púrpura (018000112137).

 

Entusados iniciará grabaciones en septiembre del 2020 y su lanzamiento se hará en enero del 2021.

 

Le invitamos a conocer más avances sobre este proyecto en el marco del IV Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad que se llevará a cabo del 7 al 18 de septiembre.

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente

 

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La ciencia le dice no a la cadena perpetua para violadores

La ciencia le dice no a la cadena perpetua para violadores

Los titulares son aterradores: A la cárcel profesor de escuela de fútbol que abusaba sexualmente de sus alumnos, Capturan abogado comprometido en abuso sexual y pornografía infantil, A prisión hombre que secuestró, abusó y asesinó a una niña de nueve años… Las cifras que muestran el panorama de la situación no son para nada optimistas: según Medicina Legal, entre enero y abril del año pasado (2019) se reportaron más de ocho mil casos de este delito. Aunque en la mayoría de estas denuncias el victimario es familiar del menor o lo conoce, lo que de entrada ya limita la denuncia, más del 80% de estos casos no pasa de la indagación preliminar y las víctimas terminan sin ser reparadas y nuevamente puestas en peligro ante su agresor.

El monstruo existe. Está ahí. Ha estado desde hace muchísimos años, cada vez toma más fuerza y nada parece controlarlo. Por eso, para el gobierno y algunos congresistas lo único que se podría hacer es aprobar el proyecto de Acto Legislativo 21 de 2019 del Senado, acumulado con el proyecto de acto legislativo 047 de 2019 de la Cámara, que busca modificar la Constitución para darle hasta cadena perpetua a quienes abusen sexualmente de niños, niñas y adolescentes. Según sus defensores, este proyecto garantizará y protegerá definitivamente los derechos de los menores, y así se solucionaría un problema que parece infinito.

Pero esa misma propuesta ha generado debate en el país desde hace más de una década, pues para varios expertos las penas dispuestas para este delito ya son lo suficientemente altas y coinciden en decir que se trata de un acto facilista que no le atina al blanco. Yesid Reyes Alvarado, exministro de Justicia y profesor del área de derecho penal de la Universidad de los Andes, asegura que una ley como esta da una falsa sensación de tranquilidad. Según él, “se hace uso del derecho penal para satisfacer las demandas populares de justicia haciendo creer que ya hubo una intervención del problema, pero detrás de eso están absolutamente descuidadas y no intervenidas las causas del delito”.

El profesor Norberto Hernández, tutor del semillero en derecho penitenciario de la Pontificia Universidad Javeriana, califica esta medida como una cortina de humo y afirma que la propuesta obedece al uso del nefasto populismo punitivo. La razón, según él, es que “este tipo de iniciativas son utilizadas por los gobiernos para generar votos y aceptabilidad política, más en tiempos de crisis como el actual, generando en el pueblo una percepción de seguridad que no es cierta”.

A la fecha el proyecto ha pasado por siete de los ocho debates necesarios en el Congreso para ser aprobado. Aun así y suponiendo que sea votado a favor en último debate, algunos expertos en derecho penal como Hernández aseguran que existe una alta probabilidad de que la Corte Constitucional declare inexequible esta pena, “por lo que esto puede significar un mal uso del tiempo y recursos legislativos invertidos en una propuesta que no tiene viabilidad”, afirma el profesor.

Y es que incluso quienes redactaron el proyecto saben que la cadena perpetua es un trato cruel, inhumano, degradante, inconstitucional desde muchos puntos de vista y además viola tratados internacionales de derechos humanos. Por esa razón, decidieron aclarar en el proyecto que la pena, después de cumplidos 25 años de prisión, puede ser revisada para determinar si la persona condenada continúa recluida o pasa a otra medida sustitutiva de la pena como la libertad condicional.

Pero la inconstitucionalidad no es el único problema que tiene el proyecto, porque la investigación científica ha demostrado que el incremento de penas no logra disminuir la incidencia del delito, y asegura que esta medida no es más que un despropósito político por su ya comprobada ineficacia.

 

Ni viable ni funcional

Uno de los argumentos del acto legislativo para instaurar la cadena perpetua es la reincidencia o la reiteración del delito por parte del victimario, o sea la probabilidad de que una vez salga en libertad, después de pagar su pena, vuelva a abusar sexualmente de algún menor. Esa preocupación queda justificada en el papel al explicar que, en los últimos años, ha habido un alto incremento de delitos sexuales y violentos en contra de niños, niñas y adolescentes. Pero lo que hay que tener en cuenta también, como explica el profesor Manuel Iturralde, ¿de dónde? es que “las denuncias por este tipo de delitos han aumentado de manera notable, pero no hay estudios rigurosos que expliquen por qué ha sido así”. Con esto, el experto se refiere a que el hecho de que haya más denuncias no responde al interrogante de si los victimarios son reincidentes o no.

Pero vamos más allá. En 2005 en Colombia se expidió una ley que castiga el abuso sexual seguido de la muerte del menor con 60 años de prisión – una de las penas más altas en el país – y rebajas de hasta 20 años por estudio, trabajo o enseñanza. El abogado Reyes reflexiona con un ejemplo de una persona condenada justo en el momento en el que salió dicha ley: “si tiene 30 años y logra reducir la pena, saldrá de la cárcel en el 2045. De tal manera que el primer momento en el que vamos a saber si la ley expedida en el 2005 funcionó y se evitó la reincidencia será a partir del 2045, cuando esta persona tenga 70 años y salga libre”. Por esa razón, según Reyes, antes de aprobar tal proyecto el Congreso debe darse la oportunidad de verificar si su última gran reforma legislativa funciona, y agrega que “asumir anticipadamente, 25 años antes, que la ley no va a servir para que con base en esto se incrementen las penas es, a mi modo de ver, populismo punitivo”.

Por otro lado, es claro que en un estado social de derecho, específicamente el colombiano, la finalidad de la detención carcelaria es la de resocializar a las personas privadas de la libertad, pero eso no se logra hoy en día por las precarias condiciones del sistema penitenciario colombiano. “Si actualmente no logramos la resocialización en un sistema que no tiene cadena perpetua, mucho menos lo vamos a poder hacer con la cadena perpetua, e implementar esta medida agudizaría la crisis”, indica el profesor javeriano Hernández.

 

Hacinamiento carcelario

Las condiciones en las que viven la mayoría de las personas privadas de la libertad en Colombia vulneran constantemente sus derechos fundamentales. Bruno*, un recluso de la cárcel La Modelo de Bogotá, ha visto con sus propios ojos la desigualdad y la corrupción que cobijan al sistema penitenciario del país. Cuenta que allí hay gente que gracias a sus recursos puede hacer compras en el expendio oficial de la cárcel, adquirir tarjetas para hacer llamadas y acceder a ciertas comodidades. Pero al mismo tiempo, él asegura que “de forma ilegal, especialmente en los patios donde hay hacinamiento y debido a la corrupción, hay personas que pueden comprar una celda adjudicada de forma exclusiva, así tengan que sacar a dos o tres personas que estaban ahí y hacerlas dormir en los pasillos”.

Llegó a la cárcel en 2017 por cuestiones muy diferentes a la violencia sexual contra menores, y desde que puso un pie ahí se dio cuenta de la crisis: “debido al hacinamiento nos tocaba esperar en fila para ir avanzando hacia la zona del patio donde había menos humedad. Si yo hubiera tenido dinero, seguramente habría llegado directo a una celda, pero no. Luego de un tiempo se hizo el esfuerzo y logré comprar un espacio para vivir con dos personas más”. Bruno asegura que no todos los internos cuentan con esa suerte. Incluso hay personas que no pueden pagar por una celda y tienen que dormir en los baños, al lado de los inodoros, que muchas veces no tienen agua y sus colchonetas terminan llenas de deshechos humanos. Es tanta la gente que ni siquiera hay cupos para trabajar, hacer otro tipo de actividades o incluso caminar por el patio.  En cuanto a la alimentación, dice que ha venido mejorando progresivamente, pero que los alimentos no cumplen con las porciones adecuadas y a veces pueden estar crudos.

Está demostrado con la experiencia estadounidense que, contrario a lo esperado, “las personas que están condenadas a cadena perpetua son muy problemáticas por algo racionalmente normal y es que no tienen nada que perder”, asegura Hernández, quien coincide con la postura de Iturralde: “pueden ser personas que se vuelvan aún más antisociales, mucho más reacias a seguir órdenes e incluso negadas a recibir un proceso de resocialización”.

A esto hay que añadirle el costo económico que representa para el sistema el encarcelamiento de una persona. Según el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), una persona privada de la libertad puede costar aproximadamente dos millones de pesos mensuales, es decir, 24 millones al año, y no hay suficiente dinero para hacerlo sostenible. En los países nórdicos, donde hay menor comisión y reincidencia del delito, las cárceles tienen un modelo ejemplar. En Noruega, la prisión de alta seguridad de Halden lo representa: tiene tan solo 258 internos con penas no mayores a 30 años y con todas las condiciones dignas para estar ahí: espacios físicos adecuados, talleres altamente especializados, acompañamiento profesional personalizado, ayuda de las empresas para conseguir empleo y funcionarios cualificados con especialidad en el manejo del sistema penitenciario. Como en Colombia no existe nada parecido a esto, los expertos coinciden en que es iluso creer que con las condiciones y recursos con los que se cuenta actualmente pueda generarse la resocialización dentro de una cárcel.

Por último, y como punto esencial de lo que se espera con esta medida hay que mencionar que para varios expertos, contrario a quienes defienden el proyecto, la prisión perpetua para violencia sexual contra menores no garantiza ni protege los derechos de los niños, niñas y adolescentes, incluso puede resultar peligroso para la víctima. Por un lado, y aunque como dice la senadora Angelica Lozano, “imaginarlo suene aberrante”, delitos como el homicidio podrían llegar a ocultar el abuso sexual, pues al cometer un crimen que tiene menos años de condena como el homicidio, el atacante podría abusar sexualmente y luego recurrir al asesinato para que sea condenado por este último y así evitar la cadena perpetua. Por otro lado, el abuso sexual, al ser un delito cometido dentro del entorno familiar o cercano del menor, puede incrementar la impunidad por la omisión de denuncias para evitar las consecuencias de la cadena perpetua.

En palabras de Yesid Reyes, “es imposible hablar de que se protege la vida de un niño al encerrar en la cárcel de por vida a quien cometió el delito cuando la vida del niño no estuvo protegida previamente”. Para no ir muy lejos, a modo de llamado de atención, Ómar Bravo, doctor en psicología y profesor de la Universidad ICESI, recuerda el imborrable caso Garavito: “la pregunta es ¿qué pasa en una sociedad en la que decenas de niños y niñas pueden ser victimizados sin que esto genere un escándalo? ¿Por qué el alboroto solo se genera cuando se identifica esta monstruosa brutalización?”.

 

¿Qué medidas tomar?

No hay discusión en que el bienestar de los niños, niñas y adolescentes debe primar en la sociedad y los actos de violencia contra ellos no son justificables. Sin embargo, la dignidad humana no puede ser sacrificada en un estado social de derecho. “Lo que tenemos que entender es que hay unas necesidades especiales de una población que ha sido victimizada y hay una serie de garantías de derechos que debemos respetar. Son dos problemáticas que debemos atender”, asegura Luis Vélez Rodríguez, profesor de derecho penal y criminología de la Universidad de Manizales.

Considerando las medidas que se deben tomar cuando el delito ya se ha cometido, los expertos aseguran que la apuesta del sistema penal debe estar encaminada a la resocialización y acompañamiento de las personas privadas de la libertad para que puedan reinsertarse a la sociedad y evitar que vuelvan a cometer el delito. Para esto, insisten en que es necesario pensar en una política criminal basada en la resocialización y no en el populismo punitivo e incremento de penas que de por sí ya son altas.

Adicionalmente, los programas de protección a víctimas tienen que fortalecerse, pues una de las preocupaciones centrales dentro de la administración de justicia es la operatividad del sistema vigente. Tal como dice Gloria Carvalho, representante de la alianza para la niñez, “el proceso de investigación contra un agresor sexual puede durar hasta siete años y la administración de justicia en ese sentido es negligente”, y eso sin profundizar en que el 94% de los casos que dice Carvalho quedan impunes y hacen parte de la cifra negra de criminalidad al nunca ser conocidos por el sistema judicial.

Antes que pensar en la condena hay que preocuparse por la impunidad, y para acabarla totalmente es necesario primero fortalecer los mecanismos de investigación judicial especializada para la niñez, así como garantizar la formación de los jueces para la adecuada aplicación de las medidas de justicia. Por eso, los científicos afirman que es mucho más sensato ocuparse de intervenir las causas del delito, que finalmente es lo único que puede evitarlo, y así realmente proteger los derechos de los niños. Además, en este proceso hay que prestarle mayor atención al hecho de que el 83% de los victimarios son personas que pertenecen al entorno familiar o íntimo de las víctimas, de las cuales en su mayoría son mujeres. Entonces, ¿qué está pasando en los núcleos familiares?, ¿se está haciendo el debido seguimiento? Es necesario buscar una solución real a ese problema antes de que los derechos de los menores sean vulnerados, insiste Carvalho.

La violencia sexual a niños, niñas y adolescentes es un monstruo que, sin discusión, hay que atacar. Sin embargo, los expertos se mantienen en que no vale la pena perder el tiempo en proponer falsas soluciones que al final terminan dándole largas a una problemática que requiere de otras acciones puntuales. Algunas recomendaciones de los investigadores para prevenir este delito se basan en el seguimiento a los núcleos familiares vulnerables, así como una mayor inversión social destinada a educación sexual y reconocimiento de comportamientos que puedan ser señal de abuso. También se podrían tener en cuenta medidas como el fortalecimiento del ICBF, de canales de atención a víctimas y campañas de reivindicación de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Sea como sea, es muy importante que los congresistas que están votando el proyecto tengan en cuenta estas propuestas y la investigación científica para tomar decisiones que logren cambios significativos.

*Nombre ficticio por solicitud de la fuente.

COVID 19 y “quedarse en casa”: un posible riesgo ante la violencia intrafamiliar

COVID 19 y “quedarse en casa”: un posible riesgo ante la violencia intrafamiliar

Dora-gaitanLa casa es el lugar de convivencia entre personas. No obstante, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) ha denominado hogar al lugar de muestreo para los censos nacionales que permiten tipificar a las familias colombianas. De ahí que estos datos infieran una relación directa entre: casa, hogar y familia.

Según el Observatorio de la Familia, para el Consejo de Estado la familia ha sido considerada como la organización social mas importante de las personas y se constituye por “vínculos de consanguinidad o afinidad entre los miembros” (Tipologías de Familias en Colombia: Evolución 1993 – 2014). En 2019 se amplió esta comprensión, integrando el hecho de que las familias son “en las que se establecen vínculos de apoyo emocional, económico, de cuidado o de afecto, que comparten domicilio, residencia o lugar de habitación de manera habitual”. En este sentido, es concebida como ese referente de apoyo, cuidado y cercanía afectiva o emocional; y para una sociedad será el sostén y promotor de desarrollo del individuo.

Ahora bien, resulta que no todas las familias cumplen con el referente mencionado. Esa casa-hogar que se espera sea segura, termina siendo un espacio de riesgo, particularmente para las mujeres que viven situaciones de violencia intrafamiliar. Por lo anterior, quedarse en casa se convierte en una medida que las ha expuesto a condiciones de riesgo, ya que deben cohabitar cada día con quien las agrede, lo que termina siendo paradójico ante una medida de cuarentena que propende por el cuidado individual y colectivo.

A la fecha, contamos con datos inquietantes durante la cuarentena. Para el 7 de abril, según cifras de la Fiscalía General, dentro de la casa sus parejas habían asesinado a 12 mujeres; y según el artículo de El Tiempo titulado El crimen en tiempos de coronavirus y cuarentena del 13 de abril, las “denuncias formales recibidas por la Fiscalía por violencia intrafamiliar han caído en más del 70%, mientras que las llamadas a la Línea Púrpura por presuntos casos de violencia intrafamiliar han aumentado en cerca de un 211%”.

Estos datos desmitifican la idea absoluta de la casa-hogar y la familia como un lugar seguro, haciendo un llamado a la ciudadanía para estar atentos de las familias en cuya interacción se presentan situaciones de violencia, entendiendo que ésta tiene muchas manifestaciones. La más lamentable es el feminicidio, la más evidente es la violencia física (23%), pero la más inadvertida, normalizada y por la que se inicia el ciclo de violencia, es la violencia psicológica con un 50%, siendo la más consultada en la Línea Púrpura; seguidas por la económica (19%), la sexual y patrimonial con un 4% cada una y la verbal (1%) (Tomado del artículo Violencia de género en tiempos de encierro, otro desafío para Bogotá, 29 marzo).

A continuación, unos indicadores para que reconozcas si vives violencia en tu casa o conoces a alguien que pueda estar presentándola (Violentómetro, ONU y USAID):

Ten cuidado si: te hace bromas hirientes, te chantajea, miente, engaña, te culpa, descalifica, ridiculiza, ofende, te humilla en público, te intimida, controla o prohíbe cosas o verte y hablar con personas.

Intenta alejarte si: destruye tus artículos personales, te manosea, genera caricias agresivas, te golpea “jugando”, te pellizca o araña, te empuja o jalonea, te cachetea, te patea o encierra, te aísla de personas cercanas.

Pide ayuda si: te amenaza con objetos y armas o te amenaza de muerte, te fuerza a tener relaciones sexuales, te viola o abusa sexualmente, te mutila. Alerta, puede llegar al asesinato.

Si necesitas ayuda:
En la Pontificia Universidad Javeriana tenemos el Protocolo de Violencias y Discriminación y también podemos orientarte desde:

El Centro de Asesoría Psicológica y Salud de la Vicerrectoría del Medio Universitario con el servicio de Escucha Activa y ofertas virtuales grupales de acompañamiento.

A nivel Distrital:
Línea Púrpura: 018000112137
Whastapp: 3007551846
Línea 123
Fiscalía: Línea 122
ICBF: Línea 141
A nivel Nacional: Línea 155

*Dora Cecilia Gaitan Hidalgo, Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, Magíster en Psicología Clínica y de la Familia de la Universidad Santo Tomás. Actualmente psicóloga del Centro de Asesoría Psicológica y Salud de la Vicerrectoría del Medio de la Pontificia Universidad Javeriana.

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Un panel de expertos convocado por la revista Lancet evidenció la importancia del trabajo interdisciplinario para dar respuesta en forma eficiente a los diversos y crecientes problemas que surgen en medio de esta pandemia. Creemos que la necesidad de este llamado surge de una conceptualización fracturada del ser humano, una separación arbitraria y artificial de la salud física y la salud mental, que genera problemas a la hora de producir acciones para afrontar las múltiples consecuencias derivadas de los temas de salud en general y en particular de la crisis ocasionada por el Covid-19, las medidas de aislamiento y la recesión económica que empieza a vislumbrarse. Resulta evidente que necesitamos una perspectiva interdisciplinar, multidimensional y ecosistémica para dar soluciones que atiendan a la complejidad creciente del problema.

Aunque para muchos profesionales y para las entidades internacionales de salud resulta clara la artificialidad de la separación entre la salud física y psicológica, un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo, aún encontramos dificultades para articular en la práctica un concepto integral de salud, que se refleje en acciones efectivas en la formación, la investigación, el desarrollo de políticas públicas y, en especial, en la articulación del trabajo de profesionales en diversos campos de actuación.

La actual situación que atraviesa el mundo es un buen ejemplo de cómo las dinámicas comportamentales (los hábitos de alimentación de un grupo poblacional), pueden tener efecto en la salud (la trasmisión de un virus y el número creciente de muertos e incapacidad de respuesta del sistema de salud), la economía (la pérdida de empleos y quiebra de empresas, el deterioro de los ingresos de los trabajadores), la política (el deterioro de las democracias y las amenazas contra los derechos humanos, entre otros), la seguridad (el incremento de hurtos y otros delitos, parcialmente relacionados con la búsqueda de alimento y del aseguramiento de condiciones mínimas de supervivencia) y en las condiciones de riesgos denominados psicosociales, que favorecen el despliegue de comportamientos como el consumo de sustancias, los conflictos de pareja, las diversas formas de violencia intrafamiliar e incluso violencias que surgen de la convivencia en comunidades que, de nuevo, inciden en la salud, la economía, la política y otras áreas de la vida humana.

Consideremos un ejemplo, Perú, que a pesar de ser uno de los países de Latinoamérica que más oportuna y estrictamente estableció límites en el confinamiento, se ha convertido en el segundo país con mayor número de casos de COVID-19 del continente. Para entender esto, debemos tener en cuenta algunas dinámicas comportamentales.

Por ejemplo, el hecho de que sólo cerca de una quinta parte de las familias del país cuenten con un refrigerador se relaciona con la necesidad de buscar constantemente comida fresca, aunque quizás ¿es el aprecio por la comida fresca la que facilita que las familias no cuenten con refrigeradores? Las compras de los alimentos se realizan en mercados que se convirtieron rápidamente en focos de contagio, esta situación se empeoró con las restricciones que estableció el gobierno, buscando enlentecer la pandemia, en la apertura de estos mercados, que lejos de cumplir su cometido llevó a concentrar la aglomeración. Adicionalmente, se debe tener en cuenta que también influyen el hacinamiento, la informalidad y otras tantas variables que serían imposibles de enumerar. Es claro cómo las dinámicas para adquirir bienes básicos, la forma como preparamos nuestros alimentos y hasta los mismos elementos de nuestra dieta, pueden tener un efecto directo en la transmisión de un virus, incluso cuando este no se transmite en la comida.

Estamos presenciando cómo la expansión de un virus y las medidas que se han establecido para contenerlo están incidiendo en un aumento sistemático de trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático, así como también de la violencia, el consumo de alcohol y las conductas de autolesión. Se ha reportado un aumento en los factores de riesgo en salud tales como desconexión social, pérdida del sentido de vida, sensaciones de agobio y agotamiento por el cambio en las condiciones laborales, angustia ante la pérdida del empleo, baja de ingresos, deterioro de la calidad de vida y problemas derivados de la dificultad de elaborar duelos luego de las pérdidas al no seguir rituales culturales. Estos aspectos psicológicos tendrán una repercusión directa en la salud y la economía, dando inicio de nuevo a un ciclo de interacciones múltiples que se alimentará de forma permanente.

En el contexto de una visión ecosistémica, interdisciplinar, diferencial y multidimensional aparecen un sin número de preguntas y desafíos de investigación. Por ejemplo, estudiar la eficacia diferencial de las intervenciones en telesalud, en particular la teleorientación, como estrategia mediadora en la promoción y prevención de la salud, y la telemedicina, como herramienta para desarrollar el trabajo terapéutico, evaluando su utilización en atención psicológica, contención emocional e incluso acompañamiento. Se identifica también la necesidad de evaluar el efecto que tiene la mediación virtual en el desarrollo de vínculos afectivos y su efectividad como alternativa para el fortalecimiento de redes de apoyo social, al igual que los efectos del teletrabajo en la salud.

De igual modo, estas perspectivas también exigen nuevas condiciones. Es ineludible diseñar nuevas infraestructuras de conocimiento, organizacionales, tecnológicas e incluso sociales que permitan la evaluación, intervención e investigación interdisciplinaria. Es necesario establecer controles éticos sobre el quehacer de los profesionales y demarcar los límites de lo que podemos hacer, en cuanto al efecto que tiene en las comunidades, en razón de su eficacia y efectividad. El uso que se le ha dado a las tecnologías como estrategia de evaluación de la expansión del virus abre un debate sobre la privacidad, lo cual tiene también importantes connotaciones psicológicas y sociales.

Igualmente, es preciso pensar estrategias de comunicación y de rendición de cuentas a la sociedad. En este sentido, hoy, como nunca, estamos viendo que los procesos de transferencia responsable de conocimiento son una parte determinante de la supervivencia de la sociedad. Se ha hecho certera la necesidad de fortalecer las estrategias de comunicación, de manera que permitan, en forma más inmediata, conocer las necesidades de las personas y las comunidades, identificar sus carencias y recursos, y hacer un seguimiento a la compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales que tienen.

Estamos, por tanto, ante un momento en el que se requiere asumir una perspectiva ecosistémica, multidimensional, interdisciplinar y transdisciplinar, que permita generar, desde ese mismo enfoque, investigación e intervención, de forma que sea inevitable un dialogo entre académicos y profesionales de diversos campos y se construyan soluciones que realmente den cuenta de la compleja y critica coyuntura que estamos transitando.

*Wilson López López: Profesor titular de la Universidad Javeriana. lopezw@javeriana.edu.co
**Pedro Pablo Ochoa: Director del equipo de respuesta psicológica frente al Covid-19 en Colombia. Colegio Colombiano de Psicólogos.

Nuevo año, nuevos temas, nueva edición impresa

Nuevo año, nuevos temas, nueva edición impresa

Hoy, para cerrar un primer semestre intenso, circula la edición número 47 de la revista Pesquisa Javeriana, que esta vez ha centrado su atención en investigaciones científicas de impacto social.

Encuentre en nuestras páginas:

  • Informe especial sobre la investigación javeriana, apoyada por el Comité Internacional de Cruz Roja y el CIDE, de México, que recorrió siete cárceles colombianas para elaborar un perfil de las mujeres que pagan sus condenas en medio de una delicada situación de hacinamiento y perspectivas laborales difusas.
  • Complemente este contenido en nuestra página web con una galería fotográfica sobre el día a día de las reclusas colombianas.
  • Perfil de la científica colombiana Elizabeth Hodson de Jaramillo, quien, gracias a su trayectoria científica y académica, integra la nueva Misión de Sabios designada por el Gobierno Nacional.
  • La investigación javeriana que revela cómo la espiral de violencia y las políticas neoliberales han venido aniquilando el estilo de vida de los campesinos en la Colombia rural.
  • Cómo un grupo de ingenieros de la Javeriana, sede Cali, diseñaron un videojuego que apoya la enseñanza del lenguaje para niños con discapacidad auditiva.
  • Un grupo de investigadores de diferentes universidades se unieron para estudiar la relación entre líneas simples, figuras y emociones; esto los llevaría a configurar un nuevo lenguaje.
  • Un científico javeriano se desplazó hasta Tanzania, en África, donde investigó las diatomeas, unas algas microscópicas que pueden revelar cómo era el ambiente y el ecosistema en el que vivieron los homínidos hace 2 millones de años.
  • Perfil de Claudia Marcela López, la joven investigadora y genetista que busca mejorar la calidad de vida de los pacientes con enfermedades genéticas.
  • Las novedades de la Editorial Javeriana de cara a la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2019.

También destacamos el homenaje en nuestra editorial a la memoria de Javier Maldonado, el ictiólogo e investigador javeriano que nos dejó a principios de marzo para enseñar su ciencia y las venas acuáticas de Colombia en lo profundo del río.

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Nuestras mejores historias de creación artística

Nuestras mejores historias de creación artística

Teatro, música, video, danza, ilustración, diseño, literatura, escultura. El año que acaba de terminar fue prolífico para el arte javeriano, y así lo atestiguamos en Pesquisa Javeriana a partir de las diferentes historias que surgieron como proyectos arriesgados, con la mirada única de sus creadores por interpretar un momento del mundo y de la sociedad.

Todos atravesaron un intrincado proceso de investigación y de experimentación, hasta convertirse en aquellas obras que sus creadores habían concebido en un principio. Ahora son parte de su público.

Por ello seleccionamos nuestras mejores historias de 2018 sobre creación artística, esperando que ellas los inspiren a emprender nuevos proyectos en este 2019 que apenas inicia, y en el cual seguiremos atentos a las ideas que surjan en los talleres, salas de ensayo, salones de experimentación y aulas javerianos. Porque a través del arte también creamos cultura y país.


1. Trascender hacia la fantasía

/Cortesía, Cecilia Traslaviña
/Cortesía, Cecilia Traslaviña

Cecilia Traslaviña, profesora de la Facultad de Artes, ganó en 2014 la primera edición del Premio Bienal a la Creación Artística Javeriana con Fabricia, corto animado que narra el agobio de una niña dentro de una fábrica. En este perfil abordamos su trayectoria artística y su trabajo en el salón de clase, con el que ha formado nuevos animadores para la industria cinematográfica colombiana.


2. El arte de describir el mundo con trazos

/María Daniela Vargas Nieto
/María Daniela Vargas Nieto

Por más de 30 años, Juan Pablo Vergara, ilustrador y profesor javeriano, ha venido enseñando las cualidades, técnicas y la atención al detalle que exigen un arte tan preciso como la ilustración científica. En una de sus clases prácticas, aprendimos también la huella que este oficio ha dejado en la historia de la ciencia en nuestro país.


3. El arte del contacto

/Diederik Ruka
/Diederik Ruka

La bailarina y académica británica Anna Furse fue una de las invitadas principales del III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, en el cual expuso su experiencia artística a partir del contacto en la danza. Pesquisa Javeriana la entrevistó sobre los detalles y las experiencias que la llevaron a construir esta teoría.


…Y una mención especial

/Camilo Vieco
/Camilo Vieco

Por medio de la novela gráfica, el equipo liderado por Diana Ojeda, doctora en Geografía e investigadora javeriana, contó el testimonio de los desplazados por la violencia en Colombia a través de las recetas culinarias de sus territorios de origen, o de los refugios en los que salvaguardaron sus vidas. En nuestra reseña de Recetario de sabores lejanos, abordamos un proyecto artístico que busca construir un nuevo país a partir de ejercicios de memoria, resiliencia y reconciliación.

Violencia expuesta, invisible

Violencia expuesta, invisible

Col Savdie

Lo que pasa es que en Colombia nadie quería ver la guerra y ahora nadie quiere ver la paz”.

Esta reflexión, expresada por la historiadora colombiana Diana Uribe Forero define, en toda su magnitud, la obra artística Examen de visión 20/20, que llegó a la Pontificia Universidad Javeriana con el nombre Cero miopía durante la Semana por la Paz.

La obra nació en 2007 cuando, al comentar sobre las masacres cometidas por los grupos paramilitares, la respuesta más común de la gente era: no quiero ver, no quiero saber. En el fondo se entiende el porqué la recurrencia de cerrar los ojos ante situaciones como ésta: “…eran personas de edad que llevaban en camiones amarradas y las instrucciones eran quitarles brazos, piernas, descuartizarlos vivos”, como relata Reinaldo Spitaletta, comunicador social y periodista de la Universidad de Antioquia, magister en Historia de la Universidad Nacional y columnista de El Espectador.

Trasladar 20 noticias de similar horror al lenguaje visual se convirtió en un propósito de una década, agregando a la obra las minas antipersonales sembradas por las guerrillas y los homicidios en persona protegida causados por el Ejército. Cabe recordar que esta situación tan penosa para el país ya había sido expuesta en 2011 en esta misma sede de la Universidad Javeriana.

La obra abordó tres años más tarde la violencia sexual contra la mujer y la población LGBTI (atribuidos a todos los actores del conflicto armado), con el consecuente desplazamiento y desaparición forzada de la población civil. Lo expuesto en diversos lugares del país se basó en la frase “el horror que no quisimos ver, que no pudimos evitar, que no debemos repetir jamás”, de mi autoría. En 2015 por primera vez incorporé un testimonio positivo inspirado en el poema Siempre, de Pablo Neruda: “El día más esperado de nuestra historia es el día final del sufrimiento”. Pasados dos años, en 2017 , se incorporaron los asesinatos a líderes sociales con veinte testimonios más, etapa que coincidió con la visita del Papa Francisco a Colombia y se trasladaron sus mensajes de perdón a la obra gráfica, tal y como lo cita el pontífice: “Es hora de sanar heridas, tender puentes, desactivar odios, renunciar a las venganzas y reconciliarnos en un encuentro fraterno”.

Para este año se recreó un “laberinto” de testimonios que narraban paso a paso los antecedentes a los diálogos de paz, extraídos del informe La posibilidad de la Paz, escrito por Sergio Jaramillo, entonces alto comisionado para la PAz. También se realizó una exposición digital de 20 testimonios en la pantalla gigante institucional con textos tomados de escritores, columnistas, politólogos y académicos. Entre estos, el del expresidente uruguayo Pepe Mujica: “El pasado nunca ha sido enmendable, lo que es reparable es el porvenir. Si el proceso de paz de Colombia fracasa, fracasa América Latina”.

Cero miopía invitó a la comunidad javeriana durante una semana a ver la luz al final del túnel, a encontrarnos con la memoria de un país que pide a gritos que abramos los ojos y que actuemos, cada uno desde nuestras posibilidades por un mejor porvenir. Pero se observó muy poca participación y poco interés de los jóvenes ante esta muestra. Yo esperaba que, en el hall principal del edificio Emilio Arango, S.J., se acercaran más estudiantes a preguntar por la exposición; sin embargo, los jóvenes pasaban de largo, ocupados en sus conversaciones apresuradas, en su “corre, corre”. Por eso, la propuesta Cero miopía concluye con una calificación de miopía total; salvo unos contados casos de javerianos que, al ver y analizar los 60 testimonios expuestos, fueron tocados por el arte y su contenido. Ellos hicieron de esta intervención algo memorable por el significativo aporte de su reflexión. A ellos, gracias sinceras.

A la comunidad general les recuerdo que fuimos una sociedad urbana que se hizo “de la vista gorda” durante la guerra. Nuestro compromiso con la no repetición es fundamental, y para ello debemos estar informados, alertas y participativos. No está en manos de unos pocos la transformación de nuestra sociedad, está en manos de todos; pero la indiferencia abona el terreno para que la impunidad se imponga. Aún seguimos ciegos.

Cero miopía 2

De la tierra al fogón, del fogón a la investigación y de allí al libro

De la tierra al fogón, del fogón a la investigación y de allí al libro

La comida y sus transformaciones revelan historias complejas que conectan, desde los actos cotidianos, geografías distantes del territorio nacional. Cada plato en la mesa expresa relaciones de poder, sistemas socioecológicos y formaciones culturales que se traducen en experiencias con sensaciones, sabores y olores propios.

Cada receta es una ventana a un lugar de Colombia, a sus complejas realidades. Por eso, Diana Ojeda, doctora en Geografía e investigadora adscrita al Instituto Pensar, de la Pontificia Universidad Javeriana, propuso visibilizar las múltiples dimensiones del conflicto, el extractivismo y el despojo en el país a través de recetas tradicionales de cada región. Para lograrlo, trabajó con el guionista Pablo Guerra, los antropólogos Sonia Serna y Julio Arias, y otros cinco coinvestigadores, entre geógrafos, escritores y artistas.

Así nació la novela gráfica Recetario de sabores lejanos, un proyecto de investigación-creación que conjuga la narrativa gráfica con aproximaciones etnográficas a diferentes formas de violencia, el sufrimiento, las estrategias de resistencia y las formas de reivindicación de comunidades rurales, urbanas, étnicas y campesinas que se tejen alrededor de ecosistemas, cultivos, fogones y mesas.

“Hemos explorado las potencialidades de la narrativa gráfica a la hora de contar complejas historias de guerra y de violencia, desde una perspectiva que permite entender cómo se abren paso la vida y la resistencia en medio de circunstancias dolorosas”, explica Ojeda, y añade: “La narrativa gráfica es un lenguaje donde estas historias se pueden contar en un tono íntimo que permite tender puentes a través de la distancia y la diferencia”.

Esta obra recoge las historias del despojo socioambiental que hay detrás de ocho platos. Cada uno de ellos da cuenta de los productos, las formas de preparación, los rituales y las historias individuales y colectivas de las tradiciones culinarias. Además, para cada plato hay una producción fonográfica que, a modo de podcast, permite profundizar en la información.


Viuda de bocachico

  • Lugar: bajo río San Jorge, departamento de Córdoba
  • Investigador: Alejandro Camargo, doctor en Geografía

El bocachico se hierve entre vegetales, envuelto en hojas de plátano, y se sirve sobre una cama de guiso fresco. Este plato es el más representativo del bajo río San Jorge, en el departamento de Córdoba, y al mismo tiempo su historia narra los conflictos, tensiones e incertidumbres que rodean la actividad pesquera en la región.

Por un lado, el despojo histórico de la tierra y el agua hizo que los campesinos se dedicaran mayoritariamente a la pesca y, por el otro, la competencia por los pescados llevó al uso generalizado de tecnologías de extracción que han incidido negativamente en la disponibilidad de las especies. Estas prácticas disminuyeron la cantidad y tamaño de peces como el bocachico, transformaron la dieta y el acceso al alimento, y generaron el consumo de especies antes no contempladas por razones culturales.


Cerdo guisado con tungos de maíz

  • Lugar: sabanas del departamento de Casanare
  • Investigadores: Íngrid Díaz Moreno, máster en Antropología, y Julio Arias Venegas, candidato a doctor en Antropología

 

Ante la incertidumbre por la expansión de monocultivos a gran escala en los llanos colombianos, la autosubsistencia y la abundancia de comida son fundamentales para la gente de las sabanas del Casanare, pues son prueba de su autonomía y soberanía. El cerdo guisado con tungos de maíz ―una especie de bollos de mazorca― es central en su dieta, porque denota la importancia de la agricultura para el mantenimiento de las familias en la región, matiza la idea del sufrimiento por la escasez de alimentos, aleja a las personas del imaginario de la carne de res asociada con la ganadería extensiva y la tala de monte, y pone en duda la idea de la existencia de territorios disponibles para alimentar al mundo con agroindustria a gran escala. La carne de cerdo es adobada con hierbas de las huertas y se sirve acompañada con yuca, plátano o maíz cultivados en medio del monte.


Sancocho de coroncoro

  • Lugar: hacienda Las Pavas, sur del departamento de Bolívar
  • Investigadora: María Alejandra Grillo, abogada y antropóloga
  • Ilustrador: Henry Díaz

Sabores P45 3

La hacienda Las Pavas está ubicada en la isla de Papayal, en el departamento de Bolívar, entre el río Magdalena y el brazuelo de Papayal. Desde los años 60, han llegado personas interesadas en ella por su ubicación geográfica, entre las que se cuentan inversionistas ganaderos con dineros presuntamente provenientes del narcotráfico, grupos armados al margen de la ley y empresarios de la palma aceitera.

Esta situación ha implicado una profunda alteración de las reglas vecinales de convivencia y ha ocasionado que los actores foráneos pongan en riesgo la vida de los habitantes tradicionales de la isla de Papayal. Recientemente, los campesinos ganaron la disputa jurídica por la tierra de la hacienda Las Pavas contra la empresa Aportes San Isidro SAS, que desde 2007 defendía su propiedad ―aunque no la utilizaba― a través de un cuerpo de seguridad encargado de quemar casas, cortar cultivos e intimidar a los campesinos, bloqueando el retorno de la población desplazada.


Productos de la huerta amazónica, la huerta de enredaderas y el huerto de frutales

  • Lugar: piedemonte amazónico, departamento de Putumayo
  • Investigadora: Kristina Lyons, doctora en Antropología

Putumayo es una compleja zona de colonización, receptora de campesinos, indígenas y afrodescendientes desplazados de otras regiones del país. Con la expansión de monocultivos de coca, los ecosistemas de la región han perdido sus recursos naturales. Además, la población ha sido víctima de la guerra debido a las aspersiones con glifosato, los bombardeos militares, las minas antipersonales, la deforestación y la contaminación de los suelos y los ríos por la destrucción de los oleoductos.

Una iniciativa liderada por la Mesa Regional de Organizaciones Sociales del Putumayo, Baja Bota Caucana y Cofanía Jardines de Sucumbíos (Nariño) (Meros), a través del Plan de Desarrollo Integral Andino- Amazónico (Pladia 2035), busca rechazar las prácticas agroextractivistas, resistir el desplazamiento, permanecer en fincas agroproductivas sostenibles y promover la huerta amazónica, la huerta de enredaderas y el huerto de frutales.


Mote de palmito

  • Lugar: Montes de María, región del Caribe colombiano
  • Investigadora: Diana Ojeda, doctora en Geografía

El mote de palmito es una sopa hecha a base de ñame, cebolla, ajo y el palmito que crece de manera silvestre en Montes de María, entre los departamentos de Sucre y Bolívar, región fuertemente afectada por el conflicto armado. Aunque este plato era indispensable para las comunidades en las celebraciones familiares o fechas importantes, como Semana Santa, la incursión de paramilitares en la región hacia finales de los años 90 trajo como consecuencia la destrucción de varias especies del monte, incluyendo el palmito.

Las condiciones de vida de los campesinos de Montes de María todavía son precarias, ya que intentan defender estrategias de sustento, como huertas y parcelas colectivas, en medio del despojo, las amenazas y los atentados contra su vida, y las crecientes dificultades para acceder a tierra y agua debido a la expansión de los grandes monocultivos de palma aceitera, teca y piña.


Aguacafé con limón

  • Lugar: departamento del Quindío
  • Investigador: Juan Camilo Patiño, máster en Estudios Culturales

La historia de la economía de la región del Eje Cafetero ha estado marcada por las bonanzas y las crisis. La caficultura pasó de ser la actividad agrícola que más ingresos generó al país a la que más subsidios necesita del Estado.

En este contexto, Colombia ha intentado posicionarse como el mejor productor de café suave del mundo, siendo el departamento del Quindío el abanderado para hacerlo. Con el fin de competir a nivel mundial, el departamento ha impulsado el auge de los cafés especiales, y con ellos no solo la manera en la que se cultiva el grano, sino también en la que se procesa. Del café de greca y el tinto frío mezclado con aguapanela y limón se pasó a uno mucho más elitizado. Los buenos cafés son de exportación, no para el consumo de los quindianos… La receta evidencia esta ironía.


La bala

  • Lugar: Bogotá, Cundinamarca
  • Investigadora: Sonia Serna, máster en Estudios Culturales
  • Ilustrador: Camilo Vieco

Sabores P45 7

La bala sabe como suena. Se trata de una curtiembre de plátano en puré que se hierve y luego se macera con queso y coco. Aunque este plato es propio de Tumaco (Nariño), donde tiene la función cultural y gastronómica de convocar a la mesa a quienes escuchan el golpe de la piedra sobre la laja de barro, el desplazamiento de las comunidades del Pacífico a Bogotá ha implicado que comerlo se convierta en un lujo, debido a los altos costos que en la capital alcanzan productos como el coco o el aceite de coco, el tiempo que implica prepararlo y las dinámicas sociales alrededor de la mesa.


Tapao de doncella

  • Lugar: Medio Atrato, departamento del Chocó
  • Investigadora: Natalia Quiceno, doctora en Antropología Social
  • Ilustrador: Camilo Vieco

Sabores P45 8

El tapao de doncella, manjar del Medio Atrato, suele prepararse con bocachico, doncella, dentón o barbudo. Es salado, ‘sequito’, y con un sabor bien intenso luego de ponerse un día al sol. El ciclo de estos peces definió por años las actividades pesqueras, la alimentación y las relaciones sociales de la región, pero desde hace más de diez años los pescadores del Atrato dicen que no volvieron a ver una subienda de verdad, que el pescado se ha ‘apartao’ y que muchas especies han desaparecido, ocasionando transformaciones importantes en la dieta de la comunidad.

Una de las razones que los investigadores encuentran de la desaparición paulatina del pescado es la presencia de mercurio en los ríos. El caso que prendió las alarmas ocurrió cerca del río Quito, en la cuenca del Atrato, porque no solo hay poco pescado, sino que el que aparece está envenenado por los desechos producidos por la minería y la explotación de oro en ríos subsidiarios de dicha cuenca, como el Murri, el Sucio y el Truandó.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Recetario de sabores lejanos
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Diana Ojeda Ojeda
COINVESTIGADORES: Pablo Guerra, Sonia Serna y Julio Arias.
Instituto Pensar
Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2017-2018

Ser o no ser cómplice

Ser o no ser cómplice

Fernando Araújo Col

Como usted y como aquél, yo también fui hincha de la Selección Colombia. Y como usted y como aquél, lloré cuando perdía y celebré sus pocas victorias. Eran los años 70 y 80. Willington Ortiz, Víctor Campaz, Diego Umaña, Jairo Arboleda, Pedro Zape y Alejandro Brand, por nombrar solo algunos, eran esa magia que me hacía falta para vivir. Los días de una semana estaban marcados por los partidos de fútbol, o el fútbol era la puerta abierta a la vida. Pero luego fueron sucediendo hechos oscuros y fui conociendo lo que ocurría, o lo que había empezado a ocurrir con el fútbol en Colombia.

Trabajaba ya en un periódico y allí escribía sobre fútbol. En La Prensa empecé a comprender que el resultado de un juego, o lo que veíamos sobre un campo de fútbol, era consecuencia de mil circunstancias, de personajes sombríos, siniestros, de historias teñidas de sangre, de mucha sangre, de mentiras y robos, de resultados amañados en un escritorio. Había un fútbol detrás del fútbol.

Ese fútbol se me presentó completo el 5 de septiembre del 93, luego del legendario 5-0 sobre Argentina en las Eliminatorias para el Mundial del 94. Ese día, esa noche, vi que el fútbol iba de la mano de la muerte, y que algunos de los jugadores que tanto admiraba eran cómplices de quienes habían tomado el poder del fútbol en Colombia a punta de bala y picana. El 6 de septiembre aterricé en Bogotá, ignorante de lo que había ocurrido. Y poco a poco, con estupor, y luego con pánico, me fui enterando de los cien muertos que había dejado la celebración del 5-0. Vi la ciudad regada de botellas y de banderas quemadas y de harina y colillas de cigarrillos. En fin, restos de la alegría de una simple victoria.

Restos de la alegría de una simple victoria en un país como Colombia, donde la vida no vale nada y donde una simple discusión puede terminar con una cuchillada o un tiro en la frente. No había taxis. No había buses. El país había dejado de funcionar sobre el dolor de las familias de las víctimas. Una hora más tarde llegó la Selección de Colombia. El desfile, el himno, el patrioterismo, los políticos subidos al carro de la victoria, igual que los empresarios y los periodistas, los miles de lagartos y uno que otro hincha. Era el baile del oportunismo, al ritmo de los arribistas.

Desde ese día, Colombia fue el centro de cientos de miles de mentiras; el aficionado, el centro del engaño. Quien osara decir que el equipo no iba a quedar campeón del mundo en Estados Unidos, era considerado enemigo público de la nación. Un apátrida. Y llegó el Mundial. Y el equipo perdió. Y de ese perder, de las mentiras, del engaño, de la estupidez, de los periodistas vendidos, de los empresarios vendedores, de la desorganización, de la vanidad de los líderes del equipo, y tantas y tantas cosas más, surgió una noche de sábado un pistolero en un restaurante de Medellín y acribilló a Andrés Escobar. Jamás en la historia del fútbol un jugador había sido asesinado por sus actuaciones en una copa del mundo. Escobar fue el primero.

El 2 de julio del 94 terminé de decidir que yo no quería hacer parte de aquel baile multicolor y sangriento. Comprendí que con nuestro silencio, con nuestro apoyo, nuestro mirar hacia otro lado, nuestro dejarnos llevar por las multitudes, éramos cómplices de todos los crímenes del fútbol. Éramos, de alguna manera, criminales.

 


*Escritor y periodista, editor cultural del diario El Espectador. En sus libros de no ficción, como Pena máxima (1995) y No era fútbol, era fraude (2016), denuncia al fútbol como un deporte que ha dejado de ser transparente. Fue estudiante javeriano, y a la universidad ha regresado a dictar clases y conferencias. Sobre sus días de pregrado, recuerda: “Mi relación con el fútbol en la Javeriana se inició desde que comencé a estudiar allá, pues lo primero que hice una vez me matriculé fue subir a la cancha de fútbol. Desde entonces, me dediqué a armar el equipo de la facultad todos los años, a comprar los uniformes –incluso con mi dinero– y a ver a cuanto prospecto aparecía en primer semestre. En mis ratos libres, el tinto era en las graderías de la cancha de fútbol, y en mis tiempos de clase, el estudio era con diagramas para definir cómo jugaría nuestro equipo el siguiente partido”.

**Fotografía obtenida de Max Pixel (CC0).