Breve recorrido por el arte oculto del ‘Museo Bogotá’

Breve recorrido por el arte oculto del ‘Museo Bogotá’

El espacio público de Bogotá es como un gran museo que alberga obras de arte recientes y otras de hace más de 100 años. A lo largo de calles y avenidas, ellas hablan de la historia de la ciudad, de las relaciones y sentidos que establecen los ciudadanos y el Estado con ellas… Algunas demuestran cuidado y sentido de pertenencia, otras están en completo abandono.

La Secretaría de Cultura indica que existen cerca de 700 esculturas y monumentos en las calles capitalinas, una gran parte de las cuales se encuentra ubicada en la Calle 26 y en la Carrera 7ª, vías que históricamente han sido relevantes para Bogotá. Estas piezas suscitan todo tipo de interacciones: desde las que son veneradas, visitadas y aseadas; las que llaman la atención y generan curiosidad pero de las que el ciudadano poco sabe; las que tienen buen lejos, pero que de cerca exponen desgaste y abandono por múltiples motivos (como que están siendo afectadas por la lluvia y el sol) y, otras –además– porque están cubiertas por grafitis y carteles publicitarios.

El proyecto de creación artística Geografías Ocultas, liderado por Jainer León, profesor del Departamento de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana, buscó generar una reflexión entre los estudiantes –y que se extendiera también a toda la ciudadanía– para revelar, a través de lo visual, detalles ocultos en las superficies de las esculturas, sus texturas, relieves y gestos. “Estos componentes del lenguaje plástico que acompañan la forma visual de estas esculturas pasan desapercibidos para los transeúntes”, explica el investigador León.

Geografías Ocultas expone, sobre todo, reflexiones asociadas a los criterios bajo los cuales una obra se ubica en un espacio, a partir de la pregunta: ¿arte en espacio público o arte para el espacio público? Así, el ejercicio de observación puso en evidencia que muchas obras no son pensadas para motivar conexiones, diálogos, interacciones y encuentros con los transeúntes, sino que son ubicadas en lugares incluso inaccesibles para las personas.

Algunas de ellas se encuentran en lugares de alto tráfico, donde la gente no tiene acceso (como una parte de las esculturas de la Calle 26), en algunos casos hay malos olores, inseguridad y vandalismo. El llamado de atención del proyecto es hacia el papel que cumple o debería cumplir la obra de arte en el espacio público, dado que, como recalca León, “estos objetos se instauran para generar memoria y promover la identidad”. Y lo que está ocurriendo, en muchos casos, es que han sido invisibilizados y poco cuidados.

León propone apostarle a obras pensadas para el espacio público, lo que implica tener en cuenta las características del lugar, el Plan de Ordenamiento Territorial existente y los usuarios que se vincularán directamente con el objeto. “Se necesitan obras para la lúdica, para el descanso, que promuevan otro tipo de relación a la que genera la obra colocada en un pedestal”, agrega el investigador.


EL ‘MUSEO BOGOTÁ’

De las 61 esculturas analizadas por el investigador León, Pesquisa Javeriana destaca ocho que bien vale la pena mirar con atención.

Carrera Séptima

Museo 1
1. Homenaje a Gandi
Técnica:
Ensamblaje
Ubicación: Carrera 7ª con Calle 100
Chatarra hecha arte, así podría definirse Homenaje a Gandi, una de las obras más importantes de la fallecida escultora colombiana Feliza Bursztyn. La pieza, que pesa cuatro toneladas, ha estado varias veces en riesgo de desaparecer por culpa del vandalismo. Esta obra de arte expone diferentes grados de oxidación, pues, antes de unirse, cada una de las piezas tenía una historia distinta.


Museo 2 P
2
. Ciervos
Técnica: Bronce fundido
Ubicación: Carrera 7ª con Calle 72
En pleno corazón financiero de Bogotá y en medio de altos edificios, pastan tres ciervos; alguno, incluso, mira desprevenidamente al transeúnte. El artista colombiano Nadín Ospina, su autor, es reconocido por sus obras de arte inspiradas en el arte precolombino, mezcladas con personajes de la cultura popular como Mickey Mouse y Bart Simpson.


Museo 3
3
. Rita 5:30 p.m.
Técnica:
Ensamblaje en acero
Ubicación: Carrera 7ª con Calle 39
Rita es la mujer negra que acompaña a los transeúntes y vendedores ambulantes del Parque Nacional. Se apellida 5:30 p.m. porque para Enrique Grau, su autor, esa es la hora más feliz del día: es el momento en que termina el trabajo. Ella llama la atención por su gran tamaño y su liguero. “Rita alberga en sus piernas de bronce grafitis de enamorados y demonios, lo hace con paciencia y amor, porque en sus piernas negras y voluptuosas solo hay espacio para la tristeza y el desahogo”, describe una ciudadana, Andrea Corredor, en su blog.


Museo 4
4
. Fuente con reproducción del Mono de la pila
Técnica: Talla
Ubicación: Calle 27, entre carreras 7ª y 10ª
Esta fuente es la reproducción de la obra original (siglos XVI y XVII), en su momento muy significativa para la ciudad porque fue su primera fuente pública de agua. La figura desnuda que aparece en la parte superior sería San Juan Bautista. El apelativo de ‘mono’ podría provenir de la expresión popular para referirse a extranjeros o personas de cabello claro. La famosa frase “vaya a quejarse al mono de la pila” indicaría lo improductivo de las quejas hacia la incompetencia de los gobernantes de la Nueva Granada.


Calle 26
Museo 5
5. Cronos
Técnica: Talla
Ubicación: Portal del Cementerio Central
Muchos lo confunden con Hades, dios griego relacionado con la morada de los muertos, o con la muerte misma, pero realmente la escultura que está en el portal de la entrada del Cementerio Central es del rey griego del tiempo: Cronos. La obra, elaborada por el suizo Colombo Ramelli, se inauguró en 1906. Su brazo derecho está apoyado en un reloj de arena mientras su mano izquierda sostiene una guadaña, símbolo de que el tiempo se agota y la vida llega a su final. Lo acompaña la frase Espectamus resurrectionem mortuorum (esperamos la resurrección de los muertos).
Museo 6
6. Leo Kopp
Técnica: Bronce fundido
Ubicación: Cementerio Central de Bogotá
¿Le parecería extraño escuchar que la gente le habla al oído a una escultura para pedirle algo? Es la escena diaria en el Cementerio Central, donde reposa la escultura realizada por el colombiano Víctor Machado, sobre la tumba de Leo Kopp. La figura, que está inspirada en la imagen de El Pensador de Rodin, es una especie de santo popular que tomó fuerza a raíz de la fama de buen empleador que tuvo Kopp, fundador de la cervecería Bavaria. La leyenda urbana indica que se debe frotar para sacarle brillo y pedirle, al oído y con fe, trabajo.
Museo 7
7. La ventana
Técnica: Mixta
Ubicación: Calle 26 con Carrera 92
En esta obra, hecha en lámina de hierro pintada, es posible observar un cuadro vivo de la ciudad que cambia según la hora, el clima y el ángulo desde el cual se le mire; este portal, del artista colombiano Carlos Rojas González, es un dibujo tridimensional en el que no hay un adentro ni un afuera: todo es paisaje.
Museo 8

8. El Viajero
Técnica:
acero pintado
Ubicación: Calle 26, vía al Aeropuerto Internacional El Dorado
Al ir de afán para el Aeropuerto, resulta casi inevitable sentirse identificado con este hombrecillo gigante, de paso largo y aspecto ejecutivo. Su creador es el artista argentino Antonio Segui, en cuya obra pictórica es posible observar en repetidas ocasiones a este mismo personaje de ‘cabello engominado gardeliano’. Al verlo en detalle se puede detectar que, mientras camina, parece estar haciendo ‘pistola’. También es visible su deterioro.

 

PESQUISA-JAVERIANA-42-BAJA

 

Para leer más
http://catalogodeobras.javeriana.edu.co/catalogodeobras/items/show/7
http://geografiasocultas.wixsite.com/geografiasocultas


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN-CREACIÓN: Geografías Ocultas
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Jainer León
Facultad de Artes
Departamento Artes Visuales
Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014

Lluvia de metales

Lluvia de metales

“Cuando a mí me enseñaron a diseñar alcantarillados, me decían: ‘Hay uno para aguas residuales que debe ir directamente a la planta de tratamiento, y otro para aguas lluvia que va derecho al río, y a grandes rasgos, así se sigue enseñando. Pero desde los años 80 sabemos, por evidencias y estudios en Europa y Estados Unidos, que ese esquema mental es errado”, advierte Andrés Torres, ingeniero civil de la Pontificia Universidad Javeriana. ¿La razón? El agua celestial no es limpia y pura per se, pues no solo recoge contaminantes suspendidos en la atmósfera –desde polvo, gérmenes, gases, materia orgánica e inorgánica hasta trazas de hidrocarburos y otros químicos–, sino también aquellos depositados en cubiertas y canales por donde escurre antes de ser recogida en contenedores –desde materia fecal de aves hasta hongos y residuos de metales pesados de los objetos con los que tiene contacto–.

Con la idea de destronar esa presunción, Torres aporta nueva evidencia a la literatura científica a través de diversas investigaciones, empezando por casa: la universidad. Sus indagaciones comenzaron en 2003 cuando, junto con algunos colegas, contempló la posibilidad de aprovechar el agua lluvia en el campus. Evaluó la pluviosidad de la zona, cuánto se podría recolectar, cuál era la demanda hídrica de la Javeriana y si implementar alguna acción resultaría verdaderamente costo-efectiva. Los resultados arrojaron que la oferta de agua lluvia era interesante y se podría utilizar, pero habría que seguir indagando sobre su calidad para determinar cuáles podrían ser los usos.

Así lo hizo, y con estudios posteriores determinó que, aunque el área tenía un alto volumen de precipitación (1.007 mm promedio al año), el agua lluvia de escorrentía alcanzaría a cubrir el 14% de la demanda hídrica total anual del campus, lo que representaría un ahorro de 24 millones de pesos cada año en consumo de agua potable.

Sin embargo, el agua presentó altos niveles de turbiedad, sólidos suspendidos totales (SST), demanda bioquímica de oxígeno (DBO5, que delata la presencia de microorganismos) y metales pesados como hierro, cadmio, plomo y mercurio. Todos estos indicadores sobrepasaron los límites permitidos por normativas locales y foráneas, consultadas. En consecuencia, el agua no era apta para ningún uso sin tratamiento previo.

El investigador propuso un sistema de filtración en distintas etapas del drenaje y la recolección, la incorporación de películas de carbón activado para absorber hierro, la mejora de las subcuencas existentes, la adecuación de las redes de distribución y la construcción de un humedal que oficia como tanque regulador. Esta última es la primera solución que la Universidad ha acogido, y gracias a ella se capta la escorrentía de un edificio de parqueaderos, la cancha de fútbol y áreas circundantes, que constituyen la más grande e importante subcuenca propuesta en la investigación. Este sistema recibe caudales de 0,04 a 50,6 litros por segundo y el agua allí recolectada se usa en el riego de jardines, una de las actividades en la que más se consume agua potable (21% del total).


Las pruebas salen del campus

Paralelamente, Torres y sus estudiantes desarrollaron estudios en otras zonas de la ciudad. Primero fue en los barrios Villa Alexandra y Acacias, en la localidad de Kennedy, donde recolectaron 53 muestras de escorrentía en viviendas con techos de zinc o cemento entre los meses de febrero-abril y septiembre-octubre de 2010. El análisis de laboratorio confirmó trazas de zinc, plomo, cobre y cadmio, este último en una concentración diez veces mayor al reportado en la literatura en condiciones semejantes, además de SST, BDO5 y alta turbiedad. No obstante, los resultados variaron mucho con respecto al momento meteorológico –en medio o después de una temporada seca o invernal–, al tipo de cubierta desde donde discurría el agua según el material y tiempo de uso, y al tipo y ubicación de la casa.

Algo similar ocurrió en el sector de Bolonia, localidad de Usme, donde la mayoría de las 72 muestras tomadas entre abril y noviembre de 2013 contenía metales pesados, entre otros contaminantes. Las viviendas allí tenían tres tipos de techo (zinc, fibrocemento y plástico) y solo ese factor generó gran variación en los resultados. Hicieron otras pruebas luego de cambiar parte de las cubiertas de algunas casas con materiales nuevos y diversos, y fue evidente la mejora en la calidad del agua y sus potencialidades de aprovechamiento. De hecho, en algunos casos, los investigadores instalaron techos verdes como proyecto demostrativo de agricultura urbana. Esta evidencia los llevó a pensar que no solo el material del techo es fundamental, también su antigüedad, aun cuando esta hipótesis requiere mayor verificación.

Cabe aclarar que todos los análisis realizados son de escorrentía y no de agua lluvia recogida directamente del cielo, pues para Torres esta situación no es realista. “No queríamos alterar las condiciones sanitarias de las comunidades que consumen agua lluvia”, explica este doctor en hidrología urbana. Y, evidentemente, todas las poblaciones que la usan apelan a cualquier elemento para recogerla y conservarla con la idea de usarla indiscriminadamente para todo: desde el consumo humano hasta el riego de plantas, pasando por la cocción y el lavado de enseres.


Advertencia para la salud humana

Usar el agua lluvia, por supuesto, supone grandes riesgos de salubridad. La toxicidad de los metales pesados, por ejemplo, es un factor potencial de generación de cáncer y afectaciones al sistema reproductivo, mientras que agentes microbianos derivan en infecciones y virus. “La contaminación en agua lluvia es bastante común, especialmente por Escherichia coli o, alternativamente, por coliformes termotolerantes”, señala la Organización Mundial de la Salud, e incluye otros microorganismos patógenos como la salmonela.

Cada precipitación se da en condiciones únicas, y circunstancias como la hora del día, la zona geográfica, el entorno, los métodos de recolección y conserva, entre otras, alteran sustancialmente su calidad. Por eso, si se quiere acoger el agua lluvia como recurso y no como desecho, es vital hacer mediciones para definir su aprovechamiento de manera sostenible, lo que se puede lograr en tiempo real aplicando tecnologías relativamente sencillas, y con esa información Torres propone crear una suerte de semáforo zonal que le indique a la gente cuándo puede usar el agua y para qué.

No obstante, para tratar de englobar patrones de uso es necesario, según él, recaudar mayor evidencia empírica. Por ahora, se siente contento de contribuir a la caída de un mito, pues conforme les insiste a sus estudiantes, lo que es muy evidente a veces no lo es tanto, y aunque Newton postuló hace dos siglos y medio la ley de la gravedad, “en hidrología urbana aún hoy estamos viendo y analizando la caída de la manzana”.


TÍTULOS DE LAS INVESTIGACIONES:

  • Towards a Constructed-Wetland/Reservoir-Tank System for Rainwater Harvesting in an Experimental Catchment in Colombia
  • Quality of rainwater runoff on roofs and its relation to uses and rain characteristics in the Villa Alexandra and Acacias Neighborhoods of Kennedy, Bogotá, Colombia
  • Diagnóstico sobre la presencia de metales pesados (Cd, Cu, Hg, Ni, Pb, Zn) en las aguas lluvias de escorrentía para su posible aprovechamiento en el Sector Bolonia, Localidad Usme, Bogotá D.C.

INVESTIGADOR PRINCIPAL: Andrés Torres
COINVESTIGADORES: Jaime Lara-Borrero, Sandra Méndez-Fajardo, Milton Duarte, Sandra Galarza-Molina, Ángela Patricia Gutiérrez y Carlos Daza
Facultad de Ingeniería
Departamento de Ingeniería Civil
Grupo de investigación Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2003 – actualmente

 

¿Cómo hablan los jóvenes bogotanos?

¿Cómo hablan los jóvenes bogotanos?

Todo empezó como un ejercicio de clase, en 2007. El oído afinado de varios lingüistas identificó el uso recurrente de dos prefijos, re- y super-, en el habla de jóvenes colombianos. “Super lindo”, “re tierno”, “super rico”, “re mamón”, escuchaban repetidas veces. La clase terminó, pero después de seis años seguían escuchando frases como “la fiesta estuvo re chimba”. Así empezó una investigación en la que participaron los lingüistas Juliana Molina, del Departamento de Lenguas de la Universidad Javeriana, Jhon Jairo Aguirre, de la Universidad EAN, y Bibiana Romero, del Colegio Mayor de Antioquia, en la que compararon el uso de estos dos prefijos durante 2007 y 2013 en el habla coloquial de los jóvenes en Bogotá.

En Colombia tenemos una gran variedad de dialectos y esto se refleja en un “país con muchas actitudes lingüísticas”, afirma Juliana Molina, y con esto se reafirma que también existe un prestigio lingüístico relacionado con la clase social de una persona. De ahí el “no hable ñero” o “no hable gomelo”, que algunas personas expresan frente a una forma determinada de hablar. De esa manera, la investigación buscó ver cómo funciona el uso de esos prefijos en relación con la estratificación socioeconómica de los jóvenes bogotanos.

“¿Qué dirías si te dicen que te descubrieron una enfermedad terminal?” o “¿qué dirías de una cerveza fría a la orilla del mar Caribe?”. Así empezaban las entrevistas que hacían a jóvenes de 15 a 20 años, a los que también les mostraban varias imágenes que representaban desde un plato de fresas con crema hasta un cadáver. De 60 entrevistas que se realizaron en 2007, 37 personas hicieron uso de los prefijos re- y super- 91 veces; y en 2013, de 60 entrevistas realizadas, 43 personas los usaron 108 veces.

Resultados de la investigación:

Clase socioeconómica baja:
– En 2007 utilizó el prefijo re- 28 veces, y en 2013, el prefijo super- seis veces.
– En 2013 usó el prefijo re- 18 veces, y en 2013, el prefijo super- seis veces.

Clase socioeconómica media:
-En 2007 utilizó el prefijo re- 16 veces, y en 2013, el prefijo super- cuatro veces.
-En 2013 utilizó el prefijo re- solo do veces, y en 2013, el prefijo super- 37 veces

Clase socioeconómica alta:
-En 2007 usó el prefijo re- 20 veces, y el prefijo super-, 17 veces
-En 2013 usó el prefijo re- solo cinco veces, y el prefijo super-, 40 veces

La gente suele pensar que los jóvenes son inmaduros y que su habla no es elaborada, sin embargo, el uso de estos prefijos y sus variaciones a través del tiempo reflejan una identidad juvenil y un rasgo constitutivo que los hace pertenecientes a esa colectividad llamada jóvenes. Cada persona tiene una actitud lingüística frente a los dialectos presentes en Colombia pero, desde este campo de conocimiento, no se puede afirmar que haya una variedad mejor que otra, según Molina.

Para estos lingüistas, no se trata de calificar a alguien como “bien hablado” o “mal hablado” sino de entender que el uso de estos prefijos hace parte de una identidad lingüística que no empobrece el habla sino todo lo contrario, refleja una riqueza lingüística y una creatividad de los jóvenes, algo constitutivo en esa etapa de su vida.

Por ahora, los investigadores han publicado un artículo sobre esta investigación en Colombian Applied Linguistics Journal, publicación de la Universidad Distrital. Estos intereses investigativos se han continuado estudiando, desde el campo de la sociolingüística, en otros espacios sociales.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Estratificación socioeconómica del uso de los prefijos re- y super- en los jóvenes de Bogotá: acercamiento a un estudio diacrónico
INVESTIGADORES: Juliana Angélica Molina Ríos, Jhon Jairo Aguirre Londoño y Bibiana Yaneth Romero Chala
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2007 – 2015
Con el apoyo de Universidad Eafit y Colegio Mayor de Antioquia
Departamento de Lenguas
Facultad de Comunicación y Lenguaje

En Bogotá suenan los cerros orientales

En Bogotá suenan los cerros orientales

Antes de entrar en materia, pido al lector que se imagine los siguientes lugares: un desierto, una playa, un bosque. Seguramente vendrán a su mente objetos visuales que podrá describir con detalle. Pero, ¿y los sonidos? Lo más probable es que no los haya imaginado. Roberto Cuervo, profesor del Departamento de Diseño de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Javeriana, explica que cuando se habla de ‘imagen’ hay una referencia inmediata a algo visual, pero “es un modo de representación mental, que también puede ser sonoro”.

Desde hace seis años, Cuervo ha intentado hacerle resistencia al discurso hegemónico de lo visual. Aclara que no cree que lo visual sea malo, pero sí está convencido de que regirse únicamente por este aspecto elimina la posibilidad de tener un contacto más amplio con el entorno. “Desde lo acústico se pueden generar otras sensibilidades y contar otro tipo de historias”, asegura el profesor, cuya investigación- creación consiste en la grabación del paisaje sonoro de los cerros orientales de Bogotá, su composición y posterior reproducción en el espacio público a través de lo que él llama “artefacto sonoro urbano”.

La ciencia de la grabación y de la ‘escucha’ Cuervo propone la ‘escucha atenta’, que combina tres tipos de escucha ideales para realizar paseos sonoros: la causal, que determina la causa del sonido (el ladrido de un perro); la semántica, que establece el significado del sonido (una sirena de ambulancia que anuncia una emergencia), y la reducida, que precisa las cualidades del sonido en sí mismo (la altura, el timbre, la intensidad y/o la duración). Las grabaciones se hicieron durante más de un año, una vez al mes, en diversos recorridos por la montaña. Cada una se registró en una ficha técnica en la que se diligenciaron diferentes casillas como, por ejemplo, las coordenadas, la hora, la descripción del lugar (urbano, rural, parque…), los tipos de sonidos y su duración, el tipo de grabación, la grabadora utilizada y las especificaciones técnicas, entre otras.

sonoro


“Se llama Con-traste sonoro
porque quería comprender estos
dos ejes paralelos que recorren
la ciudad de norte a sur, y
establecer ese gran contraste
que hay en tan corta distancia”.
Roberto Cuevo,
investigador principal


Luego, Cuervo diseñó una estructura básica de composición sonora (no musical) que instaló en el andén de la carrera 7.a con calle 41 en agosto de 2015, la cual fue montada nuevamente en el marco del evento Artistas al Tablero en agosto de 2016 por medio de una instalación cuadrafónica con cuatro parlantes y dos sensores infrarrojos de movimiento.

Cuervo montó su composición sonora en el evento Artistas al Tablero.
Cuervo montó su composición sonora en el evento
Artistas al Tablero.

La interactividad se iniciaba cuando los peatones pasaban frente al artefacto sonoro, de manera que la composición podía ser modificada por ellos mismos: los sensores de movimiento capturaban la figura de las personas y les daban cualidades a sus movimientos horizontales, verticales y de profundidad. Con el desplazamiento del espectador, los sonidos se hacían más agudos o más graves; aumentaban o disminuían su volumen, lo que modificaba la mezcla y la composición en tiempo real.

A través de esta instalación de arte sonoro, los transeúntes de la carrera 7.a pudieron desarrollar una nueva sensibilidad hacia la riqueza ecológica de los cerros orientales bogotanos. De acuerdo con el profesor Cuervo, “el paisaje sonoro, al igual que las referencias visuales, genera identidad urbana”, por lo que se siente satisfecho cuando los peatones, en medio de tantos sonidos de altos decibeles que compiten por las mismas frecuencias, se detienen a escuchar lo que no pueden ver desde allí (los cuerpos de agua, los insectos, los pájaros…) y son conscientes de su existencia.

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La segregación vista a través de la edificación en Bogotá

La segregación vista a través de la edificación en Bogotá

En los últimos 50 años, el crecimiento vertical de Bogotá, en lo que respecta a edificios de más de 12 pisos, se ha realizado en su gran mayoría bajo una modalidad de construcción, la reedificación, que implica, sencillamente, la demolición de un inmueble para construir uno de mayor altura en su lugar.

Por el contrario, los proyectos adelantados bajo el modelo de reurbanización –que consiste en una reedificación acompañada de nuevas obras paralelas como vías, espacios peatonales, parques, equipamientos y redes de servicio– son escasos.

Este es el planteamiento principal del estudio La reedificación frente a la reurbanización en la construcción del paisaje urbano bogotano, del arquitecto Mg. Germán Montenegro Miranda, profesor del Departamento de Arquitectura de la Pontificia Universidad Javeriana, en el marco de su tesis doctoral en Geografía.

El estudio se concentró en 866 predios con edificios de más de 12 pisos (un predio puede tener más de un edificio) en tres diferentes épocas: los años sesenta del siglo XX, finales de los setenta y la actualidad.

Por medio de un Sistema de Información Geográfica (SIG), se superpuso la información actual de Catastro Distrital con la cartografía del pasado, obtenida del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, para determinar la evolución del paisaje urbano a partir del reemplazo de edificaciones.

Resultado: más de 300 predios corresponden a reedificación y solo alrededor de 52 han sido parte de proyectos de reurbanización; los demás casos corresponden a modalidades de construcción que no interesan en este estudio.

La razón es obvia: para un inversionista es mucho más ventajoso plantear una reedificación, pues no le exige una compleja y costosa negociación con el Estado, necesaria para un proyecto de reurbanización. Sin embargo, lo interesante es que las instancias públicas no imponen restricciones u obligaciones, a pesar de que muchas veces sí existen herramientas normativas para ello, dice Montenegro.

Rascacielos que no cumplen la norma

Un rascacielos tendría que disponer de un área de terreno circundante que guarde una proporción con su altura, de una distancia mínima contra las demás edificaciones y de un proyecto de ampliación de espacios e infraestructura públicos, es decir, debe hacer parte de un proyecto de reurbanización. Así lo disponen las normas en Bogotá, precisa el investigador.

A pesar de que en décadas pasadas en Bogotá se produjeron rascacielos espacialmente ricos y bien concebidos dentro de su entorno (Torres del Parque, Bavaria, etc.), hoy predominan proyectos sin conciencia sobre las oportunidades espaciales que un edificio de estos puede generar. Uno de los casos más discutidos, según el autor, es el BD Bacatá, en la Carrera 5 con Calle 19 de Bogotá, que pasó de 12 a 66 pisos, un proyecto ‘embutido’ entre viejas calles estrechas que se limita a ampliar unos metros el andén y a generar un patio interior, que ignora la altura predominante de sus vecinos (entre 4 y 20 pisos) y su posición con respecto a ellos. Y lo peligroso es que este tipo de proyectos funcionan como un imán que atrae a otros similares por la rentabilidad que genera.

Donde manda capital…

Entre los hitos sobresalientes del paisaje bogotano, que el investigador ha identificado en muestras cartográficas, se destacan varios ‘brotes’ de edificios altos, asociados al vigor económico concentrado en ciertas vías, y a los diseños de las firmas de arquitectos más reconocidas. También sobresale la reedificación de barrios tradicionales que cambiaron drásticamente su paisaje a partir de las normas de redensificación.

El contraste evidente entre El Chicó y la zona de Los Mártires, por ejemplo, es la prueba fehaciente de una situación de segregación e inequidad, que pone de presente Montenegro como otra conclusión importante de su estudio: mientras que en ciertos barrios del norte se descubre una especie de ‘fiebre’ traducida en una reedificación desaforada, que atiende una demanda creciente, sectores tan deprimidos como Los Mártires, Santafé o la Estación de La Sabana esperan en vano la llegada de proyectos de construcción –de cualquier índole, aunque preferiblemente en la modalidad de reurbanización– y observan cómo los inmuebles y la infraestructura urbana se caen a pedazos.

En vecindarios como El Chicó se dieron ciclos muy breves de construcción: las casas o los pequeños edificios de la década de los años cincuenta, sesenta e incluso setenta, se desecharon como si nada y se reedificaron para comenzar un nuevo ciclo.

Al mismo tiempo, en estos sectores pujantes se agrupan los inmuebles más elevados, construidos al ritmo de bonanzas económicas cíclicas. Son las grandes edificaciones que se dirigen al cielo como testigos del poder del capital y del dominio de la empresa globalizada. Es la ciudad ‘moderna’, la ‘de mostrar’, la que aparece en las postales, con la que los bogotanos queremos que nos identifiquen, explica el investigador.

Y la fiebre que se extiende genera verdaderos dramas urbanos, como en Cedritos, un barrio joven donde muchas construcciones están siendo demolidas para levantar edificios de 17 pisos sin que exista la infraestructura para soportar ese crecimiento. El caso del alcantarillado que no da abasto es lamentable, sostiene el autor: “¿Cómo es posible que en áreas del centro de Bogotá con altas necesidades de reurbanización, como parte de la solución de gravísimos problemas sociales, se perpetúe una situación de degradación, mientras los barrios nuevos se someten a estos procesos de locura?, ¿cómo una ciudad se da el lujo de desperdiciar esa ‘fuerza motora de hacer ciudad’?”, se pregunta Montenegro.

La ciudad compacta no es la panacea

A partir del enfoque culturalista, el cual utiliza el concepto de ‘paisaje urbano’, que considera la mirada subjetiva, es decir, el punto de vista de la gente sobre las realidades urbanas, el investigador Montenegro cuestiona el famoso paradigma de la ciudad compacta, señalada como una solución a la expansión de las metrópolis.

Sin desconocer la necesidad de compactar las grandes urbes por miles de razones que ya se han expuesto, el arquitecto sostiene que el proceso no se puede adelantar de cualquier manera, y que hay que comenzar por garantizar relaciones adecuadas entre espacios libres y ocupados, iluminación y ventilación, así como percepciones visuales agradables.

Una ciudad compacta, agrega, debe permitir una mezcla de usos compatibles, sin especialización, que posibiliten la cohesión social. En definitiva, los modelos foráneos no se pueden adoptar de manera mecánica: “deben considerarse las condiciones sociales, la idiosincrasia y la historia de las experiencias locales”.

Un conjunto de rascacielos habitacionales construidos en Ciudad Bolívar ilustra la importancia de la perspectiva cultural: “esa vida en vertical cambia completamente las relaciones sociales, fomenta el individualismo y limita las posibilidades que tiene la calle como punto de encuentro. Se rompen redes sociales que, mal que bien, funcionan en los barrios informales donde se favorece, por ejemplo, la comunicación entre vecinos, el vigor microeconómico y hasta mayor solidaridad”, asegura el investigador.

No es fácil, por supuesto, plantear una solución a un problema en el que se enfrentan las experiencias pasadas de desafortunadas pérdidas del bien general contra unos supuestos derechos adquiridos del bien particular. De todas maneras, Montenegro deja planteada una reflexión a largo plazo sobre la posibilidad de un modelo de ciudad en la que el Estado pueda superar el rol de testigo mudo de la marcha hacia la inequidad.


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Armando el rompecabezas del estado del tiempo en Bogotá

Armando el rompecabezas del estado del tiempo en Bogotá

Históricamente, la predicción del tiempo ha sido de gran importancia para la planificación de las actividades humanas, desde las más urgentes (cuándo sembrar y cosechar, escoger el momento propicio para construir una edificación) hasta las más mundanas (¿lloverá durante la inauguración de un festival de teatro?). En algunos países, estos servicios de meteorología exhiben una precisión asombrosa. Por ejemplo, en el torneo de tenis de Wimbledon, los organizadores utilizaron predicciones con exactitud de minutos para determinar cuándo debían empezar a cerrar el techo de la cancha central porque se aproximaba la lluvia.

En nuestro país, la predicción meteorológica no goza de tan buena reputación. A pesar de que los grandes ciclos de temporadas secas y húmedas son tan conocidos que han impregnado el habla popular (“en abril, aguas mil”), la predicción a corto plazo no es tan exitosa. Muchos aún recurren a la sabiduría heredada de sus padres para decidir si llevar o no un paraguas: que los cerros orientales estén nublados o sentir que la atmósfera produce bochorno suelen ser indicios de lluvias futuras.

El problema para pronosticar el estado del tiempo en Colombia tiene su origen en dificultades reales de la propia geografía del país y en el estudio más bien reciente de nuestro clima, el cual se ha investigado tan solo desde hace unas tres décadas. En cuanto a la situación geográfica, Colombia está localizada en el trópico, aquella zona que recibe más energía solar. Esta energía es la responsable de crear los patrones atmosféricos (las nubes, el viento) y el clima. Cuanto mayor sea la energía recibida, mayor será el movimiento de estos patrones atmosféricos y más difícil será predecir el clima.

Una dificultad adicional se explica por la ubicación del país en la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT), una franja formada por una serie de corrientes de aire que recorren el planeta y que arrastran la humedad procedente del Sahara. Esto convierte a Colombia en uno de los países más lluviosos del mundo y al departamento del Chocó en el más lluvioso del territorio nacional. La humedad se canaliza en las cordilleras, por lo que los cerros orientales, para el caso específico de la capital, constituyen una barrera física y la retienen.

La dificultad en el pronóstico del clima puede desanimar a cualquiera y hacer pensar que dicha tarea es imposible. Sin embargo, para un grupo interdisciplinar de científicos (ingenieros, matemáticos, biólogos, ecólogos y economistas, entre otros) del Instituto Geofísico la Universidad Javeriana, en alianza con científicos de la Universidad Nacional, este escollo es visto como un reto. Su objetivo final es desarrollar herramientas para mejorar la predicción de los patrones climáticos en el corto plazo, es decir, para determinar en qué zona va a llover y con cuánta intensidad. Esta información es vital a fin de establecer la manera óptima de organizar el alcantarillado o qué regiones pueden sufrir inundaciones o deslizamientos, y tomar las medidas respectivas orientadas a proteger a sus habitantes y su infraestructura. Con el objetivo de hacer el problema manejable, su zona de interés más cercana es precisamente la ciudad de Bogotá.

El primer paso para armar este gigantesco rompecabezas climático es reunir la información disponible, la dirección e intensidad de los vientos, la temperatura y humedad del aire o el registro de la cantidad de lluvia que cayó en una zona específica de Bogotá. Esta información proviene de diferentes fuentes, estaciones pluviométricas, imágenes satelitales o radares meteorológicos. En este punto, los investigadores, liderados por el ingeniero Nelson Obregón, director del Instituto Geofísico de la Javeriana, encontraron la primera dificultad: la información del nivel de precipitación es recogida por diferentes estaciones meteorológicas diseñadas para tal fin y localizadas en zonas específicas dentro de la ciudad. Lamentablemente, la distribución de esas estaciones ha dependido de las necesidades particulares de las entidades que las controlan y no de un criterio técnico-científico unificado. Por ejemplo, el Fondo de Prevención y Atención de Emergencias (Fopae) concentra sus estaciones en los cerros orientales de la ciudad, ya que su objetivo fundamental es generar alertas tempranas de inundaciones y deslizamientos de tierra en esta zona. El Acueducto de Bogotá concentra las suyas en algunas microcuencas de su interés. La Secretaría Distrital de Ambiente de Bogotá sigue un criterio con el propósito de medir la calidad del aire, mientras que el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) tiene una estación en el aeropuerto El Dorado (para controlar el tráfico aéreo), y otras zonas de interés hidrológico y meteorológico. Además, gran parte de la información recogida por estas estaciones no es de uso público y recopilarla exige la firma de convenios u otras estrategias.

El objetivo central del grupo de investigación en esta fase del estudio era establecer cómo usar la información recogida por las diferentes estaciones para calcular matemáticamente cuánta lluvia cae en cada punto de Bogotá. Como no existen muchas estaciones, y además están alejadas geográficamente unas de otras, el grupo se dio a la tarea de comparar los diferentes métodos de interpolación utilizados para generar la información de la lluvia que cae en zonas donde no hay datos disponibles, y partió en cada caso de la información con la que se cuenta.

Para explicar en qué consiste la interpolación, nada mejor que un ejemplo. La idea básica es partir de una serie incompleta (con huecos) de números y utilizar aquellos que están disponibles para llenar los vacíos de la forma más lógica posible. A menudo, dicha lógica tiene que ver con la estructura interna del fenómeno que dio origen a esos números. Por ejemplo, si una serie de números es 2, 4, 6, _, 10, el ejercicio de interpolación identificaría que todos los números son pares y que el número faltante debería ser 8.

Por supuesto, el problema real es muchísimo más complejo en varios sentidos. En primer lugar, ya no se trata de una serie de números organizados en una secuencia unidimensional, sino en un mapa. Es decir, la información de la que parten los investigadores es un mapa de Bogotá, dividido en celdas, y solo en algunas de ellas existe información sobre cuánta lluvia cayó en un determinado momento. Las demás no contienen información. El objetivo de la interpolación es deducir, de la manera más aproximada posible, cuánta lluvia cayó en ellas.

Otra complicación tiene que ver con el fenómeno que da origen a los números observados. En el ejemplo anterior, la secuencia de los números pares. En el caso de esta investigación, la manera como la lluvia se distribuye sobre la ciudad de Bogotá y como se desplaza sobre ella en el tiempo.

Los investigadores no proponen un modo de interpolación nuevo, sino que pretenden comparar diferentes métodos matemáticos, todos ellos con una larga tradición en el estudio de problemas similares. Estos son el kriging, el inverso de la distancia (IDW) y el V4. La idea es tratar de ver cuál se ajusta a las características de la lluvia en Bogotá.

¿Cómo valorar cuál es el mejor método? El grupo de investigación utilizó una herramienta sencilla pero eficaz, conocida como validación cruzada. La idea es simple: se parte de una serie completa de datos y luego se borran algunos de ellos. A partir de los datos que restan, se utilizan las diferentes técnicas de interpolación que se quieren comparar para llenar los vacíos dejados en la serie original. Finalmente, se comparan los valores arrojados por los diferentes métodos de interpolación con los valores reales. El mejor método será aquel que esté más cerca de la realidad.

Para este caso, los ingenieros y matemáticos decidieron “borrar” la información de cinco de las estaciones observadas, aplicar los diferentes métodos de interpolación y comparar los resultados arrojados por cada uno con la información real de las estaciones “borradas”. La cercanía entre los valores calculados por los métodos de interpolación y los reales se determina calculando la suma de los errores (las diferencias entre ambos valores). También es posible hallar las correlaciones entre ambos valores (a mayor correlación, mayor coincidencia entre los valores interpolados y los reales) o comparar los valores gráficamente.

A partir de este estudio, el grupo de investigación puede aconsejar en qué lugares sería deseable instalar nuevas estaciones para monitorear el clima en Bogotá (niveles de lluvia, dirección y magnitud de los vientos, etc.). “Esta investigación también corrobora que los grandes aguaceros que afectan a la ciudad lo hacen con mayor frecuencia en las horas de la tarde y se concentran en los cerros orientales”, concluye Hugo Rico, ingeniero civil e investigador del Instituto Geofísico. Según los resultados, los meses de mayor precipitación son abril y mayo, durante el primer semestre, y septiembre, octubre y noviembre, en el segundo. Finalmente, para mejorar el conocimiento y la predicción del estado del tiempo, es necesario integrar la información recogida por las diferentes instituciones que monitorean el clima en Bogotá, que hasta el momento tiene un carácter más bien disperso.

En la creación del sistema integrado de información y en el refinamiento de las metodologías matemáticas y físicas, este grupo de científicos está logrando no solo pronósticos acertados del estado del tiempo en Bogotá, sino un conocimiento histórico del clima colombiano que reemplaza con investigación a los más insólitos adivinos del tiempo en la capital.


Para saber más:
» Vargas, A. et al. (2011, junio). “Análisis de la distribución e interpolación espacial de las lluvias en Bogotá, Colombia”. Dyna (Medellín) 78 (167): 151-159.

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El factor económico es el culpable de una mala alimentación

El factor económico es el culpable de una mala alimentación

Si los chapinerunos no comen de manera saludable, no es porque ignoren cómo hacerlo. Son razones de tipo económico las que los hacen preferir alimentos poco sanos. Esta es la conclusión a la que llegaron los profesores Luisa Tobar, Luis Fajardo y Luz Nayibe Vargas, después de desarrollar su trabajo de investigación titulado “Exploración cualitativa de las percepciones de familias de estratos 1, 3 y 5 en Bogotá, frente a atributos de la alimentación saludable” realizado en la Universidad Javeriana.

El trabajo, además de sistematizar los datos obtenidos y las percepciones manifestadas por el grupo en estudio, mostró como resultado principal que, no importa el estrato social al que se pertenezca, la gente en general conoce el significado de alimentación saludable y de seguridad alimentaria. Sin embargo, es su capacidad adquisitiva, principalmente la de quienes pertenecen al estrato 1, la que restringe la adopción de patrones de alimentación saludable. Por ello prima el consumo regular de alimentos que preferencialmente eliminen o disminuyan la sensación de hambre.

Las dos categorías estudiadas fueron la seguridad alimentaria y la alimentación saludable, temas que han preocupado a los investigadores que forman parte del grupo de investigación Alimentos, Nutrición y Salud, desde su creación en el año 2004.

La nutricionista y dietista Luisa Tobar recuerda que, justamente en ese año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió un documento en el que propuso estrategias alrededor de la alimentación saludable y la actividad física. En este, planteaba alternativas para prevenir o disminuir las enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a un número importante de discapacidades y muertes alrededor del mundo.

Se inicia el trabajo

Alineados con las directrices a nivel mundial, y con el apoyo de la Universidad Javeriana, el grupo de investigación inició el trabajo, al que se unieron tres estudiantes que elaboraron algunas de las entrevistas semiestructuradas y aplicaron las encuestas. En el estrato 1,
entrevistaron a un representante de familia de las casas de La Calera, zona rural que pertenece a la localidad de Chapinero. Para el estrato 3, trabajaron con un representante de familia de las casas de Chapinero central, clasificadas así por la Alcaldía, aunque encontraron que en varias de ellas lo que realmente existía eran inquilinatos. La estrategia de muestreo para contactar al familiar de estrato 5 fue el voz a voz.

Por cada grupo social, las herramientas se aplicaron a trece personas. Solo en el estrato 1 predominaron las madres de familia muy jóvenes, mientras que en los otros grupos sí se incluyeron personas de mayor edad. Para el diseño metodológico, se consideró la exploración cualitativa, cuyas categorías de análisis eran conocer la percepción de los encuestados sobre alimentación saludable, los hábitos de compra, la frecuencia de consumo, la forma de preparación y de consumo de los alimentos, y la percepción de la gente con respecto a su propio peso y su alimentación. Esta última categoría, dice la nutricionista Tobar, surgió debido a que en algunos estudios se ha mostrado que la población colombiana tiende a expresar afecto a través de la comida y se considera que estar subido de peso es una demostración ser querido y estar bien alimentado.

Como resultados del estudio se encontró que, en los tres estratos, muchos de los aspectos de la teoría sobre la alimentación saludable son conocidos por la gente. No obstante, factores como las características socioeconómicas restringen tanto la seguridad alimentaria como el acceso a una alimentación saludable. Si la gente no cuenta con recursos suficientes, aun cuando tenga claro el concepto de alimentación saludable, compra lo que le gusta (incluso condicionada por la publicidad); y, a su vez, lo que pueda, dependiendo del dinero y del tiempo para el cual está realizando la compra.

Los hallazgos

El tema es complejo. Así resumieron los científicos algunos resultados de la investigación. En el estrato 1, se consume con frecuencia ala del pollo pero no completa, sino solo la porción que no incluye la colombina (la porción del ala más parecida al muslo, pero en tamaño pequeño), que es donde se encuentra mayor cantidad de proteína. Esta presa del animal, que tiene poca carne, es muy demandada por el sabor que le da a la comida, independientemente de su aporte nutricional.

En las familias de estrato 3, se conoce el discurso de la alimentación saludable, se considera que estos temas son bien manejados por el personal de salud y que la alimentación saludable, si bien es poca, es entregada preferencialmente a los miembros del grupo más vulnerables.

Un resultado que no extrañó a los investigadores es que son los jóvenes, principalmente de estrato 5, quienes más consumen comida “chatarra”, mientras que los adultos tienden a tener patrones de consumo considerados como saludables.

A pesar de los resultados anteriores, sin duda el de mayor impacto social fue evidenciar que la gente sí cuenta con los conocimientos relacionados con la alimentación saludable y que, a pesar de esto, no los aplica por falta de recursos económicos, suceso más frecuente en los estratos 1 y 3 que en el 5. Para analizar los resultados, se compararon con la Encuesta de la Situación Nutricional (Ensin 2005) realizada en Bogotá. Coincidieron en que un importante segmento de la población se percibía en inseguridad alimentaria (el no contar con los recursos económicos para comprar la canasta de alimentos para su familia en el corto plazo). En el estrato 1 se consumen prioritariamente alimentos ricos en calorías y que calman el hambre, y este grupo no alcanza un sano balance en el aporte nutricional.

Esta es una de las razones que ha llevado en nuestro país a tener sobrepeso y obesidad, lo que es propio de los países desarrollados, sin dejar atrás las deficiencias nutricionales, característica de países en vías de desarrollo. El Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (OSAN) evidencia un proceso de transición epidemiológica, reflejado en importantes problemáticas nutricionales relacionadas tanto con el déficit como con el exceso. Este último es menos frecuente en los estratos altos, que tienen capacidad de compra de muchos alimentos, ya que este grupo tiene el conocimiento y la capacidad adquisitiva para una alimentación balanceada.

Estudios cualitativos como estos llevados a cabo en la Universidad Javeriana, en los que se realiza un muestreo por conveniencia (personas seleccionadas aleatoriamente), y en los que es más importante la profundidad de la información que el número de entrevistados, sirven para demostrar las condiciones sociales y las oportunidades que la gente de estratos bajos tiene en torno a su calidad de vida. Las personas se acostumbran a vivir y a recibir ayudas externas que no necesariamente contribuyen con una alimentación saludable.

Si bien Colombia, y en especial Bogotá, cuenta con políticas de seguridad alimentaria, en la práctica se requiere aún una mayor decisión y seguimiento para que causen impacto en las familias vulnerables.

Con los resultados de esta investigación, los científicos regresaron a los sitios encuestados para dar charlas y entregar folletos que explican la importancia de la alimentación saludable. Recomiendan estudiar cómo impactar al Gobierno y a la sociedad para que no sea el factor económico el que restrinja este tipo de alimentación. Por otro lado, y con el ánimo de no dejar este conocimiento limitado a unas familias de una localidad de Bogotá, los resultados fueron presentados en un Congreso Mundial de Nutrición.


Para saber más:
»Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (OSAN). (2014). Boletín 001. Disponible en: http://www.osancolombia.gov.co/. Recuperado en 03/07/2014.

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