¿Por qué la pandemia golpeó tan fuerte al Amazonas colombiano?

¿Por qué la pandemia golpeó tan fuerte al Amazonas colombiano?

El 16 de marzo de 2020 restaurantes, comercios, aeropuertos y casi toda la actividad productiva no esencial se detuvo en Colombia ante la llegada de la covid-19. La mayoría de las personas se confinaron en sus hogares con la idea de prevenir el contagio y hacer tiempo para que el sistema de salud pudiera prepararse y atender la inminente emergencia sanitaria que llegaría luego de ver cómo avanzaba el virus en Asia y Europa.

Mientras los casos avanzaban (uno para el 6 de marzo y 196 quince días después), el virus SARS-CoV-2 se iba acercando al Amazonas, departamento que cuenta con solo un hospital público para cerca de 80 mil personas, de las cuales (y según el DANE), el 34.9 % se encuentra en pobreza multidimensional y el 35 % con necesidades básicas insatisfechas, (indicadores superiores al promedio nacional, 19.6 % y 34. 9%, respectivamente.

A este escenario de vulnerabilidad se le sumó que el 20 de abril, tres días después de que se registrara el primer caso de covid-19 en el departamento, renunciaron cerca de 30 médicos del hospital San Rafael de Leticia. La razón: no tenían las garantías en equipos ni infraestructura para protegerse ni atender a la población contagiada. Además, había retraso en sus pagos.

Por si fuera poco, algunos de los médicos disponibles estaban en cuarentena, entonces se abrió una convocatoria para que profesionales en medicina de otras partes de Colombia trabajaran en el Amazonas. Pero ya era 27 de abril, los casos confirmados en el departamento eran 40 y el viceministro de Salud, Alexander Moscoso, dijo en la Comisión Tercera del Senado que ningún médico había atendido la convocatoria.

A pesar de los esfuerzos por mejorar las condiciones de los galenos (Moscoso comentó en la comisión que se llegó a un acuerdo de pago y de entrega de implementos para los médicos), ya no había tiempo para prevenir lo que pasaría en las semanas siguientes, pues al 3 de junio, Amazonas registraba la tasa más alta de mortalidad por millón de habitantes con 65 fallecidos y 1.898 casos confirmados, como lo documentó la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

A las renuncias y los altos índices de vulnerabilidad se le añade que el hospital contaba con 57 camas para la atención de pacientes, pero con ninguna Unidad de Cuidados Intensivos.

COVID-19 y Amazonas en el 2020

Lo anterior solo responde a la llegada del virus a este departamento y el virus, como era de esperarse, continuó expandiéndose, así que investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana orientaron el trabajo de maestría en Salud Pública de Diana Carolina Urrego Ricaurte, médica general de la Universidad Juan N. Corpas, trabajo que presentó en el XVI Congreso La Investigación, que se llevó a cabo del 14 al 17 de septiembre.

Urrego tituló su pesquisa como Aspectos demográficos, sociales y económicos potencialmente asociados a los resultados de la pandemia por el COVID-19 en Colombia, con enfoque especial en el departamento del Amazonas, para la cual utilizó un método mixto concurrente en el que combinó metodología cuantitativa y cualitativa.

Los resultados del análisis que abarcó desde el inicio de la pandemia hasta el 31 de diciembre de 2020 arrojaron que la mortalidad en indígenas del departamento del Amazonas fue 2.6 veces más alta que en el nivel nacional; además, los casos importados (traídos del exterior), fueron 20 veces mayores que en cualquier otro lugar del país.

Este último dato, dijo Urrego, se debe a que Leticia se encuentra muy cerca de Tabatinga, una ciudad ubicada en Brasil, y que “culturalmente se comportan como un solo territorio”. En consecuencia, y debido a las tenues (y casi nulas) restricciones de Brasil para contender la pandemia “y en un contexto como el de Leticia, en un extenso territorio fronterizo poco controlado, llevó a que las personas se desplazaran en busca de trabajo, precios más económicos en el comercio y para continuar con sus actividades de esparcimiento”.

La suma de un abandono histórico

En un momento, reportó Urrego, el personal de salud no contaba con los equipos para tratar pacientes, así que tuvieron dificultades para aplicar las pruebas diagnósticas de covid-19; además, la planta de oxígeno del hospital colapsó y con ella, la capacidad de atención.

La investigadora, que además es asistente de investigación en el Instituto de Salud Pública de la PUJ, resume cada una de las situaciones presentadas en el Amazonas como resultado de una “pobre oferta de servicios de salud, pues dado que no se tenía la infraestructura, equipos ni personal médico necesario para hacer frente a la demanda y complejidad de los pacientes, debieron ser remitidos, aumentando el tiempo de recuperación. Asimismo, la demora en el procesamiento de las muestras para diagnóstico y la dificultad para la aplicación de definición de caso en la zona de frontera, posiblemente aumentó el tiempo del diagnóstico con el nivel nacional”.

“Este desabastecimiento de personal, insumos y equipos médicos, sumado a la deficiencia en la prestación de los servicios, se tradujo en muertes que, según algunos médicos entrevistados, de haber tenido elementos necesarios, pudieron haberse evitado”, añadió Urrego al presentar su investigación.

El reto es reducir brechas

La población indígena en el departamento del Amazonas es cercana al 48 % y, como lo mencionó Urrego en su presentación, se debe mejorar la relación entre la medicina occidental y la tradicional, pues debido a la falta de atención o el retraso en la misma, como resultado de todos los problemas ya descritos, muchas veces los indígenas no recibieron la atención necesaria.

“Es importante fortalecer el sistema de salud y garantizar el acceso a los territorios distantes. Se exalta la importancia de hacer presupuestos en salud flexibles que permitan hacer adecuaciones según necesidades específicas de una población. Se deben buscar mecanismos para cerrar las brechas entre medicina tradicional y occidental”, señaló la investigadora.

La situación en términos de contagio en Amazonas se ha estabilizado en los últimos meses, incluso, Julián Fernández, director de Epidemiologia y Demografía del Ministerio de Salud y Protección Social, publicó que la última muerte asociada a la covid-19 en Leticia se registró el 9 de agosto de 2021.


Aunque aparentemente lo más grave ya haya ocurrido y recientemente no se han vuelto a tener los registros que reportó el departamento en el 2020, aún quedan deudas pendientes para garantizar un acceso de calidad a los servicios de salud en el Amazonas.

“Las comunidades vulnerables están pagando el precio más alto frente a la pandemia. Son territorios con poca presencia del Estado, comunidades con bajos ingresos económicos y altos índices de informalidad laboral”, así que la recomendación es “planear y rediseñar políticas dirigidas a mejorar sus condiciones de vida y bienestar, y por ende su capacidad de respuesta y recuperación ante esta pandemia y cualquier otro posible fenómeno agresor en el futuro”, finalizó Urrego.

Toninas del Orinoco, una de las especies más amenazadas del planeta

Toninas del Orinoco, una de las especies más amenazadas del planeta

Los delfines de río se distribuyen en Suramérica y Asia y se encuentran entre los cetáceos más vulnerables a la extinción en el planeta debido a diferentes actividades humanas. En Suramérica habitan dos de estas especies y las dos se encuentran en la categoría En Peligro de extinción (EN) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y están listadas en la resolución 1912 de 2017 que incluye las especies silvestres en alguna categoría de amenaza de Colombia.

Se trata del delfín rosado o tonina (Inia geoffrensis), que habita en las cuencas del Amazonas, Orinoco; y Araguaia – Tocantins; y el delfín gris o tucuxi (Sotalia fluviatilis) que se encuentra en el Amazonas.

Las amenazas que enfrentan las poblaciones de toninas en la Orinoquía, principalmente debidas a diferentes actividades humanas, motivaron a un equipo de investigadores de la Fundación Omacha y del Laboratorio de Ecología Funcional (LEF-UNESIS), de la Pontificia Universidad Javeriana, a estudiar en tiempos de pandemia, la ecología del movimiento y las causas de la reducción de la población de estos cetáceos y sus hábitats en el Orinoco colombiano.

Gracias a esta investigación fue posible instalar en la aleta dorsal de dos delfines rosados pequeños transmisores satelitales (90gr de peso) para estudiar sus movimientos y uso de los ambientes acuáticos en dos machos adultos de la especie. En esta primera fase de la investigación se instalaron dispositivos en dos individuos de la cuenca del río Orinoco; y durante la segunda fase (2021-II), se instalarán igual número de dispositivos en delfines de río que habitan en la cuenca del río Amazonas en Colombia.

 

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Así fue implantar transmisores en los delfines

En el procedimiento participaron alrededor de 14 personas. Entre los participantes se encontraron veterinarios, biólogos y pescadores y demoró alrededor de diez y doce minutos después de la captura, la medición y pesaje del animal, al igual que la instalación del transmisor satelital.

Podemos seguir los desplazamientos de los delfines a través de la tecnología denominada telemetría satelital, en la cual, el transmisor emite alrededor de 250 registros diarios que van hacia un satélite de la plataforma Argos que luego envía en tiempo real las localizaciones a la plataforma de Wildlife Computers, donde accedemos a la información de los movimientos de los animales. Estos registros tienen un valor incalculable en términos ecológicos y de conservación para establecer áreas de uso y posibles amenazas y riesgos.

Los primeros registros no muestran que los delfines hagan uso de la confluencia entre el río Orinoco y caños como Negro, Verde y Tesoro, que se originan al interior de las sabanas de la Orinoquía. Presentan desplazamientos de hasta 25 kilómetros entre canales y las confluencias en busca de alimento, además de una intensa interacción entre los individuos de esta población, lo que evidencia comportamientos gregarios y de grupo.

 

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¿Para qué estudiar a los delfines?

Las toninas presentan dimorfismo sexual, en este caso las hembras suelen ser más pequeñas que los machos adultos de la especie que pueden alcanzar una longitud máxima de 255 cm y un peso de 220 kg. Su coloración rosa se debe a procesos de vasodilatación, como estrategia para regular la temperatura corporal, y su cuerpo es extremadamente flexible para facilitar sus movimientos durante el periodo hidrológico de aguas en ascenso.

El director científico de la Fundación Omacha, Fernando Trujillo, quien ha estudiado por más de 30 años a estos increíbles cetáceos, resalta la importancia de esta información científica para la construcción de mecanismos que apoyen las acciones de gestión y manejo de las poblaciones de los delfines de río y sus hábitats, teniendo en cuenta que además es un gran aporte a la Iniciativa Suramericana de Delfines de Río, SARDI.

Por otro lado, acciones como el Conservation Management Plan (CMP por sus siglas en inglés), la recategorización a En Peligro (EN) del estado de amenaza ante la UICN, la actualización de la resolución 1912 de 2017 que ubicaba a los delfines de río como especies en condición vulnerable (VU) y pasaría a la categoría En Peligro (EN), y el seguimiento satelital de delfines de río generan información de base para la identificación de hábitats claves para los delfines y, de esta forma, promueven la designación de áreas para su conservación, como los sitios Ramsar con los que ya cuenta el país: lagos de Tarapoto, la cuenca del río Bita y la Estrella Fluvial del Inírida.

Jairo Pérez-Torres, director del Laboratorio de Ecología Funcional, miembro del Grupo de Unidad Ecológica y Sistémica (LEF-UNESIS) y docente investigador de la Javeriana, resalta que los delfines de río desempeñan un papel importante en la salud de las pesquerías, la cultura de las comunidades ribereñas y el apoyo a la economía local mediante prácticas sostenibles como la observación responsable de los delfines de río.

Finalmente, este estudio busca sensibilizar a los colombianos sobre el estado de conservación de los delfines de río y los ecosistemas donde habitan. La acelerada transformación y degradación por la sobrepesca, los efectos negativos del cambio climático, la contaminación por la minería ilegal y la disminución de los caudales por deforestación son los factores que más amenazan a estas importantes especies, que solo se encuentran en Suramérica y Asia.

Federico Mosquera-Guerra PhD, es investigador postdoctoral, pertenece al Laboratorio de Ecología Funcional – LEF, a la Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS) y al Departamento de Biología Pontificia Universidad Javeriana. También es Investigador de la Fundación Omacha*.

‘Sembrar nos une’, ¿es suficiente para salvar los bosques colombianos?

‘Sembrar nos une’, ¿es suficiente para salvar los bosques colombianos?

Debido a la contingencia sanitaria ocasionada por el COVID-19, fue postergada la jornada Sembrar Nos Une, de Minambiente, que pretendía la siembra de cinco millones de árboles durante este fin de semana.

No obstante, teniendo presente el Día Internacional de los Bosques, es una buena ocasión para reflexionar sobre la acelerada pérdida de bosque en el país y en el mundo. Evidencia de ello es que en 2019 se afectaron dos millones de hectáreas por incendios forestales en la Amazonia, según el Instituto Nacional de Investigaciones Especiales de Brasil (INPE).

La sucesión natural es la manera como los diferentes ecosistemas renuevan las especies que lo conforman a lo largo del tiempo. La restauración ecológica asiste los procesos de renovación de biosferas que han sido perturbadas por causas naturales o antrópicas (acciones humanas). Es válido el esfuerzo del gobierno nacional de comprometerse con la siembra de 180 millones de árboles en dos años. Sin embargo, eso no es restauración, según afirman los expertos de la Universidad Javeriana que fueron entrevistados (Ver video).

Esa masiva reforestación no lleva necesariamente a la recuperación de los ecosistemas, dado que esa asistencia a los procesos de sucesión natural debe tener en cuenta la integralidad y la simultaneidad de las acciones restauradoras. Cabe tener en cuenta que Colombia posee 70 tipos de ecosistemas naturales que se relacionan entre sí y por consiguiente cualquier impacto en uno de estos genera repercusiones en los que los rodean. Por eso, el Plan Nacional de Restauración Ecológica, Rehabilitación y Recuperación de Áreas Degradadas busca orientar las acciones para recobrar la diversidad de los ecosistemas impactados en el país. Una inadecuada implementación durante la restauración ecológica no solo es una pérdida de recursos, sino que además puede generar otro tipo de impactos y afectaciones a dicho territorio.

Ignacio Barrera, coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica; y los profesores Sofía Basto y Fabio Gómez, del Departamento de Biología, aclaran cómo los procesos mencionados deben realizarse de forma integral y simultánea entre los diferentes ecosistemas y resaltan la importancia de implementar el Plan Nacional de Restauración a nivel territorial, con apoyo de los gobiernos locales, las corporaciones autónomas regionales y las comunidades.

https://youtu.be/KGoemfu0Uz0

Imágenes de apoyo Pesquisa Javeriana | Videezy | Pixabay | Pexels

Una experiencia de restauración ecológica integral

La Escuela de Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana diseñó un plan de rehabilitación de los ecosistemas que fueron impactados por la construcción del embalse Amaní y de la Central hidroeléctrica La Miel 1, al nororiente de Caldas, municipio de Samaná. Esta iniciativa incluyó un elemento innovador durante su implementación: la recuperación del tejido social afectado también por el conflicto armado.

 

Fragmentos de oportunidad: restaurando arrecifes de coral

Los ecosistemas de coral son los encargados de regular la acidez del océano. La pérdida de estos altera la capacidad que tiene el mar de regular la temperatura del planeta. El profesor Fabio Gómez comparte parte de su experiencia como restaurador de corales a través de una técnica llamada Fragmentos de oportunidad.

Imágenes cortesía Procoreef

Javier Maldonado y su vocación desaforada

Javier Maldonado y su vocación desaforada

Con morral al hombro, su gorra bien puesta y botas de caucho, el ecólogo Javier Alejandro Maldonado, profesor del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, recorre las zonas más inexploradas de la cuenca amazónica colombiana, con el objetivo de encontrar información sobre peces que, bajo las aguas, permanecen ocultos y no han sido reconocidos, pues allí está la mayor biodiversidad de peces de agua dulce en la tierra.

Ante la necesidad investigar la existencia de estas especies inexploradas en la Amazonía y consolidar proyectos de conservación, Maldonado, junto a profesionales de siete países de Latinoamérica y Europa, actualmente construye la base de datos más grande y robusta de información sobre biodiversidad de peces de agua dulce en la cuenca del Amazonas, todo esto para llenar los vacíos de información a través de expediciones en diferentes partes de la cuenca. Dicha tarea inició en 2015 y se consolidó en enero de 2018 cuando firmó, junto al expresidente colombiano Juan Manuel Santos y el exministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de la época, Luis Gilberto Murillo, un acuerdo de entendimiento con el fin de coordinar esfuerzos para cumplir con esta titánica tarea durante un periodo de cinco años.

“Con todos los datos que tenemos actualmente, sabemos que, en términos de peces, el territorio menos conocido en toda la cuenca amazónica es el colombiano, así que lo que hacemos es ir a campo para llenar esos vacíos identificados por medio de expediciones a sitios donde nadie ha ido a colectar peces”, señaló a Pesquisa Javeriana el docente javeriano sobre el proyecto Amazon Fish.

Las expediciones en busca de cumplir este objetivo han sido largas y extenuantes, cuyos resultados publica periódicamente en revistas científicas, sin dejar de compartir todos sus hallazgos con colegas, las comunidades que visita y sus estudiantes. Su curiosidad por la investigación lo ha llevado a recorrer gran parte de las regiones apartadas de Colombia para deslumbrarse con los paisajes del Amazonas, del río Magdalena y de la Orinoquía.

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Como parte de los hallazgos que han llevado a este amante de los peces a seguir con su labor de escudriñar las aguas, está el descubrir, junto a investigadores del Laboratorio de Ictiología de la Javeriana y colegas de la Universidad de Toronto en Canadá, la existencia de un curioso pez color rojo. Se trata de la especie Phreatobious, encontrada en el pie de monte llanero. La estructura física de este animal es similar a la de una lombriz, motivo por el cual los pobladores de la zona se lo daban como alimento a las gallinas de la zona; sin embargo, resultó ser un bagre de aguas subterráneas; aunque sus ojos no funcionan bien en la oscuridad, son los bigotes de su cabeza los que le sirven para orientarse.

Esta información, a su vez, ha puesto a trabajar a científicos en el análisis de esta nueva especie que aún no tiene nombre. Como parte de un juego de palabras, ante la pregunta: ¿se llamaría Phreatorius yopalensis, por Yopal? Maldonado responde:“Podría ser también Phreatorius gallinensis”.

Los placeres de este ecólogo con alma de biólogo, de 42 años, van más allá de la investigación y de recorrer las carreteras de nuestro país en bicicleta, pues su genuino gusto por la conservación del ecosistema lo acompaña en cada recorrido. De ahí, su preocupación por el impacto que tienen las hidroeléctricas en el medio ambiente, pues según el artículo Fragmentation of Andes-to-Amazon connectivity by hydropower dams, del cual Javier Maldonado aparece como coautor, las represas alteran el hábitat de los peces y crean insalvables barreras para su movimiento a través de los ríos.

Además, entre las consecuencias ambientales que Maldonado encuentra en los proyectos hidroenergéticos, está el rompimiento de la conectividad de la biodiversidad entre los Andes y el Amazonas, los cambios en la temperatura del río por los cortes de agua y cómo las represas influyen en el flujo natural de los sedimentos del río; según el investigador, porque los sedimentos “son los que le dan la riqueza al agua, los que nutren los planos de inundación”.

Investigar y conservar son palabras que se quedan cortas para describir lo que Javier Maldonado quiere lograr con lo que hace como ictiólogo. Su deseo por divulgar la ciencia lo ha llevado a buscar nuevas formas de narrar el conocimiento científico generado en sus investigaciones y a promover conciencia sobre la conservación de los ecosistemas acuáticos colombianos, del bienestar de los peces y las comunidades asentadas a lo largo y ancho de la extensa red hídrica colombiana.

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Resultado de su trabajo en busca de especies inexploradas, surgió su pasión por trabajar con pobladores de las regiones. Por eso, un ejemplo de esto ocurrió el pasado 10 de febrero cuando Maldonado inició un recorrido por cuatro escuelas del Magdalena Medio para concientizar a los niños de esta región sobre la conservación del bagre rayado, especie afectada por la sobrepesca. “En su rostro se vio la emoción, no solo de transmitir sus conocimientos sino de compartir con los niños, con los pobladores y con sus colegas”, según recuerdan periodistas de Pesquisa Javeriana, quienes lo acompañaron en el recorrido.

Los expedicionarios no están exentos de peligros, pero el ecólogo sabe afrontarlos. Su hermano Nelson Maldonado Ocampo recuerda cómo, en alguna oportunidad, Javier se quedó sin embarcación toda una noche; sin embargo, esperó a que amaneciera y horas más tarde fue encontrado. Esta anécdota es una de las tantas que llena de optimismo a sus familiares, amigos y colegas mientras están a la espera de recibir noticias de su búsqueda. Por el momento, brigadas de rescate y la misma comunidad indígena de Mata Pi que lo acompañaban en la salida de campo, adelantan jornadas de búsqueda en la región, luego de que el investigador javeriano naufragara durante una expedición científica en el río Vaupés el pasado sábado 2 de marzo sobre las 2:00 de la tarde.

 

Amazon Fish, el reto de consolidar la riqueza acuática de la Amazonía

Amazon Fish, el reto de consolidar la riqueza acuática de la Amazonía

Imagine que navega en una canoa por el río Caquetá, que siente humedad porque está a 27 Cº pero eso no le afecta por lo impactante e inmenso del paisaje amazónico. A su izquierda, un mono tití salta de palmera en palmera haciendo que una rana dardo, de color azul, caiga al suelo mientras que a su derecha delfines rosados se mezclan entre el agua con el atardecer de un día soleado. Magnífico, ¿no?

Probablemente esta escena es una de las tantas que se reproducen diariamente en la selva amazónica, el bosque tropical más extenso del mundo y el hogar del 20% de las especies de plantas del planeta. De ahí que sea catalogada una de las siete maravillas naturales por la fundación New 7 Wonders y motivo de estudio del profesor javeriano Javier Maldonado, un apasionado por la exploración de los peces de agua dulce distribuidos en la región neotropical.

Con más de 20 años de experiencia en investigación ictiológica, este doctor en ciencias biológicas se propuso, junto a profesionales de siete países de Latinoamérica y Europa, construir la base de datos más grande y robusta de información sobre biodiversidad de peces de agua dulce en la cuenca del Amazonas. Un reto en términos de envergadura, teniendo en cuenta que la extensión del ‘Pulmón del  mundo’ supera los seis millones de kilómetros cuadrados y conserva aproximadamente el 15% de todas las especies de peces de este tipo.

“Uno de los objetivos que queremos abordar en el proyecto es llenar los vacíos de información a través de expediciones en diferentes partes de la cuenca amazónica. La idea es que todos los datos que colectamos se pongan a disposición para todos los procesos de toma de decisión en términos de recursos hidrobiológicos del Amazonas”, indica Maldonado.

Los investigadores del proyecto, durante una de sus múltiples salidas de campo a la Amazonía.
Los investigadores del proyecto, durante una de sus múltiples salidas de campo a la Amazonía.

El proyecto inició en 2015 luego de que ERANetLac, una asociación birregional en Ciencia, Tecnología e Innovación de la Unión Europea (UE), evaluara y aprobara por un periodo de tres años la iniciativa del colombiano: Amazonian fishes and climate change.

¿El resultado? La creación de uno de los proyectos de colaboración trasnacional más importantes de Suramérica; en esta iniciativa participan, además de Colombia, Brasil, Venezuela, Bolivia, Perú, Ecuador, Francia y Bélgica, países que trabajan en el levantamiento de información sobre los peces de agua dulce de la cuenca del Amazonas. Con esta información será posible, por ejemplo, realizar análisis sobre el efecto en la distribución de las especies de peces tendiendo en cuenta algunos de los escenarios de cambio climático propuestos para 2050 y 2080.

“Con todos los datos que tenemos actualmente, sabemos que, en términos de peces, el territorio menos conocido en toda la cuenca amazónica es el colombiano, así que lo que hacemos es ir a campo para llenar esos vacíos identificados por medio de expediciones a sitios donde nadie ha ido a colectar peces”, señala Maldonado.

¿Quiénes integran el proyecto?

El Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD), de Francia; el Museo de Historia Natural y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Perú; el Instituto Real de Ciencias Naturales, de Bélgica; y la Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS), de la Pontificia Universidad Javeriana, en representación de Colombia, conforman el consorcio coordinador del proyecto que, adicionalmente, cuenta con diversas instituciones colaboradoras en Colombia, Brasil, Ecuador y Estados Unidos.

La Pontificia Universidad Javeriana ha recibido varias reuniones del proyecto Amazon Fish.

 

La Pontificia Universidad Javeriana
ha recibido varias reuniones del proyecto Amazon Fish.

Luego de dos años y medio de trabajo, el grupo de Amazon Fish ha registrado alrededor de 2.300 especies de peces a través de la revisión de 14.000 localidades geográficas, 500 referencias bibliográficas, colecciones y bases de datos alrededor del mundo, y también por diferentes expedicionesa varios sectores del Amazonas en Colombia, Brasil y Perú. Según la fundación WWF, una de cada diez especies conocidas en la Tierra vive en el Amazonas.

“Aún queda una tarea enorme con el fin de llenar los vacíos de información persistentes en ríos aún no explorados”, menciona Maldonado, ecólogo y zoológo.

En ese sentido, el pasado jueves 18 de enero el rumbo de Amazon Fish tomó una nueva dirección luego de que el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y el ministro de Medio Ambiente, Luis Murillo, invitaran al investigador javeriano a Puerto Nariño a firmar un acuerdo de entendimiento con el fin de coordinar esfuerzos para cumplir con esta titánica tarea por un periodo de cinco años. Todo esto, en el marco de la declaración de los Lagos de Tarapoto como nuevo sitio RAMSAR en Colombia.

“Estos proyectos de protección medioambiental no solo nos permiten identificar y proteger las especies de agua dulce en el Amazonas, sino también garantizar un equilibrio en el ecosistema”, indicó Santos durante la firma.

El acuerdo se centró en cuatro puntos específicos: el desarrollo de programas para mejorar las condiciones de los recursos hidrobiológicos de la cuenca Amazónica, la creación de estrategias para el manejo y conservación de peces de agua dulce, la promoción de la investigación a través del programa Amazon Fish y, finalmente, el desarrollo de talleres y espacios de análisis sobre la conservación de la biodiversidad íctica de la Amazonía.

Acompañado de Luis F. Murillo, ministro de Medio Ambiente (izq.), y del presidente Juan Manuel Santos (centro), el profesor Javier Maldonado firmó en Puerto Nariño el acuerdo de entendimiento entre el Gobierno colombiano y las partes que integran el proyecto Amazon Fish.
Acompañado de Luis F. Murillo, ministro de Medio Ambiente (izq.), y del presidente Juan Manuel Santos (centro), el profesor Javier Maldonado firmó en Puerto Nariño el acuerdo de entendimiento entre el Gobierno colombiano y las partes que integran el proyecto Amazon Fish.

En ese sentido, esta firma no solo ratifica que la cuenca del Amazonas contiene la mayor biodiversidad de peces de agua dulce en la tierra y que el conocimiento sobre su distribución es poca, sino que garantiza la consolidación de la información de ambas partes en la base de datos de Amazon Fish para que, así, “el proyecto pueda proveer los datos e información que estamos generando para la toma de decisiones del Ministerio de Ambiente”, de acuerdo con Maldonado.

La Dirección de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos y la Dirección de Gestión Integral del Recurso Hídrico del Ministerio son las instancias encargadas de adoptar las medidas necesarias para asegurar la protección de las especies.

Así que cuando piense en peces ya no serán la trucha, la mojarra o el bagre los que lleguen primero a su mente, sino la gran variedad de especies propias del territorio que, sin saberlo, hacen parte de la riqueza biológica del país, y que con este proyecto serán cada vez más visibles y protegidas.

Dantas: la historia de una hermana perdida

Dantas: la historia de una hermana perdida

Estudiar genéticamente dantas o tapires no es tan común como hacerlo con monos, osos, delfines, pumas o jaguares, quizá porque no tienen una apariencia seductora. Con todos ellos ha trabajado el biólogo Manuel Ruiz-García, PhD en genética de poblaciones, para tratar de descifrar lo que podríamos llamar la genealogía de estos animales: ¿quiénes fueron sus padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos?; ¿de dónde provienen?; ¿por qué llegaron al lugar donde se radicaron?, y ¿cómo han evolucionado?
Los tapires son mamíferos vegetarianos, emparentados con los caballos y los rinocerontes, pero de menor tamaño. Son excelentes nadadores. Tienen un cuerpo sólido, un olfato muy sensible y un hocico alargado que utilizan para conseguir su alimento. Los llaman los ‘arquitectos de la selva’ por ser eficientes dispersores de semillas y porque van arrasando la maleza y abriendo avenidas naturales por donde pasan. Como dice el poeta Antonio Machado, “Hacen camino al andar”.

A raíz del anuncio del descubrimiento de una nueva especie de tapires por parte de un grupo de científicos con sede en Brasil, Ruiz-García volvió sobre sus notas, sus investigaciones y sus artículos científicos porque, desde que leyó el artículo publicado en el Journal of Mammalogy, le llamaron la atención varias de las afirmaciones que allí encontró. A partir de ese momento, pero sin descuidar otros trabajos que adelanta con su grupo de investigación, ha concentrado buena parte de su quehacer científico en refutar ese descubrimiento con base en diferentes técnicas, entre ellas, análisis de ADN de las muestras que ha recolectado desde 2006: pelo, dientes, sangre, pedazos de hueso y trozos de piel y músculo.

Lo que se sabía

La literatura científica habla de tres especies de tapires en América Latina. El primero es el andino o danta de montaña (Tapirus pinchaque), que es el más pequeño y solo se encuentra en Colombia, Ecuador y en la parte norte de Perú; su distribución geográfica es restringida y algunos lo consideran en vía de extinción. El segundo es el centroamericano (Tapirus bairdii); es el que tiene mayor tamaño, vive en México, Centroamérica y se lo puede ver también en el Pacífico colombiano. El último es el tapir de tierras bajas, sachavaca o anta (Tapirus terrestris), que se encuentra desde el norte de Colombia hasta el norte de Argentina y Paraguay.

Dada la colección de muestras que Ruiz-García había logrado reunir en sus viajes por el Amazonas peruano, brasileño, ecuatoriano, boliviano y colombiano, inició en 2007 los estudios, principalmente del T. terrestris, en colaboración con Benoit de Thoisy, del Instituto Pasteur en la Guayana Francesa. “En ese primer estudio (2010) se detectan cuatro linajes genéticos diferentes, pero que están entremezclados en las mismas áreas”, explica Ruiz-García. “En la Amazonia colombiana encontramos los cuatro linajes. En la Amazonia occidental se hallan las poblaciones de tapires con mayor diversidad genética, lo que puede considerarse como el punto de inicio de diversificación de la especie”.

El segundo estudio (2012) incluye también las especies T. pinchaque y T. bairdii. Fueron analizadas 201 muestras, principalmente del T. terrestris (141), y 30 de cada una de las otras dos, recolectadas en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Guayanas, Paraguay y Argentina, así como en zoológicos de España y Estados Unidos. Esto se hizo para conocer la distribución geográfica de los tapires y, con base en estudios de secuencias del ADN, generar teorías sobre el origen de las tres especies del continente americano, desde México hasta el norte de Argentina.

Cabe señalar que, como es común en la dinámica de la investigación científica, Ruiz-García había compartido parte de las muestras, tanto con de Thoisy como con los investigadores brasileros.

Lo que se reportó como descubrimiento

En 2013 la Universidad Federal de Minas Gerais en Brasil reportó una nueva especie de danta, a la que sus investigadores denominaron Tapirus ‘kabomani’. El autor principal es el paleontólogo argentino Mario Cozzuol y uno de los coautores es de Thoisy. La danta es descrita como la de menor tamaño, con pelo más oscuro y frente más amplia.

Desde el punto de vista craneométrico, hacen énfasis en dos aspectos: T. ‘kabomani’ presenta una sutura frontoparietal mucho más al frente que la del T. terrestris; la otra diferencia es que, en el T. ‘kabomani’, la región de la frente detrás de los huesos nasales es mucho más ancha. El texto incluye una fotografía para mostrar esas características.

Desde el punto de vista molecular, los análisis que realizaron con base en tres genes de las mitocondrias sitúan al T. ‘kabomani’ como una especie genéticamente distante del T. bairdii, aunque menos del T. terrestris y del T. pinchaque.

Lo que refuta Ruiz-García

Desde entonces, Ruiz-García, uno de los investigadores con más muestras de tapires en Latinoamérica, ha publicado un artículo en la revista inglesa Mitochondrial DNA, otro fue aceptado en la revista norteamericana Journal of Heredity y escribió un capítulo para un libro que publicará la editorial Nova Science Publisher de Nueva York. En estos textos demuestra, desde el punto de vista morfológico y molecular, que no se trata de una especie nueva.

Un primer argumento que aduce se sustenta en la definición de especie del biólogo evolutivo alemán Ernst Mayr: se trata de un grupo natural de individuos que pueden cruzarse entre sí, pero que están aislados reproductivamente de otros grupos afines, lo que no puede aplicarse a organismos fósiles –porque no hay manera de conocer si cuando estaban vivos podían cruzarse–. De esta manera, los cráneos no podrían evidenciar por sí solos las dos especies. Es más –continúa Ruiz-García­, quien en el último año ha medido alrededor de 180 cráneos de tapires de toda Latinoamérica–, cuando los tapires son jóvenes, o se han quedado pequeños por problemas de alimentación, tienen mayor variación en esos dos puntos del cráneo en los que los investigadores ven las diferencias, con respecto a los individuos que se han desarrollado normalmente. “Responde entonces a variación ontogénica, [es decir], en el desarrollo de los cráneos de tapires de jóvenes a adultos”. Ruiz-García lo explica con el siguiente ejemplo: el cráneo de un pigmeo africano es muy diferente al de un sueco, pero eso no significa que no puedan cruzarse y que los híbridos no sean viables.

Por otro lado, los investigadores que están en Brasil afirman que el T. ‘kabomani’ vive en todo el Amazonas. Esto significaría “que no hay ninguna barrera geográfica que separe a los T. ‘kabomani’ de los T. terrestris, lo cual conlleva que se pueden cruzar sin ningún problema; por lo tanto, no son dos especies diferentes: según la definición de especie biológica de Mayr”, explica Ruiz-García.

El investigador remata diciendo que las tres especies conocidas en Latinoamérica son cromosómicamente diferentes “el T. bairdii sí se puede encontrar con el Terrestris en el Chocó, pero no se ha visto jamás este cruce entre ellos”.

Desde el punto de vista molecular, el argumento de Ruiz-García se fundamenta en un análisis que implicó 250 muestras de las tres especies de tapires, así como un mayor número de genes: 15 en total. Al analizarlas en el laboratorio, en el nuevo árbol filogenético los T. ‘kabomani’ y los T. terrestris quedan agrupados. De hecho, los T. ‘kabomani’ forman un linaje dentro de los T. terrestris. Otro hallazgo importante del estudio de Ruiz-García es que muestra que no existe correlación entre los resultados moleculares y la morfología de los tapires. “Al ampliar la muestra vemos que puede haber animales pequeños y oscuros, que no tienen las características moleculares de T. ‘kabomani’ que ellos han encontrado, y también animales muy grandes que ellos jamás habrían clasificado como la nueva especie, pero que molecularmente sí tienen las mismas características de lo que ellos llaman T. ‘kabomani’”. Con ello, Ruiz-García señala que un estudio de los cromosomas hubiera sido clave para observar alguna posible incompatibilidad reproductiva entre los T. ‘kabomani’ y los T. terrestris.

Estudios posteriores de Ruiz-García y sus colaboradores han reportado seis grupos diferentes de T. terrestris, y uno de ellos correspondería al T. ‘kabomani’. Así que no es que no exista, sino que se trata de un linaje incluido dentro del T. terrestris.

La ciencia es así

Ruiz-García se ha concentrado en investigar tapires y publicar para demostrar que el grupo brasileño está equivocado. “Eso es lo bueno de las polémicas en ciencia; si ellos no hubieran publicado el artículo, yo habría seguido trabajando en los tapires, pero más relajadito”, confiesa.

Y así como Ruíz-García ha conseguido en los últimos meses algunas muestras de tapires de tamaño pequeño procedentes de Bolivia para contribuir más en esta polémica científica, los investigadores de Minas Gerais también colectan más muestras para confirmar su descubrimiento.

“No puedo demostrar que no existen nuevas especies de tapires. Lo que sí puedo demostrar es que los argumentos que utilizan ellos para definir una nueva especie son incorrectos”, concluye el genetista javeriano.


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