Javier Maldonado y su vocación desaforada

Javier Maldonado y su vocación desaforada

Con morral al hombro, su gorra bien puesta y botas de caucho, el ecólogo Javier Alejandro Maldonado, profesor del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, recorre las zonas más inexploradas de la cuenca amazónica colombiana, con el objetivo de encontrar información sobre peces que, bajo las aguas, permanecen ocultos y no han sido reconocidos, pues allí está la mayor biodiversidad de peces de agua dulce en la tierra.

Ante la necesidad investigar la existencia de estas especies inexploradas en la Amazonía y consolidar proyectos de conservación, Maldonado, junto a profesionales de siete países de Latinoamérica y Europa, actualmente construye la base de datos más grande y robusta de información sobre biodiversidad de peces de agua dulce en la cuenca del Amazonas, todo esto para llenar los vacíos de información a través de expediciones en diferentes partes de la cuenca. Dicha tarea inició en 2015 y se consolidó en enero de 2018 cuando firmó, junto al expresidente colombiano Juan Manuel Santos y el exministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de la época, Luis Gilberto Murillo, un acuerdo de entendimiento con el fin de coordinar esfuerzos para cumplir con esta titánica tarea durante un periodo de cinco años.

“Con todos los datos que tenemos actualmente, sabemos que, en términos de peces, el territorio menos conocido en toda la cuenca amazónica es el colombiano, así que lo que hacemos es ir a campo para llenar esos vacíos identificados por medio de expediciones a sitios donde nadie ha ido a colectar peces”, señaló a Pesquisa Javeriana el docente javeriano sobre el proyecto Amazon Fish.

Las expediciones en busca de cumplir este objetivo han sido largas y extenuantes, cuyos resultados publica periódicamente en revistas científicas, sin dejar de compartir todos sus hallazgos con colegas, las comunidades que visita y sus estudiantes. Su curiosidad por la investigación lo ha llevado a recorrer gran parte de las regiones apartadas de Colombia para deslumbrarse con los paisajes del Amazonas, del río Magdalena y de la Orinoquía.

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Como parte de los hallazgos que han llevado a este amante de los peces a seguir con su labor de escudriñar las aguas, está el descubrir, junto a investigadores del Laboratorio de Ictiología de la Javeriana y colegas de la Universidad de Toronto en Canadá, la existencia de un curioso pez color rojo. Se trata de la especie Phreatobious, encontrada en el pie de monte llanero. La estructura física de este animal es similar a la de una lombriz, motivo por el cual los pobladores de la zona se lo daban como alimento a las gallinas de la zona; sin embargo, resultó ser un bagre de aguas subterráneas; aunque sus ojos no funcionan bien en la oscuridad, son los bigotes de su cabeza los que le sirven para orientarse.

Esta información, a su vez, ha puesto a trabajar a científicos en el análisis de esta nueva especie que aún no tiene nombre. Como parte de un juego de palabras, ante la pregunta: ¿se llamaría Phreatorius yopalensis, por Yopal? Maldonado responde:“Podría ser también Phreatorius gallinensis”.

Los placeres de este ecólogo con alma de biólogo, de 42 años, van más allá de la investigación y de recorrer las carreteras de nuestro país en bicicleta, pues su genuino gusto por la conservación del ecosistema lo acompaña en cada recorrido. De ahí, su preocupación por el impacto que tienen las hidroeléctricas en el medio ambiente, pues según el artículo Fragmentation of Andes-to-Amazon connectivity by hydropower dams, del cual Javier Maldonado aparece como coautor, las represas alteran el hábitat de los peces y crean insalvables barreras para su movimiento a través de los ríos.

Además, entre las consecuencias ambientales que Maldonado encuentra en los proyectos hidroenergéticos, está el rompimiento de la conectividad de la biodiversidad entre los Andes y el Amazonas, los cambios en la temperatura del río por los cortes de agua y cómo las represas influyen en el flujo natural de los sedimentos del río; según el investigador, porque los sedimentos “son los que le dan la riqueza al agua, los que nutren los planos de inundación”.

Investigar y conservar son palabras que se quedan cortas para describir lo que Javier Maldonado quiere lograr con lo que hace como ictiólogo. Su deseo por divulgar la ciencia lo ha llevado a buscar nuevas formas de narrar el conocimiento científico generado en sus investigaciones y a promover conciencia sobre la conservación de los ecosistemas acuáticos colombianos, del bienestar de los peces y las comunidades asentadas a lo largo y ancho de la extensa red hídrica colombiana.

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Resultado de su trabajo en busca de especies inexploradas, surgió su pasión por trabajar con pobladores de las regiones. Por eso, un ejemplo de esto ocurrió el pasado 10 de febrero cuando Maldonado inició un recorrido por cuatro escuelas del Magdalena Medio para concientizar a los niños de esta región sobre la conservación del bagre rayado, especie afectada por la sobrepesca. “En su rostro se vio la emoción, no solo de transmitir sus conocimientos sino de compartir con los niños, con los pobladores y con sus colegas”, según recuerdan periodistas de Pesquisa Javeriana, quienes lo acompañaron en el recorrido.

Los expedicionarios no están exentos de peligros, pero el ecólogo sabe afrontarlos. Su hermano Nelson Maldonado Ocampo recuerda cómo, en alguna oportunidad, Javier se quedó sin embarcación toda una noche; sin embargo, esperó a que amaneciera y horas más tarde fue encontrado. Esta anécdota es una de las tantas que llena de optimismo a sus familiares, amigos y colegas mientras están a la espera de recibir noticias de su búsqueda. Por el momento, brigadas de rescate y la misma comunidad indígena de Mata Pi que lo acompañaban en la salida de campo, adelantan jornadas de búsqueda en la región, luego de que el investigador javeriano naufragara durante una expedición científica en el río Vaupés el pasado sábado 2 de marzo sobre las 2:00 de la tarde.

 

Amazon Fish, el reto de consolidar la riqueza acuática de la Amazonía

Amazon Fish, el reto de consolidar la riqueza acuática de la Amazonía

Imagine que navega en una canoa por el río Caquetá, que siente humedad porque está a 27 Cº pero eso no le afecta por lo impactante e inmenso del paisaje amazónico. A su izquierda, un mono tití salta de palmera en palmera haciendo que una rana dardo, de color azul, caiga al suelo mientras que a su derecha delfines rosados se mezclan entre el agua con el atardecer de un día soleado. Magnífico, ¿no?

Probablemente esta escena es una de las tantas que se reproducen diariamente en la selva amazónica, el bosque tropical más extenso del mundo y el hogar del 20% de las especies de plantas del planeta. De ahí que sea catalogada una de las siete maravillas naturales por la fundación New 7 Wonders y motivo de estudio del profesor javeriano Javier Maldonado, un apasionado por la exploración de los peces de agua dulce distribuidos en la región neotropical.

Con más de 20 años de experiencia en investigación ictiológica, este doctor en ciencias biológicas se propuso, junto a profesionales de siete países de Latinoamérica y Europa, construir la base de datos más grande y robusta de información sobre biodiversidad de peces de agua dulce en la cuenca del Amazonas. Un reto en términos de envergadura, teniendo en cuenta que la extensión del ‘Pulmón del  mundo’ supera los seis millones de kilómetros cuadrados y conserva aproximadamente el 15% de todas las especies de peces de este tipo.

“Uno de los objetivos que queremos abordar en el proyecto es llenar los vacíos de información a través de expediciones en diferentes partes de la cuenca amazónica. La idea es que todos los datos que colectamos se pongan a disposición para todos los procesos de toma de decisión en términos de recursos hidrobiológicos del Amazonas”, indica Maldonado.

Los investigadores del proyecto, durante una de sus múltiples salidas de campo a la Amazonía.
Los investigadores del proyecto, durante una de sus múltiples salidas de campo a la Amazonía.

El proyecto inició en 2015 luego de que ERANetLac, una asociación birregional en Ciencia, Tecnología e Innovación de la Unión Europea (UE), evaluara y aprobara por un periodo de tres años la iniciativa del colombiano: Amazonian fishes and climate change.

¿El resultado? La creación de uno de los proyectos de colaboración trasnacional más importantes de Suramérica; en esta iniciativa participan, además de Colombia, Brasil, Venezuela, Bolivia, Perú, Ecuador, Francia y Bélgica, países que trabajan en el levantamiento de información sobre los peces de agua dulce de la cuenca del Amazonas. Con esta información será posible, por ejemplo, realizar análisis sobre el efecto en la distribución de las especies de peces tendiendo en cuenta algunos de los escenarios de cambio climático propuestos para 2050 y 2080.

“Con todos los datos que tenemos actualmente, sabemos que, en términos de peces, el territorio menos conocido en toda la cuenca amazónica es el colombiano, así que lo que hacemos es ir a campo para llenar esos vacíos identificados por medio de expediciones a sitios donde nadie ha ido a colectar peces”, señala Maldonado.

¿Quiénes integran el proyecto?

El Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD), de Francia; el Museo de Historia Natural y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Perú; el Instituto Real de Ciencias Naturales, de Bélgica; y la Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS), de la Pontificia Universidad Javeriana, en representación de Colombia, conforman el consorcio coordinador del proyecto que, adicionalmente, cuenta con diversas instituciones colaboradoras en Colombia, Brasil, Ecuador y Estados Unidos.

La Pontificia Universidad Javeriana ha recibido varias reuniones del proyecto Amazon Fish.

 

La Pontificia Universidad Javeriana
ha recibido varias reuniones del proyecto Amazon Fish.

Luego de dos años y medio de trabajo, el grupo de Amazon Fish ha registrado alrededor de 2.300 especies de peces a través de la revisión de 14.000 localidades geográficas, 500 referencias bibliográficas, colecciones y bases de datos alrededor del mundo, y también por diferentes expedicionesa varios sectores del Amazonas en Colombia, Brasil y Perú. Según la fundación WWF, una de cada diez especies conocidas en la Tierra vive en el Amazonas.

“Aún queda una tarea enorme con el fin de llenar los vacíos de información persistentes en ríos aún no explorados”, menciona Maldonado, ecólogo y zoológo.

En ese sentido, el pasado jueves 18 de enero el rumbo de Amazon Fish tomó una nueva dirección luego de que el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y el ministro de Medio Ambiente, Luis Murillo, invitaran al investigador javeriano a Puerto Nariño a firmar un acuerdo de entendimiento con el fin de coordinar esfuerzos para cumplir con esta titánica tarea por un periodo de cinco años. Todo esto, en el marco de la declaración de los Lagos de Tarapoto como nuevo sitio RAMSAR en Colombia.

“Estos proyectos de protección medioambiental no solo nos permiten identificar y proteger las especies de agua dulce en el Amazonas, sino también garantizar un equilibrio en el ecosistema”, indicó Santos durante la firma.

El acuerdo se centró en cuatro puntos específicos: el desarrollo de programas para mejorar las condiciones de los recursos hidrobiológicos de la cuenca Amazónica, la creación de estrategias para el manejo y conservación de peces de agua dulce, la promoción de la investigación a través del programa Amazon Fish y, finalmente, el desarrollo de talleres y espacios de análisis sobre la conservación de la biodiversidad íctica de la Amazonía.

Acompañado de Luis F. Murillo, ministro de Medio Ambiente (izq.), y del presidente Juan Manuel Santos (centro), el profesor Javier Maldonado firmó en Puerto Nariño el acuerdo de entendimiento entre el Gobierno colombiano y las partes que integran el proyecto Amazon Fish.
Acompañado de Luis F. Murillo, ministro de Medio Ambiente (izq.), y del presidente Juan Manuel Santos (centro), el profesor Javier Maldonado firmó en Puerto Nariño el acuerdo de entendimiento entre el Gobierno colombiano y las partes que integran el proyecto Amazon Fish.

En ese sentido, esta firma no solo ratifica que la cuenca del Amazonas contiene la mayor biodiversidad de peces de agua dulce en la tierra y que el conocimiento sobre su distribución es poca, sino que garantiza la consolidación de la información de ambas partes en la base de datos de Amazon Fish para que, así, “el proyecto pueda proveer los datos e información que estamos generando para la toma de decisiones del Ministerio de Ambiente”, de acuerdo con Maldonado.

La Dirección de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos y la Dirección de Gestión Integral del Recurso Hídrico del Ministerio son las instancias encargadas de adoptar las medidas necesarias para asegurar la protección de las especies.

Así que cuando piense en peces ya no serán la trucha, la mojarra o el bagre los que lleguen primero a su mente, sino la gran variedad de especies propias del territorio que, sin saberlo, hacen parte de la riqueza biológica del país, y que con este proyecto serán cada vez más visibles y protegidas.

Dantas: la historia de una hermana perdida

Dantas: la historia de una hermana perdida

Estudiar genéticamente dantas o tapires no es tan común como hacerlo con monos, osos, delfines, pumas o jaguares, quizá porque no tienen una apariencia seductora. Con todos ellos ha trabajado el biólogo Manuel Ruiz-García, PhD en genética de poblaciones, para tratar de descifrar lo que podríamos llamar la genealogía de estos animales: ¿quiénes fueron sus padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos?; ¿de dónde provienen?; ¿por qué llegaron al lugar donde se radicaron?, y ¿cómo han evolucionado?
Los tapires son mamíferos vegetarianos, emparentados con los caballos y los rinocerontes, pero de menor tamaño. Son excelentes nadadores. Tienen un cuerpo sólido, un olfato muy sensible y un hocico alargado que utilizan para conseguir su alimento. Los llaman los ‘arquitectos de la selva’ por ser eficientes dispersores de semillas y porque van arrasando la maleza y abriendo avenidas naturales por donde pasan. Como dice el poeta Antonio Machado, “Hacen camino al andar”.

A raíz del anuncio del descubrimiento de una nueva especie de tapires por parte de un grupo de científicos con sede en Brasil, Ruiz-García volvió sobre sus notas, sus investigaciones y sus artículos científicos porque, desde que leyó el artículo publicado en el Journal of Mammalogy, le llamaron la atención varias de las afirmaciones que allí encontró. A partir de ese momento, pero sin descuidar otros trabajos que adelanta con su grupo de investigación, ha concentrado buena parte de su quehacer científico en refutar ese descubrimiento con base en diferentes técnicas, entre ellas, análisis de ADN de las muestras que ha recolectado desde 2006: pelo, dientes, sangre, pedazos de hueso y trozos de piel y músculo.

Lo que se sabía

La literatura científica habla de tres especies de tapires en América Latina. El primero es el andino o danta de montaña (Tapirus pinchaque), que es el más pequeño y solo se encuentra en Colombia, Ecuador y en la parte norte de Perú; su distribución geográfica es restringida y algunos lo consideran en vía de extinción. El segundo es el centroamericano (Tapirus bairdii); es el que tiene mayor tamaño, vive en México, Centroamérica y se lo puede ver también en el Pacífico colombiano. El último es el tapir de tierras bajas, sachavaca o anta (Tapirus terrestris), que se encuentra desde el norte de Colombia hasta el norte de Argentina y Paraguay.

Dada la colección de muestras que Ruiz-García había logrado reunir en sus viajes por el Amazonas peruano, brasileño, ecuatoriano, boliviano y colombiano, inició en 2007 los estudios, principalmente del T. terrestris, en colaboración con Benoit de Thoisy, del Instituto Pasteur en la Guayana Francesa. “En ese primer estudio (2010) se detectan cuatro linajes genéticos diferentes, pero que están entremezclados en las mismas áreas”, explica Ruiz-García. “En la Amazonia colombiana encontramos los cuatro linajes. En la Amazonia occidental se hallan las poblaciones de tapires con mayor diversidad genética, lo que puede considerarse como el punto de inicio de diversificación de la especie”.

El segundo estudio (2012) incluye también las especies T. pinchaque y T. bairdii. Fueron analizadas 201 muestras, principalmente del T. terrestris (141), y 30 de cada una de las otras dos, recolectadas en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Guayanas, Paraguay y Argentina, así como en zoológicos de España y Estados Unidos. Esto se hizo para conocer la distribución geográfica de los tapires y, con base en estudios de secuencias del ADN, generar teorías sobre el origen de las tres especies del continente americano, desde México hasta el norte de Argentina.

Cabe señalar que, como es común en la dinámica de la investigación científica, Ruiz-García había compartido parte de las muestras, tanto con de Thoisy como con los investigadores brasileros.

Lo que se reportó como descubrimiento

En 2013 la Universidad Federal de Minas Gerais en Brasil reportó una nueva especie de danta, a la que sus investigadores denominaron Tapirus ‘kabomani’. El autor principal es el paleontólogo argentino Mario Cozzuol y uno de los coautores es de Thoisy. La danta es descrita como la de menor tamaño, con pelo más oscuro y frente más amplia.

Desde el punto de vista craneométrico, hacen énfasis en dos aspectos: T. ‘kabomani’ presenta una sutura frontoparietal mucho más al frente que la del T. terrestris; la otra diferencia es que, en el T. ‘kabomani’, la región de la frente detrás de los huesos nasales es mucho más ancha. El texto incluye una fotografía para mostrar esas características.

Desde el punto de vista molecular, los análisis que realizaron con base en tres genes de las mitocondrias sitúan al T. ‘kabomani’ como una especie genéticamente distante del T. bairdii, aunque menos del T. terrestris y del T. pinchaque.

Lo que refuta Ruiz-García

Desde entonces, Ruiz-García, uno de los investigadores con más muestras de tapires en Latinoamérica, ha publicado un artículo en la revista inglesa Mitochondrial DNA, otro fue aceptado en la revista norteamericana Journal of Heredity y escribió un capítulo para un libro que publicará la editorial Nova Science Publisher de Nueva York. En estos textos demuestra, desde el punto de vista morfológico y molecular, que no se trata de una especie nueva.

Un primer argumento que aduce se sustenta en la definición de especie del biólogo evolutivo alemán Ernst Mayr: se trata de un grupo natural de individuos que pueden cruzarse entre sí, pero que están aislados reproductivamente de otros grupos afines, lo que no puede aplicarse a organismos fósiles –porque no hay manera de conocer si cuando estaban vivos podían cruzarse–. De esta manera, los cráneos no podrían evidenciar por sí solos las dos especies. Es más –continúa Ruiz-García­, quien en el último año ha medido alrededor de 180 cráneos de tapires de toda Latinoamérica–, cuando los tapires son jóvenes, o se han quedado pequeños por problemas de alimentación, tienen mayor variación en esos dos puntos del cráneo en los que los investigadores ven las diferencias, con respecto a los individuos que se han desarrollado normalmente. “Responde entonces a variación ontogénica, [es decir], en el desarrollo de los cráneos de tapires de jóvenes a adultos”. Ruiz-García lo explica con el siguiente ejemplo: el cráneo de un pigmeo africano es muy diferente al de un sueco, pero eso no significa que no puedan cruzarse y que los híbridos no sean viables.

Por otro lado, los investigadores que están en Brasil afirman que el T. ‘kabomani’ vive en todo el Amazonas. Esto significaría “que no hay ninguna barrera geográfica que separe a los T. ‘kabomani’ de los T. terrestris, lo cual conlleva que se pueden cruzar sin ningún problema; por lo tanto, no son dos especies diferentes: según la definición de especie biológica de Mayr”, explica Ruiz-García.

El investigador remata diciendo que las tres especies conocidas en Latinoamérica son cromosómicamente diferentes “el T. bairdii sí se puede encontrar con el Terrestris en el Chocó, pero no se ha visto jamás este cruce entre ellos”.

Desde el punto de vista molecular, el argumento de Ruiz-García se fundamenta en un análisis que implicó 250 muestras de las tres especies de tapires, así como un mayor número de genes: 15 en total. Al analizarlas en el laboratorio, en el nuevo árbol filogenético los T. ‘kabomani’ y los T. terrestris quedan agrupados. De hecho, los T. ‘kabomani’ forman un linaje dentro de los T. terrestris. Otro hallazgo importante del estudio de Ruiz-García es que muestra que no existe correlación entre los resultados moleculares y la morfología de los tapires. “Al ampliar la muestra vemos que puede haber animales pequeños y oscuros, que no tienen las características moleculares de T. ‘kabomani’ que ellos han encontrado, y también animales muy grandes que ellos jamás habrían clasificado como la nueva especie, pero que molecularmente sí tienen las mismas características de lo que ellos llaman T. ‘kabomani’”. Con ello, Ruiz-García señala que un estudio de los cromosomas hubiera sido clave para observar alguna posible incompatibilidad reproductiva entre los T. ‘kabomani’ y los T. terrestris.

Estudios posteriores de Ruiz-García y sus colaboradores han reportado seis grupos diferentes de T. terrestris, y uno de ellos correspondería al T. ‘kabomani’. Así que no es que no exista, sino que se trata de un linaje incluido dentro del T. terrestris.

La ciencia es así

Ruiz-García se ha concentrado en investigar tapires y publicar para demostrar que el grupo brasileño está equivocado. “Eso es lo bueno de las polémicas en ciencia; si ellos no hubieran publicado el artículo, yo habría seguido trabajando en los tapires, pero más relajadito”, confiesa.

Y así como Ruíz-García ha conseguido en los últimos meses algunas muestras de tapires de tamaño pequeño procedentes de Bolivia para contribuir más en esta polémica científica, los investigadores de Minas Gerais también colectan más muestras para confirmar su descubrimiento.

“No puedo demostrar que no existen nuevas especies de tapires. Lo que sí puedo demostrar es que los argumentos que utilizan ellos para definir una nueva especie son incorrectos”, concluye el genetista javeriano.


Para saber más:

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