El biólogo que les ‘devolvió la vista’ a los escorpiones

El biólogo que les ‘devolvió la vista’ a los escorpiones

No hace falta que él diga que es un amante de los escorpiones: lleva en su antebrazo derecho tatuado uno de ellos. “La gente les tiene miedo porque pican o porque piensan que son grandes y feos, pero a mí, de todos los animales, me llaman la atención”, dice Daniel Gutiérrez Kemenes, quien sostiene que los escorpiones son artrópodos muy antiguos y, a la vez, poco estudiados en Colombia y en el mundo. Para la investigación que presentó como su tesis de pregrado en Biología quiso enfocarse en sus ojos laterales y la información era incluso más escasa. Sin embargo, algunos archivos científicos como The Biology Of Scorpions, del aracnólogo Gary Allan Polis, que según Gutiérrez es la biblia de los escorpiones, aseguran que los ojos laterales no funcionan. Así empezó la curiosidad, ¿funcionan o no?

“Yo estaba muerto de ganas de saber de escorpiones”, dice. Aunque no encontraba mucha información sí conoció a Ricardo Botero, exalumno de la Pontificia Universidad Javeriana que vive en Argentina pero viajó a Colombia en diciembre de 2015. Estuvo con él tres días aprendiendo de escorpiones y de las investigaciones que se han hecho en Argentina. Botero se convirtió en su mentor y con él llegó la fascinación por estos animales. Por ejemplo, el veneno, que es por lo que son más temidos estos animales, que para los nativos norteamericanos son un símbolo de protección, o porque en realidad muy pocas veces un escorpión puede llegar a matar a una persona. Cada nuevo dato fue aumentando su interés, pero la pregunta seguía: ¿funcionan los ojos laterales?

Los 14 especímenes del escorpion chactas sp fueron recolectados en el Valle del Cauca.
Los 14 especímenes del escorpión ‘chactas sp’ fueron recolectados en el Valle del Cauca.

Su investigación arrancó en enero de 2017, el mismo mes en que se tatuó un escorpión. El primer paso fue viajar junto con Dimitri Forero, director del Laboratorio de Entomología de la Javeriana, a Yotoco, Valle del Cauca, para recolectar varios especímenes. Fueron siete jornadas de recolección durante el día y la noche, aunque por la oscuridad era más fácil, según Gutiérrez, ya que los escorpiones brillan de color verde al ser alumbrados con la luz de una linterna ultravioleta. También se ayudó de una pinzas largas y un guante de carnaza anti punzante y así recolectó seis machos y ocho hembras de una especie aún no identificada en Colombia (chactas sp) que cuenta con seis ojos en total: cuatro laterales y dos medios.

La manera como puso a prueba los ojos de los escorpiones fue la fototaxis, la reacción que estos organismos puedan tener a la luz. Para ello se volvió ‘arquitecto’ y construyó un coliseo de madera dividido en nueve partes, iluminado con bombillos LED diferentes: una sección con luz ultravioleta, las demás de azul, verde, amarilla, roja, infrarroja, blanca y otras dos partes sin iluminación. Así pasó de arquitecto a observador. Hizo una grabación de 14 horas, desde las 5:00 de la tarde hasta las 7:00 de la mañana con ayuda de una cámara con lente ojo de pez, que tiene un ángulo de visión amplia, para estudiar el comportamiento de un escorpión frente a la luz durante la noche. Luego cubrió los ojos medios de los escorpiones con silicona de moldes dentales, que también es utilizada en experimentos con arañas y no dañan al animal porque no es tóxica, para observar el comportamiento de sus ojos laterales, que era lo que le interesaba.

Daniel Gutiérrez en el laboratorio, con el escenario de pruebas.
Daniel Gutiérrez en el laboratorio, con el escenario de pruebas.

De esa manera, su curiosidad y fascinación se convirtieron en emoción. No solo comprobó que los escorpiones ¡sí usan sus ojos laterales!, también captan diferentes longitudes de onda y ven en diferentes colores. “Al encontrar estos resultados me dio un poco de miedo porque contradecía muchos años y a muchos autores, pero fue algo muy emocionante”, dice Gutiérrez.

Resultados
Escorpiones ojos destapados
Machos: les atrae la luz blanca
Hembras: les atrae la luz roja
Machos y hembras: les atrae la luz amarilla

Escorpiones con ojos medios cubiertos y ojos laterales destapados
Machos: 
les atrae la luz ultravioleta
Hembras: les atrae la luz azul

Fueron, en total, cuatro meses de investigación; de conocer personas que lo guiaron como el biólogo y director de su tesis André Riveros; de salir corriendo a buscar cucarachas pequeñas para alimentar a los escorpiones cuando se le acababan las larvas de cucarrones que les daba de comer; de experimentar el dolor de ser picado por uno de ellos; de retarse a obtener resultados en pocos meses y superar las desmotivaciones que sentía al no encontrar información.

Pero esto no ha terminado. Gutiérrez quiere seguirles la pista a los escorpiones haciendo investigaciones sobre el impulso nervioso de sus ojos, profundizar en su comportamiento o en el de otros artrópodos. El 84 % de todos los animales de La Tierra son insectos, así que hay mucho por explorar. Sin duda, seguirá siendo uno de los investigadores y seguidores de este tema.


Título de la investigación: Evaluación de conductas fototácticas del escorpión chactas sp.
Investigador: Daniel Gutiérrez Kemenes.
Facultad de Ciencias, Departamento de Biología.
Periodo de la investigación: enero – mayo 2017.

Cazadores de huellas

Cazadores de huellas

En uno de los bosques andinos de la cordillera central colombiana, el sonido de la hojarasca y las corrientes de agua acompañan la excursión por el lugar. Con pasos cuidadosos, miradas fijas en el suelo, y con un GPS amarillo en mano, un grupo de biólogos rastrea las huellas de los mamíferos medianos y grandes de El Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya ubicado en Risaralda.

Llevan ocho años en una misión casi titánica buscando rastros de pumas, dantas, osos de anteojos y zorros. Con esas pistas, han logrado monitorear la distribución y abundancia de las especies del lugar y proponer esquemas para la conservación de estas poblaciones silvestres.

Gracias al rastro en forma de huella que dejan por los senderos estos animales, los investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana han podido estudiar su comportamiento y el impacto del hombre sobre sus hábitats naturales. Esta aventura, en lo profundo de la naturaleza, les ha mostrado cómo el turismo no controlado que recorre la cuenca del río Otún se convierte en detonante de la sobreexplotación, una de las mayores amenazas para estos mamíferos, cuyas poblaciones están disminuyendo.

Asociado a este factor se encuentran los gatos y perros que acompañan a sus amos, pues se vuelven depredadores potenciales de las especies de fauna silvestre más pequeñas del lugar, así como transmisores de enfermedades, como ocurre entre los perros domésticos y los zorros.

La verde y espesa vegetación hace que un tercer detonante aparezca. Este corresponde a la cacería ilegal que presiona la concentración de dantas o tapires en ciertas zonas del Santuario, un comportamiento contrario a la naturaleza libre y salvaje de esta especie identificada por su alargado hocico. Pero eso no es todo, la modificación de los hábitats por la tala de árboles también ha sido un factor de amenaza para estas especies pues la vegetación que estos mamíferos usan para protegerse y como alimento es cada vez más escasa.


Un banco que almacena huellas de animales

Los investigadores del Banco de Huellas de mamíferos medianos y grandes de Colombia, ubicado en la Javeriana, han adelantado más de cinco proyectos de investigación recorriendo buena parte del territorio nacional. Actualmente es el único banco con estas características en el país y por ello su papel ha sido fundamental. Desde hace diez años Germán Jiménez, biólogo y profesor de la universidad, ha liderado este proyecto junto a su semillero de investigación en manejo y conservación de fauna silvestre, conformado principalmente por estudiantes de la carrera de biología.

La idea surgió porque no existía en el país una base de datos que respaldara la información obtenida en campo. Las “huellas tipo”, que fueron colectadas tras visitar diez zoológicos de Colombia, junto con una colección que Jiménez trajo de Costa Rica, se convirtieron en la referencia para comparar las muestras tomadas en campo. De esta manera ha sido posible verificar las especies a las que pertenecen. Hoy el banco cuenta con 1500 moldes de huellas para 23 especies de mamíferos que son identificados con un número único de colección.

Como resultado de los proyectos se ha promovido la apropiación social de este conocimiento llevando la ciencia a diversas regiones del país como Chocó, Amazonas, Boyacá y los Llanos orientales. Por ejemplo el que se desarrolló en el Chocó durante el 2008 donde una comunidad dedicada a la cacería de mamíferos, a partir de sus experiencias, empezó a construir su propio banco de huellas. El objetivo fue crear conciencia para salvaguardar las especies como venados, ñeques, lapas y chanchos, lo que benecifió a pobladores y animales. El resultado de este trabajo fue la publicación de su propio catálogo en colaboración con la autoridad ambiental.


¿Cómo se ‘caza’ una huella de mamífero?

“Obtener huellas de mamífero es una labor que requiere mucha constancia, entrenamiento y pericia” dice Jiménez. Es preferible hacerlo cuando inician las lluvias en la región. Luego se buscan los mejores sustratos o tipos de suelos, generalmente suaves y uniformes, donde las huellas quedan marcadas. Al recorrer los posibles senderos por donde suelen pasar los mamíferos se identifican los patrones que dejan las huellas, las cuales son capturadas por medio de moldes de yeso odontológico de secado rápido.

Este método indirecto, basado en la interpretación de los diferentes rastros dejados durante las actividades diarias de los animales, permite reconocer de manera económica los mamíferos que viven en un área sin necesidad de atraparlos o hacerle daño. Entre las ventajas está el conservar de manera física y a escala real la huella permitiendo su manipulación en el laboratorio para futuros estudios. Además facilita la identificación de las especies ayudando a entender cómo utilizan el hábitat y cómo varia su abundancia en el tiempo.

“Para los biólogos la huella es testigo del paso del animal”, continúa Jiménez, quien observó en una de sus investigaciones cómo el zorro cangrejero o perruno, empezaba a adaptarse a los humanos, al encontrar que consumía desperdicios de basureros y de vez en cuando cazaba pequeños animales de granja. Estos cánidos son portadores del parásito de la leishmaniasis, que puede afectar al ser humano.

Los estudios también mostraron que esa especie es generalista de hábitat, lo que implica que no es muy estricta en sus requerimientos a la hora de buscar un lugar para vivir, pues es capaz de explorar un territorio más amplio en busca de recursos alimenticios y de cobertura. Jiménez identificó hábitos crepusculares confirmando así la teoría de que la mayor parte de las especies pertenecientes a la comunidad de mamíferos de esta cuenca es de hábitos nocturnos, en gran parte a causa de la presencia humana. Este comportamiento les permitiría a los mamíferos evitar el contacto con las personas como medida de protección.

Las huellas en el camino son pieza clave para estos biólogos, quienes han podido promover acciones de conservación, con cambios positivos en la forma como se relacionan los humanos con su fauna silvestre, en un país tan biodiverso como Colombia. Después de algunos días, los biólogos vuelven a sus laboratorios con respuestas pero también con nuevas preguntas. Esperan una nueva oportunidad de salir a campo y seguir investigando en estos sitios que cautivan con sus verdes paisajes.

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Gustavo Kattan: Conversar con la naturaleza para aprender a conocerla

Gustavo Kattan: Conversar con la naturaleza para aprender a conocerla

Su amor por la naturaleza nació espontáneamente y fue, como dice él, el resultado de su insaciable curiosidad. “Hace muchos años tuve varios hobbies, pero observar la naturaleza es el único que sobrevive. Adentrarme en los bosques absorbió todo lo demás. Lo único que me interesa es salir a ver qué están haciendo los pájaros”.

Esa pasión por estudiar la biodiversidad hizo que, en 1994, junto con su esposa y colega Carolina Murcia, se vinculara a la Wildlife Conservation Society para desarrollar un programa de investigación y entrenamiento para la conservación de la biodiversidad en Colombia. Durante 13 años entrenaron a alrededor de 50 jóvenes investigadores y conservacionistas en bosques andinos en Colombia. El programa tenía su centro de operaciones en la cuenca del río Otún en Pereira, funcionó con el apoyo de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda y de la unidad de Parques Nacionales Naturales, con financiación de la Fundación MacArthur.

Investigador y verdadero maestro definen al profesor de la Carrera de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana Cali Gustavo Kattan, lo que lo ha hecho merecedor de importantes reconocimientos, como el Biotropica Award for Excellence in Tropical Biology Conservation de la Association for Tropical Biology and Conservation.

Sus inicios en la investigación

Estudió Biología en la Universidad del Valle y se orientó hacia la ecología. Fue en su pregrado donde se enamoró de las aves, por influencia del profesor Humberto Álvarez, con quien empezó a estudiarlas, al igual que el comportamiento general de los animales. “Uno se contagia de la pasión de los profesores y, en la medida en que se empiezan a estudiar los problemas científicos relacionados con la biodiversidad, lo ‘pica’ la curiosidad”.

Recuerda una frase de uno de sus profesores de pregrado, quien decía que “hacer investigación es sostener una conversación con la naturaleza”, pero, añade, “hay que aprender a conversar con ella, hacer la pregunta correcta y saber interpretar la respuesta”.

Para hablar con la naturaleza, el profesor Kattan sale cada semana a caminar con ropa cómoda que le permita mimetizarse entre los paisajes que recorre. Entre sus sitios favoritos están el kilómetro 18 y La Teresita, ubicada en los Farallones de Cali, sitios que conoce como la palma de su mano. “Casi sé dónde está cada árbol”, dice. A veces sale a caminar solo para no distraerse, porque le gusta conversar con los árboles, saber cómo están, y preguntarles a los pájaros qué están haciendo. “Para hablar con la naturaleza hay que entender lo que dice”. Aunque a sus salidas de campo va con su cámara, confiesa que es pésimo fotógrafo, pero buen dibujante, un pasatiempo que ha dejado, pero que espera retomar.

“Dibujo lo que voy viendo en mis recorridos, sobre todo las aves, porque los escarabajos me quedan feos”. Muchos dibujos los hace de memoria, tratando de recrear —con trazos de lápiz y tiza pastel— cada detalle del animal.

Taxonómicamente, dice, las aves son el grupo más estudiado y, sin embargo, lo asombroso es que todavía se siguen encontrando especies nuevas. Cuando se refiere a ellas, sus ojos brillan y la emoción contagia a su interlocutor. Le fascinan por su majestuosidad y quisiera volar como ellas. Pero hay algo que las hace todavía más asombrosas y es que, según el investigador, las aves son dinosaurios. Entonces, estos no se extinguieron.

“Una de las características más importantes de las aves son las plumas; es el único grupo de animales que las poseen. En las últimas dos décadas se han descubierto fósiles muy interesantes, sobre todo en China, donde se han encontrado dinosaurios con plumas. Entonces las aves son un linaje de dinosaurios que sobrevivió”, explica el biólogo, ahora convertido en ornitólogo.

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En 1984 se fue a la Universidad de Florida a estudiar la maestría en Zoología y obtuvo el doctorado en la misma área y la misma universidad, en donde investigó sobre el comportamiento animal desde la ecología conductual en un marco evolutivo. Hizo un estudio sobre un fenómeno social denominado parasitismo de crianza en las aves. Hay un 2% de especies de aves que no crían a sus polluelos, sino que parasitan otras aves, es decir, ponen sus huevos en otros nidos y son otras aves las que se encargan de criar los hijos ajenos hasta que crecen y se independizan.

En 2008 se vinculó a la Universidad Javeriana Cali, en donde tuvo como principal objetivo trabajar en la estructuración del programa de Biología, el cual inició en 2009. El programa tiene el sello de este investigador. Durante su periodo como director, del 2009 al 2012, impulsó las actividades académicas extracurriculares como mecanismo para que los estudiantes aprendan entre ellos y se emocionen por su carrera.

Kattan se ha dedicado a estudiar los bosques de las montañas de los Andes. Actualmente investiga los árboles llamados higuerones, importantes en los bosques tropicales por su producción permanente de frutos, lo que los hace una pieza clave para la alimentación de la fauna, especialmente de aves y mamíferos. Estos árboles pueden dar respuesta a la conservación y restauración de los bosques tropicales.

Su personalidad introvertida le ha servido para concentrarse en la investigación, por lo que Colciencias lo ha clasificado como ‘investigador senior’. Es un apasionado por la lectura y devora principalmente libros de ciencia. Su autor preferido es el biólogo Bernd Heinrich, con el cual se siente identificado. “Es otro entrometido como yo, no puede ver a un animalito porque quiere saber qué está haciendo. Se puede gastar páginas enteras explicando cómo un escarabajo abre un hueco y uno está emocionado leyendo”.

Un tema que le queda todavía en el ‘tintero’ al doctor Kattan es investigar sobre las estrategias digestivas de las pavas. Estas son aves que comen follaje y vuelan, lo que es contraintuitivo, dice, porque el follaje aporta muy poca energía. Además, muchas especies están amenazadas por la cacería y la pérdida de hábitat.

Un tema que le queda todavía en el ‘tintero’ al doctor Kattan es investigar sobre las estrategias digestivas de las pavas. Estas son aves que comen follaje y vuelan, lo que es contraintuitivo, dice, porque el follaje aporta muy poca energía. Además, muchas especies están amenazadas por la cacería y la pérdida de hábitat.