La mujer en la ciencia: hay avances, pero quedan vacíos

La mujer en la ciencia: hay avances, pero quedan vacíos

Este artículo titulado La mujer en la ciencia: hay avances, pero quedan vacíos, fue publicado originalmente el 10 de febrero de 2021.

Hace 86 años accedió por primera vez una mujer a la universidad en Colombia. Para ese entonces, ya llevaban más tres siglos funcionando las primeras universidades en el país. Solo con este dato se perciben diferencias en las condiciones que han enfrentado las mujeres en la vida académica. Desde hace ya algunos años, y desde diferentes ciencias, se ha investigado este fenómeno.

Helena Sutachan es pasante doctoral en el Instituto Pensar y su tesis doctoral trata sobre este tema. “Lo que se puede rastrear es que sí hay un aumento lento y progresivo de la presencia y de la visibilidad de las mujeres en los entornos académicos. Sobre todo, en algunas áreas específicas relacionadas con disciplinas del cuidado, ciencias sociales y humanas, pero también en las ciencias naturales y exactas”, dice. “Que el año pasado haya habido tres ganadoras del premio Nobel en las disciplinas de física y química, de alguna forma revela que sí se está dando una ampliación de la presencia de la mujer en el escenario académico internacional”, agrega.

Si bien las cifras de graduados a nivel nacional muestran que la mayoría son mujeres, para la investigadora hay otros espacios en los que la situación es diferente. Según el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OcyT), de la planta docente universitaria del país el 37% son mujeres y representan el 36% de los investigadores. “Esto quiere decir que sí vamos bien pero que hay que trabajar más en la integración de las mujeres en los diferentes niveles del mundo académico”.

 

Para Sutachan hay un tema fundamental que define la presencia de la mujer en el mundo académico y pasa por el ámbito cultural. “Cuando uno crece convencido de que los niños son mejores para las matemáticas y las niñas son mejores para el arte y el cuidado, esa es la primera barrera”, afirma. “Esto hace que se desestimule en las niñas el interés por el acceso a la ciencia. Aunque eso ha venido cambiando, todavía pasa”. Las cifras parecen respaldarla. Según el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior – SNIES, las carreras con mayorías femeninas son nutrición, sociología, las vinculadas a bellas artes, trabajo social, comunicación social y lenguas modernas. Mientras que las carreras con mayorías masculinas son las ingenierías, física, filosofía y matemáticas. Para María Alejandra Tejada, integrante de la Red Colombiana de Mujeres Científicas y asesora de la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, esta elección es importante porque esta última serie de carreras, (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática, STEAM por sus siglas en inglés), son las que generan mejores salarios.

Para ambas investigadoras se puede hablar de paridad salarial en el mundo universitario y científico porque están estandarizados por escalafones muy detallados. Sin embargo, para Sutachan el nivel de formación juega en contra para las mujeres. El Ministerio de Educación Nacional reporta que entre 2010 y 2016 se graduaron 8.900 doctores en Colombia, en promedio, el 36% fueron mujeres. “Sí existe una brecha que no se representa en pagar menos por el mismo cargo, sino que la mujer tiene menos acceso al nivel de formación doctoral, entonces no puede aspirar a ese nivel salarial”, explica.

Otro factor que le parece conflictivo está relacionado con el uso del tiempo. Algunas universidades tienen política de incentivos económicos por investigación, así mientras más publicaciones, más ingresos. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE, viene desarrollando una encuesta sobre el uso del tiempo libre con la intención de medir cómo se reparten las labores del hogar dentro de las familias. “Lo que busca es medir quién hace qué, y muestra que las principales cargas de un hogar están más en las mujeres que los hombres, actividades denominadas en la economía del cuidado”, agrega Tejada. Esto resulta problemático para ambas investigadoras porque invertir más tiempo en temas de cuidado dentro del hogar, termina quitándole tiempo a la mujer para la producción investigativa y, por lo tanto, se ve reflejado en menores ingresos que sus pares. Algunos estudios demuestran que esta situación empeoró durante la cuarentena en 2020.

Esto se suma a un reclamo histórico de los movimientos feministas frente a su vida profesional y es la decisión de la maternidad. Muchas mujeres sienten que tener hijos se convierte en una limitante de las oportunidades en espacios de investigación y docencia. “Que a mí en una entrevista de trabajo, como me ha pasado, me pregunten que si quiero tener hijos o si pienso hacerlo próximamente, me indica que eso sería un problema frente a mí vinculación laboral”, asevera Sutachan. Asegura también que es necesaria una política que garantice que optar por la maternidad no sea un obstáculo para el acceso y permanencia de la mujer en estos espacios.

 

“En el rol de la mujer profesional versus el tema familiar, aún seguimos teniendo muchas brechas en el país”. María Alejandra Tejada, Vicerrectoría de Investigación

 

Una demanda que se ha visibilizado con mayor intensidad en los últimos años es la del abuso y acoso sexual que padecen muchas mujeres dentro de la academia. “Hay numerosos testimonios de estudiantes de pregrado o de nivel posgradual que en algún punto deciden dejar sus estudios o perder alguna oportunidad de una estancia o un trabajo que mejora su perfil porque detrás había un docente o investigador acosándolas”, relata Sutachan. Las redes sociales han sido claves para estas denuncias por la presión mediática que generan. Aunque menciona avances en la discusión, la investigadora ha encontrado que pocas universidades del país están generando protocolos y políticas para enfrentar esta situación. “Yo creo que esas resistencias eventualmente tienen que ir cediendo porque es un fenómeno que es real y amerita una intervención institucional cada vez más sólida”, enfatiza. Para ella, la universidad también debe ir reconociendo sus falencias en cuanto a las reflexiones sobre género y debe reconocer la dimensión patriarcal de algunas de sus políticas.

Resalta también que en políticas públicas hay avances positivos. En el último año se duplicaron los reconocimientos del programa ‘Para las Mujeres en la Ciencia’  pasando de siete a 14, priorizando las ciencias naturales y exactas. Además, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación creó el Fondo + mujer + ciencia, para la vinculación de la mujer al mundo científico e investigativo. Estos esfuerzos son bien recibidos por la investigadora, pero advierte que al mismo tiempo es necesario revisar otros factores. “Es importante que cualitativamente se revise cuáles son las circunstancias sociales y culturales que impiden que las mujeres alcancen unas trayectorias exitosas en la academia, y qué puede hacerse frente a eso”, afirma Sutachán. “Hay bastantes avances en México y en Chile; sobre todo se basa en ver las estadísticas, cuántas personas se presentan a las convocatorias de becas y posgrados, líderes de grupos de investigación, mujeres en cargos de docencia, en cargos directivos, de gestión, y es justamente cuando tú ves los datos que puedes construir las políticas y los lineamientos”, agrega Tejada. Así entonces se requieren políticas integrales que aborden diferentes frentes.

Son muchas las demandas de las mujeres en el mundo científico y académico que pasan por diferentes niveles y que no solo suceden en Colombia, sino que son discusiones que se están dando en todo el mundo. Algunas pasan por política pública, que según Tejada, el estado tiene herramientas y compromisos para cerrar las brechas de género como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer – CEDAW, la Declaración de Beijing o el punto 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. En otras son las universidades las encargadas de asumir y generar políticas institucionales para dar más garantías a las docentes, investigadoras y directivas. Y finalmente también son temas para discutir desde el ámbito cultural como sociedad.

A pesar de que falta mucho, Sutachan es optimista. “Ver a las mujeres desde el pregrado tan comprometidas con el movimiento feminista, me hace sentir una esperanza enorme. Cada vez son más estudiantes comprometidas no solo con su profesión y su disciplina sino con reconocer que son mujeres en un entorno que ha sido hostil hacia la mujer, históricamente hablando”, finaliza.

Durante esta semana la Red Colombiana de Mujeres Científicas realizará varios eventos para discutir algunos de estos temas. Aquí la agenda completa.

¿Cómo está la Investigación + Creación en Colombia?

¿Cómo está la Investigación + Creación en Colombia?

Para los integrantes del panel ‘Balance de la inclusión de la Investigación + Creación en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación’, aunque el reconocimiento de la creación artística en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación es un avance significativo, aún quedan aspectos por conciliar entre las prácticas creativas y la producción de conocimiento. Uno de ellos: los imaginarios sociales relacionan a los artistas únicamente con el sector cultural y no con los aportes científicos que pueden ofrecer, afirma Tania Delgado, doctora en Diseño y explotación de tecnologías para el patrimonio cultural del Politécnico de Milán.

Durante la conversación se hizo mucho énfasis en que la Investigación + Creación es una forma de producir nuevo conocimiento. Para Alfonso Gómez, decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, “que el MinCiencias reconozca que existen otras formas de producción intelectual, que no son necesariamente las atribuidas al método científico, le da el impulso que se merece a la Investigación + Creación”.

Lo primero que se debería hacer, según el director del Centro de Investigación y Creación de la Facultad de Artes de la Universidad de los Andes, David Solodkow, es reformar las fronteras disciplinarias que existen en las universidades del país “¿Cómo hacer para construir programas o escenarios en los que nos choquemos interdisciplinariamente?”, se preguntó.

Óscar Hernández, moderador del panel y asistente para la Creación Artística en la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana, aseguró que las prácticas artísticas llevan más de diez años preguntándose cuál podría ser el lugar de la creación dentro de las instituciones dedicadas a la generación de conocimiento.

La inclusión de la sigla I+C en el Ministerio ha tenido impactos positivos. La cifra de investigadores en las artes de 2015 a 2018 se incrementó de 183 a 463, resaltó Yadira Casas, gestora de Ciencias y Tecnología del Programa Nacional de Ciencias Humanas, Sociales y Educación de MinCiencias.

Un ejemplo de ello es la Javeriana Cali que “según la reciente pesquisa de la artista plástica, María del Pilar Vergel, de 2012 a 2019 aumentaron los grupos de investigación de manera significativa; solo en artes visuales fueron 12”, de acuerdo con María Claudia Villegas, directora del programa de Arquitectura de esta universidad en la capital del Valle del Cauca.

Varios de los panelistas concluyen que Colombia es pionera en el reconocimiento de la Investigación+Creación como otra manera de hacer ciencia. No obstante, aún quedan cercos epistemológicos y burocráticos. Un ejemplo de ello son los límites que genera el mismo nombre del MinCiencias, en el que no hay inclusión de las artes en las siglas por tratarse de una nomenclatura internacional. “¿Dónde están las artes en las siglas? Nosotros también podemos hacer investigación”, afirmó Tania Delgado.

Mire aquí el diálogo completo que se llevó a cabo en el panel ‘Balance de la inclusión de la Investigación + Creación en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación’.

Igualmente le invitamos a participar este miércoles 9 de septiembre en el panel de discusión ‘Investigación + Creación en la Relación entre Arte, Ciencia y Tecnología’.

Lea también: ¿Una nueva era de ciencia en Colombia?

Vea el video completo a continuación.

Ciencia y periodismo: ¿van en el mismo camino?

Ciencia y periodismo: ¿van en el mismo camino?

Aprovechando el día del periodista (Febrero 9), vale la pena reflexionar, voltear la mirada de nuevo y analizar cómo dedicarse al periodismo científico sin deslumbrarse por todas las historias que cuentan los miembros de esta comunidad, ni dejarse llevar por la corriente de lo que está en la agenda mediática y debemos cubrir. Es como ponerse la escafandra del buzo o el traje protector con máscaras quirúrgicas y gafas de seguridad que portan quienes están atendiendo a los pacientes infectados con el recién llegado coronavirus.

Empezar a investigar una historia periodística requiere, como en la ciencia, iniciar la tarea identificando las preguntas más idóneas y las fuentes más confiables. Investigar, leer, conversar, entrevistar, tomar notas, volver sobre ellas una y otra vez, preguntar sin vacilaciones, contar con el tiempo suficiente para pensar, repensar, organizar ideas, y producir la información.

Vivimos tratando de superar los retos que todos los días nos pone la profesión en bandeja de plata: ¿Cuáles son las herramientas que podemos usar para garantizar que la fuente es confiable? Recuerden el caso del coreano Hwang Woo Suk, quien en 2005 les hizo creer primero a sus colegas a través de la revista Science, y luego al mundo, a través de los medios de comunicación, que había logrado clonar células madre embrionarias con fines terapéuticos y pasó de héroe a villano cuando los propios científicos probaron que había falseado los datos y sus procedimientos no habían sido rigurosos como lo exige la ciencia. El gobierno le financió sus investigaciones millonaria y prioritariamente, confiado de que su país reclamaría para la historia ese logro, pero todo se fue al traste cuando se le comprobó el fraude.

Para no ir tan lejos, en Colombia el inmunólogo Manuel Elkin Patarroyo publicó en la revista Nature (1988) un artículo en el que demostraba que una vacuna sintética protegía a los humanos contra la malaria cuando era infectado por el Plasmodium falciparum. También dicha publicación lo llevó a la fama, los medios masivos de comunicación nos encargamos de condecorarlo como un ídolo nacional con nuestros escritos, diferentes gobiernos sucesivos le financiaron sus investigaciones sin siquiera pasar por evaluaciones previas. Han pasado 30 años y pese a que ha continuado investigando y publicando en journals, aún no existe una vacuna que proteja a tantos afectados por esta enfermedad.

En ambos casos los periodistas hemos pecado de ingenuos, por falta de formación, de rigurosidad, de ética. Porque confiamos; y como dice el periodista argentino Daniel Santoro, “la actitud del periodista de investigación es dudar de todo… Si tu madre dice que te quiere, compruébalo”.
Hoy en día, medios que anuncian diariamente con titulares sobre el permanente aumento del número de víctimas mortales ‘por el coronavirus’ le han dado prioridad a la inmediatez, dejando a un lado la profundidad. Si nos dicen que Colombia es el primer país de América Latina en disponer de una prueba para detectar el coronavirus, como lo anunció la semana pasada el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud, ¿Cómo lo logró? ¿Cómo pueden los centros de salud y/o la ciudadanía acceder a ella? ¿Cuál es el costo? ¿Qué hizo que el país fuera el primero en la región? ¿Cómo se logró tan rápidamente? La noticia, más que la manera como la presenta la fuente, va mucho más allá del anuncio. Y para el periodista, “no se debe sacrificar la exactitud por la rapidez, ni la verdad por el oportunismo”, dice el código de ética periodística griego. Si lo hacemos tenemos muchas posibilidades de equivocarnos, de repetir lo que nos dicen sin ir más allá del anuncio.

El mejor periodismo científico, como comer alcachofa, es el que va deshojando desde lo visible hasta el corazón, la nuez del asunto, donde está lo más apetitoso, la ‘carne’ de la historia. Y a medida que se va surtiendo el proceso, cada vez con más datos y mejor conocimiento sobre el tema, muy probablemente surgirán más preguntas por resolver, pero estaremos mejor parados con pies de plomo, más aún cuando nos enfrentamos a situaciones que generan un gran debate.

La escritura de los científicos en sus revistas especializadas y la de los periodistas que buscan llegar a un público no científico es muy diferente, pero tienen en común la búsqueda de la verdad. Por eso los procesos también se diferencian en muchos aspectos. La realidad es que los periodistas tenemos que aprender a leer los papers de los científicos, y ellos deben entender que siendo públicos diferentes, el estilo en periodismo es narrativo, y por tanto se permiten figuras literarias que hagan amena la lectura.

Lo que sí debe quedar claro tanto para científicos como para periodistas es que, como dice la científica y escritora Sherry Seethaler, “el intento de un científico por eludir la revisión de pares lanzando su propuesta directamente a los medios de comunicación es una grave señal de alerta de una posible falta de honestidad intelectual”. Ahí, hay que dudar con mayor razón. La escafandra nos ayuda.

El valor de preguntarnos: ciencia, ¿para quién y para qué?

El valor de preguntarnos: ciencia, ¿para quién y para qué?

En septiembre celebramos esta fiesta del conocimiento con un tema principal que fue transversal a todas las actividades desarrolladas: Ciencia, ¿para quién y para qué? Desde el presidente de esta edición, pasando por los conferencistas magistrales y en los siete simposios, los académicos aprovechamos el encuentro para reflexionar sobre la pertinencia de los modos y propósitos finales de nuestras investigaciones.

Con fortuna, confirmamos que la ciencia sin una intención clara de impacto en nuestro entorno, así sea a largo plazo, no tiene sentido. Así fue como concluyó el biólogo Gustavo Kattan, presidente del XV Congreso, su intervención en la inauguración cuando encontró la relación entre la ciencia teórica y la aplicada: tarde que temprano los hallazgos de la investigación buscarán incidir en la sociedad.

En su conferencia, Enrique Forero, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, nos planteó que desde sus orígenes la ciencia ha respondido a la motivación de la curiosidad por encontrar respuestas a los cuestionamientos sobre lo que nos rodea y a identificar cómo hallar alternativas para transformar nuestro ecosistema natural y social.

Para encontrar diferentes alternativas de acercamiento a la construcción de nuevo conocimiento científico, Viviana Ruíz, la profesora invitada de la Universidad de Cornell y experta en aves, presentó su experiencia de años de trabajo con la ciencia participativa a lo largo del continente americano. El encuentro de saberes de las comunidades locales con la comunidad científica ha sido la clave para la construcción y alimentación de plataformas que reúnen la información sistematizada sobre las especies. Fue un ilustrado ejemplo de cómo evoluciona la producción de conocimiento con claros propósitos de para quién, para qué y cómo.

El panel sobre Venezuela nos invitó a romper los mitos que se puede tener de este país desde el estudio de su historia y de los encuentros, no siempre conflictivos, con Colombia. En últimas, los panelistas propusieron que la academia se sumara a una diplomacia ciudadana que contribuyera a la superación del momento crítico que vivimos con el país vecino. Allí evidenciamos claramente el impacto que puede tener la actividad científica en la sociedad, como respuesta a una de las preguntas trazadas para esta versión del congreso: Ciencia, ¿para quién?

Los siete simposios y la presentación de pósteres sumaron más de 200 investigaciones realizadas por profesores, estudiantes y egresados javerianos de la sede Bogotá y la Seccional Cali. Es un buen brochazo de los resultados de los avances científicos de estos últimos años, que tuvimos la fortuna de compartir con pausa en los cafés, copas de vinos y espacios formales del Congreso. Fue una
oportunidad de encontrarnos con colegas que a diario nos cruzamos en los afanes de nuestra cotidianidad sin posibilidad de mucho diálogo. Esto me reafirma la necesidad de conservar este tipo de escenarios y de encontrarnos más, no solo para conocer los avances de nuestras investigaciones, sino para que reflexionemos y nos volvamos a inspirar en esa motivación inicial que nos congrega a todos: la curiosidad por comprender y buscar aportar en nuestro universo.

Para conocer cómo vivimos el Congreso, se pueden ver, leer y escuchar las memorias en www.javeriana.edu.co/congreso.

Descargue aquí la edición 49 de Pesquisa Javeriana