¿Cómo está la Investigación + Creación en Colombia?

¿Cómo está la Investigación + Creación en Colombia?

Para los integrantes del panel ‘Balance de la inclusión de la Investigación + Creación en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación’, aunque el reconocimiento de la creación artística en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación es un avance significativo, aún quedan aspectos por conciliar entre las prácticas creativas y la producción de conocimiento. Uno de ellos: los imaginarios sociales relacionan a los artistas únicamente con el sector cultural y no con los aportes científicos que pueden ofrecer, afirma Tania Delgado, doctora en Diseño y explotación de tecnologías para el patrimonio cultural del Politécnico de Milán.

Durante la conversación se hizo mucho énfasis en que la Investigación + Creación es una forma de producir nuevo conocimiento. Para Alfonso Gómez, decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, “que el MinCiencias reconozca que existen otras formas de producción intelectual, que no son necesariamente las atribuidas al método científico, le da el impulso que se merece a la Investigación + Creación”.

Lo primero que se debería hacer, según el director del Centro de Investigación y Creación de la Facultad de Artes de la Universidad de los Andes, David Solodkow, es reformar las fronteras disciplinarias que existen en las universidades del país “¿Cómo hacer para construir programas o escenarios en los que nos choquemos interdisciplinariamente?”, se preguntó.

Óscar Hernández, moderador del panel y asistente para la Creación Artística en la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana, aseguró que las prácticas artísticas llevan más de diez años preguntándose cuál podría ser el lugar de la creación dentro de las instituciones dedicadas a la generación de conocimiento.

La inclusión de la sigla I+C en el Ministerio ha tenido impactos positivos. La cifra de investigadores en las artes de 2015 a 2018 se incrementó de 183 a 463, resaltó Yadira Casas, gestora de Ciencias y Tecnología del Programa Nacional de Ciencias Humanas, Sociales y Educación de MinCiencias.

Un ejemplo de ello es la Javeriana Cali que “según la reciente pesquisa de la artista plástica, María del Pilar Vergel, de 2012 a 2019 aumentaron los grupos de investigación de manera significativa; solo en artes visuales fueron 12”, de acuerdo con María Claudia Villegas, directora del programa de Arquitectura de esta universidad en la capital del Valle del Cauca.

Varios de los panelistas concluyen que Colombia es pionera en el reconocimiento de la Investigación+Creación como otra manera de hacer ciencia. No obstante, aún quedan cercos epistemológicos y burocráticos. Un ejemplo de ello son los límites que genera el mismo nombre del MinCiencias, en el que no hay inclusión de las artes en las siglas por tratarse de una nomenclatura internacional. “¿Dónde están las artes en las siglas? Nosotros también podemos hacer investigación”, afirmó Tania Delgado.

Mire aquí el diálogo completo que se llevó a cabo en el panel ‘Balance de la inclusión de la Investigación + Creación en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación’.

Igualmente le invitamos a participar este miércoles 9 de septiembre en el panel de discusión ‘Investigación + Creación en la Relación entre Arte, Ciencia y Tecnología’.

Lea también: ¿Una nueva era de ciencia en Colombia?

Vea el video completo a continuación.

Ciencia y periodismo: ¿van en el mismo camino?

Ciencia y periodismo: ¿van en el mismo camino?

Aprovechando el día del periodista (Febrero 9), vale la pena reflexionar, voltear la mirada de nuevo y analizar cómo dedicarse al periodismo científico sin deslumbrarse por todas las historias que cuentan los miembros de esta comunidad, ni dejarse llevar por la corriente de lo que está en la agenda mediática y debemos cubrir. Es como ponerse la escafandra del buzo o el traje protector con máscaras quirúrgicas y gafas de seguridad que portan quienes están atendiendo a los pacientes infectados con el recién llegado coronavirus.

Empezar a investigar una historia periodística requiere, como en la ciencia, iniciar la tarea identificando las preguntas más idóneas y las fuentes más confiables. Investigar, leer, conversar, entrevistar, tomar notas, volver sobre ellas una y otra vez, preguntar sin vacilaciones, contar con el tiempo suficiente para pensar, repensar, organizar ideas, y producir la información.

Vivimos tratando de superar los retos que todos los días nos pone la profesión en bandeja de plata: ¿Cuáles son las herramientas que podemos usar para garantizar que la fuente es confiable? Recuerden el caso del coreano Hwang Woo Suk, quien en 2005 les hizo creer primero a sus colegas a través de la revista Science, y luego al mundo, a través de los medios de comunicación, que había logrado clonar células madre embrionarias con fines terapéuticos y pasó de héroe a villano cuando los propios científicos probaron que había falseado los datos y sus procedimientos no habían sido rigurosos como lo exige la ciencia. El gobierno le financió sus investigaciones millonaria y prioritariamente, confiado de que su país reclamaría para la historia ese logro, pero todo se fue al traste cuando se le comprobó el fraude.

Para no ir tan lejos, en Colombia el inmunólogo Manuel Elkin Patarroyo publicó en la revista Nature (1988) un artículo en el que demostraba que una vacuna sintética protegía a los humanos contra la malaria cuando era infectado por el Plasmodium falciparum. También dicha publicación lo llevó a la fama, los medios masivos de comunicación nos encargamos de condecorarlo como un ídolo nacional con nuestros escritos, diferentes gobiernos sucesivos le financiaron sus investigaciones sin siquiera pasar por evaluaciones previas. Han pasado 30 años y pese a que ha continuado investigando y publicando en journals, aún no existe una vacuna que proteja a tantos afectados por esta enfermedad.

En ambos casos los periodistas hemos pecado de ingenuos, por falta de formación, de rigurosidad, de ética. Porque confiamos; y como dice el periodista argentino Daniel Santoro, “la actitud del periodista de investigación es dudar de todo… Si tu madre dice que te quiere, compruébalo”.
Hoy en día, medios que anuncian diariamente con titulares sobre el permanente aumento del número de víctimas mortales ‘por el coronavirus’ le han dado prioridad a la inmediatez, dejando a un lado la profundidad. Si nos dicen que Colombia es el primer país de América Latina en disponer de una prueba para detectar el coronavirus, como lo anunció la semana pasada el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud, ¿Cómo lo logró? ¿Cómo pueden los centros de salud y/o la ciudadanía acceder a ella? ¿Cuál es el costo? ¿Qué hizo que el país fuera el primero en la región? ¿Cómo se logró tan rápidamente? La noticia, más que la manera como la presenta la fuente, va mucho más allá del anuncio. Y para el periodista, “no se debe sacrificar la exactitud por la rapidez, ni la verdad por el oportunismo”, dice el código de ética periodística griego. Si lo hacemos tenemos muchas posibilidades de equivocarnos, de repetir lo que nos dicen sin ir más allá del anuncio.

El mejor periodismo científico, como comer alcachofa, es el que va deshojando desde lo visible hasta el corazón, la nuez del asunto, donde está lo más apetitoso, la ‘carne’ de la historia. Y a medida que se va surtiendo el proceso, cada vez con más datos y mejor conocimiento sobre el tema, muy probablemente surgirán más preguntas por resolver, pero estaremos mejor parados con pies de plomo, más aún cuando nos enfrentamos a situaciones que generan un gran debate.

La escritura de los científicos en sus revistas especializadas y la de los periodistas que buscan llegar a un público no científico es muy diferente, pero tienen en común la búsqueda de la verdad. Por eso los procesos también se diferencian en muchos aspectos. La realidad es que los periodistas tenemos que aprender a leer los papers de los científicos, y ellos deben entender que siendo públicos diferentes, el estilo en periodismo es narrativo, y por tanto se permiten figuras literarias que hagan amena la lectura.

Lo que sí debe quedar claro tanto para científicos como para periodistas es que, como dice la científica y escritora Sherry Seethaler, “el intento de un científico por eludir la revisión de pares lanzando su propuesta directamente a los medios de comunicación es una grave señal de alerta de una posible falta de honestidad intelectual”. Ahí, hay que dudar con mayor razón. La escafandra nos ayuda.

El valor de preguntarnos: ciencia, ¿para quién y para qué?

El valor de preguntarnos: ciencia, ¿para quién y para qué?

En septiembre celebramos esta fiesta del conocimiento con un tema principal que fue transversal a todas las actividades desarrolladas: Ciencia, ¿para quién y para qué? Desde el presidente de esta edición, pasando por los conferencistas magistrales y en los siete simposios, los académicos aprovechamos el encuentro para reflexionar sobre la pertinencia de los modos y propósitos finales de nuestras investigaciones.

Con fortuna, confirmamos que la ciencia sin una intención clara de impacto en nuestro entorno, así sea a largo plazo, no tiene sentido. Así fue como concluyó el biólogo Gustavo Kattan, presidente del XV Congreso, su intervención en la inauguración cuando encontró la relación entre la ciencia teórica y la aplicada: tarde que temprano los hallazgos de la investigación buscarán incidir en la sociedad.

En su conferencia, Enrique Forero, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, nos planteó que desde sus orígenes la ciencia ha respondido a la motivación de la curiosidad por encontrar respuestas a los cuestionamientos sobre lo que nos rodea y a identificar cómo hallar alternativas para transformar nuestro ecosistema natural y social.

Para encontrar diferentes alternativas de acercamiento a la construcción de nuevo conocimiento científico, Viviana Ruíz, la profesora invitada de la Universidad de Cornell y experta en aves, presentó su experiencia de años de trabajo con la ciencia participativa a lo largo del continente americano. El encuentro de saberes de las comunidades locales con la comunidad científica ha sido la clave para la construcción y alimentación de plataformas que reúnen la información sistematizada sobre las especies. Fue un ilustrado ejemplo de cómo evoluciona la producción de conocimiento con claros propósitos de para quién, para qué y cómo.

El panel sobre Venezuela nos invitó a romper los mitos que se puede tener de este país desde el estudio de su historia y de los encuentros, no siempre conflictivos, con Colombia. En últimas, los panelistas propusieron que la academia se sumara a una diplomacia ciudadana que contribuyera a la superación del momento crítico que vivimos con el país vecino. Allí evidenciamos claramente el impacto que puede tener la actividad científica en la sociedad, como respuesta a una de las preguntas trazadas para esta versión del congreso: Ciencia, ¿para quién?

Los siete simposios y la presentación de pósteres sumaron más de 200 investigaciones realizadas por profesores, estudiantes y egresados javerianos de la sede Bogotá y la Seccional Cali. Es un buen brochazo de los resultados de los avances científicos de estos últimos años, que tuvimos la fortuna de compartir con pausa en los cafés, copas de vinos y espacios formales del Congreso. Fue una
oportunidad de encontrarnos con colegas que a diario nos cruzamos en los afanes de nuestra cotidianidad sin posibilidad de mucho diálogo. Esto me reafirma la necesidad de conservar este tipo de escenarios y de encontrarnos más, no solo para conocer los avances de nuestras investigaciones, sino para que reflexionemos y nos volvamos a inspirar en esa motivación inicial que nos congrega a todos: la curiosidad por comprender y buscar aportar en nuestro universo.

Para conocer cómo vivimos el Congreso, se pueden ver, leer y escuchar las memorias en www.javeriana.edu.co/congreso.

Descargue aquí la edición 49 de Pesquisa Javeriana