Aprender a leer nuevamente en la universidad

Aprender a leer nuevamente en la universidad

Los bachilleres llegan a la universidad con sentimientos encontrados; en esta transición los acompañan nuevas motivaciones y también temores por los retos que tendrán que enfrentar. Uno de ellos es el “leer para aprender”, pues aunque salen del colegio pensando que están preparados para enfrentar este desafío, tal pensamiento no es más que una suposición alejada de la realidad universitaria: las destrezas que han adquirido hasta este momento, que se basan en una lectura para organizar información y para superar las pruebas Saber 11, resultan insuficientes para las actividades que exige este nuevo espacio académico. Así lo demuestra el estudio interinstitucional Formación inicial en lectura y escritura de la Educación Media al desempeño académico en la Educación Superior, coordinado por la Red de Lectura y Escritura en Educación Superior (REDLEES), en el que participaron como investigadoras las docentes javerianas Juliana Molina, estudiante de Doctorado en Educación y magister en Lingüística Española, y Adriana Salazar, magister en Lingüística y licenciada en Educación Especial.

Ambas coinciden en que, ante este nuevo contexto para el estudiante, la universidad se puede convertir en una oportunidad para brindar nuevas herramientas de lectura y potenciar las habilidades que ya traen los jóvenes desde secundaria, con el fin de que lean de forma crítica y a la vez apropien el conocimiento, es decir, que no solo sean capaces de leer sino también de reflexionar, relacionar información, consultar diferentes fuentes confiables y construir nuevos aprendizajes. Con esta idea en mente, las universidades han implementado en el primer año de formación cursos de lectura y escritura destinados a promover estrategias para alcanzar estos objetivos.

Sin embargo, Molina y Salazar identificaron un problema: a pesar del paso de los estudiantes por estos cursos, cuando llegan a ver asignaturas propias de los núcleos fundamentales de sus carreras, escenario en el que se supone ya deben contar con un nivel de lectura avanzado, “ellos no saben leer o, por lo menos, no como se esperaría”.

Para reconocer la dimensión de esta problemática, las investigadoras resaltan algunos hallazgos de su investigación, la cual identificó las prácticas de lectura de los estudiantes antes, durante y después de haber cursado estas asignaturas y reflexionó sobre las prácticas de los docentes universitarios para enseñar. Así, el estudio retoma la información de 12 universidades colombianas que ofrecen, en el primer año de formación, cursos de lectura y escritura.


¿De quién es la responsabilidad?

Es verdad que la educación media (EM) podría crear espacios de aprendizaje que promuevan varios aspectos: el rastreo de información para confrontarla, el uso de fuentes confiables, la selección de información relevante y la eliminación de la que no lo es; la asistencia a actividades como foros, conferencias o seminarios que, potencialmente, mejorarían la lectura y serían fuentes de información. Sin embargo, no es responsabilidad de los colegios formar a los estudiantes para leer en la universidad.

“No es deber de la EM desarrollar todas las habilidades que deben tener los estudiantes para ingresar a la universidad. No le podemos pedir a la secundaria que prepare a los chicos para la universidad. Es la universidad la que tiene que formar lectores para la universidad retomando elementos de secundaria, y cada disciplina tiene que buscar los procesos para acercar a sus nuevos estudiantes a las maneras en cómo se lee y se escribe en esa área”, señalan las académicas en su investigación.

Pero si no son los colegios, ¿ qué está influyendo para que los universitarios no cuenten con las destrezas para leer adecuadamente en las asignaturas propias de su carrera? Los estudiantes toman los cursos de lectura y escritura en el primer año y allí se encuentran con tres funciones específicas: leer para hacer resúmenes, leer para resolver evaluaciones y leer para conversar, “muy similar a la lectura del colegio”, explican las investigadoras. Y aquí está el corazón del problema.

Los estudiantes llegan al salón de clase, se sientan y reciben instrucciones del docente, quien impone prácticas directivas; por ejemplo, durante la investigación, un joven señaló que “para una de estas clases la profesora entregaba los textos que debía realizar para la próxima sesión y luego hacía preguntas con base en el texto propuesto para la actividad, con el fin de verificar si había preguntas o dudas”. En ese sentido, el papel del estudiante es el de obedecer y hacer la lectura, en un espacio en donde todo se le es dado porque es común que los docentes dejen la lectura en algún centro de copiado, indiquen en dónde la pueden encontrar o, incluso, la suban al aula virtual y “el estudiante no ve la necesidad de ir más allá para acceder, leer, interpretar y producir información que pueda ser de valor en el contexto académico, convirtiéndose en un actor pasivo dentro del proceso formativo”, añaden las profesoras.

Lo que más sorprende de esta situación es que, aunque las exigencias de los docentes en las asignaturas propias de las carreras son más altas, son ellos mismos quienes, al igual que los profesores de los cursos de lectura y escritura, limitan la búsqueda de nueva información que invite a una lectura para pensar, investigar, escribir, apropiar y construir conocimientos.

Otra práctica de lectura común por parte de los profesores es distanciar a los estudiantes del uso de las herramientas tecnológicas, porque estanca el acceso, lectura, interpretación y producción de diversa información que se encuentra en la red. No replicarlas en la universidad, idear nuevas estrategias por parte de los docentes y fomentar en los estudiantes la búsqueda de información es una de las invitaciones que hacen las investigadoras Molina y Salazar a los docentes universitarios.

“Vamos a tener buenos lectores en la medida que, como profesores, invitemos a que los estudiantes se enfrenten a una variedad de textos y sean críticos ante ellos. Es ponerles retos que no se resuelvan con un resumen ni con una reseña, sino que mezclen voces, utilicen citas, recurran a distintas fuentes confiables y hagan uso de la tecnología, vista como una herramienta que puede ayudar a estos procesos”, afirma Adriana Salazar.


La lectura digital, una posibilidad para leer con sentido

Esa aversión al uso de herramientas tecnológicas por los estudiantes es una de las grandes falencias de los docentes universitarios. Por eso, las investigadoras proponen la implementación de la lectura digital en las clases como una posibilidad para que los estudiantes puedan sobrepasar y romper ese muro que los ha cohibido de leer para aprender y para apropiar el conocimiento.

“Nosotras somos, además de investigadoras, docentes universitarias y no podemos negar que estamos experimentando una transición en la que el formato digital ha empezado a tomar un protagonismo tan fuerte como el que ha tenido por décadas el impreso. Para ir al ritmo de los jóvenes y las tecnologías, un reto que nuestra realidad plantea a las instituciones educativas es el uso de medios digitales para la formación de los universitarios”, exponen.

En un artículo de 2015 derivado de esta investigación, donde se retoma la información de 180 encuestas a estudiantes, además de entrevistas a profesores encargados de los cursos de lectura y escritura y de áreas disciplinares, y observaciones de las clases de lectura y escritura de 12 universidades, las investigadoras afirman que “los textos que los universitarios leen con fines académicos ya no son predominantemente impresos, muchos son digitales, algunos soportados por internet. De hecho, el tercer documento más leído por los estudiantes universitarios (76%) son las páginas web y blogs”.

Pero esta es una realidad que no se aprovecha dentro del salón de clase, ya que los profesores universitarios no motivan ni enseñan a sus estudiantes a buscar información en formatos digitales. “Algunos maestros sienten temor de hacer uso de herramientas tecnológicas en sus clases porque corren el riesgo de que los estudiantes generen hábitos inadecuados de estudio, como el copiar y pegar o, incluso, que lleguen al plagio”, aseguran las investigadoras.

Para Molina, las nuevas generaciones de docentes están dando un viraje importante en este sentido, pues, lentamente, van incluyendo en su ejercicio diferentes herramientas tecnológicas, lo cual potenciará las habilidades de sus estudiantes para construir nuevo conocimiento. “Hay que seguir trabajando en esta concientización para formar mejores lectores y profesionales”, concluye.

Desde la primera vez, siempre sí al preservativo

Desde la primera vez, siempre sí al preservativo

Era un jueves de enero. Día caluroso, pese a que el gris de las nubes anunciaba tormenta. Pero eso no le importaba a Marcela, pues en sus ojos ya llovían con fuerza las lágrimas. Su mirada estaba ida. Casi ni parpadeaba. Solo apretaba con la mano derecha un sobre donde se encontraba la causa de su desconsuelo. El timbre de su celular la hizo volver a la realidad. No alcanzó a decir “aló”, porque al escuchar la voz de Luisa el llanto silencioso de hace unos segundos se desbordó del modo más desgarrador. Y cómo no entenderla, si había sido diagnosticada con VIH y estaba a punto de contárselo a su pareja, quien con toda seguridad también portaba el virus.

Como Marcela, hay muchas mujeres más atravesando por esta situación. Se suele pensar que en las relaciones homosexuales femeninas, por no haber penetración, los riesgos son nulos. Según un informe realizado por Joint United Nations Programe on HIV/AIDS (UNAIDS), el contagio del VIH está afectando cada vez más a la comunidad joven femenina, al tiempo que señala que esta constituye el 50 % de la población mundial afectada.

Este hallazgo fue corroborado por investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali y la Universidad del Valle. “Todo inició con mi tesis doctoral, centrada en identificarla función del riesgo o la manera en que los jóvenes lo conciben en distintas áreas, y una de ellas era la sexualidad. En 2009 coincido con el grupo de la Javeriana de Cali, quienes llevaban más de diez años abordando este tema. Empezamos a trabajar en saber por qué, si la gente conocía la importancia del uso del preservativo, en su práctica cotidiana no aplicaba este conocimiento”, explica Teresita Sevilla, directora de la Oficina de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali e investigadora del Proyecto Tramas. Y añade: “lo que buscábamos era develar las tramas de acción y las lógicas de sentido que subyacen en la adopción de prácticas protectoras y preventivas frente al VIH en jóvenes”.


Qué condiciona las prácticas sexuales de los jóvenes

Entre los principales hallazgos de la investigación, circunscritos al ámbito familiar, es que existen problemas de comunicación entre padres e hijos a la hora de hablar de sexo, a los que se suman la violencia de género en el hogar y dinámicas asociadas a situaciones de convivencia que se terminan viendo reflejadas en las vivencias y expresiones de la sexualidad. “La madre sigue siendo reconocida y delegada como principal transmisora de valores y disciplina en el abordaje de la sexualidad, pero ahora la figura del padre toma fuerza, por las distintas configuraciones familiares que existen. Por ejemplo, familias monoparentales, ensambladas, homoparentales,etc.”, afirma Linda Teresa Orcasita, docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de Javeriana Cali y coinvestigadora de Tramas.

Otro de los hallazgos está en el debut sexual. “Encontramos que esa primera vez es muy importante, por el valor que se le da y porque marca la trayectoria posterior. Si en esa primera vez la persona me dice que no es necesario usar condón, yo empiezo a incorporar esos elementos para el resto de mis experiencias sexuales”, agrega la psicóloga Orcasita. Las considerables transformaciones en las dinámicas sociosexuales entre hombres y mujeres, así como los avances en las creencias sobre el uso de preservativo, constituyen otra conclusión significativa del estudio.

Sin embargo, persisten los imaginarios de género que limitan la participación de las mujeres. “Este fenómeno se debe a quesocialmente hay una baja percepción de riesgo de transmisión del VIH en las relaciones homosexuales femeninas, ya sea por prejuicios de género, por falta de comunicación o por concepciones heteronormativas, es decir, que la idea de sexualidad se basa en los patrones, comportamientos y creencias heterosexuales”, continúa Orcasita.

Entonces, ¿Marcela es portadora de VIH por carencia de información y por ser estigmatizada? No es fácil responder a esta pregunta. Lo que sí queda claro es cómo pudo llegar a contraer la enfermedad. “La transmisión del VIH en las mujeres homosexuales se da a través del contacto con la mucosa vaginal, el intercambio de secreción y sangre menstrual que contenga el virus. Incluso, puede ocurrir mediante la inseminación artificial, cuando se realiza sin un control médico”, argumentan Elías y Teresita Sevilla, con base en estudios anteriores.

Por su lado, Proyecto Tramas también valoró el riesgo en la sexualidad de los jóvenes frente al VIH-Sida y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) e “identificó que dos terceras partes de los jóvenes se clasificaron en peligro medio y alto, y las relaciones de mayor vulnerabilidad están referidas a tener prácticas sexuales con parejas ocasionales teniendo una relación estable, con desconocidos y bajo el efecto del alcohol”, comenta Sevilla.


De la teoría a la práctica

Para recopilar pruebas, el equipo de Tramas se enfocó en tres universidades de Cali escogidas según parámetros como clase social, demografía y carácter público o privado. “Seleccionamos una pública, que tiene dos campus, y dos privadas. Orientados por una lógica descriptiva – interpretativa, desarrollamos tres componentes metodológicos de una estrategia integrada. En un primer momento se construyeron 30 relatos de vida de jóvenes hombres y mujeres de los tres entornos universitarios; paralelamente, durante seis meses, se desarrollaron ejercicios de microetnografías en los tres entornos en los que hubo participación activa de investigadores y estudiantes”, explica Sevilla.

Al mismo tiempo, a partir de los resultados de estos primeros componentes, y apoyadas en hallazgos de algunos estudios previos, las investigadoras diseñaron la encuesta ‘Reconociendo mi salud sexual y reproductiva’, que en su segunda versión fue administrada a 1704 estudiantes de los cuatro campus. El proyecto vinculó asimismo a investigadores, asistentes y estudiantes de distinto nivel de formación y diversas áreas de conocimiento, entre ellas, sociología, psicología, enfermería, salud pública, epidemiología, comunicación, ingeniería de sistemas y estadística.

“En 2015 se presentaron 840 reportes de enfermos de sida y 198 fallecimientos por esta causa en Cali, lo que significa una tasa de incidencia del 35,4 personas y una tasa de mortalidad de 8,4 personas por cada 100 000 habitantes”.
‘Así va la lucha contra el VIH Sida en Cali’ (El País, diciembre de 2016).


Tareas pendientes

“El trabajo con las universidades lo seguimos haciendo, al igual que con los servicios de salud y las familias. Ahora queremos devolvernos a los colegios, porque, según otro estudio vinculado a Tramas, el inicio de la vida sexual está cerca de los 14 años de edad. Entonces, ¿cuál es ese momento de preparación? De allí que queramos empezar a hacer un trabajo previo urgente, no solo con los adolescentes, sino con todos los actores, para que reconozcan las diversas opciones sexuales y la información no sea limitada”, justifica Orcasita.

Mientras el equipo continúa investigando, Marcela, a pesar de su situación, se declara feliz, porque su familia la acepta tal y como es, y además puede dar testimonio para que los jóvenes tomen conciencia del uso del condón. “Mi papá me dijo que, si esa era mi felicidad, tenía que ser también su felicidad, y mi mamá me expresó que yo iba a ser su hija para siempre y que eso no iba a cambiar nada en mí”, dice con voz esperanzadora.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Tramas de acción y de sentido en las prácticas preventivas frente al VIH/Sida en jóvenes universitarios de Cali
INVESTIGADORAS PRINCIPALES: Teresita María Sevilla Peñuela, Gladys Eugenia Canaval Erazo y Claudia Patricia Valencia Molina
COINVESTIGADORA: Linda Teresa Orcasita
Pontificia Universidad Javeriana Cali: Grupo de Medición y Evaluación Psicológica, Grupo de Investigación Bienestar, Cultura, Trabajo y Sociedad (bitacos), Escuela de Enfermería
Grupo de Investigación en Estudios Doctorales en Ingeniería (GEDI)
Centro de Investigaciones de la Universidad Santiago de Cali
Universidad del Valle – Grupo Promesa
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2015

¿Cómo hablan los jóvenes bogotanos?

¿Cómo hablan los jóvenes bogotanos?

Todo empezó como un ejercicio de clase, en 2007. El oído afinado de varios lingüistas identificó el uso recurrente de dos prefijos, re- y super-, en el habla de jóvenes colombianos. “Super lindo”, “re tierno”, “super rico”, “re mamón”, escuchaban repetidas veces. La clase terminó, pero después de seis años seguían escuchando frases como “la fiesta estuvo re chimba”. Así empezó una investigación en la que participaron los lingüistas Juliana Molina, del Departamento de Lenguas de la Universidad Javeriana, Jhon Jairo Aguirre, de la Universidad EAN, y Bibiana Romero, del Colegio Mayor de Antioquia, en la que compararon el uso de estos dos prefijos durante 2007 y 2013 en el habla coloquial de los jóvenes en Bogotá.

En Colombia tenemos una gran variedad de dialectos y esto se refleja en un “país con muchas actitudes lingüísticas”, afirma Juliana Molina, y con esto se reafirma que también existe un prestigio lingüístico relacionado con la clase social de una persona. De ahí el “no hable ñero” o “no hable gomelo”, que algunas personas expresan frente a una forma determinada de hablar. De esa manera, la investigación buscó ver cómo funciona el uso de esos prefijos en relación con la estratificación socioeconómica de los jóvenes bogotanos.

“¿Qué dirías si te dicen que te descubrieron una enfermedad terminal?” o “¿qué dirías de una cerveza fría a la orilla del mar Caribe?”. Así empezaban las entrevistas que hacían a jóvenes de 15 a 20 años, a los que también les mostraban varias imágenes que representaban desde un plato de fresas con crema hasta un cadáver. De 60 entrevistas que se realizaron en 2007, 37 personas hicieron uso de los prefijos re- y super- 91 veces; y en 2013, de 60 entrevistas realizadas, 43 personas los usaron 108 veces.

Resultados de la investigación:

Clase socioeconómica baja:
– En 2007 utilizó el prefijo re- 28 veces, y en 2013, el prefijo super- seis veces.
– En 2013 usó el prefijo re- 18 veces, y en 2013, el prefijo super- seis veces.

Clase socioeconómica media:
-En 2007 utilizó el prefijo re- 16 veces, y en 2013, el prefijo super- cuatro veces.
-En 2013 utilizó el prefijo re- solo do veces, y en 2013, el prefijo super- 37 veces

Clase socioeconómica alta:
-En 2007 usó el prefijo re- 20 veces, y el prefijo super-, 17 veces
-En 2013 usó el prefijo re- solo cinco veces, y el prefijo super-, 40 veces

La gente suele pensar que los jóvenes son inmaduros y que su habla no es elaborada, sin embargo, el uso de estos prefijos y sus variaciones a través del tiempo reflejan una identidad juvenil y un rasgo constitutivo que los hace pertenecientes a esa colectividad llamada jóvenes. Cada persona tiene una actitud lingüística frente a los dialectos presentes en Colombia pero, desde este campo de conocimiento, no se puede afirmar que haya una variedad mejor que otra, según Molina.

Para estos lingüistas, no se trata de calificar a alguien como “bien hablado” o “mal hablado” sino de entender que el uso de estos prefijos hace parte de una identidad lingüística que no empobrece el habla sino todo lo contrario, refleja una riqueza lingüística y una creatividad de los jóvenes, algo constitutivo en esa etapa de su vida.

Por ahora, los investigadores han publicado un artículo sobre esta investigación en Colombian Applied Linguistics Journal, publicación de la Universidad Distrital. Estos intereses investigativos se han continuado estudiando, desde el campo de la sociolingüística, en otros espacios sociales.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Estratificación socioeconómica del uso de los prefijos re- y super- en los jóvenes de Bogotá: acercamiento a un estudio diacrónico
INVESTIGADORES: Juliana Angélica Molina Ríos, Jhon Jairo Aguirre Londoño y Bibiana Yaneth Romero Chala
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2007 – 2015
Con el apoyo de Universidad Eafit y Colegio Mayor de Antioquia
Departamento de Lenguas
Facultad de Comunicación y Lenguaje

La música que ayudó a descubrir la cultura política en jóvenes de Aguablanca, en Cali

La música que ayudó a descubrir la cultura política en jóvenes de Aguablanca, en Cali

La música nos libera y desestresa
nuestra alma,
nos ayuda a ser felices y también
nos da la calma.

Nos alivia las tristezas y también los sinsabores
que nos da esta vida dura pero somos ganadores.

Le doy gracias a Diosito por llevarme
tan derecho,
expresando lo que siento tan dentro
de mi pecho.

Siento como si volara en el espacio
más profundo.

Cuando toco mi guitarra es lo más grande de este mundo…

Letras como esta, montadas en ritmos urbanos como el hip hop y el rap, cuentan cotidianidades y tensiones que los investigadores de la Javeriana tuvieron oportunidad de caracterizar y contrastar con los muchachos del barrio El Vallado, que apostaron por la expresión artística como su forma de dimensionar lo comunicativo y lo político.

El proyecto denominado “Sin fronteras: procesos de comunicación y cultura política en la comuna 15 de Cali” tuvo antecedentes desde 2010 en el curso de Comunicación y Ciudad. Posteriormente, en el segundo semestre de 2011, estudiantes y profesores de varias asignaturas de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana desarrollaron la metodología de aprendizaje-servicio trabajada, entre otras instancias, por la Oficina de Responsabilidad Social Universitaria de la Universidad Javeriana.

El reto comenzó por cambiar la percepción de actores sociales acostumbrados a ver proyectos de intervención en sus comunidades sin contraprestaciones claras. Por tal razón, la planeación del método y las actividades se realizaron desde los departamentos de Ciencias Sociales; Comunicación y Lenguaje; Ciencia Jurídica y Política, y Arte, Arquitectura y Diseño. A esta suma de esfuerzos se le denominó “Proyecto integrador” que, bajo la coordinación del profesor Camilo Adolfo Mayor, le tomó la temperatura social, comunicativa, expresiva y política a la comuna 15. Allí participaron en total 9 asignaturas, 11 profesores y 150 estudiantes de la Javeriana, seccional Cali.

La experiencia recogida y sistematizada sirvió como base para el proyecto de investigación liderado por el profesor Mayor y desarrollado durante 2012 con la participación de docentes y estudiantes de las carreras de Comunicación y Ciencia Política.

Un lugar para el intercambio de saberes

Los encuentros comenzaron en la sede del centro comunitario Abriendo Puertas. Posteriormente se construyó una cartografía social, denominada Caminando comuna 15, que sirvió para hacer un reconocimiento del terreno. Fronteras invisibles y sitios cargados de significados, buenos y malos, fueron compartidos por los jóvenes de la comuna y los estudiantes javerianos. La tarea sirvió para revisar y discutir esquemas y estereotipos, muchas veces reforzados por los medios de comunicación, en torno a las comunidades que habitan en el distrito de Aguablanca.

Para el investigador principal, el ejercicio no fue un simple encuentro de dos realidades: la de los universitarios y la de los jóvenes de la comuna. “Hubo reconocimiento mutuo, negociación y trabajo en equipo, pues había cosas que hacer y la confianza jugó un papel importante”, indicó.

De acuerdo con la memoria del proyecto realizada por el profesor Carlos Andrés Tobar Tovar, el barrio El Vallado se fundó en 1984. Sus primeras viviendas se construyeron por autoconstrucción, bajo la supervisión de estudiantes de último semestre de Arquitectura de la Universidad del Valle. En 1987 se dio al servicio de la comunidad la Escuela Enrique Olaya Herrera y en 1988 se inauguró la Unidad Recretiva El Vallado, donada por Colgate-Palmolive.

El Vallado hace parte del distrito de Aguablanca, sector del oriente de Cali fundado en 1972. Sus primeros barrios fueron fruto de procesos de invasión y urbanización ilegal por parte de personas de bajos recursos económicos procedentes de distintos sectores urbanos y rurales. Se calcula que el 30 % de los habitantes de Cali vive allí (cerca de 850.000 personas).

Gracias al apoyo internacional de la Comunidad Valenciana de España, desde 2011 se inició en El Vallado un proyecto para formar jóvenes en actividades como música, danza tradicional, deporte, lectura y escritura. De acuerdo con Gabrielle Belé, voluntaria del “Proyecto Valencia” y profesora de música del centro comunitario Abriendo Puertas, con esta iniciativa se busca “formar a los jóvenes como personas”, mediante dinámicas que exploran distintas dimensiones (sentimientos, emociones, empatía, asertividad y resolución de conflictos).

A través de estas actividades los jóvenes reflexionan sobre su propio proyecto de vida, “para reconocer de dónde vienen, sus fortalezas, debilidades, una misión y una visión que los alejen del conflicto violento y demás aspectos que dificultan la vida en comunidad”, precisa el coinvestigador Tobar Tovar.

La cultura política en Aguablanca

El objetivo general de la investigación se orientó a reconocer cómo los procesos culturales, mediados por la comunicación, inciden en la cultura política de los jóvenes de la comuna 15, teniendo como dispositivo metodológico la investigación de acompañamiento.

“Al comienzo los muchachos que iban al centro comunitario no tenían mucho interés en los temas que nosotros, los estudiantes de la Javeriana, les proponíamos. Cuando salió el tema de la música y la posibilidad de producir, entonces se dinamizó todo, y como ellos eran buenos con los instrumentos, comenzaron a contar sus cosas a través de canciones”, recuerda el estudiante José Bayardo Betancourt, quien también participó en la sistematización de la experiencia investigativa.

Por su parte, la estudiante de Comunicación Luz Saray Mosquera Aragón, quien también hizo parte del equipo investigador, consideró que lo observado con los jóvenes de El Vallado refleja la tesis del investigador y crítico de televisión Omar Rincón, en el sentido de que estamos pasando de una sociedad de masas a una “sociedad masiva de expresión”, de la mano de las tecnologías de la información y la comunicación, “que les han dado voz a los creadores musicales…”.

En un artículo titulado “Consumo cultural y creación musical juvenil: el caso del grupo musical Alto Volumen”, publicado en el número 2 de la revista Cuaderno Javeriano de Comunicación, la estudiante precisa que a través de la música los jóvenes “no solo expresan un punto de vista sobre asuntos sociales, económicos y políticos, sino que también producen una vía para la exposición pública de sus identidades culturales”.

Cafépolis fue el espacio de encuentro y debate creado por todos los participantes en el proyecto. Unas veces las reuniones se hacían en el centro comunitario y otras, en la Javeriana. Desde allí se generó un nuevo sentido de lo político a través de formas emergentes de comunicación que se centraron en narrar la realidad que viven los jóvenes de Aguablanca a través de la música, el baile, la escritura y las experiencias con tecnología en el Laboratorio de Comunicación de la Javeriana.

Se comprobó, entre otras cosas, lo señalado por Germán Rey: “mientras la política deja de estar en el centro, la comunicación adquiere toda la centralidad en la vida social”. En otras palabras, la construcción de una cultura política y de un sentido de lo público pasa, en los jóvenes, primero por la comunicación y las formas expresivas para contar su propia realidad. “A ellos no les interesa la política partidista… les interesa lo que les pasa en su cotidianidad y fue por eso que se pusieron a hacer canciones sobre diversas cosas”, indicó el profesor Camilo Mayor.

Los aprendizajes

Los programas de Comunicación y Ciencia Política coordinaron sus asignaturas de Comunicación y Ciudad, orientada por el profesor Camilo Mayor, y Comunicación y Política, a cargo de la profesora Adriana Londoño, para trabajar sobre el terreno con los jóvenes de Aguablanca. De esta manera se produjeron y direccionaron los discursos juveniles hacia formas expresivas que dieron origen a varios trabajos de grado y a la producción de un CD musical titulado Gracias, la hipermedia Sin Fronteras, un videoclip sobre una canción del grupo Alto Volumen, un video documental sobre la vida de uno de los jóvenes de la comuna 15 y un boletín impreso que circuló en la comunidad con el mismo nombre del espacio de encuentro, es decir, Cafépolis, con una frase complementaria: Nuestro diario vivir. Los estudiantes de la Javeriana participaron también como productores de estas piezas y contaron en todo momento con el concurso de los jóvenes de El Vallado.

Para Camilo Mayor los aprendizajes del proyecto pasan por aspectos como la imagen de la academia, en este caso de la Javeriana, frente a los líderes comunitarios, pues no solo se recogió y procesó información valiosa, sino que se compartieron experiencias y productos comunicativos que se presentaron públicamente. De igual forma, agregó que con esta experiencia se reconoció la importancia de tender redes académicas comunitarias para un mejor reconocimiento de las realidades que se viven en distintos sectores de la ciudad.


Para saber más:
» “Procesos de comunicación y cultura política”. (2012). Sin Fronteras (hipermedia). Disponible en: https://proyectos.javerianacali.edu.co/comuna15/. Recuperado en: 10/02/2014.» Tobar, C. (2013). “Procesos de comunicación y cultura política en la comuna 15 del distrito de Aguablanca: una investigación de acompañamiento con una comunidad que asiste a un centro comunitario del oriente caleño”. Cuaderno Javeriano de Comunicación 2: 7-22.

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Tomar conciencia

Tomar conciencia

Al lado de los puestos de comidas rápidas y los centros de fotocopiado, los establecimientos de venta de licor proliferan alrededor de las universidades. Y así, de forma desapercibida, el alcohol se instala en la rutina de los jóvenes universitarios, quienes, recién egresados del colegio, están iniciando una etapa que supone mayor autonomía. Sin embargo, lo que empieza con un par de cervezas los viernes en la tarde podría terminar convirtiéndose en una adicción.

De acuerdo con el II Estudio Epidemiológico Andino sobre Consumo de Drogas en la Población Universitaria1, en Colombia 1 de cada 12 estudiantes, entre los 18 y los 25 años, que ha reconocido haber consumido alcohol en el último año presenta signos de dependencia. Este dato está en línea con los hallazgos de un estudio liderado por la Universidad Javeriana en 2010 (ver “Para leer más”), que a través de entrevistas a estudiantes de 10 universidades de Bogotá permitió evidenciar los altos niveles de consumo de alcohol en jóvenes.

Ante este contexto, pensar en un programa de prevención era el paso a seguir. Una vez se socializaron los resultados del estudio de diagnóstico con 80 estudiantes universitarios, surgieron las claves para empezar a trabajar en prevención. La propuesta de los estudiantes era crear iniciativas dinámicas de prevención que tuvieran en cuenta la perspectiva de los jóvenes, tanto en su planeación como en su puesta en marcha. A partir de esa retroalimentación nació el programa “Tómate el control”.

Un reto de grandes magnitudes

“La literatura muestra que es difícil alcanzar ciertos niveles de prevención de consumo de alcohol, pero nosotros nos la jugamos”, asegura la directora del programa de prevención “Tómate el control”, María Liliana Muñoz, psicóloga y magíster en Comunicación Social, quien también fue la directora del estudio de diagnóstico en el que participaron como coinvestigadoras Gloria del Pilar Cardona, Margareth Méndez, Lucía Carolina Barbosa y Luisa Fernanda Ruiz. Según Muñoz, el programa se creó con el objetivo de lograr que los jóvenes asumieran una actitud crítica con respecto al consumo de alcohol. “Se busca que ellos mismos analicen qué les aporta el licor, pero también cómo los afecta su consumo, para que a partir de ese análisis puedan tomar sus propias decisiones”. El hecho de que los mensajes de “Tómate el control” fueran creados y socializados por los mismos estudiantes marcó una diferencia en relación con proyectos anteriores. El programa se implementó entre 2010 y 2011, y desde entonces se vienen realizando actividades de seguimiento que le han dado continuidad a la iniciativa. El proyecto se realizó con el apoyo de Colciencias, la Secretaría Distrital de Salud y la Universidad Javeriana en dos universidades privadas de Bogotá, incluida la Javeriana.

El programa se diseñó desde un enfoque de prevención integral, que buscaba identificar las características del consumo de alcohol en los jóvenes, las variables asociadas con las situaciones de consumo de alcohol y la relación entre estas situaciones y los niveles de consumo. Este enfoque hizo posible que la estrategia de prevención partiera del reconocimiento, por parte de los mismos jóvenes, de las señales personales y contextuales que les permitirían ejercer la regulación de su conducta en lo que respecta al consumo de alcohol.

En la Universidad Javeriana el programa se puso en marcha en las facultades de Comunicación y Lenguaje, Ciencias Económicas y Administrativas, e Ingeniería, dado que estas fueron las que más altos índices de consumo de alcohol demostraron en el estudio de diagnóstico. Posteriormente, en el desarrollo de las actividades de seguimiento, se involucró también a las facultades de Enfermería, Arquitectura y Diseño, y Psicología. Durante el primer año de intervención del programa, “Tómate el control” llegó a 9.020 estudiantes a través de actividades como videoforos, charlas, encuentros culturales y deportivos, etc.

Gracias al apoyo de la comunidad universitaria, algunas de las actividades del programa se realizaban directamente en las aulas, durante las horas de clase. Del mismo modo, momentos como el almuerzo o el espacio entre clases eran aprovechados por el equipo del programa para llevar a cabo actividades lúdicas y culturales en los lugares abiertos de la universidad.

El programa “Tómate el control” se organizó en dos líneas: “Tómatela suave” y “No te tomes tu vida”. La primera buscaba llegar a todas las personas que de alguna forma están expuestas al consumo de alcohol debido a su contexto, como es el caso de los universitarios. Por su parte, la segunda trabajó con los estudiantes que están en riesgo de tener un consumo de alcohol problemático o que ya lo tienen. En el marco de este programa, los casos muy serios de consumo problemático solo se identificaban y se remitían a otras instancias especializadas.

Una iniciativa desarrollada por y para los jóvenes

Sebastián Piña, estudiante de último semestre de ingeniería, fue uno de los jóvenes que trabajó en el programa “Tómate el control”. Piña asegura que abordar el tema del consumo de alcohol no es fácil, pues no todos se sienten cómodos al compartir sus experiencias personales. “Nuestro objetivo no es decir ‘no tome’, ‘no salga’, ‘no haga nada’, porque es algo que nosotros también hacemos. La clave es concientizar sobre el consumo responsable del alcohol”.

Piña considera que la participación de los jóvenes en el proyecto fue un elemento clave en su éxito. “La recepción del mensaje se logró en todos los casos. La gente se sentía identificada con nosotros, y cuando contábamos casos y experiencias, las personas se animaban y empezaban a intervenir y a participar en las sesiones”.

En esa misma línea, Lorena Storino, estudiante de psicología de quinto semestre que también apoyó “Tómate el control”, asegura que este programa se diferencia de otros por cuanto cada actividad fue planeada por un grupo de jóvenes que conocían los gustos, los incentivos, las necesidades y los problemas de sus compañeros.

Para los jóvenes que hicieron parte del equipo que diseñó e implementó el programa, trabajar en este tipo de iniciativas es un elemento clave de su formación integral. Semestralmente “Tómate el control” contó con la participación de cerca de 25 estudiantes de diferentes facultades. La mayoría de ellos eran becarios de la universidad que tenían la opción de trabajar en el programa para completar sus horas de servicio social. “Pu- dimos contar con un equipo interdisciplinar muy creativo. Teníamos quién apoyara la realización de videos, el funcionamiento de la página web, el manejo de las redes sociales, etc.”, asegura Muñoz.

Actualmente, tras sistematizar los resultados, Muñoz no duda en calificar el proyecto “Tómate el control” como una iniciativa exitosa e innovadora. De acuerdo con el informe final del proyecto, se evidenció una diferencia estadísticamente significativa entre el nivel del riesgo en el consumo de alcohol que se identificó en la evaluación inicial y el de la evaluación posterior a la implementación del programa. Después de la ejecución de “Tómate el control” el riesgo perjudicial y de dependencia del alcohol disminuyó en cinco puntos porcentuales, y el consumo de riesgo se redujo en ocho puntos.

Estos resultados hicieron que la Vicerrectoría del Medio Universitario de la Universidad Javeriana haya tomado la decisión de asumir “Tómate el control” como iniciativa institucional. Adicionalmente, Muñoz y su equipo buscan alternativas para replicar el modelo en más universidades públicas y privadas de Bogotá, el departamento de Cundinamarca, e incluso a nivel nacional.

Para saber más:
» Muñoz, L., Barbosa, C., Bríñez, a., Caycedo, C., Méndez, M. & oyuela, r. (2012). “elementos para programas de prevención en consumo de alcohol en universitarios”. Universitas Psychologica 11 (1): 131-145. disponible en: https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/revPsycho/ article/view/602. recuperado en: 20/09/2013.
» Naciones Unidas, oficina contra la droga y el delito & organización Mundial de la Salud (oMS). (2006). Seguimiento y evaluación de programas de prevención del uso indebido de sustancias por los jóvenes. Viena: Naciones Unidas. disponible en: https://www.unodc.org/pdf/youthnet/action/planning/m&E_S.pdf recuperado en: 20/09/2013.
 
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