El sonido de las palabras en el Hay Festival

El sonido de las palabras en el Hay Festival

Col Música IL

El Hay Festival es un encuentro de relatos del mundo desde diferentes miradas y expresiones humanas. Todas las historias se entrecruzan en el Caribe y este lugar se convierte en su epicentro. Y es que el Caribe es esa porción de mundo en el mar en la que todos los continentes convergen y surgen culturas diversas que nos llevan a África, Europa y Asia, pero que no se desprenden de América. Desde el Caribe colombiano, el Hay Festival nos hace una invitación que se convierte en lema: “Imagina el mundo”. Hagamos, pues, el ejercicio.

Imagina el mundo. Imagínalo desde la palabra, el sonido, el gusto, la imagen o el color. Ahora, imagínalo desde el gran Caribe. Allí, entre tierra y agua surge el mundo. Las islas brotan como flores sobre el mar, las costas se mojan en ríos de dulce y océanos de sal. El mundo se despierta con el sol y en la noche la marea le canta un arrullo, entonces todo vibra con la frecuencia de las olas. La música está implícita en la esencia del mar Caribe, porque suena por sí solo. Y allí aparece el son y la cumbia, la salsa y el merengue, el calipso, el reggae. Imagina el mundo y prescinde de todo, menos del sonido. Porque todo lo que existe vibra, y todo lo que vibra suena.

De esa región Caribe es protagonista una de las invitadas musicales al Hay Festival: Totó la Momposina, la gran cultora de la cumbia. Si pensamos en su música, encontramos mestizaje y herencia, pero sus canciones son, antes que nada, literatura. Como poemas, Totó canta versos sencillos y reales, que ha tomado prestados de autores como José Barros para inmortalizarlos. Rima el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto para describir su entorno. Las letras son su manera de imaginar el mundo y de hacerlo sonar de acuerdo con su experiencia. Evoca siempre a la naturaleza porque toda su vida ha estado en contacto con ella. Nacer en medio del Magdalena, en una tierra calurosa y tostada por el sol, la lleva a cantarle al Aguacero e’ mayo, a la Candela Viva, a La verdolaga o a El pescador, que narra la cotidianidad de regiones bordeadas por agua: “Habla con la luna, habla con la playa / no tiene fortuna, solo su atarraya…”

Escuchar la música de Totó es remitirse a su entorno, pero, sobre todo, sentirlo. Su música es universal porque es honesta, sin pretensiones; porque los ritmos caribeños nos tocan a todos, pues es ese lugar del mundo donde confluyen los continentes; porque canta a la tierra, que, como el sonido, es parte esencial de nuestra existencia. Totó la Momposina hace literatura que suena y por eso su presencia en el Hay Festival era necesaria para hablar del mundo. La música, acompañada de la palabra, trasciende el discurso y nos permite ir más allá de imaginar el mundo; nos hace sentirlo.

 


*Comunicadora social y música javeriana.

Nuestra historia se lee al ritmo de la salsa

Nuestra historia se lee al ritmo de la salsa

Transcurría la década de los 60 y a lo lejos, en pleno barrio popular de cualquier lugar de Latinoamérica, la radio. Un sonido llamativo corría por los aires, algo similar al son cubano o a la música tradicional puertorriqueña, pero no lo era; posiblemente un jazz, pero tampoco. ¿Qué sonaba? Era la mezcla de todos y a la vez de ninguno. ¿Quién la interpretaba? Difícil reconocerlo: ¿un puertorriqueño, venezolano, colombiano, cubano, panameño tal vez? Indescifrable, solo se sabía que los cantantes eran latinos, el sabor estaba implícito en cada nota, en cada letra.

En época donde las migraciones eran constantes, los de cultura negra y origen afroantillano viajaban de un lugar a otro llevando consigo ritmos tradicionales (la bomba y la plena de Puerto Rico, el merengue dominicano, la cumbia y el currulao colombianos, el tamborito panameño o el calypso de las Antillas menores), y con ellos nació la salsa, un nuevo género musical estallando en letras que le cantaban a lo popular, al desarraigo y a lo marginal.

Los barrios latinos de Nueva York, entre ellos el Spanish Harlem y el South Bronx, fueron por mucho tiempo el singular laboratorio donde, derivado de ritmos antillanos, guajiros y campesinos, se creó este folklore como una experiencia de entretenimiento dirigida a muchos migrantes latinos que frecuentaban los salones de baile. Al llegar a Nueva York y enfrentar el desarraigo y los problemas ligados a la vida urbana, los inmigrantes latinos reconocieron en estos ritmos su esperanza”, expresa el investigador y sociólogo javeriano Nelson Gómez, quien ha dedicado 10 años de su vida a seguirle la pista a la salsa, su historia y lo que este ritmo, como huella que no se borra, ha dejado en las sociedades que la escuchan y la bailan, convirtiéndose en parte de su identidad cultural.

El sorprendente conjunto de elementos musicales tomados del mambo, la descarga, el bolero, el jazz y el bogalú, ha agrupado este “sonido bestial”, como lo reconoce Gómez, sumado a las vivencias de la calle y de lo cotidiano que en sus letras se relata. Por otra parte, la asociación entre personajes como el empresario estadounidense Jerry Massuci y el líder de la música cubana dominicana, Johny Pacheco, resultó en 1964 en un sello discográfico que reunió a los mejores músicos de salsa del momento, quienes de forma revolucionaria y con el nombre de Fania All Star impulsaron el nuevo ritmo en América Latina.

 

Qué rico, qué rico bogalú bogalú, bogalú, qué rico bogalú (bis)
Oye, ven, vamos a bailar, no hay nada más rico que cumbanchar
No hay nada más rico que vacilar
Tus pies no deben parar, no dejes de gozar…

La exuberancia de esta expresión musical, con su valioso patrimonio de ritmos, entró a los barrios populares de Latinoamérica por diferentes canales (los conciertos, los salones de baile y por el mercado de discos de casi todas las ciudades), pero Gómez menciona que uno de los medios de difusión más importantes fue la radio.

Lo bailan en Venezuela, lo bailan en Panamá.
Este ritmo es africano y donde quiera vá acabar.

A Colombia el género llegó en los setenta y se difundió con rapidez. El investigador comenta que desde su llegada y masiva difusión, la salsa nunca fue vista como extraña o ajena, sino que siempre se asumió como propia. Su ritmo era toda una sorpresa y producía un inevitable aumento en la temperatura emocional, especialmente en los jóvenes.

Salsa Xi 1

“Ellos empezaron a escuchar música en la radio de los años 70 y, cuando se dieron cuenta de que la salsa hacia parte de un gran repertorio, reconocieron en ella una música de muy buena calidad y un nuevo gen que haría parte de la tradición”, dice el investigador.

No había titiritero que manejara pies y manos; al escucharla, el cuerpo solo quería moverse. Esto se tradujo en la creación de agrupaciones salseras orquestales y de baile, distintivamente en Cali, pero, sin duda, la salsa forjó un significado social y cultural que se incorporó a través de lo que Gómez define como “la educación sentimental”. Es decir, fue con las experiencias festivas, los carnavales, festivales, eventos salseros, el comercio de la salsa, la tertulia salsera, el coleccionismo de acetatos principalmente, el baile y los músicos de salsa que se construyó sociedad, familiaridad, relaciones en las calles y se dibujaron territorios de goce en torno a la salsa.

“La salsa cautivó los oídos, colonizó los gustos y dominó los cuerpos”, así lo hacen saber los profesores Nelson Antonio Gómez y Jefferson Jaramillo en su investigación Salsa y cultura popular, que se publicó en el libro De norte a sur: Música popular y ciudades en América Latina (2015). Asimismo, la salsa dio licencia de poner la tristeza en canciones de ritmo alegre que han pasado de generación en generación; de indignarse, de emocionarse, de contar lo popular, de reír y de llorar.

Después del gran auge de este género en los 70 y su fuerte contenido de denuncia social, con el que se identificó la cultura popular, en los 80 y 90 empezaron a circular canciones amorosas y sexuales, dando origen a la salsa romántica. Ya entrado el siglo XXI, como bien cultural, la salsa se mantiene fija en nuestra identidad: ha hecho parte de los procesos de crecimiento, madurez y sociabilidad de nuestro país y lo continúa haciendo.

Para nuestros días, versos como “pronto llegará / el día de mi suerte”, “me importa tu ausencia / te sigo esperando”, “qué bueno es vivir así / comiendo sin trabajar”, “ella era una chica plástica / de esas que veo por ahí” o “la vida te da sorpresas / sorpresas te da la vida (…) quien a hierro mata / a hierro termina”, siguen resonando en la memoria pero también los apropian las nuevas generaciones; han descrito, con singularidad, un abanico popular de realidades y han liberado sensaciones, sentimientos y distintos estados de ánimo.

Tan revolucionaria fue la exposición salsera que pasó de cautivar los espacios populares a fascinar a la clase media y llegar a las élites de las ciudades, quienes la incorporaron a sus actividades sociales, reuniones y festividades de acuerdo con su propia idiosincrasia. Este ritmo ya no sonaba solo en las esquinas del barrio y dejó de ser exclusivo de los jóvenes: sonaba en las cocacolas bailables, las viejotecas, aquellas que nacieron a finales de los 90; también en la casa, en las reuniones sociales privadas; unió a los inmigrantes, a la gente de calle y a los de conservatorio, y si algo queda claro es que “la salsa se ha caracterizado y se caracteriza por desenvolverse en los circuitos comerciales de la fiesta”, como asegura Gómez.

“Más que como un género musical, la salsa se debe abordar como una experiencia sociocultural similar a la literatura: una manifestación artística que establece una narrativa sobre la identidad cultural de cada territorio, que comprende la transformación de las ciudades y sus poblaciones”, resalta.

 

La salsa ha sabido adaptarse a las diversas formas de comercialización para permanecer vigente, y espacios como los festivales públicos (Salsa al Parque en Bogotá, el Mundial de Salsa o la feria en Cali) o las fiestas y carnavales populares de distintas ciudades han contribuido a que el género se mantenga, se convierta en patrimonio y convierta a países como Colombia en referentes del género; de hecho, según el investigador, suele afirmarse que este país es uno de los pocos donde la salsa mantiene su prestigio por los festivales que tienen lugar en las principales ciudades y la adopción del ritmo como propio.

Salsa Xi 2

Sin embargo, así como la salsa ha sabido trascender fronteras, no ha sido ajena a fenómenos sociológicos como el florecimiento de nuevos ritmos que han hecho de su época dorada un recuerdo. “Hoy la salsa no es la de las grandes mayorías, ahora es el reggaetón como en su momento lo fue el rock, pero es parte de la vida comercial y se mantiene presente”, dice Gómez; tampoco ha sido ajena a la muerte de la ‘vida de barrio tradicional’ como escuela: las fiestas de barrio o de esquina como espacios de aprendizaje de los pasos de baile han dado lugar a las academias de danza, y, por su parte, las emisoras comerciales dedicadas a la salsa han desaparecido. Los programas especializados han sido relegados a las emisoras universitarias, culturales y públicas.

A pesar de los cambios que ha atravesado la narrativa del género, hay que decir que, aunque pasen los años, cambien las letras y la modernidad camine acelerada, la salsa está puesta como un libro para leernos a nosotros mismos, para leer las transformaciones de nuestras ciudades y nuestros pueblos, sacando a la luz las emociones de las épocas. Bailar las canciones puede ser una buena forma de leerla y escuchar salsa como escuchar un audiolibro de nuestra historia.

La salsa en la educación sentimental de los colombianos

La salsa en la educación sentimental de los colombianos

Todo comenzó como una explosión

La salsa es un género que atraviesa verticalmente las estructuras sociales de los países y ciudades en los que ha sido adoptado, con una particularidad: se establece principalmente en los barrios populares como resultado de las migraciones poblacionales, especialmente afrolatinas, desde zonas rurales a centros urbanos. La juventud tiene un papel protagónico y diferentes medios de comunicación difunden esta música masivamente. Tales fenómenos son característicos de Latinoamérica durante los años 60 y 70. Posteriormente, la clase media y las élites de las ciudades la apropian y la incorporan a sus actividades sociales, reuniones y festividades de acuerdo con su propia idiosincrasia.

Su evolución como género musical ha sido paralela a la de los diferentes movimientos culturales de la región: mientras en los años 70 estaba íntimamente ligada a los movimientos de vanguardia cultural y al boom de la literatura latinoamericana, lo que tiene como resultado una salsa narrativa con enorme contenido de denuncia social, en los 80 está atada a una comercialización masiva que deriva en el desarrollo de subgéneros enfocados en colonizar otros mercados, con resultados como la salsa rosa o romántica.

La salsa se debe abordar como una experiencia sociocultural similar a la literatura: una manifestación artística que establece una narrativa de la identidad cultural de cada territorio y de la transformación de las ciudades y sus poblaciones. Este es uno de los hallazgos de la investigación de los sociólogos Nelson Gómez Serrudo y Jefferson Jaramillo Marín, en la que estudiaron la evolución de la salsa en Colombia durante más de cuatro décadas.


La vida es un carnaval

La salsa no solo se estableció como una narrativa descriptiva de las estructuras sociales —“en todas las ciudades hay un ‘Juanito Alimaña’ o una chica plástica”, dice Gómez—, pues se convirtió en una forma de entender los sentimientos y las experiencias vitales de quienes la escuchan: una pieza fundamental en la educación sentimental de varias generaciones de colombianos. Las letras de varias canciones son referentes de eventos característicos en los procesos de crecimiento, madurez y sociabilidad de nuestro país. Versos como “pronto llegará / el día de mi suerte” o “no importa tu ausencia / te sigo esperando” forman un vademécum popular al que se acude para expresar vivencias y sentimientos.

El ritmo y la composición sonora del género, junto con la atmósfera desenfadada de la vida de barrio y de las fiestas y las reuniones donde se baila y se escucha, permiten que distintos estados de ánimo —que van desde la melancolía, la rabia o la desesperanza, hasta la alegría, la solidaridad o la confianza— se expresen en la ‘punta del pie’ como una característica festiva de un ritmo que recuerda “que la vida es un carnaval / y las penas se van cantando”.

Salsa P46-2


La evolución de los espacios salseros de divulgación

La difusión del género ha estado atada a los cambios de los medios de comunicación. Desde las épocas doradas de las productoras musicales, siguiendo la evolución en las formas de distribución de los diferentes sustratos dominantes (discos de acetato, casetes, discos compactos), hasta el dominio de los formatos digitales y las plataformas en línea, la salsa ha sabido adaptarse a las diversas formas de comercialización para permanecer vigente en la cultura popular.

Al igual que en otros géneros, actores en redes sociales, como los críticos en línea y las emisoras en plataformas digitales, han sido vehículos de gran ayuda para la continuidad de su difusión. Paralelamente, cuenta Gómez, eventos como los festivales públicos (Salsa al Parque, en Bogotá, o el Mundial de Salsa, en Cali) o los espacios en las fiestas y carnavales populares de distintas ciudades contribuyen a que el género mantenga su preponderancia.

La trayectoria histórica de la salsa no ha sido ajena a diferentes fenómenos sociales y demográficos, como la desaparición de las fiestas juveniles y populares de muchos barrios tradicionales que eran escenarios de aprendizaje de rituales y artesanías del baile y el disfrute del género. Ante este escenario, han venido emergiendo las escuelas y academias de danza como vehículos de innovación y apropiación del legado salsero, lo que ha llevado a la profesionalización del bailarín y la especialización del bailador, especialmente en la ciudad de Cali.

Por su parte, las emisoras comerciales dedicadas a la salsa han desaparecido paulatinamente: Latina Estéreo, de Medellín, es una de las pocas que transmite salsa durante las 24 horas del día. Esto ha llevado a que sean las emisoras universitarias y públicas las que mantengan viva la salsa desde una perspectiva reflexiva, histórica y cultural, por medio de la creación de franjas especializadas en sus parrillas de programación.


Un marco analítico para entender este género musical

En la investigación se evidencia cómo este género musical es una manifestación de la identidad cultural de cada territorio y que, si bien tiene presencia en gran parte de Latinoamérica —porque creó sus propios espacios de apropiación, consumo y divulgación—, encuentra en Colombia su mayor arraigo social e interés académico.

Salsa P46-1

Con el fin de compilar información para su estudio, Gómez y Jaramillo exploraron Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena y Medellín, y en su trabajo no solo se remitieron a consultar fuentes académicas, sino que entrevistaron a actores influyentes en el proceso de apropiación y difusión del género musical, como coleccionistas, periodistas musicales, dueños de bares y tabernas especializadas, aficionados, bailarines y bailadores.  Otro de los resultados de este trabajo fue el trazo de los circuitos salseros de cada ciudad —la “cartografía del goce”, la llamaron los investigadores—, su emplazamiento geográfico en los sectores y barrios, y sus mutaciones con el paso de las décadas y de las tendencias musicales de corriente principal.

A lo largo de su labor, Jaramillo y Gómez recrearon la hoja de ruta de la crianza emocional de nuestro país, relatando la historia de la evolución de un género musical popular, íntimo y festivo.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Salsa y cultura popular en Colombia
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Nelson Gómez Serrudo y Jefferson Jaramillo Marín
Grupo de investigación Cultura, Conocimiento y Sociedad
Facultad de Ciencias Sociales
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2017

Cerramos 2018 enfocados en salud mental, educación y… ¡magia!

Cerramos 2018 enfocados en salud mental, educación y… ¡magia!

Hoy, en el primer fin de semana, en el último mes del año, Pesquisa Javeriana presenta al público su edición 46 para culminar un 2018 de arduo trabajo, intensos desafíos tanto en sus páginas impresas como en su estrategia web y nuevos retos, los cuales abordaremos a lo largo de 2019.

Y para cerrar el presente año con broche de oro, encuentre en las páginas de esta edición:

  • Informe especial sobre el programa en atención primaria en salud mental, ejecutado por la Pontificia Universidad Javeriana y el Hospital Universitario San Ignacio, con apoyo de Colciencias, que generó 46 proyectos de investigación para reducir el impacto de los trastornos mentales en los pacientes y en sus familias.
  • A partir de una investigación con moscas silvestres, científicos de la Javeriana Cali y de la Universidad Icesi buscan alternativas para tratar a pacientes con autismo.
  • Presentamos Codifico, la aplicación móvil que, por medio del juego, enseña a diagnosticar enfermedades y a codificarlas según la clasificación convenida mundialmente.
  • La investigación que revela los beneficios para la salud de los niños que comen alimentos cocinados con aceite de soya.
  • El sociólogo Nelson Gómez nos explica las implicaciones históricas, sociológicas y etnográficas que ha tenido la música salsa en la educación sentimental de los colombianos.
  • El papel fundamental de las maestras y sus estrategias pedagógicas en la educación inicial para ayudar a los niños a superar los problemas que encuentran a su paso.
  • Carlos Gómez-Restrepo, decano de Medicina de la Javeriana, relata su trayectoria académica y personal así como revela una faceta desconocida: su afición por la magia
  • El trabajo de Bryann Avendaño, biólogo y ecólogo javeriano, se enfoca no solo a enseñar ciencia a poblaciones con difícil acceso al conocimiento, también busca convencer a los científicos colombianos en el exterior para que regresen al país y produzcan ciencia de calidad.
  • En nuestra editorial abordamos el papel que las universidades pueden jugar bajo el nuevo enfoque de industrias creativas, propuesto por el nuevo Gobierno.
  • Encuentre las novedades de la Editorial Javeriana de cara al inicio de 2019.
  • Una mirada a la discografía de los compositores javerianos: estudiantes, profesores y egresados de la carrera de Estudios Musicales.
  • Reproducimos la entrevista que la revista internacional Nature le hizo a Jorge Humberto Peláez S.J., rector de la Javeriana, sobre el papel de la universidad en el entorno de innovación colombiano.

Por esta vía, les agradecemos su compañía a lo largo de este 2018 y les deseamos una inmensa alegría y felicidad en las fiestas de fin de año, deseando siempre que compartan con sus familias y seres queridos; asimismo, extendemos nuestras mejores intenciones para que la prosperidad los cobije en todo 2019.

En esta recta final, Pesquisa Javeriana continuará renovando su página web con nuevas historias para que no perdamos de vista los progresos y avances científicos producidos desde las aulas y laboratorios javerianos.

Si usted desea consultar el contenido de nuestra edición impresa y no es suscriptor de El Espectador, puede acceder a la versión digital de la revista, en formato PDF, por medio de este enlace.

Sonar para sanar

Sonar para sanar

Col Música IL

¿Se ha preguntado cómo cambia su percepción del tiempo y del espacio cuando escucha determinada música? Haga el experimento. Suprima el volumen en una película o pruebe hacer sus recorridos diarios con una melodía que le guste, luego con una que deteste y luego aísle cualquier sonido. Su percepción del tiempo cambiará drásticamente, su emocionalidad y el sentido de lo que sucede, también. Pero, ¿por qué pasa esto? ¿Cómo podemos usarlo a nuestro favor?

La música tiene el poder de afectar en diferentes formas a los individuos y colectividades. Con ella pasa lo mismo que con la compañía de alguien: si la disfrutamos, el tiempo parece pasar más rápido y el entorno se hace más ameno. Esto sucede porque la música, al igual que las relaciones personales, estimula directamente nuestros sentimientos. ¿No ha sentido alguna vez que un disco es suficiente compañía? David Burrows, profesor de la Universidad de Nueva York, dice que esto se debe en gran medida a que el oído es el primer sentido que desarrolla el humano.

La música estimula el cerebro, es decir que genera estados de alerta, conciencia, interés o excitación. Esta afección de los sentidos genera vínculos entre lo que sucede a nivel interno y lo que pasa a afuera, y así es como se modifica la percepción del espacio y del tiempo. La socióloga musical Tia DeNora comprobó cómo determinada música apacigua la ansiedad, acelera y activa el cuerpo o ayuda a rememorar situaciones; así, la música es un vehículo que puede ayudar a cambiar la disposición de un individuo frente a una situación, a superar momentos difíciles, aprender de ellos y resignificarlos.

Médicos, terapeutas e investigadores alrededor del mundo han empezado a usarla intencionalmente para ayudar a reparar y sanar en diferentes niveles: físicos, cognitivos, mentales y psicológicos.

Un ejemplo conocido del efecto sanador de la música es el del pianista británico James Rhodes, quien habla de ella como un proyecto vital, como aquella forma de existir y de crear que le salvó la vida:
“Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero es un hecho irrefutable que la música me ha salvado la vida de una forma muy literal, y creo que también la de un montón de personas más. Ofrece compañía cuando no la hay, comprensión cuando reina el desconcierto, consuelo cuando se siente angustia, y una energía pura y sin contaminar cuando lo que queda es una cáscara vacía de destrucción y agotamiento”.

Según el sociólogo británico Simon Firth, “hacer música no es una forma de expresar ideas, es una manera de vivirlas”, y esto es precisamente a lo que se refiere Rhodes: canalizó su ira y su odio a través de la música, convirtió sus pensamientos en ideas musicales y hoy la música le permite amar y hallar oportunidades donde antes solo veía fracasos.

Pero la música va más allá del ámbito individual porque ofrece también una reparación social. Firth afirma que la música genera identidad “porque ofrece un sentimiento de sí mismo y de los otros, del subjetivo en el colectivo”. La música agrupa personas de distintas procedencias, creencias y culturas, borrando sus diferencias y marcando una semejanza común. El caso de la Orquesta del Diván de Oriente y Occidente ejemplifica esta virtud: en 1999, Daniel Barenboin configuró una orquesta sinfónica de jóvenes palestinos, árabes e israelíes para unirlos desde sus semejanzas y construir desde las diferencias. Hoy es uno de los ejemplos más exitosos del poder de cohesión y transformación social que tiene la música.

Aterricemos en Colombia con dos casos en los que la música contribuyó a superar el dolor del conflicto y cambió la percepción de vida de las víctimas. A la rapera bogotana Diana Avella le entregó el poder de reconciliarse con su entorno y de soñar un mejor futuro:
“La música te entrega una vida, una ocupación. Le da proyección y horizonte a quienes nacieron para ser unos miserables, pobres y oprimidos más por el sistema, y le dio la vuelta a la torta para decir ‘ah, señor sistema, ¿usted quiere estos miserables? Tenga estos artistas’”.

En la comunidad de Libertad, Sucre, la música reparó el tejido social de un pueblo afligido por el dominio paramilitar. Luis Miguel Caraballo, líder social, afirma:
“La música ha sido un puente porque transmite alegría, transmite todas las sensaciones, hace que tu corazón piense en cosas diferentes como el perdón, como la reconciliación. La música sirve para guardar la memoria y sirve para sanar el alma”.


*Comunicadora social y música javeriana.

Música y mente

Música y mente

Col Música IL

Un antiguo problema filosófico del budismo zen se preguntaba lo siguiente: si un árbol se cae en un bosque y no hay nadie cerca para oírlo, ¿hace algún sonido? Piénselo un momento. La respuesta no es filosófica sino puramente científica. No. No puede sonar porque el sonido es una traducción que hace nuestro oído de las ondas que viajan en el aire. Solo en nuestros centros nerviosos –y en los de los animales– esa vibración se traduce en sonido. ¿No cree que la mejor forma de celebrar este don es aprendiendo a usar el oído?

Escuchar música es una actividad que estimula nuestro cerebro y lo afecta positivamente, así como nuestras funciones motoras, nuestra disposición para aprender, concentrarnos, divertirnos y emocionarnos. Imagínese que cada región de su cerebro se iluminara al activarse; escuchar música haría brillar casi todas esas zonas. Pero además, según el neurocientífico Facundo Manes, genera nuevas conexiones y circuitos cerebrales. Un efecto más poderoso empieza a actuar cuando entendemos cómo funciona la música y, mejor aún, si aprendemos a hacerla.

Aunque esto se sabe, y también se conoce su poder social, no se ha valorado lo suficiente. En Colombia, por ejemplo, gobernantes e instituciones se hacen los de los oídos sordos cuando se trata de implementar la formación musical y artística en colegios, o cuando se quiere consolidar orquestas y agrupaciones profesionales. Bien puede ser ignorancia o, que aunque conozcan las ventajas y los beneficios que trae la música en el desarrollo individual y colectivo del ser, no les interese construir una mejor sociedad.

Para ponernos en contexto: mientras que países como Venezuela contaban hasta hace tres años con 210 orquestas sinfónicas y 375 coros, Colombia tiene un promedio de dos orquestas en sus ciudades más importantes. En las últimas décadas se han cerrado agrupaciones profesionales dependientes de las gobernaciones, como la Banda Sinfónica Nacional, la Banda Distrital y la antigua Banda Sinfónica de Cundinamarca. El Plan Nacional de Música para la Convivencia, del Ministerio de Cultura, es el acercamiento más grande a una consolidación de un programa transversal en la formación; sin embargo, aún carece de presupuesto suficiente.

En otros países de América Latina se realizan investigaciones importantes sobre la música y sus efectos en el aprendizaje, y se implementan programas educativos con los resultados. Tal es el caso del músico chileno y magíster en educación Egidio Contreras, quien se ha dedicado a investigar la relación entre desarrollo cognitivo y música, aplicando su programa de educación musical en 90 ciudades de la región. Él descubrió que los instrumentos de cuerdas potencian la atención y la concentración, los de percusión promueven el desarrollo motriz y los de viento, el aprendizaje afectivo; también, que las frecuencias agudas estimulan la energía nerviosa, aumentan las cargas eléctricas de regiones cerebrales relacionadas con la memoria, el razonamiento superior, el análisis y la síntesis.

¿Alcanza a dimensionar lo que sucedería si la educación musical fuera tan importante como el estudio de las ciencias o las matemáticas? Si todavía no está convencido, mencionemos una última ventaja. El psiquiatra Anthony Storr reseña uno de los casos de estudio de la música como terapia y estrategia pedagógica para niños con capacidades especiales. Al relacionar actividades motrices con canciones, David, un niño autista de seis años, logró lo que llevaba intentando durante mucho tiempo: amarrarse los zapatos. Su dificultad motriz tenía que ver con la parte visual, pues no era capaz de coordinar la visión con el movimiento. La música le permitió entender el proceso de atarse los cordones en el momento en que ese acto se organizó en el tiempo a través de una canción.

Así, muchas de las discapacidades se convierten en oportunidades para crear fortalezas. La música permite que nos integremos al mundo desde nuestras diferencias y similitudes.

Tal como el acertijo del árbol que cae en el bosque, la música suena en nuestros oídos pero, realmente, es escuchada por pocos. Escuchar implica atender, entender, reconocer e involucrarse en la experiencia sonora. Mientras que otros deciden si vale la pena aprender a escuchar, sus oídos y su cerebro están a la espera de que la magia suceda. Allí, en el infinito universo sonoro se encuentra una fuente de aprendizaje, de potenciamiento de nuestro cerebro, de emoción y reconocimiento del otro. La música está en todas partes, la información sobre ella también. Comprenderla es ir un paso más allá. Usted, ¿se atreve a empezar?


*Comunicadora social y música javeriana.

Novedades Editoriales

Novedades Editoriales

Movimientos sociales e internet

Valencia Rincón, Juan Carlos; García Corredor, Claudia Pilar, editores. Movimientos sociales e internet. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 272 páginas.


Lo que atrae los ojos de los investigadores, como sucede en este libro sobre los movimientos sociales, son sus nuevas conexiones comunicativas y tecnológicas. No se trata de la preocupación de hace unos años por los medios y la política, sino de dos oportunidades inéditas: la primera, contrastar el significado de los movimientos sociales contemporáneos con los sentidos comunicativos que hoy se tramitan en la sociedad, es decir, la íntima vecindad que existe en nuestros días entre la política y la comunicación; y la segunda, indagar con mayor propiedad el nuevo campo de derechos, ciudadanías, debates y conflictos que compagina a la política con las nuevas tecnologías y, sobre todo, con el catálogo de sus apropiaciones.

Antología Kodály colombiana II

Zuleta Jaramillo, Alejandro. Antología Kodály colombiana II. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 346 páginas.


El Método Kodály es un sistema de educación musical creado a partir de la experiencia en las escuelas de música de Hungría, a inicios del siglo XX, por el compositor Zoltán Kodály. Él, sus alumnos y colaboradores lograron diseñar un método de pedagogía musical escolar que se convirtió en el método oficial de su país, y se extendió por Europa, Japón, Norteamérica y Suramérica. Su adaptación a la pedagogía musical en nuestro país fue planteada en El Método Kodály en Colombia (2008). A medida que se adaptaba dicho método al contexto cultural, aunque pareciera estar alejándose de aquellos elementos que lo identifican, en realidad se acercaba más a los fundamentos de su filosofía y a la eficacia de sus resultados.

En una primera etapa de la investigación (2004-2009), se dio prioridad a canciones infantiles, rimas, arrullos y juegos, que constituyen el material fundamental del ciclo básico del Método Kodály. Era necesario recopilar más canciones tradicionales que sirvieran como material de desarrollo coral, melódico, rítmico y auditivo, pues el existente daba apenas una pequeña muestra de la variedad de géneros, figuras, células rítmicas, modos, giros melódicos y combinaciones rítmico-melódicas propias de la riqueza musical colombiana. Por esto, el autor decidió continuar en Antología Kodály colombiana II esta colección de canciones infantiles, rondas y juegos, canciones tradicionales colombianas, y música de compositores reconocidos, iniciada en la Antología Kodály colombiana (2009).

En última instancia, el Método Kodály trata de enseñar música a partir de la lengua materna y dicha lengua, en el caso colombiano, es de una inmensa variedad.

Estética, convergencia, acontecimientos creativos: percepciones urbanas y transformaciones de las artes, las ciencias y las tecnologías

Niño Bernal, Raúl, editor académico. Estética, convergencia, acontecimientos creativos: percepciones urbanas y transformaciones de las artes, las ciencias y las tecnologías. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 328 páginas.


Este libro aborda, desde la perspectiva de la estética contemporánea, la convergencia entre las artes, las ciencias y las tecnologías. Cada autor configura un discurso en torno a los principales problemas que se derivan de dicha convergencia, marcada por la mirada de la estética como posibilidad de apertura y diálogo entre diferentes disciplinas. A partir de allí, exploran el modo como las prácticas artísticas, la diversidad de las ciencias y la complejidad de todos estos conocimientos proponen métodos de estudio y análisis capaces de dar cuenta de una experiencia teórica que analiza los cambios culturales que se establecen en esta época, fundamentalmente híbrida, y en constante transición por las artes, las ciencias y las tecnologías.

Travesías por la tierra del olvido: modernidad y colombianidad en la música de Carlos Vives y La Provincia

Sevilla, Manuel; Ochoa, Juan Sebastián; Santamaría-Delgado, Carolina; Cataño, Luis Eduardo. Travesías por la tierra del olvido: modernidad y colombianidad en la música de Carlos Vives y La Provincia. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 436 páginas.


El 29 de agosto de 1993 un disco de quince canciones sacudió al mundo de la música popular en Colombia. Clásicos de la provincia, el álbum con el que debutaron Carlos Vives y La Provincia, cautivó la atención de diversos sectores sociales que no cesaban de escuchar en la radio y en los tocadiscos canciones, hoy inolvidables, como “La gota fría”, “Alicia adorada” y “Matilde Lina”. La hipótesis de los autores de Travesías por la tierra del olvido: modernidad y colombianidad en la música de Carlos Vives y La Provincia es que el corazón de esta obra de Vives es un mundo imaginario de enorme fuerza simbólica llamado La tierra del olvido. Se trata de un complejo poético, un mitopaisaje con coordenadas y tiempos imposibles que se esboza en el segundo disco de la agrupación (La tierra del olvido, editado en 1995).

Este libro es la bitácora extensa de una travesía interdisciplinar (desde la sociología, la musicología y la comunicación) por la obra musical de Carlos Vives y La Provincia, a lo largo de los últimos veinte años. No limita la importancia de la obra de Vives a un rejuvenecimiento de las canciones antiguas de nuestro folclor, mediante el expediente de tocarlas con el sonido de los instrumentos nuevos. Por el contrario, es un estudio que viaja al corazón de todos los conceptos posibles de modernidad, articula esa definición con el sincretismo entre lo moderno y lo tradicional, lo urbano y lo rural, lo universal y lo parroquial, lo presente y lo pasado. Es difícil encontrar un estudio mejor logrado sobre lo que significan Carlos Vives y su obra, en cuanto puerta de entrada de la música colombiana al siglo XXI, y ubica al cantautor samario en el lugar que merece en la historia musical de Colombia.

La música que ayudó a descubrir la cultura política en jóvenes de Aguablanca, en Cali

La música que ayudó a descubrir la cultura política en jóvenes de Aguablanca, en Cali

La música nos libera y desestresa
nuestra alma,
nos ayuda a ser felices y también
nos da la calma.

Nos alivia las tristezas y también los sinsabores
que nos da esta vida dura pero somos ganadores.

Le doy gracias a Diosito por llevarme
tan derecho,
expresando lo que siento tan dentro
de mi pecho.

Siento como si volara en el espacio
más profundo.

Cuando toco mi guitarra es lo más grande de este mundo…

Letras como esta, montadas en ritmos urbanos como el hip hop y el rap, cuentan cotidianidades y tensiones que los investigadores de la Javeriana tuvieron oportunidad de caracterizar y contrastar con los muchachos del barrio El Vallado, que apostaron por la expresión artística como su forma de dimensionar lo comunicativo y lo político.

El proyecto denominado “Sin fronteras: procesos de comunicación y cultura política en la comuna 15 de Cali” tuvo antecedentes desde 2010 en el curso de Comunicación y Ciudad. Posteriormente, en el segundo semestre de 2011, estudiantes y profesores de varias asignaturas de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana desarrollaron la metodología de aprendizaje-servicio trabajada, entre otras instancias, por la Oficina de Responsabilidad Social Universitaria de la Universidad Javeriana.

El reto comenzó por cambiar la percepción de actores sociales acostumbrados a ver proyectos de intervención en sus comunidades sin contraprestaciones claras. Por tal razón, la planeación del método y las actividades se realizaron desde los departamentos de Ciencias Sociales; Comunicación y Lenguaje; Ciencia Jurídica y Política, y Arte, Arquitectura y Diseño. A esta suma de esfuerzos se le denominó “Proyecto integrador” que, bajo la coordinación del profesor Camilo Adolfo Mayor, le tomó la temperatura social, comunicativa, expresiva y política a la comuna 15. Allí participaron en total 9 asignaturas, 11 profesores y 150 estudiantes de la Javeriana, seccional Cali.

La experiencia recogida y sistematizada sirvió como base para el proyecto de investigación liderado por el profesor Mayor y desarrollado durante 2012 con la participación de docentes y estudiantes de las carreras de Comunicación y Ciencia Política.

Un lugar para el intercambio de saberes

Los encuentros comenzaron en la sede del centro comunitario Abriendo Puertas. Posteriormente se construyó una cartografía social, denominada Caminando comuna 15, que sirvió para hacer un reconocimiento del terreno. Fronteras invisibles y sitios cargados de significados, buenos y malos, fueron compartidos por los jóvenes de la comuna y los estudiantes javerianos. La tarea sirvió para revisar y discutir esquemas y estereotipos, muchas veces reforzados por los medios de comunicación, en torno a las comunidades que habitan en el distrito de Aguablanca.

Para el investigador principal, el ejercicio no fue un simple encuentro de dos realidades: la de los universitarios y la de los jóvenes de la comuna. “Hubo reconocimiento mutuo, negociación y trabajo en equipo, pues había cosas que hacer y la confianza jugó un papel importante”, indicó.

De acuerdo con la memoria del proyecto realizada por el profesor Carlos Andrés Tobar Tovar, el barrio El Vallado se fundó en 1984. Sus primeras viviendas se construyeron por autoconstrucción, bajo la supervisión de estudiantes de último semestre de Arquitectura de la Universidad del Valle. En 1987 se dio al servicio de la comunidad la Escuela Enrique Olaya Herrera y en 1988 se inauguró la Unidad Recretiva El Vallado, donada por Colgate-Palmolive.

El Vallado hace parte del distrito de Aguablanca, sector del oriente de Cali fundado en 1972. Sus primeros barrios fueron fruto de procesos de invasión y urbanización ilegal por parte de personas de bajos recursos económicos procedentes de distintos sectores urbanos y rurales. Se calcula que el 30 % de los habitantes de Cali vive allí (cerca de 850.000 personas).

Gracias al apoyo internacional de la Comunidad Valenciana de España, desde 2011 se inició en El Vallado un proyecto para formar jóvenes en actividades como música, danza tradicional, deporte, lectura y escritura. De acuerdo con Gabrielle Belé, voluntaria del “Proyecto Valencia” y profesora de música del centro comunitario Abriendo Puertas, con esta iniciativa se busca “formar a los jóvenes como personas”, mediante dinámicas que exploran distintas dimensiones (sentimientos, emociones, empatía, asertividad y resolución de conflictos).

A través de estas actividades los jóvenes reflexionan sobre su propio proyecto de vida, “para reconocer de dónde vienen, sus fortalezas, debilidades, una misión y una visión que los alejen del conflicto violento y demás aspectos que dificultan la vida en comunidad”, precisa el coinvestigador Tobar Tovar.

La cultura política en Aguablanca

El objetivo general de la investigación se orientó a reconocer cómo los procesos culturales, mediados por la comunicación, inciden en la cultura política de los jóvenes de la comuna 15, teniendo como dispositivo metodológico la investigación de acompañamiento.

“Al comienzo los muchachos que iban al centro comunitario no tenían mucho interés en los temas que nosotros, los estudiantes de la Javeriana, les proponíamos. Cuando salió el tema de la música y la posibilidad de producir, entonces se dinamizó todo, y como ellos eran buenos con los instrumentos, comenzaron a contar sus cosas a través de canciones”, recuerda el estudiante José Bayardo Betancourt, quien también participó en la sistematización de la experiencia investigativa.

Por su parte, la estudiante de Comunicación Luz Saray Mosquera Aragón, quien también hizo parte del equipo investigador, consideró que lo observado con los jóvenes de El Vallado refleja la tesis del investigador y crítico de televisión Omar Rincón, en el sentido de que estamos pasando de una sociedad de masas a una “sociedad masiva de expresión”, de la mano de las tecnologías de la información y la comunicación, “que les han dado voz a los creadores musicales…”.

En un artículo titulado “Consumo cultural y creación musical juvenil: el caso del grupo musical Alto Volumen”, publicado en el número 2 de la revista Cuaderno Javeriano de Comunicación, la estudiante precisa que a través de la música los jóvenes “no solo expresan un punto de vista sobre asuntos sociales, económicos y políticos, sino que también producen una vía para la exposición pública de sus identidades culturales”.

Cafépolis fue el espacio de encuentro y debate creado por todos los participantes en el proyecto. Unas veces las reuniones se hacían en el centro comunitario y otras, en la Javeriana. Desde allí se generó un nuevo sentido de lo político a través de formas emergentes de comunicación que se centraron en narrar la realidad que viven los jóvenes de Aguablanca a través de la música, el baile, la escritura y las experiencias con tecnología en el Laboratorio de Comunicación de la Javeriana.

Se comprobó, entre otras cosas, lo señalado por Germán Rey: “mientras la política deja de estar en el centro, la comunicación adquiere toda la centralidad en la vida social”. En otras palabras, la construcción de una cultura política y de un sentido de lo público pasa, en los jóvenes, primero por la comunicación y las formas expresivas para contar su propia realidad. “A ellos no les interesa la política partidista… les interesa lo que les pasa en su cotidianidad y fue por eso que se pusieron a hacer canciones sobre diversas cosas”, indicó el profesor Camilo Mayor.

Los aprendizajes

Los programas de Comunicación y Ciencia Política coordinaron sus asignaturas de Comunicación y Ciudad, orientada por el profesor Camilo Mayor, y Comunicación y Política, a cargo de la profesora Adriana Londoño, para trabajar sobre el terreno con los jóvenes de Aguablanca. De esta manera se produjeron y direccionaron los discursos juveniles hacia formas expresivas que dieron origen a varios trabajos de grado y a la producción de un CD musical titulado Gracias, la hipermedia Sin Fronteras, un videoclip sobre una canción del grupo Alto Volumen, un video documental sobre la vida de uno de los jóvenes de la comuna 15 y un boletín impreso que circuló en la comunidad con el mismo nombre del espacio de encuentro, es decir, Cafépolis, con una frase complementaria: Nuestro diario vivir. Los estudiantes de la Javeriana participaron también como productores de estas piezas y contaron en todo momento con el concurso de los jóvenes de El Vallado.

Para Camilo Mayor los aprendizajes del proyecto pasan por aspectos como la imagen de la academia, en este caso de la Javeriana, frente a los líderes comunitarios, pues no solo se recogió y procesó información valiosa, sino que se compartieron experiencias y productos comunicativos que se presentaron públicamente. De igual forma, agregó que con esta experiencia se reconoció la importancia de tender redes académicas comunitarias para un mejor reconocimiento de las realidades que se viven en distintos sectores de la ciudad.


Para saber más:
» “Procesos de comunicación y cultura política”. (2012). Sin Fronteras (hipermedia). Disponible en: https://proyectos.javerianacali.edu.co/comuna15/. Recuperado en: 10/02/2014.» Tobar, C. (2013). “Procesos de comunicación y cultura política en la comuna 15 del distrito de Aguablanca: una investigación de acompañamiento con una comunidad que asiste a un centro comunitario del oriente caleño”. Cuaderno Javeriano de Comunicación 2: 7-22.

Descargar artículo