La senda para curar a los pacientes de VIH enfermos por cáncer

La senda para curar a los pacientes de VIH enfermos por cáncer

Grupo de Inmunobiología y Biología Celular¿Qué relación tienen el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y la aparición del cáncer? Aparentemente, ninguna. Pero para Sandra Quijano, bacterióloga, doctora en biología y clínica del cáncer, y docente investigadora del Departamento de Microbiología de la Pontificia Universidad Javeriana, se ha convertido en su motivación para encontrar una solución a dos intensas enfermedades que causan grandes estragos: según la Organización Mundial de la Salud, en 2016 se registraron más de un millón de muertes relacionadas con el VIH, mientras que, en el caso del cáncer, su tasa de mortalidad anual se eleva a más de 8,8 millones de casos.

Ante esta realidad, el Grupo de Inmunobiología y Biología Celular de la Javeriana, liderado por Quijano, adelantó una investigación centrada en buscar la existencia de marcadores en la sangre de pacientes portadores de VIH del Hospital Universitario San Ignacio (HUSI), con el fin de identificar la probabilidad de desarrollo de tumores invasivos y cáncer.  Según la investigadora, estos tumores suelen ser altamente invasivos y causan una elevada tasa de mortalidad entre quienes los padecen.

Esta investigación, titulada Evaluación de la clonalidad B en pacientes VIH positivos en distintos estadios clínicos de la enfermedad y su asociación con la infección con el virus del Epstein Barr, fue galardonada con el Premio a la Investigación Científica 2017, entregado por la Academia Nacional de Medicina por ocupar el primer puesto en la categoría de Ciencias Clínicas. Esta organización reconoce el trabajo de investigadores en áreas de la salud con el fin de estimular el avance de la ciencia médica en el país.

Todo este proyecto fue posible gracias a un trabajo articulado entre el Servicio de Infectología del HUSI, el Grupo de Patología de la Fundación Santa Fe de Bogotá y el Grupo de Biotecnología de la Fundación Cardiovascular de Colombia en Bucaramanga.

La Javeriana premia a sus investigadores

La Javeriana premia a sus investigadores

Doce investigadores fueron galardonados con el Premio Bienal Javeriano de Investigación 2017 durante la clausura del XIV Congreso La Investigación en la Pontifica Universidad Javeriana, que tuvo lugar la semana pasada (del 11 al 15 de septiembre) en la sede Bogotá.

El premio se entrega en dos modalidades: Mejor trabajo de investigación y Vida y obra en investigación, en cuatro áreas del saber: Ciencias de la Salud; Ciencias Naturales, Físicas, Exactas y del Medio Ambiente; Ciencias Sociales, Humanas y Artes; e Ingenierías, Arquitectura y Diseño.

El actual decano de la Facultad de Medicina, Carlos Gómez Restrepo; las profesoras investigadoras de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, Maryluz Vallejo Mejía, y de la Facultad de Ciencias, Sandra Baena Garzón; y Nelson Obregón Neira, de la Facultad de Ingeniería –todos de la Sede Central de la Universidad–, recibieron el premio a la Vida y Obra en Investigación.

La Vicerrectoría de Investigación recibió 33 postulados para la modalidad Mejor Trabajo de Investigación y 34 para la de Vida y Obra en Investigación. Un jurado externo para cada área del saber evaluó las candidaturas en ambas categorías.


Premios a la Vida y Obra

El ingeniero civil Nelson Obregón, PhD en Hidrología de la Universidad de California, Davis, Estados Unidos, es experto en hidroclimatología, cuencas hidrográficas, caracterización de hidrosistemas, entre otras. Toda una vida dedicado a la investigación científica, dice que el objetivo es buscar soluciones a los problemas de las comunidades en Colombia. “La investigación se concibe como el placer de buscar pero con el propósito de impactar, de mejorar la calidad de vida”, le dijo a Pesquisa Javeriana.

Nelson Obregón al recibir el reconocimiento en la categoría Vida y obra.
Nelson Obregón (izq.) al recibir el reconocimiento en la categoría Vida y obra.

Por su parte, la periodista y profesora del Departamento de Comunicación, Maryluz Vallejo, confesó que su pasión por la investigación inició en la Universidad de Navarra, continuó en la de Antioquia y se afianzó en la Javeriana, donde lleva 16 años como docente-investigadora y, actualmente, como coordinadora de la Línea de Estudios de Periodismo del grupo de Comunicación, Medios y Cultura. “Cómo combinar la investigación con la docencia es lo que le da sentido a nuestra profesión de docentes”, asegura. Autora de varios libros y directora de la revista Directo Bogotá desde 2004, Vallejo se siente privilegiada por el apoyo con el que ha contado siempre, no solo por parte de la universidad sino también de entidades externas. Pero más aún, de poder divulgar los resultados de sus investigaciones. “Mi doble oficio, porque también soy periodista, hace que no conciba nada de lo que escribo sin difundirlo”.

Mary Luz Vallejo (izq.), de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, recibe su reconocimiento.
Maryluz Vallejo (izq.), de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, recibe su reconocimiento.

El médico psiquiatra Carlos Gómez, del departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística, también se enorgullece de ser profesor e investigador simultáneamente. Recomienda a sus estudiantes “que empiecen a investigar desde temprano, que escriban, que no le tengan miedo a investigar, a pensar y a crear”.

Carlos Gómez (izq.), decano de Medicina, agradece el premio recibido.
Carlos Gómez (izq.), decano de Medicina, agradece el premio recibido.

Sandra Baena, bióloga con doctorado en ciencias con énfasis en microbiología, biología celular y estructural, es investigadora y fundadora de la Unidad de Saneamiento y Biotecnología Ambiental, USBA, de la Javeriana, y miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Siempre quiso ser investigadora. Una labor que “es de mucha perseverancia, a ratos cansa, pero los éxitos chiquitos son los que a uno lo alimentan todos los días”, dice, refiriéndose al trabajo con los estudiantes, los resultados de las investigaciones, y “lo que uno ve que va construyendo día a día”.

La investigadora Sandra Baena (izq.) posa con el diploma que la reconoce como ganadora en la categoría Vida y obra.
La investigadora Sandra Baena (izq.) posa con el diploma que la reconoce como ganadora en la categoría Vida y obra.


Los mejores trabajos de investigación

En el Área de Ciencias de la Salud, el Premio Bienal Javeriano en Investigación 2017 se entregó a​ quienes diseñaron una nueva tijera para la agricultura. Ellos fueron Leonardo Augusto Quintana, Jorge Enrique Córdoba S., Javier Fajardo y Álvaro Hilarión, de la Facultad de Ingeniería de la Sede Central de la Universidad. Su trabajo se titula Herramienta ergonómica para el corte de flores y frutos con mangos de agarre perpendiculares y de accionamiento rotativo.

En el Área de Ciencias Naturales Físicas, Exactas y del Medio Ambiente, el galardonado fue Henry Alberto Méndez Pinzón, de la Facultad de Ciencias de la Sede Central de la Universidad, por su trabajo titulado Charge-transfer crystallites as molecular electrical dopants.

En el Área de Ciencias Sociales, Humanas y Artes, el premio fue compartido entre dos investigadores: Wilson López López, de la Facultad de Psicología de la Sede Central de la Universidad, por su trabajo Prohibition, Regulation or Free Market: A Mapping of Colombian People’s Perspectives Regarding National Drug Policies, y Tatiana Saavedra Flórez, de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Seccional Cali, por la investigación titulada Dioselina Tibaná y la cocina de la Ironía Política.

Finalmente, en el Área de Ingenierías, Arquitectura y Diseño, el premio se entregó a Luis Fernando Macea Mercado, de la Facultad de Ingeniería de la Seccional de Cali, por su investigación titulada Discrete choice approach for assessing deprivation cost in humanitarian relief operations.

Juan Gabriel Ruiz: el científico que sabe de amistad

Juan Gabriel Ruiz: el científico que sabe de amistad

En su trayectoria profesional ha logrado algo fuera de lo común: conciliar al médico clínico, al ‘de las trincheras’, con el científico, y evitar su desencuentro; ‘meterle ciencia’ al día a día de una profesión que fácilmente cae en la rutina y en las soluciones mecánicas. Tal vez este es su mayor aporte a la profesión por la que optó a los 16 años de edad.

Esa fórmula se aplica en numerosos proyectos en los que ha estado comprometido Juan Gabriel Ruiz Peláez, pediatra, epidemiólogo clínico, docente, médico clínico e investigador.

Durante la rotación en Pediatría en la Universidad Javeriana lo sedujo la rama que se ocupa de los “locos bajitos” —como diría el cantautor catalán Joan Manuel Serrat—, cuando halló en dos de sus maestros una mezcla ideal de ciencia y humanismo. “Los profesores Eduardo Borda y Ernesto Sabogal combinaban el rigor científico con su tremenda responsabilidad, su sano escepticismo, su duda metódica cartesiana y un sentido de humanidad inigualable”, explica Ruiz. Considerar el contexto familiar, social y cultural del paciente, porque este determina en gran medida las decisiones clínicas que se adoptan, se convirtió desde entonces en un axioma para él.

Epidemiología clínica: base teórica de la revolución

La vida le ofreció a este profesional una oportunidad para perseguir esa idea compleja del médico: una beca de la Fundación Rockefeller para entrenarse en Epidemiología Clínica en la Universidad de Newcastle (Australia). Hacia allá partió, recién casado.

Poco entendía entonces de qué se trataba esta área, que se asociaba a la ligera con la epidemiología general, afín a la salud pública y a la estadística, pero que era algo diferente. Ruiz la define como aquella rama del conocimiento que “entrena al médico clínico en el método científico, para tomar mejores decisiones al lado de la cama del paciente”.

Como resultado de la necesidad de diseminar los principios de la epidemiología clínica —que este investigador compara con el Evangelio— surge en varios centros académicos mundiales la medicina basada en la evidencia —“como el Catecismo Astete”, dice— que ‘aterriza’ y simplifica el lenguaje de una disciplina abstracta. El doctor Ruiz y su equipo introdujeron estos desarrollos en Colombia y en parte en Iberoamérica. De lo que se trata es de no renunciar a la metodología científica para manejar la incertidumbre inherente al trabajo con seres humanos.

El arte de no tragar entero

El balance de la experiencia australiana fue ampliamente satisfactorio. Para comenzar, la consolidación de una relación de pareja que ha perdurado 32 años y, luego, la irrupción de un científico dispuesto a ‘armar la revolución’ a su regreso al San Ignacio.

Su perspectiva parte de una actitud crítica, del estímulo al pensamiento divergente, de reconocer que lo que hoy es verdad mañana puede no serlo y de la irreverencia frente a los dogmas. Para muchos, qué sanos han sido estos vientos, en un mundo en el que “las ciencias médicas tienden a aplastarlo a uno”, según lo reconoce el propio Ruiz. “Los médicos aspiran a tener la certeza de las cosas y se toman decisiones en negro o blanco, cuando la realidad está llena de grises. La idea es ser capaz de tomar decisiones que la mayoría de las veces hagan más beneficio que daño en presencia de una incertidumbre proveniente de distintas fuentes”, agrega.

Canguro: amor a primera vista

El programa Canguro, cuya semilla plantaron hace cuarenta años los neonatólogos del Hospital Materno Infantil de Bogotá, resultó ser el terreno ideal para que Ruiz desarrollara su formación.

Todo comenzó con la aterradora tasa de mortalidad (¡30%!) de bebés prematuros, generada por el hacinamiento inevitable que obligaba, incluso, a confinar a dos pacientes en una incubadora, ampliamente expuestos a infecciones. Teniendo en cuenta que el problema fundamental de los nacidos antes de tiempo es su dificultad para regular la temperatura, una vez superada la etapa crítica, se propuso una fórmula que imitaba a los marsupiales al remplazar la incubadora por el cuerpo de la madre, al que el bebé se adosaba día y noche, donde quiera que ella estuviera.

Sin embargo, a pesar de su abrumadora lógica, el programa se apoyaba en escasísimos estudios y publicaciones y se llevaba a cabo en un terreno empírico, con el sustento, importante pero insuficiente, de la buena voluntad.

En los años noventa, fascinados con el programa Canguro, el doctor Ruiz y su colega Nathalie Charpak se comprometieron a darle piso científico al programa, porque si bien este reducía la mortalidad de los prematuros, aún moría el 19 %. Tras el derrumbe de algunos paradigmas y de un trabajo investigativo de años, hoy día la mortalidad en Canguro es de menos del 1 %.

Pero tal vez lo más importante ha sido la reivindicación del rol de la madre y la familia —el papá y los hermanos conforman una ‘familia cangurizada’— en la recuperación del prematuro. Las investigaciones ratificaron los beneficios de este método en términos afectivos e inmunológicos.

Presente florido

Desde la Universidad Internacional de la Florida, donde trabaja como profesor de Epidemiología Clínica desde octubre de 2015, luego de ser profesor de la Pontificia Universidad Javeriana por más de 31 años, Ruiz anuncia que por ahora no regresará a Colombia, por las posibilidades de ejercicio profesional que tiene en Estados Unidos y que están más allá del horizonte previsible en nuestro país: “me queda gasolina para un ratico”, asegura; y además porque vivir a nivel del mar es preferible para la familia en este momento.

Por supuesto, sigue siendo el mismo ser humano que extrañan sus alumnos y colegas, que son sus amigos, quienes en casa de Juan Gabriel y su esposa Silvia se sienten en la propia, que escuchan cantar al antiguo rockero y se entregan al delicioso pasatiempo de ‘echar carreta’ sobre lo divino y lo humano. Entre ellos hay quienes han recibido sus servicios de ‘celestino’ a título gratuito, estudiantes de provincia que han convalecido en su propia casa y que lo han visto consentir a su gata y llorar a su perro. Él también echa de menos a su “gentuza”, como la llama con cariño.

 

Testimonios

El doctor Ruiz es mi amigo, he sido su alumna, su subalterna y su jefe. Siempre me ha respetado. Es amoroso y tiene un sentido humano gigante. Siempre le he dicho que es una madre: sufre por lo que le pasa al estudiante, a un paciente, a los colegas, es cien por ciento leal.

Nos enseñó a cuestionar las decisiones que tomábamos y a buscar en la literatura el porqué de lo que estábamos haciendo.

Carolina Guzmán, profesora y exdirectora del Departamento de Pediatría, Facultad de Medicina, Universidad Javeriana.

Él fue consultor de mi trabajo de grado, fue mi maestro, y teníamos discusiones sobre todos los temas… para mí, Juan Gabriel es como un papá. Él quiere que la gente que trabaja con él llegue siempre más lejos.

Fue pediatra de mi hijo…. En ese rol es capaz de tranquilizar fácilmente a una madre primeriza angustiada. Siempre dispuesto a escuchar, muy respetuoso con su paciente.

Socorro Moreno, psicóloga, epidemióloga clínica, profesora asistente, Facultad de Medicina, Universidad Javeriana.

Conocí a Juan Gabriel cuando estudiaba ingeniería electrónica y trabajaba en el área de sistemas de la Universidad. Él tenía un problema en el computador y me enviaron a ayudarle. El problema se solucionó en 15 minutos, pero nos quedamos toda la tarde hablando… Ese fue uno de los eventos que ha cambiado mi vida.

Es muy cercano y amable, su actitud es humilde, es rico conversar con él.

John Camacho, ingeniero electrónico, profesor instructor, Facultad de Medicina, Universidad Javeriana.

Como profesor, en los turnos nocturnos no se iba a dormir hasta que no descifrara todo lo que podía ocurrir con un paciente. A las tres de la mañana nos llevaba a buscar libros para estudiar.

Nos demostró lo importante que es la familia; nos enseñó a expresar y pelear por nuestras convicciones. Un maravilloso profesor para la vida.

Claudia Granados, pediatra, epidemióloga clínica, profesora, Facultad de Medicina, Universidad Javeriana.

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