No basta con ser pilo

No basta con ser pilo

Ser colombiano, haber cursado y aprobado grado 11, ser admitido en una carrera profesional de una institución de educación superior con acreditación en alta calidad y estar registrado en la base de datos del Sisbén son algunos requisitos que los bachilleres debían cumplir para aplicar al programa Ser Pilo Paga, la iniciativa diseñada por el Ministerio de Educación Nacional durante el gobierno de Juan Manuel Santos para la financiar programas académicos de alta calidad.

El objetivo central de este proyecto era otorgar créditos 100% condonables a los más “pilos” del país y darles un apoyo de sostenimiento durante todo el periodo de estudios, pero una serie de críticas en torno a la desigualdad en la financiación de los programas entre las universidades privadas y públicas, la capacidad del Estado para sostener los 5 billones de pesos destinados a Ser Pilo Paga y la baja probabilidad de vigencia a largo plazo con la llegada de nuevos periodos presidenciales, lo llevó a su fin.

Ser Pilo Paga “hizo que cerca de 40.000 jóvenes de escasos recursos y excelencia académica hicieran realidad el sueño de estudiar en universidades acreditadas con alta calidad”, resaltó un informe del Ministerio de Educación en mayo de 2018.

Efectivamente, a inicios del 2019, pocos meses después del posicionamiento de Iván Duque como presidente, su ministra de Educación, María Victoria Angulo, anunció el lanzamiento del proyecto “Generación E”, una iniciativa para que los estudiantes con pocos recursos económicos pudieran tener acceso a la educación de alta calidad. Su meta: invertir 3,6 billones de pesos para que en cuatro años 336.000 jóvenes resulten beneficiados.

Pesquisa Javeriana conversó con Luis Carlos Reyes, director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana y miembro del comité asesor de la oficina de investigación del ICFES, acerca de los aciertos y desaciertos del programa SerPilo Paga y las implicaciones financieras de iniciativas como “Generación E” para la economía del país.

Competitividad y ciencia: extraños socios en un programa de gobierno

Competitividad y ciencia: extraños socios en un programa de gobierno

Con la expedición de la Ley del Plan de Desarrollo 2014-2018, el gobierno Santos creó, entre otras figuras, el Sistema Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCCTI), el cual fusiona los sistemas de Competitividad e Innovación (CI) y el de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Si mis lectores están confundidos con tantas palabras de moda encadenadas y repetidas, tienen fundamento para ello. ¿Qué hacen esos extraños socios —la ciencia y la competitividad— ahora juntos?

El Sistema de Ciencia y Tecnología se organizó en 1991 con Colciencias como la entidad rectora, y en 1995 se creó el Sistema Nacional de Innovación. El sistema de Competitividad, por su parte, fue creado en 2006, y se estableció al Consejo Privado de Competitividad como su ente rector; en su andar se le añadió la innovación. La cantidad de funciones que quedaron interpeladas en dichos sistemas no estuvo sustentada en una inversión de recursos del mismo nivel. Con menos del 0,5% del PIB invertido en ACTI y el 0,2% en I&D, Colombia es uno de los países con peores niveles de inversión en Latinoamérica y en el mundo.

El Gobierno nacional, en cabeza del DNP y de Colciencias, circuló a finales del año pasado el borrador de Conpes de Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, el cual explica la manera como se pondrá en marcha el SNCCTI.

Sobre la base de un diagnóstico de todo lo que anda mal con la ciencia, la tecnología, la innovación y la competitividad, la nueva Política se propone fusionarlos, alinearlos y retroalimentarse. Según este diagnóstico, la crisis en la ciencia se percibe en el bajo número de artículos por investigador, el escaso impacto de sus publicaciones y la baja proyección internacional, el reducido número absoluto y la proporción de investigadores y de doctores por habitantes y la falta de direccionamiento estratégico en las áreas de investigación. La tecnología está rezagada por el bajo desarrollo de productos de alta tecnología y la baja inversión de las empresas en actividades de I+D. La innovación no se siente: es reducido el porcentaje de empresas que introducen mejoras tecnológicas, y resulta baja su capacidad gerencial y escasa su actividad en emprendimientos que generen valor agregado. En cuanto a la competitividad, no hay un incremento de los niveles de productividad por trabajador y el crecimiento de esta se circunscribe a unos pocos sectores de la producción.

Adicionalmente, la caracterización del sistema de educación superior donde se forman los profesionales y los investigadores es igualmente desalentadora, ya que tiene baja capacidad para transferir su conocimiento al sistema productivo, su cobertura aún es incipiente y los logros en pruebas estandarizadas dejan mucho que desear.

Por el lado de la estructura organizacional, no solamente hay una desarticulación evidente, sino que las entidades regionales que se crearon en diferentes momentos multiplican los esfuerzos y minimizan el impacto. El actor más alejado de los dos sistemas sigue siendo la empresa privada que en el plan propuesto, debe aportar la mitad de la inversión faltante en CTI.

Las universidades están presentes como protagonistas de tres de los cuatro objetivos estratégicos propuestos del SNCCTI y de la Política: formación de capital humano; investigación y desarrollo; transferencia de conocimiento y tecnología; innovación y emprendimiento. Sin embargo, en ellas se ubica el 90 % de los investigadores del país y son, por lo tanto, clave para que el plan tenga éxito. Su papel está minimizado y se desconoce su naturaleza. Los investigadores en las universidades no están contratados solamente para hacer investigación; tienen que cumplir compromisos de docencia, editoriales, de gestión y de extensión, en una proporción más alta que sus pares de otros países, debido a que se encuentran en universidades de docencia y no de investigación.

Hay una desproporción inmensa entre tres elementos que entran en tensión: a) las funciones misionales de las universidades, b) los recursos reales con los que cuentan para hacer investigación y desarrollo, y c) las demandas que la Política les hace. La tensión se hace evidente cuando dichas demandas se convierten en los instrumentos por los cuales se evalúa su desempeño, lo cual sobredimensiona un aspecto que en el día a día de estas instituciones es secundario o excepcional (los proyectos de I+D, por ejemplo), y se subvaloran las actividades que son prioritarias para las universidades (docencia de calidad, extensión, investigación básica, etc.).

El Conpes parte de una mirada idealista de las interacciones entre Estado, empresas y universidades. Se centra excesivamente en la investigación aplicada, el desarrollo tecnológico y la transferencia de tecnologías a empresas. Con ello, ejerce una violencia sobre las funciones de las universidades y desestimula las posibles contribuciones al desarrollo del país que no pasan por el desarrollo tecnológico. Si la ciencia en Colombia no ha recibido la atención del Estado que la Misión de Sabios reclamaba en 1994, y en el camino se le han pegado los temas de desarrollo tecnológico e innovación, ahora esta misión de contribuir a la competitividad hace que cambie su función de producción de conocimiento a producción de bienes y servicios.

Consuelo Uribe Mallarino
Vicerrectora de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

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Salim Chalela Naffah

Salim Chalela Naffah

Cada seis meses y durante cuatro semanas, Salim Chalela visita la Universidad Pinar del Río, en Cuba, para sustentar los avances en su investigación doctoral. Desde noviembre de 2014 hasta junio de 2018, este investigador vivirá entre la isla y Medellín desarrollando su proyecto de investigación en Ciencias de la Educación.

Cuando se realiza un doctorado en Cuba no solamente se presenta la propuesta y se sustenta ante un comité científico de la Universidad. La rigurosidad de este proceso implica presentarse ante un tribunal científico nacional integrado por diferentes académicos de todas las universidades del país, elemento de disciplina y exigencia en el proceso de formación en la educación cubana que quizá fue lo que más llamó la atención de este investigador para elegir Cuba como destino.

Mientras en Cuba se hospeda en una residencia local para conocer más de las tradiciones y conectarse más con la cultura, lo que alterna con su desplazamiento permanente a la universidad, en Medellín vive con su esposa y trabaja como coordinador de investigaciones de la Escuela de Posgrados en la Universidad Autónoma Latinoamericana. A su oficina llega a las siete y media de la mañana, y entre los cinco tintos que se toma, lee noticias, selecciona lecturas académicas y adelanta trabajo de campo para su doctorado.

Chalela Naffah aprovecha las lecturas tanto para su trabajo doctoral como para el desarrollo de sus actividades laborales diarias. A las cinco de la tarde cambia por completo de labor: su filosofía de vida hace que no lleve trabajo a la casa, pues considera que, si se organiza lo suficiente, es posible hacerse cargo de todas las tareas en orden y con metodología.

Desde pequeño, la vida misma lo inquietaba y le generaba millones de preguntas, actitud que heredó de su padre, el ingeniero electrónico de ascendencia libanesa Alberto Chalela, profesión que también eligió su hermano, mientras su hermana prefirió la ingeniería industrial. Don Alberto siempre se preocupó porque sus hijos conocieran de primera mano las innovaciones tecnológicas, como por ejemplo el primer computador, que hoy en día Salim recuerda como uno de los momentos clave en su vida que incentivaron la curiosidad y el pensamiento crítico y lógico que hoy inculca en sus alumnos.

Estudió en el Colegio Nacional Francisco Hernández de Contreras en Ocaña, Norte de Santander, donde por su formación normalista desarrolló un profundo interés por la docencia. A los 17 años ingresó a la Universidad Jorge Tadeo Lozano; aunque quería ser abogado, una prueba psicotécnica le hizo cambiar de opinión y lo llevó a estudiar relaciones internacionales.

Sin haber tenido un acercamiento a la investigación, después de terminar su pregrado, y tras algunas experiencias profesionales, desde el 2008 se dedicó a la docencia e ingresó a la maestría en Estudios Políticos en la Pontificia Universidad Javeriana, y se concentró en el estudio del impacto que genera la internet en la confianza de los ciudadanos con respecto a las instituciones públicas. En 2010 ingresó como joven investigador de Colciencias al Instituto Pensar, donde desarrolló una investigación sobre democracia electrónica.

Las circunstancias de su vida personal le permitieron evidenciar la importancia de la descentralización, ligada no solo a lo laboral, sino a la educación. Por esto, no dudó un minuto cuando se le presentó la oportunidad de vivir en Medellín. Identificó la pertinencia de que, sin importar donde trabajara, podía dedicarse a su labor investigativa sin problema.

“La investigación potencia habilidades y miradas más profundas, para resolver conflictos en cualquier campo y desde cualquier ámbito académico”, dice. En este sentido, su propuesta en el doctorado es diseñar procesos de gestión de la investigación que respondan a las necesidades de las instituciones de educación superior de carácter autónomo, como es el caso de la universidad en la que se encuentra vinculado.

Salim Chalela es una multiplicidad de gentilicios, acentos y curiosidades. Un docente que invita a que no se conciba la investigación como una carga académica, sino como una herramienta para desarrollar estrategias que van más allá de producir artículos científicos, desarrollar productos resultado de un proyecto o alcanzar un estatus dentro de un ranking. Invita a entenderla desde la experiencia y su pertinencia para la transformación de la sociedad.

“Hago lo que me gusta y de manera desinteresada. Ese apasionamiento que tengo es el que todas las personas deberíamos buscar cuando nos formamos, es el que me da la tranquilidad de poder decir que hago lo que me gusta hacer y vivo de ello”.


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