La ópera en Colombia está viva

La ópera en Colombia está viva

Col CPlata

“Pese a sus limitaciones, la ópera sigue viva en Colombia”, afirmó Gloria Zea en una entrevista que concedió a Ricardo Moncada Esquivel en 2011, a raíz de la celebración de los 35 años de la Ópera de Colombia. Hoy, ocho años después de esa afirmación, me atrevo a decir que —justamente, gracias a la labor de una gestora cultural como ella— la ópera en Colombia no solo está viva, sino que está en un punto de desarrollo muy interesante y con un potencial enorme para que se siga fortaleciendo en cuanto a cantidad, calidad, diversidad y cobertura de las producciones que se hacen en el país.

Hay varios aspectos que hacen que hoy en día tengamos un panorama atractivo para el desarrollo de la ópera —y del canto lírico en general—. Empiezo por el que me resulta más cercano, que es el de los programas de formación en canto lírico: en Colombia no solo ha habido un aumento en el número, podemos afirmar que la calidad de la formación ha mejorado notoriamente. Esto genera un efecto multiplicador, ya que tener un buen perfil profesional a nivel de pregrado mejora significativamente las posibilidades de continuación de estudios y de vinculación laboral. A su vez, para las instituciones culturales resulta beneficioso contar con artistas locales de calidad y actualmente están dándole cada vez mayores oportunidades a los cantantes colombianos en sus proyectos.

Con respecto a las instituciones que están produciendo ópera y zarzuela, no solo se han ido sumando nuevos teatros sino que se ha empezado a trabajar a través de alianzas y redes. En el caso de Bogotá, a la Ópera de Colombia y la Fundación Arte Lírico se ha sumado el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo; además, el Teatro Colón y la Orquesta Filarmónica de Bogotá están haciendo sus propias producciones. Adicionalmente, las coproducciones entre instituciones nacionales o internacionales (a través de la red Ópera Latinoamérica) están permitiendo realizar proyectos de mayor envergadura y han promovido una diversificación en el repertorio que se programa. En otras ciudades del país se mantiene la labor de Prolírica, de Antioquia, hay producciones del Festival Internacional de Música de Cartagena y está la labor de talleres de ópera de universidades en Cali, Manizales y Barranquilla.

Por otra parte, la existencia de estímulos estatales también está teniendo un efecto dinamizador en la actividad del canto lírico. La Orquesta Filarmónica de Bogotá continúa con la organización del Festival Ópera al Parque, que este año tendrá su edición número veintidós. Asimismo, dentro del Programa Distrital de Estímulos hay algunos dirigidos al canto lírico en particular, como el Premio de Canto Ciudad de Bogotá y la Beca Ópera al Parque.

Desde la academia también se están generando nuevas oportunidades gracias a la existencia de apoyo a proyectos de creación artística que pueden incluir la interpretación o composición de obras de repertorio lírico.

Muchos jóvenes cantantes, egresados de programas de pregrado en Colombia, están cursando o han terminado ya sus posgrados (varios de ellos becados) en prestigiosas escuelas internacionales, como Manhattan School of Music, New England Conservatory, Royal Academy of Music, Escuela Superior de Música Reina Sofía y Mannes School of Music, entre otras. Recientemente, el barítono Laureano Quant —egresado javeriano— fue seleccionado como joven artista del Merola Opera Program 2019, uno de los más importantes de su clase en el mundo.

Con respecto a las oportunidades laborales, y también para ejemplificar la solidez del nuevo talento, vale la pena mencionar tres excelentes producciones recientes de ópera que han tenido no solo elenco totalmente colombiano, también un equipo de trabajo mayoritariamente nacional: Florencia en el Amazonas, de Daniel Catán; La Vuelta de Tuerca, de Benjamin Britten; y La Cenicienta, de G. Rossini; además, la propuesta de esta última tuvo un claro propósito de llegar a un público más amplio, incluyendo niños y jóvenes.

Los frutos también se ven en el trabajo conjunto: el año pasado tuvimos Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, de Kurt Weill, coproducción de los Teatros Colón de Buenos Aires, Municipal de Santiago y Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, y El Caballero de la Rosa, de Richard Strauss, coproducción de la Ópera de Colombia con el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

Por último, y a manera de primicia, puedo anticipar que el próximo semestre estrenaremos en la Javeriana una ópera del joven compositor colombiano Felipe Hoyos y del libretista venezolano George Galo.

Es por esto que podemos afirmar que la ópera en Colombia está viva.

 


* Soprano, doctora en canto lírico y profesora asociada del Departamento de Música de la Pontificia Universidad Javeriana. Se ha presentado en escenarios de Canadá, Estados Unidos, México, Perú, España, República Checa y Colombia; sus producciones fonográficas incluyen Rachmaninov, Liszt Wieck: canciones para voz y piano de tres grandes pianistas e Indigenismo.

¿Para qué un Día Internacional de la Mujer?

¿Para qué un Día Internacional de la Mujer?

MA Farah C

Hoy 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. También hay Día Internacional de la Niña (11 de octubre), de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero), de las Mujeres Rurales (15 de octubre), de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre), de las Niñas en las TIC (25 de abril) y de las Viudas (23 de junio). Todos estos días han sido proclamados por Naciones Unidas para recordar, año a año, la necesidad de trabajar por unas mejores condiciones de equidad para las niñas y mujeres en relación con los hombres. El 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer data de 1975 pero tiene sus orígenes hacia principios del siglo XX; las otras seis fechas son mucho más recientes y todas se designaron en el siglo XXI, entre los años 2000 y 2015.

Muchas personas se preguntan: ¿realmente sirve para algo tener tantos días internacionales de…..? La respuesta depende de qué significado individual y colectivo le damos a ese día y qué acciones comprometidas conlleva dicha celebración. Naciones Unidas nos invita a conmemorar o celebrar “un día internacional de…” para “sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes”. Para 2019, el tema elegido para el Día Internacional de la Mujer es: “Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio”, el cual “se centrará en formas innovadoras en las que podemos abogar por la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, en especial en las esferas relativas a los sistemas de protección social, el acceso a los servicios públicos y la infraestructura sostenible”.

Si creemos como individuos y como sociedad que esto es un propósito sobre el cual vale la pena actuar y, por tanto, el 8 de marzo de 2019 lo tenemos presente, lo conversamos y analizamos con compañeros de trabajo, con familiares y amigos, y lo proyectamos con propuestas y acciones en nuestra vida y espacio laboral, celebrar esta fecha vale la pena. Si también aprovechamos el Día Internacional de la Mujer (que yo preferiría llamar de las “mujeres”, en plural) para hacer visibles los esfuerzos que muchas mujeres y también muchos hombres han hecho, y siguen haciendo, por la equidad de género, y dichos esfuerzos se siguen trabajando y apoyando en los otros 364 días, entonces celebrarlo vale la pena.

Si cada 8 de marzo todos, hombres y mujeres nos acordamos de que la diversidad es parte importante de los seres humanos, y que, por tanto, celebrar el Día Internacional de la Mujer es celebrar la diversidad de mujeres y respetar y promover las diferentes expresiones de dicha diversidad, rompiendo estereotipos de género, y trabajamos el resto del año en pro de esto, entonces celebrarlo sí vale la pena.

 


* Economista javeriana, doctora en Estudios para el Desarrollo de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra. Desde hace 27 años se desempeña como profesora investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana y, desde 2014, como decana de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales. Se especializa en temas como género, mujeres rurales, desarrollo rural y transformaciones rurales.

De las estrellas a las aulas

De las estrellas a las aulas

Col Bryann Avendaño

Desde septiembre de 2017, Ana Salvador y Ángel Rivas emprendieron un viaje como mochileros en Argentina y hoy llegan a Colombia, en una Volkswagen Kombi modelo 88 que convirtieron en casa rodante y bautizaron como “Vera Z Rubin”, cargada de historias, recuerdos y mucha ciencia. Sí, ciencia. Ellos son jóvenes científicos: Ana es física y Ph.D en Cosmología por la Universidad Autónoma de Madrid, y Ángel, físico y desarrollador de software. Juntos viajan por el mundo divulgando temas de ciencia, como los orígenes del universo o bases de astronomía, a cambio de alojamiento o algo que les ayude con el propósito de recorrer el mundo. Su sueño es cambiar la percepción que las personas tienen acerca de los científicos y mostrar que cualquier persona que se lo proponga puede estudiar una carrera en ciencias.

Su proyecto se llama ‘Acoge a un científico’ y, a enero de 2019, habían recorrido nueve países de Suramérica, 94 escuelas e instituciones educativas donde han realizado más de 150 talleres y charlas para una audiencia de más de 6.700 niños y jóvenes. Su sustento para los gastos de viaje es la venta de libros que ellos mismos han escrito sobre la historia del universo y algunas postales o calcomanías sobre temas de ciencia.

Esta forma de economía colaborativa no solamente tiene impacto en la visión que su audiencia va adoptando sobre la forma como se hace público el conocimiento científico, también da cuenta de la valiosa oportunidad que tienen los científicos de motivar e inspirar nuevas generaciones en las llamadas carreras del siglo XXI o carreras STEM —en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—. Motivarlas no solo con historias de éxito, también con las cotidianas, las humanas, las emocionales y las de cumplir anhelos. Las de recorrer Suramérica enseñando por vocación.

Ana y Ángel resaltan el potencial que tiene el asombro en los niños. En su viaje han llegado a colegios en varias provincias argentinas, pueblos alejados de las fronteras uruguayas, comunidades paraguayas de aprendizaje, escuelas rurales muy recónditas en las montañas bolivianas,  institutos y observatorios de investigación en medio del desierto peruano, universidades chilenas y también aulas en medio de la selva ecuatoriana.

No en vano, cada parada que hacen en su ‘combi’ tiene el objetivo de enseñar, de manera gratuita, temas de cosmología y física como el origen del universo y de la materia oscura, el uso de escalas físicas, cómo realizar observaciones nocturnas para analizar constelaciones de estrellas y hasta hacen un trabajo práctico con datos reales de supernovas, para así comprobar la expansión acelerada del universo; todo en medio de juegos, preguntas y dinámicas sobre curiosidades científicas.

Experiencias como ésta llenan de esperanza un sistema académico que busca acercarse cada vez más a la sociedad. Un sistema cuyas dinámicas competitivas no logran vincularse con la realidad que viven los niños y jóvenes en zonas rurales en Latinoamérica. Audiencias que no olvidan a ese científico naturalista, cuya esencia está en la pregunta de investigación y la genuina curiosidad de comprobar hipótesis. Así, el proyecto ’Acoge a un cientifico’, de Ana y Ángel , hace hincapié en la gran responsabilidad que, como hombres y mujeres de ciencia, tienen frente a la futura generación de científicos: una generación que propenda por la colaboración, que mezcle el desarrollo de habilidades técnicas con habilidades socio-emocionales y, sobre todo, que vea el potencial de cooperar como la oportunidad de construir una ciudadanía que valore y construya una cultura científica en medio de tanta desinformación.

 


* Científico en ScienteLab, miembro de Clubes de Ciencia Colombia y líder en Educación STEM. Becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, Washington D.C.

El sonido de las palabras en el Hay Festival

El sonido de las palabras en el Hay Festival

Col Música IL

El Hay Festival es un encuentro de relatos del mundo desde diferentes miradas y expresiones humanas. Todas las historias se entrecruzan en el Caribe y este lugar se convierte en su epicentro. Y es que el Caribe es esa porción de mundo en el mar en la que todos los continentes convergen y surgen culturas diversas que nos llevan a África, Europa y Asia, pero que no se desprenden de América. Desde el Caribe colombiano, el Hay Festival nos hace una invitación que se convierte en lema: “Imagina el mundo”. Hagamos, pues, el ejercicio.

Imagina el mundo. Imagínalo desde la palabra, el sonido, el gusto, la imagen o el color. Ahora, imagínalo desde el gran Caribe. Allí, entre tierra y agua surge el mundo. Las islas brotan como flores sobre el mar, las costas se mojan en ríos de dulce y océanos de sal. El mundo se despierta con el sol y en la noche la marea le canta un arrullo, entonces todo vibra con la frecuencia de las olas. La música está implícita en la esencia del mar Caribe, porque suena por sí solo. Y allí aparece el son y la cumbia, la salsa y el merengue, el calipso, el reggae. Imagina el mundo y prescinde de todo, menos del sonido. Porque todo lo que existe vibra, y todo lo que vibra suena.

De esa región Caribe es protagonista una de las invitadas musicales al Hay Festival: Totó la Momposina, la gran cultora de la cumbia. Si pensamos en su música, encontramos mestizaje y herencia, pero sus canciones son, antes que nada, literatura. Como poemas, Totó canta versos sencillos y reales, que ha tomado prestados de autores como José Barros para inmortalizarlos. Rima el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto para describir su entorno. Las letras son su manera de imaginar el mundo y de hacerlo sonar de acuerdo con su experiencia. Evoca siempre a la naturaleza porque toda su vida ha estado en contacto con ella. Nacer en medio del Magdalena, en una tierra calurosa y tostada por el sol, la lleva a cantarle al Aguacero e’ mayo, a la Candela Viva, a La verdolaga o a El pescador, que narra la cotidianidad de regiones bordeadas por agua: “Habla con la luna, habla con la playa / no tiene fortuna, solo su atarraya…”

Escuchar la música de Totó es remitirse a su entorno, pero, sobre todo, sentirlo. Su música es universal porque es honesta, sin pretensiones; porque los ritmos caribeños nos tocan a todos, pues es ese lugar del mundo donde confluyen los continentes; porque canta a la tierra, que, como el sonido, es parte esencial de nuestra existencia. Totó la Momposina hace literatura que suena y por eso su presencia en el Hay Festival era necesaria para hablar del mundo. La música, acompañada de la palabra, trasciende el discurso y nos permite ir más allá de imaginar el mundo; nos hace sentirlo.

 


*Comunicadora social y música javeriana.

¿Cómo armar el Ministerio de Ciencia colombiano?

¿Cómo armar el Ministerio de Ciencia colombiano?

Lisbeth

Muchos años tuvieron que pasar para que un gobierno aprobara la creación del Ministerio de Ciencia, años de debates, ires y venires en el Congreso de la República, reuniones y declaraciones de la comunidad científica y una Colciencias que algunas veces era protagonista y otras actuaba tímidamente, como en este último caso.

El hecho es que sancionada la Ley 1951 del 24 de enero de 2019, el país puede empezar a cambiar positivamente. Todo depende de lo que pase ahora porque la ley no es específica y, por tanto, el trabajo que se viene para darle forma a este ministerio requiere de todas las capacidades tanto del Gobierno, responsable de hacerlo, y de la comunidad científica, que está —y ha estado— con toda la disposición de aportar a las discusiones.

La aprobación unánime en el Congreso de la República el 16 de diciembre fue un ‘campanazo’ para Colciencias, que de inmediato se puso en contacto con el senador Iván Darío Agudelo, gestor de la iniciativa. La comunidad científica, representada en este caso por la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, ACCEFyN, y por la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, ACAC, lo acompañó en el proceso, así como infinidad de instituciones que presentaron su apoyo en diferentes reuniones convocadas por el propio Agudelo, entre ellas la Asociación Colombiana de Periodismo Científico, ACPC.

La Ley es escueta, tiene dos páginas y media. Es clara en el sentido de que crea el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que debe dictar los lineamientos de la política pública del ramo y debe entrar a funcionar antes de un año. Pero deja dudas sobre lo que pasará con Colciencias, que acaba de cumplir sus 50 años.

Lo bueno es que la comunidad científica, incluidos exdirectores de Colciencias y líderes de política científica, están en la jugada, reuniéndose, generando documentos, poniéndose a disposición de Colciencias para lograr una estructura sólida y coherente.

El primer reto es incidir en el Plan de Desarrollo (2018-2022) que se está discutiendo en este momento y se puede leer en la página web del Departamento Nacional de Planeación. Es en este momento, —aquí y ahora— cuando se aterrizarán las bases del futuro ministerio, que deberá estar en funcionamiento en enero de 2020. Ya el balón pasó a manos de Colciencias, entidad que debe liderar este proceso conjuntamente con el DNP. Investigadores colombianos reconocidos, entre los cuales se cuentan algunos javerianos, participan en este proceso.

A partir de lo que quede aprobado en el Plan, que según la ley entrará en vigencia a mediados de año, se organizará tanto la estructura de la nueva entidad como las funciones para cada dependencia, y lo más importante, deberá definir la política de ciencia, tecnología e innovación que marque el rumbo de un país que crea en sí mismo.

La fortaleza del futuro ministerio tendrá que demostrarle al país y a la región que la investigación científica, el intercambio de nuevas tecnologías y el grado innovador de nuestros científicos aplican para todos los temas que necesita el país. Que no pase como en otros países de la región que la ciencia se une al medio ambiente, o a la educación superior, o a la competitividad, o a las comunicaciones, que tienen que ver con la generación de nuevo conocimiento, como también tendrían que ver la agricultura, la justicia, la defensa. Que el corazón sea la investigación social, natural, exacta, pero por encima de todo, rigurosa y pensando en nuestras condiciones de país.

Col MinCiencia R

Como será ministerio, el titular que designe el presidente Duque participará en el Consejo de Ministros, lo que es una ganancia, y además en las reuniones de los Conpes, donde se asignan recursos. Esta nueva institucionalidad de la ciencia en el concierto político del país tiene optimistas a los científicos. “Es una oportunidad”, dicen al unísono.

Muchos años pasaron antes de tener un ministerio de ciencia, pero muchos más han pasado para lograr que el país invierta al menos el 1% del PIB en ciencia, tecnología e innovación, reto que ahora debe asumir la nueva institucionalidad.

 


El pasado 6 de febrero, el programa Bitácora, de Javeriana Estéreo, entrevistó a Enrique Forero, presidente de ACCEFyN, sobre el futuro del Ministerio de Ciencia. Puede escuchar la conversación aquí.

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Col David Suárez

La negociación del salario mínimo entre el gobierno, los gremios y los sindicatos es una ceremonia que nos recuerda cada diciembre a Nietzsche cuando hablaba del eterno retorno de lo igual: las partes llegan a la mesa con propuestas para el aumento que difieren considerablemente; luego, el gobierno presenta un balance de la economía y revela los cálculos de productividad e inflación en aras de acercar las expectativas, para, al final, dar paso a las discusiones que desembocan la mayoría de las veces en un desenlace conocido, con mayores o menores variaciones en su desarrollo: el fracaso de la negociación y la determinación del salario mínimo por decreto (algunas veces, sin embargo, las partes llegan a un acuerdo, como el que anunció el presidente Duque en días pasados: en los últimos 18 años, ese consenso se alcanzó solamente en seis ocasiones).

Para dificultar aún más el ya complicado asunto, el gobierno actual logró la aprobación en el Congreso de una nueva reforma tributaria que tiene como núcleo la reducción de impuestos a las empresas: se reduce la tarifa del impuesto corporativo y se marchita la renta presuntiva en los próximos años; se permite el descuento por pagos de IVA en bienes de capital sobre el impuesto de renta; se establece un régimen especial de tributación para grandes proyectos (mega inversiones) a expensas de revivir el instrumento de dos caras que son los contratos de estabilidad tributaria; y se establecen beneficios tributarios considerables para sectores específicos sin mayor justificación, a partir de la idea curiosa pero difusa (ahí está su peligro) de la economía naranja.

Esta reforma nunca se presentó de forma clara, y en medio del frenesí del gobierno para buscar el financiamiento de su primera lista de compras, cambió radicalmente en los últimos cuatro meses y dio para todo: en su primera versión, la ley buscaba compensar los recursos que dejan de pagar las empresas aumentando lo que pagaba la clase media en IVA, lo que de inmediato generó preocupaciones sobre su impacto en los salarios y dejó como estela iniciativas que se tramitan en el Congreso para facultar aumentos extraordinarios del salario mínimo desde el ejecutivo y primas focalizadas en los trabajadores de más bajos ingresos, que desconocen las dinámicas del mercado laboral de nuestro país y que se administrarán (de ser aprobadas) a través de un sector financiero que hace esfuerzos por acercarse a la población pero es visto con recelo por gran parte de ella.

Aunque es un hecho que las empresas en Colombia pagan en impuestos una proporción mayor con relación a los estándares internacionales, y que los niveles de informalidad rampante pasan constante factura a las dinámicas del mercado laboral, en Colombia la competencia tributaria desatinada se mezcla con el sistemático error de utilizar la productividad total de los factores en vez de la productividad media del trabajo cuando se calcula el alza del mínimo (lo que explica en gran medida las diferencias entre las propuestas de gremios y sindicalistas), deprimiendo la demanda agregada y concentrando cada vez más la carga tributaria en los trabajadores y sus salarios en favor de los rendimientos del capital y de ganancias poco estructurales y relativamente exiguas en competitividad, crecimiento económico o mejoras en los indicadores de desigualdad.

La búsqueda de la competitividad no pasa solo por ser un destino con tarifas tributarias atractivas o mano de obra barata, y el gobierno aparentemente lo sabe: el lema de la administración del nuevo presidente durante su campaña era “menos gasto público, menos impuestos, más salarios”. Más allá de este lema, el resultado de la negociación es favorable como ejemplo de consenso, pero puede ser una oportunidad perdida para que se consigan aumentos importantes que repercutan en el bienestar del trabajador y se redistribuya un poco el beneficio dado a la población de más ingresos entre los miembros de la sociedad que, de una u otra forma, hacen posible su riqueza.

La protección al trabajador, y más ante las incertidumbres de los tiempos en que vivimos, debe ser una de las prioridades de toda sociedad que se precie de ser justa, y en ese sentido el salario mínimo se vuelve una de las premisas de lo que se conoce como “trabajo decente”. Más allá de los efectos que este popurrí fiscal tuvo en la negociación, el tema merece un análisis más reposado y de más contenido: ¿qué pasa con los contratos temporales, que no se rigen por el Código de Trabajo y se pueden firmar por valores inferiores al mínimo? ¿La determinación del salario responde solamente a la productividad del trabajador? ¿Qué pasará cuando la subsistencia dependa cada vez menos del trabajo, como resultado del desempleo tecnológico? ¿Es el salario mínimo la única herramienta para garantizar un piso digno de ingresos?


Coletilla.
Más allá de los métodos para calcular los ajustes, que parten del supuesto discutible pero operativo de la función tipo Cobb-Douglas, preocupan los resultados obtenidos: el ajuste del salario mínimo real teórico no alcanza a ser ni del 2%.

 


*Economista, docente y asesor tributario del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana.

Vacunas: un pinchazo necesario

Vacunas: un pinchazo necesario

Lisbeth

Ya sabemos la respuesta cuando preguntamos cuál es la causa de los cánceres: los médicos entran a sugerir recomendaciones para tener una vida saludable, sin saber exactamente si algunas de nuestras costumbres son las que lo promueven. Pero el día que llega, simplemente llegó y lo hace sin avisar, sin un poquito de compasión. No pasa lo mismo con el cáncer de cuello uterino: tanto nuestra médica epidemióloga caleña, Nubia Muñoz, como el Premio Nobel de Medicina en 2008, Harald zur Hausen, han demostrado con sus investigaciones que el Virus del Papiloma Humano (VPH) es el culpable.

No se explica uno aún por qué hay dudas. Empecemos por el principio: todas las vacunas tienen efectos secundarios, así que no es raro que el organismo humano reaccione ante una sustancia que le está siendo inyectada. La vacuna triple viral, que desde hace más de 40 años se aplica en bebés, los defiende contra el sarampión, las paperas y la rubeola, y aunque las cifras demuestran la reducción de casos casi hasta cero, todavía no se puede hablar de la erradicación de estas enfermedades porque hay personas que no le tienen confianza a las vacunas y son las primeras que se enferman. Países como Australia ‘castigan’ a los padres que no vacunan a sus hijos con multas quincenales.

Un antecedente que marcó quizás el nacimiento de los grupos antivacuna fue el artículo publicado en la revista científica The Lancet en 1998, en el que el cirujano británico Andrew Wakefield asociaba la vacuna triple con casos de autismo. Si bien el artículo fue retractado por contener información errónea, el daño estaba hecho: de boca en boca estos resultados habían llegado a la comunidad, las tasas de vacunación disminuyeron y las enfermedades resurgieron.

En el caso de la vacuna contra el VPH, más del 95% de los estudios realizados a nivel mundial hablan de que es segura. Incluso aquellos que la defienden a ultranza y han estudiado los efectos secundarios, mencionan la posibilidad de que las niñas vacunadas sufran dolores de cabeza y de pecho, desmayos, mareos, alergias. Las estadísticas reportan que tres de cada millón de niñas vacunadas pueden sufrir un shock anafiláctico, que es para preocuparse, y por eso la importancia de que sea administrada con todas las seguridades médicas exigidas.

Lo que ocurrió en Carmen de Bolívar en 2014, ampliamente divulgado a través de los medios de comunicación nacionales y del vecindario, ha sucedido de manera muy similar en los primeros años de esta década en países como Brasil y Perú, y, sorprendentemente, en Japón y Dinamarca, donde se supone que la ciudadanía tiene más acceso y posibilidades de informarse que en países en desarrollo.

De hecho la OMS, la OPS y la base de datos en cáncer —Globocan— demuestran que la tasa de mortalidad por cáncer de cérvix o cuello uterino es doce veces más alta en Bolivia que en Canadá. ¿Qué ha ocurrido? Unos 40 expertos reunidos en Bogotá este mes dieron varias explicaciones: la influencia de los movimientos antivacuna, los episodios colectivos de niñas entrando a los servicios de urgencia de los hospitales luego de haber sido vacunadas, las informaciones ‘negativas’ de los medios de comunicación, el impacto de las redes sociales, el hecho de que el personal de salud aún no está convencido de recomendarla a sus pacientes porque buena parte de los estudios científicos alientan a adelantar más investigación que confirmen los datos encontrados.

El peso del rumor cuando se enfrenta a los estudios científicos inclina la balanza sin misericordia. Y en este punto se concentraron los asistentes a la reunión sobre Prevención y control del VPH y los cánceres relacionados al VPG en Colombia: lecciones aprendidas y el camino a seguir, porque encontraron como una gran debilidad la comunicación de los expertos con los padres de familia, con los maestros, con el personal médico clínico. Robb Butler, científico social de Unicef, recomendó usar más la emoción que la información y los datos, y contar historias más que hablar de estadísticas porque “cuando perdemos la confianza, es extremadamente difícil recuperarla”.

Lo secundó otro experto, el médico Mark Kane, hoy consultor internacional, quien explicó que más que educar con datos e información, la evidencia científica debe ser contada a las diferentes audiencias de tal manera que llegue a esa parte del cerebro que genera diferentes reacciones, como miedo, rabia, felicidad.

Estrategias de comunicación en la propia Dinamarca, en Irlanda, incluso en Perú, han empezado a recuperar esa confianza. ¿Cómo lo haremos en Colombia? Nos urge encontrar una respuesta porque, de acuerdo con Muñoz, con los índices actuales de atención solo se evitarán 220 casos de cáncer de cérvix pero si la cobertura de vacunación vuelve a estar alrededor del 90%, se evitarán al menos 4.000 casos y 1.900 muertes en mujeres que vivirían hasta los 75 años.

 


Los invitamos a unirse al Facebook Live que, en conjunto con los medios especializados SciDev. Net y Directo Bogotá, realizaremos sobre el panorama de la vacunación en Colombia. Únanse a nuestra cuenta de Facebook mañana, 6 de diciembre de 2018, a las 3:00 p.m. (hora de Colombia).

Col Vacunas LF 1

Cáncer de cuello uterino: Colombia, al filo de la oportunidad

Cáncer de cuello uterino: Colombia, al filo de la oportunidad

Col Murillo C

El mejoramiento de las condiciones sociales y económicas de nuestra población, sumado al mayor acceso a servicios de salud, ha traído como consecuencia una reducción significativa de la incidencia y la mortalidad por cáncer de cuello uterino, pasando esta última de cerca de 30 por 100.000 habitantes en la década de los noventa, a 12 por 100.000 hacia 2015 (Globocan 2018).

A pesar de este importante avance, la realidad de nuestro país es aún distante de lo alcanzado por los países de altos ingresos, en donde la mortalidad por esta enfermedad es inferior a 5 por 100.000. De otra parte, la información disponible muestra una importante inequidad en el acceso a las actividades de detección temprana, lo cual se refleja en una mayor mortalidad para las mujeres colombianas con menor nivel educativo, las afiliadas al régimen subsidiado de seguridad social en salud  y las habitantes en zonas distantes del país, de acuerdo con estudios recientes.

Este panorama se presenta en medio de un escenario internacional cambiante en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) avanza en una propuesta para eliminar el cáncer de cuello uterino a nivel global. Gracias en gran medida al aporte de científicos colombianos, hoy es claro que la infección por Virus de Papiloma Humano (VPH) es una condición necesaria para el desarrollo de la enfermedad, conocimiento que generó la producción de vacunas que son 100% eficaces contra los tipos de VPH responsables del 70% de los casos de cáncer de cuello uterino en el mundo (cerca de 60% en Colombia) y la producción de pruebas diagnósticas con capacidad de detectar el 90% de las lesiones precancerosas del cuello uterino, permitiendo así su intervención para evitar que se conviertan en cáncer.

La existencia de estas medidas preventivas ubica al cáncer de cuello uterino como una enfermedad esencialmente prevenible y motiva la iniciativa de la OMS. Lo interesante de ello es que nuestro sistema de salud ha integrado las dos medidas: la vacunación de forma gratuita en niñas escolares, desde grado cuarto hasta grado once, y las pruebas de VPH, introducidas en el plan de salud en 2011 y reglamentadas como base de la detección temprana de lesiones precancerosas del cuello uterino para los regímenes subsidiado y contributivo a partir de la Resolución 3280 de este año 2018.

Con una mortalidad decreciente y con las herramientas básicas en nuestro sistema de salud, ¿qué nos impide, entonces, soñar con reducir la frecuencia de esta enfermedad hasta niveles tan bajos que resulten insignificantes para la salud pública nacional? Hoy seguimos teniendo cerca de 4.000 casos anuales y 2.000 muertes por esta causa; la vacunación, a pesar de su oferta gratuita, no cubre más del 10% de las niñas objeto de ella, y la detección temprana, a pesar de su amplia cobertura (alrededor de 80%), sigue teniendo limitaciones en el acceso oportuno al tratamiento de las lesiones detectadas, principalmente, como se dijo, en grupos poblacionales socialmente desfavorecidos.

Hay dos elementos fundamentales dentro de las causas de esta triste situación: uno de ellos, la complejidad de nuestro sistema de salud y las dificultades de acceso, pero el segundo, francamente lamentable, es la desinformación y papel negativo de los medios de comunicación, de grupos con intereses no claros frente a una vacuna que previene una infección de transmisión sexual, y de grupos académicos que con fundamentación equivocada generan temor frente a la vacunación. Con más de 350 millones dosis de vacuna aplicadas en el mundo, la OMS ha venido repetidamente dando partes de seguridad de la vacuna de VPH a partir de los reportes de los programas de salud pública de los países que la han introducido; no obstante, el episodio conocido de Carmen de Bolívar ha dejado una huella indeleble en nuestro programa de vacunación y en las mentes de madres y padres que se niegan a vacunar a sus hijas sin que exista una razón de peso para ello, más allá de la alimentación continua de temores por parte de especuladores sin fundamento.

La ciencia ha jugado su papel con una importante participación de nuestro país. Tenemos datos ciertos y datos propios. El sistema de salud se ha comprometido con ofrecernos las herramientas básicas para la eliminación de un tipo de cáncer, algo impensable hace unos años. Resultaría aciago que nuestro realismo mágico nos haga esquiva esta oportunidad y someta las mujeres colombianas a cien años más de mortalidad por cáncer de cuello uterino.

 


* Director del Centro Javeriano de Oncología, afiliado al Hospital Universitario San Ignacio. Profesor asistente de la Facultad de Medicina en la Pontifica Universidad Javeriana.

Violencia expuesta, invisible

Violencia expuesta, invisible

Col Savdie

Lo que pasa es que en Colombia nadie quería ver la guerra y ahora nadie quiere ver la paz”.

Esta reflexión, expresada por la historiadora colombiana Diana Uribe Forero define, en toda su magnitud, la obra artística Examen de visión 20/20, que llegó a la Pontificia Universidad Javeriana con el nombre Cero miopía durante la Semana por la Paz.

La obra nació en 2007 cuando, al comentar sobre las masacres cometidas por los grupos paramilitares, la respuesta más común de la gente era: no quiero ver, no quiero saber. En el fondo se entiende el porqué la recurrencia de cerrar los ojos ante situaciones como ésta: “…eran personas de edad que llevaban en camiones amarradas y las instrucciones eran quitarles brazos, piernas, descuartizarlos vivos”, como relata Reinaldo Spitaletta, comunicador social y periodista de la Universidad de Antioquia, magister en Historia de la Universidad Nacional y columnista de El Espectador.

Trasladar 20 noticias de similar horror al lenguaje visual se convirtió en un propósito de una década, agregando a la obra las minas antipersonales sembradas por las guerrillas y los homicidios en persona protegida causados por el Ejército. Cabe recordar que esta situación tan penosa para el país ya había sido expuesta en 2011 en esta misma sede de la Universidad Javeriana.

La obra abordó tres años más tarde la violencia sexual contra la mujer y la población LGBTI (atribuidos a todos los actores del conflicto armado), con el consecuente desplazamiento y desaparición forzada de la población civil. Lo expuesto en diversos lugares del país se basó en la frase “el horror que no quisimos ver, que no pudimos evitar, que no debemos repetir jamás”, de mi autoría. En 2015 por primera vez incorporé un testimonio positivo inspirado en el poema Siempre, de Pablo Neruda: “El día más esperado de nuestra historia es el día final del sufrimiento”. Pasados dos años, en 2017 , se incorporaron los asesinatos a líderes sociales con veinte testimonios más, etapa que coincidió con la visita del Papa Francisco a Colombia y se trasladaron sus mensajes de perdón a la obra gráfica, tal y como lo cita el pontífice: “Es hora de sanar heridas, tender puentes, desactivar odios, renunciar a las venganzas y reconciliarnos en un encuentro fraterno”.

Para este año se recreó un “laberinto” de testimonios que narraban paso a paso los antecedentes a los diálogos de paz, extraídos del informe La posibilidad de la Paz, escrito por Sergio Jaramillo, entonces alto comisionado para la PAz. También se realizó una exposición digital de 20 testimonios en la pantalla gigante institucional con textos tomados de escritores, columnistas, politólogos y académicos. Entre estos, el del expresidente uruguayo Pepe Mujica: “El pasado nunca ha sido enmendable, lo que es reparable es el porvenir. Si el proceso de paz de Colombia fracasa, fracasa América Latina”.

Cero miopía invitó a la comunidad javeriana durante una semana a ver la luz al final del túnel, a encontrarnos con la memoria de un país que pide a gritos que abramos los ojos y que actuemos, cada uno desde nuestras posibilidades por un mejor porvenir. Pero se observó muy poca participación y poco interés de los jóvenes ante esta muestra. Yo esperaba que, en el hall principal del edificio Emilio Arango, S.J., se acercaran más estudiantes a preguntar por la exposición; sin embargo, los jóvenes pasaban de largo, ocupados en sus conversaciones apresuradas, en su “corre, corre”. Por eso, la propuesta Cero miopía concluye con una calificación de miopía total; salvo unos contados casos de javerianos que, al ver y analizar los 60 testimonios expuestos, fueron tocados por el arte y su contenido. Ellos hicieron de esta intervención algo memorable por el significativo aporte de su reflexión. A ellos, gracias sinceras.

A la comunidad general les recuerdo que fuimos una sociedad urbana que se hizo “de la vista gorda” durante la guerra. Nuestro compromiso con la no repetición es fundamental, y para ello debemos estar informados, alertas y participativos. No está en manos de unos pocos la transformación de nuestra sociedad, está en manos de todos; pero la indiferencia abona el terreno para que la impunidad se imponga. Aún seguimos ciegos.

Cero miopía 2

El gigante mundo microbiológico

El gigante mundo microbiológico

Col Marcela Franco

Cuando se escucha la palabra “microbiología”, la primera expresión es: ¿Micro qué? ¿Qué es eso? ¿Para qué sirve? Es, en realidad, un área de las ciencias biológicas que ha permitido entender muchos comportamientos de la vida en general. Un mundo gigante, invisible a nuestros ojos. Un mundo que nos protege de enfermedades, aunque creamos que todos los microorganismos son los que las causan, debido a que la microbiología tradicional se dedicó a estudiar solamente aquellos que nos enferman.

Con el fin de profundizar en los aspectos positivos de estos seres tan minúsculos, de la Pontificia Universidad Javeriana realizó una exposición en la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J., del campus universitario, presentando los múltiples beneficios que traen los microorganismos a nuestras vidas, aspectos que se estudian en los énfasis de la carrera. . Son muchas las investigaciones que se realizan con los microorganismos, poniendo al servicio de la industria (farmacéutica, agrícola, de alimentos, entre otras) o del medio ambiente, los compuestos que ellos producen o sus mismas células para un desarrollo a nivel biotecnológico.

Aunque los científicos llevan más de tres siglos estudiando los microorganismos, aún falta mucho por conocer, teniendo en nuestras manos la capacidad de investigar e innovar en diferentes aspectos de desarrollo y beneficios que se pueden obtener a partir de estos seres microscópicos. Se estima que solamente conocemos el 1% de los microorganismos, y tenemos la posibilidad de explorar el otro 99%.

En el marco de la celebración del día del microbiólogo, la exposición honró las primeras publicaciones de Anthon van Leeuwenhoek sobre los animáculos , como él mismo los denominó, o microorganismos que observó en unas lentes improvisadas que fueron el arranque del desarrollo del microscopio. Sin la existencia de estos microrganismos efectivamente no tendríamos muchas enfermedades, pero tampoco tendríamos antibióticos, antitumorales, inmunoestimuladores, etanol, cerveza, vino, pan, vacunas, quesos madurados, yogurt, probióticos, vitaminas, ácidos orgánicos, entre otros; no contaríamos con un potencial para descontaminar las aguas residuales o los derrames de petróleo en nuestros suelos y aguas, para disminuir agroquímicos en los cultivos; no entenderíamos las diversas posibilidades que existen de adaptarse a condiciones medio ambientales extremas que presentan algunos microorganismos y que nos permiten determinar formas alternas de vida o soluciones a situaciones adversas.

La Javeriana cuenta con la Colección de Microrganismos, donde se conservan los hongos y las bacterias de interés clínico, biotecnológico, industrial y ambiental. Es un espacio que permite garantizar la viabilidad de las cepas obtenidas en investigación y docencia por largos periodos de tiempo.

Tener la posibilidad de que nuestros estudiantes, basados en los conocimientos adquiridos, se diviertan generando dibujos a partir del crecimiento de las bacterias en diferentes medios de cultivo, o produzcan tejidos que visualicen los hongos o las rutas metabólicas, demuestra la pasión que genera la microbiología en cada una de las áreas en que se puede estudiar, llegando a convertirse en grandes científicos/investigadores, ejemplificado en muchos de nuestros egresados que continuamente nos remiten sus logros profesionales.

 


* Microbióloga, PhD. Directora Carrera de Microbiología Industrial.