El agua: recurso de la vida

El agua: recurso de la vida

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, cerca de 2,1 millones de personas viven sin agua potable en sus casas, 68,5 millones huyen de sus hogares por problemas para acceder al abastecimiento de este recurso y aproximadamente 4.000 millones —casi dos tercios de la población mundial— padecen su escasez durante al menos un mes al año. Estas cifras son alarmantes si se tiene en cuenta que el acceso al agua es un derecho humano.

De ahí que el 22 de diciembre de 1992 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptara, mediante la resolución A/RES/47/193, la conmemoración anual del recurso hídrico. Hoy el mundo celebra el Día Mundial del Agua para llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de este recurso. El tema para el 2019 es ‘No dejar a nadie a tras’: a partir de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible todo el mundo debe beneficiarse del progreso. Dicha agenda resulta de la Cumbre del Desarrollo Sostenible, de septiembre de 2015, en la que participaron más de 150 jefes de Estado y de Gobierno.

Pesquisa Javeriana conversó con Nelson Obregón Neira, doctor en Ciencias Hidrológicas de la Universidad de California (Davis, EE.UU.) y actual director del Instituto Javeriano del Agua (IJA), creado recientemente para aportar a los grandes problemas del país, agregar valor a las capacidades e investigaciones académicas de la Javeriana relacionadas con el recurso hídrico en las ciudades y en las regiones de Colombia. El IJA también es un proyecto de planeación universitaria (PPU) que enmarca principalmente sus actividades y proyección académica en el programa Institucional de Ecología Integral, para así producir contribuciones relevantes en el marco de la gestión integrada del recurso hídrico en Colombia.


Pesquisa Javeriana:
¿Cómo funciona el Instituto Javeriano del Agua?

Nelson Obregón Neira: El Instituto parte de las capacidades que poseen las 18 facultades de la Javeriana. En la etapa de estructuración de la propuesta para su creación, se revisaron los resultados y productos académicos de departamentos, programas y proyectos desarrollados por los grupos de investigación de la Universidad, encontrando —para sorpresa nuestra— que prácticamente todas las facultades reportan desarrollo de actividades académicas relacionados de forma directa o indirecta con el recurso hídrico, ya sea a través de proyectos de consultoría y de investigación, publicaciones o de trabajos de grado, maestría o doctorado.


PJ:
¿Estas investigaciones cuentan con impactos de algún tipo?

NON: Por supuesto, el agua es un articulador del territorio, un eje clave en procesos de construcción de paz. Sabemos que hay muchos conflictos que tienen que ver con el agua y, bajo esa perspectiva, se enfoca el Instituto. Esto también resulta coherente con el proyecto educativo javeriano, en este caso tomando al agua como objeto y sujeto de estudio. La tarea ha sido estudiar el recurso desde el desarrollo de las comunidades y los conflictos en las regiones del país; así se ha abordado y procurado un trabajo interdisciplinar, que convoca miradas, visiones y perspectivas amplias soportadas con la participación de profesores y estudiantes formados en las ciencias naturales, la ingeniería y, ante todo, antropología y sociología, que alinean su proyecto de vida profesional y universitario con la sostenibilidad y desarrollo del territorio. Por ejemplo, a la fecha contamos con varias exploraciones de proyectos con la participación de miembros de la comunidad académica javeriana, en particular de las facultades de Ciencias, Ingeniería y de Estudios Ambientales y Rurales.


PJ: ¿Existen evidencias de transformaciones en las comunidades?

NON: El programa Amazónico Javeriano, por ejemplo, convoca a académicos a analizar los componentes agua, economía solidaria, biodiversidad, organización comunitaria, educación, salud e infraestructura y tecnología de la Amazonía. Ahí, el IJA participa con una mirada disciplinar e interdisciplinar a partir de trabajos realizados en esta zona, e integra tales capacidades y resultados en favor del desarrollo humano y la sostenibilidad del territorio.

Hemos abordado investigaciones en la Orinoquía colombiana mediante estudios interesantes en Guaviare, Vichada y Meta; se proyecta también impactar regiones como el Magdalena Medio y la Macarena, aprovechando los trabajos previos realizados con la Compañía de Jesús y la Universidad, en particular aquellos liderados por grandes actores de nuestra comunidad como los padres Francisco de Roux y Luis Alfonso Castellanos. Actualmente exploramos proyectos que impactan directamente el bienestar de comunidades palafíticas, es decir, las asentadas en la Ciénaga Grande de Santa Marta, así como en otras regiones tales como la Depresión Momposina, el Bajo Cauca y la el Catatumbo.


PJ: Teniendo en cuenta estos trabajos, ¿recuerda alguna experiencia en la que el Instituto se articulara con otra entidad para adelantar proyectos de investigación?

NON: Sí, efectivamente, la semana pasada nos reunimos con Equitas, una ONG interesada en trabajar en el Catatumbo. Lo que ella busca es desarrollar un convenio de cooperación interinstitucional con la Javeriana, de tal forma que se contribuya con la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas; en este caso, apoyando con ciencia, tecnología, con mecánica de los fluidos, hidráulica y ciencia forense, las actividades de búsqueda y hallazgo de personas desaparecidas en zonas de ríos y otros cuerpos hídricos. Las cifras son alarmantes, pues en ciertas regiones del país se reportan más 7.000 personas desaparecidas y, a nivel país, más de 80.000 en los últimos años, y aún falta por hallar un gran porcentaje.


PJ: ¿Qué posición asume el Instituto Javeriano del Agua sobre las problemáticas geopolíticas que tiene el país en relación con las fuentes hídricas?

NON: Tenemos dos formas de generar valor agregado: con proyectos muy específicos, especializados, que requieren la participación de varias disciplinas y de impacto en regiones, o con proyectos grandes que tienen que ver con áreas hidrográficas como el Amazonas. Sin embargo, las problemáticas geopolíticas con relación a las fuentes hídricas es un tema muy sensible y “caliente” en el país, como la situación generada por la construcción, operación y contingencias en la Central Hidroeléctrica Hidroituango o la definición del régimen de caudal ambiental para el rio Bogotá. Un tema central que permite una mirada amplia es el que tiene que ver con los servicios ecosistémicos, el cual nos interesa como marco de trabajo para el estudio del funcionamiento ecológico, los servicios ecosistémicos y los beneficios ecológicos.


PJ: ¿Existe alguna metodología, desde los estudios hidrológicos para contrarrestar la contaminación que producen las poblaciones aledañas a los ríos?

NON: Para nadie es un secreto que nuestros ríos están muy contaminados. Ha habido una reacción por mitigar eso con las plantas de tratamiento, pero una gran cantidad de municipios, más del 50%, tiene problemas de infraestructura en alcantarillados, no cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales, hay mal uso de pozos sépticos con potencial de contaminación de acuíferos. Muchos desechos por actividad antrópica se disponen en nuestros ríos y cuerpos de agua, entonces, el panorama de la calidad del agua resulta crítico. Se ha mejorado en lo relacionado con suministros, acueductos, plantas de tratamiento para el agua potable, pero en el tema de la calidad sí considero el país reporta grandes retrasos.


PJ: Respecto al caso de Hidroituango, ¿cuál ha sido el rol del Instituto?

NON: En este momento, la Javeriana, a través del IJA, está en conversaciones con EPM para realizar un estudio que permita apoyar y mejorar el funcionamiento y la situación actual de la Central Hidroeléctrica de Ituango, generando así resultados y lineamientos que ayuden al país con la concepción, diseño, construcción y operación de este tipo de macroproyectos que seguramente tendrán todavía amplia cabida en el país.

Este tipo de investigaciones nos invita a reunirnos con biólogos, ecólogos, antropólogos, sociólogos, filólogos e ingenieros hidráulicos, a trabajar conjuntamente, de tal forma que los análisis, diseños y estudios realmente obedezcan a una visión integradora y de uso racional y sostenible de los servicios ecosistémicos que nos ofrece la naturaleza.

Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.
Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.


PJ: Hablando de este tema, ¿cómo están las fuentes hídricas colombianas ante el cambio climático global?

NON: Recuerdo un estudio que hicimos en el Instituto Geofísico Javeriano sobre los efectos de nuevos escenarios del cambio climático en Cundinamarca y sus ríos. Tardamos dos años, hicimos una visión de futuro del clima a 2030, 2070 y 2100. Como era de esperarse, el comportamiento es heterogéneo, es decir, en algunas zonas se aumenta, disminuye o se mantiene la oferta hídrica de los ríos según los regímenes climáticos proyectados bajo estimación. Esto hay que entenderlo bajo las dinámicas de oferta hídrica versus la demanda de la población y del ambiente. Por eso, yo creo que el tema cambio climático hay que analizarlo en su impacto con mucha prudencia, aprovechar estas posibilidades de visión de futuro, pero no de pronóstico, existen muchas incertidumbres que se deben tener en cuenta.

Hoy por hoy no se puede concebir a un territorio que no considere o incorpore en sus instrumentos de ordenación tales como los POT, aspectos relacionados con la variabilidad y el cambio climático. Técnica y tecnológicamente ya lo sabemos hacer, no solo en esta universidad sino en el país; es decir, se cuenta con las capacidades para evaluar ese tipo de impactos en los territorios.


PJ: ¿Ha tenido algún efecto, positivo o negativo, conmemorar el Día Mundial del Agua?

NON: Sí, eso ayuda. A todos nosotros nos gusta que nos recuerden ese tipo de efemérides, así como nos gusta que nos recuerden, por ejemplo, la importancia de tener uno o dos días al año sin carro. Así sea una, dos o tres veces al año, eso cala en la estructura de pensamiento de las personas. No obstante, considero que el impacto sería mayor si esto se acompaña de un ejercicio de reflexión por cada uno de nosotros. Por ejemplo, aquí en la Javeriana existen departamentos y unidades académicas, como los de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, que siendo referente nacional e internacional sobre este tipo de acciones y reflexiones nos permiten entender cómo se encuentra la huella del carbono, la huella hídrica, en el marco de los hábitos de consumo de las personas, y cómo las prácticas cotidianas contribuyen para bien o para mal en este indicador.


PJ: ¿Qué puede hacer el ciudadano para contribuir con el uso eficiente del agua?

NON: Cuando una persona abre la llave, no se le ocurre pensar que detrás de eso hay muchos procesos: algunos antrópicos, como el uso de acueductos o plantas de tratamiento, y en campo, la extracción del agua de los ríos, donde hay comunidades aguas abajo que lo requieren y los peces necesitan de ese recurso. Hay que apuntarle a una estructuración mental sobre los hábitos de consumo, para que se tenga en cuenta que uno puede vivir sin alimentos, sin vías, sin tecnología, pero no sin agua. Entonces, este asunto gira en torno a una responsabilidad sobre los hábitos de consumo, que va con cosas sencillas como apagar el interruptor de la luz cuando no sea necesario usarlo, hasta reflexiones trascendentales como el uso e impacto de los servicios ecosistémicos por nuestros hábitos de consumo en nuestras casas.


PJ: ¿Cuál debería ser la reflexión de la sociedad ante esta problemática?  

NON: Para mí es un tema generacional. Yo cada vez veo a estas nuevas generaciones de egresados de las universidades y colegios con mayor sensibilidad. Sin embargo, es una tarea de todos, no solo de la universidad, sino de las escuelas y las familias en nuestros hogares. Esto es un estado mental y no importa si es un académico o es un ciudadano de a pie, si es un padre de familia, independientemente de su condición, lo que importa es que sea consciente del cuidado del agua. La clave está en cómo ha sido esa formación de principios y valores. Entonces, es necesario apropiar en la conciencia individual, familiar y colectiva que el agua es el recurso de la vida.

Javier Maldonado, sus aprendizajes junto al río

Javier Maldonado, sus aprendizajes junto al río

Hoy, al pasar menos de una semana de haber llegado a los 42 años, me encuentro de nuevo en lo que comúnmente conocemos como trabajo de campo. Pero en esta ocasión a diferencia de estar colectando peces en algún río de nuestra geografía, estoy en el Magdalena Medio visitando cuatro comunidades (Bocas del Carare, Las Islas, Barbacoas y San Rafael de Chucurí) con el fin de trabajar con los niños de segundo y tercer grado de las respectivas escuelas en un taller sobre taxonomía del oro del Magdalena, o más comúnmente conocido como bagre rayado del Magdalena. Actividad que hace parte de una nueva propuesta escolar que busca reafirmar la importancia de conservar el bagre y el río desde edades tempranas.

Y es precisamente en estos pocos días, en este caluroso Magdalena Medio, que realizo un breve recuento mental sobre las marcas que el estudio de los peces de agua dulce y el trabajo de campo han dejado en estos poco más de 20 años desde que inicié en esto (que pueden ser varios más si tengo en cuenta el tiempo pasado en la niñez, en compañía de mis hermanos y primos en ríos de mi natal Ubaté y otros municipios del altiplano cundiboyacense pescando guapuchas, capitanes y truchas). Desde las físicas, que incluyen picaduras y mordeduras de muchos tipos, manchas en la piel, electrocutadas, arrugas, cortadas diversas, ni qué decir de golpes, hongos en los pies a los cuales no les he podido ganar la batalla, hasta las, por decirlo de esta forma, espirituales.

Estas últimas podría dividirlas en dos: a) las de tener el privilegio de haber estado en diversos lugares, muchos a los cuales difícilmente regresaré y que simplemente son mágicos, nos recuerdan lo frágiles que somos y reafirman que somos sólo un pequeño componente más de este hermoso y asombroso árbol de la vida; y b) las de muchos de esos lugares, sino en todos, toparme y conversar con pobladores que, desde mi observación, en muchas ocasiones muy tangencial, desarrollan sus diversos modos de vida para sobrevivir en un país que la mayor parte del tiempo, precisamente, se ha encargado de invisibilizarlos.

Conversaciones que se han prolongado a lo largo de estas jornadas de campo, en las cuales muchos de estos pobladores (campesinos, comunidades indígenas y/o afrodescendientes, hasta grupos al margen de la ley), en el mejor de los casos, nos ven como bichos raros en busca de otros supuestos bichos raros. Conversaciones que se convierten en las mejores clases que jamás haya podido tener en un aula tradicional de clase a lo largo de todo mi proceso de educación formal, ya que me enseñan, contextualizan y ponen en bandeja de plata esa realidad “no científica” de nuestro país, que no hace parte de los currículos disciplinares que se estructuran desde el centro del país, y que a la vez se supone que velan por la formación integral del individuo.

Lecciones acumuladas que con el paso del tiempo me han permitido reflexionar sobre mi papel como docente/investigador universitario y el papel que la academia/universidad debe tener para lograr esa anhelada transformación de nuestra sociedad. ¿Cuál ha sido el impacto de mis actividades de docencia, investigación y trabajo de campo en la realidad de mi país? Pues obvio, dirán la gran mayoría de mis colegas, y por supuesto ha sido por mucho tiempo mi propia respuesta, pues la generación de conocimiento a través del proceso de intentar responder preguntas particulares y la participación en los procesos de formación de estudiantes que, por supuesto, ayudan a la construcción de un mejor país, pues partimos de la premisa de que un país que le apueste a la investigación, la ciencia y la educación es un mejor país.

Sin embargo, y escudriñando muy en el fondo, creo que el mayor aporte que haya podido hacer hasta el presente está relacionado con ayudar a darle una mayor visibilidad a los peces de agua dulce en diversas instancias y escenarios locales, regionales, nacionales e internacionales; de esta forma, llamar la atención sobre la necesidad de su conservación así como de los ecosistemas donde viven, no sólo porque son un componente más en la mega diversidad de nuestro país sino por lo que representan para las comunidades rivereñas a lo largo y ancho de nuestro territorio. El resto de aportes, y sin quitar el valor que puedan o no llegar a tener en el mundo de los cuartiles y factores de impacto, ha sido una entretención personal soportada, y hasta cierto punto patrocinada, por un sistema académico que busca responder a diversas métricas, en su mayoría alimentadoras de egos personales e institucionales.

Por esto mismo es que cada día valoro más estas marcas físicas y espirituales, que surgen a través de la tradición oral, del contacto directo, que no requieren de métricas y que el trabajo de campo me permite seguir acumulando. Por lo tanto, el regalo más preciado que he recibido hasta el presente, como estudioso de los peces de agua dulce, es poder conocer y recorrer las entrañas de este brutal, en toda la dimensión de la palabra, espacio geográfico llamado Colombia a través de sus venas de agua dulce. De esta forma, intentar comprender las causas, orígenes y el porqué de nuestra realidad y el porqué es tan complejo darnos la oportunidad de construir, precisamente, una “nueva realidad” para nuestra sociedad, pues, al fin y al cabo, cada uno de nosotros somos responsables en menor o mayor grado de lo que pasa en el patio de nuestra casa.

Sigo acá en campo, asumiendo el reto de hacer un taller de taxonomía del bagre rayado del Magdalena, con niños donde los “más afortunados” cuentan con un espacio llamado escuela, y donde lo “menos afortunados” a duras penas cuentan con un “tablero” pegado a dos palos y un suelo de tierra. Sigo acá y espero poder seguir en otros lugares, descubriendo las entrañas de mi país y las propias, hasta que el cuerpo aguante. Sigo acá empeñado en aprovechar la maravilla de los peces y los ríos para, de alguna forma, ayudar a transformar realidades “ajenas” y propias.


Testimonio original
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El investigador que hace ciencia desde las aulas

El investigador que hace ciencia desde las aulas

Desde niño, Bryann Esteban Avendaño Uribe supo que quería comprender el mundo y que las visitas a zonas rurales durante las vacaciones con sus papás no eran en vano. A sus ocho años, la inquietud por responder ciertas preguntas —como por qué las plantas son verdes o qué define el tono de voz de una persona—  fue motivo suficiente para soñar con ser un científico destacado, capaz de transformar la historia de la investigación en Colombia.

Este biólogo y ecólogo de 27 años, egresado de la Pontificia Universidad Javeriana, fue becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, en Washington D.C. (EE.UU.); ha trabajado en modelos de gestión participativa con campesinos, indígenas y afrodescendientes; y ha liderado estrategias de educación STEM (science, technology, engineering and mathematics).

Fue en el voluntariado Misión País Colombia, en una visita a San Martín de Amacayacu, en el Amazonas colombiano, donde tuvo una experiencia reveladora que lo llevó a estudiar paralelamente biología y ecología. “Yo estaba caminando con un curaca —líder indígena de la comunidad tikuna— y durante el recorrido arranqué un pedazo de liquen de un árbol para observarlo. Su mirada me lo dijo todo, fue una mirada diciente, me habló sin palabras”, recuerda este apasionado de los libros de ciencia ficción y del estudio de los hongos.

Entre 2011 y 2012, Avendaño participó en la investigación “Manejo integrado del cultivo de la guadua”, liderada por la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, en asocio con algunas entidades públicas, en la cual llevó a cabo su proyecto de grado. La inquietud por seguir indagando lo llevó, en 2013, a convertirse en joven investigador de Colciencias, como parte del Semillero de Investigación Agricultura Biológica, de la misma institución.

Pero su vida tomó un nuevo rumbo en 2014 cuando empezó a trabajar con consejos comunitarios de colectividades negras del alto y medio Dagua y del bajo Calima, en zona rural de Buenaventura, en un proyecto marco de la Unión Europea sobre gobernanza y gestión comunitaria de recursos naturales en América Latina, en alianza con la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana.

Fueron casi dos años de investigación. Allí conoció la diferencia cultural entre un refrigerio con papas y gaseosa, al estilo evento de Bogotá, y uno con sancocho ‘trifásico’, al estilo del Pacífico; aprendió que, para acercarse a la realidad de un pueblo, no basta con visitarlo sino que es necesario sumergirse en él; y confirmó que su vida como científico no debía estar en un laboratorio sino en campo, con las comunidades. Y en las aulas, con los jóvenes.

Por eso, desde 2016, Bryann trabaja como docente de la Asociación Alianza Educativa, en Usme, como parte del programa Enseña por Colombia, y encontró la combinación perfecta entre ciencia y educación en el proyecto Clubes de Ciencia Colombia, iniciativa que lleva científicos nacionales e internacionales a zonas rurales para expandir la educación científica de niños y jóvenes.

Escalar al aire libre es su hobby. Reconoce que este deporte es una metáfora de su vida, porque cada cima que ha alcanzado es fruto de su disciplina, persistencia y liderazgo, y que el sacerdote jesuita Francisco de Roux y el matemático Antanas Mockus son sus modelos de vida y quienes lo han motivado a participar en la construcción de la política de creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia, junto con otros investigadores, asesorando a los senadores que la proponen.

Este joven no solo lleva en su maletín una bata de laboratorio, sino una agenda llena con bocetos de la ruta que debe seguir para escalar el monte más alto, su misión de vida: “Mejorar las condiciones para que los científicos puedan hacer ciencia en Colombia e inspirar a las futuras generaciones de investigadores a través de la educación de alta calidad”.

De la tierra al fogón, del fogón a la investigación y de allí al libro

De la tierra al fogón, del fogón a la investigación y de allí al libro

La comida y sus transformaciones revelan historias complejas que conectan, desde los actos cotidianos, geografías distantes del territorio nacional. Cada plato en la mesa expresa relaciones de poder, sistemas socioecológicos y formaciones culturales que se traducen en experiencias con sensaciones, sabores y olores propios.

Cada receta es una ventana a un lugar de Colombia, a sus complejas realidades. Por eso, Diana Ojeda, doctora en Geografía e investigadora adscrita al Instituto Pensar, de la Pontificia Universidad Javeriana, propuso visibilizar las múltiples dimensiones del conflicto, el extractivismo y el despojo en el país a través de recetas tradicionales de cada región. Para lograrlo, trabajó con el guionista Pablo Guerra, los antropólogos Sonia Serna y Julio Arias, y otros cinco coinvestigadores, entre geógrafos, escritores y artistas.

Así nació la novela gráfica Recetario de sabores lejanos, un proyecto de investigación-creación que conjuga la narrativa gráfica con aproximaciones etnográficas a diferentes formas de violencia, el sufrimiento, las estrategias de resistencia y las formas de reivindicación de comunidades rurales, urbanas, étnicas y campesinas que se tejen alrededor de ecosistemas, cultivos, fogones y mesas.

“Hemos explorado las potencialidades de la narrativa gráfica a la hora de contar complejas historias de guerra y de violencia, desde una perspectiva que permite entender cómo se abren paso la vida y la resistencia en medio de circunstancias dolorosas”, explica Ojeda, y añade: “La narrativa gráfica es un lenguaje donde estas historias se pueden contar en un tono íntimo que permite tender puentes a través de la distancia y la diferencia”.

Esta obra recoge las historias del despojo socioambiental que hay detrás de ocho platos. Cada uno de ellos da cuenta de los productos, las formas de preparación, los rituales y las historias individuales y colectivas de las tradiciones culinarias. Además, para cada plato hay una producción fonográfica que, a modo de podcast, permite profundizar en la información.


Viuda de bocachico

  • Lugar: bajo río San Jorge, departamento de Córdoba
  • Investigador: Alejandro Camargo, doctor en Geografía

El bocachico se hierve entre vegetales, envuelto en hojas de plátano, y se sirve sobre una cama de guiso fresco. Este plato es el más representativo del bajo río San Jorge, en el departamento de Córdoba, y al mismo tiempo su historia narra los conflictos, tensiones e incertidumbres que rodean la actividad pesquera en la región.

Por un lado, el despojo histórico de la tierra y el agua hizo que los campesinos se dedicaran mayoritariamente a la pesca y, por el otro, la competencia por los pescados llevó al uso generalizado de tecnologías de extracción que han incidido negativamente en la disponibilidad de las especies. Estas prácticas disminuyeron la cantidad y tamaño de peces como el bocachico, transformaron la dieta y el acceso al alimento, y generaron el consumo de especies antes no contempladas por razones culturales.


Cerdo guisado con tungos de maíz

  • Lugar: sabanas del departamento de Casanare
  • Investigadores: Íngrid Díaz Moreno, máster en Antropología, y Julio Arias Venegas, candidato a doctor en Antropología

 

Ante la incertidumbre por la expansión de monocultivos a gran escala en los llanos colombianos, la autosubsistencia y la abundancia de comida son fundamentales para la gente de las sabanas del Casanare, pues son prueba de su autonomía y soberanía. El cerdo guisado con tungos de maíz ―una especie de bollos de mazorca― es central en su dieta, porque denota la importancia de la agricultura para el mantenimiento de las familias en la región, matiza la idea del sufrimiento por la escasez de alimentos, aleja a las personas del imaginario de la carne de res asociada con la ganadería extensiva y la tala de monte, y pone en duda la idea de la existencia de territorios disponibles para alimentar al mundo con agroindustria a gran escala. La carne de cerdo es adobada con hierbas de las huertas y se sirve acompañada con yuca, plátano o maíz cultivados en medio del monte.


Sancocho de coroncoro

  • Lugar: hacienda Las Pavas, sur del departamento de Bolívar
  • Investigadora: María Alejandra Grillo, abogada y antropóloga
  • Ilustrador: Henry Díaz

Sabores P45 3

La hacienda Las Pavas está ubicada en la isla de Papayal, en el departamento de Bolívar, entre el río Magdalena y el brazuelo de Papayal. Desde los años 60, han llegado personas interesadas en ella por su ubicación geográfica, entre las que se cuentan inversionistas ganaderos con dineros presuntamente provenientes del narcotráfico, grupos armados al margen de la ley y empresarios de la palma aceitera.

Esta situación ha implicado una profunda alteración de las reglas vecinales de convivencia y ha ocasionado que los actores foráneos pongan en riesgo la vida de los habitantes tradicionales de la isla de Papayal. Recientemente, los campesinos ganaron la disputa jurídica por la tierra de la hacienda Las Pavas contra la empresa Aportes San Isidro SAS, que desde 2007 defendía su propiedad ―aunque no la utilizaba― a través de un cuerpo de seguridad encargado de quemar casas, cortar cultivos e intimidar a los campesinos, bloqueando el retorno de la población desplazada.


Productos de la huerta amazónica, la huerta de enredaderas y el huerto de frutales

  • Lugar: piedemonte amazónico, departamento de Putumayo
  • Investigadora: Kristina Lyons, doctora en Antropología

Putumayo es una compleja zona de colonización, receptora de campesinos, indígenas y afrodescendientes desplazados de otras regiones del país. Con la expansión de monocultivos de coca, los ecosistemas de la región han perdido sus recursos naturales. Además, la población ha sido víctima de la guerra debido a las aspersiones con glifosato, los bombardeos militares, las minas antipersonales, la deforestación y la contaminación de los suelos y los ríos por la destrucción de los oleoductos.

Una iniciativa liderada por la Mesa Regional de Organizaciones Sociales del Putumayo, Baja Bota Caucana y Cofanía Jardines de Sucumbíos (Nariño) (Meros), a través del Plan de Desarrollo Integral Andino- Amazónico (Pladia 2035), busca rechazar las prácticas agroextractivistas, resistir el desplazamiento, permanecer en fincas agroproductivas sostenibles y promover la huerta amazónica, la huerta de enredaderas y el huerto de frutales.


Mote de palmito

  • Lugar: Montes de María, región del Caribe colombiano
  • Investigadora: Diana Ojeda, doctora en Geografía

El mote de palmito es una sopa hecha a base de ñame, cebolla, ajo y el palmito que crece de manera silvestre en Montes de María, entre los departamentos de Sucre y Bolívar, región fuertemente afectada por el conflicto armado. Aunque este plato era indispensable para las comunidades en las celebraciones familiares o fechas importantes, como Semana Santa, la incursión de paramilitares en la región hacia finales de los años 90 trajo como consecuencia la destrucción de varias especies del monte, incluyendo el palmito.

Las condiciones de vida de los campesinos de Montes de María todavía son precarias, ya que intentan defender estrategias de sustento, como huertas y parcelas colectivas, en medio del despojo, las amenazas y los atentados contra su vida, y las crecientes dificultades para acceder a tierra y agua debido a la expansión de los grandes monocultivos de palma aceitera, teca y piña.


Aguacafé con limón

  • Lugar: departamento del Quindío
  • Investigador: Juan Camilo Patiño, máster en Estudios Culturales

La historia de la economía de la región del Eje Cafetero ha estado marcada por las bonanzas y las crisis. La caficultura pasó de ser la actividad agrícola que más ingresos generó al país a la que más subsidios necesita del Estado.

En este contexto, Colombia ha intentado posicionarse como el mejor productor de café suave del mundo, siendo el departamento del Quindío el abanderado para hacerlo. Con el fin de competir a nivel mundial, el departamento ha impulsado el auge de los cafés especiales, y con ellos no solo la manera en la que se cultiva el grano, sino también en la que se procesa. Del café de greca y el tinto frío mezclado con aguapanela y limón se pasó a uno mucho más elitizado. Los buenos cafés son de exportación, no para el consumo de los quindianos… La receta evidencia esta ironía.


La bala

  • Lugar: Bogotá, Cundinamarca
  • Investigadora: Sonia Serna, máster en Estudios Culturales
  • Ilustrador: Camilo Vieco

Sabores P45 7

La bala sabe como suena. Se trata de una curtiembre de plátano en puré que se hierve y luego se macera con queso y coco. Aunque este plato es propio de Tumaco (Nariño), donde tiene la función cultural y gastronómica de convocar a la mesa a quienes escuchan el golpe de la piedra sobre la laja de barro, el desplazamiento de las comunidades del Pacífico a Bogotá ha implicado que comerlo se convierta en un lujo, debido a los altos costos que en la capital alcanzan productos como el coco o el aceite de coco, el tiempo que implica prepararlo y las dinámicas sociales alrededor de la mesa.


Tapao de doncella

  • Lugar: Medio Atrato, departamento del Chocó
  • Investigadora: Natalia Quiceno, doctora en Antropología Social
  • Ilustrador: Camilo Vieco

Sabores P45 8

El tapao de doncella, manjar del Medio Atrato, suele prepararse con bocachico, doncella, dentón o barbudo. Es salado, ‘sequito’, y con un sabor bien intenso luego de ponerse un día al sol. El ciclo de estos peces definió por años las actividades pesqueras, la alimentación y las relaciones sociales de la región, pero desde hace más de diez años los pescadores del Atrato dicen que no volvieron a ver una subienda de verdad, que el pescado se ha ‘apartao’ y que muchas especies han desaparecido, ocasionando transformaciones importantes en la dieta de la comunidad.

Una de las razones que los investigadores encuentran de la desaparición paulatina del pescado es la presencia de mercurio en los ríos. El caso que prendió las alarmas ocurrió cerca del río Quito, en la cuenca del Atrato, porque no solo hay poco pescado, sino que el que aparece está envenenado por los desechos producidos por la minería y la explotación de oro en ríos subsidiarios de dicha cuenca, como el Murri, el Sucio y el Truandó.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Recetario de sabores lejanos
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Diana Ojeda Ojeda
COINVESTIGADORES: Pablo Guerra, Sonia Serna y Julio Arias.
Instituto Pensar
Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2017-2018

Que los eventos naturales no causen desastres

Que los eventos naturales no causen desastres

“Deslizamientos y lluvias, principales preocupaciones en Hidroituango”; “Inundaciones en Japón: más de 100 muertos por fuertes lluvias”; “Una persona muerta y dos heridas deja avalancha en Girardot”. Estos titulares son pan de cada día en Colombia y en el mundo. Volcanes que hacen erupción, sismos que afectan poblaciones enteras, eventos de la naturaleza que causan miles de pérdidas humanas y económicas. ¿Cómo prepararse para una de estas eventualidades?

Perder más de 20 mil colombianos en el desastre de Armero en 1985 hizo sonar las alarmas. El país tenía que avanzar en esta materia, desde la geología, la sociología, la ingeniería y la comunicación, porque esa historia no podía repetirse. El Servicio Geológico Colombiano tomó medidas para estudiar los diferentes fenómenos naturales que amenazaban el territorio nacional, y hoy, más de 30 años después de la tragedia, vuelve a ser un referente para que el grupo de investigación Riesgo en Sistemas Naturales y Antrópicos, de la Pontificia Universidad Javeriana, estudie la gestión del riesgo.

La investigación surge en 2011, lleva tres fases y los investigadores, de la mano de sus colegas en la Universidad Católica de Colombia, se aprestan a continuar con la cuarta fase. Se trata, hoy y siempre, de un tema vital, por lo que es necesario aprender de lo sucedido.


La gestión del riesgo es demasiado importante

Dice Alfonso Mariano Ramos Cañón, profesor titular de la Facultad de Ingeniería y del Instituto Geofísico de la Javeriana, que para abordar el riesgo generado por un peligro natural es necesario considerar dos componentes: amenaza y vulnerabilidad. El primero responde a la pregunta: ¿cuál es la probabilidad de ocurrencia de un evento natural, como un deslizamiento, una inundación, una erupción o un sismo? Al respecto, hay una buena base de conocimiento en el país. Pero la vulnerabilidad se refiere más a aquello que se afecta cuando la amenaza se materializa. Y a pesar de que Colombia también ha avanzado en su estudio, al determinar, por ejemplo, cómo se afectaría la infraestructura simulando las magnitudes de los posibles eventos, “otras perspectivas de vulnerabilidad se han tocado con menos esfuerzo”, explica Ramos, quien desde hace más de un par de décadas trabaja el tema del riesgo por diferentes peligros de naturaleza geofísica, como sismos, deslizamientos y avenidas torrenciales.

“En 2011 empezamos a pensar que si han ocurrido desastres y siguen ocurriendo, ¿qué es lo que está pasando? No estamos aprendiendo, y a pesar de que la amenaza es cíclica, siguen ocurriendo los mismos desastres”. Se refiere, por ejemplo, a la temporada de lluvias que vivió el país justamente en ese año, con deslizamientos e inundaciones en varias poblaciones. “El invierno castigó a Colombia en el 2011”, titulaba El Universal de Cartagena; “Inundaciones en Colombia: igual a anegar Bogotá 27 veces”, informaba la revista Semana.

“Eso estaba muy vivo”, recuerda Ramos. Como no era la primera vez que sucedía, había que aprender de ello. Y así se inició el primer proyecto de investigación.

El enfoque del proyecto tiene su propio sello: no solo cuantifica lo que podría suceder, sino que considera al ser humano como afectado por dicha circunstancia. Así que los investigadores ―un equipo de profesionales de distintas disciplinas― empezaron a trabajar en cinco dimensiones, con base en categorías planteadas por el Departamento Nacional de Planeación: económico-productiva, político-institucional, ambiental, urbano-regional y sociocultural. Buscaban, en últimas, proponer medidas de prevención, corrección o mitigación, para lo cual asociaron unos indicadores a cada dimensión, como la cantidad de área protegida, de edificaciones construidas en la zona de amenaza, de camas disponibles en los hospitales de la zona, el promedio de personas por casa o las redes sociales en la comunidad.

Con esa batería de indicadores y un trabajo de ingeniería para el cruce de toda la información, crearon el Sistema de Información de Vulnerabilidad Territorial (SIVT) que entrega recomendaciones a las regiones sobre las acciones de preparación, reducción y manejo de desastres ante un evento natural. “Es como una cajita negra y uno lo que hace es meterle los indicadores para las cinco dimensiones, ella hace sus cálculos y a partir de ese análisis se puede entregar una serie de priorizaciones para la prevención”, explica Ramos.


El valor del componente social en la investigación

Junto con ingenieros de distintas especialidades y un filósofo, los investigadores incluyeron en la metodología la participación de los ciudadanos a través de talleres para conocer su percepción sobre las amenazas y proponer medidas a corto, mediano y largo plazo, y así disminuir la vulnerabilidad de las comunidades. Tomaron tres casos: San Marcos, en el departamento de Sucre, región de La Mojana; Manatí, en el sur del departamento del Atlántico ―en el norte de Colombia las inundaciones por fuertes lluvias son una constante―; y Armero-Guayabal, en el departamento del Tolima.

Dibujos de niños y jóvenes en las poblaciones donde se realizaron los talleres.
Dibujos de niños y jóvenes en las poblaciones donde se realizaron los talleres.

Hasta esas regiones se desplazaron los investigadores con sus estudiantes de pregrado, maestría y doctorado, quienes realizaban sus tesis de grado, y organizaron diferentes actividades dirigidas a niños, jóvenes y adultos mayores para conocer sobre creencias y valores, redes sociales e identidad, y resiliencia.

Allí hablaron sobre los dichos populares que los identifican en su cotidianidad y cuyo contenido procuran llevar a la práctica ―como “el que no oye consejos no llega a viejo”, o “soldado avisado no muere en guerra”―, sobre el significado del agua en la comunidad, o sobre Dios. Los invitaron a dibujar sus regiones, destacar allí las personas y los sitios más significativos, y a soñar en el futuro. Así obtuvieron respuestas muy elocuentes, como:

“Dios no tiene la culpa de que se inunde [la región], la culpa es por las lluvias. Él nos cuida de que nada malo mayor pase”.

“Ahora no se sabe cuándo va a llover, antes sí. Ahora se espera el invierno con agonía, antes con armonía”.

Los talleres fueron clave para apoyar la generación de indicadores, porque “aprendemos haciendo”, explicó la coinvestigadora Paula Andrea Villegas González, estudiante del Doctorado en Ingeniería de la Javeriana y profesora de pregrado en esta universidad, así como en la Católica. “Cuando en los proyectos se involucran las comunidades, como en este caso, no se impone la visión de la academia, sino que se promueve un diálogo de saberes y de conocimientos a partir del cual se construye el proyecto de investigación”, explica. “En ese sentido, el enfoque fue construir un sistema de indicadores y un conjunto de medidas con las comunidades donde ellas también fueran partícipes en el proceso de construir conocimiento”.


Los resultados en la práctica

Como producto de las primeras tres fases de la investigación, se lanzó un libro en julio de este año, titulado Gestión del riesgo en Colombia: vulnerabilidad, reducción y manejo de desastres, y se desarrolló un software para aplicar los indicadores de las cinco dimensiones en cualquier región del país. “El libro detalla la metodología completa, el software es la parte utilitaria”, explica Ramos, pero “la parte fuerte es justamente la conceptualización de las dimensiones y la manera como se quiere evaluar o cuantificar, o en ocasiones cualificar, cada una de esas dimensiones”.

Para Villegas, son dos las lecciones de esta investigación: trabajar con las comunidades y aprender de lo que ha pasado: “No es posible que después de tantos años todavía cometamos muchos errores porque no aprendimos del pasado”. Y para el futuro, la enseñanza es contar con unos criterios más amplios a la hora de sistematizar la información y caracterizar los eventos naturales que conllevan desastres.


Para leer más:

  • Villegas González, P. A., Ramos Cañón, A. M., González Méndez, M., González Salazar, R. E., De Plaza Solórzano, J. S. (2017). Territorial Vulnerability Assessment Frame in Colombia: disaster risk management. International Journal of Disaster Risk Reduction, 21, 384-395.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Retrospectiva de las catástrofes naturales en Colombia como insumo para la construcción de un sistema soporte de decisiones
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Alfonso Mariano Ramos Cañón
COINVESTIGADORES: Paula Andrea Villegas González, Mauricio González Méndez, Ramón Eduardo González Salazar, Juan Sebastián de Plaza Solórzano, Edwin Daniel Durán Gaviria y Holman Diego Bolívar
Grupo de investigación Riesgo en Sistemas Naturales y Antrópicos
Instituto Geofísico
Facultad de Ingeniería
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2011-actualmente

María Alejandra Quintero y su compromiso con las comunidades

María Alejandra Quintero y su compromiso con las comunidades

“No hablemos de trabajar por los más necesitados, creo que nos tenemos que quitar ese estereotipo de pensar ‘pobrecito el campesino’. Sí, son personas con muchas necesidades, pero también es gente con muchas capacidades”, enfatiza María Alejandra Quintero Falla, una joven politóloga de 24 años quien, a solo dos días de graduarse, ya hacía parte del grupo de investigadores del Instituto de Estudios Interculturales, de la Universidad Javeriana Cali.

Desde el día en que decidió estudiar ciencia política, asegura, sus intereses siempre han estado encaminados a la investigación, sobre todo en el campo de las humanidades. De hecho, como estudiante de pregrado hizo parte del grupo de investigación Democracia, Estado e Integración Social. Allí apoyó la sistematización y análisis de datos para una investigación en los municipios de Miranda, Toribío y Corinto sobre las dinámicas del conflicto armado en el territorio del Cauca.

“El proyecto tenía un componente fuerte de georreferenciación con el uso de programas informáticos que convertían bases de datos numéricas en mapas, lo que permitía ver las dinámicas del conflicto en la zona”, explica Quintero, estudiante de la Maestría en Derechos Humanos y Cultura de Paz.

Mariale, como la llaman de cariño, realizó sus prácticas empresariales en la Caja de Compensación Familiar del Valle del Cauca (Comfandi), donde participó en la campaña Tu Voto Tiene Poder, que busca crear conciencia en los empleados sobre la importancia de votar; al mismo tiempo, contribuyó en la formulación de una estrategia de relacionamiento con el Gobierno a nivel local, departamental y nacional. Su labor en Comfandi le concedió el Premio de Práctica Destacada, otorgado por su carrera.


De la academia al territorio

A Quintero se le cumplió el sueño de trabajar por el otro cuando ingresó al Instituto de Estudios Interculturales, donde es investigadora en la línea de Desarrollo Rural y de Ordenamiento Territorial, en el equipo de Espacios de Fortalecimiento Organizativo para asociaciones campesinas, las cuales se encuentran en el sur, el suroccidente y en la costa Caribe colombiana.

Hasta allí viaja la caleña a dar pautas pedagógicas a los facilitadores que llevan a cabo diplomados, cada 15 o 30 días, con el propósito de que estos les sirvan a las comunidades como un recurso a la hora de exigir sus derechos e interactuar con actores estatales. “Por medio de estos espacios se identifican las necesidades de conocimiento de los líderes campesinos para formarlos en temas como historia agraria y figuras de ordenamiento territorial. Los planes de estudio de los talleres los construimos con los mismos campesinos, pues la idea es que sea una tarea conjunta en la que nosotros también aprendemos de ellos”, advierte la politóloga, quien también sueña con ser doctora en ciencia política.

El comprometido trabajo de esta joven investigadora con las comunidades hoy se ve reflejado en Siembra campesina: material para el trabajo territorial y comunitario de las comunidades campesinas, una cartilla y contenidos multimedia con infografías, preguntas y ejercicios sobre lo visto durante los diplomados. Quintero hizo parte del proceso de creación y fue la encargada de su edición.

“Afortunadamente, siempre he conseguido que las cosas que haga tengan un impacto social. El trabajo con los campesinos me ha marcado y he aprendido a valorar las cosas pequeñas”, concluye con satisfacción.

También hay espacio para la ciencia

También hay espacio para la ciencia

Hoy domingo 17 de junio circula la edición número 44 de Pesquisa Javeriana, la revista de divulgación científica y tecnológica de la Pontificia Universidad Javeriana, que circula con las edición dominical que el diario El Espectador le envía a sus suscriptores.

Encuentre en nuestras páginas los siguientes temas :

  • Un reportaje sobre cómo los viveristas cundinamarqueses están transformando, gracias a la genética, el cultivo de orquídeas.
  • La investigación que revela cómo la nicotina podría curar enfermedades degenerativas como el mal de Parkinson.
  • El trabajo comunitario con habitantes de Ciudad Bolívar que ayudó a replantear el significado de la fe.
  • El hallazgo que permitió cambios vitales en el sistema de salud de la Guajira.
  • Las relaciones existentes entre la salud oral y las enfermedades cardiovasculares.
  • La unión de prácticas médicas que permitió mejorar las vidas de los pacientes de enfermedades raras en Colombia.
  • Perfil de Sandra Baena, la bióloga javeriana que ha dedicado su vida a la investigación de microorganismos.
  • La politóloga María Alejandra Quintero nos cuenta su trabajo con las comunidades del Valle del Cauca.
  • ¿Por qué la Selección Colombia de Fútbol invita a la unidad en momentos en los que las tensiones políticas parecen alejarnos?
  • En nuestra editorial, el voto de confianza que el sistema de ciencia colombiano ha depositado en la Pontificia Universidad Javeriana.

Pesquisa Javeriana invita a todos los interesados a asistir al Tercer Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, que se llevará a cabo en el campus de Bogotá del 10 al 14 de septiembre del presente año.

Si usted desea consultar el contenido de nuestra edición impresa y no es suscriptor de El Espectador, puede acceder a la versión digital de la revista, en formato PDF, por medio de este enlace.