Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Aplanar la curva de contagios por coronavirus ha sido un asunto de particular preocupación para los gobiernos. Transversal a este escenario han surgido una serie de reflexiones en torno a la necesidad de aplanar también la curva de la pobreza, desigualdad, discriminación, polarización, indiferencia y daño ambiental. En ese sentido, y con la intención de identificar las lecciones globales durante la actual pandemia, la Pontificia Universidad Javeriana llevó a cabo el pasado 28 de mayo el seminario web ‘Aprendizajes de la crisis del Covid-19 para afrontar el cambio climático’.

En esta jornada, a la luz de la Carta Encíclica Laudato Sí, expertos nacionales e internacionales presentaron las lecciones que como peregrinos de la ‘Casa común’ debe asumir la humanidad no solo para afrontar la actual situación sanitaria y social, sino también la crisis que vive el planeta con el calentamiento global.

“Somos parte de un todo, somos parte de la ‘Casa común’ y las transformaciones que se necesitan implican retos para el Gobierno y la sociedad. Esto significa, una nueva ética con la naturaleza”, afirmó Hernando García, director del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, quien también agregó el concepto de ‘salud planetaria’ al referirse a la preservación del equilibrio ecológico, solidario, natural y espiritual del hombre con el medio ambiente.

“La especie humana es un pequeño suspiro en la vida del planeta”, reflexionó García.

 

Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.
Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.

Manuel Pulgar-Vidal, exministro de ambiente de Perú y actual lider del Programa Internacional del Clima y Energía de WWF, añadió que la pandemia de la Covid-19 se debe interpretar desde la degradación del medio ambiente, la pérdida de especies y hábitats, el calentamiento global y la precaria calidad del agua y el aire en regiones de alta densidad poblacional, lo cual incide directamente en la proliferación de enfermedades como el Zika o el Chikunguña y, en este caso, la Covid-19.

Pulgar hizo un llamado al “renacimiento de la región”, basado en los aprendizajes de la pandemia. Resaltó que no existe un futuro sostenible sin consideraciones ambientales y climáticas, ni se puede pensar en una recuperación futura si no se incorporan las necesidades sociales. Abogó por una visión de sostenibilidad a largo plazo (año 2050) y finalmente dijo que es indispensable articular la economía mundial con la conservación de la naturaleza.

“La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común”: Jairo H. Cifuentes, Secretario General de la Universidad Javeriana, durante la apertura de la jornada.

Por otro lado, Jimena Puyana, coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU en Colombia, sostuvo que las enseñanzas que ha dejado el SARS-CoV-2 en materia de formulación de políticas públicas en países en vía de desarrollo, son: priorizar las inversiones que generan múltiples beneficios y propósitos a través de una ‘economía verde’; invertir en educación, salud e infraestructura desde una perspectiva de conservación, protección y sostenibilidad de la biodiversidad; apuntarle a impuestos que desincentiven la producción excesiva del carbono; apoyar las políticas de reforestación protectora y productora; invertir en las áreas protegidas; generar respuestas integrales -factores sociales, ambientales y económicos- para superar la crisis, y tener una conciencia clara de la vulnerabilidad humanidad evidenciada en la desigualdad y pobreza.

Citando a la revista científica Nature, Puyana destacó que “la pandemia ha ocasionado que el mundo reduzca entre el 17% y el 26% la producción de gases de efecto invernadero en comparación con el año pasado”.

El egresado javeriano Mauricio Rodríguez Castro, presidente de las firmas CO2Cero y EcoLogic, nutrió la conversación a partir de una perspectiva empresarial, desde la que es necesario implementar una economía circular mediante la reutilización de recursos; es decir, que los empresarios articulen sus proyectos con ideas de negocios sostenibles, amigables con el medio ambiente. En términos coloquiales, Rodríguez señaló que “la naturaleza nos está dando una cachetada”, razón por la cual, dijo, motivado por la situación de pandemia, que la sociedad debe pensar en una transformación profunda de su comportamiento, sus hábitos y cultura.

“Previamente se creía que las personas no eran productivas con el teletrabajo, pero la actual situación ha llevado a los empresarios a considerar esta nueva alternativa”, puntualizó Rodríguez Castro.

Finalmente, Andrés Rosas, decano la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, y moderador del simposio, convocó a una rueda de respuestas alrededor de la pregunta ¿qué se puede hacer para cambiar el comportamiento de las personas frente a la crisis del cambio climático? Los panelistas afirmaron, en unanimidad, que la mejor forma para movilizar cambios sociales es entender que la humanidad es vulnerable y que la COVID-19 es un factor de sensibilización que debería llevar a las personas a conectar sus decisiones con su entorno, en este caso el medio ambiente, tal y como lo menciona la Encíclica Laudato Sí: “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión”.

Este simposio se llevó a cabo en el marco de la celebración del quinto aniversario de la Encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común y el acuerdo de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Lo invitamos a revivir la jornada aquí.

Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia. 
Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia.
La fauna silvestre nos habla

La fauna silvestre nos habla

El mundo se paralizó debido a la pandemia generada por la COVID-19 y, aunque difícil para los humanos, esta ha sido la oportunidad para que la fauna silvestre y los ecosistemas se tomen un respiro.

¿Qué pasará cuando regresemos a las calles y retornemos a la cotidianidad?, ¿los animales que hoy se hacen más visibles tendrán que volver a esconderse? Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron en el conversatorio web La fauna silvestre nos habla, organizado por la Facultad de Ciencias, en cabeza del biólogo Ph.D y profesor del Departamento de Biología, Germán Jiménez, quien asegura que hay esperanza de cambio.

“Estamos en cuenta regresiva. Muchos lo han dicho, nos quedan entre 50 y 60 años para que empiecen a ocurrir colapsos mucho más graves en los ecosistemas, por lo que tenemos que aprender a contrarrestarlos. Estas acciones no serán cuestión de periodos cortos de tiempo, llevarán décadas”, afirma Jiménez, quien complementa que las sorprendentes imágenes de animales que circulan saliendo a pasear con libertad, de ecosistemas acuáticos libres de contaminación y mejoramiento de la calidad del aire, serán un panorama que no volveremos a ver si no implementamos cambios que puedan ser duraderos y que vayan más allá de lo que la cuarentena nos ha dejado de lección.

 

Ejes de deliberación

La especie humana es una especie inteligente, capaz de sentarse a reflexionar sobre lo que está pasando y generar cambios, dice Jiménez, agregando que “esta situación que hoy aqueja a la humanidad hay que aprovecharla para enviar el mensaje y unirse alrededor del mundo para hacer un llamado a cuidar los ecosistemas, pues es el punto de partida para conservar nuestros propios modos de vida”. Por esa razón el conversatorio se centró en exponer tres temas al público para comprender la dimensión de lo que está pasando con el medio ambiente.

En primer lugar, la reflexión giró en torno a las amenazas que el ser humano ha venido generando en muchos de los ecosistemas donde habita la fauna silvestre y cómo, con lo que está sucediendo de la pandemia, hay un contraste evidente al ver a los animales que salen y deambulan por zonas perimetrales o incluso, en el interior de las ciudades.

Como segundo tema, también relacionado con la pandemia pero desde la perspectiva de las enfermedades, Jiménez expuso la relación histórica entre el ser humano y la fauna, basada, en gran parte, en la explotación. Este hecho, dice el investigador, ha permitido generar espacios y posibilidades para que los animales nos transmitan enfermedades, “no porque ellos lo quieran, sino porque al ser muy cercanos al ser humano existen posibilidades de que puedan transmitirnos los mismos parásitos, bacterias, virus y hongos que traen consigo. Entre más cerca estén filogenéticamente (relaciones evolutivas entre especies) de nosotros, más fácil será la transmisión. Pero, esa es solo una parte, la otra es que también tenemos el potencial de transmitir enfermedades a los animales”, comenta Jiménez, quien tiene una trayectoria de 20 años en investigación y promoción del manejo y conservación de la fauna silvestre.

El tercer punto, que encierra los anteriores, fue una reflexión sobre cómo debe ser nuestra convivencia con los animales cuando termine el confinamiento. “Nosotros hasta ahora veíamos a la fauna en una especie de cuarentena; ahora, que somos nosotros los que estamos en aislamiento, los animales salen a merodear. Hay que saber entender el mensaje y de ahí el título del conversatorio, porque la fauna silvestre nos está hablando, nos dicen que los animales son capaces de convivir con nosotros solo si les damos el espacio para hacerlo, y para ello necesitamos que los ecosistemas permanezcan en su mejor estado”, puntualiza.

Después de abordar estas temáticas y de las intervenciones de los asistentes, una de las conclusiones esenciales es que los seres humanos deben poder relacionarse con la fauna silvestre y los ecosistemas de forma apropiada. La pandemia y el momento coyuntural debe traer tanto cambios positivos para el futuro de la humanidad, asegura Jiménez; como también para la conservación de todas las otras especies y ecosistemas que hacen parte de la tierra. “Nosotros potencialmente tenemos dos opciones: o continuamos con el mismo ritmo que traemos, el cual ya sabemos que es perjudicial para la fauna silvestre y nuestros ecosistemas, o cambiamos nuestra forma de ver el mundo y de relacionarnos y les permitimos sus espacios”, finaliza el investigador.

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¿Cómo lograr una convivencia adecuada con la fauna silvestre?

Se debe dejar de sobreexplotar y contaminar el ambiente para mantener los modelos económicos, dice enfático; es necesario buscar formas de desarrollo mucho más sostenibles que permitan mantener los ecosistemas y la fauna y flora silvestre. Esto, no es más que un bumerang, dice Jiménez. “Basta con ver el cambio climático, las ciudades que están contaminadas tienen la mayor escasez de recursos y todo eso es evitable solo si empezamos con lo que yo llamo ‘la gestión hacia el manejo y la conservación adecuadas de la biodiversidad’, que implica ser mucho más respetuosos con los espacios naturales de fauna y flora, y que comprendamos que no están ahí para ser solamente sobreexplotados y contaminados”, afirma.

También comenta que es necesario cambiar de mentalidad: “No podemos seguir con el mismo ritmo de vida porque el mensaje es claro. De aquí en adelante se viene un trabajo enorme acerca de cuáles van a ser los caminos que vamos a seguir y cómo vamos a presionar los espacios políticos, sociales y económicos para tomar las mejores decisiones”. Además, complementa: “esto es un trabajo tanto de los gobernantes como de la sociedad; en la medida en que nosotros nos comportemos sanamente con la naturaleza podemos exigir a nuestros gobernantes que también lo hagan a través de la implementación de modelos de desarrollo realmente sostenibles”.

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Pesquisa Javeriana contó con una corresponsal en la Antártica durante enero y febrero de este año, quien nos narró su experiencia como investigadora de la XXXV Expedición Italiana a la Antártica, en el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi. En este recorrido, la bióloga javeriana Nohelia Farías Curtidor estuvo recogiendo datos sobre los mamíferos acuáticos que viven en esta zona del mundo para colectar datos e información sobre la ocurrencia, abundancia y comportamiento de mamíferos marinos en el mar de Ross, además de identificar y corroborar las áreas principales de uso de estos animales y tratar de hacer una relación de su presencia con las condiciones oceanográficas del área. También pudo percibir y reconocer junto a sus colegas italianos algunas transformaciones en el cambio del clima del llamado Continente Blanco.

Es la primera vez que una colombiana recorre el mar de Ross por la ruta que lo hizo Nohelia Farías Curtidor, desde Nueva Zelanda, gracias a la alianza lograda por el Programa Antártico Colombiano con el Programma Nazionale di Ricerche in Antartide (de Italia). La información por esta nueva ruta plantea una oportunidad valiosa para el país ya que permite tener datos de los mamíferos acuáticos por una zona que se desconocía y que sirve para comparar con los datos que se tienen del recorrido por la península antártica a la que la expedición colombiana visita desde hace cinco años.

Desde el mar de Ross, Farías Curtidor escuchó las noticias sobre las altas temperaturas en la Antártica, especialmente en las cercanías con el sur del continente americano. Según los reportes de la NASA, se alcanzaron 20° de temperatura en el continente de hielo, el mayor récord en la historia. Esto generó un derretimiento de más de 10 centímetros de capa de hielo en Eagle Island. Sin embargo, por el sur de este continente los climas nunca fueron superiores a 3°, lo que tampoco indica que esté exento del impacto climático sobre los ecosistemas.

Igualmente, del costado oriental del continente los investigadores de la expedición científica italiana evidenciaron un derretimiento del glacial y por el lado occidental del mar de Ross están entrando las tormentas y corrientes del mar Pacífico Sur, lo que antes no ocurría. Aún no se puede afirmar a “ciencia cierta qué pasará, pero sí podemos imaginarnos o tratar de evaluar ciertos escenarios porque están cambiando la dinámica del lugar y sus características”, explicó la bióloga javeriana.

La cadena alimenticia puede ser un claro ejemplo de cómo se evidencia el impacto climático en las formas de vida de las especies y cómo se transforman sus hábitats y sus hábitos:

Estos impactos que se generan en la Antártica pueden afectar especies de animales que llegan hasta Colombia, Ecuador o Panamá como la ballena jorobada. ¿Qué pasaría si estos mamíferos no se alimentan lo suficientemente bien en la Antártica para recorrer 8.000 kilómetros hasta llegar a las costas de estos países para reproducirse?

El efecto del cambio climático se está viendo no solo en la Antártica sino en todo el mundo. “Por ejemplo, en el Ártico en 2006 o 2007 se midió la capa de hielo más pequeña que se había encontrado porque se desprendió un pedazo de hielo tan grande como Italia”, relató Nohelia en su expedición. El reto ahora es evaluar las consecuencias y considerar qué se puede hacer para tratar de que esto pare o por lo menos baje la intensidad y la rapidez con la que está ocurriendo. Por ello, la bióloga javeriana hace recomendaciones para que los ciudadanos aporten en contrarrestar el impacto de la huella ambiental.

Nohelia Farías Curtidor regresó esta semana de su expedición, luego de siete días de viaje de vuelta. Logró identificar, por ejemplo, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri), que puede medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. También, el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus), un ave que con sus alas extendidas puede medir hasta dos metros. Además, la foca leopardo (Hydrurga leptonyx), solitaria y agresiva, que vio solo una vez y que puede llegar a medir entre tres y cuatro metros, además, de pesar entre 300 y 500 kilogramos. Su amor por la naturaleza, en particular los mamíferos acuáticos, es una preocupación latente en medio de noticias que cuestionan las prácticas de los humanos frente al cuidado del planeta. Por ello, continuar investigando sobre estos lo considera como una forma de disfrutar la vida y de aportar en su conservación.

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Para conocer la bitácora completa de Nohelia Farías Corredor, consulte este enlace: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/opinion/javeriana-en-antartida/


* La participación en esta expedición de la egresada javeriana en biología, Nohelia Farías Curtidor, cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Hipopótamos en Colombia: un problema de enormes dimensiones

Hipopótamos en Colombia: un problema de enormes dimensiones

Salta el polvo sobre la tierra, el agua se mueve turbulenta sobre un estanque y lo que pareciera ser una estampida se aproxima con fuerza. Son más de cuatro toneladas de carne y huesos galopando, es un animal rígido, de piel gruesa que viaja a 25 kilómetros por hora sobre el noroeste de Colombia. Se trata del hipopótamo Hippopotamus amphibius, uno de los cerca de 70 ejemplares que están sueltos en el Magdalena Medio y por el cual biólogos, comunidades de la región, ambientalistas y entidades gubernamentales están seriamente alarmados.

Este animal es una especie invasora que llegó a Colombia hacia los años 80, cuando Pablo Escobar trajo de África cuatro especímenes —una hembra y tres machos—. Aunque para ese momento su intención era recrear la fauna salvaje del continente africano en su hacienda ubicada en Puerto Triunfo, en el departamento de Antioquia, años más tarde y luego de la expropiación de sus bienes, leones, jirafas y los exóticos hipopótamos terminaron conformando el Parque Temático Hacienda Nápoles, un atractivo turístico que abrió sus puertas al público en 2007 como un recinto para la conservación de especies amenazadas y en peligro de extinción.

Sin embargo, desde 2006, las especulaciones sobre encuentros entre hipopótamos y la comunidad del suroriente de Antioquia, y su posible creciente reproducción, llamó la atención de los biólogos David Echeverri de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare –Cornare-, encargada de implementar políticas ambientales en la región; Elizabeth Anderson, codirectora del Departamento de la Tierra y el Ambiente, Instituto del Agua y el Ambiente en la Universidad Internacional de La Florida, y Germán Jiménez, docente  del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Según recuerda Jiménez, su primer acercamiento al tema ocurrió en 2015 cuando cruzó palabras con Anderson en un congreso de conservación en Bolivia. Allí descubrió que esta apasionada por la fauna salvaje estudiaba la misma especie que llegó a Colombia a finales de siglo XX desde el valle del Masái Mara, en África, debido a su latente riesgo de extinción. En la conversación, Anderson le comentó a Jiménez que esta no era su única preocupación ya que, producto de sus investigaciones con su colega Amanda Subalusky, encontraron que los hipopótamos eran unas máquinas demoledoras, unos voraces ingenieros de los ecosistemas que consumen más de 70 kilogramos de pasto al día para alimentarse. Aproximadamente, el 5% de su peso.

De este encuentro surgió la inquietud por recoger información sobre la biología, la ecología y las interacciones de los hipopótamos con los colombianos, y crear estrategias de conservación para el tratamiento de esta poderosa especie. Pasados algunos meses, Anderson volvió a comunicarse con Jiménez, esta vez para comunicarle excelentes noticias: National Geographic había decidido financiar su investigación —Introduced Hippos in Colombia: Consequences for Human and Natural Systems— junto con la participación de varios colegas más como Amanda Subalusky y Ana Rojas de la Universidad Internacional de La Florida;  Juan Felipe Reátiga y Laura Nova, egresados de la facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana, y Sebastián García, de la Universidad de Antioquia.

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Las dimensiones del problema

Un viaje de 170 kilómetros en línea recta, 1.500 encuestas a comunidades y visitas a 10 localidades fue el resultado que dejó el recorrido de este equipo interdisciplinar entre Doradal, donde se ubica el Parque Temático Hacienda Nápoles, hasta Puerto Berrío en busca de evidencia histórica que diera cuenta de la presencia de los hipopótamos “prófugos”. La región es ambiente ideal para la supervivencia de estos voraces herbívoros por sus pozos, ríos y caños, temperaturas de 24 a 27 grados centígrados y una humedad relativa de más del 90%.

“La gente nos reportó hipopótamos que habían visto desde 2006 hasta 2016, fueron 10 años de registros históricos. Tomamos varios registros en total, de los cuales validamos 26 mediante fotografías, avistamientos, huellas y la relación con ambientes potencialmente propicios para estos animales”, afirma Germán Jiménez, quien también es miembro de la Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis) de la Javeriana.

Una vez procesada la información y validados los registros, el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt contactó a los investigadores con una propuesta inesperada: trabajar mano a mano en el estudio de especies invasoras biológicas a través de la creación de un biomodelo que presentara la distribución del hipopótamo en Colombia; es decir, un sistema que permitiera graficar la ubicación estimada de estos animales para esta cuenca. Esta información también permitiría incluir los datos del visitante africano en la ficha Reporte del Estado y Tendencia de la Biodiversidad (RET 2018).

/ Cortesía.
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Los hallazgos

¡Enormes! De gran magnitud fueron los retos que los investigadores encontraron con el proyecto, ya que evidenciaron que la tendencia de reproducción de los hipopótamos ha ido en ascenso, según datos de Cornare, porque de los cuatro ejemplares iniciales que llegaron a la Hacienda Nápoles en 1980 actualmente hay 28; y de los cerca de 70 hipopótamos que están deambulando por los alrededores de la finca actualmente, se espera que para 2050 lleguen a una cifra de aproximadamente unos 400 animales más.

Así mismo, la vegetación aportó su cuota de vulnerabilidad con graves consecuencias como el daño a ecosistemas que producen estos animales con su fuerte pisoteo, la disminución de pastos respecto a su alto requerimiento alimenticio y la contaminación de afluentes que generan los hipopótamos durante sus periodos de apareamiento dado que expulsan altas cantidades de materia orgánica que luego esparcen con su cola a manera de ventilador, proceso también conocido como eutrofización.

“El desplazamiento de la fauna nativa es una consecuencia debido a que los hipopótamos van a estar ocupando un nicho que antes estaba reservado a las especies nativas, y dado que estos animales presentan mejores adaptaciones, los hace una especie supremamente tolerante y resistente a las condiciones ambientales de la región. Esto va a desplazar a otras poblaciones como el manatí del Magdalena Medio, la nutria, el chigüiro y el caimán”, explica Echeverry, de Cornare.

Con esto en mente y el latente riesgo al que estarían enfrentadas las poblaciones aledañas a Doradal al encontrarse con estos corpulentos y territoriales animales, urge la necesidad de buscar alternativas viables para su control, pues acuerdos internacionales como The Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora —CITES—, así como los riesgos biológicos restringen el regreso de los hipopótamos a su lugar de origen debido a la importancia de conservar su material genético en el territorio en el que nacen; alternativas como la castración química o física son altamente costosas, al alcanzar valores de más de 20 millones de pesos por animal, y poco eficientes pues los hipopótamos continuarían afectando la vegetación, y la posibilidad de hacer control poblacional ha sido un asunto altamente debatido tras el fallo de la Corte Constitucional de prohibir su caza en la sentencia C-283/14.

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Y ahora, ¿qué sigue?

El grupo de investigadores se prepara para recibir en diciembre la primera publicación de los resultados de su investigación en la revista Oryx (Cambridge University Press), artículo que podrá ser consultado con el título Potential Ecological and Socioeconomic Effects of a Novel Mega Herbivore Introduction: the Hippopotamus in Colombia.

Sin embargo, los investigadores buscan abordar una segunda fase del proyecto para determinar cuáles especies estarían siendo afectadas por la presencia de este pesado mamífero y trabajar con inteligencia artificial en la simulación de escenarios futuros de los hipopótamos en terreno colombiano, en caso de que ambientes ideales, similares a los de África en temperatura, humedad y pastos, les sigan facilitando la vida a estos animales.

“Toda esta investigación evidencia la necesidad de levantar una alerta nacional que motive a organizaciones y corporaciones a financiar esta investigación para mirar cómo detener el problema. Nosotros conocemos las herramientas, sabemos cómo potencialmente detener el movimiento de los hipopótamos y su crecimiento, pero necesitamos la información de base: dónde están y cuántos hay”, puntualiza Jiménez.

La cita de la investigación javeriana

La cita de la investigación javeriana

Del 10 al 13 de septiembre abre sus puertas la edición número 15 del Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, el espacio que desde hace 30 años muestra el impacto social del conocimiento construido desde las aulas, talleres y laboratorios javerianos.

Como es tradición desde 1990, año inaugural de este evento bianual, el tono académico lo marcarán las tres conferencias magistrales con reconocidos expertos en diferentes campos de la investigación:

  • Enrique Forero, doctor en Biología y presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, hablará el 11 de septiembre sobre la importancia de fortalecer la búsqueda del conocimiento propio para impulsar el desarrollo del país.
  • La transformación social, política y económica de Venezuela en los últimos 20 años será el tema de análisis y conversación del 12 de septiembre, el cual tendrá la intervención de Socorro Ramírez, postdoctora en Ciencia Política y profesora jubilada de la Universidad Nacional de Colombia; Tomás Straka, doctor en Historia de Venezuela e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello, en el vecino país; y la moderación de Martha Lucía Márquez, doctora en Ciencias Sociales y Humanas y directora del Instituto Pensar.
  • El papel de las comunidades en la construcción de investigaciones que aseguren la conservación de fauna nativa será abordado, el 13 de septiembre, por la investigadora costarricense Viviana Ruiz Gutiérrez, doctora en Ecología y Biología Evolutiva e investigadora en ornitología de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos.

Todas las conferencias se realizarán en el auditorio Alfonso Quintana, S.J., del edificio Jorge Hoyos, S.J., a partir de la 8:00 a.m. de cada día.

La agenda académica también contempla la presentación de resultados de investigación a través de siete simposios; en ellos, los asistentes conocerán de primera mano los alcances de trabajos en áreas como transferencia y apropiación del conocimiento, ciencias básicas y teóricas o desarrollo sostenible, al igual que indagaciones sobre ciencia colaborativa, diversidad, pluralidad e inclusión, la investigación acción en el territorio y las diferentes pesquisas llevadas a cabo por estudiantes javerianos.

Asimismo, se dictarán charlas sobre herramientas digitales que, desde la Biblioteca General, puedan aportarle a las investigaciones científicas en temas tan concretos como métricas alternativas y el acceso de forma gratuita y legal al conocimiento producido. También se contará con una sesión en las tardes¸ amenizada por vino, tapas y cerveza, en la que se expondrán los pósteres de diferentes trabajos investigativos adelantados por estudiantes.

Finalmente, el viernes 13 de septiembre, a partir de las 5:00 p.m., se realizará la clausura del Congreso con la presentación de las diferentes tecnologías javerianas que han tenido un impacto en la sociedad y la entrega del Premio Bienal Javeriano en Investigación, con sus dos categorías: Vida y Obra y a los mejores trabajos adelantados desde la edición anterior del evento en las áreas de ciencias de la salud; ciencias naturales, físicas, exactas y del medio ambiente; ciencias sociales, humanas y artes; e ingenierías, arquitectura y diseño.

Si quiere participar, aún puede inscribirse en este enlace. Asimismo, puede consultar la agenda del Congreso para asistir a las actividades de su interés.

Ciencia ciudadana, una alternativa de investigación colaborativa

Ciencia ciudadana, una alternativa de investigación colaborativa

Por décadas ha sido común escuchar comentarios de inconformidad acerca del estado de la educación en Colombia, particularmente sobre las brechas de acceso a la formación académica debido a sus altos costos, la precariedad de los salarios de los docentes y el rígido pensum académico, de ahí que jóvenes e investigadores conformen la extensa diáspora de colombianos que buscan un mejor futuro profesional en el exterior. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, cerca de 4,7 millones de colombianos están fuera del país, siendo Estados Unidos, España y Canadá los de los destinos más frecuentes.

Además, como si fuera poco, lamentables cifras como el puesto 57 entre 72 que ocupó el país en las pruebas Pisa de 2015, con las cuales la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) mide el nivel de calidad del sistema educativo, o casos más alarmantes como los aproximadamente 260 millones de niños en el planeta que no asisten al colegio, presentan la importante necesidad de fomentar y garantizar la participación ciudadana en programas de formación académica capaces de garantizar una sostenibilidad en el quehacer profesional, así como también la incursión en prácticas de investigación que promuevan la integración de la academia, la industria, el Estado y las mismas comunidades.

Pesquisa Javeriana conversó con Viviana Ruiz Gutiérrez, investigadora asociada y ecóloga cuantitativa para el Programa de Ciencia de la Conservación en el Laboratorio de Ornitología de Cornell, en Estados Unidos, especialista en ciencia ciudadana e invitada de honor a la XV edición del Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, acerca del rol que juega la ciencia colaborativa en el quehacer de la investigación universitaria y la formulación de estrategias para resolver los retos de la formación académica en Latinoamérica.


Pesquisa Javeriana: ¿Cuál fue su motivación para dedicarse al estudio estadístico de la conservación?

Viviana Ruiz: Estudié Biología Tropical en la Universidad Nacional de Costa Rica, ahí me empecé a interesar en cursos de ecología aplicada pero identifiqué la necesidad de hacer análisis profundos de datos, y me di cuenta de que en América Latina en general no había mucha capacidad para ello. Por eso busqué programas especializados porque, si uno quiere hacer algo en conservación, lo primero que tiene que asegurar es que sus resultados y su ciencia sean lo más confiable posible. Así terminé haciendo mi doctorado en el Departamento de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos.


PJ: ¿Encontró modelos estadísticos que respondieran a sus necesidades?

VR: Sí. Por ejemplo, uno se llama modelo poblacional integrado y con él analizamos una especie endémica del estado de California; la tarea era demostrar que la especie Agelaius tricolor estaba en peligro de extinción a pesar de que por años no se había logrado evidenciar científicamente su presencia. Usamos los datos de ciencia ciudadana que tenemos en el Laboratorio de Ornitología de Cornell y este modelo estadístico, que toma en cuenta la incertidumbre que existe cuando uno quiere ver una tendencia poblacional. Con esto pudimos estimar que en los últimos 10 años la población se había reducido en un 34%, que el declive era de una magnitud mucho más grande y que la forma más efectiva de conservar esta ave es invertir en su éxito reproductivo.


PJ: ¿Por qué el nombre de ciencia ciudadana? ¿En qué consiste el término?

VR: Es un proceso cíclico, que no solo consiste en decirle a la gente que colecte datos para que los use un investigador sino que se trata de un proceso en el que ellos se apropian de la información, la usan y la comparten. Es un ejercicio de sostenibilidad, uno realmente colaborativo en el que yo, como investigadora, estoy aprendiendo de las acciones de ellos y ellos ven de los resultados que genera el proceso científico que estoy liderando.


PJ: Según su respuesta, este proceso contempla un componente de apropiación social del conocimiento. ¿Estadísticamente es posible cuantificarlo o cualificarlo?

VR: Realmente son pocos los ejemplos de la integración entre un análisis realmente confiable de información científica sobre apropiación del conocimiento, al menos en vida silvestre, y las comunidades. Este es más un proceso colaborativo y participativo, pues antes de empezar la investigación uno aprende cuáles son las necesidades de las comunidades para, con los resultados del proyecto, satisfacer sus necesidades.


PJ: ¿Cuál es el reto de trabajar con comunidades?

VR: El reto no está con las comunidades, está con los científicos, pues no están entrenados para verlas como un recurso, como aliados en lo que es el proceso científico. Para mí ese es el reto porque vemos la investigación lejana de las comunidades. Datos son datos al final del día, no importa si los colecta un técnico, si los colecto yo o un miembro de la comunidad; el hecho de no aprovechar el conocimiento que existe en las comunidades como parte de nuestra investigación es el reto más grande!

Viviana Ruiz Gutiérrez, conferencista invitada al XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. / Cortesía
Viviana Ruiz Gutiérrez, conferencista invitada al XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. / Cortesía


PJ: Hoy se habla del término ‘cuádruple hélice’, la articulación del Estado, la academia, la industria y la sociedad en proyectos investigativos para el desarrollo comunitario. En ese sentido, ¿puede la ciencia ciudadana pensarse como una estrategia para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, planteados por la ONU?

VR: Sí, esto es fundamental. Algo que hace la ciencia colaborativa es aumentar y mejorar la gobernanza entre esos mismos sectores- el académico, gubernamental, el sector privado y la sociedad. Entonces cuando uno piensa: ¿sostenible para quién?, o, ¿qué significa sostenibilidad?, Estos se pueden definir en conjunto. No se trata solo del resultado de una investigación, sino cómo estos los benefician a estos diferentes sectors, y cómo la información que se usó para hacer ciencia les permite hablar el mismo lenguaje de sostenibilidad.


PJ: ¿Podría darnos un caso exitoso sobre ciencia colaborativa en Colombia?

VR: Sí. Actualmente hago parte de un proyecto llamado ‘Nuestras aves, nuestro café’ en el municipio de Jardín, en el departamento de Antioquia. Allí estamos trabajando con caficultores en el registro formal de todas aves que conocen que habitan sus cafetales. Trabajamos con los hijos de los caficultores, en las escuelas a través del programa ‘Amigos de las aves y el café’, en el que se les enseña los beneficios que les traen las aves al café y los retos que tienen las aves y el café frente al cambio climático; también con el SENA para certificar a los jóvenes como guías locales para ofrecer tours de aves y café, y nosotros, desde el Laboratorio de Ornitología de Cornell, usamos toda esta información de ciencia ciudadana para investigar como incentivos para practicas productivas sostenibles para el café generan un beneficio para la biodiversidad de este paisaje natural.


PJ: Usted será una de las invitadas al XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, cuyo lema es ‘¿Ciencia para qué? ¿Ciencia para quién?’. En este caso, ¿cómo respondería a esas preguntas?

VR: Yo he dedicado mucho de mi trabajo a crear capacidades; es decir, entré a ser parte de la Academia en EE.UU. porque sabía que desde acá yo podía impactar en el acceso al conocimiento y a herramientas, porque al final del día es lo que construye ciencia, el conocimiento de la ciencia es la que da acceso a ella. La respuesta está en llevar ese conocimiento a las zonas apartadas, esos recursos, esas herramientas, a las zonas más remotas de América Latina porque el mayor problema es que allí hay mucha voluntad para la conservación, pero no hay opciones.


PJ: ¿Cuáles serían los retos por resolver en Latinoamérica?

VR: Muchos de nuestros retos vienen de desigualdades, de falta de acceso a la educación, a recursos en formación, por eso la mayoría de mis proyectos, los talleres y cursos que doy, tienen que ver con el acceso al conocimiento para que la gente no tenga que irse de sus países, de sus zonas rurales para aprender.


PJ: ¿Nos daría un adelanto sobre el tema que tratará en el Congreso?

VR: Voy a hablar sobre los beneficios del conocimiento científico en la ecología aplicada y las ramas de la conservación, y la importancia de involucrar a las comunidades en diferentes aspectos de investigación, especialmente cuando ellas son insumo de gran cantidad de información que nunca vamos a adquirir con los fondos limitados que existen para este fin.

Por eso, si nosotros como científicos solo generamos información y no involucramos a las comunidades en la colecta de datos o en la toma de decisiones, no tendremos el impacto que queremos tener. Tendremos publicaciones, pero nunca un impacto verdadero. Trabajando directamente con las comunidades es como se construye la ciencia ciudadana.


PJ: ¿Cuál es su reflexión sobre la participación ciudadana en los procesos de investigación?

VR: Los estudios sobre conservación nunca se deben hacer de manera individual o venir solo de la academia. Si el proceso de recopilar información, digerir datos y apoyar la identificación de conocimiento no es algo colaborativo, algo participativo, nunca va a haber confianza en esta labor.

 


El XV Congreso La investigación se llevará a cabo del 10 al 13 de septiembre en la Pontificia Universidad Javeriana. Puede inscribirse aquí.

La casa es de todos

La casa es de todos

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), entre 2013 y 2015 se reportaron más de 1.100 casos de intoxicación por mercurio en Colombia, alcanzando su pico en 2014 con 779 registros; ante esta situación, y con el fin de mitigar el impacto de inhalar el vapor de este metal, especialmente en el caso de los mineros, desde 2013 (Ley 1658 de ese año) el Gobierno nacional ordenó erradicar el uso de mercurio en la minería a 2018.

Sin embargo, esta tarea no se ha cumplido a cabalidad porque no fue sino hasta el pasado 7 de noviembre del 2018 que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible presentó por primera vez el Plan de Acción Sectorial Ambiental de Mercurio para erradicar este metal en el país con miras a 2023 y con la responsabilidad de buscar financiación internacional para conseguirlo. Las zonas más vulnerables donde se realiza la minería ilegal son Bolívar, Santander, Nariño, Chocó, Antioquia y Cauca, por lo que se requiere de actividades de investigación, prevención y pedagogía con la intención de suprimir este elemento tóxico que es “perjudicial para los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo y los pulmones y riñones, con consecuencias a veces fatales”, como afirma la OMS.

Como alternativa a esta práctica, Heyler Serbando Moreno, representante legal del Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan – Chocó (ASOCASAN), explicó el proyecto Oro verde, que ha desarrollado unidades productivas en torno a prácticas de minería y agricultura para que la extracción del oro no compita con la conservación del ecosistema, sino que sea considerada como una actividad sostenible. En su opinión, “toda la minería puede ser sostenible si se tienen en cuenta a los actores que en ella convergen. Esto significa que, como consejo comunitario, tratamos de fortalecer la minería artesanal pero conservando lo verde que tenemos en el territorio”. Es decir, no es lo mismo trabajar con máquinas como las que usa la minería mecanizada o ilegal a practicarlo con bateas, tal y como lo hacen en el territorio, afirmó.

Así lo explicó en el marco del seminario ‘Enfoques y prácticas de conservación ambiental: lecturas desde Laudato Si’, un espacio diseñado por la Pontificia Universidad Javeriana para comprender la responsabilidad social que hay en torno a la conservación del ecosistema y conocer el resultado de prácticas de protección ambiental en Colombia a partir de proyectos de investigación de las comunidades. Cabe destacar que este encuentro hace parte de una serie de conferencias propuestas por la Javeriana para poner sobre la mesa temas relacionados con el cuidado de la casa común, es decir, el planeta y sus ecosistemas.

Este evento se llevó a cabo el pasado martes 2 de abril y contó con la presentación de ocho experiencias de conservación ambiental narradas por sus actores en diversos escenarios geográficos: Boyacá, Risaralda, Chocó, Amazonas, Cundinamarca, Bogotá y la costa Caribe. Su tema central fue la ‘conservación’ y su relación con prácticas como agricultura, ganadería, minería, turismo, cuidado de especies silvestres, conocimiento ancestral, investigación y ecología urbana.

La intervención sobre conservación y agricultura estuvo a cargo de Luz Marina Peralta, agricultora y miembro de la iniciativa Agroecología y tubérculos andinos en Turmerqué y Ventaquemanda, que ha fomentado la conservación y uso de tres especies nativas de la zona andina: la ibia, el cubio y la ruba, para reconocer la variabilidad morfológica de estos alimentos, las prácticas de cultivo, sus usos y valoraciones respecto a nutrición y seguridad alimentaria, al igual que “crear huertas caseras, campañas de reciclaje y talleres con los niños de la zona para que se apropien del conocimiento y le tengan gusto a estos alimentos y no a los comerciales, como las hamburguesas, que están de moda”.

/ Tatiana Arboleda.
/ Tatiana Avellaneda.

El cuidado de especies silvestres se abordó desde del proyecto Conservación del caimán aguja (crocodylus acutus) en los manglares de la Bahía de Cispatá, en Córdoba, y estuvo a cargo del pescador Jorge Díaz Martínez y el coordinador de la iniciativa, Giovanni Ulloa. Su labor se ha orientado a la recolección de especímenes que están en peligro y, de ahí, la reflexión sobre la preservación ambiental y su relación con la encíclica Laudato Si’: “Un error que suelen cometer los investigadores es ignorar el conocimiento de las comunidades sobre su cotidianidad con el ecosistema […] entonces, si no se les da valor a sus prácticas, la biodiversidad no se va a poder cuidar”.

Sobre este mismo tema, el Capitán Francisco Arias, director general del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar), aseveró que urge la tarea de formar una conciencia colectiva en Colombia sobre la preservación de los ecosistemas, no solo terrestres sino también marinos, ya que, por ejemplo, las playas son un ecosistema altamente amenazado con el turismo, por eso el 17% de la costa del Caribe colombiana está en proceso de erosión severa. Adicionalmente, Arias señaló que Colombia tiene alrededor de 43 mil hectáreas de pastos marinos en el Caribe y esta cifra corresponde a la mitad de los que se tenía a inicios del siglo XX; actualmente, el lugar más crítico es la bahía de Cartagena.

El fin y compromiso con este encuentro es hacer un llamado a la comunidad, mediante experiencias positivas en conservación, para asumir un rol de cuidador y protector de la casa común como se destaca en Laudato Si’: “Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente […] Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”. No en vano, la Organización de las Naciones Unidas anuncia periódicamente problemáticas medioambientales que ponen en jaque a la humanidad: nueve de cada 10 personas respiran aire contaminado debido a las emisiones del tráfico, la industria, la agricultura y la incineración de residuos, y más de 3.000 millones usan combustibles contaminantes al interior de sus hogares para cocinar y calentarse.

“El empoderamiento es la mejor herramienta para la conservación del ecosistema; no se debe desconocer que los tiempos del hombre no son los tiempos de la naturaleza, por eso nuestra tarea inicia con la revolución de las cosas pequeñas para aportar cambios positivos que le hagan bien nuestra esta casa común”, concluyó Harvy Murillo, director de la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco, tras socializar su experiencia sobre el turismo y la conservación en el Santuario de fauna y flora Otún Quimbaya, en Pereira.

 


El próximo lunes 8 de abril en Bitácora, programa de difusión científica de Javeriana Estéreo, Heyler Serbando Moreno contará las experiencias y el trabajo del Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan – Chocó (ASOCASAN) en torno a la agricultura y la minería sostenibles. Escúchelo a partir de las 8:00 p.m. en la frecuencia 91.9 de FM, en Bogotá.

El agua: recurso de la vida

El agua: recurso de la vida

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, cerca de 2,1 millones de personas viven sin agua potable en sus casas, 68,5 millones huyen de sus hogares por problemas para acceder al abastecimiento de este recurso y aproximadamente 4.000 millones —casi dos tercios de la población mundial— padecen su escasez durante al menos un mes al año. Estas cifras son alarmantes si se tiene en cuenta que el acceso al agua es un derecho humano.

De ahí que el 22 de diciembre de 1992 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptara, mediante la resolución A/RES/47/193, la conmemoración anual del recurso hídrico. Hoy el mundo celebra el Día Mundial del Agua para llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de este recurso. El tema para el 2019 es ‘No dejar a nadie a tras’: a partir de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible todo el mundo debe beneficiarse del progreso. Dicha agenda resulta de la Cumbre del Desarrollo Sostenible, de septiembre de 2015, en la que participaron más de 150 jefes de Estado y de Gobierno.

Pesquisa Javeriana conversó con Nelson Obregón Neira, doctor en Ciencias Hidrológicas de la Universidad de California (Davis, EE.UU.) y actual director del Instituto Javeriano del Agua (IJA), creado recientemente para aportar a los grandes problemas del país, agregar valor a las capacidades e investigaciones académicas de la Javeriana relacionadas con el recurso hídrico en las ciudades y en las regiones de Colombia. El IJA también es un proyecto de planeación universitaria (PPU) que enmarca principalmente sus actividades y proyección académica en el programa Institucional de Ecología Integral, para así producir contribuciones relevantes en el marco de la gestión integrada del recurso hídrico en Colombia.


Pesquisa Javeriana:
¿Cómo funciona el Instituto Javeriano del Agua?

Nelson Obregón Neira: El Instituto parte de las capacidades que poseen las 18 facultades de la Javeriana. En la etapa de estructuración de la propuesta para su creación, se revisaron los resultados y productos académicos de departamentos, programas y proyectos desarrollados por los grupos de investigación de la Universidad, encontrando —para sorpresa nuestra— que prácticamente todas las facultades reportan desarrollo de actividades académicas relacionados de forma directa o indirecta con el recurso hídrico, ya sea a través de proyectos de consultoría y de investigación, publicaciones o de trabajos de grado, maestría o doctorado.


PJ:
¿Estas investigaciones cuentan con impactos de algún tipo?

NON: Por supuesto, el agua es un articulador del territorio, un eje clave en procesos de construcción de paz. Sabemos que hay muchos conflictos que tienen que ver con el agua y, bajo esa perspectiva, se enfoca el Instituto. Esto también resulta coherente con el proyecto educativo javeriano, en este caso tomando al agua como objeto y sujeto de estudio. La tarea ha sido estudiar el recurso desde el desarrollo de las comunidades y los conflictos en las regiones del país; así se ha abordado y procurado un trabajo interdisciplinar, que convoca miradas, visiones y perspectivas amplias soportadas con la participación de profesores y estudiantes formados en las ciencias naturales, la ingeniería y, ante todo, antropología y sociología, que alinean su proyecto de vida profesional y universitario con la sostenibilidad y desarrollo del territorio. Por ejemplo, a la fecha contamos con varias exploraciones de proyectos con la participación de miembros de la comunidad académica javeriana, en particular de las facultades de Ciencias, Ingeniería y de Estudios Ambientales y Rurales.


PJ: ¿Existen evidencias de transformaciones en las comunidades?

NON: El programa Amazónico Javeriano, por ejemplo, convoca a académicos a analizar los componentes agua, economía solidaria, biodiversidad, organización comunitaria, educación, salud e infraestructura y tecnología de la Amazonía. Ahí, el IJA participa con una mirada disciplinar e interdisciplinar a partir de trabajos realizados en esta zona, e integra tales capacidades y resultados en favor del desarrollo humano y la sostenibilidad del territorio.

Hemos abordado investigaciones en la Orinoquía colombiana mediante estudios interesantes en Guaviare, Vichada y Meta; se proyecta también impactar regiones como el Magdalena Medio y la Macarena, aprovechando los trabajos previos realizados con la Compañía de Jesús y la Universidad, en particular aquellos liderados por grandes actores de nuestra comunidad como los padres Francisco de Roux y Luis Alfonso Castellanos. Actualmente exploramos proyectos que impactan directamente el bienestar de comunidades palafíticas, es decir, las asentadas en la Ciénaga Grande de Santa Marta, así como en otras regiones tales como la Depresión Momposina, el Bajo Cauca y la el Catatumbo.


PJ: Teniendo en cuenta estos trabajos, ¿recuerda alguna experiencia en la que el Instituto se articulara con otra entidad para adelantar proyectos de investigación?

NON: Sí, efectivamente, la semana pasada nos reunimos con Equitas, una ONG interesada en trabajar en el Catatumbo. Lo que ella busca es desarrollar un convenio de cooperación interinstitucional con la Javeriana, de tal forma que se contribuya con la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas; en este caso, apoyando con ciencia, tecnología, con mecánica de los fluidos, hidráulica y ciencia forense, las actividades de búsqueda y hallazgo de personas desaparecidas en zonas de ríos y otros cuerpos hídricos. Las cifras son alarmantes, pues en ciertas regiones del país se reportan más 7.000 personas desaparecidas y, a nivel país, más de 80.000 en los últimos años, y aún falta por hallar un gran porcentaje.


PJ: ¿Qué posición asume el Instituto Javeriano del Agua sobre las problemáticas geopolíticas que tiene el país en relación con las fuentes hídricas?

NON: Tenemos dos formas de generar valor agregado: con proyectos muy específicos, especializados, que requieren la participación de varias disciplinas y de impacto en regiones, o con proyectos grandes que tienen que ver con áreas hidrográficas como el Amazonas. Sin embargo, las problemáticas geopolíticas con relación a las fuentes hídricas es un tema muy sensible y “caliente” en el país, como la situación generada por la construcción, operación y contingencias en la Central Hidroeléctrica Hidroituango o la definición del régimen de caudal ambiental para el rio Bogotá. Un tema central que permite una mirada amplia es el que tiene que ver con los servicios ecosistémicos, el cual nos interesa como marco de trabajo para el estudio del funcionamiento ecológico, los servicios ecosistémicos y los beneficios ecológicos.


PJ: ¿Existe alguna metodología, desde los estudios hidrológicos para contrarrestar la contaminación que producen las poblaciones aledañas a los ríos?

NON: Para nadie es un secreto que nuestros ríos están muy contaminados. Ha habido una reacción por mitigar eso con las plantas de tratamiento, pero una gran cantidad de municipios, más del 50%, tiene problemas de infraestructura en alcantarillados, no cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales, hay mal uso de pozos sépticos con potencial de contaminación de acuíferos. Muchos desechos por actividad antrópica se disponen en nuestros ríos y cuerpos de agua, entonces, el panorama de la calidad del agua resulta crítico. Se ha mejorado en lo relacionado con suministros, acueductos, plantas de tratamiento para el agua potable, pero en el tema de la calidad sí considero el país reporta grandes retrasos.


PJ: Respecto al caso de Hidroituango, ¿cuál ha sido el rol del Instituto?

NON: En este momento, la Javeriana, a través del IJA, está en conversaciones con EPM para realizar un estudio que permita apoyar y mejorar el funcionamiento y la situación actual de la Central Hidroeléctrica de Ituango, generando así resultados y lineamientos que ayuden al país con la concepción, diseño, construcción y operación de este tipo de macroproyectos que seguramente tendrán todavía amplia cabida en el país.

Este tipo de investigaciones nos invita a reunirnos con biólogos, ecólogos, antropólogos, sociólogos, filólogos e ingenieros hidráulicos, a trabajar conjuntamente, de tal forma que los análisis, diseños y estudios realmente obedezcan a una visión integradora y de uso racional y sostenible de los servicios ecosistémicos que nos ofrece la naturaleza.

Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.
Nelson Obregón Neira, director del Instituto Javeriano del Agua.


PJ: Hablando de este tema, ¿cómo están las fuentes hídricas colombianas ante el cambio climático global?

NON: Recuerdo un estudio que hicimos en el Instituto Geofísico Javeriano sobre los efectos de nuevos escenarios del cambio climático en Cundinamarca y sus ríos. Tardamos dos años, hicimos una visión de futuro del clima a 2030, 2070 y 2100. Como era de esperarse, el comportamiento es heterogéneo, es decir, en algunas zonas se aumenta, disminuye o se mantiene la oferta hídrica de los ríos según los regímenes climáticos proyectados bajo estimación. Esto hay que entenderlo bajo las dinámicas de oferta hídrica versus la demanda de la población y del ambiente. Por eso, yo creo que el tema cambio climático hay que analizarlo en su impacto con mucha prudencia, aprovechar estas posibilidades de visión de futuro, pero no de pronóstico, existen muchas incertidumbres que se deben tener en cuenta.

Hoy por hoy no se puede concebir a un territorio que no considere o incorpore en sus instrumentos de ordenación tales como los POT, aspectos relacionados con la variabilidad y el cambio climático. Técnica y tecnológicamente ya lo sabemos hacer, no solo en esta universidad sino en el país; es decir, se cuenta con las capacidades para evaluar ese tipo de impactos en los territorios.


PJ: ¿Ha tenido algún efecto, positivo o negativo, conmemorar el Día Mundial del Agua?

NON: Sí, eso ayuda. A todos nosotros nos gusta que nos recuerden ese tipo de efemérides, así como nos gusta que nos recuerden, por ejemplo, la importancia de tener uno o dos días al año sin carro. Así sea una, dos o tres veces al año, eso cala en la estructura de pensamiento de las personas. No obstante, considero que el impacto sería mayor si esto se acompaña de un ejercicio de reflexión por cada uno de nosotros. Por ejemplo, aquí en la Javeriana existen departamentos y unidades académicas, como los de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, que siendo referente nacional e internacional sobre este tipo de acciones y reflexiones nos permiten entender cómo se encuentra la huella del carbono, la huella hídrica, en el marco de los hábitos de consumo de las personas, y cómo las prácticas cotidianas contribuyen para bien o para mal en este indicador.


PJ: ¿Qué puede hacer el ciudadano para contribuir con el uso eficiente del agua?

NON: Cuando una persona abre la llave, no se le ocurre pensar que detrás de eso hay muchos procesos: algunos antrópicos, como el uso de acueductos o plantas de tratamiento, y en campo, la extracción del agua de los ríos, donde hay comunidades aguas abajo que lo requieren y los peces necesitan de ese recurso. Hay que apuntarle a una estructuración mental sobre los hábitos de consumo, para que se tenga en cuenta que uno puede vivir sin alimentos, sin vías, sin tecnología, pero no sin agua. Entonces, este asunto gira en torno a una responsabilidad sobre los hábitos de consumo, que va con cosas sencillas como apagar el interruptor de la luz cuando no sea necesario usarlo, hasta reflexiones trascendentales como el uso e impacto de los servicios ecosistémicos por nuestros hábitos de consumo en nuestras casas.


PJ: ¿Cuál debería ser la reflexión de la sociedad ante esta problemática?  

NON: Para mí es un tema generacional. Yo cada vez veo a estas nuevas generaciones de egresados de las universidades y colegios con mayor sensibilidad. Sin embargo, es una tarea de todos, no solo de la universidad, sino de las escuelas y las familias en nuestros hogares. Esto es un estado mental y no importa si es un académico o es un ciudadano de a pie, si es un padre de familia, independientemente de su condición, lo que importa es que sea consciente del cuidado del agua. La clave está en cómo ha sido esa formación de principios y valores. Entonces, es necesario apropiar en la conciencia individual, familiar y colectiva que el agua es el recurso de la vida.

Turismo ecológico, con sello de calidad

Turismo ecológico, con sello de calidad

Abrir un hotel para que el turista observe la fauna, descubra formaciones terrestres excepcionales como cuevas o volcanes, camine con un guía local por un bosque reconociendo plantas y animales, o simplemente para que contemple un bello paisaje no es como soplar y hacer botellas, como dice el dicho popular: hacerlo bien significa cumplir con ciertas condiciones, si es que se quiere competir local, nacional o internacionalmente.

Y si se piensa no solamente en un proyecto ecoturístico, sino que además tenga como objetivo apoyar la conservación de la biodiversidad, la cosa se complica… pero es posible lograrlo. La tesis doctoral del biólogo Juan Ricardo Gómez surgió por su interés en especies muy colombianas como la nutria gigante, el jaguar, el delfín rosado y el oso de anteojos, por mencionar solo unas pocas con las que ha trabajado desde su pregrado. Y estudiando estrategias de conservación, concluyó que para lograr resultados y salvar los animales de la extinción debía dejar de trabajar con ellos y para centrarse en la gente. “Dejé de ser el abraza árboles-animalista para tener una visión mucho más decantada y madura de lo que se esperaría de la conservación”, dice.

Su trabajo, titulado Evaluación de la conservación en certificaciones eco turísticas en Costa Rica, buscó responder a la pregunta ¿qué posibilidades de negocios tenemos en un país como Colombia aprovechando la biodiversidad pero que, además, tenga un enfoque hacia la conservación? Sabía que más allá de ser un soñador, era necesario pensar en ingresos porque la vida cuesta. Las certificaciones ambientales o sellos verdes se presentaron como una posibilidad interesante, y el turismo de naturaleza lo convenció porque, así fuera implícitamente, “aparecía la promesa de la conservación”.


La conservación, componente clave del ecoturismo

Costa Rica es ejemplo en el tema. La investigación se centró en conocer a profundidad los procesos de certificación ecoturística en este país centroamericano, teniendo en cuenta que el CST, o Certificación de Sostenibilidad Turística, es un sello verde  que maneja el país para este sector, reconocido por el Consejo Global del Turismo Sostenible y aplicable a hotelería, tour operadores, transportistas, agencias de viaje, guianza, entre otros. Gómez se enfocó en los hoteles cercanos a bosques con especies originales, unos con certificación vigente, otros sin certificación, los comparó entre sí y con un tercer ecosistema, un área donde no hubiera hoteles ni estuviera destinada a actividades turísticas. Así, “tenía un control positivo, uno negativo y mi objeto de estudio”, explica.

A través del estudio de los documentos de certificaciones, entrevistas con empresarios, turistas y con los propios certificadores y de salidas de campo, buscó determinar si la certificación favorecía la conservación, si los hoteles contaban con un componente de educación ambiental y si se distribuían justa y equitativamente los beneficios obtenidos del turismo.

El trabajo de campo consistió en monitorear los animales que pasaban por el bosque las 24 horas del día en los ecosistemas seleccionados a través de cámaras trampa. “Me salían jaguares, tigrillos, tayras, mapaches, monos, chanchos, armadillos, dantas…” Contabilizó en total 49 especies (42 mamíferos, cuatro aves y tres reptiles) en las 1.800 fotos de fauna, ocurridas en 605 eventos de observación. Todas ellas le daban pistas sobre el estado del ecosistema. “El número de especies encontradas en los hoteles certificados fue más alta incluso que en los lugares en donde no hay turismo, y más alta que donde no están certificados”, asegura Gómez. Y la obvia conclusión es que la certificación sí funciona.

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Diferentes especies de animales frecuentan las áreas de los hoteles certificados.

Sin embargo no es la única variable a considerar; era importante evaluar la solidez de la propuesta de conservación en cada uno de los 18 hoteles estudiados.

Así, propuso una metodología con cinco componentes técnicos propios de la conservación que, a modo de preguntas, la puso en práctica con sus entrevistados: primero, ¿es necesario tener claro qué se quiere conservar?, y la respuesta define el objeto de conservación. ¿Por qué quiero conservar? es la segunda pregunta, cuya respuesta se espera contundente y precisa. ¿Hay necesidad de conservar? Y si la respuesta a esta tercera es afirmativa, es necesario identificar la amenaza, que “tiene que ser coherente con lo que quiero conservar”, explica.

Lo que él llama ‘el factor’ trata de responder a ¿por qué se presenta la amenaza? Y lo explica diciendo que si lo que quiero conservar es un animal (1), porque está siendo cazado (2) y ya no quedan sino pocos especímenes (3), en este punto es clave identificar la razón. El factor puede ser porque la gente tiene hambre o porque está acabando con el ganado y los cultivos de los campesinos, o porque está en la mira de las escopetas de los que practican cacería. “Si se tiene el factor clave identificado, debe haber una acción que apunte a la transformación de ese factor”. ¿Cuáles acciones de conservación ha implementado y quién es el responsable?, sería el quinto componente.

El análisis de los resultados obtenidos le demostró que el hotel que contaba en su nómina con un biólogo o ecólogo sensible al tema de conservación alcanzaba el éxito muy rápidamente; otros casos exitosos no tenían al profesional, pero sí a un dueño o gerente con vocación hacia el ecoturismo o un programa establecido y en práctica.

“Cuando combinamos las acciones que dependen del dueño del hotel y las características de la región donde está el hotel, vemos que la combinación ganadora para alcanzar el éxito es que sea una motivación voluntaria, que el porcentaje de área que se dedica a la conservación sea grande, que no existan otras actividades productivas en el predio, que esté cerca de un parque nacional, que el acceso no sea muy fácil y que en la región haya otros ecosistemas relativamente saludables”, explica Gómez, para concluir que sí hay un aporte a la conservación, no solamente del ecoturismo certificado sino del ecoturismo en general.

“Yo ya le creo al turismo en el contexto de la conservación, le creo al turismo en el contexto de ingresos para la gente, y le creo al turismo en beneficios intangibles”, concluye.

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Los beneficios intangibles son vitales para los hoteles certificados.


El turista, el sello y la propuesta

Así como no existe la cultura de leer las etiquetas de los productos en el mercado, tampoco existe la cultura de leer los sellos verdes. Cuando algún producto tiene un sello, se asume que es amigable con el ambiente pero no se indaga exactamente qué es lo que está certificado. “El turista debe ser más responsable”, dice, y se refiere a todo tipo de turista: “Cuando le apunto a alguno de los tipos de turismo debo tratar de ser respetuoso con los elementos que lo definen”.

La certificación es voluntaria y le da un valor agregado al hotel o, en general, al producto que la obtiene. Para Gómez, al sello ambiental colombiano le falta madurar. Y en lo que se refiere al turismo, tan promovido últimamente, le asusta que “matemos la gallina de los huevos de oro”. Primero, dice, hay que definir el “turismo al que le vamos a apuntar en Colombia” y propone una reflexión de alto nivel, basado en la evidencia científica. “Ahí también empiezan a haber oportunidades para la academia, para la investigación, lo estoy viendo. Yo terminé en el turismo por accidente, pero ahora, el turismo es una ola, un tsunami que nos está empujando, y si no respondemos con información de calidad, los empresarios tomarán la delantera”.

Premio al protector de aves

Premio al protector de aves

Luis Miguel Renjifo, actual vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, recibió el Premio al Servicio Distinguido, sección América Latina y el Caribe, durante el Congreso Internacional Biología para la Conservación 2018 que se realizó entre el 25 y el 27 de julio en St. Augustine, en Trinidad y Tobago.

Este biólogo y ecólogo ha concentrado sus estudios e investigaciones en las aves con especial énfasis en aquéllas en peligro de extinción, lo que lo llevó a publicar el Libro Rojo de Aves de Colombia, el cual ha venido actualizando gracias a sus permanentes salidas de campo, trabajos con sus estudiantes y con el apoyo de la ciencia ciudadana, actividad que ha promovido en los colombianos.

El premio que entrega la Sociedad de Biología para la Conservación (SCB por sus siglas en inglés), reconoce individuos, grupos o instituciones que se hayan distinguido por su dedicación en cualquier campo asociado con la biología de la conservación, y cuyo trabajo haya aportado nuevo conocimiento a la conservación de la diversidad biológica del planeta.

En el caso del vicerrector, investigador y profesor Renjifo, el premio le reconoció tres “contribuciones extraordinarias”:

Por la evaluación del riesgo de extinción de especies de la avifauna colombiana.


Por influir en las políticas de conservación.


Y por promover la capacitación en esta disciplina científica, la ornitología, en la región.


En 1987, cuando fue entregado por primera vez este reconocimiento, lo recibió el ambientalista británico Norman Myers; en 1991, el biólogo y naturalista estadounidense E.O. Wilson, autoridad mundial en hormigas; en 2002, la ecóloga y conservacionista británica Georgina M. Mace, de la Fundación Charles Darwin de las Islas Galápagos; en 1994, el exvicepresidente de los Estados Unidos y ambientalista Al Gore; y en 2003, la ambientalista y ecóloga marina Jane Lubchenco, que dirigió en Estados Unidos la Administración Nacional del Océano y la Atmosfera (NOOA por sus siglas en inglés) y formó parte del equipo asesor de ciencia del expresidente Barak Obama.

En 2018, Luis Miguel Renjifo se suma a este selecto grupo de ganadores.