SOS para el cóndor andino en Colombia

SOS para el cóndor andino en Colombia

La última vez que se observó un cóndor silvestre en el Parque Natural los Nevados fue en 1967. Tres décadas después, entre 1997 y 1999, en el marco de un programa de reintroducción de estas aves criadas en cautiverio, se liberaron catorce ejemplares en este parque, de los cuales, hay información de seis de ellos a la fecha. ¿Qué pasó con los restantes ocho?

Actualmente este territorio alberga el único nido reintroducido de esta ave carroñera y el investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, Juan Sebastián Restrepo-Cardona, lo monitorea desde el 2013, cuando la pareja de cóndores tuvo su último polluelo.

La situación en cada país donde habita esta ave gregaria es diferente. Argentina y Chile albergan poblaciones que superan los 3.000 individuos cada uno, por lo que aún es posible observar grandes bandadas de cóndores surcando los cielos o reunidos en los riscos, que sirven como dormideros comunales.

“El cóndor de los Andes es un ave carroñera que rara vez puede atacar animales domésticos; no es un depredador”, Juan Restrepo

Sin embargo, según Restrepo-Cardona, magíster en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Javeriana, la población de esta ave carroñera en el norte de Suramérica se estima en alrededor de 300 individuos.

Luis Miguel Renjifo, doctor en Ecología Evolución y Sistemática y coautor del Libro Rojo de Aves en Colombia, explica que apesar de los esfuerzos en favor de su conservación, desde el año 2016 está catalogada como una especie en peligro crítico de extinción en Colombia

El envenenamiento de carroñas, la cacería, la captura ilegal, la electrocución, la disminución de presas silvestres y la competencia con perros por alimento, son las principales amenazas que enfrenta el cóndor de los Andes. “En Colombia, en las últimas tres décadas, 23 cóndores evidenciaron distintas causas de mortalidad. De estos trece individuos fueron envenenados, dos recibieron disparos, dos murieron por causas naturales y uno se electrocutó en una línea eléctrica de alta tensión; para cinco individuos no fue posible determinar la causa de muerte”, afirma Restrepo-Cardona.

El cóndor habita desde las nieves perpetuas de los Andes hasta la línea de costa del océano Pacífico.

 

¿Cómo identificar un cóndor de los Andes?

Es una de las aves de mayor envergadura en el planeta, habita desde las nieves perpetuas de la cordillera hasta la línea de costa en el océano Pacífico. Es el único buitre en el mundo con dimorfismo sexual, es decir, que las hembras y los machos difieren en características morfológicas: los ojos de la hembra son rojos y no tienen una cresta como la de los machos, que son de mayor tamaño.

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El cóndor de los Andes en

Desde finales de la década de los años ochenta, las poblaciones de esta especie disminuyeron drásticamente en nuestro país. Con el objetivo de recuperar la población del cóndor andino, Colombia desarrolló un proceso de reintroducción de individuos criados en cautiverio entre 1989 y 2013.

“En este periodo fueron liberados 71 cóndores. De estos, en los últimos 12 años se han obtenido registros de 39 individuos, se ha confirmado la muerte de otros once y se desconoce la situación actual de los restantes. En ausencia de programas de monitoreo de individuos liberados es difícil determinar el papel de la reintroducción de cóndores en el mantenimiento de la población en el país”, afirma Restrepo-Cardona.

Históricamente, los esfuerzos para la conservación del cóndor en nuestro país se han enfocado principalmente en los programas de reintroducción, reproducción y cría en cautiverio de individuos. Estos programas han permitido volver a ver cóndores en lugares donde se encontraba extinto, como en el caso del Parque Natural los Nevados.

Pese a esto, para el investigador Restrepo-Cardona, estas iniciativas no son suficientes para garantizar la recuperación poblacional de la especie. “Mientras no se determinen y enfrenten los factores que limitan la viabilidad de las poblaciones del cóndor en estado silvestre, esos esfuerzos de conservación ex situ (programas de reintroducción) no dan soluciones a largo plazo”, asegura.

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La actualidad del cóndor en nuestro país

El cóndor habita en la región Andina y en la Sierra Nevada de Santa Marta. Según el primer Censo Nacional del Cóndor Andino, realizado entre el 15 y el 17 de febrero del 2021 — y liderado por la fundación Neotropical, que enfoca sus esfuerzos en conservación de especies amenazadas–, se observaron al menos 63 cóndores en todo el territorio nacional.

Para realizar este conteo, la fundación Neotropical empleó la metodología de censo simultáneo, es decir, con la participación de 207 voluntarios, distribuidos en 84 puntos de observación, se miró al cielo de forma sistemática durante dos días en busca de cóndores.

“El trabajo interdisciplinario con comunidades locales es clave para mitigar y prevenir el conflicto humano-cóndor y lograr la conservación efectiva de la especie en el país”, explica el biólogo y ecólogo Renjifo, pues la muerte de tres cóndores en el departamento de Santander a principios de junio encendió nuevamente las alarmas respecto al estado de conservación de esta ave.

Solo hay registro de tres nidos de cóndor en el país, uno de ellos está activo en el Parque Natural los Nevados.

El cóndor cumple un papel clave en el equilibrio de los ecosistemas al reducir la propagación de enfermedades, pues se alimenta de animales muertos y, además, es parte importante en el ciclaje de nutrientes que permite la producción de materia viva a través del intercambio de materia orgánica e inorgánica. Al mismo tiempo, es un elemento clave en la cosmovisión de distintas culturas indígenas en los Andes y la Sierra Nevada de Santa Marta.

“Hay que replicar el esfuerzo del censo en los siguientes años para obtener estimaciones poblacionales más precisas de la especie, realizar valoraciones ecológicas y sociales, implementar programas de educación ambiental y promover acciones para su conservación basadas en evidencia científica”, concluye Restrepo-Cardona.

Bio-diversidad de riesgos

Bio-diversidad de riesgos

El uso y aprovechamiento de la fauna silvestre están estipulados en la normatividad colombiana, por ejemplo, con la caza de fomento para repoblamiento de especies. Sin embargo, la reglamentación e implementación de esta actividad no es clara y perjudica la biodiversidad colombiana. Así lo explica Nicolás Urbina-Cardona, profesor del Departamento de Ecología y Territorio de la Pontificia Universidad Javeriana, quien analiza los riesgos que tiene la caza de fomento sobre la biodiversidad y, específicamente, sobre algunas especies de ranas amenazadas que han sido autorizadas para su aprovechamiento económico.

Guácharos, sembradores de árboles amazónicos

Guácharos, sembradores de árboles amazónicos

Los guácharos son curiosos, audaces y tienen un poderoso olfato. Viven en cuevas o criptas, y aunque no son murciélagos, sí comparten un mismo poder: la ecolocalización para ubicarse en su hábitat. Se trata del ave de las cavernas o pájaro aceitoso, popular por su capacidad de consumir frutos de hasta cinco centímetros de longitud. Esta cualidad lo convierte en un dispersor ideal de semillas de gran tamaño y un instrumento de conservación de la biodiversidad de la Amazonía, una región que entre enero y marzo de 2020 sufrió la deforestación de cerca de 64.000 hectáreas de bosque, de acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).

 

El guácharo fue descrito por Alexander von Humboldt en la Cueva del Guácharo, en Caripe (Venezuela), durante su viaje a Sudamérica en 1799.

 

Con el fin de conocer cuáles son los hábitats más visitados por estas aves, qué uso les dan a los ecosistemas en los que se mueven e identificar la relación entre su movimiento y la dispersión de semillas, Sasha Cárdenas, magíster en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Pontificia Universidad Javeriana, desarrolló un proyecto de investigación entre 2017 y 2019, con la dirección de María Ángela Echeverry-Galvis, profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la misma universidad, y con la colaboración de funcionarios de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

“Los guácharos pueden pasar tres, cuatro o cinco días fuera de las cuevas buscando alimento; ellos solo están muy amarrados a las cavernas cuando crían porque allí están sus nidos, probablemente porque en estas zonas se reducen las tasas de depredación”, describe María Ángela Echeverry-Galvis, quien es directora de la Maestría en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Universidad Javeriana.

El Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos, ubicado en los departamentos del Huila y Caquetá, fue el lugar elegido por Cárdenas para la implementación de su investigación. El primer paso fue identificar los hábitos diarios de estas aves y para ello ubicó GPS en siete de ellas con la intención de rastrear sus movimientos, comprender su relación con los ecosistemas que habitan e identificar la altitud en la que permanecen.

Luego de días de seguimiento y rastreo, Cárdenas halló que estos pájaros alcanzan distancias de hasta 55 km en busca de alimento, en especial de los frutos de los aguacatillos (Persea caerulea), un árbol propio de Suramérica, reconocido por su abultado follaje, grandes bayas color verde oliva y tronco robusto que les permite a las bandadas de guácharos asentarse sobre ellos.

 

Estudios colombianos y venezolanos sugieren que los guácharos recorren largas distancias, llegando a volar fuera de las cuevas entre 40 km y 300 km diarios.

 

Asimismo, esta bióloga encontró que una vez las aves están fuera de su cueva, prefieren moverse en alturas que oscilan entre 500 m y 2.000 m y sus ecosistemas predilectos son los bosques densos de tierra firme, lo que involucra zonas donde hoy hay cultivos de café y cacao con árboles de gran tamaño, también conocidos como cafetales o cacaotales con sombrío.

“Nosotros tenemos una hipótesis: al haber árboles con troncos grandes, los guácharos no tienen que pasar la noche solos, dado que estos troncos pueden soportar muchos individuos”, puntualiza Echeverry-Galvis, quien también es una apasionada por el avistamiento de aves, en especial de las rapaces y las grallarias o tororois.

Steatornis caripensis. Fotografía: Sergio Collazos
Steatornis caripensis. Fotografía: Sergio Collazos

 

Los aspersores de semillas en el sur de los Andes

De acuerdo con el Ideam, en Colombia se deforestaron cerca de 158.894 hectáreas de bosque en 2019, de las cuales 62 % correspondían a la región amazónica. Con esta información y ante el histórico porcentaje de pérdida de cobertura boscosa en este territorio durante 2018 -cerca del 70 %-, Cárdenas se preguntó si los guácharos podrían jugar un papel importante para la dispersión de semillas en bosques fragmentados con el fin de regenerar estos ecosistemas.

Ella se dedicó a averiguar qué tipos de semillas consumen los guácharos, identificar su calidad y capacidad de germinación después de pasar por el tracto digestivo del ave e identificar las zonas donde dispersan las semillas a través sus deposiciones. Para lograr estos objetivos, el equipo investigativo instaló seis trampas cerca de las paredes de la cueva principal del PNN La Cueva de los Guácharos, con el fin de recoger las semillas que depositaban allí. Esto les permitió identificar no solo nueve diferentes tipos de frutos, que posteriormente pasaron por un proceso de monitoreo de seis a diez meses, sino también un 98 % de éxito en su germinación en algunas de ellas.

Y luego, ¡Eureka! Resultó que dos de las nueve semillas de los árboles que germinaron se encuentran en categoría de riesgo de extinción: la palmera Geonoma undate y el árbol Ocotea rugosa, apetecidos por la industria maderera. Ante este hallazgo y luego de identificar que estas aves se mueven en un rango de unos 5.000 km2 pasando noches fuera de la cueva, fue posible concluir que los guácharos tienen el potencial para cumplir un papel importante en la dispersión de semillas de gran tamaño, tanto para aquellas que están en peligro, las cuales en contextos de tala selectiva son más afectadas, como para especies comunes que son importantes elementos de paisajes amazónicos.

 

Una cueva de guácharos puede contener cerca de 100.000 individuos, en promedio.

 

A pesar de que la investigación finalizó en 2019, con este hallazgo el trabajo hasta ahora inicia. Así, el llamado es a comprender que los guácharos son sembradores de la Amazonía y si se pierde este territorio, se desaparecen los servicios ecosistémicos. Además, cabe tener en cuenta que la conservación de los Parques Nacionales no solo corresponde a su territorio interno, también hay influencia de estas reservas al exterior de sus fronteras.

“A futuro quisiéramos ponerles más telemetría a guácharos, ver qué otros sitios ocupan e identificar si pueden llegar más lejos. Además, desearíamos establecer viveros para las semillas que caen en las cuevas, con el fin de que puedan ser plantas que nos ayuden en procesos de reforestación”, concluye María Ángela Echeverry-Galvis.

Resolución de Anla sobre permiso de caza: expertos javerianos piden revocarla

Resolución de Anla sobre permiso de caza: expertos javerianos piden revocarla

Luis Miguel Renjifo y Ángela María Amaya, profesores de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, explican por qué la Anla no debe permitir a la empresa Tesoros de Colombia Sustainable Farm la caza y recolecta de individuos de diferentes especies de anuros (ranas, sapos), lepidópteros (mariposas) y aves, algunos de ellos amenazados de extinción en Colombia y a nivel internacional, con fines de reproducción en cautiverio.

La Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Carder) solicitó en octubre pasado al Consejo de Estado que sea suspendida y revocada la licencia ambiental permitida a través de la Resolución 2370 del 3 de diciembre de 2019, aduciendo que cinco de las especies se extraerían de su jurisdicción para ser reproducidas en cautiverio.

Estos dos expertos, autores de distintas versiones del Libro Rojo de las Aves de Colombia,  argumentan en esta videocolumna que al desconocerse el estado poblacional de dichas especies, se debe mantener el principio de precaución, el cual implica que se tomen decisiones con el menor impacto posible sobre la biodiversidad. Por tal motivo, invitan a la Anla a que revoque dicha resolución.

En el siguiente video se encuentran esta y otras razones técnicas expuestas por los científicos  Renjifo y Amaya.

Mirada genética al oso andino

Mirada genética al oso andino

El Oso Andino, que vive en los Andes
usa anteojos negros y gorro de estambre.

Le gustan las frutas y la miel de abejas,
con grandes berridos su encuentro festeja.

Salvaje lo llama la gente del campo,
pero él no es malo ni tampoco santo.
Es el único Oso de la cordillera.

Debemos amarlo y obrar con cautela,
pues de lo contrario el bello animal
en muy breve tiempo ya no existirá.

Fanny Uzcáteguí, en la obra El Oso Andino en el Macizo de Chingaza.

El oso andino es un animal imponente, fuerte y pesado; es uno de mamíferos más grandes de América del Sur, que transita a lo largo de la Cordillera de los Andes entre páramos y bosques. El Tremarctos ornatus también es conocido como oso de anteojos porque lleva dos “binoculares” en su rostro, es decir, dos manchas blancas sobre su hocico.

Aunque este oso es experto en trepar árboles gracias a sus grandes y filosas garras que le permiten además enfrentar a sus oponentes, este peludo suramericano actualmente es una especie vulnerable de amenaza (VU), de acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y vulnerable a extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Así, con el fin de generar estrategias de conservación para el oso andino, promover la conciencia colectiva sobre su protección e impulsar exploraciones académicas sobre este mamífero, en 1977 ingresó al Convenio Internacional contra el Tráfico de Especies Silvestres (CITES) y en 1998 se consolidó como la imagen institucional de Parques Nacionales Naturales de Colombia. Además, ha sido fuente de inspiración para Manuel Ruiz-García, doctor en Mastozoología y líder del grupo Genética de poblaciones molecular y biología evolutiva de la Pontificia Universidad Javeriana.

A propósito de la celebración de los 60 años de PNN y de ver al oso andino en su escudo, Pesquisa Javeriana conversó con Ruiz-García, que acumula 20 años de trabajo investigativo sobre esta especie, sobre las razones por las que el ‘Guardián de los bosques’ se encuentra en estado de vulnerabilidad, las medidas para conservar su ecosistema y los novedosos hallazgos que su grupo de investigación ha encontrado, producto de las recientes exploraciones científicas sobre esta especie.

 

El oso de anteojos es la imagen de la moneda de $50 pesos en Colombia.

 

 

Pesquisa Javeriana (PJ): El oso de anteojos está en la punta de la pirámide alimenticia de las especies que habitan en la Cordillera de los Andes, pero entonces ¿a qué se debe que esté en la categoría de vulnerabilidad?

Manuel Ruiz-García (MRG): En los cerros de los Andes tenemos dos grandes mamíferos carnívoros, el puma y el oso andino. Lo primero que ocurre es que estos depredadores tienen conflictos con los humanos por ser carnívoros, ya que ellos los señalan como responsables de destrozos en la ganadería o la agricultura. Una segunda razón tiene que ver con su tiempo generacional, esto significa que el número de crías que tienen los osos de anteojos durante su vida es limitado, restringiendo así su capacidad de poblar de una forma rápida los ambientes donde habita.

PJ: En casos como estos, ¿cuál sería la mejor alternativa para la conservación de la especie?

MRG: Podríamos pensar que mover a los osos de una zona a otra es una buena alternativa, pero no es tan sencillo porque al empezar a reubicarlos se puede generar algún tipo de contaminación genética. Entonces nuestra tarea allí, desde los estudios genético-poblacionales, es proporcionar información sobre la conectividad, flujo genético y posible heterogeneidad de genes entre las poblaciones de una misma especie, sobre el tamaño de las poblaciones a lo largo del tiempo, sobre los procesos de posibles cambios demográficos (cuello de botella o de expansión poblacional), y la posible estructura espacial de una especie en su distribución geográfica con el fin de generar alternativas para su correcta clasificación y su conservación biológica.

PJ: ¿Hay avances al respecto para la conservación del oso de anteojos?

MRG: Recientemente publicamos algunos artículos de investigación* que analizan los genes nucleares (genes de los padres y de las madres) y mitocondriales (genes de las madres) de 300 osos de anteojos de Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia con el fin de conformar un banco de datos genéticos suficientemente grande para poder determinar cuántos acervos genéticos diferentes pueden existir en un área geográfica concreta; también para sugerir si la reubicación de especímenes en un territorio dado está introduciendo contaminación genética o manteniendo las características propias de una población al momento de plantear estrategias de conservación biológica.

Generalmente los osos de anteojos viven 30 años en cautiverio y de 20 a 25 años en el bosque.
Generalmente los osos de anteojos viven 30 años en cautiverio y de 20 a 25 años en el bosque, y el periodo que transcurre entre su nacimiento y época de reproducción es de seis a siete años.

PJ: ¿Y ya tienen resultados de este ejercicio de investigación?

MRG: Sí, ya hemos generado una gran cantidad de resultados. Por ejemplo, encontramos que independientemente si los osos de Ecuador son de una cordillera u otra, genéticamente son muy parecidos. Eso significa que no habría contaminación genética a la hora de reubicar a ejemplares de esta especie en el territorio. Sin embargo, para el caso de Colombia, el asunto es diferente porque si bien en Nariño y Cundinamarca existen osos genéticamente muy similares, los osos ubicados en la cordillera occidental en Antioquia y en la Cordillera Oriental en Norte de Santander, están genéticamente algo diferenciados.

PJ: Entonces, ¿qué ocurre en este caso con los osos que no pueden moverse de un territorio a otro?

MRG: Lo primero es entender que los osos seguirán habitando estas zonas y que si bien estos predadores son omnívoros (comen carne como productos vegetales), son principalmente herbívoros. Esto significa que en Colombia los osos andinos se alimentan de bromelias, frutos, raíces, cortezas, hojas y hongos, aunque no desdeñan la carroña o alguna presa si se les presenta la oportunidad. Sin embargo, cuando las personas arrasan con la vegetación y perturban los bosques andinos, muy seguramente modifican la dieta de los osos y éstos pueden estar más predispuestos a atacar a la ganadería. Entonces, un primer asunto es asumir la responsabilidad que tenemos como seres humanos respecto a la conservación de estos ecosistemas y del hábitat de estos especímenes.

Un segundo factor, evolutivo y natural, tiene que ver con la declinación de la especie a lo largo de su historia porque, por ejemplo, los estudios genéticos muestran que hubo una expansión poblacional en esta especie hace aproximadamente 200.000 años, mientras que, durante los últimos 7.000 años, ha habido un decrecimiento de los individuos de su especie, hasta llegar a un estimado de cerca de 18.000 osos en la actualidad.

El oso de los Andes cumple importantes funciones ecológicas como la dispersión de semillas, la depredación y polinización.

PJ: En 1977, el oso de anteojos ingresó al Convenio Internacional contra el Tráfico de Especies Silvestres (CITES) con el fin de evitar su tráfico ilegal. ¿Cree que el objetivo de este convenio sigue vigente?

MRG: Sí. Actualmente no existe tráfico ilegal de oso en el interior de Colombia, pero sí es cierto que en el mercado oriental, los asiáticos emplean muchas partes del cuerpo del animal como fármaco. Por ejemplo, en países andinos como Perú y Bolivia, los indígenas y curanderos suelen utilizar partes de los osos como insumos para sus encantos. Por eso no hay que perder de vista su conservación.

 

Artículos de investigación*

• Ruiz-García M, J Arias-Vásquez, A. Castellanos, L Költer, JM Shostell (2020). Molecular Evolution (Mitochondrial and Nuclear Microsatellites Markers) in the Andean Bear (Tremarctos ornatus; Ursidae, Carnivora): How Many ESUs Are There? Pp. 165-194. En Conservation Genetics in Mammals (Ortega J & JE Maldonado). Springer Verlag Switzerland.

• Ruiz-García M, A, Castellanos, J Arias-Vásquez, JM Shostell (2020). Genetics of the Andean bear (Tremarctos ornatus; Ursidae, Carnivora) in Ecuador: when the Andean Cordilleras are not an Obstacle. Mitochondrial DNA Part A 31: 190-208.

• Ruiz-García M, J Arias-Vásquez, H Restrepo, CH Cáceres-Martínez, JM Shostell (2020).The genetic structure of the spectacled bear (Tremarctos ornatus; Ursidae, Carnivora) in Colombia by means of mitochondrial and microsatellite markers. Journal of Mammalogy 101: 1072-1090.

¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

¡Que los corales del Pacífico sigan gozando de buena salud!

Los corales son a los arrecifes lo que los árboles son a los bosques. Con esa descripción, Mateo López-Victoria representa el valor que tienen esos ecosistemas marinos para la conservación de la biodiversidad del país.

Él, biólogo marino de profesión y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana seccional Cali, lidera una iniciativa pocas veces vista en Colombia: la restauración de arrecifes coralinos en Parques Nacionales Naturales ubicados en aguas del océano Pacífico.

Este proyecto surgió hace cinco años del análisis de la degradación que sufren los corales ubicados en el Caribe y en otros lugares del mundo, situación que creen tarde o temprano llegará a las aguas del Pacífico debido, por ejemplo, al calentamiento global y la contaminación.

“Esos procesos de restauración son preventivos, para que cuando llegue el coletazo del deterioro de los arrecifes al Pacífico colombiano, nosotros ya estemos preparados y no empecemos a reaccionar, quizá muy tarde, sobre la marcha del deterioro”, explica López-Victoria.

Él agrega que es necesario anticiparse y prepararse científicamente con el fin de tener suficientes elementos para tomar decisiones con base en procesos que ya hayan probado ser exitosos. Por eso enfocan sus esfuerzos en el conocimiento de especies, técnicas para propagarlas y seguimiento a su desarrollo y desempeño en procesos de restauración aplicados, siempre en las condiciones naturales dentro del Parque, no en un laboratorio.

Gracias a esta exploración, científicos, profesores y estudiantes han logrado conocer profundamente cinco especies de coral, de 15 que tienen en el radar porque ellos son fundamentales para la salud de los mares, de acuerdo con el investigador javeriano. “Los arrecifes coralinos son el ecosistema más biodiverso que hay en el planeta. Por metro cúbico tienen más diversidad que las selvas húmedas tropicales. No hay nada más diverso en número de especies que un arrecife coralino”, complementa.

Incluso, López describe un fenómeno positivo que se da en aquellos presentes en los Parques Nacionales como Gorgona y Utría. Según sus análisis, en ellos se da un ‘efecto de desborde’, es decir, hay unos excedentes en peces, moluscos y otros seres producto de la reproducción que realizan en esas áreas protegidas, por lo que miles de ellos llegan a los lugares cercanos donde está permitida la pesca y extracción de recursos, beneficiando así a miles de personas.

 

Escalas de investigación

Todos los actores que participan en esta cruzada por la conservación de los arrecifes trabajan a diferentes escalas investigativas.

La primera de ellas tiene un énfasis en los trabajos de grado de los estudiantes, los cuales se ejecutan entre seis y 12 meses. “Ellos plantean una pregunta específica sobre la restauración del coral. A partir de eso identificamos la especie, la fragmentamos, probamos los sustratos en los cuales se siembra el coral, técnicas de pegado y cómo se construyen esos sustratos. De ahí se desprende cuáles son los tamaños ideales de corte para que el coral se desarrolle y tenga una alta tasa de supervivencia”, describe el biólogo.

La segunda escala consiste en integrar los resultados de los análisis e investigaciones en función de una pequeña área o arrecife que se quiera restaurar. Por ejemplo, en el Parque Gorgona se ejecutan acciones en el sector de El Remanso, un lugar donde hubo coberturas de coral, pero que se deterioraron en la década de los ochenta por el daño ambiental que sufrió la isla en tiempos en que funcionó el penal, y como consecuencia de fenómenos climáticos que están terminando de entender.

La tercera fase, que es la más robusta, es el programa de restauración de los arrecifes del PNN Gorgona. Este programa es ejecutado por representantes de la Javeriana Cali, como Juan Felipe Lazarus; Fernando Zapata, de la Universidad del Valle; Valeria Pizarro, de la Fundación Ecomares, y los funcionarios Luis Payán y Héctor Chirimías, del Parque Nacional. El objetivo es aplicarlo durante cinco años estableciendo proyectos piloto, e involucrar a otros actores como turistas, pescadores, escuelas de instrucción de buceo y otros científicos.

Además de replicar esta misma experiencia científica en Parques como Utría y Malpelo, López afirma que este modelo también puede servir como ejemplo de recuperación de ecosistemas de otro tipo, pues empodera a comunidades, estudiantes, científicos y pescadores de distintas regiones.

Programas de conservación de especies y legislación: ¡sí funcionan!

Programas de conservación de especies y legislación: ¡sí funcionan!

Muere el último ejemplar de una especie y hasta ahí llegó su existencia en el planeta. Desaparece y solo queda en el recuerdo, en los últimos registros fotográficos, en pinturas, en colecciones biológicas o en museos de historia natural. Con la especie desaparecen también algunas de las funciones que cumplen en los ecosistemas. Pero cuando se les sigue la pista, se monitorean, se identifican las causas que conllevan la disminución en sus poblaciones y se inician acciones para conservarlas, la historia toma otro rumbo.

Un estudio que revisó las especies de aves y mamíferos reportadas en estado inminente de extinción encontró que los programas de conservación y las legislaciones que protegen la biodiversidad funcionan: entre 28 y 48 especies que estaban en el riesgo más crítico de desaparecer aún están vivas y se han ido recuperando, como el loro orejiamarillo colombiano, el charrán chino o la cigueñuela negra neozelandés, entre las aves, y de los mamíferos el hurón patinegro de Norteamérica, el lince ibérico o el conejo ribereño surafricano.

En el caso del loro colombiano, la especie no se extinguió “por una combinación de medidas de conservación en las tres cordilleras y el hallazgo de nuevas poblaciones en la cordillera oriental”, de acuerdo con el vicerrector de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana y coautor del estudio, Luis Miguel Renjifo.

Para definir las especies a estudiar, los 46 autores del artículo científico, publicado en Conservation Letters, tomaron como base 1993, año en el que entró en vigor el Convenio sobre Diversidad Biológica, así como el 2010, cuando se define el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica (más conocido como las 20 metas Aichi), cuya Meta 12 indica que para 2020, “se habrá evitado la extinción de especies en peligro identificadas y su estado de conservación se habrá mejorado y sostenido, especialmente para las especies en mayor declive”.

“La tasa de extinción habría sido entre tres y cuatro veces mayor para el período 1993 – 2020, y entre 12 y 26 veces mayor en el período 2010 – 2020”, si no se hubieran adoptado medidas para salvarlos, concluyen los investigadores.

La información de las listas rojas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que muestra el grado de amenaza de las especies, fue el primer insumo para incluir las especies candidatas. Luego fueron reduciendo la muestra a aquellas que contaban con menos de 250 individuos maduros en 1993, quedando 368 aves y 263 mamíferos.

De ellas identificaron las que tenían amenazas persistentes y alguna medida de conservación vigente, quedando 48 aves y 25 mamíferos. Con toda la información recopilada, y luego de consultar a más de 130 expertos sobre el estado de esas poblaciones y la posibilidad de que se hubieran extinguido de haberlas dejado sin medidas de conservación, quedaron de finalistas 39 especies de aves y 21 de mamíferos.

Entre las acciones para protegerlas los autores destacan el control de especies invasoras, programas de conservación en los zoológicos, la protección del ecosistema, legislación al respecto y la reintroducción de las especies a sus hábitats naturales.

El estudio podría incluso subestimar los efectos de la conservación, dice Renjifo, porque es posible que otras excluidas de la muestra también se pudieron haber extinguido en el período 1993 – 2020. “Lo que pasa es que no fueron analizadas porque se escogieron las especies que estaban en la mayor inminencia de extinción”, agrega.

La afectación a los ecosistemas por la agricultura y la acuicultura, las especies invasoras y la caza son las principales amenazas que sufren aves y mamíferos, es decir, todas ellas son actividades producidas por la actividad humana.

En Colombia, dice María Piedad Baptiste Espinosa, investigadora adjunta del programa de Ciencias de la Biodiversidad del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, “tenemos programas nacionales o estrategias de conservación, siempre guiados por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible”, para el oso andino, el manatí, el cóndor andino, y otros que agrupan varias especies como el de felinos de Colombia o el de mamíferos acuáticos, por mencionar algunos ejemplos.

Los resultados del estudio “evidencian y hacen tangible cómo contribuyen ciertas herramientas de conservación en aves y mamíferos, lo cual es valioso porque demuestra que han funcionado”, dice Baptiste.

En diálogo con Pesquisa Javeriana, Phil McGowan, investigador de la Universidad de Newcastle en Inglaterra y líder del estudio con su colega Rike Bolam, llamó la atención sobre la tasa de extinción natural que, dijo, es muy baja comparada con la forma como el planeta está perdiendo especies actualmente por culpa de la actividad humana: “se estima que la tasa es cien o mil veces mayor a la tasa natural”.

Las especies vivas interactúan entre ellas y proveen beneficios para la humanidad, coinciden los tres entrevistados, y mencionan como ejemplo la polinización y la dispersión de semillas. “Si la tasa de extinción sigue siendo mucho más alta que el nivel natural de extinción”, explicó McGowan, “corremos el riesgo de perder tantas especies que cumplen funciones críticas en nuestro planeta, pérdidas que se pueden sentir a nivel local, regional o potencialmente global, y pueden ser de forma lenta e incremental, en lugar de una sola gran llamada de alarma”.

El informe de la Quinta Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica de Naciones Unidas, presentado el pasado 15 de septiembre, destaca los resultados del estudio cuando menciona los avances realizados en la implementación de las 20 metas Aichi para la biodiversidad en el 2020 que, dicho sea de paso en su mayoría no se han cumplido.

“El estudio demuestra que trabajar por la conservación de esas especies evitó su extinción”, concluye Renjifo; “o sea, vale la pena hacerlo”.

Metales y sobrepesca, la carga pesada de los tiburones

Metales y sobrepesca, la carga pesada de los tiburones

Isla Fuerte está ubicada en el Golfo de Morrosquillo, en el Caribe colombiano. Gracias a su diversidad marina, allí decenas de habitantes viven de la pesca artesanal y del consumo de especies como los tiburones. Ese escenario fue analizado por Yurani Rojas, ecóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, quien desarrolló una investigación sobre los elementos esenciales y no esenciales en tiburones sedoso y toyo.

El tiburón, como cualquier ser vivo, requiere ciertos elementos químicos para funcionar correctamente. Algunos de esos compuestos como el hierro, manganeso, vanadio y zinc son esenciales y benéficos en pequeñas cantidades mientras que en altas concentraciones pueden causar problemas para el animal.

No obstante, hay otro tipo de sustancias que no son necesarias para el cuerpo y que aún en bajas cantidades pueden causar daños para la salud como el cadmio, mercurio y plomo. Este tipo de metales pesados fueron los analizados en la investigación.

Mercurio

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el mercurio es un elemento que está presente en el aire, el agua y los suelos. Existe en varias formas: elemental o metálico, que se encuentra en el suelo; inorgánica, que es utilizada en procesos industriales, y la orgánica, resultante de la liberación en el ambiente, en el que ciertas bacterias lo transforman en metilmercurio. Esta última es la que se encuentra en la fauna marina y es la más común en humanos.

Un primer hallazgo de esta investigación enciende las alertas: “En todas las muestras colectadas había metilmercurio y están sobrepasando el límite permitido para consumo humano”, afirma Rojas pues la OMS recomienda no consumir más de 1,5 microgramos por gramo. Otras entidades como el Ministerio de Salud de Colombia, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos (USEPA) y la Comisión Regulatoria de la Unión Europea mantienen su máximo recomendado en un microgramo por cada gramo.

Estos altos índices de concentración sugieren procesos de bioacumulación. “Los tiburones, al ser depredadores tope, estarían consumiendo elementos tóxicos que han obtenido sus presas a lo largo de toda la cadena alimenticia”, dice la investigadora. Es decir, esta problemática no estaría afectando solo a los tiburones sino a otros seres vivos como crustáceos, moluscos y peces, que probablemente están acumulando estos metales.

Otro hallazgo tiene que ver con el órgano más contaminado de los individuos analizados. Al comparar las cantidades de mercurio en músculo y en hígado, se encontró que el primero presenta las mayores cantidades. “El hígado acumula más rápido estos tóxicos, pero tiene un nivel de depuración más alto que el músculo en juveniles”, explica la experta.

Otros elementos

El estudio también encontró altas concentraciones de cobre y zinc, que en tiburones adultos funcionan como protector del hígado contra el cadmio, otro metal pesado. “En el hígado se generan metalotioneínas que capturan los elementos tóxicos y evitan que sigan siendo tóxicos. Cuando se encuentran en altas concentraciones se pueden relacionar a altas cantidades de cadmio y otros metales”, revela la investigadora. Incluso el arsénico es potencialmente cancerígeno y se encontró en todas las muestras.

Hasta el momento no existen estudios precisos sobre las fuentes de estos elementos, pero podrían ser dos: una natural, por la geología de la zona, en la que podría haber presencia de algunos de estos metales que se liberan en el ambiente. La segunda sería por las actividades humanas, que pueden ser agrícolas asociadas a la aplicación de plaguicidas, industriales ligadas al uso de hidrocarburos de alta densidad y la gran mayoría podría ser por minería ilegal, según Rojas.

 

Los impactos de estos elementos para los tiburones son varios. “A largo plazo estos metales pueden generar problemas en los sistemas reproductivo, nervioso y locomotor. Todo depende de las concentraciones que se encuentren en el ambiente y de qué tan frecuente sea la exposición”, afirma Andrea Luna, directora del semillero Aquasistemas y profesora de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana. “Las altas concentraciones de mercurio podrían estar reduciendo significativamente la fertilidad, afectando directamente las poblaciones de tiburones”, agrega Rojas.

Ambas investigadoras manifiestan su preocupación pues los impactos no son sólo para cada individuo, sino para toda la población de la zona. Cerca del 70% de tiburones que se pescan en Isla Fuerte son juveniles, dato que no es menor, pues estos no han alcanzado la edad de reproducción. Se cazan y queda poca descendencia para mantener las especies, algunas de las cuales ya están en peligro de extinción.

Riesgo para la salud humana

En Isla Fuerte es muy común alimentarse de tiburón. Allí comen la carne (músculo), a diferencia de otros lugares del mundo, donde hay preferencia por la aleta. Las preparaciones más comunes con la carne de este escualo son la empanada, el revoltillo (carne desmenuzada y guisada), en bistec y con huevos revueltos. Estos platos no solo los consumen los habitantes, sino que también son muy apetecidos por los turistas. A partir del hígado se hace aceite como tratamiento para problemas respiratorios.

Para este estudio se hicieron 95 encuestas que indican que los habitantes de la isla consumen en promedio 64 gramos de carne de tiburón, 59 días al año. La ingesta semanal estimada por persona es superior a los valores recomendados por organismos colombianos e internacionales, situación que pone en riesgo a los isleños.

“Elementos como el mercurio están por encima de los límites máximos recomendados por la OMS. Esto ya genera una alerta porque, en teoría, no se deberían consumir. Los niños y las mujeres embarazadas deberían evitarlos porque pueden generar riesgos para la salud humana”, afirma Luna. Esto puede afectar el desarrollo del cerebro y en general, el crecimiento. Las futuras madres, al consumirlo, pueden estar afectando a los bebés en gestación. “El arsénico inorgánico y el mercurio orgánico representan toxicidad para el sistema nervioso, inmunitario, el aparato digestivo, la piel, los riñones, los pulmones, la vista y el desarrollo intrauterino. Además, presenta la posibilidad de generar cáncer”, agrega Yurani Rojas. Esta investigación revela que existe riesgo potencial cancerígeno y no cancerígeno para los consumidores. Por todos estos riesgos, se recomienda no comer tiburón.

Las poblaciones de tiburones de la región se enfrentan a dos problemas de gran magnitud. Por un lado, la contaminación por metales pesados y por otro la sobrepesca. Para Andrea Luna, la solución al primer fenómeno pasa por reducir el uso de estos metales en las actividades humanas e instalar plantas de tratamiento de agua que necesitan mejorar en presencia y capacidad. “Lo más fácil es disminuir las fuentes de contaminación porque quitar estos contaminantes una vez están presentes en el mar es muy difícil y costoso”, dice.

El segundo pasa por la educación ambiental y estrategias locales que permitan el sustento de las familias pescadoras, pero también por la conservación de las especies marinas. “Cuando se trabaja con pescadores artesanales, ellos afirman ser muy conscientes de esta problemática y les interesa que el recurso siga presente. Ellos están muy abiertos a la idea de reducir los impactos en los recursos porque dependen de ellos en el día a día”, detalla.

En 2018 se registraron cinco muertes humanas por ataque de tiburón, mientras que más de 100 millones de escualos mueren anualmente por causa del hombre. Es importante que las personas se informen cuando se alimentan de ciertos productos, evitar consumir los que no son indispensables para una dieta saludable y que por el contrario podrían ser nocivos para la salud.

Águila crestada: un depredador en peligro de extinción

Águila crestada: un depredador en peligro de extinción

Con una canasta amarrada al tronco de su cuerpo, Pilio recorre los cafetales del sur de Antioquia recogiendo uno a uno los granos de café, al tiempo que Isabel, su esposa, alimenta con ‘puchos’ de avena y trigo a sus gallinas. Esta tarea la realizan desde hace más de 40 años, al ritmo de bambucos y pasillos, entre los cerros de Jardín, un pueblo ubicado a 134 kilómetros de Medellín. Para ella, las gallinas son su vocación pues además de ser su compañía se han convertido en fuente de alimento al poner cerca de 300 huevos al año. Sin embargo, el vuelo diario de un ave rapaz sobre su finca se ha convertido en un problema. Se trata del águila crestada, una especie que debido a la deforestación de zonas boscosas busca su alimento en hábitats rurales, y que actualmente está en peligro de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Tanto para Isabel como para Pilio y muchos campesinos más, esta ave representa una amenaza para la supervivencia de los animales domésticos en sus fincas, razón por la que hay una tendencia a matarlas. Debido a ello, con la intención de promover decisiones basadas en evidencia científica para mejorar las interacciones entre las personas y la naturaleza, Juan Sebastián Restrepo-Cardona, magíster en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Pontificia Universidad Javeriana, se ha dedicado a estudiar por más de cuatro años nidos del águila crestada en los departamentos de Antioquia, Boyacá, Cundinamarca y Huila. Su propósito: analizar los factores socio-ecológicos que influyen en el conflicto entre los campesinos y el águila, y al mismo tiempo desarrollar un trabajo educativo en el que las comunidades den un significado a la vida silvestre a partir de ejercicios de ciencia participativa.

“Este es un proyecto muy enriquecedor porque trabajamos de la mano con las comunidades locales. Son los campesinos quienes nos dicen dónde están los nidos de las águilas, ya que esta es una especie de paisajes rurales y son las personas quienes están interactuando con ellas todo el tiempo. Los pobladores participan durante todo el proceso, son la clave para la conservación del águila”, afirma Restrepo-Cardona, biólogo de profesión.

Una parte del proyecto consiste en identificar la ubicación geográfica de los nidos de esta especie para colectar información sobre las presas con las cuales los adultos alimentan a sus polluelos durante los periodos de crianza, para posteriormente cruzar esos datos con los cambios del paisaje del ecosistema de la región. De ahí que, si bien los mamíferos arbóreos como perros de monte, micos, monos y zarigüeyas, entre otros, son fundamentales en su dieta, la reducción del bosque es un factor que lleva a esta águila a depredar aves de corral, especialmente gallinas (Gallus gallus). A esto se suma que por la deforestación la especie ha perdido el 60.6% de su hábitat original en el país. Con este resultado, el egresado javeriano y sus colaboradores hicieron una publicación en la revista Tropical Conservation Science en 2019 con el artículo Deforestation may trigger Black-and-chestnut Eagle predation on domestic fowl.

“La deforestación es una de las causas de la depredación de gallinas por el águila y encontramos evidencia científica que nos ayuda a soportar esto”: Juan Sebastián Restrepo-Cardona.

Por su parte, para identificar la percepción que las comunidades locales tienen sobre este animal, Juan Sebastián Restrepo trabajó con la organización The Peregrine Fund y la asesoría de Luis Miguel Renjifo y María Ángela Echeverry, de la Universidad Javeriana, en la implementación de 267 encuestas a personas mayores de 14 años en cuatro municipios elegidos para el estudio. Con este ejercicio, este egresado de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales encontró que en su mayoría la percepción de los campesinos hacia el águila era negativa por factores socio-demográficos como el manejo dado a las gallinas en las fincas y el género, debido a que una mujer rural como Isabel, en este caso, es quien vive de primera mano la experiencia de pérdida de sus aves domésticas por cuenta del águila crestada.

Estimativos indican que la población colombiana de águila crestada oscila entre 160 y 360 parejas.
Estimativos indican que la población colombiana de águila crestada oscila entre 160 y 360 parejas. Foto: Felipe Quintero

 

El conflicto entre los campesinos y el águila crestada

De acuerdo con los datos presentados en el Libro rojo de aves de Colombia, se estima que en la actualidad existen menos de 1.000 águilas crestadas en el mundo, distribuidas en la cordillera de los Andes y la Sierra Nevada de Santa Marta. Los interesantes resultados presentados en la primera etapa de su tesis de maestría llevaron a Restrepo-Cardona a preguntarse si la persecución por depredación de gallinas era una amenaza importante para Spizaetus isidori en el país.

Para validar esta pregunta, el investigador recurrió a archivo histórico, ejemplares de especies conservados en colecciones biológicas de varias universidades y centros de investigación del país, conocedores de la especie, bases de datos de corporaciones autónomas regionales y literatura profunda sobre el tema. El resultado fue revelador ya que, entre 1943 y 2019, los registros presentaron 81 casos de águilas que murieron o fueron capturadas: 47 ejemplares que recibieron disparos, 16 fueron capturadas (3 para ser traficadas) y dos se electrocutaron con líneas eléctricas de alta tensión.

Con esta información, Restrepo-Cardona y sus colaboradores concluyeron que la persecución hacia el águila ocurre como una prevención o represalia ante la depredación de gallinas, siendo la principal causa de mortalidad para la especie en Colombia, en donde ha perdido el 60.6% de su hábitat original y enfrenta otras amenazas como la electrocución y el tráfico ilegal. Con base en estos resultados, la revista PLOS ONE publicó en enero de 2020 el artículo Human-raptor conflict in rural settlements of Colombia, en el que está consignado el estudio.

 

De las 63 águilas que recibieron disparos o fueron capturadas, en el 60% la excusa fue la depredación de gallinas. Además, el 53% de los eventos ocurrieron entre 2000 y 2019.

 

 

Entre 2014 y 2019, al menos 23 águilas fueron cazadas o capturadas ilegalmente en Colombia.
Entre 2014 y 2019, al menos 23 águilas fueron cazadas o capturadas ilegalmente en Colombia. Foto: Felipe Quintero

 

Una responsabilidad de carácter social

A pesar de que los resultados de esta investigación son desalentadores en materia de supervivencia del águila crestada, existen oportunidades para lograr la conservación de esta especie. Por eso, surge un llamado urgente a tomar acciones para mitigar y prevenir el conflicto humano-águila en territorios reproductivos de esta ave a partir las siguientes recomendaciones:

  1. Mantener o incrementar los bosques.
  2. Aumentar las poblaciones de mamíferos arbóreos que ejercen el rol de presas.
  3. Reducir la exposición de aves domésticas con el uso de corrales adecuados.
  4. Otorgar compensaciones económicas a los campesinos al sufrir la pérdida de gallinas por ataques del águila, como en el posible caso de Pilio e Isabel.
  5. Desarrollar programas educativos e investigaciones socio-ecológicas.
  6. Implementar un trabajo pedagógico con comunidades locales.

 

“La planeación efectiva para la conservación del águila debe ir más allá del sistema de áreas protegidas e integrar enfoques socio-ecológicos en prácticas de conservación en paisajes dominados por humanos”, añade Restrepo-Cardona, quien actualmente participa en un proyecto de colaboración internacional para la conservación del águila crestada en Suramérica.

 

El trabajo en paisajes rurales es fundamental para la conservación del águila crestada en Colombia.
El trabajo en paisajes rurales es fundamental para la conservación del águila crestada en Colombia. Foto: Juan Carlos Noreña
Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Aplanar la curva de contagios por coronavirus ha sido un asunto de particular preocupación para los gobiernos. Transversal a este escenario han surgido una serie de reflexiones en torno a la necesidad de aplanar también la curva de la pobreza, desigualdad, discriminación, polarización, indiferencia y daño ambiental. En ese sentido, y con la intención de identificar las lecciones globales durante la actual pandemia, la Pontificia Universidad Javeriana llevó a cabo el pasado 28 de mayo el seminario web ‘Aprendizajes de la crisis del Covid-19 para afrontar el cambio climático’.

En esta jornada, a la luz de la Carta Encíclica Laudato Sí, expertos nacionales e internacionales presentaron las lecciones que como peregrinos de la ‘Casa común’ debe asumir la humanidad no solo para afrontar la actual situación sanitaria y social, sino también la crisis que vive el planeta con el calentamiento global.

“Somos parte de un todo, somos parte de la ‘Casa común’ y las transformaciones que se necesitan implican retos para el Gobierno y la sociedad. Esto significa, una nueva ética con la naturaleza”, afirmó Hernando García, director del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, quien también agregó el concepto de ‘salud planetaria’ al referirse a la preservación del equilibrio ecológico, solidario, natural y espiritual del hombre con el medio ambiente.

“La especie humana es un pequeño suspiro en la vida del planeta”, reflexionó García.

 

Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.
Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.

Manuel Pulgar-Vidal, exministro de ambiente de Perú y actual lider del Programa Internacional del Clima y Energía de WWF, añadió que la pandemia de la Covid-19 se debe interpretar desde la degradación del medio ambiente, la pérdida de especies y hábitats, el calentamiento global y la precaria calidad del agua y el aire en regiones de alta densidad poblacional, lo cual incide directamente en la proliferación de enfermedades como el Zika o el Chikunguña y, en este caso, la Covid-19.

Pulgar hizo un llamado al “renacimiento de la región”, basado en los aprendizajes de la pandemia. Resaltó que no existe un futuro sostenible sin consideraciones ambientales y climáticas, ni se puede pensar en una recuperación futura si no se incorporan las necesidades sociales. Abogó por una visión de sostenibilidad a largo plazo (año 2050) y finalmente dijo que es indispensable articular la economía mundial con la conservación de la naturaleza.

“La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común”: Jairo H. Cifuentes, Secretario General de la Universidad Javeriana, durante la apertura de la jornada.

Por otro lado, Jimena Puyana, coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU en Colombia, sostuvo que las enseñanzas que ha dejado el SARS-CoV-2 en materia de formulación de políticas públicas en países en vía de desarrollo, son: priorizar las inversiones que generan múltiples beneficios y propósitos a través de una ‘economía verde’; invertir en educación, salud e infraestructura desde una perspectiva de conservación, protección y sostenibilidad de la biodiversidad; apuntarle a impuestos que desincentiven la producción excesiva del carbono; apoyar las políticas de reforestación protectora y productora; invertir en las áreas protegidas; generar respuestas integrales -factores sociales, ambientales y económicos- para superar la crisis, y tener una conciencia clara de la vulnerabilidad humanidad evidenciada en la desigualdad y pobreza.

Citando a la revista científica Nature, Puyana destacó que “la pandemia ha ocasionado que el mundo reduzca entre el 17% y el 26% la producción de gases de efecto invernadero en comparación con el año pasado”.

El egresado javeriano Mauricio Rodríguez Castro, presidente de las firmas CO2Cero y EcoLogic, nutrió la conversación a partir de una perspectiva empresarial, desde la que es necesario implementar una economía circular mediante la reutilización de recursos; es decir, que los empresarios articulen sus proyectos con ideas de negocios sostenibles, amigables con el medio ambiente. En términos coloquiales, Rodríguez señaló que “la naturaleza nos está dando una cachetada”, razón por la cual, dijo, motivado por la situación de pandemia, que la sociedad debe pensar en una transformación profunda de su comportamiento, sus hábitos y cultura.

“Previamente se creía que las personas no eran productivas con el teletrabajo, pero la actual situación ha llevado a los empresarios a considerar esta nueva alternativa”, puntualizó Rodríguez Castro.

Finalmente, Andrés Rosas, decano la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, y moderador del simposio, convocó a una rueda de respuestas alrededor de la pregunta ¿qué se puede hacer para cambiar el comportamiento de las personas frente a la crisis del cambio climático? Los panelistas afirmaron, en unanimidad, que la mejor forma para movilizar cambios sociales es entender que la humanidad es vulnerable y que la COVID-19 es un factor de sensibilización que debería llevar a las personas a conectar sus decisiones con su entorno, en este caso el medio ambiente, tal y como lo menciona la Encíclica Laudato Sí: “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión”.

Este simposio se llevó a cabo en el marco de la celebración del quinto aniversario de la Encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común y el acuerdo de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Lo invitamos a revivir la jornada aquí.

Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia. 
Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia.