En busca de los huevos de oro

En busca de los huevos de oro

“Sentir que puedo contribuir es muy motivante”, dice con la decidida confianza que la caracteriza.

Es Nini Vanesa Rueda. Ha dedicado los últimos seis años de su vida a cambiar calificaciones por descargas eléctricas. Es la creadora de los circuitos utilizados en procesos de descontaminación de agua y de tratamiento de gases, a través de la producción de plasma frío. Para lograrlo, utiliza la tecnología de descarga de barrera dieléctrica, con la cual le ha dado unos minutos más de pureza al medio ambiente.

El plasma es un estado de la materia con características similares a las del gas, pero, a diferencia de este, una porción de las partículas son ionizadas, creando la posibilidad de inyectar energía en diferentes procesos industriales. El trabajo actual de Vanesa implica crear las condiciones eléctricas idóneas para que el plasma permita descontaminar los gases de escape de los motores diésel, gases que contienen material particulado tóxico que llega directo a nuestros pulmones.

“No me considero propiamente ambientalista, pero claramente soy consciente de los problemas ambientales, y que el trabajo que haga tenga un impacto importante fue un punto decisivo para trabajar en este tema”, continúa la ingeniera electrónica que de niña soñaba con ser médica, hacía piruetas de porrista y daba uno que otro paso en las clases de danza del colegio. Aunque nada le generó tanta pasión como la física. Predecir el mundo a través de la ciencia era, entonces y ahora, su obsesión.

Sin embargo, le fue difícil convencer a su padre, el ingeniero civil Álvaro Rueda, al momento de ingresar a estudiar ingeniería. “Decía que nosotros éramos los obreros del mundo, que nunca llegábamos a tener cargos grandes y que revolucionaran. Que éramos obreros con título”. Pero Vanesa tiene claro que no quiere trabajar para otros. Sabe que la investigación le permite apropiarse de lo que hace, reconocerse en sus logros y aprender de sus fracasos. Son suyos. Igual que sus preocupaciones. Y es que ser mujer investigadora no es fácil.

“Me he preocupado bastante, de pronto más conscientemente que los hombres, por dejar siempre una buena impresión con la calidad de lo que hago. No hay muchos modelos a seguir de mujeres en la ciencia y creo que todas siempre estamos demostrándonos y a los demás que la calidad de la investigación no depende del género. Pero es un reto”.

Justo después de embarcarse en la ingeniería, cambió las porras, la danza y las clases de guitarra del colegio por el grupo estudiantil de la Asociación Internacional de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE), del que más tarde se convertiría en líder. Fue allí donde conoció a profesores y estudiantes, ponentes y expertos, que la atraparon con sus experiencias como investigadores y le dieron el insumo necesario para convertirse en joven investigadora.

Desde el final del pregrado hasta la maestría, su trabajo con el grupo de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana en Sistemas de Control, Electrónica de Potencia y Gestión de la Innovación Tecnológica (Cepit) fue reconocido en 2015 por el programa Jóvenes Investigadores, de Colciencias.

Después de terminar la maestría en Ingeniería Electrónica con énfasis en Electrónica de Potencia, Vanesa viajó a Francia para hacer una pasantía. Continuó el doctorado y ahora, en cotutela con la Javeriana, vive la mitad del año en Francia y la otra mitad en Colombia, cumpliendo su sueño de ser una viajera incansable.

joven-investigadora

“Últimamente me dedico mucho a viajar. Me enamoré de conocer culturas, lugares diferentes y cada vez estoy buscando destinos más lejanos. El solo hecho de planear el viaje, escoger las ciudades y paradas de un roadtrip, te obliga a conocer la cultura y la historia”.

En dos años se graduará como doctora en Ingeniería. Ella sabe quién estará en primera fila: “Mi mamá es mi todo. Mi mamá es la que siempre está ahí, me alcahuetea todo, siempre está superorgullosa de todo lo que hago, está de primeras mostrando los logros y apoyándome”, dice con satisfacción.

Y luego, ¿qué viene? “Quiero seguir en la investigación, ya sea dentro de la academia o en el sector privado. Quiero tener la oportunidad de trabajar en el extranjero para traer luego esos conocimientos de ciencia al país”. Vanesa parece no darse cuenta de que ya lo ha estado haciendo.

El sueño de esta ingeniera es una mezcla de aeropuertos y tecnología. Mientras conoce el mundo, Vanesa busca descubrir sus propias capacidades para innovar y estar detrás del desarrollo de la tecnología en su propio país. Cuando esto ocurra, Vanesa habrá encontrado sus huevos de oro.

La casa es de todos

La casa es de todos

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), entre 2013 y 2015 se reportaron más de 1.100 casos de intoxicación por mercurio en Colombia, alcanzando su pico en 2014 con 779 registros; ante esta situación, y con el fin de mitigar el impacto de inhalar el vapor de este metal, especialmente en el caso de los mineros, desde 2013 (Ley 1658 de ese año) el Gobierno nacional ordenó erradicar el uso de mercurio en la minería a 2018.

Sin embargo, esta tarea no se ha cumplido a cabalidad porque no fue sino hasta el pasado 7 de noviembre del 2018 que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible presentó por primera vez el Plan de Acción Sectorial Ambiental de Mercurio para erradicar este metal en el país con miras a 2023 y con la responsabilidad de buscar financiación internacional para conseguirlo. Las zonas más vulnerables donde se realiza la minería ilegal son Bolívar, Santander, Nariño, Chocó, Antioquia y Cauca, por lo que se requiere de actividades de investigación, prevención y pedagogía con la intención de suprimir este elemento tóxico que es “perjudicial para los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo y los pulmones y riñones, con consecuencias a veces fatales”, como afirma la OMS.

Como alternativa a esta práctica, Heyler Serbando Moreno, representante legal del Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan – Chocó (ASOCASAN), explicó el proyecto Oro verde, que ha desarrollado unidades productivas en torno a prácticas de minería y agricultura para que la extracción del oro no compita con la conservación del ecosistema, sino que sea considerada como una actividad sostenible. En su opinión, “toda la minería puede ser sostenible si se tienen en cuenta a los actores que en ella convergen. Esto significa que, como consejo comunitario, tratamos de fortalecer la minería artesanal pero conservando lo verde que tenemos en el territorio”. Es decir, no es lo mismo trabajar con máquinas como las que usa la minería mecanizada o ilegal a practicarlo con bateas, tal y como lo hacen en el territorio, afirmó.

Así lo explicó en el marco del seminario ‘Enfoques y prácticas de conservación ambiental: lecturas desde Laudato Si’, un espacio diseñado por la Pontificia Universidad Javeriana para comprender la responsabilidad social que hay en torno a la conservación del ecosistema y conocer el resultado de prácticas de protección ambiental en Colombia a partir de proyectos de investigación de las comunidades. Cabe destacar que este encuentro hace parte de una serie de conferencias propuestas por la Javeriana para poner sobre la mesa temas relacionados con el cuidado de la casa común, es decir, el planeta y sus ecosistemas.

Este evento se llevó a cabo el pasado martes 2 de abril y contó con la presentación de ocho experiencias de conservación ambiental narradas por sus actores en diversos escenarios geográficos: Boyacá, Risaralda, Chocó, Amazonas, Cundinamarca, Bogotá y la costa Caribe. Su tema central fue la ‘conservación’ y su relación con prácticas como agricultura, ganadería, minería, turismo, cuidado de especies silvestres, conocimiento ancestral, investigación y ecología urbana.

La intervención sobre conservación y agricultura estuvo a cargo de Luz Marina Peralta, agricultora y miembro de la iniciativa Agroecología y tubérculos andinos en Turmerqué y Ventaquemanda, que ha fomentado la conservación y uso de tres especies nativas de la zona andina: la ibia, el cubio y la ruba, para reconocer la variabilidad morfológica de estos alimentos, las prácticas de cultivo, sus usos y valoraciones respecto a nutrición y seguridad alimentaria, al igual que “crear huertas caseras, campañas de reciclaje y talleres con los niños de la zona para que se apropien del conocimiento y le tengan gusto a estos alimentos y no a los comerciales, como las hamburguesas, que están de moda”.

/ Tatiana Arboleda.
/ Tatiana Avellaneda.

El cuidado de especies silvestres se abordó desde del proyecto Conservación del caimán aguja (crocodylus acutus) en los manglares de la Bahía de Cispatá, en Córdoba, y estuvo a cargo del pescador Jorge Díaz Martínez y el coordinador de la iniciativa, Giovanni Ulloa. Su labor se ha orientado a la recolección de especímenes que están en peligro y, de ahí, la reflexión sobre la preservación ambiental y su relación con la encíclica Laudato Si’: “Un error que suelen cometer los investigadores es ignorar el conocimiento de las comunidades sobre su cotidianidad con el ecosistema […] entonces, si no se les da valor a sus prácticas, la biodiversidad no se va a poder cuidar”.

Sobre este mismo tema, el Capitán Francisco Arias, director general del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar), aseveró que urge la tarea de formar una conciencia colectiva en Colombia sobre la preservación de los ecosistemas, no solo terrestres sino también marinos, ya que, por ejemplo, las playas son un ecosistema altamente amenazado con el turismo, por eso el 17% de la costa del Caribe colombiana está en proceso de erosión severa. Adicionalmente, Arias señaló que Colombia tiene alrededor de 43 mil hectáreas de pastos marinos en el Caribe y esta cifra corresponde a la mitad de los que se tenía a inicios del siglo XX; actualmente, el lugar más crítico es la bahía de Cartagena.

El fin y compromiso con este encuentro es hacer un llamado a la comunidad, mediante experiencias positivas en conservación, para asumir un rol de cuidador y protector de la casa común como se destaca en Laudato Si’: “Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente […] Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”. No en vano, la Organización de las Naciones Unidas anuncia periódicamente problemáticas medioambientales que ponen en jaque a la humanidad: nueve de cada 10 personas respiran aire contaminado debido a las emisiones del tráfico, la industria, la agricultura y la incineración de residuos, y más de 3.000 millones usan combustibles contaminantes al interior de sus hogares para cocinar y calentarse.

“El empoderamiento es la mejor herramienta para la conservación del ecosistema; no se debe desconocer que los tiempos del hombre no son los tiempos de la naturaleza, por eso nuestra tarea inicia con la revolución de las cosas pequeñas para aportar cambios positivos que le hagan bien nuestra esta casa común”, concluyó Harvy Murillo, director de la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco, tras socializar su experiencia sobre el turismo y la conservación en el Santuario de fauna y flora Otún Quimbaya, en Pereira.

 


El próximo lunes 8 de abril en Bitácora, programa de difusión científica de Javeriana Estéreo, Heyler Serbando Moreno contará las experiencias y el trabajo del Consejo Comunitario Mayor del Alto San Juan – Chocó (ASOCASAN) en torno a la agricultura y la minería sostenibles. Escúchelo a partir de las 8:00 p.m. en la frecuencia 91.9 de FM, en Bogotá.

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Recorrer el Ganges para un occidental es darle la oportunidad al cuerpo de sentir, ver y olfatear diferente, es adentrarse en una cultura colmada de contrastes exorbitantes. Dicen que detrás de un río hay un pueblo y el Ganges no es la excepción, a lo largo de sus 2.507 km de extensión emanan las raíces de la cultura india: su arcaísmo, que se entrelaza con lo moderno; la espiritualidad cargada de tradición, el caos y ruido atosigante de las multitudes; y los valores culturales de pureza que se vuelven una paradoja ante los ojos de quienes pisan esta tierra, de colores y sabores singularmente seductores para unos, y abrumadora para otros.

Todos los rituales y experiencias que confluyen en la diosa Ganga, como lo llaman (iniciaciones, exorcismos, la celebración por la vida, el adiós a los que mueren, purificación para el alma de los vivos y alimento para los ancestros que ya no viven), siempre están cargados de una energía purificadora, de liberación y de limpieza de los karmas que llevan a la inmortalidad y bienaventuranza en las vidas futuras. No obstante, aunque el poder de Ganga está todos los días del año, según la tradición y el calendario lunar indio, hay unas fechas en las que el río realza su fuerza salvífica.

Cada tres, seis y doce años se celebra el festival Kumbh Mela, que engloba la peregrinación más grande del mundo. Puede congregar hasta 120 millones de personas durante un mes lunar, y cerca de 8 millones de personas  reciben la ventura que Ganga entrega en uno de sus días más auspiciosos. Multitudes de cuerpos entran al agua helada que baja del glaciar de Gangotri, en el Himalaya, a más de 5.000 metros de altura. Las cabezas se sumergen una, dos y tres veces buscando la inmortalidad, en un ritual acostumbrado por los devotos en esta fecha.

La diosa termina siendo todo un poema difícil de leer y un tanto incomprensible. Es la belleza de la limpieza corporal y espiritual representada en los rituales, en donde todos los karmas se van, frente a la contaminación masiva que consume poco a poco a la que da la vida, purifica y salva. Y así también pide a gritos que la rescaten: en las mismas aguas donde las personas, sin dudarlo, se sumergen para liberar sus karmas, también se zambullen los desechos de  50 ciudades principales, la mayoría con una población superior a los 50.000 habitantes, como Kanpur, Allahabad, Varanasi, Patna y Calcuta; y cerca de 118 pueblos, que viven alrededor del río, y que depositan en las aguas todos sus desperdicios y residuos sin tratarlos.

¿Qué pasa si Ganga desaparece? Ella es más que la diosa de la limpieza ritual, está relacionada con casi todos los aspectos y medios de vida de las poblaciones en las que es venerada. Allí confluyen la biodiversidad, la vida social, económica y ecosistémica de los pueblos; aporta 30% de los recursos hídricos de India, 90% para irrigación de cultivos de arroz, trigo, caña de azúcar, lentejas, papas, así como legumbres, chiles, mostaza, ajonjolí y otros, con los que se sostiene el 43% de la población, o sea, entre 580 y 600 millones de personas en 11 estados de la India. Alrededor de su magna belleza, las expresiones armónicas y espirituales que por ella se manifiestan y su contribución a la economía agrícola, se estima que un tercio de la población india vive en la cuenca del río Ganges y es la directamente afectada por las diferentes causas de deterioro del afluente.

La pregunta de qué pasaría si el río Ganges desapareciera caló en la cabeza de los investigadores javerianos Ana Milena Piñeros, ecóloga y magister en Conservación y uso de la biodiversidad, y de Roberto Restrepo, filósofo y director de cine. “Es como si Jesucristo, quien soporta todo y perdona los pecados para el católico o para el cristiano, desaparece como resultado de la contaminación, acción o intervención humana”, comentan. Sin muchos recursos pero con una enorme cantidad de información recabada a través de largos días de investigación, emprendieron una travesía por el Ganges para conocer las tradiciones y la cultura india, y luego transportarlas al arte audiovisual.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es un largometraje colombiano traído de la India, producto de un viaje de seis colombianos, quienes pasaron tres meses caminando, recorriendo y recopilando historias alrededor del río en el que gira la vida de India, pero que también agoniza lentamente. La cinta se estrenará  en junio, en las pantallas de Cine Colombia de Bogotá, Medellín y Cali.

Ganges 2

“Éste es uno de los ríos más contaminados del mundo, pues recibe a diario aproximadamente 4.800 millones de litros de desechos, de los cuales alrededor del 80% son domésticos y el resto industriales, altamente tóxicos; también se suman amenazas como el cambio climático, con consecuencias en el retroceso de los glaciares del Himalaya, destinados a perder cerca de dos tercios de su extensión para 2100 si continúan las actuales emisiones de gases de efecto invernadero. Esto pone en riesgo la existencia misma del Ganges, el cual es alimentado principalmente por el agua aportada por estos glaciares”, explica Restrepo, quien añade: “sin embargo, para los hindúes, es un sacrilegio decir que el río está contaminado, pues es sagrado”.

El río Ganges es el hábitat de especies que hoy están amenazadas por las distintas causas de deterioro que sufre el río. Entre estas, el Delfín del Ganges (Platanista gangetica gangetica), en peligro de extinción; el tiburón del Ganges (Glyphis gangeticus) y el gavial (Gavialis gangeticus), críticamente amenazadas; así  como la última población de tigre de manglar, el tigre de bengala (Panthera tigris tigris), habitante de las islas de Sundarbans, en la desembocadura del río, donde se encuentra en el manglar más grande del mundo.

Piñeros, investigadora del documental, añade que “son cerca de 400  millones de personas las que habitan en la cuenca del río Ganges, la más densamente poblada del mundo, compartida con Nepal, India, Bangladesh y China; y aunque se han implementado algunas acciones para salvarlo, como, por ejemplo, la instalación de más plantas para el tratamiento de aguas residuales, éstas no son suficientes para el volumen de desechos allí vertidos, pues menos de 1/4 de las aguas que llegan al río son tratadas y tanto los pobladores, como la biodiversidad en general son los afectados”.

Un occidental podría decir que no ha visto tierra más espiritual y a la vez más sucia que India, porque el modelo de vida se sale de los principios convencionales de su cultura sin reconocer que él vive sobre la mugre que ha tratado de esconder por años. Los occidentales que se consideran conscientes en términos ambientales, mantienen niveles de consumo exorbitantes que son aún más contaminantes que los de la India. “Marginamos la basura, pero dejamos que pase sigilosamente a las cosas vivas. Las nuevas generaciones presentan, cada vez más altos índices de bioacumulación: tenemos plomo en la sangre, mercurio en el cerebro; además, pensamos en términos de marcas, de producción. Creemos que el agua se produce en las fábricas y las fábricas reales están en otro lado, en lugares que estamos descuidando”, asegura Restrepo.

Entre culturas varía la interpretación de conceptos y, lo que para unos es basura, para otros no lo es. En ese sentido, la palabra se queda corta para describir el tamaño de nuestra realidad. Restrepo resalta que “mientras los indios recolectan basura, porque muchos de ellos no la ven como tal, los occidentales, en su obsesión por erradicar la mugre, la esconden, lo que no quiere decir que no exista”.

Aunque parezcan realidades distantes, los documentalistas de Ganges, un viaje por los sentidos del agua, vieron en India una oportunidad para mostrar el deterioro ambiental, que aunque pareciera único se replica en varios lugares del mundo. Una historia que parece ser la más brutal pero que, al mismo tiempo, es el reflejo de lo más humano: de los contrastes infinitos, como la capacidad espiritual que puede tener el hombre frente la irracionalidad ingenua de sus acciones.

Tras la experiencia, el equipo de producción reflexiona sobre la necesidad de pensarnos como humanos, como parte de la naturaleza y no como sujetos individuales. “Hace falta un cambio de paradigma económico, social y científico, pero también se trata de hacer cambios desde el corazón. Debe haber una transformación de la forma en cómo nos relacionamos con todo lo que nos rodea y con la naturaleza, para que haya una verdadera transformación ambiental”, concluyen.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es una invitación a conocer una vida de contrastes humanos que despertará todos los sentidos en una travesía por las aguas de la diosa Ganga.

Ganges 1

Patente javeriana para limpiar el agua

Patente javeriana para limpiar el agua

Las actividades humanas dejan un rastro indeleble en el agua. Lavar la ropa, ir al baño, fabricar un anuncio publicitario, regar una cosecha, entre otras, producen, como consecuencia, residuos líquidos cargados de contaminantes; conocidos como aguas residuales, se han convertido en un problema ambiental de primer orden porque, al no ser tratadas adecuadamente, pueden contaminar fuentes de agua para el consumo humano, además de los ríos y los mares. Si bien se estima que en América Latina el 80% no es tratada adecuadamente, el Gobierno colombiano ha invertido en los últimos años fuertes recursos para tratar el 42% de las generadas en el país.

A pesar de que hoy en día se han estudiado diversas técnicas y procesos para remover los contaminantes producidos por industrias como la marroquinera, textil y minera en aguas residuales, los ejercicios de filtración, flotación o precipitación no han sido suficientes por sus altos costos y la selectividad de los materiales usados.

Esto llevó al Grupo de Investigación en Biotecnología Ambiental e Industrial, adscrito a la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, a diseñar un filtro de origen biológico capaz de aislar los colorantes, metales pesados y aditivos de las aguas residuales. En su fabricación utilizaron tejidos de material lignocelulósico, es decir, un compuesto obtenido de biomasa vegetal (en este caso, de origen forestal)  que sostiene una capa de hongos obtenidos de la podredumbre de la madera que fueron mejorados microbiológicamente.

Biotrap, como se le conoce, cuenta con un filtro flexible, resistente, altamente poroso y ajustable a diferentes configuraciones de reactores o filtros sin importar si su forma es cilíndrica, cuadrada, etc. Sobre este bioportador laminar, como se le conoce técnicamente, actúan las cepas de hongos Pleurotus ostreatus y Phanerochaete chrysosporium, encargados de retirar los contaminantes.

Esta innovación es el resultado del proyecto Consorcio de hongos inmovilizados sobre un portador laminar de lignocelulosa para el tratamiento de aguas residuales y proceso para la elaboración del mismo, recibió el pasado 29 de junio la aprobación de patente por parte de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (United States Patent and Trademark Office).

Biotrap ya había obtenido, el 31 de marzo del 2016, la patente de invención en Colombia por parte de la Superintendencia de  Industria y Comercio, mediante la resolución 14909.

Pesquisa Javeriana conversó con la biotecnóloga Aura Marina Pedroza, profesora del Departamento de Microbiología y coordinadora del proyecto, quien explicó el funcionamiento de esta innovación y conversó sobre los retos que este trabajo implica para la universidad y su equipo.

Mercurio y tiburones, una tragedia que también es humana

Mercurio y tiburones, una tragedia que también es humana

A 500 kilómetros de las costas de Buenaventura, en Colombia, está ubicada la isla de Malpelo, un atractivo turístico y todo un santuario de especies marinas en las aguas oceánicas que la rodean, en especial por su gran diversidad de macrovertebrados, como los tiburones. Sus aguas son de las más apetecidas del mundo para bucear y están protegidas por su alta riqueza de especies marinas. No cuenta con asentamientos humanos, pero en décadas pasadas la isla era un destino frecuentado por pescadores en busca de la aleta de tiburón a pesar de su prohibición, lo que impactó negativamente a sus poblaciones.

Este lugar, como otros ricos en variedad marina, ha sufrido los abusos del hombre. Así, lo que es un refugio de especies marinas se convierte en una zona de alta peligrosidad. Felipe Ladino, ecólogo javeriano de la Fundación Malpelo, dice: “En el tema del tiburón martillo se ha encontrado un panorama bastante preocupante en la región del Pacífico Tropical debido a que su población en los últimos diez años ha disminuido hasta en un 70%, y se supone que es la más grande a nivel mundial, lo que implica que es una especie bastante amenazada por la pesca que persiste”.

El ‘aleteo’ es considerado actualmente como el principal causante de las reducciones de tiburones en el mundo, y además es una actividad ilícita en la mayoría de los países, lo que queda demostrado por las incautaciones por parte de las autoridades competentes. Esta práctica ilegal, prohibida en Colombia desde 2007 por la resolución 1633, consiste en sacar a los tiburones del agua, cortarles las aletas dorsales, caudales, anales, ventrales y pectorales para comercializarlas o consumirlas y luego, aún estando vivos, botar el tronco al agua; así, sin más, el cuerpo cae en aguas profundas, asfixiado y sin aletas. Aquella muerte nefasta es una de las formas más deplorables de tortura y sufrimiento.

Por otro lado, no es nuevo decir que en el Pacífico hay una amplia problemática con la minería ilegal de oro, en la que se utiliza mucho mercurio que va de río a océano. Como bien lo explica la ecóloga javeriana Natalia Vélez, “una de las maneras de que haya mercurio en el océano es la contaminación antrópica, es decir, generada por el hombre, que puede ser tanto por minería como por agroindustria, fertilizantes y demás, y la otra es por vía natural, que puede ser por volcanismos, es decir, erupción de volcanes”. Según la profesora javeriana Andrea Luna Acosta, “Colombia es el tercer país que más cantidad de mercurio emite a la atmósfera, después de China e Indonesia, a causa de la minería de oro artesanal”.

Con los océanos atestados de mercurio, los tiburones, predadores tope por excelencia, se alimentan de especies que vienen con una carga significativa de mercurio, pues se encuentra en la parte inferior de la cadena alimentaria y ya han consumido especies más pequeñas que también lo contienen; así, entre más grande sea el animal, más alimento necesita, causando la transferencia de este metal en las redes alimentarias. A esto se le conoce como biomagnificación, y, a medida que los tiburones van creciendo, acumulan en su cuerpo las cantidades de mercurio que han consumido a lo largo de su vida  (bioacumulación).

Si bien la demanda de las aletas de tiburón en mercados como el asiático es un bien muy preciado y costoso, que, según Vélez, puede oscilar de US$250 hasta US$1.800, no se menciona el gran riesgo para la salud humana de quienes las consumen por tener altos niveles de mercurio. Al reconocer la problemática, los investigadores Sandra Bessudo, Natalia Vélez, Felipe Ladino, Dalia Barragán y Andrea Luna Acosta desarrollaron la investigación Concentraciones de mercurio y relaciones tróficas de tiburones del Pacífico colombiano, en la que examinaron las concentraciones del metal en los tejidos de siete especies de tiburones incautadas en el puerto de Buenaventura y recibidas por las autoridades colombianas y la Fundación Malpelo.

Entre las siete especies de tiburones estudiadas por Vélez y sus colegas se encuentran: el tiburón poroso (Carcharhinus porosus), el tiburón cabeza de pala (Sphyrna tiburo), la musola parda (Mustelus henlei), la musola segadora (Mustelus lunulatus) y la cornuda coronada (Sphyrna corona), que pertenecen a zonas costeras; también destacan el tiburón martillo (Sphyrna lewini) y el tiburón zorro (Alopias pelagicus), que se encuentran comúnmente en zonas pelágicas o de aguas profundas.

“Esto es interesante porque nos topamos con que dos de las especies investigadas, que en su etapa de adultos usualmente se encuentran en zonas pelágicas, estaban en zonas costeras, lo que sugiere que seguramente estábamos trabajando con tiburones juveniles, pues cuando los tiburones de aguas profundas van a tener a sus bebés se van a ecosistemas costeros donde encuentran manglares, los cuales constituyen un sistema de refugio para sus crías. Los bebés crecen allí y luego son capturados a edades tempranas”, explica Vélez.

Lo anterior dilata la problemática que ya no solo recae en el ‘aleteo’ sino en la captura de los tiburones más jóvenes.

Los tiburones tienen un ciclo de vida más lento, es decir, se demoran más en crecer y madurar sexualmente y son aptos para reproducirse hasta alcanzar los diez años. Así, muchos de los especímenes capturados no alcanzan la reproducción, poniendo en peligro la supervivencia y conservación de la especie ya que no se sobreponen fácilmente a la disminución de su población.

El trabajo de diversos investigadores contribuyó para que el área protegida en las aguas del Pacífico colombiano se ampliara sobrepasara los 27.000 kilómetros cuadrados. / Cortesía, Camila González
El trabajo de diversos investigadores contribuyó para que el área protegida en las aguas del Pacífico colombiano se ampliara sobrepasara los 27.000 kilómetros cuadrados. / Cortesía, Andrea Luna.

Según los resultados de la investigación, dos de los tiburones de mayor captura son el Sphyrna lewini y el Alopias pelagicus, justamente los que pertenecen a aguas abiertas. “Estas dos especies son las que más están en peligro, las que más nos estamos comiendo y las que representan mayor riesgo para la salud humana”, afirma la investigadora Vélez. También se encontró que, en efecto, las aletas presentan altas cantidades de mercurio, no superiores a las que se encuentran en los músculos pero que, igual, constituyen un factor de riesgo para los humanos que las consumen.

En los mares del Pacífico Tropical los tiburones se enfrentan a la pesca ilegal de aleta y a la captura incidental de los atuneros, por eso organizaciones como Fundación Malpelo, en compañía de varios aliados como Parques Nacionales,  Fondo Acción y Conservación Internacional, han trabajado en la protección y conservación del Santuario. Ladino asegura que para el 2017 “logramos ampliar Malpelo a más de 27.000 km2, convirtiéndola un área marina protegida bastante significativa”.

Los retos para establecer estrategias de conservación y la reducción de la pesca de aletas de tiburón en Colombia es enorme, pero “un paso para reducir el ‘aleteo’ y contribuir al cuidado del ecosistema y de los predadores tope del océano es informar sobre el posible riesgo potencial del mercurio en la salud humana, causado por el consumo de estas aletas. Sus síntomas van desde dolores estomacales y musculares hasta malformaciones en el feto de una mujer gestante, sin mencionar la devastadora situación que tiene que vivir la población de tiburones, además de la protección de los mares donde habitan”, concluye Vélez.

Lluvia de metales

Lluvia de metales

“Cuando a mí me enseñaron a diseñar alcantarillados, me decían: ‘Hay uno para aguas residuales que debe ir directamente a la planta de tratamiento, y otro para aguas lluvia que va derecho al río, y a grandes rasgos, así se sigue enseñando. Pero desde los años 80 sabemos, por evidencias y estudios en Europa y Estados Unidos, que ese esquema mental es errado”, advierte Andrés Torres, ingeniero civil de la Pontificia Universidad Javeriana. ¿La razón? El agua celestial no es limpia y pura per se, pues no solo recoge contaminantes suspendidos en la atmósfera –desde polvo, gérmenes, gases, materia orgánica e inorgánica hasta trazas de hidrocarburos y otros químicos–, sino también aquellos depositados en cubiertas y canales por donde escurre antes de ser recogida en contenedores –desde materia fecal de aves hasta hongos y residuos de metales pesados de los objetos con los que tiene contacto–.

Con la idea de destronar esa presunción, Torres aporta nueva evidencia a la literatura científica a través de diversas investigaciones, empezando por casa: la universidad. Sus indagaciones comenzaron en 2003 cuando, junto con algunos colegas, contempló la posibilidad de aprovechar el agua lluvia en el campus. Evaluó la pluviosidad de la zona, cuánto se podría recolectar, cuál era la demanda hídrica de la Javeriana y si implementar alguna acción resultaría verdaderamente costo-efectiva. Los resultados arrojaron que la oferta de agua lluvia era interesante y se podría utilizar, pero habría que seguir indagando sobre su calidad para determinar cuáles podrían ser los usos.

Así lo hizo, y con estudios posteriores determinó que, aunque el área tenía un alto volumen de precipitación (1.007 mm promedio al año), el agua lluvia de escorrentía alcanzaría a cubrir el 14% de la demanda hídrica total anual del campus, lo que representaría un ahorro de 24 millones de pesos cada año en consumo de agua potable.

Sin embargo, el agua presentó altos niveles de turbiedad, sólidos suspendidos totales (SST), demanda bioquímica de oxígeno (DBO5, que delata la presencia de microorganismos) y metales pesados como hierro, cadmio, plomo y mercurio. Todos estos indicadores sobrepasaron los límites permitidos por normativas locales y foráneas, consultadas. En consecuencia, el agua no era apta para ningún uso sin tratamiento previo.

El investigador propuso un sistema de filtración en distintas etapas del drenaje y la recolección, la incorporación de películas de carbón activado para absorber hierro, la mejora de las subcuencas existentes, la adecuación de las redes de distribución y la construcción de un humedal que oficia como tanque regulador. Esta última es la primera solución que la Universidad ha acogido, y gracias a ella se capta la escorrentía de un edificio de parqueaderos, la cancha de fútbol y áreas circundantes, que constituyen la más grande e importante subcuenca propuesta en la investigación. Este sistema recibe caudales de 0,04 a 50,6 litros por segundo y el agua allí recolectada se usa en el riego de jardines, una de las actividades en la que más se consume agua potable (21% del total).


Las pruebas salen del campus

Paralelamente, Torres y sus estudiantes desarrollaron estudios en otras zonas de la ciudad. Primero fue en los barrios Villa Alexandra y Acacias, en la localidad de Kennedy, donde recolectaron 53 muestras de escorrentía en viviendas con techos de zinc o cemento entre los meses de febrero-abril y septiembre-octubre de 2010. El análisis de laboratorio confirmó trazas de zinc, plomo, cobre y cadmio, este último en una concentración diez veces mayor al reportado en la literatura en condiciones semejantes, además de SST, BDO5 y alta turbiedad. No obstante, los resultados variaron mucho con respecto al momento meteorológico –en medio o después de una temporada seca o invernal–, al tipo de cubierta desde donde discurría el agua según el material y tiempo de uso, y al tipo y ubicación de la casa.

Algo similar ocurrió en el sector de Bolonia, localidad de Usme, donde la mayoría de las 72 muestras tomadas entre abril y noviembre de 2013 contenía metales pesados, entre otros contaminantes. Las viviendas allí tenían tres tipos de techo (zinc, fibrocemento y plástico) y solo ese factor generó gran variación en los resultados. Hicieron otras pruebas luego de cambiar parte de las cubiertas de algunas casas con materiales nuevos y diversos, y fue evidente la mejora en la calidad del agua y sus potencialidades de aprovechamiento. De hecho, en algunos casos, los investigadores instalaron techos verdes como proyecto demostrativo de agricultura urbana. Esta evidencia los llevó a pensar que no solo el material del techo es fundamental, también su antigüedad, aun cuando esta hipótesis requiere mayor verificación.

Cabe aclarar que todos los análisis realizados son de escorrentía y no de agua lluvia recogida directamente del cielo, pues para Torres esta situación no es realista. “No queríamos alterar las condiciones sanitarias de las comunidades que consumen agua lluvia”, explica este doctor en hidrología urbana. Y, evidentemente, todas las poblaciones que la usan apelan a cualquier elemento para recogerla y conservarla con la idea de usarla indiscriminadamente para todo: desde el consumo humano hasta el riego de plantas, pasando por la cocción y el lavado de enseres.


Advertencia para la salud humana

Usar el agua lluvia, por supuesto, supone grandes riesgos de salubridad. La toxicidad de los metales pesados, por ejemplo, es un factor potencial de generación de cáncer y afectaciones al sistema reproductivo, mientras que agentes microbianos derivan en infecciones y virus. “La contaminación en agua lluvia es bastante común, especialmente por Escherichia coli o, alternativamente, por coliformes termotolerantes”, señala la Organización Mundial de la Salud, e incluye otros microorganismos patógenos como la salmonela.

Cada precipitación se da en condiciones únicas, y circunstancias como la hora del día, la zona geográfica, el entorno, los métodos de recolección y conserva, entre otras, alteran sustancialmente su calidad. Por eso, si se quiere acoger el agua lluvia como recurso y no como desecho, es vital hacer mediciones para definir su aprovechamiento de manera sostenible, lo que se puede lograr en tiempo real aplicando tecnologías relativamente sencillas, y con esa información Torres propone crear una suerte de semáforo zonal que le indique a la gente cuándo puede usar el agua y para qué.

No obstante, para tratar de englobar patrones de uso es necesario, según él, recaudar mayor evidencia empírica. Por ahora, se siente contento de contribuir a la caída de un mito, pues conforme les insiste a sus estudiantes, lo que es muy evidente a veces no lo es tanto, y aunque Newton postuló hace dos siglos y medio la ley de la gravedad, “en hidrología urbana aún hoy estamos viendo y analizando la caída de la manzana”.


TÍTULOS DE LAS INVESTIGACIONES:

  • Towards a Constructed-Wetland/Reservoir-Tank System for Rainwater Harvesting in an Experimental Catchment in Colombia
  • Quality of rainwater runoff on roofs and its relation to uses and rain characteristics in the Villa Alexandra and Acacias Neighborhoods of Kennedy, Bogotá, Colombia
  • Diagnóstico sobre la presencia de metales pesados (Cd, Cu, Hg, Ni, Pb, Zn) en las aguas lluvias de escorrentía para su posible aprovechamiento en el Sector Bolonia, Localidad Usme, Bogotá D.C.

INVESTIGADOR PRINCIPAL: Andrés Torres
COINVESTIGADORES: Jaime Lara-Borrero, Sandra Méndez-Fajardo, Milton Duarte, Sandra Galarza-Molina, Ángela Patricia Gutiérrez y Carlos Daza
Facultad de Ingeniería
Departamento de Ingeniería Civil
Grupo de investigación Ciencia e Ingeniería del Agua y el Ambiente
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2003 – actualmente

 

¿Medio lleno o medio vacío?

¿Medio lleno o medio vacío?

No se trata de optimismo ni de psicología. El problema del vaso medio lleno o medio vacío recuerda, más allá de su curioso juego de palabras, que el problema también está en la calidad del recurso que llena una cantidad cualquiera de ese vaso y, de cómo, si seguimos contaminando, terminará por evocar un mundo en el que aún podíamos llenarlo o desocuparlo. El agua, sí, de eso hablamos.

Considerando que el riesgo ambiental en el que se encuentra el agua va más allá de una ecuación con fórmulas matemáticas, y de que es una parte de muchos problemas y un problema con muchas partes, es importante reconocer que es una cuestión que nos compete a todos. En Bogotá, la condición y calidad del agua es uno de los temas que más preocupa. El sistema hídrico, un conjunto de cuerpos de aguas naturales y artificiales que hacen parte del drenaje y que en Bogotá está conformado por el canal Torca y los ríos Salitre, Tunjuelo, Fucha y Bogotá y las diferentes quebradas que confluyen en estos ríos, presenta inconvenientes que ponen en la mesa un gran interrogante, ¿qué calidad tienen nuestra agua y el sistema que la transporta?

Un grupo de investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana, liderado por el ingeniero Nelson Obregón y acompañado por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá y la Secretaría Distrital de Ambiente, buscaron la respuesta a esta pregunta con una investigación de monitoreo de los caudales y redes que ven correr el agua de la ciudad. La publicación del libro Calidad del sistema hídrico de Bogotá, resultado de este proyecto, es un gran avance y un estimativo contundente para el estudio de las problemáticas que la mayoría de ciudadanos desconocen y que, sin saberlo, los involucra de forma directa.

Por fortuna, la valoración de la calidad del agua potable no está contemplada en esta publicación ya que, a conocimiento de todos, Bogotá cuenta con agua potable de muy buena calidad. No obstante, lo que preocupa es el estado del drenaje y el alcantarillado del agua contaminada y de las aguas lluvias que terminan circulando por la ciudad en los ríos y caudales, que hacen parte del sistema hídrico.

El investigador principal, Nelson Obregón, explica que aun con un sistema hídrico en buen estado y con las plantas de tratamiento que se tienen, no tenemos la certeza de que podamos recuperar por completo los ríos ya contaminados, y lo que inquieta en ese caso es que si no cumplimos con el compromiso ambiental que nos exige mantener y circular las aguas residuales en buen estado, terminaremos por convertir el agua en una amenaza.

Así pues, la problemática crece a la misma velocidad en la que el agua recorre la ciudad y, sin lugar a dudas, es una consecuencia de las dinámicas metropolitanas y del comportamiento ciudadano frente al uso y cuidado del recurso. Estos temas, al ser contemplados por este grupo de investigadores, presentan un estimativo importante que sobrepasa el tecnicismo, para establecer puntos de partida que permitan entender la problemática y ofrecer posibles métodos de reparación y prevención.

Del método al monitoreo

La investigación comenzó en 2006 con el convenio entre las diferentes entidades, las mismas que más adelante, entre 2007 y 2008, trazaron una línea de estudio, impulsada desde el programa de monitoreo aleatorio en puntos clave del sistema hídrico de Bogotá: el Canal de Torca y los ríos Salitre, Fucha, Tunjuelo y Bogotá. Esto permitió esclarecer resultados, no sólo de la calidad del agua, sino también de la variabilidad del
sistema, determinada por elementos espaciales y temporales. Después de establecer 37 puntos de monitoreo, estudiados en nueve meses del año, en los siete días de la semana, en las tres jornadas del día, se generaron 740 datos que permitieron analizar 29 parámetros físicos, químicos y bacteriológicos de cada río y canal estudiado.

Más allá de los saltos numéricos, el desarrollo metodológico empleado permitió un estimado, que si bien no es único ni exacto, se postula como punto de partida para los estudios de calidad del agua; es además una herramienta clave para iniciar un plan de acción, que sirva para los planes de saneamiento actuales y para proponer a los técnicos y a los ciudadanos, soluciones y acciones simples para contribuir a disminuir el problema. Por ejemplo, el reciclaje de aguas lluvias o el uso medido del recurso.

La metodología, rígida y organizada, contempló diferentes etapas: la primera y más importante, fue la ejecución de aforo y la recolección de muestras, que se lograron gracias a la aplicación de métodos como el área de velocidad. Ésta consiste en determinar una cantidad específica para calcular el caudal y la profundidad de cada tramo.

En términos más accesibles, se intervinieron los volúmenes de cada trayecto, para obtener muestras en diferentes proporciones, de forma específica, clasificada y bien preservada, necesarias para alcanzar una calificación cualitativa en el laboratorio.

Una vez obtenidas y preservadas las muestras de los diferentes puntos de cada caudal, se desarrolla la segunda etapa, en la que se analiza, compara y clasifica lo preservado. Es un momento determinante, tanto en el trabajo de campo, como en el laboratorio, pues mientras en los puntos de monitoreo existen sensores de temperatura, turbidez, conductividad y de pH, en el laboratorio se utilizan dichos datos para hacer un mantenimiento adecuado de la muestra de agua.

Después de recopilar las diferentes muestras, fue necesario desarrollar un análisis estadístico, para validar los datos e impulsar la etapa final. En ésta se utiliza la estadística descriptiva; es decir, una exploración minuciosa de cada dato obtenido en el muestreo; la prueba de hipótesis, comparaciones entre los factores usados en el modelo como corrientes, puntos y tiempos de monitoreo; el análisis de conglomerados, agrupación de elementos que presenten los mismos resultados; y la clasificación y elaboración de gráficas y mapas, que dan origen a un sistema gráfico, donde se sintetiza la información recopilada y que permite aproximar resultados a cada problema visualmente.

Ahora, lejos de los tecnicismos y cerca de los resultados que éstos arrojan, es determinante tomarse el tiempo para observar que esa red que diariamente circula bajo nuestros pies, hace parte de cada uno de nosotros. Es un interrogante que brota en nuestras casas cada vez que abrimos una llave o descargamos una cisterna. Nelson Obregón, consciente de la situación, asegura que “aunque el estudio sirve como una radiografía de lo que puede pasar en ciertos momentos en los ductos y en el flujo de las aguas residuales, pensar en tener un indicador que refleje el problema en tiempo real aún hace parte de un sueño; el reto ahora es establecer sistemas tecnológicos cada vez más precisos”.

Río que suena…

Las palabras que siguen a esos puntos suspensivos parecen obvias, pero no lo son. Después de muchos esfuerzos, el grupo de investigadores de la Universidad Javeriana y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, descubrieron que los ríos de nuestra ciudad no sólo llevan piedras; los niveles de contaminación que han alcanzado ahora han hecho sonar al río por las razones contrarias y con certeza, son resultados que vale la pena tener presentes.

El listado es grande y las páginas son pocas para clasificar el gran número de agentes contaminantes que disminuyen cada vez más la calidad del sistema hídrico de Bogotá, encontrados por los investigadores y recopilados en la publicación del libro. Con un ejemplo como el del río Bogotá, ese mismo donde alguna vez la gente se bañaba y disfrutaba una tarde de sol, la preocupación crece, hoy es en algunos de sus tramos un espeso caudal de desechos que, a pesar de los esfuerzos, no se encuentra ni a la mitad de su proceso de saneamiento.

En la investigación realizada en puntos específicos de la cuenca media de este río, donde se articulan parte del área urbana y rural de la capital, se encontró que el nivel de contaminación es bastante alto, debido a que porta niveles de plomo, cobre, manganeso y níquel que sobrepasan los límites permitidos para el uso del agua en el área agrícola, pecuaria e, incluso, de preservación acuática.

No hay duda de que el estado de sus aguas es una alarma de peligro constante, más allá de no poder utilizarlas para nuestro bienestar, preocupa también que circulen y sobre todo, que sea éste el que desemboca en el río Magdalena, fuente de agua de otros acueductos.

Ahora, no por esto se puede decir que la contaminación general del sistema se deba a que todos los caudales entregan sus aguas a uno ya contaminado, pues también es determinante el hecho de que los otros ríos presenten niveles de contaminación como los encontrados en la investigación. Por ejemplo, el río Salitre, que nace en los cerros orientales con el nombre de río Arzobispo y que corre paralelo a las avenidas 39, 40 y 22 hasta la carrera 30 muestra un exceso de materia fecal tal que el agua se ha convertido en un agente portador de bacterias y enfermedades; la fuente de esta contaminación empieza, sin duda, en los vertimientos de aguas residuales domésticas, problema que es importante solucionar, por diferentes razones, pues demuestra que el problema también empieza en la forma como se drenan las aguas residuales y las aguas lluvias; en muchos puntos de la ciudad estas aguas comparten drenajes.

Los problemas son varios, el Salitre también presenta un aumento en la Demanda Química de Oxígeno, que mide la cantidad de materia orgánica, susceptible de ser oxidada por medios químicos, pasa de un promedio de 16 y 32 miligramos por litro en sectores de la ciudad como el Parque Nacional, y llega a 316 cuando desemboca en el río Bogotá. Esta variación de materia orgánica total y el aumento del grado de contaminación bacteriológica es un índice claro en la forma como los ciudadanos intervenimos en el problema.

Por otro lado, el río Tunjuelo, que nace en el Páramo del Sumapaz y drena la zona sur de la ciudad: Ciudad Bolívar, Usme y los cerros sur orientales hacia el río Bogotá, se ve afectado diariamente por los residuos industriales, que a lo largo de los años han convertido sus 28.27 kilómetros en una corriente de contaminación constante. Las descargas de los vertimientos de origen residual y las aguas servidas en la localidad de Usme, son parte de este problema, pues en muchos sectores existen incluso descargas residuales directas; por ejemplo, en el sector comprendido entre el río Bogotá y la autopista sur se descubrieron residuos y agentes contaminantes producidos por las industrias y los sectores domésticos. En esta zona los negocios de curtiembres se destacan como una fuerte fuente contaminante, así como la influencia del Relleno Sanitario Doña Juana que carga el río de tóxicos como amonio y arsénico.

Basta pensar en todos los ríos que pasan o circundan la ciudad para horrorizarse con la idea de permitir y aumentar ese desastre ambiental.

El río Fucha recibe aguas de quebradas como San Cristóbal, San Francisco y La Peña y de los canales San Blas, Albina, río Seco y Los Comuneros. Éste fue parte fundamental de la investigación y permitió esclarecer que alrededor de 31 vertimientos descargan constantemente niveles muy altos de contaminación, lo que pudo demostrarse gracias al monitoreo en diferentes puntos. Se vio también que a medida que aumentaba el recorrido del río, aumentaban los agentes contaminantes. El níquel, ese metal pesado, es generado en muchos casos por la influencia del sector mecánico y metalmecánico, lo que resulta en un aumento de la materia orgánica total.

Pese a que gran parte de la mala calidad del agua es causada por incidencia de las zonas industriales (que en el caso del río Fucha se presenta en la Avenida de las Américas), el impacto de los residuos domésticos también se postula como un agente pequeño, silencioso y con mucho poder contaminante.

Entonces, algunas recomendaciones de los investigadores son no mezclar el agua con grasas o con elementos líquidos contaminantes como varsol o ACPM, tratar de reutilizar el agua con la que se lavan los platos para limpiar otras cosas y hacer uso de las aguas lluvias para las cisternas. Esta propuesta se hace porque en cierto punto del proceso y recorrido del drenaje de esta agua se encontrarán con el agua que se descarga en los ríos.

“Es importante entender que esta investigación también es un llamado de atención sobre el cuidado y el uso del agua en la ciudad, los problemas no solo son de calidad sino también de cantidad. El uso del recurso en un restaurante, por ejemplo, preocupa por la cantidad de agua que es contaminada y que se acumula en el alcantarillado y esto, progresivamente se adhiere a otro tipo de problemas como el cambio climático, y esto con certeza hará de este problema una ola imposible de parar”, asegura Obregón.

La realidad del estado del agua se acerca también a un signo de identidad en el que el creer ser civilizados nos ha llevado a ser más incivilizados. Sí. Debemos entender que el tiempo traerá resultados y consecuencias tanto de la calidad del agua, como de la calidad de nuestras vidas. La tierra no podrá resguardarnos más y dejará de importar un dilema tan simple como mantener, o no, el vaso lleno más no vacío. Esta consciencia se puede tomar a partir de los resultados de este estudio o no.


Para leer más…
Alcaldía Mayor de Bogotá, Secretaría Distrital de Ambiente, Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Calidad del sistema hídrico de Bogotá. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008.
+Rebolledo, F., Campos, P., Obregón, N. (2004). “La gestión del agua potable en Colombia”. En Evaluación de plantas potabilizadoras-Manual. México, Ripda Cyted.
 

Descargar artículo