Ganges: espejo de una crisis ambiental

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Recorrer el Ganges para un occidental es darle la oportunidad al cuerpo de sentir, ver y olfatear diferente, es adentrarse en una cultura colmada de contrastes exorbitantes. Dicen que detrás de un río hay un pueblo y el Ganges no es la excepción, a lo largo de sus 2.507 km de extensión emanan las raíces de la cultura india: su arcaísmo, que se entrelaza con lo moderno; la espiritualidad cargada de tradición, el caos y ruido atosigante de las multitudes; y los valores culturales de pureza que se vuelven una paradoja ante los ojos de quienes pisan esta tierra, de colores y sabores singularmente seductores para unos, y abrumadora para otros.

Todos los rituales y experiencias que confluyen en la diosa Ganga, como lo llaman (iniciaciones, exorcismos, la celebración por la vida, el adiós a los que mueren, purificación para el alma de los vivos y alimento para los ancestros que ya no viven), siempre están cargados de una energía purificadora, de liberación y de limpieza de los karmas que llevan a la inmortalidad y bienaventuranza en las vidas futuras. No obstante, aunque el poder de Ganga está todos los días del año, según la tradición y el calendario lunar indio, hay unas fechas en las que el río realza su fuerza salvífica.

Cada tres, seis y doce años se celebra el festival Kumbh Mela, que engloba la peregrinación más grande del mundo. Puede congregar hasta 120 millones de personas durante un mes lunar, y cerca de 8 millones de personas  reciben la ventura que Ganga entrega en uno de sus días más auspiciosos. Multitudes de cuerpos entran al agua helada que baja del glaciar de Gangotri, en el Himalaya, a más de 5.000 metros de altura. Las cabezas se sumergen una, dos y tres veces buscando la inmortalidad, en un ritual acostumbrado por los devotos en esta fecha.

La diosa termina siendo todo un poema difícil de leer y un tanto incomprensible. Es la belleza de la limpieza corporal y espiritual representada en los rituales, en donde todos los karmas se van, frente a la contaminación masiva que consume poco a poco a la que da la vida, purifica y salva. Y así también pide a gritos que la rescaten: en las mismas aguas donde las personas, sin dudarlo, se sumergen para liberar sus karmas, también se zambullen los desechos de  50 ciudades principales, la mayoría con una población superior a los 50.000 habitantes, como Kanpur, Allahabad, Varanasi, Patna y Calcuta; y cerca de 118 pueblos, que viven alrededor del río, y que depositan en las aguas todos sus desperdicios y residuos sin tratarlos.

¿Qué pasa si Ganga desaparece? Ella es más que la diosa de la limpieza ritual, está relacionada con casi todos los aspectos y medios de vida de las poblaciones en las que es venerada. Allí confluyen la biodiversidad, la vida social, económica y ecosistémica de los pueblos; aporta 30% de los recursos hídricos de India, 90% para irrigación de cultivos de arroz, trigo, caña de azúcar, lentejas, papas, así como legumbres, chiles, mostaza, ajonjolí y otros, con los que se sostiene el 43% de la población, o sea, entre 580 y 600 millones de personas en 11 estados de la India. Alrededor de su magna belleza, las expresiones armónicas y espirituales que por ella se manifiestan y su contribución a la economía agrícola, se estima que un tercio de la población india vive en la cuenca del río Ganges y es la directamente afectada por las diferentes causas de deterioro del afluente.

La pregunta de qué pasaría si el río Ganges desapareciera caló en la cabeza de los investigadores javerianos Ana Milena Piñeros, ecóloga y magister en Conservación y uso de la biodiversidad, y de Roberto Restrepo, filósofo y director de cine. “Es como si Jesucristo, quien soporta todo y perdona los pecados para el católico o para el cristiano, desaparece como resultado de la contaminación, acción o intervención humana”, comentan. Sin muchos recursos pero con una enorme cantidad de información recabada a través de largos días de investigación, emprendieron una travesía por el Ganges para conocer las tradiciones y la cultura india, y luego transportarlas al arte audiovisual.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es un largometraje colombiano traído de la India, producto de un viaje de seis colombianos, quienes pasaron tres meses caminando, recorriendo y recopilando historias alrededor del río en el que gira la vida de India, pero que también agoniza lentamente. La cinta se estrenará  en junio, en las pantallas de Cine Colombia de Bogotá, Medellín y Cali.

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“Éste es uno de los ríos más contaminados del mundo, pues recibe a diario aproximadamente 4.800 millones de litros de desechos, de los cuales alrededor del 80% son domésticos y el resto industriales, altamente tóxicos; también se suman amenazas como el cambio climático, con consecuencias en el retroceso de los glaciares del Himalaya, destinados a perder cerca de dos tercios de su extensión para 2100 si continúan las actuales emisiones de gases de efecto invernadero. Esto pone en riesgo la existencia misma del Ganges, el cual es alimentado principalmente por el agua aportada por estos glaciares”, explica Restrepo, quien añade: “sin embargo, para los hindúes, es un sacrilegio decir que el río está contaminado, pues es sagrado”.

El río Ganges es el hábitat de especies que hoy están amenazadas por las distintas causas de deterioro que sufre el río. Entre estas, el Delfín del Ganges (Platanista gangetica gangetica), en peligro de extinción; el tiburón del Ganges (Glyphis gangeticus) y el gavial (Gavialis gangeticus), críticamente amenazadas; así  como la última población de tigre de manglar, el tigre de bengala (Panthera tigris tigris), habitante de las islas de Sundarbans, en la desembocadura del río, donde se encuentra en el manglar más grande del mundo.

Piñeros, investigadora del documental, añade que “son cerca de 400  millones de personas las que habitan en la cuenca del río Ganges, la más densamente poblada del mundo, compartida con Nepal, India, Bangladesh y China; y aunque se han implementado algunas acciones para salvarlo, como, por ejemplo, la instalación de más plantas para el tratamiento de aguas residuales, éstas no son suficientes para el volumen de desechos allí vertidos, pues menos de 1/4 de las aguas que llegan al río son tratadas y tanto los pobladores, como la biodiversidad en general son los afectados”.

Un occidental podría decir que no ha visto tierra más espiritual y a la vez más sucia que India, porque el modelo de vida se sale de los principios convencionales de su cultura sin reconocer que él vive sobre la mugre que ha tratado de esconder por años. Los occidentales que se consideran conscientes en términos ambientales, mantienen niveles de consumo exorbitantes que son aún más contaminantes que los de la India. “Marginamos la basura, pero dejamos que pase sigilosamente a las cosas vivas. Las nuevas generaciones presentan, cada vez más altos índices de bioacumulación: tenemos plomo en la sangre, mercurio en el cerebro; además, pensamos en términos de marcas, de producción. Creemos que el agua se produce en las fábricas y las fábricas reales están en otro lado, en lugares que estamos descuidando”, asegura Restrepo.

Entre culturas varía la interpretación de conceptos y, lo que para unos es basura, para otros no lo es. En ese sentido, la palabra se queda corta para describir el tamaño de nuestra realidad. Restrepo resalta que “mientras los indios recolectan basura, porque muchos de ellos no la ven como tal, los occidentales, en su obsesión por erradicar la mugre, la esconden, lo que no quiere decir que no exista”.

Aunque parezcan realidades distantes, los documentalistas de Ganges, un viaje por los sentidos del agua, vieron en India una oportunidad para mostrar el deterioro ambiental, que aunque pareciera único se replica en varios lugares del mundo. Una historia que parece ser la más brutal pero que, al mismo tiempo, es el reflejo de lo más humano: de los contrastes infinitos, como la capacidad espiritual que puede tener el hombre frente la irracionalidad ingenua de sus acciones.

Tras la experiencia, el equipo de producción reflexiona sobre la necesidad de pensarnos como humanos, como parte de la naturaleza y no como sujetos individuales. “Hace falta un cambio de paradigma económico, social y científico, pero también se trata de hacer cambios desde el corazón. Debe haber una transformación de la forma en cómo nos relacionamos con todo lo que nos rodea y con la naturaleza, para que haya una verdadera transformación ambiental”, concluyen.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es una invitación a conocer una vida de contrastes humanos que despertará todos los sentidos en una travesía por las aguas de la diosa Ganga.

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El sonido de las palabras en el Hay Festival

El sonido de las palabras en el Hay Festival

Col Música IL

El Hay Festival es un encuentro de relatos del mundo desde diferentes miradas y expresiones humanas. Todas las historias se entrecruzan en el Caribe y este lugar se convierte en su epicentro. Y es que el Caribe es esa porción de mundo en el mar en la que todos los continentes convergen y surgen culturas diversas que nos llevan a África, Europa y Asia, pero que no se desprenden de América. Desde el Caribe colombiano, el Hay Festival nos hace una invitación que se convierte en lema: “Imagina el mundo”. Hagamos, pues, el ejercicio.

Imagina el mundo. Imagínalo desde la palabra, el sonido, el gusto, la imagen o el color. Ahora, imagínalo desde el gran Caribe. Allí, entre tierra y agua surge el mundo. Las islas brotan como flores sobre el mar, las costas se mojan en ríos de dulce y océanos de sal. El mundo se despierta con el sol y en la noche la marea le canta un arrullo, entonces todo vibra con la frecuencia de las olas. La música está implícita en la esencia del mar Caribe, porque suena por sí solo. Y allí aparece el son y la cumbia, la salsa y el merengue, el calipso, el reggae. Imagina el mundo y prescinde de todo, menos del sonido. Porque todo lo que existe vibra, y todo lo que vibra suena.

De esa región Caribe es protagonista una de las invitadas musicales al Hay Festival: Totó la Momposina, la gran cultora de la cumbia. Si pensamos en su música, encontramos mestizaje y herencia, pero sus canciones son, antes que nada, literatura. Como poemas, Totó canta versos sencillos y reales, que ha tomado prestados de autores como José Barros para inmortalizarlos. Rima el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto para describir su entorno. Las letras son su manera de imaginar el mundo y de hacerlo sonar de acuerdo con su experiencia. Evoca siempre a la naturaleza porque toda su vida ha estado en contacto con ella. Nacer en medio del Magdalena, en una tierra calurosa y tostada por el sol, la lleva a cantarle al Aguacero e’ mayo, a la Candela Viva, a La verdolaga o a El pescador, que narra la cotidianidad de regiones bordeadas por agua: “Habla con la luna, habla con la playa / no tiene fortuna, solo su atarraya…”

Escuchar la música de Totó es remitirse a su entorno, pero, sobre todo, sentirlo. Su música es universal porque es honesta, sin pretensiones; porque los ritmos caribeños nos tocan a todos, pues es ese lugar del mundo donde confluyen los continentes; porque canta a la tierra, que, como el sonido, es parte esencial de nuestra existencia. Totó la Momposina hace literatura que suena y por eso su presencia en el Hay Festival era necesaria para hablar del mundo. La música, acompañada de la palabra, trasciende el discurso y nos permite ir más allá de imaginar el mundo; nos hace sentirlo.

 


*Comunicadora social y música javeriana.

Del diseño a la mesa

Del diseño a la mesa

Entre sombreros andinos, ruanas tejidas y maracas, cuatro profesores de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana cantan a una sola voz La cucharita, de Jorge Velosa, una de las canciones más representativas de la sabana cundiboyacense.

Se trata una práctica común entre los diseñadores Gloria Barrera Jurado, Cielo Quiñones Aguilar, Jairo Acero Niño y Nelson López Gamboa, todos profesores de la asignatura ‘Diseño y cultura’. Llevan más de 10 años rescatando las tradiciones culturales y prácticas identitarias de las comunidades colombianas a través del trabajo de co-creación con estudiantes.

Esta asignatura surgió del trabajo del grupo de investigación Diseño Socio Cultural, del cual hacen parte Quiñones y Barrera. Hasta el momento han resultado publicaciones como Conspirando con los artesanos: Crítica y propuesta al diseño en la artesanía, Diseño socialmente responsable: Ideología y participación, Autonomía Artesanal: Creaciones y resistencias del Pueblo Kamsá, entre otros.

De acuerdo con las investigadoras, en este proyecto se “abordan las problemáticas prioritarias del país en términos del reconocimiento de la diversidad cultural, de la protección de las expresiones culturales de los pueblos y la identificación de situaciones apremiantes como la crisis ambiental, la crisis civilizatoria y los problemas de homogeneización de la cultura”.

Así, los estudiantes crean productos para responder a realidades y problemáticas encontradas en las regiones analizadas interpretando las relaciones culturales, políticas, económicas y ambientales de sus grupos sociales.

“Hacemos una aproximación a diferentes pueblos de todo el país para rendirles un homenaje a aquellos que han sido invisibilizados e irrespetados como los pueblos originarios, los campesinos y los afrodescendientes”, dicen los docentes.

Pesquisa Javeriana estuvo presente en la última clase de esta asignatura con  aproximadamente 15 estudiantes, quienes recrearon los platos más representativos de las regiones Andina, Caribe y Pacífico.

El siguiente vídeo es una recopilación del trabajo realizado durante el ejercicio ‘Carnaval en la mesa’, proyecto en el que los estudiantes escogieron una fiesta colombiana, exploraron sus alimentos y los diferentes oficios artesanales para realizar una propuesta de diseño en torno a los servicios de mesa para estas cocinas tradicionales.

La trasescena del teatro moderno en Colombia

La trasescena del teatro moderno en Colombia

En los albores del teatro en Colombia, los intelectuales y amantes del arte y la cultura se reunían para la lectura de obras teatrales, algunas de las cuales también eran representadas. En aquel entonces –entre 1900 y 1950– los dramas abordaban temas folclóricos, costumbristas y problemas cotidianos, como la tragedia familiar por el embarazo de una joven que aún no contraía matrimonio o la preocupación por el ‘naciente feminismo’, que llevaba a las mujeres a querer expresar sus ideas o salir solas a la calle.

Poco tiempo después ocurre algo inesperado: a partir de 1960 el teatro colombiano da un salto sin precedentes y se ubica en la vanguardia internacional. Aparece entonces el llamado Nuevo Teatro y con él se consolida el teatro moderno en el país. Se crean varios grupos de teatro independiente que trascienden el entretenimiento y que entienden el arte más como una herramienta poderosa de transformación de la realidad social y política.

Pero, ¿qué fue lo que ocurrió entre 1950 y 1960 para que el teatro colombiano pasara del costumbrismo a convertirse en un referente regional? Hacer frente a este ‘misterio’ fue el propósito de la socióloga e historiadora Janneth Aldana, líder del grupo de investigación Cultura, Conocimiento y Sociedad, de la Pontificia Universidad Javeriana, quien a través de una minuciosa revisión de prensa logró comprender los antecedentes de esta transformación. “Sobre esto se ha escrito bastante, pero la historia contada recae en los recuerdos y en los intereses de las personas. Nosotros, a través de la revisión de los periódicos, reconstruimos el proceso en el momento en el que estaban ocurriendo los hechos”, explica Aldana.

La investigación se remontó a lo publicado sobre teatro en los periódicos El Espectador, El Tiempo, El Siglo y a documentos del archivo del Teatro Colón entre 1930 y 1950. Uno de los hallazgos más reveladores es que los intelectuales colombianos vivieron un verdadero remesón al intercambiar ideas con sus colegas extranjeros, quienes empezaron a llegar al país, al tiempo que ellos mismos viajaron a países como Francia, Alemania y Estados Unidos; esto les permitió experimentar en directo el teatro moderno de otras latitudes. Así, durante la década del 50 se dio una explosión de grupos teatrales independientes.

En prensa, Aldana y su equipo se toparon con cuadernillos que exponían cómo se formaban los grupos, quiénes los componían y cuál era su intensión, material con el que reconstruyeron cada historia. De la lista sobresalieron El Búho –primer grupo de teatro independiente en Colombia– y la Casa de la Cultura de Bogotá –que en 1972 se convirtió en el legendario Teatro La Candelaria–.


Salen a escena ‘Los independientes’: El Búho

Entre 1930 y 1940, a través de la Radio Nacional, los colombianos conocieron a Shakespeare, el teatro isabelino del Siglo de Oro y, en general, a los clásicos, que hasta ese momento nunca habían sido representados en el país. Posteriormente, entre 1950 y 1960, hizo su aparición el teatro experimental. De sus viajes al exterior, los amantes del arte dramático trajeron las obras de la vanguardia mundial. El reto era representarlas y consolidar un espacio de trabajo donde ensayar y poder presentarlas al público.

En esa década los temas dieron un vuelco total: se pasó de ‘la damisela que llora por suamor perdido’ a obras como la Conversación sinfonieta, de Jean Tardieu, en la que se traían a escena temas del existencialismo, expresado en el canto incoherente de seis coristas. En prensa se registraba la perplejidad de los espectadores: “aparecían opiniones como ‘Qué interesante ver el existencialismo francés’ o ‘Esto a todo el mundo lo aburre, aquí qué vamos a ser como los franceses […] esto es muy snob’ ”, indica Aldana. La incomprensión del público condujo a los nóveles directores a explorar otras formas de montaje, que es donde reside en gran medida su carácter experimental.

Estas exploraciones, a su vez, eran posibles en la medida en que los grupos lograran autofinanciarse, es decir, ser independientes. Surgieron entonces cantidad de grupos experimentales e independientes, entre los cuales se destacó El Búho, entre otras razones, porque fue el que más tiempo se sostuvo gracias a sus mecenas. Desde el punto de vista artístico, El Búho se preocupó por traer teatro de vanguardia que en Colombia nunca se hubiera visto. “Adicionalmente, son los primeros que cuentan con personas que están pensando exclusivamente en la creación teatral: el montaje y la formación. Ellos realmente estaban innovando”, comenta la investigadora.

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La Casa de la Cultura de Bogotá

Por su parte, la Casa de Cultura de Bogotá, posteriormente La Candelaria, se formó con exintegrantes de El Búho que también buscaban “la independencia en todo sentido: creativa, ideológica, política”. Como indica Aldana, sus fundadores finalmente “tuvieron su propio espacio y buscaron la sostenibilidad del mismo”. A partir de allí, se extendió por el país un teatro de creación colectiva, como el que caracterizó a la Casa de Cultura.

Interesada desde sus comienzos en los problemas que aquejaban a los sectores más vulnerables de la sociedad –  por ejemplo, luchas populares como las de los comuneros–, la Casa de la Cultura implementó una metodología consistente en elegir un tema, investigarlo, hablar con expertos, viajar, para posteriormente hacer improvisaciones y armar varias escenas, de las que el director elegía algunas con las cuales construía un todo coherente; finalmente, se presentaba la obra y se la calibraba y ajustaba.

Este es el principal antecedente del teatro de creación colectiva, políticamente comprometido, que entre 1960 y 1970 se consolidó como el Nuevo Teatro. Solo desde entonces se habla propiamente de un arte dramático colombiano, interesado en nuestras problemáticas, que además innova en los métodos de creación artística y marca de manera definitiva la historia del teatro en Colombia.

Con esta investigación, que esclarece aspectos poco conocidos de los antecedentes del teatro moderno, se abren nuevos horizontes de interés, por ejemplo sobre el teatro universitario, y aparecen inquietudes hasta ahora no resueltas, para por fin entender por qué, si se hace teatro de calidad, la gente no asiste a las salas. Temáticas que seguramente seguirá explorando el grupo Cultura, Conocimiento y Sociedad en futuras indagaciones sobre la dinámica social del arte dramático en el país.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: “El desarrollo experimental del grupo de teatro El Búho y la Casa de la Cultura de Bogotá. Transformaciones culturales en la sociedad colombiana a mediados del siglo XX.
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Janneth Aldana | Facultad de Ciencias Sociales | Grupo de investigación Cultura, Conocimiento y Sociedad.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012

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Sabanas “gemelas”

Sabanas “gemelas”

Hay dos fotografías aparentemente iguales. En las dos hay un caballo y una silla para montarlo; dos jinetes usando un sombrero y de fondo, vegetación: paisajes que representan a dos sabanas colombianas. Una, ubicada en Córdoba, Sucre y Bolivar; otra, en la región de los Llanos. Fue Juan David Anzola, artista visual de la Pontificia Universidad Javeriana, quien las capturó. Fue también él quien realizó varios viajes por algunos departamentos del país, pasando por Montería, Sincelejo, Sahagún, San Antonio de Palmito, Corozal, San Pedro, Puerto López, Yopal, Trinidad del Pauto, Maní, Hato Corozal, Orocué y otros cuantos lugares del norte y este de Colombia.

Anzola viajaba solo en busca de tierras ganaderas. “Yo iba a conocer las fincas y a hablar con la gente”, cuenta. En las dos regiones fue muy bien recibido por las personas que iba contactando viaje tras viaje, “la visita nunca duerme en la cama de uno, pero así me recibieron algunas veces”. Lo invitaban a enlazar el ganado, a pescar, a hacer el almuerzo, a sacar los caballos de las caballerizas. Él decía que sí a todo cargando a veces con su cámara, y otras con su libreta de dibujos o su grabadora para captar sonidos. Luego empezó a buscar eventos como festivales y carreras de caballos, todo lo que le diera pistas acerca de la cultura sabanera.

Así fue recolectado diferencias y semejanzas. Parecidos como que tanto en el Llano y en la Costa cantan al ganado para calmarlo, que ambos grupos de sabaneros tienen “ese amor profundo por su territorio”, la costumbre de la vaquería y la vida campesina, o que la música típica tiene su orígen en el canto al ganado. También oposiciones como que el sabanero de la costa es más alegre y lujoso mientras que en el Llano, al ser un terreno agreste, el sabanero se siente vulnerable y, por lo tanto, es más austero y rudo. En la forma de comer también hay ciertas diferencias: en la costa está la costumbre de comer bollo y suero costeño, mientras que en el Llano se come carne en todas sus variables por lo que, según Anzola, el llanero siempre carga con su cuchillo, que es de uso personal, para comer; además, se come rápido a diferencia de la Costa, donde se come más despacio y con cuchillo prestado.

Como evidencia de esos parecidos y disparidades quedaron dibujos, fotografías, videos y audios. Anzola unía en un solo son los cantos y los sonidos del viento y los pájaros llaneros y costeños. Con eso, simbólicamente, también estaba uniendo dos culturas y dejando muestra de cómo se vive un mismo estilo de vida en dos zonas del país.

Hace más de cinco meses, Anzola decidió abrir un grupo en Facebook en el que ya hay más de 1.700 miembros que son sabaneros de la Costa y el Llano. Este medio se ha convertido en un punto de encuentro de las dos sabanas para crear diálogos; es allí donde ahora los mismos sabaneros comparten fotografías, videos o experiencias de su cultura.

Así, este artista cumplió con la misión de esta investigación que presentó como su trabajo de grado: hacer que los sabaneros del Llano y de la Costa se entendieran y conocieran que, si bien las dos zonas no son iguales, del otro lado del país también existen personas que se hacen llamar sabaneros y viven en torno a una misma pasión. La cercanía de Anzola con los sabaneros y el compartir con ellos también fue una manera de lograr su propósito. Se sentaba con habitantes del Llano y les mostraba una canción típica de la Costa. “Uy, eso es una vaina muy llanera”, le decían.

Así empezaba a crear esa conciencia en la mente de los sabaneros y a ellos les gustaba. Las reacciones fueron buenas, “a la gente le gusta ver que hablen de lo que ellos hacen”, y entonces ellos también hablan horas y horas de caballos, del ganado, de la música”, y diariamente, desde las dos sabanas, le envían más fotos, más videos y más historias sin que las pida.

El ganado, un elemento fundamental que une la cultura sabanera del Llano con la de la Costa Caribe.
El ganado, un elemento fundamental que une la cultura sabanera del Llano con la de la Costa Caribe.

Anzola, como persona, aprendió desde afilar un cuchillo hasta poner una teja, a ayudar o “al menos a no estorbar”, como él dice, y, sobre todo, a apreciar ese conocimiento. Como artista, aprendió a analizar, develar y entender las imágenes que obtenía de las dos sabanas. Para él, las fotografías son tanto del fotógrafo como del fotografiado, así que devolvía todas las que tomaba a las personas para que fueran ellas quienes las conservaran. “Yo iba a tomar relatos, fotos y dibujos, ¿qué tiene que devolver uno? Todo lo que obtuvo. Eso es un punto central”, dice, añadiendo que ese acto de reciprocidad fue siempre muy importante en cada lugar que visitó donde le ofrecían todo sin esperar nada a cambio.

Para el artista, este trabajo también fue la oportunidad de volver a vincularse con el campo, puesto que sus abuelos fueron campesinos, al igual que explorar un tema que lo apasiona, razón por la que inicó la investigación desde varios años atrás. Sin duda, vendrán nuevos viajes que lo seguirán induciendo cada vez más en ese mundo de la cultura sabanera.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Sabana- Sabana
INVESTIGADOR: Juan David Anzola Rodríguez
Facultad de Artes Visuales
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: Enero a junio de 2017 (con muchos viajes previos)