Vacunas: un pinchazo necesario

Vacunas: un pinchazo necesario

Lisbeth

Ya sabemos la respuesta cuando preguntamos cuál es la causa de los cánceres: los médicos entran a sugerir recomendaciones para tener una vida saludable, sin saber exactamente si algunas de nuestras costumbres son las que lo promueven. Pero el día que llega, simplemente llegó y lo hace sin avisar, sin un poquito de compasión. No pasa lo mismo con el cáncer de cuello uterino: tanto nuestra médica epidemióloga caleña, Nubia Muñoz, como el Premio Nobel de Medicina en 2008, Harald zur Hausen, han demostrado con sus investigaciones que el Virus del Papiloma Humano (VPH) es el culpable.

No se explica uno aún por qué hay dudas. Empecemos por el principio: todas las vacunas tienen efectos secundarios, así que no es raro que el organismo humano reaccione ante una sustancia que le está siendo inyectada. La vacuna triple viral, que desde hace más de 40 años se aplica en bebés, los defiende contra el sarampión, las paperas y la rubeola, y aunque las cifras demuestran la reducción de casos casi hasta cero, todavía no se puede hablar de la erradicación de estas enfermedades porque hay personas que no le tienen confianza a las vacunas y son las primeras que se enferman. Países como Australia ‘castigan’ a los padres que no vacunan a sus hijos con multas quincenales.

Un antecedente que marcó quizás el nacimiento de los grupos antivacuna fue el artículo publicado en la revista científica The Lancet en 1998, en el que el cirujano británico Andrew Wakefield asociaba la vacuna triple con casos de autismo. Si bien el artículo fue retractado por contener información errónea, el daño estaba hecho: de boca en boca estos resultados habían llegado a la comunidad, las tasas de vacunación disminuyeron y las enfermedades resurgieron.

En el caso de la vacuna contra el VPH, más del 95% de los estudios realizados a nivel mundial hablan de que es segura. Incluso aquellos que la defienden a ultranza y han estudiado los efectos secundarios, mencionan la posibilidad de que las niñas vacunadas sufran dolores de cabeza y de pecho, desmayos, mareos, alergias. Las estadísticas reportan que tres de cada millón de niñas vacunadas pueden sufrir un shock anafiláctico, que es para preocuparse, y por eso la importancia de que sea administrada con todas las seguridades médicas exigidas.

Lo que ocurrió en Carmen de Bolívar en 2014, ampliamente divulgado a través de los medios de comunicación nacionales y del vecindario, ha sucedido de manera muy similar en los primeros años de esta década en países como Brasil y Perú, y, sorprendentemente, en Japón y Dinamarca, donde se supone que la ciudadanía tiene más acceso y posibilidades de informarse que en países en desarrollo.

De hecho la OMS, la OPS y la base de datos en cáncer —Globocan— demuestran que la tasa de mortalidad por cáncer de cérvix o cuello uterino es doce veces más alta en Bolivia que en Canadá. ¿Qué ha ocurrido? Unos 40 expertos reunidos en Bogotá este mes dieron varias explicaciones: la influencia de los movimientos antivacuna, los episodios colectivos de niñas entrando a los servicios de urgencia de los hospitales luego de haber sido vacunadas, las informaciones ‘negativas’ de los medios de comunicación, el impacto de las redes sociales, el hecho de que el personal de salud aún no está convencido de recomendarla a sus pacientes porque buena parte de los estudios científicos alientan a adelantar más investigación que confirmen los datos encontrados.

El peso del rumor cuando se enfrenta a los estudios científicos inclina la balanza sin misericordia. Y en este punto se concentraron los asistentes a la reunión sobre Prevención y control del VPH y los cánceres relacionados al VPG en Colombia: lecciones aprendidas y el camino a seguir, porque encontraron como una gran debilidad la comunicación de los expertos con los padres de familia, con los maestros, con el personal médico clínico. Robb Butler, científico social de Unicef, recomendó usar más la emoción que la información y los datos, y contar historias más que hablar de estadísticas porque “cuando perdemos la confianza, es extremadamente difícil recuperarla”.

Lo secundó otro experto, el médico Mark Kane, hoy consultor internacional, quien explicó que más que educar con datos e información, la evidencia científica debe ser contada a las diferentes audiencias de tal manera que llegue a esa parte del cerebro que genera diferentes reacciones, como miedo, rabia, felicidad.

Estrategias de comunicación en la propia Dinamarca, en Irlanda, incluso en Perú, han empezado a recuperar esa confianza. ¿Cómo lo haremos en Colombia? Nos urge encontrar una respuesta porque, de acuerdo con Muñoz, con los índices actuales de atención solo se evitarán 220 casos de cáncer de cérvix pero si la cobertura de vacunación vuelve a estar alrededor del 90%, se evitarán al menos 4.000 casos y 1.900 muertes en mujeres que vivirían hasta los 75 años.

 


Los invitamos a unirse al Facebook Live que, en conjunto con los medios especializados SciDev. Net y Directo Bogotá, realizaremos sobre el panorama de la vacunación en Colombia. Únanse a nuestra cuenta de Facebook mañana, 6 de diciembre de 2018, a las 3:00 p.m. (hora de Colombia).

Col Vacunas LF 1

Un cubrimiento electoral aún por mejorar

Un cubrimiento electoral aún por mejorar

La elección de Donald Trump como presidente en 2016 cambió la forma en que se pensaba la política en Estados Unidos. Que un candidato polémico, sin experiencia en cargos públicos, con una retórica sin límites y que acusara a sus adversarios sin reserva alguna ocupara la Oficina Oval puso de manifiesto no solo el descontento del electorado con la política tradicional en el país del norte, también que algo había cambiado para siempre en su cultura electoral.

A tal punto se llegó que los académicos comenzaron a estudiar si los medios sociales y el exceso de las llamadas fake news (noticias falsas) en internet tuvieron que ver en el resultado electoral. Sin embargo, una investigación publicada en el Columbia Journalism Review, la publicación indexada de esa universidad especializada en temas periodísticos, encontró todo lo contrario: fueron los reportajes de campaña de los considerados medios serios (The New York Times, The Washington Post, The Chicago Tribune, entre otros), centrados más en las acusaciones y rumores de campaña, al igual que las historias personales de los candidatos, y no en sus propuestas programáticas de gobierno, los que incidieron en la decisión de los votantes.

Guardadas las proporciones, Colombia parece estar viviendo una situación similar. La actual campaña presidencial se ha centrado en las acusaciones de uno u otro candidato hacia sus contrincantes, en pronunciamientos salidos de la diplomacia que marcaba este tipo de procesos décadas atrás y en una exacerbación de los ánimos gracias a las redes sociales, los cuales han llevado a seguidores de uno u otro partido a protagonizar ataques contra contendientes políticos.

Ante esta situación, Pesquisa Javeriana habló con Mario Morales, profesor asociado del Departamento de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana y Director del Observatorio de Medios –adscrito a la Facultad de Comunicación y Lenguaje–, sobre cómo los medios de comunicación están cubriendo la actual campaña presidencial, los temas que están privilegiando en la contienda y aquellos a los que deberían darle un mayor despliegue periodístico.

Javeriana Estéreo: 40 años al aire

Javeriana Estéreo: 40 años al aire

Se sintoniza en el 91.9 FM del dial. A primera hora de la mañana el oyente se entera de los grandes temas de la economía del país. Durante el día, música clásica y jazz, entre otros géneros musicales, acompañan las labores diarias de quien la mantiene al aire y desde las 7 de la noche nuevamente la radio estación universitaria Javeriana Estéreo vuelve a ser hablada, con programas de actualidad y representativos del quehacer de la universidad, como Bitácora, que cuenta historias de la ciencia que producen sus investigadores.

Javeriana Estéreo cumplió 40 años el 7 de septiembre de 2017 y hoy jueves lo celebra la Universidad con un conversatorio que liderarán algunos de sus fundadores.

En 1977, la Emisora Javeriana se convirtió en la primera estación radial universitaria en la banda FM de Colombia, y desde entonces ha sido parte de muchos de los esfuerzos por posicionar y darle identidad a la radio universitaria en el país y en la región: fue una de las fundadoras de la Red de Radio Universitaria de Colombia (RRUC) y luego de la Red de Radio Universitaria Latinoamericana y del Caribe (RRULAC), que tienen como objetivo promover el desarrollo académico y de comunicación de las universidades.

Dirigida desde 2014 por José Vicente Arizmendi, Javeriana Estéreo 91.9 FM tiene hoy el compromiso de reflejar “de forma más atractiva y dinámica el conocimiento que se genera en la Universidad Javeriana, así como las manifestaciones culturales de Bogotá y del país”.

El Consejo Directivo Universitario, del cual hacen parte el rector, los vicerrectores, algunos decanos, profesores, estudiantes y egresados de la Pontificia Universidad Javeriana, es consciente del reto comunicativo, cultural y universitario de la Emisora, por lo que en la sesión del 3 de mayo pasado propuso que se constituya en un proyecto de liderazgo colectivo, formador –más que replicador– de gusto musical y de opinión, aprovechar aún más la vida universitaria y lograr una mayor apropiación por parte de la comunidad educativa javeriana.

“Volveremos a la época dorada de la emisora”, dijo Arizmendi, quien trabaja en el Plan de desarrollo de la emisora aprobado en 2015.

 

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Para leer más sobre este tema

En 2013, Pesquisa Javeriana publicó un reportaje histórica sobre la emisora. Encuéntrelo aquí.

El enigma de las audiencias de medios

El enigma de las audiencias de medios

Los resultados arrojados por los estudios que miden audiencias definen parte de la economía colombiana y del mundo. Para cada medio masivo de comunicación, una empresa se encarga de entregar cifras sobre mayores audiencias o más altos consumos. Su supervivencia depende de estas cifras.

Las empresas de medición aplican diversas metodologías para intentar dar cuenta del número de personas que ven cierto tipo de canales y programas en televisión, cuáles son las emisoras de radio más escuchadas, los diarios y revistas más vendidos o los sitios de internet más consultados.

“Las industrias culturales de comunicación cada vez dependen más de la medición de audiencias”, dice Juan Carlos Valencia, profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, quien lideró una investigación para comprender cómo se construyen las cifras de audiencia en los diferentes medios de comunicación de Colombia. El ejercicio acogió por el camino a colegas en China, España y Estados Unidos, quienes indagaron sobre los estudios de audiencia en sus países.

“Queríamos entrar a la caja negra”, dice Valencia; “conocer los métodos que utilizan, describirlos desde adentro, tratar de entender cómo se mide, con qué recursividad e ingenio, pero también con qué limitaciones”.


Los currencies y los ratings

Los investigadores identificaron el estudio más reconocido por cada industria mediática. Así, expertos en cada medio analizaron cómo se miden comercialmente las audiencias de las publicaciones impresas, como periódicos y revistas, a través del Estudio General de Medios (EGM); los oyentes de las emisoras de radio de AM y FM, por medio del Estudio Continuo de Audiencia Radial (ECAR); los televidentes con el estudio que realizan Kantar Media y el Instituto Brasilero de Opinión Pública y Estadística (Ibope); ComScore para los sitios de internet de grandes empresas mediáticas colombianas, y Cadbox para los públicos que asisten a salas de cine.

Los investigadores constataron que “es muy difícil medir las audiencias de los medios de comunicación porque somos cada vez más nómadas como consumidores de medios”, según afirma Valencia. “Uno puede leer la última edición de la revista Semana porque la compró en la librería, pero también puede leer la de hace seis meses en la finca del amigo”. Es difícil llegar a cifras precisas, y las que se obtienen realmente no abarcan al grueso de la diversa población colombiana.

Principales estudios de audiencias en Colombia

  • EGM: Mide el hábito de consumo de quienes responden una encuesta cara a cara por recordación de logos de las publicaciones. No abarca ciudades intermedias ni zonas rurales.
  • ECAR: Emplea encuestas telefónicas basadas en la recordación, que aplican a hogares en las principales ciudades del país.
  • IBOPE: Se basa en las mediciones de más de mil dispositivos electrónicos (people meters) instalados en hogares de las grandes zonas urbanas.

El profesor Valencia y su equipo de trabajo tenían la ilusión de que estas mediciones de audiencias servirían para mejorar los contenidos en cuanto a programas e historias. Pero encontraron que “ese es el propósito secundario; realmente la función principal de esos estudios es construir cifras para vender publicidad”. Además, “la industria casi no cree en esas cifras realmente, pero es lo que hay” y si les va bien, las usan como moneda de intercambio: el llamado currency.

“Los estudios de medición de audiencias necesitan reinventarse, así como el profesional que los interpreta”, concluye la también docente Mónica Baquero.


Algunos hallazgos, medio tras medio

En relación con la prensa escrita, la investigación concluyó que, si bien “el EGM es comúnmente descrito como un estudio de lecturabilidad, [esta]puede ser vista desde muchas perspectivas, pero dentro de la industria de los medios impresos priman las miradas del mercadeo”.

El Estudio General de Medios mide la lecturabilidad de los medios impresos.
El Estudio General de Medios
mide la lecturabilidad de los medios impresos.

En radio se encontró que los resultados del ECAR son objeto de frecuentes polémicas, que a veces llevan a las cadenas radiales a rechazarlos y utilizar los de otros estudios: “Cuando les va mal, citan el EGM para decir que les va bien”, dice Valencia.

“La televisión en Colombia representa el 48% total de ingresos de la pauta publicitaria, y comparada con la radio, prensa, revistas y los medios digitales, continúa siendo el medio con mayor inversión”, encontró la investigación. Quizá sea esa una de las razones por las cuales la televisión privada depende cien por ciento de esta herramienta. De acuerdo con Mauricio Rodríguez, director de audiencias de Caracol, “todos los días hacemos comités y revisamos información sobre cada programa, cada sección, el comportamiento por regiones y por edades para tomar decisiones con respecto a la parrilla de programación”.

Esto tiene dos propósitos: medir el rating, lo que es usado por el área comercial para vender pauta; y, desde el área de programación, para tener información de lo que se llama el share, una medida de audiencia que contabiliza televidentes de equis programa de televisión con respecto al total de televisores encendidos. Sin embargo, dicen los investigadores, la muestra representa a menos de la mitad de los hogares colombianos y no abarca el consumo de televisión en espacios públicos ni en internet. Tampoco logra detectar si la audiencia estaba, efectivamente, viendo la televisión o realizando otras actividades.

Kantar-Ibope podría abrir “una ventana interesante para entender y conocer a las personas, sus hábitos cotidianos, la forma en que se relacionan y experimentan diversas formas de mediación simbólica, pero el afán capitalista reduce a la investigación de audiencias a ser un mecanismo para generar ingresos”, concluye la investigación. “La audiencia se convierte en un producto que se comercializa”.

Desde una mirada crítica, la investigación describe cómo se miden las audiencias de publicaciones impresas, radio, cine, televisión e internet en Colombia.

Internet prometía ser el primer medio confiable para la inversión publicitaria, pues “ofrecía técnicamente la posibilidad de medir con exactitud el volumen de las audiencias y crear perfilados más detallados de estas. […] Sin embargo, la medición de audiencias online presenta un panorama aún más confuso que el de los medios tradicionales del siglo XX, como la televisión o la prensa. No existe un acuerdo entre los diferentes jugadores del mercado sobre las métricas adecuadas para dar cuenta de la complejidad del consumo en el nuevo ecosistema de medios digitales”. Una parte significativa del tráfico en internet está a cargo de programas cibernéticos (robots o spiders), y las personas que navegan lo hacen desde múltiples plataformas y dispositivos, lo cual hace muy difícil la medición.


¿Cantidad o calidad?

“Hay una presión brutal sobre las industrias de los medios de comunicación, incluso sobre los medios públicos, comunitarios y universitarios para meterse en esta lógica de la medición”, concluye Valencia. “Cada vez miden más, con mayor frecuencia, con más costos, pero al mismo tiempo hay un escepticismo creciente de la industria de si realmente esas mediciones les dicen algo o no”. Cada vez hay más estudios pero menos confiabilidad.

En esa lucha por el rating y por la pauta hay una tendencia a manipular las cifras, lo que se confirmó a través de información de los mismos medios: “La manipulación significa que yo puedo leer una cifra de manera diferente a como la lee mi competencia”.

Los investigadores proponen hacer estudios más incluyentes, que abarquen a toda la población, combinar las cifras con una comunicación más directa con quienes consumen medios, lo que daría pistas más cualitativas de la receptividad de las audiencias. Elementos como las cartas del lector, llamadas, correos, tuits y likes pueden crear lazos y generar una mayor participación, porque “toda esta obsesión cuantitativa está dejando de lado otras formas en las cuales los medios de comunicación pueden entrar en relación con sus audiencias”, remató Valencia.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Contando colombianos: medición y mercantilización de audiencias mediáticas, conocimiento científico y biopolítica.
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Juan Carlos Valencia Rincón
COINVESTIGADORES: María Patricia Téllez, Mónica Baquero, Alcides Velásquez, John Gutiérrez, Carlos Barreneche, Laura Méndez, Alejandra Beltrán, Antonia Moreno y Paola Saravia
Facultad de Comunicación y Lenguaje
Departamento de Comunicación
Grupo de Medios, Comunicación y Cultura
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2015

Cuando el dolor es in-visible: las narrativas mediáticas

Cuando el dolor es in-visible: las narrativas mediáticas

Una de las imágenes más poderosas en la memoria colectiva colombiana es la fotografía tomada por Frank Fournier el 16 de noviembre de 1985. En ella se muestra a Omayra Sánchez, una niña de 13 años a las puertas de la muerte que agonizó durante tres días, atrapada entre los escombros de lo que había sido su pueblo, Armero, ante la mirada impotente de los cuerpos de socorro que no tenían el equipo necesario para salvarla. A través de los medios de comunicación, el país entero la acompañó en sus horas finales. Su trágico destino se convirtió en el símbolo del dolor nacional ocasionado por el desastre natural que arrasó el 96% del territorio del pueblo tolimense y mató a más de 23.000 de sus habitantes.
El caso de Omayra presenta los medios de comunicación como actores que pueden cumplir fines contradictorios. Por un lado, ellos dieron a conocer y visibilizaron su historia, conectaron al país con la tragedia de Armero. Pero, por otro lado, ayudaron a crear una cortina de humo en torno a las responsabilidades políticas del gobierno de Belisario Betancur por su respuesta a la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19, ocurrida a principios del mes de noviembre de 1985.

Esa doble función de los medios de comunicación, además de la paradoja que entraña hacer visible el dolor de una tragedia hasta el punto de volverlo invisible, es uno de los puntos que más discute la investigación emprendida en 2014 por Patricia Bernal y Claudia Pilar García, de los grupos Comunicación, Medios y Cultura, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, y Filosofía del Dolor, de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana.

“El dolor tiene una dimensión cultural, no solo fisiológica. Está atado al concepto de sufrimiento”, dice Patricia Bernal, una artista que desde sus estudios de Maestría en Comunicación ha querido entender la manera de abordar el dolor a lo largo del siglo XX, una inquietud que continuó estudiando en su tesis doctoral, esta vez desde el punto de vista de la filosofía. El interés es compartido por la coinvestigadora y magíster en Comunicación, Claudia Pilar García, quien se ocupa de la configuración de los acontecimientos sociales a partir de las representaciones y narrativas mediáticas. En el estudio de las construcciones culturales del dolor participaron también Luis Fernando Cardona, del Grupo de Investigación sobre Filosofía del Dolor, y Javier Moscoso, historiador y filósofo del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid, España, ambos como asesores metodológicos del proyecto. Este mosaico de investigadores y asesores refleja claramente el espíritu interdisciplinario que caracteriza el acercamiento al problema.

García y Bernal preparan la edición del libro que ofrece respuestas a varias de las preguntas que guían esta investigación: ¿Cómo se narra el dolor?, ¿cómo es representado en los medios de comunicación nacionales?, ¿cómo un dolor propio e individual se convierte en un dolor colectivo a través de los medios de comunicación?

El dolor, como unidad de análisis, se aborda mediante cinco categorías: representaciones sociales y culturales; la experiencia del dolor; la interpretación que se le da en la relación, interacción y apropiación simbólica; las narrativas mediáticas, y la invisibilidad del dolor. La primera de ellas se materializa al hacer de la noticia un espectáculo, hasta el punto de banalizarla y convertirla en algo vacío. La experiencia del dolor incluye las manifestaciones individuales y colectivas del dolor, sin olvidar la apropiación política y cultural del mismo. La interpretación del dolor es hecha por el observador de la noticia presentada como espectáculo; tanto las personas que son víctimas directas del dolor como aquellas que son testigos de este a través de los medios de comunicación están sujetas a la interpretación del dolor que los medios presentan. Finalmente, la naturaleza del dolor tiene algo de inefable, algo que no pueden contar las narrativas utilizadas por los medios de comunicación. En su intento vano de comunicar algo que no se puede contar, estos medios se quedan en la superficie y terminan banalizando el dolor experimentado por las víctimas.

Las investigadoras analizaron alrededor de 1.300 noticias y 500 fotografías publicadas por los periódicos El Tiempo y El Espectador entre el 13 y el 23 de noviembre de 1985, no solamente sobre la tragedia de Armero, sino además sobre otros hechos centrales, como la toma del Palacio de Justicia por el M-19, los partidos de fútbol y el Reinado Nacional de Belleza en Cartagena, eventos paralelos que fueron claves para contextualizar este acontecimiento.

“Lo que se hace con el dolor, desde el punto de vista de su construcción mediática, es que se nombran las tragedias, los dramas humanos, pero al hacerlo se vacían de contenido”, afirma García, quien comenta que en abril pasado, cuando se socializaron los primeros resultados en la conferencia Armero: 30 años después: duelo y memoria, tanto científicos sociales como sobrevivientes, familiares de desaparecidos, socorristas y ciudadanos recordaron todo aquello que no pasó por los medios. En síntesis, antes que un cubrimiento, hubo “un encubrimiento de procesos políticos. Lo que tapa Armero es Armero mismo”, revela García.

Pero ¿cuál es la razón que impide a los colombianos apropiarse de su continuo dolor y empezar la fase del duelo? Según la investigación, una de las razones es la distancia entre los sucesos que producen el dolor colectivo y la manera como estos son apropiados por la gente. Esta distancia es generada por los medios de comunicación, que crean un acontecimiento diferente al sucedido, hasta el punto de saturar al público e invisibilizar el suceso original.

En aquello que fue una tragedia natural se encontraron todo tipo de connotaciones políticas y sociales, pero en el fondo, significó “gobernar una tragedia”. Eventos posteriores, como las volquetas cargadas de arena que taparon la salida a la superficie de los cuerpos, consecuencia de la emergencia sanitaria, la inexistente sistematización de nombres de las víctimas o las historias de vida de las familias afectadas por la desaparición o muerte de los suyos, prácticamente no recibieron la atención de los medios de comunicación, según las investigadoras.

Escoger la tragedia de Armero como unidad de observación no significa que sea la tragedia nacional de mayor impacto de los últimos años, ni tampoco que sea la más documentada, explican. Quizás una de las pocas características que realmente la distingue sea la de ser una tragedia de origen natural, aunque claramente permeada por debates políticos en torno a la falta de gestión del gobierno para prevenir los resultados de la catástrofe, así como a la poca eficiencia en el manejo de la crisis y de su utilización como cortina de humo.

Nuestro país, sin embargo, es un terreno fértil para el dolor. Para García y Bernal, Colombia vive de manera permanente en este estado, en gran parte generado por la violencia y el conflicto político y social. Incluso, afirman que una de las razones que hacen difícil superar esa espiral es que el país no ha asumido en realidad su dolor, y sin hacerlo es imposible comenzar el proceso de duelo que eventualmente termine en una verdadera reconciliación. Esta tesis resulta de una sorprendente actualidad en un momento en que el gobierno nacional se encuentra en negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC, cuando muchos hablan de las acciones que deberían marcar la entrada del país en un marco de posconflicto.

Precisamente, otra de las aspiraciones de la investigación es posicionar el discurso académico y contribuir de manera directa con la realidad del postacuerdo, proponiendo asimilar el dolor colectivo al visibilizar las víctimas e iniciar un proceso de duelo que conduzca a una verdadera reconciliación, al intentar comprender lo invisible del dolor, que pareciera inefable aún cuando se nombra.


Para saber más:
  • » Bernal, P. y García, C. P. (2015). La experiencia del dolor: una perspectiva antropológica y filosófica. Ponencia para el XVI Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana. Bogota: Universidad Santo Tomás.
  • » Bernal, P. y García, C. P. (2015). Lo in-visible en los relatos mediáticos. Ponencia para el VIII Seminario Regional ALAIC. Córdoba, Argentina: Universidad Nacional de Córdoba
  • » Bernal, P. y García, C. P. (s. f.). La narrativa del dolor: una construcción cultural. (Manuscrito en proceso de edición.)

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