Sofía: de niña curiosa a sabia investigadora

Sofía: de niña curiosa a sabia investigadora

Sofía está a menos cinco grados bajo cero (-5ºC). El frío es terrible y a duras penas reconoce cómo el sol se asoma entre las colinas de Sheffield, el lugar más verde de toda Inglaterra. Peak District fue su hogar, un pequeño pueblo a las afueras de esta ciudad donde vivió desde 2007, cuando se aventuró a sacar adelante su doctorado en ciencias. Fue su casa, su laboratorio de experimentación con semillas, su motivo, su razón. Estas diminutas partículas dadoras de vida, y el olor a pasto podado en la mañana, la mantenían atada a Colombia, a los recuerdos de las intensas heladas de los 70 cuando su mamá ponía sobre la mesa un jarrón con flores mientras la preparaba para ir a estudiar.

Hoy, siete años después de haber regresado a Bogotá, son esos 8.434 Km y 13 horas, 55 minutos de vuelo lo que lamentablemente la separa de sus más grandes amores: las colinas y los laboratorios donde pasó semanas completas analizando semillas, y un inglés que le cambió la forma de ver el mundo: Geoffrey, quien le hizo ver que “con él, la vida es mejor”.

Ella es bumanguesa de origen pero ‘rola’ de corazón. Llegó a la capital a los dos años, cuando su papá fue trasladado. Su cabello era color café, con destellos dorados; su sonrisa siempre fue característica, ingenua y un tanto pícara. Creció junto a sus dos hermanos menores, José y Luis, con quienes jugaba a “los autos”. Ella tenía un gusto particular por su maquinaria, sus ruedas. Aunque fue la niña consentida de papá, era la del ‘temple’ en casa, la mujercita con carácter y ‘berraquera’, la misma que heredó de su mayor inspiración: su abuela Alejandrina Herrera.

Sofía recuerda que le encantaba escuchar las historias de vida de su papá, Orminso Basto, un campesino que creció en Armero y desde los seis años recogía arroz para pagarse la educación, y claro, las de su madre, Concepción Mercado, oriunda de El Guamo, Bolívar, quien por años se dedicó a la costura para sacar adelante su hogar. Su madre era una mujer firme, de convicciones fuertes y una determinación ejemplar ante la cultura machista de la Costa Atlántica de mitad del siglo XX; de hecho, fueron ella y su abuela quienes le inculcaron la pasión por la educación, ese deseo efervescente por sumergirse entre las páginas viejas de los libros en las bibliotecas. Sofía leía todo lo que podía, no en vano su nombre proviene del griego sophia, que significa “sabiduría”. El resultado de una mezcla entre la genética y la influencia familiar.

Inquieta, carismática y con una sonrisa tan brillante como su intelecto, su gusto por la lectura y las curiosas historias que su padre le contaba en las noches la hicieron persistente, incluso un poco intensa en su capricho por aprender a escribir lo más rápido posible. Así, un pizarrón y unas cuantas tizas de colores terminaron en su casa; era un recuadro verde, colgado sobre la puerta de la cocina, un tablero donde esculpía con palitos y bolitas lo que resultó ser su más grato recuerdo de la niñez: aprender las vocales siguiendo las instrucciones de su mamá.

Sofía no olvida su primer día de clase. Como todas las mañanas, se despertó con un intenso olor a mazorca y café tostado, sobre el comedor la esperaban un par de envueltos de maíz con tinto; pero ese lunes de 1977 fue diferente: por fin repasaría las planas sobre sus cuadernos ferrocarril junto a más niños como ella. Todavía conserva el recuerdo de su padre asomado sobre la ventana, con sus ojos llenos de lágrimas al dejarla en el salón.

De ahí en adelante, el colegio Nuestra Señora del Pilar, en Bogotá, se convirtió en su aliado. Fue por doce años su manual de estrategias para escapar de los “problemas de los adultos”. A sus seis años su vida tomó una nueva dirección: su padre partió de casa. Sofía decidió asumir la responsabilidad de ayudar y cuidar a sus hermanos menores, sin embargo, no olvida que su papá le contaba cada noche la historia del “lado oscuro de la luna”, un cuento con el que descubrió que el hombre viajó al espacio y que le hizo determinar radicalmente que se dedicaría a explorar la ciencia. Su destino.

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La filosofía fue cómplice en la misión de sobrevivir. En décimo grado reflexionó, durante sus clases, sobre el sentido de la vida. Tenía 16 años cuando tomó la decisión de no tener hijos. En Once, recuerda, por primera vez rompió los esquemas, se liberó de una educación restrictiva, autoritaria y poco crítica. Las taras de mitad de siglo. Soy rebelde, de Jeanette, se convirtió en su canción favorita. Fueron esos versos los que hablaron por ella, sobre lo que estaba viviendo en los momentos de crisis durante su adolescencia:

“Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así /
porque nadie me ha tratado con amor /
porque nadie me ha querido nunca oír. /
Yo soy rebelde /
porque siempre sin razón /
me negaron todo aquello que pedí”.

Terminó el colegio. Con el tiempo empezó a ver de a poco a su padre mientras él seguía influenciando su vida académica, inculcándole la importancia de estudiar para salir adelante y enseñándole lo valioso de hacer las cosas bien hechas. Sofía llevaba una vida disciplinada, no salía al parque, al cine y mucho menos pensaba en las ‘rockolas bailables’. Sus grandes ojos se tornaron muchas veces rojos al pasar horas entre las páginas de inmensos libros de ciencias. Eso sí, sus notas eran tan altas como sus aspiraciones: estudiar biología y llegar a una maestría y un doctorado en un país de habla inglesa aún sin conocer el idioma.

Esta joven siempre tuvo un gusto particular por las ciencias, por la sensación que le despertaba descubrir y explorar nuevos mundos. Con los años se volvió tímida, callada y muchas veces introvertida, pero eso no fue un impedimento para que sus notas hablaran por ella. Hacia 1989 dio el primer paso para cumplir sus sueños al inscribirse en la carrera de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana tras recibir una beca del Sena por sus altas calificaciones. Estudiar era su hobbie; nunca practicó algún deporte pero ejercitaba su mente todos los días en la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J. Tenía el deber de obtener las mejores notas porque, de no hacerlo, perdería su beca.

Fisiología vegetal y el curso de invertebrados fueron sus materias favoritas. Para entonces, Sofía ya vivía con su familia en el barrio Álamos Norte, en Bogotá, y tardaba más de una hora en llegar a la Javeriana. Su lonchera siempre iba cargada de frutas: manzanas, bananos, peras, unas cuantas fresas y a veces uvas, porque era un privilegio que no se veía todos los días. “Yo creo que desde niña tenía una tendencia vegetariana. No me gustaba el huevo y ahora me toca de a poco; no me gusta la carne roja, pero después, cuando empiezas a ver que es escasa, entonces las cosas son distintas”, menciona.

Por esa misma época abrió sus ojos a un mundo rico en conocimiento, a un universo fílmico, literario y musical. Carl Sagan se convirtió por muchos años en su amor platónico; la película Como agua para chocolate, en su plan de fin de semana; y la obra Air, de la Suite Orquestal Nº 3 BWV, de Johann Sebastián Bach, las melodías y armonías perfectas para acompañar sus horas de estudio. Terminó su pregrado con 24 años, pero no podía pensar en pagar sus estudios de posgrado o doctorado porque ahora debía, junto con su tía Rosiris, proveer para su hogar. Su madre sufría de quebrantos de salud y sus hermanos estaban estudiando en la Universidad Nacional: José, Arquitectura, y Luis, Economía.

Sofía empezó a dictar clases en 1993, eran monitorías en Fisiología Vegetal y Fundamentos de Biología. Después de terminar sus estudios de pregrado, visitó por varios meses las oficinas administrativas de la Facultad de Ciencias en busca de una plaza como docente, pero no la encontró. Un martes de 1996 “se le hizo el milagrito”. Fue contratada como maestra de hora cátedra con su primera clase: Biología evolutiva, la misma que hoy, 23 años después, dicta a estudiantes de Nutrición y Dietética, Bacteriología, Enfermería, Biología y Ecología. Sofía considera que su habilidad para enseñar y la empatía con sus estudiantes son las razones por las cuales está a la cabeza de los cursos básicos para esas carreras. “Siempre me ha gustado y se me ha facilitado enseñarle a la gente; desde muy pequeña enseñaba matemáticas en el colegio, de ahí fue cómo empecé a ayudar en la Universidad”, añade.

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Su deseo insaciable por explorar y descubrir nuevos mundos, por superarse y salir adelante, la llevó a pagar sus cursos de inglés en el Centro Colombo Americano. Sabía que la ciencia sobre la que aprendía con diccionario en mano estaba en inglés. Un reto más en su vida, un peldaño más para escalar. Así se propuso con su primer sueldo ahorrar para pagarse los cursos y postularse en universidades extranjeras para hacer su maestría.

Obtuvo tres becas para viajar al exterior, pero las tres se las negaron en la etapa final por no tener un puntaje alto en el idioma: las dos primeras, en 1998 y 1999, para estudiar en Holanda, y la tercera en 2000 para estudiar en Nueva Zelanda. Fue una época triste y desoladora. Lloró y lloró mucho. Aprender inglés se había convertido en su mayor reto. Pero, aunque todo se desvanecía, tomó la decisión de limpiarse el polvo de sus rodillas e iniciar de nuevo, terminar esta tediosa etapa y empezar, en febrero de 2005, su maestría en Biología en su alma mater. El idioma ya era un problema superado, lo había dejado atrás.

“Soy una persona muy perseverante; si me caigo, me levanto, y si me toca 20 veces, 20 veces me levanto. Si inicio algo, lo termino. Soy muy responsable”.

Sin embargo, no fue su final feliz. Recuerda que el momento más emocionante de su vida ocurrió el 12 de junio de 2006, al recibir dos noticias que cambiaron su destino: la aprobación de una beca que entrega la Javeriana a los profesores para apoyar su formación y perfeccionamiento en inglés, y la beca del Programa Alβan, (becas de alto nivel de la Unión Europea para América Latina) para hacer un Ph.D en la Universidad de Sheffield, Reino Unido, en Ciencia Animal y Vegetal.

Tuvo un mes para estar en Inglaterra, radicarse allí e iniciar clases; menos de una semana para entender los problemas de los ecosistemas que estaba estudiando; un par de días para acostumbrarse a esta nueva cultura, una sociedad totalmente independiente, y casi que, en tiempo real, desarrollar la habilidad de grabar y transcribir sus clases de estadística avanzada en inglés para entenderlas. Según recuerda, sus compañeros definían su doctorado como una “historia de terror”. No tenía las condiciones apropiadas para alimentarse, vestirse o incluso vivir porque era eso o terminar satisfactoriamente sus investigaciones, era eso o pagar la parte de la matrícula que no alcanzaba a cubrir con sus becas para que no la devolvieran a Colombia.

Fueron cuatro años de trabajo arduo, días completos dentro del laboratorio analizando los efectos del cambio climático y la polución por nitrógeno en los bancos de semillas. Cuatro años extrayendo muestras para conocer las especies de semillas que estaban en el suelo de las parcelas, en las colinas del Peak District, donde nació un amor intenso y profundo por Geoffrey Odds, un contador con alma de artista, como Sofía lo define.

“Yo lo conocí en 2008, a los seis meses de estar en Inglaterra. Compartimos la vida en Sheffield durante tres años y medio, luego nos casamos en 2016 pero ahora él está allá y yo acá, en Colombia. No es tan fácil, exige sacrificio y compromiso, además es necesario enfocarse porque mi tarea ahora consiste en dictar clases y hacer investigación”, menciona esta científica apasionada por el mango y el color azul en cualquiera de sus variedades.

Sofía regresó a Colombia en marzo del 2012. Como fruto del amor por la ciencia, su perseverancia y disciplina, escribió dos artículos para revistas del grupo Nature, reconocido por incluir las publicaciones científicas más serias, prestigiosas e importantes del mundo. Su investigación sobre los efectos del cambio climático en los bancos de semillas en condiciones de extrema sequía y humedad también fue publicada en la revista npj Climate and Atmospheric Science, mientras que su estudio sobre el efecto de la polución por nitrógeno circuló en las páginas de la revista Nature Communications.

Su investigación sobre la respuesta de las semillas ante las perturbaciones antropogénicas y el cambio climático ha convertido a esta mujer en una de las científicas más destacadas de la Javeriana, en un referente de perseverancia, constancia y valor y un ejemplo de cómo una pizca de curiosidad puede hacer que una niña ingenua llegue a ser una mujer apasionada por la ciencia.

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Comprender y predecir la vulnerabilidad de los ecosistemas frente al aumento de las sequías y la contaminación atmosférica ha sido su tarea por años. Porque, como ella bien sabe, “la ciencia es un mundo maravilloso, es lo que me hace feliz, es mi forma de vida y sí, quienes se dediquen a ella pueden ser felices haciendo ciencia, porque descubrir y entender cómo funciona el mundo es maravilloso”. Por ahora, Sofía busca liderar en Colombia un proceso de comprensión de las semillas, motivar a sus estudiantes para que vean en ella y en muchas mujeres más que sí es posible llegar a ser una consagrada científica, con calidad humana y un buen corazón. Y en un futuro no muy lejano, regresar a los brazos de su amado Mr. Odds.

Un año lleno de ciencia e historias

Un año lleno de ciencia e historias

Acabamos de vivir un año intenso en todo sentido, en el cual no solo definimos un nuevo rumbo en Colombia para el próximo cuatrienio, también vibramos con los triunfos de nuestros deportistas, nos sorprendimos con novedosos descubrimientos, sufrimos con tragedias y trabajamos, a nivel personal, por lograr cada una de las metas propuestas.

Para Pesquisa Javeriana, 2018 fue un año lleno de inmensos retos representados en nuevos proyectos, la posibilidad de ofrecerles a nuestra audiencia nuevos formatos y la firme confianza en contar historias, con el más alto rigor periodístico, y con las cuales buscamos que la ciencia saliera del aula, del libro y del laboratorio donde se construye.

¿Con qué objeto? Para que cualquier persona, en Colombia o en otro lugar del mundo, con un saber profundo sobre ciertos temas o con una curiosidad sencilla, pueda acceder al conocimiento forjado desde la Pontificia Universidad Javeriana y aplicarlo a su vida cotidiana, con la esperanza de que así no solo encuentre las respuestas a las preguntas que lo agobian: también para que genere nuevas preguntas, y acepte el reto de responderlas.

Ha sido un año especial, en el que abordamos cuestiones tan importantes para la vida diaria como el acoso femenino en el transporte público, nuevos y esperanzadores tratamientos en salud, innovaciones en transporte lunar, los desafíos del arte, entre muchos otros temas.

Por ello, queremos compartirles nuestras mejores historias, esperando que nos sigan acompañando en este 2019 lleno de renovados desafíos y proyectos, en los que queremos seguir trayendo la ciencia javeriana al alcance de todos. Y, por supuesto, en el que nos embarcaremos en nuevas y apasionantes historias.


1.
Ciencia en Colombia, ¿una utopía?

/Lisbeth Fog Corradine
/Lisbeth Fog Corradine

Todo está dispuesto para que el presidente Iván Duque cree el nuevo Ministerio de la Ciencia. Sin embargo, desde inicios de 2018, Pesquisa Javeriana viene advirtiendo del profundo y estructurado desorden que vive el sistema de ciencia y tecnología en el país, al igual que ha analizado sus profundos retos. En su columna, Lisbeth Fog, nuestra editora general, abordó esta cuestión desde el germen mismo de esta nueva institucionalidad científica: Colciencias.


2. Efectos de hidroeléctricas: urge una visión integral

/Cortesía, The Nature Conservancy
/Cortesía, The Nature Conservancy

La emergencia de Hidroituango puso sobre la mesa el riesgo de este tipo de proyectos tanto para las poblaciones cercanas como para el medio ambiente. Por ello, destacamos las graves consecuencias ambientales que tiene para la Depresión Momposina la construcción de los proyectos hidroeléctricos en la cuenca del río Magdalena-Cauca.


3. El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

2018 Arbitro
/Joan Philip Charry

El Mundial de Fútbol Rusia 2018 nos llevó a indagar sobre la relación que la ciencia ha tenido con el deporte rey. Así nos sumergimos en la investigación de Andrés Rosas, decano de Economía de la Javeriana, sobre el posible favoritismo de los árbitros hacia el equipo local, el cual se manifiesta con mayor frecuencia al añadir tiempo de reposición si éste va abajo en el marcador.


4. Marco, el vehículo javeriano en la Nasa

/Cortesía, Giovanni Viteri
/Cortesía, Giovanni Viteri

Un desafío planteado por la Nasa llevó a 15 estudiantes javerianos de Diseño Industrial a desarrollar, en tiempo récord, un vehículo espacial para recorrer la superficie de cuerpos celestes en futuras expediciones espaciales. Así revivimos las vertiginosas horas de este desarrollo que concursó con otras propuestas internacionales.


5. Siguiéndole los pasos a Humboldt

/Cortesía, Editorial Javeriana
/Cortesía, Editorial Javeriana

2018 fue el año para recordar la obra del naturalista y expedicionario alemán Alexander von Humboldt. Y fue gracias a Humboldtiana neogranadina, la voluminosa reconstrucción liderada por Alberto Gómez, director del Instituto de Genética Humana, sobre los viajes que el científico europeo realizó a nuestras tierras a comienzos del siglo XIX, que Pesquisa Javeriana realizó un especial periodístico sobre su memoria.

En este podcast nos centramos en el desafío de reconstruir los pasos de Humboldt casi dos siglos después.


6. La educación no salva a las niñas

/Joan Philip Charry
/Joan Philip Charry

Ser mujer en Colombia es una labor complicada. Las constantes denuncias de violencia de género, manifestadas en cuestiones como el acoso sexual en el transporte público, han llevado al país a adoptar legislaciones especiales para proteger a la mujer, pero es un trabajo en el que falta mucho por hacer. Aún quedan problemas estructurales como esta investigación desarrollada por las investigadoras javerianas Luz Karime Abadía y Gloria Bernal, sobre la desventaja que las niñas deben enfrentar desde el salón de clase y que puede comprometer su futuro.


…Y una mención especial

/Joan Phillip Charry - María Paula Ramírez
/Joan Phillip Charry – María Paula Ramírez

Dentro de las metas que nos propusimos para 2018 estuvo siempre el desafío de construir puentes entre la comunidad científica y la población. Y una de nuestras mayores felicidades se produjo cuando Viviana Garzón, estudiante de grado Once en el Colegio Rural El Uval, en Usme, llamó a nuestras oficinas para preguntarnos sobre el retamo espinoso.

Esta sencilla indagación nos llevó a organizar, de la mano de la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) de la Javeriana, una jornada académica en esta institución escolar, en la cual los académicos javerianos le enseñaron a la comunidad las estrategias para controlar esta especie invasora.

Cáncer de cuello uterino: Colombia, al filo de la oportunidad

Cáncer de cuello uterino: Colombia, al filo de la oportunidad

Col Murillo C

El mejoramiento de las condiciones sociales y económicas de nuestra población, sumado al mayor acceso a servicios de salud, ha traído como consecuencia una reducción significativa de la incidencia y la mortalidad por cáncer de cuello uterino, pasando esta última de cerca de 30 por 100.000 habitantes en la década de los noventa, a 12 por 100.000 hacia 2015 (Globocan 2018).

A pesar de este importante avance, la realidad de nuestro país es aún distante de lo alcanzado por los países de altos ingresos, en donde la mortalidad por esta enfermedad es inferior a 5 por 100.000. De otra parte, la información disponible muestra una importante inequidad en el acceso a las actividades de detección temprana, lo cual se refleja en una mayor mortalidad para las mujeres colombianas con menor nivel educativo, las afiliadas al régimen subsidiado de seguridad social en salud  y las habitantes en zonas distantes del país, de acuerdo con estudios recientes.

Este panorama se presenta en medio de un escenario internacional cambiante en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) avanza en una propuesta para eliminar el cáncer de cuello uterino a nivel global. Gracias en gran medida al aporte de científicos colombianos, hoy es claro que la infección por Virus de Papiloma Humano (VPH) es una condición necesaria para el desarrollo de la enfermedad, conocimiento que generó la producción de vacunas que son 100% eficaces contra los tipos de VPH responsables del 70% de los casos de cáncer de cuello uterino en el mundo (cerca de 60% en Colombia) y la producción de pruebas diagnósticas con capacidad de detectar el 90% de las lesiones precancerosas del cuello uterino, permitiendo así su intervención para evitar que se conviertan en cáncer.

La existencia de estas medidas preventivas ubica al cáncer de cuello uterino como una enfermedad esencialmente prevenible y motiva la iniciativa de la OMS. Lo interesante de ello es que nuestro sistema de salud ha integrado las dos medidas: la vacunación de forma gratuita en niñas escolares, desde grado cuarto hasta grado once, y las pruebas de VPH, introducidas en el plan de salud en 2011 y reglamentadas como base de la detección temprana de lesiones precancerosas del cuello uterino para los regímenes subsidiado y contributivo a partir de la Resolución 3280 de este año 2018.

Con una mortalidad decreciente y con las herramientas básicas en nuestro sistema de salud, ¿qué nos impide, entonces, soñar con reducir la frecuencia de esta enfermedad hasta niveles tan bajos que resulten insignificantes para la salud pública nacional? Hoy seguimos teniendo cerca de 4.000 casos anuales y 2.000 muertes por esta causa; la vacunación, a pesar de su oferta gratuita, no cubre más del 10% de las niñas objeto de ella, y la detección temprana, a pesar de su amplia cobertura (alrededor de 80%), sigue teniendo limitaciones en el acceso oportuno al tratamiento de las lesiones detectadas, principalmente, como se dijo, en grupos poblacionales socialmente desfavorecidos.

Hay dos elementos fundamentales dentro de las causas de esta triste situación: uno de ellos, la complejidad de nuestro sistema de salud y las dificultades de acceso, pero el segundo, francamente lamentable, es la desinformación y papel negativo de los medios de comunicación, de grupos con intereses no claros frente a una vacuna que previene una infección de transmisión sexual, y de grupos académicos que con fundamentación equivocada generan temor frente a la vacunación. Con más de 350 millones dosis de vacuna aplicadas en el mundo, la OMS ha venido repetidamente dando partes de seguridad de la vacuna de VPH a partir de los reportes de los programas de salud pública de los países que la han introducido; no obstante, el episodio conocido de Carmen de Bolívar ha dejado una huella indeleble en nuestro programa de vacunación y en las mentes de madres y padres que se niegan a vacunar a sus hijas sin que exista una razón de peso para ello, más allá de la alimentación continua de temores por parte de especuladores sin fundamento.

La ciencia ha jugado su papel con una importante participación de nuestro país. Tenemos datos ciertos y datos propios. El sistema de salud se ha comprometido con ofrecernos las herramientas básicas para la eliminación de un tipo de cáncer, algo impensable hace unos años. Resultaría aciago que nuestro realismo mágico nos haga esquiva esta oportunidad y someta las mujeres colombianas a cien años más de mortalidad por cáncer de cuello uterino.

 


* Director del Centro Javeriano de Oncología, afiliado al Hospital Universitario San Ignacio. Profesor asistente de la Facultad de Medicina en la Pontifica Universidad Javeriana.

Imagen de mujer en la prensa caleña del siglo XX

Imagen de mujer en la prensa caleña del siglo XX

Pasando una a una las páginas del periódico quincenal caleño El Correo del Valle, la socióloga Alexandra Martínez fue descubriendo lo que había detrás de cada uno de los retratos de damas de la élite caleña, casadas y solteras, publicados bajo el título Belleza colombiana.

Al analizar no solamente la serie fotográfica sino algunos de los textos publicados en el periódico, ella y sus colaboradores fueron evidenciando los posibles significados de las imágenes, el papel de la mujer de la primera década del siglo XX y el concepto de belleza que priorizaba sus cualidades morales, estéticas e intelectuales de sus personalidades. Luego la imagen física empieza a tener importancia.

En artículo publicado en la revista Maguaré de la Universidad Nacional de Colombia y titulado Retratos de mujer: imágenes en la prensa caleña a comienzos del siglo XX (1907 y 1908), la investigadora javeriana explica cómo la imagen de la belleza femenina representa a una ciudadanía con necesidades sociales, el auge de la industrialización y la modernización, y cómo se va fundiendo con la publicidad.

Fuente: El Correo del Valle.
/Fuente: El Correo del Valle.

“La intención era darle identidad a la región, aportar a la construcción de región que en ese entonces buscaba constituir a Cali como la ciudad capital”, explica Martínez, mostrando algunas de las imágenes en la pantalla de su computador.

Esta indagación forma parte de una base de datos más amplia, elaborada como parte de la investigación Imágenes e impresos. Los usos y la circulación de las imágenes en la construcción de ciudadanía y de la diferencia. Colombia, 1900-1930, realizada en nueve ciudades del país, que compiló más de 14.000 fotografías, grabados, fotograbados y dibujos publicitarios. El álbum Belleza colombiana publica 53 fotografías, de las cuales 39 son de mujeres de las familias acomodadas de la ciudad.

En el cambio de siglo (XIX a XX), las fotografías femeninas pasan de un ámbito local, íntimo, de los álbumes familiares, a un espacio regional que sugiere posicionar una identidad local en un entorno de progreso. El sentido social de lo femenino representa a la esposa y madre, bella en su interior, símbolo de una ciudadanía pujante.

Los retratos, dice el artículo, “demuestran una tensión visual entre las características que mantienen a la mujer en la austeridad, la espiritualidad, la ausencia de lo terrenal, provista de su belleza interior, vocacionalmente dada al servicio, y la nueva figura emergente de la mujer joven, como una figura pública femenina, burguesa, cuya belleza, protegida por el mundo masculino, garantiza su lugar socialmente reconocido, y el lujo proporciona marcas de prestigio familiar y económico. Este último aspecto delimita una frontera que diferencia el mundo femenino que hace a la mujer de la élite, visible en un mundo social, abierto al público y con condiciones claramente establecidas de inclusión”.

El retrato fotográfico expresa tres aspectos significativos de interés para pensar los retratos de las mujeres de la élite caleña, de acuerdo con Martínez:

  1. Las relaciones domésticas y cotidianas como una forma de fortalecer los lazos emocionales, en especial los familiares, donde se destaca el lugar de la tradición, el apellido heredado y el reconocimiento social.
  2. La profesionalización, que se fue definiendo con el dominio de la técnica fotográfica y, con ello, la firma del fotógrafo comienza a constituirse en garante de la calidad del retrato.
  3. El álbum que aparece como lugar en el que se representa esta doble exhibición: la intimidad de la vida privada, un poco amenazada por su exposición al público.

El tema de la inclusión femenina está presente desde la inauguración de El Correo del Valle, cuya publicación incluía poesía, cuentos cortos, breves ensayos, crónicas, noticias locales, crítica literaria, biografías de hombres notables, consejos para las mujeres, informes de interés municipal y departamental, concursos y publicidad. Además, la imagen fotográfica y grabada constituyó un aspecto interesante para el periódico.

Señora Susana Palau de Velásquez. / Fuente: 'El Correo del Valle', 2 de julio de 1907.
Señora Susana Palau de Velásquez. / Fuente: ‘El Correo del Valle’, 2 de julio de 1907.

Las imágenes publicadas de mujeres representan una serie de valores de la mujer perteneciente a una élite social. Susana Palau de Velásquez, cuyo retrato fue publicado el 2 de julio de 1907, pertenecía a una familia que hizo parte de la clase industrial y política de Cali. “El retrato de esta mujer la presenta reclinada en el espaldar de una silla, en un plano entero, posando de perfil. Por la proporción de su cuerpo parece de rodillas, y la silla aparece sobre una línea de horizonte más elevada. Lleva un vestido dividido en dos partes, la superior es un corpiño que cierra en un cuello alto con encaje, de mangas largas, y la inferior es una falda con enagua al estilo de la moda burguesa del siglo XIX. El marco es rectangular, ornamentado a cada lado. La imagen va acompañada, en la parte inferior, por el poema Pétalos de Ezequiel Gamboa (seudónimo Mario del Mar), quien fue alcalde municipal del Distrito de Cali en 1907; además de la referencia a las flores en el título del breve poema, la referencia a la blancura tanto en la imagen saturada por el velo de su vestido blanco (¿de novia?) que se proyecta por todo el espacio como en las líneas del poema, “De todo lo blanco, de todo lo tenue, de todo lo suave / En vuestra belleza, señora, palpita un resumen […]”.

La escuela, el hogar y la prensa configuran el lugar social de la mujer como educadora moral y cuidadora. “La belleza de la mujer que aparece en los retratos indica la presencia de la familia como elemento central que permite la visibilidad de lo femenino en el mundo de las imágenes, y lo ensancha a una serie de virtudes que deben cultivarse en las mujeres jóvenes que serán preparadas para el matrimonio”.

Las fotografías, en blanco y negro, aparecen en la portada y en las páginas interiores del periódico, generalmente acompañadas de un verso o poema corto.

Señorita Leonor López. /Fuente: 'El Correo del Valle', 30 de mayo de 1907.
Señorita Leonor López. /Fuente: ‘El Correo del Valle’, 30 de mayo de 1907.

El retrato de la señorita Leonor López, del 30 de mayo de 1907, muestra una imagen austera en su composición, de una mujer que posa de pie en un plano americano, el cabello recogido por una cinta que se anuda en la parte posterior de su cuello, luciendo un vestido de media manga que deja al descubierto uno de los brazos. La expresión de su rostro y su mirada son de apariencia relajada, pero la imagen en general tiene una expresión menos pasiva que las del siglo anterior. El marco de la foto es rectangular y está adornado a ambos lados con diseños heráldicos que se proyectan hacia arriba, terminando en flor de lis. La imagen va acompañada con un verso anónimo titulado Ofrenda: “Ornada con las galas de noble gentileza / Te aprestas a la vida. Tus ojos, la alegría / Serán de muchas almas. (Tú ignoras todavía / Que hay almas ¡pobres almas! Enfermas de tristeza)”.

Señorita Mercedes Navia. /Fuente: 'El Correo del Valle', 20 de junio de 1907.
Señorita Mercedes Navia. /Fuente: ‘El Correo del Valle’, 20 de junio de 1907.

El retrato de la señorita Mercedes Navia muestra a una mujer joven de pie al lado de un arreglo floral. El vestido le cubre completamente los brazos y el cuello; lleva el cabello recogido y dirige su mirada a la cámara directamente, aunque en una expresión reposada. El óvalo dentro del marco rectangular ya es usual en el siglo XIX. La mujer tiene un aspecto sutil, provocado por un mayor movimiento en la posición de los brazos y las manos, la coquetería inocente en el gesto del cuerpo, la mirada enigmática hacia la cámara y las orquídeas. Una pose que sugiere una composición intencional –probablemente del fotógrafo– evoca la imagen de la belleza como ausencia. En los cuadros literarios que aparecen en el periódico podríamos usar las palabras de Alberto Carvajal en su composición sobre las muchachas del Valle del Cauca: “¿En qué pensará esa muchacha? –me he preguntado muchas veces mientras seguía mi camino silencioso pensando en la vida” (pp. 3624).

El 11 de junio de 1908 se publican los resultados del Concurso de bellezas, realizado un año y medio después de la publicación de los retratos de bellezas colombianas. El jurado seleccionó a cinco señoritas. “Reconocidas como dotadas de gracia y distinción, fueron publicados los resultados en una página completa del periódico”.

Las señoritas Emma Giraldo (izq.) y Leonor Navia (der.). /Fuente: 'El Correo del Valle', octubre de 1907 y diciembre de 1908.
Las señoritas Emma Giraldo (izq.) y Leonor Navia (der.). /Fuente: ‘El Correo del Valle’, octubre de 1907 y diciembre de 1908.

Emma Giraldo, hija de Julio Giraldo, cofundador del Banco Giraldo & Cía., y Leonor Navia fueron unas de las ganadoras. La primera aparece en la imagen fotográfica con un movimiento de los brazos que expresa cierta sensualidad y gracia. La imagen está representada en un espacio íntimo, donde la presencia de la silla le da un ambiente familiar, tal vez destinado a la alimentación. Vestida de blanco y adornada con pulseras y un anillo en su mano izquierda, significaría un compromiso matrimonial. Es una imagen urbana y burguesa de una futura ama de casa.

En la imagen de Leonor Navia su nombre aparece escrito en el centro y en tamaño mayor que el nombre del resto de las cinco ganadoras. Se diferencia por el efecto que causa la técnica fotográfica de oscurecer el fondo. Es una imagen que flota en el espacio, más cercana a la representación de la ausencia, tanto por su mirada como porque no se ubica en un lugar determinado. Esta ausencia, tal vez dolorosa y, por ello, sublime, se ve neutralizada por la opulencia de las joyas, la belleza y el prestigio que ellas exhiben; es también una novedad que contrasta con la austeridad decimonónica.

Martínez concluye que las imágenes de mujer publicadas en la prensa implica que “la ciudadanía ya no es entendida simplemente como ciudadanía política y como forma de participación política, sino que se convierte en un plural: en ciudadanías, y en distintas formas de ciudadanías. Las mujeres, de alguna manera, asumen un rol activo en la medida que permiten ser fotografiadas y aparecen en un escenario, tienen un nombre”.