Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Lecciones de la pandemia a la luz de la Encíclica Laudato sí

Aplanar la curva de contagios por coronavirus ha sido un asunto de particular preocupación para los gobiernos. Transversal a este escenario han surgido una serie de reflexiones en torno a la necesidad de aplanar también la curva de la pobreza, desigualdad, discriminación, polarización, indiferencia y daño ambiental. En ese sentido, y con la intención de identificar las lecciones globales durante la actual pandemia, la Pontificia Universidad Javeriana llevó a cabo el pasado 28 de mayo el seminario web ‘Aprendizajes de la crisis del Covid-19 para afrontar el cambio climático’.

En esta jornada, a la luz de la Carta Encíclica Laudato Sí, expertos nacionales e internacionales presentaron las lecciones que como peregrinos de la ‘Casa común’ debe asumir la humanidad no solo para afrontar la actual situación sanitaria y social, sino también la crisis que vive el planeta con el calentamiento global.

“Somos parte de un todo, somos parte de la ‘Casa común’ y las transformaciones que se necesitan implican retos para el Gobierno y la sociedad. Esto significa, una nueva ética con la naturaleza”, afirmó Hernando García, director del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, quien también agregó el concepto de ‘salud planetaria’ al referirse a la preservación del equilibrio ecológico, solidario, natural y espiritual del hombre con el medio ambiente.

“La especie humana es un pequeño suspiro en la vida del planeta”, reflexionó García.

 

Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.
Se requiere una decisión clara de parte de los gobiernos y mercados internacionales para invertir en restauración de ecosistemas, recuperación de la agrobiodiversidad y control de la ganadería extensiva.

Manuel Pulgar-Vidal, exministro de ambiente de Perú y actual lider del Programa Internacional del Clima y Energía de WWF, añadió que la pandemia de la Covid-19 se debe interpretar desde la degradación del medio ambiente, la pérdida de especies y hábitats, el calentamiento global y la precaria calidad del agua y el aire en regiones de alta densidad poblacional, lo cual incide directamente en la proliferación de enfermedades como el Zika o el Chikunguña y, en este caso, la Covid-19.

Pulgar hizo un llamado al “renacimiento de la región”, basado en los aprendizajes de la pandemia. Resaltó que no existe un futuro sostenible sin consideraciones ambientales y climáticas, ni se puede pensar en una recuperación futura si no se incorporan las necesidades sociales. Abogó por una visión de sostenibilidad a largo plazo (año 2050) y finalmente dijo que es indispensable articular la economía mundial con la conservación de la naturaleza.

“La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común”: Jairo H. Cifuentes, Secretario General de la Universidad Javeriana, durante la apertura de la jornada.

Por otro lado, Jimena Puyana, coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU en Colombia, sostuvo que las enseñanzas que ha dejado el SARS-CoV-2 en materia de formulación de políticas públicas en países en vía de desarrollo, son: priorizar las inversiones que generan múltiples beneficios y propósitos a través de una ‘economía verde’; invertir en educación, salud e infraestructura desde una perspectiva de conservación, protección y sostenibilidad de la biodiversidad; apuntarle a impuestos que desincentiven la producción excesiva del carbono; apoyar las políticas de reforestación protectora y productora; invertir en las áreas protegidas; generar respuestas integrales -factores sociales, ambientales y económicos- para superar la crisis, y tener una conciencia clara de la vulnerabilidad humanidad evidenciada en la desigualdad y pobreza.

Citando a la revista científica Nature, Puyana destacó que “la pandemia ha ocasionado que el mundo reduzca entre el 17% y el 26% la producción de gases de efecto invernadero en comparación con el año pasado”.

El egresado javeriano Mauricio Rodríguez Castro, presidente de las firmas CO2Cero y EcoLogic, nutrió la conversación a partir de una perspectiva empresarial, desde la que es necesario implementar una economía circular mediante la reutilización de recursos; es decir, que los empresarios articulen sus proyectos con ideas de negocios sostenibles, amigables con el medio ambiente. En términos coloquiales, Rodríguez señaló que “la naturaleza nos está dando una cachetada”, razón por la cual, dijo, motivado por la situación de pandemia, que la sociedad debe pensar en una transformación profunda de su comportamiento, sus hábitos y cultura.

“Previamente se creía que las personas no eran productivas con el teletrabajo, pero la actual situación ha llevado a los empresarios a considerar esta nueva alternativa”, puntualizó Rodríguez Castro.

Finalmente, Andrés Rosas, decano la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, y moderador del simposio, convocó a una rueda de respuestas alrededor de la pregunta ¿qué se puede hacer para cambiar el comportamiento de las personas frente a la crisis del cambio climático? Los panelistas afirmaron, en unanimidad, que la mejor forma para movilizar cambios sociales es entender que la humanidad es vulnerable y que la COVID-19 es un factor de sensibilización que debería llevar a las personas a conectar sus decisiones con su entorno, en este caso el medio ambiente, tal y como lo menciona la Encíclica Laudato Sí: “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión”.

Este simposio se llevó a cabo en el marco de la celebración del quinto aniversario de la Encíclica Laudato Sí sobre el cuidado de la casa común y el acuerdo de las Naciones Unidas de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Lo invitamos a revivir la jornada aquí.

Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia. 
Entre 1970 y 2015, la huella del hombre ha transformado más del 50% de los ecosistemas naturales en Colombia.
Agricultura urbana: cultivos que provee la ciudad

Agricultura urbana: cultivos que provee la ciudad

¿Agricultura urbana? Sí: se trata de prácticas agrícolas a pequeña escala en las ciudades.

Jaime Hernández-García, arquitecto y profesor titular del Departamento de Estética de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, dice que hace unos 50 años, en Colombia y en otros países, la agricultura llegó a las ciudades como una necesidad de los migrantes de relacionarse con el territorio para producir alimentos, pero también como una forma cultural y simbólica de conectarse con el territorio, y como una manera de recrearse.

En 25 años de trayectoria académica, el profesor Hernández-García ha estudiado los barrios populares o asentamientos informa- les de Bogotá, Medellín y otras ciudades de Colombia y de América Latina. Por esa razón, dos colegas europeos, Eva Schwab, de la Universidad Tecnológica de Graz (Austria), y Silvio Caputo, de la Universidad de Kent (Inglaterra), lo invitaron a hacer un paralelo de las prácticas de agricultura urbana en contextos tan distintos como Bogotá y Viena, capital de Austria.

“Lo que se aprecia es que, aunque las motivaciones son distintas, al final […] son prácticas sociales, culturales, de socialización colectiva que pueden contribuir ―por ahora tímidamente― a la soberanía alimentaria, a la sostenibilidad, y también al mayor dinamismo y activación del espacio público”, señala Hernández-García.

Durante dos años consultaron fuentes, retomaron investigaciones anteriores, entrevistaron a líderes comunales e hicieron un ejercicio de muestreo que arrojó resultados individuales a partir de los cuales hicieron el análisis. Revisaron los casos de Viena, en general; de Bogotá, con énfasis en las prácticas del barrio Potosí, en Ciudad Bolívar; y de la Comuna 13, en Medellín.

La coinvestigadora Eva Schwab precisó que las diferencias de las prácticas en cada una de las ciudades fueron evidentes. Calificó como “genial” la agricultura urbana en Viena, donde la población que la implementa es joven y, por lo general, educada en el campo de las humanidades. Pero en Medellín, donde ella hizo la investigación, y en Bogotá, donde la llevó a cabo el profesor Hernández-García, esta práctica es despreciada porque es característica de personas de escasos recursos económicos. “Están haciendo lo mismo, pero no por las mismas razones”, dijo a PESQUISA JAVERIANA.

Aunque resalta que no se trata de una evidencia contundente, para este arquitecto la agricultura urbana nace en Colombia de la posibilidad de proveerse de alimentos, pero también de la necesidad de arraigo de quienes llegan del campo.

Cuenta que, en el caso de Viena, la agricultura urbana tiene que ver más con pensar no solo el espacio público o la ciudad, sino la vida, el relacionamiento social, desde perspectivas menos ‘occidentales’ o más diversas. Es una práctica individual y colectiva que está en algunos espacios céntricos, como parques ―que el ayuntamiento de la ciudad provee o que administran organizaciones público-privadas― y franjas de tierra cerca de los ríos. “Entre quienes las alquilan hay activistas que tienen una relación importante con el desarrollo urbano y ecológico”, señaló Hernández-García.

En Colombia la práctica empezó en los patios, balcones o antejardines de las casas, para luego colonizar espacios comunitarios, pero principalmente en barrios marginales. “La agricultura urbana, en espacios públicos y privados, le permite a la gente una manera de relacionarse, de proveer, quizá no una alimentación completa, como en el campo, pero sí un complemento”, indicó Hernández-García.

Como estrategia del distrito, la agricultura urbana inició en la administración de Luis Eduardo Garzón (2004-2007), articulada al programa Bogotá sin Hambre, recuerda Martha Liliana Perdomo, actual directora del Jardín Botánico de Bogotá, entidad encargada de enseñar las técnicas de ese cultivo en la ciudad.

Era una estrategia de seguridad alimentaria que focalizó sus primeras acciones en Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Engativá y Fontibón, localidades periféricas en donde, según Perdomo, había mayor interés de la comunidad por las huertas urbanas. Aseguró que la actual alcaldía quiere retomar la agricultura urbana para promocionar procesos de inclusión y de sostenibilidad del territorio que contribuyan a la idea de ciudad cuida- dora, incluyente y sostenible que tiene hoy la administración distrital.

“El programa de agricultura urbana, que en la anterior administración capacitó a alrededor de ocho mil personas, plantea capacitar mínimo a dieciséis mil, tener por lo menos veinte mil metros cuadrados de huertas urbanas y promover seis rutas agroecológicas para que los huerteros ofrezcan sus productos”, afirma Perdomo.

Hernández-García, por su parte, considera que la agricultura urbana se vislumbra como estrategia para sortear los problemas de las grandes ciudades de América Latina relacionados con el clima, la alimentación, el desarrollo urbano y la reducción del efecto invernadero. Por eso resalta que, para que pase de ser una buena práctica que depende de la comunidad y de los liderazgos sociales a tener un mayor impacto y ser sostenible, se necesita una política pública fuerte, con planes, programas y recursos.


 

Para leer más
Hernández García, I., Hernández-García, J., Niño Bernal, R., Visiones alternas de ciudad: complejidad, sostenibilidad y cotidianidad, en Bitácora Urbano-Territorial, 20(1), 2012. Recuperado de https://revistas.unal.edu.co/index. php/bitacora/article/view/24780

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
Urban Agriculture: Models-in-Circulation from a Critical Transnational Perspective

INVESTIGADOR PRINCIPAL:
Silvio Caputo

COINVESTIGADORES:
Eva Schwab y Jaime Hernández-García
Facultad de Arquitectura
Departamento de Estética
Grupo de investigación Estética, Habitabilidad y Nuevas Tecnologías

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:
2016-2018

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Bogotá y Seúl: bajo el lente del crecimiento metropolitano

Bogotá y Seúl: bajo el lente del crecimiento metropolitano

Mulas que atraviesan la ciudad rodando sobre rieles de madera y placas de acero eran la imagen que tenían los bogotanos de uno de sus primeros sistemas de transporte durante 1820: el tranvía. Aunque icónico, este desarrollo colonial fue remplazado una década después por el Tren de la Sabana, que conectaba a los cachacos con el Magdalena a la altura de Puerto Salgar y con pueblos aledaños, como Facatativá, Funza, Madrid, Mosquera, Soacha y Engativá.

Con los años, el crecimiento urbano de la capital y el desarrollo de su infraestructura vial y de vivienda hicieron que se sustituyeran estas alternativas de movilidad por un sistema de transporte masivo: Transmilenio y flotas de buses públicos y privados, que conectan Bogotá con su área metropolitana ―22 municipios, entre ellos La Calera, Sopó, Cajicá y Chía―. De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), esta área pasó de tener siete millones de habitantes en 2005 a nueve millones en 2015.

Así, con el propósito de comparar el sistema de planificación urbana de Bogotá con el de países ya experimentados y proyectar su crecimiento, el arquitecto David Burbano, con Doctorado en Periferias y Sostenibilidad Urbana y docente de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, seleccionó a Seúl por ser una ciudad semejante a la capital colombiana en materia de crecimiento poblacional, demográfico y económico, pero disímil en cuanto a la formulación de proyectos de infraestructura.

Burbano contactó a sus colegas Choi Junyoung, Ph.D. en Planeación Urbana de la Universidad de Hanyang, y Vanessa Velasco, magíster en Administración y Planeación Urbana de la Universidad de Seúl, para conocer más de cerca la historia urbana de Corea del Sur, la caracterización de macroproyectos de vivienda en la capital coreana, entre ellos el proyecto urbanístico Pangyo, ubicado en la ciudad de Seongnam, muy cerca de la capital, y su impacto en las zonas metropolitanas.

Con estos datos, Burbano elaboró una matriz cualitativa para comparar las divergencias y similitudes entre Bogotá y Seúl, y entre los proyectos Pangyo, en Seongnam, y Ciudad Verde, en Soacha, a partir de las siguientes categorías: arquitectura, tiempo de construcción del proyecto, población habitante, sostenibilidad medioambiental y tecnologías empleadas.

Luego de un año de trabajo, el docente javeriano encontró que, si bien ambos países com- parten una densidad poblacional similar, los colombianos tienen más espacio para habitar que los coreanos. Esta información responde- ría a los altos niveles de densificación que tiene Seúl en comparación con Bogotá: proyectos de más de 20 pisos de altura para poblaciones superiores a las 100 000 personas, es decir, más personas en menos espacio.

En materia de planificación urbana, Burbano halló una discrepancia significativa entre ambas ciudades. A diferencia de la desarticulada administración del área metropolitana de Bogotá, de acuerdo con el investigador, el gobierno de Seúl es el responsable de liderar megaproyectos intermunicipales: adquirir tierras; formular, ejecutar y supervisar las obras; e interconectar cada una con la infraestructura de las periferias, lo que garantiza acceso a sistemas de transporte público, alcantarillado, zonas verdes y mercados.

Los municipios del área metropolitana de Bogotá son Bojacá, Cajicá, Chía, Cogua, Cota, El Rosal, Facatativá, Funza, Gachancipá, La Calera, Madrid, Mosquera, Nemocón, Soacha, Sibaté, Sopó, Subachoque, Tabio, Tenjo, Tocancipá, Zipacón y Zipaquirá.

Lo anterior sugiere la necesidad de que el gobierno distrital diseñe modelos de asociación municipal para potenciar el desarrollo, el crecimiento y el alcance urbano de Bogotá. Uno de los resultados de la investigación, por ejemplo, arrojó que el proyecto Ciudad Verde no ha impactado positivamente en el crecimiento de la metrópoli ―a diferencia de Pangyo, en Seongnam―, debido a la precaria articulación con sistemas estructurantes metropolitanos, la inexistencia de una adecuada infraestructura de transporte público masivo y la poca preservación de estructuras ecológicas.

En la actualidad, Bogotá cuenta con extensas zonas verdes que le permiten proyectar megaobras articuladas con sus periferias y amigables con el medio ambiente, lo que no ocurre en Seúl, debido a su alta emisión de CO2, producto de su industria tecnológica. Esta es una buena noticia para el país, según Burbano, en la medida en que se aceleren los planes de desarrollo municipal consignados en la Ley 9.ª de 1989, las megaobras no superen los seis años de ejecución y se diseñen mecanismos de concertación regional entre los municipios
y las grandes ciudades para garantizar un crecimiento sostenible y equilibrio territorial.

“Es necesario tener una voluntad política fuerte para generar mecanismos de integración metropolitana a nivel de decisiones de políticas integrales repartidas entre municipios”, concluye Burbano.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
Estudio comparativo entre los macroproyectos formulados en Colombia, con los new town o nuevas ciudades, desarrollados por operadoras urbanas en Corea

INVESTIGADOR PRINCIPAL:
David Burbano González

COINVESTIGADORES:
Choi Junyoung y Vanessa Velasco
Facultad de Arquitectura y Diseño

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:
2015-2016

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El agua en Colombia: retos y desafíos para la gestión integral, conservación y usos del recurso hídrico

El agua en Colombia: retos y desafíos para la gestión integral, conservación y usos del recurso hídrico

Colombia cuenta con una riqueza hídrica excepcional, lo que ha permitido la formulación y ejecución de diversos proyectos de desarrollo en torno al agua, que implican grandes desafíos en su gestión diferencial e integral dentro del territorio dada la complejidad de los escenarios donde se desenvuelven. Proyectos tales como la hidroeléctrica de Ituango (Antioquia), la ampliación de la vía Santa Marta – Barranquilla, las actividades mineras del Cerrejón (Guajira), el fracturamiento hidráulico, la navegabilidad del río Magdalena y la construcción de un megapuerto en el Golfo de Tribugá (Chocó), traen consigo importantes afectaciones a los cuerpos naturales de agua y a los sistemas de que dependen de ella, causando daños irreparables en su estructura y función, para satisfacer a una sociedad en constante crecimiento.

Esto, no solo representa un riesgo para el ciclo hidrológico, ya que son cada vez más son más marcadas las transformaciones en todo el territorio nacional, sino que además se convierte en un riesgo para la salud humana y de los ecosistemas, especialmente por la aparición de enfermedades como el dengue, la alteración de los hidrosistemas, los conflictos por el uso y manejo del recurso hídrico y la falta de acceso en algunas zonas del país. Por tanto, es necesario avanzar en su conocimiento y puntualizar en decisiones fundamentadas por parte de los actores sociales e institucionales, que garanticen la sostenibilidad de los ecosistemas y el agua en el largo plazo, lo cual representa un desafío trascendental en la gestión y sostenibilidad del recurso. En este contexto, el ciclo de seminarios del Doctorado de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, invitó a distintos expertos para presentar sus percepciones y avances sobre el tema.

Es claro que la gestión del agua debe ser integrada con el territorio, donde exista una planificación participativa y articuladora que permita incluir los diversos intereses y necesidades de los actores, percepciones y conocimiento de este recurso, ya que las presiones sobre este, dependen de las dinámicas socioeconómicas y culturales en las que se encuentra inmerso. Por ejemplo, en la Represa del Cercado ubicado entre los municipios de Distracción y San Juan del Cesar (Guajira) y en el Distrito de Riego a Gran Escala de María La Baja, región de Montes de María (Bolívar), el agua es percibida como un recurso necesario en escenarios extractivos principalmente, de monocultivos como el arroz y la palma. Para lograrlo, se han construido infraestructuras al servicio de estas actividades, muchas veces con poca rigurosidad técnica y con una visión cortoplacista, afectando el acceso, uso y control del recurso de manera sostenible.

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De igual manera, la Ciénaga Grande de Santa Marta (Magdalena), ha tenido un proceso histórico de transformación del agua producto de diversos intereses de actores políticos y sociales. Desde las canalizaciones para cultivos, pasando por la ampliación de la frontera agropecuaria, la deforestación, la implementación de grandes obras de infraestructura (carreteras, diques) y la consolidación de distritos de riego, se han modificado los afluentes del sistema. Esto resulta, en una fuerte modificación del complejo cenagoso, alterando su funcionalidad y resiliencia frente a cambios futuros, limitando la oferta de servicios ecosistémicos, fundamentales para la subsistencia y cotidianidad de las comunidades, cuyos medios de vida dependen de este ecosistema.

Hablando de proyectos futuros, el Golfo de Tribugá ha tomado una relevancia reciente, por la iniciativa del gobierno actual, de desarrollar un puerto multipropósito de aguas profundas en el Chocó. Su ubicación geográfica estratégica (en el Pacífico Norte de Colombia) le confiere particularidades oceanográficas que lo diferencian del Centro y Sur del Pacífico colombiano, además de la inmensa riqueza biológica que allí se concentra. Aunque son claros los intereses de algunos sectores económicos y políticos en la construcción de este puerto, existe una preocupación por la alteración e impacto negativo que se puede generar hacia este ecosistema. Esto trae consigo desafíos en la gestión del territorio por parte de las autoridades ambientales y académicas, en el sentido de generar una planificación y gobernanza articuladora y cooperativa, que busquen garantizar la integridad del sistema.

Por otra parte, los procesos de urbanización y de expansión urbana, también alteran el ciclo hidrológico, debido a la eliminación de cobertura vegetal, la generación de residuos sólidos y líquidos, al incremento de áreas impermeables que reducen la infiltración y otras actividades asociadas. La concentración de la población en los centros urbanos y la facilidad en el acceso al recurso, gracias a la infraestructura de acueducto y alcantarillado, influyen en el comportamiento humano frente al manejo del agua en las ciudades, lo que puede llevar por una parte al uso insostenible del recurso y por otra, al almacenamiento de agua para diversos usos, que en algunos casos es mal manejado, favoreciendo la aparición de vectores que trasmiten enfermedades como el Dengue, Chikunguña y Zika, entre otras.

Es así como modelos matemáticos desarrollados por el Dr. Mauricio Santos Vega y su equipo del Grupo de investigaciones en biología matemática y computacional, de Ingeniería Biomédica de la Universidad de los Andes, buscan ayudar a entender cómo y porqué en la ciudad de Ibagué, por ejemplo, las poblaciones humanas almacenan agua para usos sanitarios y de reserva, muchas veces sin las medidas de manejo adecuadas, favoreciendo la proliferación del mosquito, vector de enfermedades virales que representan un riesgo para la salud pública de la población.

Adicionalmente, frente a las diferentes formas de ver el agua y los impactos generados sobre ella, existe la necesidad de plantear soluciones para su gestión integra y uso sostenible. Desde el análisis de narrativas y la ecología política, se puede tener una aproximación a otras formas de analizar el agua, según la profesora Catalina Quiroga y su equipo del grupo de investigación Cultura y Ambiente de la Universidad Nacional de Colombia. Más allá de tener una mirada en función de su uso del recurso hídrico para las actividades económicas, las comunidades también tienen un rol importante en asignar un significado propio en donde se ve expresada su cotidianidad, lo que les permite tanto a estas como al Estado, reconocer estas percepciones, en ocasiones antagónicas, pero que coinciden en ofrecer soluciones técnicas y políticas más acertadas de acuerdo con la realidad socioecológica de cada territorio.

Además, la Dra. Sandra Vilardy y su equipo del grupo de investigación de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, resaltan la necesidad de comprender las dinámicas dentro de los hidrosistemas abordando la gestión con base en las complejidades del territorio, a partir de la construcción de la capacidad de resiliencia de los mismos, por medio de lo cual se permita negociar los intereses y necesidades de los diversos actores que usan el recurso. Necesariamente, se debe tener una forma de gobernanza articuladora y cooperativa que incluya elementos basados en la memoria e identidad del territorio, la diversidad ecológica, las innovaciones, el aprendizaje y la adaptación.

Asimismo, resalta la necesidad de consolidar redes de interacción hacia esferas policéntricas, multinivel, multidisciplinarias y con los habitantes, que complementen las debilidades institucionales, reconociendo las limitaciones y sesgos en la comprensión de los fenómenos ecológicos, sociales y culturales, para generar y divulgar información, así como para el diseño de herramientas de política pública y gestión territorial, como insumos para asesorar a los tomadores de decisiones, y que permita revitalizar el capital social, humano y el bienestar de los pobladores.

Otro aspecto a considerar es la búsqueda de alianzas estratégicas con universidades, organizaciones locales y otras instituciones de investigación, que permitan generar estudios científicos con mayor rigurosidad y de alta calidad, a fin de obtener información más acertada, que complemente la evaluación de impactos y riesgos ambientales para la toma de decisiones. Este es el propósito de la Dra. Natalia Botero, directora de la Fundación Macuáticos, durante su estancia postdoctoral en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, quien en conjunto con otras instituciones, como la Universidad de los Andes, la Comisión Colombiana del Océano y Applied Ocean Sciences, busca realizar estudios que permitan obtener informaciones de línea base para los tomadores de decisiones sobre los impactos que pueden tener contaminantes como el mercurio o como el ruido generado por el tráfico marítimo en la salud de las ballenas jorobadas, en áreas estratégicas para su reproducción como es el Golfo de Tribugá.

También es importante promover espacios de discusión con distintos actores sociales dentro de los cuales se visibilicen los impactos ambientales que pueden ocasionar los diferentes proyectos de infraestructura, minería, hidrocarburos, urbanísticos y asociados, tanto para las comunidades locales como para los ecosistemas. Es aquí, donde cobra importancia el enfoque socioecológico que incluye la complejidad del sistema: sociedad y entorno natural, y que aún hoy, se continua en proceso de exploración y entendimiento, donde exista una mirada sistémica y no sectorial para generar soluciones a los problemas relacionados con el agua. Además, debe existir una interdisciplinariedad en el análisis, que permita articular los marcos conceptuales y tratar de acercarse a la realidad de los impactos y relaciones causales, con el fin de entender los mecanismos por los cuales se generan estos problemas.

En este contexto, según el Dr. Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua, resulta necesaria la evaluación de los impactos ambientales ex-ante dentro de un marco de sistemas socioecológicos, utilizando las herramientas tecnológicas disponibles con el fin de tratar de modelar los efectos que pueden generar los proyectos y actividades humanas en diferentes escenarios sociales y naturales, articulando los instrumentos de política pública, algunos como planes de ordenamiento territorial, planes de riesgos ambientales, planes de gestión y conservación del recurso hídrico. Este nivel de análisis permite cuestionarse si los instrumentos establecidos son realmente eficientes o si, por el contrario, a pesar de que se cuenta con un amplio número de ellos, en la práctica, son inoperantes.

En definitiva, el agua debe entenderse como un eje articulador del territorio, que soporta el funcionamiento de los ecosistemas, la diversidad biológica y el desarrollo social, y por ello, su gestión integral debe ser prioritaria, pues a partir de ella se construyen realidades socioculturales y se moldean los socioecosistemas. Referirse a la sostenibilidad del territorio en torno al agua, y a su relación con la esfera socioeconómica y cultural de las regiones a diferentes escalas, en un marco de análisis de los sistemas socioecológicos, permite comprender al agua, no sólo como un servicio ecosistémico de suministro, sino como un componente fundamental para hablar de planeación ambiental del territorio, estructura ecológica y servicios ecosistémicos. De manera complementaria, incorporar nuevas formas de trabajo en redes, que articulen los instrumentos de planificación del agua y el territorio desde lo local, lo regional hasta lo nacional, es una necesidad para crear una coordinación interinstitucional que aporte a la sostenibilidad ambiental de los hidrosistemas de nuestro territorio.


* Autores: Rosa Hernández-Gómez, Clara Morales-Rozo, Hélmer Llánez, José María Castillo, Natalia Espinosa, Andrés Blanco, Andrea Luna-Acosta.

¿Y si uno de tus propósitos para el siguiente año es vivir de una forma más sostenible?

¿Y si uno de tus propósitos para el siguiente año es vivir de una forma más sostenible?

Del 2 al 13 de diciembre se ha estado celebrando la Cumbre del Clima (COP25) en Madrid, en la cual uno de los objetivos es “que los países alcancen mayores compromisos en la lucha climática y se implementen todas las decisiones del Acuerdo de París” (El Espectador, 2 de diciembre de 2019) y es que en muchas ocasiones jefes de Estado, ambientalistas y científicos se han reunido para conversar acerca de qué es lo que pasa con la crisis medio ambiental en todo el mundo y qué se puede hacer para “combatirla” pero en realidad los avances no han sido suficientes y nos encontramos en una difícil situación medioambiental.

En Colombia se han realizado varios esfuerzos por mejorar esta situación, uno de los más recientes es el plan presentado por el Ministerio de Ambiente para la prohibición de plásticos de un solo uso a partir del 2021 (El Tiempo, 15 de noviembre de 2019), pero no debemos desconocer, por supuesto, la gran cantidad de esfuerzos a nivel regional o local que realizan múltiples comunidades alrededor del país y que incluso suelen ser aplicadas de manera más rápida y, eso es lo que amerita esta crisis.

Sabemos bien que es muy importante la gestión que realicen los países, jefes de estado, ministros, entre otros, con respecto al manejo de la crisis del medio ambiente, pero ¿debemos esperar necesariamente a que el país cambie su legislación para actuar? ¿alguna vez hemos pensado que nosotros mismos, desde nuestra comunidad, familia, círculo de amigos, podríamos realizar un cambio?

En mi opinión, debemos empezar desde el cambio personal y ya que empieza un año nuevo fijar una meta que nos permita vivir tal y como quisiéramos que fuera nuestro país. Hoy en día gracias a las redes sociales podemos conocer y compartir gran cantidad de información que nos indica cómo podemos ahorrar agua, ahorrar energía, generar menos residuos, entre otras.

Me atrevería a decir, incluso, que estamos viviendo un momento de cambio, un momento en el que ya somos conscientes de que lo que está pasando es producto de nuestro actuar, pero, el verdadero problema está en que todos hablamos de crisis medioambiental pero pensamos que las acciones individuales no cuentan y decidimos que es mejor seguir viviendo de la misma manera. Considero y lo evidencian la empatía e impacto que tienen noticias como: encontrar ballenas con kilos de plástico en su estómago, micro plásticos siendo consumidos por miles de especies en el mar matándolas e incluso llegando a los seres humanos a través de la alimentación, entre otras miles, que quizá muchos de nosotros ya llegamos al nivel de conciencia en que entendemos que está sucediendo algo pero no hemos llegado al actuar que es el que verdaderamente cambia las cosas.

Pienso que, desde nuestro lugar, sea el que sea, empresa, colegio, universidad, familia podemos ser miembros que cambian y por qué no, promotores de cambio y espero, de todo corazón, que este sea uno de nuestros propósitos como colombianos para el otro año. Que, si en realidad queremos nuestra biodiversidad, nuestros hijos, nuestra familia, hagamos un cambio y demostremos que si se puede.

Ciudades sostenibles: un reto de cara al 2030

Ciudades sostenibles: un reto de cara al 2030

Amplios paneles solares sobre edificios inteligentes para obtener energía amigable con el medio ambiente o bicicletas circulando en la ciudad como alternativa para reducir la emisión de CO2 por contaminación de autos, suelen ser algunas ideas relacionadas con el concepto de sostenibilidad, que día tras día cobra mayor relevancia en la agenda nacional e internacional. Surge la necesidad de consolidar sistemas productivos capaces de garantizar bienestar y sustento para la humanidad en el futuro.

Colombia se ha propuesto ser uno de los países líderes en la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en América Latina, tomando medidas como la inserción de estos componentes en los dos últimos Planes Nacionales de Desarrollo (2014 – 2018 / 2018 – 2022).

Pero, aunque están allí descritos, la necesidad de validar que del papel hayan pasado a su ejecución efectiva en los planes de gobierno de los administradores locales fue lo que motivó a la Red de Ciudades Cómo Vamos a medir el progreso de los ODS en 16 ciudades e insertar el concepto territorialización en la formulación de políticas públicas como una forma de “poner en el centro del desarrollo sostenible a los territorios y las prioridades, necesidades y recursos de sus habitantes”, como menciona la Organización de las Naciones Unidades.

De esta labor surgió el informe Territorialización de los ODS en las ciudades de Colombia, un documento dirigido a los alcaldes, gobernadores y concejales recién elegidos, como fuente de información confiable para que añadan en sus agendas de gobierno planes de sostenibilidad que le apunten a los Objetivos de Desarrollo Sostenible a partir de las necesidades de sus territorios. Así, el pasado 3 de octubre la Pontificia Universidad Javeriana fue la casa del evento ‘Los Objetivos de Desarrollo Sostenible en las Ciudades de Colombia: Territorialización de metas al 2030’, en el que se presentaron los resultados de este proyecto.

¿Cómo van las ciudades capitales en materia de desarrollo sostenible?

En 2015, los Estados Miembros de la ONU adoptaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible como estrategia diseñada para “acabar con la pobreza mundial, proteger el planeta y asegurar que las personas tengan paz y prosperidad para 2030”, como menciona el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD. Pero, aunque el país se ha propuesto trabajar en ellos, insertarlos y ejecutarlos en las políticas de gobierno ha sido un reto que aún está por alcanzarse.

Interna-2

La Red de Ciudades Cómo Vamos diseñó la iniciativa Territorializando metas al 2030, una caja de herramientas que agrupa los 17 ODS en cinco categorías -Pobreza, informalidad y desigualdad; educación de calidad; cambio climático y resiliencia urbana; ciudades sostenibles e incluyentes, y seguridad ciudadana, paz y coexistencia pacífica- para que los gobiernos municipales diseñen políticas públicas capaces de garantizar la sostenibilidad en sus regiones; agrega indicadores específicos para contextos urbanos por cada Objetivo para complementar el Conpes 3918, una estrategia creada para el desarrollo económico y social del país a través de la implementación de los ODS, y además, presenta la situación actual de estos objetivos en las ciudades intervenidas en el proyecto: Armenia, Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cúcuta, Cartagena, Ibagué, Manizales, Medellín, Montería, Pasto, Pereira, Quibdó, Santa Marta y Riohacha.

El logro del ODS 11 –Ciudades y comunidades sostenibles– se mide por categorías como vivienda, transporte y espacios públicos, calidad de aire, entre otros.

Según los datos hallados por la Red Ciudades Cómo Vamos para el 2019, el 72% de los colombianos cuenta con prácticas para cuidar el ambiente como ahorrar agua (72,01%), no arrojar basura a las calles, quebradas o ríos (68,95%); desconectar aparatos electrónicos cuando no están en uso (60,51%), y llevar bolsas no plásticas al supermercado (43,56%), lo que resulta eficaz cuando de trabajar por el cuidado del clima – ODS 13-, se trata.

Las ciudades con menos cobertura en alcantarillado del país, para el 2017, eran Quibdó (18,7%), Santa Marta (20,7%) y Cartagena (47,9%); sin embargo, actualmente 10 ciudades igualan o superan la meta nacional, según el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio. Por ejemplo, Bogotá ya superó el reto del 66,6% al 2030 de la cobertura total en alcantarillado con un 95,47%, en relación con la implementación del ODS 6: agua limpia y saneamiento. Esto sugiere que Colombia avanza positivamente en el cumplimiento de esta meta.

En el 2015 el país alcanzó una de las tasas de desempleo más bajas de la historia (8,9%), cifra que durante los últimos años ha ido en ascenso. Ciudades como Quibdó (17,8%), Cúcuta (16,3%) y Armenia (15,6%) actualmente son las más afectadas por la poca inserción laboral, según el Ministerio del Trabajo. A esto, es importante agregar que Cali, Riohacha, Pasto y Santa Martha aún no alcanzan la meta nacional del 0,45% en términos de reducción de desigualdades. Esta situación, debería llamar fuertemente la atención de los gobernantes recién elegidos pues es su función implementar estrategias sólidas que fomenten el trabajo y garanticen el crecimiento económico del país – ODS 8-.

Mónica Villegas, gerente de Educación para la participación ciudadana de la Fundación Corona* reconoce que “…para que Colombia cumpla con la Agenda 2030 se requiere el esfuerzo de todos los actores; el tema de la sostenibilidad no solo le compete al gobierno nacional, que es el principal responsable, sino a los territorios, al sector privado, a la sociedad civil y a la ciudadanía en general”, puntualiza.

El reto de insertar los ODS en los planes de gobierno

Ayer elegimos más de 1.100 alcaldes, 32 gobernadores, y alrededor de 20.000 concejales, diputados y ediles, y serán ellos quienes desde 1 de enero de 2020 se posesionarán en sus cargos para empezar a ejercer sus responsabilidades administrativas, normativas y disciplinarias en sus respectivos territorios. Por eso, aunque el equipo Ciudades cómo vamos encontró un balance positivo en el informe acerca de la implementación de los ODS en las ciudades estudiadas, no hay que desconocer los retos en materia de convergencia ciudadana.

Esto significa que, definir las metas de los ODS en las ciudades requiere la participación de los gobernantes municipales en espacios de diálogo y discusión, así como también la apropiación de rangos de desempeño por cada ciudad al 2030 con el fin de facilitar la proyección de metas a 2023 y 2027 según los periodos de gobierno locales y sus planes de desarrollo por periodos de cuatro años.

“No es posible seguir con la misma lógica de progreso y de aprovechar los recursos naturales para sacar un provecho económico y social, si no se piensan en conjunto en la lógica de sostenibilidad”, afirma Felipe Castro, director del Centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe, quien también añade: “Esto hace que el término de ciudades sostenibles que antes no existía empiece a ser cada vez más significativo”.

Interna-1

* La Red de Ciudades Cómo Vamos hace parte de una alianza entre el sector privado y la sociedad civil en la que participan entidades como la Cámara de Comercio de Bogotá, el periódico El Tiempo y la Universidad Javeriana.