El otro mensaje del Génesis

El otro mensaje del Génesis

La falta de conciencia ecológica ha sido toda una bofetada a la creación, a nuestra casa común, como la identifica el Papa Francisco: “Esa que es como nuestra hermana con la cual compartimos la existencia, y como una madre que nos acoge entre sus brazos”. En tiempos donde los progresos científicos, las proezas tecnológicas y el crecimiento económico vienen acompañados del derroche desmesurado, del deterioro del planeta y una fuerte crisis ambiental, la encíclica Laudato si` (alabado seas), escrita por el pontífice y publicada en 2015, hace un llamado a la humanidad a cuidar el planeta y volver a la sabiduría de los relatos ancestrales de los pueblos y culturas, en los cuales se invita a cuidar la relación con el ser creador, el prójimo y la tierra.

Tras diferencias teológicas entre judíos y cristianos, la propuesta de regresar a las voces ancestrales llevó al docente de teología Hernán Cardona (católico-cristiano), investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, y a su colega Memo Ánjel, rabino (judío) investigador de la Universidad Pontificia Bolivariana, a unirse en un diálogo insertado en la reflexión de las diferentes interpretaciones del Antiguo Testamento, de expresiones que no son de comprensión inmediata y que derivan en el cuidado del medio ambiente.

¿Qué dicen los grandes relatos bíblicos sobre la relación entre el ser humano con la creación, su historia y el mundo circundante? Es la pregunta de la cual parten los docentes Cardona y Ánjel en su investigación El cuidado de la casa común (una conversación con Génesis 1-4), adelantada por la Javeriana en relación con el impacto de la encíclica Laudato si`.

“Cuando apareció, dijimos: ‘Bueno, la encíclica invita a valorar la vida, los recursos naturales y, como lo llama el Papa Francisco, al cuidado de la casa común’. Ahí convergemos todos, no solo católicos y judíos sino incluso muchos movimientos religiosos”, recuerda Cardona al hablar de los comienzos de la investigación.

El proyecto tuvo sus inicios en 2016 motivado por el texto del papa Francisco, el cual imprime sus raíces en los pasos de Francisco de Asís, quien mostró especial interés por la creación de Dios e inspiró la encíclica con un mensaje que sensibiliza a todo ser humano. Esta iniciativa de diálogo, antes inimaginable entre judíos y cristianos, parte de un reto interdisciplinar e interreligioso que se despliega de una lectura cuidadosa y detallada del Génesis, y un trabajo de campo con dos grupos de jóvenes, uno de judíos en Medellín y otro encabezado por católicos en Bogotá, ambos enfocados en descifrar los criterios de vida presentados en el primer libro bíblico, y pensarlo más allá de la fe.

Cardona explica que “para los judíos, Jesús es un judío sin más; en cambio, para nosotros, los católicos, es el hijo de Dios. Esa es la única diferencia, pero en lo demás nos podemos encontrar; por ejemplo, en el sentido de que la vida es sagrada y que debemos cuidar la casa común. Tanto judíos como católicos defendemos la vida, la familia, los recursos, el hábitat. Es posible defender unos valores y es posible suscitar unas actitudes éticas independientemente de la religión”.

Y es así, pues los designios presentados en el Génesis van más allá de la fe en sí misma. El ejercicio de hermenéutica bíblica, planteado por los investigadores, se cimenta en la idea de considerar este relato del inicio de la creación como un modelo a seguir para repensar el actuar del ser humano en el hogar de todos, procurando generar espacios de reconocimiento del cuidado de la casa común. Un mandato que, sin importar credo o religión, fue dado a todos. “Nos compete el bienestar del lugar que habitamos y nos aquejan las mismas preocupaciones”, dice Cardona, afirmando también que judíos, budistas, islamitas, incluso ateos, tienen intereses comunes.

Génesis 1

El profesor Memo Ánjel añade: “El asunto, más que una cuestión de fe, es una cuestión de conciencia. Y en esta conciencia del hombre en la tierra, como hechos necesarios, el primero dando y el segundo recibiendo, se hace la sociedad, no solo de hombres entre hombres sino de hombres con la creación. La propuesta, entonces, es la de volver a la conciencia de la vida”.

En el Antiguo Testamento, seis días de creación y uno de descanso bastan para reflejar toda posibilidad de entendimiento de la relación del hombre con la tierra. En los primeros tres días se crea lo que permite la vida: la luz, el firmamento, el agua, la tierra y la hierba, eso mismo que hoy recibe el nombre de hábitat y se extingue a diario. Después, la creación del sol y de la luna, y luego la vida del ser humano. En el artículo de avance ya publicado de esta investigación, se menciona que la humanidad es lo último que Dios crea y, por lo tanto, tiene la responsabilidad de proteger y velar por la vida.

El Génesis promueve la sabiduría del saber vivir, una invitación a pensar dentro de muchas cosas, en la toma de conciencia, como lo proponen los investigadores. Pero, ¿cómo se toma conciencia? La respuesta está en el amor y respeto por la creación, dicen, que recae en cambiar estilos de vida: recuperar el día de descanso, en el que hace énfasis el rabino Ánjel apoyado por Cardona, ese día que termina por convertirse no solo en un día de acción de gracias sino de pausa para la naturaleza misma. También en el cuidado del agua y de los alimentos que consumimos, “los vegetales fueron dados para alimentar al hombre más que los animales”; así lo hace saber el Antiguo Testamento, donde se menciona que:

“No comerás carne con sangre, refiriéndose a que la sangre de un animal o de un hombre no debe estar presente en la vida. Si bien se permite la muerte de animales, se le da primacía al uso de esos animales antes que matarlos: la oveja dará la lana y la leche, la vaca la leche y su fuerza para tirar del arado, el caballo será caballo y no se podrá comer (…)” (Cardona, Hernán & Ánjel, M, 2017).

A esa búsqueda de conciencia se suma, como consenso del diálogo a dos voces del Génesis, la idoneidad del ser humano por el buen hacer y su capacidad para aceptar la diferencia, dentro de lo que se inserta el saber gobernar e implantar políticas ambientales favorables. Al respecto, Cardona afirma: “Uno de los problemas de fondo ha sido de base estructural, en el sentido de que las políticas no solamente administrativas y económicas, sino la política en general del mundo ha sido mal suministrada. Desde el momento en el cual entramos al supermercado estamos contaminando. Estamos en un modelo que nos lleva solo a consumir y no a pensar”.

En términos de la investigación, resulta difícil pensar lo teológico como un modelo de carácter científico, pero el papa Francisco asiente que “los relatos ancestrales tienen la posibilidad de dialogar con las ciencias para pensar lo humano”, según se menciona en su encíclica; a lo que Cardona se une diciendo que “si nos encontramos con el ser humano en la familia, en la defensa de la vida, en la defensa de los recursos, hay cabida para todos, incluso para la ciencia”.

Los investigadores afirman que es encontrándonos en el ser humano donde podemos empezar a formularnos preguntas por la vida y por el sentido de la vida, del sentido del hogar y de lo que se quiere entregar a los hijos. Y el papa se lo pregunta en la encíclica: qué le vamos a entregar a los otros.

El reto es grande, y el cuidado de la casa común incluye el apoyo de todo el núcleo humano trabajando por un solo propósito: el desarrollo sostenible e integral. La invitación de este diálogo es a hablar sobre el reconocimiento de la crisis que enfrenta el medio ambiente y a promover una ecología armónica; en otras palabras, un estilo de vida que ayude a la protección de la naturaleza, al respeto por la diversidad, la promoción de solidaridad y la construcción cálida de la casa común. Nuestro destino está, como lo sugieren Cardona y Ánjel, en aceptar la invitación del papa Francisco, pero también en aprender a construir ya no desde el antropocentrismo sino desde el biocentrismo, es decir, desde la vida, entendida como todo cuanto en la tierra se contiene, más que en el egoísmo del yo.

 

Fusionar las fronteras legales entre el comercio y el ambiente

Fusionar las fronteras legales entre el comercio y el ambiente

Cuando una empresa cualquiera incide en el ambiente durante el proceso de producción de sus mercancías, ¿qué debe primar: la legislación comercial o la ambiental? “Indudablemente es un tema complejo”, afirma el abogado javeriano Rafael Wilches Durán, magíster en derecho económico, quien adelanta su doctorado en la relación entre estas dos especialidades jurídicas.

En la teoría hay estantes completos en las bibliotecas universitarias, donde las publicaciones de derecho comercial están al lado de las de derecho ambiental. En la práctica, estos dos lenguajes no se comunican de manera tan evidente, y eso fue lo que lo motivó a dedicar más de cinco años de su vida académica a estudiar el tema y tratar de proponer caminos concretos para lograr una armonía, donde los empresarios puedan continuar con su actividad de manera responsable con el ambiente.

“La cercanía física no necesariamente implica cercanía de discursos”, dice, lo que se explica en primer lugar porque los orígenes históricos no coinciden, ni tampoco “los sustratos filosófico-científicos de cada una de dichas ramas”.

Dedicarse a ese tema les causó sorpresa a sus colegas dedicados al derecho comercial, quienes no entendían para qué pensar en ponerle más trabas al quehacer de los comerciantes si ya con las que tienen es suficiente. Así piensan los ‘iusprivatistas tradicionales’, como los denomina, “pero yo sí creo que es urgente e importante empezar a mirar y trabajar el tema”. Así que buscó autores internacionales que abordaran la protección del ambiente desde los contratos, como la profesora Mathilde Hautereau-Boutonnet, con quien desarrolló una estancia de investigación en Francia, y terminó encontrándose con los trabajos de Niklas Luhmann y Gunther Teubner, defensores de la existencia de diferentes sistemas sociales, cada uno con un discurso igualmente respetable; también se concentró en buscar formas para que esos discursos continúen evolucionando y así encuentren elementos de contacto y convivan de manera armónica.

A partir de ahí, su premisa, que se convierte en su trabajo de doctorado es: “si queremos que se siga respetando al derecho comercial como una disciplina con un discurso propio, hoy en día tiene necesariamente que tenerse en cuenta el derecho ambiental, y ver qué es lo que hay allá que pueda incorporarse, porque si el primero sigue solo fomentando la seguridad y rentabilidad económica en las operaciones entre los comerciantes, sin pensar que también hay que proteger el ambiente, lo más seguro es que el derecho administrativo ambiental y el constitucional ambiental lo modifiquen tal vez no por las buenas sino por las malas, para ponerlo en términos coloquiales”.

Y no se trata de abogar por lo que se conoce actualmente como ‘responsabilidad social empresarial’, que, aunque es un tema clave porque busca que las empresas protejan el ambiente, “bajo ese esquema dependemos solo de la buena voluntad de los empresarios, y el derecho no es un discurso que pueda quedar sujeto  a ello”.

/Guillermo Santos
/Guillermo Santos


Su propuesta doctoral

En primer lugar, Wilches encuentra que la situación actual de la contratación verde entre comerciantes en Colombia es precaria, lo que se refleja en que el sector empresarial aún no se ha apropiado adecuadamente del tema. “Necesitamos que el derecho comercial colombiano incorpore nuevas figuras como, por ejemplo, una función ecológica de los contratos, el concepto de orden público ecológico o una obligación ambiental general en materia contractual. La clave es que, poco a poco, se vayan identificado los sectores en donde mayor contaminación se produce para que las regulaciones se establezcan de manera gradual, dependiendo de cada sector”.

Parte de una realidad y es que hay muchas especialidades jurídicas, cada una con su propia lógica, y los abogados no pueden dominarlas todas así lo pretendan, por lo que la propuesta es que “el derecho funcione bajo la idea de unitas multiplex o unidad en la diversidad y multiplicidad en la unidad, como forma de entender que distintos discursos pueden coexistir sin que se pierda la unidad como sistema”, explica.  “Los ciudadanos necesitan que el derecho les dé respuesta y soluciones a sus problemas, y no que los juristas se dediquen a discutir sobre cuál disciplina o cuál de los derechos que reconoce el ordenamiento jurídico es más importante”, afirma.

Y hace énfasis en el principio de precaución y el de prevención, propios del derecho ambiental, como elementos que sirven para entender la disparidad de criterios frente a la seguridad jurídica y agilidad en las transacciones que defiende el derecho comercial.  Por eso, dice Wilches, “si nos interesa seguir siendo comerciantes, seguir haciendo negocios y tener rendimientos económicos, debemos tener claro que la riqueza hoy en día ya no se puede medir solo en términos monetarios, sino que, si yo acabo con el planeta, no voy a poder continuar con mis negocios, además de que los consumidores están cambiando y cada vez son más conscientes de la importancia del tema ambiental al momento de consumir”.

La propuesta se concreta, entonces, en abogar por la necesidad de apertura del derecho comercial a recibir contenidos de protección del ambiente, así como por reconocer y defender su autonomía como discurso frente a una supuesta supremacía que algunos parecerían encontrar en el derecho ambiental, principalmente a través del derecho constitucional. Para ello, aborda los conceptos de colisión de discursos y de regímenes legales, así como la teoría del derecho reflexivo y la propuesta de los fragmentos constitucionales, de los que habla uno de sus inspiradores, el profesor alemán Gunther Teubner –con quien tuvo la oportunidad de discutir personalmente su trabajo– para empezar a ‘aterrizar’ el tema en Colombia a través de normas jurídicas claras.

“Los comerciantes necesitan tenerlas para saber cómo pueden funcionar; entonces, necesitamos que la protección del ambiente en el derecho comercial se dé de manera clara y transparente, para que el asunto no se perciba como una intromisión indebida de los jueces en casos concretos. El punto más difícil reside en ver si eso logra calar en nuestros políticos”, concluye.

Resistencias de comunidades frente a proyectos mineros

Resistencias de comunidades frente a proyectos mineros

La minería no solo ha provocado daños irreparables al medio ambiente, sino que está generando consecuencias devastadoras en la economía, las relaciones sociales, la salud de los campesinos colombianos, y está alterando su relación con la Madre Naturaleza. Así lo evidencian dos investigaciones realizadas por profesores de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes se enfocaron en la realidad de los campesinos y comunidades étnicas colombianas para estudiar las implicaciones que ha tenido la extracción ilícita de minerales en el país.

“Las resistencias”

Como parte de su estudio doctoral, Flor Edilma Osorio y Aida Julieta Quiñones Torres realizaron una investigación-acción colectiva sobre las resistencias que se presentan en La Toma (Cauca) y La Colosa (Tolima), frente a los megaproyectos minero-auríferos que allí se están llevando a cabo. El estudio está vinculado a la tesis doctoral que adelanta la profesora Quiñones bajo la dirección de Osorio.

Uno de los procesos de investigación se realiza en el municipio de La Toma, con una población que ha sido víctima del conflicto armado y de la expansión minera. A este lugar llegaron una multinacional minera y otros foráneos con el fin de extraer oro. La investigadora relata que Ingeominas, entidad que para ese entonces era la encargada de entregar los título en este territorio étnico —responsabilidad que ahora recae sobre la Agencia Nacional de Minería—, lo hizo sin adelantar una consulta previa y sin solicitar los consentimientos informados requeridos para la extracción, por lo que se violaron los derechos de las comunidades y se configuró un hecho inconstitucional.

La investigación comprobó que, además de la multinacional y de los titulares foráneos, también llegó un grupo de personas con retroexcavadoras al río Ovejas, y generó de manera inmediata un grave impacto ambiental y social sobre las comunidades y sus territorios ancestralmente configurados. “Todo esto denota una estrategia de despojo o ‘vaciamiento del territorio’, como lo entendemos desde nuestro estudio. Con esto se puede advertir que, si no se pudo sacar a las comunidades por vía del desalojo pretendido en 2010 para entregarlo a multinacionales y otros foráneos, entonces se irrumpe con minería ilegal-criminal, para finalmente vaciar el territorio. Esta es una estrategia, ya que se envenenan las aguas, y quien se oponga es amenazado de muerte, como les sucede a los representantes del Consejo Comunitario de La Toma y a la Movilización de Mujeres Afrodescendientes por el Cuidado de la Vida y de los Territorios Ancestrales, siendo algunas de ellas igualmente integrantes del Consejo Comunitario y de otros consejos del norte del Cauca”, explica Quiñones.

Colonias de bacterias aisladas del agua de consumo las cuales indican contaminación de origen fecal.
Colonias de bacterias aisladas del agua de consumo las cuales
indican contaminación de origen fecal.

Así, las comunidades están viviendo esta situación sin una respuesta eficiente por parte de las instituciones gubernamentales, que deben velar por el cumplimiento de los derechos de las comunidades étnicas, argumenta la investigadora.

“Como resultado, observamos que, pese a todo lo que enfrentan las comunidades, estas han logrado posicionar su resistencia. En La Toma, además de ‘hacer resistencia’ como forma de oponerse, se ‘re-existe’, ya que no solo hay oposición, sino lucha por la vida, por su ancestralidad y por lo que dejarán a sus renacientes”, dice.

Por otro lado, continúa Quiñones, en Cajamarca (Tolima) existe una mina llamada La Colosa, donde también se ha levantado un proceso de resistencia de las comunidades. Dicha mina está en manos de una multinacional que no solo encuentra resistencia campesina, sino urbana: “allí también existe una resistencia ecorregional, ya que en otros municipios como Salento (Quindío) también rechazan este tipo de minería a gran escala, que se hace a cielo abierto. Actualmente la resistencia que hace la población en esta zona combina tanto lo político como lo jurídico y lo estético, que estuvo representado en las Marchas Carnaval, las cuales ya no solo se realizan en la ciudad de Ibagué, sino en muchos municipios del Tolima y Quindío”.

El estudio evidencia, pues, que la gente ha logrado consolidar su resistencia, y para posicionarla
ha creado ciertas estrategias como flujos comunicativos, gran cantidad de alianzas desde las cuales se fortalecen estos procesos y otras que buscan más transparencia en la información, concluye Quiñones.

Contaminación del agua en Bolívar

En el norte del país, la minería ilegal que se practica en Simití (Bolívar) ha hecho que el agua no sea apta para el consumo humano. Esa es la principal conclusión de la investigación que adelanta la integrante del Departamento de Microbiología de la Universidad Javeriana, María Claudia Campos Pinilla, quien busca evaluar los efectos que causa la minería de oro en el agua de río Boque y establecer las posibles consecuencias en la salud de las personas.

Gracias a una convocatoria de la Compañía de Jesús, la docente llegó al corregimiento de Monterrey (municipio de Simití), para evaluar la calidad del agua que recibe la población y que es utilizada río arriba por mineros ilegales. Con el grupo investigador, decidió que su estudio sería más profundo que el que realizan las autoridades ambientales sobre los contaminantes que contienen las muestras del líquido.

“Las verdaderas concentraciones de contaminantes que afectan la salud de las personas no se está midiendo por parte de las autoridades, porque no se cuenta con la metodología. Nosotros, por ejemplo, utilizamos otras herramientas como los bioensayos, que son capaces, a través del contacto de organismos de la cadena trófica con el agua, de indicar si hay un efecto negativo sobre la flora y fauna del río y la salud humana a
largo plazo”, argumenta.

Los investigadores utilizaron además el Test de Ames, que mide la posibilidad de presencia de sustancias mutágenas, para explicar algunos problemas de salud que se pueden presentar en niños próximos a nacer, lo cual puede generar abortos y otras consecuencias a largo plazo en la población.

“También se aplicaron otros métodos para conocer la concentración de bacterias y virus de origen fecal que afectan de manera inmediata a la población, ya que la norma colombiana no contempla estos procedimientos”, afirma Campos. Además, se realizó una encuesta de morbilidad sentida a 150 personas, a través de la cual se pueden detectar los posibles efectos que tiene el consumo de esa agua o del pescado obtenido en esas fuentes. Todos los resultados de esta investigación se compartieron con la comunidad de Monterrey y con la alcaldía. Actualmente, la alerta es permanente para todos los habitantes de la región, pues el estudio concluyó efectivamente que el río está contaminado por heces fecales, cianuro y mercurio.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Resistencias frente a los megaproyectos minero-auríferos, los casos de La Toma (Cauca) y La Colosa (Tolima).
INVESTIGADORES: María Fernanda Sañudo Pazos, Aida Julieta Quiñones, Alirio Cáceres Aguirre, Nicolás Vargas Ramírez, María del Carmen Muñoz
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2010-2014


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Evaluación del efecto de la minería del oro en el agua de río Boque, sur de Bolívar, y en la salud de la población.
INVESTIGADORES: María Claudia Campos, Crispín Celis
COINVESTIGADORES: Nubia de Parra, Camilo Venegas, Marcela Duarte, Lorena Santos, María Juliana Arias, Alison Martín, Jennifer López, Andrés Ortiz
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2016