Lo que las temperaturas ultrabajas conservaron

Lo que las temperaturas ultrabajas conservaron

Los árboles están en pie. Han crecido. Su desarrollo es el esperado. Las características morfológicas responden a los parámetros técnicos. No parece haber duda de que son portadores de los genes esperados. Las expectativas de producción se ajustan a las proyecciones. Todo, aparentemente, está bajo control.

Imaginemos que se trata de una gran plantación de una empresa del sector forestal colombiano. ¿Qué la haría entonces vulnerable si todo, aparentemente, está bajo control? ¿Una sequía, una plaga, una determinada enfermedad? No, porque los técnicos trataron de asegurar la existencia de los genes que harían a estos árboles resistentes a altas temperaturas, a suelos secos y a las plagas o enfermedades previstas. Pero, ¿podría presentarse el caso de que los clones que adquirió la empresa para el cultivo no sean exactamente los que se cree? ¿O que los individuos plantados no contengan, por ejemplo, el gen que los hace resistentes a los suelos secos? Sí. Esta eventualidad podría presentarse, así como existen factores de otro tipo que también ponen en riesgo el activo que representa una plantación forestal, como lo serían un incendio, una inundación o una amenaza de actores armados en contextos de violencia. De tenerlo todo bajo control, la misma empresa podría pasar, en el peor de los casos, a perderlo todo.

En la costa atlántica colombiana, en tierras típicas del Caribe seco tropical, sequías como las producidas por el fenómeno del Niño estaban ocasionando la muerte de los árboles en plantaciones de melina (Gmelina arborea L. Roxb) de una empresa forestal. También se presentaba el problema del rápido envejecimiento de ejemplares, lo que limitaba su propagación vegetativa por estacas. Fue entonces cuando una convocatoria del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, orientada a financiar proyectos de innovación tecnológica en distintas cadenas productivas, con el fin de estimular el trabajo y la comunicación directa entre la universidad colombiana y el sector productivo del país, dio origen a la pesquisa “Crioconservación de germoplasma de interés comercial de Gmelina arborea L. Roxb”, liderada por la Unidad de Biotecnología Vegetal de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana, una de cuyas líneas de investigación lleva el nombre de “Conservación, micropropagación y caracterización molecular”, y la empresa Pizano S.A.

Primeros pasos en la crioconservación de la melina

Frente a las necesidades que tenía la producción comercial de melina ―una especie que por ser apta para zonas secas cobra importancia comercial debido al cambio climático― de contar con programas de mejoramiento genético vegetal (un asunto que depende a su vez de la diversidad genética almacenada) y de conservar en espacios reducidos una muestra representativa de los materiales por evaluar y propagar, los investigadores se plantearon el objetivo de crear una colección de germoplasma de interés comercial de melina almacenado a largo plazo en nitrógeno líquido. Eso suponía desarrollar protocolos de almacenamiento en nitrógeno líquido de semillas, embriones y yemas de la especie en mención provenientes de diversos clones, lo que implicaba realizar múltiples experimentos.

A pesar de los avances en crioconservación, una técnica que consiste en mantener células o tejidos a muy bajas temperaturas (entre –80 ºC y –196 ºC), con lo que se disminuyen sus funciones vitales y se posibilita mantenerlos vivos durante mucho tiempo, encontraron que no existían antecedentes en el caso específico de la melina y que las metodologías estaban poco desarrolladas para especies forestales maderables.

Cuando una empresa ha hecho una gran inversión en unos determinados clones (por ejemplo los que crecen más rápido, los que pueden ser resistentes a determinado evento o a una plaga o enfermedad), explica Sandra Constantino, cabeza del proyecto y experta en conservación y utilización de recursos genéticos vegetales, “va a necesitar una copia de seguridad del recurso genético y que de esa copia de seguridad o duplicado se garantice que, al extraer el recurso
genético después de conservado, las células salgan vivas y sean capaces de dar origen y regenerar las características del original”.

Hay muchas posibilidades de conservar un recurso genético. Existen dos grandes enfoques, como lo detallan los investigadores de la Javeriana en sus informes sobre este trabajo: la conservación in situ, es decir, la que se lleva a cabo en el mismo lugar en el que la especie normalmente crece o se cultiva; y la conservación ex situ, que se hace fuera de su hábitat natural o del lugar donde se cultiva. Ejemplo del primer caso son las reservas genéticas, los huertos caseros, los cultivos en fincas o plantaciones; y del segundo, las colecciones de semillas, de polen o de ADN, las colecciones in vitro bajo condiciones de mínimo crecimiento o a temperaturas ultrabajas, las colecciones de campo y los jardines botánicos.

La crioconservación era la que ofrecía mayor cantidad de ventajas en el caso de esta investigación con melina, ya que “a temperaturas ultrabajas se detienen todos los procesos celulares, con lo que se garantiza la conservación o integridad genética del recurso conservado; teóricamente, dicho almacenamiento se puede llevar por periodos indefinidos y se requiere un espacio pequeño para hacerlo, con lo que es posible tener una colección a largo plazo con costos de operación y mantenimiento muy reducidos, en comparación con otras estrategias de conservación”, precisa Constantino.

En crioconservación hay que tener la certeza de que el material que se extraiga después de haber estado conservado en nitrógeno líquido pueda regenerar una planta completa. De ahí la necesidad de tener experiencia en multiplicación y propagación in vitro en laboratorio, a partir de células, tejidos o meristemos.

Los trabajos que involucran el manejo y la manipulación de seres vivos, de células, pueden llegar a ser muy complicados, según comenta Sandra Constantino. “Las semillas y las células se mueren, los tejidos se hiperhidratan, el material no responde, se contaminan los cultivos, se va el agua, no se hace a tiempo el giro requerido para la compra de un material, se acaba el nitrógeno líquido; ¡es como para llorar!”. Pero de los problemas vienen las oportunidades también. De ahí que el equipo de investigación, del que hicieron parte Inés Baquero, Miguel Rodríguez y Weimar Sandoval, se encuentre muy satisfecho con los resultados y recuerde, ya con la distancia que da el tiempo transcurrido, todo lo que implicó superar cada etapa para avanzar a la siguiente, así como la paciencia, el rigor científico y metodológico en el diseño de los experimentos de tratamiento y control, y el estar orientados hacia un mismo objetivo, aspectos que fueron claves para el éxito final.

El resultado más importante de este trabajo de innovación y desarrollo es que se lograron por primera vez avances significativos en el manejo in vitro de tejidos y su multiplicación mediante técnicas del cultivo de tejidos vegetales, y en la crioconservación de material vegetativo de melina. Gracias a esta investigación se cuenta ya con unos primeros protocolos y con el desarrollo de capacidades técnicas institucionales para continuar con nuevos proyectos en el campo de la crioconservación.

Lo más común en Colombia, nos cuenta Constantino, es que las empresas contraten
el servicio técnico para el manejo de sus recursos genéticos con un instituto de investigación o una universidad, muchas veces en el exterior. Con trabajos como este se muestra entonces que en nuestro país existe la capacidad, y que se pueden ir desarrollando protocolos y metodologías que respondan a las necesidades específicas del sector productivo.

La conservación de recursos genéticos valiosos

Si bien esta investigación se desarrolló con una especie domesticada y no nativa de nuestro país, la pregunta que nos hacemos es cómo asegurar la conservación de los recursos genéticos valiosos de la flora colombiana. ¿En manos de quién está garantizarlo y hacer las inversiones requeridas para ello?

En los laboratorios de investigación están muchas de las claves para contribuir a la conservación de especies en peligro o de la diversidad genética en general. En el caso particular de los recursos genéticos de especies forestales nativas de zonas tropicales y subtropicales húmedas, no es posible conservarlos ex situ mediante colecciones de semillas; de ahí que la crioconservación adquiera gran relevancia. Sandra Constantino está convencida de que, al estar en un país megadiverso, “lo lógico sería que trabajáramos con especies nativas de Colombia, muchas de las cuales están en vías de extinción, y se necesita con urgencia hacer trabajos serios en este campo”.

Ejemplo de especies con estas características son el cedro de la zona andina y el amazónico, la caoba, el roble, el comino crespo, el pino colombiano o pino romerón y el ébano de la costa atlántica. El país tendría que avanzar en la identificación del tipo de semillas que tienen, si son ortodoxas, intermedias o recalcitrantes, es decir, qué grado de desecación permite cada una, para poder posteriormente iniciar los procesos de conservación a temperaturas ultrabajas.

Son inmensas las posibilidades así como grandes las responsabilidades cuando se piensa en la conservación de los recursos genéticos valiosos. Basta pensar en las plantas medicinales, por ejemplo. Un recurso importante puede estar en las características físicas, morfológicas, bioquímicas, fisiológicas o fenotípicas, conocidas en la actualidad o por conocer, útiles para el uso de alguna industria o como parte del patrimonio de un país o de una cultura. Y estos recursos necesariamente tienen que estar descritos genéticamente. Por eso son tan importantes las colecciones de germoplasma y la conservación in situ y ex situ, puntualiza Sandra Constantino, una investigadora que creció alimentada por el amor a la naturaleza y rodeada de hermanos que coleccionaban mariposas.


Para leer más…
+Jaramillo, S. & Baena, M. (2000). “Material de apoyo a la capacitación en conservación ex situ de recursos fitogenéticos”. Bioversity International. Disponible en: https://www.bioversityinternational.org/training/training_materials/material_de_apoyo_a_la_capacitacion_en_conservacion_ex_situ_de_recursos_fitogeneticos.html. Recuperado en: 10/08/2012.
+Toribio, M. & Celestino, C. “El uso de la biotecnología en la
conservación de recursos genéticos forestales”. (2000). Disponible en: https://www.inia.es/gcontrec/pub/torib_ 1049103915573.pdf. Recuperado en: 10/08/2012.
 
 

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El renacer de los tubérculos andinos

El renacer de los tubérculos andinos

El eco de un anuncio en las emisoras locales llamó la atención de 35 campesinos de los municipios de Turmerqué y Ventaquemada. Durante su faena cotidiana de labrar la tierra oyeron por el inseparable transistor una voz que convocaba a quienes cultivaran ibias, cubios y rubas a compartir su experiencia y a participar en un proceso de investigación.

Han pasado cuatro años desde aquel primer encuentro en el que muchas preguntas rondaban en el ambiente: ¿quiénes siembran, en dónde y qué variedades de ibias, cubios y rubas?, ¿por qué los niños y los jóvenes rechazan su consumo?, ¿en qué radica la fuerza cultural e identitaria de estos productos?, ¿en qué tipos de contextos sociales y culturales se conservan?, ¿qué significa para la agrodiversidad, la seguridad alimentaria, la cultura y la historia que desaparezcan?

Neidy Lorena Clavijo Ponce, profesora de la Universidad Javeriana e investigadora principal del proyecto titulado “Diseño participativo de alternativas sostenibles de manejo y conservación de la agrobiodiversidad de tubérculos andinos en la provincia de Márquez, departamento de Boyacá, Colombia”, explica a Pesquisa los detalles de un trabajo cuyo éxito principal radicó, según sus palabras, en que “fue un proceso participativo en el que todo se construyó de la mano con los agricultores”.

No resultaba fácil en Colombia la tarea de impulsar un proyecto de investigación sobre unos productos que no han sido priorizados en el país dentro de las cadenas productivas. Sin embargo, la trayectoria de Clavijo en el estudio de tubérculos andinos en Ecuador, su conocimiento de los trabajos realizados en Perú y Bolivia, y haber identificado algunas zonas de Colombia en las que su cultivo persistía hicieron que continuara en su empeño de aportar conocimiento sobre unos productos esenciales para las culturas precolombinas, domesticados hace más de ocho mil años, pero que por desgracia cargan con el estigma que los españoles les pusieron de ser comida de pobres y de indios. Ella veía que en municipios como Ventaquemada y Turmequé las ibias, los cubios y las rubas eran considerados cultivos sanos, patrimonio de los ancianos, símbolo de la cultura, base de la alimentación, y que era palpable el riesgo de que quedaran en el olvido si no se les prestaba una atención integral.

El salto de 9 a 41 morfotipos

Con el apoyo de la Corporación para el Desarrollo Participativo y Sostenible de los Pequeños Agricultores Colombianos (Corporación PBA), la Universidad Javeriana conformó en 2008 un equipo en el que participaron, además de los 35 agricultores de la provincia de Márquez, la nutricionista María Teresa Barón, la ingeniera agrónoma Juliana Combariza y la profesora Diana Maya con la idea de fomentar alternativas de uso y conservación de la agrobiodiversidad del cubio, la ibia y la ruba, a partir del trabajo investigativo.

Clavijo cuenta que decidieron adelantar la pesquisa definiendo tres componentes. El primero respondía a la necesidad de hacer una caracterización agroecológica, económica y tecnológica de los sistemas de producción de tubérculos andinos en Turmequé y Ventaquemada, con lo que podrían identificar las implicaciones que su cultivo tiene para las familias campesinas y las formas actuales de uso y consumo. El segundo consistía en promover procesos locales participativos que permitieran la recolección, identificación y conservación in situ del germoplasma existente; en este aspecto jugaron un papel determinante las actividades de intercambio de semillas. Y el tercero buscaba encontrar formas alternativas innovadoras para la preparación de estos tubérculos, con lo que sería posible impulsar su consumo, especialmente entre las poblaciones de jóvenes y de niños. Este enfoque respondía a líneas de acción como la “Agroecología andina” y la “Facilitación de procesos de desarrollo sostenible con comunidades campesinas”, en las que trabaja la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, y en las que la innovación y la Investigación Acción Participativa cobran relevancia.

Encontraron que estos tubérculos se siembran en fincas pequeñas, menores de tres hectáreas, que se caracterizan curiosamente por una altísima variedad de cultivos, muchos de ellos para el autoconsumo. Al inicio del proceso identificaron la existencia de dos tipos de rubas (una roja y una blanca), tres de ibias (rosada, amarilla, roja) y cuatro de cubios (amarillo, blanco, rojo largo y blanco morado). Sin embargo, tenían la hipótesis de que no eran los únicos que se cultivaban en la zona. Por eso, el grupo decidió organizar la primera Feria de Agrodiversidad de Tubérculos Andinos de Boyacá, con Turmequé como sede del evento. Más de 550 personas entre agricultores, lugareños, autoridades locales, investigadores, profesores y estudiantes acudieron a una cita que fue rica en resultados, ya que con las semillas aportadas por los campesinos lograron identificar 15 tipos de ruba, 7 tipos de ibia y 19 tipos de cubio.

En la intimidad del grupo de 35 campesinos participantes en el proyecto, explica Clavijo, socializaron los morfotipos y decidieron crear bancos de conservación in situ, es decir, fomentar el intercambio de semillas y el diseño de parcelas o núcleos de conservación para la siembra y multiplicación de las variedades encontradas. Así, los agricultores fueron llevando el registro del comportamiento de cada variedad, se fue
estimulando la multiplicación de la diversidad y se produjo un catálogo con la caracterización morfológica (tamaño, forma y color) de 41 tubérculos andinos de la zona; una cifra que contrasta con los primeros 9 identificados al inicio del proceso. Queda para una nueva fase de la investigación la caracterización molecular genética a partir de la cual se podrá determinar si la diversidad de morfotipos corresponde a la existencia de variedades en estos productos o si las diferencias que se manifiestan responden únicamente a las modificaciones que se producen por el tipo de suelos o de zonas en donde se cultivan.

Arepuelas de ibia, rubas pasas o puré de cubios

Si a los jóvenes y los niños no les llama la atención comer cubios, ibias y rubas, si les parecen amargos y agridulces, si su aspecto les produce rechazo, los esfuerzos de conservación podrían no ser exitosos. De ahí
que el equipo se propusiera encontrar formas alternativas de uso y de consumo de los tubérculos andinos.
Durante cuatro meses, cada quince días, los sábados de nueve de la mañana a dos de la tarde, la atención del grupo estaba puesta en temas de alimentación, nutrición y gastronomía. Era el momento de recopilar recetas tradicionales, de validar otras y de innovar con nuevas preparaciones. Los niños y los jóvenes terminaron siendo los jueces de las tortas, las mermeladas, las arepuelas, las croquetas, las cremas, el masato, las
frituras y muchas otras combinaciones que permitieron transformar la deteriorada imagen de los cubios, las ibias y las rubas. Quedó para los interesados un rico recetario con veintisiete preparaciones entre las que no podía faltar el famoso cocido boyacense y, para los participantes en el proceso, el compromiso de preparar, una vez a la semana, alguna de las recetas incluidas en él.

Para Clavijo, esta investigación ha dejado otro tipo de resultados significativos. Por ejemplo, una transformación importante para los campesinos en términos de cohesión social; la creación de una red de cultivadores de tubérculos andinos que se mantiene activa y que empieza a incursionar en temas de biocomercio; el nacimiento de un colectivo de niños y jóvenes llamado Guardianes de los Tubérculos Andinos, inspirado en un intercambio que se hizo con agricultores de Nariño; y un primer estado del arte de los tubérculos andinos en Colombia.

Razones estas para que el equipo de profesores de la Javeriana crea en la investigación aplicada que produce nuevo conocimiento, aporta información valiosa y, fundamentalmente, beneficia a las comunidades.


Para leer más…
<style=”color: #999999;”>+Barón, M.; Clavijo, N. & Combariza, J. (2010). “Recetario. Tubérculos andinos de Turmequé y Ventaquemada. Departamento de Boyacá, Colombia”. Pontificia Universidad Javeriana. Disponible en: https://www.corporacionpba.org/swf/tuberculos-andinos-flash/RECETARIO.pdf. Recuperado en: 10/05/2012.
+Programa Andino de Innovación Tecnológica, Corporación PBA. (2008). “Diseño participativo de alternativas sostenibles de manejo y conservación de la agrobiodiversidad de tubérculos andinos en la provincia de Márquez, departamento de Boyacá, Colombia”. Disponible en: https://www.corporacionpba.org/swf/tuberculos-
andinos-flash/Proyecto_Raices_Tuberculos_Andinos.pdf
. Recuperado en: 10/05/2012.

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Los guaduales, a la vera de un ascendente camino

Los guaduales, a la vera de un ascendente camino

A lo largo de la historia, la guadua ha sido parte de la vida diaria del campesino colombiano. Desde la época de la Conquista española y tras la colonización antioqueña del viejo Caldas, esta planta gigante, representativa de los bosques andinos, sirvió para construir casas, puentes colgantes, flautas, quenas, herramientas de caza y hasta precisos diseños de acueductos.

Hoy, después de la tecnificación que con los años alcanzó el hombre, la guadua es considerada un recurso forestal y su uso se ha ampliado tanto en el campo como en la ciudad hacia fines estructurales en construcción, en la elaboración de pisos, paredes, techos y laminados.

Uno de los más grandes precursores que ha tenido Colombia en el uso de esta planta en el sector de la construcción es el arquitecto manizalita Simón Vélez. Gracias al empleo estético de la guadua en el diseño contemporáneo y al aprovechamiento de las prácticas del diseño sostenible y de desarrollo social, Vélez obtuvo en 2009 el mayor premio que otorga la prestigiosa Fundación Príncipe Claus. Su intrépida innovación: la inyección de cemento entre los cañutos de la guadua quindiana que hoy es ejemplo de arquitectura renovadora para el mundo.

Pero el fortalecimiento y la consolidación de la guadua como recurso útil no terminan con las obras de Vélez. En Colombia la guadua se ha convertido en una de las especies forestales de mayor demanda y aceptación por parte de los sectores productivos regionales: es por eso que se vienen desarrollando ­­­­—desde los últimos diez años­­— encuentros, debates, reuniones y ponencias sobre el uso y el aprovechamiento de este material.

Uno de esos encuentros tuvo lugar en el Eje Cafetero en el año 2005, donde investigadores de varias facultades de Ciencias Naturales del país, con el apoyo de Colciencias, realizaron una compleja valoración de los bienes y servicios que ofrecía la diversidad biológica de la zona. Entre muchos otros hallazgos, un grupo de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana se dedicó a estudiar los beneficios y el potencial de ciertos tipos de microorganismos presentes en los guaduales que podían ser útiles para promover el crecimiento de la misma planta.

Sin embargo, ese no fue el único descubrimiento. Los investigadores se percataron de la importante cadena productiva que giraba en torno a la guadua en la región y del notable ascenso del producto en los últimos años, lo que implicaba una consolidación y organización de la cadena productiva. Teniendo en cuenta ese fortalecimiento paulatino, los investigadores decidieron reforzar la base del proceso; fue por eso que estudiaron alternativas de manejo de la guadua en vivero, que incluían el uso de productos biológicos para la fertilización y el control de plagas y enfermedades.

En 2007, dos años después de iniciar sus estudios en el Eje Cafetero, el grupo de investigación liderado por Lucía Ana Díaz, docente del Departamento de Biología, conociendo el potencial guaduero que tenía la región de Cundinamarca, estableció contacto con el sector productivo del departamento interesado en trabajar con este importante recurso. Desde ese momento las expectativas se orientaron a ejecutar el mismo estudio aplicado en la zona cafetera del país.

La ciencia al servicio de la comunidad

Según Díaz, con la investigación que lleva por título “Selección y utilización de bioinsumos basados en microorganismos nativos para la producción limpia de Guadua angustifolia (Kunth) en vivero”, financiada por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, se pretendió “seleccionar los microorganismos asociados a guaduales naturales de Cundinamarca, específicamente de la región de Rionegro, como promotores de crecimiento vegetal de guadua para ser reintroducidos a la siembra en viveros, y así fortalecer estrategias de producción más limpia para el cultivo de la planta”.

Otro de los propósitos, explica la coinvestigadora Ángela García, era “innovar en el campo de la producción forestal en Colombia, mediante la reintroducción de microorganismos benéficos”.

Para ese entonces, el grupo científico ya contaba con una consolidada trayectoria en investigación en el uso de microorganismos benéficos para ser introducidos a escala de producción material vegetal. Este conocimiento previo facilitó la comprensión del comportamiento de esos microorganismos asociados naturalmente a la guadua a la hora de extraerlos, aumentarlos y reintroducirlos mediante la propagación en vivero. Para llevar a cabo este proceso, los investigadores aprovecharon el acercamiento que durante años ha tenido la Facultad de Ciencias con la empresa privada Geoambiente Ltda., productora de guadua y propietaria de viveros en el municipio de Pacho, que se ha convertido en agente determinante en el éxito de la fase de experimentación.

El paso a paso

El procedimiento no fue sencillo. Para que los resultados fueran exitosos, los investigadores principales contaron con la ayuda de funcionarios de Geoambiente. También fue necesaria la participación de estudiantes de la Facultad, uno de maestría y tres de pregrado.

En la práctica, el primer paso consistió en aislar y caracterizar bioquímica y morfológicamente las bacterias que están naturalmente asociadas a la guadua, las mismas que cuentan con el potencial de promover el crecimiento vegetal y ser agentes de control biológico (ACB).

El siguiente paso fue establecer la presencia de una asociación microbiana muy importante para las plantas, la micorriza, es decir, la simbiosis existente entre un hongo y las raíces de una planta (ya en la zona cafetera se había trabajado en ello, pero no se contaba con resultados para Cundinamarca).

Posteriormente, se adelantó el estudio in vitro de las bacterias aisladas como ACB frente a microorganismos patógenos. Y por último, se evaluó una de las consecuencias ecológicas, relativas a la rizósfera, de la utilización de las bacterias benéficas aisladas: su efecto sobre la asociación micorrícica en la guadua.

Entre los aspectos más interesantes del procedimiento de búsqueda, según Díaz, hubo uno que fue llamativo por el principio, pues los roles de los funcionarios de Geoambiente estaban definidos desde la investigación y asistencia de investigación, pero durante el proceso fueron facilitadores.

Por su parte, Ángela García, actualmente profesora de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, realizó su trabajo de grado de maestría en el marco del proyecto investigando sobre microorganismos que pudieran tener control de ciertos agentes patógenos para las guaduas y las gramíneas en general.

Wilson Terán, también coinvestigador y profesor del Departamento de Biología, se encargó, junto con la docente García, de la caracterización molecular de los organismos con ciertas funciones biológicas y de una estrategia llamada bioprospección, desarrollada a partir del estudio de las posibles funciones del aprovechamiento del suelo en ámbitos agrícolas.

Los estudiantes de pregrado colaboraron con el estudio de diferentes grupos de microorganismos, básicamente de cinco: los que fijan nitrógeno atmosférico, algunos que solubilizan fósforo, los que producen agentes quelantes de hierro, otros que producen reguladores de crecimiento vegetal (como nuestras hormonas) y, finalmente, unos que ayudan a movilizar nutrientes hacia la planta, estos últimos, los hongos de micorriza.

Gracias al trabajo de todo el equipo se pudieron obtener resultados altamente productivos, no solo para mejorar la siembra, sino también para optimizar la calidad del trabajo de los guadueros. La investigación pudo establecer que si el producto que se obtenía de los guaduales retornaba a estos, tales insumos tendrían alto potencial para el crecimiento de otro tipo de productos, principalmente gramillas, como trigo, pasto, arroz y cebada: los más importantes desde el punto de vista de la seguridad alimentaria.

La Academia como agente de cambio

Debido a los logros obtenidos con las aplicaciones de la investigación en distintos viveros, el grupo resultó ganador de una convocatoria de proyectos para el sector agropecuario por planteamientos a largo plazo. Con financiación del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, los investigadores de la Javeriana pudieron impactar en otras regiones de Cundinamarca, como Guaduas, Villeta y Pacho, en donde con igual éxito se aplicaron los resultados obtenidos en el primer estudio.

Iniciativas como esta han hecho que los productores se beneficien de la Academia para crear asociaciones, implementar capacitaciones y fomentar lazos. Gracias a esta investigación se llevó a cabo el curso Propagación de Guadua con Bioinsumos, en el que participaron más de cincuenta guadueros, estudiantes y técnicos de Cundinamarca; y articuladas con el proyecto “Manejo integrado del cultivo de guadua”, se realizaron cuatro sesiones de divulgación de resultados en el municipio de Pacho.

Además, según Díaz, en el momento en el que se implementen los productos obtenidos de los microorganismos, el costo de
producción de material vegetal “va a disminuir de un 50% a un 25%”, lo que se traduce en un ahorro de suma importancia. “De esta manera, el número de familias que pueden verse beneficiadas son tantas como las que quieran implementar el sistema de propagación de la guadua”, dice Díaz.

Es por eso que desde la Academia se pide más inversión del sector estatal y más
interés de los guadueros para que se conformen como agremiación, pues seguir
consolidando conjuntamente la producción de esta planta puede traer beneficios sociales, económicos y vitales para muchas comunidades.


Para leer más:
+Castaño, F. & Moreno, R. D. (2004). Guadua para todos: cultivo y aprovechamiento. Proyecto Manejo Sostenible de Bosques de Colombia. Minambiente, Carder, GTZ, Cortolima, Corpocaldas, CVC, CRQ. Bogotá.
+Catálogo de la biodiversidad de Colombia. Disponible en: https://www.siac.net.co/sib/catalogoespecies/especie.do?idBuscar=280&method=displayAAT. Consultado: 20/02/2012.
+Kleinn, C. & Morales-Hidalgo, D. (2006). “An Inventory of Guadua (Guadua angustifolia) Bamboo in the Coffee Region of Colombia”. Eur. J. Forest Res 125: 361-368.

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Salvaguardar: pronósticos y control de escenarios hidrológicos

Salvaguardar: pronósticos y control de escenarios hidrológicos

Los caminos más seguros y adecuados hacia el cuidado, el control y la gestión del riesgo hídrico son cada vez más necesarios. Tras las varias, y poco sutiles, alteraciones climáticas de los últimos diez años, se ha planteado como indispensable el uso de herramientas de mayor precisión para diagnosticar y controlar las corrientes hidrológicas. En Colombia, país que desde los años setenta fue catalogado como potencia hídrica junto a Brasil y Rusia, se han desarrollado importantes y diferentes sistemas de medición y pronóstico. Sin embargo, las políticas hídricas del país no son suficientes para prever la magnitud de un desastre natural, y mucho menos la manera y el momento en el que este pueda suceder.

Para un grupo de investigadores de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana, se hizo necesario el desarrollo de un proyecto que, en compañía de las instituciones encargadas del control hídrico, permitiera un avance en estas políticas pero, sobre todo, creara herramientas que ayudaran a sacar mejor provecho del recurso, enriquecer los sistemas de información y preparar posibles planes de ejecución en caso de una alerta natural. Así, el estudio “Pronósticos y escenarios hidrológicos de corto y largo plazo para el apoyo de la toma de decisiones en prevención de desastres, navegación y generación de energía” plantea un avance importante hacia una de las muchas soluciones que requiere este problema.

Efraín Domínguez, ingeniero hidrólogo e investigador principal, asegura que, “debido a que casi todos los diseños que debe desarrollar una sociedad, como puentes, vías, acueductos, etc., están entrelazados o influenciados por el agua, no solo es importante entender y estimar el recurso hídrico que tenemos sino también generar elementos que permitan apropiarnos de este y usarlo como un beneficio”. De esta forma, el camino que persigue la investigación se centra en crear, a partir de la problemática, un entorno informado y calculador que le permita al país tanto prever como utilizar de una mejor forma el recurso hídrico. “Tomar decisiones informadas” es la premisa que impulsa y sostiene el trabajo que ahora es aplicada en el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), y en la Empresa de Generación de Energía (Emgesa).

La investigación, que tomó como base el río Magdalena, pero que está diseñada para cualquier cuenca, caudal o escenario hídrico colombiano, se centra en tres componentes fundamentales: estimar, evaluar y proyectar. Gracias a un cuidadoso seguimiento, el grupo de investigadores logró postular comportamientos y regímenes de los escenarios hidrológicos más importantes del país que, en compañía de la Academia de Ciencias de Rusia, determinaron la manera en que se iba a desarrollar. El reto creció de manera sustancial y fue necesario establecer como metas y objetivos específicos las herramientas de prevención y el pronóstico en tiempo real. Este se lleva a cabo con la información satelital que arroja el sistema de medición y la aplicación de fórmulas matemáticas que comparan datos del mismo caudal en diferentes periodos de tiempo y trabajan sobre la probabilidad de precipitación que este presente.

Adaptarse y mitigar los comportamientos de un recurso tan independiente como el agua no es tarea fácil; es fundamental observar la superficie del territorio y mantener actualizados los datos que esta arroja. Aunque existen buenos sistemas de medición e incluso un sistema de alertas calificado, la problemática real surgió al momento de no poder desarrollar diagnósticos en tiempo real que permitieran actuar y adelantarse a los datos que arrojaba el sistema, de manera que el primer avance generado fue el de aprovechar la información y permitir la toma de decisiones con anticipación. Debido a estos avances, el proyecto javeriano adoptó el mejoramiento de las redes de información como una responsabilidad propia lo que permitió crear un bloque con más bases y herramientas, que no solo contemplan el riesgo hidrológico sino también el buen uso del recurso en temas de navegación, sistemas de riego y generación de energía.

Una parte de la acción fue darle a la sociedad herramientas de diagnóstico, pero también encontrar maneras en las que estos pronósticos permitieran un mejor uso del recurso que, como se mencionó antes, contempla tanto la producción de energía como la navegación de los ríos para carga y transporte de diferentes productos. Esto por cuanto, en la actualidad, Colombia produce el 75% de su energía con hidroeléctricas y los costos de transporte acuático se reducen, en términos generales, en un 20% en comparación con el transporte aéreo y terrestre.

Corrientes con argumento

“Cuando empezaron a precipitarse más del 60% de los caudales del país y empezó a haber agua por todos lados, nos dimos cuenta de que necesitábamos de una metodología más especializada que permitiera actuar frente al riesgo, y así más adelante prevenir los contratiempos y solidificar el sistema de alertas”, asegura Domínguez, cuando recuerda los principios de la investigación y la manera como establecieron los alcances que esta tendría. En las proyecciones de largo plazo se encuentran el control y la acción frente al cambio climático y el desarrollo de políticas hídricas más sólidas; en el corto plazo, diseñar y aplicar mejores métodos de operabilidad en embalses y el trasporte acuático, así como continuar la implementación de hidroeléctricas.

La parte más importante del proyecto se fundamentó en el desarrollo de un bloque de pronósticos y de escenarios hidrológicos que contara con fórmulas matemáticas que funcionaran en relación con toda la infraestructura de producción de información local —red hidrometereológica—, pero que a su vez se comportaran como entes independientes que pudieran calcular y proyectar diferentes movimientos y comportamientos del recurso a lo largo de sus recorridos. Las herramientas más des‑
tacadas de este bloque son los métodos de análisis descriptivo, el análisis por correlación y el análisis de componentes principales o fusiones de información entre señales de tiempo real y datos archivados. El eje fundamental se centra en la aplicabilidad que se le dé. Si pensamos en que el sistema reporta una alteración en el flujo del caudal del río Magdalena, por ejemplo, las diferentes estaciones de medición que existen a lo largo de este, junto con las fórmulas generadas, lograrían establecer, en un plazo de tres horas de antelación, cómo se va a comportar un caudal más pequeño a kilómetros de distancia.

El futuro del proyecto es reforzar el tema de pronósticos probabilísticos, que no solo dan al usuario una predicción de cantidad sino también del excedente que se puede observar en dicha cantidad, lo que permite niveles de predictibilidad más exactos, un asunto en que trabajan con entidades nacionales e internacionales. Como afirma Domínguez, “lo más importante del pronóstico es encontrar la matemática de la información que produce el sistema y saber que no se puede predecir todo el tiempo o que no se puede predecir con toda la antelación que se quisiera, por lo que debemos trabajar en equipo con todas las entidades posibles para encontrar las ventajas necesarias, predecir, calcular y, lo más importante: salvar vidas”.


Para leer más…

<style=”color: #999999;”>+Domínguez, E.; Angarita, H. y Rivera, H. (agosto de 2010). “Viabilidad para pronósticos hidrológicos de niveles diarios, semanales y decadales en Colombia”. Revista de Ingeniería e Investigación 30 (2): 178-187. Disponible en este enlace


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Con los ojos puestos en la pesca de ornamentales en la Orinoquía colombiana

Con los ojos puestos en la pesca de ornamentales en la Orinoquía colombiana

Los peces ornamentales son como una travesura de la naturaleza, tan pequeñitos que no se les caza para alimento,tan variados en sus formas y colores que nos divierte contemplarlos y hasta nos pueden maravillar por su belleza; su valor reside precisamente en ella. Colombia se encuentra entre los 15 principales países que exportan estos peces en el mundo y para algunas comunidades en nuestro país la pesca de los ornamentales es su única fuente legal de sustento.

Desde el inicio de la actividad exportadora en la década del cincuenta, principalmente desde Sur América y África, la dinámica ha variado puesto que inicialmente solo los países que extraían las especies de su medio natural las exportaban. Posteriormente, algunos países sin mucha diversidad en especies nativas se convirtieron en exportadores porque lograron dominar la tecnología de cría de peces ornamentales en cautiverio; es el caso de la República Checa, cuarto exportador mundial hoy en día.
Esto ha dado lugar a que autores como Germán Galvis, José Iván Mojica y otros
―participantes de la investigación financiada por la Universidad Nacional de Colombia y el Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural (INCODER)― sugieran que se incentive la reproducción de especies ornamentales en nuestro país, sacando provecho de la abundancia de mano de obra y de la alta disponibilidad de espacio, para contrarrestar la amenaza que podría presentarse si, una vez exportados los parentales, estos son cultivados en otros lugares, perjudicando la participación de Colombia en el mercado. Según su trabajo de investigación la exportación de peces ornamentales llegó a producir a finales de los años setenta cerca de ocho millones de dólares anuales, pero posteriormente el auge de la coca en la Orinoquía y Amazonía ―principales lugares de extracción― produjo un receso en la actividad; un poco menos de tres millones de dólares anuales en el 2007. Esto, los lleva a concluir que, aunque no se trata de un recurso inagotable, sí tiene un margen de expansión con las limitaciones propias de las características de cada especie.

De ahí la importancia de la investigación de los peces ornamentales. En Colombia, la mayoría de los comercializados (88%) son extraídos de la región de la Orinoquía, mientras que la segunda región en importancia es la Amazonía, de donde se extrae el 10%, según el INPA (Sistema de Información de Pesca y Acuicultura).

Como dijo Saúl Prada, profesor investigador del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, en entrevista a Pesquisa: “es necesario aumentar las investigaciones en el recurso peces ornamentales, pues por un lado se tienen cifras muy aproximadas y con frecuencia no consistentes sobre la cantidad de peces ornamentales que se exportan desde nuestro país y, por otro lado, nos faltan aún muchos datos sobre la biología y ecología de las diferentes especies. Por ejemplo, no sabemos en dónde y en qué época del año se reproducen, a qué edad, de qué se alimentan, las posibles interacciones de estas especies con otras y con su medio, cómo las afecta la temperatura, el oxigeno, etc. Tampoco conocemos sus tasas de mortalidad y crecimiento; ni cuántos individuos se pueden extraer sin detrimento de la especie, y solo se puede administrar bien un recurso cuando lo conocemos total e integralmente”.

Otro gran vacío de información es la carencia de datos sobre las capturas incidentales durante la pesca ornamental, es decir, las especies ―y el número de individuos de estas― que se obtienen durante las faenas de la pesca ornamental, sin ser las especies objetivo de la pesca. Dentro del contexto de la administración de recursos es importante conocer esas pescas incidentales dado que pueden tener un gran impacto sobre muchas especies que no son objeto; los peces capturados incidentalmente por lo general se pierden, son dejados en la orilla o, en algunos casos, devueltos al río por los pescadores, pero con pocas posibilidades de supervivencia; esto, debido a los maltratos propios de la captura, lo cual tiene consecuencias ecológicas.

Precisamente para comenzar a llenar este vacío de información, Saúl Prada junto con Jhon González y Juan Mondragón realizaron el primer trabajo sobre capturas ícticas incidentales de la pesca ornamental que se hace en nuestro país. Este trabajo contó con el apoyo del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, la Facultad de Ciencias y Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y la Unión Temporal Fundación Omacha–Fundación Horizonte Verde, ONG que trabajan por la conservación de los recursos naturales en la zona.

Para llevar a cabo el registro y captura de los peces ornamentales e incidentales se efectuaron muestreos directos, acompañando a los pescadores durante sus faenas de pesca. Las capturas se evaluaron teniendo en cuenta la riqueza (el número de especies recogidas), la abundancia (número de individuos por especie) y la frecuencia de ocurrencia para cada una de las especies; esto es el número de apariciones de cada especie en función del número total de lances por sitio. Asimismo, en el cálculo de la abundancia, intervino una medida del tiempo efectivo empleado en la pesca, la CPUE (captura por unidad de esfuerzo).

Lo que encontraron

Los muestreos realizados en los ríos Bita, Orinoco y caño Negro (zona de influencia de Puerto Carreño) arrojaron un total de 152 especies, tanto de peces ornamentales ―que eran el objeto de la pesca― como de incidentales. En términos del número de especies (riqueza) más del 90% de las especies capturadas fueron incidentales; sin embargo, los valores de abundancia estimados a partir de la captura por unidad de esfuerzo frecuentemente fueron menores para estas especies incidentales que para las especies objetivo de la pesca; en otras palabras, la cantidad de individuos de las especies objetivos sí fue mayor que los incidentales. La excepción se observó en los afloramientos rocosos del río Orinoco en donde el impacto se apreció tanto en la riqueza como en la abundancia de las especies incidentales.

El tipo de pesca utilizado es una variable que incide de manera importante en la captura de las incidentales. Así las cosas, las especies capturadas con artes de pesca altamente selectivos, como los utilizados en la pesca de la arawana (Osteoglossum ferreirai) y la raya motora (Potamotrygon motoro) no presentan capturas ícticas incidentales, lo cual indica que la pesca de estas especies no afecta a otras. Sin embargo, el uso de artes de pesca poco selectivos, como la red de arrastre o chinchorro, en la captura de corredoras (Corydoras melanistius), crinicaras (Dicrossus maculatus) y corronchos punto de diamante (Hemiancistrus sp), presentan un gran porcentaje de especies ícticas incidentales, nos explica el investigador Prada. Por ello, entre las recomendaciones que deja la investigación se sugiere evitar el uso indiscriminado de la pesca de arrastre y realizarla en sitios y épocas específicos y no para cualquier especie.

Para terminar, cabe anotar que este trabajo de investigación permitió el registro de dos nuevas especies para el área de estudio: el tongolino (Asterophysus batrachus) y la cucha diamante (Hemiancistrus sp), no reportadas en trabajos previos.


Para leer más…
Prada Pedreros, S.; González-Forero, J. y Mondragón Estupiñán, J. (2009). “Capturas ícticas incidentales de la pesca ornamental en el período de aguas bajas en el área de influencia de Puerto Carreño, Orinoquía colombiana”. Universitas Scientiarum 14(2-3): 173-186. Bogotá D.C.
+Galvis, G.; Mojica, J.; Provenzano, F.; Lasso, C.; Taphorn, D.; Royero, R.; Castellanos, C.; Gutiérrez, A.; Gutiérrez, M.; López, Y.; Mesa, L.; Sánchez, P. y Cipamocha, C. (2007). “Peces de la Orinoquía colombiana con énfasis en especies de interés ornamental”. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
 
 

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Del bosque al laboratorio tras el cromo que transportan las aguas residuales de las curtiembres

Del bosque al laboratorio tras el cromo que transportan las aguas residuales de las curtiembres

Vive a sus anchas en los bosques. Le encanta degradar la madera de los árboles. Es bello. Al crecer forma anillos concéntricos de variadísimos colores dando origen a una especie de abanico, con lo que se hace aún más llamativo. Es el Trametes versicolor, un hongo de aproximadamente diez centímetros de altura que, si se tiene bien desarrollada la capacidad de observación, es posible encontrar en muchos bosques de Colombia.

Como al Trametes versicolor, al Pleurotus ostreatus, la rica orellana de dulce sabor y suave olor fúngico que cada día se consigue con mayor frecuencia en los mercados del país, también le gusta comer troncos. Y también vive a sus anchas en los bosques. Los acolchados que producen las coníferas en parques como el de la represa del Neusa, se convierten en uno de sus hábitats favoritos.

El trío lo completa una cepa del Phanerochaete chrysosporium donada, para hacer parte de la historia que aquí comienza, por la doctora Refugio Rodríguez Vázquez, directora del Laboratorio de Compuestos Xenobióticos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional de México, como parte de un convenio internacional de cooperación con la Universidad Javeriana.

Estos tres degradadores de madera tienen otros gustos. Les complace transformar contaminantes asociados a plaguicidas, hidrocarburos, explosivos y colorantes. Lo hacen por la similitud estructural que tienen ciertos contaminantes con los anillos aromáticos que hacen parte de la madera. Ellos asumen que se trata de algo parecido a lo que normalmente usan para crecer y empiezan a hacer cambios en los contaminantes hasta llegar a degradarlos completamente. Algunos de estos compuestos además tienen color. Algo que parece gustarle a los hongos, pues al ponerse en contacto con ellos son capaces de actuar hasta lograr, en el caso de las aguas residuales, el color propio del agua potable.

No comen metales, sin embargo, sus paredes se prestan para capturarlos por la capacidad que tienen de actuar como una cinta pegante. Los hongos que crecen sobre la madera forman unas estructuras que parecen finas motas de algodón, llamadas micelio. La gran ventaja es que a él pueden adherirse los metales pesados, convirtiéndose esta en una novedosa estrategia en el tratamiento de aguas residuales.

El trío de hongos tiene otra cualidad: son buenos con los investigadores al dejarse cultivar en los laboratorios en condiciones controladas.

Los hongos cambian de hábitat

Al llegar de su doctorado en Ciencias con énfasis en Biotecnología desarrollado en México, la bacterióloga colombiana Aura Marina Pedroza Rodríguez, se planteó continuar sus investigaciones en esta línea, en la que ya tenía antecedentes con su trabajo de tesis doctoral, pero esta vez haciendo énfasis en la experimentación con hongos para la remoción de metales. Una problemática de amplio calado como la del efecto que tiene el cromo utilizado en los procesos de curtiembres sobre el agua, se convirtió en el centro de sus preguntas y sus preocupaciones.

En el proceso de curtido de pieles, explica la investigadora, hay una etapa crítica cuando se utilizan las sales de cromo con las que se logra dar resistencia al cuero para evitar que se rasgue y prepararlo así para las fases posteriores de tratamiento. El cromo se une al cuero y lo que hacen los curtidores es lavar una y otra vez las pieles para ir paulatinamente eliminando el exceso del metal. Es en este momento cuando el cromo va a las aguas residuales y puede generar problemas ambientales y de salud para los humanos y los animales si no se establecen mecanismos y planes para removerlo.

El estudio inicia cultivando los tres hongos bajo condiciones controladas y sin ponerlos en contacto con el metal. Como dice Pedroza, “los teníamos consentidos”. El trío no sabe a lo que tendrá que exponerse después: las pruebas de tolerancia. Ya en el laboratorio, los investigadores empiezan a poner los hongos en contacto con las sales de cromo, y monitorean las reacciones que se dan de acuerdo con la cantidad de metal al que son expuestos. Poco a poco se incrementa la concentración para hacerlos más resistentes.
Gracias a estos ensayos fue posible convertir cepas normales en cepas hipertolerantes.
Luego de dos meses de experimentación, encontraron, por ejemplo, que el Phanerochaete chrysosporium resistía concentraciones muy altas de cromo, lo que resultaba muy satisfactorio ya que el agua de las curtiembres suele tenerlas.

Una vez los hongos se han adaptado a estar en relación con las sales de cromo, los investigadores proceden a introducirlos en las aguas residuales provenientes de empresas de curtiembres de la zona de Villapinzón en Cundinamarca, que apoyaron esta fase del estudio. Un paso previo fue caracterizar detalladamente el agua residual que venía de allí, de tal manera que fuera posible establecer qué tan alta era su contaminación y poder así comparar, con los datos experimentales, si efectivamente los hongos removían el metal. Fue entonces cuando los investigadores supieron cuál era el reto que enfrentaban en materia de limpieza de aguas residuales.

Entre tanto, una gran producción de hongos altamente tolerantes al cromo está lista en el laboratorio para someterse a las nuevas pruebas. Es el momento de ponerlos en contacto con el agua residual dentro de tanques llamados biorreactores, muy parecidos a los empleados para almacenar el agua potable de las casas. “Con el fin de que los hongos puedan estar en contacto permanente con el metal, se utilizan compresores para inyectar aire y se van monitoreando las transformaciones que sufre el agua con el paso del tiempo”, explica Pedroza. De esta manera, se logra remover metales, color, demanda química de oxígeno (DQO) y demanda biológica de oxígeno (DBO5) hasta alcanzar los límites de vertimiento que se ajustan a lo establecido por la legislación nacional.

En palabras sencillas, después de someterse a la acción de los hongos, el agua residual pasa de verde oscura, casi negra, a verde clara; de gran concentración de cromo a baja concentración de cromo y de alta presencia de demanda biológica de oxígeno y de demanda química de oxígeno a presencia adecuada. Todos los parámetros cumpliendo la norma. Dos resultados significativos de esta investigación son, primero, producir una cepa hipertolerante al cromo, no reportada antes en la literatura científica, que logra aguantar 85 mil partes por millón de cromo y, segundo, remover el cromo de las aguas residuales; en materia de color dejar el agua apta para vertimiento en el alcantarillado y con una DBO5 y una DQO adecuados a lo establecido por la norma.

Lo que sucede posteriormente con el cromo removido que queda adherido a la biomasa de los hongos es fuente de otras líneas de investigación para quienes trabajan en nuestro país con metales pesados, dado que éstos no se evaporan ni se diluyen. “Yo puedo retirarlo del agua y el agua queda menos contaminada, pero ¿ahora qué hago con el subproducto que sale del tratamiento?”, es una pregunta que ya se ha hecho Pedroza. El reto, entonces, no es solo para quienes trabajan en Microbiología. Una alternativa, explorada por este grupo, es ir disminuyendo poco a poco la concentración de cromo, aplicando tratamientos como el compostaje hasta dejar el metal lo suficientemente diluido para que pueda ser incorporado a los suelos.

Transferencia de tecnología al alcance

Los resultados obtenidos por el Grupo de Investigación de Biotecnología Ambiental e Industrial de la Universidad Javeriana son significativos no solamente para la ciencia colombiana, sino por el potencial de aplicación en el sector industrial de las curtiembres, aportando alternativas económicas para la remoción de metales pesados y los procesos de biodecoloración. Gracias a ellos y a partir del establecimiento de procesos de transferencia tecnológica, se contribuye a que las empresas implementen programas de producción más limpia, sean amigables con el medio ambiente y logren los permisos requeridos en materia de vertimientos de aguas residuales.

Conectar la investigación científica con la realidad del sector productivo nacional es una tarea en la que viene trabajando la Universidad Javeriana a través de su Oficina de Innovación y Desarrollo. De ahí que investigadores como Aura Marina Pedroza trabajen hoy no solo en sus laboratorios, sino con empresarios del sector de las curtiembres. Así, los proyectos de investigación se convierten también en proyectos sociales de alto impacto.


Para leer más…
+Gómez-Bertel, S., et al. (2008). “Evaluación de Phanerochaete chrysosporium, Trametes versicolor, Pleurotus ostreatus y Aspergillus niger como alternativa para el tratamiento de aguas residuales del curtido de pieles”. Revista Internacional de Contaminación Ambiental, 24 (3): 93-106. Disponible en: https://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=37011662001. Recuperado en
21/02/2011.
+Morales-Fonseca, A. et al. (2010). “Desarrollo de un bioadsorbente laminar con Phanerochaete chrysosporium hipertolerante al cadmio, al níquel y al plomo para el tratamiento de aguas”. Revista Iberoamericana de Micología, 27 (3). Disponible en: https://www.reviberoammicol.com/2010-27/111118.pdf. Recuperado en 21/02/2011.
+Pontificia Universidad Javeriana y Secretaría Distrital de Ambiente Distrital. (2010). Rueda de negocios para el aprovechamiento, valorización y disposición de residuos [Video]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=C7wRl-5U9Ng. Recuperado en 21/02/2011.


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Cartógrafos de identidades móviles

Cartógrafos de identidades móviles

De Túquerres a Pailitas, de Itsmina a Cocorná, de Chinácota a Inírida o de Ubaté a Tuluá. Todos ellos son sólo un ejemplo de las travesías, los territorios y los espacios de diálogo que pusieron a contar a los habitantes de 33 municipios de nuestro país qué es eso de ser colombiano. Los investigadores iban tras el presente de la identidad colombiana, tras los imaginarios y mentalidades que se construyen de conceptos como ciudadanía, nación e identidad, y preguntándose por el papel de los medios de comunicación en este proceso.

Los de la identidad nacional son terrenos movedizos, sospechosos, ambiguos. Se les teme. Crean desconfianza. Son más las preguntas que las respuestas. Los discursos de la identidad están llenos de imágenes, símbolos, frases, palabras, mitos y estereotipos. ¿Cómo acercarse a ellos? Por tradición, desde un enfoque historicista. Poco se ha buscado interpretar el fenómeno en relación con las agendas de los medios de comunicación, desde un enfoque cultural y discursivo. En ello radica el valor de la investigación que aquí presentamos, también las nuevas desconfianzas, especialmente, las que provienen de la orilla de los sectores más tradicionales de las ciencias sociales.

Ciudadanos, medios y nación es un trabajo revelador. Conjuga los esfuerzos de la Universidad Javeriana, el Centro de Investigación en Educación Popular –Cinep– y Colciencias. Fue capaz de convocar a más de 25 profesionales, entre los que se encontraban sociólogos, periodistas, físicos, matemáticos, músicos, politólogos y antropólogos, quienes con avidez y compromiso impulsaron la búsqueda y lograron una metodología innovadora. Abrió espacios de diálogo y se concentró en el país que es consultado con muy poca frecuencia, salió de los núcleos urbanos y su territorio de observación, se trasladó a pequeñas poblaciones de once regiones del país, aquellas que tienen procesos de construcción de Estado muy desiguales y diferenciados regionalmente.

El objetivo general, comenta el comunicador y sociólogo Camilo Tamayo, su investigador principal, era indagar por categorías muy gruesas: ciudadanía, nación e identidad, pero desde preguntas que apelaran a la cotidianidad de la gente. “No desarrollamos el ejercicio de preguntar a una persona qué entiende por nación o por identidad. No nos interesaba el saber experto, el que indaga por cuánto conoce usted de ciudadanía o de historia de Colombia. Creíamos más en lo que llamamos las preguntas de salida”.

En las preguntas, las claves

“Que qué destaca de su municipio, que qué hace en su tiempo libre, que quiénes defienden sus intereses, que si ha contribuido a solucionar algún problema de su comunidad, que qué no puede faltar en la casa de un colombiano, que dónde se entera de lo que pasa, que quién es el más colombiano de todos los colombianos…”.

Y así hasta completar una rica batería de 18 preguntas, cuidadosamente estudiadas y validadas. De ahí fue de donde partieron los investigadores para finalmente llegar a elaborar mapas regionales y nacionales de agendas ciudadanas y mediáticas, que dieran cuenta de las construcciones simbólicas de lo que hoy puede entenderse como lo nacional o lo colombiano.

La original batería de preguntas hizo parte de una metodología que comprendió un componente cuantitativo, uno cualitativo y otro hermenéutico. La idea era cruzar técnicas y métodos tan diversos como el muestreo estadístico, el sondeo telefónico, entrevistas en profundidad, estructuradas y semiestructuradas, grupos focales y observaciones etnográficas.

Los investigadores definieron tres categorías. A la primera la llamaron “ciudadanías”, con el fin de entender cómo los medios y los procesos de comunicación ayudan a conformar algún tipo de ciudadanía en esos lugares de Colombia. La segunda, fue “nación”, a partir de la cual buscaron mirar qué relatos de país y qué memorias sobre la nación conocen las personas, a través de los medios y en ambientes donde construyen su vida social, como la familia, la escuela y el barrio. Y la tercera fue “identidades”, desde donde estudiaron cómo las identidades de estas personas se ven afectadas por los relatos que vienen de los medios y por las prácticas sociales que desarrollan en sus municipios.

Confirmaron que los medios proveen relatos leves, no oficiales, para construir identidades. La televisión, con sus melodramas, tiene un peso simbólico importante en esa configuración. Es el medio de mayor penetración y a través del cual las personas se enteran de lo que pasa. Identificaron que existe una conexión clara entre estos lugares y los procesos que suceden en el espacio internacional y que en las identidades locales hay referentes culturales y estéticos, ubicados en otros países que se afianzan al pasar por los medios internacionales con los que se tiene contacto.

Los resultados llaman la atención sobre los procesos muy diferenciados y desiguales de construcción de identidades y de nación que vive Colombia y sobre la tremenda heterogeneidad de identidades y naciones que se dan en el país. Los referentes de ciudadanía y la manera como se vive la nación en esos territorios muestran unas colombias muy disimiles y dispares entre ellas. “Si desde la sociología, la ciencia política y la historia se ha analizado que Colombia es un país en proceso de construcción y que tiene una mirada diferenciada regionalmente, podemos decir que desde los procesos comunicativos y simbólicos se generan esos mismos grados de diferenciación”, comenta Tamayo, quien dirigió la investigación junto con Andrés Medina, físico, antropólogo y matemático.

Contradicciones al desnudo

Este trabajo arroja muchos datos significativos, acá destacamos sólo algunos. Al indagar sobre lo que hacen los colombianos en el tiempo libre o por las actividades grupales en las que les gusta participar, fue posible comprender cómo se ejerce la ciudadanía, cómo se hace parte de una comunidad y cómo se construye lo público. La fuerza está más en el tipo de ciudadanía que se configura en torno al deporte o a través de los medios, que en las actividades religiosas o políticas. Los habitantes de los municipios consultados destinan la mayoría de su tiempo libre al hogar y a ver televisión, y sólo un 6% participa en actividades políticas, el espacio grupal privilegiado para construir lo público.

En el ejercicio de la ciudadanía se presupone que el Estado tiene una incidencia importante, en la medida en que debe garantizar unos derechos, de ahí que se hiciera la pregunta “¿Quién defiende sus intereses?”. El porcentaje más alto de respuestas fue “mi familia”, 54%, o “yo mismo”, 28%, evidencia contundente de lo ausentes que están en estos territorios el Estado, las instituciones y las autoridades. Y cuando se pregunta al ciudadano si ha contribuido en la solución de algún problema de su comunidad, es revelador encontrar una negativa como respuesta principal. La solución institucional a los problemas, el control político o la mediación en conflictos, asuntos que pasan por procesos formales en el ámbito político, no están presentes.

El estudio permitió observar los procesos de construcción de memoria, en particular de lo que se llamó “memoria mediática”. La gente recuerda las noticias, las novelas y la violencia desde una perspectiva nacional. Lo que preocupa a los investigadores es que en Colombia no exista una diversidad de medios lo suficientemente amplia para generar procesos de memoria y de identificación en lo local. Se destaca que las demandas de las personas al Estado estén relacionadas con las agendas mediáticas, por eso habría que reflexionar sobre la responsabilidad que les compete a los medios en los procesos de construcción de ciudadanía en sus audiencias.

En esto de indagar por la identidad, una pregunta como “¿Qué tenemos en común los colombianos?”, deriva en respuestas sublimes, emocionales, subjetivas: “somos solidarios”, “queremos la paz”, “amamos el país”. Es un imaginario muy positivo que contrasta con la evidencia de una persona que no participa, no construye en lo público y es individual. La investigación desnuda grandes contradicciones de lo que es un proceso de formación de país.

Con los resultados fue posible realizar dos mapas sociocomunicativos que muestran cómo los relatos de país, de nación y de ciudadanía, conectan diversos territorios y contienen elementos e imaginarios compartidos, que permiten trazar las regiones mentales de los participantes.

¿Qué entienden hoy por nación los colombianos? No hay una nación colombiana, sino múltiples naciones y cada colombiano tiene una representación de nacionalidad diferente, muy marcada por los procesos coyunturales que ha vivido en un determinado territorio. Todavía se está construyendo “un relato de nación” que dé cuenta de lo bueno que es ser colombiano y de la nación imaginada. ¿Y cómo se construyen los relatos de identidad? Definitivamente con referentes que pasan por los medios, especialmente por la televisión.

Como bien dicen los investigadores “en este movimiento constante de las identidades, los medios de comunicación y los productos culturales son elementos que generan constantes inestabilidades en las identidades de los sujetos, pues son múltiples y frecuentes los mensajes ante los cuales el individuo escoge y reconstruye constantemente lo que es y de lo que se distancia”.
De ahí la expectativa de quienes participaron en esta trabajo, muchos de ellos haciendo hoy su doctorado por fuera del país, en regresar para dar continuidad a un Ciudadanos, medios y nación aún más poderoso.


Para leer más…

Diálogos Cinep. Podcast: “Medios, ciudadanos y nación”. Disponible en: https://www.cinep.org.co/node/608. Recuperado 01/10/2010


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¿Medio lleno o medio vacío?

¿Medio lleno o medio vacío?

No se trata de optimismo ni de psicología. El problema del vaso medio lleno o medio vacío recuerda, más allá de su curioso juego de palabras, que el problema también está en la calidad del recurso que llena una cantidad cualquiera de ese vaso y, de cómo, si seguimos contaminando, terminará por evocar un mundo en el que aún podíamos llenarlo o desocuparlo. El agua, sí, de eso hablamos.

Considerando que el riesgo ambiental en el que se encuentra el agua va más allá de una ecuación con fórmulas matemáticas, y de que es una parte de muchos problemas y un problema con muchas partes, es importante reconocer que es una cuestión que nos compete a todos. En Bogotá, la condición y calidad del agua es uno de los temas que más preocupa. El sistema hídrico, un conjunto de cuerpos de aguas naturales y artificiales que hacen parte del drenaje y que en Bogotá está conformado por el canal Torca y los ríos Salitre, Tunjuelo, Fucha y Bogotá y las diferentes quebradas que confluyen en estos ríos, presenta inconvenientes que ponen en la mesa un gran interrogante, ¿qué calidad tienen nuestra agua y el sistema que la transporta?

Un grupo de investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana, liderado por el ingeniero Nelson Obregón y acompañado por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá y la Secretaría Distrital de Ambiente, buscaron la respuesta a esta pregunta con una investigación de monitoreo de los caudales y redes que ven correr el agua de la ciudad. La publicación del libro Calidad del sistema hídrico de Bogotá, resultado de este proyecto, es un gran avance y un estimativo contundente para el estudio de las problemáticas que la mayoría de ciudadanos desconocen y que, sin saberlo, los involucra de forma directa.

Por fortuna, la valoración de la calidad del agua potable no está contemplada en esta publicación ya que, a conocimiento de todos, Bogotá cuenta con agua potable de muy buena calidad. No obstante, lo que preocupa es el estado del drenaje y el alcantarillado del agua contaminada y de las aguas lluvias que terminan circulando por la ciudad en los ríos y caudales, que hacen parte del sistema hídrico.

El investigador principal, Nelson Obregón, explica que aun con un sistema hídrico en buen estado y con las plantas de tratamiento que se tienen, no tenemos la certeza de que podamos recuperar por completo los ríos ya contaminados, y lo que inquieta en ese caso es que si no cumplimos con el compromiso ambiental que nos exige mantener y circular las aguas residuales en buen estado, terminaremos por convertir el agua en una amenaza.

Así pues, la problemática crece a la misma velocidad en la que el agua recorre la ciudad y, sin lugar a dudas, es una consecuencia de las dinámicas metropolitanas y del comportamiento ciudadano frente al uso y cuidado del recurso. Estos temas, al ser contemplados por este grupo de investigadores, presentan un estimativo importante que sobrepasa el tecnicismo, para establecer puntos de partida que permitan entender la problemática y ofrecer posibles métodos de reparación y prevención.

Del método al monitoreo

La investigación comenzó en 2006 con el convenio entre las diferentes entidades, las mismas que más adelante, entre 2007 y 2008, trazaron una línea de estudio, impulsada desde el programa de monitoreo aleatorio en puntos clave del sistema hídrico de Bogotá: el Canal de Torca y los ríos Salitre, Fucha, Tunjuelo y Bogotá. Esto permitió esclarecer resultados, no sólo de la calidad del agua, sino también de la variabilidad del
sistema, determinada por elementos espaciales y temporales. Después de establecer 37 puntos de monitoreo, estudiados en nueve meses del año, en los siete días de la semana, en las tres jornadas del día, se generaron 740 datos que permitieron analizar 29 parámetros físicos, químicos y bacteriológicos de cada río y canal estudiado.

Más allá de los saltos numéricos, el desarrollo metodológico empleado permitió un estimado, que si bien no es único ni exacto, se postula como punto de partida para los estudios de calidad del agua; es además una herramienta clave para iniciar un plan de acción, que sirva para los planes de saneamiento actuales y para proponer a los técnicos y a los ciudadanos, soluciones y acciones simples para contribuir a disminuir el problema. Por ejemplo, el reciclaje de aguas lluvias o el uso medido del recurso.

La metodología, rígida y organizada, contempló diferentes etapas: la primera y más importante, fue la ejecución de aforo y la recolección de muestras, que se lograron gracias a la aplicación de métodos como el área de velocidad. Ésta consiste en determinar una cantidad específica para calcular el caudal y la profundidad de cada tramo.

En términos más accesibles, se intervinieron los volúmenes de cada trayecto, para obtener muestras en diferentes proporciones, de forma específica, clasificada y bien preservada, necesarias para alcanzar una calificación cualitativa en el laboratorio.

Una vez obtenidas y preservadas las muestras de los diferentes puntos de cada caudal, se desarrolla la segunda etapa, en la que se analiza, compara y clasifica lo preservado. Es un momento determinante, tanto en el trabajo de campo, como en el laboratorio, pues mientras en los puntos de monitoreo existen sensores de temperatura, turbidez, conductividad y de pH, en el laboratorio se utilizan dichos datos para hacer un mantenimiento adecuado de la muestra de agua.

Después de recopilar las diferentes muestras, fue necesario desarrollar un análisis estadístico, para validar los datos e impulsar la etapa final. En ésta se utiliza la estadística descriptiva; es decir, una exploración minuciosa de cada dato obtenido en el muestreo; la prueba de hipótesis, comparaciones entre los factores usados en el modelo como corrientes, puntos y tiempos de monitoreo; el análisis de conglomerados, agrupación de elementos que presenten los mismos resultados; y la clasificación y elaboración de gráficas y mapas, que dan origen a un sistema gráfico, donde se sintetiza la información recopilada y que permite aproximar resultados a cada problema visualmente.

Ahora, lejos de los tecnicismos y cerca de los resultados que éstos arrojan, es determinante tomarse el tiempo para observar que esa red que diariamente circula bajo nuestros pies, hace parte de cada uno de nosotros. Es un interrogante que brota en nuestras casas cada vez que abrimos una llave o descargamos una cisterna. Nelson Obregón, consciente de la situación, asegura que “aunque el estudio sirve como una radiografía de lo que puede pasar en ciertos momentos en los ductos y en el flujo de las aguas residuales, pensar en tener un indicador que refleje el problema en tiempo real aún hace parte de un sueño; el reto ahora es establecer sistemas tecnológicos cada vez más precisos”.

Río que suena…

Las palabras que siguen a esos puntos suspensivos parecen obvias, pero no lo son. Después de muchos esfuerzos, el grupo de investigadores de la Universidad Javeriana y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, descubrieron que los ríos de nuestra ciudad no sólo llevan piedras; los niveles de contaminación que han alcanzado ahora han hecho sonar al río por las razones contrarias y con certeza, son resultados que vale la pena tener presentes.

El listado es grande y las páginas son pocas para clasificar el gran número de agentes contaminantes que disminuyen cada vez más la calidad del sistema hídrico de Bogotá, encontrados por los investigadores y recopilados en la publicación del libro. Con un ejemplo como el del río Bogotá, ese mismo donde alguna vez la gente se bañaba y disfrutaba una tarde de sol, la preocupación crece, hoy es en algunos de sus tramos un espeso caudal de desechos que, a pesar de los esfuerzos, no se encuentra ni a la mitad de su proceso de saneamiento.

En la investigación realizada en puntos específicos de la cuenca media de este río, donde se articulan parte del área urbana y rural de la capital, se encontró que el nivel de contaminación es bastante alto, debido a que porta niveles de plomo, cobre, manganeso y níquel que sobrepasan los límites permitidos para el uso del agua en el área agrícola, pecuaria e, incluso, de preservación acuática.

No hay duda de que el estado de sus aguas es una alarma de peligro constante, más allá de no poder utilizarlas para nuestro bienestar, preocupa también que circulen y sobre todo, que sea éste el que desemboca en el río Magdalena, fuente de agua de otros acueductos.

Ahora, no por esto se puede decir que la contaminación general del sistema se deba a que todos los caudales entregan sus aguas a uno ya contaminado, pues también es determinante el hecho de que los otros ríos presenten niveles de contaminación como los encontrados en la investigación. Por ejemplo, el río Salitre, que nace en los cerros orientales con el nombre de río Arzobispo y que corre paralelo a las avenidas 39, 40 y 22 hasta la carrera 30 muestra un exceso de materia fecal tal que el agua se ha convertido en un agente portador de bacterias y enfermedades; la fuente de esta contaminación empieza, sin duda, en los vertimientos de aguas residuales domésticas, problema que es importante solucionar, por diferentes razones, pues demuestra que el problema también empieza en la forma como se drenan las aguas residuales y las aguas lluvias; en muchos puntos de la ciudad estas aguas comparten drenajes.

Los problemas son varios, el Salitre también presenta un aumento en la Demanda Química de Oxígeno, que mide la cantidad de materia orgánica, susceptible de ser oxidada por medios químicos, pasa de un promedio de 16 y 32 miligramos por litro en sectores de la ciudad como el Parque Nacional, y llega a 316 cuando desemboca en el río Bogotá. Esta variación de materia orgánica total y el aumento del grado de contaminación bacteriológica es un índice claro en la forma como los ciudadanos intervenimos en el problema.

Por otro lado, el río Tunjuelo, que nace en el Páramo del Sumapaz y drena la zona sur de la ciudad: Ciudad Bolívar, Usme y los cerros sur orientales hacia el río Bogotá, se ve afectado diariamente por los residuos industriales, que a lo largo de los años han convertido sus 28.27 kilómetros en una corriente de contaminación constante. Las descargas de los vertimientos de origen residual y las aguas servidas en la localidad de Usme, son parte de este problema, pues en muchos sectores existen incluso descargas residuales directas; por ejemplo, en el sector comprendido entre el río Bogotá y la autopista sur se descubrieron residuos y agentes contaminantes producidos por las industrias y los sectores domésticos. En esta zona los negocios de curtiembres se destacan como una fuerte fuente contaminante, así como la influencia del Relleno Sanitario Doña Juana que carga el río de tóxicos como amonio y arsénico.

Basta pensar en todos los ríos que pasan o circundan la ciudad para horrorizarse con la idea de permitir y aumentar ese desastre ambiental.

El río Fucha recibe aguas de quebradas como San Cristóbal, San Francisco y La Peña y de los canales San Blas, Albina, río Seco y Los Comuneros. Éste fue parte fundamental de la investigación y permitió esclarecer que alrededor de 31 vertimientos descargan constantemente niveles muy altos de contaminación, lo que pudo demostrarse gracias al monitoreo en diferentes puntos. Se vio también que a medida que aumentaba el recorrido del río, aumentaban los agentes contaminantes. El níquel, ese metal pesado, es generado en muchos casos por la influencia del sector mecánico y metalmecánico, lo que resulta en un aumento de la materia orgánica total.

Pese a que gran parte de la mala calidad del agua es causada por incidencia de las zonas industriales (que en el caso del río Fucha se presenta en la Avenida de las Américas), el impacto de los residuos domésticos también se postula como un agente pequeño, silencioso y con mucho poder contaminante.

Entonces, algunas recomendaciones de los investigadores son no mezclar el agua con grasas o con elementos líquidos contaminantes como varsol o ACPM, tratar de reutilizar el agua con la que se lavan los platos para limpiar otras cosas y hacer uso de las aguas lluvias para las cisternas. Esta propuesta se hace porque en cierto punto del proceso y recorrido del drenaje de esta agua se encontrarán con el agua que se descarga en los ríos.

“Es importante entender que esta investigación también es un llamado de atención sobre el cuidado y el uso del agua en la ciudad, los problemas no solo son de calidad sino también de cantidad. El uso del recurso en un restaurante, por ejemplo, preocupa por la cantidad de agua que es contaminada y que se acumula en el alcantarillado y esto, progresivamente se adhiere a otro tipo de problemas como el cambio climático, y esto con certeza hará de este problema una ola imposible de parar”, asegura Obregón.

La realidad del estado del agua se acerca también a un signo de identidad en el que el creer ser civilizados nos ha llevado a ser más incivilizados. Sí. Debemos entender que el tiempo traerá resultados y consecuencias tanto de la calidad del agua, como de la calidad de nuestras vidas. La tierra no podrá resguardarnos más y dejará de importar un dilema tan simple como mantener, o no, el vaso lleno más no vacío. Esta consciencia se puede tomar a partir de los resultados de este estudio o no.


Para leer más…
Alcaldía Mayor de Bogotá, Secretaría Distrital de Ambiente, Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Calidad del sistema hídrico de Bogotá. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008.
+Rebolledo, F., Campos, P., Obregón, N. (2004). “La gestión del agua potable en Colombia”. En Evaluación de plantas potabilizadoras-Manual. México, Ripda Cyted.
 

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Investigaciones ambientales para una Colombia sostenible

Investigaciones ambientales para una Colombia sostenible

A finales de la década de los ochenta, nació en la Pontificia Universidad Javeriana, el Instituto de Estudios Ambientales para el Desarrollo, Ideade, un espacio creado para buscar soluciones sostenibles a las problemáticas ambientales que existen en Colombia.
El Ideade empezó a interesarse por estudiar problemas frecuentes de la industria colombiana relacionados con asuntos ambientales. Entonces, algunas empresas públicas y privadas acudieron al Instituto para recibir apoyo en sus procesos de producción y capacitación de los trabajadores.

Por ejemplo, con la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, se avanzó en el ordenamiento de las cuencas hídricas que abastecen la ciudad y en el manejo de ríos urbanos y humedales. Con Corpoboyacá, se trabajó en la formulación del plan de manejo ambiental de la ruta media del río Chicamocha, considerado una importante fuente hídrica para el país.

También se adelantaron estudios que analizaban la dimensión ambiental del cultivo de flores en el país. Otro tema en el que el Instituto incursionó fue en la observación del impacto del trabajo de los puertos carboníferos de la Costa Atlántica colombiana sobre las comunidades aledañas a su operación y la correspondiente responsabilidad ambiental que se deriva de los procesos de explotación minera.

En 1998, cuando se creó la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, el Ideade pasó a ser parte de ella con el desarrollo de tres campos de acción: la investigación, la educación continua y el servicio de consultoría.

Así, hoy, como producto de su trayectoria de dos décadas de actividad, el Instituto cuenta con numerosas investigaciones que abordan, dentro del marco del desarrollo sostenible, temas como la formulación de políticas y sistemas de gestión ambiental, el uso del patrimonio natural y cultural, las tecnologías ambientales para el manejo adecuado de los residuos, la ecología urbana y la educación ambiental.

Con el paso del tiempo, el Ideade se ha consolidado como una firma de asesores expertos, que asume grandes retos y que trabaja bajo la supervisión de la Universidad. Así como el Instituto aporta sus conocimientos a los procesos de consultoría, también se nutre de cada trabajo que realiza con las empresas colombianas.

Hoy, es un grupo interdisciplinario al que se vinculan arquitectos, ecólogos, ingenieros y biólogos, entre otros especialistas. Con sus programas de educación continua como cursos libres, diplomados, seminarios y talleres, ofrece diversas opciones de formación que permiten a los profesionales colombianos actualizar permanentemente sus conocimientos.

En la actualidad una de las actividades de repercusión en las que trabaja es en el asesoramiento técnico de la Red Pries, un proyecto que agrupa a 29 instituciones de educación superior de Bogotá, con el objetivo de mejorar la gestión ambiental de sus campus en un proceso de transformación cultural a partir del cual la comunidad universitaria tome conciencia del impacto de la producción de residuos en la calidad de
vida de los habitantes de la ciudad.

Hoy, el conjunto de estas universidades asociadas, produce 1.281 toneladas de residuos al semestre, de los cuales se podrían reciclar 565, proceso del cual se pueden derivar beneficios ambientales, sociales y económicos.

Con dos décadas de trayectoria, el Instituto de Estudios Ambientales para el Desarrollo, Ideade, aporta conocimiento para la formulación de políticas ambientales, el uso del patrimonio natural y cultural, elmanejo adecuado de los residuos y la proyección de la educación orientada al desarrollo sostenible.


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Diálogo de saberes en nuestro Amazonas

Diálogo de saberes en nuestro Amazonas

La biodiversidad, o diversidad biológica, es la abundancia de distintas formas de vida (desde los genes, pasando por las especies, hasta los ecosistemas) que, en sus complejas pero armoniosas interacciones, permiten que cada especie, incluido el hombre, satisfaga sus necesidades básicas y logre sobrevivir en la Tierra. Con respecto a este asunto, nuestro país goza de una posición privilegiada. Según Conservación Internacional, Colombia es el tercer país con mayor biodiversidad en el mundo, después de Brasil e Indonesia, y el país con mayor número de especies de aves y anfibios.

Sin embargo, la biodiversidad está disminuyendo, sin que los científicos hayan tenido la oportunidad de conocer muchos de los diferentes tipos de especies de flora y fauna que albergan nuestras selvas, ni podido estudiar aquellas plantas exuberantes que posiblemente albergan el secreto de la cura para gran cantidad de enfermedades.

Y no sólo está en crisis la diversidad biológica,también lo está la diversidad étnica.

Debido a su escasa población, a las dificultades de comunicación por la diferencia de lenguas, a la fragilidad de sus actividades económicas y a su aislamiento, las comunidades que habitan nuestras selvas, aquellas que poseen un conocimiento ancestral sobre el cuidado y aprovechamiento de su delicado y valioso hábitat, se encuentran en una situación muy vulnerable.

Durante los años 2002 a 2006,un grupo de investigadores del Departamento de Biología de la Universidad Javeriana, desarrolló varios estudios con una comunidad indígena y su entorno, en el curso de la investigación “Comparación de la artropofauna y vegetación asociada a tres unidades de paisaje de la comunidad Monilla Amena, haciendo énfasis en el análisis de mariposas, coleópteros coprófagos y hormigas”.

Ganancia de parte y parte

Por medio de uno de estos estudios, “Plantas útiles para la elaboración de artesanías de la comunidad Monifue Amena”, Camilo Cadena y sus colaboradores evidenciaron una utilización racional de la flora por parte de los indígenas. Por ejemplo, existe una palma con cuyas hojas fabrican techos, pero que no deben cortarse sino hasta que la planta tenga la edad adecuada, de lo contrario terminaría por extinguirse. Esto lo conocen y respetan todos los nativos, infortunadamente no ocurre lo mismo con los mestizos. Los investigadores hicieron un inventario detallado de las plantas y del uso que se les da, encontrando que la mayoría están relacionadas con actividades culturales y de subsistencia. “El trabajo aporta el inventario inicial para cualquier labor de aprovechamiento adecuado”, explicó a Pesquisa Giovanny Fagua, principal investigador del estudio. Así, uno de sus resultados son las recomendaciones a la comunidad para que controle de manera sostenible el aprovechamiento de los recursos a fin de evitar su sobreexplotación.

Y es que tal como lo resume Fagua, “el trabajo en la comunidad ha sido un diálogo de saberes donde de parte y parte hay ganancia”. Y agrega, “más importante aun que inventariar los seres que habitan un sitio, o reconocer los tipos de vegetación de un área, lo que impulsa al investigador es el deseo de interpretar lo que cuentan las plantas y animales de la riqueza potencial de un área o de su historia en el tiempo y, sobretodo, conocer la principal de nuestras riquezas: nuestra gente, y nuestras múltiples culturas”.
La comunidad Monifue Amena se encuentra en el resguardo Ticuna-Huitoto, junto con otras comunidades indígenas, a 13 kilómetros de la ciudad de Leticia, Amazonas. Está conformada por un centenar de personas y, aunque ocupa alrededor de 712 hectáreas, corre el peligro permanente de perder su tierra si el grupo se reduce. Desde un punto de vista político, a la hora de tomar decisiones, menos personas representan menos votos frente a las otras comunidades del resguardo y del municipio.

El grupo de investigadores logró el levantamiento de un mapa georeferenciado y detallado de los linderos de la comunidad, algo supremamente valioso ya que es una herramienta legal para defender sus predios y para obtener ayudas gubernamentales. Apoyados en parte por ese mapa, obtuvieron fondos para adecuar una carretera, pero una comunidad vecina terminó por apoderarse del proyecto mediante maniobras políticas y argumentando su mayor tamaño.

El proyecto de la Universidad Javeriana fue inscrito ante Corpoamazonia y aprobado como actividad investigativa mediante una resolución vigente hasta 2005.

Durante este periodo, se definió con la comunidad el trabajo cooperativo en tres campos:

La exploración y comparación de la artropofauna y vegetación del área de la comunidad, la creación de un programa para que allí los estudiantes de la carrera de Biología realicen pasantías o trabajos de grado, y la realización de proyectos conjuntos para el aprovechamiento adecuado de sus recursos naturales.

Como resultado de las prácticas, comenta Fagua, se han escrito, a la fecha, cuatro artículos científicos consagrados al área, que han sido publicados en revistas nacionales e internacionales. Adicionalmente, el material biológico, obtenido y conservado en las colecciones biológicas del Museo Javeriano de Historia Natural, ha servido para evidenciar nuevos registros de fauna en el país y para describir otras especies de artrópodos (bichos con cubierta externa dura, como arañas, ciempiés e insectos).

Este trabajo exploratorio ha puesto en evidencia la enorme riqueza biológica del área de la comunidad Monifue Amena, el segundo sitio con mayor número de especies de hormigas en el mundo. Y dado que las hormigas son un referente de la biodiversidad, podemos suponer que esta abundancia es extensiva a toda la flora y fauna del lugar, agrega Fagua.

Los Monifue Amena basan su sustento en la actividad agrícola, la caza y el etnoecoturismo, incluida la venta de artesanías. Otro de los proyectos propuestos fue la creación de un mariposario que favoreciera el atractivo de la reserva como foco turístico. Los investigadores hicieron un inventario de las mariposas existentes y mostraron cuáles se podían aprovechar, enseñándole a la comunidad cómo cultivar larvas para reducir la mortalidad natural.

Desafortunadamente, al igual que con el proyecto del mariposario, otros estudios y planes quedaron apenas iniciados debido a la finalización de la vigencia del permiso de investigación —entre ellos, el cultivo específico de algunos frutales muy particulares del área y con gran potencial de mercado, la realización de un libro-cartilla que recogiese, en Huitoto, los mitos que maneja la comunidad, y la venta en Bogotá, sin intermediarios, de sus productos artesanales.

Tal como comentó Fagua a Pesquisa, el permiso no fue renovado y Corpoamazonia solicitó iniciar nuevamente su trámite. “Dado que el primero demoró más de dos años en ser aprobado, esta respuesta equivalía a que simplemente debíamos terminar nuestras actividades”.

De esta forma se rompe una relación prodigiosa entre investigadores y comunidades con la cual los propósitos de trabajo se plantean como fruto del acopio del conocimiento obtenido por la exploración biológica, y el acumulado que tienen los habitantes de su ambiente, de su entorno, de sus especies y de la manera de utilizarlas sin destruirlas.


Para leer más…
+Cadena Vargas, C; Díazgranados Cadelo, M.; Bernal Malagón, H. (2007). “Plantas útiles para la elaboración de artesanías de la comunidad indígena Monifue Amena (Amazonas, Colombia)”. En revista Universitas Scientiarum. Edición especial, vol. 12, enero-junio 2007, págs. 97-116.
+Noriega, Jorge Ari; Botero, Juan Pablo; Viola, Marcelo; Fagua, Giovanny. (2007). “Dinámica estacional de la estructura trófica de un ensamblaje de Coleóptera en la Amazonia Colombiana”. En Revista Colombiana de Entomología 33 (2): 157-164.
 

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