Alternativas sostenibles al uso de glifosato

Alternativas sostenibles al uso de glifosato

Desde hace más de 20 años, con la creación del Plan Colombia y el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS), el país asumió la responsabilidad de erradicar las hectáreas de hoja de coca e instaurar un plan de gobierno sólido frente al narcotráfico; sin embargo, esta tarea ha implicado retos serios en materia política, económica, ambiental y la más controvertida: salud pública.

Fue en este sentido que la Corte Constitucional aclaró ayer los alcances de la sentencia T236 de 2017, con la cual se había supeditado la erradicación de cultivos de hoja de coca por medio de aspersiones aéreas con el herbicida glifosato a la realización de un estudio que garantizara la ausencia de daño alguno para la salud y el medio ambiente; sin embargo, en una decisión de ocho votos a favor y ninguno en contra, el alto tribunal precisó que no se necesita la certeza absoluta sobre la ausencia de daño.

De hecho, la magistrada Gloria Ortiz, presidenta de la Corte, afirmó que la decisión de fumigar o no con glifosato siempre ha sido competencia única del Consejo Nacional de Estupefacientes. Acto seguido, Margarita Cabello Blanco, ministra de Justicia, anunció que enviará al Consejo un nuevo protocolo para reiniciar las aspersiones.

Cabe recordar que en marzo 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que productos como el diazinón, malatión y glifosato debían ser clasificados como “probablemente cancerígenos para los seres humanos”, uno de los motivos que llevó al Consejo Nacional de Estupefacientes a suspender las fumigaciones con glifosato para seguir el principio de precaución sugerido por la OMS.

Pero dos años más tarde el personero municipal de Nóvita, Chocó, reclamó en nombre de su comunidad una indeminización por las afectaciones causadas con el Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos con Glifosato del Gobierno, motivo por el cual la Corte Constitucional revivío el debate en torno a la prohibición de aspersión aérea con glifosato por medio de la sentencia T-236 de 2017.

Pero a esta disputa le aguarda un nuevo capítulo, pues el próximo 20 de julio los senadores Guillermo García Realpe (Partido Liberal) y Antonio Sanguino (Alianza Verde) han anunciado un proyecto de ley para prohibir el uso de glifosato en el país, en el marco del inicio del segundo periodo ordinario de sesiones legislativas.

Para entender el trasfondo que puede tener la reanudación de aspersiones aéreas con glifosato y su impacto a nivel ambiental, social, económico y de salud pública, Pesquisa Javeriana conversó con el ingeniero Gabriel Tobón Quintero, magíster en Planificación y Administración del Desarrollo Regional, docente de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, e investigador en políticas públicas y agrarias. El diálogo giró en torno a las alternativas productivas que existen para las comunidades ancladas al conflicto derivado del narcotráfico.


Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es el impacto de las fumigaciones aéreas con glifosato?

Gabriel Tobón: Uno podría señalar —y hay suficientes estudios que así lo comprueban— los efectos ambientales sin desconocer los efectos en la salud pública, afectaciones en el sistema respiratorio, la piel o cambios en las mujeres gestantes evidenciados después del parto.

Sin embargo, en cuanto al medio ambiente, puedo decir que la aspersión de glifosato incide principalmente en las especies boscosas, en el follaje de todas las plantas, las aguas subterráneas y los suelos, pues este herbicida tiene un alto poder de residualidad, lo que sugiere que llega a durar en el suelo entre 20 y 30 años, exactamente en la primera capa de la tierra, que es en la que se deposita la materia orgánica (que contiene elementos como el nitrógeno, fósforo y potasio) y se encarga de la fertilidad.


PJ: ¿Tiene en mente algún ejemplo que ilustre los efectos del glifosato?

GT: Desde hace más de 15 años el grupo de investigación en toxicología acuática de la Universidad Nacional ha venido haciendo estudios sobre la toxicidad del glifosato en algunas especies de peces de agua dulce, y ha encontrado que es un herbicida letal para tres especies particularmente: el yamú, bocachico y la cachama blanca porque afecta completamente su sistema nervioso, respiratorio y sus tejidos bronquiales.


PJ: ¿Qué hace que el glifosato sea tóxico?

GT: La agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), lo clasifica con  el II grado de toxicidad, de IV, siendo  el grado I el mayor toxicidad. Ese grado de toxicidad aumenta el grado de concentración con el que se prepara el herbicida; además, por la adicción de otro agroquímico conocido como Cosmo-Flux 411f es mayor la adhesión del glifosato al follaje de las hojas y de todas las plantas que son aspersadas. Así, se duplica y triplica el poder tóxico del herbicida.

Adicionalmente, el glifosato es de amplio espectro, lo que quiere decir que puede afectar cualquier tipo de planta que toque o sobre la cual caiga, por eso su efecto no se manifiesta únicamente sobre la coca, sino también sobre las especies vegetales que están a su alrededor. Por ejemplo, en aquellas parcelas campesinas que tienen cultivos de coca, también resultan afectados los cultivos de plátano, yuca, maíz, los estanques para criar peces, etc.


PJ: ¿Qué alternativas adicionales al glifosato hay para la erradicación de los cultivos de coca?

GT: Existen estrategias incluso más nocivas que el uso de glifosato, como el uso de químicos u hongos, como el Fusarium oxysporum, muy conocido porque produce en las platanciones de banano la enfermedad llamada “mal de Panamá”,  el cual estuvieron intentando aplicar en Colombia. Pero el problema real y al que ha llegado todo aquel que ha estudiado este tema, es que el glifosato no acaba los cultivos de coca, lo que hace es que se produce el efecto balón o efecto mercurio, que consiste en el desplazamiento del cultivo de región en región. Por ejemplo, en 1999 el departamento de Nariño tenía 3.900 hectáreas en cultivos de coca, 15.951 en el 2010  y en el año 2017 alcanzó a tener 45.735 hectáreas de Coca. La dinámica del departamento de Putumayo es parecida, en 1999 Putumayo tenía 58.000 hectáreas, en el 2010 descendió ostensiblemente a 4.785 y de manera alarmante en 2017 subió a 29.589  (datos de UNODC, 2018).

Entonces el fenómeno que opera es la financiación del cultivo en nuevas regiones motivando a que los cultivadores y cosecheros o “raspachines” migren a pesar de la intensificación de las operaciones con glifosato. El cultivo no se termina, sino que se desplaza.


PJ: En ese sentido, ¿qué alternativa o propuesta resulta pertinente?

GT: Una que ha sido poco conocida y poco valorada es la solución integral, en la que se resuelven las necesidades elementales de las personas y se mejoran sustancialmente sus contextos económicos, ambientales y culturales. Es decir, el campesino es un gran aliado de la conservación, pero un campesino sin dinero se vale de los recursos naturales que tiene a su alcance para sobrevivir.

En un alto porcentaje, los campesinos que se vinculan a sembrar coca lo hacen por necesidad económica, porque no encuentran otro tipo de alternativas y porque usualmente esos territorios son completamente desintegrados a los circuitos económicos del país. Entonces, se debe pensar en una ‘solución integral’ que apoye la formación, capacitación y manejo de alternativas, como el manejo sostenible del bosque con cultivos silvopastoriles.

Gabriel Tobón Quintero, investigador javeriano. /Diederik Ruka
Gabriel Tobón Quintero, investigador javeriano. /Diederik Ruka

PJ: ¿Algún ejemplo que ilustre la alternativa?

GT: Sí. En el municipio de La Plata, en el Huila, evalué la sustitución de cultivos de amapola por frijol tecnificado. Estaba a más de 2.500 metros en la Cordillera oriental y la gente, como tenía experiencia en el frijol nativo, en el frijol criollo, salió de la crisis que les produjo la fumigación. El programa fue financiado por USAID pero, claro, su rentabilidad también dependía del trabajo local, por eso la comunidad conformó una cooperativa liderada por un asistente técnico que gestionó ante entidades bancarias créditos para cultivar una hectárea de frijol y, una vez alcanzada la rentabilidad, podían ampliarse hasta dos hectáreas más. Lo bueno era que la entidad financiera no les exigía como prenda de garantía la propiedad sobre la tierra.


PJ: ¿Cuál es el rol que asume el Estado en ese sentido? ¿Le brinda alternativas a los campesinos?

GT: Desde los años 90 se está intentando aplicar en el país una política de sustitución de cultivos de hoja de coca, pero hay un alto porcentaje de proyectos que fracasan porque quienes los llevan a las comunidades no analizan el contexto local, ni las condiciones de mercadeo que requiere el cultivo sustituto; en otras ocasiones sucumben por la falta de continuidad y apoyo del Estado o, finalmente, porque la gente no tiene experiencia y conocimiento sobre los nuevos cultivos.

Sin embargo, yo he evaluado algunos programas de sustitución de cultivos cuyos resultados han sido positivos. Por ejemplo, en Rio Blanco, Tolima, evalué uno de sustitución de amapola por café, y claro, el café tiene grandes ventajas en el comercio porque lo compran así sea mojado, entonces el campesino genera ingresos que le permiten sobrevivir.


PJ: ¿Cuál es la responsabilidad de la academia frente al uso del glifosato?

GT: Yo creo que tiene dos responsabilidades: una es en la producción de conocimiento, que se adquiere a través de la investigación en este tema, y en segundo lugar tiene el reto de lograr que ese conocimiento incida en la orientación de las políticas públicas, en este caso en la de lucha contra las drogas.

En mi caso, desarrollé un curso para el pregrado que actualmente se llama ‘Cultivos ilícitos, la ilusión del desarrollo’; cada semestre lo llenamos con 35 estudiantes y el objetivo es mostrarles una interpretación muy distinta a la que tienen por la televisión, la radio o la prensa escrita. Por ejemplo, la historia de la hoja de coca, el uso que los sumerios le daban a la amapola o cómo culturas indígenas latinoamericanas, como los Aimara en Bolivia, la empleaban con fines medicinales y culturales.


PJ: ¿Cómo percibe la respuesta de la opinión pública ante esta situación?

GT: Yo creo que está dividida, especialmente porque lo que se difunde es la noción que tiene el Gobierno de la presencia de los cultivos de coca. Yo no creo que sea muy poco pero tampoco tanto como ellos dicen; por ejemplo, dicen que estamos inundados de coca pero yo les hago estas cuentas a mis estudiantes: el país tiene 55 millones de hectáreas, de las cuales 40 millones se usan en ganadería, 7 de 15 millones posibles en producción de alimentos y sólo 209.000 en hoja de coca, entonces el tema se sobredimensiona con fines políticos.


PJ: ¿Cuál es su percepción de este panorama?

GT: Se ha demostrado desde hace más de 25 años que el glifosato no ha resuelto este problema porque la política que se implementa no ataca las causas de manera integral; es decir, el Gobierno suele desestimar la solución social y cultural que está oculta detrás del cultivo de coca y que radica en que el campesino tiene otras lógicas y otras creencias; no tiene la mentalidad y las ambiciones del narcotraficante, pues su preocupación se centra en resolver los problemas de subsistencia que está enfrentando y en realizar en las condiciones más adversas, su proyecto de vida, que en las zonas cocaleras es altamente precario.

Bioeconomía, una apuesta al futuro inmediato de América Latina

Bioeconomía, una apuesta al futuro inmediato de América Latina

Puede sonar algo extraño, incluso un concepto altamente innovador, pero la bioeconomía está mucho más presente en nuestras vidas de lo que imaginamos: desde el mismo momento en que tanqueamos un carro en una estación de gasolina, cuando escogemos los mejores cortes en la carnicería o cuando tomamos vitaminas provenientes de fuentes vegetales o animales.

Aunque no es una novedad, sus alcances han sido vastamente documentados por la academia pero se han quedado cortos en la aplicación por parte de los gobiernos. Prueba de ello es el foco temático en Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente que congrega a nueve expertos dentro de la Misión Internacional de Sabios, el cuerpo consultivo convocado por el gobierno colombiano para recabar ideas sobre la política pública que debe implementarse en ocho áreas sensibles de la economía en el futuro inmediato; uno de esos sabios en la materia es la investigadora javeriana Elizabeth Hodson, quien, a propósito, acaba de obtener la cátedra en Bioeconomía del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

Sin embargo, las constantes alertas de organismos internacionales, como la ONU, sobre el veloz deterioro del medio ambiente en el mundo han vuelto a resaltar la importancia de buscar nuevos modelos sostenibles, en los cuales la bioeconomía comienza a tomar protagonismo.

Prueba de ello es la publicación de La bioeconomía: Nuevo marco para el crecimiento sostenible en América Latina, el libro que próximamente lanzará la Editorial Javeriana en el que se recogen las experiencias de los diversos programas sobre la materia adoptados en los últimos años con el apoyo de la Comisión Europea, el IICA y el Centro de Cooperación Internacional en investigación Agronómica para el Desarrollo (CIRAD).

Para entender los conceptos básicos y los alcances de esta ciencia, Pesquisa Javeriana conversó con el académico argentino Eduardo Trigo, doctor en Economía Agraria, consultor internacional y uno de los editores académicos de esta publicación. En su concepto, aunque en la América Latina se han impulsado múltiples experiencias, aún queda mucho camino por recorrer, en especial en el campo de políticas públicas de fondo que impulsen y transformen las actuales economías de la región.


Pesquisa Javeriana: ¿Qué es la bioeconomía y qué se busca con ella?

Eduardo Trigo: En su esencia, se trata de un concepto muy antiguo: es el uso de los recursos biológicos para la producción de bienes y servicios en distintos sectores de la economía, pero cobra particular importancia en los últimos 50 años en los que ha crecido la preocupación a nivel global por los límites al crecimiento, sobre cómo se acerca peligrosamente a ciertos límites del mundo natural. Por otra parte, la bioeconomía cobra fuerza gracias a que en las últimas décadas hemos tenido avances tecnológicos que nos permiten pensar en caminos y productos que eran totalmente impensados hasta hace muy poco, particularmente a partir del descubrimiento de la doble hélice y de la genética moderna, de la genómica y todo lo que viene luego.

La bioeconomía es un tema muy antiguo pero es absolutamente de nuestro tiempo. Vivimos de ella pero solo aprovechamos una parte muy pequeña del potencial de los recursos biológicos.


PJ: ¿Cuáles han sido los grandes hitos de la bioeconomía?

ET: El descubrimiento del código genético, de la doble hélice y de lo que hoy conocemos como biología molecular fue un quiebre porque cambió la forma en que podemos vincular los recursos biológicos a las actividades productivas, algo que era parte de la vida diaria desde el origen de la humanidad pero que estaba encasillado en los límites que imponían las estructuras económicas y los cultivos. A partir del desarrollo de la biotecnología comienza una época en que podemos aprovechar los recursos de manera distinta, y los podemos producir, encarar rutas productivas diferentes.

Otro hito es el desarrollo de los biocombustibles a partir de los años 70. Si uno quiere ver un hito en proyección política, sin duda que debe referirse al programa Proálcool en Brasil, que se dio luego de la crisis del petróleo. Y luego podríamos identificar una serie de otros procesos de transformación, como la aparición de los cultivos genéticamente modificados y el impacto que han tenido en la agricultura moderna en países como Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, sin duda Estados Unidos, Australia, Canadá, transformaciones que tienen una escala global en el sentido de que es difícil imaginar los escenarios actuales sin su existencia. Por ejemplo, ¿cómo serían los mercados internacionales si hoy limitamos la oferta de proteína vegetal para la alimentación animal?

Para desarrollar la bioeconomía, los países latinoamericanos deben fomentar políticas de inversión y fomento a la ciencia y el desarrollo. /Ricardo Pinzón
Para desarrollar la bioeconomía, los países latinoamericanos deben impulsar políticas de inversión y fomento a la ciencia y el desarrollo. /Ricardo Pinzón


PJ: ¿Puede considerarse a la Revolución verde
de la India como un hito?

ET: El 90% de los expertos a los que se les haga esa pregunta va a decir que no. Hay que decir que en su origen no hubo un objetivo precisamente ambiental sino de seguridad alimentaria, pues India venía sufriendo una hambruna muy grande y era imposible pensar en alimentar a toda esa cantidad de gente con la colaboración del Banco Mundial de Alimentos o la ayuda externa; la única forma de resolver este problema era mediante una transformación productiva, y eso no es muy distinto de lo que ocurre muchos años después con las variedades de alimentos genéticamente modificados, porque se aplicó el conocimiento de punta en esa época para la producción de genética superior para aumentar la productividad frente a restricciones o estreses muy específicos.

Después tenemos toda una discusión ambiental asociada al uso de agroquímicos y a otro tipo de cuestiones, pero en esencia la Revolución Verde tiene los mismos principios de la bioeconomía, que se trata básicamente de aprovechar mejor los recursos biológicos; todavía en esa época no estaban desarrolladas las nuevas tecnologías genéticas, los nuevos bancos de información, la genómica y los datos de información genética que se tienen hoy, y se trabajaba de una forma más artesanal, pero ya se empezaban a incorporar principios de estadística en la genética cuantitativa en el desarrollo de nuevas variedades.

El principio siempre es el mismo. El estado del arte va avanzando y va abriendo nuevas fronteras tecnológicas y productivas para aprovechar los recursos biológicos, y la bioeconomía es el aprovechamiento de ese concepto en el contexto de la época. En los últimos tiempos quizá cobra una dimensión particular frente a las preocupaciones ambientales. No vamos a entrar a discutir cuán cerca o lejos estamos, porque es una discusión que no vale la pena, pero todos están de acuerdo en que el modelo de la Revolución industrial, tan intensivo en recursos fósiles, no puede crecer ad infinitum porque el impacto que tiene sobre el ambiente global se está empezando a notar, estamos empezando a recibir retroalimentación de que esto tiene un límite.


PJ: ¿Están los gobiernos latinoamericanos comprometidos con la bioeconomía?

ET: La diversidad de recursos que se pueden incorporar al concepto de la bioeconomía es muy grande. Ahora, difícilmente esto ocurre sin la participación activa de los gobiernos y de las políticas públicas. Los gobiernos de América Latina han venido haciendo eso, tanto desde sus ministerios y estructuras de ciencia y tecnología como de sus políticas públicas, como lo ejemplifica el aporte obligatorio en el caso de los biocombustibles. Quizás no hay grandes discusiones estratégicas en políticas de bioeconomía, pero de una manera menos rimbombante se ha venido construyendo la base de una bioeconomía importante. Buena parte de lo que consideramos como agroindustria es parte de la bioeconomía.

El desarrollo de todas estas estrategias integrales, de circularidad de las estructuras empresariales con los procesos agroindustriales, a través del uso de recursos para la producción de biogás, o para la producción de energía eléctrica, son estrategias que caen definitivamente en el concepto de bioeconomía. Quizás, el paso de la discusión de estrategias formales de bioeconomía es un paso relativamente reciente, pero lo que encontramos es que casi todos los países empiezan a avanzar en la discusión. En Colombia se ha avanzado al respecto, ya hubo un foro bastante importante hace un par de años, y la participación de la oficina de planeación en algunos estudios. Y bueno, en la Misión Internacional de Sabios ya empieza a aparecer el tema porque es una realidad en la economía de los países, pero esto no quiere decir que estemos aprovechando todo su potencial. Si queremos hacerlo, tenemos que empezar con políticas proactivas que tienen que ver con el mercado, con regulaciones, con una serie de cuestiones propias de una visión diferente con las tradicionales.


PJ: ¿Hay algún país de la región que esté tomando mejores decisiones para potenciar la bioeconomía dentro de sus fronteras?

ET: Debería decir que Brasil y Argentina son los que han hecho más cuestiones a nivel institucional y por más tiempo, pero no veo un país que se destaque. Lo digo porque son países que empezaron temprano, hace mucho tiempo, con el aprovechamiento de nuevas oportunidades y fueron adecuando sus políticas específicas, como la energética en Brasil o los temas regulatorios de biotecnología en Argentina, pero como bioeconomía propiamente dicha todos están navegando las mismas aguas.

La verdad es que cuando uno se pone a discutir en Ecuador, en Colombia, en Costa Rica, en México, se encuentra que hay mucho más en marcha, no hay una estrategia formal de bioeconomía adoptada por todos los mecanismos institucionales. Pero al mirar más de cerca encontramos que muchas de las cosas con las que ya nos hemos acostumbrado y damos como parte de lo tradicional son bioeconomía. Hay cuestiones muy avanzadas sin ningún lugar a dudas en el sector energético. Y cuando uno empieza a pensar en el desarrollo de estrategias más amplias, como la agricultura baja en carbono o similares, llegamos a la conclusión de que dentro de la región hay muchos desarrollos. Quizás lo que falta, y es lo que creo que viene, es el salto a estrategias formales que se reflejen en la orientación de las políticas públicas, de las inversiones en investigación, en el desarrollo de mercados, en las negociaciones internacionales, porque en muchos casos, para aprovechar adecuadamente todo este potencial, hay que empezar a negociar temas de comercio internacional, como el acceso a mercados, y en eso la región está menos desarrollada.

Eduardo Trigo, doctor en Economía Agraria, ha sido asesor y consultor de bioeconomía para el gobierno argentino y diversos organismos multilaterales. /Mincyt.gob.ar
Eduardo Trigo, doctor en Economía Agraria, ha sido asesor y consultor de bioeconomía para el gobierno argentino y diversos organismos multilaterales. /Mincyt.gob.ar


PJ: En los últimos 30 años Colombia ha privilegiado una economía extractivista. ¿Estamos listos para dar el salto a la bioeconomía?

ET: A pesar de que hay una política extractivista que ha vivido de la ilusión del boom del petróleo y del carbón, y de otros sectores minerales, en el caso colombiano sí se han desarrollado los sectores de la bioeconomía. Y esto quiere decir que existe una competitividad estructural de la bioeconomía colombiana que progresa a pesar de las políticas públicas que le han dado mayores ventajas a los sectores extractivos, pero también es un indicador de lo que se podría lograr si uno piensa en tener realmente un planteamiento económico que tome más en cuenta las necesidades o características particulares de los sectores bioeconómicos. Toda visión nueva de la organización económica se tiene que traducir en un planteamiento institucional y de políticas que lo promuevan y lo contengan, porque hay que pensar que los productos de la bioeconomía vienen a competir y a remplazar productos que vienen de industrias maduras con capital tecnológico ya amortizado.

Los biocombustibles quizás son el caso más evidente, pues no se pudieron desarrollar sin marcos regulatorios y promocionales, entre otras cosas porque se compite en desigualdad de condiciones. Otro caso es el de la bioenergía, que tiene toda una serie de ventajas para nuestros países. En última instancia no importa que Colombia sea un país petrolero, porque en los próximos 30 o 40 años va a continuar existiendo un mercado petrolero, y lo que le conviene a largo plazo es colocar sus recursos en el mercado internacional y construir una matriz energética de carbono amigable, en base a sus recursos naturales, bioenergéticos principalmente. Es una cuestión de ganar-ganar.


PJ: ¿Qué decisiones debe tomar Colombia como país para consolidar su potencial en biodiversidad?

ET: Hablamos de un proceso de innovación, de transformación de la estructura industrial. Lo más fácil es decir que hay que invertir en tecnología, porque es lo que hace falta, pero ahora tenemos herramientas que permiten conocer y ver cuáles son los desarrollos tecnológicos y de producto que se pueden generar a partir de la biodiversidad, la cual se ha usado poco porque hemos sido poco capaces en generar productos de valor económico originados en ella. Yo creo que en el estado de las artes hay un espacio muy importante para desarrollar, y lo que está haciendo Colombia con su nueva Misión Internacional de Sabios es un paso muy importante, porque está discutiendo el desarrollo desde la visión del estado del arte.

Después viene el clima de negocios que se quiere construir, y uno debe construirlo sabiendo que las actividades que se van a desarrollar son de riesgo: es más arriesgado empezar una industria de bioenergía hoy que poner una gasolinera, porque ya se sabe cuánto consume la gente, los ciclos de tiempo, y no se depende de los desastres naturales o cambios de clima.


PJ: En los últimos años, América Latina está viviendo un resurgimiento del populismo. ¿Puede la política convertirse en un obstáculo para el desarrollo de la bioeconomía?

ET: El populismo, en cualquiera de sus versiones, es un problema para los países, no para la bioeconomía. El populismo es una visión de corto plazo. Se define por lo inmediato, por lo que la gente quiere hoy, y es una visión corta del mundo. La bioeconomía se fortalece a partir de una  visión larga, por ello no es circunstancial que los populismos minimicen el tema del cambio climático.

No creo que los populismos de hoy se diferencien demasiado, pero me preocupa el futuro si nuestra región se vuelve populista, y lo hablo con conocimiento de causa. Es una tragedia más amplia, porque no se piensa en las generaciones futuras.

Libro co-editado académicamente por Trigo, Elizabeth Hodson y Guy Henry. /Editorial Javeriana
Libro co-editado académicamente por Trigo, Elizabeth Hodson y Guy Henry. /Editorial Javeriana
Educación, una recomendación Nobel para Colombia

Educación, una recomendación Nobel para Colombia

“La educación es un elemento vital para defender los valores científicos y democráticos de nuestra sociedad”. Con aquella frase, el científico francés Serge Haroche, Premio Nobel de Física en 2012 y miembro de la actual Misión de Sabios, concluyó su charla ante un auditorio compuesto por académicos, estudiantes universitarios, bachilleres y público en general, que se reunió el pasado 17 de junio en la Pontificia Universidad Javeriana para escucharlo hablar sobre la importancia de la verdad científica en una era donde la información falsa (las llamadas fake news) circula libremente al alcance de todos.

Haroche, una de las más destacadas mentes en el campo de la física cuántica, las leyes que aplican al universo de las partículas, de los átomos y de los fotones, resaltó la importancia de que el ciudadano de a pie recurra a fuentes de alto valor científico para que no sea presa fácil de intereses políticos o particulares, ni para que ponga en riesgo su salud al hacer caso a información no cotejada ni probada por la ciencia.

En su visita, y tras diversas reuniones con académicos para tratar temas específicos de su trabajo, habló con Pesquisa Javeriana y resaltó la importancia de las nociones cuánticas, como la de la superposición (la posibilidad de que un elemento se encuentre en dos estados al mismo tiempo), en la vida cotidiana:

Durante su intervención en la Javeriana, Haroche destacó que cualquier innovación científica es el producto del trabajo previo que otras mentes han producido, generando así un camino que permite la generación de nuevos conocimientos y la aplicación de nuevas teorías; asimismo, recalcó que todo investigador debe atribuirle una porción de su éxito a la suerte.

Dos elementos que, él mismo reconoce, han estado presentes en su historia personal.

Haroche no dudó en resaltar que el trabajo en la ciencia no solo es posible para cualquier país, sino que es un camino deseable sin importar de dónde se parta. Al respecto, y poniendo como ejemplo a Corea del Sur, destacó el camino que una sociedad como la colombiana debe seguir para consolidar progresos a nivel científico.

“Hace 60 años, Corea del Sur era un país incluso más pobre que Colombia pero hizo un tremendo esfuerzo por educar a su población, por desarrollar la investigación, y ahora es uno de los países más ricos del mundo, con uno de los mejores sistemas educativos del mundo y empresas de talla mundial como Samsung”, aseguró, destacando que la fórmula surcoreana reside en la inversión de grandes cantidades de recursos a la ciencia: “Para lograrlo, hay que realizar inversiones constantes en el tiempo”.

Por último, el científico francés hizo una recomendación especial para que Colombia logre desarrollar todo su potencial científico:

Datos sobre Serge Haroche

● De nacionalidad francesa, nació en Marruecos en el seno de una familia con tradición de profesores. Se trasladó a Francia a mediados de los años 50, cuando terminó la etapa del protectorado francés en la nación africana.
● En 1971 obtuvo su doctorado en física de la Université Paris VI (hoy conocida como Université Pierre et Marie Curie). Su tutor fue el físico Claude Cohen-Tannoudji, quien recibió el Nobel de Física en 1997.
● Haroche es reconocido por su trabajo en espectroscopia láser, campo en el cual se utiliza este instrumento para estudiar la interacción entre la materia y la radiación electromagnética.
● Su trabajo más reconocido es la creación de una trampa de fotones usando láseres y espejos superconductores curvados; al capturarlos, pudo estudiar las interacciones cuánticas entre la luz y la materia.
● Por estos experimentos recibió el Premio Nobel de Física en 2012, el cual compartió con el físico estadounidense David J. Wineland.

El cambio climático comienza por los océanos

El cambio climático comienza por los océanos

Durante los últimos 11.000 años los océanos liberaron dióxido de carbono. Ahora, por la acción del ser humano se han convertido en sumideros de CO2 por la constante quema de combustibles fósiles. Así lo sentencia el profesor de oceanografía de la Universidad de Hawái, Christopher Sabine, en entrevista con Pesquisa Javeriana.

Esta situación generada por la industrialización, y en general por la actividad humana, representa una nueva fuente de carbono que no formaba parte del ciclo natural de nuestro planeta. Ahora, ese CO2 se está sumergiendo y llegando hasta las profundidades marinas. ¿Se puede convertir en una bomba de tiempo?

Si los océanos están ofreciéndole un servicio a la humanidad, reduciendo el impacto del cambio climático por absorber todo este dióxido de carbono que estamos liberando, este beneficio no aplica a muchas de las especies marinas porque, al mismo tiempo, las aguas oceánicas se están volviendo más ácidas y esto hace que para algunas especies el costo sea alto.

Como por ejemplo al pez payaso, que vive en aguas profundas de los trópicos y también nada en muchos acuarios con sus vistosos tonos naranja interrumpidos por franjas blancas y bordes negros. Pues el agua ácida les hace perder su sentido del olfato y así no puedan sentir la cercanía de un depredador.

La Pontificia Universidad Javeriana se suma actualmente a la investigación oceanográfica con el montaje de un laboratorio que liderará un programa de monitoreo sobre acidificación marina en el país, particularmente en el Pacífico colombiano. El objetivo de la investigación será responder si existen zonas marinas como fuentes liberadoras de dióxido de carbono a la atmósfera o, por lo contrario, como sumidero de CO2 atmosférico.

Lo cierto es que todos los esfuerzos que se realicen para entender lo que está ocurriendo con nuestros océanos es bienvenido. Por ahora, y a pesar de que el presidente estadounidense Donald Trump no cree en el cambio climático, el profesor Sabine, uno de los investigadores del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) que ganó el Premio Nobel de Paz en 2007, continúa en Hawái sus investigaciones financiado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y la Fundación Nacional de Ciencia (NSF), ambas instituciones públicas de los Estados Unidos.

Sabine sabe que el reto está presente en todo momento y confía en que esta situación cambiará en el futuro. ¿Cuál entonces es su recomendación para una política pública real y posible?

Las salidas del periodismo a su actual crisis

Las salidas del periodismo a su actual crisis

Durante las últimas semanas, las conversaciones de la opinión pública han girado en torno a la actual crisis de los medios de comunicación y la aparente claudicación del periodismo a expensas de los intereses de los grandes emporios económicos del país.

La oleada de críticas que ha golpeado fuertemente la decisión de la revista Semana de expulsar y recontratar a Daniel Coronell, su columnista y periodista de cabecera, en menos de un mes debido a su columna ‘La explicación pendiente’, en la que cuestiona la diligencia del medio por no publicar las evidencias obtenidas sobre posibles ejecuciones extrajudiciales, o los serios cuestionamientos sobre la decisión que tomó uno de los diarios más prestigiosos del mundo, The New York Times, de no publicar caricaturas políticas para no afectar la sensibilidad de las comunidades, son algunos ejemplos que han alertado seriamente a académicos, profesionales en comunicación, jóvenes estudiantes y la misma ciudadanía sobre el estado actual de la libertad de prensa.

Pesquisa Javeriana conversó con Maryluz Vallejo Mejía, doctora en Ciencias de la Información, profesora del Departamento de Comunicación y directora de la nueva Maestría en Periodismo Científico de la Pontificia Universidad Javeriana, sobre la crisis que viven los medios de comunicación masiva, los cambios contemporáneos del periodismo y la diversificación de la agenda mediática con el fin de entender, desde una mirada crítica, el devenir de esta profesión.


Pesquisa Javeriana:
¿Existe una crisis mediática en este momento? ¿En qué consiste?

Maryluz Vallejo: Sí existe. Sería necio negarlo, pero el periodismo en particular ha vivido en crisis permanentemente. Conozco la tradición periodística en Colombia y siempre ha habido periodos de crisis por problemas económicos, de censura, violencia, amenazas de distintos actores, legales e ilegales, pero son cíclicas, van cambiando de naturaleza: la crisis de este tiempo tiene que ver más con el colapso de modelo de negocio y con la autocensura, porque medios y periodistas se ven obligados a cuidar intereses económicos.


PJ:
¿Cuál es el papel de la academia en este contexto de crisis?

MV: Es reiterado el ataque a las facultades de Comunicación porque, supuestamente, no estamos formando periodistas capaces de desenvolverse en los medios, pero resulta muy cómodo para algunos directores de medios echarle el agua sucia a la academia cuando también es responsabilidad de las empresas acompañar y orientar a los periodistas recién egresados. Por ello es tan importante que en las redacciones existan editores experimentados que continúen esa labor de formación, pero, como son costosos, están escaseando.


PJ:
Entonces, ¿esta es una crisis de medios de comunicación o del oficio del periodismo?

MV: De todo un poco porque, con la irrupción de las nuevas tecnologías, cambió el escenario mediático por completo. Ahora las audiencias se empoderaron de la información y los periodistas no son los mediadores imprescindibles entre las fuentes y los públicos. Ahora, con las redes sociales, empezó a circular información de manera irresponsable porque proviene muchas veces de prejuicios, odios e intereses particulares, y es ahí cuando se necesita un periodismo crítico que filtre, periodistas con criterio para que puedan seleccionar, verificar y contrastar la información más cercana a la verdad.


PJ: En ese sentido, ¿cuál es el desafío que tiene los periodistas con esta crisis? ¿Cómo lo pueden asumir?

MV: La academia tiene el desafío de formar periodistas más hábiles y con mayor dominio de las herramientas digitales para moverse en un ecosistema cambiante, pero también capaces de desmentir la desinformación que inunda las redes sociales. Vemos la necesidad de recuperar el rol original del periodista, como un intelectual y humanista que ejerce el periodismo con sensibilidad social, comprensión amplia de la realidad y capacidad de ejercer el contrapoder. En un país como el nuestro se necesitan periodistas que persigan a los corruptos, señalen las injusticias y se pongan en el lugar de las víctimas asumiendo su responsabilidad como servidores públicos: eso es lo que los diferencia de muchos que se hacen llamar “periodistas ciudadanos”. Y no pueden dejar de ser contadores de historias capaces de experimentar con distintos lenguajes y formatos con los que puedan llegarles a públicos amplios.


PJ:
¿La crisis también puede deberse a los contenidos banales de las agendas mediáticas? ¿Qué necesitan las audiencias?

MV: Claro, el gran problema hoy en día es la credibilidad de los medios. Por eso hay que recuperar a las audiencias, que están endiosando a las redes sociales y a los falsos gurús, youtubers, influencers, esos que tienen blogs de dietas milagrosas o dan consejos sobre cómo superar la “tusa” o la depresión y están causando mucho daño. Los medios tenemos que ganarnos la confianza perdida y atraer a esas audiencias con información más cifrada en la razón que en la emoción.


PJ:
¿Cómo recuperarlas? ¿Alguna estrategia?

MV: Hay que volver al periodismo de calidad, al periodismo clásico que se hace hoy con todos los recursos técnicos, con toda la pirotecnia, pero sin perder el sentido ético. Por eso, como escuela decana en la enseñanza del periodismo en el país, con 70 años de experiencia, en la Javeriana creemos que es un momento clave para estudiar periodismo y especializarse en un campo como el científico. Queremos formar profesionales que sepan contar historias sobre salud, ambiente, ciencia y tecnología, y que puedan incidir en el debate sobre políticas públicas que afectan la vida cotidiana de los ciudadanos. De paso, se podrán diversificar las agendas de los medios tanto digitales como tradicionales.

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PJ: ¿Por qué usar el apellido “ciencia” en el periodismo?

MV: Como Facultad de Comunicación y Lenguaje, con la Maestría en Periodismo Científico reivindicamos el apellido ‘científico’ porque queremos que temas como la responsabilidad con el planeta, la sostenibilidad alimentaria y los hallazgos tecnológicos se pueden instalar en la agenda de los medios y en la agenda pública. Queremos que estos temas estén en la conversación del día a día, que la gente sea más exigente y activa en la reclamación de sus derechos, como el derecho a la salud, al aire y al agua descontaminados, por ejemplo. Queremos mostrar las hazañas de los científicos con el mismo despliegue que se muestran las de los deportistas.

También nos interesa hacer seguimiento a leyes que se han debatido en el Congreso, como la de la prohibición del asbesto, el etiquetado de los alimentos altos en azúcares, la prohibición del plástico de un solo uso o el acceso a los medicamentos genéricos para saber si los medios fallaron en ese cubrimiento y si contribuyeron a enriquecer el debate público con evidencias científicas.


PJ:
¿Y qué hay de las audiencias rurales? ¿Las que no tienen acceso a los medios, a este conocimiento?

MV: La cobertura es un tema bien complejo que nos lleva a pensar en la promoción de emprendimientos periodísticos en las regiones, no solo en las grandes capitales. Hay que explorar nichos de audiencia en las poblaciones más olvidadas del país y saberles llegar con información que contribuya a mejorar su calidad de vida.


PJ:
Colombia tiene una tradición muy grande en cubrimiento del conflicto, pero, ¿estamos en un escenario en el que es posible cambiar de foco, del cubrimiento de temas de conflicto y posconflicto, a nuevos temas o nuevas agendas?

MV: Los temas del medio ambiente están en el corazón del debate público. Muchos ambientalistas dicen que hay que empezar a hacer la paz con el ambiente al mismo tiempo que con los actores armados, sin embargo, es un tema atravesado por todos los conflictos y por problemas como la deforestación de los bosques y la minería ilegal, además de debates como el uso del glifosato para combatir los cultivos ilícitos y la tecnología del fracking para la explotación de hidrocarburos donde se contraponen visiones desarrollistas y proteccionistas. En este sentido, la agenda del periodismo científico todo el tiempo se está cruzando con el periodismo judicial, el político, el económico y hasta el cultural, porque al final se trata de aportar a la formación de una cultura científica ciudadana, tan precaria en nuestro medio.


PJ:
Con esto en mente, ¿para dónde va el periodismo?

MV: Hay que diversificar los contenidos, analizar los comportamientos de las audiencias y sus consumos, no seguir el juego de darles lo que creemos que ellas necesitan: farándula, deporte y escándalos, o entregarnos a la dictadura del clic y del algoritmo. La crisis en que está sumido el periodismo nos lleva a reinventarnos, a ser muy creativos, y en la Javeriana encontramos una salida en el periodismo científico.

Como decía Carl Sagan, “vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y la tecnología, en la cual difícilmente alguien sabe algo de ciencia y tecnología”, y esa es nuestra misión: servir de enlace entre las fuentes y los públicos para ofrecer una información útil y amena, basada en el conocimiento científico.

El año de los libros universitarios

El año de los libros universitarios

El inicio del año suele convertirse para las editoriales universitarias colombianas en un momento clave, cuando deben tomarse decisiones fundamentales: sobre títulos, sobre espacios físicos, sobre inventarios, sobre lanzamientos, pero especialmente sobre su presencia en la Feria del Libro de Bogotá (FILBO), una de las principales ventanas de exhibición de su trabajo.

No ha sido la excepción para la Editorial Javeriana, que en este 2019, año del bicentenario de la Independencia y en el que, precisamente, Colombia es el país homenajeado, se ha preparado desde hace meses para concretar su presencia en el segundo piso del pabellón tres de Corferias.

Allí tendrá asiento junto a los sellos de otras universidades, públicas y privadas, en un espacio que puede representar el 25% de las ventas conjuntas. No es de extrañar que, solo en ese pabellón, y durante los días de feria (del 25 de abril al 6 de mayo), se presenten al público entre 1.000 y 1.200 títulos nuevos.

“Para un editor universitario, la FILBO es el proyecto fundamental del año”, explica Nicolás Morales, director de la Editorial Javeriana, que en esta edición cumplirá 21 años de presencia en la feria. Pesquisa Javeriana habló con él sobre las novedades del sello javeriano, la conexión con los lectores que no necesariamente buscan títulos académicos y el papel que juegan las editoriales universitarias en el actual mercado del libro colombiano.

 

Una paz congelada y un distanciamiento regional

Una paz congelada y un distanciamiento regional

“La paz es un objetivo de todos los colombianos”. Con esas palabras, Iván Duque se estrenó en la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, como presidente de los colombianos. El 26 de septiembre de 2018, en su primer discurso en el organismo multilateral, invitó también a la comunidad internacional a respaldar financieramente la solidez del proceso de paz con las FARC y, sobre el tema de Venezuela, recordó que Colombia está “viviendo la crisis migratoria y humanitaria más indignante de la historia reciente por cuenta de la dictadura”. Una crisis que continuará, pues, de acuerdo con ACNUR, se estima que para diciembre de 2019 lleguen al país cerca de 2’300.000 migrantes.

Hoy, a casi cuatro meses desde su intervención en la ONU, los hechos han marcado distancia de esas palabras: con la adhesión al Grupo de Lima, que desconoce la legitimidad del gobierno de Nicolás Maduro, y tras el reciente atentado terrorista perpetrado por el ELN en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, en Bogotá, que dejó 21 víctimas mortales, el gobierno Duque suspendió los diálogos de paz con ese grupo armado y reactivó las circulares rojas de Interpol contra sus cabecillas.

En medio de este panorama, Pesquisa Javeriana habló con Martha Lucía Márquez, doctora en Ciencias Sociales y directora del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana, sobre la política exterior del presidente Iván Duque en estos cinco meses de gobierno. Dos temas sobresalen en esta conversación: la lentitud en la aplicación de lo acordado en La Habana con las FARC y el aislamiento internacional de Venezuela, el cual, en su opinión, no garantizará la transición democrática del vecino país.


Pesquisa Javeriana: ¿Cómo analiza los casi 150 días en materia de política exterior en el gobierno Duque?

Martha Lucía Márquez: La política exterior está fuertemente vinculada a la política interna, como también lo estuvo en el gobierno Santos donde, junto con la diplomacia, fueron catalizadores del proceso de paz. En esa medida, ya que en el gobierno de Iván Duque se ve una intención de ralentizar los acuerdos de paz, por ejemplo, con el nombramiento de personas que no estaban en sintonía con el proceso, no es extraño que el Gobierno asuma una posición de política exterior acorde con esa situación. Esto puede verse en la actitud del gobierno colombiano frente a Venezuela, pues en la medida en que ya no lo requiere como garante del proceso de paz, se han roto los canales de comunicación; de hecho, el gobierno de Venezuela se ha quejado de que la Cancillería colombiana no contesta las notas ni las invitaciones al diálogo.

Cuando se habla de política exterior se dice que uno de los determinantes es lo doméstico. En esa medida, si antes había un gobierno que quería apostarle al proceso de paz y sacarlo adelante, pues diseñó una política exterior para facilitarlo y eso fue lo que le permitió conseguir un equipo de garantes y gente que apoyara el diálogo; sin embargo, en un escenario nuevo en el que se apuesta a frenar algunos puntos del acuerdo de paz, particularmente lo que tiene que ver con el primer punto —el más importante—, la Reforma Rural Integral, entonces la política exterior es consistente con eso, es decir, no necesitamos ya a los vecinos.

Mi afirmación sobre la intención del gobierno de ralentizar o frenar algunos puntos de la implementación deriva del trabajo de campo que hemos hecho en el Instituto Pensar en Norte de Santander y Arauca. Allí encontramos que, aunque en las zonas priorizadas se hicieron los talleres con la comunidad para definir sus necesidades y se elaboraron los Planes de Acción Para la Transformación Regional, no se ha destinado recursos para ello y, en algunos casos, no se han nombrado a las autoridades encargadas de seguir con el proceso.


PJ: Pero el Presidente tiene un compromiso con la comunidad internacional para cumplir estos acuerdos …

MLM: Sí. El presidente Duque en todos los escenarios, y particularmente cuando se dirigió a la ONU, manifestó su interés y su compromiso con la paz. En términos discursivos se mantiene este compromiso, pero en cuanto a ejecución real no lo hay y esto fundamentalmente tiene que ver con quienes ha nombrado en algunos cargos. Frente a la comunidad internacional está el discurso del apoyo, pero lo digo claramente: hacer trizas el acuerdo de paz es no implementándolo porque no se destinan recursos ni se nombra gente comprometida con el proceso.


PJ: Otro de  los puntos de la política exterior de este gobierno es el tema de Venezuela. El Grupo de Lima, Estados Unidos y la Unión Europea han desconocido el nuevo mandato de Nicolás Maduro. ¿Este cerco diplomático lo va a hacer convocar a unas elecciones?

MLM: Lo que todos esperamos que ocurra en Venezuela es una transición a la democracia, es decir, el paso de un gobierno autoritario —algunos lo llaman ‘dictadura’— a un gobierno democrático. Transiciones de este tipo se produjeron en América Latina entre los años 80 y 90, así como en el siglo XXI en Túnez, Egipto y otros, lo que se conoció como la Primavera Árabe. Esos casos históricos muestran que, y particularmente en nuestra región, el aislamiento internacional favoreció a que se diera la transición.

Hoy en día quienes trabajan ese tema encuentran que por unos cambios que se han producido en el sistema internacional, por ejemplo, hacia la multipolaridad, y el hecho de que haya potencias como China y Rusia con gobiernos autoritarios, ocasionan que el cerco internacional a un país autoritario no sea completo. A esto se suma incluso que países que antes eran los defensores de los derechos humanos, como Estados Unidos, parecen no comulgar ahora con los valores liberales, como se puede ver en la administración Trump.

Aunque a nivel regional Venezuela está aislada, y también lo está el mundo occidental liberal, ese aislamiento no es total y no va a conducir a la transición a la democracia porque hay dos cuestiones que explican la permanencia de ese gobierno. Por un lado, la cooptación de los actores políticos y sociales, específicamente de los militares, porque a ellos se les dieron grandes negocios como los de la repartición de comida y se les ha hecho considerables aumentos salariales, y los sectores populares a través de la repartición de comida. Por eso uno ve en las recientes declaraciones de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, invitando a los militares a que abandonen el soporte que le dan a Maduro. Para ello les están prometiendo amnistías.

El otro soporte del régimen es la represión, que en principio parecía de baja intensidad, pero cada vez se vuelve más violenta, como la de los años 80. Y es que a la gente la detienen, la meten a la cárcel, la torturan y sus procesos judiciales son amañados.

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Martha Lucía Márquez, directora del Instituto Pensar de la Javeriana, es doctora en Historia y en Ciencias Sociales. / Cortesía, archivo particular


PJ: Sin embargo, aún los aliados internacionales se mantienen: Rusia, China, India, Irán, Bolivia, Cuba, entre otros. ¿Realmente Maduro se está quedando solo?

MLM: Venezuela tiene el apoyo de China y Rusia, dos gobiernos autoritarios, y ese apoyo es importante porque disuade a EE.UU. de una intervención abierta, un golpe. Este contexto es distinto a aquel en el que se produjeron las transiciones a la democracia en los años 80 y 90, cuando, después de la caída del muro de Berlín y de la división de la Unión Soviética, el mundo era unipolar, es decir, que Estados Unidos se convirtió en el hegemón y sostenía un discurso de libre mercado y de libertades políticas. Sin embargo, hoy en día lo que uno ve es que el mundo es multipolar y que hay otras potencias como Rusia, China, Turquía e Irán que hacen presencia en América Latina a través de créditos y de compra de empresas. Estos países mantendrán las relaciones con Venezuela, por eso es importante que la situación se entienda dentro del contexto internacional.


PJ: De acuerdo con ACNUR, Colombia alberga el mayor número de refugiados y migrantes provenientes de Venezuela: más de un millón que, para finales del 2019, se estima que lleguen a 2,3 millones de personas. ¿Qué debería hacer este gobierno para seguir afrontando esta crisis?

MLM: Es importante tener en mente tres momentos de la migración: el primero se produjo en 2001, tras un golpe de dos días a raíz del cual Chávez tomó posiciones mucho más radicales con los medios de comunicación y frente al control de la empresa petrolera PDVSA expulsando a muchos directivos; a esto se sumó una especie de ley de reforma agraria, conocida como Ley de Tierras, que condujo a una salida de gente vinculada al sector petrolero. Esa fue la primera ola de gente con mucho dinero que llegó a Colombia y creó empresas como Farmatodo o Pacific Rubiales.

La segunda ola comenzó en 2015 cuando el gobierno de Maduro se inventó una supuesta amenaza en Colombia, de grupos paramilitares que hacían presencia en la frontera. Con este pretexto llevó a cabo una expulsión masiva de cerca de 1.500 colombo-venezolanos; hoy Migración Colombia calcula en 300.000 personas los colombianos o hijos de colombianos retornados, con derecho a la nacionalidad y que vienen en muy malas condiciones. De hecho, el CONPES 3950 dice que un alto porcentaje de esas personas necesitan Sisbén. La tercera ola se produce cuando se profundiza la crisis económica y humanitaria en Venezuela —muy seguida de la anterior—, y para estos dos casos el gobierno colombiano respondió con la Unidad de Gestión del Riesgo, es decir, como si esto fuera una emergencia o un desastre natural. Lo que se hizo inicialmente fue instalar campamentos para la gente, campañas de cedulación y luego se expidió la Tarjeta de Movilidad fronteriza.

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Alrededor de 300.000 colombianos y sus hijos retornaron en 2015 desde Venezuela, en una segunda ola de migración. / Archivo ‘El Espectador’

Mi hipótesis es que el anterior gobierno, al estar enfocado en la cuestión de la paz y porque trató de cambiar el perfil internacional de Colombia quitándonos la imagen de ‘país problema’, no visibilizó la magnitud de la crisis migratoria. También puede pensarse que hizo esto para no entrar en conflicto con el gobierno de Venezuela, pues todavía pensaba que necesitaría a ese país para construir de la paz.

En noviembre de 2018 se expidió el Conpes 3950, orientado a atender la situación de la población venezolana a mediano plazo. Es un plan 2019 – 2021 para el cual el gobierno sabe que tiene que destinar 12 billones de pesos. Lo que pretende es tomar medidas más sostenibles orientadas, por ejemplo, a formalizar a los trabajadores venezolanos con medidas como la convalidación de títulos para que puedan conseguir trabajo y aporten al servicio de salud y pensión. También se incluye la cobertura en salud y en educación. En conclusión, el gobierno parece tener claro lo que debe hacer con esa población.


PJ: ¿ Qué debe hacerse desde la ciudadanía?

MLM: Lo que debemos hacer, y que hemos venido también haciendo desde la Javeriana, es promover una mirada desde un enfoque de derechos humanos y desde la hospitalidad, que conjure cualquier brote xenófobo. Por ejemplo, la Vicerrectoría del Medio, el Centro Ático, el Instituto Pensar y la Facultad de Ingeniería organizamos en octubre pasado una hackaton para resolver problemas de los migrantes en el Terminal de Transporte; también el Hospital Universitario San Ignacio hizo campañas de salud con venezolanos. Seguramente, si otras universidades que cuentan con hospitales universitarios lo puedan hacer, desde la Javeriana podríamos organizar una semana de hermandad colombo-venezolana porque es mucho lo que compartimos. Eso nos acerca al otro. A estas iniciativas particulares debiera sumarse una campaña por parte del gobierno.


PJ: En su análisis del Cinep sobre la política exterior en los 100 primeros días del gobierno Duque, usted asegura que Colombia retorna su mirada hacia el norte. ¿Qué implicaciones tiene ese retorno?

MLM: Esa mirada es consistente con el alejamiento de la región, particularmente de los gobiernos de izquierda: Bolivia, Nicaragua y Venezuela, por supuesto. También es clave porque le quita autonomía a la política exterior y doméstica y se vincula con un aliado que no es fiable en este momento. ¿Qué va hacer el presidente Trump? No se sabe, además Colombia se vincula a EE.UU. justamente cuando este país se ha alejado de América Latina, contrariamente a lo que hizo la administración Obama. Mirar al norte es alejarse de la región, asociarse a un socio que no es tan fiable y que, más bien, se está mirando a sí mismo.


PJ: Por último, ¿qué  puede pasar con las negociaciones con el ELN en Cuba?

MLM: Un hecho es que se suspenden, aunque no creo que hubiera una intención de negociar. Las decisiones que ha tomado el gobierno vuelven aún más costoso reanudar el diálogo, y es que efectivamente  la implementación de los acuerdos se ha parado, de manera que quién va a negociar con un gobierno que al final no cumple lo que había prometido el anterior. Ahora se viene una situación bastante complicada.

 


* Esta entrevista fue editada por brevedad y claridad.

La física y la matemática detrás del videojuego

La física y la matemática detrás del videojuego

El Centro Ático, en alianza con la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, presentaron el proyecto ‘Dynamo, ciudad de la física’, iniciativa para fortalecer la enseñanza y el aprendizaje matemático y físico en estudiantes recién egresados de colegios o que cursan los primeros semestres del pregrado en Física.

La estrategia digital presenta las nociones básicas sobre modelos de conversión de unidades, cifras significativas y vectores que deben conocer los jóvenes a través de una interfaz amigable en la que Stephen Hawking, Albert Einstein o Marie Curie les enseñan a resolver preguntas acertadamente.

El pasado mes de abril, el equipo de investigadores del departamento de Física de la Universidad Javeriana, en cabeza del doctor en ciencias biológicas Orlando Acevedo Sarmiento, llevó a cabo el lanzamiento de ‘Dynamo, la ciudad de la física’ en el salón creativo del Centro Ático. Al evento asistieron más de 30 estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana, quienes, además de interactuar con el juego y poner a prueba sus conocimientos, socializaron con los docentes sus apreciaciones sobre la innovación.

Pesquisa Javeriana conversó con Orlando Acevedo, líder del proyecto, quien el objetivo de esta creación y los retos que vienen de cara al futuro.


Pesquisa Javeriana: ¿En qué consiste Dynamo?

Orlando Acevedo: Este juego es una herramienta que se les da a los estudiantes que llegan a la universidad, sobre todo a aquellos que no tienen claros los conocimientos sobre conversión de unidades, manejo de cifras significativas y vectores en física.

Uno como docente espera de los estudiantes que vienen de bachillerato que tengan claridad sobre los conceptos, pero el problema está en que cuando nosotros los recibimos, nos damos cuenta de que no tienen esas bases, por eso hay que ver cómo transformar esa situación a través del juego.


PJ: Entonces, este problema fue el punto de partida para crear el videojuego.

OA: El proyecto empezó en 2015 cuando quise enseñarles a mis hijos y a mis nietos a aprender a través del juego. Para ese entonces pensaba, por ejemplo, que los videojuegos podían ser una herramienta útil para enseñarles a los muchachos obre física; pensaba en cómo hacer que algo divertido como esto, aunque tiene un cierto tipo de lógica, también tuviera algún fin educativo.

En 2016 me senté a conversar con personas del Centro Ático para tratar de imaginar situaciones en las que gráficamente se analizaran conceptos físicos, de ahí empezamos a trabajar con el profesor Jimmy Mendieta Sanabria, del departamento de Física de la Javeriana, con quien construimos un modelo de gamificación, es decir, una estrategia en la que se usa el juego para la enseñanza.


PJ: ¿Cuál fue el resultado?

OA: Dynamo trabaja tres temas específicos: conversión de unidades, cifras significativas y vectores, y cuenta con varios espacios para lograrlo. Un gimnasio donde el jugador debe hacer conversión de unidades entre libras, gramos y kilos; un plano de una ciudad donde un avatar se mueve de un lugar a otro para medir categorías de velocidad, rapidez, y tiempo; y un concierto en el que se analizan los voltajes de los equipos, la conversión de monedas a partir de los precios de las boletas o la distancia que debe recorrer una persona para recoger el micrófono que la cantante lanzó desde el escenario, para calcular la velocidad y el desplazamiento.

Dynamo 2


PJ: ¿Por qué se llama Dynamo?

OA: Porque la fuerza se mide a nivel CGM en dinamos. Además, en latín, ‘dinamo’ significa movimiento y dinamismo, y ese es el concepto que queremos manejar con este juego.


PJ: ¿Cuál es el objetivo del videojuego?

OA: El propósito es trabajar con los estudiantes conceptos físicos, entre ellos las conversiones, ecuaciones o conceptos de energía que a veces les resultan complejos. De hecho, con los ejercicios que tiene Dynamo es posible repensar, analizar, estudiar y considerar las posibles alternativas para responder cada pregunta, porque, por ejemplo, cuando hacemos operaciones matemáticas o cuando se mide en física, el número de cifras que se usa para medir es crítico y, de no saber usarlo correctamente, puede tener un margen de error.

Es decir, si yo quiero en mi vida práctica como ingeniero hacer una obra, tengo que manejar números y evidentemente evitar errores porque al final uno de ellos puede ocasionar un puente torcido, incluso uno roto.


PJ: En ese sentido, la física y la matemática son fundamentales para quienes estudian áreas afines, ¿pero por qué a una persona del común podría parecerle interesante aprender estos conceptos?

OA: La verdad es que son necesarios en toda la vida. Aunque nosotros a veces no lo vemos, estamos acostumbramos a trabajar con física; de hecho, la manejamos pero no razonamos en que lo estamos haciendo. Por ejemplo, cuando se va a comprar un mueble para una casa es necesario pensar en cómo ubicarlo, en dónde, pero lo que le pasa a la gente muchas veces es que compra dicho mueble sin tener en cuenta sus dimensiones y, al final, o no le cabe o no le queda espacio en su sala para caminar, por eso este juego es fundamental para aprender a hacer cierto tipo de cálculos.


PJ: ¿Cuánto tiempo tardaron el diseño y programación del juego?

OA: Aproximadamente un año y medio. Para esta época el Centro Ático nos iba mostrando sus avances mientras que nosotros evaluábamos el juego, las dinámicas de las preguntas, los personajes y las empatía de los jóvenes con el diseño. De hecho, una de las ideas para Dynamo fue que los personajes principales fueran físicos, por eso pueden encontrarse con Stephen Hawking, Albert Einstein o Marie Curie.

Dynamo 1


PJ: ¿Cómo fue entonces el trabajo entre el Departamento de Física y el Centro Ático?

OA: El Departamento se encargó de elaborar el concepto físico, saber qué preguntas íbamos a hacer, qué debían responder los muchachos y de qué forma manejarlo. Mientras que en Ático, en cabeza de Sandro González, nos ayudaron con el diseño de lo que nosotros planteamos; por ejemplo, nuestra idea consistió en hacer un gimnasio para ver cómo se movían masas al momento de hacer pesas por los personajes y Ático se encargó de hacer todo el diseño de esta idea, y también la maqueta para arrastrar estas herramientas.


PJ: Una vez presentado el videojuego a la comunidad javeriana, ¿cuál es su balance?

OA: Falta mucho por hacer. Durante el lanzamiento, los estudiantes nos pidieron explicar el procedimiento matemático y físico que se debía tener en cuenta en caso de responder mal, pero el problema radica en que si se les explicábamos eso, entonces en una próxima oportunidad, los chicos conocerían la estrategia del juego.

Además, cuando nosotros pensábamos en hacer la prueba, calculamos que los jóvenes se demoraran 20 minutos, pero en realidad tardaron más; eso me recuerda una frase que mencionó el neurofísico Rodolfo Llinás, que nuestra educación se hizo básicamente para responder un parcial, un examen o una previa y no para sentarse a razonar; en este caso, los estudiantes tenían que sentarse a razonar y no solo pensar de qué forma sacar rápido la respuesta.


PJ: ¿Qué retos surgen de esta iniciativa?

OA: Nosotros pensamos este juego como la ciudad de la física, pero la meta es pensarlo más a delante como la ciudad de las matemáticas, por ejemplo, o la ciudad de la biología, química o del lenguaje. De hecho, uno se da cuenta de que los estudiantes en su mayoría no leen o no escriben muy bien, entonces ese tipo de cosas se pueden abordar con esta clase de juegos.

Por ahora vamos a seguir trabajando en Dynamo. Tenemos que reunirnos nuevamente con el equipo para ver cómo todas estas enseñanzas pueden mejorar el ejercicio académico. Tenemos que hacer una retroalimentación, teniendo en cuenta las reflexiones que hay alrededor de ello.

Una mina de datos

Una mina de datos

Internet se ha convertido en un auténtico y descontrolado monstruo sin forma alguna. Aquella concepción romántica de una autopista donde la información fluía libremente y donde una persona podía contactarse con otra a millones de kilómetros de distancia, ha desaparecido para siempre en el inconmensurable océano de información y contenidos de hoy en día. Una idea de esto la arroja Internet Live Stats, proyecto de investigadores y analistas informáticos para intentar ilustrar todo lo que ocurre en esta especie de universo paralelo.

Sus cifras asustan: se calcula que hay alrededor de 4.000 millones de usuarios activos en la red (de ellos, el 57% comparte contenidos en Facebook), que consultan los más de 1.900 millones de páginas disponibles en ella, que en un día promedio envían 110.000 millones de correos electrónicos, realizan más de 315 millones de comentarios en la red social Twitter, suben 35 millones de fotos a Instagram y ven más de 3.000 millones de videos en YouTube.

Y con toda esa actividad, cada uno de ellos deja un rastro de información que, en principio, debería estar protegida por las empresas que ofrecen servicios de correo electrónico y producción de contenido en páginas web y redes sociales. Sin embargo, la realidad ha demostrado que no es así: algunas firmas han tenido acceso a toda esta información personal y han utilizado para sus propósitos comerciales, desde convencer a los usuarios de comprar sus productos hasta influir en elecciones populares.

El acceso y análisis a este tipo de información se conoce como big data, y ha generado hondas preocupaciones en los gobiernos del mundo sobre la privacidad de sus ciudadanos; asimismo, ha dado pie a ingeniosas colaboraciones entre academia, gobierno y la empresa privada encaminadas a fortalecer las economías locales. Una de ellas es Alianza Caoba, iniciativa impulsada por la Pontificia Universidad Javeriana y dirigida por Alexandra Pomares, profesora de la Facultad de Ingeniería.

Para conocer sus alcances y todo lo que implica el manejo y análisis de la información, Pesquisa Javeriana habló con Rafael González, doctor en Tecnología, Política y Administración, profesor titular del Departamento de Ingeniería de Sistemas de la universidad y uno de los artífices de este proyecto.


Pesquisa Javeriana: ¿Qué es el big data? ¿Cómo está siendo utilizado?

Rafael González: Big data quiere decir que tenemos un gran volumen de datos y estos, por su cantidad, son muy diversos. Esto se debe a que cada vez se genera más información que puede duplicarse a diario. Hay un crecimiento exponencial de información.

Lo que hoy tenemos son capacidades que hace algunos años no existían para hacer el análisis de un gran volumen de datos, por ejemplo, utilizar un hardware que hace poco no estaba disponible para almacenar toda esta información. Lo que sí existía desde hace tiempo son las técnicas de inteligencia artificial, de procesamiento de bases y minería de datos que cada vez son más inteligentes; hoy tenemos la posibilidad de articular esas técnicas a una infraestructura abierta, distribuida y masiva.


PJ: Es decir, con cada click se está generando una gran cantidad de información.  ¿Dónde se almacena y para qué tipo de propósitos?

RG: El almacenamiento hace parte del reto. No solo se guarda la información con cada click sino que, si tú tenías un blog hace 10 años, eso también está guardado o los correos que borraste hace dos años Google también los tiene, así no tengas acceso a ello. Hoy el término utilizado es en la nube, pero esto quiere decir que para el usuario es transparente el lugar donde está la información.

Sin embargo, ¿dónde está ese video que estás viendo? No solo en la nube: existen, en términos de infraestructura, granjas de servidores y lo son porque, literalmente, abarcan hectáreas. De hecho, compañías como Google, Microsoft, Amazon ya no tienen cuartos de cómputo grandes sino estas granjas que ­–generalmente– están ubicadas en lugares fríos como Alaska, Islandia y Siberia. Y en parte, están allá porque es más barato, pues no hay que refrigerarlos. De hecho, es tan importante la existencia de las granjas hoy que casi es un proceso político ir a convencer a Google y ofrecerle ventajas tributarias para que lo coloque en su país.

Ahora existen dos intereses simultáneos. Primero está el industrial-comercial y allí es donde las organizaciones quieren aprovechar la información y distinguir entre lo que tiene valor y lo que no; también, conocer la percepción del público sobre la empresa, qué hablan los consumidores acerca de los productos y qué hablan de la competencia para así tomar las mejores decisiones y generar nuevos productos o servicios.

El segundo interés es estatal, que es muy interesante porque allí lo que buscan es cómo proveer servicios públicos. Hablo de salud, educación, impuestos, transporte, entonces, si yo tengo información de los ciudadanos, puedo diseñar mejores políticas públicas, por ejemplo, en la prevalencia de enfermedades específicas y en cuánto le va a costar al país, o en materia de impuestos para detectar el fraude, etc.


PJ: En el Tour de Francia, el equipo Movistar tiene un departamento de big data para analizar información, entre otras, sobre el rendimiento de sus ciclistas. ¿En qué otros campos el big data está dejando su huella?

RG: El big data está sonando más en política. Lo utilizan para predecir cuáles son las tendencias que la gente prefiere a la hora de votar, pero hay otra vía y es tratar de descubrir cómo tengo que enviarle el mensaje a la gente para que voten por mí. Eso ya conduce a implicaciones éticas de uso del big data porque puede utilizarse para manipular al público: en la medida en que conocen las preferencias de sus consumidores, las empresas pueden apuntarle a un público determinado y despertar en ellos un gatillo emocional, de ahí, que en Facebook y Twitter existan robots o bots que generan opiniones falsas a partir de patrones diseñados. Por eso, cada vez que Trump genera un tweet hay un montón de bots –no son seres humanos– que lo están aplaudiendo o, por el contrario, lo critican.

Profesor
Rafael González, docente del Departamento de Ingeniería de Sistemas e integrante de Alianza Caoba.


PJ: Barack Obama, Mariano Rajoy y David Cameron, entre otros, utilizaron en sus campañas electorales el big data, pero en su  momento no generó polémica. Este año los diarios The Guardian y The New York Times revelaron cómo Cambridge Analytica, una empresa de comunicación y  análisis de información, habría tomado los datos de 50 millones de usuarios de Facebook y los habría utilizado para favorecer la campaña presidencial de Donald Trump en 2016. ¿Cómo prevenir casos como éste? ¿Qué retos plantea entonces el manejo del big data?

RG: Obama fue el primero que popularizó esto porque ganó y fue sorpresivo, de alguna manera, que hubiera ganado pero lo hizo de manera ética, utilizó  Facebook para movilizar a la comunidad particularmente joven a través de técnicas más tradicionales, como convencerlos e ir puerta a puerta para hacer activismo político.

En otros casos, como en el de Trump, no se usó la información para movilizar a la gente sino para generar información falsa o engañosa, para así despertar emociones que hicieran que la toma de decisiones en política no fuera racional sino puramente basada en emociones. Entonces no tiene nada de malo analizar patrones o tendencias, conocer al público, pero cuando utilizas eso para manipularlo o engañarlo, entonces ahí ya cruzaste la raya.

A partir del caso de Cambridge Analytica y otros recientes se ha empezado a fortalecer la regulación o se han hecho más explícitas las reglas sobre confidencialidad de la información. Esto está sucediendo en parte porque la ley les exige a las empresas proteger la información que les brindan sus usuarios, pero así lo hagan eso no resuelve el problema, de hecho, existen personas que no pueden cerrar sus cuentas en redes sociales porque las necesitan para conseguir empleo, e incluso para arrendar un apartamento. Entonces, se volvió un mal necesario, pero lo que terminará ocurriendo es que, como cultura, aprendamos qué significa privacidad en este orden del mundo y cómo ser más responsables en el manejo de la información. No creo que haya una solución tecnológica ni político-legal, sino más bien cultural.

De hecho, Facebook reconoce que no puede mirar en sus contenidos qué es cierto y qué no. Entonces lo que hizo fue contratar ejércitos, literalmente, de personas para que con su criterio determinaran si la información es falsa. Sin embargo, reconoce que por más personal que tenga en esta labor lo que realmente se necesita es entrenar a lectores y ciudadanos para que sean más críticos en el procesamiento de información, más responsables y conscientes en la publicación de información.


PJ: ¿En qué consistió el proyecto Alianza Caoba y qué resultados encontraron?

RG: El mundo identificó que el big data iba  a movilizar la tecnología, la investigación y la industria desde el punto de vista informático, por eso varios países invirtieron en estas tecnologías. El Ministerio de las TIC abrió una convocatoria para conformar centros de excelencia en big data y analítica.

Uno de nuestros trabajos fue con Nutresa –una de las empresas ancla– en donde participó la Javeriana Bogotá y Cali. Con este proyecto la intención era segmentar clientes potenciales de Nutresa, o sea identificar, dentro de una base de datos, por ejemplo, qué tipo de consumidores hay para asociarlos con el tipo de producto que ofrece Nutresa para que haya un encuentro, o match.  Por otro lado, para generar estrategias de comunicación efectivas para que esos productos le lleguen al público objetivo. Lo que hicimos fue procesar la información de Twitter a nivel  nacional y mirar qué está opinando la gente en términos de alimentación, de qué alimentos hablan, cuándo lo hacen, qué emociones y sentimientos hay en esas discusiones, qué palabras están utilizando;  con esto generamos informes gráficos y analíticos para que tomen mejores decisiones para el área de mercadeo.


PJ:
Alianza Caoba reúne a algunas universidades del país, como la Javeriana, los Andes, Icesi y Eafit, también a empresas del sector privado y a entidades del Gobierno. ¿Cómo ha sido la articulación de estos tres sectores?

RG: La única manera para desarrollar capacidades para el país era sumando esfuerzos y, al hacerlo, ahí si estamos en condiciones de competir y participar a nivel mundial. Con esto lo que hicimos fue establecer un mecanismo a través del cual Estado, academia e industria se reunieron para generar esas capacidades.

El  rol de la industria –llamado empresas ancla– es el de proveer los datos y necesidades; la idea es que no se estudie en un laboratorio para publicar artículos sino que parta de las necesidades y datos reales para contribuir a solucionar problemas locales.

Desde el punto de la vista de la universidad, la intención es generar investigación aplicada a estos temas. En este proceso de investigación se están formando estudiantes de maestría y doctorado que, por un lado, estudian las técnicas del big data y, por el otro, participan en el desarrollo de las empresas ancla. Y desde el punto de vista de las empresas líderes (SAS, IBM, EMC2), son proveedores de tecnología que se suman al ecosistema o a la alianza para proveer software y hardware.

Hemos establecido relaciones de confianza que, para mí, es solo uno de los logros de Alianza Caoba, porque esto genera unas capacidades importantes de maduración para el país. Nuestra intención ha sido la sostenibilidad del centro para que, eventualmente en dos años, sigamos adelante sin la financiación del Estado, generando nuevos proyectos de investigación, de consultoría e integrando nuevos sectores. La idea es que otras empresas ancla y otras universidades se vinculen a Caoba y, con eso, fortalecer la capacidad de big data en el país.

¿Cómo evoluciona el grito del gol en Colombia?

¿Cómo evoluciona el grito del gol en Colombia?

Bienvenidos a La Claraboya de Pesquisa Javeriana, nuestro podcast de ciencia para personas que no son expertas en ciencia.

Después de las emociones y sentimientos que ha dejado el mundial de Rusia en los corazones colombianos y en la recta final donde los finalistas son Francia y Croacia, Pesquisa Javeriana y La Claraboya reviven las festivas y folclóricas narraciones de fútbol en la radio colombiana, esas que han acompañado a su audiencia a lo largo de la historia mientras se sufre o se goza en los partidos; voces alegres que alientan al público cuando el equipo está caído y hacen vibrar los corazones con la entonación de los goles.

El invitado en esta ocasión es William Zambrano, periodista deportivo y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, quien ha dedicado su vida a estudiar las transformaciones de la radio. Creador de libros resultado de sus investigaciones como Tras las barras bravas: prácticas comunicativas, identidad y cultura (2014) y Tarjeta Amarilla al periodismo colombiano (2000), Zambrano vio crecer la radio y con ella a los narradores colombianos. Hoy remueve el pasado.