“La ciencia no fracasa”

“La ciencia no fracasa”

El talento y el saber son el verdadero poder. Esta es una de las premisas universales de la academia. ¿Y poder para qué? Para cambiar entornos, impactar positivamente la vida de las personas, trascender. Hoy, la universidad ya no solo es un espacio de enseñanza y aprendizaje como lo fue en sus estertores—, sino también de evolución. Se iza la bandera de la innovación como estandarte del progreso, pero ésta no ocurre de la noche a la mañana, no necesariamente debe ser radical (hay innovaciones graduales y con impacto incremental) y siempre supone evaluar sus consecuencias.  

Desde el 2005, se empezó a gestar el ecosistema innovador de la Universidad Javeriana, y en el 2012 se constituyó formalmente la Dirección de Innovación, que creó y puso en marcha el programa De la Academia al Mercado, un modelo de transferencia del conocimiento que hoy tiene múltiples frutos y es referencia nacional. En él se identifica un resultado de investigación promisorio, se evalúa, se valida, se protege con alguna modalidad de propiedad intelectual y se estructura en un producto o servicio para llevarlo al mercado. Aquí, algunas visiones de su directora sobre este proceso.

Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá).
Fanny Almario, directora de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana (sede Bogotá)

PESQUISA: ¿Por qué para las universidades ha sido difícil vincular la investigación con la sociedad?  

Fanny Almario: Puede haber un grado de dificultad pero también de invisibilidad. En las universidades primero se dio la enseñanza hasta madurarse y después vino la investigación, que ha tenido impacto social. El proceso de apropiación y transferencia de conocimiento no es tan sistemático ni inmediato porque las universidades están hechas para generarlo, no necesariamente comercializarloy para innovar se requieren unas competencias que ahora estamos incentivando y fortaleciendo, como la creatividad, el liderazgo, la resiliencia y el trabajo en equipo. Entre empresa y universidad hay que trabajar colaborativamente 

PESQUISA: ¿Qué hace falta para que se consolide ese engranaje? 

FA: Debe haber interés, confianza y unidades de interfaz que promuevan estas relaciones. En la década de 1990 surgieron los comités universidad-empresa. Hoy, además de entidades tipo cámaras de comercio o agremiaciones como la ANDIConnect Bogotá Región, que ayudan en ese propósito, también hay compañías que se dedican a identificar oportunidades en los distintos ecosistemas. Pero difícilmente esta construcción colectiva se puede dar si no hay una muy buena investigación de base.  El conocimiento no necesariamente es mediáticopero sí debe ser robusto e ir madurando para que no se agote.   

PESQUISA: ¿Qué mecanismos han empleado para atraer a los académicos a la cultura de la innovación? 

FA: Lo primero que hicimos fue encontrarnos con esos profesores que tenían la inquietud de saber cómo su conocimiento le podría servir a alguien y de qué manera se podría utilizar con un valor diferencial. Algunos tocaron nuestra puerta y otros los buscamos cuando advertimos investigaciones, patentes y tecnologías que podían ser atractivas para el mercado. Ellos fueron nuestros primeros promotores de la innovación y, con su espíritu, aunado a casos de éxitos que hallamos dentro de la universidad, empezamos a animar a otros docentes en esa vía. Después, visitamos cada facultad explicando qué estábamos haciendo desde la Dirección de Innovación, por qué era un gana-gana para todos (comunidad no académica, investigador y universidad) y comenzamos a divulgar, a través de congresos de investigación, asistencia a ruedas de innovación con empresas, actividades de promoción y foros, todo el andamiaje de directrices y reglamentaciones construidas para transferir el conocimiento e impulsar el emprendimiento. Trabajamos muy de la mano con la Dirección de Investigación para evaluar proyectos con potencial innovador y con los Comités de Investigación y Ética, a donde llegan los proyectos en ciernes que a mediano y largo plazo pueden tener procesos de transferencia interesantes.  

PESQUISA: ¿Cómo se incuba la innovación para que sea transversal a toda la academia? 

FA: Creando cultura de innovación y emprendimiento. Ese fue nuestro primer reto y aún continúa siéndolo. Para ello dictamos cursos, talleres y hacemos visitas focalizadas a los grupos de investigación. Desde nuestra dirección, identificamos el conocimiento con potencial de ser transferido y determinamos qué modalidad de propiedad intelectual emplear para protegerlo. Así mismo, estructuramos proyectos universidad-empresa y ayudamos a darle valor a una propuesta para que sea atractiva para el mercado, bien sea para licenciarla, venderla, patentarla o crear una nueva empresa basada en el conocimiento académico conocidas spinoff Adicionalmente, incentivamos dos ideas fundamentales: la primera, que la innovación no solo parte de la investigación, también se da en la docencia y el servicio; la segunda, la importancia de desarrollar la innovación social, es decir, crear metodologías y formas de hacer o trabajar con las comunidades, derivadas de una actividad investigativa, y que resultan en procesos de acción social y transferencia y apropiación de conocimiento con gran impacto comunitario.

PESQUISA: ¿De qué manera la Universidad ha desarrollado la innovación social? 

FA: Por su carácter misional, desde hace muchos años la Javeriana ha ejecutado proyectos centrados en aprovechar el conocimiento generado para impactar positivamente a las comunidades, vinculándolas en ese proceso. Organizaciones internas como Prosofi y Vidas Móviles, junto con las Convocatorias San Francisco Javier son, entre otros, espacios para apropiar socialmente el conocimiento en soluciones específicas. Nuestro siguiente paso será articular muchas unidades javerianas que trabajan en ello construir una directriz especialmente sobre innovación social en la que se definan parámetros y metodologías de intervención y medición del impacto de los proyectos.

PESQUISA: ¿La ciencia fracasa? 

FA: Si fracasar es tener un resultado negativo, eso no es fracaso, porque les permite a  otros investigadores advertir que no deben seguir por esa ruta. La ciencia y la investigación te ofrecen muchocaminos para descubrir algo y encontrar soluciones, pero aún basado en criterios científicos se puede llegar, inesperadamente, a una vía cerrada.

PESQUISA: ¿Qué ha sido lo más difícil en la creación de este ecosistema innovador? 

FA: Lo más complejo  como en cualquier proceso de estos es la articulación y definición de roles, es decir, saber quién está haciendo qué y cómo se pueden unir esfuerzos. Otro desafío ha sido aprender a ser muy dinámicos y versátiles para estar a la altura de lo que sucede afuera. Para que la Universidad se inserte al ecosistema de innovación nacional y regional debe tener una capacidad de respuesta acorde con los tiempos y los espacios, y eso lo hemos ido ajustando en estos años.

PESQUISA: ¿Por qué la Universidad ha sido líder en la transferencia de conocimiento? 

FA: Primero, porque ha tenido directivas no solo rectores y vicerrectores, sino otras unidades como la jurídica y financiera conscientes del rol de la academia para hacer viables soluciones, en lo posible articuladas entre varios actores de la comunidad académicaSegundo, porque la Universidad tiene muy claro que la innovación para ella no solo se mide desde el componente productivo, sino también social y la transformación de realidades de los más vulnerables. Tercero, porque se ha mantenido el apoyo continuamente y hemos sido conscientes de que este no es un proceso mediático. Cuarto, porque hemos estimulado las relaciones y el trabajo interdisciplinario consensuado para lograr que las soluciones sean más compactas y completas. Y quinto, porque hemos entendido las potencialidades del talento humano en casa y gozado de una gran materia prima (conocimiento) para trabajar. Pero en el fondo de todo esto subyace un elemento esencial: el espíritu misional de la Universidad, en el que se tiene muy claro la conciencia sobre el otro y la necesidad de buscar mecanismos para mejorar su vida. Ese compromiso social, que está en el ADN de esta alma máter, ha sido una ventaja para consolidar este ecosistema innovador.

PESQUISA: ¿En qué referentes internacionales se han inspirado? 

FA: Tenemos varios referentes porque hemos identificado y conocido sus modelos de gestión del conocimiento, en buena medida gracias al apoyo de InnpulsaEntre las universidades visitadas están Oxford, Utah, Stanford, Católica de Chile, Tec de Monterrey, Hebraica de Jerusalén y Santiago de Compostella.

Valorar las artes para transformar la academia

Valorar las artes para transformar la academia

Hay un inefable proceso de atracción, conexión, repulsión y diálogo entre el arte y la ciencia. ¿Cómo sería viajar en el tiempo a través del —hasta ahora teórico— agujero de gusano? Esta y muchas otras preguntas que se formulan desde el campo de la ciencia son, en principio, imaginadas desde el arte. Pero también desde el arte se hace uso de la ciencia cuando es necesario encontrar respuestas para producir una creación artística, como lo hizo Leonardo dVinci. 

Este fructífero diálogo ha resultado en hallazgos y creaciones memorables. ¿Cómo viaja un impulso neuronal a través del cerebro? Sin este intercambio entre lenguajes y lógicas, tanto las neurociencias como la pintura se habrían perdido de la producción intelectual de Santiago Ramón y Cajal. 

Y aunque algunas veces parece obvia esta conexión, en otras ocasiones ciencia y arte se observan mutuamente con sospecha, como si se tratara de universos irreconciliables. Sobre todo en lo tocante al arte en la academia. 

En Colombia, hasta hace pocos años los artistas ubicados dentro de las universidades no encontraban su lugar, pues el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) medía la producción académica bajo lógicas que excluían la producción artística. Esta situación tuvo un giro paradigmático gracias a largas, profundas y difíciles discusiones, producto de las cuales hoy en día el SNCTI contempla criterios para evaluar la producción artística dentro de las métricas académicas. 

Para comprender mejor cómo se produjo este cambio, en qué consiste y cuáles han sido sus implicaciones, PESQUISA JAVERIANA dialogó con Óscar Andrés Hernández Salgar, asistente para la creación artística de la Pontificia Universidad Javeriana, quien fue una de las voces más activas para lograr esta transformación. 

Óscar Andrés Hernández Salgar
Óscar Andrés Hernández Salgar

PESQUISA JAVERIANA: ¿Qué era lo que ocurría en el contexto educativo y de investigación académica en el país antes de que se produjera el cambio en el Sistema? 

Óscar Andrés Hernández Salgar: Hay dos grandes sistemas que cobijan a las universidades: el sistema educativo, con el Ministerio de Educación a la cabeza, y el SNCTI. Lo raro es que cada uno de esos dos sistemas corresponde a paradigmas distintos de universidad. Como está planteado, mucho de lo que define al sistema educativo corresponde a un paradigma de universidad que está centrado en la formación de profesionales para reproducir una fuerza de trabajo, en el que el conocimiento es más algo que se reproduce, no algo que se produce. 

Por otro lado, para el SNCTI lo importante es que las universidades produzcan conocimiento nuevo que llegue al sector productivo. Entonces ¿qué pasa? Que las funciones universitarias —que son docencia, investigación y extensión— empiezan a cambiar sus pesos: antes docencia era el gran foco y las universidades que formaban profesionales hacían además investigación. Ahora cada vez más se les pide que enseñen y transfieran lo que investigan. 

¿Qué pasaba con los artistas dentro del SNCTI? El arte no tenía ninguna cabida, porque se asumía que las artes y las humanidades no producían conocimiento capaz de impactar el sector productivo, lo cual no es cierto. Esta exclusión parte de una idea de conocimiento en la que las ciencias naturales, las ingenierías y las ciencias de la salud son las únicas que realmente pueden impactar las dinámicas económicas a través de una idea más bien lineal de innovación. Es una visión muy economicista. 

PJ: ¿De qué maneras la producción artística impacta el sector productivo? 

ÓAHS: Esto se explica comprendiendo cómo las industrias creativas y culturales se vuelven competitivas: esto ocurre, no por su infraestructura, sino por la originalidad de los contenidos. Y quienes crean contenidos originales son diseñadores, músicos, artistas plásticos, etcétera. La sociedad necesita que haya un aparato de producción de contenidos que conecte la diversidad cultural con procesos de generación de valor económico para darles mayor competitividad a las empresas. Si no, lo que pasa es que se copian fórmulas. 

Ahora, obviamente no todo el arte es para vender. Para que existan contenidos que renueven la industria se necesita que haya experimentación y creación libre, no orientada a públicos (al igual que para que exista investigación aplicada se necesita investigación básica). Por fuera de la universidad los productores de contenidos no tienen espacio para experimentar. Una empresa que produce contenido audiovisual, por ejemplo, no se puede dar el lujo de estar ensayando narrativas, formatos, sensibilidades; esto hace que se reduzca la diversidad. 

De manera que lo que nosotros sustentamos es que las universidades son espacios privilegiados de experimentación. Es ahí donde se vuelve importante la investigacióncreación. Entonces lo que logramos en Colciencias fue empezar a posicionar la investigacióncreación como una forma de generación de valor cultural, estético y eventualmente económico, desde las disciplinas artísticas. 

PJ: ¿Qué ocurría con los docentes-artistas antes de que los criterios cambiaran? 

ÓAHS: Se quedaban rezagados en la carrera académica porque toda la estructura de incentivos se enfocaba en la producción intelectual escrita, en la producción de investigación. Por esa razón la ‘pelea’ en Colombia fue la de reconozcamos la producción artística como producción intelectual. No había unos criterios claros de evaluación y, como consecuencia, se detuvo la evaluación de producción intelectual artística de profesores durante varios años. Entonces, en la Javeriana se creó un comité de valoración de producción artística que empezó a definir unos criterios, que fueron los que llevé a la mesa de Artes, Arquitectura y Diseño, en Colciencias, para ver en qué casos se puede reconocer la creación artística como conocimiento nuevo y cómo se puede valorar: no desde cero, sino acudiendo a las mismas instancias de legitimación que reconocen los actores del campo del arte. 

PJ: ¿En qué consiste esta ‘homologación’ de criterios que ya existían con respecto a los que se produjeron para evaluar la investigación-creación? 

ÓAHS: Nosotros presentamos el modelo de valoración que se había creado dentro de la Universidad. Propusimos que se aprovecharan las instancias en las que ya circula el arte. Ocurre de forma similar a como es valorado un artículo académico: si el artículo fue evaluado para publicarse en una revista que está en cuartil uno en Scopus, entonces se deduce que es un indicador de calidad y no hay que volver a evaluarlo. Con el mismo nivel de estructuración existen unos circuitos que legitiman la carrera académica de los artistas. Por ejemplo, si yo soy un artista y puse una instalación en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se deduce que allí hay un reconocimiento de la calidad. Hay unas instancias por las que el arte va circulando y que tienen procesos de curaduría, arbitraje o selección, y, existiendo esto, no tenía sentido que nosotros nos enfrentáramos a una evaluación adicional. 

PJ: ¿Qué retos o contradicciones afronta la puesta en marcha de estos criterios de valoración para las creaciones artísticas? 

ÓAHS: Este modelo de medición es automático y no tiene gente de carne y hueso detrás pensando. Es un algoritmo: uno presiona un botón y ya. No hay paneles, no hay pares. Entonces debimos parametrizar todo y eso nos obligó a tomar decisiones difíciles, por ejemplo, que la trayectoria del espacio que tuviera 10 años de existencia era mejor que la que tuviera ocho. Y esto es muy problemático, porque esa lógica termina privilegiando los circuitos tradicionales del arte, y el arte más disruptivo, que realmente ha producido cambios en la sensibilidad y que ha hecho cosas diferentes, ocurre por canales emergentes. 

PJ: ¿Qué transformaciones se han producido dentro de la Javeriana a raíz de este cambio? 

ÓAHS: Ha permitido que los grupos de investigación e investigadores que estaban muy mal escalonados en Colciencias suban su clasificación, haciendo lo que hacen: creación en su ámbito académico. El incremento en el volumen de los productos registrados es brutal. En las últimas tres convocatorias es muy, muy pronunciado. Pero, por otro lado, también ha hecho que la gente empiece a hablar más en términos de investigacióncreación. Hay un auge de la investigacióncreación en las áreas artísticas y en el diseño. 

Esto ha hecho que se empiece a ver que estamos generando una nueva dinámica académica alrededor de las artes, que la gente hasta ahora está empezando a vislumbrar. También han ocurrido otras cosas, por ejemplo, empieza a haber más cruces entre departamentos y entre disciplinas para generar proyectos de creación cada vez más ambiciosos. Todo esto apenas está empezando, pero definitivamente promete transformar el entorno académico. 

¿Por qué Colombia sigue “rajada” en las Pruebas Pisa?

¿Por qué Colombia sigue “rajada” en las Pruebas Pisa?

La falta de un modelo de innovación educativa y el ausentismo de los profesores en escuelas y colegios de Colombia, principalmente en zonas apartadas, son los principales motivos que pueden impactar en los deficientes resultados que arrojaron las pruebas Pisa, presentadas esta semana. Así lo sostiene a Pesquisa Javeriana Luz Karime Abadía, directora de posgrados en Economía de la Pontificia Universidad Javeriana. Y agrega que si el país trabajara sobre esos dos factores, seguro generaría cambios estructurales para brindarles una educación cualificada a sus estudiantes y respondería a sus necesidades actuales.

Dice que no se deben “seguir usando los mismos métodos de enseñanza y aprendizaje tradicionales porque nuestros jóvenes son diferentes, porque requieren habilidades diferentes y porque estos métodos tradicionales ya no responden a los problemas complejos que tenemos en el mundo actual.

Resolución sobre cuotas globales de pesca no promueve el ‘aleteo’ dice experto en tiburones

Resolución sobre cuotas globales de pesca no promueve el ‘aleteo’ dice experto en tiburones

Las imágenes de tiburones y los llamados de atención para que se protejan inundaron las redes sociales y los espacios de los medios de comunicación, debido a la expedición de la Resolución 350 del 25 de octubre de 2019 por parte del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, que establece las cuotas globales de pesca para el año 2020, entre ellos los tiburones sedosos.

Aunque desde 2017 se prohíbe la pesca de estos animales en aguas colombianas, hay muchas amenazas para esta especie. Una de ellas es el mercado asiático ya que sus aletas son muy apetecidas en ese continente.

Por eso expertos, ambientalistas, organizaciones no gubernamentales, instituciones públicas y ciudadanos han expuesto sus argumentos a favor y en contra sobre esta resolución (de la cual el Ministerio de Agricultura hará algunas precisiones en los próximos días). Por tal motivo dialogamos con el profesor Fabio Gómez, del departamento de biología de la Pontificia Universidad Javeriana, quien desde hace más de 10 años investiga sobre tiburones, ofrece a los lectores de Pesquisa Javeriana su propia interpretación sobre la norma que ha causado tanto revuelo.

Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es su opinión con relación a la resolución 350 del 25 de octubre de 2019 sobre las cuotas globales de pesca para el año 2020?

Fabio Gómez: Lo primero que tengo que aclarar es que todo este revuelo se suscita por una versión amarillista de la noticia. No es que esta resolución esté permitiendo la pesca de tiburón, lo que está haciendo es regular la pesca sobre la base de lo que ya está estipulado en normas anteriores. En 2017 salió lo que nosotros llamamos la ‘Ley del aleteo’, que prohíbe la pesca de tiburón en territorio nacional (los tiburones y las rayas están protegidos por esta norma). Sin embargo, es importante reconocer que hay una pesca incidental que es imposible de evitar: cuando un barco hace pesca industrial o un pescador artesanal lanza una red no puede evitar que se capturen tiburones. Cuando se saca la red y se sube al barco pueden salir tiburones que llegan moribundos o muertos con la pesca objetivo. Por eso la norma estableció que para garantizar que no se haga el aleteo (entendido como el corte de las aletas y el desecho del resto del cuerpo) hay una cuota de pesca incidental equivalente al 35% de la pesca total. Adicionalmente existe una cuota de pesca artesanal dirigida en Colombia. En un trabajo que hicimos entre todas las personas e instituciones que trabajamos con tiburones en el país, publicamos un libro de aportes al conocimiento de la biología de las diferentes especies de tiburones en Colombia, en el que hicimos visibles nueve puntos del Caribe colombiano donde existe la pesca dirigida como parte de la seguridad alimentaria de estas comunidades, por eso hay una salvedad en dicha norma: estas comunidades que tienen al tiburón como parte de su seguridad alimentaria, también son reguladas con esta reglamentación, quedando incluidas en la cuota máxima de captura. En realidad, con esta nueva resolución se establece la forma regulatoria para la pesca en 2020, lo cual debe hacer todos los años la Autoridad Nacional de Pesca (Aunap) y los ministerios de Agricultura y Ambiente, solo así se puede mantener regulada la actividad y evitar la captura excesiva de tiburones y otras especies. Esta es una norma regulatoria, no permisiva.

Profesor Fabio Gómez

PJ: ¿Esto quiere decir que está de acuerdo con las aclaraciones que hace el Ministerio de Agricultura con respecto a esta resolución?

FG: Exacto. De hecho, en la resolución 0744 del 9 octubre de 2012 se prohíbe la pesca dirigida en el territorio nacional, la resolución 0375 del 17 de abril de 2013 prohíbe el aleteo y en 2017 salió una nueva norma unificadora de las anteriores. Esta nueva directriz garantizó que se entendiera muy bien cómo debe llegar a puerto el tiburón producto de la captura incidental. En esencia, el animal no se puede “aletear”; tiene que llegar con sus aletas adheridas naturalmente al cuerpo. Se pueden hacer cortes parciales para que se puedan doblar las aletas y así se puedan guardar en las bodegas de los barcos. De esta manera se favorece la pesca objetivo: si un barco pesquero tiene, ejemplo, 10 toneladas de atún, no puede ocupar demasiado espacio con pesca incidental como el tiburón. Es claro que se estableció la prohibición de pesca de tiburones y rayas desde 2012 y 2017.

 

PJ: ¿Qué valor tiene la aleta de los tiburones?

FG: Como la norma establece que no se puede “aletear”, el tiburón tiene que llegar completo a puerto. Eso permite garantizar un aprovechamiento total del individuo. Si lo miramos a nivel mundial el interés principal que tienen los tiburones es su aleta: en diferentes países asiáticos se vende la sopa de aleta de tiburón a precios muy altos. Queda claro, entonces, que en esas 125 toneladas de tiburón que establece la resolución 350 del 25 de octubre de 2019 están incluidas las 5,2 toneladas de aleta. Éstas no son adicionales. Así se obliga a consumir la totalidad del animal. Con esto quiero decir que no se está promoviendo el ‘aleteo’.

 

PJ: ¿Se pone en riesgo la subsistencia del tiburón sedoso o sí se puede hablar de aprovechamiento sostenible de esta especie?

FG: La norma establece qué especies son susceptibles de aprovechar, lo cual se describe incluso con sus nombres científicos, para garantizar que no haya equivocaciones en ningún sentido. De estas especies establecidas en el decreto, algunas se encuentran en el apéndice II del CITES, y son las especies que usualmente hacen parte de la pesca incidental y que es necesario regular su comercio para evitar que lleguen a niveles de peligro de extinción. Esto quiere decir que las especies que no están en los listados quedan potencialmente utilizables bajo la idea de la pesca incidental y pueden ser aprovechables para la seguridad alimentaria de los pescadores artesanales. Pero también hay que recordar que hay otras estrategias, además de estas resoluciones, que buscan proteger a los tiburones: los Parques Nacionales ubicados en las costas y las Áreas Marinas Protegidas (AMP) como Corales del Rosario, el Plan de Acción Nacional (PAN Tiburones) que da a conocer la biología, la ecología y el aprovechamiento de estas especies para garantizar un proceso real de conservación y es un instrumento de política sobre el recurso tiburón.

 

PJ: ¿Se tienen identificadas las comunidades que se benefician de esta pesca para su alimentación y el aprovechamiento de los subproductos?

FG: Sí. Ya establecimos para el Caribe colombiano en qué zonas se hace pesca de tiburón. También hay otras zonas no identificadas en ese listado donde el pescador sale a hacer su faena y en su red puede salir un tiburón, el cual también se aprovecha. Si miramos esos valores, no son altos. Por eso, las cuotas establecidas obedecen a promedios históricos y el aprovechamiento que las comunidades le están dando a estos tiburones es completo, sin aleteo, es un recurso bien aprovechado que provee de alimento a innumerables familias que dependen de este. Se consume su carne, se aprovecha el hígado para extraer su aceite, se utilizan los dientes para hacer artesanías y se aprovecha hasta la piel para lijar botes de fibra.

 

PJ: Insistimos en la pregunta, ¿no se ponen en riesgo las especies que se mencionan en la resolución?

FG: Hablar de riesgo no es fácil en ese sentido porque uno de los problemas que tenemos en el país es el conocimiento de la biología y la ecología de todas las especies. Debemos hablar si en la pesca se están respetando las tallas mínimas de captura. Como es pesca incidental, estas tallas no son fáciles de regular. Sí se pueden estar capturando individuos por debajo de las tallas mínimas, sin embargo, se espera que los barcos pesqueros estén haciendo su actividad en zonas en donde habiten tiburones adultos y eso reduciría el riesgo. De igual manera en la pesca artesanal. Hay que tener claro que no se deben capturar hembras en épocas reproductivas. Deberíamos pensar que la norma se establece bajo el criterio de la conservación, aunque la dificultad radica en poder generar un registro completo porque la autoridad ambiental no tiene la capacidad operativa para tener personal en todos los lugares donde se hace pesca artesanal.

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PJ: ¿Son rigurosas las instituciones en materia de vigilancia y control?

FG: En términos generales sí, pero principalmente en los puertos de desembarco. Sabemos que en esas zonas de pesca industrial se está haciendo una revisión permanente de la pesca y allí se hacen los principales registros. A estos datos eventualmente se suman los que los investigadores obtenemos en territorios donde no hay presencia institucional por la limitante operativa. Así nosotros nos convertimos en un apoyo para la autoridad porque podemos compartirles la información.

 

PJ: Como investigador, y según su labor permanente, ¿a qué conclusión llega en sus trabajos con los tiburones?

FG: El tiburón tiene muchos problemas. Hay un riesgo alto y por eso trabajamos con fuerza para lograr que se expidiera la ley de prohibición de la pesca del tiburón. Son especies que se reproducen de manera lenta y con unas tasas de madurez sexual de largo plazo. Eso genera que su capacidad reproductiva sea baja comparada con la extracción y por lo tanto esto las pone en alto riesgo. Por eso vemos con beneplácito que se haya generado la norma de prohibición y que además se establezcan las cuotas. Eso nos da una voz de alivio frente a la conservación, aunque recalco que no es la única estrategia de conservación y que debemos generar otras más fuertes como el fortalecimiento de las áreas marinas protegidas y mejorar los procesos comunitarios para tener alternativas productivas y así disminuir la presión pesquera sobre el tiburón. Una opción que trabajamos en Isla Fuerte, en donde llevo a cabo mis investigaciones, es fomentar la pesca del pez león. Se podrían tener canales de comercialización de esta especie, lo que contribuye a disminuir la presión y la captura incidental de los tiburones. Necesitamos generar cadenas productivas de gran valor para los pescadores.

La paz está en manos de la ciudadanía

La paz está en manos de la ciudadanía

Una semana después del video con el que Luciano Marín Arango, alias Iván Márquez, anunció su rearme y el de otros exguerrilleros en una nueva disidencia política de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el estupor en el país se mantiene. No solo por la amenaza que este grupo puede ejercer sobre el Acuerdo de Paz entre los excombatientes y el gobierno colombiano, también porque, a través de nuevos manifiestos, los rebeldes han anunciado una nueva operación contra la corrupción, la política y la oligarquía a través de una política clandestina.

Desde entonces, han sido múltiples las voces que han pedido desde la terminación total de lo acordado hasta un llamado a la calma, resaltando que, más allá de las disidencias que se presentan, el 90% de los desmovilizados siguen apostándole al proceso.

Para analizar y ahondar sobre este tema, Pesquisa Javeriana reunió a Manuel Salamanca, director del Instituto de Derechos Humanos ‘Alfredo Vásquez Carrizosa’, de la Pontificia Universidad Javeriana, y a Carlos José Herrera, doctor en Estudios de Paz, Conflictos y Democracia, y docente de la misma alma máter, para conversar sobre los anuncios enviados por esta disidencia política, el curso que debe tomar el gobierno colombiano y la respuesta que debe asumir la ciudadanía para defender la paz alcanzada.

De la prosperidad al caos: la vía venezolana

De la prosperidad al caos: la vía venezolana

Alguna vez hubo en la esquina superior de Suramérica un país diferente: con carreteras e infraestructuras de lujo, una clase media que se daba el lujo de adquirir productos de las mejores marcas e ir fines de semana completos a Estados Unidos, y una clase alta que se preciaba de comprar apartamentos de lujo en Miami. En aquel país, bendecido con unas reservas petroleras enormes y con precios internacionales altos para sus exportaciones, el desempleo se mantenía en niveles considerables frente a los de sus vecinos, el nivel de consumo estaba por encima de la media regional y, pensando en un futuro mejor, se invertían grandes presupuestos en educación universitaria y servicios sociales. Solían llamarlo la ‘Venezuela Saudita’.

Pero a la vuelta de 40 años pasó de un extremo a otro: en términos económicos, al desabastecimiento repetido de productos básicos y una inflación en alza; en los sociales, a la mayor expulsión de población en su historia, que ha llegado a ser calificada de ‘crisis humanitaria’; y en los políticos, a un régimen autoritario cerrado, hoy prácticamente aislado en el escenario internacional.

Las causas, los protagonistas y el desarrollo de aquella transformación serán abordados durante el XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. El 12 de septiembre, durante el segundo día de actividades, se realizará el panel Mitos y realidades sobre Venezuela, en el cual la académica colombiana Socorro Ramírez, postdoctora en Ciencia Política e investigadora de la Universidad Nacional de Colombia, y el venezolano Tomás Straka, doctor en Historia y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en Caracas, dialogarán sobre el pasado, presente y futuro del vecino país, con Martha Lucía Márquez, directora del Instituto Pensar de la Javeriana.

Con motivo de este diálogo, Pesquisa Javeriana conversó con Márquez sobre los cambios que están ocurriendo en Venezuela, las decisiones de sus dirigentes y los efectos que todo esto tiene en la política interior y exterior de Colombia.


Pesquisa Javeriana: ¿Cómo se dio el tránsito de Venezuela de un país modelo en la región a uno tan problemático, tan conflictivo…?

Martha Lucía Márquez: Para comenzar, no estoy de acuerdo con esa definición de ‘país modelo’. Venezuela hizo su transición a la democracia en el año 1958 y en 1961 redactó una Constitución que garantizaba los derechos sociales, en un escenario en el que había los recursos para cumplir con esas garantías gracias a los ingresos petroleros. Pero desde ese momento se construyó también un modelo de Estado, que algunos autores han llamado ‘Estado mágico’, porque satisfacía las necesidades de los ciudadanos y parecía hacer realidad sus sueños. Por ejemplo, con el recurso petrolero se podían garantizar altos salarios a los empleados públicos, a los trabajadores petroleros, subsidios a las clases bajas y apoyo a los empresarios.

Por eso, se puede decir que la crisis económica actual de Venezuela tiene mucho de histórico porque se mantuvo ese mismo modelo de Estado a pesar de que en un momento se agotaron los recursos para financiarlo. Específicamente, el chavismo sobredimensionó el ‘Estado mágico’ incurriendo en más gastos de los que podía pagar, gastos no sólo para los venezolanos sino, incluso, para subsidiar a otros países como lo que se hizo en el marco de PetroCaribe.

A esta crisis contribuyó también algo coyuntural, como fue que a partir del año 2008 comenzaron a caer los precios del petróleo y el Estado se quedó sin poder pagar todos esos compromisos que había adquirido; adicionalmente, muchísimos recursos se perdieron por cuenta de la corrupción. En conclusión, la fórmula fue la de un Estado gigante e hiperactivo, originado en 1958, que se magnificó en la Revolución Bolivariana, llegando incluso a atender gastos de otros países. Por eso no se puede decir que el Estado venezolano haya sido un Estado modelo.

Ahora bien, en el campo político, aunque se puede decir que la democracia venezolana nació en 1958 puesto que desde ese entonces los presidentes fueron elegidos por elecciones regulares más o menos transparentes, el sistema político  se edificó sobre la capacidad del Estado de repartir la renta petrolera para crear consenso entre la población. Por eso, la crisis de la democracia venezolana comienza justamente cuando a finales de los años 80 el Estado no tiene cómo pagar para crear consenso entre los ciudadanos y ni atender sus demandas, lo que es antecedente de la llegada al poder de Hugo Chávez .


PJ: ¿Y los otros países de la región, lo consideraban un modelo regional?

MLM: Esta pregunta es más complicada, porque depende de cuándo y desde dónde se mire a Venezuela. En los años 70, cuando Caracas impulsó el tercermundismo, era modelo para América Latina pero no para Estados Unidos. En tiempos de Chávez, Venezuela vuelve a ser mal vista por Estados Unidos por el cuestionamiento al ALCA y la creación del ALBA pero era bien vista por los países que recibían petróleo subsidiado y que tenían acuerdos de cooperación regional con ella.

Hoy, para muchos países de la región, a excepción tal vez de Bolivia, Nicaragua y Cuba, Venezuela aparece como una amenaza a la seguridad regional por el número de venezolanos que han emigrado, que ―dicen algunos― son cerca de cerca de 4 millones que han salido por la crisis económica. La mala imagen del país también se relaciona con la connivencia del régimen con el narcotráfico.


PJ: ¿Y Colombia?

MLM: En cuanto a las relaciones binacionales ha habido una larga historia de cooperación así como momentos de conflicto ―lo que se comentará en el panel del Congreso― . Por ejemplo, desde la desgolfización de las relaciones al finalizar los años 80 primaron las relaciones de cooperación puesto que el mayor desafío para Colombia era su conflicto armado, lo que no quiere decir que en el pasado no hubiera cierto recelo por las compras y la dotación de las Fuerzas Armadas Venezolanas. Estas compras se hicieron porque Venezuela era consciente del valor estratégico del petróleo, razón por la cual ha hecho siempre una inversión grande para defender sus reservas de amenazas externas.

Más recientemente, durante el gobierno de Hugo Chávez que coincidió con la presencia de Álvaro Uribe en el poder, hubo momentos de distanciamiento entre los países, pero también de cooperación, por ejemplo, Caracas actuó como facilitador del Proceso de Paz; también fue mediador en procesos de liberación con los secuestrados. No obstante, tras la muerte de Chávez  y la sucesión de Maduro, las relaciones entraron en una fase de deterioro que permanece.

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Martha Lucía Márquez, directora Instituto Pensar. / Cortesía, archivo particular


PJ: La semana pasada se reveló que el gobierno de Nicolás Maduro está sosteniendo diálogos con EE.UU. para aliviar las tensiones y las sanciones impuestas. ¿Cree, entonces, que la salida militar a la crisis venezolana queda descartada?

MLM: Creo que Estados Unidos está endureciendo sus sanciones para lograr una salida negociada, en otras palabras, que las sanciones han sido escalonadas. Una de las últimas fue el bloqueo de activos de CITGO, y el anuncio de que los países y las empresas que compraran crudo venezolano, serían sancionadas por Estados Unidos. Con esto evidentemente, los directamente impactados van a ser los ciudadanos, pero progresivamente lo van a ser también las burocracias del Estado y los militares… eso aumenta la posibilidad de que ellos, que son los que finalmente están apoyando al gobierno ―y me estoy refiriendo a rangos medios― puedan apartarse del régimen, como ya ha ocurrido, porque de hecho hay un número enorme de ellos en las cárceles. Eso también lleva al aislamiento de la cúpula en el poder, que se lucra al mantener el control del Estado ―lo que uno podría llamar una cleptocracia de gobierno que se apropia de los recursos―, pues la pone en una situación mucho más difícil que debe llevarla a una negociación.

En otras palabras, lo que se quiere construir es un escenario en el cual, quien está en el poder, sienta que es muchísimo más costoso y riesgoso permanecer ahí que dejar su puesto, y será entonces un escenario de negociación en el que participaran no solo Estados Unidos y la oposición, sino China y Rusia. Allí el régimen buscará su salida en las mejores condiciones.

Este escenario cada vez está más cerca pero no a la vuelta de la esquina puesto que las transiciones tienen su timing; son procesos largos, y lo digo en teniendo en mente la transición del Frente Nacional en Colombia, que fue una negociación que duró dos años. Lo que sí es claro es que el régimen de Maduro no es sostenible en el tiempo por su baja legitimidad, su aislamiento internacional, por la migración descontrolada y por la precaria situación económica.


PJ: Estamos hoy a menos de año y medio de que se acabe esta década. Pensando ya en los próximos 10 años, ¿hay posibilidad de que haya un gobierno socialista en América Latina? Y si la hay, ¿qué lecciones debería aprender de Venezuela y su socialismo del siglo XXI?

MLM: Lo que se ha conocido y en algunos casos se ha autonombrado como socialismo del siglo XXI son, en realidad, regímenes políticos muy distintos. En él se incluyen la propuesta indigenista de Evo Morales, las laboristas de Luis Inazio Lula da Silva y Dilma Rousseff, que contaban con un apoyo obrero muy grande, y, por supuesto, el socialismo bolivariano de corte militarista. Son experiencias todas muy distintas que, en los últimos cinco años, fueron reemplazadas por gobiernos de derecha. Sin embargo, en las últimas semanas, a raíz de la derrota de Macri se avizora un nuevo ciclo de gobiernos de izquierda con el posible regreso del partido justicialista en Argentina.

Estos partidos de izquierda, y entre ellos las propuestas socialistas , siempre tendrán eco entre la población latinoamericana mientras la región continúe siendo el continente más inequitativo del mundo. Sería de esperar que esos gobiernos aprendan de la experiencia venezolana un sentido de realismo político, particularmente que entiendan que los Estados no pueden incurrir en gastos que no puedan sufragar y que lo que tienen que hacer es priorizar gastos dirigidos a los sectores muchísimo más vulnerables, sin poner en riesgo la estabilidad macroeconómica. Adicionalmente, deben prevenir  los riesgos del autoritarismo, explorando formas de construir consensos sin la necesidad de darle excesivos poderes a los presidentes. Finalmente,
deben abocarse a una tarea que tiene que librar prácticamente todo el mundo, esta es la batalla contra la corrupción, que se ve muchísimo más favorecida cuando hay autoritarismo y no existe la alternancia del poder.


PJ: ¿Por qué la academia colombiana tiene que estudiar a Venezuela? ¿Y qué es lo que debe estudiar?

La ciencia puede nutrirse del arte

La ciencia puede nutrirse del arte

El ‘bichito’ de la divulgación científica picó a Ángela Posada-Swafford en los años 80. Para entonces supervisaba la sección de cocina en El Nuevo Herald, la edición en español del periódico estadounidense Miami Herald, y entre las recetas, las fotos de algunos platos y las reseñas de restaurantes decidió incluir información sobre ciencia. Cuando el experimento funcionó, esta colombiana, escritora de profesión (se licenció en idiomas en la Universidad de los Andes y se graduó de la Maestría de Periodismo en la Universidad de Kansas) pero bióloga marina frustrada, encontró su camino. Seguiría escribiendo, por supuesto, pero sobre estrellas, climas extremos, los vehículos que exploran el universo, los científicos… En fin, sobre ese sueño que no pudo ser.

Entre ensayo y ensayo, prueba aquí y prueba allá, se ha consolidado como una de las periodistas científicas más importantes de Colombia. Lo ha logrado a pulso, escribiendo de todo y para todos: ha publicado en las revistas Muy Interesante, National Geographic y Esquire, en diarios como El Tiempo, y también ha dejado su sello en medios tan diversos como National Public Radio (NPR, la cadena de emisoras públicas más grande de EE.UU.) o en el Discovery Channel.

Ese recorrido como periodista independiente le ha enseñado que la ciencia siempre es interesante para el público, incluso en los formatos menos pensados. “Ahora soy consultora científica de guiones en cine, y eso es genial porque uno le dice al director cómo tiene que tratar el tema desde el punto de vista científico, y también involucro a los investigadores. De hecho, tengo ahora a cuatro implicados en un libreto”, explica con una sonrisa.

De paso por Bogotá, donde dictó un taller y la conferencia inaugural de la Maestría en Periodismo Científico que ofrecerá la Javeriana el año entrante, y aprovechó para dirigir una serie de charlas científicas en escenarios como Maloka y la Biblioteca Luis Ángel Arango. Posada-Swafford habló con Pesquisa Javeriana sobre la percepción que tiene el público de la ciencia y el papel que deben jugar todos los integrantes de la comunidad científica colombiana para divulgar con éxito las investigaciones que se realizan en el país.


Pesquisa Javeriana: ¿Por qué es tan difícil que el medio ambiente tenga la misma importancia para los medios que las noticias políticas, deportivas o de farándula?

Ángela Posada-Swafford: En los años 70 el movimiento ambientalista estaba en su clímax, pero después la gente se comenzó a aburrir. Y sucedió lo que en EE.UU. llaman backlash, o un efecto contraproducente sobre qué tanto se le dijo a la gente  que los seres humanos éramos una bacteria en el planeta. Ese fue uno de los pilares del ambientalismo, y se resumía en decir que La Tierra estaba muriéndose “porque usted existe”.

Muchos ―yo misma incluida― se dejaron llevar por esa corriente, que era aleccionadora. Y llegó el ‘aburrimiento del verde’, haciendo que el tema medioambiental cayera en un letargo. Ahora se empezó a despertar nuevamente esa conciencia de que estamos acabando con el planeta. Lo chévere es que esta conciencia ahora la tienen los jóvenes del mundo entero, estilo Greta Thunberg, la niña sueca que aboga por el cambio climático, y también las corporaciones; cuando yo cubría medio ambiente para el Miami Herald, en 1995, eso no se daba: las grandes casas automotrices, por ejemplo, no lo hacían, pero ahora pensar en verde hace parte no solo de su responsabilidad social empresarial, también se están dando cuenta de que no hacerlo les puede afectar gravemente la billetera.


PJ: ¿Cómo puede el periodismo científico aprender de ese error y aprovechar este entusiasmo de las audiencias más jóvenes?

AP: Tenemos que hacer un trabajo desde la raíz y no ser ni castigadores ni aleccionadores, ni hablar desde el púlpito, sino muy cercanos. Yo creo que debemos comenzar con los niños y seguir con ellos. Me ha funcionado trabajar con los jóvenes, porque son permeables a ciertos temas y se interesan. En mis libros, en la colección Juntos en la aventura, toco algunos de esos temas; de hecho, el próximo es sobre calentamiento global: en Arde la tierra les enseño a los niños mucha ciencia a través de un relato y explico qué es la geoingeniería, una disciplina del futuro que pretende modificar el clima; en esta novela presento además a unos investigadores basados en científicos reales, que estudian la respuesta de los insectos al cambio climático… ¡a punta de música rock! Es decir, hay que enseñarles a los chicos la ciencia de forma muy lúdica, con personajes y temas con los que se puedan relacionar, en plataformas y temas que les interesen. Es un trabajo que nos falta hacer también con los medios masivos de comunicación, especialmente con la radio y la televisión.

/ Cortesía, archivo particular.
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PJ: Precisamente, ¿por qué es tan difícil que los medios masivos se interesen por el medio ambiente y resalten por ejemplo, la advertencia de la ONU de que los ecosistemas globales sufrirán un cambio drástico para 2050?

AP: Porque a los medios les parece que es llover sobre mojado. Las alertas se producen cada rato en mayor o en menor medida, y se vuelven como el pastorcito mentiroso… Y sí, el de la ONU es un tema importantísimo, pero el editor de noticias pensará que es otra alerta más. Hay que presentar eso de otra forma. Por ejemplo, si presentáramos un gran especial, un documental con todos los fierros, en un medio masivo que, como en el caso de Colombia, lo vean en horario prime time, tendría un pequeño impacto, pero hoy para la televisión es más rentable pasar Betty la fea ―que es una historia maravillosa― que hacer este documental: no tienen el dinero ni el interés. Los pocos periodistas ambientales que hay en el país necesitan el apoyo de sus jefes para hacer este tipo de contenidos, para que les den más de un minuto y medio en el noticiero de vez en cuando.

Y por otro lado, como sector ambiental y científico, no hemos hecho industria, no hemos hecho el trabajo de hacerles entender a los medios que esto también puede ser rentable.


PJ: ¿Ese interés por parte de los medios masivos existe en otros países?

AP: Por lo menos en EE.UU. y en Europa le ponen interés, de ahí el gran éxito que tuvieron Discovery Channel y National Geographic, o el mismo History Channel, porque a la gente le gusta la ciencia, le gusta aprender, entender y deleitarse con imágenes importantes y entrevistas a gente importante. Claro que son medios que también sufren y tienen problemas de baja sintonía, no es un mundo perfecto, pero de vez en cuando emiten unos especiales impresionantes que vuelven a sacudir a la audiencia; allá Nat Geo le invierte los US$2 millones o lo que cueste un conjunto de episodios sobre la Antártida, por ejemplo, y aquí necesitamos que un Caracol y un RCN hagan eso, que se unan. ¡Qué maravilla que todas hicieran un grupo de medios!, incluso con los internacionales, y presenten un especial específicamente para nuestra región. Por ejemplo, sobre cambio climático: que nos muestren qué está pasando en Cartagena con la subida en el nivel de mar, por qué estamos sufriendo en el país con las sequías, cuál es el estado de nuestros ríos. ¡Pero algo bien lindo, bien hecho, con buenas fuentes!

Nos falta mostrar más el territorio nacional a fondo, no en la noticia de 60 segundos.


PJ: En esa especie de mundo ideal, ¿qué papel debe jugar la academia?

AP: La academia, así como la industria privada, tiene un papel fundamental. Son varios ejes: periodismo, academia, industria privada, es como un trípode. La academia tiene en sus manos ni más ni menos que la investigación, y lo que le hace falta es no solo tener publicaciones sino sacarlas al público en general de forma lúdica.

Qué lindo que la academia también se uniera en un sector. ¿Por qué no nos unimos cinco universidades importantes del país para hacer un especial con nuestras investigaciones sobre el territorio nacional, y le metemos la plata que haya que meterle para que la gente se entere? No solo por televisión, hay otras vías, como las redes sociales, pero necesitamos que sea más visible.

Yo pienso en la unión. En EE.UU. uno ve que la Universidad de Wisconsin en Madison se une con el Instituto Lamont-Doherty para hablar de geología en el Polo Sur porque sí, porque son los expertos en ese tema. Eso es lo que necesitamos en Colombia.


PJ: ¿Y qué estrategia debería seguir esa unión de ejes científicos para enamorar a las audiencias?

AP: Es un reto gigantesco. Europa y EE.UU. hacen algo que me encanta, que trato de implementar cuando puedo porque me estoy enamorando de eso, que es unir la ciencia con el arte. Tenemos que llegarle a la gente de forma que jale su corazón y sus emociones, y que, además, use los cinco sentidos para describir lo que Humboldt llamaba “la poesía descriptiva de la naturaleza”. Tenemos las artes escénicas, las plásticas, el cine… ¿Por qué no hacer por el medio ambiente lo que Jurassic Park hizo por los dinosaurios? No importa que la película no fuera exacta científicamente, pero gracias a ella la cantidad de paleontólogos que se formaron fue enorme.

En Colombia hemos tenido películas sobre medio ambiente pero no ha habido algo nacional, y eso que tenemos unos cineastas maravillosos… Yo estoy incursionando en el cine porque creo que es el camino. Por ejemplo, en series de Netflix, que cada vez necesita más contenido de América Latina. Pero que, en lugar de los temas tradicionales del conflicto, traten thrillers científicos.

Maravilloso también que se una la academia con la industria cinematográfica, con los artistas. No hay que pensar solo en un científico, un periodista o un profesor, la ciencia y el medio ambiente nos tocan a todos. Tenemos que convencer a los productores y a los consumidores. El punto es que tenemos que llegarle a la gente en las plataformas que consume. Sí, sé que estoy siendo un poco inocente en el hecho de, por ejemplo, hacer un vallenato sobre medio ambiente, ¿y por qué no? Tenemos que meter al medio ambiente y a la ciencia dentro de la vida cotidiana.

/ Cortesía, archivo particular.
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PJ: ¿Qué nos falta para llegar a ese escenario?

AP: Nos falta la voluntad. Obviamente falta plata, pero hay proyectos que siempre se pueden hacer más baratos… Nos falta la voluntad y unirnos como hormiguitas, estamos muy separados. Hoy el periodista científico no tiene que ver nada con el artista ni el conferencista, pero podemos unirnos de forma consciente. Como decía Mr. Spock en Star Trek: “El bien común pesa más que el bien individual”. Yo lo aplico como el bien de la ciencia, del público allá afuera, que es el que recibe las noticias y, en última instancia, las acciones de una industria o de una decisión política que ayude al problema ambiental. Ese beneficio en común pesa más que solo el periodismo científico, que solo el artista, que solo el comunicador de la ciencia.

Yo soy muy de unión, y lo veo en países como Noruega, donde piensan como colmenas de abejas. Eso es lo que tenemos que hacer.

Ciencia ciudadana, una alternativa de investigación colaborativa

Ciencia ciudadana, una alternativa de investigación colaborativa

Por décadas ha sido común escuchar comentarios de inconformidad acerca del estado de la educación en Colombia, particularmente sobre las brechas de acceso a la formación académica debido a sus altos costos, la precariedad de los salarios de los docentes y el rígido pensum académico, de ahí que jóvenes e investigadores conformen la extensa diáspora de colombianos que buscan un mejor futuro profesional en el exterior. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, cerca de 4,7 millones de colombianos están fuera del país, siendo Estados Unidos, España y Canadá los de los destinos más frecuentes.

Además, como si fuera poco, lamentables cifras como el puesto 57 entre 72 que ocupó el país en las pruebas Pisa de 2015, con las cuales la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) mide el nivel de calidad del sistema educativo, o casos más alarmantes como los aproximadamente 260 millones de niños en el planeta que no asisten al colegio, presentan la importante necesidad de fomentar y garantizar la participación ciudadana en programas de formación académica capaces de garantizar una sostenibilidad en el quehacer profesional, así como también la incursión en prácticas de investigación que promuevan la integración de la academia, la industria, el Estado y las mismas comunidades.

Pesquisa Javeriana conversó con Viviana Ruiz Gutiérrez, investigadora asociada y ecóloga cuantitativa para el Programa de Ciencia de la Conservación en el Laboratorio de Ornitología de Cornell, en Estados Unidos, especialista en ciencia ciudadana e invitada de honor a la XV edición del Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, acerca del rol que juega la ciencia colaborativa en el quehacer de la investigación universitaria y la formulación de estrategias para resolver los retos de la formación académica en Latinoamérica.


Pesquisa Javeriana: ¿Cuál fue su motivación para dedicarse al estudio estadístico de la conservación?

Viviana Ruiz: Estudié Biología Tropical en la Universidad Nacional de Costa Rica, ahí me empecé a interesar en cursos de ecología aplicada pero identifiqué la necesidad de hacer análisis profundos de datos, y me di cuenta de que en América Latina en general no había mucha capacidad para ello. Por eso busqué programas especializados porque, si uno quiere hacer algo en conservación, lo primero que tiene que asegurar es que sus resultados y su ciencia sean lo más confiable posible. Así terminé haciendo mi doctorado en el Departamento de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos.


PJ: ¿Encontró modelos estadísticos que respondieran a sus necesidades?

VR: Sí. Por ejemplo, uno se llama modelo poblacional integrado y con él analizamos una especie endémica del estado de California; la tarea era demostrar que la especie Agelaius tricolor estaba en peligro de extinción a pesar de que por años no se había logrado evidenciar científicamente su presencia. Usamos los datos de ciencia ciudadana que tenemos en el Laboratorio de Ornitología de Cornell y este modelo estadístico, que toma en cuenta la incertidumbre que existe cuando uno quiere ver una tendencia poblacional. Con esto pudimos estimar que en los últimos 10 años la población se había reducido en un 34%, que el declive era de una magnitud mucho más grande y que la forma más efectiva de conservar esta ave es invertir en su éxito reproductivo.


PJ: ¿Por qué el nombre de ciencia ciudadana? ¿En qué consiste el término?

VR: Es un proceso cíclico, que no solo consiste en decirle a la gente que colecte datos para que los use un investigador sino que se trata de un proceso en el que ellos se apropian de la información, la usan y la comparten. Es un ejercicio de sostenibilidad, uno realmente colaborativo en el que yo, como investigadora, estoy aprendiendo de las acciones de ellos y ellos ven de los resultados que genera el proceso científico que estoy liderando.


PJ: Según su respuesta, este proceso contempla un componente de apropiación social del conocimiento. ¿Estadísticamente es posible cuantificarlo o cualificarlo?

VR: Realmente son pocos los ejemplos de la integración entre un análisis realmente confiable de información científica sobre apropiación del conocimiento, al menos en vida silvestre, y las comunidades. Este es más un proceso colaborativo y participativo, pues antes de empezar la investigación uno aprende cuáles son las necesidades de las comunidades para, con los resultados del proyecto, satisfacer sus necesidades.


PJ: ¿Cuál es el reto de trabajar con comunidades?

VR: El reto no está con las comunidades, está con los científicos, pues no están entrenados para verlas como un recurso, como aliados en lo que es el proceso científico. Para mí ese es el reto porque vemos la investigación lejana de las comunidades. Datos son datos al final del día, no importa si los colecta un técnico, si los colecto yo o un miembro de la comunidad; el hecho de no aprovechar el conocimiento que existe en las comunidades como parte de nuestra investigación es el reto más grande!

Viviana Ruiz Gutiérrez, conferencista invitada al XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. / Cortesía
Viviana Ruiz Gutiérrez, conferencista invitada al XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. / Cortesía


PJ: Hoy se habla del término ‘cuádruple hélice’, la articulación del Estado, la academia, la industria y la sociedad en proyectos investigativos para el desarrollo comunitario. En ese sentido, ¿puede la ciencia ciudadana pensarse como una estrategia para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, planteados por la ONU?

VR: Sí, esto es fundamental. Algo que hace la ciencia colaborativa es aumentar y mejorar la gobernanza entre esos mismos sectores- el académico, gubernamental, el sector privado y la sociedad. Entonces cuando uno piensa: ¿sostenible para quién?, o, ¿qué significa sostenibilidad?, Estos se pueden definir en conjunto. No se trata solo del resultado de una investigación, sino cómo estos los benefician a estos diferentes sectors, y cómo la información que se usó para hacer ciencia les permite hablar el mismo lenguaje de sostenibilidad.


PJ: ¿Podría darnos un caso exitoso sobre ciencia colaborativa en Colombia?

VR: Sí. Actualmente hago parte de un proyecto llamado ‘Nuestras aves, nuestro café’ en el municipio de Jardín, en el departamento de Antioquia. Allí estamos trabajando con caficultores en el registro formal de todas aves que conocen que habitan sus cafetales. Trabajamos con los hijos de los caficultores, en las escuelas a través del programa ‘Amigos de las aves y el café’, en el que se les enseña los beneficios que les traen las aves al café y los retos que tienen las aves y el café frente al cambio climático; también con el SENA para certificar a los jóvenes como guías locales para ofrecer tours de aves y café, y nosotros, desde el Laboratorio de Ornitología de Cornell, usamos toda esta información de ciencia ciudadana para investigar como incentivos para practicas productivas sostenibles para el café generan un beneficio para la biodiversidad de este paisaje natural.


PJ: Usted será una de las invitadas al XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, cuyo lema es ‘¿Ciencia para qué? ¿Ciencia para quién?’. En este caso, ¿cómo respondería a esas preguntas?

VR: Yo he dedicado mucho de mi trabajo a crear capacidades; es decir, entré a ser parte de la Academia en EE.UU. porque sabía que desde acá yo podía impactar en el acceso al conocimiento y a herramientas, porque al final del día es lo que construye ciencia, el conocimiento de la ciencia es la que da acceso a ella. La respuesta está en llevar ese conocimiento a las zonas apartadas, esos recursos, esas herramientas, a las zonas más remotas de América Latina porque el mayor problema es que allí hay mucha voluntad para la conservación, pero no hay opciones.


PJ: ¿Cuáles serían los retos por resolver en Latinoamérica?

VR: Muchos de nuestros retos vienen de desigualdades, de falta de acceso a la educación, a recursos en formación, por eso la mayoría de mis proyectos, los talleres y cursos que doy, tienen que ver con el acceso al conocimiento para que la gente no tenga que irse de sus países, de sus zonas rurales para aprender.


PJ: ¿Nos daría un adelanto sobre el tema que tratará en el Congreso?

VR: Voy a hablar sobre los beneficios del conocimiento científico en la ecología aplicada y las ramas de la conservación, y la importancia de involucrar a las comunidades en diferentes aspectos de investigación, especialmente cuando ellas son insumo de gran cantidad de información que nunca vamos a adquirir con los fondos limitados que existen para este fin.

Por eso, si nosotros como científicos solo generamos información y no involucramos a las comunidades en la colecta de datos o en la toma de decisiones, no tendremos el impacto que queremos tener. Tendremos publicaciones, pero nunca un impacto verdadero. Trabajando directamente con las comunidades es como se construye la ciencia ciudadana.


PJ: ¿Cuál es su reflexión sobre la participación ciudadana en los procesos de investigación?

VR: Los estudios sobre conservación nunca se deben hacer de manera individual o venir solo de la academia. Si el proceso de recopilar información, digerir datos y apoyar la identificación de conocimiento no es algo colaborativo, algo participativo, nunca va a haber confianza en esta labor.

 


El XV Congreso La investigación se llevará a cabo del 10 al 13 de septiembre en la Pontificia Universidad Javeriana. Puede inscribirse aquí.

Alternativas sostenibles al uso de glifosato

Alternativas sostenibles al uso de glifosato

Desde hace más de 20 años, con la creación del Plan Colombia y el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS), el país asumió la responsabilidad de erradicar las hectáreas de hoja de coca e instaurar un plan de gobierno sólido frente al narcotráfico; sin embargo, esta tarea ha implicado retos serios en materia política, económica, ambiental y la más controvertida: salud pública.

Fue en este sentido que la Corte Constitucional aclaró ayer los alcances de la sentencia T236 de 2017, con la cual se había supeditado la erradicación de cultivos de hoja de coca por medio de aspersiones aéreas con el herbicida glifosato a la realización de un estudio que garantizara la ausencia de daño alguno para la salud y el medio ambiente; sin embargo, en una decisión de ocho votos a favor y ninguno en contra, el alto tribunal precisó que no se necesita la certeza absoluta sobre la ausencia de daño.

De hecho, la magistrada Gloria Ortiz, presidenta de la Corte, afirmó que la decisión de fumigar o no con glifosato siempre ha sido competencia única del Consejo Nacional de Estupefacientes. Acto seguido, Margarita Cabello Blanco, ministra de Justicia, anunció que enviará al Consejo un nuevo protocolo para reiniciar las aspersiones.

Cabe recordar que en marzo 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que productos como el diazinón, malatión y glifosato debían ser clasificados como “probablemente cancerígenos para los seres humanos”, uno de los motivos que llevó al Consejo Nacional de Estupefacientes a suspender las fumigaciones con glifosato para seguir el principio de precaución sugerido por la OMS.

Pero dos años más tarde el personero municipal de Nóvita, Chocó, reclamó en nombre de su comunidad una indeminización por las afectaciones causadas con el Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos con Glifosato del Gobierno, motivo por el cual la Corte Constitucional revivío el debate en torno a la prohibición de aspersión aérea con glifosato por medio de la sentencia T-236 de 2017.

Pero a esta disputa le aguarda un nuevo capítulo, pues el próximo 20 de julio los senadores Guillermo García Realpe (Partido Liberal) y Antonio Sanguino (Alianza Verde) han anunciado un proyecto de ley para prohibir el uso de glifosato en el país, en el marco del inicio del segundo periodo ordinario de sesiones legislativas.

Para entender el trasfondo que puede tener la reanudación de aspersiones aéreas con glifosato y su impacto a nivel ambiental, social, económico y de salud pública, Pesquisa Javeriana conversó con el ingeniero Gabriel Tobón Quintero, magíster en Planificación y Administración del Desarrollo Regional, docente de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, e investigador en políticas públicas y agrarias. El diálogo giró en torno a las alternativas productivas que existen para las comunidades ancladas al conflicto derivado del narcotráfico.


Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es el impacto de las fumigaciones aéreas con glifosato?

Gabriel Tobón: Uno podría señalar —y hay suficientes estudios que así lo comprueban— los efectos ambientales sin desconocer los efectos en la salud pública, afectaciones en el sistema respiratorio, la piel o cambios en las mujeres gestantes evidenciados después del parto.

Sin embargo, en cuanto al medio ambiente, puedo decir que la aspersión de glifosato incide principalmente en las especies boscosas, en el follaje de todas las plantas, las aguas subterráneas y los suelos, pues este herbicida tiene un alto poder de residualidad, lo que sugiere que llega a durar en el suelo entre 20 y 30 años, exactamente en la primera capa de la tierra, que es en la que se deposita la materia orgánica (que contiene elementos como el nitrógeno, fósforo y potasio) y se encarga de la fertilidad.


PJ: ¿Tiene en mente algún ejemplo que ilustre los efectos del glifosato?

GT: Desde hace más de 15 años el grupo de investigación en toxicología acuática de la Universidad Nacional ha venido haciendo estudios sobre la toxicidad del glifosato en algunas especies de peces de agua dulce, y ha encontrado que es un herbicida letal para tres especies particularmente: el yamú, bocachico y la cachama blanca porque afecta completamente su sistema nervioso, respiratorio y sus tejidos bronquiales.


PJ: ¿Qué hace que el glifosato sea tóxico?

GT: La agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), lo clasifica con  el II grado de toxicidad, de IV, siendo  el grado I el mayor toxicidad. Ese grado de toxicidad aumenta el grado de concentración con el que se prepara el herbicida; además, por la adicción de otro agroquímico conocido como Cosmo-Flux 411f es mayor la adhesión del glifosato al follaje de las hojas y de todas las plantas que son aspersadas. Así, se duplica y triplica el poder tóxico del herbicida.

Adicionalmente, el glifosato es de amplio espectro, lo que quiere decir que puede afectar cualquier tipo de planta que toque o sobre la cual caiga, por eso su efecto no se manifiesta únicamente sobre la coca, sino también sobre las especies vegetales que están a su alrededor. Por ejemplo, en aquellas parcelas campesinas que tienen cultivos de coca, también resultan afectados los cultivos de plátano, yuca, maíz, los estanques para criar peces, etc.


PJ: ¿Qué alternativas adicionales al glifosato hay para la erradicación de los cultivos de coca?

GT: Existen estrategias incluso más nocivas que el uso de glifosato, como el uso de químicos u hongos, como el Fusarium oxysporum, muy conocido porque produce en las platanciones de banano la enfermedad llamada “mal de Panamá”,  el cual estuvieron intentando aplicar en Colombia. Pero el problema real y al que ha llegado todo aquel que ha estudiado este tema, es que el glifosato no acaba los cultivos de coca, lo que hace es que se produce el efecto balón o efecto mercurio, que consiste en el desplazamiento del cultivo de región en región. Por ejemplo, en 1999 el departamento de Nariño tenía 3.900 hectáreas en cultivos de coca, 15.951 en el 2010  y en el año 2017 alcanzó a tener 45.735 hectáreas de Coca. La dinámica del departamento de Putumayo es parecida, en 1999 Putumayo tenía 58.000 hectáreas, en el 2010 descendió ostensiblemente a 4.785 y de manera alarmante en 2017 subió a 29.589  (datos de UNODC, 2018).

Entonces el fenómeno que opera es la financiación del cultivo en nuevas regiones motivando a que los cultivadores y cosecheros o “raspachines” migren a pesar de la intensificación de las operaciones con glifosato. El cultivo no se termina, sino que se desplaza.


PJ: En ese sentido, ¿qué alternativa o propuesta resulta pertinente?

GT: Una que ha sido poco conocida y poco valorada es la solución integral, en la que se resuelven las necesidades elementales de las personas y se mejoran sustancialmente sus contextos económicos, ambientales y culturales. Es decir, el campesino es un gran aliado de la conservación, pero un campesino sin dinero se vale de los recursos naturales que tiene a su alcance para sobrevivir.

En un alto porcentaje, los campesinos que se vinculan a sembrar coca lo hacen por necesidad económica, porque no encuentran otro tipo de alternativas y porque usualmente esos territorios son completamente desintegrados a los circuitos económicos del país. Entonces, se debe pensar en una ‘solución integral’ que apoye la formación, capacitación y manejo de alternativas, como el manejo sostenible del bosque con cultivos silvopastoriles.

Gabriel Tobón Quintero, investigador javeriano. /Diederik Ruka
Gabriel Tobón Quintero, investigador javeriano. /Diederik Ruka

PJ: ¿Algún ejemplo que ilustre la alternativa?

GT: Sí. En el municipio de La Plata, en el Huila, evalué la sustitución de cultivos de amapola por frijol tecnificado. Estaba a más de 2.500 metros en la Cordillera oriental y la gente, como tenía experiencia en el frijol nativo, en el frijol criollo, salió de la crisis que les produjo la fumigación. El programa fue financiado por USAID pero, claro, su rentabilidad también dependía del trabajo local, por eso la comunidad conformó una cooperativa liderada por un asistente técnico que gestionó ante entidades bancarias créditos para cultivar una hectárea de frijol y, una vez alcanzada la rentabilidad, podían ampliarse hasta dos hectáreas más. Lo bueno era que la entidad financiera no les exigía como prenda de garantía la propiedad sobre la tierra.


PJ: ¿Cuál es el rol que asume el Estado en ese sentido? ¿Le brinda alternativas a los campesinos?

GT: Desde los años 90 se está intentando aplicar en el país una política de sustitución de cultivos de hoja de coca, pero hay un alto porcentaje de proyectos que fracasan porque quienes los llevan a las comunidades no analizan el contexto local, ni las condiciones de mercadeo que requiere el cultivo sustituto; en otras ocasiones sucumben por la falta de continuidad y apoyo del Estado o, finalmente, porque la gente no tiene experiencia y conocimiento sobre los nuevos cultivos.

Sin embargo, yo he evaluado algunos programas de sustitución de cultivos cuyos resultados han sido positivos. Por ejemplo, en Rio Blanco, Tolima, evalué uno de sustitución de amapola por café, y claro, el café tiene grandes ventajas en el comercio porque lo compran así sea mojado, entonces el campesino genera ingresos que le permiten sobrevivir.


PJ: ¿Cuál es la responsabilidad de la academia frente al uso del glifosato?

GT: Yo creo que tiene dos responsabilidades: una es en la producción de conocimiento, que se adquiere a través de la investigación en este tema, y en segundo lugar tiene el reto de lograr que ese conocimiento incida en la orientación de las políticas públicas, en este caso en la de lucha contra las drogas.

En mi caso, desarrollé un curso para el pregrado que actualmente se llama ‘Cultivos ilícitos, la ilusión del desarrollo’; cada semestre lo llenamos con 35 estudiantes y el objetivo es mostrarles una interpretación muy distinta a la que tienen por la televisión, la radio o la prensa escrita. Por ejemplo, la historia de la hoja de coca, el uso que los sumerios le daban a la amapola o cómo culturas indígenas latinoamericanas, como los Aimara en Bolivia, la empleaban con fines medicinales y culturales.


PJ: ¿Cómo percibe la respuesta de la opinión pública ante esta situación?

GT: Yo creo que está dividida, especialmente porque lo que se difunde es la noción que tiene el Gobierno de la presencia de los cultivos de coca. Yo no creo que sea muy poco pero tampoco tanto como ellos dicen; por ejemplo, dicen que estamos inundados de coca pero yo les hago estas cuentas a mis estudiantes: el país tiene 55 millones de hectáreas, de las cuales 40 millones se usan en ganadería, 7 de 15 millones posibles en producción de alimentos y sólo 209.000 en hoja de coca, entonces el tema se sobredimensiona con fines políticos.


PJ: ¿Cuál es su percepción de este panorama?

GT: Se ha demostrado desde hace más de 25 años que el glifosato no ha resuelto este problema porque la política que se implementa no ataca las causas de manera integral; es decir, el Gobierno suele desestimar la solución social y cultural que está oculta detrás del cultivo de coca y que radica en que el campesino tiene otras lógicas y otras creencias; no tiene la mentalidad y las ambiciones del narcotraficante, pues su preocupación se centra en resolver los problemas de subsistencia que está enfrentando y en realizar en las condiciones más adversas, su proyecto de vida, que en las zonas cocaleras es altamente precario.

Bioeconomía, una apuesta al futuro inmediato de América Latina

Bioeconomía, una apuesta al futuro inmediato de América Latina

Puede sonar algo extraño, incluso un concepto altamente innovador, pero la bioeconomía está mucho más presente en nuestras vidas de lo que imaginamos: desde el mismo momento en que tanqueamos un carro en una estación de gasolina, cuando escogemos los mejores cortes en la carnicería o cuando tomamos vitaminas provenientes de fuentes vegetales o animales.

Aunque no es una novedad, sus alcances han sido vastamente documentados por la academia pero se han quedado cortos en la aplicación por parte de los gobiernos. Prueba de ello es el foco temático en Biotecnología, Bioeconomía y Medio Ambiente que congrega a nueve expertos dentro de la Misión Internacional de Sabios, el cuerpo consultivo convocado por el gobierno colombiano para recabar ideas sobre la política pública que debe implementarse en ocho áreas sensibles de la economía en el futuro inmediato; uno de esos sabios en la materia es la investigadora javeriana Elizabeth Hodson, quien, a propósito, acaba de obtener la cátedra en Bioeconomía del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

Sin embargo, las constantes alertas de organismos internacionales, como la ONU, sobre el veloz deterioro del medio ambiente en el mundo han vuelto a resaltar la importancia de buscar nuevos modelos sostenibles, en los cuales la bioeconomía comienza a tomar protagonismo.

Prueba de ello es la publicación de La bioeconomía: Nuevo marco para el crecimiento sostenible en América Latina, el libro que próximamente lanzará la Editorial Javeriana en el que se recogen las experiencias de los diversos programas sobre la materia adoptados en los últimos años con el apoyo de la Comisión Europea, el IICA y el Centro de Cooperación Internacional en investigación Agronómica para el Desarrollo (CIRAD).

Para entender los conceptos básicos y los alcances de esta ciencia, Pesquisa Javeriana conversó con el académico argentino Eduardo Trigo, doctor en Economía Agraria, consultor internacional y uno de los editores académicos de esta publicación. En su concepto, aunque en la América Latina se han impulsado múltiples experiencias, aún queda mucho camino por recorrer, en especial en el campo de políticas públicas de fondo que impulsen y transformen las actuales economías de la región.


Pesquisa Javeriana: ¿Qué es la bioeconomía y qué se busca con ella?

Eduardo Trigo: En su esencia, se trata de un concepto muy antiguo: es el uso de los recursos biológicos para la producción de bienes y servicios en distintos sectores de la economía, pero cobra particular importancia en los últimos 50 años en los que ha crecido la preocupación a nivel global por los límites al crecimiento, sobre cómo se acerca peligrosamente a ciertos límites del mundo natural. Por otra parte, la bioeconomía cobra fuerza gracias a que en las últimas décadas hemos tenido avances tecnológicos que nos permiten pensar en caminos y productos que eran totalmente impensados hasta hace muy poco, particularmente a partir del descubrimiento de la doble hélice y de la genética moderna, de la genómica y todo lo que viene luego.

La bioeconomía es un tema muy antiguo pero es absolutamente de nuestro tiempo. Vivimos de ella pero solo aprovechamos una parte muy pequeña del potencial de los recursos biológicos.


PJ: ¿Cuáles han sido los grandes hitos de la bioeconomía?

ET: El descubrimiento del código genético, de la doble hélice y de lo que hoy conocemos como biología molecular fue un quiebre porque cambió la forma en que podemos vincular los recursos biológicos a las actividades productivas, algo que era parte de la vida diaria desde el origen de la humanidad pero que estaba encasillado en los límites que imponían las estructuras económicas y los cultivos. A partir del desarrollo de la biotecnología comienza una época en que podemos aprovechar los recursos de manera distinta, y los podemos producir, encarar rutas productivas diferentes.

Otro hito es el desarrollo de los biocombustibles a partir de los años 70. Si uno quiere ver un hito en proyección política, sin duda que debe referirse al programa Proálcool en Brasil, que se dio luego de la crisis del petróleo. Y luego podríamos identificar una serie de otros procesos de transformación, como la aparición de los cultivos genéticamente modificados y el impacto que han tenido en la agricultura moderna en países como Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, sin duda Estados Unidos, Australia, Canadá, transformaciones que tienen una escala global en el sentido de que es difícil imaginar los escenarios actuales sin su existencia. Por ejemplo, ¿cómo serían los mercados internacionales si hoy limitamos la oferta de proteína vegetal para la alimentación animal?

Para desarrollar la bioeconomía, los países latinoamericanos deben fomentar políticas de inversión y fomento a la ciencia y el desarrollo. /Ricardo Pinzón
Para desarrollar la bioeconomía, los países latinoamericanos deben impulsar políticas de inversión y fomento a la ciencia y el desarrollo. /Ricardo Pinzón


PJ: ¿Puede considerarse a la Revolución verde
de la India como un hito?

ET: El 90% de los expertos a los que se les haga esa pregunta va a decir que no. Hay que decir que en su origen no hubo un objetivo precisamente ambiental sino de seguridad alimentaria, pues India venía sufriendo una hambruna muy grande y era imposible pensar en alimentar a toda esa cantidad de gente con la colaboración del Banco Mundial de Alimentos o la ayuda externa; la única forma de resolver este problema era mediante una transformación productiva, y eso no es muy distinto de lo que ocurre muchos años después con las variedades de alimentos genéticamente modificados, porque se aplicó el conocimiento de punta en esa época para la producción de genética superior para aumentar la productividad frente a restricciones o estreses muy específicos.

Después tenemos toda una discusión ambiental asociada al uso de agroquímicos y a otro tipo de cuestiones, pero en esencia la Revolución Verde tiene los mismos principios de la bioeconomía, que se trata básicamente de aprovechar mejor los recursos biológicos; todavía en esa época no estaban desarrolladas las nuevas tecnologías genéticas, los nuevos bancos de información, la genómica y los datos de información genética que se tienen hoy, y se trabajaba de una forma más artesanal, pero ya se empezaban a incorporar principios de estadística en la genética cuantitativa en el desarrollo de nuevas variedades.

El principio siempre es el mismo. El estado del arte va avanzando y va abriendo nuevas fronteras tecnológicas y productivas para aprovechar los recursos biológicos, y la bioeconomía es el aprovechamiento de ese concepto en el contexto de la época. En los últimos tiempos quizá cobra una dimensión particular frente a las preocupaciones ambientales. No vamos a entrar a discutir cuán cerca o lejos estamos, porque es una discusión que no vale la pena, pero todos están de acuerdo en que el modelo de la Revolución industrial, tan intensivo en recursos fósiles, no puede crecer ad infinitum porque el impacto que tiene sobre el ambiente global se está empezando a notar, estamos empezando a recibir retroalimentación de que esto tiene un límite.


PJ: ¿Están los gobiernos latinoamericanos comprometidos con la bioeconomía?

ET: La diversidad de recursos que se pueden incorporar al concepto de la bioeconomía es muy grande. Ahora, difícilmente esto ocurre sin la participación activa de los gobiernos y de las políticas públicas. Los gobiernos de América Latina han venido haciendo eso, tanto desde sus ministerios y estructuras de ciencia y tecnología como de sus políticas públicas, como lo ejemplifica el aporte obligatorio en el caso de los biocombustibles. Quizás no hay grandes discusiones estratégicas en políticas de bioeconomía, pero de una manera menos rimbombante se ha venido construyendo la base de una bioeconomía importante. Buena parte de lo que consideramos como agroindustria es parte de la bioeconomía.

El desarrollo de todas estas estrategias integrales, de circularidad de las estructuras empresariales con los procesos agroindustriales, a través del uso de recursos para la producción de biogás, o para la producción de energía eléctrica, son estrategias que caen definitivamente en el concepto de bioeconomía. Quizás, el paso de la discusión de estrategias formales de bioeconomía es un paso relativamente reciente, pero lo que encontramos es que casi todos los países empiezan a avanzar en la discusión. En Colombia se ha avanzado al respecto, ya hubo un foro bastante importante hace un par de años, y la participación de la oficina de planeación en algunos estudios. Y bueno, en la Misión Internacional de Sabios ya empieza a aparecer el tema porque es una realidad en la economía de los países, pero esto no quiere decir que estemos aprovechando todo su potencial. Si queremos hacerlo, tenemos que empezar con políticas proactivas que tienen que ver con el mercado, con regulaciones, con una serie de cuestiones propias de una visión diferente con las tradicionales.


PJ: ¿Hay algún país de la región que esté tomando mejores decisiones para potenciar la bioeconomía dentro de sus fronteras?

ET: Debería decir que Brasil y Argentina son los que han hecho más cuestiones a nivel institucional y por más tiempo, pero no veo un país que se destaque. Lo digo porque son países que empezaron temprano, hace mucho tiempo, con el aprovechamiento de nuevas oportunidades y fueron adecuando sus políticas específicas, como la energética en Brasil o los temas regulatorios de biotecnología en Argentina, pero como bioeconomía propiamente dicha todos están navegando las mismas aguas.

La verdad es que cuando uno se pone a discutir en Ecuador, en Colombia, en Costa Rica, en México, se encuentra que hay mucho más en marcha, no hay una estrategia formal de bioeconomía adoptada por todos los mecanismos institucionales. Pero al mirar más de cerca encontramos que muchas de las cosas con las que ya nos hemos acostumbrado y damos como parte de lo tradicional son bioeconomía. Hay cuestiones muy avanzadas sin ningún lugar a dudas en el sector energético. Y cuando uno empieza a pensar en el desarrollo de estrategias más amplias, como la agricultura baja en carbono o similares, llegamos a la conclusión de que dentro de la región hay muchos desarrollos. Quizás lo que falta, y es lo que creo que viene, es el salto a estrategias formales que se reflejen en la orientación de las políticas públicas, de las inversiones en investigación, en el desarrollo de mercados, en las negociaciones internacionales, porque en muchos casos, para aprovechar adecuadamente todo este potencial, hay que empezar a negociar temas de comercio internacional, como el acceso a mercados, y en eso la región está menos desarrollada.

Eduardo Trigo, doctor en Economía Agraria, ha sido asesor y consultor de bioeconomía para el gobierno argentino y diversos organismos multilaterales. /Mincyt.gob.ar
Eduardo Trigo, doctor en Economía Agraria, ha sido asesor y consultor de bioeconomía para el gobierno argentino y diversos organismos multilaterales. /Mincyt.gob.ar


PJ: En los últimos 30 años Colombia ha privilegiado una economía extractivista. ¿Estamos listos para dar el salto a la bioeconomía?

ET: A pesar de que hay una política extractivista que ha vivido de la ilusión del boom del petróleo y del carbón, y de otros sectores minerales, en el caso colombiano sí se han desarrollado los sectores de la bioeconomía. Y esto quiere decir que existe una competitividad estructural de la bioeconomía colombiana que progresa a pesar de las políticas públicas que le han dado mayores ventajas a los sectores extractivos, pero también es un indicador de lo que se podría lograr si uno piensa en tener realmente un planteamiento económico que tome más en cuenta las necesidades o características particulares de los sectores bioeconómicos. Toda visión nueva de la organización económica se tiene que traducir en un planteamiento institucional y de políticas que lo promuevan y lo contengan, porque hay que pensar que los productos de la bioeconomía vienen a competir y a remplazar productos que vienen de industrias maduras con capital tecnológico ya amortizado.

Los biocombustibles quizás son el caso más evidente, pues no se pudieron desarrollar sin marcos regulatorios y promocionales, entre otras cosas porque se compite en desigualdad de condiciones. Otro caso es el de la bioenergía, que tiene toda una serie de ventajas para nuestros países. En última instancia no importa que Colombia sea un país petrolero, porque en los próximos 30 o 40 años va a continuar existiendo un mercado petrolero, y lo que le conviene a largo plazo es colocar sus recursos en el mercado internacional y construir una matriz energética de carbono amigable, en base a sus recursos naturales, bioenergéticos principalmente. Es una cuestión de ganar-ganar.


PJ: ¿Qué decisiones debe tomar Colombia como país para consolidar su potencial en biodiversidad?

ET: Hablamos de un proceso de innovación, de transformación de la estructura industrial. Lo más fácil es decir que hay que invertir en tecnología, porque es lo que hace falta, pero ahora tenemos herramientas que permiten conocer y ver cuáles son los desarrollos tecnológicos y de producto que se pueden generar a partir de la biodiversidad, la cual se ha usado poco porque hemos sido poco capaces en generar productos de valor económico originados en ella. Yo creo que en el estado de las artes hay un espacio muy importante para desarrollar, y lo que está haciendo Colombia con su nueva Misión Internacional de Sabios es un paso muy importante, porque está discutiendo el desarrollo desde la visión del estado del arte.

Después viene el clima de negocios que se quiere construir, y uno debe construirlo sabiendo que las actividades que se van a desarrollar son de riesgo: es más arriesgado empezar una industria de bioenergía hoy que poner una gasolinera, porque ya se sabe cuánto consume la gente, los ciclos de tiempo, y no se depende de los desastres naturales o cambios de clima.


PJ: En los últimos años, América Latina está viviendo un resurgimiento del populismo. ¿Puede la política convertirse en un obstáculo para el desarrollo de la bioeconomía?

ET: El populismo, en cualquiera de sus versiones, es un problema para los países, no para la bioeconomía. El populismo es una visión de corto plazo. Se define por lo inmediato, por lo que la gente quiere hoy, y es una visión corta del mundo. La bioeconomía se fortalece a partir de una  visión larga, por ello no es circunstancial que los populismos minimicen el tema del cambio climático.

No creo que los populismos de hoy se diferencien demasiado, pero me preocupa el futuro si nuestra región se vuelve populista, y lo hablo con conocimiento de causa. Es una tragedia más amplia, porque no se piensa en las generaciones futuras.

Libro co-editado académicamente por Trigo, Elizabeth Hodson y Guy Henry. /Editorial Javeriana
Libro co-editado académicamente por Trigo, Elizabeth Hodson y Guy Henry. /Editorial Javeriana