Periodismo y comunicación de la ciencia, siempre tema de debate

Periodismo y comunicación de la ciencia, siempre tema de debate

Lisbeth

Estoy en Ciudad de Panamá. Participo en el II Foro Abierto de Ciencias de Latinoamérica y el Caribe, CILAC 2018. Estoy hablando y escuchando sobre ciencia, política científica, comunicación de la ciencia y periodismo científico. Nos quejamos, ningún país de la región puede alzar su voz y contar sobre lo bien que lo hace, solo unas experiencias aisladas, interesantes, innovadoras, impecables si se quiere, diseñadas, promovidas y ejecutadas con todo el convencimiento de quien está detrás, pero… una golondrina no hace verano.

¿Cómo convencer a los tomadores de decisión para que crean que el apoyo a la actividad científica genera resultados y bienestar para el país? ¿Cómo lograr un diálogo fluido entre los científicos y los diferentes públicos, léase periodistas, políticos, industriales, comunidades minoritarias, jóvenes y niños, por mencionar solo algunos? ¿Y cómo superar estas preguntas y hacernos otras cuando ya tengamos las respuestas y hayamos superado esa etapa?

Compartiendo un panel sobre ciencias sociales en esta reunión, el exdirector del Instituto Nacional de Salud y exrector de la Universidad Nacional de Colombia, Moisés Wasserman, sentenció: “Cuando las respuestas no tienen efecto hay que empezar a sospechar de las preguntas”. Entonces seamos más proactivos y en lugar de reformular preguntas, hablemos de hechos.

En Colombia este tema se está moviendo y lo está haciendo de tal manera que, me atrevería a decir, las acciones y las intenciones nos posicionan como uno de los países de la región en los que más se están ensayando y ejecutando propuestas para acercar a las comunidades, en respuesta quizá a la política de apropiación social de Colciencias, pero también a que los científicos cada vez están más sensibles a contar sus historias.

Cada vez más universidades ofrecen información a periodistas sobre los resultados de las investigaciones que llevan a cabo sus científicos, y cada vez mas los investigadores quieren llegar a las diferentes comunidades que, de una u otra manera, se ven beneficiadas con el nuevo conocimiento generado porque, además, están siendo invitadas y sus conocimientos son incluidos en la producción de esos estudios.

Y en ese sentido, hablando en un panel de acceso abierto, el ecólogo canadiense Jeremy McNeil hizo énfasis en que este concepto no se refiere solo a las publicaciones científicas, también busca que la ciencia se comunique con la humanidad, es decir, “compartir con otros, y otros significa el público. Si hacemos que la gente se involucre con la ciencia a través de muchas formas, ganaremos credibilidad y lograremos realmente una sociedad abierta”.

Col-Per-Científico-1El ecólogo canadiense Jeremy McNeil (izq.) conversa con Lisbeth Fog, editora general de Pesquisa Javeriana.


Sobre el periodismo científico

El tema recurrente fue la credibilidad y la confianza en nuestras historias. El mundo del periodismo ha cambiado. El periodismo científico tiene que ir al paso de los avances y adaptarse a las nuevas maneras de informar, de contar las historias de la ciencia, la tecnología, la innovación, el desarrollo de nuestros países, para llegar a más audiencias y generar credibilidad.

Con este abanico de posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones, uno de los retos del periodismo científico, en salud y ambiente por ejemplo, es ganar la carrera por convertirnos en el sitio escogido por las audiencias para informarse sobre ciencia. Que nos crean.

En esta labor inciden varios factores, entre ellos: hacer nuestro trabajo con profesionalismo, ojalá con una buena base de formación —que pronto será posible en la Pontificia Universidad Javeriana—; escoger con lupa nuestras fuentes, con testimonios que realmente aporten a las historias, de manera ética y generosa; conformar equipos de profesionales con experticias en las diferentes formas de comunicar, gracias a los cuales los productos sean pensados y adecuados para las audiencias a las que van dirigidos.

No somos muchos los periodistas científicos en América Latina; Colombia no es la excepción. Pero ya somos más y mejor formados, y mi percepción es que somos uno de los países donde estamos mejor. Eso me alegra, y me lleva a proponerles a mis lectores que no bajemos la guardia. Lo estamos haciendo bien, sigamos buscando espacios para que, tarde o temprano, lleguemos con el mensaje científico a la mayor cantidad de ciudadanos posible. Una cultura científica colombiana… suena bien, ¿no?

Hacia una nueva ética de la investigación en Colombia

Hacia una nueva ética de la investigación en Colombia

Hacia finales del siglo XIX, el médico alemán Albert Neisser inoculó con sífilis a varias mujeres sanas para comprobar la eficacia de la terapia con suero. Durante la Segunda Guerra Mundial, distintos galenos adscritos al régimen nazi, entre ellos el temible Josef Mengele, llevaron a cabo procedimientos atroces con los prisioneros de los campos de concentración, que incluían la experimentación con gases tóxicos, la amputación de extremidades, la inoculación con tifus y las transfusiones de sangre. Entre 1932 y 1972, el Servicio Público de Salud de Estados Unidos realizó un estudio clínico en Tuskegee, Alabama, con 600 afrodescendientes de comunidades marginales, a los que sometieron a engaños, desinformaciones y tratamientos inocuos para investigar la progresión de la sífilis, que los llevaron a la muerte.

En estos tres escenarios hay un común denominador: gravísimas faltas éticas por parte de científicos que antepusieron sus intereses personales y profesionales a unas mínimas consideraciones humanas en su apetito voraz de ‘conocimiento’. Y estas tres circunstancias históricas dieron pie al surgimiento de las principales recomendaciones y normas éticas de la investigación científica en el mundo. Los experimentos de Neisser derivaron en la Segunda Directiva Prusiana sobre Investigación, promulgada en 1900; los realizados durante el Tercer Reich condujeron a la redacción del Código de Núremberg, de 1947 (y, posteriormente, a la Declaración de Helsinki, de 1964); y los de Tuskegee sustentaron el Reporte Belmont, de 1979.

Las directrices éticas acogidas universalmente han surgido de crisis originadas en escándalos como los citados, y no por efecto de la ponderación y el debate sobre el deber ser y el proceder de la ciencia. En Colombia, con el objeto de no tener que apagar incendios ante nuevos conflictos surgidos en el ejercicio de la investigación, desde 2013 se pusieron en marcha varios diálogos convocados por Colciencias entre eticistas e investigadores en distintas disciplinas, y como resultado de ello, en abril de este año, el máximo órgano rector de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país promulgó la Política de ética de la investigación, bioética e integridad científica.

“Esta política permite que los científicos entiendan la relevancia social de sus investigaciones, poner en contacto redes de investigación y que quienes abordan la ética de la investigación se familiaricen con el quehacer científico. Abre los espacios, pero que no quede en letra muerta depende de los actores involucrados, incluidos Colciencias, el Invima y las universidades”, señala Eduardo Díaz Amado, médico y filósofo que participó en las conversaciones y discusiones que cimentan esta nueva doctrina. Agrega, además, que el Estado debe apropiarse más de su papel de garante para una investigación relevante, de calidad y permanentemente guiada por sólidos principios éticos en el país.

medicina

“Se trata de una hoja de ruta cuyo fin es generar una transformación cultural en la que se acoja la ética como principio de la investigación científica, en todas las áreas del conocimiento”, explicó una fuente de Colciencias. “Que haya una política o una norma no significa nada si no hay voluntad para implementarla”, continuó, e informó que el proceso de construcción del documento es pionero en América Latina. En este, se contempla el desarrollo de actividades y procesos concretos para su implementación, incluida la creación de una red nacional que reúna los comités de ética de distintas regiones del país y los lineamientos para forjar mecanismos de evaluación ética en proyectos que vayan más allá del área de la salud, en la que existe la mayoría de protocolos y normas éticas de investigación, pues involucra seres humanos y animales.

En Colombia se cuenta con distintas regulaciones al respecto. La Ley de Ética Médica de 1981 rige para la práctica clínica, y en casos de investigación se adhiere a la Declaración de Helsinki —y sus sucesivas actualizaciones—, proferida por la Asociación Médica Mundial. Por su parte, las resoluciones 8430 de 1993 y 2378 de 2008, ambas del Ministerio de Salud y Protección Social, abordan diferentes aspectos del desarrollo científico. La primera define qué es una investigación de alto o bajo riesgo y establece, por primera vez, un consentimiento informado con características específicas y la necesidad de conformar un comité de ética, entre otros condicionamientos. La segunda acoge los principios de la norma internacional conocida como buenas prácticas clínicas (BPC), redactada por la industria farmacéutica para armonizar en todos los países los estándares de administración, dosificación, metodologías clínicas y demás disposiciones relacionadas con medicamentos. Aunque esta última aplica para estudios con fármacos en humanos, aquí se ha hecho extensiva a otro tipo de investigaciones clínicas con personas.

En este sentido, estos estándares normativos son apropiaciones adaptadas de postulados internacionales, construidos en contextos históricos disímiles y ligados a intereses políticos y económicos particulares. De ahí que no solo se contradigan entre sí sino que resulten anacrónicos y desenfocados de las necesidades y los problemas locales que la ciencia colombiana debe atender. A juicio del genetista y especialista en bioética Fernando Suárez-Obando, “las recomendaciones tipo código, declaración o norma existentes en la actualidad no son integrales ni sistemáticas; por el contrario, son unas listas de exigencias respecto a las cuales se ha generado un acuerdo tácito que dicta que se deben cumplir. Núremberg, Belmont, Helsinki y el Council for International Organization of Medical Sciences (Cioms) se han posicionado como monolitos que se encuentran más allá del debate y así son citados en innumerables protocolos de investigación”.

Y eso ha hecho que el abordaje ético de una investigación se reduzca a una lista de chequeo de condiciones por cumplir, sin asomo alguno de reflexión sobre la filosofía científica que debe guiar cada investigación, sea del ramo que sea. “Toda investigación científica tiene una dimensión ética, así sea de ciencia básica abstracta. Si se trata, por ejemplo, del estudio de un fenómeno físico, un investigador debe responder a la pregunta ética de cómo garantizar que los datos que consigue los esté recogiendo adecuadamente, cómo los protege, cómo se sabe que son medibles, analizables y que generan conocimiento auténtico”, añade Suárez-Obando, quien también hizo parte de los diálogos organizados por Colciencias.

Para él, un modelo más completo e idóneo a partir del cual se pueden construir unos parámetros locales, cimentados en la nueva política, es el que propone Ezekiel J. Emanuel. Según este oncólogo y bioético estadounidense, todo estudio científico que vincule a seres humanos debe sustentarse en ocho principios: asociación colaborativa entre comunidad e investigadores, valor social del estudio, validez científica, selección justa de participantes, balance riesgo-beneficio favorable, evaluación independiente, consentimiento informado y respeto por los participantes.

Es claro que el fin no justifica los medios y que, en últimas, lo que subyace y fundamenta cualquier premisa, regla o ley es un rasgo que concierne a la entraña del investigador: el talante ético del ser humano que hace ciencia.


Para leer más:

  • Resolución 314 de 2018, firmada el 5 de abril de 2018, por la cual se adopta la Política de Ética de la Investigación, Bioética e Integridad Científica. Documento de Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Colciencias.

 

 


TÍTULO DE LAS INVESTIGACIONES: Un marco ético amplio para la investigación científica en seres humanos: más allá de los códigos y las declaraciones. La propuesta de Ezekiel J. Emanuel – Ética de la investigación con seres humanos y conflictos de interés: una preocupación actual
INVESTIGADORES: Fernando Suárez-Obando y Eduardo Díaz Amado
Instituto de Genética, Facultad de Medicina
Instituto de Bioética, Vicerrectoría de Investigación
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2017-actualmente

Patrimonio cultural del Valle del Cauca: lucha contra el olvido

Patrimonio cultural del Valle del Cauca: lucha contra el olvido

El patrimonio arquitectónico del Valle del Cauca agoniza desde hace 50 años. Edificios como la mayoría de sus estaciones ferroviarias están en proceso de deterioro y desaparición. Investigadores javerianos proponen alternativas para su protección en un trabajo colaborativo con la comunidad para poner en valor este legado histórico y cultural de la región.

Como suele suceder en las comunidades, el progreso no siempre significa lo mismo para sus diversos actores; lo que para algunos es sinónimo de avance y desarrollo, para otros representa la perdida de sus costumbres, el olvido de sus raíces, de una historia que los caracteriza y, el Departamento del Valle del Cauca no es la excepción a este fenómeno.

Las haciendas, estaciones ferroviarias, edificaciones religiosas y otras estructuras que hoy luchan contra la imponente inevitabilidad del paso del tiempo y la indiferencia de las generaciones actuales, surgieron en mayor medida durante el periodo colonial bajo el dominio del Virreinato de Nueva Granada, de donde provienen sus rasgos, modelos que fueron implementados por los españoles.

Esta situación despertó el interés de la arquitecta Maria Claudia Villegas Corey y el antropólogo Manuel Enrique Sevilla Peñuela, profesores de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, quienes, desde la unión de sus áreas de conocimiento, buscan diluir la línea que divide al patrimonio entre tangible e intangible según la ley en Colombia, con el fin de visibilizar la importancia de rescatar nuestra identidad.

De los rieles a las carreteras

De acuerdo con la investigación, a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, la región del Valle del Cauca carecía de vías que le permitieran estar comunicada con el resto de la nación para la generación de relaciones comerciales. En ese momento, su economía era de subsistencia, lo que permitía el propio sostenimiento de las pequeñas comunidades y familias, más no la expansión comercial. El gobierno identificó entonces la necesidad de crear medios de transporte para salir del aislamiento y el atraso, dando paso a la creación de las primeras líneas de ferrocarril, dentro de las cuales se encontraba la línea que buscaría unir al Valle del Cauca con el puerto de Buenaventura en 1878.

Gracias a estas iniciativas del Estado, apoyadas por acontecimientos como la apertura del Canal de Panamá, a partir de 1915 con la llegada del Ferrocarril del Pacífico, la región logró convertirse en el epicentro de desarrollo del Valle, potencializando el comercio, el intercambio con otras regiones y la modernización en infraestructura, explica  Villegas Corey, investigadora principal del proyecto y directora del Departamento de Arte, Arquitectura y Diseño de la Javeriana Cali.

Con el pasar del tiempo, la industrialización y la llegada de nuevos medios de transporte como los automóviles, la creación de nuevas carreteras y fenómenos sociales de violencia, fueron factores que contribuyeron determinantemente al inicio del periodo de decadencia de las estaciones de ferrocarril, las cuales hoy en día, son el grupo arquitectónico patrimonial del Valle del Cauca más afectado.

Las estaciones de tren como punto de partida

Aquellos lugares que alguna vez fueron el epicentro de desarrollo del Valle del Cauca, propiciaron el comercio, el crecimiento demográfico y la apertura con el resto del país, hoy son en su mayoría sinónimo de olvido; zonas que hoy están rodeadas de invasiones y edificios habitados por familias en condiciones difíciles.

Para la realización del proyecto, los edificios del Valle del Cauca declarados como bienes de interés cultural de la nación, fueron clasificados en cuatro grupos según su función: religioso, institucional, habitación y ferroviario. Teniendo en cuenta la situación actual de las estaciones de tren, Villegas decidió centrar su atención en el grupo ferroviario, el cual, además de encontrarse en una situación de abandono lamentable, representa actualmente el 47% de los bienes de interés cultural del Valle del Cauca.

“Nuestra intención es poner en valor a las estaciones y promover nuevas formas de interacción con el edificio con el fin de generar nuevos usos, de esta manera, podemos ir tejiendo la cultura de la apropiación de nuestro patrimonio”, explica.

Actualmente, el Departamento cuenta con cuarenta y siete estaciones de tren, de las cuales solo la estación de ferrocarril de Palmira es un ejemplo destacable de restauración, gracias al descubrimiento reciente de objetos arqueológicos que propiciaron el uso de esta estructura que se encontraba en abandono, como museo de la cultura Malagana.

Otros ejemplos de estaciones que de acuerdo con la investigación se encuentran en un estado regular, son las de Buga y Cali, dentro de las cuales hoy en día funcionan oficinas gubernamentales.

Esta situación devela una necesidad urgente para que el gobierno central, en un trabajo en conjunto con el departamento y las municipalidades, aúnen esfuerzos para replicar estas acciones y logren rescatar estructuras que representan la historia y el patrimonio del Departamento del Valle.

Estación de tren de La Victoria

Las propuestas

El panorama poco alentador de la actualidad de las estaciones de tren y demás bienes patrimoniales motivó a los investigadores a buscar diversas formas de valorizar estas edificaciones. La base metodológica para esta investigación reside en la teoría fundada, la cual implica un contacto directo con el área de estudio. “Lo que hicimos fue acercarnos a los habitantes de la zona, identificamos que no tienen centro cultural, biblioteca, hospital o escuela, y, por el contrario, si tienen una edificación idónea que se está desmoronando, y que con una apropiada intervención podría suplir cualquiera de estas necesidades” explica Villegas.

Para poner en marcha estas iniciativas, se busca promover la identidad por medio de la apropiación de estos lugares a través de acciones culturales directas que intervengan la zona, como conciertos de música de la región, muestras gastronómicas, entre otros.

“Nos dimos cuenta en un trabajo conjunto con el profesor Manuel Sevilla que el patrimonio intangible, como la música, la cocina, las costumbres, enfrentan las mismas problemáticas que el patrimonio tangible, como los edificios, estaciones de tren entre otros, los cuales necesitan ser protegidos”, continúa Villegas

El proyecto de investigación busca resolver las necesidades de ambos tipos de patrimonio, a través de intervenciones que involucren a la comunidad, con el fin de preservar tanto los aspectos culturales como arquitectónicos, dos caras de una misma moneda.

En diálogo con Pesquisa Javeriana, Maria Claudia Villegas y Manuel Enrique Sevilla, profesores e investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, explican en detalle su investigación.

 

A cultivar frutas de calidad desde el laboratorio

A cultivar frutas de calidad desde el laboratorio

Agricultores del departamento de Huila llevan puestas batas, guantes y gorros; algunos cargan mochilas con esferos y libretas para apuntar su experiencia como investigadores javerianos. No es la primera vez que pisan un laboratorio, pero sí es su día de debut como científicos extrayendo el material genético de hojas de maracuyá. ¿Su objetivo? Conocer la importancia de un buen ADN en semillas de frutas como granadilla, gulupa, cholupa y maracuyá.

Este ejercicio surgió del proyecto Desarrollo de estrategias para la certificación de semillas y plántulas de  frutales pasifloráceos del departamento del Huila, Neiva Huila, Centro Oriente, iniciativa financiada con recursos de regalías que busca alternativas para que los viveristas de municipios como La Plata, Santa María, Isnos, San Agustín, Suaza, Rivera y Campoalegre, entre otros, obtengan semillas de buena calidad y las usen en sus cultivos de passifloras  o ‘pasionarias’, como conocen a esta familia de plantas en la región.

Desde 2017, Claudia Ramírez Sandoval, María del Pilar Márquez, Loyla Rodríguez Pérez y Wilson Terán Pérez, profesores del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, han trabajado de la mano con la Gobernación del Huila, la Corporación CEPASS, Corporación PBA, SAT (Fruticultores del Occidente del Huila), ACHOLJURI (Grupo Asociativo) y ASPPASAM (Asociación de Productores de Pasifloras del Municipio de Santa María) para determinar la calidad de estas semillas e identificar sus características con el fin de definir criterios que certifiquen su calidad. Esto con el propósito de implementarlas en el sistema productivo huilense.

Durante el primer semestre de 2018, los investigadores se encargaron de levantar información sobre la diversidad y disponibilidad de semillas de estos frutos y de definir los protocolos para su certificación a partir de un análisis fisiológicos, bioquímicos y moleculares. Además, se han encargado de implementar talleres con los cultivadores (multiplicadores) de estas frutas para fortalecer sus hábitos y capacidades empresariales.

Viveristas huilenses durante la actividad en la Javeriana.
Viveristas huilenses durante la actividad en la Javeriana.

En ese sentido, el pasado mes de septiembre, la Pontificia Universidad Javeriana recibió a alrededor de 30 productores rurales que participaron en una actividad de apropiación social del conocimiento junto a los docentes javerianos. En ella, los multiplicadores realizaron procedimientos comunes del quehacer científico para vivir de primera mano este ejercicio y así contar con nociones básicas de lo que se está llevando a cabo en el proyecto desde los laboratorios.

Pesquisa Javeriana estuvo presente en su visita y conversó con ellos sobre las implicaciones de este ejercicio en sus prácticas de cultivo, sus motivaciones para participar de él y algunos retos a los que se enfrentarán en el futuro.

Vivienda de interés social: metros cuadrados vs. calidad de vida

Vivienda de interés social: metros cuadrados vs. calidad de vida

Según el DANE, en 2017 se culminaron 59.991 unidades de vivienda de interés social (VIS), lo que representa una disminución frente a 2016, año en que se construyeron 72.115. Las cifras de vivienda de interés prioritario (VIP) también descendieron: de 83.244 unidades en 2016 se llegó a 78.794 en 2017. Tal vez la disminución en la edificación de viviendas se deba a los costos adicionales en el metro cuadrado, dice María Fernanda Serrano Guzmán, docente del Departamento de Ingeniería Civil e Industrial de la Universidad Javeriana Cali y coautora del artículo científico “Impacto en costos directos de vivienda de interés social y de interés prioritario por inclusión de nuevas normas de construcción: caso Cali”, publicado en la revista Dyna, de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

Una VIS es aquella que reúne los elementos para asegurar su habitabilidad, cumple con estándares de calidad en diseño urbanístico, arquitectónico y de construcción, y en Colombia tiene un valor máximo de 135 salarios mínimos legales mensuales vigentes. Para adquirirla, el núcleo familiar debe tener un ahorro base y un ingreso salarial mínimo, si se requiere un préstamo bancario. Por su parte, la VIP tiene un monto de 70 salarios mínimos legales mensuales vigentes y el Gobierno la concede en programas de reubicación, por ejemplo, cuando la población se ha visto afectada por catástrofes naturales.

En el país, los programas de VIS y VIP han sido impulsados por el Gobierno nacional, las cajas de compensación familiar y las constructoras con el fin de proveer una vivienda digna a los hogares con menos ingresos. En la actualidad, además de la existencia del Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR-2010), decreto que establece aspectos técnicos a nivel estructural, existen otras disposiciones técnicas de obligatorio cumplimiento que están generando costos adicionales en el metro cuadrado de vivienda, lo que excede los topes máximos establecidos para este tipo de proyectos, con la consecuente repercusión en disminución de áreas y en acabados del producto final.


Condiciones de vivienda digna y adecuada

Para la investigadora Serrano, en el Gobierno Santos se hizo un especial énfasis en proveerles vivienda a las personas, y considera que la tarea se realizó; sin embargo, ve una deficiencia en el cumplimiento completo de condiciones de vivienda digna y adecuada que establece el Folleto Informativo n.º 21 de la ONU. “Claro que ahora estas personas tienen unas condiciones de vida mejores: un área un poco más grande con materiales que les dan seguridad ante las inclemencias climáticas, pero hay que seguir trabajando, porque las viviendas las entregan sin ningún tipo de enchape y recubrimiento en las zonas húmedas, en ocasiones, solo con la puerta del baño y la de la entrada”, añade la docente.

Con base en estas inquietudes, los miembros del grupo de investigación en Detección de Contaminantes y Remediación (DeCoR), en cabeza de Serrano Guzmán, y el semillero de investigación Gestión de Obras, de la Javeriana Cali, se pusieron como meta identificar el impacto económico que, en los proyectos de construcción de las VIS y las VIP, tiene la aparición de nuevas normas y las modificaciones hechas a las ya existentes; consideran que estos cambios en la reglamentación deben ir acompañados por una revisión de su incidencia en el costo de la construcción y, con ello, en los topes establecidos, de tal manera que se garantice el tamaño y la calidad de las viviendas.

Seis de estas, dos de interés social y cuatro de interés prioritario, ubicadas en Cali, sirvieron de objeto de estudio. Los criterios de selección incluyeron la similitud de las áreas (60 metros cuadrados para VIS y entre 47 y 50 metros cuadrados para VIP) y la ejecución basada en las normas de construcción exigidas en la fecha en que se construyeron.

Según cifras reveladas por Camacol, para 2018 hay un total de 77670 cupos disponibles para programas de vivienda de interés social en el
Según Camacol, para 2018 hay 77.670 cupos disponibles para programas de vivienda de interés social en el país.


Más normas, menos metros cuadrados

Además del NSR-2010, la implementación de nuevas normas de obligatorio cumplimiento, como el no incremento del valor máximo definido para cada tipo de proyecto, está llevando a los constructores a reducir el área de las viviendas entregadas y la calidad de los acabados, lo que repercute en las condiciones de habitabilidad; al mismo tiempo ocasiona una reducción en la utilidad de los constructores, lo que hace menos atractivo este tipo de proyectos para los inversionistas y oprime su oferta en el mercado.

“Pudimos observar que, primero, para alguien que llega a vivir a estas casas le resulta costoso instalar un lavaplatos o el enchape del baño y, segundo, como los espacios son tan reducidos, ni siquiera hay lugar para clósets. Si se realiza un ajuste a los topes en los precios, probablemente se podrían mejorar los acabados de esas viviendas y así brindar las condiciones básicas”, argumenta la investigadora.

Los temas de salubridad, concluye el estudio, ya empiezan a ‘colarse’ en las viviendas de interés social, debido a, precisamente, la reducción de los espacios. De allí que Serrano haga un llamado de sensibilización a otros profesionales de ramas como la medicina, para que lleven a cabo estudios epidemiológicos sobre las enfermedades más comunes en ciertos sectores. “El vivir tan juntos puede degenerar en enfermedades respiratorias, alergias u otras molestias de salud. Es urgente que hagamos intervención desde diferentes disciplinas”, añade la especialista en Ingeniería Ambiental.

La voz también se extiende al sector de la construcción, pues para cumplir con todos los requisitos y ofrecer una vivienda digna es fundamental el establecimiento de nuevos montos para los proyectos de VIS y de VIP. Los investigadores proponen la constitución de mesas de trabajo con el firme objetivo de crear un documento que le sirva de guía al Gobierno nacional a la hora de fijar los precios para este tipo de proyectos.

Así mismo, advierte la investigación, es clave que la sociedad sepa interpretar el concepto de vivienda digna, porque, aunque los beneficiarios ahora cuenten con un hogar, el Estado debe garantizar programas en los que se entreguen domicilios aptos para habitar.


Para leer más

  • Wei, S., Jie, C. y Hongwei, W. (2015). Affordable Housing Policy in China: New developments and new challenges. China: Shanghai Finance University y Shanghai University of Finance and Economics.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Modificaciones a los reglamentos técnicos de construcción y su incidencia en los costos y la calidad de la vivienda de interés social en Santiago de Cali
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Mauricio Chávez Calle
COINVESTIGADORES: María Fernanda Serrano y Diego Pérez
Semillero de investigación Gestión de Obras
Grupo de investigación en Detección de Contaminantes y Remediación (DeCoR)
Departamento de Ingeniería Civil e Industrial
Maestría en Ingeniería
Facultad de Ingeniería
Oficina de Investigación, Desarrollo e Innovación
Pontifica Universidad Javeriana Cali
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2017

Mompox: la convivencia entre arquitectura y medio ambiente

Mompox: la convivencia entre arquitectura y medio ambiente

Como si fueran maracas, Gabriel mueve sus piernas al ritmo de tamboras al tiempo que flautas y saxofones marcan el compás en el pueblo que visita desde hace casi una década. Fundado hacia 1540, hoy en día es la sede del Festival de Cine Independiente, del Festival de Jazz que se celebra cada año en septiembre y, también, el hogar de mestizos, colonos y afroamericanos que llegaron a esta región como esclavos durante la época de la Conquista.

El centro histórico de este municipio, reconocido por ser la cuna de personajes como  Candelario Obeso, precursor de la poesía negra en América, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995 en la categoría de paisaje cultural.

No es la primera vez que Gabriel Leal del Castillo y Andrés Gaviria, profesores de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana, visitan la región. Desde 2009 han pasado horas enteras en salidas de campo semestrales caminando sobre su suelo, un tapete de arena húmeda con tierra, barro y piedras; moviéndose entre calles a temperaturas que varían entre 30°C y 35°C, y días completos estudiando las placas de cemento que miden más de un metro veinte y sobre las cuales está construida toda la ciudad.

De hecho, entender la armonía e integridad del paisaje urbano de Mompox, su relación con el medio ambiente y la decisión del Ministerio de Cultura de hacer la declaratoria como Monumento Nacional (Ley 163 de 1959) e inscribirlo en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, fueron motivos para que el Grupo de Investigación en Ecosistemas Antrópicos se interesara por el concepto ‘paisaje cultural’ a partir de su relación con el centro histórico del pueblo.

Leal del Castillo, magíster en Planificación Urbana y Regional, emprendió la tarea de recorrer y analizar la arquitectura de cada casa de Mompox junto a los académicos Gaviria, magíster en Ciencias Aplicadas en Conservación del Medio Ambiente Construido y director del Proyecto Patrimonio; Olga Pizano Mallarino, consultora en patrimonio cultural; y Ana María Osorio Guzmán, magíster en Geografía.

¿El resultado? La creación del proyecto ‘Centro histórico y territorio: Ecosistema cultural momposino’, que ha estudiado el patrimonio cultural de esta zona de Mompox para entender cómo protegerla, gestionarla y valorarla, y así garantizar su conservación y desarrollo sostenible.

De este proceso ha sido posible comprender que los recursos naturales y culturales de Mompox convergen, por ejemplo, en la riqueza gastronómica de la población, ya que para producir conservas de dulce de limón es necesario contar con sus árboles frutales, su alimentación depende de la pesca en las ciénagas aledañas, al igual que la continuidad de actividades tradicionales, como la ebanistería, de los bosques nativos de la región.

Mompox 3


El aspecto colonial

La arquitectura de esta población se asemeja a la de Andalucía, España. Sus casas suelen ser de un solo piso, con grandes ventanales, fachadas pintadas de blanco, estructuras construidas con forma de ‘L’ o ‘C’, amplios patios y pozos internos pensados, desde mediados del siglo XVI, para adaptarse a las condiciones climáticas de la región y dar prevalencia a las funciones del ecosistema.

Con las salidas de campo, los docentes encontraron cómo funcionan las dinámicas de la arquitectura colonial en relación con el medio ambiente. Allí evidenciaron que los árboles en los patios de las casas coloniales, pensados para ventilar y evitar que el sol penetrara las fachadas, proveen sombra a las habitaciones; que las calles están orientadas de diferente forma para que el sol, en horas de calor o en meses del verano, no afecte las paredes de la vivienda, y que sus techos (cubiertas a dos aguas) permitan que en temporada de lluvia ruede el líquido por un costado hacia el patio mientras que, por el otro, se filtra por las calles para viajar hacia el subsuelo, alimentando así los acuíferos subterráneos y manteniendo el balance hídrico por evapotranspiración, es decir, el proceso en el que el agua del suelo vuelve a la atmósfera debido a la evaporación y transpiración de las plantas.

En ese sentido, en palabras de Leal del Castillo, “nos dimos cuenta de que hay un manejo patrimonial proveniente desde la fundación de Mompox y está relacionado con su clima; por eso, todas estas hipótesis nos han permitido entender a este lugar como una máquina de adaptación climática”.

Mompox 1

Para evaluar sus ideas, el equipo de investigadores empezó a hacer comparaciones con estructuras coloniales del mismo tipo en diferentes zonas geográficas, además de una evaluación del funcionamiento de sus construcciones con el ecosistema de cada región.

Por ejemplo, la adaptación de este tipo de vivienda en el sector de La Candelaria, en Bogotá D.C., no es funcional ya que las bajas temperaturas de la capital producen instalaciones heladas, una casa incapaz de mantener el balance hídrico y el poco ingreso de luz al patio interno.

Adicionalmente, a diferencia de Cartagena o Santa Marta, el suelo de Mompox no quema, la tierra es húmeda y su ecosistema particularmente frágil, según Leal del Castillo, porque las  “manzanas de casas en Mompox, en muchos casos, están elevadas un metro sobre el nivel del suelo; según mi teoría, se construyeron teniendo en cuenta la dinámica de subida y bajada del nivel de agua del río”.

Este descubrimiento ratifica la estrecha relación que hay entre la urbanización de la Depresión Momposina y el ecosistema, pues, durante el verano, el agua de los brazos del río Magdalena (el de Loba y el de Mompox) baja y es navegable, mientras que en invierno el nivel del río sube e ingresa por los callejones de la ciudad sin dañar su infraestructura hasta llegar a las ciénagas. Eso permite que exista una interacción urbanismo–río–ciénagas, lo que convierte a Santa Cruz de Mompox en un referente sobre el paisaje urbanístico de Colombia en el mundo.

Hasta el momento, su centro histórico preserva la armonía e integridad del paisaje urbano, sus edificaciones mantienen la imagen de lo que fue una ciudad colonial española y su población depende de actividades tradicionales como la fabricación de muebles, orfebrería, producción de queso de capa o el típico dulce de limón y la venta de productos de maíz; sin embargo, todavía restan preguntas por resolver y reflexiones por abordar, entre ellas la construcción de diques para generar terrenos para la agricultura que han venido cambiando el paisaje, o el mantenimiento de los bienes inmuebles de la región, el valor de los instrumentos usados en los festivales musicales de Mompox, que mueven su economía, y la actividad pesquera amenazada por la contaminación de los ríos Magdalena, Cauca, San Jorge y sus afluentes.

Mompox 2

A la fecha, Mompox no solo conserva la memoria histórica del país al haber sido la primera población del Reino de la Nueva Granada en proclamar la independencia total de España el 6 de agosto de 1810, también es un escenario de tradición cinematográfica y literaria luego de que en 1987 se filmara una película sobre la novela Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. Santa Cruz de Mompox es un referente académico al conservar el colegio de San Carlos, la primera institución jesuita fundada en Colombia; es considerado por la Unesco, según Leal del Castillo, como “la población ribereña más grande  sobre un río principal que conserva características de Andalucía”, y por el grupo de investigación en Ecosistemas Antrópicos como un perfecto paisaje cultural digno de ser llamado patrimonio de la humanidad.

Javerianos reciben premios de ciencia

Javerianos reciben premios de ciencia

Tres profesores del Departamento de Física de la Pontificia Universidad Javeriana reciben hoy el premio en Ciencias Exactas, Físicas y Naturales otorgado por la Fundación Alejandro Ángel Escobar (FAAE) durante la Sexagésima Tercera (LXIII) edición de los Premios Nacionales de Ciencias y Solidaridad.

“No existe un desarrollo como este en el mundo y su potencial de aplicabilidad es incalculable”, dice la FAAE en su comunicado de prensa refiriéndose a la tecnología OLED/cristales coloidales orgánicos, que consiste en el diseño, modelamiento y fabricación de dispositivos emisores de luz basados en moléculas orgánicas y partículas coloidales (microscópicas, de origen orgánico) que emiten una gran cantidad de luz consumiendo poca energía, favoreciendo así procesos ambientalmente amigables.

Juan Carlos Salcedo Reyes, Henry Alberto Méndez Pinzón y Luis Camilo Jiménez Borrego, del grupo de investigación de Películas Delgadas y Nanofotónica (GPD&NF), crearon este dispositivo óptico de gran eficiencia que puede ser útil en la fabricación de tabletas, televisores y celulares.

En diálogo con Pesquisa Javeriana, el profesor Juan Carlos Salcedo explicó detalladamente esta tecnología, la cual está en proceso de transferencia al mercado:


Mención de Honor a profesores de Comunicación

Así mismo, Germán Rey Beltrán y Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, profesores de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Universidad Javeriana; Camilo Vallejo Giraldo, miembro de la Corporación Cívica de Caldas; María Angélica Nieto Uribe, representante de la ACDI/VOCA; y Yury Andrea Torres Guarín, de la Secretaría de Integración Social de Bogotá, reciben una mención de honor en la categoría de Ciencias Sociales y Humanas por el informe La palabra y el silencio: La violencia contra periodistas en Colombia (1977 – 2015), publicado por el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Su investigación destaca el ataque que ha sufrido la libertad de prensa con el asesinato, las amenazas y los secuestros a periodistas de medios regionales y resalta la impunidad en estos casos, ubicando a Colombia como uno de los peores países en cuanto a libertad de expresión.

Según el comunicado de prensa de la FAAE, “esta investigación insiste en que el blanco no son sólo los periodistas, sino la información misma y, en esa medida, las comunidades a las que se las despoja”.

La influencia de Elinor Ostrom

La influencia de Elinor Ostrom

Col Daniel Castillo
Conocí a Elinor Ostrom en 2005, en su taller de análisis de políticas públicas en la Universidad de Indiana. Yo había sido invitado a participar en un seminario en el que se hablaba de los retos de la gobernanza de los recursos de uso común; acostumbrado a los típicos espacios académicos con figuras muy importantes haciendo presentaciones y desapareciendo del escenario, esperaba algo similar, pero fue sorprendente. Me encontré en un lugar realmente interdisciplinar con todo el espacio para poner sobre la mesa mi perspectiva y discutir con los demás participantes, en especial con la profesora Ostrom, presente y disponible permanentemente.

Así, tuve con ella una de las conversaciones más significativas de mi vida académica sobre mis estudios de doctorado. Fue una charla en la que no hablamos casi de asuntos técnicos sino más de temas personales en cuanto a mis expectativas con el doctorado y sus opiniones al respecto. De este encuentro salí con un plan claro, incluido director de tesis al que conocí en la misma reunión, además de un proyecto dentro del cual desarrollaría mi investigación y del cual la profesora Ostrom era codirectora. Lo interesante es que, en un grupo de aproximadamente quince asistentes al evento, ella tuvo conversaciones del mismo tipo con todos; al final cada uno de los participantes regresó a su casa con una luz nueva para sus tránsitos vitales, que incluían desde estudios futuros, proyectos y preguntas de investigación hasta opciones de cambio de lugar de trabajo.

En 2012 conocí al antropólogo Fikret Berkes en Estambul, a quien después de saludar me dijo: “Ah, usted es uno de los afortunados de haber estado cerca de ella y beneficiarse de su influjo”. Eso significaba Elinor Ostrom, una especie de faro al cual, en cada oportunidad que uno se acercaba, tenía una respuesta, una idea o una orientación, simple, clara y amorosa; lo mismo ocurrió durante los diferentes encuentros con ella, en 2006 en la Javeriana, en 2009 y 2010 en el Centro para el Estudio del Comportamiento, Instituciones y Ambiente de la Universidad de Arizona, del cual era codirectora y cofundadora.

Después de conocer a la profesora Ostrom, uno entendía el profundo significado de la cooperación y de la interdisciplinariedad, elementos que hicieron parte inherente de su vida y que practicaba diariamente. Incluso,  uno pasaba a hacer parte del grupo de personas elegibles para contribuir mediante inversión de tiempo con su esposo, el politólogo Vincent Ostrom, de más de 90 años, mientras ella estaba en reuniones y charlas académicas; como Vincent no podía estar solo, nos turnábamos acompañándolo y oyendo sus historias mientras la profesora Ostrom volvía. Me correspondió el turno una mañana durante la cual se encargó de explicarme las razones por las cuales lo más importante es que la gente pueda ser autónoma y que se les permita resolver sus propios problemas.

Los esposos Ostrom iniciaron su relación de pareja durante la investigación de doctorado de ella, siendo Vincent su director. Él fue un influyente politólogo, quien, entre otras cosas, ayudó a impulsar la Constitución de Alaska, la cual tiene una dimensión muy importante en recursos naturales. Entre los dos desarrollaron el concepto de gobernanza policéntrica, entre otros temas, además de ser pioneros en la puesta en práctica del trabajo interdisciplinario por medio de su taller de análisis de políticas públicas. Esta relación fue muy productiva en el campo académico, donde se fue madurando la pregunta que orientaría la investigación de la profesora Ostrom y a la que dedicó su vida profesional: ¿Cómo hacen los usuarios directos de los recursos de uso común para manejar y resolver los problemas asociados a su utilización y mantenimiento? Las respuestas comenzaron a tomar forma a principios de los años 90.

Estos hallazgos tienen que ver con el autogobierno y la necesidad de permitir y crear espacios propicios para que las personas diseñen sus propias reglas de juego sin que el Estado las imponga, lo cual ha tenido consecuencias importantes en la teoría del diseño de políticas públicas, pues la idea de fondo consiste en la inconveniencia de diseñarlas como si fueran panaceas y, más bien, entender los contextos locales y particulares de cada comunidad, compartir el poder y permitir esquemas de co-manejo Estado-comunidad para, realmente, generar sostenibilidad.

Sin ser economista, y por demostrar esta idea, Elinor Ostrom ganó el Premio Nobel de Economía en 2009, la única mujer en obtenerlo hasta el momento.

 


*Profesor asociado del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales.

El cuento de hadas del Premio Nobel de Paz

El cuento de hadas del Premio Nobel de Paz

Daniel Cruz Col
Casi al mejor estilo de una crónica o de un cuento corto, algunos medios de comunicación destacaron la llamada que recibió el expresidente Juan Manuel Santos en octubre de 2016 por parte de un representante del Comité Noruego del Nobel anunciándole que se acababa de ganar el premio Nobel de Paz. Para buena parte de la sociedad colombiana que estaba en medio de un proceso político de negociación del fin del conflicto armado, fue un boom aquella noticia que despertó el interés y las criticas de todo el país. No es de extrañar esta reacción, más si recordamos que el Nobel de Paz siempre ha estado rodeado de intrigas y reveses, no solo por los personajes que se han llevado el galardón, cuestionados por sus pasados y posiciones políticas, sino por los que nunca lo recibieron, como Mohandas Karamchand Gandhi (nominado en cinco oportunidades).

Los ganadores del Nobel más reconocidos y respetados por su coherencia con la paz desde una visión social, religiosa o política son la Madre Teresa de Calcuta, Malala Yousafzai, Nelson Mandela, Aung San Suu Kyi y Desmond Mpilo Tutu. Las controversias y críticas a los que se han ganado el premio Nobel de Paz se encuentran en paradojas como las del presidente estadunidense Theodore Roosevelt, quien ganó el Nobel por la mediación exitosa en la Guerra Ruso-Japonesa, obviando su participación y tomas de decisiones en, por ejemplo, la “insurrección independentista filipina, en la que las tropas norteamericanas cometieron el primer genocidio del siglo XX”. De cerca lo sigue Henry Kissinger, de los más controversiales y, de pronto, apresurados ganadores: en 1973 recibe el galardón con fuertes indicios, que luego fueron comprobados, de su injerencia en el bombardeo a Camboya en la guerra de Vietnam, la toma militar y genocidio en Timor Oriental y las operaciones en Chile para derrocar a Salvador Allende. Le Duc Tho, el otro ganador de ese año junto con Kissinger por los acuerdos de paz de París, declinó recibir el Nobel porque las tropas norteamericanas seguían en Vietnam y el conflicto bélico no se había detenido.

Al seguir avanzado en la historia de los Nobel de Paz, aparecen personalidades internacionales altamente cuestionadas como Yasir Arafat, Shimon Peres e Isaac Rabin (1994). Su participación en la creación de los acuerdos de Oslo para mejorar los conflictos en  Medio Oriente habría sido la causa de su escogencia en ese año, pero lo acordado no tuvo impacto real en el desescalamiento de  las agresiones entre palestinos e israelíes. Barack Obama (2009) y Juan Manuel Santos (2016) han sido los dos últimos casos envueltos en dudosas conductas. El primero por promover acciones armadas en Afganistán (2009), Libia (2011) e Irak (2014), incluso “Obama consideró no ir a recoger el premio a Oslo, la capital de Noruega”; el segundo, por su pasado como Ministro de Defensa en Colombia y la fuerte polarización política que se vivió con el plebiscito por la paz.

Como en todo cuento de hadas pueden existir héroes y villanos, lo que sí es cierto es que la agenda política internacional en lo referente al Nobel de Paz viene tomando partido por la participación en algún tema o negociación de orden mundial o regional por encima de pequeñas iniciativas. Unas invisibilizan a las otras, como si lo internacional borrase lo local en un intento de fijar una paz al estilo internacionalista más que culturalista. No es de extrañar, por ejemplo, que nominaciones como las que afirma el presidente de Corea del Sur sobre su homólogo estadunidense se hagan realidad en algún momento: “Donald Trump, sería un digno ganador del Premio Nobel de la Paz por su labor para descongelar las relaciones con Corea del Norte”.


* Coordinador académico del Programa de Educación para la Paz, de la Pontificia Universidad Javeriana.

El año sin Premio Nobel de Literatura

El año sin Premio Nobel de Literatura

Henao de Brigard
Este año, la Academia Sueca tomó la decisión de no conceder el premio Nobel de Literatura. Las graves denuncias de acoso sexual y corrupción afectaron la credibilidad de la institución y condujeron a la renuncia de varios de sus miembros, entre ellos la de su presidente, Sara Danius, y la de la escritora Katarina Frostenson, cuyo marido, el francés Jean-Claude Arnault, fue acusado de acosar y abusar de 18 miembros femeninos. Arnault utilizaba un centro cultural —del cual era director, y que se había constituido en el filtro de la escena cultura sueca— para presionar y acosar a las mujeres.

Gran parte de la fama de la Academia se debe al aura de inaccesibilidad que la rodea, la cual ha conducido a que sus miembros hayan tomado con frecuencia decisiones discutibles: unas de ellas arriesgadas, otras mediocres, y algunas otras hasta absurdas. Lo ocurrido ha desvelado que, en realidad, era un grupo que aprovechaba su poder mundial a cambio de favores locales.

Entre tanto, y con la ayuda de un grupo de juristas, la Academia Sueca ha efectuado una interpretación de los estatutos, que datan de 1786, para ajustarla a los tiempos actuales; los resultados, sin embargo, no se han dado aún a conocer.

Hacía 75 años que la Academia Sueca no dejaba de conceder el Premio Nobel de Literatura. En este tipo de casos, se concede un premio doble al año siguiente. Así, pues, en 2019 tendremos a dos ganadores.


*Profesor asociado del Departamento de Literatura, Pontificia Universidad Javeriana.