La ilustración científica se toma a Bogotá

La ilustración científica se toma a Bogotá

Generar espacios de encuentro entre personas e instituciones que se dedican a la ilustración científica a nivel nacional y dar a conocer la importancia del dibujo como herramienta para la divulgación del conocimiento son los objetivos del primer Encuentro Colombiano de Ilustración Científica: El arte de ilustrar la ciencia.

Este evento se realizará entre el 27 y el 29 de junio en las instalaciones de la Javeriana y contará con la participación de expertos en ilustración científica de países como México, Ecuador, Chile, Perú y Colombia, quienes presentarán sus experiencias sobre ilustración botánica contemporánea, fundamentos de la ilustración digital aplicados a la ilustración científica y desarrollo de diseños e impresión 3D en medicina y bioimpresion de tejidos; también dictarán talleres de acuarela, técnicas mixtas y lápiz grafito.

Los invitados al encuentro son Geraldine MacKinnon, artista visual chilena; Juan Carlos Pérez, diseñador gráfico ecuatoriano; Rosa Alves Pereira, brasileña, licenciada en artes visuales; Óscar Vilca, pintor y escultor peruano; la colombiana Marie Joëlle Giraud, especialista en ilustración e ingeniera geológica, y el bogotano Jaime Bonilla, máster en arte médico de la Universidad de Dundee en Escocia.

Adicionalmente, durante esta semana se conformará la primera Red Iberoamericana de Ilustración Científica y se presentará un encuentro de saberes entre Abel Rodríguez, Uldarico Matapí y Carlos Rodríguez, quienes se hablarán sobre la ilustración científica desde la visión indígena.

El arte de ilustrar la ciencia es un sueño cumplido, una iniciativa gestionada por el artista Juan Pablo Vergara, docente de la Facultad de Artes de la Universidad Javeriana, en un trabajo conjunto con el Jardín Botánico José Celestino Mutis, la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia -ACAC-, la Academia de Artes Guerrero y la American Society of Botanical Artists, entre otros.

Por eso, luego de más de 30 años ilustrando para organizaciones como el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, el Instituto Alexander Von Humboldt, o El Tiempo Casa Editorial, Vergara le cuenta a Pesquisa Javeriana cómo inició su pasión por la ilustración, cuáles son las habilidades que debe tener quien desee dedicarse a este oficio y extiende la invitación al encuentro El arte de ilustrar la ciencia.

Colombia Científica, una apuesta más allá de la academia

Colombia Científica, una apuesta más allá de la academia

Las universidades tienen la responsabilidad de trascender los muros de sus aulas para dialogar con las comunidades, con la empresa y con la sociedad en general. En esta conversación, la búsqueda de soluciones a necesidades que enfrentamos a diario se sustenta en el conocimiento crítico y el desarrollo de nueva tecnología, es decir, en la movilidad del conocimiento. Esta apuesta histórica de la Pontificia Universidad Javeriana, en sus sedes de Bogotá y Cali, nos hizo ganadores de dos de los cuatro proyectos que aprobó el programa Colombia Científica, articulado por el Banco Mundial, Colciencias, Icetex y los ministerios de Educación Nacional y de Comercio, Industria y Turismo.

Sin duda, los dos ecosistemas científicos que liderará la Javeriana en este programa responderán también de manera natural a la inspiración de nuestra misión, que concibe “la creación y el desarrollo de conocimiento y de cultura en una perspectiva crítica e innovadora, para el logro de una sociedad justa, sostenible, incluyente, democrática, solidaria y respetuosa de la dignidad humana”: una sintonía armoniosa, además, entre nuestras funciones sustantivas de realizar docencia, investigación y servicio con excelencia y perspectiva global e interdisciplinar. Una parte de esto se refleja en los dos proyectos que lideraremos. Me explico a continuación.

Por los próximos cuatro años, la sede Bogotá de la Javeriana tendrá la responsabilidad de indagar y explorar terapias alternativas contra diferentes enfermedades, entre ellas el cáncer, a partir de fitomedicamentos procesados de más de 20 plantas, algunas nativas, como el anamú, el dividivi o la guanábana. Este proyecto estará en cabeza de la bacterióloga Susana Fiorentino, investigadora con posdoctorado en inmunoterapia antitumoral. Para ello, 17 entidades nacionales e internacionales vigorizarán sus redes académicas, generarán acciones con el sector industrial y fortalecerán instituciones educativas.

Además, con un proyecto que coordina el ingeniero electrónico Andrés Jaramillo, con posdoctorado en ciencia e ingeniería de nanoescala, nuestra seccional de Cali tendrá el reto de transformar los componentes epigenéticos, genéticos, metabólicos y proteicos del arroz y la caña de azúcar para producir semillas más resistentes a los cambios del clima. Esta apuesta científica espera impactar positivamente en el rendimiento de la cosecha y en la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero.

Más de 100 investigadores con doctorado estarán aportando desde sus experticias a la comprensión de los fenómenos que buscamos transformar: por un lado tenemos una enfermedad como el cáncer y, por el otro, una forma de aprovechar mejor nuestros recursos naturales para proponerle alternativas de seguridad alimentaria al país. Entre los resultados esperados se encuentran 156 artículos científicos, desarrollos que permitan la solicitud de diez patentes, la formación de más de 50 estudiantes de pregrado, maestría y doctorado, y el fortalecimiento institucional de universidades con menores estándares de calidad: muchos logros para las academias. Pero allí no termina el impacto de estos proyectos.

Una convocatoria como Colombia Científica es una oportunidad para robustecer capacidades y consolidar redes de trabajo, no solo en el interior de la academia sino en ese tridente de universidad-empresa-Estado, que debería ser constante. Gracias al manejo de recursos por más de $18.000 millones por proyecto, nunca antes vistos en convocatorias nacionales de investigación en el país, podemos pasar de proyectos puntuales de corto aliento a una concepción de ciencia vigorosa, rigurosa y de talla internacional.

No desconocemos que estas son apuestas ambiciosas, que plantean retos innumerables en cuanto a coordinación institucional y manejo de estos recursos públicos que, en últimas, vienen de su bolsillo y del mío. Pero reconocemos, sobre todo, que trazan inmensos desafíos en esta idea de hacer ciencia pertinente para nuestra sociedad, que brinde soluciones concretas a necesidades latentes y actuales, como la salud y la seguridad alimentaria. Así pues, confirmamos que tenemos la camiseta puesta para hacer ciencia y fortalecer la academia, para cumplirle a la sociedad colombiana.


Luis Miguel Renjifo Martínez

Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

También hay espacio para la ciencia

También hay espacio para la ciencia

Hoy domingo 17 de junio circula la edición número 44 de Pesquisa Javeriana, la revista de divulgación científica y tecnológica de la Pontificia Universidad Javeriana, que circula con las edición dominical que el diario El Espectador le envía a sus suscriptores.

Encuentre en nuestras páginas los siguientes temas :

  • Un reportaje sobre cómo los viveristas cundinamarqueses están transformando, gracias a la genética, el cultivo de orquídeas.
  • La investigación que revela cómo la nicotina podría curar enfermedades degenerativas como el mal de Parkinson.
  • El trabajo comunitario con habitantes de Ciudad Bolívar que ayudó a replantear el significado de la fe.
  • El hallazgo que permitió cambios vitales en el sistema de salud de la Guajira.
  • Las relaciones existentes entre la salud oral y las enfermedades cardiovasculares.
  • La unión de prácticas médicas que permitió mejorar las vidas de los pacientes de enfermedades raras en Colombia.
  • Perfil de Sandra Baena, la bióloga javeriana que ha dedicado su vida a la investigación de microorganismos.
  • La politóloga María Alejandra Quintero nos cuenta su trabajo con las comunidades del Valle del Cauca.
  • ¿Por qué la Selección Colombia de Fútbol invita a la unidad en momentos en los que las tensiones políticas parecen alejarnos?
  • En nuestra editorial, el voto de confianza que el sistema de ciencia colombiano ha depositado en la Pontificia Universidad Javeriana.

Pesquisa Javeriana invita a todos los interesados a asistir al Tercer Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, que se llevará a cabo en el campus de Bogotá del 10 al 14 de septiembre del presente año.

Si usted desea consultar el contenido de nuestra edición impresa y no es suscriptor de El Espectador, puede acceder a la versión digital de la revista, en formato PDF, por medio de este enlace.

El planeta pierde terreno

El planeta pierde terreno

La degradación de los ecosistemas a través de las actividades humanas está empujando al planeta hacia una sexta extinción masiva de especies. Esa fue una de las categóricas sentencias que anunció hace tres meses la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, IPBES, cuando entregó el Informe de evaluación en materia de degradación y restauración del suelo a nivel mundial, un sesudo estudio realizado por cerca de 150 expertos de 45 países durante tres años.

Y ahora que se aproxima el Día mundial de la lucha contra la desertificación y la sequía (junio 17) vale la pena revivir el tema, profundizar en las conclusiones de dicho informe y destacar las propuestas para por lo menos reducir el ritmo al que se degradan los territorios y minimizar sus efectos. Lo paradójico es que la principal causa de este fenómeno es la actividad humana y los s perjudicados somos los humanos, porque le estamos demandando a la tierra más de lo que nos puede proveer. Víctimas de nuestro propio invento.

Primero que todo, Robert Scholes, copresidente del informe, explica que la degradación es la pérdida permanente de la capacidad que tienen los suelos terrenos o campos para soportar la vida, no solamente del ser humano sino de todos los organismos. Y la restauración ocurre cuando se recupera el funcionamiento de las poblaciones biológicas y los servicios ecosismicos en estas regiones afectadas.

Se degradan los territorios por la expansión agrícola, la extracción minera y de recursos naturales y la urbanización. Le estamos quitando espacio a la naturaleza. Dice el informe que para el año 2014 más de 1.500 millones de hectáreas de ecosistemas naturales habían sido convertidas a tierras de cultivo y solo la cuarta parte del planeta “ha escapado a los impactos sustanciales de la actividad humana”, que corresponde a zonas “muy frías, muy altas, muy secas o muy húmedas”, como lo advirtió Scholes en rueda de prensa. Para 2050, si seguimos al ritmo que vamos, este porcentaje será de menos del 10%.

En las zonas degradadas los suelos se han erosionado, ya no son tan fértiles por la disminución de contenido orgánico y ha aumentado su toxicidad, principalmente por la acumulación de sales. Unos de los ecosistemas más afectados en el mundo son los humedales: desde el año 1900 se ha perdido el 54% de los que existían.

El informe inicia con cifras que llaman a la acción inmediata: la situación descrita pone en riesgo el bienestar de al menos 3.200 millones de personas. Dice Scholes que a nivel mundial la vida de dos de cada cinco personas está impactada de manera significativa por esta razón. Y con la pérdida de hábitats por la degradación, “entre 1970 y 2012, el índice de tamaño de la población promedio de especies de vertebrados terrestres silvestres cayó en un 38% y el de las especies de agua dulce, en un 81%”.

La degradación también es una de las principales causas del cambio climático: solo la deforestación es responsable de alrededor del 10% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, pero si restauramos contribuiremos en un tercio a reducirlas. Gran mensaje para la región del Amazonas, que citó Scholes específicamente.

Finalizó diciendo que hay una asociación clara y evidente entre la degradación de los ecosistemas, la pobreza y la migración, todos factores que se han incrementado en los últimos años. De acuerdo con Naciones Unidas, entre 2000 y 2015, el número de migrantes en el mundo aumentó de 173 a 244 millones.

En la presentación del informe a la prensa, Scholes mencionó en África países como Zimbabue, Lesoto y el cinturón que va desde Angola hasta Mozambique como unas de las regiones con grandes extensiones de tierras degradadas, pero “este es un problema de todos los países del mundo”.

El panorama no es alentador, sin embargo, los expertos también hicieron énfasis en las experiencias exitosas para evitar o revertir este fenómeno, que van desde buenas prácticas agrícolas y silvopastoriles hasta el control sobre las fuentes de contaminación y la planificación espacial urbana replantando especies nativas, ampliando parques, respetando cauces de los ríos y el tratamiento de aguas residuales.

En diálogo con Pesquisa Javeriana, Judith Fisher, autora invitada como coordinadora de uno de los capítulos del informe, explicó la manera como muchas de estas prácticas exitosas provinieron no del conocimiento científico sino del conocimiento tradicional de comunidades indígenas. El informe incluye, por ejemplo, el uso de los calendarios ancestrales para la agricultura o el conocimiento de las costumbres de reproducción de ciertas aves y mamíferos. Esa información fue clave para explicar “cómo restaurar, manejar y evitar la degradación de los suelos”.

El informe recomienda mejorar el monitoreo, coordinar acciones de política para armonizar las agendas de agricultura, silvicultura, energía, agua, infraestructura y servicios, entre otras acciones.

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Los estudios en Colombia

La Lista roja de los ecosistemas colombianos, trabajo publicado en 2017 y liderado por el profesor Andrés Etter, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, coincide con el IPBES.

En particular, la degradación de los suelos por erosión y salinización son factores preponderantes en más del 80% de los ecosistemas catalogados en estado crítico en las regiones secas y áridas del Caribe y los Andes, como los bosques secos tropicales, arbustales xerofíticos adaptados a ambientes secos y formaciones desérticas. Esta situación está asociada a la desprotección del suelo por falta de coberturas vegetales protectoras, usos ganaderos insostenibles, minería y malas prácticas de mecanización agrícola, entre otras razones. Estas condiciones ponen en serio peligro las posibilidades de restauración y conservación de estos ecosistemas, y su capacidad de garantizar la provisión de servicios ecosistémicos para la sociedad a futuro.

Por otro lado, de acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, IDEAM, además de la erosión, otros aspectos que se asocian a la degradación de los suelos son la desertificación, la compactación, la salinización y el cambio climático. En un reciente estudio que midió la degradación de los suelos colombianos por salinización, concluyó que el 90% de las tierras de la Guajira lo están, seguido por los departamentos de Atlántico y Magdalena. La salinización es un proceso de degradación química, resultado del aumento, ganancia o acumulación de sales en el suelo que afecta los procesos productivos, la seguridad alimentaria y la biodiversidad.

La meta 15 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se refiere a “proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, efectuar una ordenación sostenible de los bosques, luchar contra la desertificación, detener y revertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de biodiversidad biológica”.

Pero si seguimos como vamos, en unos años, como dijo Brigitte Baptiste, directora del Instituto de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, en la Guajira no habrá posibilidades de vida.

La belleza de la debacle

La belleza de la debacle

N Samper Col

Suena chistoso pero las mejores historias pueden aparecer en los lugares áridos llenos de hombres observando, desde un escalón inferior, a los que con dientes perfectos de teclas de piano se besan y se abrazan mientras agitan los brazos haciendo un ruido extraño, gutural, que se intensifica cuando levantan la copa para demostrar que sí, que no hay mejores que ellos.

Los que están abajo, guardando la medalla de plata en el bolsillo, son un poco como nosotros: cargan un doloroso día de fracaso en su vida por cuenta de una final perdida. Y si hablamos de usted o de mí, las instancias definitivas que se fueron con saldo en contra son más que las vencidas. Porque la vida se encarga de hacernos perder la mayor cantidad de finales que estamos disputando mano a mano, a un solo juego y con gol de oro, sin penales para definir. Nos equivocamos decidiendo sobre el futuro de nuestra vida y cuando entramos en una crisis sin final como el club que a punta de malas decisiones está a punto de perder su lugar en primera división nos espabilamos para arañar la salvación. Y, como en la vida real, a veces esos esfuerzos gestan una inesperada hazaña que puede ser la de seguir viviendo, por ejemplo–, pero no siempre ocurre que se da ese final feliz que nos brindará un respiro y un descanso pensando en la temporada venidera, y de esa manera reordenarnos. ¿En cuántas ocasiones nos hemos ido a la B?

Vivimos más como un club de media tabla para abajo: a veces podemos jactarnos de alguna pequeña alegría. Por ejemplo, una conquista amorosa impensada para nosotros que, en términos futbolísticos, puede ser como ese día en que el Osasuna de Pamplona fue a visitar al encopetado Real Madrid, por allá en 1991, y con tres goles de un largo polaco llamado Jan Urban se llevó el triunfo 4-0. Claro, cuando nos termina la mujer inalcanzable era de esperarse, como si en un párrafo pequeño leemos que un día el Osasuna descendió y a nadie sorprende.

Hay valores y escalas de satisfacción, porque a veces la satisfacción no es el placer en sí mismo: en muchas oportunidades resume el final de un padecimiento. Haga de cuenta que es como ir a sacar el RUT, dejar un par de cuentas de cobro sin que algún funcionario las devuelva, sacar por fin el carro de los patios del Tránsito o vencer en un tribunal al policía que se ensañó contra uno el día en que decidió ponernos una multa que no correspondía.

Cuando el universo se pone a favor y llega la buena noticia su RUT está listo, no devolvieron la consignación hecha sobre la hora, pagó la deuda adquirida con el banco, sentimos que saltamos tan alto como Pelé en aquel cabezazo que deja desairado a Albertosi en la final del 70. Nos vemos tan grandes como Jorge Luis Burruchaga cuando alcanza a tocar con la punta del pie el balón ante la salida temeraria de Harald Schumacher el día que les da a los argentinos su segunda Copa del Mundo. Es la sensación de que por fin tuvimos ese sabor de ahorcar del pescuezo al sistema.

Y justo cuando todo parece por fin dominado, salimos a celebrarlo con la tarjeta de crédito que acabábamos de dejar en cero, porque somos así: después miramos de dónde sacamos para volver a pagar.

Con esa consigna, la de ir a pérdidas de inicio para sentir que a veces se puede estar en superávit, han aparecido libros como Bestiario del Balón, Bestiario de la TV colombiana, Por eso estamos como estamos y, ahora, Lo que el fútbol se llevó. Y todas las historias allí escrutadas cuentan con eso: la esperanzadora opción de encontrar la belleza en las piedras. En la debacle.


 

*Periodista deportivo, columnista y escritor. En su más reciente libro, Lo que el fútbol se llevó, editado por Planeta, recopila historias raras, extrañas y non sanctas de los mundiales de fútbol.

El camino hacia provincias turísticas sostenibles

El camino hacia provincias turísticas sostenibles

Reconocer las tradiciones de los campesinos mientras se camina entre las nubes del páramo, explorar las selvas andinas y amazónicas guiados por el conocimiento tradicional acumulado de sus habitantes o sumergirse en ambientes coralinos de la mano de pescadores artesanales, son algunas experiencias que ofrece la diversidad ecosistémica y cultural de Colombia a los visitantes nacionales y extranjeros. Tal forma de viajar, cuidadosa de los entornos y consciente de los posibles impactos de actividad turística sobre las tradiciones locales, es una alternativa frente a la tradicional visión irreflexiva del turista, que se va de estos y otros paisajes emblemáticos dejando más dudas que satisfacciones plenas.

La exuberancia de nuestros ecosistemas, además de ser el escenario para la foto del turista,  es un elemento sobre el cual se constituye la cultura de las comunidades anfitrionas. También es un factor que hace posible disfrutar de aguas cristalinas, maderas finas, carnes sabrosas y aire puro. Por tanto, reflexionar sobre el turismo en entornos naturales es importante para aminorar la potencial amenaza que representa la incontrolada llegada de visitantes a estos lugares, además de que permitiría entender cómo aprovechar  en mayor medida el patrimonio más valioso de la nación: la vida y las formas de vivir que hay dentro de ella.

Parques Nacionales Naturales (PNN), la entidad estatal encargada de la delimitación y funcionamiento de las áreas protegidas del país, ha comprendido el valor de este legado y, además de sus esfuerzos por la conservación, le ha apostado a la actividad turística como mecanismo para la generación de riqueza a partir de la biodiversidad. En este sentido, ha dado concesiones a importantes empresas hoteleras y ha establecido acuerdos con empresas comunitarias prestadoras de servicios ecoturísticos. Este segundo modelo funciona en ocho de los 23 parques abiertos para la visita del público y es el resultado del esfuerzo conjunto de comunidades y entidad por rememorar la historia de ocupación de las áreas designadas para la conservación e imaginar los beneficios de haberse empeñado en su protección.

/ Cortesía, Juan Ricardo Gómez
/ Cortesía, Juan Ricardo Gómez

Esta iniciativa vincula a campesinos y raizales vecinos, quienes conforman empresas comunitarias encargadas de ofrecer alojamiento, guianza y alimentación dentro de las áreas delimitadas. Así, pueden beneficiarse de la conservación de la biodiversidad en su territorio reduciendo el conflicto entre conservación y usos de los ecosistemas, y ofreciendo alternativas a la cacería, la venta de madera y carbón vegetal o el pastoreo de ganado. Por otro lado, este modelo turístico ofrece un valor agregado a la experiencia del visitante pues le permite reconocer el territorio a través de las narraciones y memorias llenas de elementos afectivos y simbólicos de sus habitantes.

En conmemoración de los primeros diez años del programa, PNN evaluó sus logros y retos enfatizando los aportes del turismo a la conservación de la biodiversidad, a la educación ambiental y al bienestar de las comunidades locales. Tal evaluación contó con el apoyo del Semillero de Investigación en Turismo Responsable de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, el cual reúne a estudiantes y egresados de distintas carreras y maestrías de la Universidad con un interés común: analizar los beneficios y perjuicios del turismo en los territorios del país, combinando la perspectiva social con la ambiental y económica.

Como parte de este proyecto, sus miembros visitaron el departamento de Boyacá para conocer dos experiencias turísticas insignia por su éxito y aportes a la sostenibilidad del turismo. Esta región, caracterizada por su clima frío y apariencia árida, de arquitectura colonial y bosques andinos cundidos de bromelias, albergó a los investigadores mientras indagaron por las dinámicas turísticas que tienen lugar en la provincia que se configura en torno a la plaza empedrada de Villa de Leyva y que incluye los robledales espesos de Arcabuco.

En ella se encuentra el Santuario de Fauna y Flora (SFF) Iguaque, donde opera una empresa comunitaria cuyo emblema evidencia la herencia muisca en el territorio. La empresa está conformada por campesinos de Arcabuco que reciben a los visitantes del Santuario en las cabañas y equipamientos construidos por PNN en montañas crespas y verdes, que se conectan por valles de frailejones y lagunas sagradas. Su representante legal, William Gómez, propone al turismo como una actividad complementaria para los habitantes del municipio, sin posicionarlo como eje único de la economía campesina. En su opinión, el turismo debe ser una herramienta para fortalecer la red de vecinos y el arraigo con el territorio, su historia cultural y su biodiversidad.

Tomado de: Parques Nacionales Naturales de Colombia.
Tomado de: Parques Nacionales Naturales de Colombia.

La zona es escogida por turistas nacionales e internacionales buscando descansar y disfrutar del aire fresco, o aprovechar las condiciones de alta montaña para entrenar y mantenerse en forma. Sea cual sea el motivo de su visita, la empresa busca acercar al turista a su territorio por medio de distintos canales: muestra la calidad de los productos agrícolas y pecuarios de las fincas campesinas que existen montaña abajo, también, aprovecha los recorridos por los senderos que llevan a la Laguna Sagrada de Iguaque para recordar aspectos de la cosmología muisca, como las técnicas para el estudio de los astros y la ubicación de otros cuerpos de agua sagrados. La visita al SFF Iguaque se convierte así en una experiencia que permite emparamarse de narraciones que resultan de la tradición, dando a conocer ampliamente la biodiversidad de las imponentes montañas que se alzan en medio del área protegida.

En Villa de Leyva, otro punto de esta provincia, el turismo ha crecido enormemente obligando a una reflexión sobre su desarrollo. El cielo sobre el municipio se llena de cometas para el festival en agosto, y su plaza y calles empedradas durante las temporadas altas de diciembre, Semana Santa y mitad de año son transitadas por hordas gigantescas de visitantes. La variación en la afluencia turística del municipio implica incrementos vertiginosos en la demanda de recursos como agua, alimento y servicios, al igual que en la producción de residuos, lo cual es un reto tanto para la administración local como para los habitantes.

/Cortesía, Juan Ricardo Gómez.
/Cortesía, Juan Ricardo Gómez.

Iniciativas como el Hostal Renacer, a las afueras del pueblo, buscan traer a la luz otros atractivos diferentes a los tradicionales y así aminorar la carga sobre atrayentes emblemáticos. El hostal promueve la visita a olvidados atractivos patrimoniales boyacenses, como los molinos de trigo del siglo XVII, saltos de aguas diáfanas y caminatas por espacios con un valor arqueológico distinguido. Esta empresa, en cuyo terreno desarrolla procesos de restauración ecológica, contribuye a acercar a los turistas extranjeros y académicos a la riqueza histórica, cultural y natural silenciosa. Óscar Gilede, su fundador, cuenta cómo su motivación fue incluir una oferta de hospedaje y guianza que permitiera el descanso en conjunto con actividades que brindaran información verídica, sin trampas turísticas; adicionalmente, se busca que los beneficios económicos derivados del turismo se distribuyan, de forma equitativa, entre la mayor cantidad posible de personas a partir del encadenamiento de diferentes actores en los recorridos turísticos ofrecidos en las áreas comunes del hostal. Así, vincula a distintos prestadores de servicios en recorridos como, por ejemplo, para el préstamo de caballos en cabalgatas o para las caminatas a Iguaque.

Los esfuerzos de estas empresas son un ejemplo de cómo se puede contribuir a valorar la riqueza cultural, histórica y natural de la región al reconocer la realidad del territorio para el desarrollo de la actividad turística, diversificando así los atractivos y respetando la identidad campesina de los habitantes, y cómo se puede contribuir, desde sus capacidades y aspiraciones, a la operación ordenada del turismo. Desde nuestro Semillero no sugerimos el tránsito de un modelo a otro, usamos estos ejemplos para exaltar la necesidad de reconocer la complejidad de los territorios al elaborar planes turísticos para aprovechar y conservar la diversidad biológica y cultural de Colombia.

También queremos resaltar la importancia de apoyar estas iniciativas que proponen oportunidades para un turismo responsable en zonas donde, muchas veces, son invisibilizadas. Consideramos como clave de éxito el fortalecimiento de una cultura de planificación para que los recursos y energía que moviliza el turismo contribuyan a la valoración, uso sostenible y conservación de la biodiversidad, a la viabilidad de su aprovechamiento económico y a la distribución justa de sus beneficios.


*Miembros del Semillero de Investigación en Turismo Responsable (Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Pontificia Universidad Javeriana).

El fútbol que nos une

El fútbol que nos une

Historias de frustración, de llanto y derrota, pero al mismo tiempo de esperanza, de alegría y unidad. Son diversos los relatos que se tejen alrededor de un deporte como el fútbol, que, además de aglutinar, ayuda a construir la historia de un país socialmente fragmentado como los es Colombia.

Un tema que ha estudiado Andrés Dávila, director del departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana, desde la óptica del politólogo, y Jorge Cardona, director general de El Espectador y departamento de Comunicación, a partir del enfoque periodístico.

De la mano de ambos recorrimos aquellos episodios en los que el fútbol ha marcado la historia tanto deportiva como política, social y cultural del país. El siguiente es el registro de nuestra charla:

El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

En el campo 22 hombres corren y sudan sin derecho a equivocarse; los compran, los venden, los prestan a cambio de dinero, y cuando son mayores se retiran. En el campo verde está el ídolo que, con sus gambetas, pies prodigiosos, rapidez inalcanzable y goles eternamente memorables deleita a los hinchas, técnicos, compañeros y rivales. Los seguidores en las gradas, sin ellos el juego no sería el mismo: se casan con un equipo y lo alientan con fervor, saltan, gritan, se agitan, se comen las uñas y esperan el milagro. El director técnico, “el profe”, da instrucciones, advierte de desajustes, grita, trata de tranquilizarse y recompone el orden.

Y luego, en medio de todos, está al que le dicen chulo, tirano, dictador, verdugo y vendido; el amado, odiado y siempre respetado en el campo, el árbitro.

Antes identificados por su unánime vestimenta negra, el árbitro central, con silbato en boca, cronómetro en mano y acompañado por todo un equipo de jueces que custodian las bandas; el arbitraje hoy representa una verdadera profesión con la responsabilidad de tomar decisiones que definen el rumbo de los equipos en cuestión de segundos. No hay tiempo de dudar del silbido que anula el gol de la salvación, tampoco hay derecho a cuestionar la amarilla o la roja que sale del bolsillo, pues sin temblor en la mano y con ímpetu debe ser capaz de imponerla.

En consecuencia, todo esto puede implicar altos niveles de presión para los jueces y tensiones emocionales por la coerción social o motivos psicológicos que pueden influir significativamente en sus decisiones. Así lo demuestra la investigación Referee bias in profesional soccer: Evidence from Colombia (Árbitro parcializado en el fútbol profesional: Evidencia de Colombia), liderada por los profesores Juan Mendoza, de la peruana Universidad del Pacífico, y Andrés Rosas, decano del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes, tras referenciar trabajos académicos de Europa que pretendían estudiar el sesgo arbitral en las grandes ligas profesionales a partir de la medición del tiempo de descuento, identificaron, de la misma manera, el sesgo en la liga profesional de fútbol colombiano, una de las más importantes de Suramérica.

Para lo anterior, hicieron más de 1.600 observaciones que abarcaron todos los juegos de primera división entre 2005 y 2010. “Tomamos únicamente los partidos en los que el equipo local iba ganando por un gol y los comparamos con el tiempo de descuento, controlando así las variables de tiempo agregado tanto al final de la primera mitad como de la segunda, al igual que el número de sustituciones, tarjetas amarillas y rojas, las penalizaciones y los goles anotados. También tratamos de identificar los posibles factores que podían influir en el sesgo, como la importancia del partido, la etapa del campeonato y la violencia de la ciudad local”, explica Rosas.

Sin duda, el árbitro debe tomar decisiones veloces a lo largo del juego que recaen en la subjetividad. “Encontramos que, si el local va perdiendo por un gol, entonces el tiempo de descuento es más largo, mientras que si está ganando por el mismo resultado, tiende a terminar más pronto”, afirma Rosas, quien con su coinvestigador concluyó que la duración del tiempo adicional es de hasta 12 segundos más cuando el equipo de casa va perdiendo.

Sin embargo, la existencia de un sesgo arbitral al extender o acortar el tiempo de descuento no implica, necesariamente, corrupción en el fútbol. Tal sesgo sería una consecuencia de la presión social ejercida por la multitud que, consciente o inconscientemente, afecta las decisiones del árbitro.

“Gratamente encontramos que el sesgo en Colombia es menor. Aquí sí dan más tiempo al local para cuando está perdiendo, entre uno y dos minutos, pero en España estamos hablando de dos o tres minutos más dice Andrés Rosas.

El árbitro no es más que el cuidador del reglamento con un poder absoluto sobre el juego. Imaginar una disputa en el césped sin jueces de por medio, para nuestros días, resulta imposible, pues manifestaciones tan democráticas solo se ven en los ‘picaditos’ de barrio; allí todos se destacan por su nivel de acuerdo, son los jugadores quienes cobran las faltas y penaltis, lo único que está por perderse es la gaseosa y, al que se muestre en desacuerdo, no le queda otra que retirarse. Entre tanto, los intereses que pugnan en el fútbol profesional son muchos: las altas cantidades de dinero de los patrocinios, el deseo de derrotar al rival, el lugar del equipo en la tabla de posiciones, su reconocimiento en el campeonato, el nivel de los jugadores y demás, han hecho que los árbitros sean indispensables en este engranaje.

Los árbitros no son una máquina como lo mencionan los investigadores Rosas y Mendoza: “No utilizan ayudas tecnológicas de manera sistemática, deben tomar decisiones subjetivas”. Pocas veces se evalúan sus decisiones desde lo humano, el arbitraje es una labor incomprendida. Pero qué sería del fútbol sin los árbitros, gran parte de la emoción y el suspenso del deporte está en no poderse anticipar a los resultados, a los imprevistos que puedan presentarse en el campo, los penales dudosos, los polémicos fuera del lugar, la imposición de tarjetas cuestionables. Es la magia y fascinación del juego y el árbitro es una pieza clave para hacer del encantamiento futbolero todo un espectáculo.

Una de las virtudes que requieren los árbitros de fútbol es la ‘personalidad’, defender sus decisiones, interiorizar cada una de las normas que en el reglamento se presentan, administrar la autoridad, no amilanarse ante la presión que el público o el ambiente pueda ejercer y comprender que, si bien como seres humanos pueden equivocarse, tienen que tratar de ser lo más objetivos posible. Sin embargo, “entre las diversas decisiones tomadas por el árbitro, la duración del tiempo de adición debe ser la menos subjetiva”, mencionan Rosas y Mendoza, pues el juego tiene dos mitades de cuarenta y cinco minutos, tiempo suficiente para tener en cuenta las actuaciones en el césped y dictar uno de los últimos fallos en el campo. Los minutos de adición terminan por ser los más intensos, es jugarse el todo por el todo en busca de definir la victoria o la derrota.

Ser o no ser cómplice

Ser o no ser cómplice

Fernando Araújo Col

Como usted y como aquél, yo también fui hincha de la Selección Colombia. Y como usted y como aquél, lloré cuando perdía y celebré sus pocas victorias. Eran los años 70 y 80. Willington Ortiz, Víctor Campaz, Diego Umaña, Jairo Arboleda, Pedro Zape y Alejandro Brand, por nombrar solo algunos, eran esa magia que me hacía falta para vivir. Los días de una semana estaban marcados por los partidos de fútbol, o el fútbol era la puerta abierta a la vida. Pero luego fueron sucediendo hechos oscuros y fui conociendo lo que ocurría, o lo que había empezado a ocurrir con el fútbol en Colombia.

Trabajaba ya en un periódico y allí escribía sobre fútbol. En La Prensa empecé a comprender que el resultado de un juego, o lo que veíamos sobre un campo de fútbol, era consecuencia de mil circunstancias, de personajes sombríos, siniestros, de historias teñidas de sangre, de mucha sangre, de mentiras y robos, de resultados amañados en un escritorio. Había un fútbol detrás del fútbol.

Ese fútbol se me presentó completo el 5 de septiembre del 93, luego del legendario 5-0 sobre Argentina en las Eliminatorias para el Mundial del 94. Ese día, esa noche, vi que el fútbol iba de la mano de la muerte, y que algunos de los jugadores que tanto admiraba eran cómplices de quienes habían tomado el poder del fútbol en Colombia a punta de bala y picana. El 6 de septiembre aterricé en Bogotá, ignorante de lo que había ocurrido. Y poco a poco, con estupor, y luego con pánico, me fui enterando de los cien muertos que había dejado la celebración del 5-0. Vi la ciudad regada de botellas y de banderas quemadas y de harina y colillas de cigarrillos. En fin, restos de la alegría de una simple victoria.

Restos de la alegría de una simple victoria en un país como Colombia, donde la vida no vale nada y donde una simple discusión puede terminar con una cuchillada o un tiro en la frente. No había taxis. No había buses. El país había dejado de funcionar sobre el dolor de las familias de las víctimas. Una hora más tarde llegó la Selección de Colombia. El desfile, el himno, el patrioterismo, los políticos subidos al carro de la victoria, igual que los empresarios y los periodistas, los miles de lagartos y uno que otro hincha. Era el baile del oportunismo, al ritmo de los arribistas.

Desde ese día, Colombia fue el centro de cientos de miles de mentiras; el aficionado, el centro del engaño. Quien osara decir que el equipo no iba a quedar campeón del mundo en Estados Unidos, era considerado enemigo público de la nación. Un apátrida. Y llegó el Mundial. Y el equipo perdió. Y de ese perder, de las mentiras, del engaño, de la estupidez, de los periodistas vendidos, de los empresarios vendedores, de la desorganización, de la vanidad de los líderes del equipo, y tantas y tantas cosas más, surgió una noche de sábado un pistolero en un restaurante de Medellín y acribilló a Andrés Escobar. Jamás en la historia del fútbol un jugador había sido asesinado por sus actuaciones en una copa del mundo. Escobar fue el primero.

El 2 de julio del 94 terminé de decidir que yo no quería hacer parte de aquel baile multicolor y sangriento. Comprendí que con nuestro silencio, con nuestro apoyo, nuestro mirar hacia otro lado, nuestro dejarnos llevar por las multitudes, éramos cómplices de todos los crímenes del fútbol. Éramos, de alguna manera, criminales.

 


*Escritor y periodista, editor cultural del diario El Espectador. En sus libros de no ficción, como Pena máxima (1995) y No era fútbol, era fraude (2016), denuncia al fútbol como un deporte que ha dejado de ser transparente. Fue estudiante javeriano, y a la universidad ha regresado a dictar clases y conferencias. Sobre sus días de pregrado, recuerda: “Mi relación con el fútbol en la Javeriana se inició desde que comencé a estudiar allá, pues lo primero que hice una vez me matriculé fue subir a la cancha de fútbol. Desde entonces, me dediqué a armar el equipo de la facultad todos los años, a comprar los uniformes –incluso con mi dinero– y a ver a cuanto prospecto aparecía en primer semestre. En mis ratos libres, el tinto era en las graderías de la cancha de fútbol, y en mis tiempos de clase, el estudio era con diagramas para definir cómo jugaría nuestro equipo el siguiente partido”.

**Fotografía obtenida de Max Pixel (CC0).